Gamoneda desde Isla Kokotero
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Declaraciones de Gamoneda sobre Victoriano Crémer,
fallecido el pasado 27 de junio de 2009:
Fui amigo de Crémer durante 60 años. Su muerte me llena de tristeza. Deja una obra importante y esta importancia tiene un valor realmente histórico en los años 40 y principios de los 50, no porque entonces fuese mejor que en la obra posterior, sino porque comportaba una revitalización de la poesía, una propuesta de un humanismo novedoso que se oponía a la poesía "oficial" avalada por el régimen dictatorial. ‘Espadaña’, que es también hito histórico, fue una revista insurgente y renovadora. Dentro de ella, dentro del grupo fundador, existían desacuerdos, pero el tono central característico y más operativo, en el sentido de oponerse a la citada poesía "oficializada", correspondía principalmente a Victoriano.
En otro orden, y con independencia de su condición de cronista municipalizado, la enorme y continuada cuantía de su trabajo para las emisoras y los periódicos le convirtió en el cronista no "municipal", sino "real" de la vida leonesa. En este terreno pueden aparecer los acuerdos y los desacuerdos con sus manifestaciones, pero sea como sea, en León no se ha dado nunca una literatura de opinión crítica más cuantiosa ni más densa, a la vez que sagaz y hasta maliciosamente inteligente, que la que hizo Victoriano.

VIERNES, 19 DE JUNIO.
A las 20 horas.
Presentación de las memorias de ANTONIO GAMONEDA:
‘Un armario lleno de sombra’
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En la Fundación Segundo y Santiago Montes.
C/ Núñez de Arce, 9. Valladolid.
Estarán Antonio Gamoneda y Jorge Praga,
que actuará como presentador.
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(En la imagen, Antonio Gamoneda cuando era un niño.
© Fotografía del archivo de la familia)

Sobre Pierre PeuchmaurdEl 12 de abril de 2009, en Brive (Corrèze), falleció de un cáncer de pulmón Pierre Peuchmaurd (1948), sin duda uno de los poetas franceses más decisivos del último medio siglo. En castellano han aparecido únicamente dos largos poemas: “Historia de la Edad Media” (traducido por Martine Joulia, El Signo del Gorrión, número 23, Invierno 2001) y “Toro” (traducido por Louis-François Delisse, con la colaboración de M. Joulia et J.-Y. Bériou, edición bilingüe, Myrddin, Brive, 2004).
El número 5 de la revista barcelonesa ‘El Animal Sospechoso’, a punto de salir, contiene un dossier sobre su poesía, presentado por J.-Y. Bériou, con una selección y traducción de poemas a cargo de Miguel Casado.
Pierre Peuchmaurd es el autor de un hermoso prólogo a la segunda edición francesa del ‘Libro del frio’ de Antonio Gamoneda (trad. por M. Joulia et J.-Y. Bériou, Editions Antoine Soriano, 2005). El texto, titulado ‘El lugar amarillo’, ha sido traducido para Faro Gamoneda por Ildefonso Rodríguez.
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EL LUGAR AMARILLO
O es una lenta parálisis, una gangrena de hielo que va apagando el corazón y sus atributos, como parece que hace la belladona.
El frío se dice con una voz mate, mineralizada por la combustión, como los huesos se hacen piedra bajo las razones y bajo los propósitos.
Esa voz no es neutra ni ausente. Blanca, jamás. Siempre trae algo de la quemadura y de la glaciación. Una protesta en el nombre mismo del vacío y de la melancolía. Un rechazo de la desposesión por encima de su evidencia. “Aún hay luz sobre las alas del gavilán”.
Pero ensordecida, pues las luces se ensordecen también, y ahora, tal vez, puedes ver qué sucede cuando todo te abandona, cuando todo queda atrás y te descubres desnudo ante aquello que falta por venir, ese “gran sábado de la vida” por donde pasará “el animal perfecto” de la indiferencia, y una vez visto, ya nada más podrás ver.
Tal como yo lo oigo, de ese lugar habla Antonio Gamoneda. Ese lugar bañado por el amarillo de la peste y del antes de la muerte. Allí él aguanta sabiendo que no aguantará por mucho tiempo, sólo lo necesario para reagrupar la vida, toda la vida, pues no estamos aquí para facilitar el trabajo de la muerte.
Reagrupar, reunirlo todo, para la primera revuelta o para el último combate, cuando el pensamiento “es sólo recuerdo de la ira”, pero ahí sigue la ira. Es el último combate y Antonio Gamoneda, con una mano que apenas tiembla, reagrupa, lo recobra todo. Todo: “yeguas fecundas en la fosforescencia” y “caballos inmóviles en la tristeza”, el gesto deslumbrante de la costurera, “y sus brazos son blancos entre la noche y el agua”. Todo: los efectos y las causas (“las causas infecciosas”), que son lo mismo. Todo lo que se ha amado y se ha dejado morir antes de tiempo, porque somos como los pájaros, “bajo leyes de vértigo y olvido”.
Todo –y ponerlo en el lugar amarillo, a la espera de que todo lo aplane ese bloque ciego, esa masa sorda de la nada que llamamos muerte. Ponerlo ahí para oponerse, porque eso era la vida, nuestra carne y nuestro sueño. Y veremos cuánto aguanta. Nada, seguro, pero tal vez todo. Ese frío que traspasa nuestros cuerpos y nuestros cuerpos lo sienten, eso no es el miedo, es la esperanza, es la tristeza. Nuestra única falta es la esperanza.
“No tengo miedo ni esperanza”, dice Gamoneda, descubriendo tal vez el verdadero secreto de su poesía. Sin miedo ni esperanza, sin alegría ni amargura, sólo ira y estupor, y temblor cuando la voz tiembla, y del hombre – incluso abatido, incluso reducido a la espera de su fin – la dignidad.
Estrictamente verídica, increíblemente determinada, determinada hasta el frío y el escalofrío, venida del centro abrasado de la palabra que era deseo, la poesía de Antonio Gamoneda –al menos, ella– está aquí para enlazar nuestras manos muertas con las rosas negras de los glaciares.
PIERRE PEUCHMAURD
DOS POEMAS PARA ANTONIO GAMONEDA
ESCUCHA el ulular del viento contra el muro;
la hiedra, las acacias baten la piedra sin descanso
y dividen el tiempo como tiernas cuchillas.
Yo te he visto en los intervalos: la luz
a rachas alumbraba tu rostro en la tormenta.
Eras tú y no eras: pues en la oscuridad
yo te llamaba y tú me respondías,
y también era tuya esa negrura,
tuya como el eco absurdo del viento.
(1992)
TEMBLOR de la palabra,
fragmento de sol hecho prisionero
en el cielo velado de la lengua,
fogata impredecible
que baila y se adelgaza
antes de cobrar nuevo impulso,
como manos anónimas
agitan una antorcha
en mitad de la mar,
señal de quién y su naufragio
bajo la boca informe de la noche,
bajo el callado circo de la noche
y su voraz audiencia.
(1998)
~LUNES 8 de JUNIO~

No sé si la voluntad de escribir sobre mi infancia –de escribir mi infancia– tiene alguna causa. El olvido progresa en mí y se hace parte de un silencio intelectual que, fugazmente, me proporciona algo parecido a un bienestar. Un bienestar vacío.
En el olvido están los recuerdos. Advierto que mi aprendizaje de vejez no es otra cosa que la forma que adoptan ahora en mí el pasado y sus sombras.
Viernes 29 de mayo:
presentación de:
Un armario lleno de sombra, de Antonio Gamoneda,
en la FERIA DEL LIBRO DE MADRID,
a las 20 h. en el Pabellón Fundación Círculo de Lectores
(la mejor entrada es por la Calle Menéndez Pelayo - Puerta de Granada).
Y el lunes, 8 de junio:
presentación en el CÍRCULO DE BELLAS ARTES de:
El curso de la edad. Lecturas de Antonio Gamoneda (1987-2007).
Un libro de Miguel Casado, publicado por la editorial madrileña Abada.

Por León pasó el artista francés Jean Louis Fauthoux, que está trabajando en un proyecto conjunto con Antonio Gamoneda en torno a la luz.
El proyecto se traducirá en una futura exposición, con textos del poeta y los maravillosos papeles trabajados a mano que hace Jean Louis.

Los diarios El Mundo (en su edición en papel) y Público han propiciado estos días una absurda polémica, manipulando descaradamente unas declaraciones de Antonio Gamoneda sobre la poesía de Mario Benedetti.
De la "forzada" polémica se han hecho eco algunos blogs de poetas, periodistas, editores y críticos bastante serios, de los que ofrecemos una pequeña relación:
Crítica poética y contracrítica
(Colectivo Adisson de Witt / ‘Gamoneda y Benedetti’)
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Pepo Paz
(El editor en su laberinto / ‘Matar al poeta: Gamoneda-Benedetti’)
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Aben Yusuf
(: ‘La verdad sea dicha sobre cierta poesía española’)
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José Manuel Ruiz Martínez
(Omphalos crítico / ‘Benedetti, Gamoneda, y la poesía’)
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Angélica Tanarro
(Calle 58-Blog de la periodista de El Norte de Castilla / ‘Una actitud nada común’)
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sopadepoetes
(’¿polémica gamoneda respecto a benedetti? no hay tema. benedetti descansa en paz’)
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Javier Menéndez Llamazares
(Como ser nadie / ‘Gamoneda y la mentira’)
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Juan Carlos Suñén
(En SoyLeyendo.com, un blog de la Escuela de Letras / ‘Descanse en paz’)
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Manuel Rico
(Un artículo de opinión en EL PAÍS: ‘Lo inoportuno y lo inaceptable’,
y en su blog ‘Al Margen’: ‘La polémica Gamoneda/Benedetti’)
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He aquí las declaraciones de Gamoneda sobre Benedetti, tal como las reflejaron algunas agencias y también el diario El País:
"Su muerte me ha entristecido. Era un hombre necesario que destacó por su honradez intelectual y capacidad de crítica. Lo que intentó hacer lo hizo bien. Cumplió su propósito ampliamente. Respeto su manera de entender la poesía pero no la comparto. Para mí, la palabra meramente informativa y la crítica moral tiene su lugar en los periódicos, en la televisión, en los púlpitos si se quiere, pero la modalidad esencial del pensamiento poético no es ni reflexiva ni crítica sino un tipo de otra naturaleza, y determina un lenguaje que también es de otra naturaleza".
El escritor gallego Xosé Luis Méndez Ferrín conoció a Benedetti durante una visita del poeta a Vigo para participar en el CLUB FARO en 1994. Él fue el encargado de presentarlo. "No me decepcionó en absoluto la idea que tenía sobre su persona; era paciente, bondadoso e inteligente y no creo, en absoluto, que su poesía fuera vulgar; es realista, comunica y tiene calidad", asegura Ferrín. Sin embargo, el literato gallego no condena las palabras de Gamoneda, que asegura están exentas de elitismo. "Habla desde su libertad y verdad y eso no es condenable. Además, esa opinión no tiene nada que ver con su persona, sino con una distinta manera de concebir la poesía", advierte.
Para Ferrín, la figura de Benedetti "representa el prototipo de intelectual de izquierdas en América Latina, polifacético. Era una persona amigable, próxima, generosa y muy inteligente; tal vez la poesía no sea su aportación más importante, ya que no hay que olvidar su obra como prosista, ensayista y articulista", explica.
Aquel primer encuentro en Vigo, que se alargó hasta altas horas de la noche, fue para Ferrín "inolvidable". "Si hubiéramos vivido en los mismos escenarios, habríamos sido buenos amigos", asegura.
Y descanse en paz Benedetti, un poeta y un ser humano entrañable
y, sobre todo, muy querido…

… de la mano de Julio Mas Alcaraz,
con la ayuda de Amelia Gamoneda.
ANTONIO GAMONEDA en la Wikipedia,
con una completa bibliografía:
en español y en inglés.

Andrea Lawendel, periodista independiente italiano, nos escribe para contar que estuvo en Turín el pasado sábado, en la Feria del Libro, y que se quedó "encantado de poder escuchar a Antonio Gamoneda hablando de la creación poética en España":
"Don Gamoneda participó con la ministra Angeles Gonzales-Sinde, Fernando Savater y Rogelio Blanco en una ceremonia con el escritor y alemanista italiano Claudio Magris, quien recibió una medalla del Rey Juan Carlos".
Nos envía también la fotografia que aparece sobre estas líneas de la mesa literaria del sábado en Turin, con Gamoneda a la izquierda.
(NOTA: A Andrea Lawendel, que suele escribir de tecnologías, le gusta muchísimo escuchar la radio y tiene un blog, Radiopassioni, por si os apetece visitarlo).
Gamoneda publica sus esperadas memorias:
‘Un armario lleno de sombra’,
donde relata sin paliativos su infancia«Escribí mis memorias para reencontrarme con el pequeño canalla que fui»
Una entrevista de VERÓNICA VIÑAS (haz click:)
en Diario de León.
Acaba de aparecer en las libreríasEl curso de la edadLecturas de Antonio Gamoneda (1987-2007).Un libro de Miguel Casado,publicado por la editorial madrileña Abada
El libro recoge las diversas lecturas (prólogos, conferencias, artículos, reseñas…) realizadas por Miguel Casado sobre la obra poética de Antonio Gamoneda, desde su introducción a ‘Edad’ —primer volumen en que el poeta leonés reunió su obra, publicado en 1987—, hasta el epílogo a ‘Esta luz’ —la más reciente reunión de sus poemas, aparecida a finales de 2004— e incluso se prolonga hacia acá con otros textos, que apuntan las vías por las que prosigue su investigación de la poesía del Premio Cervantes 2006.
El carácter fragmentario y sucesivo de este trabajo crítico premite establecer, de algún modo, la "historia de una lectura", la evolución a lo largo del tiempo de las percepciones de un lector, que van matizándose, espesándose, enriqueciéndose, derivando hacia nuevas formas de ver. Por otro lado, la continuidad de los núcleos de reflexión y la frecuente sistematización de los distintos niveles de análisis favorecen una mirada coherente y de conjunto, tan abarcadora como si se tratara de un estudio escrito de una sola vez.
‘El curso de la edad’ muestra, así, el contenido y las etapas de un peculiar modo de implicarse el análisis crítico en la obra de un poeta, en cuyas vicisitudes de recepción e interpretación le ha ido acompañando durante casi dos décadas y media.
Para leer más sobre MIGUEL CASADO,
haz click en: Wikipedia.
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Antonio Gamoneda participa el próximo miércoles en Viena en un recital literario en el marco del Festival de Poesía Latinoamericana
Agencia de noticias ICAL:

El 25 de Abril de 2009 se paró el corazón
de un grandísimo amigo desde hace 60 años:
ANTONIO PEREIRA
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«¿Qué puedo decir? Antonio ha sido para mí amistad e intimidad durante sesenta años… He perdido mucho. Mi vida se ha empobrecido». Unas palabras, las de Antonio Gamoneda, que sin duda suscribirían todos los asistentes a la última despedida tributada ayer a Antonio Pereira. Otro buen amigo suyo, José María Merino, aseguraba que se nos ha ido «un magnífico poeta, un extraordinario novelista y uno de los cuentistas imprescindibles del siglo XX en España». También se refería a su extenso legado, y recordaba que lo que sí se ha ido «para siempre» es su voz. No obstante, «para los que le conocimos y le escuchamos, esa voz jamás caerá en el olvido».
La noticia, en Diario de León
[Antonio Gamoneda, rodeado por alumnos de la Universidad
Autónoma de Madrid. Fotografía de RAQUEL P. VIECO]
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El poeta leonés asistió a la apertura del Congreso
sobre su obra en la Universidad Autónoma de Madrid
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GAMONEDA:
«La presencia de jóvenes
es la que puede hacer perdurar mi obra»
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José Enrique Martínez participa hoy, y mañana acuden
Llamazares, Barella, Luis Mateo y Merino
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Por PACHO RODRÍGUEZ
para Diario de León
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Cuarenta y tres nombres y un poeta. El primer congreso universitario que se celebra dedicado a la figura de Antonio Gamoneda, comenzó ayer con el propio autor como protagonista presente en la conferencia inaugural, en la Universidad Autónoma de Madrid, con José Manuel Cuesta, profesor titular de Teoría de la Literatura, como ponente, y con una exhaustiva disección del poema Cecilia, que el autor dedica a su nieta.
Bajo el título de La palabra dañada comenzó este encuentro que durará hasta mañana y que se enmarca dentro del congreso decano en poesía y publicación que, desde hace 28 años, se organiza ahora bajo el sugerente título de Jornadas sobre poesía y divergencia, y con la batuta magistral de Rafael Morales, director del ciclo y responsable de que casi una cincuentena de eruditos, profesores y autores hablen sobre Gamoneda y su obra.
Acabó la charla de José Manuel Cuesta Abad y los alumnos, abrumados, optaron por no preguntar. Tenían delante al autor y al que hablaba del autor. Pero la primera sesión se disolvió sin palabras después de tantas palabras. ¿Y qué pensará Gamoneda de todo ésto? Podría haber sido una de las cuestiones. Gamoneda, entonces, reflexionó para Diario de León: «Lo que uno siente, principalmente, es sorpresa. El exégeta o interpretador nos dice cosas innegables que estaban ahí y no se habían contado sobre la obra. Hay un trabajo de iluminación que procede del estudioso. Por eso digo que llega a causar sorpresa en el autor», señaló.
Antonio Gamoneda, que llegó acompañado de su mujer y de su hija Amelia, confesaba cierto cansancio pero toda la ilusión por vivir el excepcional momento que vive como poeta reconocido tras el camino recorrido. «Ahora uno oye lo que se dice y, claro, no piensa que escriba sus palabras por casualidad. Es una situación en la que el autor lo sabía, pero no sabía que lo sabía», afirmó. Y los alumnos de la Autónoma, a los que sobre Gamoneda bien alecciona Rafael Morales, querían estar cerca de un premio Cervantes. Y él de ellos: «Aquí siento la presencia de los jóvenes como algo muy importante para mi, en la medida de que es la que puede hacer perdurar mi experiencia poética».



[Antonio Gamoneda con sus dos entrevistadores
en la Residencia de Estudiantes de Madrid]
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Por BENITO DEL PLIEGO Y ANDRÉS FISHER
Sí, hay que partir de que yo no me siento marginado ni me he sentido marginado nunca, porque en todo caso sería automarginado. Yo soy provinciano vocacional, entonces tengo mis rarezas; rarezas que consisten en que nunca he pedido que me publiquen un libro o que me publiquen poemas. Es decir, han tenido que venir a mí y eso se produce más lentamente; soy un hombre que vive en una ciudad pequeña, que no tiene demasiada voluntad de notoriedades. Eso no quiere decir que no tenga vanidad: claro que la tengo, pero el buscarme el reconocimiento y el escalafón me produce una gran pereza y me la produjo siempre. Me quedo en casa tan tranquilo porque pienso que lo importante es escribir; publicar y que haya una trascendencia también, pero menos. A partir de ‘Edad’ esto, ciertamente, coincidió con algunos premios de cierta significación, y a partir de ahí se produce, yo no diría un reconocimiento —porque no sé muy bien lo que es eso—, sino más bien un acercamiento, fundamentalmente de gente joven, y yo me siento bien con esto. Me siento bien con que en lugares insospechados para mí haya gentes, predominantemente jóvenes, que se interesan por mi escritura. Yo soy hombre de poca escritura.
Esta aproximación de los poetas jóvenes a tu obra se produce, en España, en un ambiente poético identificado con una literatura autodenominada “realista”, del que tus ideas poéticas se encuentran muy distantes. ¿Qué significación crees que tiene, en este contexto, que se haya reconocido una obra que durante años había quedado al margen de posiciones legitimadas oficiosamente?
Ha tenido dos consecuencias; bueno, tres. La primera, esa actitud afectuosa, interesada —interesada en el mejor sentido— de la gente que en estos momentos tiene menos de cincuenta años. Salvo muy pocas excepciones, hay una reticencia por parte de los que son de mi edad o mayores que yo. Bien, yo me siento bien en esta situación; eso en cuanto a lo que diríamos actitudes personales. Respecto a las actitudes en la escritura, es cierto que hay una pequeña veta de jóvenes en que, de alguna manera, se dan ciertos parecidos; espero que no sean demasiados, porque no hay por qué empeñarse en ser original a ultranza pero tampoco olvidar que cada uno es su propio poeta. Creo que hay una actitud ante el lenguaje que tiene que ver con lo que yo pienso; en algunos casos es menos todavía; poco más que una resonancia, pero yo pienso que esos chicos o se libran de mí o van apañados; espero que se libren. Y, por otra parte, ya te digo: no es que mis coetáneos no me reconozcan, sino que hay una cierta hostilidad; más que hacia la persona, hacia mi poesía. “¿Pero todavía leéis a Antonio Gamoneda?”—El último que dijo esto creo que fue Joaquín Marco.
Retomando el punto de partida de la conversación, decías que eres un poeta provinciano; así te declaras en algún artículo y lo has defendido con inteligencia, señalando cómo, gracias a esta condición, «cabe preservar una cierta solera intelectual, una especie de disponibilidad, de imprecisa pureza». Pero ¿qué presencia tiene en tu poesía lo local, la tierra inmediata, León, Castilla?
No creo que haya una relación tipificante en el sentido de que de mí se me pueda decir que soy un poeta castellano o un poeta leonés, y que estoy en una especie de tradición estilística, o que del paisaje se imbrica en el sentido de la obra escrita. Yo creo que eso no es así, pero qué duda cabe de que yo tengo que amamantarme de datos sensoriales que están en una realidad y no en otra. Entonces he sido provinciano, he estado en Castilla, no he vivido frente al mar sino frente a la tierra. En León hay unas maneras de ser, unos ciertos pudores, todo eso seguramente está en mi escritura creando ciertos mimetismos instantáneos o poniéndome ahí, creando unas diferencias, una relación dialéctica con el medio, pero yo no puedo conocer eso con claridad. A veces en el léxico aparecen cosas, esa es la parte más visible. Yo utilizo algunas palabras del léxico regional que posiblemente en Andalucía no sepan siquiera lo que significan, pero eso son detalles pequeños, impregnaciones imprecisas, de eso sí que ha de haber, pero yo no estoy muy dotado para percibirlo.
Pasando a otro punto, es conocida esa definición que divide a los poetas en los que son conscientes del lenguaje en que se expresan y los que no. Es evidente que tú eres un poeta muy consciente del lenguaje y que en tus trabajos teóricos es muy importante el lenguaje poético. Entonces si bien has escrito sobre ello, me gustaría que habláramos del lenguaje poético: ¿qué es el lenguaje poético para Antonio Gamoneda?. Hay una definición de partida en uno de los textos de ‘El cuerpo de los símbolos’ (“Poesía en la perspectiva de la muerte”) que alude exactamente a este tema. No sé si puedes hacer un comentario sobre ello, dice: “Poesía es la creación de objetos de arte cuya materia es el lenguaje”.
Bien, esa es una primera manera de delimitar la noción de poema, de poesía. Pero claro, la noción de lenguaje es más amplia, hay que seguir diciendo cosas. Hay una cita de José Luis Pardo que introduce a ‘Conocimiento, revelación, lenguajes’, que me interesa mucho: “el poder de la palabra para deshacer los significados establecidos es, sin duda alguna, un poder subversivo y liberador”. Yo no digo exactamente eso, pero sí digo también eso. En el lenguaje poético hay un pulso generativo que es de la siguiente manera: existe una especie de pulsación musical en el lenguaje y una confusísima idea de lo que vas a decir. Esta idea confusa, este no saber, esta falta de deliberación no impide cierta intuición de por dónde va a ir el poema, pero no sabes las palabras, ni sabes los contenidos, ni sabes la realidad que va a darse en el lenguaje poético. Y ese lenguaje poético, sin embargo, va a ser excitado de alguna manera por esa causa musical y, además, por las informaciones que tiene el poeta, de las que no es total ni instantáneamente consciente. Desde esa falta de conciencia, que no es exactamente automatismo psíquico ni mucho menos, se produce la aparición de lenguaje. Utilizo muy deliberadamente el término aparición porque lo que se aparece es lo que no esperas, lo que desconoces, lo que crea en ti un valor de sorpresa. La aparición está unida a unos datos musicales que son todavía informes, que van a seguir trabándose con la aparición. Bien, yo suelo decir que yo sé lo que pienso únicamente cuando me lo han dicho mis propias palabras. Entonces, mi lenguaje, mi propio lenguaje es el creador de conciencia y de conocimiento; es decir, yo tengo conocimiento después. ¿Quiere esto decir que yo no sabía nada y que me viene del “Espíritu Santo”? No. Quiere decir que el conocimiento es, por decirlo así, dinamizado por esas palabras que se “aparecen”. Aparición entre comillas. Parece exagerado, pero es cierto, que el poeta reconoce su pensamiento o averigua su pensamiento; y sabe lo que dice cuando se lo dicen sus propias palabras y no antes. Insisto, no se trata de que le lleguen iluminaciones de ningún tipo, todo está en él pero sin vertebrarse, sin explicitarse.
¿Cómo se conectan estas nociones con la cuestión de la forma?
Yo creo que es el dictado musical el que articula la forma.
A propósito de la forma de la escritura, hay un hecho muy interesante en tu poesía porque cuando uno revisa ‘Edad’, ve que partir de ‘Lápidas’ y ‘Descripción de la mentira’ la forma de tu poesía cambia. Cambia porque desde ‘Blues Castellano’ hacia atrás la poesía está estructurada básicamente en versos y tiene alguna relación con la métrica; sin embargo, desde ‘Lápidas’ y ‘Descripción de la mentira’, lo que se continúa en el ‘Libro del frío’, la forma cambia y la escritura se organiza en versículos y bloques de texto. Es evidente que la forma también determina a la poesía, que hay una relación dialéctica con el sentido. Me gustaría que habláramos sobre esto.
Creo que está claro. Hasta ‘Descripción de la mentira’ mi escritura tiene unos modelos que no sé muy bien cuáles son; hay un eco en mi poesía de esos modelos, o de una mezcla de modelos; es decir, estoy arañando de la tradición. Hay un momento en que, por decirlo así, “el ganado se suelta” y, entonces, yo ya no sé, ya no presiento modelos, ya no cuentan. Naturalmente, no seré el único habitante de la tierra que haga eso, pero como si lo fuera. De escribir con modelo a escribir sin él. Cuando escribía con modelo no sabía muy bien que modelo estaba siguiendo; por ejemplo en Blues Castellano; está claro que son las letras jazzísticas, pero tampoco hay un seguimiento de tipo copia, no; sí alguna forma de mimetismo, pero un mimetismo sin deliberación.
Pero aún cuando los modelos se pierden permanece una estructura compositiva.
Sí, y tengo que ir adivinándola a partir del impulso musical. En ese impulso se dan paralelismos muy serios con la música en su realidad específica. En un músico hay un tema y luego hay un desarrollo de ese tema; un desarrollo que intuye y del que puede resultar una melodía. Esa melodía no estaba previamente en él sino que se genera a partir del tema y de unas variaciones. Todo es prácticamente igual, con la diferencia de que el poeta trabaja con un material significante y el músico no.
Yendo directamente a ese punto, en uno de los artículos publicados en el ‘Cuerpo de los símbolos’, el titulado “Más allá de los géneros literarios”, hablas de “otra rítmica”, de una rítmica “ideal”, y te refieres a ella como “la rítmica que concierne a la manera de articularse las significaciones”. ¿Qué puedes decir de eso? ¿Cómo entronca esta idea con el tema de que estás hablando?.
Exactamente digo: “la rítmica de las ideas”. Sí, antes de articularse fonéticamente los significados se puede producir una acomodación rítmica del pensamiento a la causa musical desencadenante.
Comentábamos ayer, no sé si con acierto, que esta rítmica de las ideas nos sonaba a las poéticas más radicales de Rubén Darío.
Sí, Rubén Darío habla concretamente de esto; quizá en otros términos.
Tomando esto como punto de partida ¿Cuál es la conexión de estas ideas, de este desarrollo, con tradiciones que se han visto como más apartadas de las peninsulares como las de Hispanoamérica? ¿Te encuentras cómodo en ese contexto?
Sí, porque en el poema tengo una especie de disponibilidad, estoy abierto. En algún momento puedo encontrarme como dicen los cantaores de flamenco. Ellos dicen: “ahora voy a cantar por Mairena”. Esto quiere decir que él, en Mairena, ha descubierto algo que no sabe muy bien lo que es, y en ese momento va a hacer una impostación de su actitud, de la música. No está muy seguro de ella pero sabe que la tiene cogida en términos de experiencia; y canta por Mairena. Bien, yo creo que en mi caso, y en el caso de todos, eso no ocurre de una manera tan evidente: yo no “canto por Mairena”, pero que duda cabe de que en algunos momentos puedo reconocer el paralelismo instantáneo de un momento mío con un momento de César Vallejo. Esto no tiene que ver con la tradición española en sentido académico ni mucho menos —no desprecio la tradición española en sentido académico—; las tradiciones tienen que ser abiertas y me parece que era ayer cuando decía que estar en la tradición realmente era estar creando la vanguardia de esa propia tradición, no haciendo búsquedas retrospectivas ni restablecimientos de modos, como pueda ser el de Juan de Yepes, que decíamos antes, sino haciendo progresar esa tradición. No es exactamente esta la noción que se tiene de las vanguardias, porque las vanguardias se entienden más bien como ruptura. Yo no quiero romper con nada pero intuyo que se trata de progresiones más que de rupturas. Precisamente, el dato común de las vanguardias ya académicas suele ser un dato de ruptura y, a veces, en este dato está su fragilidad; las vanguardias envejecen; esa otra vanguardia, esa otra primera fila, ese estar en movimiento hacia adelante es una actitud de vanguardia, sí, pero solo en el sentido de movimiento y desarrollo de la tradición.
Una tradición dinámica, entonces. Y, ya no llamándolo tradición sino refiriéndose a ello como el gran cuerpo de la poesía española, ¿con qué segmentos de ese cuerpo podrías pensar, o te gusta pensar, que te encuentras cercano?
Yo no busco. Ocurrirá, pero yo no lo busco. Antes os he hablado de los años de mi vida en la escritura en los que yo sabía que tenía modelos aunque no los reconociese de manera inmediata. Ahora, esos modelos se han fraccionado, se han abierto, se han liberado, no gravitan sobre mi escritura, creo yo, de la manera en que gravitaban hace cuarenta años. Pero qué duda cabe, tampoco estoy diciendo la “primera palabra sobre la tierra”. Hay una coincidencia que —también entre comillas— podríamos llamar “cultural”, de mis hábitos de lenguaje con otros lenguajes. Puedo estar pellizcando inconscientemente en un grupo, en una tendencia o en un poeta de la contemporaneidad, pero no lo sé muy bien, porque yo no lo hago de manera deliberada. La intuición de los modelos es más bien una cosa lejana; ahora los tengo perdidos, hay una cortina de olvido y voy con los ojos vendados por un túnel; soy un ciego instintivo.
El alejamiento de los modelos y la construcción de una obra con unas señas de identidad que son comunes incluso respecto a la forma desde Lápidas y Descripción de la mentira ha sido como que la propia obra hubiera encontrado su forma y se desarrollara a partir de un cierto canon que la escritura se ha otorgado a si misma. Una suerte de lógica que la obra se ha dado y a partir de la cual fluye hasta hoy en día.
Sí, es así exactamente, pero la palabra “fluye” no me gusta, es decir, se pone en movimiento y yo no puedo decir que mi escritura haya visto su forma de una manera instantánea, definitiva y para siempre. Estoy averiguando la fórmula constantemente y la busco dentro de un proceso del cual no excluyo absolutamente nada; ni modelos, ni clichés publicitarios, ni casualidades. Hay que llegar a la intuición, al instrumento capaz de generar hallazgos acompañado, claro, de un vigilante para que no diga tonterías. Esta misma mañana he estado con el vigilante puesto; no sé decirlo mejor.
También has hablado de un horizonte general para tu creación poética. Te has referido por ejemplo, al sentido de la poesía ante la muerte y también a cómo la poesía es capaz de convertir ese sentimiento trágico de finitud en un placer. Esto parece un esquema o un marco al que, de alguna manera, se ha ido agarrando tu poesía desde hace tiempo. ¿Qué significado tiene?T
Lo es. Pero no es un marco averiguado, no es un marco teóricamente diseñado por mí para moverme dentro de él. Son unos datos existenciales; se da la circunstancia de que el hombre que vive y el hombre que escribe son el mismo y van a morir; de repente me doy cuenta de la gravedad de que el hombre sepa que va a morir, y este saber se apodera de gran parte de mis expresiones, de tal manera que —eso lo he dicho con estas mismas palabras alguna vez— prácticamente toda mi poesía se hace en la perspectiva de la muerte. De la misma manera admito que haya quien hace su poesía en el olvido de la muerte, pero yo ni quiero ni puedo. Me parece que es una realidad, existencial claro, y es una realidad que no tiene que ver con los minirrealismos de “ir por casa”, de decir “la copa”, “el taxi”, “la chica”, etc. Este conocimiento se me ha dado todo de la misma manera que un organismo se forma y, un buen día, siente que empieza a morir. Es una experiencia casi zoológica. Cuando ya es un organismo perfecto empieza a morir y lo sabe. Y bien, yo no sé, o no quiero, o no puedo prescindir de ese conocimiento y ese es el marco, ciertamente.
Pero de alguna manera esa relación existencial no es unívoca, no solamente va de la vida a la poesía. La poesía reinventa esa situación.
En cierto modo modifica esa situación.
¿En qué sentido? ¿En qué dirección?
En el sentido del placer de que hablabas tú antes.
Es también algo físico, vital.
Claro. Ahí hay neurotransmisores que funcionan. Yo, por ejemplo, estaba anteayer terriblemente deprimido y me sentía muy mal físicamente. Hoy me siento bien, muy bien, y eso en cualquiera de los sentidos, en el de sentirse mal y en el de sentirme bien, puede estar relacionado con una actividad que, obviamente, se da también en la existencia. Entonces, la poesía no tiene grandes necesidades de referirse de manera realista a la existencia, porque ella misma, la poesía, es una realidad, es una actividad, es un dato de la existencia. Es algo que no necesita ser explicado de esas maneras diciendo que está muy triste o que está muy tal; puede decirlo: “he aquí el mar alzado en un abrir y cerrar de ojos pastor”1. Eso es una realidad inseparable de lo que entendemos por curso existencial en el sentido amplio, incluidos los datos orgánicos, los datos intelectuales, los datos morales, los datos históricos.
Esto tiene mucho interés en relación con lo que, hoy por hoy, en la poesía española se entiende por poesía de corte realista. Para que una poesía sea realista con la connotación canónica que hoy tiene el término, se supone que tiene que estar vinculada al tema; a un tema concreto. Sin embargo tus nociones de lo real van por unos derroteros completa y enriquecedoramente diferentes.
Lo cual no quiere decir que no aparezcan de manera aislable zonas temáticas en mi poesía. Pienso que puede haber una causa incluso histórica y moral que lo explique, pero me parece que estos amigos del realismo poético hacen una reducción tremenda del campo semántico del lenguaje poético. El código restrictivo existe para ellos porque precisamente con ese código quieren hablar de cosas objetivamente reales, que están ahí, en la calle, en las terrazas. A mí esto no me parece una indignidad, ni mucho menos, pero sí me parece un error porque supone ignorancia de las posibilidades y las potencialidades de la poesía. Además es una manera de degradar la poesía, porque no hay un reconocimiento de su realidad, de la realidad de la poesía, y perdonad que vuelva a lo mismo. Se han olvidado de algo, de que esa poesía está en el mundo aunque diga el mayor aparente disparate; se han olvidado de que esa poesía pertenece a un ser que va a morir, de que ese arte nació de una conciencia, diga lo que diga. Entonces, el opinar que solo existe una conciencia histórica legitimada que habla como los periódicos, se puede entender pero no se puede celebrar.
Eso de alguna forma significa el reconocimiento de otra manera de penetración de lo poético, en el cuerpo social o cultural; una manera que no está ligada a los temas canónicos de la poesía social o al tema exacto de que se trate. Es decir, un poema que trate sobre la pobreza puede ser reaccionario y un poema que no hable explícitamente sobre esos temas puede ser revolucionario.
Utilizo esa palabra, “reaccionario”, para esa poesía, y la utilizo, incluso, con un valor político, porque digo que ese es el lenguaje del neoliberalismo, del neocapitalismo. Ese lenguaje conlleva un acto de servicio a esos poderes capitalistas y neoliberales que descansan sobre lo establecido. Y ¿qué es lo establecido?: que la palabra dice lo que dice y no diga más. Eso es una forma de falsificación de las conciencias. Tú estas haciendo un poema en que fulano es un canalla y lo es, pero haces el poema en el lenguaje del periódico y no estás creando; lo tuyo no es un acto de subversión, es un acto de explicación, de información, no un acto subversivo. Entre la categoría de subversivo y la categoría de informativo, por muy bien intencionada que esta segunda esté, hay diferencias. El poeta que es subversivo desde la naturaleza misma del lenguaje, puede llamar reaccionario al poeta informativo, sin duda.
Esto es interesante por otro concepto que tú manejas, el de la poesía como intensificadora de la conciencia o como intensificadora de la vida. Esta manera de concebir lo poético sería justamente lo contrario a esta cierta forma de pacificación o de reducción del alcance de la poesía que propone la estética realista. Los que sostienen esta tendencia suelen decir que la otra poesía es una poesía que no tiene ninguna conexión con lo social. Siguiendo tu ideario sería justo al revés, porque la relación con lo social podrá ser mucho mayor cuando hablamos de una poesía capaz de intensificar la conciencia.
Cierto; pero no se trata exactamente de relacionarse o referirse a “lo social”; es que la poesía es una realidad social por sí misma.
Y es una realidad abierta al futuro, es una realidad que se quiere hacer.
No, insisto, "es" una realidad. Dicho de otra manera, un poeta “realista” "se refiere a", y si "se refiere" a la realidad, es porque está en el referente y no en la realidad. Su poesía como realidad es, para él, secundaria. Porque está en el referente un poeta “realista” hace una representación de la realidad, no más que eso. La representación es una dilución de la realidad. Ahora, existe una poesía que se propone a sí misma como un acto humano, existencial; que dice la “realidad está en mí” y yo, además, soy inseparable de ese hombre que habla de mí: soy su pensamiento y él y yo somos una realidad. Machaco una vez más y terminamos: realidad "versus" realismo. Esta es la cuestión.
Hemos topado con HORA SUR, un blog desde donde se puede ver, escuchar y descargar el documental ‘GAMONEDA. ESCRITURA Y ALQUIMIA’, y donde de paso se puede leer también la entrevista con el poeta realizada por CARLOS PRIETO y publicada en el diario Público el pasado domingo, 12 de abril de 2009, titulada "La muerte me acompaña desde los cinco años".

Por BENITO DEL PLIEGO Y ANDRÉS FISHER
Silencio y verdad son dos de los núcleos conceptuales a los que la poesía de Antonio Gamoneda vuelve reiteradamente: «La palabra/ enardece las túnicas, asciende/ en las tinieblas, arde en los sepulcros/ y construye un espacio. Pero calla.» termina uno de los poemas recogidos en ‘Pasión de la mirada’; y entre los versículos de las primeras páginas de ‘Descripción de la mentira’ leemos: «No recurriré a la verdad porque la verdad ha dicho no y ha puesto ácidos en mi cuerpo y me ha separado de la exaltación.»
Pero la capacidad de hacerse fuerte en el silencio y la de desmarcarse de los parámetros asumidos como verdaderos, atañe a Gamoneda incluso en lo que se refiere a su actitud vital frente al fenómeno de las letras. La atención que desde finales de los años ochenta ha ido acaparando entre los sectores menos conformistas de la poesía escrita en España, parece provenir de su divergencia respecto de los lugares comunes propios de los poetas que las instituciones literarias españolas han elegido como representantes de su generación y de las generaciones poéticas subsiguientes.
Por motivos que Miguel Casado explica bien en la introducción al libro que volvió a llamar la atención nacional sobre este poeta, ‘Edad’, la adscripción de Gamoneda a la llamada generación del 50 sirve sobre todo para entender las razones por las que su poesía se ha minusvalorado. Gamoneda transita por derroteros diferentes. Esto también hace comprensible por qué, repentinamente, en un panorama nacional dominado desde los años ochenta por posiciones poéticas autodefinidas como realistas, su poesía se ha convertido en una bandera en torno a la que se reúnen las voces disidentes, especialmente las más jóvenes.
Estos detalles, que podrían en rigor resultar ajenos a su escritura, tienen una faceta reveladora: la congruencia radical entre la forma silenciosa y personal en que se ha elaborado la obra y los núcleos significativos en torno a los que se desarrollan sus poemas. Extrema solidaridad entre poesía y vida.
En las dos últimas décadas la escena poética española aparece dividida entre una tendencia dominante y una rica heterogeneidad, de la cual Gamoneda es uno de los hitos, que se le contrapone y sin aspirar a formar tendencia.
La escuela que pretende ser dominante se conoce bajo el nombre de ‘poesía de la experiencia’, poesía de la nueva sentimentalidad, de línea clara, o realista. Entre sus intenciones doctrinales figuran las de producir una poesía que normalice el lenguaje, que se fundamente en aspectos cotidianos de la experiencia, que acerque la poesía al lector y obtenga o recupere una implantación mayoritaria. Es una actitud que se muestra hostil con el lenguaje alejado de estos presupuestos, al que acusa de irracionalista; también critica las aportaciones de las vanguardias, cuestionando su aportación vital a la formación de los códigos expresivos del arte contemporáneo.
El poeta francés Yves Bonneffoy dice que la poesía debe inquietar el lenguaje. Esta es una de las características de la obra de Antonio Gamoneda, en cuya poesía experimentamos los efectos de esa inquietud, al tiempo que en sus trabajos teóricos encontramos abundantes reflexiones en torno al lenguaje poético concebido en esta dirección.
El lenguaje poético para Gamoneda es el lenguaje de la revelación “el que nombra cosas que de otro modo no existirían”. Se trata de un lenguaje que opera como “intensificador de la conciencia” y que reconoce un hecho capital en la expresividad del arte contemporáneo: el cuestionamiento de la idea de representación. La poesía ya no tiene necesariamente que representar nada externo a sí misma, produce su propia realidad. No se trata de imitación, sino de fundación. Como el autor mismo anota:
Existen, cada uno de ellos con sus específicas variantes, dos niveles de lenguaje (dos lenguajes, si bien se mira) que no son equivalentes ni están constantemente comunicados entre sí. (…) Lo que estoy diferenciando son los lenguajes informativos, socialmente pactados, de otro existente en otro orden de la realidad: el lenguaje creador y de revelación (…). La poesía genera primordialmente conocimiento de la realidad que ella misma crea, conocimiento de la realidad que ella misma es. Por eso no necesita, aunque pueda hacerlo con valor secundario, referirse a; no necesita fatalmente informar sobre una realidad establecida en el exterior de ella misma (…). (Conocimiento, 11)Esto nos sitúa de lleno en el debate sobre las nociones de lo real: el de “realidad versus el realismo”. Hoy en día, nadando a gusto o a disgusto en las aguas de la postmodernidad, la noción de lo real, como la de lo verdadero o lo bello, está sometida a un cuestionamiento constante que ya no admite hegemonías claras ni concepciones de orientación unívoca. La epistemología que sustenta a las ciencias sociales y a la crítica literaria en estas décadas ha supuesto una crítica frontal al positivismo y a su vocación de explicación única de los fenómenos. El discurso realista de la poesía de la experiencia parece vinculado a estas ideas (ya antiguas) y a su concepción reduccionista de lo real, por lo que aparece como conservador o reaccionario en el campo de la poesía.
Cualquier noción seria de lo real en esta época implica recoger las ideas de su multiplicidad, de su fragmentación, de su composición heterogénea y multiforme que se resiste a abordajes unívocos. Porque la realidad se construye socialmente y a partir de todos los elementos característicos de la especie humana; razón, imaginación, emoción, sinrazón, intelecto. Por esto resulta difícil hoy en día descalificar a cierta poesía con el adjetivo de irracionalista, pues entre otras cosas, la poesía nunca ha sido la habitación exclusiva o incluso preferente de la razón. Más bien al contrario, como cualquier inmersión en la tradición fácilmente lo señala. Y más aún cuando esta apelación a la razón no se hace desde una aproximación enjundiosa como la que dio origen al constructivismo y sus variantes, pieza clave del arte contemporáneo, sino desde la complacencia y la vaguedad terminológica.(…) ahora mismo, desde un determinado campo poético se aboga mayoritariamente por la expresión de la experiencia cotidiana en términos realistas con significación unívoca y se exige un léxico articulado en la ‘claridad’, es decir, equivalente al pactado y establecido para el lenguaje de la información (…). Creo que esta actitud supone un error en la perspectiva estética, un equívoco en el conocimiento y la vivencia de las tradiciones y hasta un descabalamiento reaccionario de los siglos en su aspecto sociolingüístico. Es también, desde luego, una reducción del viejo y permanente logos”. (Conocimiento, 12)
La poesía, entonces, es la habitación de una experiencia amplia y multiforme que se resiste a cualquier intento de orientación reduccionista. Resulta curioso y clarificador a la vez que bajo las poéticas que se levantan contra lo que denostan como irracionalismo o irrealismo no subyaga un ejercicio sólido de la razón, sino más bien una forma blanda y autocomplaciente de sentimentalismo vinculado a los elementos más usuales de la experiencia. Y sin embargo, en nombre de esta razón débil y carcomida por una sensibilidad banal, se intenta la descalificación de la inmersión profunda el los territorios de la imaginación, de la memoria, de la lucidez que aúna placer y dolor y que es capaz de generar una forma de conocimiento de un poder y una particularidad extremas.Naturalmente ir de irrealista o hermético sin más, no otorga cédula de poeta, pero la analogía del lenguaje minirrealista pretendidamente poético (ése que se promueve poco menos que en términos de mercado y que está casi “oficializado” en España) con los lenguajes informativos (…) es la prueba de su inanidad, de su condición no creadora y, finalmente, de su debilidad moral añadida a la debilidad estética. La rebeldía lingüística, lo que algunos llaman irracionalismo, es el único medio de implicar creación y sentido, insisto, en una escritura que ha de ser inseparable del vivir y el morir en un mundo cruelmente manipulado. (…) Fijémonos en que si, de estos últimos quinientos años de la poesía escrita en España, eliminamos a Juan de la Cruz, Quevedo, Góngora, Juan Ramón, Lorca, Aleixandre y a sus numerosos congéneres tiznados por el “irrealismo”, nos quedamos sin poesía española. (Conocimiento, 27-28)
La poesía es antes sensible que inteligible (…) el conocimiento se produce a partir de la existencia de la escritura y no antes (…). Yo no poseo mi pensamiento hasta que no me lo hace sensible/inteligible mi propia escritura: solo sé lo que digo cuando está dicho. (Cuerpo, 33)Esto se corrobora con lo que expresa Octavio Paz en ‘Corriente alterna’ (México, 1967) cuando se refiere a las características de la poesía moderna, a lo que ella es capaz de nombrar:
Las verdaderas ideas de un poema no son las que se le ocurren al poeta antes de escribir el poema sino las que después con o sin su voluntad, se desprenden naturalmente de su obra. El fondo brota de la forma y no al contrario.Tradición y vanguardia son otros lugares en los que la poesía de Gamoneda transita y su ubicación en ambos es compleja. Las formas de la tradición pesan especialmente sobre la poesía en castellano escrita en la Península. Gamoneda no se siente separado de esa tradición por ningún tipo de ruptura, pero tampoco se siente obligado por ella, como la forma de su poesía rápidamente nos lo deja ver. Entiende esta tradición es como un ente dinámico que constantemente se está construyendo, sin renegar de sus orígenes pero sin asumirlos como algo monolítico e intocable a imitar o seguir de forma pasiva y perenne.
De esta forma, la vanguardia ya es parte de esa tradición. La vanguardia histórica, la que operó en la primera mitad del siglo XX como movimiento organizado se planteó como una ruptura y esa necesidad fue un motor imprescindible de su accionar. Una vez producida la ruptura, la rueda de la tradición zanjó la brecha y las ideas que nuclearon los procesos de vanguardia pasaron a ser un elemento fundamental en la construcción de los lenguajes contemporáneos.
Las vanguardias ya no existen como movimientos organizados, ni la persistencia de sus ideas-fuerza en la tradición opera en un sentido de ruptura. Son ahora un elemento difícil de concebir con precisión en tanto la postmodernidad dibuja un escenario ecléctico, suerte de cajón de sastre donde las ideas subyacen y se yuxtaponen, más que luchar unas con otras en busca de una hegemonía que la esencia de estos tiempos difumina como posibilidad.
Aun así, las ideas de la vanguardia persisten como uno de los posos de esa tradición y no es casualidad que se las vincule con las propuestas más exigentes que circulan por la escena. Con las que van abriendo nuevos frentes por los que se expande la tradición. No es posible entender a las vanguardias hoy de manera ortodoxa, pero sí como una actitud, que permite identificar qué artistas son los que tienen una mayor cercanía con los elementos centrales de su ideario.
Tal como expresa Augusto de Campos en ‘Galaxia concreta’ (México, 1998)
Entender la vanguardia como búsqueda febril de lo nuevo por lo nuevo, como mera estética de lo provisorio es no comprender la raíz de su necesidad. Lo que hicieron las vanguardias de las primeras décadas fue crear los presupuestos del lenguaje artístico de nuestra época.Gamoneda expresa su lejanía con respecto a la idea de la vanguardia como ruptura y a los presupuestos del creacionismo histórico. Y es que esta es la manera en que opera el ideario de la vanguardia en el arte de comienzos del siglo XXI, no como ruptura ni como la aplicación ortodoxa de manifiestos teóricos de hace casi un siglo. La manera en que existen estos presupuestos hoy en día se ve reflejada en una actitud ante el lenguaje. Una actitud no reduccionista, sino rigurosa, dispuesta a admitir en él a toda la experiencia de lo humano y que por lo tanto toma riesgos y no imita, sino que funda.
Por que hoy no tenemos que seguir a Huidobro ni sus postulados, pero su celebre verso ‘Oh poetas no cantéis a la rosa, hacedla florecer en el poema’, resuena en la práctica de no pocos de los poetas que, como Gamoneda, van construyendo la tradición. Otro aserto celebre de aquella época, el de Maiakowski cuando dice que sin forma revolucionaria no hay arte revolucionario, se halla estrechamente vinculado con lo expresado por Gamoneda en relación al lenguaje poético subversivo frente al reaccionario. No cuesta ver en vínculo entre este lenguaje subversivo con algunas las ideas surgidas de la vanguardia, que hoy operan como un referente importante entre el sector menos conformista de la poesía y del arte actual.
La poesía de Gamoneda se ha extendido por unas zonas conceptuales complejas en las que alcanzar el sentido requiere de una disposición o entrega de parte del lector que tiene poco que ver con el pacto de aceptación e indulgencia practicado por poéticas supuestamente democratizadoras. Nos encontramos ante una poesía que exige una lectura propia, una apropiación lectora del texto. Gamoneda mismo se refiere a su poesía como un canal por el que el conocimiento (poético, por supuesto) se manifiesta de forma sorprendente.
Qué duda cabe de que esa latencia de revelación opera, más allá del propio autor, para el resto de los lectores. El poema nos conduce a espacios en penumbra donde el destello, y hasta la iluminación, se concede a quienes persisten en mirar y, cuando la vista no alcanza a ver, se dedican a escuchan los pasos, la respiración, los gemidos que se entrelazan con el silencio. La de Gamoneda no es una poesía de contenidos, sino un continente abierto a distintos modos de habitación.
La presencia del autor en esta obra es, cuanto menos, paradójica; se retrae a formas que no excluyen las posibilidades significativa ya aludidas aquí; un tímido y maleable yo se multiplica, deja paso y se dirige a otras personas, terceras, plurales, en una proyección calidoscópica de la identidad. De esta forma, el lector se ve incluido en un diálogo en el que puede desdoblarse y aceptar alguna de las voces propuestas o dialogar con ellas. También en este sentido la obra es inclusiva, endógena. Lo vivencial en el poema no es fruto de una referencia constante al yo histórico. El poema mismo busca ser (o es) vivencia. No hay poema sin su incorporación sensorial. “La experiencia de la emisión —o la recepción— de la poesía, intensifica mi vida y yo vivo esta intensificación como una forma de placer” (Cuerpo, 24). El poema se convierte en sustancia que se mezcla con las corporales y recorre las conexiones neuronales, alimentando nuestra visión, formando nuestra percepción y afectando nuestra capacidad de respuesta ante lo que nos rodea, lo mismo que si se hubiera ingerido o inyectado. La relación del lector con el poema provoca la alteración de su conciencia y, cuando la lecturas son profundas, incluso la alteración de su identidad.
La presencia de lo físico y lo fisiológico en la poesía de Antonio Gamoneda no es, de ningún modo, anecdótica. Esta afirmación no solo es válida para hablar de la más inclasificable de sus obras, el ‘Libro de los venenos’. Este excéntrico libro ofrece una selección del códice farmacológico del botánico y médico del siglo I, Dioscórides, así como las anotaciones de uno de sus traductores —el renacentista Andrés de Laguna— y los comentarios de Gamoneda. Se trata de una obra poética en el sentido menos ordinario de la palabra, donde las sustancias tóxicas que modulan el funcionamiento corporal y el cuerpo afectado por estos venenos, se convierten en los principales personajes del discurso. La escritura deviene corporal por medio de este singular proceso de concentración en lo orgánico. Además de la posibilidad de leer esta obra en el sentido apuntado por su autor (como un intento de ejemplificar que el fracaso de cualquier catalogación de la literatura en géneros), podría entenderse como una elaborada metáfora de los efectos vitales de la poesía, un estudio de la naturaleza paradójica del encuentro entre el logos y la physis.
La obra de Gamoneda abunda en ese tipo de paradojas hasta el punto en que lo Paradójico se convierte en uno de sus fundamentos principales. Miguel Casado ha puesto de relieve uno de los rasgos de estilos más sobresalientes de la poética de Gamoneda, “su vocación de fundir en un solo cuerpo lo sensorial y lo abstracto, sin ningún tipo de distinciones” (Edad, 29). En esta tendencia se acusa el deseo de hacer de la escritura una reunión de entidades que, en un plano referencial, tendrían naturalezas contrapuestas. El mismo poeta se complace en definir la poesía —en palabras tomadas de Cicerón pero en las que resuena ‘El arco y la lira’ de Octavio Paz— como “lenguaje paradójico” en el que se expresa “lo uno y lo contrario sin dar en incoherencia” (Cuerpo, 32).
También la ambición vitalista que supone su autor parece hallarse en fructífera oposición con otras nociones claves de su poética, como la que presenta la memoria como fundamento de la escritura y la interpretación del poema; o la que le lleva a entender la poesía desde la perspectiva existencial de la muerte.
La memoria, en las poéticas de Gamoneda, surge como “despensa” temática del poema, como pábulo y depósito de la escritura, pero también como clave formal que hace posible la redacción y efectiva la lectura:
Podríamos decir que el objeto de arte es un objeto memorable. De momento, fijémonos en que no seríamos, por ejemplo, sensibles a una melodía sin la memoria sucesiva de sus partes. Más aún: incluso en las artes visuales, en que las partes se piensa que están instantánea y simultáneamente presentes, la percepción se da en velocísimas asociaciones memorísticas: en una simetría simple valoramos la cantidad y la morfología de uno de sus componentes teniendo memoria de estos mismos valores en el otro, y así se nos manifiesta su equilibrio, su complicidad estética. (Cuerpo, 16-17)Junto a la presencia y función de la memoria se encuentra, en sus reflexiones y en los poemas, otro parámetro, el que surge de la conciencia y la anticipación, de la mirada dirigida a lo futuro, y que sitúa el poema ante el horizonte de la muerte: “Por lo que a mí concierne, pienso sinceramente que el conjunto de mi poesía no es otra cosa que el relato de cómo voy hacia la muerte” (Cuerpo, 26)
Estas dos orientaciones crean en su poesía una contraposición que podría entenderse en los términos de otra poética, la de María Zambrano quien, en ‘Pensamiento y poesía en la vida española,’ al hablar de lo característico de los poetas, desarrolla su comprensión del término melancolía. Según Zambrano, en este sentimiento se ajuntan dos deseos, casi dos avaricias: retener en todos sus detalles lo ocurrido tal y como ocurrió, a la vez que trata arrebatadamente de sacar partido del ahora; “la melancolía que lejos de empañar los minutos contados de nuestra vida, hace quemarlos con más brillo y luz (…), por el solo hecho de ser instantes, cuentas del rosario del tiempo limitado”.
En “La poesía en la perspectiva de la muerte”, uno de los breves ensayos incluidos en ‘El cuerpo de los símbolos’, Gamoneda articula esta paradoja en clave triangular. Por una parte reconoce “la voluntad de construir un objeto de arte con el miedo a la muerte”. Por otra entiende que “la memoria es siempre conciencia de pérdida (…): conciencia, por tanto, de consunción del tiempo correspondiente a mi vida y, por esto mismo, conciencia de ir hacia la muerte”. Por último, enlazando esos dos extremos, entra en juego la intensificación y el placer poéticos: “Esta intensificación y este placer son independientes de la significación: la poesía fundamentada en el sufrimiento genera también placer”. Así, convierte el placer en el catalizador de una alteración que, en relación con la identidad, se mencionaba antes. “[La poesía] es un hecho ‘alquímico’: transustanciación de las significaciones, incluidas las derivadas de sufrimiento, en experiencias de placer”.
A lo largo de la primera mitad de los años sesenta, Antonio Gamoneda compuso ‘Blues castellano,’ donde, al igual que en el género musical, se canta el sufrimiento para mitigarlo y sobreponerse a él, para rememorar lo perdido y anticiparse a nuevas pérdidas. ‘Blues castellano’ principia un tipo de exploración poética que ha ido, desde entonces, adentrándose en lo personal. Pero esta trayectoria no solo ha puesto de manifiesto la hondura de esa exploración en términos individuales; también se ha levantado como referente en un momento en que los más visibles de la poesía española parecían conformarse con lo visible, con lo obvio. La creación de este referente, en el que las categorías “realistas” se han ido subvirtiendo mediante un ejercicio afiliable a las vanguardias, está transustanciando el panorama poético español en la primera década del siglo XXI.
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Algunas referencias bibliográficas

En la foto, Gamoneda observa el busto realizado por el escultor Amancio González para un proyecto con el fotógrafo Amando Casado y el editor Héctor Escobar. / © Fotografía de AMANDO CASADO
Tras el estreno de ‘Escritura y alquimia’,~ ~ ~
un documental sobre su vida y su obra,
Gamoneda protagonizará esta semana
un gran congreso en Madrid.
Comprometido con el mundo,
no elude los temas de actualidad
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Hace 24 años que recibió el segundo Premio Castilla y León de las Letras, después de Delibes, cuando usted era un autor muy poco conocido, salvo en pequeños círculos. ¿Qué supuso entonces?
Pues supuso… un dinero (no recuerdo ahora la tela que me dieron, ¡ja, ja!). Pero creo que no modificó nada mi estatus en relación con los lectores, porque son premios de ámbito regional, e incluso en ese ámbito tampoco les hacen mucho caso. Sí sé que por esa norma no escrita de que el premiado sea jurado al año siguiente, yo me puse muy terco, porque ahí estaba Claudio Rodríguez y ya se lo tenían que haber dado…
¿A quién cree que no le han dado aún ese premio cuando se lo merecería más que otros?
Es un poco difícil… El poeta José Miguel Ullán, está claro… Además, se cometió la grave torpeza de dejar morir a Ramón Carnicer sin dárselo. No lo entiendo.
Casi la mitad de los premiados en estos 25 años son leoneses. ¿Qué significado tiene eso para usted?
Eso dice que el número de escritores por metro cuadrado en León es mayor que en las otras provincias, y de la cantidad surge la calidad también. En León se ha creado la tradición de la escritura, hay tres focos (el grupo de Astorga, los bercianos y luego todos los demás) y muchos poetas. Pero yo, el premio Castilla y León se lo daría a alguien a quien quizá no se lo van a dar nunca, y es a Gaspar Moisés Gómez. No todos sus libros son maravillosos, pero tiene cuatro o cinco que para mí comportan más cantidad y más calidad que lo que pudo aportar Eugenio de Nora, por ejemplo. Lo que pasa es que De Nora convirtió ‘Espadaña’ en un histórico. Pero Eugenio hace 60 años que no escribe un verso, y hablo sin bromear. Su creación literaria son tres libros de versos —cuatro, con el que publicó sin su nombre— y una historia de la novela contemporánea inacabada. Muy bien, fue un catedrático muy trabajador en Suiza, pero la obra es lo que es, lo cual no le priva de la condición de ser un histórico y, en los años 40, del 45 en adelante, uno de los tres o cuatro poetas españoles jóvenes más importantes. Pero como escritor terminó ahí, y como estos premios parece que tienen que premiar una obra, pues una obra no la veo. A Gaspar Moisés le pasa lo contrario, ha publicado y tiene sin publicar montones de libros, algunos de gran altura. Pero él no se hace ver. No es un olvidado, sino un ignorado.
Por cierto, ¿le ha gustado ‘Escritura y alquimia’, el documental que se acaba de estrenar sobre usted?
Se origina una extrañeza inquietante en que yo me vea a mí mismo en una realidad que sé que es virtual, pero que me proporciona también virtualmente vivencias, averiguaciones de mi conciencia y de mi conducta de las cuales no soy consciente si solamente cuento conmigo mismo, con mi capacidad de introspección. En esa realidad virtual están también los ojos y el pensamiento de otros que, porque precisamente no son yo mismo, pueden levantar y descubrirme dimensiones, que éstas sí son mías, que permanecían en lo desconocido. Decir gustar puede ser una desviación. Me ha proporcionado una experiencia tan real como poco previsible.
¿Un buen poema puede contar más cosas de las que pasan en el mundo que un periódico?
Sí, pero no lo cuenta en términos informativos. Puede que cuente no los datos, pero sí el sentido, el valor de la circunstancia, la situación socio-política… no explícitas, pero sí proporcionando una tonalidad expresiva en ese sentido.
En estos tiempos de crisis ¿cree posible un nuevo orden mundial?
Las democracias son la careta del neocapitalismo. No hablo de la insinceridad de los políticos, hablo de que los políticos tienen que hacer lo que les diga el poder económico. En ese sentido, da la sensación de que la situación es irresoluble. ¿Por qué? Ha habido un claro fracaso de los socialismos reales, de las repúblicas más o menos dictatoriales de carácter marxista; de ellas ha desaparecido el único poder con voluntad revolucionaria, que se maleó… Y al neocapitalismo le estamos viendo fracasar ahora. El capitalismo ha funcionado con valoraciones falsas, desviando el dinero y conservando una gran parte del mundo en situación por debajo del mínimo nivel vivencial… porque necesita que sea así, por cuestiones que sería largo desarrollar (del mercado de trabajo, del mercado de producción…). Y yo no veo solución, porque en el caso de que el neocapitalismo sea capaz de restablecer el tejido y los falsos soportes (falsos pero operativos, funcionales) que le han mantenido hasta ahora, volveríamos a estar en una falsedad.
¿Cuál sería la vía?
Tengo ciertas sospechas de cuáles serían los medios y cuál debiera ser la revolución, con minúsculas, pero revolución. Hay que disminuir la potencia de la producción industrial y la especulación meramente económica (estamos hablando de bancos y de multinacionales), y hay que hacer algo tan difícil como es vestir de verde el planeta. Se trata de un cambio que necesita 200 años como poco, y que hay que querer hacerlo.
¿Cree posible una alianza de civilizaciones? ¿Cómo valora la actitud actual de las distintas religiones?
En el mundo islámico ya casi estamos en una radicalización que se va a manifestar sobre todo en la creación de tensiones y de aspectos históricos sangrientos. En cuanto a la Iglesia católica y sus primas hermanas (sean anglicanos, heterodoxos, etc)… es evidentemente una mascarada, en la cual hay algunos inocentes con cierta buena voluntad a los que no se les hace caso. Tiene mucho que ver con cómo ha decrecido el poder de las iglesias «occidentales» sobre las conciencias, pero cada vez está más claro que están participando fraudulentamente en la economía vigente.
¿Y qué le parece el Dalai Lama?
Es un personaje que está bien, ni se ha embarcado en radicalismos ni tiene una actitud orientada al poder económico. Esto puede que suceda sin demasiados méritos, porque de alguna manera representa una ideología (y llamo ideología también a la religiosidad y al pensamiento en la trascendencia) que está poco menos que prisionera de una potencia mayor que es China… y no está en situación de ser operativa, pero por otra parte, como ideología es bastante sana. Así como en el catolicismo y en el islamismo se da por buena la violencia incluso en sus textos sagrados, eso no ocurre en el budismo.
En el taller del escultor AMANCIO GONZÁLEZ ANDRÉS
© Fotografía de AMANDO CASADO
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Podéis leer el reportaje en (click:) ISLA KOKOTERO
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CONGRESO
POESÍA Y DIVERGENCIA VII
ANTONIO GAMONEDA
(LA PALABRA DAÑADA)
SEDES
Antonio Gamoneda sí en el 2009, porque estamos ante uno de los poetas importantes de la conmoción existencial en castellano con un sentido próximo al de César Vallejo. Ante un escritor atormentado y herido por las obsesiones de la orfandad y la pobreza, tanto como por la reivindicación.
La suya es una poesía con diferentes registros en su evolución, donde ha logrado renovar un lenguaje de la época existencialista (el de 1940 que le origina como escritor) en los años 70, teniendo en cuenta las lecturas herederas del superrealismo hasta hacer propia una mirada en el espacio de las poéticas desoladas que caracterizan en buena parte al occidente euroamericano tras las grandes guerras mundiales (o nacionales).
Antonio Gamoneda sí, porque estamos ante un jirón hondo y comprometido, desvalido, afín a la estética del silencio en la mirada final, desde la peculiar conmoción de la herida como denuncia. Ante un poeta existencial o esencial desolado, dañado y desesperado, con una intensa vocación de artista en su buen hacer de madurez.
9.30 Inauguración:
10.00 Conferencia Inaugural: José Manuel Cuesta Abad (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)
11.00 Pausa
11.30 Coordina: Rafael Morales Barba (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)
13.00 Proyección del documental sobre Antonio Gamoneda Escritura y Alquimia
16.30 Coordina: María Jesús Zamora (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)
JUEVES 16 DE ABRIL
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID. SALÓN DE ACTOS DE LA FACULTAD DE FORMACIÓN DEL PROFESORADO Y EDUCACIÓN
10.00 Coordina: Rafael Morales Barba (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)
11.30 Pausa
12.00 Coordina: Xelo Candel Vila (SAINT LOUIS UNIVERSITY MADRID)
VIERNES 17 DE ABRIL
BIBLIOTECA NACIONAL DE MADRID
10.00 Conferencia plenaria: Antonio García Berrio (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)
11.00 Coordina: Ángeles Encinar (SAINT LOUIS UNIVERSITY MADRID)
12.00 Pausa
12.15 Coordina: Xelo Candel Vila (SAINT LOUIS UNIVERSITY MADRID)
13.15 Recital poético de Antonio Gamoneda
Presenta: Rafael Morales Barba
14.00 Acto de clausura
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INFORMACIÓN E INSCRIPCIÓN
Duración:

[Gamoneda, con José Ángel Valente, en una imagen retrospectiva]
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La obra del poeta será objeto de debate en el congreso
GAMONEDA, LA PALABRA DAÑADA
Bajo el lema Antonio Gamoneda, la palabra dañada, numerosos expertos, críticos literarios, profesores y catedráticos de toda España, además de un numeroso grupo de escritores, muchos de ellos leoneses —"entre ellos, el propio Gamoneda"—, participarán en estos encuentos, enmarcados en el curso Poesía y divergencia, que se desarrolla desde el año 1980. La sesión del día 17, la más solemne, tendrá lugar en la Biblioteca Nacional.
Entre los participantes se encuentran nombres como los de Luis Mateo Díez, José María Merino, Julio Llamazares, José Enrique Martínez, Julia Barella, Tua Blesa, Andrés Sánchez Robaina, Luis Alberto de Cuenca, Miguel Casado, Rafael Morales, Antonio García Berrio o Vicente Valero. Entre los actos programados también figura la proyección del documental sobre la vida del poeta, Gamoneda, escritura y alquimia, que mañana se estrena en León.
stimad@ amig@:
A partir de mañana martes 31 de Marzo podrán retirarse las invitaciones para asistir al estreno del documental “ANTONIO GAMONEDA ESCRITURA Y ALQUIMIA”, que tendrá lugar en el Teatro el Albéitar el próximo viernes, 3 de Abril, a las 21 horas.
La proyección contará con la presencia del poeta, el codirector del documental, César Rendueles, y la presentación de José Enrique Martínez.
Horario de recogida de invitaciones:
de 12 a 14 y de 18:30 a 20:30 horas (máximo 2 invitaciones por persona) en el Ateneo Cultural el Albéitar (C/Luis de Sosa esquina C/Covadonga. León). También se pueden retirar el mismo día de la proyección, desde media hora antes en la taquilla del Teatro.

Atentamente,
Pepa Octavio de Toledo
[Caricatura de Gamoneda en El País - Por SCIAMMARELLA]
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Una película y varios libros
repasan la trayectoria del poeta y premio Cervantes
"La vida es un error lleno de cosas maravillosas. Pero un error"
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El estreno del filme coincide además con la aparición de ‘Extravío en la luz’ (Casariego), una edición de seis poemas inéditos con grabados de Juan Carlos Mestre, y con ‘Iluminaciones. Antonio Gamoneda’ (RD Editores), un descarnado retrato del poeta y del León de la Guerra Civil firmado por el novelista Andrés Sorel.
La película se rodó en 2007 en los escenarios cotidianos de Gamoneda, sobre todo en su casa, pero también en los bosques por los que solía pasear antes de que un accidente -lo atropelló una furgoneta- le dejara "las tabas maltrechas". "Un día, en el rodaje, pasé dos horas con los pies en la nieve", recuerda el autor de ‘Libro del frío’, que considera que sale "demasiado" en su propio documental. "Otro fuimos a la casa en la que viví de niño, en el Crucero, el barrio obrero de León".
Esa casa es, además, fundamental en ‘Un armario lleno de sombra’, unas memorias de infancia "nada gloriosas" que Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores publicará esta misma primavera. En un balcón del número 4 de la carretera de Zamora pasó Antonio Gamoneda sus primeros años en León: "No se me olvida el sabor del hierro oxidado. Al morir mi padre, mi madre aguantó poco en Asturias. Era asmática y los médicos le dijeron que se fuera. El clima la estaba matando. Yo tenía tres años cuando nos instalamos en la casa de mi madrina, mujer de un ferroviario".
Todavía hoy Gamoneda es capaz de calcularle a su interlocutor la mejor combinación para viajar en tren. "En aquella casa los trenes eran los reguladores del tiempo. ‘Ya viene el correo de Galicia. Ahí pasa otro’, decíamos. Me impresionaba cómo se perdían en la chopera, la desaparición". Con la Guerra Civil -"de la que tengo recuerdos más precisos que de cosas de hace 15 días"-, los trenes empezaron a llegar cargados de republicanos camino de la cárcel instalada en el hostal de San Marcos. Para evitar que los presos pasaran por la zona noble de la ciudad, detenían los trenes antes de llegar a la estación y los conducían bajo el balcón de Gamoneda.
"Aquel barrio", apunta, "fue de los que más represión sufrió. Se oían los gritos de las mujeres a las cuatro de la mañana. Frente a mi casa había una viuda loca que se paseaba desnuda y gritando por la noche".
La guerra se llevó por delante la pensión que la madre del poeta cobraba de La Voz de Asturias, donde su padre había ejercido a la vez de administrador y director. Consumidos los ahorros, llegaron a la casa dos máquinas para hacer punto "de incrustación" y vainica: "Pero en aquellos años ni León y España estaban para muchas vainicas. Lo pasamos mal".
Las memorias del poeta comienzan en 1936 y terminan, recuerda él mismo con precisión, en la madrugada del 1 de junio de 1945. El día antes había cumplido 14 años y entró a trabajar en el Banco Mercantil encendiendo la calefacción.
El título del libro y la idea de escribirlo surgieron el día en que, dos años después de la muerte de su madre, el poeta se decidió a abrir un armario que, en vida, sólo abría ella: "De pronto me vino el olor de mi madre viva. Era una situación desconcertante, como un sueño. Estaba lleno de ropa, objetos y papeles, cosas que se convirtieron para mí en símbolos". "Además", añade, "resulta que uno tiene más recuerdos de los que recuerda. Son como las cerezas. Te acuerdas de una cosa y ésa trae otro recuerdo consigo".
En mayo Antonio Gamoneda cumplirá 78 años. Y no para de viajar -Viena y Ginebra están entre sus próximas estaciones-. Tampoco ha parado de escribir. Para algo sirven los hoteles. Lo poemas incluidos en ‘Extravío en la luz’ forman parte de la treintena que lleva escritos desde que, en 2004, reunió toda su poesía en el volumen ‘Esta luz’ (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores). El conjunto, que todavía no tiene fecha de publicación -"por primera vez en mi vida tengo el título antes que el libro"-, se llamará ‘Canción errónea’.
"La vida es un error lleno de cosas maravillosas -la amistad, el amor-, pero un error. Ir de la inexistencia a la inexistencia es un asunto raro, ¿no? Y esto a mí no me parece metafísica. Son hechos". Y continúa: "Al final te das cuenta de que la vida es un curso preparatorio para la muerte. Uno aprende a convivir con el miedo. Ya que atravesamos un error vamos a atravesarlo de la forma más consciente posible, aprovechando las cosas buenas y luchando contra la injusticia".
¿Quiere eso decir, la eterna pregunta, que la poesía puede cambiar el mundo? "No. La poesía intensifica la conciencia, pero no puede cambiar al mundo. Ésa ha sido una propuesta imaginaria. La poesía tiene que ser subversiva en su lenguaje, no en su contenido. En contenidos no puede competir con un periódico". En su opinión, hay muy pocos poetas capaces de realizar con altura "la síntesis entre el pensamiento poético y una ideología". Entre ellos, los autores "anónimos y múltiples" del primer cancionero, los letristas del jazz, César Vallejo y el turco Nazim Hikmet, a cuyos ‘Poemas finales’ (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo) Gamoneda acaba de poner un prólogo en forma de poema.
"Entiendo más de vino que de poesía", dice. "Yo no sé lo que sé hasta que no me lo dicen mis propias palabras". O las palabras de otro. Estos días relee las Soledades, de Góngora. Lo que no ha vuelto a escribir es crítica de arte, algo a lo que se dedicó durante años: "La crítica es un imposible. ¿Cómo se le cuenta a un ciego qué es el color azul?".
SE PUEDE LEER también la noticia en:
· DIARIO DE LEÓN (por Pacho Rodríguez)
· LA CRÓNICA
· Telecinco
· EL MUNDO (EFE)
· EL NORTE DE CASTILLA (por Tomás García Yebra)
· PÚBLICO

Un nuevo libro con CD y DVD:
‘ESCRITURA Y ALQUIMIA & LA CAMPANA DE LA NIEVE’
[UNA CONFESIÓN CINEMATOGRÁFICA Y TRES LECTURAS]
ANTONIO GAMONEDA
ISBN 978-84-87619-49-6
precio 25 €
paginas 88
formato Incluye CD de audio (78’) y DVD con la película
Esta publicación incluye la versión íntegra en DVD de la película documental Escritura y alquimia, que explora el pensamiento poético de Antonio Gamoneda tanto en su dimensión más puramente estética como en un orden especulativo. El film propone una intensa reflexión cinematográfica en torno al universo conceptual del poeta a través de entrevistas, materiales biográficos y lecturas de poemas.
Además, bajo el título ‘La campana de la nieve’, se recogen en este volumen en formato libro y disco compacto tres de las lecturas poéticas que Antonio Gamoneda ha ofrecido en las salas del Círculo de Bellas Artes a lo largo de dos décadas. Correspondientes a los años 1986, 2001 y 2006, respectivamente, estas tres lecturas constituyen no sólo un importante documento histórico –algo singularmente cierto en el caso de la lectura celebrada en 1986–, sino una experiencia literaria de primer orden guiada por la voz misma del poeta.
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Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2006: