Gamoneda desde Isla Kokotero
~ ~ ~
Para ver bien esta bitácora
¡Mejor usar MOZILLA FIREFOX como navegador!
~ ~ ~
Haz un click para leer la entrada sobre ANTONIO GAMONEDA
en la Wikipedia:
~ ~ ~
Para ver bien esta bitácora
¡Mejor usar MOZILLA FIREFOX como navegador!
~ ~ ~
Haz un click para leer la entrada sobre ANTONIO GAMONEDA
en la Wikipedia:

Con motivo de los 80 años de Antonio Gamoneda, Vaso Roto Ediciones le dedica el presente volumen reuniendo voces de diferentes partes del mundo. Se optó por incluir 52 autores por ser este el número representativo de los años que duraba cada Era o Sol en la mitología del México antiguo. Así, como una desintegración de la luz, la palabra de este poeta viene a renovar el lenguaje y la manera de entender la raíz.
Jeanette L. Clariond (directora de Vaso Roto Ediciones)
y Antonio Gamoneda.

Con el hermoso título El guardián del fin de los desiertos, llega a mis manos uno de los libros que más he deseado desde hace un año, justo desde que en el otoño de 2010 finalizase en Almería un memorable ciclo de conferencias dedicado a José Ángel Valente. Desde la ciudad celeste, coordinado brillantemente por José Andújar Almansa y Antonio Lafarque (que ahora han sido los responsables de la edición de este volúmen publicado por Pre-textos), se celebró entre abril y noviembre de ese año en que se conmemoraba el décimo aniversario de su muerte, y ofreció tantas, tan diversas y tan enriquecedoras perspectivas del poeta que la reunión de aquellas intervenciones en un libro era ya, desde su propio anuncio, un acontecimiento literario de primer orden.
~ ~ ~
"Quién eres tú, quién soy,dónde terminan, dime, las fronterasy en qué extremode tu respiración o tu materiano me respiro dentro de tu aliento."JOSÉ ÁNGEL VALENTE (Del libro Mandorla, 1982)
[Antonio Gamoneda en el Museo Pablo Gargallo]
~
‘CITA CON GAMONEDA.
¿SON REALES LOS TOROS CELESTES?’,
~
El jueves 17 de Noviembre en el museo Pablo Gargallo y gracias a la gestión de Nacho Escuín tuvo lugar una charla con el poeta Antonio Gamoneda y un homenaje a su figura. En estos actos siempre hay un ambiente de ritual, existe una liturgia casi religiosa. El jueves ese rito fue algo más, fue una celebración nunca interrumpida, desde el silencio expectante del público hasta el abrazo cariñoso del poeta, materializado en algunos privilegiados que pudimos honrarle con nuestras voces, pero dado a todos y cada uno de los presentes. Fueron surgiendo las palabras belleza, plasticidad, realidad, realidades, melancolía, ritmo, verdad, ética, locura… y con ellas los temas.
En esa tarde Gamoneda nos puso en las manos, frente a los ojos, los toros celestes de Lorca para que nos preguntáramos sobre su categoría ontológica. ¿Son reales los toros celestes? Hay realidad en tanto que tienen significado, significado recién parido, locura del poeta que los ha creado y verdad en la mente que los re-crea. La verdad se da en la comunicación sincera entre poeta y lector, en la piel profunda del poema, cuando se vence la superficie del fingimiento necesario del poeta. La palabra poética horada la realidad, la porción de realidad que se ponga en juego en un poema determinado, pero también perfora al lector. Ahí radica también la belleza del poema, más allá del pensamiento, debajo de lo explícito.
Cuajado en la luz, hirviendo,
después de mucha tierra deshabitada de pájaros,
surge un pueblo.
En abrasada gleba
guardan a sus muertos, mas
el silencia y la arcilla
se levantan y entran
en la vida.
Pensaba la belleza. Veo ahora
silencio edificado, corazones
amontonados por el amor.
Veo la vida en el centro de la luz; ya sé
que la belleza no necesita ser pensada.
Este descubrimiento de la verdad y de la belleza evoca la identidad que de ambos conceptos nos ha llegado desde la tradición de la antigua Grecia, ligada a términos como armonía y equilibrio. No obstante esa sinergia no se da en el ámbito de la racionalidad según Gamoneda sino en la irracionalidad, en la locura, en el disparate de la metáfora. Se da como sorpresa incluso del propio autor y lleva al conocimiento, una especie de re-conocimiento de lo que se sabía sin saber, “con un no saber sabiendo” (San Juan de la Cruz). El poeta no se sabe hasta que no se escribe.
Voy a leerle al maestro mi homenaje, su poema. Veo su cara de extrañeza y su gesto con la mano en la oreja cuando le digo torpemente: “Yo como Gamoneda”. Sus toros celestes están todavía en mi cabeza y un nudo de emoción en la garganta casi no me deja leer los siguientes versos:
El animal que Llora, ese estuvo en tu alma antes de ser amarillo;
el animal que lame las heridas blancas,
ése está ciego en la misericordia;
el que duerme en la luz y es miserable,
ése agoniza en el relámpago.
La mujer cuyo corazón es azul y te alimenta sin descanso,
ésa es tu madre dentro de la ira;
la mujer que no olvida y está desnuda en el silencio,
ésa fue música en tus ojos.
Vértigo en la quietud: en los espejos entran sustancias
corporales y arden palomas. Tú dibujas juicios y tempestades
y lamentos.
Así es la luz de la vejez, así
la aparición de las heridas blancas.
Los toros celestes ya no me abandonarían en toda la noche, me acompañan estos días en mi trabajo, cuando escribo esto, cuando leo y me alimento de Gamoneda. Espero que estén aquí toda mi vida.

Por VERÓNICA VIÑAS
En Diario de León
25/10/2011
La poesía de Gamoneda es pura música. Y su Libro del frío, poblado de raras criaturas como el ‘animal del llanto’ o el ‘animal perfecto’, es una fuente inagotable para los compositores. El argentino afincado en España Fabián Panisello también se ha dejado seducir por el ritmo que subyace en los versos del escritor leonés. Ha hecho una nueva versión musical del poemario que ya inspiró al gaditano José María Sánchez-Verdú. La Fundación BBVA, que ha producido el disco, acoge hoy, en su sede de la madrileña calle de Recoletos, la presentación de la obra para soprano y ensemble compuesta por Panisello sobre poemas del Libro del frío. En la premiere de este nuevo volumen de la colección Compositores españoles y latinoamericanos de música actual, Gamoneda leerá algunos de los textos elegidos por Panisello, la voz la pondrá la soprano Allison Bell y la música correrá a cargo del Ensemble Meitar.
Para Gamoneda será una sorpresa. Confiesa que aún no ha podido escuchar cómo suenan los once poemas del Libro del frío a los que Panisello ha puesto música, aunque ya se estrenaron en Buenos Aires y Viena, «donde no pude ir». El Cervantes leonés ignora por qué Panisello eligió su libro. «Me dijo que estaba trabajando sobre él y yo le di mi autorización». No es la primera vez que Gamoneda colabora con artistas de otras disciplinas. No sólo ha trabajado con músicos, sino támbién con artistas plásticos como Tápies, Sicilia, Álvaro Delgado o Félix Cárdenas. El frío, ese frío «que nunca ha cesado» ha sido determinante en la estética de Gamoneda. Al compositor gaditano José María Sánchez-Verdú también le atrajo el Libro del frío, al que puso música hace dos años y cuya obra estrenó en el marco del Festival Internacional de Órgano. Curiosamente, Verdú recurrió a la particularísima voz de un contratenor para cantar los versos del poeta leonés, quien entonces confesó: «Mi escritura es, antes de ser literatura, que lo es sólo secundariamente, un hecho existencial. Por tanto, con sus fallos, la escritura que yo hago no es que proceda, sino que es parte de esa vida». Gamoneda desconoce si Panisello conoce la versión de Sánchez-Verdú sobre el Libro del frío. «Ninguno ha incluido todo el libro», aclara.
Música aérea. Panisello, director de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, empezó a componer antes de aprender siquiera a escribir. Al compositor argentino le fascina la música africana, en la que centró su tesis, pero también le han marcado compositores como Bach, Ligeti, Mozart, Debussy, Mahler y el complejo Schönberg. «Me gusta que mi música tenga un carácter aéreo y que sólo en momentos puntuales toque tierra», confiesa el compositor. La rapidez es expresión sintomática de aquello que constituye la verdadera alma de la música de Panisello: el movimiento
Panisello ya puso música al documental Escritura y alquimia, dirigido por Enrique Corti y César Rendueles, una cinta que intercala declaraciones del poeta leonés en las que reflexiona en torno a su obra con materiales biográficos y lecturas de poemas a cargo del propio Gamoneda. La película se rodó en su casa y en escenarios que han sido determinantes en su vida. La camara seguía a Gamoneda por los lugares de su infancia, por el bosque, por la orilla del río en la que jugaba de niño y hasta el balcón de su casa en el Crucero, desde el que veía pasar las cuerdas de presos republicanos camino del campo de concentración de San Marcos.
~ ~ ~
"AMO Y GOZO CON LA POESÍA DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ"
efe | la rábida 25/10/2011
El poeta leonés reconoció ayer en La Rábida (Huelva) que «ama y goza» con el Nobel de Literatura Juan Ramón Jiménez, cuya obra le «sorprendió» cuando apenas contaba 13 años.
Antonio Gamoneda fue el encargado de inaugurar el Congreso Internacional Presencia de Juan Ramón Jiménez en los poetas del 27, que hasta el próximo jueves, organizado por la Fundación Zenobia-Juan Ramón, se celebra en la sede de La Rábida de la Universidad Internacional de Andalucía. Una cita que tiene como objetivo desvelar la influencia «real» del poeta en los autores de dicha generación.
El premio Cervantes leonés, quien mostró su satisfacción por encontrarse en La Rábida, reconoció que para él Juan Ramón representa, «sino el primer descubrimiento de lo que es el lenguaje y el pensamiento poético, casi el primero». Manifestó que este poeta le sorprendió «gratamente» con su segunda antología (tema central de su conferencia), cuando tenía trece años, sin embargo afirmó que desconoce si la obra del Nobel ha impregnado su escritura «mucho o poco o nada».
«Respeto su memoria». «Sé que es un referente histórico de la poesía española, y que respeto su memoria y amo y gozo con su obra», explicó Gamoneda, para quien Juan Ramón es «todo eso y puede que más». José Antonio Expósito, coordinador científico del congreso, destacó a su vez que esta cita «ha reunido a los mejores para hablar de los más grandes». Para el especialista, los ponentes «aportarán cosas nuevas y desconocidas que dará una visión distinta de Juan Ramón a la luz de las últimas investigaciones en los archivos de Puerto Rico». Expósito participó con la charla Ecos de una voz: influencia de Juan Ramón Jiménez en la poesía del 27.
Querido Luis Miguel Rabanal:
Hoy es un día de las gentes más tuyas, las que te sintieron cercano antes, incluso, de que les dieses motivos para tenerte de manera especial en su corazón; antes de entristecerse por la traición de tu propio cuerpo o de sentirse crecidos en su orgullo por tu talento de poeta.
Puede parecerte que no tiene mucho sentido esto que digo, que, contrariamente, el día es tuyo porque en ti está centrado y tú eres la causa de una reunión emocionante, pero yo, que tiendo a buscar la verdad oculta sin despreciar la que está en primer término (quizá en esto nos parezcamos cuantos nos hemos perdido en el extraño territorio de la poesía), me voy a permitir, con pocos derechos, esta es la verdad, indagar un poco en esa propiedad colectiva de la circunstancia.
Luis Miguel: Riello, La Omaña, son un espacio que se busca a sí mismo (y se defiende cuando ha menester, y esto bien lo sabes tú), y este buscarse a sí mismo supone, lógicamente, la voluntad de encontrarse; encontrarse, sí, en las tradiciones y en la memoria colectiva, pero, sobre todo, en las causas vivas, en los intereses comunes, en los afectos presenciales, en lo que está ahí y es reconocido como propio y necesario. Y se da la circunstancia de que tú, con tu poderosa subjetividad, creador de un universo poético que pudiera ser entendido como rigurosamente privado, te has convertido en todos y cada uno de los hombres y mujeres de esa colectividad. Diré por qué.
No porque hayas escrito una docena, quizá larga, de libros que tienen una importancia y una gravedad indiscutibles en la poesía española, por mucho que tú rehuyas la notoriedad; no porque hayas obtenido premios con los que otros ya se sentirían sólidamente instalados en la historia de la literatura. Es por algo más sutil y más serio.
Yo me he dado cuenta de que tú, por razones de vigor intelectual, moral y emocional, has venido a ser algo así como ‘la conciencia’ de Omaña. No quiero decir, quede claro, el gestor que asume los problemas prácticos, aunque alguna vez no te hayas desentendido de ellos, sino otra cosa más infrecuente y difícil: algo así como la concentración espiritual, el "lugar" (¿te habían llamado alguna vez "lugar"?) de la capacidad de resistencia, de sentido de lo justo y lo injusto, de indignación, incluso, y, finalmente, de solidaridad y amor a la vida, a esa misma vida que es injusta con los pueblos de La Omaña, con los hombres y mujeres de La Omaña y, en especial, contigo.
¿Voy haciéndome entender? Muchos, todos, piensan para sí mismos: "Luis Miguel: éste sí que sabe hasta qué punto es dura la realidad". Y, simultáneamente, piensan también que tu dura realidad la has vivido siempre sin deponer la amistad o el amor.
Por esto tú eres su conciencia, es decir, por esto tú eres ellos, y por esto el día de hoy es de ellos: su día: su día en ti.
Yo, que no tengo conmigo el honor de ser omañés de naturaleza, pero que algo tiene que tocarme de todo esto aunque no sea más que por el respeto fraternal que te tengo; yo, que me he sentido expresado también por ti en muchas líneas de tu bella y temible escritura, me atrevo a decirte estas verdades en una carta que ha de ser pública porque no es solamente para ti.
Alguien (no sé quién, pero sí sé que será alguien que te quiere) leerá esta carta en alta voz. Aprovecho el préstamo oral para decir a todos: Omañeses: porque algo me toca en todo este asunto, ¡gracias! No puedo estar con vosotros, pero estoy poniendo todo mi corazón en este recado. Esto no es un escrito protocolario; es una carta de amistad. Y de agradecimiento.
Y a ti, Luis Miguel, más allá de la admiración y la solidaridad, un abrazo que vale para hoy y para siempre.
Tuyo, vuestro
Antonio Gamoneda

Se puede ver el original escaneado de la carta en Isla Kokotero
y las cuestiones que, a raíz de su manipulación, se han suscitado.

HABLA EL PASTOR
Sobre la calcificación de las semillas, ante las flores abrasadas y la desaparición del pensamiento,
tejen la yerba manos invisibles. Ah, cómo temo su pureza. Veo
lana sangrienta y, en los alimentos, grasa mortal, cánulas negras y, bajo ramas inmóviles, cuerdas y sombras y preservativos.
Pero, ¿soy yo quien mira con mis ojos?
Arden los huesos en el vértigo, oigo la fermentación del rocío: ¿quién llora bajo los árboles torturados? Veo
las llagas de la luz, altos patíbulos y serpientes y aceites industriales bajo los lóbulos de las amapolas.
¿Estoy yo en mí y peso sobre la tierra? Es extraño.
En cualquier caso, tengo miedo y los insectos viven en mi corazón.
ANTONIO GAMONEDA
‘En la biblioteca de Gamoneda,
un reportaje de CÉSAR COMBARROS para la Agencia Ical,
publicado en ElMundo.es
y emitido en Rtvcyl.es
con el título de ‘Gamoneda, el entomólogo de las palabras’.
La Agencia Ical inicia mañana la serie de reportajes
‘Las bibliotecas de los autores’ con Antonio Gamoneda

INDEPENDENCIA Y DENSIDAD
~ ~ ~
Una antología de Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), un poeta alejado de catalogaciones generacionales y de racimos profetizantes, anclado en su León de adopción por circunstancias que encubren, seguramente, una voluntad de alejamiento del centro (y de las pertenencias heredadas) nada ajena a las solicitudes de su escritura, era a estas alturas obligatoria, seguramente; aunque no sé si necesaria. Que ésta haya sido realizada por él mismo garantiza, al menos, una dirección de lectura si no más acertada que otras, sí al menos más autorizada que casi todas.
En cualquier caso no era (y no ha debido resultárselo tampoco a Gamoneda) tarea sencilla la de entresacar fragmentos de un obra que, especialmente a partir de Descripción de la mentira (León, 1977), pero ya apuntando intenciones con anterioridad, ha ido dejándonos libros “de poema” completos y cuya continuidad de un libro a otro parece apuntar con claridad a un poema único.
La antología, a pesar de los riesgos de descontextualización señalados (que el autor bandea mediante un prólogo mínimo pero esclarecedor), servirá también para dar a conocer aspectos de la labor poética de Gamoneda quizás eclipsados por la publicación de Edad (Madrid, 1987), libro que reunía su obra completa hasta el momento (reordenada, corregida, y completada en buena medida), con el que en 1988 ganaba el Premio Nacional de Literatura. Digo esto porque si es cierto que fue Edad el libro que popularizó su poesía, y que sigue siendo el libro a través del cual más lectores van encontrándosela aún, no serán pocos los que se hayan quedado en él sin preguntarse por una producción posterior tanto o más interesante.
La obra de Antonio Gamoneda posee (es una opinión) una bisagra clara: Descripción de la mentira, un libro (y me temo que esto sea otra) sobre lo que el novelista Rafael Chirbes llamaba en su día la “gran traición” de una transición hecha a espaldas de los trabajadores, pero en el que Gamoneda toma conciencia de un proyecto poético personal y ambicioso: el del relato subjetivo de una conciencia hacia la disolución en lo general y hacia la muerte en lo particular. Lo que no significa que antes no encontremos ya los síntomas de tan proyecto (una bisagra es eso que propicia un cierre o una apertura, pero que a la vez une dos piezas adjudicándoles un nuevo sentido). No es raro, en efecto, encontrar formulaciones en poemas muy anteriores que encajarían perfectamente en Lápidas (Madrid, 1987), o en Libro del frío (Madrid, 1992), con sólo reorganizar su versificación. Lo que me hace pensar que a partir de cierto momento la voz de Gamoneda experimenta una liberación, una interiorización de la música de la historia que ya no necesita apoyarse ni en ritmos tradicionales ni en melodías de moda, sino que ha aprendido a escuchar en su propia conciencia esa organización abierta de lo sucesivo que caracteriza su largo fraseo, ceremonioso y directo a la vez, brillante y profundo a un tiempo. Una búsqueda, seguramente, que no habría dado los mismos frutos de no haber sido por el paso del poeta a través de las formas musicales afroamericanas en Blues castellano (Gijón, 1982), un libro prohibido en su día (1966) por la censura en el que el poeta se cuestiona planteamientos anteriores y desnuda su fraseo de retóricas al uso. Blues: comunicación de un adulto a otro adulto sobre asuntos de intenso contenido emocional.
Tiene que lidiar el autor, por lo visto, con esa ya gastada discusión (exclusiva de este país) sobre las intenciones y deberes de la poesía actual, y matiza en su prólogo su posición al respecto. La vivencia poética de la experiencia no es, no puede ser, automáticamente verbalizada, sino que es necesario interrogar al lenguaje mismo, obligarle a configuraciones que nos ayuden a conocerla reconociendo en ella aquella intuición que la experiencia dejó en nosotros (y que fue la que nos movió a compartirla). El resultado es esa rarísima combinación de independencia y densidad que sólo los mejores saben imprimir a su escritura.
La de Gamoneda, en fin, es una de esas lecturas fundamentales para todo el que quiera saber algo sobre nuestra poesía de los últimos cincuenta años y también de los próximos (pues su influencia en los más jóvenes es evidente). Esta antología servirá a muchos para acercarse a ella, desde el criterio del propio autor además, pero eso sí (y he de insistir en ello), no exime de una lectura completa de cada libro. Porque aquí Gamoneda está y no está, es y no es, se entrega y se disfraza.
Se dio a conocer como poeta en 1957 con ‘Voce na néboa’, al que siguieron ‘Antoloxía Popular’, ‘Sirventés pola destrucción de Occitania’, ‘Con pólvora e magnolias, ‘Poesía enteira de Heriberto Bens’, ‘O fin dun canto’ , ‘Erótica’, ‘Estirpe’ y, en 2005, ‘Contra Maquieiro (2005). La editorial Calambur reúne ahora, en edición bilingüe, en ‘Poesía fundamental (1976-2005)’, la obra decisiva de Méndez Ferrín, traducida al castellano por Eloísa Otero y Manuel Outeiriño y prologada por Antonio Gamoneda.
"Hacía ya algún tiempo —explica Ferrín— que la editorial Calambur tenía la idea de este libro y yo acepté la propuesta con mucho gusto. Xosé Manuel Outeiriño y Eloísa Otero, además de Antonio Gamoneda, estuvieron también muy activos en esa idea".
-En cuanto a la selección de las obras incluidas en esta recopilación en castellano y gallego, ¿echa de menos alguna?
-Yo los dejé en paz a ese respecto; no quise hacer una edición completa de mis poesías porque pienso que aún no están completas y espero que tarden mucho tiempo en estarlo.
-En una pequeña introducción de la editorial, lo tratan de ‘escritor de culto’. ¿Son palabras que provocan rubor o le expanden el alma?
-Ninguna de las dos cosas. Escritor de culto es uno que tiene algunos seguidores que son especialmente fieles. Pero creo que en esto existe el politeísmo. Yo le rindo culto a muchos autores. En todo caso, a mí me alegra que haya algunos lectores que me sigan.
-Gamoneda rememora cómo lo conoció a usted a través del poema Roi Xordo cuando lo leyó en gallego, sintiendo un ‘impulso pasional’. ¿Cree que ese es un poder de todas las lenguas o en especial del gallego?
-No creo que nuestro idioma (la entrevista con Ferrín fue realizada en gallego y el autor exige que se aclare) tenga un algo especial. Gamoneda es un leonés; por lo tanto, siente al igual que José María Merino o la propia Eloísa Otero su proximidad más a Galicia que a Castilla. Es lo que Mateo Díez llama cultura del noroeste, lo de poder escribir en castellano ‘tojo’ es para ellos muy importante. Nadie en la Meseta sabe lo que es un tojo. Esa llamada a lo ancestral que tienen los leoneses hizo que Gamoneda se fijase en la poesía gallega del siglo XX.
-¿Cómo empezaron a tener contacto con él? Usted incluso ha llegado a llamarlo ‘irmán’.
-A mí, me gusta tanto lo que hace que, a veces, me daría gusto soñar que yo escribí algún poema de Gamoneda. Hay una cierta simpatía mutua. Nos conocemos desde la revista Claraboya de los años sesenta en León.
-Se cumplen 35 años de ‘Con pólvora e magnolias’, poemario que abre el libro de Calambur. ¿Puede echar la vista atrás?
-Lo recuerdo perfectamente. Era el año 1976. No conseguí ningún editor; fue rechazado por todos. Tenía un diseño de Luís Mariño, lo edité y lo distribuí con él; era una edición de autor. No tuvo ninguna repercusión mediática; no hubo críticas; sin embargo, se agotaron rápidamente dos o tres ediciones. Ese fue el fenómeno. Tuvo más repercusión de la que yo podía pensar.
-Leyéndolos ahora, ¿cambiaría algo, cargaría más tinta?
-Hay que resistirse. Yo soy de los que no reescribo nada. Lo que está escrito, debe permanecer tal cual se escribió.
-En el poema ‘Irlanda’ cantaba a un Derry libre (ceibe). Días atrás, se registraron disturbios en Belfast.
-El proceso de paz es muy lento y en Irlanda no fue una rendición de las fuerzas independentistas y republicanas. Fue un alto el fuego para seguir discutiendo condiciones de incorporar Irlanda del Norte a la República. Las voces que quieren romper el proceso son, principalmente, las unionistas, los ingleses. Les molesta la paz. Pasa parecido en muchos lugares.
-En España…
-Es distinto.
-¿Piensa que hay que dar tanta importancia a la retirada de la imagen del Rey en el consistorio de Donosti?
-Desde luego no me produce ninguna molestia; todo lo contrario.
-El poema ‘Contra Maquilero’ arremete contra la usura del siglo pasado pero parece que hoy sigue vigente.
-En estos momentos, la locura es la banca, producto de la usura. Con la crisis, están intentando una reaparición del esclavismo, aparentemente.
-En las últimas semanas, algunas voces reclamaron a la Academia que preside mayor presencia femenina, ¿comparte esa exigencia?
-No tengo comentarios.
-Última cuestión, ¿sintió dolor existencial alguna vez por no parir literatura?
-No, al contrario. Al no necesitar escribir para vivir, siempre me permití una situación de amateur, de persona que está fuera del sistema. Eso fue cuando era joven y ahora mucho más. Nunca escribí mucho y ahora, de mayor, quizás sí tenga un poco más de prisa porque siento que se me acaba el tiempo. Tal vez escriba más ahora pero de manera privada, no tengo prisa alguna en publicar.


© Montaje y fotos de KOKOTERA.
En Valladolid, 4 de junio de 2011.
Desde el blog FARO GAMONEDA,
hacemos una llamada a todos/as los/as amigos/as
de ANTONIO GAMONEDA,
para que le enviéis FELICITACIONES POR SU 80 CUMPLEAÑOS
(los cumplirá el 30 de mayo de 2011)
en forma de pequeños o grandes textos,
poemas, fotos, dibujos, músicas…
Podéis enviarlas por e-mail,
o dejarlas sencillamente como comentario en el Faro.
Para el más grande poeta vivo de habla española,
con toda mi admiración y cariño, desde Santiago de Chile:
más allá
en sus manos delicadas abolió la espuerta,
el árnica apagó el amor como una inflamación
que se detesta por naturaleza
somos. eres, ahora y de continuo, la erosión,
mar contra roca, infinitamente mar, la presión de las aguas, todas
todas sobre un punto inefable
llegas a preguntarme por mí y la oscuridad es suculenta
en tu presencia
sólo tus ojos escupen signos para seguir
llevo tus párpados en andas,
tus luces son turquesa y lagos de altura,
nadie se atreve en tu presencia a sumergirse en ellos
yo, en cambio, acomodo los reales sobre mis cuencas
y apuro el remo silencioso,
esfuerzo la pupila hacia la orilla que sólo se dibuja en mi fiebre
ninguno ha vuelto,
yo no seré el primero en ablandar el corazón,
tendré que conformarme con la espera y la simplicidad de mis mitologías
R. Casanova
FELICITACIÓN PARA ANTONIO GAMONEDA
DE
FONSITO RODRÍGUEZ
&
COVA VILLEGAS
HAZ UN CLICK PARA ESCUCHARLA…
Se trata de una grabación casera de canción asturiana con fondo de clarinete bajo: a la voz la nieta de Don Xuan Uría, Cova Villegas, al clarinete el nieto de Don Eutimio, el maestro de Mansilla, Fonsito Rodríguez.
Muy pocos autores como Antonio Gamoneda representan la cicatriz que la guerra, pero sobre todo la posguerra española, dejaron en la poesía española del siglo XX. Incluso en los libros de la nueva centuria, escritos con la dificultad añadida de su incesante actividad cultural, tras haber sido reconocido con premios como el Cervantes o el Reina Sofía, el escritor mantiene ese carácter de herida abierta, de fantasmas que no terminan de disiparse ante la mirada permanentemente escrutadora del poeta. Su experiencia de niño en el barrio de El Crucero, y su no menos relevante experiencia como empleado de banca durante más de veinte años en su ciudad de León le enseñaron a mirar a las personas con una piedad infinita, y a llevar a sus poemas una ‘sublevación inmóvil’ (así se titulaba el primer libro con el que se dio a conocer en Madrid en el inicio de los sesenta) que no ha remitido con los años ni con las mordeduras feroces de la existencia.
Después de un primer periodo de fertilidad, Antonio Gamoneda sintió en un momento de su vida la gran tentación del silencio. Ese silencio poético que George Steiner interpretó como la aspiración mayor de todo poeta de cierta envergadura. En su caso, la maduración verdadera le llegó casi exactamente de la mano de la transición política, de la metamorfosis de un país que cerraba una de las etapas más oscuras de su historia para abrir con ímpetu las puertas de la esperanza. De hecho, ‘Descripción de la mentira’ inauguró, en 1977, una nueva etapa de madurez y de creación que culminaría con el que sin duda es uno de sus poemarios más emblemáticos y personales: ‘Libro del frío’, publicado ya a principios de los 90. «Hubo un tiempo –dice en uno de los poemas de este libro– en que mis únicas pasiones eran la pobreza y la lluvia. / Ahora siento la pureza de los límites / y mi pasión no existiría si dijese su nombre».
Con la misma pasión de los inicios, la indagación poética y la propia pulsión del lenguaje han marcado la última y extraordinaria etapa de la poesía de Antonio Gamoneda. La inmovilidad de la sublevación que contenían sus primeros poemas se ha ido transformando progresivamente en el desplazamiento hacia una sublevación mayor: la que contiene la revolución interior de la palabra. Esa misma palabra que, según la leyenda, el escritor fue ganando a fuerza de tesón y de voluntad, aprendiendo a leer en un libro de texto extraordinario: el único poemario que le dejó en herencia su padre, el otro Antonio Gamoneda, un poeta modernista que desapareció cuando el niño tenía tres años.
Ahora que cumple los 80, Gamoneda conserva intacta la tensión que ha sabido imprimir a cada uno de sus poemas, hable del amor (una de sus constantes vitales), del frío, del tiempo o de la conciencia. Y conserva también esa pasión, esa necesidad de cantar como única razón de su existencia, de su posición poética frente al mundo. «Amé todas las pérdidas –escribe–. Aún retumba el ruiseñor en el jardín invisible».


—¡Felicidades!
—Para mí cumplir 80 años significa haber asumido una especie de conformidad no solamente con la vejez sino con la perspectiva de la muerte. Acepto la naturalidad del hecho de ser viejo y tener poco tiempo por delante. En esta manera de ver las cosas han influido no solamente mi experiencia acumulada, también la aparición en mi vida de mi nieta Cecilia, que me ha proporcionado la sensación de vivir en ella, una especie de permanencia. La sucesión de la vida lleva consigo componentes que nos proporcionan una situación de ánimo.
—Pero también su obra apunta claramente hacia la permanencia.
—No voy a despreciar esta permanencia, pero aquella otra que veo en mi nieta tiene un componente biológico y vital que no lo tiene la escritura. Es la primera vez que hago esta reflexión. Se trata de un ser vivo que es parte de mí, que concierne a la vida, y solo en ella veo reflejada mi permanencia, una permanencia de la que yo no me voy a enterar, claro.
—Porque no cree en otras formas de permanencia ni en otras vidas.
—Yo pienso que no. Considero muy extraño ese accidente que es la vida, este ir de la no existencia a la no existencia. He entrado en cierta conformidad con este hecho.
—Desde muy temprano, sus libros encaran los temas de la vejez y la muerte.
—Ayer dijo Olvido García Valdés que cuando yo tenía 50 años ya presumía de viejo. Quizás era que tenía una constante preocupación, nacida de mi infancia, que estuvo muy penetrada por la noción de la muerte, tanto por mi orfandad como por la guerra, en un barrio obrero de León, donde la represión fue muy fuerte. La aceptación del pasado, incluso con todos sus componentes dolorosos, me ha llevado a contemplar la realidad desde esta temprana noción de la muerte.
—También ha dicho usted muchas veces que la poesía existe precisamente porque existe la muerte…
—Bueno, Machado dijo que la poesía es «palabra en el tiempo», y lo es no solamente en el sentido de que la poesía se alimenta del pasado, de un pasado que interiorizamos, sino que incluso lo es técnicamente: la rítmica poética se produce en una temporización del discurso poemático. Bien, si no supiésemos que vamos a morir, no habría tiempo, todo sería un presente plano. El tiempo consiste en avanzar hacia la desaparición.
—¿Cómo vive estos días de celebración y homenaje en Toledo?
—Lo veo como lo que es. Se trata de un encuentro amistoso con un pretexto suficiente: mis amigos os habéis sentido llamados por este pretexto y así nos hemos reunido para leer poesía y para hablar. Incluso, como ahora contigo, para hablar de la vejez y la muerte, aunque, eso sí, con amistad y hasta con alegría.
—Desde que recibió el Premio Cervantes en 2006 su vida es un continuo viajar…
—El Premio Cervantes conlleva unos flecos sociales un tanto impertinentes para la vida de un escritor. Es llamado con relativa frecuencia para citas provocadas por quienes las necesitan: instituciones, autoridades, países… Es decir, me ha llevado a una dinámica viajera que me ha impedido prácticamente escribir ni leer. Ahora estoy aprendiendo a decir no.
—Y por tanto también está escribiendo.
—No había abandonado del todo la escritura, aunque la practicaba de una manera ajena a la serenidad que exige. Todo lo que he escrito son simples borradores, sin orden y con muchas tachaduras, carpetas laberínticas… Voy a poner un poco de orden en todo esto para saber si hay algo aprovechable… Dejaré de escribir cuando mis amigos me lo digáis, cuando me aviséis de que ya no doy para más…
—En este tiempo no ha publicado poesía pero sí un libro de memorias, ‘Un armario lleno de sombra’.
—Quizás es lo único que he logrado cerrar, mejor o peor, durante este tiempo, aunque con un material que había escrito antes y tenía desordenado en apuntes y cuadernos.
—Es un libro de memorias muy especial ya que llega solamente hasta los 14 años.
—Con recuerdos propios, el libro va desde 1934 hasta el día antes de cumplir 14 años, es decir, hasta 1945. Y hay también recuerdos que no son míos, sino transmitidos por mi madre, heredados. El libro responde a un propósito de encuentro conmigo mismo en un tiempo que fue determinante, no solo para mí sino para España, con su Guerra Civil y su postguerra.
—Su descubrimiento de la poesía se da también en aquellos años.
—Sí. Me explico: cuando en 1936 iba a ir a mi primera escuela de párvulos, me encuentro con que se cierran los colegios en León. Y como quería aprender a leer, no tuve más remedio que hacerlo en mi casa, con el único libro que había allí, un libro de poesía que había escrito mi padre, fallecido cuando yo tenía un año. Simultáneamente se dio en mí el conocimiento de los signos de escritura y el conocimiento de la poesía.
—¿Va a haber una continuación de sus memorias?
—Tengo escritos 30 ó 40 folios, pero no sé cómo resolver su continuidad. Entro en una etapa complicada no solamente para mí. Me tiene preocupado, ya que si digo todo lo que sé provocaría sufrimiento en algunas familias que ignoran muchas cosas. No sé cómo lo haré. En fin, no sé si lo haré.

Al serenarse se desviste,de tu abandono.
también te ha despojado a ti
Basta el aliento del mendigo
para que la sensatez
y la insensatez
se cumplan.





~ ~ ~
Leopoldo María Panero reaparece
para compartir recital con Antonio Gamoneda
Por EMILIO GANCEDO
para Diario de León
Escritor maldito por antonomasia, su reclusión en un sanatorio mental de Las Palmas de Gran Canaria no impide a Leopoldo María Panero (Madrid, 1948), de la insigne y muy literaria saga astorgana de los Panero, producir con regularidad poemarios que se ven respaldados de manera firme por la crítica especializada. Ayer, y después de una larga temporada de silencio público, reapareció el autor de Locos de altar , su última obra, en la jornada Anatomía de la llama organizada en el marco de la Feria del Libro leonesa por la Concejalía de Cultura y la Fundación Monteleón.
Fue en la segunda parte de la jornada cuando Panero y Antonio Gamoneda se encargaron de leer una serie de poemas seleccionados; en la primera, y bajo el lema Los prestigios y la literatura , participaron en una mesa redonda los escritores Álvaro Pombo, Ángeles Caso, Kirmen Uribe y el propio Gamoneda. En ella quedaron patentes las muy diferentes maneras de entender la fama, y así, Pombo se atrevió a reivindicar la discriminación, que puede espolear una fructífera creación literaria.
Leopoldo María Panero, inclasificable, imprevisible, ácrata, atrabiliario y de discurso enmarañado en el que se alternan momentos de brillantez con otros de aparente descontrol verbal, explicaba ayer a este periódico que su poesía, con el correr del tiempo, se ha vuelto «más alambicada» y que muy pronto sacará a la luz un nuevo poemario, que llevará por título El canto del frío. ¿Su contenido? «El soneto por el soneto», dijo.
Y es que al hijo de Leopoldo Panero se le anima el semblante cuando piensa que «le van a llevar» a la próxima Feria del Libro de Madrid a firmar ejemplares. Porque desde finales de los años ochenta, cuando comenzaba su obra a alcanzar un unánime aplauso de los críticos, se decidió su ingreso en un psiquiátrico, el de Mondragón, y diez años después se estableció en el Hospital Psiquiátrico Rey Juan Carlos de Las Palmas de Gran Canaria.
Sobre su sanatorio. Ayer, Leopoldo María Panero confesaba sentir ese centro como «un campo de concentración» en el que «se entra cuerdo y se sale loco» y, a la pregunta de por qué se encuentra en ese lugar, respondió: «La culpa fue de mi madre, que me metió allí después de que intentara suicidarme dos veces, y porque me hinchaba a drogas». Entonces, ¿es que ahora está perfectamente? «Bueno, la paranoia es de verdad», asumió el autor de una cincuentena de obras entre las que se cuentan Presentación del superhombre o Escribir como escupir y a quien diagnosticaron una esquizofrenia después de que, con poco más de veinte años, decidiera experimentar con todo tipo de estupefacientes. Así pues, ¿por qué continúa escribiendo Leopoldo María Panero? Con escalofriante seguridad, el poeta responde: «La poesía, la literatura, es ahora mismo lo único que me separa del suicidio». Y brama improperios sobre su reclusión en el sanatorio de entre los cuales apenas se alcanza a entender: «¿Pero a quién he matado yo? ¿A quién?». No obstante, se le argumenta, ha habido grandes autores que pasaron parte de sus vidas en sanatorios («¿quién? ¿Nietzsche?», pregunta a su vez). Y entre extrañas referencias a la CIA y a Mallarmé, Panero anunció sentirse «muy maltratado por este país».
No dudó Gamoneda en calificar de histórica la jornada de ayer y en subrayar el hecho de que la poesía es «el único sentido de la vida para Leopoldo».
LA POESÍA, LUGAR DE ENCUENTRO.
Los 80 años de Antonio Gamoneda.
Ciclo de lecturas en homenaje al poeta, Premio Cervantes 2006.
Museo Sefardí. Toledo.
3, 4 y 5 de mayo de 2011.Martes 3 de mayo: lectura de poemas de Juan Carlos Mestre, Eloísa Otero y Vicente Valero.
Miércoles 4 de mayo: lectura de poemas de Miguel Ángel Curiel, Clara Janés e Ildefonso Rodríguez.
Jueves 5 de mayo: lectura de poemas de Antonio Gamoneda.
El ciclo “La poesía, lugar de encuentro” responde a la voluntad del Museo Sefardí de abrir las calles de la Judería toledana a la creación y al pensamiento contemporáneos. Se trata de encontrarse con la poesía contemporánea en los mismos lugares donde tuvo su casa en el siglo XII Yehudá Haleví, el gran clásico de la poesía hebrea; por donde cruzaron tantas veces Garcilaso de la Vega y San Juan de la Cruz, o donde residió en un momento significativo de su vida Fray Luis de León; se trata de escuchar en esos mismos lugares a los poetas de principios del siglo XXI, ofrecer un espacio de diálogo y contacto con ellos, vías para la circulación de las líneas poéticas actuales, para el debate de sus problemas y propuestas, un ámbito para su emoción y su riesgo.
El gran poeta Antonio Gamoneda cumple 80 años el próximo 30 de mayo: una fecha simbólica para celebrar la obra y la figura de un autor singular y, sin duda, el poeta español de mayor proyección internacional en el momento presente. Desde ‘Sublevación inmóvil’ (1960), ‘Descripción de la mentira’ (1977) o ‘Libro del frío’ (1992) hasta ‘Un armario lleno de sombra’ (2009), Gamoneda ha profundizado en la construcción de un mundo personal, cuyos elementos participan a la vez de la inmediata vida cotidiana, de la más intransferible intimidad y de una poderosa y oscura dimensión mítica, mientras van iluminando –como en los fogonazos del relámpago– tanto una memoria colectiva de la historia española como el exigente autoanálisis de la propia identidad.
En torno a Antonio Gamoneda, que leerá sus textos más recientes, el Museo Sefardí reúne a una serie de poetas de diversas trayectorias y escrituras, que aportarán también como mejor homenaje su propia voz, sus poemas.
Coordinan: Olvido García Valdés y Miguel Casado.

~

Maestro en actitud crítica, conciliadora y amable sin concesiones. Buscador siempre de la mejora expresiva inagotable. Ése es Antonio, que en su hábito público, desde su mirada y voz profundas, genera miedo en quien oculta y cercanía en quien se muestra.
JUAN RAFAEL
Tengo un maestro en la nieve. Sus manos son dibujos de nieve. Su corazón es de nieve. Si yo supiese pintar las arrugas de la cara de mi madre, me moriría y volvería a nacer en el mes de mayo. Si yo cumpliese 80 años, sentiría que Caperucita Roja aparece y desaparece en las mañanas de nieve. Me alegro de tener un maestro. Puedo contarle cosas cuando tengo sueño, cuando bailo en el interior tranquilo del río de mi aldea, cuando sueño con calles que son mujeres llenas de frío, dolor y trabajo. Si yo no tuviese un maestro de nieve, no tendría nada que aprender. No quedarían motivos para protestar. Quizás mi nombre y mis apellidos se morirían en un cajón vacío de un armario de piedra. Puedo cantar y tocar un acordeón rojo en los días luminosos de abril, mientras mi maestro prepara los libros, los poemas y las lágrimas de las mujeres republicanas. Mi maestro nunca es viejo aunque cumpla 80 años. Nunca duerme y nunca despierta, porque está tan vivo como un campo de hierba. No podré cortar el maíz con mis manos cuando mi maestro se marche. No quiero que se vaya a un país sin relojes, sin mapas, sin cuentos. Necesito escuchar su voz una vez más para que los árboles canten canciones invisibles, muertas. Tengo una guitarra escondida en un rincón alegre de mi casa. Hablo con ella en las tardes eternas de Compostela. Tengo las cartas de mi maestro en una caja que no tiene llave. La abro y la cierro y hundo mi corazón en sus paredes de hierro. Mi caja mágica –con un maestro dentro- tiene fotos de Londres. Nunca fui a Londres en avión, pero fuí muchas veces en los cuentos. Mi maestro es una ventana y yo miro con mis ojos marrones toda la niebla da “miña terra galega”. En el tejado de una casa de piedra nacen muchas niñas que aman la lluvia, sueñan con enamorarse y tejen palabras para ese maestro melancólico y misterioso que llegó un día, y no se fue nunca. Felicidades, Gamoneda, por ser un puro cristal de nieve, un tierno amanecer y un grito azul de libertad.
LUPE GÓMEZ ARTO

EN LA LUZ DE LAS CLARABOYAS
Siempre me gustó el sabor de esa palabra: “claraboya”. Me entran a la vez infancia y luz por ella cuando la pienso o cuando la pronuncio. Ahora, cuando recuerdo –con qué nitidez emocionada- mis primeras conversaciones con Antonio Gamoneda, me sale a flote esa misma luz alta y entera, escasa de pérdida. La que dejan dentro de uno las claraboyas de la memoria aún viva.
Mis amistades poéticas -Eloísa Otero, Ildefonso Rodríguez, José Luis Puerto- me encaminaron a la casa del escritor no bien llegué yo a León en 1993. Nunca olvido esos primeros encuentros colectivos en la penumbra de aquel vestíbulo inmediato. Había hospitalidad y había prudencia en las palabras. Y había un juego de mutualidades que ponía en el mismo nivel lo que unos y otros estábamos haciendo. En esa expresión, “unos y otros”, está también incluido el propio Gamoneda, que para aquellos días, tras el estupor que a todos nos había causado su Libro del frío, estaba en relación obsesiva y alegre y desmesurada –todo junto, sí- con su Libro de los venenos. Él preguntaba con naturalidad sobre aspectos que le concernían mucho en aquellos momentos. Y luego escuchaba. “Tienes razón; lo voy a pensar”. Así acababan a veces sus inquisiciones.
Con el tiempo, me logré acostumbrar a eso. A poner en el tapete común nuestras preocupaciones y zozobras poéticas. Junto al vino; junto al queso. Todos nos hablábamos y nos escuchábamos a un mismo nivel. Por eso, de pronto, en mitad de un asunto, Gamoneda nos hacía saber, si es que venía de verdad a cuento y sin cambiar el tono, quién había pasado por allí mismo unos días antes. Podía ser un conspicuo. Pero él nos lo ponía delante sin darle ventaja ninguna a su lustre.
Eso me habló enseguida del alcance de su deferencia, de su amistad que no hacía distingos.

Esa es su civilidad, la generosidad de su condición ciudadana.
¿De dónde vuelve Gamoneda?
Se dirá que de la pobreza originaria, del silencio de plomo, de las reatas de condenados, de la conciencia de los venenos que obran sobre el cuerpo, de la larga soledad de la vida leonesa de la que estos años sale para predicar a los lapones o a los madrileños.
Quiero pensar que, aunque no lo confiese, tal vez ni lo sepa claramente, Gamoneda viene de un sueño asturiano. Que no lo tuvo el mismo, que se lo soñaron. Un sueño que se inventa al contarlo, cada vez que se narra.
En él la felicidad (abruptamente robada luego, de tan niño) aun estaba viva y plena y bajaba por un prao verde abajo donde se cantaba lo que un día entonamos a media voz:
Baxaben cuatro alleranos
Todos xuntos en madreñes
Y en Santullano pidieron
fabes, tocín y morcielles
que dixo Melchor…
El poeta combate por contar, cada vez más despojado y verdadero, el sueño del mundo que le trajo a la vida.
"La poesía es un género que no tiene nombre y que impregnaba la literatura de Sábato. Es una triste noticia en un día tan hermoso delante de la bahía de Finisterre. Lo cierto es que me entristece esta muerte. Su obra tenía un muy serio compromiso con la conciencia humanista. Tenía una profunda raíz existencial que se ha ido. Me entristece, pero tengo su obra para permanecer en contacto con Sábato".
ANTONIO GAMONEDA

A Coruña, 29 abr (EFE).- El poeta Antonio Gamoneda, ganador del Premio Cervantes en 2006, ha destacado hoy el "alto nivel" de la literatura gallega, a la que ha declarado su "admiración".
Gamoneda, quien será nombrado "Escritor Galego Universal" por la Asociación de Escritores en Lingua Galega (AELG), se ha declarado ferviente admirador de la poesía gallega, especialmente de la obra de Rosalía de Castro.
De hecho, su biblioteca particular cuenta con "tres metros" de volúmenes en gallego, ha reconocido en una rueda de prensa ofrecida hoy en A Coruña.
"Creo que la media cualitativa de la literatura gallega sería superior a la literatura en castellano", ha afirmado en declaraciones a los periodistas antes de participar en el homenaje que la AELG le rendirá durante todo el fin de semana.
Esta misma tarde, Gamoneda ofrecerá una conferencia en la sede de la Real Academia Galega (RAG), en A Coruña, donde leerá sus nuevos poemas -inéditos hasta la fecha- que posiblemente formen parte de su nueva obra, cuyo original debía haber entregado a la editorial "hace 4 meses", lo que no pudo hacer al perder "35 poemas" durante un viaje a Barcelona.
Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), quien se ha definido como un "pequeño conocedor y gran enamorado de Galicia", será distinguido por la AELG con un galardón que ya recibieron Mahmud Darwich, Pepetela, Nancy Morejón, Elena Poniatowska y Juan Gelman.
Exposición ‘Sin realidad no hay utopía’
en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), en Sevilla.
(Haz click en las imágenes para leer la noticia en EL PAIS.ES)
Exposition LUZ
Papiers de Jean-Louis Fauthoux - Poèmes d’Antonio Gamoneda
Traductions d’Amelia Gamoneda - Lumières de Nicolas Fougère






(© Fotografías de FERNANDO SANZ SANTACRUZ)

~ ~ ~



~ ~ ~
Lorsque Jean-Louis Fauthoux trempe ses mains dans l’eau, la lumière entre en elle-même et révèle la multitude des pigments enfouis. C’est une fleuraison clandestine et bouillante dans la profondeur innommable.PAPIER FAUTHOUX, COULEUR FAUTHOUX,
ENTRE LA LUMIERE ET L’EAU
Vers les mains humides les lumières avancent accompagnées des ombres. Les lumières avec leur charge de feu, les ombres avec leur tremblement nocturne Les atomes tournent dans leur discorde livide mais la paix survient, la paix des grisailles silencieuses et des bleus froids.
Incendie et paix dans les mains pulsatiles, incendie et paix sur les étamines sauvages. Tout est visible et lumineux dans la vertu de l’eau, de l’eau submergée dans son ignorance intime, libre et convertie sous les mains de Jean-Louis Fauthoux.
Un flamboiement inonde la cour. Turgescent, sur des cordes immobiles il déplie sa couleur intransitive, et la prononciation du crépuscule et la conduite de l’aube se concertent dans la même flamme.
Tout est vérité sur les grands papyrus, dans l’écriture violacée qui nomme l’inexistence et qui déroute les signifiés. Ah la folie qui tourne incandescente, ah le flamboiement sans cause!
Tout est vérité dans la déclinaison du pourpre. Tout est vérité : le singulier et le multiple, le conséquent et l’initial. Couleur, couleur, nombre immense, chiffre secret et évident.
Lorsque il trempe ses mains dans l’eau, l’impossible se modifie. Tout est certitude, tout luit en immanence existentielle. Couleur, couleur, cause incessante, somme en procès. Couleur, absence présente, plaie et conduite solaire.
Tout est lumière et tout est ombre : le faux est aussi véridique ; la mort, immortalité. Tout est lumière et tout est ombre, lointaine proximité. La lumière habite l’ombre. Il y a de la lumière dans la froideur attenante à l’éternitévide.ANTONIO GAMONEDA
Traduit en français par Amelia Gamoneda.
PAPIER FAUTHOUX, COLOR FAUTHOUX.
ENTRE LA LUZ Y EL AGUA
Cuando Jean-Louis Fauthoux hunde sus manos en el agua, la luz entra en sí misma y revela la multitud de los pigmentos ocultos. Es una floración; clandestina, hierve en la profundidad innombrable.
A las húmedas manos acuden, simultáneas con las luces, las sombras. Las luces con su carga de fuego, las sombras con su temblor nocturno. Giran los átomos en su discordia lívida pero sobreviene la paz; la paz de las grisallas silenciosas y los azules fríos.
Incendio y paz en las manos pulsátiles, incendio y paz en los estambres silvestres. Todo es visible y luminoso en la virtud del agua, del agua inmersa en su ignorancia íntima, libre y conversa bajo las manos de Jean-Louis Fauthoux.
El resplandor cunde en los patios. En las cuerdas inmóviles se despliega turgente en su color intransitivo, y se conciertan en la misma llama la pronunciación del crepúsculo y la conducta del amanecer.
Todo es verdad en los grandes papiros, en la escritura cárdena que nombra la inexistencia y desordena los significados. ¡Ah la locura girando incandescente, ah el resplandor sin causa!
Todo es verdad en la declinación purpúrea. Todo es verdad: lo uno y lo múltiple, lo consecuente y lo inicial. Color, color, número inmenso, cifra secreta y evidente.
Cuando Jean-Louis Fauthoux hunde sus manos en el agua, se modifica lo imposible. Todo es certidumbre, todo fulge en la inmanencia existencial. Color, color, causa incesante, cúmulo procesal. Color, ausencia presente, llaga y conducta solar.
Todo es luz y todo es sombra; lo cierto es también lo incierto; la muerte, inmortalidad. Todo es luz y todo es sombra, lejana proximidad. La luz habita la sombra. Hay luz en los aledaños fríos de la eternidad
vacía.
Antonio Gamoneda
~ ~ ~
ANTONIO GAMONEDA ~ JEAN-LOUIS FAUTHOUX
~ ~ ~
On demande souvent au peintre d’illustrer les poèmes, et dans le meilleur des cas, de les accompagner, favorisant ainsi une certaine "autonomie". Ici le processus a été inversé. C’est en regardant ces grands papiers que, dans un deuxième temps, Antonio Gamoneda a écrit ces poèmes originaux de LUZ.
Un treizième papier, de même dimension que les autres, est ensuite venu, comme en apostille, s’ajouter aux 12premiers. Celui-ci est éclairé par l’arrière - ainsi le prévoyait le projet initial -, révélant leur épair (transparence des matières) alors que tous les autres reçoivent un éclairage direct.
Je remercie Amelia Gamoneda d’avoir traduit l’ensemble des poèmes, de même que le texte liminaire, d’ordre plus général.
Haz click para entrar en la noticia sobre la revista ‘Suroeste‘
Puedes descargar el PDF.
Haz un click para leer la noticia en El Mundo de León.
O en AmoDominicana.com.
~
El acto de entrega del título de
‘Doctor Honoris Causa’
de la Universidad Autónoma de Santo Domingo
al poeta ANTONIO GAMONEDA
tendrá lugar el 1 de febrero de 2011
en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
A las 19.30 horas.
ANTONIO GAMONEDA, nombrado ESCRITOR GALEGO UNIVERSAL
por la Asociación de Escritores en Lingua Galega
~ ~ ~
A Asociación de Escritores en Lingua Galega destaca con este premio, que xa recibiron Mahmud Darwish, Pepetela, Nancy Morejón, Elena Poniatowska e Juan Gelman, aqueles autores que unen á excelencia literaria o compromiso ético que os converte en referentes na defensa da dignidade nacional e humana. Antonio Gamoneda reúne unha altísima poesía e un insubornábel compromiso ético, para quen o individuo, e por tanto o poeta, se realiza na poesía como forma de coñecemento. Con motivo da entrega do premio, Antonio Gamoneda estará en Galicia en abril. O día 29 ofrecerá unha conferencia na cidade da Coruña e o 30 asistirá á Cea das Letras, organizada pola Asociación de Escritores.
Nacido en Oviedo en 1931, a obra de Gamoneda esténdese desde o 1960, con Sublevación inmóvil, até hoxe marcada por unha fonda pegada ética que gaña forza nun exemplo de coherencia e verdade poética. Premio Cervantes en 2006, reivindícase como pertencente á cultura da pobreza: o sufrimento social penetra na súa conciencia lingüística, conferíndolle unha linguaxe poética e semanticamente subversiva. Combina un poderoso dominio do idioma cunha permanente actualidade do seu mundo poético nacida da asunción da propia historia persoal e colectiva. O recoñecemento europeo e americano revélase na tradución da súa obra a distintas linguas. Foi tamén Premio Raíña Sofía de Poesía Iberoamericana en 2006 e Premio Nacional de Literatura na modalidade de Poesía en 1988.
En el blog ‘Seconal‘, de Ismael Cabezas.

Parece que, después de un montón de meses desde que se anunció (allá por marzo de 2010), el poeta Antonio Gamoneda recibirá el título de ‘Honoris Causa’ por la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Todo apunta a que el acto tendrá lugar el próximo mes de febrero, en su casa de León…

Ninguém me ensinou uma lágrima;
não senti pulsar na minha garganta
o rouxinol sangrento da luz.
Uma vez disse: «Vem, Deus, vem aos meus lábios,
vem aos meus olhos e à minha sede.» E Deus
só era verdade no silêncio.ANTONIO GAMONEDA
(De ‘La tierra y los labios’ 1947-1953).

El poeta leonés se muestra ilusionado con este proyecto
en el que aparecerá un fragmento de una de sus primeras obras,
el ‘Ferrocarril de Matallana’
Un espacio, que contarán con una espacio para el encuentro ciudadano con zonas verdes, elementos esculturales, y recorridos peatonales a modo de senderos poéticos, y que este miércoles ha contado con una presencia de lujo. El poeta leonés Antonio Gamoneda ha visitado las obras para conocer de primera hora en que consistirá el que podría ser el paseo de los poetas.
El premio Cervantes calificó esta iniciativa como una pequeña carga cultural que acercará a los leoneses la poesía a través del tren y sus paisajes. “Creo que esta idea está llena de buenas ideas y espero un buen resultado. Aunque será una circunstancia breve, acercará a los visitantes a la cultura a través de pequeños fragmentos”, señaló Gamoneda.
Leonés que ha conseguido consolidarse con el paso de los años como uno de los poetas más importantes de la cultural española y además su vida ha estado marcada por el tren dado que durante años vivió en el barrio ferroviario de El Crucero. Por ello, Antonio Gamoneda contará con un espacio en estos senderos poéticos en los que se tallarán algunos fragmentos de su famosos poema ‘Ferrocarril de Matallana’.
“A las ocho del día en febrero aún es de noche / Subimos a este tren algunos hombres por motivos diversos / No hay aún luz en los vagones, sólo oscuridad y aliento / No nos vemos los rostros pero sentimos, la compañía y el silencio / En el andén estalla la campana. Nos sobresalta la crueldad de un silbido. El tren arranca. Todo vuelve a su antiguo sentido / Éste es un tren de campesinos viejos y de mineros jóvenes”, un hermoso fragmento del poema del leonés que podría, por qué no, ser el que finalmente aparezca en el nuevo entorno de Feve.La biblioteca del Instituto Cervantes de Fráncfort se inauguró oficialmente el 6 de octubre de 2009. Para la ocasión se contó con la presencia del poeta Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2006, quien da su nombre a la misma.
Die Bibliothek des Instituto Cervantes Frankfurt, die den Namen des spanischen Dichters und Kunstkritikers Antonio Gamoneda trägt, wird am 6. Oktober 2009 in Anwesenheit des Poeten feierlich eingeweiht.
ANTONIO GAMONEDA
en la Colección ‘La poesía en la Residencia‘.

LUVINA indaga en las letras españolas
La revista literaria Luvina presenta en su número de invierno un repaso por la obra de destacados autores que se desarrollan creativamente en Castilla y León, región española invitada de honor a la pasada edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL).
La publicación, editada por la Universidad de Guadalajara (UdeG), incluye textos inéditos de plumas como Antonio Gamoneda, Luciano G. Egido, Antonio Colinas, José Jiménez Lozano, Claudio Rodríguez, José María Merino, Juan Pedro Aparicio, Luis García Jambrina, Jesús Hilario Tundidor y Juan Manuel de Prada, entre otros. (…)

Entresacamos pregunta y respuesta de una entrevista
que le hizo a Gamoneda la perdiodista leonesa Verónica Viñas:
VERÓNICA VIÑAS. —Aunque odio las Navidades, recuerdo un villancico precioso que me enseñaron en la escuela. Decía así:
«…Y un chiquitín charlatán,
puesto en la punta del pie,
se asoma y dice: José,
pónle tu capa,
que está nevando…»
¿Le suena?ANTONIO GAMONEDA. —Lo escribí hace 40 años porque una maestra de mis hijas, Ofelia, muy cariñosa, inteligente y católica, me lo pidió para cantarlo en familia.
* * *
Como curiosidad, conseguimos recuperar aquel entrañable villancico
tal y como lo conserva Amelia, hija del poeta:
Una crónica en el diario mexicano La Jornada
(…) Juan Gelman dice a su vez: "Yo no creo en las generaciones, creo en el poema", y recordó los versos escritos hace siglos en China, que habla de un pastor que cuida al ganado mientras imagina a su mujer en su casa cosiendo y él escucha el sonido de sus tijeras bajo la noche profunda. Nadie sabe a qué generación perteneció ese poeta.
Fue poco después cuando Gamoneda habló de la separación que hace de los poetas: “hay quienes lo son por su capacidad, su cultura y su devoción a la historia, a la poesía; por su innegable motivación y sensibilidad. Pero hay otra raza de poetas –aunque no quiero decir raza–, que lo son porque son seres humanos que no pueden ser otra cosa que poetas. Que no lo son por sabiduría o cultura, sino por un impulso que yo llamaría biológico. Juan, que yo te admire no tiene importancia; te quiero como amigo irremediablemente, y he querido advertir en ti a un ser humano que no puede ser otra cosa que poeta. Aceptas este juicio que yo hago”. (…)
Domingo, 5 de diciembre de 2010
JUAN GELMAN Y ANTONIO GAMONEDA,
UN ENCUENTRO DE GIGANTES
Los dos premios Cervantes hicieron que el tiempo volara en un encuentro que electrizó a una sala repleta, y en la que la poesía fue el disparador de frases jugosas, sentidas y, en más de una oportunidad, pinceladas con un extraordinario sentido del humor.
Por SILVINA FRIERA
Desde Guadalajara
~ ~ ~ (sic:)
Dos viejos amigos se abrazan. Dos cómplices de la palabra, que le arrancan versos inolvidables a la vida, juegan como niños. Se divierten como hermanos. Son expertos en esquivar la grandeza. Prefieren cultivar el jardín de la humildad. Juan Gelman y Antonio Gamoneda, poetas del Cervantes en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), no dejan adjetivo con cabeza cuando los someten al dardo de la ironía. “No soy un gran poeta, soy un poeta mayor, acabo de cumplir ochenta años. Lo único que me consuela es el tango, porque cuando dicen que 20 años no es nada, 80 son cuatro veces nada”, aclara Juan. En la sala no cabe un cuerpo más. El cartel con la frase “cupo lleno” flamea en la entrada como una bandera que impone un umbral. La gente de a pie y de pie festeja a puras carcajadas cada una de las ocurrencias. “Soy un poeta menor porque me faltan seis meses para cumplir 80”, bromea Antonio. La cita con la poesía comienza con el aceite del humor condimentando el diálogo. Antonio Colinas, el moderador, los presenta. En la obra de estos poetas, dice, encuentra un “afán de ir más allá con sus palabras, siempre más allá con el lenguaje, sin renunciar nunca a esa realidad, a veces muy dura, que sus ojos han contemplado o vivido”.
Gamoneda y Gelman, de menor a mayor, siguiendo la cronología, “salen indemnes de cualquier prueba generacional”, agrega Colinas. “En España como en América existen tantas poéticas en español como poetas. Y eso es un signo de libertad.” Gelman interviene. Tiene la palabra y golpea, suavemente, donde más duele. “Yo llamo a nuestra lengua castellana; sería bueno subrayar que para mí es el castellano y no el español”, corrige el poeta argentino. “Por mi parte –señala el moderador– no hay inconveniente.” El engranaje de la réplica se afila. Juan le retruca: “Mejor así, si no te esperaba a la salida”. Después de la amonestación, Colinas pregunta cómo es ser un poeta independiente dentro de una generación. Gamoneda, coetáneo de la llamada “generación del ’50”, recuerda que el concepto generación fue acuñado por José Ortega y Gasset. “Pero no se refería a la simultaneidad en las edades, sino al hecho de que se compartiera una tendencia en la comprensión de la palabra creadora”, subraya. “Mi vocación es ser un poeta menor y provinciano”, asume el autor de Libro del frío. El hecho de que Gamoneda no sienta que pertenece a la “generación del ’50 –advierte– no tiene mérito ni demérito alguno”.
Gelman relata una historia que viene a cuento del tema. “No creo en las generaciones, creo en los poetas. Hace 30 siglos, uno de los poemas anónimos que por primera vez recogió la escritura china habla de un pastor que está a una distancia infinita. En la madrugada, bajo el cuidado del ganado, piensa en su mujer que está en el hogar, al lado del fuego. El último verso dice que él escucha el sonido de sus tijeras bajo la noche profunda. Me parece un verso bellísimo y nadie sabe a qué generación o degeneración perteneció el poeta.” Colinas sugiere que Juan repase la importancia que han tenido en su poesía las lecturas de Teresa de Avila, Sor Juana Inés de la Cruz y San Juan de la Cruz. “Yo estaba en el exilio y los volví a leer desde el lugar de la presencia-ausencia de los seres amados”, recuerda. “Esa presencia de la pérdida, que nunca se ausenta, me llevó a entablar un diálogo con la lengua de ellos que me parece muy fecundo. Hay callejones de la lengua castellana que no se han cerrado todavía; están ahí, latiendo, y aún nos dan de comer.”
Los párpados de Gamoneda están en huelga por unos instantes; sus cejas parecen alborotadas como un signo de interrogación garabateado de apuro. Sus ojos, clausurados por la melancolía, no quieren lidiar con la luz de la sala. Pero descorre el velo y lo mira a Gelman, a ese compañero de ruta que tanto admira, “irremediablemente” como poeta. En él piensa y a él se dirige cuando afirma que hay poetas de raza, “como lo es un animal que tiene que responder a ciertas compulsiones biológicas; un ser humano que no puede ser otra cosa que poeta”. ¿Acepta Gelman esta clasificación? Juan está tentado. Durante unos segundos, no puede articular palabra alguna. Sólo ríe, mientras prepara una estocada. “Gamoneda realmente pertenece a la raza que acaba de definir y creo también que, a diferencia de los sofistas que intentan encontrar razón en las ambigüedades, lo que Antonio explora son las ambigüedades de la razón, con una fuerza emotiva y una lengua a mi juicio extraordinarias y nuevas.” Gelman lee un poema de Gamoneda.
“Yo quiero a Gelman, pero me hace trampa”, se queja el poeta español con esa dicción morosa y un tono de ultratumba oxidado por el tiempo. “Te he hecho una rigurosa y fuerte pregunta, te he preguntado si te incluyes en esa raza o no.”
–Lo que pasa es que yo no soy racista –responde Juan.
Ahora el que ríe es Gamoneda. “No sé qué órgano será depositario de la condición del poeta, ni siquiera sé qué órgano es depositario del cariño y la amistad. Sin embargo, no hay manera de que nos pongamos de acuerdo”, admite. El poeta español retoma su caballito de batalla y reitera algunas de las definiciones que trazó hace unos meses cuando estuvo en Buenos Aires, inaugurando el V Festival Internacional de Poesía en la Feria del Libro. “La experiencia mística es inseparable de la experiencia poética. Juan de Yepes, más conocido como San Juan de la Cruz, hablaba de un no saber, sabiendo; de un no saber que conduce al conocimiento.”
Gamoneda querría leer un poema de su compinche. “No he sido tan previsor de traer un libro de Gelman”, se disculpa, mientras revuelve unos papeles con inéditos. “Los poemas no se me dan de repente; tengo que sufrir y hacerlos vivientes”, comenta antes de leer uno inacabado, dedicado a otro hermano poeta: Juan Carlos Mestre. “Es una prueba que me hago a mí mismo porque tengo que oír mi poema”, avisa. Hasta las mesas y sillas se emocionan. “¿Cómo hago para leer después de ese poema?”, se pregunta Gelman. Juan lee. El público está levitando por las nubes. Alguien le avisa al moderador, a Colinas, que ya es la hora. Nadie puede creer cómo se escurre el tiempo entre las voces de estos poetas. Nadie se mueve, como si quisiera prolongar el trance.
–Asistimos a una sensibilidad que está a punto de desaparecer –alerta, emocionadísima, una mujer.
–Discúlpeme, por qué la entierra prematuramente. Los que estamos por desaparecer somos Antonio y yo –interviene Gelman.
“Ustedes, que son poetas mayores, ¿qué poetas nuevos nos recomendarían?”, pregunta un joven estudiante. Gamoneda confiesa que querría saber contestarle. “Me avergüenza ser un conocedor insuficiente de la poesía de lengua castellana en la otra orilla de la patria lingüística. Desgraciadamente las circunstancias que la poesía tiene que soportar, las leyes del mercado, han generado que no conozca a los autores.” Gelman se suma a esa “ignorancia”. “La poesía en lengua castellana no tiene ningún Aconcagua, pero hay una cordillera. Y eso es bueno.”
Antonio Gamoneda dedica un libro momentos antes del inicio del ‘Salón de la poesía’ en el marco de actividades de la 24 Feria Internacional del Libro de Guadalajara, con Castilla y León como invitado de Honor. Guadalajara, México. Diciembre 05, 2010
© Cortesía FIL Guadalajara / Gonzalo García Ramírez.
Antonio Gamoneda en el ‘Salón de la poesía’ en el marco de actividades de la 24 Feria Internacional del Libro de Guadalajara, con Castilla y León como invitado de Honor. Guadalajara, México. Diciembre 05, 2010
© Cortesía FIL Guadalajara / Gonzalo García Ramírez.
Antonio Gamoneda en el ‘Salón de la poesía’ en el marco de actividades de la 24 Feria Internacional del Libro de Guadalajara, con Castilla y León como invitado de Honor. Guadalajara, México. Diciembre 05, 2010
© Cortesía FIL Guadalajara / Gonzalo García Ramírez.

El leonés Antonio Gamoneda y el argentino Juan Gelman, dos -poetas de raza- galardonados con el Premio Cervantes, mantuvieron ayer en la Feria del Libro de Guadalajara (México) un encuentro con los lectores en el que hablaron de su concepción de la poesía y de la situación actual de este género literario en los países de habla española. (…).
Gelman y Gamoneda: la poesía brilla en la FIL
La Feria Internacional del Libro de Guadalajara abrió ayer un espacio a la inventiva poética con la presencia de dos autores imprescindibles que comparten, entre otras cosas, el Premio Cervantes.En Milenio.com
Urgen poetas que despierten la conciencia: Antonio Gamoneda
El mundo no necesita poetas que sólo lo adornen con bellas palabras, sino poetas que con bellas palabras despierten la conciencia y la solidaridad de la circunstancia humana, indica el poeta y crítico español Antonio Gamoneda, considerado uno de los máximos exponentes de la poesía española y quien en 2006 obtuvo el Premio Cervantes, reconocimiento que un año después recibiría su amigo Juan Gelman.En La Crónica de Hoy (Guadalajara)

Brindan sesión inolvidable Gelman y Gamoneda en la FILCon elogios, sonrisas, vivencias, un par de versos mágicos y mucha química con el público, así transcurrió en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara el encuentro de los premios Cervantes de Literatura, los poetas argentino Juan Gelman y español Antonio Gamoneda, dos de las plumas más sobresalientes de Hispanoamérica.
Gelman y Gamoneda, en un duelo de poesía
La poesía y la confrontación de sus realidades, a partir de la palabra, los hermana. Antonio Gamoneda y Juan Gelman(en 2006 y 2007) , poetas, premios Cervantes, incrédulos de las generaciones y autores de una obra cargada de autenticidad, compartieron la mesa en un diálogo sobre sus poesías, la noche de ayer en Guadalajara
El poeta Antonio Gamoneda repasa su vida y su obra
en el programa ‘Silencio, se lee…’
(todos los sábados en Televisión Castilla y León,
en CYL 7 a las 13.25 horas y en CYL 8 a las 20.15 horas)
(Noticia aquí sobre
Gamoneda en la FIL de Guadalajara, México, este fin de semana)
(Haz click en la imagen)
Un forte senso etico ed estetico contraddistingue la poesia di Antonio Gamoneda, densa di forza evocativa e rappresentativa di figure e di immagini, di simboli e significati. Poesia attraversata da sofferenza e solitudine che vanno oltre lesperienza soggettiva e rimandano a condizioni collettive e storiche, come molti testi portatori di una valenza di impegno sociale e politico. Unopera che l autore ama definire un racconto nel quale la realtà e il simbolo sono inseparabili. Traduzione di Sara Zanghì con testo originale a fronte.
En Monterrey, un encino fue bautizado con su nombre.
©Fotografía de Raul Palacios.
Tributo al ganador del Premio Cervantes organizado por la editorial Vaso Roto
En el periódico Milenio.com
~ ~ ~
Monterrey, NL.- Ayer por la tarde, el poeta español Antonio Gamoneda cumplió aquel “ciclo del hombre” que dicta la sabiduría popular pues ya tenía un libro, ya tenía un hijo y, desde hoy, ya tiene un árbol que se plantó en su honor dentro del Parque Fundidora.
De notable emoción, perfecta lectura y con la exactitud en las palabras que sólo tiene alguien que puede dominarlas, Gamoneda (Oviedo, 1931) agradeció el homenaje que le brindaron poetas de la localidad así como el Conarte en la escultura Vaso Roto, que se ubica al interior del Parque Fundidora.
Ahí, un joven encino de algunos dos metros de alto fue bautizado como “Árbol Antonio Gamoneda”, el cual recibió la bendición del poeta con un ligero abrazo.
“Dicen en mi tierra, y supongo que en la de ustedes también, que un hombre ha de tener un hijo, un libro y un árbol. A mí me faltaba el árbol y me lo han proporcionado ustedes”, expresó, de pie, el poeta ante un público compuesto casi en su totalidad por poetas de la localidad.
Entre ellos estaba Jeannette Clariond, directora de la editorial Vaso Roto, quien evocó al calendario de los antiguos mexicanos para recordarnos que el día de ayer sería nombrado “Uno lagarto” el cual se dedicaría al “día de la creación”, y que por las coincidencias mágicas de los antiguos mexicas, ese mismo día se conmemoraba a la creación poética de Gamoneda.
Bajo la protección de los verdes pinos y encinos, los primeros vientos del invierno recibieron al poeta, ganados del Premio Cervantes en 2006. En otro tanto, el promotor cultural Luis Aguilar evocó que la poesía de Gamoneda “afina las conciencias” de sus lectores. Lo colocó, además, como el mayor poeta español “desde aquella gloriosa Generación del 27”.
Ante las palabras de aprecio, y frente a su “árbol” que apenas y lo conocía, Gamoneda se mantenía tranquilo y escuchando. Al pasar a conocer al “primogénito” que dejará sembrado en las tierras del Fundidora, se mantuvo de pie frente al micrófono por casi una hora, en donde ofreció cátedra, discurso y hasta poemas inéditos.
“Esto tratando de liberarme de una hermosa carga, que es la emoción”, expresó el autor de Descripción de la mentira.
A continuación, un fragmento de su discurso en frases, que hicieron que el frío de la noche no robara la atención de su charla:
“Acabo de decir que la poesía viene a ser un indefinible. Y sí, es cierto. (…) El lenguaje interior que se manifiesta cerebralmente en nosotros es poético porque se produce rítmicamente. (…) Yo digo que no sé lo que sé hasta que no me lo dicen mis propias palabras ya escritas. (…) Yo pienso que el pensamiento poético es música en su origen. (…) La poesía no es la propagación del discurso, pues para eso está el mitin. La poesía es creación y revelación, y sólo se crea lo que no existe. (…) Mi poesía es poco realista. (…) Los poetas no tenemos que defender algún teorema, sólo dependemos de nuestra sensibilidad. (…) Los pensamientos pesimistas son más abundantes en mi poesía que los pensamientos positivos. (…) La vida es un accidente… un extraño viaje”.
~ ~ ~
(NOTA:
Puedes leer también la noticia previa:
"El lenguaje es del pueblo")
Un poema de ANTONIO GAMONEDA
dedicado al poeta y artista iraquí FAIK HUSEIN
FAIK
HAS retornado a mis venas.
Es sospechosa tu dulzura, tan semejante a cuando vendías luz y mentiras sagradas.
Te reconozco en tu negación. En las tardes inmóviles,
entrabas en ti mismo. Te sumergías en un temblor de párpados
al advertir la proximidad de pájaros incandescentes
que anidan en tus celdas cerebrales.
La locura se abría en ti como una flor. Vi sus pétalos negros.
Sucedían tus accidentes: el estertor de tu máquina invisible y,
colérica y una vez más, la dulzura.
Crujías bajo mis manos pero era inútil la misericordia articular: Crujías
atravesado por una música amarilla. Y gritabas. Gritabas
hasta que tus gritos creaban el amanecer.
Eras intocable como un sable indeciso
sobre una mujer que llora. Cuando despertabas,
te envolvías en una gran sábana. Volvías a ti mismo
y tus heces adquirían en ti
la perfección intacta de la luz.
Te reconozco aunque te escondas bajo la piel del ébano.
Finges amor hasta crear un verdadero amor
y ahora estás amando en mí. Te reconozco.
Gimes como un perro herido en el interior de mi pecho.
¿Recuerdas cuando te acostabas sobre mi corazón?
Ahora, insomne en la muerte, has venido a comprar mis ojos.
Así es tu causa, tu astucia kurdistana.
Buscas tus documentos infecciosos, tus profecías altas en la virtud de la epilepsia
y aquellos códices de la sabiduría que permite ser feliz en el fuego.
Tú acuñabas monedas únicamente válidas
en los mercados de frutos y tinieblas.
Pero tú no adquirías otros frutos que los que arden en el cuerpo de tus hermanas
y también y tan sólo tinieblas maternales.
Ah los frutos y las tinieblas en tus manos,
mercantilmente triste o vulgarmente vivo
en Nueva York o en Nasría.
Eres bello y horrible. Tú me induces al adulterio con cuerpos desollados
y a la fornicación sobre la púrpura.
No puedo abandonarte, sin embargo, a tu propia inclemencia:
estás soñando mis sueños
y amas en mí lo que no es tuyo.
Has abrevado en manantiales ciegos y te has erguido en la demencia. En rigor,
no te necesito: hay suficiente impureza en mi corazón.
Pero tú eres mi sacramento negro, la última
sustancia de mis venas.
N. B. Faik, iraquí de ascendencia kurda, fue torturado por la policía de Hussein. Le sobrevino una epilepsia de origen traumático. Durante más de veinte años huyó por países de Europa (cursó los estudios de Bellas Artes en Madrid) y América. Pese a sus terribles convulsiones cerebrales era un auténtico genio del dibujo, el grabado y la poesía. Procuraba el encuentro con sus hermanas y su madre en Siria. Llegó a dibujar en la portada del New York Times, pero fue expulsado por una ilustración abundante en alusiones antihebraicas. Amaba compulsivamente a las mujeres y al dinero. Murió en Nueva York en 2004.

El poeta leonés Antonio Gamoneda prepara actualmente dos libros, como confirmó el premio Cervantes en Guadalajara, donde participa en la Feria Internacional del Libro, que tiene como invitada en esta edición a Castilla y León. El autor de ‘Descripción de la mentira’ confesó que está escribiendo la segunda parte de las memorias que inició con ‘Un armario de sombra’, que abarcan la infancia y primera adolescencia del poeta; interrumpidas cuando Gamoneda al cumple 14 años, porque «al día siguiente de que cumplo 14 años, a las cinco de la mañana, yo estaba encendiendo una calefacción de carbón; la guerra nos había dejado en la más absoluta pobreza. Empecé a trabajar de botones». En la nueva entrega de las memorias Gamoneda tendrá que enfrentarse a la crueldad de la guerra y la miseria de la posguerra. «No sé si lo haré porque yo no puedo mentir, ni puedo ocultar; pero si digo todo, como son los años peores, los más duros de la resistencia, pues hay muertes de compañeros míos que las familias no saben cómo fueron y yo no me atrevo a proporcionarle a esas familias el sufrimiento de decir la verdad. Así que no sé si habrá segundo tomo de memorias», aseguró el escritor ayer a la prensa mexicana.
Más adelantado tiene Gamoneda el poemario ‘ Canción errónea’ -” título aún provisional-”. Un libro que ha tenido un azarosos comienzo, ya que el poeta perdió la carpeta con el manuscrito original durante su viaje a Cataluña, en febrero, para recoger el Premio Ciudad de Barcelona, concedido, precisamente, a su libro de memorias. Pese a la infatigable búsqueda que inició entonces Gamoneda por recuperar sus poemas, nunca los recuperó. Seis años de trabajo perdidos. Un trabajo que, como lamentó el poeta, es «irrecuperable». Sólo una parte de estos poemas los había pasado al ordenador, pero sin las correcciones manuales, de ahí su empeño en encontrar los folios originales. Además, otra parte de su próximo poemario estaba únicamente «en garabatos». De momento, no hay fecha ni para las memorias ni para ‘ Canción errónea’. Gamoneda corrige una y otra vez sus textos, de ahí que averiguar cuándo los concluirá es impredecible…
(En Diario de León)
Haz click en la imagen para acceder a Burgostecarios…
y leer la entrada titulada
‘Biblioteca Nacional, trabajo asalariado y Antonio Gamoneda‘.

Con la presencia de Antonio Gamoneda como abanderado principal de un combo de 60 escritores, la compañía de teatro El Corsario, las exposiciones La fuerza de la palabra e Imprenta real. Fuentes de la tipografía española, una muestra de cine y un pabellón que emula las plazas castellanas diseñado por el fotógrafo Ángel Marcos, Castilla y León llega a la ciudad con un argumento contundente: es la cuna del español como lo conocemos ahora. (…)
Entre fortines de palabras… (en ‘Milenio’ on line)
(…)
La discusión sucede aquí, de modo que la cuna del español se ha trasladado a Guadalajara, donde ahora se mece esa cuna. Han venido 119 escritores castellanoleoneses, pero hay muchos más, de todas partes, desde el mexicano Élmer Mendoza a la colombiana Laura Restrepo, desde el español Juan José Millás al mexicano Jorge Volpi… Aquí está también Arturo Pérez-Reverte, que el sábado firmó libros durante dos horas sin sentarse en ningún momento, y Elvira Lindo, y Julia Navarro, y el colombiano Fernando Vallejo… El jefe de filas de los leoneses y castellanos es Antonio Gamoneda, el premio Cervantes, y con él están José María Merino, Antonio Colinas, Juan Pedro Aparicio… Pero el líder espiritual de la expedición es el inolvidable Miguel Delibes, cuya sombra, agrandada por su muerte reciente, cubre la evocación principal de la región que protagoniza la feria. (…)
La be sigue siendo be…
(en Elpais.com)
¿Qué se puede crear? Lo que no existía. Lo que ya existía no se puede crear. ¿Qué se puede revelar? Lo desconocido. Lo conocido no es revelación”.
Con estas palabras, el poeta español Antonio Gamoneda traza la que llama “la función de la poesía”.“La escritura de voluntad poética -dice en entrevista el autor nacido en Oviedo en 1931 y Premio Cervantes 2006- nace de una estupenda confusión interior que tiene el poeta”.
El escritor español se encuentra en México para participar en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde la región de Castilla y León es la invitada de honor. Sucede que desde cuando Gamoneda tenía tres años llegó a vivir a León, con su madre, y ha sido allí donde vivió las experiencias de sufrimiento y pobreza tan definitorias para su obra, donde comprendió lo que era la guerra, donde luchó en la resistencia contra la dictadura, donde ha escrito su obra poética y ensayística, donde ha hecho familia y amigos, y donde a sus 79 años prepara tres libros. (…)
"De la confusión interior nace la escritura poética": Gamoneda
(en ‘Observatorio Político de Veracruz)
. . .

PAU FÊTE LE LIVRE - PALAIS BEAUMONT
26-27-28 novembre 2011
Vous êtes invité(e)s à voir l’exposition LUZ (Salle Gérard de Nerval):
Papiers de Jean-Louis Fauthoux - Poèmes d’Antonio Gamoneda
Traductions d’Amelia Gamoneda - Lumières de Nicolas Fougère
~ ~ ~
Samedi 27 novembre à 14h (Salle Lautréamont) :
Lecture bilingue de LUZ
(par Amelia Gamoneda (castillan) et Michel Bernier (français),
rencontre avec Jean-Louis Fauthoux et Amelia Gamoneda.
En (haz click) El Norte de Castilla, una noticia sobre el desembarco cultural de la Junta de Castilla y León en la Feria del Libro de Guadalajara (México). A la derecha de la noticia, viene, sobre un gris, todo el programa.
Haz un click para encontrar noticias sobre Antonio Gamoneda
distribuidas por la agencia Europa Press.

JORNADAS ‘CAMIÑO AO ANDAR’
SANTIAGO DE COMPOSTELA
Del 18 al 28 de Octubre
Inscripción gratuita
Santiago, 7 de octubre de 2010.- Las jornadas de reflexión y diálogo ‘Camiño ao andar’, que se celebrarán en Santiago de Compostela del 18 al 28 de octubre dentro de la programación de Xacobeo 2010 y que abarcarán distintos aspectos de la cultura contemporánea recurriendo a algunas de las más importantes figuras nacionales e internacionales, tendrán en la literatura uno de sus principales ejes temáticos, gracias a la presencia de los reconocidos expertos Roger Chartier, Luis Alberto de Cuenca, Erri de Luca y Antonio Gamoneda.
Dentro de este foro, en el cual se aborda la construcción de la cultura europea como un fenómeno en continua creación a partir de hibridaciones y diálogos interculturales, el francés Roger Chartier, uno de los mayores expertos en la historia del libro y de la lectura, centrará su intervención en los encuentros literarios en los siglos XVI y XVII, haciendo hincapié tanto en las traducciones entre lenguas como en las adaptaciones de obras que circulan en toda Europa. Será el 18 de octubre a las 20:00 horas en el Centro Gallego de Arte Contemporánea.
En esta misma sede, el 22 de octubre a las 18:30 horas, el conocido poeta y ensayista Luis Alberto de Cuenca hablará tanto del camino personal que lo llevó a la literatura como de los diferentes caminos que surcaron la historia literaria occidental. También en el CGAC, el día 28 de octubre a las 19 horas, el napolitano Erri de Luca, autor de una poderosa obra literaria marcada por elementos autobiográficos como su militancia en la extrema izquierda italiana o su experiencia como obrero, camionero o albañil, reflexionará sobre “El camino en zigzag de la libertad”.
Ese mismo día, 28 de octubre, a las 20 horas, el poeta Antonio Gamoneda, Premio Cervantes y una de las principales figuras vivas del panorama poético en lengua española, hará un seguimiento espacial y temporal de los aspectos estéticos presentes o suscitados por los Caminos de Santiago.
La asistencia a ‘Camiño ao andar’, que incluirá cada día del 18 al 28 de octubre (excepto el 23 y el 24) dos charlas y un coloquio, y que contará con intelectuales de prestigio internacional como Rafael Moneo, Shlomo Ben Ami o Michael Bauwens –Peter Sloterdijk, que estaba anunciado en un principio, al final no acudirá–, es gratuita, previa inscripción hasta completar aforo. Los que deseen asistir a alguna de las sesiones pueden inscribirse ya en la página web caminoaoandar.xacobeo.es

~ ~ ~
~ ~ ~
El poeta, Antonio Gamoneda, premio Cervantes, ha inaugurado este mediodía en Orihuela (Alicante) el III Congreso Internacional Miguel Hernández, que hasta el próximo viernes reunirá a 200 hispanistas que revisarán y actualizarán los estudios sobre el poeta con motivo del centenario de su nacimiento.
Gamoneda también ha recordado que antes de la Guerra Civil, Miguel Hernández se introdujo en el mundo literario madrileño y los escritores republicanos "acogieron al pastor poeta con una cordialidad que era condescendiente". Por último, también ha criticado a los poetas realistas, cuya obra le parece "trivial" porque "está orientada a la mejora de las condiciones sociales de los poderes injustos". La "notable diferencia" entre aquellos poetas realistas que dicen que son solidarios con la pobreza y lo que hizo Miguel Hernández es que este último dejó "una obra penetrada por la pobreza", en opinión de Gamoneda.
Por su parte, la alcaldesa de Orihuela, Mónica Lorente, ha destacado el compromiso de todos los académicos de "universalizar la palabra del poeta", y el presidente de la Diputación, José Joaquín Ripoll, se ha referido a Hernández como un autor "entrañable y profundo". "Debemos demostrar de una vez por todas que Miguel Hernández se merece un espacio en la vanguardia literaria y un hueco en la historia de la literatura universal", ha añadido.
200 hispanistas participan desde hoy en el III Congreso Internacional Miguel Hernández que arranca en su ciudad natal, Orihuela. Hasta el próximo viernes se presentarán varios estudios sobre la vida y obra del poeta. La profesora de la Universidad de Alicante, Carmen Alemany, y presidenta del comité organizador del congreso presentará esta tarde la ponencia ‘Notas y reflexiones sobre textos, aún inéditos, de Miguel Hernández’, en la que desvelará algunos secretos del proceso creativo y borradores de poemas inéditos a través de más de un centenar de documentos.
~ ~ ~

~
~ ~ ~
HOY LUNES, 18 DE OCTUBRE 2010. 19.30 HORAS
Conferencia de ANTONIO GAMONEDA:
Pequeñas causas en la poesía de Jorge Guillén.
~ ~ ~MAÑANA MARTES, 19 DE OCTUBRE 2010. 19.30 HORAS
ANTONIO GAMONEDA: Lectura de poemas.~ ~ ~RESIDENCIA DE ESTUDIANTES. C/ PINAR 21-23. MADRID
Antonio Gamoneda en el blog Balconcillos.
~
17-9-2010.— El escritor LUIS GONZÁLEZ TOSAR, FRANCESC PARCERISAS, el conselleiro de Cultura, ROBERO VARELA; ANTONIO GAMONEDA; el director general de Cultura, PACO LÓPEZ BARXA; el rector JUAN CASARES; ITXARO BORDA, y el director general de Política Lingüística, ANXO LOURENZO, de izda a dcha, posan antes de la entrega de los premios "ROSALÍA DE CASTRO", que en su VIII edición han recibido GAMONEDA, BORDA, PARCERISAS y LÊDO IVO, esta noche en el Palacio de Fonseca de Santiago. EFE
De los cuatro premiados sólo falto el brasileño LÊDO IVO que se encontraba enfermo y no pudo viajar, el resto si acudió y agradeció el galardón.
Puedes leer la crónica de XABIER SANMARTÍN en (haz click:) EL CORREO GALLEGO.
Reproducimos aquí el fragmento de esta crónica dedicado a Gamoneda:
La poesía de Antonio Gamoneda solo tiene edad en mayúscula… Edad, título que recibió el Premio Nacional en 1988. Esa y otras obras abren puente entre los versos, diversos y universos de Rosalía y del poeta leonés. De la negra sombra retratada por ella en el XIX a la oscuridad del XX hecha memoria infantil por él en las páginas de Un armario lleno de sombra (2009). "Este premio supone llegar a una tierra, a una lengua y a un grupo de autores que no son los mios pero a los que admiro; y la significación especial consiste en que me lo den aquí, que no es cualquier sitio", señalaba el maestro a El Correo Gallego, pitillo en mano en la terraza del hotel Rúa do Vilar, donde el camarero, minutos antes del acto oficial, se trastabilla de sorpresa al preguntarle: "¿qué va a tomar?", y escuchar al literato de 79 años contestando seco, serio… "¡El tren¡, voy a tomar el tren".
‘Antonio Gamoneda. Leer y entender la poesía’
Autores: ÁNGEL LUIS LUJÁN ATIENZA y MARTÍN MUELAS HERRAIZ
Servicio de publicaciones de la Universidad de Castilla-La Mancha.
Cuenca, 2010.
Este nuevo conjunto de estudios publicado en la serie “Leer y entender la poesía” se centra en la figura y la obra de Antonio Gamoneda, nombre imprescindible de la literatura española contemporánea. Son el fruto de la participación en el Curso de Verano 2008 de la Universidad de Castilla-La Mancha de los principales especialistas en la obra de Antonio Gamoneda y en poesía española actual. Constitituyen una aportación bibliográfica de primer orden que abarca los aspectos principales de la poética y estilo del leonés y la imbricación de su discurso lírico en el contexto histórico de la poesía española actual, principalmente en la época de la transición, con la voz crítica de su libro Descripción de la mentira (1977), así como la influencia que el conjunto de su obra ha ejercido sobre las generaciones posteriores. Se incluyen también textos de Antonio Gamoneda, algunos de ellos inéditos, para ilustrar la coherencia y la vigencia de una poética siempre a contratiempo y por eso cada vez más de nuestros días.
De las violentas humedades, de
los lugares donde se entrecruzan
residuos de tormentas y sollozos,
viene
esta pena arterial, esta memoria
despedazada. Aún enloquecen
aquellas madres en mis venas. No
enmudece la alondra ensangrentada.
ANTONIO GAMONEDA
(Publicado en el libro ‘Las ínsulas extrañas’.
Antología de poesía en lengua española 1950-2000.
Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores. Barcelona, 2002)
CINCO APUNTES SOBRE EL POETA
1.- "El padre de esa niña es ateo", susurró una compañera de colegio. Yo no sabía entonces qué significaba esa palabra. "Que no cree en Dios y no va a misa". A lo de ateo se unió más tarde que el padre de aquella niña también era poeta. Desde entonces, para mí, ser poeta va unido a ser ateo, que no al revés. Quizá por eso cuando leo un poema que habla de dios, o habla con dios, o habla por dios… me mosqueo, inevitablemente desconfío. "Los buenos poetas no mienten", me digo.
2.- Años después escucharía esta frase cientos de veces:
—"Mi padre está trabajando".
Así me lo imaginaba yo: Un escritor, un poeta, es alguien que trabaja, que se encierra durante horas y horas esperando a que se le aparezcan las palabras mágicas, dudando sobre si sabrá o no reconocerlas, mientras dibuja en sus cuadernos paisajes de la memoria y de la imaginación, paisajes interiores que se adentran buscando el más adentro todavía, los capítulos de la vergüenza, las palabras de la gran mentira, pomada para calmar el prurito, consuelo y antídoto, las horquillas apretadas en el moño de mamá, las caricias de espantar pánicos…
3.- Metáfora inusitada no implica error de interpretación. "En la poesía es el lenguaje el que genera pensamiento". Y se hace la luz. El pensamiento, esa voz hasta entonces inaudible, esa voz de la que no se sospechaba siquiera su existencia, conforma una nueva realidad en la que se contiene, a su vez, el secreto de cómo contar la historia sin traicionar la historia.
4.- Entre la Casa de Botines y el Banco Herrero hay un pequeño pasadizo empedrado. Algunas veces la verja está abierta. La vidriera de una de las paredes del edificio bancario da a ese pasadizo, y si entras se pueden leer unas palabras al revés. "La luz es de todos los hombres. / También la tierra lo será algún día. / Si tu pensamiento es libre como la luz / que tus manos sean generosas como la tierra". Alguien dice: "Parecen versos de Gamoneda". ¿Lo son?
5.- Así, tal cual, lo soltó con admiración su amigo Pablo: "Para mí Antonio se ha convertido en uno de los hombres más ricos del mundo gracias a su poesía, y no porque posea riquezas ni dinero. Pero viaja por todo el mundo y le pagan por ello. Le reciben como a un príncipe, cuando habla todos se callan para escucharle… y, encima, ¡no necesita guardaespaldas!".
LECCIONES DE COSAS
"Vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo. La libertad esencial es la de elegir nuestra actitud, sean cuales sean las circunstancias que nos rodean".
Viktor Frankl
— ¿El tiempo cambia las cosas?
— No. Hacer cosas cambia las cosas. No hacer cosas deja las cosas como estaban.
Mides el tiempo.
Escribes para mantener la calma.
Escribes
y parece que no haces nada ruin,
pero no estás donde tenías que estar.
Es como si las palabras jamás fuesen tan buenas
como para justificar ese acto.
A. G.: "Tú deja que surjan los problemas, y entonces actúa. No los crees antes de que aparezcan. Y sobre todo no los multipliques".
~ ~ ~
Textos publicados en el libro
‘EL RIO DE LOS AMIGOS:
ESCRITURA Y DIALOGO
EN TORNO A GAMONEDA’
de VV.AA.
Ed. Calambur. Madrid, 2009.~ ~ ~

Antonio Gamoneda clausura hoy ‘La Palabra del Reino’, ciclo literario que se ha desarrollado durante el mes de marzo, que ha contado con la participación de 28 escritores, y que se enmarca en los actos del 1.100 Aniversario del Reino de León.
Recital de ANTONIO GAMONEDA
Martes, 23 de marzo de 2010.
Sala Región del ILC (C/Santa Nonia, 3. León).
20 horas.
Actuará como presentador: Juan Pedro Aparicio,
escritor y comisario de ‘León Real -Raíces- 910-2010′)
Delibes: creación, muerte, recuerdos

La tarde antes de morir, Francisco Ayala (Granada 1906-Madrid, 2009) pidió a su mujer que pusiera en el tocadiscos ‘Madama Butterfly’. Aquel día quiso despedirse del mundo como tantas veces se había aferrado a él. Ayer, esta vez con la banda sonora de su vida, sus amigos, su viuda, Carolyn Richmond, y la reina Sofía, le rindieron un homenaje en la Biblioteca Nacional en el día de su nacimiento.




La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) ha nombrado Doctores Honoris Causa al poeta leonés Antonio Gamoneda (Premio Cervantes 2006), al presidente del Gobierno español, el leonés José Luis Rodríguez Zapatero –por su contribución, entre otros aspectos, "al fortalecimiento y la expansión de los derechos de la mujer" y, también, por su contribución para definir "una política de inclusión y bienestar social para todos sus conciudadanos"–, al político y educador cubano Armando E. Hart Dávalos y al vicerrector de la Universidad de Cantabria, Jorge Tomillo Urbina.
La UASD no ha precisado aún la fecha en la que se celebrará la investidura.
En un ambiente cordial y distendido, y rico en el debate de pareceres, el Pen Club de Galicia deliberó primero, y reveló después, los nombres de los ganadores de la VIII edición de los Premios ‘Rosalía de Castro’, que esta vez han recaído en cuatro poetas vinculados de una manera especial a la cultura gallega. Uno de ellos ha sido para el leonés Antonio Gamoneda. Los otros tres han recaído en el brasileño Lêdo Ivo –cuya obra ha visto la luz hace unos meses en castellano, de la mano de los traductores Guadalupe Grande y Juan Carlos Mestre (último Premio Nacional de Poesía), en la editorial Calambur–, la joven vasca Itxaro Borda y el catalán Francesc Parcerisas.
El jurado estuvo integrado por Miro Villar, Anxo Angueira, Manuel Outeiriño, Luciano Rodríguez, Román Raña, Luis González Tosar -presidente do PEN galego-, Bieito Iglesias, Miguel Anxo Fernán-Vello, Carlos Mella, Gonzalo Navaza y Úrsula Heinze.
La entrega de los premios se celebrará en una fecha aún sin determinar, por problemas organizativos, y no el 24 de febrero como suele ser habitual.
Los poemas perdidos
Por otra parte, Antonio Gamoneda sigue buscando sus últimos poemas manuscritos, que perdió hace tres días durante un viaje que realizó a la Ciudad Condal para recibir el Premio Ciudad de Barcelona, uno de los galardones literarios con más prestigio del país, por su libro de memorias de infancia ‘Un armario lleno de sombra’.
El poeta, que se llevó el Cervantes en 2006, no está seguro de dónde perdió la carpeta donde llevaba sus poemas, si en el avión, donde los estuvo revisando (y reescribiendo), o en el aeropuerto, o en el taxi que más tarde le llevó a su hotel.
Se trata del material que integrará su próximo libro, cuyo título provisional es ‘Canción errónea’, y de gran parte del cual no guarda copia. Ayer el poeta se encontraba pendiente de respuesta por parte de la Oficina de Objetos Perdidos de Iberia, después de agotar o descartar otras posibilidades intentar recuperar sus manuscritos.
"Eran unos folios, escritos a pluma en una carpeta negra de Bankinter con unas flores que yo mismo dibujé. No los había pasado todavía al ordenador. Son poemas que se hacen sin conciencia de lo que se hace y si se pierden es para siempre", comentó el poeta a la periodista Elena Hevia, en una entrevista para ElPeriódico.com. La noticia de esta pérdida viajó por el mundo y por el ciberespacio, y llegó a León, donde todos los medios se han eco de la pérdida (alguno incluso, por error, mantuvo en internet durante unas horas la noticia ilustrada con una imagen de la momia de Tutankamon, en lugar de la fotografía de Gamoneda, cosa que se subsanó a lo largo de la mañana).
Y por el mundo también sigue viajando Gamoneda, que el próximo mes de abril tomará aviones avión rumbo a Chile y Argentina, donde ofrecerá recitales y conferencias invitado por distintas universidades e instituciones de ambos países.

Jueves, 10 de diciembre, 19 horas:
PRESENTACIÓN EN EL INSTITUTO CERVANTES DE PARÍS de
‘Llibro de los venenos’ traducido al francés…
Autor: ANTONIO GAMONEDA
Traduction: JEAN-YVES BÉRIOU & MARTINE JOULIA
[Epílogo de ILDEFONSO RODRÍGUEZ]
Editorial (haz click:) Actes Sud.Puedes leer un texto en francés de (haz click:) Laurent Albarracin sobre otra obra de Gamoneda traducida también por Bériou & Joulia: ‘Livre du froid’
Publicado en 1995, en ‘Libro de los venenos’ Gamoneda recoge algunos de los extractos del códice del botánico y médico de la antigua Grecia Dioscórides, obra titulada ‘Libro Sexto, acerca de los venenos mortíferos y de las fieras que arrojan de sí ponzoña’, junto a las notas y comentarios del traductor de Galeno y médico del Papa Julio III, el segoviano Andrés de Laguna.
Consciente de que el tiempo transformó el lenguaje científico de la época en una materia y en una lengua poéticas, Gamoneda procedió a la “corrupción” de estos textos pasándolos por el tamiz de una sensibilidad actual. Pero fue más lejos y añadió sus propios comentarios que se hincharon de cuentos cada vez más imaginarios, donde aparece cada vez el personaje mítico de Cratevas, médico de Mithridate, que se entrega a experimentos sobre los venenos, sobre la crueldad, el dolor y el poder.
Se trata de una polifonía donde se escuchan las voces de Dioscórides, de Laguna que comenta a éste, y por fin de Gamoneda mismo, en una traducción en francés moderno influida por la lengua de los traductores lioneses de Dioscórides en el siglo XVI.
Además, la versión francesa de esta obra del Premio Cervantes tiene ‘una sorpresa’, un apetitoso añadido, en forma de epílogo: un texto original del poeta y músico leonés Ildefonso Rodríguez.
Anteriormente han obtenido este galardón
Franciso Ayala, José Luis Sampedro,
Miguel Delibes y Ana María Matute
~ ~ ~
El escritor Antonio Gamoneda ha sido galardonado con el Premio Quijote de las Letras Españolas 2009, que concede la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE) y que reconoce la obra de toda una vida.
El Premio está dotado con 15.000 euros y una placa. En la votación han participado 300 escritores de toda España. El galardón se entregará personalmente al autor en un acto que se celebrará el miércoles 9 de noviembre a las 19.30 horas en el salón de la sede del Parlamento Europeo en España, Madrid, Paseo de la Castellana, 46.
El Secretario General de ACE, Coordinador del Premio, Andrés Sorel, declaró que este premio reconoce no sola "la obra de uno de los mejores poetas españoles del siglo XX, sino de un hombre que es un ejemplo creativo para quienes pretenden olvidar la tragedia que supuso para España el franquismo".
En el desarrollo del acto la sección autónoma de traductores de ACE entregará el Premio Esther Benítez de traducción 2009 a Pedro Pérez Prieto por los ‘Sonetos de Shakespeare’ y a Jesús Zulaike por ‘La casa de los encuentros’ de Martín Amis.
FUEGO AMIGO / Por ERNESTO ESCAPA

Hace un cuarto de siglo, el Premio Castilla y León de las Letras situó con acierto a Gamoneda entre el fundacional Delibes y el esencial Claudio Rodríguez. Después de varios libros y premios de renombre, dos décadas más tarde el Cervantes señaló a este autor de obra singular, cuya dicción no se parece a ninguna otra. Sin duda, uno de los grandes poetas del siglo veinte. Quizá por eso, y también por elección, su camino hasta aquí no ha sido fácil, sino todo lo contrario. Al cabo de medio siglo de ejercicio de un elevado oficio poético, cuando sonaron las trompetas del Cervantes su nombre todavía no figuraba en las páginas amarillas de los informativos. Luego los ha frecuentado más por traspiés funerarios con colegas que por el eco de una obra que ha seguido creciendo.
Durante años, Gamoneda, hoy valorado como el mejor poeta póstumo de la generación del medio siglo, fue autor de un único libro. Digo póstumo porque su residencia en la provincia lo excluyó de las alineaciones del grupo, severamente sometido al péndulo de Barcelona y Madrid. El tropiezo con la censura en los sesenta de ‘Blues castellano’, lo había depositado en aquella sabia contención, después de unas laureadas mocedades de lírico floral, cuando el éxito le obligó a repartir estipendios con un sosias, que acudía a los festejos, declamaba los versos, bailaba con la reina y le protegía las neuronas del bochorno. La revelación de ‘Descripción de la mentira’, que fue el hito poético de la transición, lo convirtió en un autor exento y sin cuadrilla, cuya salmodia sobresale entre tantas poéticas intercambiables.
‘Un armario lleno de sombra’ repasa la infancia del poeta, un tiempo menesteroso acuciado por los estragos de la penuria. Su vecindad en los arrabales de la derrota, el espectáculo de las recuas de presos, la postración a que obliga el disimulo de la supervivencia. Por supuesto, fluyen por estas páginas personajes y escenarios muy presentes en la memoria de León. La visita al interior de San Marcos con el guardia Quirino, la crueldad del sádico Navas, los paseos, la arrogancia de los nazis de la Legión Cóndor y sus alardes en la ciudad sumisa. Pero el tumulto de los recuerdos se decanta en una prosa trabada con destellos de belleza perturbadora. No es el recreo del lírico, sino el relato implacable de una conciencia maltrecha.

(…) "Lo mejor de este festival fue la lectura de poemas inéditos de Antonio Gamoneda. Su reflexión sobre la poesía fue profunda, y sus poemas, geniales. Creo que la próxima entrega de de Gamoneda será su mejor libro. Me encantó hablar con Antonio en varias oportunidades durante el festival. Es una persona sencilla y amable. Va a su rollo y eso me gusta" (…).
Lee la crónica completa del FESTIVAL Ñ en el blog de (haz click:) LEO ZELADA
Estrasburgo (Francia), 14 nov (EFE).- La poetisa griega KIKI DIMOULA ha sido galardonada con el Premio Europeo de Literatura 2010, según anunció hoy en Estrasburgo la Asociación Capital Europea de Literaturas (ACEL) y el jurado que otorgó la distinción.
Dimoula (Atenas, 1931) es, según el jurado, "una de las más fuertes y representativas" escritoras de la Grecia actual, "muy popular" en su país, que ha visto traducidos sus 12 poemarios a ocho lenguas, entre ellas el español.
Miembro de la Academia de Atenas y empleada durante 25 años del Banco de Grecia, Dimoula también ha publicado en prosa, así como numerosos artículos en revistas literarias.
El Premio Europeo de Literatura, que cuenta con el apoyo del Ministerio francés de Asuntos Exteriores, distingue la obra completa de un escritor europeo de talla internacional, que represente la dimensión cultural europea y la promoción del mejor conocimiento mutuo de los pueblos europeos a través de la literatura.
El premio, que será entregado durante los Encuentros Literarios de Estrasburgo, que se celebrarán el 12 y 13 de marzo del próximo año, consistirá en la traducción al francés de dos obras de Dimoula.
El encargado de realizarla será el traductor francés Michel Volkovitch, cuya labor de traducción de obras de la literatura griega moderna también ha sido reconocida.
El primer galardonado en 2006 con el Premio Europeo de Literatura fue ANTONIO GAMONEDA, que ganó meses después el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el premio Cervantes 2006.
ACEL también ha hizo público hoy el Premio de Literatura Francófona Jean Arp, concedido al poeta francés Pierre Dhainaut (Lille, 1935). Este año se cumple el cuadragésimo aniversario de la aparición de su primer libro, "El poema comienza".
El tercer galardón que concede anualmente ACEL es el de Patrimonio Nathan Katz, que distingue el patrimonio literario alsaciano, desde la Edad Media a nuestros días.
El premiado ha sido Rene Schickele, escritor franco-alemán que falleció en 1940, después de que el régimen nazi quemara sus obras y prohibiera la edición de las mismas.
La labor de las traductoras de Schickele, Irène Kuhn y Maryse Staiber, ha sido también reconocida, por su promoción del patrocinio literario alsaciano.
NACE EL ‘FESTIVAL Ñ’
EN EL CÍRCULO DE BELLAS ARTES
Una fiesta de la literatura que reúne en Madrid
los días 13 y 14 de noviembre a más de 70 autores.
El Círculo de Bellas Artes de Madrid y La Fábrica ponen en marcha el Festival Eñe. El viernes 13 y el sábado 14 de noviembre, el Círculo de Bellas Artes de Madrid se convertirá en el centro de la literatura. Más de sesenta actividades: conferencias, cara a cara, lecturas, debates, talleres, proyecciones, música, conciertos, acciones, firma de libros…
PROGRAMA
13.11.09
16.00 · Félix Romeo conversa con Diego Moreno, Carola Moreno, Enrique Redel, Luis Solano, Julián Rodríguez y Santiago Tobón: Dispara al editor. Salón de Baile
16.30 · Leopoldo María Panero: Lectura y encuentro. Sala de Columnas
· Manuel Gutiérrez Aragón, Ámparo Martínez Herranz y Agustín Sánchez Vidal: Un perro andaluz. Encrucijada de la vanguardia española. Sala Valle Inclán
17.00 · José Antonio Marina. Sala de Columnas
18.00 · Soledad Puértolas: Las enfermedades de los escritores. Sala de Columnas
· James Frey y Rubén Romero: Bienvenidos a Los Ángeles . La ciudad del eterno sueño americano a través de la literatura y el cine. Sala Valle Inclán
18.30 · Ana María Moix conversa con Esther Tusquets. Teatro Fernando de Rojas
19.00 · Lorenzo Silva e Ignacio del Valle: Juicio a Larsson. Sala de Columnas
19.30 · Carlos Franz, Juan Carlos Méndez-Guédez y Ronaldo Menéndez: De Macondo a Barajas. Sala Valle Inclán
· Letteratura Italiana oggi Laura Pugno e Ivonne Aversa. Salón de Baile
20.00 · Eduardo Arroyo: Literatura con brocha. Presenta Alberto Anaut. Teatro Fernando de Rojas
20.30 · Agustín Fernández Mallo: Un viaje. Sala de Columnas
21.00 · Antonio Luque (Sr. Chinarro): El superpoder inútil. Presenta Ana S. Pareja. Sala Valle Inclán
22.00 · Entrega de Premios Eñe. Con música de Germán Coppini. Teatro Fernando de Rojas
24.00 · Graciela Baquero, Esther Ramón, Alejandro Céspedes, Juan Carlos Mestre, Pilar Fraile Amador, Pilar González España, José María Parreño y Marina Oroza. Maratón de poesía. Boca a boca. Acción poética para ocho voces. Sala de Columnas
24.30 · Javier López-Roberts, Vanessa Montfort, Alfredo Conde, Ricard Ruiz Garzón, Cristina Cerrada y Lourdes Ortiz: Noche de miedo. Lectura de cuentos de terror. Sala Antonio Palacios
Cine. Ciclo Azcona
Proyecciones Cine Estudio
17.00 · ¡Ay Carmela!
19.30 · El Pisito
14.11.09
11.30 · Juan Bonilla conversa con Chema Madoz Teatro. Fernando de Rojas
12.30 · Doménico Chiappe, Alckmar Luiz Dos Santos y Antonio Rodríguez de las Heras: Libro electrónico. 1000 Faqs. Salón de Baile
· José Luis Borau: Cambio de tercio. Sala de Columnas
· Fernando Savater y Emilio Sánchez Miguel: La lectura entre el aprendizaje y la emoción. Presenta Carlos Alberdi. Sala María Zambrano
13.00 · Vicente Molina Foix y Álvaro Pombo conversan con Jorge Herralde: Herralde , 40 años de editor. Teatro Fernando de Rojas
· José Antonio Martínez Serrano. Lo digital da buena impresión. Sala Ramón Gómez de la Serna
13.30 · José Luis Cuerda y Telmo Rodríguez: Cata literaria. Salón de Baile
14.00 · Rodrigo Fresán, Ignacio Echevarría y Ray Loriga. Sala María Zambrano
14.30 · Fernando Iwasaki: El soniquete de Borges. Salón de Baile
16.00 · Juan Cruz conversa con Javier Cercas. Teatro Fernando de Rojas
· Lara Moreno, Use Lahoz, Robert Juan Cantavella y Jorge Carrión: Nuevas voces. Salón de Baile
· Javier Calvo, Sergio Galarza, Juan Casamayor y Carola Aikin: Puro cuento. Sala de Columnas
17.00 · Pilar Pérez Esteve: www .leer .es. Sala María Zambrano
17.30 · Juan Barja conversa con Antonio Gamoneda. Teatro Fernando de Rojas
· Andrés Barba: El tema del mal en la figuración infantil literaria. Sala de Columnas
18.30 · Gabriela Wiener, Fernando Marías y David Barba: Pornófilos. Sala de Columnas
19.00 · Julio Llamazares y José Manuel Navia: Literatura y fotografía. Teatro Fernando de Rojas
20.00 · Bernardo Atxaga: Funeral por un soldado muerto en Irak. Sobre la poesía. Sala de Columnas
20.30 · Alberto García-Alix. Presenta Gonzalo García Pino. Teatro Fernando de Rojas
21.00 · Manuel Vilas: Estaturas de hombres famosos: del 1,82 de Franz Kafka al 1,72 de Lou Reed. Sala de Columnas
22.00 · Guillermo Fadanelli: La escritura como medio de autodestrucción. Teatro Fernando de Rojas
Cine. Ciclo Azcona
16:00 · Tirano Banderas
17:45 · En brazos de la mujer madura
19:45 · La lengua de las mariposas
21:30 · El año de las luces
23:30 · La vaquilla
Programa infantil
Programación continua 11.00 > 14.00 y 16.00 > 20.00 Cuentacuentos, juegos, talleres, música y mucho más…
Edad: de 4 a 9 años
25 plazas por actividad
Azotea del CBA
12.00 > 14.00 · Aracne: el mito de la mujer araña, con Carmen La Griega acompañada del arpa de Silvia Moreno. Teatro de objetos cotidianos
16.00 > 17.30 y 18.00 > 19.30 · Literatura: los chicos y las chicas tienen también algo que decir, con Rosa Sobrino y Laura Benítez (AELE). Talleres de animación a la lectura
TALLERES EXPRÉS
Ocho talleres en un formato exprés de dos horas para iniciarse en la creación literaria. Previa inscripción [precio 20€] y aforo limitado. Más información en www.revistaparaleer.com
Los alumnos inscritos en los talleres obtendrán un abono sencillo para el festival que podrán recoger en La Fábrica (Verónica, 13)
13.11.09
17.00 · Anatomía del poema por Jesús Urceloy y Antonio Rómar. Organiza Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja
19.30 · Los secretos del best seller por Vanessa Montfort. Organiza Centro de Formación de Novelistas
· El motor de la creatividad por Isabel Cañelles. Organiza Escuela de Escritores
14.11.09
11.00 · El imaginario entre columpios, por Víctor
García Antón. Organiza Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja
· El baile de la escritura, por Ignacio Ferrando. Organiza Escuela de Escritores
17.00 · Leer para escribir, por Gloria Fernández Rozas. Organiza Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja
19.00 · Taller de diálogo, por Carlos Salem Sola. Organiza Centro de Formación de Novelistas
19.30 · Los diez errores más frecuentes en la escritura de ficción, por María Tena. Organiza Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja
ACCIONES
13.11.09
21.00 · Peru Saiz Prez: Lo hicimos bien, pero no lo suficientemente bien como para hacer una película sobre lo bien que lo hicimos. Salón de Baile
14.11.09
12.30 Elena Medel y el ilustrador Guillermo Trapiello. Gabinete de crisis. Salón de Baile
14.00 · Alberto San Juan, Antonio Rodríguez Menéndez y Escuela de Letras. Jazz Band: Rumbo a peor. Sala de Columnas
18.00 · Víctor Coyote: Ruido bajito. 4ª Planta
19.00 · Monoperro con Silvia Nanclares y Rocío Osuna: La más grande novela ilustrada. Salón de Baile
MÚSICA
13.11.09
23.00 · Josele Santiago y sus menudencias. Teatro Fernando de Rojas
14.11.09
23.00 · Fiesta de cierre Fernando Alfaro, Maderita, Coralie Clément y Dj Dr Volcán. Sala de Columnas
EXPOSICIÓN
Selección de material documental sobre Luis Buñuel y su tiempo y proyección de la película ‘Un perro andaluz’ en su ochenta aniversario. Salón de Baile
RADIO 3
Programación especial en directo
13.11.09
17.00 > 19.00 El postre
14.11.09
10.00 > 12.00 Mundo Babel
FIRMAS, LIBRERÍA, CAFÉ Y MUCHO MÁS…
[abono 2 días 15 €]
[socios CBA · suscriptores revista Eñe 12 €]
El abono permite el acceso, hasta completar aforo, a todas las actividades excepto a los talleres
Puntos de venta
Círculo de Bellas Artes. Alcalá 42. 913605400
La Fábrica. Verónica 13. 913601320
CALAMBUR EDITORIAL
NOVEDAD
CALAMBUR Poesía:

El río de los amigos
Escritura y diálogo en torno a Gamoneda
VV AA
~ ~ ~
El río de los amigos es un libro colmado de poesía y meditación, que no solo ayuda a entender mejor la obra de Gamoneda y a rastrear su huella en la literatura contemporánea, sino que constituye, además, un sincero homenaje al maestro y a su palabra plena de dignidad, conciencia y libertad.
Rafael Saravia es poeta, editor y fotógrafo. Fundador del Club Cultural Leteo y Ediciones Leteo. Ha publicado los libros de poemas Pequeñas conversaciones de rojo (2001), Desprovisto de esencias (2008) y Pequeñas conversaciones (2009). Ha sido incluido en las antologías Novilunio (1998), Petit Comité (2003) y Antología del beso, poesía última española (2009). Colabora regularmente con diversas publicaciones nacionales e internacionales, tanto en papel como en red.
COLABORAN:
Gonzalo Rojas • Pablo de la Varga • Diego Jesús Jiménez • Antonio Colinas • Fanny Rubio • María Nieves Alonso • Jaime Siles • Eduardo Milán • Ildefonso Rodríguez • Miguel Casado • Ángel Luis Prieto de Paula • Antonio Marín Albalate • Alexandra Domínguez • Tomás Sánchez Santiago • Juan Carlos Mestre • José María Parreño • Lawrence Breysse-Chanet • Pilar Blanco • Amalia Iglesias • Jorge Riechmann • Marifé Santiago Bolaños • Eduardo Moga • Eloísa Otero • Niall Binns • Cecilia Quílez • Guadalupe Grande • Antonio Méndez Rubio • María Ángeles Pérez López • Jordi Doce • Viktor Gómez • Lourdes de Abajo • Luis Luna • Ignacio Escuín • Rafael Saravia •
Gamoneda cruza el Atlántico y se va de gira poética.
Estas son las fechas de llegada a los distintos países:
19 de octubre: República Dominicana.
26 de ocutbre: México (San Luis).
29 de octubre: México DF.
3 de noviembre: Venezuela.
~
La primera parada será en el
II Festival Internacional de Poesía
PALABRAS EN EL TIEMPO.
Santo Domingo 2009,
del 21 al 25 de octubre de 2009.
El mundo es grande. Dentro de una casa
no cabrá nunca. El mundo es grande.Hierba de soledad, palomas negras: he llegado por
fin, éste no es mi lugar, pero he llegado.Estoy desnudo ante el agua inmóvil. He dejado mi
ropa en el silencio de las últimas ramas.ANTONIO GAMONEDA
6 de octubre de 2009
El escritor hablará de su obra y recitará diversos poemas, algunos de ellos inéditos. Le acompañará Manfred Böss, traductor al alemán de su obra, quien leerá poemas de Gamoneda en esta lengua.
Esta actividad abierta al público comenzará a las 19 horas, y concluirá con un concierto a cargo de la compañía Almodis. Bajo el título de "Música y danza en la Corte Real", interpretará obras de Boccherini.
La "Biblioteca Antonio Gamoneda" será a partir de ahora un centro de referencia de la obra literaria del autor leonés. Cuenta con más de 5.000 volúmenes y dispone de acceso al jardín del edificio, que ocupa la antigua Amerika Haus, un inmueble declarado patrimonio histórico de la ciudad.
El Instituto Cervantes de Fráncfort -ciudad considerada como la capital económica de Europa- fue inaugurado por los Príncipes de Asturias el 22 de septiembre del pasado año. En sus 5.000 metros cuadrados, dispone de 14 aulas y un gran salón de actos, entre otras dependencias. Con la apertura de este centro, que se sumó a los que ya existían en Berlín, Múnich, Bremen y Hamburgo, Alemania pasó a ser el país europeo con mayor presencia del Cervantes, y el tercero del mundo, sólo por detrás de Brasil y Marruecos.
El libro de los venenos, traducido al francés…
‘Livre des poisons’:
Corruption et fable du sixième de Pédacius Dioscoride et Andrés de Laguna, sur les poisons mortifères et les bêtes sauvages qui crachent le venin (Broché).
Autor: ANTONIO GAMONEDA
Traduction: JEAN-YVES BÉRIOU & MARTINE JOULIA
[PD de Martine: "El libro se beneficia, a modo de epílogo, de un texto del mismisimo Conde de Villabalter… alias ILDEFONSO RODRÍGUEZ".]
La editorial se llama (haz click:) Actes Sud.
~
FRAGMENTOS:
De la salamandre
Si quelqu’un a mangé de la salamandre, il s’ensuit une inflammation de langue; l’entendement et la parole sont empêchés; un tremblement lui survient avec un endormissement des membres, frissons et faiblesse. En outre, certaines parties du corps deviennent livides, et souvent, le poison y demeurant longuement, toutes pourries tombent en pièces. Après avoir remédié par les mêmes médicaments que nous avons dit contre les cantharides, on baillera de la résine de pin ou du galbanum avec du miel sous forme de looch, des feuilles d’orties, aussi, cuites en huile avec des lys. Les œufs de la tortue de terre ou de mer cuits sont profitables également, item le bouillon de grenouilles, avec lesquelles on aura fait cuire la racine du chardon roulant.
Le galbanum est la gomme blanche d’une plante odorante qui, jetée dans le feu, met en fuite les serpents; au reste, elle attire au dehors la matière infectieuse, amollit les phlegmons et tire de l’utérus les fœtus morts ainsi que le délivre de la mère. Les tortues terrestres naissent dans les déserts, engendrées par la rosée; adultes, elles deviennent folles de luxure. Les tortues de mer ou galapagos ronflent en dormant sur les eaux et couvent leurs œufs rien qu’à les regarder.
Par la forme, la salamandre ressemble au lézard, à ceci près qu’elle a le ventre plus large, la tête très aplatie et le cuir tout moucheté d’étoiles. Sa complexion est si froide que, jetée dans le feu, s’il est maigre, elle l’éteint, ni plus ni moins que la neige ou la glace, d’où les hommes en sont venus à croire que la salamandre résistait aux flammes et s’en nourrissait, ce qui est faux, car on sait par expérience que si on la retient longtemps sur les braises, à la fin elle meurt et brûle.
La salamandre est mortelle non seulement mangée ou bue, mais aussi lorsqu’elle mord, comme les autres serpents vénéneux. Sa salive est si virulente et maligne qu’à son contact toute partie dénudée perd ses poils et se couvre de taches blanches comme celles de la lèpre. La salamandre est si pernicieuse qu’il lui suffit de grimper sur un arbre pour en infecter tous les fruits, de telle sorte que quiconque en mange trépasse sur le champ ; aussi son venin est-il tenu pour populaire, puisqu’elle empoisonne non seulement les fruits, mais aussi les eaux en tombant dans les sources et les puits, causant ainsi la perdition du peuple. Il est écrit qu’une famille tout entière mourut d’avoir mangé du pain cuit dans un four qu’on avait chauffé avec du bois infecté par cet animal pestifère.
On traitera les maux provoqués par la salamandre avec les remèdes qu’on administre contre l’opium et contre n’importe quel poison froid. En effet, lorsque Dioscoride prescrit de la résine à lécher, une fois épuisées toutes les mesures qu’on prend d’ordinaire contre les cantharides, il entend qu’après les universels, la vertu vitale ayant été confortée avec les antidotes communs, on baille les remèdes particuliers et propres à résoudre une telle froideur vénéneuse, à savoir la résine de pin et le galbanum. Les salamandres abondent en Istrie et en Slavonie.
De Thrace, où elles sont noires et violentes, Décénée, prêtre, m’envoya dans un pot humide une salamandre qu’on avait nourrie de vers et de mouches pendant le voyage; une seconde aussi, décapitée, dont le corps avait été conservé dans le miel.
«Quinze nuits durant, je mis l’animal vivant sur la peau d’Ara, arménien de seize ans, nu et mains liées, enveloppé dans un sac de chanvre avec la salamandre. L’homme n’en fut pas incommodé bien que la substance de l’animal apparût certains matins sur ses lèvres.
«Je pris les cendres de l’animal conservé dans le miel et les mêlai à de l’huile de jusquiame pour en préserver la froideur. De cette mixture, je résolus que l’Arménien prendrait jusqu’à six fois en six jours; je vis alors son corps bleuir comme lait corrompu, et m’aperçus qu’il avait perdu tous ses cheveux.
«Je laissai passer autant de temps jusqu’à ce que, mu par la pitié, je le fis mourir par le fer, car, pris d’une lèpre livide, il vivait encore bien que ses yeux et son membre se fussent desséchés.
«Je ne crois pas que la première salamandre ait manqué de vertu, mais plutôt qu’étant d’une espèce fuyarde qui vit dans le silence, les pleurs l’avaient apeurée.»ANTONIO GAMONEDA
‘Livre des poisons’
-
Traduction:
JEAN-YVES BÉRIOU & MARTINE JOULIA
~
~~ Pulsar en la imagen para verlo ~
Un vídeo de Cedecom.
[Tesis tuvo la oportunidad de conversar con el Premio Cervantes 2006 durante su visita a la Universidad de Sevilla para participar en la III edición de Factor Humano. En estos vídeos nos ofrecen una entrevista con Gamoneda en la que el poeta repasa sus orígenes vitales y literarios y la evolución de su relación con la palabra poética como forma de resistencia. ]
~
Screams on the grass and the purple hurricane.
You spin wrapped in flags and you exhale sweetly.
You obey invisible elders whose songs pass through your tongues.
Oh, youth chosen by my tears.
- - -
Tell me who you are before approaching closer to my heart, your name in the city that remains behind you,
that which was young in your eyes and you still remember before entering the clinics where the nation speaks of your pregnant sisters.
Tell me who you are in those big arms of Jesus Christ, in the maternity jacket, in the sweetness of weary men;
tell me your age facing the walls where Luis and his two souls meet (one that cries and one that studies the agility of death);
tell me your mistake and if there are dead on your tongue,
tell me you name before the abyss, Ursula.
- - -
THAT air between brilliance and death turns into a substance that days and winds do not manage to erase. These transparent fabrics are the contents of the age.
Exact and incomprehensible signs. In me they have the value of a wound; some numbers burn my eyes.
- - -
LINES of prisoners followed; men heavy with silence and blankets. On that bank of the Bernesga they were regarded with friendship and fear. A woman, exhausted and beautiful, approached with a basket of oranges; each time, the last orange burnt her hands: always there were more prisoners than oranges.
They passed below my balcony and I leaned into the rails whose cold will never leave my face. In long files they were brought to the bridges and they felt the humidity of the river before entering the gloom of San Marcos, into the sad depositories of my shamed city.
«Asturias en diez trazos», programa documental de la TPA (hoy domingo, 20 de septiembre, a las 22 horas) es un espacio en el que diez asturianos de reconocida trayectoria hablan de su relación con la región, de sus recuerdos, de su trayectoria profesional, de sus sueños y de sus deseos para Asturias, explica la cadena autonómica en un comunicado.
San Lorenzo del Escorial (Madrid), 29 jul (EFE).- Antonio Gamoneda consideró hoy que uno de los "misterios" de la poesía es que aunque de forma mayoritaria está fundamentada en el sufrimiento y la conciencia mortal, milagrosamente acaba convertida en una "forma de placer".
En su disertación sobre la poesía, en una conferencia extraordinaria pronunciada en los cursos de verano de la Universidad Complutense en El Escorial, el poeta ovetense confesó ante una sala repleta de público que desconoce por qué la poesía puede transformarse en una fuente de placer si surge del sufrimiento, y precisó: "esto no es una salvación existencial, pero lo parece".
Gamoneda, Premio Cervantes en 2006, se mostró convencido de que el poeta no tiene un proyecto previo de su obra, que se produce -dijo- "por una pulsión imprevista, la aparición de unas palabras cargadas de una conducción rítmica del lenguaje interior".
"La poesía, a mi humilde entender, no procede necesariamente del razonamiento, sino de intuiciones verbales que se manifiestan al hilo de una conducta musical inherente al desarrollo de un poema", sentenció.
Para el autor de "Descripción de la mentira", "Edad" o "Arden las pérdidas", la poesía es esencialmente pensamiento y lenguaje "subversivos", al derrocar la significación de la palabra académica y convencional.
Pero el poeta va más allá, al expresar su convicción de que este pensamiento reflexivo tiene su raíz en lo desconocido, aunque sea creador de algún tipo de conocimiento, lo que le lleva a considerar la poesía como un "acto de creación".
Gamoneda, en su disertación sobre "Poesía y poética", subrayó que la poesía puede intensificar nuestra conciencia, "pero directamente no nos sirve para cambiar el mundo".
Coincidió con la reflexión de Federico García Lorca de que la poesía se hace sentir "cuando se da en nosotros la percepción de que dos o más palabras están juntas por primera vez", lo que lleva necesariamente -en su opinión- a nombrar algo "que no existía, que no había sido nombrado nunca".
Quiso citar también en su discurso al poeta "mayoritariamente y tontamente olvidado" Juan Larrea, y su frase "he aquí el mar, alzado en un abrir y cerrar de ojos de pastor", una línea que -dijo- "no encuentra acomodo razonable en el pensamiento discursivo, pero es causa de una presencia intelectual hasta ahora inexistente y desconocida".
El poeta, hijo adoptivo de León por ser ésta la tierra en la que se crió, se mostró convencido de que la poesía es un lenguaje aprendido "cuando el mundo era sagrado", y aunque hoy el mundo ya no sea sagrado "permanece el lenguaje aprendido con una entidad necesariamente poética".
A su entender, el hecho de que la poesía sea una cosa "minoritaria" ha llevado a que los científicos no se hayan ocupado en averiguar si puede existir una zona del cerebro en algunos humanos en la que el pensamiento "se suceda a sí mismo".
"Creo que existe una conexión entre la primera palabra del homínido capaz de la fonación articulada y las dos palabras que aparecen juntas por primera vez", aseguró el escritor, para quien la poesía "nos lleva a nuestros orígenes, a cierta capacidad de creación y revelación".
Con una gran carga irónica, Gamoneda pidió a los presentes perdón "por no haber tenido tiempo de hacer más breve mi intervención", aunque advirtió de que la poesía "también puede ser el arte de la desobediencia", y quiso dar "señales en mí de una mínima obediencia" (al ruego del director del curso de no sobrepasar el tiempo en exceso), al acabar su discurso recitando tan sólo unos breves poemas.
Entre ellos, el emotivo poema dedicado a un amigo iraquí a quien las torturas del régimen de Hussein le provocaron una epilepsia de origen traumático, fallecido hace tres años en Nueva York, y a quien el poeta definió como "un árabe perfecto: te engañaba por la mañana y te daba su corazón por la tarde; para mí era mucho".
© EFE 2009. Está expresamente prohibida la redistribución y la redifusión de todo o parte de los contenidos de los servicios de Efe, sin previo y expreso consentimiento de la Agencia EFE S.A.
Antonio Gamoneda presenta en el miércoles, 8 de julio, en El Corte Inglés de León, "Un armario lleno de sombra".
El Premio Cervantes presentará a las 19,30 horas en la sala de Ámbito Cultural (sexta planta) la autobiografía de su infancia en los años de la guerra civil y la posguerra.
La entrada es libre hasta cubrir el aforo.

Declaraciones de Gamoneda sobre Victoriano Crémer,
fallecido el pasado 27 de junio de 2009:
Fui amigo de Crémer durante 60 años. Su muerte me llena de tristeza. Deja una obra importante y esta importancia tiene un valor realmente histórico en los años 40 y principios de los 50, no porque entonces fuese mejor que en la obra posterior, sino porque comportaba una revitalización de la poesía, una propuesta de un humanismo novedoso que se oponía a la poesía "oficial" avalada por el régimen dictatorial. ‘Espadaña’, que es también hito histórico, fue una revista insurgente y renovadora. Dentro de ella, dentro del grupo fundador, existían desacuerdos, pero el tono central característico y más operativo, en el sentido de oponerse a la citada poesía "oficializada", correspondía principalmente a Victoriano.
En otro orden, y con independencia de su condición de cronista municipalizado, la enorme y continuada cuantía de su trabajo para las emisoras y los periódicos le convirtió en el cronista no "municipal", sino "real" de la vida leonesa. En este terreno pueden aparecer los acuerdos y los desacuerdos con sus manifestaciones, pero sea como sea, en León no se ha dado nunca una literatura de opinión crítica más cuantiosa ni más densa, a la vez que sagaz y hasta maliciosamente inteligente, que la que hizo Victoriano.

VIERNES, 19 DE JUNIO.
A las 20 horas.
Presentación de las memorias de ANTONIO GAMONEDA:
‘Un armario lleno de sombra’
~
En la Fundación Segundo y Santiago Montes.
C/ Núñez de Arce, 9. Valladolid.
Estarán Antonio Gamoneda y Jorge Praga,
que actuará como presentador.
~
(En la imagen, Antonio Gamoneda cuando era un niño.
© Fotografía del archivo de la familia)

Sobre Pierre PeuchmaurdEl 12 de abril de 2009, en Brive (Corrèze), falleció de un cáncer de pulmón Pierre Peuchmaurd (1948), sin duda uno de los poetas franceses más decisivos del último medio siglo. En castellano han aparecido únicamente dos largos poemas: “Historia de la Edad Media” (traducido por Martine Joulia, El Signo del Gorrión, número 23, Invierno 2001) y “Toro” (traducido por Louis-François Delisse, con la colaboración de M. Joulia et J.-Y. Bériou, edición bilingüe, Myrddin, Brive, 2004).
El número 5 de la revista barcelonesa ‘El Animal Sospechoso’, a punto de salir, contiene un dossier sobre su poesía, presentado por J.-Y. Bériou, con una selección y traducción de poemas a cargo de Miguel Casado.
Pierre Peuchmaurd es el autor de un hermoso prólogo a la segunda edición francesa del ‘Libro del frio’ de Antonio Gamoneda (trad. por M. Joulia et J.-Y. Bériou, Editions Antoine Soriano, 2005). El texto, titulado ‘El lugar amarillo’, ha sido traducido para Faro Gamoneda por Ildefonso Rodríguez.
~ ~ ~
EL LUGAR AMARILLO
O es una lenta parálisis, una gangrena de hielo que va apagando el corazón y sus atributos, como parece que hace la belladona.
El frío se dice con una voz mate, mineralizada por la combustión, como los huesos se hacen piedra bajo las razones y bajo los propósitos.
Esa voz no es neutra ni ausente. Blanca, jamás. Siempre trae algo de la quemadura y de la glaciación. Una protesta en el nombre mismo del vacío y de la melancolía. Un rechazo de la desposesión por encima de su evidencia. “Aún hay luz sobre las alas del gavilán”.
Pero ensordecida, pues las luces se ensordecen también, y ahora, tal vez, puedes ver qué sucede cuando todo te abandona, cuando todo queda atrás y te descubres desnudo ante aquello que falta por venir, ese “gran sábado de la vida” por donde pasará “el animal perfecto” de la indiferencia, y una vez visto, ya nada más podrás ver.
Tal como yo lo oigo, de ese lugar habla Antonio Gamoneda. Ese lugar bañado por el amarillo de la peste y del antes de la muerte. Allí él aguanta sabiendo que no aguantará por mucho tiempo, sólo lo necesario para reagrupar la vida, toda la vida, pues no estamos aquí para facilitar el trabajo de la muerte.
Reagrupar, reunirlo todo, para la primera revuelta o para el último combate, cuando el pensamiento “es sólo recuerdo de la ira”, pero ahí sigue la ira. Es el último combate y Antonio Gamoneda, con una mano que apenas tiembla, reagrupa, lo recobra todo. Todo: “yeguas fecundas en la fosforescencia” y “caballos inmóviles en la tristeza”, el gesto deslumbrante de la costurera, “y sus brazos son blancos entre la noche y el agua”. Todo: los efectos y las causas (“las causas infecciosas”), que son lo mismo. Todo lo que se ha amado y se ha dejado morir antes de tiempo, porque somos como los pájaros, “bajo leyes de vértigo y olvido”.
Todo –y ponerlo en el lugar amarillo, a la espera de que todo lo aplane ese bloque ciego, esa masa sorda de la nada que llamamos muerte. Ponerlo ahí para oponerse, porque eso era la vida, nuestra carne y nuestro sueño. Y veremos cuánto aguanta. Nada, seguro, pero tal vez todo. Ese frío que traspasa nuestros cuerpos y nuestros cuerpos lo sienten, eso no es el miedo, es la esperanza, es la tristeza. Nuestra única falta es la esperanza.
“No tengo miedo ni esperanza”, dice Gamoneda, descubriendo tal vez el verdadero secreto de su poesía. Sin miedo ni esperanza, sin alegría ni amargura, sólo ira y estupor, y temblor cuando la voz tiembla, y del hombre – incluso abatido, incluso reducido a la espera de su fin – la dignidad.
Estrictamente verídica, increíblemente determinada, determinada hasta el frío y el escalofrío, venida del centro abrasado de la palabra que era deseo, la poesía de Antonio Gamoneda –al menos, ella– está aquí para enlazar nuestras manos muertas con las rosas negras de los glaciares.
PIERRE PEUCHMAURD
DOS POEMAS PARA ANTONIO GAMONEDA
ESCUCHA el ulular del viento contra el muro;
la hiedra, las acacias baten la piedra sin descanso
y dividen el tiempo como tiernas cuchillas.
Yo te he visto en los intervalos: la luz
a rachas alumbraba tu rostro en la tormenta.
Eras tú y no eras: pues en la oscuridad
yo te llamaba y tú me respondías,
y también era tuya esa negrura,
tuya como el eco absurdo del viento.
(1992)
TEMBLOR de la palabra,
fragmento de sol hecho prisionero
en el cielo velado de la lengua,
fogata impredecible
que baila y se adelgaza
antes de cobrar nuevo impulso,
como manos anónimas
agitan una antorcha
en mitad de la mar,
señal de quién y su naufragio
bajo la boca informe de la noche,
bajo el callado circo de la noche
y su voraz audiencia.
(1998)
~LUNES 8 de JUNIO~

No sé si la voluntad de escribir sobre mi infancia –de escribir mi infancia– tiene alguna causa. El olvido progresa en mí y se hace parte de un silencio intelectual que, fugazmente, me proporciona algo parecido a un bienestar. Un bienestar vacío.
En el olvido están los recuerdos. Advierto que mi aprendizaje de vejez no es otra cosa que la forma que adoptan ahora en mí el pasado y sus sombras.
Viernes 29 de mayo:
presentación de:
Un armario lleno de sombra, de Antonio Gamoneda,
en la FERIA DEL LIBRO DE MADRID,
a las 20 h. en el Pabellón Fundación Círculo de Lectores
(la mejor entrada es por la Calle Menéndez Pelayo - Puerta de Granada).
Y el lunes, 8 de junio:
presentación en el CÍRCULO DE BELLAS ARTES de:
El curso de la edad. Lecturas de Antonio Gamoneda (1987-2007).
Un libro de Miguel Casado, publicado por la editorial madrileña Abada.

Por León pasó el artista francés Jean Louis Fauthoux, que está trabajando en un proyecto conjunto con Antonio Gamoneda en torno a la luz.
El proyecto se traducirá en una futura exposición, con textos del poeta y los maravillosos papeles trabajados a mano que hace Jean Louis.

Los diarios El Mundo (en su edición en papel) y Público han propiciado estos días una absurda polémica, manipulando descaradamente unas declaraciones de Antonio Gamoneda sobre la poesía de Mario Benedetti.
De la "forzada" polémica se han hecho eco algunos blogs de poetas, periodistas, editores y críticos bastante serios, de los que ofrecemos una pequeña relación:
Crítica poética y contracrítica
(Colectivo Adisson de Witt / ‘Gamoneda y Benedetti’)
~
Pepo Paz
(El editor en su laberinto / ‘Matar al poeta: Gamoneda-Benedetti’)
~
Aben Yusuf
(: ‘La verdad sea dicha sobre cierta poesía española’)
~
José Manuel Ruiz Martínez
(Omphalos crítico / ‘Benedetti, Gamoneda, y la poesía’)
~
Angélica Tanarro
(Calle 58-Blog de la periodista de El Norte de Castilla / ‘Una actitud nada común’)
~
sopadepoetes
(’¿polémica gamoneda respecto a benedetti? no hay tema. benedetti descansa en paz’)
~
Javier Menéndez Llamazares
(Como ser nadie / ‘Gamoneda y la mentira’)
~
Juan Carlos Suñén
(En SoyLeyendo.com, un blog de la Escuela de Letras / ‘Descanse en paz’)
~
Manuel Rico
(Un artículo de opinión en EL PAÍS: ‘Lo inoportuno y lo inaceptable’,
y en su blog ‘Al Margen’: ‘La polémica Gamoneda/Benedetti’)
~ ~ ~
He aquí las declaraciones de Gamoneda sobre Benedetti, tal como las reflejaron algunas agencias y también el diario El País:
"Su muerte me ha entristecido. Era un hombre necesario que destacó por su honradez intelectual y capacidad de crítica. Lo que intentó hacer lo hizo bien. Cumplió su propósito ampliamente. Respeto su manera de entender la poesía pero no la comparto. Para mí, la palabra meramente informativa y la crítica moral tiene su lugar en los periódicos, en la televisión, en los púlpitos si se quiere, pero la modalidad esencial del pensamiento poético no es ni reflexiva ni crítica sino un tipo de otra naturaleza, y determina un lenguaje que también es de otra naturaleza".
El escritor gallego Xosé Luis Méndez Ferrín conoció a Benedetti durante una visita del poeta a Vigo para participar en el CLUB FARO en 1994. Él fue el encargado de presentarlo. "No me decepcionó en absoluto la idea que tenía sobre su persona; era paciente, bondadoso e inteligente y no creo, en absoluto, que su poesía fuera vulgar; es realista, comunica y tiene calidad", asegura Ferrín. Sin embargo, el literato gallego no condena las palabras de Gamoneda, que asegura están exentas de elitismo. "Habla desde su libertad y verdad y eso no es condenable. Además, esa opinión no tiene nada que ver con su persona, sino con una distinta manera de concebir la poesía", advierte.
Para Ferrín, la figura de Benedetti "representa el prototipo de intelectual de izquierdas en América Latina, polifacético. Era una persona amigable, próxima, generosa y muy inteligente; tal vez la poesía no sea su aportación más importante, ya que no hay que olvidar su obra como prosista, ensayista y articulista", explica.
Aquel primer encuentro en Vigo, que se alargó hasta altas horas de la noche, fue para Ferrín "inolvidable". "Si hubiéramos vivido en los mismos escenarios, habríamos sido buenos amigos", asegura.
Y descanse en paz Benedetti, un poeta y un ser humano entrañable
y, sobre todo, muy querido…

… de la mano de Julio Mas Alcaraz,
con la ayuda de Amelia Gamoneda.
ANTONIO GAMONEDA en la Wikipedia,
con una completa bibliografía:
en español y en inglés.

Andrea Lawendel, periodista independiente italiano, nos escribe para contar que estuvo en Turín el pasado sábado, en la Feria del Libro, y que se quedó "encantado de poder escuchar a Antonio Gamoneda hablando de la creación poética en España":
"Don Gamoneda participó con la ministra Angeles Gonzales-Sinde, Fernando Savater y Rogelio Blanco en una ceremonia con el escritor y alemanista italiano Claudio Magris, quien recibió una medalla del Rey Juan Carlos".
Nos envía también la fotografia que aparece sobre estas líneas de la mesa literaria del sábado en Turin, con Gamoneda a la izquierda.
(NOTA: A Andrea Lawendel, que suele escribir de tecnologías, le gusta muchísimo escuchar la radio y tiene un blog, Radiopassioni, por si os apetece visitarlo).
Gamoneda publica sus esperadas memorias:
‘Un armario lleno de sombra’,
donde relata sin paliativos su infancia«Escribí mis memorias para reencontrarme con el pequeño canalla que fui»
Una entrevista de VERÓNICA VIÑAS (haz click:)
en Diario de León.
Acaba de aparecer en las libreríasEl curso de la edadLecturas de Antonio Gamoneda (1987-2007).Un libro de Miguel Casado,publicado por la editorial madrileña Abada
El libro recoge las diversas lecturas (prólogos, conferencias, artículos, reseñas…) realizadas por Miguel Casado sobre la obra poética de Antonio Gamoneda, desde su introducción a ‘Edad’ —primer volumen en que el poeta leonés reunió su obra, publicado en 1987—, hasta el epílogo a ‘Esta luz’ —la más reciente reunión de sus poemas, aparecida a finales de 2004— e incluso se prolonga hacia acá con otros textos, que apuntan las vías por las que prosigue su investigación de la poesía del Premio Cervantes 2006.
El carácter fragmentario y sucesivo de este trabajo crítico premite establecer, de algún modo, la "historia de una lectura", la evolución a lo largo del tiempo de las percepciones de un lector, que van matizándose, espesándose, enriqueciéndose, derivando hacia nuevas formas de ver. Por otro lado, la continuidad de los núcleos de reflexión y la frecuente sistematización de los distintos niveles de análisis favorecen una mirada coherente y de conjunto, tan abarcadora como si se tratara de un estudio escrito de una sola vez.
‘El curso de la edad’ muestra, así, el contenido y las etapas de un peculiar modo de implicarse el análisis crítico en la obra de un poeta, en cuyas vicisitudes de recepción e interpretación le ha ido acompañando durante casi dos décadas y media.
Para leer más sobre MIGUEL CASADO,
haz click en: Wikipedia.
~

Antonio Gamoneda participa el próximo miércoles en Viena en un recital literario en el marco del Festival de Poesía Latinoamericana
Agencia de noticias ICAL:

El 25 de Abril de 2009 se paró el corazón
de un grandísimo amigo desde hace 60 años:
ANTONIO PEREIRA
~
«¿Qué puedo decir? Antonio ha sido para mí amistad e intimidad durante sesenta años… He perdido mucho. Mi vida se ha empobrecido». Unas palabras, las de Antonio Gamoneda, que sin duda suscribirían todos los asistentes a la última despedida tributada ayer a Antonio Pereira. Otro buen amigo suyo, José María Merino, aseguraba que se nos ha ido «un magnífico poeta, un extraordinario novelista y uno de los cuentistas imprescindibles del siglo XX en España». También se refería a su extenso legado, y recordaba que lo que sí se ha ido «para siempre» es su voz. No obstante, «para los que le conocimos y le escuchamos, esa voz jamás caerá en el olvido».
La noticia, en Diario de León
[Antonio Gamoneda, rodeado por alumnos de la Universidad
Autónoma de Madrid. Fotografía de RAQUEL P. VIECO]
~
El poeta leonés asistió a la apertura del Congreso
sobre su obra en la Universidad Autónoma de Madrid
~
GAMONEDA:
«La presencia de jóvenes
es la que puede hacer perdurar mi obra»
~
José Enrique Martínez participa hoy, y mañana acuden
Llamazares, Barella, Luis Mateo y Merino
~ ~ ~
Por PACHO RODRÍGUEZ
para Diario de León
~ ~ ~
Cuarenta y tres nombres y un poeta. El primer congreso universitario que se celebra dedicado a la figura de Antonio Gamoneda, comenzó ayer con el propio autor como protagonista presente en la conferencia inaugural, en la Universidad Autónoma de Madrid, con José Manuel Cuesta, profesor titular de Teoría de la Literatura, como ponente, y con una exhaustiva disección del poema Cecilia, que el autor dedica a su nieta.
Bajo el título de La palabra dañada comenzó este encuentro que durará hasta mañana y que se enmarca dentro del congreso decano en poesía y publicación que, desde hace 28 años, se organiza ahora bajo el sugerente título de Jornadas sobre poesía y divergencia, y con la batuta magistral de Rafael Morales, director del ciclo y responsable de que casi una cincuentena de eruditos, profesores y autores hablen sobre Gamoneda y su obra.
Acabó la charla de José Manuel Cuesta Abad y los alumnos, abrumados, optaron por no preguntar. Tenían delante al autor y al que hablaba del autor. Pero la primera sesión se disolvió sin palabras después de tantas palabras. ¿Y qué pensará Gamoneda de todo ésto? Podría haber sido una de las cuestiones. Gamoneda, entonces, reflexionó para Diario de León: «Lo que uno siente, principalmente, es sorpresa. El exégeta o interpretador nos dice cosas innegables que estaban ahí y no se habían contado sobre la obra. Hay un trabajo de iluminación que procede del estudioso. Por eso digo que llega a causar sorpresa en el autor», señaló.
Antonio Gamoneda, que llegó acompañado de su mujer y de su hija Amelia, confesaba cierto cansancio pero toda la ilusión por vivir el excepcional momento que vive como poeta reconocido tras el camino recorrido. «Ahora uno oye lo que se dice y, claro, no piensa que escriba sus palabras por casualidad. Es una situación en la que el autor lo sabía, pero no sabía que lo sabía», afirmó. Y los alumnos de la Autónoma, a los que sobre Gamoneda bien alecciona Rafael Morales, querían estar cerca de un premio Cervantes. Y él de ellos: «Aquí siento la presencia de los jóvenes como algo muy importante para mi, en la medida de que es la que puede hacer perdurar mi experiencia poética».



[Antonio Gamoneda con sus dos entrevistadores
en la Residencia de Estudiantes de Madrid]
~ ~ ~
Por BENITO DEL PLIEGO Y ANDRÉS FISHER
Sí, hay que partir de que yo no me siento marginado ni me he sentido marginado nunca, porque en todo caso sería automarginado. Yo soy provinciano vocacional, entonces tengo mis rarezas; rarezas que consisten en que nunca he pedido que me publiquen un libro o que me publiquen poemas. Es decir, han tenido que venir a mí y eso se produce más lentamente; soy un hombre que vive en una ciudad pequeña, que no tiene demasiada voluntad de notoriedades. Eso no quiere decir que no tenga vanidad: claro que la tengo, pero el buscarme el reconocimiento y el escalafón me produce una gran pereza y me la produjo siempre. Me quedo en casa tan tranquilo porque pienso que lo importante es escribir; publicar y que haya una trascendencia también, pero menos. A partir de ‘Edad’ esto, ciertamente, coincidió con algunos premios de cierta significación, y a partir de ahí se produce, yo no diría un reconocimiento —porque no sé muy bien lo que es eso—, sino más bien un acercamiento, fundamentalmente de gente joven, y yo me siento bien con esto. Me siento bien con que en lugares insospechados para mí haya gentes, predominantemente jóvenes, que se interesan por mi escritura. Yo soy hombre de poca escritura.
Esta aproximación de los poetas jóvenes a tu obra se produce, en España, en un ambiente poético identificado con una literatura autodenominada “realista”, del que tus ideas poéticas se encuentran muy distantes. ¿Qué significación crees que tiene, en este contexto, que se haya reconocido una obra que durante años había quedado al margen de posiciones legitimadas oficiosamente?
Ha tenido dos consecuencias; bueno, tres. La primera, esa actitud afectuosa, interesada —interesada en el mejor sentido— de la gente que en estos momentos tiene menos de cincuenta años. Salvo muy pocas excepciones, hay una reticencia por parte de los que son de mi edad o mayores que yo. Bien, yo me siento bien en esta situación; eso en cuanto a lo que diríamos actitudes personales. Respecto a las actitudes en la escritura, es cierto que hay una pequeña veta de jóvenes en que, de alguna manera, se dan ciertos parecidos; espero que no sean demasiados, porque no hay por qué empeñarse en ser original a ultranza pero tampoco olvidar que cada uno es su propio poeta. Creo que hay una actitud ante el lenguaje que tiene que ver con lo que yo pienso; en algunos casos es menos todavía; poco más que una resonancia, pero yo pienso que esos chicos o se libran de mí o van apañados; espero que se libren. Y, por otra parte, ya te digo: no es que mis coetáneos no me reconozcan, sino que hay una cierta hostilidad; más que hacia la persona, hacia mi poesía. “¿Pero todavía leéis a Antonio Gamoneda?”—El último que dijo esto creo que fue Joaquín Marco.
Retomando el punto de partida de la conversación, decías que eres un poeta provinciano; así te declaras en algún artículo y lo has defendido con inteligencia, señalando cómo, gracias a esta condición, «cabe preservar una cierta solera intelectual, una especie de disponibilidad, de imprecisa pureza». Pero ¿qué presencia tiene en tu poesía lo local, la tierra inmediata, León, Castilla?
No creo que haya una relación tipificante en el sentido de que de mí se me pueda decir que soy un poeta castellano o un poeta leonés, y que estoy en una especie de tradición estilística, o que del paisaje se imbrica en el sentido de la obra escrita. Yo creo que eso no es así, pero qué duda cabe de que yo tengo que amamantarme de datos sensoriales que están en una realidad y no en otra. Entonces he sido provinciano, he estado en Castilla, no he vivido frente al mar sino frente a la tierra. En León hay unas maneras de ser, unos ciertos pudores, todo eso seguramente está en mi escritura creando ciertos mimetismos instantáneos o poniéndome ahí, creando unas diferencias, una relación dialéctica con el medio, pero yo no puedo conocer eso con claridad. A veces en el léxico aparecen cosas, esa es la parte más visible. Yo utilizo algunas palabras del léxico regional que posiblemente en Andalucía no sepan siquiera lo que significan, pero eso son detalles pequeños, impregnaciones imprecisas, de eso sí que ha de haber, pero yo no estoy muy dotado para percibirlo.
Pasando a otro punto, es conocida esa definición que divide a los poetas en los que son conscientes del lenguaje en que se expresan y los que no. Es evidente que tú eres un poeta muy consciente del lenguaje y que en tus trabajos teóricos es muy importante el lenguaje poético. Entonces si bien has escrito sobre ello, me gustaría que habláramos del lenguaje poético: ¿qué es el lenguaje poético para Antonio Gamoneda?. Hay una definición de partida en uno de los textos de ‘El cuerpo de los símbolos’ (“Poesía en la perspectiva de la muerte”) que alude exactamente a este tema. No sé si puedes hacer un comentario sobre ello, dice: “Poesía es la creación de objetos de arte cuya materia es el lenguaje”.
Bien, esa es una primera manera de delimitar la noción de poema, de poesía. Pero claro, la noción de lenguaje es más amplia, hay que seguir diciendo cosas. Hay una cita de José Luis Pardo que introduce a ‘Conocimiento, revelación, lenguajes’, que me interesa mucho: “el poder de la palabra para deshacer los significados establecidos es, sin duda alguna, un poder subversivo y liberador”. Yo no digo exactamente eso, pero sí digo también eso. En el lenguaje poético hay un pulso generativo que es de la siguiente manera: existe una especie de pulsación musical en el lenguaje y una confusísima idea de lo que vas a decir. Esta idea confusa, este no saber, esta falta de deliberación no impide cierta intuición de por dónde va a ir el poema, pero no sabes las palabras, ni sabes los contenidos, ni sabes la realidad que va a darse en el lenguaje poético. Y ese lenguaje poético, sin embargo, va a ser excitado de alguna manera por esa causa musical y, además, por las informaciones que tiene el poeta, de las que no es total ni instantáneamente consciente. Desde esa falta de conciencia, que no es exactamente automatismo psíquico ni mucho menos, se produce la aparición de lenguaje. Utilizo muy deliberadamente el término aparición porque lo que se aparece es lo que no esperas, lo que desconoces, lo que crea en ti un valor de sorpresa. La aparición está unida a unos datos musicales que son todavía informes, que van a seguir trabándose con la aparición. Bien, yo suelo decir que yo sé lo que pienso únicamente cuando me lo han dicho mis propias palabras. Entonces, mi lenguaje, mi propio lenguaje es el creador de conciencia y de conocimiento; es decir, yo tengo conocimiento después. ¿Quiere esto decir que yo no sabía nada y que me viene del “Espíritu Santo”? No. Quiere decir que el conocimiento es, por decirlo así, dinamizado por esas palabras que se “aparecen”. Aparición entre comillas. Parece exagerado, pero es cierto, que el poeta reconoce su pensamiento o averigua su pensamiento; y sabe lo que dice cuando se lo dicen sus propias palabras y no antes. Insisto, no se trata de que le lleguen iluminaciones de ningún tipo, todo está en él pero sin vertebrarse, sin explicitarse.
¿Cómo se conectan estas nociones con la cuestión de la forma?
Yo creo que es el dictado musical el que articula la forma.
A propósito de la forma de la escritura, hay un hecho muy interesante en tu poesía porque cuando uno revisa ‘Edad’, ve que partir de ‘Lápidas’ y ‘Descripción de la mentira’ la forma de tu poesía cambia. Cambia porque desde ‘Blues Castellano’ hacia atrás la poesía está estructurada básicamente en versos y tiene alguna relación con la métrica; sin embargo, desde ‘Lápidas’ y ‘Descripción de la mentira’, lo que se continúa en el ‘Libro del frío’, la forma cambia y la escritura se organiza en versículos y bloques de texto. Es evidente que la forma también determina a la poesía, que hay una relación dialéctica con el sentido. Me gustaría que habláramos sobre esto.
Creo que está claro. Hasta ‘Descripción de la mentira’ mi escritura tiene unos modelos que no sé muy bien cuáles son; hay un eco en mi poesía de esos modelos, o de una mezcla de modelos; es decir, estoy arañando de la tradición. Hay un momento en que, por decirlo así, “el ganado se suelta” y, entonces, yo ya no sé, ya no presiento modelos, ya no cuentan. Naturalmente, no seré el único habitante de la tierra que haga eso, pero como si lo fuera. De escribir con modelo a escribir sin él. Cuando escribía con modelo no sabía muy bien que modelo estaba siguiendo; por ejemplo en Blues Castellano; está claro que son las letras jazzísticas, pero tampoco hay un seguimiento de tipo copia, no; sí alguna forma de mimetismo, pero un mimetismo sin deliberación.
Pero aún cuando los modelos se pierden permanece una estructura compositiva.
Sí, y tengo que ir adivinándola a partir del impulso musical. En ese impulso se dan paralelismos muy serios con la música en su realidad específica. En un músico hay un tema y luego hay un desarrollo de ese tema; un desarrollo que intuye y del que puede resultar una melodía. Esa melodía no estaba previamente en él sino que se genera a partir del tema y de unas variaciones. Todo es prácticamente igual, con la diferencia de que el poeta trabaja con un material significante y el músico no.
Yendo directamente a ese punto, en uno de los artículos publicados en el ‘Cuerpo de los símbolos’, el titulado “Más allá de los géneros literarios”, hablas de “otra rítmica”, de una rítmica “ideal”, y te refieres a ella como “la rítmica que concierne a la manera de articularse las significaciones”. ¿Qué puedes decir de eso? ¿Cómo entronca esta idea con el tema de que estás hablando?.
Exactamente digo: “la rítmica de las ideas”. Sí, antes de articularse fonéticamente los significados se puede producir una acomodación rítmica del pensamiento a la causa musical desencadenante.
Comentábamos ayer, no sé si con acierto, que esta rítmica de las ideas nos sonaba a las poéticas más radicales de Rubén Darío.
Sí, Rubén Darío habla concretamente de esto; quizá en otros términos.
Tomando esto como punto de partida ¿Cuál es la conexión de estas ideas, de este desarrollo, con tradiciones que se han visto como más apartadas de las peninsulares como las de Hispanoamérica? ¿Te encuentras cómodo en ese contexto?
Sí, porque en el poema tengo una especie de disponibilidad, estoy abierto. En algún momento puedo encontrarme como dicen los cantaores de flamenco. Ellos dicen: “ahora voy a cantar por Mairena”. Esto quiere decir que él, en Mairena, ha descubierto algo que no sabe muy bien lo que es, y en ese momento va a hacer una impostación de su actitud, de la música. No está muy seguro de ella pero sabe que la tiene cogida en términos de experiencia; y canta por Mairena. Bien, yo creo que en mi caso, y en el caso de todos, eso no ocurre de una manera tan evidente: yo no “canto por Mairena”, pero que duda cabe de que en algunos momentos puedo reconocer el paralelismo instantáneo de un momento mío con un momento de César Vallejo. Esto no tiene que ver con la tradición española en sentido académico ni mucho menos —no desprecio la tradición española en sentido académico—; las tradiciones tienen que ser abiertas y me parece que era ayer cuando decía que estar en la tradición realmente era estar creando la vanguardia de esa propia tradición, no haciendo búsquedas retrospectivas ni restablecimientos de modos, como pueda ser el de Juan de Yepes, que decíamos antes, sino haciendo progresar esa tradición. No es exactamente esta la noción que se tiene de las vanguardias, porque las vanguardias se entienden más bien como ruptura. Yo no quiero romper con nada pero intuyo que se trata de progresiones más que de rupturas. Precisamente, el dato común de las vanguardias ya académicas suele ser un dato de ruptura y, a veces, en este dato está su fragilidad; las vanguardias envejecen; esa otra vanguardia, esa otra primera fila, ese estar en movimiento hacia adelante es una actitud de vanguardia, sí, pero solo en el sentido de movimiento y desarrollo de la tradición.
Una tradición dinámica, entonces. Y, ya no llamándolo tradición sino refiriéndose a ello como el gran cuerpo de la poesía española, ¿con qué segmentos de ese cuerpo podrías pensar, o te gusta pensar, que te encuentras cercano?
Yo no busco. Ocurrirá, pero yo no lo busco. Antes os he hablado de los años de mi vida en la escritura en los que yo sabía que tenía modelos aunque no los reconociese de manera inmediata. Ahora, esos modelos se han fraccionado, se han abierto, se han liberado, no gravitan sobre mi escritura, creo yo, de la manera en que gravitaban hace cuarenta años. Pero qué duda cabe, tampoco estoy diciendo la “primera palabra sobre la tierra”. Hay una coincidencia que —también entre comillas— podríamos llamar “cultural”, de mis hábitos de lenguaje con otros lenguajes. Puedo estar pellizcando inconscientemente en un grupo, en una tendencia o en un poeta de la contemporaneidad, pero no lo sé muy bien, porque yo no lo hago de manera deliberada. La intuición de los modelos es más bien una cosa lejana; ahora los tengo perdidos, hay una cortina de olvido y voy con los ojos vendados por un túnel; soy un ciego instintivo.
El alejamiento de los modelos y la construcción de una obra con unas señas de identidad que son comunes incluso respecto a la forma desde Lápidas y Descripción de la mentira ha sido como que la propia obra hubiera encontrado su forma y se desarrollara a partir de un cierto canon que la escritura se ha otorgado a si misma. Una suerte de lógica que la obra se ha dado y a partir de la cual fluye hasta hoy en día.
Sí, es así exactamente, pero la palabra “fluye” no me gusta, es decir, se pone en movimiento y yo no puedo decir que mi escritura haya visto su forma de una manera instantánea, definitiva y para siempre. Estoy averiguando la fórmula constantemente y la busco dentro de un proceso del cual no excluyo absolutamente nada; ni modelos, ni clichés publicitarios, ni casualidades. Hay que llegar a la intuición, al instrumento capaz de generar hallazgos acompañado, claro, de un vigilante para que no diga tonterías. Esta misma mañana he estado con el vigilante puesto; no sé decirlo mejor.
También has hablado de un horizonte general para tu creación poética. Te has referido por ejemplo, al sentido de la poesía ante la muerte y también a cómo la poesía es capaz de convertir ese sentimiento trágico de finitud en un placer. Esto parece un esquema o un marco al que, de alguna manera, se ha ido agarrando tu poesía desde hace tiempo. ¿Qué significado tiene?T
Lo es. Pero no es un marco averiguado, no es un marco teóricamente diseñado por mí para moverme dentro de él. Son unos datos existenciales; se da la circunstancia de que el hombre que vive y el hombre que escribe son el mismo y van a morir; de repente me doy cuenta de la gravedad de que el hombre sepa que va a morir, y este saber se apodera de gran parte de mis expresiones, de tal manera que —eso lo he dicho con estas mismas palabras alguna vez— prácticamente toda mi poesía se hace en la perspectiva de la muerte. De la misma manera admito que haya quien hace su poesía en el olvido de la muerte, pero yo ni quiero ni puedo. Me parece que es una realidad, existencial claro, y es una realidad que no tiene que ver con los minirrealismos de “ir por casa”, de decir “la copa”, “el taxi”, “la chica”, etc. Este conocimiento se me ha dado todo de la misma manera que un organismo se forma y, un buen día, siente que empieza a morir. Es una experiencia casi zoológica. Cuando ya es un organismo perfecto empieza a morir y lo sabe. Y bien, yo no sé, o no quiero, o no puedo prescindir de ese conocimiento y ese es el marco, ciertamente.
Pero de alguna manera esa relación existencial no es unívoca, no solamente va de la vida a la poesía. La poesía reinventa esa situación.
En cierto modo modifica esa situación.
¿En qué sentido? ¿En qué dirección?
En el sentido del placer de que hablabas tú antes.
Es también algo físico, vital.
Claro. Ahí hay neurotransmisores que funcionan. Yo, por ejemplo, estaba anteayer terriblemente deprimido y me sentía muy mal físicamente. Hoy me siento bien, muy bien, y eso en cualquiera de los sentidos, en el de sentirse mal y en el de sentirme bien, puede estar relacionado con una actividad que, obviamente, se da también en la existencia. Entonces, la poesía no tiene grandes necesidades de referirse de manera realista a la existencia, porque ella misma, la poesía, es una realidad, es una actividad, es un dato de la existencia. Es algo que no necesita ser explicado de esas maneras diciendo que está muy triste o que está muy tal; puede decirlo: “he aquí el mar alzado en un abrir y cerrar de ojos pastor”1. Eso es una realidad inseparable de lo que entendemos por curso existencial en el sentido amplio, incluidos los datos orgánicos, los datos intelectuales, los datos morales, los datos históricos.
Esto tiene mucho interés en relación con lo que, hoy por hoy, en la poesía española se entiende por poesía de corte realista. Para que una poesía sea realista con la connotación canónica que hoy tiene el término, se supone que tiene que estar vinculada al tema; a un tema concreto. Sin embargo tus nociones de lo real van por unos derroteros completa y enriquecedoramente diferentes.
Lo cual no quiere decir que no aparezcan de manera aislable zonas temáticas en mi poesía. Pienso que puede haber una causa incluso histórica y moral que lo explique, pero me parece que estos amigos del realismo poético hacen una reducción tremenda del campo semántico del lenguaje poético. El código restrictivo existe para ellos porque precisamente con ese código quieren hablar de cosas objetivamente reales, que están ahí, en la calle, en las terrazas. A mí esto no me parece una indignidad, ni mucho menos, pero sí me parece un error porque supone ignorancia de las posibilidades y las potencialidades de la poesía. Además es una manera de degradar la poesía, porque no hay un reconocimiento de su realidad, de la realidad de la poesía, y perdonad que vuelva a lo mismo. Se han olvidado de algo, de que esa poesía está en el mundo aunque diga el mayor aparente disparate; se han olvidado de que esa poesía pertenece a un ser que va a morir, de que ese arte nació de una conciencia, diga lo que diga. Entonces, el opinar que solo existe una conciencia histórica legitimada que habla como los periódicos, se puede entender pero no se puede celebrar.
Eso de alguna forma significa el reconocimiento de otra manera de penetración de lo poético, en el cuerpo social o cultural; una manera que no está ligada a los temas canónicos de la poesía social o al tema exacto de que se trate. Es decir, un poema que trate sobre la pobreza puede ser reaccionario y un poema que no hable explícitamente sobre esos temas puede ser revolucionario.
Utilizo esa palabra, “reaccionario”, para esa poesía, y la utilizo, incluso, con un valor político, porque digo que ese es el lenguaje del neoliberalismo, del neocapitalismo. Ese lenguaje conlleva un acto de servicio a esos poderes capitalistas y neoliberales que descansan sobre lo establecido. Y ¿qué es lo establecido?: que la palabra dice lo que dice y no diga más. Eso es una forma de falsificación de las conciencias. Tú estas haciendo un poema en que fulano es un canalla y lo es, pero haces el poema en el lenguaje del periódico y no estás creando; lo tuyo no es un acto de subversión, es un acto de explicación, de información, no un acto subversivo. Entre la categoría de subversivo y la categoría de informativo, por muy bien intencionada que esta segunda esté, hay diferencias. El poeta que es subversivo desde la naturaleza misma del lenguaje, puede llamar reaccionario al poeta informativo, sin duda.
Esto es interesante por otro concepto que tú manejas, el de la poesía como intensificadora de la conciencia o como intensificadora de la vida. Esta manera de concebir lo poético sería justamente lo contrario a esta cierta forma de pacificación o de reducción del alcance de la poesía que propone la estética realista. Los que sostienen esta tendencia suelen decir que la otra poesía es una poesía que no tiene ninguna conexión con lo social. Siguiendo tu ideario sería justo al revés, porque la relación con lo social podrá ser mucho mayor cuando hablamos de una poesía capaz de intensificar la conciencia.
Cierto; pero no se trata exactamente de relacionarse o referirse a “lo social”; es que la poesía es una realidad social por sí misma.
Y es una realidad abierta al futuro, es una realidad que se quiere hacer.
No, insisto, "es" una realidad. Dicho de otra manera, un poeta “realista” "se refiere a", y si "se refiere" a la realidad, es porque está en el referente y no en la realidad. Su poesía como realidad es, para él, secundaria. Porque está en el referente un poeta “realista” hace una representación de la realidad, no más que eso. La representación es una dilución de la realidad. Ahora, existe una poesía que se propone a sí misma como un acto humano, existencial; que dice la “realidad está en mí” y yo, además, soy inseparable de ese hombre que habla de mí: soy su pensamiento y él y yo somos una realidad. Machaco una vez más y terminamos: realidad "versus" realismo. Esta es la cuestión.
Hemos topado con HORA SUR, un blog desde donde se puede ver, escuchar y descargar el documental ‘GAMONEDA. ESCRITURA Y ALQUIMIA’, y donde de paso se puede leer también la entrevista con el poeta realizada por CARLOS PRIETO y publicada en el diario Público el pasado domingo, 12 de abril de 2009, titulada "La muerte me acompaña desde los cinco años".

Por BENITO DEL PLIEGO Y ANDRÉS FISHER
Silencio y verdad son dos de los núcleos conceptuales a los que la poesía de Antonio Gamoneda vuelve reiteradamente: «La palabra/ enardece las túnicas, asciende/ en las tinieblas, arde en los sepulcros/ y construye un espacio. Pero calla.» termina uno de los poemas recogidos en ‘Pasión de la mirada’; y entre los versículos de las primeras páginas de ‘Descripción de la mentira’ leemos: «No recurriré a la verdad porque la verdad ha dicho no y ha puesto ácidos en mi cuerpo y me ha separado de la exaltación.»
Pero la capacidad de hacerse fuerte en el silencio y la de desmarcarse de los parámetros asumidos como verdaderos, atañe a Gamoneda incluso en lo que se refiere a su actitud vital frente al fenómeno de las letras. La atención que desde finales de los años ochenta ha ido acaparando entre los sectores menos conformistas de la poesía escrita en España, parece provenir de su divergencia respecto de los lugares comunes propios de los poetas que las instituciones literarias españolas han elegido como representantes de su generación y de las generaciones poéticas subsiguientes.
Por motivos que Miguel Casado explica bien en la introducción al libro que volvió a llamar la atención nacional sobre este poeta, ‘Edad’, la adscripción de Gamoneda a la llamada generación del 50 sirve sobre todo para entender las razones por las que su poesía se ha minusvalorado. Gamoneda transita por derroteros diferentes. Esto también hace comprensible por qué, repentinamente, en un panorama nacional dominado desde los años ochenta por posiciones poéticas autodefinidas como realistas, su poesía se ha convertido en una bandera en torno a la que se reúnen las voces disidentes, especialmente las más jóvenes.
Estos detalles, que podrían en rigor resultar ajenos a su escritura, tienen una faceta reveladora: la congruencia radical entre la forma silenciosa y personal en que se ha elaborado la obra y los núcleos significativos en torno a los que se desarrollan sus poemas. Extrema solidaridad entre poesía y vida.
En las dos últimas décadas la escena poética española aparece dividida entre una tendencia dominante y una rica heterogeneidad, de la cual Gamoneda es uno de los hitos, que se le contrapone y sin aspirar a formar tendencia.
La escuela que pretende ser dominante se conoce bajo el nombre de ‘poesía de la experiencia’, poesía de la nueva sentimentalidad, de línea clara, o realista. Entre sus intenciones doctrinales figuran las de producir una poesía que normalice el lenguaje, que se fundamente en aspectos cotidianos de la experiencia, que acerque la poesía al lector y obtenga o recupere una implantación mayoritaria. Es una actitud que se muestra hostil con el lenguaje alejado de estos presupuestos, al que acusa de irracionalista; también critica las aportaciones de las vanguardias, cuestionando su aportación vital a la formación de los códigos expresivos del arte contemporáneo.
El poeta francés Yves Bonneffoy dice que la poesía debe inquietar el lenguaje. Esta es una de las características de la obra de Antonio Gamoneda, en cuya poesía experimentamos los efectos de esa inquietud, al tiempo que en sus trabajos teóricos encontramos abundantes reflexiones en torno al lenguaje poético concebido en esta dirección.
El lenguaje poético para Gamoneda es el lenguaje de la revelación “el que nombra cosas que de otro modo no existirían”. Se trata de un lenguaje que opera como “intensificador de la conciencia” y que reconoce un hecho capital en la expresividad del arte contemporáneo: el cuestionamiento de la idea de representación. La poesía ya no tiene necesariamente que representar nada externo a sí misma, produce su propia realidad. No se trata de imitación, sino de fundación. Como el autor mismo anota:
Existen, cada uno de ellos con sus específicas variantes, dos niveles de lenguaje (dos lenguajes, si bien se mira) que no son equivalentes ni están constantemente comunicados entre sí. (…) Lo que estoy diferenciando son los lenguajes informativos, socialmente pactados, de otro existente en otro orden de la realidad: el lenguaje creador y de revelación (…). La poesía genera primordialmente conocimiento de la realidad que ella misma crea, conocimiento de la realidad que ella misma es. Por eso no necesita, aunque pueda hacerlo con valor secundario, referirse a; no necesita fatalmente informar sobre una realidad establecida en el exterior de ella misma (…). (Conocimiento, 11)Esto nos sitúa de lleno en el debate sobre las nociones de lo real: el de “realidad versus el realismo”. Hoy en día, nadando a gusto o a disgusto en las aguas de la postmodernidad, la noción de lo real, como la de lo verdadero o lo bello, está sometida a un cuestionamiento constante que ya no admite hegemonías claras ni concepciones de orientación unívoca. La epistemología que sustenta a las ciencias sociales y a la crítica literaria en estas décadas ha supuesto una crítica frontal al positivismo y a su vocación de explicación única de los fenómenos. El discurso realista de la poesía de la experiencia parece vinculado a estas ideas (ya antiguas) y a su concepción reduccionista de lo real, por lo que aparece como conservador o reaccionario en el campo de la poesía.
Cualquier noción seria de lo real en esta época implica recoger las ideas de su multiplicidad, de su fragmentación, de su composición heterogénea y multiforme que se resiste a abordajes unívocos. Porque la realidad se construye socialmente y a partir de todos los elementos característicos de la especie humana; razón, imaginación, emoción, sinrazón, intelecto. Por esto resulta difícil hoy en día descalificar a cierta poesía con el adjetivo de irracionalista, pues entre otras cosas, la poesía nunca ha sido la habitación exclusiva o incluso preferente de la razón. Más bien al contrario, como cualquier inmersión en la tradición fácilmente lo señala. Y más aún cuando esta apelación a la razón no se hace desde una aproximación enjundiosa como la que dio origen al constructivismo y sus variantes, pieza clave del arte contemporáneo, sino desde la complacencia y la vaguedad terminológica.(…) ahora mismo, desde un determinado campo poético se aboga mayoritariamente por la expresión de la experiencia cotidiana en términos realistas con significación unívoca y se exige un léxico articulado en la ‘claridad’, es decir, equivalente al pactado y establecido para el lenguaje de la información (…). Creo que esta actitud supone un error en la perspectiva estética, un equívoco en el conocimiento y la vivencia de las tradiciones y hasta un descabalamiento reaccionario de los siglos en su aspecto sociolingüístico. Es también, desde luego, una reducción del viejo y permanente logos”. (Conocimiento, 12)
La poesía, entonces, es la habitación de una experiencia amplia y multiforme que se resiste a cualquier intento de orientación reduccionista. Resulta curioso y clarificador a la vez que bajo las poéticas que se levantan contra lo que denostan como irracionalismo o irrealismo no subyaga un ejercicio sólido de la razón, sino más bien una forma blanda y autocomplaciente de sentimentalismo vinculado a los elementos más usuales de la experiencia. Y sin embargo, en nombre de esta razón débil y carcomida por una sensibilidad banal, se intenta la descalificación de la inmersión profunda el los territorios de la imaginación, de la memoria, de la lucidez que aúna placer y dolor y que es capaz de generar una forma de conocimiento de un poder y una particularidad extremas.Naturalmente ir de irrealista o hermético sin más, no otorga cédula de poeta, pero la analogía del lenguaje minirrealista pretendidamente poético (ése que se promueve poco menos que en términos de mercado y que está casi “oficializado” en España) con los lenguajes informativos (…) es la prueba de su inanidad, de su condición no creadora y, finalmente, de su debilidad moral añadida a la debilidad estética. La rebeldía lingüística, lo que algunos llaman irracionalismo, es el único medio de implicar creación y sentido, insisto, en una escritura que ha de ser inseparable del vivir y el morir en un mundo cruelmente manipulado. (…) Fijémonos en que si, de estos últimos quinientos años de la poesía escrita en España, eliminamos a Juan de la Cruz, Quevedo, Góngora, Juan Ramón, Lorca, Aleixandre y a sus numerosos congéneres tiznados por el “irrealismo”, nos quedamos sin poesía española. (Conocimiento, 27-28)
La poesía es antes sensible que inteligible (…) el conocimiento se produce a partir de la existencia de la escritura y no antes (…). Yo no poseo mi pensamiento hasta que no me lo hace sensible/inteligible mi propia escritura: solo sé lo que digo cuando está dicho. (Cuerpo, 33)Esto se corrobora con lo que expresa Octavio Paz en ‘Corriente alterna’ (México, 1967) cuando se refiere a las características de la poesía moderna, a lo que ella es capaz de nombrar:
Las verdaderas ideas de un poema no son las que se le ocurren al poeta antes de escribir el poema sino las que después con o sin su voluntad, se desprenden naturalmente de su obra. El fondo brota de la forma y no al contrario.Tradición y vanguardia son otros lugares en los que la poesía de Gamoneda transita y su ubicación en ambos es compleja. Las formas de la tradición pesan especialmente sobre la poesía en castellano escrita en la Península. Gamoneda no se siente separado de esa tradición por ningún tipo de ruptura, pero tampoco se siente obligado por ella, como la forma de su poesía rápidamente nos lo deja ver. Entiende esta tradición es como un ente dinámico que constantemente se está construyendo, sin renegar de sus orígenes pero sin asumirlos como algo monolítico e intocable a imitar o seguir de forma pasiva y perenne.
De esta forma, la vanguardia ya es parte de esa tradición. La vanguardia histórica, la que operó en la primera mitad del siglo XX como movimiento organizado se planteó como una ruptura y esa necesidad fue un motor imprescindible de su accionar. Una vez producida la ruptura, la rueda de la tradición zanjó la brecha y las ideas que nuclearon los procesos de vanguardia pasaron a ser un elemento fundamental en la construcción de los lenguajes contemporáneos.
Las vanguardias ya no existen como movimientos organizados, ni la persistencia de sus ideas-fuerza en la tradición opera en un sentido de ruptura. Son ahora un elemento difícil de concebir con precisión en tanto la postmodernidad dibuja un escenario ecléctico, suerte de cajón de sastre donde las ideas subyacen y se yuxtaponen, más que luchar unas con otras en busca de una hegemonía que la esencia de estos tiempos difumina como posibilidad.
Aun así, las ideas de la vanguardia persisten como uno de los posos de esa tradición y no es casualidad que se las vincule con las propuestas más exigentes que circulan por la escena. Con las que van abriendo nuevos frentes por los que se expande la tradición. No es posible entender a las vanguardias hoy de manera ortodoxa, pero sí como una actitud, que permite identificar qué artistas son los que tienen una mayor cercanía con los elementos centrales de su ideario.
Tal como expresa Augusto de Campos en ‘Galaxia concreta’ (México, 1998)
Entender la vanguardia como búsqueda febril de lo nuevo por lo nuevo, como mera estética de lo provisorio es no comprender la raíz de su necesidad. Lo que hicieron las vanguardias de las primeras décadas fue crear los presupuestos del lenguaje artístico de nuestra época.Gamoneda expresa su lejanía con respecto a la idea de la vanguardia como ruptura y a los presupuestos del creacionismo histórico. Y es que esta es la manera en que opera el ideario de la vanguardia en el arte de comienzos del siglo XXI, no como ruptura ni como la aplicación ortodoxa de manifiestos teóricos de hace casi un siglo. La manera en que existen estos presupuestos hoy en día se ve reflejada en una actitud ante el lenguaje. Una actitud no reduccionista, sino rigurosa, dispuesta a admitir en él a toda la experiencia de lo humano y que por lo tanto toma riesgos y no imita, sino que funda.
Por que hoy no tenemos que seguir a Huidobro ni sus postulados, pero su celebre verso ‘Oh poetas no cantéis a la rosa, hacedla florecer en el poema’, resuena en la práctica de no pocos de los poetas que, como Gamoneda, van construyendo la tradición. Otro aserto celebre de aquella época, el de Maiakowski cuando dice que sin forma revolucionaria no hay arte revolucionario, se halla estrechamente vinculado con lo expresado por Gamoneda en relación al lenguaje poético subversivo frente al reaccionario. No cuesta ver en vínculo entre este lenguaje subversivo con algunas las ideas surgidas de la vanguardia, que hoy operan como un referente importante entre el sector menos conformista de la poesía y del arte actual.
La poesía de Gamoneda se ha extendido por unas zonas conceptuales complejas en las que alcanzar el sentido requiere de una disposición o entrega de parte del lector que tiene poco que ver con el pacto de aceptación e indulgencia practicado por poéticas supuestamente democratizadoras. Nos encontramos ante una poesía que exige una lectura propia, una apropiación lectora del texto. Gamoneda mismo se refiere a su poesía como un canal por el que el conocimiento (poético, por supuesto) se manifiesta de forma sorprendente.
Qué duda cabe de que esa latencia de revelación opera, más allá del propio autor, para el resto de los lectores. El poema nos conduce a espacios en penumbra donde el destello, y hasta la iluminación, se concede a quienes persisten en mirar y, cuando la vista no alcanza a ver, se dedican a escuchan los pasos, la respiración, los gemidos que se entrelazan con el silencio. La de Gamoneda no es una poesía de contenidos, sino un continente abierto a distintos modos de habitación.
La presencia del autor en esta obra es, cuanto menos, paradójica; se retrae a formas que no excluyen las posibilidades significativa ya aludidas aquí; un tímido y maleable yo se multiplica, deja paso y se dirige a otras personas, terceras, plurales, en una proyección calidoscópica de la identidad. De esta forma, el lector se ve incluido en un diálogo en el que puede desdoblarse y aceptar alguna de las voces propuestas o dialogar con ellas. También en este sentido la obra es inclusiva, endógena. Lo vivencial en el poema no es fruto de una referencia constante al yo histórico. El poema mismo busca ser (o es) vivencia. No hay poema sin su incorporación sensorial. “La experiencia de la emisión —o la recepción— de la poesía, intensifica mi vida y yo vivo esta intensificación como una forma de placer” (Cuerpo, 24). El poema se convierte en sustancia que se mezcla con las corporales y recorre las conexiones neuronales, alimentando nuestra visión, formando nuestra percepción y afectando nuestra capacidad de respuesta ante lo que nos rodea, lo mismo que si se hubiera ingerido o inyectado. La relación del lector con el poema provoca la alteración de su conciencia y, cuando la lecturas son profundas, incluso la alteración de su identidad.
La presencia de lo físico y lo fisiológico en la poesía de Antonio Gamoneda no es, de ningún modo, anecdótica. Esta afirmación no solo es válida para hablar de la más inclasificable de sus obras, el ‘Libro de los venenos’. Este excéntrico libro ofrece una selección del códice farmacológico del botánico y médico del siglo I, Dioscórides, así como las anotaciones de uno de sus traductores —el renacentista Andrés de Laguna— y los comentarios de Gamoneda. Se trata de una obra poética en el sentido menos ordinario de la palabra, donde las sustancias tóxicas que modulan el funcionamiento corporal y el cuerpo afectado por estos venenos, se convierten en los principales personajes del discurso. La escritura deviene corporal por medio de este singular proceso de concentración en lo orgánico. Además de la posibilidad de leer esta obra en el sentido apuntado por su autor (como un intento de ejemplificar que el fracaso de cualquier catalogación de la literatura en géneros), podría entenderse como una elaborada metáfora de los efectos vitales de la poesía, un estudio de la naturaleza paradójica del encuentro entre el logos y la physis.
La obra de Gamoneda abunda en ese tipo de paradojas hasta el punto en que lo Paradójico se convierte en uno de sus fundamentos principales. Miguel Casado ha puesto de relieve uno de los rasgos de estilos más sobresalientes de la poética de Gamoneda, “su vocación de fundir en un solo cuerpo lo sensorial y lo abstracto, sin ningún tipo de distinciones” (Edad, 29). En esta tendencia se acusa el deseo de hacer de la escritura una reunión de entidades que, en un plano referencial, tendrían naturalezas contrapuestas. El mismo poeta se complace en definir la poesía —en palabras tomadas de Cicerón pero en las que resuena ‘El arco y la lira’ de Octavio Paz— como “lenguaje paradójico” en el que se expresa “lo uno y lo contrario sin dar en incoherencia” (Cuerpo, 32).
También la ambición vitalista que supone su autor parece hallarse en fructífera oposición con otras nociones claves de su poética, como la que presenta la memoria como fundamento de la escritura y la interpretación del poema; o la que le lleva a entender la poesía desde la perspectiva existencial de la muerte.
La memoria, en las poéticas de Gamoneda, surge como “despensa” temática del poema, como pábulo y depósito de la escritura, pero también como clave formal que hace posible la redacción y efectiva la lectura:
Podríamos decir que el objeto de arte es un objeto memorable. De momento, fijémonos en que no seríamos, por ejemplo, sensibles a una melodía sin la memoria sucesiva de sus partes. Más aún: incluso en las artes visuales, en que las partes se piensa que están instantánea y simultáneamente presentes, la percepción se da en velocísimas asociaciones memorísticas: en una simetría simple valoramos la cantidad y la morfología de uno de sus componentes teniendo memoria de estos mismos valores en el otro, y así se nos manifiesta su equilibrio, su complicidad estética. (Cuerpo, 16-17)Junto a la presencia y función de la memoria se encuentra, en sus reflexiones y en los poemas, otro parámetro, el que surge de la conciencia y la anticipación, de la mirada dirigida a lo futuro, y que sitúa el poema ante el horizonte de la muerte: “Por lo que a mí concierne, pienso sinceramente que el conjunto de mi poesía no es otra cosa que el relato de cómo voy hacia la muerte” (Cuerpo, 26)
Estas dos orientaciones crean en su poesía una contraposición que podría entenderse en los términos de otra poética, la de María Zambrano quien, en ‘Pensamiento y poesía en la vida española,’ al hablar de lo característico de los poetas, desarrolla su comprensión del término melancolía. Según Zambrano, en este sentimiento se ajuntan dos deseos, casi dos avaricias: retener en todos sus detalles lo ocurrido tal y como ocurrió, a la vez que trata arrebatadamente de sacar partido del ahora; “la melancolía que lejos de empañar los minutos contados de nuestra vida, hace quemarlos con más brillo y luz (…), por el solo hecho de ser instantes, cuentas del rosario del tiempo limitado”.
En “La poesía en la perspectiva de la muerte”, uno de los breves ensayos incluidos en ‘El cuerpo de los símbolos’, Gamoneda articula esta paradoja en clave triangular. Por una parte reconoce “la voluntad de construir un objeto de arte con el miedo a la muerte”. Por otra entiende que “la memoria es siempre conciencia de pérdida (…): conciencia, por tanto, de consunción del tiempo correspondiente a mi vida y, por esto mismo, conciencia de ir hacia la muerte”. Por último, enlazando esos dos extremos, entra en juego la intensificación y el placer poéticos: “Esta intensificación y este placer son independientes de la significación: la poesía fundamentada en el sufrimiento genera también placer”. Así, convierte el placer en el catalizador de una alteración que, en relación con la identidad, se mencionaba antes. “[La poesía] es un hecho ‘alquímico’: transustanciación de las significaciones, incluidas las derivadas de sufrimiento, en experiencias de placer”.
A lo largo de la primera mitad de los años sesenta, Antonio Gamoneda compuso ‘Blues castellano,’ donde, al igual que en el género musical, se canta el sufrimiento para mitigarlo y sobreponerse a él, para rememorar lo perdido y anticiparse a nuevas pérdidas. ‘Blues castellano’ principia un tipo de exploración poética que ha ido, desde entonces, adentrándose en lo personal. Pero esta trayectoria no solo ha puesto de manifiesto la hondura de esa exploración en términos individuales; también se ha levantado como referente en un momento en que los más visibles de la poesía española parecían conformarse con lo visible, con lo obvio. La creación de este referente, en el que las categorías “realistas” se han ido subvirtiendo mediante un ejercicio afiliable a las vanguardias, está transustanciando el panorama poético español en la primera década del siglo XXI.
~ ~ ~
Algunas referencias bibliográficas

En la foto, Gamoneda observa el busto realizado por el escultor Amancio González para un proyecto con el fotógrafo Amando Casado y el editor Héctor Escobar. / © Fotografía de AMANDO CASADO
Tras el estreno de ‘Escritura y alquimia’,~ ~ ~
un documental sobre su vida y su obra,
Gamoneda protagonizará esta semana
un gran congreso en Madrid.
Comprometido con el mundo,
no elude los temas de actualidad
~ ~ ~
~ ~ ~
Hace 24 años que recibió el segundo Premio Castilla y León de las Letras, después de Delibes, cuando usted era un autor muy poco conocido, salvo en pequeños círculos. ¿Qué supuso entonces?
Pues supuso… un dinero (no recuerdo ahora la tela que me dieron, ¡ja, ja!). Pero creo que no modificó nada mi estatus en relación con los lectores, porque son premios de ámbito regional, e incluso en ese ámbito tampoco les hacen mucho caso. Sí sé que por esa norma no escrita de que el premiado sea jurado al año siguiente, yo me puse muy terco, porque ahí estaba Claudio Rodríguez y ya se lo tenían que haber dado…
¿A quién cree que no le han dado aún ese premio cuando se lo merecería más que otros?
Es un poco difícil… El poeta José Miguel Ullán, está claro… Además, se cometió la grave torpeza de dejar morir a Ramón Carnicer sin dárselo. No lo entiendo.
Casi la mitad de los premiados en estos 25 años son leoneses. ¿Qué significado tiene eso para usted?
Eso dice que el número de escritores por metro cuadrado en León es mayor que en las otras provincias, y de la cantidad surge la calidad también. En León se ha creado la tradición de la escritura, hay tres focos (el grupo de Astorga, los bercianos y luego todos los demás) y muchos poetas. Pero yo, el premio Castilla y León se lo daría a alguien a quien quizá no se lo van a dar nunca, y es a Gaspar Moisés Gómez. No todos sus libros son maravillosos, pero tiene cuatro o cinco que para mí comportan más cantidad y más calidad que lo que pudo aportar Eugenio de Nora, por ejemplo. Lo que pasa es que De Nora convirtió ‘Espadaña’ en un histórico. Pero Eugenio hace 60 años que no escribe un verso, y hablo sin bromear. Su creación literaria son tres libros de versos —cuatro, con el que publicó sin su nombre— y una historia de la novela contemporánea inacabada. Muy bien, fue un catedrático muy trabajador en Suiza, pero la obra es lo que es, lo cual no le priva de la condición de ser un histórico y, en los años 40, del 45 en adelante, uno de los tres o cuatro poetas españoles jóvenes más importantes. Pero como escritor terminó ahí, y como estos premios parece que tienen que premiar una obra, pues una obra no la veo. A Gaspar Moisés le pasa lo contrario, ha publicado y tiene sin publicar montones de libros, algunos de gran altura. Pero él no se hace ver. No es un olvidado, sino un ignorado.
Por cierto, ¿le ha gustado ‘Escritura y alquimia’, el documental que se acaba de estrenar sobre usted?
Se origina una extrañeza inquietante en que yo me vea a mí mismo en una realidad que sé que es virtual, pero que me proporciona también virtualmente vivencias, averiguaciones de mi conciencia y de mi conducta de las cuales no soy consciente si solamente cuento conmigo mismo, con mi capacidad de introspección. En esa realidad virtual están también los ojos y el pensamiento de otros que, porque precisamente no son yo mismo, pueden levantar y descubrirme dimensiones, que éstas sí son mías, que permanecían en lo desconocido. Decir gustar puede ser una desviación. Me ha proporcionado una experiencia tan real como poco previsible.
¿Un buen poema puede contar más cosas de las que pasan en el mundo que un periódico?
Sí, pero no lo cuenta en términos informativos. Puede que cuente no los datos, pero sí el sentido, el valor de la circunstancia, la situación socio-política… no explícitas, pero sí proporcionando una tonalidad expresiva en ese sentido.
En estos tiempos de crisis ¿cree posible un nuevo orden mundial?
Las democracias son la careta del neocapitalismo. No hablo de la insinceridad de los políticos, hablo de que los políticos tienen que hacer lo que les diga el poder económico. En ese sentido, da la sensación de que la situación es irresoluble. ¿Por qué? Ha habido un claro fracaso de los socialismos reales, de las repúblicas más o menos dictatoriales de carácter marxista; de ellas ha desaparecido el único poder con voluntad revolucionaria, que se maleó… Y al neocapitalismo le estamos viendo fracasar ahora. El capitalismo ha funcionado con valoraciones falsas, desviando el dinero y conservando una gran parte del mundo en situación por debajo del mínimo nivel vivencial… porque necesita que sea así, por cuestiones que sería largo desarrollar (del mercado de trabajo, del mercado de producción…). Y yo no veo solución, porque en el caso de que el neocapitalismo sea capaz de restablecer el tejido y los falsos soportes (falsos pero operativos, funcionales) que le han mantenido hasta ahora, volveríamos a estar en una falsedad.
¿Cuál sería la vía?
Tengo ciertas sospechas de cuáles serían los medios y cuál debiera ser la revolución, con minúsculas, pero revolución. Hay que disminuir la potencia de la producción industrial y la especulación meramente económica (estamos hablando de bancos y de multinacionales), y hay que hacer algo tan difícil como es vestir de verde el planeta. Se trata de un cambio que necesita 200 años como poco, y que hay que querer hacerlo.
¿Cree posible una alianza de civilizaciones? ¿Cómo valora la actitud actual de las distintas religiones?
En el mundo islámico ya casi estamos en una radicalización que se va a manifestar sobre todo en la creación de tensiones y de aspectos históricos sangrientos. En cuanto a la Iglesia católica y sus primas hermanas (sean anglicanos, heterodoxos, etc)… es evidentemente una mascarada, en la cual hay algunos inocentes con cierta buena voluntad a los que no se les hace caso. Tiene mucho que ver con cómo ha decrecido el poder de las iglesias «occidentales» sobre las conciencias, pero cada vez está más claro que están participando fraudulentamente en la economía vigente.
¿Y qué le parece el Dalai Lama?
Es un personaje que está bien, ni se ha embarcado en radicalismos ni tiene una actitud orientada al poder económico. Esto puede que suceda sin demasiados méritos, porque de alguna manera representa una ideología (y llamo ideología también a la religiosidad y al pensamiento en la trascendencia) que está poco menos que prisionera de una potencia mayor que es China… y no está en situación de ser operativa, pero por otra parte, como ideología es bastante sana. Así como en el catolicismo y en el islamismo se da por buena la violencia incluso en sus textos sagrados, eso no ocurre en el budismo.
En el taller del escultor AMANCIO GONZÁLEZ ANDRÉS
© Fotografía de AMANDO CASADO
~
Podéis leer el reportaje en (click:) ISLA KOKOTERO
~

CONGRESO
POESÍA Y DIVERGENCIA VII
ANTONIO GAMONEDA
(LA PALABRA DAÑADA)
SEDES
Antonio Gamoneda sí en el 2009, porque estamos ante uno de los poetas importantes de la conmoción existencial en castellano con un sentido próximo al de César Vallejo. Ante un escritor atormentado y herido por las obsesiones de la orfandad y la pobreza, tanto como por la reivindicación.
La suya es una poesía con diferentes registros en su evolución, donde ha logrado renovar un lenguaje de la época existencialista (el de 1940 que le origina como escritor) en los años 70, teniendo en cuenta las lecturas herederas del superrealismo hasta hacer propia una mirada en el espacio de las poéticas desoladas que caracterizan en buena parte al occidente euroamericano tras las grandes guerras mundiales (o nacionales).
Antonio Gamoneda sí, porque estamos ante un jirón hondo y comprometido, desvalido, afín a la estética del silencio en la mirada final, desde la peculiar conmoción de la herida como denuncia. Ante un poeta existencial o esencial desolado, dañado y desesperado, con una intensa vocación de artista en su buen hacer de madurez.
9.30 Inauguración:
10.00 Conferencia Inaugural: José Manuel Cuesta Abad (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)
11.00 Pausa
11.30 Coordina: Rafael Morales Barba (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)
13.00 Proyección del documental sobre Antonio Gamoneda Escritura y Alquimia
16.30 Coordina: María Jesús Zamora (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)
JUEVES 16 DE ABRIL
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID. SALÓN DE ACTOS DE LA FACULTAD DE FORMACIÓN DEL PROFESORADO Y EDUCACIÓN
10.00 Coordina: Rafael Morales Barba (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)
11.30 Pausa
12.00 Coordina: Xelo Candel Vila (SAINT LOUIS UNIVERSITY MADRID)
VIERNES 17 DE ABRIL
BIBLIOTECA NACIONAL DE MADRID
10.00 Conferencia plenaria: Antonio García Berrio (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)
11.00 Coordina: Ángeles Encinar (SAINT LOUIS UNIVERSITY MADRID)
12.00 Pausa
12.15 Coordina: Xelo Candel Vila (SAINT LOUIS UNIVERSITY MADRID)
13.15 Recital poético de Antonio Gamoneda
Presenta: Rafael Morales Barba
14.00 Acto de clausura
~ ~ ~
INFORMACIÓN E INSCRIPCIÓN
Duración:

[Gamoneda, con José Ángel Valente, en una imagen retrospectiva]
~
La obra del poeta será objeto de debate en el congreso
GAMONEDA, LA PALABRA DAÑADA
Bajo el lema Antonio Gamoneda, la palabra dañada, numerosos expertos, críticos literarios, profesores y catedráticos de toda España, además de un numeroso grupo de escritores, muchos de ellos leoneses —"entre ellos, el propio Gamoneda"—, participarán en estos encuentos, enmarcados en el curso Poesía y divergencia, que se desarrolla desde el año 1980. La sesión del día 17, la más solemne, tendrá lugar en la Biblioteca Nacional.
Entre los participantes se encuentran nombres como los de Luis Mateo Díez, José María Merino, Julio Llamazares, José Enrique Martínez, Julia Barella, Tua Blesa, Andrés Sánchez Robaina, Luis Alberto de Cuenca, Miguel Casado, Rafael Morales, Antonio García Berrio o Vicente Valero. Entre los actos programados también figura la proyección del documental sobre la vida del poeta, Gamoneda, escritura y alquimia, que mañana se estrena en León.
stimad@ amig@:
A partir de mañana martes 31 de Marzo podrán retirarse las invitaciones para asistir al estreno del documental “ANTONIO GAMONEDA ESCRITURA Y ALQUIMIA”, que tendrá lugar en el Teatro el Albéitar el próximo viernes, 3 de Abril, a las 21 horas.
La proyección contará con la presencia del poeta, el codirector del documental, César Rendueles, y la presentación de José Enrique Martínez.
Horario de recogida de invitaciones:
de 12 a 14 y de 18:30 a 20:30 horas (máximo 2 invitaciones por persona) en el Ateneo Cultural el Albéitar (C/Luis de Sosa esquina C/Covadonga. León). También se pueden retirar el mismo día de la proyección, desde media hora antes en la taquilla del Teatro.

Atentamente,
Pepa Octavio de Toledo
[Caricatura de Gamoneda en El País - Por SCIAMMARELLA]
~
Una película y varios libros
repasan la trayectoria del poeta y premio Cervantes
"La vida es un error lleno de cosas maravillosas. Pero un error"
~
El estreno del filme coincide además con la aparición de ‘Extravío en la luz’ (Casariego), una edición de seis poemas inéditos con grabados de Juan Carlos Mestre, y con ‘Iluminaciones. Antonio Gamoneda’ (RD Editores), un descarnado retrato del poeta y del León de la Guerra Civil firmado por el novelista Andrés Sorel.
La película se rodó en 2007 en los escenarios cotidianos de Gamoneda, sobre todo en su casa, pero también en los bosques por los que solía pasear antes de que un accidente -lo atropelló una furgoneta- le dejara "las tabas maltrechas". "Un día, en el rodaje, pasé dos horas con los pies en la nieve", recuerda el autor de ‘Libro del frío’, que considera que sale "demasiado" en su propio documental. "Otro fuimos a la casa en la que viví de niño, en el Crucero, el barrio obrero de León".
Esa casa es, además, fundamental en ‘Un armario lleno de sombra’, unas memorias de infancia "nada gloriosas" que Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores publicará esta misma primavera. En un balcón del número 4 de la carretera de Zamora pasó Antonio Gamoneda sus primeros años en León: "No se me olvida el sabor del hierro oxidado. Al morir mi padre, mi madre aguantó poco en Asturias. Era asmática y los médicos le dijeron que se fuera. El clima la estaba matando. Yo tenía tres años cuando nos instalamos en la casa de mi madrina, mujer de un ferroviario".
Todavía hoy Gamoneda es capaz de calcularle a su interlocutor la mejor combinación para viajar en tren. "En aquella casa los trenes eran los reguladores del tiempo. ‘Ya viene el correo de Galicia. Ahí pasa otro’, decíamos. Me impresionaba cómo se perdían en la chopera, la desaparición". Con la Guerra Civil -"de la que tengo recuerdos más precisos que de cosas de hace 15 días"-, los trenes empezaron a llegar cargados de republicanos camino de la cárcel instalada en el hostal de San Marcos. Para evitar que los presos pasaran por la zona noble de la ciudad, detenían los trenes antes de llegar a la estación y los conducían bajo el balcón de Gamoneda.
"Aquel barrio", apunta, "fue de los que más represión sufrió. Se oían los gritos de las mujeres a las cuatro de la mañana. Frente a mi casa había una viuda loca que se paseaba desnuda y gritando por la noche".
La guerra se llevó por delante la pensión que la madre del poeta cobraba de La Voz de Asturias, donde su padre había ejercido a la vez de administrador y director. Consumidos los ahorros, llegaron a la casa dos máquinas para hacer punto "de incrustación" y vainica: "Pero en aquellos años ni León y España estaban para muchas vainicas. Lo pasamos mal".
Las memorias del poeta comienzan en 1936 y terminan, recuerda él mismo con precisión, en la madrugada del 1 de junio de 1945. El día antes había cumplido 14 años y entró a trabajar en el Banco Mercantil encendiendo la calefacción.
El título del libro y la idea de escribirlo surgieron el día en que, dos años después de la muerte de su madre, el poeta se decidió a abrir un armario que, en vida, sólo abría ella: "De pronto me vino el olor de mi madre viva. Era una situación desconcertante, como un sueño. Estaba lleno de ropa, objetos y papeles, cosas que se convirtieron para mí en símbolos". "Además", añade, "resulta que uno tiene más recuerdos de los que recuerda. Son como las cerezas. Te acuerdas de una cosa y ésa trae otro recuerdo consigo".
En mayo Antonio Gamoneda cumplirá 78 años. Y no para de viajar -Viena y Ginebra están entre sus próximas estaciones-. Tampoco ha parado de escribir. Para algo sirven los hoteles. Lo poemas incluidos en ‘Extravío en la luz’ forman parte de la treintena que lleva escritos desde que, en 2004, reunió toda su poesía en el volumen ‘Esta luz’ (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores). El conjunto, que todavía no tiene fecha de publicación -"por primera vez en mi vida tengo el título antes que el libro"-, se llamará ‘Canción errónea’.
"La vida es un error lleno de cosas maravillosas -la amistad, el amor-, pero un error. Ir de la inexistencia a la inexistencia es un asunto raro, ¿no? Y esto a mí no me parece metafísica. Son hechos". Y continúa: "Al final te das cuenta de que la vida es un curso preparatorio para la muerte. Uno aprende a convivir con el miedo. Ya que atravesamos un error vamos a atravesarlo de la forma más consciente posible, aprovechando las cosas buenas y luchando contra la injusticia".
¿Quiere eso decir, la eterna pregunta, que la poesía puede cambiar el mundo? "No. La poesía intensifica la conciencia, pero no puede cambiar al mundo. Ésa ha sido una propuesta imaginaria. La poesía tiene que ser subversiva en su lenguaje, no en su contenido. En contenidos no puede competir con un periódico". En su opinión, hay muy pocos poetas capaces de realizar con altura "la síntesis entre el pensamiento poético y una ideología". Entre ellos, los autores "anónimos y múltiples" del primer cancionero, los letristas del jazz, César Vallejo y el turco Nazim Hikmet, a cuyos ‘Poemas finales’ (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo) Gamoneda acaba de poner un prólogo en forma de poema.
"Entiendo más de vino que de poesía", dice. "Yo no sé lo que sé hasta que no me lo dicen mis propias palabras". O las palabras de otro. Estos días relee las Soledades, de Góngora. Lo que no ha vuelto a escribir es crítica de arte, algo a lo que se dedicó durante años: "La crítica es un imposible. ¿Cómo se le cuenta a un ciego qué es el color azul?".
SE PUEDE LEER también la noticia en:
· DIARIO DE LEÓN (por Pacho Rodríguez)
· LA CRÓNICA
· Telecinco
· EL MUNDO (EFE)
· EL NORTE DE CASTILLA (por Tomás García Yebra)
· PÚBLICO

Un nuevo libro con CD y DVD:
‘ESCRITURA Y ALQUIMIA & LA CAMPANA DE LA NIEVE’
[UNA CONFESIÓN CINEMATOGRÁFICA Y TRES LECTURAS]
ANTONIO GAMONEDA
ISBN 978-84-87619-49-6
precio 25 €
paginas 88
formato Incluye CD de audio (78’) y DVD con la película
Esta publicación incluye la versión íntegra en DVD de la película documental Escritura y alquimia, que explora el pensamiento poético de Antonio Gamoneda tanto en su dimensión más puramente estética como en un orden especulativo. El film propone una intensa reflexión cinematográfica en torno al universo conceptual del poeta a través de entrevistas, materiales biográficos y lecturas de poemas.
Además, bajo el título ‘La campana de la nieve’, se recogen en este volumen en formato libro y disco compacto tres de las lecturas poéticas que Antonio Gamoneda ha ofrecido en las salas del Círculo de Bellas Artes a lo largo de dos décadas. Correspondientes a los años 1986, 2001 y 2006, respectivamente, estas tres lecturas constituyen no sólo un importante documento histórico –algo singularmente cierto en el caso de la lectura celebrada en 1986–, sino una experiencia literaria de primer orden guiada por la voz misma del poeta.
Patrocina
Instituto Cervantes
9 DE MARZO. 20 HORAS.
SALA: CINE ESTUDIO DEL CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID.
C/ ALCALÁ, 42. MADRID.
www.circulobellasartes.com
Estreno del documental
ANTONIO GAMONEDA, ESCRITURA Y ALQUIMIA,
de ENRIQUE CORTI y CÉSAR RENDUELLES.
Antonio Gamoneda. Escritura y alquimia es una película documental que explora el pensamiento poético de Antonio Gamoneda, tanto en su dimensión más puramente estética como en un orden especulativo. La película intercala declaraciones del poeta en las que reflexiona en torno a su obra con materiales biográficos y lecturas de poemas a cargo del propio Antonio Gamoneda.
[Crónica de la presentación de ‘Extravío en la luz’ en el CBA,
en el blog de (haz click:) LEO ZELADA]
~ ~ ~
Muchos amigos poetas me habían hablado de Gamoneda. Pero para ser sincero lo que había leído de él no me gustaba. Ante la insistencia de mis amigos poetas que consideran a Gamoneda casi un dios, aproveché una invitación que me hicieron para ir al lanzamiento de su último libro en el Círculo de Bellas Artes.
Al entrar saludé a Juan Carlos Mestre. Luego hablé con Gamoneda y le regale mi último libro de poesía. Me pidió que le hiciera una dedicatoria. Le entregué el poemario y quedamos en vernos en León. Antes de subir al escenario me dijo que no tenía tantos sombreros para quitarse ante la gran poesía de Cesar Vallejo. Allí me empezó a caer bien.
En el evento esperé encontrarme a ese Gamoneda hermético y retórico que la academia había creado. Pero Gamoneda nos sorprende explicando que no entendía porqué estaban hablando de un tal Antonio Gamoneda. Todo en un plan cachondeo. Luego dijo que las presentaciones no deberían ser así. Sino simplemente una conversación informal e íntima entre amigos. Allí ya se metió con todos los presentadores. Luego que no entendía que pretendía decir Amalia Iglesias sobre su poética. Que este no era su último libro de poesía. Sino solo una recopilación de 8 poemas suyos. Aquí se metió con la editorial que había publicado el libro. Hasta le metió un jalón de orejas a su hija diciendo que le daba miedo cada vez que la oía hablar de sus poemas y que para colmo hiciera dos preámbulos hoy. Para ese momento ya la gente se mataba de la risa. Porque él decía esto en un tono desenfadado e iconoclasta. Pero en el fondo en buen rollo. Cuando se refirió a Juan Carlos Mestre se puso serio y dijo que en verdad el libro destacaba más los grabados de Mestre que sus textos. Aunque confesó que en realidad envidiaba a Juan Carlos por saber pintar y él no. Para rematar diciendo que se dejaba de bromas, obedecería a Mestre y se pondría a hacer lo que mejor sabe: Poesía.
Leyó Gamoneda un largo poema sobre la lluvia. Cuando lo hizo se acabaron las bromas y surgió un recogimiento especial entre los asistentes. En ese poema conocí a otro Gamoneda. Un Gamoneda intenso, desbordante, estremecedor. Todo el show anterior me pareció que lo hizo para desmitificar la imagen que le han creado y que él nunca tiene la oportunidad de desmentir.
Esa noche Antonio Gamoneda mató al otro Gamoneda. Esa noche coincidentemente llovió en Madrid.

[El poeta Juan Carlos Mestre, el Cervantes leonés Antonio Gamoneda y su hija, Amelia, durante la presentación.
Fotografía de RAQUEL P. VIECO]
El invocador y existencial «Extravío en la luz» llenó el Círculo de Bellas Artes
Amelia Gamoneda, hija del poeta, calificó de «ruido de oficinista» la labor creativa del maestro
Antonio Gamoneda presentó ayer en Madrid, en el Círculo de Bellas Artes, Extravío en la luz, un libro en el que comparte protagonismo con Juan Carlos Mestre, autor de los grabados que incluye la publicación, y con su hija Amelia, que escribe un cercano prólogo que hace aún más especial este poemario editado por Casariego. Y Madrid, una ciudad que adora a Gamoneda, respondió con un lleno absoluto de la sala María Zambrano, en un edificio que es el epicentro cultural de la capital, y ávido de la poesía invocadora y existencial del poeta.
Con tanto afecto, el poeta leonés dio paso a su socarronería y se quejó, y lo que logró fueron las sonrisas y hasta risas de los asistentes, que descubrieron el lado más cercano del autor de obras ya emblemáticas como ‘Arden las pérdidas’ o ‘Libro del frío’. Pero como de lo que se quejaba era del exceso de cariño, lo que hubo en sus palabras fue agradecimiento encubierto. Esa satisfacción le vino de palabras como las pronunciadas por su hija, quien deleitó a la concurrencia al contar que, «en mi memoria de siempre, es un hombre que escribe. O, mejor dicho, un hombre que trabaja con la escritura». Y lo ilustró de una manera bien descriptiva: «Su ruido de escritor es el de un oficinista», afirmó. Un ruido que asoció generacionalmente «al sonido de las máquinas bordadoras» como el que hacía con ese trabajo su abuela.
Al margen de los continuos elogios a la importancia y la trascendencia de la obra de Antonio Gamoneda, suficientemente descritas en la tarde de ayer en Madrid, también se pudo saber algo de la intensidad de trabajo del poeta, ya que, según su hija, a veces, ese ruido de la máquina de escribir o ahora del ordenador no se detiene en cuatro horas. "No sé si hará compañía a mi abuela», expresó Gamoneda hija.
El berciano Juan Carlos Mestre, al que Antonio Gamoneda adjudicó la mayor parte de la importancia de ‘Extravío en la luz’, se llamó privilegiado por poder compartir autoría con alguien que cuenta con una inmensa obra como la recogida en ‘Esta luz’. Mestre señaló que «poco he hecho yo más allá de leer apasionadamente a Gamoneda», además de resaltar que la admiración hacia el poeta se completa, con la misma intensidad, con el fervor hacia su persona.
El berciano Juan Carlos Mestre, al que Antonio Gamoneda adjudicó la mayor parte de la importancia de ‘Extravío en la luz’, se llamó privilegiado por poder compartir autoría con alguien que cuenta con una inmensa obra como la recogida en ‘Esta luz’. Mestre señaló que «poco he hecho yo más allá de leer apasionadamente a Gamoneda», además de resaltar que la admiración hacia el poeta se completa, con la misma intensidad, con el fervor hacia su persona.
Por su parte, Antonio Gamoneda, tras la intervención de la directora de la Editorial Casariego, Isabel Rodríguez, y la lectura de una ponencia de la poeta Amalia Iglesias, ausente en el acto por problemas de agenda, comenzó su intervención casi pidiendo disculpas por la cantidad de veces que se había pronunciado su nombre y siempre además, adjetivado con elogios. E, incluso, lamentó que se llamara «poemario» cuando «sólo contiene seis poemas».
La «presentación express» como método contra el exceso de elogios
Antonio Gamoneda propuso ayer la insólita fórmula según la cual los libros deberían presentarse con algo así como «aquí el libro, aquí unos amigos», afirmó. Era una propuesta de presentación express que evitaría el exceso de elogios y que, por supuesto, no va a cuajar cuando con su presencia, como la de ayer en Madrid, consiguió que el respetable se quedara sentado por si seguía la cosa. Gamoneda casi riñó a la editorial (primero dio las gracias), por dotar de tanta importancia a una obra como ‘Extravío en la luz’, que aparece como una cuidada publicación de gran tamaño y con la obra de Juan Carlos Mestre. Al berciano le dijo que tanto Gamoneda era ya mucha dosis. Y a su hija le reprochaba porque «no había hecho nada más que barrer para casa», aludiendo a sus dotes de interpretación crítica. «Por eso no he aplaudido a ninguno de los dos», remató con humor. Los que sólo conocían al autor sobre el papel salieron encantados de haber descubierto la relativización con la que trata las cosas y emocionados porque cuando leyó uno de sus poemas logró un silencio paralizante. Antes dijo: «Leo y disolvemos esta reunión. Qué pesadez con Gamoneda. Salgo para ir al fisioterapeuta». Y la gente se rió antes de pasar a la emoción de oír la palabra de Gamoneda pronunciada por el poeta Antonio. Y se iban con el libro debajo del brazo.
Con motivo de su viaje a Estambul, en febrero de 2008,
hemos encontrado este reportaje en el canal turco NTV.

El encuentro, que tuvo lugar en el Hostal de San Marcos, sirvió también para dar a conocer la aparición del libro ‘Iluminaciones. Antonio Gamoneda’, del secretario de la Asociación Colegial de Escritores de España, Andrés Sorel. Una biografía íntima que «radiografía» la historia humana del poeta y de la ciudad de León como espacio en la que ésta se desarrolla, en palabras de Martínez Carrión. No obstante, este libro tendrá su correspondiente presentación en sociedad dentro de algunas semanas.
Del mismo modo que se dijo de Shakespeare, abrió el fuego Sorel con una afirmación categórica: «Es un hombre de su tiempo, que es lo mismo que decir que es un hombre de todos los tiempos», un creador que, como Kafka, se adelanta a su tiempo mostrando e «intuyendo», más que sabiendo, la «verdad de su tiempo» e incluso de los «tiempos por venir». Y es que escribiendo ‘Iluminaciones’, Sorel llegó a la comprensión no sólo de lo que ocurrió en aquellos oscuros años de posguerra en los que al niño Gamoneda, viendo los camiones y vagones cargados de presos, «se le posó en la boca el sabor del óxido», sino también lo que sucedió en su ciudad natal, Segovia, «y en toda España». «Explicándose a sí mismo, explica la época que le tocó vivir», recordó.
Por su parte, el catedrático y crítico literario del Diario, José Enrique Martínez, no dudó en calificar de «espléndido» el libro de Sorel, sobre todo por su capacidad de «recrear los preámbulos de la guerra civil en León a través de la mirada asombrada de un niño». Una «huella» que permanecerá para siempre en la memoria del autor del ‘Libro del frío’ y que está magníficamente contada por Andrés Sorel, quien también muestra en ‘Iluminaciones’ una ciudad «cuyo panorama cultural era un desierto».
Fue el propio Gamoneda quien cerró el acto recordando que la «poesía ornamental» no le interesa en absoluto, sino que le interesa la que «intensifica la vida» y tiene «voluntad de potenciar el lenguaje». También quiso dejar claro que la obra ‘Extravío en la luz’ no es un poemario suyo como tal, pues, además de sus seis poemas, hay textos de su hija y veinte grabados de Juan Carlos Mestre.

Esta nueva reunión del foro, creado por la Asociación de Periodistas de León, Paradores y la Agencia Efe, tendrá lugar hoy, 20 de enero, en el salón Antiguo Auditorio del Parador de San Marcos a las diez de la mañana. Participarán el propio Antonio Gamoneda; el escritor y secretario de la Asociación Colegial de Escritores de España, Andrés Sorel, autor de ‘Iluminaciones’; y el catedrático de Literatura de la Universidad y crítico literario del Diario, José Enrique Martínez.
Presentará y moderará el presidente de la Asociación de Periodistas, Francisco J. Martínez Carrión. El Foro Periodístico Quevedo tiene como objetivo declarado «fomentar el diálogo y el debate periodístico sobre temas de actualidad y de interés para la sociedad leonesa. El foro tiene periodicidad mensual y a él son invitadas destacadas personalidades para debatir y analizar asuntos de trascendencia pública».

Sorel presentará su nuevo libro ‘Iluminaciones’ en las próximas semanas en la capital leonesa.

GAMONEDA PUBLICA ‘EXTRAVÍO EN LA LUZ’,
SU PRIMER POEMARIO TRAS EL CERVANTES
Por CARMEN SIGÜENZA
(Para la Agencia EFE)
Madrid, 15 ene (EFE).-
Tras dos años de silencio poético, Antonio Gamoneda, colmado ya de premios, ha vuelto a la poesía con la publicación de "Extravío en la luz", un libro artístico que incluye seis poemas inéditos y veinte grabados del ilustrador y poeta Juan Carlos Mestre.
"Publicar un libro de poesía cada año era una imprudencia, aunque la verdad es que en estos dos últimos años no he podido trabajar, porque me ha faltado tranquilidad. Eso sí, he terminado las memorias de mi infancia, las he acabado y entregado, y es posible que salgan en abril o mayo", explica hoy a Efe
Y es que este poeta astur-leonés en los últimos años ha recibido toda clase de premios y se le ha requerido para toda clase de actos, lo que le llevó a un período de silencio poético.
Ahora, según recuerda en el prólogo con humor y ternura Amelia Gamoneda, hija del poeta, filóloga y crítica, gracias a una afonía que en los últimos meses mantuvo al poeta en silencio "entre los tumultuosos y verbosos encuentros a los que amablemente le obligan los premios recibidos", Gamoneda ha vuelto a encontrar su voz.
"Quizá, la experiencia real y física ha sido capaz de simbolizar una pérdida de la voz poética, y ha venido así a construirse en aviso para que el poeta colmado de premios no se confíe", precisa Amelia Gamoneda.
El autor de "Arden las pérdidas" aparece en este último libro, publicado por la editorial Casariego, con la misma serenidad y hondura que posee su voz poética, para volver a reivindicar "la dignidad" de la memoria y la experiencia. Y una vuelta a sus símbolos como las manos, la herida, la lluvia, el cuerpo, la luz; el dolor, la materia, el cuerpo, o la carnalidad de las palabras.
También aparece la voz de los que no la tuvieron en la Guerra Civil, la posguerra, los desheredados, los paisajes de León y la lluvia. El último poema: "Ha de llover", es el único texto que se conoce, porque lo escribió el poeta para la Expo del Agua, de Zaragoza.
"Yo, en realidad, por encargo no soy capaz de escribir nada, pero este poema sí tenía que ver en función simbólica con el agua y la lluvia, pero también con los hechos sociales, con mi intimidad y con nuestra historia más reciente, aunque todo ello no se diga con claridad, porque la poesía no está para informar sino para revelar", argumenta el autor del "Libro del frío".
Y Gamoneda aclara: "Yo soy la misma persona y el mismo poeta que hace años, con un poco más de edad y con más experiencia encima. Pero quiero señalar que sí he notado algún cambio en el aspecto formal, y en cierto modo hay fragmentos que tienen una organización más tradicional, y, por ejemplo, aparecen casi sin buscarlas las rimas asonantes".
Pero este autor, que espera que 2009 sea más tranquilo, se resta méritos en este libro y añade que los grabados de Juan Carlos Mestre sí son importantes, porque "Mestre —dice— es un artista global. "Los grabados llevan consigo alusiones muy sutiles, de naturaleza muy original, con la voluntad de convertir la escritura en un hecho estético visual".
El poeta e ilustrador Juan Carlos Mestre, al que le une una profunda amistad con el poeta, precisa que su trabajo, "lejos de toda pretensión ilustrativa, se ha desenvuelto en el ámbito de los prestamos intuitivos, en las apariciones que van señalando la travesía hacia la claridad del enigma que es todo gran poema".
"Visiones que surgieron en el instante mismo de la lectura, signos, heridas, lluvias, que adquieren en su minoría de conocimiento la voluntad de habla de una voz sin boca…Los poemas de Gamoneda no representan para mí formas simbólicas del mundo, sino la realidad más apreciada del pensamiento poético", concluye.
Se puede leer, además, (haz click:) el artículo de Fulgencio Fernández en La Crónica (de León) sobre este nuevo libro, titulado ‘Gamoneda: Vuelve la voz’.El libro se presentará el próximo día 28 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid con los autores, y es un bello volumen que sale a la calle con un precio de 50 euros.

Olga Llamas y Antonio Gamoneda, ayer,
durante la inauguración de la exposición de la artista leonesa
en la galería Ármaga (C/Alfonso V, nº 6. León).
[La foto es cortesía de VICENTE GARCÍA]
(…)
Acepta tu extravío, entrégate a la luz:
la luz es el comienzo de la causa invisible.
A. GAMONEDA

Nos acaba de llegar esta preciosa edición
(la portada no cabe en el escáner)
de la mano de (haz click:) Editorial Casariego

Acabamos de enterarnos de que acaba de salir una preciosa edición del libro ‘Extravío en la luz’, con poemas de ANTONIO GAMONEDA, ilustraciones de JUAN CARLOS MESTRE y dos preámbulos de AMELIA GAMONEDA, en Ed. Casariego.
Se trata de una edición distinta de la carpeta (en la imagen) que se presentó en la Escuela de Arte de Mérida hace unos meses.
Próximamente daremos más detalles de esta nueva publicación.
De momento, se puede leer una reseña en el blog de Luis Artigue.
Recuperamos esta estupenda foto
(publicada por el grandísimo MAURICIO PEÑA en El Mundo)
de Antonio Gamoneda en el interior del café Houbi,
desde donde mira a través del cristal
a la calle Sierra Pambley de León.

CRÍTICA de ‘Paisajes de la memoria’
[partitura de Jesús Ángel Rodríguez Recio]
por MIGUEL ÁNGEL NEPOMUCENO para Diario de León
LA GUERRA LA PIERDEN LOS POETAS
Los poetas que inspiraron «Paisajes de la memoria»
asistieron a su estreno, a excepción de Julio Llamazares,
en un Auditorio que únicamente reunió
a dos centenares de espectadores

Recuperamos esta entrevista de ELENA PITA con el poeta,
publicada en el Magazine de EL MUNDO en julio de 2007
Pide a los educadores que devuelvan a los niños la poesía, la abstracción, la capacidad sensible. Aferrado al existencialismo agnóstico, contempla en la vejez cierta conformidad con la muerte.
La poesía es un hecho físico, un impulso mensurable como la intensidad de los ronquidos que esta tarde bajan por la escalera desde la alcoba de don Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931). Es hora de siesta, pero María Ángeles, su esposa, se empeña en despertarlo para que no pase una noche más en vela, y ya sube a avisarlo. Desciende pues el poeta su escalera de madera, mancornado de cintura por el golpe que un furgón le propinó hace ya tres años, que le combó el hueso sacro sin solución.
Y con esta torcedura y su despacio le acompaño a despejar la hora al café de costumbre, unos metros más allá de la casa con castaño, sobre el empedrado que circunda la catedral de León: dos solos seguidos, dos cigarrillos del cupo y una curiosidad que no logra contener las preguntas.
Él es sus poemas. «Necesariamente. Toda mi poesía tiene una apoyatura existencial que quizá yo desconozco en el momento en el que el poema arranca, pero a través del pensamiento poético, de su lógica, su sintaxis y su semántica no discursivas ni reflexivas, llegas al conocimiento».
Dijo, cuando le reconocieron con el Premio Reina Sofía, anterior al Cervantes (2006), que, bueno, que él se emocionaba «en contadas ocasiones»; y claro, esto sorprende viniendo de un poeta de tanta emoción, tanta hondura. Ahora dice que en realidad esto no es del todo verdad, que debió tal vez decir que «no soy hombre que se sorprenda demasiado de las cosas que ocurren, buenas o malas sean, pero reservo una capacidad de emoción casi enfermiza en lo que concierne a los seres esencialmente necesarios para mi vida, y en lo que atañe a lo social, también: cuando es grave. No soy frío ni insensible», concluye, cerrando sus ojos, entrando en sí (como él diría), a ciegas.
Don Antonio Gamoneda escribió en 1992 un libro que consideró su testamento poético, terminal, Libro del frío: «Ocurre con todos los libros a partir de cierta edad». Tenía apenas 61 años. «Ese libro estaba anunciado por el anterior, donde sus versos finales decían: ‘Siéntate ya a contemplar la muerte’. El Libro del frío es una contemplación de la perspectiva mortal poco consoladora, aunque la poesía, no siendo una salvación de rango existencial, se parece, lo parece».
Un libro marcado por su sentido de la ética y su visión del mundo. Y esto para el poeta no es sino «la disposición personal hacia la cercanía de la muerte; uno se siente avanzar físicamente hacia la muerte, y en mi caso esa disposición ha entrado en una mayor serenidad. Alguna vez he dicho que la aparición de mi nieta Cecilia me reconcilió con la vida, y eso no es exactamente verdad, pero sentirme vivir en esa criatura es un fenómeno que sólo se puede experimentar en la vejez y que trae consigo no una reconciliación ni pacificación del temor a la muerte, pero sí una cierta conformidad con el hecho mortal».
Pese a su percepción terminal, el poeta sobrevive largo al Libro del frío. Ha recibido los mayores honores literarios y así se ve hoy, él, «provinciano vocacional», adverso siempre a promociones, lisonjas, capillas, grupos, así se ve impedido de escritura debido al trajín que conlleva ser el Cervantes del año. Seis meses lleva aparcado su cuaderno, seis meses lo aparcará aún. Pero ¿cómo sería su escritura hoy, de poder serlo?, ¿qué le gustaría escribir si tuviera el tiempo? «Elena», me dice, «no lo sé», pesaroso, rezongante.
«En la poesía no se escribe con programa ni proyecto: de lo desconocido se llega al conocimiento. Desconfío mucho de los poetas que escriben con un tema, una deliberación previa y hasta una organización esquemática de la pieza. Y no es que yo esté afiliado al surrealismo, ni al automatismo puro, que no existe; pero sí sé que no soy consciente de lo que sé, hasta que no me lo dicen mis propias palabras. Además el poema va a tener varios sentidos, porque el entendimiento del lector no va a ser idéntico al de su creador».
Dice, eso sí, que ahora escribe con más demora; tal vez sea la vejez plácida, o tal vez le atosigue, cuando retome el cuaderno, la pulsión airada del artista próximo al fin. «Yo no tengo una visión de cómo va a ser mi próxima escritura, aunque es posible que sea más pacífica. Pero en la poesía rige también como fuente la contradicción, entonces, de vez en cuando, aparecerá también el poeta iracundo». Caminaba, largo y tendido, por la senda de la Candamia, hasta siete kilómetros hacía, coronando la meseta para volver siguiendo sus pasos y entrar en la plaza catedralicia de León repitiendo rítmicos en su cabeza los versos que apuntaba, porque «la rítmica andariega del paseo es excitante para el pensamiento poético». Lo aprendió de su idolatrado Claudio Rodríguez, maestro, tan «obediente a la andadura».
Pero pasó lo que ya contamos, una furgoneta le golpeó y quedó maltrecho, y cómo apuntará ahora su métrica: «La rítmica es una noción musical que nos proporcionan nuestros neurotransmisores. Dado que es un hecho intelectual, dado que es palabra pensada y que el ritmo donde verdaderamente está es en la cabeza, estoy creando la rítmica en la inmovilidad». Sobrevivió al Libro del frío e inició unas memorias infantiles, Un armario lleno de sombra (título provisional), que terminan con 14 años, porque entonces fue hombre por necesidad. Es entonces, en su recuerdo, cuando escribe a las manos de la madre, que volverán una y otra vez con su tacto a rozar siempre la poesía de Gamoneda. A las cinco del día, en el invierno/ mi madre iba hasta el borde de mi cama/ y me llamaba por mi nombre/ y acariciaba mi rostro hasta despertarme (versos de la obra Blues castellano).
¿Adónde iba el niño Antonio? «A encender la caldera del Banco Mercantil; luego venía la recadería y a continuación la segunda jornada, la de meritorio, que no se sabía cuándo terminaba (12, 14 horas): aprender a ser un plumífero aceptable para llegar a un mejor porvenir, que luego sería igualmente duro». Se inicia otra etapa: «Ya no es el libro de mi infancia, que lleva una carga muy dura pero que está fundamentalmente construido con los recuerdos heredados de mi madre, y con mi condición privilegiada, entre muchas comillas, en tanto espectador de la guerra y la posguerra.
León fue uno de los lugares donde la represión militar durante la Guerra Civil fue más dura y duradera. Yo vivía en el único barrio obrero, a medio camino entre las vías de tren, adonde llegaban los presos, y el entonces penal de San Marcos. Veía los presos, veía hombres muertos en las cunetas, escuchaba los gritos de las mujeres en la noche cuando iban a sacar a los hombres de casa… y esto fue mi información desde los 5 años. Es de otra especie la que comienza a los 14».
Está en las memorias y estuvo en su discurso al recibir el mayor galardón de las letras hispanoamericanas, que dedicó a la pobreza de Cervantes, y a ese lenguaje «poética y semánticamente subversivo» de los que, como él, vienen de la pobreza. «Es subversivo no porque contenga programas revolucionarios, sino porque la carga semántica de sus palabras difiere mucho de la que tienen las palabras del poder, cuyo lenguaje es otro». También rescata el poeta el sentido revolucionario de la vergüenza, según Marx.
«Creo que desgraciadamente sucede cada vez menos, la democracia, así llamada a la ligera, puede ser (mal) interpretada de acuerdo con las conveniencias del poder, así tenemos la autoproclamada democracia de Castro en Cuba o el talante de Berlusconi. Y la democracia así interpretada ha hecho desaparecer las ideologías, ha debilitado la capacidad pensante de los ciudadanos, su mentalidad crítica. Incluso en la filosofía se defiende el pensamiento único y débil. Todo esto hace que seamos inertes ante la realidad, y cuanto más jóvenes más: las ideologías han sido sustituidas por el consumismo».
–A usted, que tanto le ha dado la cultura de la pobreza, le pregunto: ¿qué le diría a quienes educan o educamos a los hijos en la abundancia material?, ¿qué haría falta para rescatarlos?
–Lo único que arreglaría esto sería una enorme catástrofe; es terrible, porque no se puede desear una catástrofe. Pero ya estamos viviendo otra, lenta, dulcificada, progresiva, que nos convertirá en seres intelectualmente domesticados.
De la cultura de la pobreza rescató Gamoneda un único libro, en el que su madre le enseñó a leer con 5 años, un libro escrito por su padre, un libro de poemas. Y es aquí cuando el poeta toma nota de lo que no ha contado aún en sus memorias, apenas unas líneas, porque, le pregunto, qué fue del resto de lecturas que habrían alimentado la escritura de su padre, muerto cuando él apenas tenía 1 año, mudada la familia desde Oviedo a la tierra seca de León a causa del asma de la madre, año 34.
Leyó el niño Antonio, y sin remedio entró en él el lenguaje como poesía, ya no pudo ser sino poeta, 5 añitos. «Fue una circunstancia afortunada, aprendí los signos, fonemas, palabras, sílabas; y cuando llegaba a la línea, resulta que ésta tenía una conducta rítmica y una significación que no era la de la conversación normal. Pero como los niños no se extrañan de nada, en mi vida entraron simultáneamente la escritura y la poesía. Y así, aunque no escribiese aún, tenía la convicción de que iba a ser poeta». Fue por necesidad y también por suerte. Su madre, asmática, débil, vivió con él hasta su muerte. Cosía la madre, en una cadena mecanizada, haciendo vainica y punto de incrustación, «pero no estaban los tiempos para vainicas». De modo que el hijo quiso convertirse en absoluto benefactor: «Asumir plenamente la supervivencia, liberar a mi madre de su fatiga». La suerte fue que el padre del escritor Luis Mateo Díez ocupara, laisser-faire/laisser-passer, un alto puesto en la Diputación Provincial: «Él se transparentaba como un liberal, y pedía que me dejaran en paz, porque yo funcionaba. Pero yo quería hacer una cultura progresista con el dinero de la dictadura.
Así que cuando él se marchó a Madrid para ser secretario general del Ayuntamiento, se me desposeyó de la condición de funcionario». Más tarde volvieron a llamarle al puesto (director de servicios culturales), y él pudo exigir que le doblaran el sueldo. Nunca ha vivido el poeta de la escritura, «hay gente que vive con menos aún, pero yo tengo una pensión de jubilado». Volviendo al libro del padre, a la música y el lenguaje: a la poesía que no cura pero alivia, le he preguntado a Gamoneda si sería importante regenerar nuestra educación, acercándonos como él lo hizo al hecho poético, al respeto por el concepto primitivo de lo sagrado, al silencio. «Sería decisivo para los niños. El pensamiento poético es música en su origen. Alejamos a los niños de la poesía y del concepto primitivo a cambio de una especialización en fórmulas productivas. Les alejamos de las formas de conocimiento que suponen sensibilidad y abstracción a cambio de pensamiento utilitario».
–«Íbamos de la noche a las tabernas/ amarillas a olvidar el silencio». Alguien capaz de componer una figura tan honda, ¿cómo soporta hoy el estrépito exterior?
–El silencio es quizá la mayor ausencia que tengo que soportar en mi vida.
MÚSICA Y POESÍA
JESÚS ÁNGEL RODRÍGUEZ RECIO:
“Los poemas sugieren la música”
Jesús Ángel Rodríguez Recio es el autor
de la partitura del recital ‘Paisajes de la memoria’
El compositor, pianista y musicólogo leonés
ha puesto música a poemas de siete autores leoneses
—Antonio Gamoneda, Antonio Colinas, Agustín Delgado,
Ángel Fierro, José Antonio Llamas, Julio Llamazares
y Juan Carlos Mestre—
El cuarteto Ensemble Legio estrenó ‘Paisajes de la memoria’
el jueves, 8 de enero, en el Auditorio ‘Ciudad de León’
~ ~ ~
Voz, clarinete, violoncello y piano son los instrumentos elegidos para interpretar los 21 poemas (tres de cada poeta), formando dúos, tríos, y cuartetos. También se utilizarán instrumentos de percusión no convencionales, como piedras, palos, latas o ciertos aperos de labranza que han sido cedidos por el vecino de Crémenes (León) Ángel Recio.
Ensemble Legio XXI está formado por Eva Juárez (soprano), Juan Pablo Anta (clarinete), Pelayo Tahoces (violonchelo) y Jesús Ángel Rodríguez Recio (piano y dirección).
PÁJARO DEL MUNDO
Como un suave relámpago
como sonreír entre la luz.
Cabeza de claro fuego,
oro vivo, pájaro del mundo,
tú te vas siempre. Dejas
dorado el aire, ríes,
huyes siempre veloz.Oh sed, secreto del hombre.
Mundo de secano. Centro.
Atados con amor a él
esperamos la muerte.
Pero la belleza azul
cruza lejos. Se va.
¡Cuánta sed, cuánta sed!Oh confusión de luz
y cabellos y risa:
queda. La vida es
dura y nuestra.
Tú, Belleza,
baja a mi rostro, pon
en mis labios tu cuerpo.ANTONIO GAMONEDA
![]()
(De ‘Sublevación inmóvil’. 1953-1959)

Sorel, autor prolífico y secretario general de la Asociación de Escritores de España, ha comentado hoy que el propio Gamoneda ya conoce el trabajo y está entusiasmado: “no sé si soy yo o me has inventado, pero en todo caso me has interpretado como yo no me interpreto”, le dijo Gamoneda al terminar de leer el texto.
“Pasarían muchos años antes de que lograra comprender las razones que obligaban a los trenes, determinados trenes, a detenerse en aquel lugar; interpretar las causas que los impedían alcanzar su término, la estación de León, situada a un centenar de metros de distancia. Eran trenes cargados de presos”. Así se inicia el primer capítulo del libro, titulado Trenes, en el que revela las dramáticas vivencias de un niño que residía junto a la estación y contemplaba la llegada de los detenidos que pasaban bajo el balcón de su casa hacia el campo de concentración de San Marcos.
Alternando sus escritos con conversaciones y poesías de Gamoneda, Sorel se adentra en el autor a través de diez epígrafes: Trenes, Madrugadas, Lecturas, Amores, Poesía, Nieves, Tristezas, Palabras, Pobreza y La Nada, última de las partes y “la más dolorosa porque nos acerca inexorablemente a la muerte”, ha dicho Sorel.
El libro le ha llevado un año de trabajo, con estancias en León, conversaciones en León y Madrid, “y hasta un viajecillo juntos en tren hasta Boñar, donde nos encontramos con Julio Llamazares, a quien también se cita en el texto”, ha añadido.
“He querido recoger lo que fue su ámbito vital, por eso he insistido en conocer León en la guerra y la posguerra. He consultado archivos de 1936 y hasta un libro de quien fue presidente de la Diputación y alcalde circunstancial de León al poco de estallar la lucha, unas memorias transcritas a mano que me dejó su nieta…”, continúa.
El autor ha investigado sobre los compañeros que colaboraron con Gamoneda en los años 50 en la resistencia antifranquista, que más le influyeron y que en su mayoría terminaron de forma dura; a uno de ellos le llama “el hombre de la nieve”, quien dio lugar a un “poema terrorífico”. Tambien he recogido datos de otro responsable del Partido Comunista en la Renfe de León, y del que conseguí en Madrid algunos más que Gamoneda desconocía, porque era una época de clandestinidad”, ha manifestado.
El recorrido por la obra y las circunstancias vitales del poeta, se enriquece también con la lectura de las memorias, aún inéditas, del propio Gamoneda: “Ha hecho lo que no hace ningún escritor y lo digo como homenaje, y fue dejarme las memorias que él tiene escritas y que se publicarán el año que viene, para que yo utilizara…y me han servicio mucho”, ha afirmado Sorel.
Para el autor, el poeta se halla en plenitud creativa, tras dos años de parón impuesto por las circunstancias del Premio Cervantes: “Ha vuelto a escribir y desde su viaje a Chiapas tiene numerosos poemas… sigue activo y sigue siendo un poeta extraordinario, con la poseía quizá más existencial y más reflejo de su concepto de la vida, y con un lenguaje propio y profundo”.
Recientemente, aconsejado por su propia hija, Gamoneda ha renunciado a un viaje de dos meses por diez países de América, donde se le iban a dar una serie de homenajes. “Y él lo ha hecho para seguir acabando su obra”, ha dicho Sorel.
“El poeta sigue siendo sencillo, humilde y amigo de la gente, tanto como hace muchos años. El Cervantes le ha llevado dos años de un lado para otro, pero otra vez esta recuperando el ritmo”, ha concluido.
haz un click en este enlace para leer:
ANTONIO GAMONEDA, EL ESCULTOR DE LAS PALABRAS
Un artículo de AMALIA IGLESIAS
para la revista LETRAS LIBRES
Atravesada diametralmente por una luz gélida, por una aguda conciencia de la fatalidad, la poesía de Gamoneda ha sido reconocida con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y con el Premio Cervantes 2006. Amalia Iglesias recorre la obra del gran poeta leonés y se detiene en un elemento central y definitorio: las manos.
El libro ‘La voz de Juan Gelman’ recoge la grabación y la transcripción de la lectura de sus poemas que hizo el poeta argentino en 2004 en la Residencia de Estudiantes, la casa que albergó a los poetas de la generación del 27 y donde Gelman gusta cobijarse en sus viajes a Madrid.
Durante la presentación, Antonio Gamoneda consideró que Gelman es un poeta "existencialmente heroico" y posee "una increíble capacidad de asumir el sufrimiento con una sonrisa muy humana".


La primera mañana pactada para esta entrevista fue luminosa y con pellizcos de frescura en el aire gordo de julio. No parecía día propicio para conversar con el autor de Libro del frío. Estábamos entonces en el corazón del verano, y a medida que la mañana atravesaba la ciudad la temperatura se haría más bravía y casi insoportable en la primera hora de la tarde incluso aquí, en León.
En la planta baja de la casa del poeta se mantiene flotando durante el día esa penumbra aceitunada que todo lo deja entrevisto, como si la vida se comportara allí con una cualidad permanente de difumino, un difumino que confronta el pasado con el presente, lo memorable y lo actual, batido todo por un humo mínimo pero que pone a raya cualquier diferencia entre lo invisible y lo visible. Igual que ocurre en la poesía del habitante, donde todo lo que pasó una vez sigue sucediendo entre tormentas interiores.
Desde el arranque de la escalera se suceden en batería cuadros en la pared (Barjola, Vargas, Guerrero, Agulló, Faik Husein, Tàpies, Arcadio Blasco, Chillida, Mestre, Mieres, Pedrero…) y piezas sueltas de cerámica. Luego vienen los libros, que subrayan el espacio donde el escritor suele trabajar, curiosamente un espacio abierto y entre dos sitios, un lugar casi de paso que no hace pensar en el esperado despacho del escritor arrellanado y lleno de estabilidad –“puedo escribir casi en cualquier sitio: en medio de un viaje, en los hoteles, en el tren, por ejemplo…, se me da bien esa especie de urgencia, de provisionalidad a la hora de escribir poesía…”.
De modo que la penumbra, el sopor y el silencio, sólo acuchillado de cuando en cuando por los obreros que en el exterior trabajan estrepitosamente, imponen ese día cierto carácter conventual al ambiente. Pero se nos comenta cómo desde hace algún tiempo hay más perturbación en la vida habitualmente morosa de esta casa. Los reclamos obligados tras los reconocimientos –el Premio Reina Sofía, el Premio Cervantes–, el trasiego casi encadenado de cámaras, flases, visitas, entrevistas… Antes de empezar esta inicial conversación, sostenida a lo largo de la mañana y buena parte de esa tarde de finales de julio, le preguntamos a él, que resistió en la ciudad y en la poesía como otro desaparecido tanto tiempo, si ahora le asusta tanta subordinación mediática, tanta “concentración de visibilidad”.
—No me he dicho a mí mismo nunca la palabra ‘asustado’, pero ahora que la decís vosotros, algo hay de ello. Eso sí: me he sentido muy cansado, muy fatigado, y con una seria esperanza de que, bueno, de que esto ha de ser transitorio y de que cuando termine voy a volver a esta casa y a los papeles, a seguir escribiendo como antes… hasta que vosotros mismos, mis amigos, me digáis que hay que parar…. Así que asustado del todo no, porque como no he acabado de aceptar nunca que todo esto me haya sucedido, me digo que no tengo más remedio que someterme a ello pero que me retiro en cuanto pueda… En fin, sí, tengo confianza en que la vida ha de volver a normalizarse para mí.
—Comencemos hablando de su infancia, esa época a la que usted se ha entregado con decisión introspectiva en Un armario lleno de sombra, título provisional de sus memorias. Usted aprende a leer –ya se ha contado muchas veces– en el único libro de poemas de su padre, de título casi premonitorio: Otra más alta vida. Qué curioso: parece que alude a eso que usted ha buscado luego: más justicia, más dignidad para las personas… otra más alta vida, sí.
—En todo caso, yo no he sido consciente de ello nunca. Como tampoco creo que haya resabios de otro tipo en mi escritura relacionados con ese libro de poemas de mi padre. Yo llegué a ese libro para aprender a leer. Era ya, quizá, el otoño de 1936. Las escuelas –la mía entre ellas– estaban casi todas cerradas. La depuración del magisterio, ¿comprendéis? El aprendizaje debió de ser duro, sobre todo para las personas a las que acosaba con mis preguntas. Para mi madre, principalmente, que era la que me había dado el único libro que había en casa. Pero la circunstancia se volvió en favor mío: el arduo conocimiento de los signos de la escritura se produjo al mismo tiempo que, incomprendida pero perturbadoramente sensible, se dio mi primera experiencia poética. He dicho incomprendida: sí, yo no me preguntaba ni preguntaba por las significaciones; había descubierto una causa musical en las palabras y esto proporcionaba un sentido a lo que no comprendía. Las cosas eran, más o menos, así. Creo que aquella reunión de circunstancias me marcó para los restos.
—¿Podemos pensar en cierta huella de esa escritura paterna en la suya o en alguna intervención posterior deliberada sobre esos textos, como ocurre ciertas veces en su escritura?
—No; el libro me descubrió la poesía, pero, salvo en intentos de escritura preadolescentes, que no conservo, no creo que haya un rebrote de ese libro de mi padre en mi escritura posterior. La verdad es que hay una enorme distancia en el orden del contexto, en el espacio que rodeaba la propia biografía y la poesía de mi padre. Es cierto que hay ciertas similitudes vitales entre ambos (mi padre conoció también la pobreza, la escasez) pero histórica y culturalmente hemos transitado por espacios muy distintos, lo que hace muy difícil una proximidad en la que pudiéramos llamar escritura consciente.
— Y después de ese libro, ¿qué otras lecturas de primera hora hubo?
—Recuerdo bien cuál fue el segundo libro que leí. Vino de la mano de mi primera maestra, digámoslo así, una vecina, doña Marina, que hacía de profesora particular mía. Era maestra jubilada, y me regaló las Rimas y Leyendas de Bécquer, publicadas en la colección “Ebro”, entonces tan popular. Yo creo que, al margen de que me impresionara o no esa lectura, me pasó algo parecido a lo que ocurrió con el libro de mi padre. Es decir, advertí el poder musical y el particular tono de aquella escritura, y, teniendo yo, como tenía, cuatro años más, advertía que el de Bécquer no era el lenguaje de las conversaciones, pero me desconcertaba mucho menos la, digamos, semántica, que, por otra parte –y esta es lógicamente una estimación del presente– no deja de ser bastante convencional. El que sí fue decisivo fue el tercer libro, del que también me acuerdo bien. Era la Segunda Antología Poética de Juan Ramón Jiménez, en la colección “Universal”. Hay una anécdota curiosa que puedo contar. Cuando fui a buscarlo a una primera librería, el dueño no me lo quiso vender. Me dijo, bien lo recuerdo, que no entendía qué hacía yo leyendo a un escritor de la anti-España como Juan Ramón. Y me quiso endosar otro, de preceptiva moral o algo así. Fui entonces a otra librería, la de “Pastrana”, regentada por un fraile exclaustrado y con otro ánimo bien distinto; aquel hombre no sólo me despachó el libro sin remilgos sino que me lo regaló después de hacerme leer un poema en voz alta. Fue el primer poema que me oí a mí mismo. Yo tenía entonces trece años.
—¿Y antes? Tuvo que haber lecturas espontáneas. Al fin y al cabo, usted es un autodidacta, un escritor formado a sí mismo y un lector curioso que buscaría por su cuenta lecturas o se las encontraría.
—Con independencia de los libros propios de las clases que recibía, tuve uno titulado Lecciones de cosas, mas alguna enciclopedia y –esta por vía de préstamo– la colección completa de los fascículos con las aventuras de Dick Turpin.
—Literatura didáctica y literatura de evasión… Una infancia lectora convencional, ¿no?
—No del todo. También recuerdo que entre aquella marabunta de gente más o menos desafecta que se refugiaba en casa de mi madrina como consecuencia de la guerra, alguien –una mujer, portera de una casa de vecinos de Madrid– traía consigo una de aquellas lecturas tremebundas que se titulaba Los mártires del adulterio, que yo me leí enterita a mis ocho años. Y luego había aquellas revistas y periódicos de la época, claro: “Flechas y Pelayos”, “Chicos” y, en otra clave, algunos números de “El frailazo”, una revista anticlerical que me proporcionó otro de los refugiados en nuestra casa, un hombre que había estado en un campo de concentración; yo leía aquello muy en secreto para que mi madre no se enterara. Este, con otras lecturas “menores” (Doc Savage, Bill Barnes, el Zorro, la Sombra…) es el relleno fundamental de mis lecturas de infancia junto a los tres libros de poesía que ya he citado.
—La infancia son también los amigos. Y hay uno especial, que aún vive y con el que sigue usted manteniendo una relación cercana, casi cotidiana… El otro día fue quien leyó unas palabras en la inauguración de la exposición Visión del frío que se le ha dedicado con motivo de la concesión del Premio Cervantes.
—Os referís a Pablo de la Varga, claro. Pablo tuvo desde muy pronto cierta ascendencia natural sobre mí, seguramente por llevarme un año y pico. Éramos muy amigos y juntos llevábamos a cabo pequeñas aventuras: apedreábamos ratas de agua en la llamada por nosotros “presa de la muerte”, jugábamos a los tejos en la Venta del Labrador, en las afueras de la ciudad, íbamos hasta Cantamilanos… Una vez encontramos un duro de plata y acabamos comprando fascículos de Búfalo Bill. Cosas así. Pero nada o casi nada de lecturas literarias compartidas.
—¿Cómo se acercaba a la vida cultural en aquellos años de infancia? Iría usted al cine, le interesarían actrices y actores de entonces…
—El cine siempre tiró de mí mucho. Pero sólo de una manera especial a partir de los años 50, cuando yo ya escribía. Es muy posible que no me haya interesado nunca demasiado el cine de carga intelectual sino el cine cuya potencia es sobre todo visual. Es decir, Kurosawa me interesa mucho más que otros directores que, digámoslo así, hacían o hacen películas “de tesis”.
—Pero esa forma de ver cine, lo mismo que ocurriría con la música, tiene más que ver con la edad adulta. Antes habría otra manera de ver películas, de escuchar discos o ir a actuaciones.
—En la infancia fui al cine, como cualquier niño, a entretenerme, a ver películas intrascendentes… Entonces yo estaba enamorado de Diana Durbin, una actriz muy popular. Luego llegué a tener por el cine una auténtica pasión pero, insisto, a partir del hecho visual. Es cuando entro en esa otra manera de ver el cine de la que antes hablábamos, en que las manifestaciones individuales para mí están en segundo plano respecto de la visión total de la película a la que miro, como si fuera un cuadro en movimiento. Por ejemplo, yo no puedo ver películas en la televisión, porque si me interesa una en concreto, advierto inmediatamente que el formato de la pantalla crea un desequilibrio compositivo, no se da realmente la visión cinematográfica.
Pero como la pregunta es más amplia tengo que decir que durante muchos años mantuve también una enorme pasión por la música; luego vino la sordera, y yo me fui apartando de ella porque dejó de tener para mí la riqueza que yo conocía.
—Sobre lo de hacer de negro en sus años jóvenes…
—Era un “negro” al revés. Yo escribía los poemas y repartía los cuartos que conseguíamos. Toda aquella escritura ha desaparecido, afortunadamente, y yo interrumpí el juego antes de los cuarenta. No volví a presentarme a un solo concurso. Tenía un amigo al que le encantaba ir a recoger los premios, los premios menores, se entiende. Aun ahora, a pesar de su párkinson, suele llamarme todos los días…. Era un hombre con habilidades; ha escrito más que yo; puede que alguna vez haya metido mano en lo que “escribíamos”; luego, yo conservaba la variante o no….
—Por otra parte, la vida ligada a las mujeres queridas…. la madre, la madrina, la esposa, las hijas…. ¿Hay un peso especial de esa fuerza en su vida?
—Seguro. Completamente seguro. Hasta el punto de que, por ejemplo, hay un momento de mi vida en que yo podía haber empezado a funcionar de otra manera. Bueno, hay dos momentos, pero para no complicar las cosas vamos a hablar de uno solo, y es cuando hace casi cuarenta años tiran de mí desde Madrid para dirigir la editorial Taurus. Tiraban de mí por una razón muy sencilla. Taurus había ido mal económicamente y se había quedado con la editorial el Banco Ibérico, que era de los Fierro, y un par de ellos me conocían y sabían dos cosas de mí: que tenía una experiencia de empleado de banca de bastantes años, veintitantos en aquel entonces, y que yo andaba metido en el mundo de la escritura. Y pensaron que yo podía ser una persona adecuada para reflotar la empresa. Me insistieron durante bastante tiempo. Al final dije que no… quizá no me atraía demasiado, pero podía haber dicho que sí, si no fuera porque yo tenía conciencia de que una especie de pequeño universo femenino me necesitaba. El “universo” empezaba con mi madre, y seguía con mi mujer y mis hijas. Así que, en efecto, he vivido una cierta situación de dependencia, no solamente sentimental, sino práctica, en relación con las mujeres. Tenéis que tener en cuenta que hace 30 ó 40 años las mujeres no tenían las posibilidades laborales de ahora, difícilmente podían ser autónomas…. El hombre cargaba con la noción de que ese mundo femenino dependía de él. Y en el terreno de la comunidad familiar y afectiva, yo era el único hombre en ese universo femenino.
—Y en la poesía ¿hay conciencia de esa misma presencia?
—Necesariamente también. Por el hecho de que mi poesía se corresponde o al menos intenta corresponderse con mi existencia, y mi existencia está sobrecargada de componente femenino. Entonces, en mi poesía, muy probablemente existe también ese peso femenino.
—Sorprende lo vivo que se mantiene todo en su memoria, una memoria despierta. Eso nos lleva a pensar en aquel verso de Arden las pérdidas: “claridad sin descanso”. También obliga a pensar en algo parecido a un estado de insomnio, en su presencia casi natural en la vida de Antonio Gamoneda, que le lleva a una suerte de “hipervigilancia” y que podría explicar zonas de su escritura. ¿Es así?
—Es así desde los treinta años de edad en adelante. Pero ya que hablamos de insomnio, voy a hablaros yo de algo que podría haber sido determinante en mi poesía. Tanto a un primo mío como a mí nos pasaba lo mismo: entrábamos de pronto en un estado intermedio entre el sueño y la vigilia durante el cual se producía la visión del entorno real –por ejemplo de la figura de mi madre– insoportablemente amplificado. La habitación en la que yo me hallaba, en aquella percepción delirante pero en mí real, era un espacio sin límites y muy luminoso. En mi sensibilidad aquello era cierto. Y, de pronto, en todas las ocasiones surgía algo de naturaleza amenazante que me acechaba de manera peligrosa. Eran fenómenos que duraban cierto tiempo, no eran fugaces; mi madre recordaría estos casos bastantes años después. Era ella la que se acercaba a tranquilizarme, a sosegarme, pero yo la veía gigantesca y dentro de esa luz temible. Quizá alguien recuerde una canción infantil que tenía como protagonista a una niña que se llamaba Catalina y a la que su padre castigaba. Recuerdo esa canción, porque yo la identificaba con mi visión sonambúlica. En la canción se hablaba de “una rueda de cuchillos y navajas”, y era esta rueda, a la vez visible e invisible, el núcleo amenazante de la inmensidad luminosa.
—Esa canción hace pensar en el martirio de Santa Catalina de Alejandría, a la que se representa en la iconografía cristiana siempre con la rueda con la que parece que fue descuartizada.
—Es muy probable que la canción de Catalina proceda del martirologio, sí.
—¿Y nunca ha sentido usted la necesidad de hacer entrar su, digamos, sonambulismo en su poesía, tan marcada biográficamente?
—Creo que, en ocasiones, el espacio que dentro del pensamiento poético se me representa tiene algo procedente de aquellas visiones.
—Eso parece: la luz, el territorio de lo blanco… lo lúcido como mera manifestación, que surge tantas veces en su escritura… Y, por volver a retomar una cuestión anterior, el insomnio, la conciencia hipertrofiada de quien no quiere dejar de vigilar aunque ello sea doloroso o perturbador…
—Yo tengo que considerar eso de otra manera. Ese fenómeno al que os referís, las especiales percepciones que se dan cuando no estás dormido ni despierto, suceden más o menos hacia las cinco de la mañana, una hora peligrosa. La interrupción del sueño a esa hora suele llevar a una contemplación de lo sucedido y a una imaginación de lo que puede suceder, todo ello bajo el serio dominio del miedo. Es el momento en que la persona se encuentra a la vez devastada y, como decís, hipertróficamente lúcida. Las representaciones existenciales que aparecen en esos momentos suelen ser muy penetrantes, muy fuertes.
—Es el horario biológico, que domina otro tipo de temporalidad…
—Sí, hay una transformación fuerte del curso de la normalidad, una transfiguración evidente en la relación entre el tiempo y el espacio. Ese cambio de orden podría ser incluso productivo, aunque no de manera inmediata, en la escritura. No es gratuito el que en las órdenes monásticas se practique esa manera estrepitosa de madrugar. Los santos padres correspondientes sabían con certeza que esas horas eran proclives a temores, pensamientos y percepciones muy especiales.
—Usted, que no se considera creyente, fue en alguna época a esos monasterios.
—Me gustaba ir a Osera, en Galicia, donde, por cierto, alguna vez coincidí con Graham Greene. Yo trataba entonces de acomodarme a esa otra manera de pasar cada día. Me recuerdo a mí mismo paseando por la noche, durante horas, por corredores y patios. Y, de pronto, a lo lejos oía cantar a los frailes. Tenía algo de irreal todo eso, sí, y afectaba a esa hipertrofia de la conciencia de la que hemos hablado antes: un estado especial vigilante, una peculiar sensibilidad.
—Hablemos ahora de otra realidad más cercana. En los años cincuenta, cuando usted ya ha publicado libros, suponemos que la atmósfera de la ciudad de León circula en sus poemas. ¿Cómo se respiraba el ambiente de la ciudad?
—El hecho sustancial es que durante la totalidad de los años cincuenta, más en concreto desde 1949, permanezco cargando con la pasión de la poesía, necesidad que nunca se apartó de mí, pero apenas escribo nada. Todo se correspondía con que yo estaba en cierto modo secuestrado por la clandestinidad. Éramos un grupo de amigos –Jorge Pedrero [el vigilante de la nieve, en la poesía de Antonio Gamoneda], Eloy Terrón, Cirilo Benítez, José Vega… – que no es que hiciéramos grandes cosas pero ciertamente estábamos bajo una presión muy fuerte que tenía su cuota de miedo y su cuota pragmática porque, por mínimas que fuesen las actividades, te la estabas jugando.
—¿Y cuáles eran esas actividades? Suponemos que movimientos propios de algún tipo de resistencia.
—No eran grandes cosas: practicar un cautelosísimo proselitismo, guardar en casa a algún camarada, repartir papeles, tener reuniones temerosas con media docena de obreros…, con esa particularidad de que eran años en los que una oposición activa, por mínima que fuera, era algo muy complicado de mantener. Para nosotros, que éramos un grupo que nació de la amistad y dio en grupúsculo político, fue además algo muy particular porque no nos ganábamos tampoco la confianza del Partido Comunista, por ejemplo, que nos veía con ojos desconfiados. Esta era una actitud frecuente con intelectuales, profesores, escritores, artistas…
—En Descripción de la mentira hay alusiones a las delaciones, a la traición… Todo esto ¿tiene alguna relación real con este grupo al que se está refiriendo?
—Aquellos eran tiempos en los cuales, incluso dentro del propio partido y en sus aledaños, no sabían unos de otros, no sabíamos unos de otros nada más que lo estrictamente necesario. Los nombres, a veces, no estaban claros; las relaciones, tampoco. La actividad de nuestro grupo era prácticamente la misma que pudiera tener una célula claramente definida dentro del aparato, pero con esa particularidad de la desconfianza hacia los intelectuales.
—Tuvo que ser duro llevar esa vida y, por otra parte, mantener la existencia convencional en casa de la madre. Siempre esa bisección merodeando en su vida. Como dice en ese poema: “Es horrible ser dos inútilmente”.
—Bueno, sí. Eso componía un estado de tensión notable. Yo estaba con mi madre y si tenía a algún chico en casa, tenía que disfrazar aquello de alguna manera ¿no?: “Pues este amigo viene a pasar una temporada aquí…”. Y, naturalmente, mi madre se extrañaba con frecuencia porque aquel amigo no salía de casa ni casi de la habitación.
—¿Y su madre no fue consciente nunca de la situación?
—No, nunca. Puede que alguna vez tuviera una sospecha imprecisa, pero no lo manifestó.
—¿Alguna vez llegó a visitarlo la policía, hubo algún registro…?
—A casa de mi madre no fueron nunca; a mí sí me llamaron un par de veces, pero salí “limpio” de la entrevista. No obstante, tuvimos un problema terrible. Mi primera depresión tuvo como origen ese problema. Yo tenía entonces 27 años. El dueño de la casa donde vivíamos tenía un hijo, el mayor, del que no puedo decir que fuese una buena persona. Sospechó algo. Le entró un gran empeño por que nos fuéramos de aquella casa, que en el año 1958 era baratísima. Me coaccionó para que nos marchásemos. Me insinuaba que él sabía más de lo que parecía y que podría ponerme en un aprieto.
—En aquellos años 50, ¿mantenía alguna relación con otros poetas, más allá de sus compañeros?
—No. En España quizás el primero al que conocí de edad aproximada a la mía debió de ser Claudio Rodríguez, ya cerca del año 80.
—Sin embargo, sí conoció a Blas de Otero….
—Sí. Le conocí cuando yo tenía 19 años y él tendría ya 35 ó 36…
—¿Y cómo puede conocer a Blas de Otero un chaval de 19 años que todavía no ha publicado nada? ¿Cómo surge ese encuentro?
—Muy sencillo. Blas de Otero y Agustín Ibarrola vinieron a León, con otro pintor, que no recuerdo cómo se llamaba. Querían buscar manera de pasar una temporada en León. Bueno, de hecho la pasaron. ¿Y quién había en León? Bueno, pues los de “Espadaña”. Pero, por lo que fuera, no se entendieron muy bien. En aquella época andábamos por allí, por la Biblioteca [de Azcárate], gente del grupo mas el pobre José Luis Leicea. Y, bueno, nos fascinó Blas de Otero. Por León estuvieron un mes o más. Y anduvimos por ahí con ellos.
—¿Y no continuó esa relación después? Blas de Otero ya debía de ser un poeta conocido…
—Era un poeta conocido, pero con un reconocimiento exterior a lo que hoy entendemos por un reconocimiento oficial… Era un poeta ligeramente maldito y, claro, muy esquinado, sobre todo con la gente que, por decirlo así, estaba a la contra. Después de aquel encuentro no hubo entre nosotros relación de continuidad. Bueno, con Ibarrola sí.
—¿Y con los escritores de Astorga? Gullón, los Panero…
—No… Con Panero realmente no hablé nunca… Yo sostengo en broma la teoría de que lo maté, por algo que ya he contado alguna vez. Lo cierto es que Leopoldo Panero falleció de un ataque fulminante momentos después de fallar un premio que gané yo mismo y en cuya comida Leopoldo bebió lo suyo y se excitó defendiendo mi poema. Mi poema que, deliberadamente, estaba hecho a imagen y semejanza de los suyos. Por eso digo que lo maté yo.
—Se está creando una especie de tópica sobre su poesía. Es un duelo que se repite. Siempre las mismas preguntas y siempre las mismas respuestas. Hay como un pacto tácito en la interlocución. Quizá haya otras cosas que le gustaría abordar y que no han surgido…
—No tengo conciencia de nada de eso. No tengo otras posibilidades de lectura de lo que yo hago que las que podáis tener vosotros.
—Ya, pero nos preguntamos, por ejemplo, si dedicar una vida a la escritura puede ser una forma de locura. En la medida en que trasciende el lenguaje convencional, ¿no habrá en el poeta un sesgo de locura, consecuencia de esa trasgresión? Y lo decimos en el sentido –Castilla del Pino lo apunta– de la locura como forma de existencia, de un proyecto de existencia que acaba siendo la razón de vivir, lo que da sentido a la vida.
—Lo que ocurre con el poeta es que se aparta de lo que pudiéramos llamar, incluso subrayándolo, el “pensamiento razonable”, es decir, el pensamiento discursivo, reflexivo, científico, informativo… Se aparta y viene a él ese otro pensamiento, cargado de sorpresas para él mismo; un pensamiento en cierto modo suscitado por el lenguaje. Yo creo que el impulso generativo es ése: no es el pensamiento el que genera lenguaje, sino que es más bien el lenguaje el que genera pensamiento. En todo caso, colocándome en una posición quizá más segura y prudente, vamos a quedar en que se trata de una generación recíproca. Bien entendido que el lenguaje que se genera de esa particular manera no tiene por qué ser un lenguaje convencionalmente “razonable”….
Estamos dando en hipótesis sobre cómo se forma el pensamiento poético, y ello está en relación con la pregunta vuestra sobre si escribir poesía podría ser una forma de locura. No. Me parece oportuno el razonamiento de Carlos Castilla, que yo digo que conviene precisar un poco más, y quizá de lo que se trata es de que en el poeta aparece un pensamiento que, como os decía antes, no obedece a la norma común del pensar. ¿Y por qué no obedece? Yo pienso que porque ese pensamiento es suscitado por un lenguaje con una carga semántica y con una entidad física –estoy hablando ya de su parte audible– que son imprevisibles y sin función en el lenguaje convencional “razonable”.
—¿Significa eso que el pensamiento poético aparece por casualidad, algo como meter en un cubilete palabras y que estas palabras suscitaran unas significaciones también inesperadas?
—Sí y no. Yo creo que la aparición del lenguaje se da en función de algo que ya hemos mencionado antes, de un pensamiento preexistente del que el poeta no es plenamente consciente. Nadie lo ha dicho mejor que Juan de Yepes: se trata de “un no saber sabiendo”. Por razones que necesitarían un análisis en cada ocasión —y no es el poeta el que tiene que hacerlo— se te imponen unas palabras, y esas palabras, a su vez, son las que crean pensamiento poético consciente. El “no saber sabiendo” a mí me parece que recorre ese camino.
—Apreciamos como constantes dos ejes antagónicos que parecen oponerse en su escritura. Por una parte, una gran fidelidad a la memoria; por otra, una gran capacidad de corrupción, de corromper lo que se da como consabido, como normativo. Curiosamente, en un aviso que usted hace en Esta luz se lee que un poema se puede volver a considerar, a tachar, a modificar… siempre que pueda volver a abrirse a una causa musical.
—Exacto. Porque en la experiencia nos damos cuenta de que el elemento desencadenante de ese pensamiento está siempre unido a la aparición de la palabra que lleva consigo una causa musical. Esto seguramente no es caprichoso. De alguna manera instintiva, el poeta está advirtiendo si se corresponde o no con lo que quiere decir, incluso no solamente con lo que quiere decir sino con lo que quiere llegar a convertir en pensamiento consciente, que no lo sabe pero lo huele, lo intuye. Y el mecanismo, al menos yo lo entiendo así, lleva siempre consigo un origen que de alguna manera comporta una causa, una razón desencadenante, llámese como se quiera, que es de naturaleza musical.
—Juan Ramón Jiménez decía que el poeta siempre tiene que tener instinto y vigilancia. Claro, el problema es saber cuándo hay que tener instinto y cuándo hay que tener vigilancia, y hasta dónde….
—Si me permitís, yo diría que existen poetas que ponen en marcha el instinto que lleva a no se sabe dónde, y poetas que ejercen su vigilancia en otro momento, como puede ser una ideación previa. A mí me parece que una de las tensiones más serias que lleva consigo el ejercicio de creación es que el instinto y la vigilancia se den simultáneamente. Creo que se tiene que estar en una situación de desconfianza respecto de uno mismo, una especie de autocensura instantánea con independencia de que pueda darse una revisión posterior.
—En su poesía podría detectarse una suerte de esteticismo trágico. En ella, incluso la palabra “belleza” –y usted la define como “un lugar donde no van a parar los cobardes”– es una palabra comprometida… Se tiene entonces, desde muy pronto, la sensación de que el valor del poema, aun participando de un realismo irrebatible, no está en qué se dice, sino en cómo se dice…
—En relación conmigo mismo, esto es totalmente cierto: sí, podría hablarse de un esteticismo trágico. Tal y como hemos hablado de mi vida, en cuanto a su implicación en la escritura supone el traslado a la función estética de un hecho existencial, pues, en fin, no ya mi vida, en sus momentos gratos o ingratos, sino la formación sucesiva, el crecimiento, la madurez de mi pensamiento, han estado connotados por la tragicidad histórica, familiar o personal. Esto no es demasiado original. Ahí tienes la Poética de Aristóteles, en la cual hay un momento que dice: “No hay que buscar en la tragedia otro placer que aquel que le es peculiar”. A mí lo que me interesa de lo que ahí dice Aristóteles es que la tragedia conlleva un placer. Y ese placer es el resultado de una conversión a la estética.
—¿Hay razones para defender algún tipo de poesía en España alejada de la poesía más convencional?
—Hay razones para pensar que en España potencialmente se da una poesía cuya importancia quizá ha sido socavada, sobre todo en los jóvenes, por estos movimientos que hacen fortuna por razones de facilidad. Ahora bien, en todas las edades de poetas que podamos recorrer en este momento en España –desde los poetas de más de 80 años a los que tienen poco más de 20–, yo creo que hay algunos que no han caído nunca en ese bache, en ese realismo fácil, demasiado fácil: Manuel Álvarez Ortega, Luis Feria, Carlos Edmundo de Ory –estoy mirando hacia la gente mayor–… y esto se multiplicaría en número según voy descendiendo en edad. Y parece advertirse en la gente, incluso en la gente muy joven, un aburrimiento en relación con la poesía más o menos figurativa y realista que se ha dado por buena y que no tiene nada que ver con el lenguaje no razonable –descartemos la manoseada palabra “irracional”, por favor– que decíamos antes, y que parece que entendemos que es la poesía, o al menos yo lo entiendo así. Pero hay nombres, sí; haberlos, haylos…
—Parece ser que El cuerpo de los símbolos, sus escritos sobre asuntos poéticos, va a volver a editarse con nuevas incorporaciones.
—El cuerpo de los símbolos, en estos momentos, puede que haya duplicado sus páginas, pero con un perfecto desorden y sin un plan premeditado todavía. Aparecerán algunos capítulos monográficos de poetas como Cernuda, Claudio Rodríguez, pero no muchos. De alguna manera va a estar más centrado en el curso generativo de ese lenguaje no razonable de que antes hablábamos, y simultáneamente se tratará sobre si ese lenguaje no razonable es, también, un arte de la memoria. No creo que vaya a desdecir lo que anteriormente he dicho en El cuerpo de los símbolos, y sin embargo, si hace falta, me desdeciré.
—Es evidente que hay unas señas de identidad comunes con los artistas con los que ha colaborado con cierta habitualidad, y cuyas obras se pudieron ver en la reciente exposición Visión del frío. Como si en algún momento hubiera tenido un mayor y mejor trato con artistas –artistas plásticos, concretamente– que con poetas…. ¿Por qué?
—A mí me parece, aunque no lo digo con mucha seguridad, que en mi escritura hay una cierta abundancia de imaginario con carga visual. Bueno, eso no tiene por qué ser casualidad, dado precisamente que en los quince años en que apenas escribí, mi relación más seria era con pintores. De alguna manera no premeditada, quizá llegamos a unas conclusiones bastante concisas pero que en algo llevaban consigo un fuerte pacto de semejanza, en la medida en que existe un comportamiento de idéntica naturaleza en la manifestación visual, pictórica, y en la manifestación literaria o poética. Durante esos quince años en que yo no escribía, me cargué de sentido y ajusté mi sensibilidad a la relación existente entre lo poético y lo visual, y eso estimuló mi necesidad de ver el pensamiento, para decirlo de una vez.
Pero querría poner un ejemplo de esto: el lenguaje “razonable” y convencional respecto de los objetos de uso tiene un tipo de relación que es diferencial y, sin embargo, y al mismo tiempo es indicador de la naturaleza del lenguaje poético, que sería un lenguaje escultórico, mejor escultórico que pictórico. ¿Por qué? Por la corporeidad, por la “phisis”, por la condición física de la palabra, que aunque también se da en la pintura, está menos clara porque en la pintura aparecen muchos datos que pertenecen al trompe l’oeil, mientras que la escultura es un objeto en el cual las partes, su ocupación del espacio, su configuración, tienen materialmente un ritmo. Y ahí ya estamos emparentando con el carácter, con el origen musical de la palabra poética. La palabra poética es a la escultura como la palabra convencional y “razonable” es al objeto de uso.
—Es que, además, en su escritura poética está muy presente lo corporal; es una escritura llena de sustancias… (El libro de los venenos…) ¿Hay mucha curiosidad suya por los límites de las sensaciones —sobre todo en sus acercamientos al mundo de la química como componente orgánico…— o es simplemente una cuestión tangencial? El hecho de que crea en la química como principio hace aparecer en su poesía el materialismo.
—Creo que no. Pienso que lo que sí se ha dado, y es un hecho real y continuado a lo largo de toda mi vida desde niño, desde muy niño, es la relación diaria con las pastillas. Incluso se convierte en algo que también entra en la vida con un valor aproximado al que pueda tener la comida, el descanso o el placer amoroso. Pero no es que yo tenga una curiosidad personal, real, en mi vida, por experimentar sensaciones en sus límites. Si eso hubiera sido así, yo hubiera entrado más allá, en la droga. Sin embargo, no ha sido así nunca. Pero la cultura de las pastillas está en mi vida. Y, bueno, eso se interioriza y se vuelve hacia causas histórico-literarias; es decir, en mi caso, entra en la ciencia médica arcaica, en la que nombrar una sustancia ya no es una denotación científica, porque se trata de sustancias que ya pertenecen al terreno de la extrañeza. Y cuando digo extrañeza digo que pertenecen a ese lenguaje no razonable del que hablábamos antes. Entonces, la lectura de la ciencia médica arcaica, para mí, está poéticamente vinculada a algo que, sí, pertenece realmente a mi vida, a la pequeña cultura de la pastilla, de las pastillas diarias….
—Pero sí hay una innegable pasión química por los mecanismos orgánicos que se desencadenan en…
—Pero creo que eso pertenece a mi materialismo visionario. Es decir, a la incógnita de la química puesta en relación con la naturaleza, sí, que no llega a ser un hecho practicable.
—Volviendo a las afinidades entre la poesía y la escultura, quizás ello explique esa vocación suya por excavar dentro del poema, como si éste tuviera volumen, para “encontrar otro poema”, como usted ha dicho a veces. Nada mejor para comprender el texto poético como un espacio físico, como una pieza escultórica. A lo mejor lo había pensado así alguna vez…
—Pues no lo había pensado nunca, pero me parece una observación razonable. Yo tengo una seria convicción de la naturaleza física del poema; y esto tiene que ver cn la oralidad. En relación con la audición, la oralidad me parece que tiene una especie de comportamiento volumétrico. ¿Por qué? Porque a la poesía la hemos hecho silenciosa pero nos la tenemos que decir, aquí dentro, en la cabecita. En la pintura, sin embargo, hay una condición, y es que efectivamente la pintura es maravillosamente tramposa, ¿no? Es decir, proporciona al ojo profundidades que no existen, carnalidades que no están… Por ahí andan las cosas. En la oralidad es más perceptible la condición física del poema.
—Eso nos llama la atención, porque hubiéramos apostado a que sería lo contrario, a que sería en todo caso el poema escrito, como una materia visual, lo que pudiera tener una condición física. Pensando en Mallarmé, por ejemplo.
—Esos son los poetas que tienen una concepción visual del poema. Le coup de dés es un poema por el que no he entrado nunca del todo y, sin embargo, el resto de Mallarmé me fascina. ¿Qué ocurre? Sí es cierto que yo trato en la escritura de sugerir silencios, de sugerir interrupciones, de hacer esos escalones… pero es que lo necesito dentro de la compostura rítmica: entre la línea de arriba y la de abajo quiero que exista una ruptura, y que esté separado y junto. O sea, que en todo caso el poema se ha hecho silencioso pero tiene que “sonar” en la cabeza. Y, para mí, el poema como hecho visual, simplemente es una forma de fijación en la cual, si hay algún vaciamiento o alguna compactación que altera la normalidad gráfica, es porque quiero que sea un indicador de que eso existe en su condición oral, aunque, en la práctica, esta sea una oralidad puramente mental.
—¿Quiere decir que es como si existieran dos dimensiones del poema, una oral aunque silenciosa, que es movimiento porque tiene que haber algún tipo de flujos… y frente a ella otra poesía escrita que responde a unos límites condicionantes en cuanto hay que “encajar” el poema en una hoja? A lo mejor, como no queda más remedio que someterse a esos límites, lo que alguien como usted llega a necesitar hacer es mover por dentro al poema, y no solo después de la presunta versión decidida, sino incluso después, una y otra vez en el tiempo, como estar mutando de continuo al poema…
—Es que todas, absolutamente todas las posibilidades de creación estética tienen dimensiones físicas, tienen realidad física. Bien. Esa realidad física yo la advierto con especial claridad en la escultura y en la poesía. Claro, si lo pienso bien, la misma claridad encuentro en la danza, en la música… y en la pintura, donde también se da de una manera plena. Pero, en cierto modo, lo que es valorable físicamente lleva, como os digo, unas añadiduras imaginarias… Habría que establecer un pacto con la pintura. Es posible que haya culturas en las cuales no puedan percibir las sugerencias tridimensionales, o que haya niños que no las pueden ver. Pero, vamos, en el orden de la analogía presencial, la oralidad del poema y la escultura son dos formas muy claras de esa semejanza física.
—Es curioso que, en esa afinidad que excita relaciones físicas entre el poema y la escultura, la oralidad sea precisamente lo invisible…
—… pero es audible…
—Ya, ya, físicamente audible. El ojo trabaja en la pieza escultórica y el oído en la pieza poética.
—Eso es.
—Al hilo de todo esto hay todavía más. En su escritura poética se detecta que operaciones estrictamente mentales –como ‘pensar’ o ‘comprender’– se llevan asimismo a un terreno de relación física: “Yo comprendía / todas las cosas como se comprende / un fruto con la boca, una luz con los ojos”, “entiendo, sin pensar, muchas cosas”. Son versos suyos. Hay, parece ser, una soberanía de lo físico que se lleva a todos los terrenos, incluso al mental o espiritual. Un compromiso material con todo.
—Es que, si no, no adquiere realidad estética, en este caso poética. Yo pienso que soy, mejor o peor, un poeta realista. Pero lo soy, creo, por varias razones. Una, porque construyo una realidad hasta entonces inexistente, que es el poema. Esa es una realidad lingüística y también una realidad intelectual. Bien. En ese sentido, lo que puede ocurrir es que, en cierto modo, mi materialismo sea un materialismo visionario, es decir, están presentes las sustancias, los cuerpos, los sonidos… pero no cumplen las funciones que cumplen fuera de la poesía. En este último caso sí sería un realista del “realismo”. Pero yo creo que más bien soy un realista de la realidad que es el poema en sí mismo. Ciertamente, sé que detrás de cada una de esas palabras hay un recuerdo, un referente que reaparece irreconocible, en ocasiones algo que fue real. Aquí estamos más cerca del realismo que de la realidad. Creo también que hay que distinguir entre materialismo y realismo, no solamente están las desapariciones… Pero sí, hay un realismo que es predominantemente materialista. Hablar de esto se hace complicado para mí. Digamos que por un lado hay una realidad original en el pensamiento poético. Por otro, hay una irrealidad transitoria que es el propio pensamiento poético, el propio acto generativo del poema. Y esa irrealidad transitoria es causa de una nueva realidad. ¿Cual es esa nueva realidad? El poema.
(Y Antonio Gamoneda, en ese momento, coge resueltamente un folio del montón de papeles que se apilan ordenadamente sobre su mesa de trabajo y lee:)
“¿Por qué no? ¿Por qué no ha de llover en las arterias y en el pensamiento, en la penumbra intestinal y en las espinas blancas?”
También está ahí el pensamiento. Y llueve sobre él. No hay por qué hacer de él un mecanismo puramente espiritual. En el pensamiento hay actividad de neurotransmisores, hay funciones que hasta se pueden medir con aparatos… Yo tengo un relativo conocimiento de estos datos físicos, orgánicos, pero luego todo entra en el proceso de la escritura poética, en un campo de irrealidad. Pero si llueve dentro del poema, aunque ahí afuera no llueva, ¿por qué no ha de llover sobre el pensamiento?
—Tocando ahora de nuevo aspectos de sus memorias, Un armario lleno de sombra, esa obra que sacará a la luz en unos meses y que podría ser un libro bastante incómodo, usted ha dicho que hay cosas muy duras y fuertes que se cuentan ahí con nombres y apellidos, relacionables, por ejemplo, con la represión en León, en la época en que Antonio Gamoneda era un niño. ¿No tiene miedo? Porque hay escritores que han pospuesto la publicación de sus libros de memorias o diarios para después de muertos, o dan un plazo largo…
—Las memorias han tenido varias reescrituras. En principio eran una acumulación denotativa de hechos. Ahora he dado en pensar que el pensamiento poético es también una realidad, y entonces, si son memorias, la ausencia del pensamiento poético es lo que puede falsificar las memorias. No puedo ponerme lisamente informativo como yo pensaba en un principio. Ahora creo que están escritas más cerca de cómo puede ser mi escritura normal, que es la única que sé hacer. Preguntáis por el miedo, por el respeto… Bueno, pues mirad: si yo he decidido quitarme los calzoncillos, me los quito a mí y se los quito a los demás también. Es posible que se lo dé leer a algún amigo que pueda decirme si cabe que existan problemas, desde el punto de vista jurídico… y sin embargo…
—Se refiere quizá a aspectos que le puedan causar algún problema legal.
—Sí, pero con problema legal y todo hay cosas que no estoy dispuesto a que desaparezcan de estas memorias. De momento no me lo planteo. Claro que voy a consultar, pero nada más.
—¿Qué tipo de cosas duras o fuertes se cuentan ahí para que puedan herir susceptibilidades?
—Por poner dos ejemplos, la personalización de actos represivos y el estilo pedagógico de las órdenes religiosas, en concreto de los agustinos.
—¡Con la iglesia hemos topado!
—Bueno, mi experiencia está ceñida únicamente a los agustinos, y en concreto al Padre fulano y al Padre mengano.
—Que ni existirán ya…
—Existe la Orden. Yo no he prejuzgado si eso tiene o no problema, y ya digo, con problema y todo, no sé…, muy mal me lo tenían que poner para que renunciase a contar algunas cosas…
—Otra cosa: al hilo de la cita de Marx que encabeza el poema ‘Malos recuerdos’: “La vergüenza es un sentimiento revolucionario”… Usted ha explorado este sentimiento de vergüenza en sus poemas. ¿También lo explora aquí, en sus memorias?
—Por descontado. Lo que ocurre es que doy cuenta de mi propia conducta vergonzosa, pero la reprobación de esa conducta, tanto en mí como en los demás, no está explicitada. Está la conducta y ya es bastante.
—En el poema titulado ‘Malos recuerdos’ cuenta la terrible y cruel actitud de un niño con su perro, el robo de la carta del soldado… Como si esa forma de actuar fuera un hecho más o menos natural en un niño de esa edad…
—Los niños de doce o trece años normalmente son auténticos salvajes. No es el único dato que aparecerá, relativo a la indiferencia ante el acontecimiento lamentable o ante el hecho de que el propio autor es capaz de crear sufrimiento… Es una edad muy jodida. Los chiquillos superan la tutela quizá con trampa, y la superan con malignidad.
—Vamos terminando. Y cambiamos radicalmente de terreno. Querríamos preguntarle por la crítica literaria que se hace en España
—Pienso que hay dos situaciones de la crítica que a su vez son dos categorías y hasta dos modalidades. Hay una crítica oficializada, que en el mejor de los casos es primariamente informativa. Y hay otra que pudiéramos llamar sumergida. Esta suele ser la válida, la que interesa, la que realmente trata de poner en claro y de valorar un segundo grado –digámoslo así– de la realidad poética. Ya decíamos hace un momento que, en mi caso, yo parto, con frecuencia inconscientemente, de una realidad –normalmente un recuerdo del que puedo no ser consciente– y a partir de ese referente, y a través de una irrealidad transitoria, se ocasiona una nueva realidad: el poema. Pues esa crítica que yo llamo “sumergida”, simplemente porque es más inteligente que la crítica oficializada, es la que trata de llegar a la interpretación y la valoración de esa realidad de segundo grado, que normalmente la crítica oficializada desprecia o ignora.
—Usted, en ese sentido, ha tenido suerte con los críticos…
—Mucha, muchísima, muchísima… El telar lo empezó Miguel Casado, y a partir de ahí habéis ido sumándoos… Y hay otros críticos que, sin que existieran razones de amistad, también se han acercado de una manera aceptable. Pero también he tenido que cargar con la crítica que producen los “oficializados”.
—Y esa crítica “sumergida”, sobre todo el caso concreto de Miguel Casado, ¿le ha alumbrado, le ha ofuscado, le ha aturdido…?¿Ha sacado conclusiones, ha podido influir en su poesía posterior? ¿O no es consciente de ello? En el prólogo de Sílabas negras, por ejemplo, Fernando R. de la Flor apunta que, a partir de cierto momento, lo que pueda ser su obra ya resulta inseparable del corpus crítico que se ha ido generando en paralelo a ella.
—Estoy seguro de que ha influido pero no sé cómo. Yo he pasado a interiorizar una observación de este o del otro, y eso ha entrado a formar parte del totum revolutum que tengo por ahí adentro y que sale no sé cómo. Yo no hago una anotación sistemática y programática de vuestras observaciones pero sé que entran en mí y que funcionan. Hubo circunstancias que se convirtieron en amistad muy pronto… Pero bueno, dejando la amistad a un lado, aunque en el funcionamiento profundo también esté presente, creo que sí, que he tenido mucha suerte.
—En su caso, además, su escritura ha tenido fuera de España una recepción crítica inusitada, muy distinta a la de otros poetas; y mucho más atenta. Hay una atención especial hacia usted cuando va a leer fuera, su obra ha sido abundantemente traducida y estudiada fuera de España. A lo mejor es porque su escritura no pertenece por derecho, ni de manera estrecha, a lo que podemos llamar la tradición canónica del castellano, y así se entiende mejor fuera porque está más cerca de otras escrituras que no son autóctonas. Por otra parte, es evidente que el castellano de su escritura no es castizo. Por poner un ejemplo, Conjuros, de Claudio Rodríguez, tiene que ser muy difícil de traducir, porque ahí aparecen vocablos de proyección ancestral… (¿cómo traducir al alemán lo que son las Águedas?) Su caso, el de la recepción interesada de la escritura de Antonio Gamoneda, es otro. ¿Por qué puede ser? ¿Lo ha pensado alguna vez?
—Es muy posible que todo sea como decís y por eso que decís. Normalmente, en otros países, en los que comparten nuestro idioma y también en otros, sí, cae bien la audición de mis poemas. Y, relativamente, los libros –no hace tanto tiempo que empezó a haber libros míos fuera de España– pues también caen bien. Creo que efectivamente la cosa tiene que ver con que yo funciono con muy pocas palabras, aunque estas palabras puedan llevar consigo significaciones a veces contrarias. Pero eso ya pertenece al azar, al “seguro azar” del poema, a las “diabluras” semánticas de la escritura. Pero, sí, he sido recibido bastante bien por ahí, sí… Yo he tenido la sensación siguiente: en España, tanto leyendo una cosa impresa como en la audición –y en la audición menos, porque funciona mejor…–, hay quizá una reacción de extrañeza ante lo que yo pongo en marcha, ante lo que yo digo, una reacción que no es siempre positiva. Puede llevar a una valoración negativa, que incluso ha resultado predominante. ¿Por qué? Porque estamos dentro del idioma, dentro de unos sistemas informativos, mediáticos, muy poderosos. Y porque mi poesía tiene la “virtud” contraria a la de aquella poesía que es predominantemente informativa o “minirrealista”, como digo yo con mala leche. ¿No ocurrirá en el extranjero que precisamente el margen de incomprensión es al mismo tiempo un margen de confianza?, es decir, ¿no será porque no se ponen a buscar inconvenientes en la receptividad sino que oyen la poesía como la pueden oír los niños? Porque es que… a los niños les lees poesía y se emocionan seriamente. Su grado de comprensión, ¡el mejor!. Ellos aceptan lo extraño y hasta lo incomprensible como algo real y habitual; no tienen consigo prejuicios sobre la verosimilitud, por ejemplo. Una virtud análoga a esa virtud infantil puede darse en la receptividad ligada a otras lenguas. He visto cómo la gente, que comprendía poco o nada de mis palabras, se embarcaba en la rítmica, en la audición pura, y eso les bastaba. Estoy seguro de que la comprensión léxica de las personas que habría en la sala estaría en el 25 por ciento en la mayoría de los casos, en el cero por ciento en otros muchos, y en el 95 por ciento en unos pocos. Y el que suceda eso, esa receptividad desprejuiciada, porque no tienes sabidurías académicas, ni mediáticas, ni has cristalizado una palabra en una significación convenida… eso es lo que les ocurre a los niños; para ellos todo es descubrimiento, descubrimiento incompleto, incomprendido, pero descubrimiento. El poema es antes sensible que inteligible. Puede que sea la menor capacidad de comprensión convencional la que favorece la comprensión no convencional.
—Incluso el no conocimiento de las circunstancias del poema, históricas o sociales, puede dar lugar a que se valore lo que se tiene que valorar, el lenguaje desde la extrañeza, sin más. Aparecerá así algo como una “pureza”, dicha esta palabra con reparos, precisamente porque no hay un halo de circunstancias conocidas que lo contextualicen.
—No se produce la exigencia de una comunicación convencional y precisa. Es eso. Insisto en que esto mismo es lo que ocurre con los niños.
—Suele dejar sus libros, antes de publicarlos, a leer a algunos amigos. ¿Lo ha hecho siempre?
—A Miguel [Casado], a Ildefonso [Rodríguez], a algún otro… Mi hija Amelia también suele echar un vistazo.
—¿Qué le aportan sus lecturas?
—A veces me aportan problemas… de los cuales yo tomo nota, y de los cuales yo no deduzco con claridad una conducta correctora, pero entran “pa allá” —(dice esto Gamoneda señalando con los dedos los adentros de su cabeza)—. Y cuando trabajo, como os decía antes hablando de la crítica, está eso ahí en una confusión profunda…
(Pausa)
…A la palabra confusión yo le doy un valor muy positivo. Con-fusión. Por ejemplo, en relación con el libro Arden las pérdidas. Miguel Casado lo conoció en una primera versión y yo no advertí más que una cosa: que Miguel Casado se callaba. Por otra parte, yo seguía convencido de que allí había un libro, pero contaba también con ese tópico mío de los poemas que están dentro de los poemas. Lo trabajé seis meses más; buscaba el libro que habría de estar dentro. Cuando Miguel vio la nueva versión me dijo que creía que ese era el libro; y, añadió, “un libro importante”. Eso ocurre, desde hace no mucho, desde que inicié el contacto con todos vosotros… El adelantado fue Miguel Casado, que se presentó un día en mi oficina tratándome de usted. Pero yo antes no tenía a quien enseñar nada… ¡He tenido mucha suerte!
—Hay que verlo también desde el convencimiento de que la poesía no es sólo un hecho personal y privado, sino que mantiene una interlocución indiscriminada…
—De la misma manera que digo que es un hecho radicalmente subjetivo, digo también que la intersubjetividad a mí me parece que es una manera legítima de funcionar. No sólo legítima, sino productiva.
—Y tiene que ver con compartir ¿no? Esa “profunda compañía” de la que habla en algún poema la está aplicando a una manera de entender la poesía como un hecho social, en el sentido de que es “de todos”, abierta…
—No perjudica a la condición seriamente productiva de la escritura y del pensamiento poético. Cuando se ha producido, y te has apropiado de algo, o te hacen una reflexión, o percibes un silencio, como yo… todo eso te pone a funcionar de otra manera. Hay que distinguirla, claro está, de lo que es plagio deliberado.
Como si hubiéramos permanecido todo el tiempo ahí, en esa casa desentendida del mundo, ahora salimos por fin del todo. Han pasado meses. La estación es la contraria. La luz y las ropas son otras. Y una vaga sensación de que no hemos culminado necesariamente nada nos acompaña camino del primer bar. Hablar con un poeta de sí mismo, de lo suyo, tiene algo de irresoluble: como preguntarle al monstruo por el laberinto que lo contiene. En el fondo, lo que volvemos a sacar en claro es que la poesía encierra en sí misma la explicación que acabamos buscando lejos de ella. Fuera de eso –por ejemplo en una batería de preguntas como éstas, que fueron saliendo en la casa de Antonio Gamoneda– lo único que se detecta es espesura a pesar de la sinceridad; opacidad a pesar de las grietas y fisuras abiertas por las respuestas para respirar.
Y algo más para quien haya llegado hasta aquí: las respuestas del poeta estuvieron siempre empañadas de un coro importante de gestos, silencios, párpados caídos, dubitaciones y esfuerzos por poner las palabras justas. Todo ello añadió otro tenor imposible de reproducir en la conversación pero necesario de avisar. Fueron como las cáscaras –sustantivas y luminosas– de un curso oral en el que fluidez y atascamiento a menudo se constituyeron en el juego de pesas que acababan por dar un último sentido –de rotundidad o de perplejidad– a cuanto fue alimentando estas sesiones, en las que dominó sobre todo lo demás una transfusión indiscriminada de poesía, amistad y vida. Siempre ha sido así con Antonio Gamoneda.


Antonio Gamoneda, hace unos días en el patio de su casa de León, junto a la cabeza de bronce que realizó el escultor Jesús Martínez Labrador (al pie del lauro, entre la yedra). La foto es de RGM.
LITERATURA / VIII Congreso de escritores de España

Andrés Sorel, coordinador del VIII Congreso de Escritores de España, lo dejó claro en sus breves y muy sinceras palabras de presentación: “Esto no es el Hay Festival, ni una pasarela de moda, ni una mirada sobre los libros más vendidos, ni las voces que cada día aparecen en los medios de comunicación… Nos reunimos aquí en hermosas compañías pero no va a ser una fiesta, va a ser una reflexión muy profunda sobre un tipo deliteratura que agoniza indefectiblemente pese al esfuerzo de muchos escritores que apuestan por una palabra que trae detras de sí el pensamiento, la sinceridad”.
Y la conferencia de Antonio Gamoneda se convirtió en el mejor ejemplo de reflexión, de sinceridad, de verdad sobre su mundo, sobre su poesía. Un discurso brillante y una carga de profundidad.
También Andrés Sorel fue meridianamente claro en supresentación. Sabiendo que detrás de él iba a hablar Gamoneda reflexionó sobre la cultura de la pobreza en un lugar, el Hostal de San Marcos, donde fue capaz de “concebir palabras bellas Francisco de Quevedo pese a ser entonces una fría cárcel o donde los enemigos de las palabras asesinaron los sueños de leoneses y asturianos que estuvieron en este lugar que entonces era un campo de concentración”.
Fue contundente en su condena de la “corrupción de la literatura, de la que también son culpables los mercaderes, que cada día nos tienen más inmersos en sus aguas fecales”. De ahí su defensa de ‘la palabra’: “Necesitamos palabras porque somos gentes de dudas. Palabras de vida, no de muerte, frente a este mundo recorrido por la destrucción del pensamiento. Y si no hay pensamiento, si no hay palabra, no hay diferencia y si no hay diferencia no hay libertad y si no hay libertad… no hay nada”.
Andrés Sorel cedió la palabra al alcalde de la ciudad, Francisco Fernández, y al director general del Libro, Rogelio Blanco, al que definió como poeta, ensayista y zamabranista. Añadiendo el aludido: “Y leonés”.
Fernández quiso recibir a los escritores con una cita de Saramago, quien decía: “No me perocupa tanto el yo como el otro”. Y, añadió, “los políticos debíamos pensar en hacer realidad esta cita y los escritores ya lo habéis hecho pues escribís fundamentalmente para el placer del otro, del lector”.

“Esta conferencia que voy a leer resultó muy trabajosa para mí y también lo va a ser para ustedes, en justa reciprocidad”, afirmó el poeta Antonio Gamoneda en una de las primeras frases de su discurso inaugural, titulado ‘Poesía y pensamiento’ desde un enfoque absolutamente personal. “Pese a lo que muchas veces se afirma pensamiento y poesía no tienen una integración completa entre sí, son como dos líquidos de distinta densidad”.
Propuso Gamoneda un viaje de miles de años para reflexionar sobre el pensamiento poético. “Llevo tiempo interrogándome sobre la aparición del lenguaje, de la palabra ¿Qué palabra nombra ‘el homínido’ por primera vez?, ¿qué nombra? Imagino que seres, objetos, las cosas que le rodean. La palabra es previa al pensamiento pues esos seres que nombró se convierten entonces en materia de pensamiento”. Introdujo con posterioridad otro elemento fundamental para él, el ritmo, la música, “las canciones y danzas primitivas. Los niños apenas han nacido ya son sensibles a las canciones de sus madres”.
De la palabra y la música caminó hacia al arte, rupestre, el de hace 25 ó 30 mil años. “Los científicos creen que es posible que aquellas pinturas se correspondan con un pensamiento mítico y prefilosófico”. Y negó la interpretación de que se trate de ‘elementos ornamentales’. “No me lo creo, nada tenía que hacer lo ornamental en las cavernas, estoy más bien con la otra idea, que nos llevaría a un pensamiento mítico y prefilosófico, a la existencia de una preescritura iconográfica y otra sígnica. Simples signos para hechos simples”. Lo que resumió afirmando que “el homínido adquiere la fonación articulada, origina la palabra y le da carácter de presencia intelectual a lo nombrado”.
De ahí surgen su tesis de que “el primitivo creador de estas primeras palabras actúa como hoy lo hace el poeta”, para realizar afirmaciones posteriores que parecían sustentarse también en su propia experiencia. “El poeta, que parte del no saber, reúne palabras con una significación final desconocida incluso para él”.
Avanzó después nuevas teorías, de las que comenzó afirmando: “Voy a hablar de algo de lo que no sé nada”, para añadir tras un pequeño silencio, “de lo que nadie sabe nada”.
Después de hablar de unas ‘posibles’ zonas del cerebro con determinadas capacidades fue avanzando, amparado en ellas, hacia afirmaciones y reflexiones que quería dejar en aquella reunión de escritores y allegados. “En poesía el lenguaje es el pensamiento pues el poeta no es consciente del significado final de sus palabras, aunque pueda tener una zona cerebral que sí sabe. Esto es lo que San Juan de la Cruz llamaba el no saber sabiendo”.
Después de este primer paso (el primer verso lo regala Dios) “irán apareciendo otras palabras generadas por la rítmica del lenguaje. Ese lenguaje interior rítmico es el pensamiento poético”.
Avaló su teoría con citas de Rubén Darío, Aristóteles o San Juan de la Cruz, pero siguió planteando reflexiones propias. “Yo no sé lo que sé hasta que no me lo dicen mis propias palabras. La poesía es un hecho existencial y sólo secundariamente es literatura, es una realidad en sí misma”.
Así concebida la poesía, como una progresión rítmica de un lenguaje anormal, mostró su escasa creencia en esa poesía que llamó realismo ornamentado. “Es un realismo meramente informativo, tendencias que utilizan un el lenguaje establecido, convencional, que es el lenguaje del poder y frente al que surge la insurgencia del lenguaje poético, que es el pensamiento poético. El lugar natural de las convicciones ideológicas no es el poema, es el mitin, los medios de comunicación, etc”.
Y mil ‘insurgencias’ más, pero ya avisé que no habría espacio.

La 2ª planta de El Corte Inglés de León muestra estos días la exposición 12 TRAJES PARA CHINA (un proyecto auspiciado por la Asociación de Creadores de Moda y el Instituto de Comercio Exterior, con el patrocinio del Instituto Cervantes).

En total se muestran los trajes realizados por doce relevantes diseñadores españoles, que interpretan de forma personal doce textos de la mejor literatura española e hispanoamericana. De tal forma que creadores como Ágatha Ruiz de la Prada, Ailanto, Alma Aguilar, Amaya Arzuaga… se unen así a autores tan importantes como Gabriel García Márquez, Miguel Delibes o Carmen Martín Gaite. Al diseñador David Delfín le tocó inspirarse en un poema de Antonio Gamoneda. Y desde una óptica diferente, a través de un sencillo vestido en color crudo, con escote palabra de honor y estampado con letras, se produjo esta interacción entre el arte de Delfín y Gamoneda, ambos presentes en la inaguración y mutuamente sorprendidos.

Según manifestó David Delfín, esta aventura para él ha supuesto conocer la obra de Gamoneda, un poeta que a partir de ahora estará entre sus libros de cabecera. Delfín le regaló al escritor un libro en el que se recogen sus diseños, y Gamoneda, por su parte, le dedicó algunos ejemplares de sus obras, en un ambiente relajado y cordial.

El poeta leonés Antonio Gamoneda afirmó que en los últimos años las industrias editoriales imponen sus intereses a la creación literaria lo que convierte a estos valores estéticos en “valores de consumo” para el mercado de lectores. Por ello, el también premio Cervantes 2006, señaló que esta situación afecta negativamente a la producción de obras. Ésta fue una de las ideas que expuso durante la conferencia ‘Poesía y Pensamiento’, que inauguró el VIII Congreso de Escritores de España que se celebra esta semana en León.
“Yo lo veo mal”, dijo, Antonio Gamoneda, respecto al panorama literario español. Sin embargo afirmó que León es “una tierra extrañamente poblada” de escritores y a la vez “despoblada” puesto que la mayoría de estos autores “nacen aquí, se hacen aquí” y luego abandonan la provincia leonesa rumbo a otros lugares. “Yo como soy raro, no me he ido”, significó.
Capital de la creación
Por su parte, el director General del Libro, Rogelio Blanco, indicó que León se convertirá en la “capital de la creación” estos días puesto que el VIII congreso reunirá desde hoy y hasta el próximo sábado 4 de octubre a 300 ó 400 escritores. Además señaló que el “libro en España goza de muy buena salud”. A pesar de la crisis económica, aseguró que el sector editorial no manifiesta ninguna señal de debilidad.
En ese sentido, Rogelio Blanco destacó que España es la cuarta potencia del mundo en el mercado editorial con cerca de 200 empresas diseminadas por el mundo. El potencial de esta industria, dijo, lo demuestra la producción de un millón de libros al día, es decir, unos 350 millones al año. Además Rogelio Blanco señaló que la pujanza del español y los índices de lectura respaldan la actividad del sector, que ocupa gran parte de las zonas comerciales de las ciudades.
Apuntó que el libro es un “producto barato” puesto que de media cuestan en España 13,16 euros, una cuantía dijo “asumible por nuestras economías de forma general”. Blanco remarcó que la red de bibliotecas municipales es el entramado cultural más importante de nuestro país ya que al año atienden cerca de 100 millones de visitas puesto que son los centros que más horas permanecen abiertos. Así en nuestro país puede considerarse a un 60 por ciento la población lectora y recordó que el 91 por ciento de los jóvenes de nueve a 13 años declara leer media hora diaria.
Al respecto el alcalde de León, Francisco Fernández, manifestó que esta cita es un “orgullo” para León ya que en los próximos días será la “ciudad de referencia” a nivel cultural ya que todas las cuestiones que se debatan “dan un aire nuevo a la reflexión” sobre la literatura. “Estamos encantados de recibir a este elenco de escritores”, apostilló.
38 escritores
Este VIII Congreso, organizado por la Asociación Colegial de Escritores de España, se celebrará desde hoy y hasta el sábado 4 de octubre. En el evento participarán escritores de la talla de Antonio Gamoneda –que pronunciará la conferencia inaugural- y José Saramago –que se encargará de cerrar el congreso-. En total, serán 38 los autores y críticos literarios que acudirán a la ciudad para debatir sobre el lema del encuentro, ‘Pensamiento y Literatura’. Participarán novelistas, poetas, ensayistas y profesores como, entre otros, José Luis Sampedro, Fernando Savater, Fernando Marías, Amelia Valcárcel, Raúl Guerra Garrido, Fernando Martínez Laínez, Marifé Santiago Bolaños, Luis Artigue, Antonio Colinas, Juan Ángel Juristo y Juan Carlos Mestre.
III Congreso de Literatura Leonesa
Además, durante la jornada del 2 de octubre se celebrará, organizado por el Diario de León, el III Congreso de Literatura Leonesa, dedicado en esta ocasión al relato literario y en el transcurso del cual se tributará un homenaje al escritor de Villafranca del Bierzo Antonio Pereira. Estarán presentes además autores como Luis Mateo Díez, José María Merino o César Gavela y divulgadores y estudiosos de su obra, como José Carlos G. Boixo, Nicolás Miñambres, José Enrique Martínez y Alfonso García.
19.00 Inauguración a cargo de Andrés Sorel, coordinador del congreso; Francisco Fernández, alcalde de León; y Rogelio Blanco, director general del Libro, Archivos y Bibliotecas.
20.00 Conferencia Inaugural: Antonio Gamoneda, «Poesía y pensamiento».
MARTES 30 DE SEPTIEMBRE
12.00 Ponencias (una cada media hora). Victorino Polo: «Pensamiento, literatura y libertad». Fernando Martínez Laínez: «Personajes de la novela negra española: Un recorrido crepuscular». Fernando Marías: «Pensamiento y literatura en la literatura juvenil». Ramón Sánchez Lizarralde: «Malos tiempos para pensar».
18.00 Ponencias (una cada media hora). Juan Madrid: «Realidad y ficción en la novela policíaca española». Antonio Gómez Rufo: «El último viaje del libro hacia las nuevas tecnologías». Manuel de Lope: «El autor y la escritura».
20.00 Conferencia. Amelia Valcárcel: «En tierra de nadie».
MIÉRCOLES 1 DE OCTUBRE
12.00 Ponencias (una cada media hora). Luis Artigue: «Confieso que he bebido: el cuento literario libertino y tabernario». Julia Otxoa: «Lo fabuloso dentro del cuento literario». Víctor Alperi: «Poetas y revista ‘Espadaña’». Juan Ángel Juristo: «El pensamiento de la ficción».
18.00 Ponencias (una cada media hora). Rafael de Cózar: «El poema como reflexión de la poesía». Raúl Guerra Garrido: «Viaje a una provincia interior». Antonio Hernández: «Humor e imaginación».
20.00 Conferencia. Fernando Savater: «Filosofía y literatura».
JUEVES 2 DE OCTUBRE
12.00 III Congreso de Literatura Leonesa. Homenaje a Antonio Pereira. Participan: Alfonso García, Elena Santiago, José Carlos G. Boixo y Ernesto Escapa. Por la tarde, a partir de las 17.30, participan Carmen Busmayor, César Gavela, Nicolás Miñambres y José Enrique Martínez.
19.30 Luis Mateo Díez y José María Merino: «El cuento literario».
20.00 Entrega de placa conmemorativa a Antonio Pereira por parte de Juan Mollá, presidente de ACE y de CEDRO; de José Luis Ulibarri, presidente del Diario de León; y de Francisco Fernández, alcalde de León.
VIERNES 3 DE OCTUBRE
12.00 Ponencias (una cada media hora). Pedro J. de la Peña: «Decadencia de la poesía española». Paula Izquierdo: «Literatura y mujeres». Amelia Gamoneda: «Sensación y sensacción poética». Marifé Santiago Bolaños: «Cuando el cuerpo se pone a crear».
18.00 Ponencias (una cada media hora). Juan Mollá: «Tiempo, pensamiento, poesía». Antonio Colinas: «Pensar el poema». Juan Carlos Mestre: «Utopía y realidad».
19.45 Conferencia de José Luis Sampedro.
21.00 Concierto, en el Auditorio Ciudad de León, de la cantante israelí Noa, dentro del Festival por la Paz y por la Convivencia. Entrada gratuita.
SÁBADO 4 DE OCTUBRE
12.30 Andrés Sorel: «Pensar es existir. Escribir es existir y pensar».
13.00 Conferencia de clausura, a cargo de José Saramago.
14.00 Clausura, a cargo de Juan Mollá, presidente de ACE y CEDRO.
14.30 Entrega de certificados y cocktail de despedida.
El concepto de poesía lírica no se agota en la expresión de la subjetividad a la que el lenguaje presta objetividad.
Th.W. Adorno
La imagen que relampaguea en el momento de peligro, el trauma de la memoria involuntaria, que da al historiador [aquí deberíamos decir: al poeta] la mirada aguda de la crisis (Rella, 1992: 158)
Los hombres en términos simbólicos, siguen estando condenados a habitar en edificios antiguos; más aún, siguen viviendo en castillos con espectros, aunque creen residir en los edificios neutros de nuestra época (Sloterdijk, 2005, 86)
Bibliografía
Arjon APPADURAI, La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización. Buenos Aires, Acis, 2001.
Zygmunt BAUMAN, La modernidad líquida. Buenos Aires, FCE, 2002.
Christinne BUCI-GLUCKSMAN, Estética de lo efímero. Madrid, Arena Libros, 2007.
Fernando CASTRO FLÓREZ, Sainetes. Y otros desafueros del arte contemporáneo. Madrid, Cendeac, 2007.
Jacques DERRIDA, Dar (el) tiempo. Barcelona, Paidós, 1995.
George DIDI-HUBERMAN, L´Image survivante. Histoire de l´art et temps des fantômes selon Aby Warburg. París, Minuit, 2002.
Amelia GAMONEDA; Fernando R. DE LA FLOR (eds.), Antonio Gamoneda, Sílabas negras. Salamanca, Universidad, 2006.
René KOSELLECK, Aceleración, prognosis y secularización. Valencia, Pretextos, 2003.
Vincenç NAVARRO, El subdesarrollo social de España. Causas y consecuencias. Barcelona, Anagrama, 2006.
Peter SLOTERDIJK, Derrida, un egipcio. Buenos Aires, Amorrortu, 2006.
Peter SLOTERDIJK, Esferas. III. Madrid, Siruela, 2005.
Franco RELLA, El silencio y las palabras: el pensamiento en tiempo de crisis. Barcelona, Paidós, 1992.

No haya Edén (11).El horizonte utópico de la Modernidad, que antes había sido mesiánico, en la era de la metafísica, se revela en cuanto característicamente hundido ya en la nueva posición de vida a la que llamamos posmodernidad (12). Se hace cierto un aserto de Michel Certau, el pensador cristiano para el que, a la zaga en esto del otro gran teórico del dolor, Leon Bloy (13), el auténtico desciframiento de la historia sólo le está reservado a unos pocos “seres de dolor” (14).

Sé que el único canto,
el único digno de los cantos antiguos,
la única poesía,
es la que calla y aún ama este mundo,
esta soledad que enloquece y despoja.
Sirvan estos versos de Gamoneda como ilustración de lo que significa la poesía para uno de los escritores más hondos de la contemporaneidad. El poeta leonés, Premio Cervantes 2006, protagonizará esta semana un curso de verano de la UCLM. Se celebrará en la Casa de la Cultura de Priego (Cuenca), del 14 al 17 de julio, y estará dedicado “al análisis de la obra singular de Antonio Gamoneda en el panorama de la poesía española de postguerra”.
El programa incluye diez conferencias sobre distintos aspectos de la poesía de Gamoneda a cargo de poetas, críticos y profesores de varias universidades españolas. Entre ellos estará Miguel Casado, sin duda alguna el gran especialista en Gamoneda, un autor que, según sus palabras, “desde su condición solitaria, ha ido construyendo una de las obras más sólidas, personales y renovadoras de la poesía española del último medio siglo”.
→ Más información en http://cursosdeverano.uclm.es
:: EL PROGRAMA COMPLETO DEL CURSO
14 DE JULIO
:: 19 h./ Conferencia Inaugural: El libro de los venenos, de Antonio Gamoneda, por Juan José Gómez Brihuega (catedrático jubilado de Latín).
15 DE JULIO
:: 9 h./ Formas de irracionalismo poético en la lírica de Antonio Gamoneda, por Jesús María Barrajón Muñoz (Universidad de Castilla-La Mancha).
:: 10,30 h./ Rimbaud-Gamoneda o la exigencia poética, por Manuela Ledesma Pedraz (Universidad de Jaén).
:: 12,30 h./ Una lectura del silencio, por Juan José Lanz Rivera (Universidad del País Vasco).
:: 18 h./ Antonio Gamoneda. Poética de la carencia y la desaceleración temporal, por Fernando Rodríguez de la Flor (Universidad de Salamanca).
16 DE JULIO
:: 9 h./ El vigilante de la nieve, por Miguel Casado (profesor de Secundaria, poeta y crítico literario).
:: 10,30 h./ Notas sobre las prácticas versales de Antonio Gamoneda, por Antonio Carvajal Milena ( poeta y profesor en la Universidad de Granada).
:: 12,30 h./ Espacio de lo increíble: palabras en torno a la poética de Antonio Gamoneda, por Antonio Méndez Rubio (poeta y profesor en la Universidad de Valencia).
:: 18 h./ Lectura poética a cargo de Antonio Gamoneda, poeta.
17 DE JULIO
:: 9 h./ La alegría de las lápidas. Algunas consideraciones sobre la poesía epigráfica de Antonio Gamoneda, por Eduardo Moga (poeta).
:: 10,30 h./ La búsqueda de la verdad y su sintaxis en la poesía de Antonio Gamoneda, por Antonio Rey Hazas (Catedrático en la Universidad Autónoma de Madrid).
:: 12,30 h./ Mesa Redonda: La influencia de Antonio Gamoneda en la poesía española a partir de los 80. Modera: Angel Luis Luján Atienda (profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha), y participan: Ricardo Virtanen (poeta y profesor de Secundaria), Olga Novo (poeta y profesora de la Universidad de Lorient, Francia) y Julio César Galán (del Centro de Investigaciones Teatrales de Extremadura).
:: 18 h./ Recital poético y clausura, con la participación de los poetas Diego Jesús Jiménez, Antonio Carvajal, Antonio Méndez Rubio, Olvido García Valdés, Miguel Casado, Pilar Blanco, Miguel Angel Curiel, Ricardo Virtanen, Olga Novo, Juan Carlos Mestre, Eduardo Moga y Julio César Galán.
(PUBLICADO EL 30 DE JUNIO DE 2008 en EL PAÍS)
- - -
Excepción en mis costumbres. Hoy, día canicular, quiero asomar mi opinión —y las modulaciones que puedan haberse producido en ella— al balconaje, también de la opinión, pero pública. Me gustaría que este asomo (cursiva para la polisemia) fuese breve, pero no, no voy a conseguirlo, ya que se dará acompañado de numerosos entrecomillados que llevarán en cercanía alguna admiración o extrañeza.
El Mundo, siendo el 26 de junio, dedica el 50% de su primera página al inicio de un artículo cuya negrita titular en cuerpo respetable dice: "Grandes nombres de la cultura se suman al Manifiesto (sic para la eme mayúscula) del castellano", y, encima de los titulares, va un mosaico de cabezas, cuatro con cuatro, que, visto de izquierda a derecha, otorga el primer lugar a la mía, aun siendo (y esto es referencia al texto que sigue) más "insignes" las cabezas que suceden a la que a mí me concierne. Bien puede tratarse de un sinmotivo, de un casual, pero no sé, no sé…
Comienza la letra normal citando el Manifiesto y diciendo: "A los escritores y académicos que impulsaron la iniciativa junto a Fernando Savater, se sumaron ayer insignes (cursiva mía) nombres como el del poeta Antonio Gamoneda…". Siguen otros, más claramente insignes, como digo.
Continúa el artículo en la pág. 12, que empieza así: "Asturiano de nacimiento, aunque leonés de adopción, Antonio Gamoneda ha sido reivindicado en diversas ocasiones por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, como su poeta favorito". Y añade recogiendo correctamente mis palabras: "Me resulta una iniciativa razonable (el manifiesto) siempre que haya también un respeto implícito a las lenguas cooficiales".
En esta misma pág. 12, con letra grandecita en el subtítulo y negrita en una mancheta amarilla (nadie vea en el dato cromático raras intenciones, que la mancheta es de verdad amarilla), vuelvo a aparecer (otras dos veces, ya digo) encabezando listados.
Retrocedo a la pág. 3 y veo más negrita titular, en articulillo sin firma y con aire de editorial menor. Dice el titular: "El mundo de la cultura defiende el castellano". Bajo por la columna y leo en Times normal (no estoy seguro; pudiera no ser Times ni normal): "… y escritores de la talla de Delibes, Brines, Pérez Reverte o Gamoneda —este último poeta de cabecera del presidente Zapatero— se suman…". ¡Vaya por Dios!, ahora el último. ¿A santo de qué? ¿Tendrá que ver esta "santidad" con la presidencia?
Abandono la ironía. Es cierto, yo no se lo he oído pero sí me lo han dicho, que el Sr. Rodríguez Zapatero ha hablado alguna vez de mí con elogio. Tiene mi agradecimiento por ello, pero no a causa de su condición presidencial, sino como lector que me valora.
Por la casual concordancia de los hechos, voy a dejar dicho que, en dos ocasiones (y de una de ellas es testigo el Rey de España), doña Esperanza Aguirre me ha dicho: "¿Sabes que eres el poeta preferido de Aznar?". Dado que no tengo por qué dudar de la veracidad de doña Esperanza, yo se lo agradezco al Sr. Aznar por idénticas razones que al Sr. Rodríguez Zapatero.
Y, ahora, me pregunto: El Mundo del 26, en sus págs. 1, 12 y 3, ¿estará diciendo "bajo solapa" que incluso alguien —y está claro que "alguien" soy yo— que tiene cierta deuda de gratitud con Zapatero, se ve obligado a mostrarse desafecto con la voluntad política del jefe del Ejecutivo y cabeza del PSOE? Luego, la implícita ("bajo solapa") explicación (fatalidad lingüística: tengo que concordar lo "implícito" con lo "explícito"): ese "alguien" juzga que, ante la cerrazón democrática presidencial, hasta él tiene que etc.
La conexión reiterada de mi nombre con el del presidente es políticamente tendenciosa, aunque el articulillo de la 3 diga que "… estamos ante una reivindicación transversal (?), en absoluto ideológica".
La página prosigue afirmando que la ministra de Educación "insistió ayer en cerrar los ojos a la evidencia" y "trató de sacudirse el problema (…) asegurando que el manifiesto puede alimentar ‘una batalla política’. Pero al Gobierno no se le invita a la guerra, sino a que dé la cara (…), y yerra si quiere dar un portazo al clamor social sólo con palabrería".
Srs. de El Mundo: tienen ustedes el derecho —constitucional, creo— a manifestarse según estos entrecomillados, pero, su caricatura del Ejecutivo, ¿de verdad es (no es) "en absoluto ideológica?". No hablo del manifiesto sino del uso que Vds. hacen de él.
Ahora, un inciso que, personalmente, me es necesario: yo no estoy contra Vds. Tengo —pero prácticamente no mantengo— algún recuerdo de que acogieron expresiones, insultantes o casi, referidas a mi persona o escritura, pero lo mismo ocurre con el medio que publica este texto y, desde mi carácter y mi lejanía provinciana, ¡pelillos a la mar! Prosigo.
Voy a la pág. 4 y, a la izquierda (es un decir), el texto de "Comentarios liberales" cuelga de unos titulares que dicen: "El simio crítico". Es la columna del Sr. Jiménez Losantos (apellidos emblemáticos, cierto) que, en un alarde de "humanismo" (¿liberal?), parafrasea un libro de Octavio Paz preguntándose: "¿Respetarían más en Cataluña, Baleares, Galicia o el País Vasco el derecho de los padres a escolarizar en español (sic) a sus hijos si se declaran simios lingüísticos? No tengo duda alguna". Comentaré esta "perla" en plan suave y abstracto: la "materia política" puede declarar lo que es, en el corte vejatorio de una mueca que se le escapa.
Abajo y a la derecha, El Mundo pone en la página sus titulares a una simple carta al director: "Es el momento de defender el castellano". (Cursiva mía). En la simple carta al director (sé que el periódico no se responsabiliza etc., aunque las recoja y priorice), se dice: "Ha llegado el momento de luchar". (Cursiva mía).
Veo El Mundo en el también canicular día 27, y, otra vez en pág. 3, sin firma, tras hablar recio sobre la vicepresidenta De la Vega (insisto: El Mundo tiene derecho a etc.), se dice que "El gobierno tiene dos opciones: seguir fingiendo que el problema no existe o encararlo con medidas concretas". Y añade: "No desistiremos hasta lograr lo segundo".
"Desistir" de qué. ¿De una acción "en absoluto ideológica", expresión, esta, perfeccionada, por la afirmación de que "es evidente que estamos (cursiva mía) ante una reivindicación transversal", y por brincos conceptuales que, dentro del magma envolvente del manifiesto, resultan prodigiosos? Pienso que lo más prodigioso sería encontrar claridad y no encontrar astucia política en este laberinto sin ventanas visibles (puede que, invisibles, existan) con marco moral y abiertas a la lógica.
La persistencia de El Mundo en mostrar al Gobierno de España como responsable del "problema de las personas"; la persistencia en no contemplar los componentes históricos y culturales, consuetudinarios y heredables, ¿es o no es una operación ideológica y, por tanto, una maniobra política?
En la pág. 4 del mismo día 27, el Sr. J. L., desde su columna y mirando al pasado, se refiere a "lo que me decían entonces Savater, Javier Marías y otras criaturas del aire paisoso" (cursivas mías), reconfortándose, tras dos líneas, con "lo mucho que, afortunadamente, ha cambiado Savater …", y añadiendo misteriosamente que "el sectarismo progre, base de la legitimación de la política histórica discriminatoria, sigue incólume". ¿Será pues, pienso, el sectarismo progre y no el Gobierno el responsable del desaguisado?
Pero lo portentoso incompresible es la opinión que sigue a "incólume": "Peor aún: sigue imperando (el sectarismo progre, está claro) hasta en los manifiestos que combaten esa discriminación". (Cursiva mía).
Tras otra alusión a los "simios" de difícil interpretación, advierte el Sr. J. L., con desconsuelo, que "La Lengua Común ha sido convertida automáticamente en ‘lengua castellana’ o ‘castellano’. Y no sólo en EL PAÍS, que podría tomarse como arteria para llevar a portada la causa por la que a algunos viene linchándonos la jauría prisaica desde hace décadas". Y añade: "Hasta los medios más antiprogres han perpetrado ese cambio…". No tengo clave para este lenguaje; hago las citas a causa, precisamente, del atractivo de su impenetrabilidad. Impenetrabilidad para mí, quiero decir.
Algo más arriba, el Sr. J. L. deja "a otros menos machacados (’menos machacados’, se supone, que el Sr. J. L.) el estudio de la preponderancia izquierdista y la genuflexión (empiezo a notarme genuflexo, con lo mal que tengo la rodilla derecha) ante la izquierda de los distintos manifiestos en defensa de la libertad lingüística (…), desde el primero, el de los 2.300, hasta este último". (Cursiva mía).
No entiendo, pero cito porque me resulta hipnótico. ¿Qué mosca me habrá picado?, ¿el tse-tse, creador de sueños amarillos, o la tarántula visionaria, que el propio Kratevas Rizotomo, servidor venéfico de Mitrídates, mantenía en respeto?
Dije y digo que el manifiesto era razonable. En su literalidad lo sigue siendo, pero ya no en sus potencias. Lo ha desconcertado la política enmascarada. Así que, Srs. ideólogos de El Mundo, su Manifiesto ha sufrido seria avería en sus propias manos. Lo siento, pero tengo que rectificar: NO. El manifiesto ya no es razonable.
Antonio Gamoneda

Aquel poeta se llamaba Gilberto Núñez Ursinos, y yo decidí aquella mañana, ante la luz de su joven resplandor, parecerme en algo a su sombra. Yo tenía doce años, junio de 1969, y fui su amigo hasta la primavera de 1972, en que decidió, voluntariamente, abandonar la republica de la imaginación donde vivía, cuando al otro lado del río sólo había pequeñas casas blancas llenas de palomas, gatos y flores que algún día fueron las semillas del paraíso. Fue el primer poeta que conocí, era amado por mucha gente de este pueblo, no menos que lo que él quería a los humildes, a los soñadores, a los que hablaban solos por la calle y pensaban que la vida carecía de sentido sin resistencia al mal. Vivía sólo, con un gato al que llamaba Parsifal, y un aparato de radio con el que aprendía idiomas sintonizando emisoras extranjeras. Un milagro que sólo sucede una vez cada cincuenta años cuando pasa sobre los valles el cometa de la iluminación y convierte en vino de dulzura la amargura de los pozos.
En Villafranca había un cine, y la gente iba a ver películas en blanco y negro en las que los actores lloraban lágrimas de colores. Aquel invierno nevó como nunca antes había nevado. Por las calles habían pegado carteles con la cara de Franco, y todo parecía indicar que el referéndum de aquel caudillo lo que pretendía era obsequiarnos otros veinticinco años de paz. La cosa estaba como para regalos. Habían subido una peseta el precio de las entradas al cine, el cine, el único psicoanalista a mano que ha tenido Villafranca desde la invención de la Vía Láctea. Y el poeta Gilberto Ursinos, como oscura silueta de mendigo que borrase las sombras de la noche, organizó una huelga. Nadie entró en el Teatro Villafranquino durante dos meses, la gente se ponía un alfiler en la solapa con versillos satíricos pidiendo la derogación de la medida:
Sin pan ni cine,
el pueblo se define.
Hay cosas, queridos amigos, que o uno las entiende de niño o ya nunca más podrá entenderlas. Yo no entendí aquella muerte, así que pensé: todo esto tiene que ser una equivocación. No entendí porqué aquel hombre que escribía versos que ayudaban a salvar del dolor a otros, había vivido anclado en la secreta angustia del sufrimiento, no entendí porqué detrás de su alegre inteligencia brotaba un persuasivo manantial de dolor.
Perdimos al poeta y en nuestro pequeño universo natal entraron las nieblas de la rutina y el dulce otoño se volvió más desolado. Sin poeta se acabaron muchas conversaciones, dejaron de abrirse muchos libros, nos cerraron la estación de ferrocarril, luego se llevaron el juzgado, años después hasta intentaron quitarnos el río. Una villa puede no tener andenes de los que partan al alba locomotoras, incluso no debería tener cárcel ni lugar donde la gente ande enzarzada con pleitos, pero un pueblo como este ha de tener una escuela, un río y un poeta amigo de las palabras que se enseñan a escribir en las escuelas, alguien amigo de los ríos que se llevan las palabras que no caben ya en la inocencia de los pupitres.
Yo no entendí más que lo que pude entender, no importa, algún día, escribió Walter Benjamin, lo que ahora no es comprendido será entendido con la misma facilidad con que entienden los niños el lenguaje de los pájaros la mañana de los domingos. Es domingo, y sé que entenderéis, queridos amigos, porqué os he contado esta historia. A veces la vida no nos da más que una oportunidad para poderle agradecer a alguien todo cuanto uno le debe. Acaso sea esta la mía, la ocasión que ha esperado durante cuarenta años aquel niño apoyado en el árbol. He pensado muchas veces qué hubiera sido de mí si no hubiese conocido a Gilberto, a lo mejor estaría labrando la tierra, trabajando en un banco o repartiendo panecillos por las calles de este pueblo. Hay mucha gente que ha labrado la tierra y que trabaja en un banco y se levanta al alba para hacer pan y que ha sido feliz. Y hay otras personas a las que alguien, en el estricto azar de alguna ley invisible, les ha hecho un encargo y, entonces, ya nunca serán felices si no pueden cumplirlo.
Yo te agradezco Gilberto Ursinos, aquellos versos que crearon conducta entre mi generación: … combate y se valiente, se sano ante el dolor y ante el fracaso. No importa lo que hagas si lo haces en nombre del amor y de lo humano. Y te agradezco la caña de pescar relámpagos en el arroyo ilegal de la belleza, haber jugado la partida con la gente de este pueblo que no ha tenido más fortuna que la de la fraternidad, y te agradezco el pequeño paquete de libros que me dejaste, atado con una cuerda de bramante azul, la víspera de irte, también aquellas últimas palabras que posaste en mi cabeza como un mandato para siempre: Algún día, Mestre, yo volveré a ser niño y los espejos se llenarán de peces.
Queridos amigos, nadie que con afecto pueda y deba ser recordado morirá jamás. De los materiales de la memoria está hecha la poesía, de las voces de cuantos sin saberlo sostuvieron con brazos anónimos el peso del universo. Se dice, a veces, que los poetas somos personas desagradables y algo de razón hay en ello. Los poetas son testigos, y eso no siempre suele ser del agrado de todos. Un testigo es un individuo incómodo, a pesar de que nunca vaya a declarar contra nadie, el poeta es un testigo que no acusa, pero cuyas palabras testimonian verdad ante el tribunal donde no se sentencia castigo del tiempo futuro. Y eso ya lo aprendí de adolescente, aquí, precisamente en este jardín, y no lo olvidé nunca.
Yo tenía catorce años, era un rapaz del otro lado, del barrio de La Cabila, de la familia de los Mestre y los Migueluchos, nieto de sastre y panadero. Mi madre me enseñó a leer antes de ir a la escuela, pero no había libros en mi casa, así que empecé a leer la Hoja Parroquial y los prospectos de los medicamentos como si leyera a Cervantes. Han pasado los años y los siete ríos de la vida llevándose el afecto de tanta gente que nos quiso. Permanece su poesía, es decir, permanece la justicia de su memoria dando testimonio de cómo entre los hielos abre el amor sus minas imborrables.
Sí, son versos de Antonio Pereira, son las palabras fundadoras del hijo del ferretero, del más joven entre los patriarcas del amanecer. El Perfecto Maestro si en nuestra villa hubiera logia para los que escriben en el aire la historia que leerán los ojos de aquellos que aún no han nacido. Los que nos sentimos próximos a la conmovedora peripecia humana de las personas sencillas, sabemos que cada relato de Pereira contiene más sabiduría por sílaba cuadrada que todos los legajos juntos de la tan dudosa como abundante épica nobiliaria. Adiós carromatos de virreyes, bienvenidos ciudadanos en bicicleta a las bellas crónicas de la otra realidad del mundo.
Nadie es más que nadie si no hace más que nadie, escribió Cervantes, el mismo que nos recordaba que aprender a ser libres es aprender a sonreír. Antonio Pereira ha hecho más libre a un pueblo que rescatado entre las paradojas de la noche se ha convertido en luz de la leyenda. Y lo ha hecho con la ternura de sus palabras, sin levantarle la voz a nadie, sin disputarle a nadie un lugar en las cofradías del mundo. Quién si no él, el poeta de la seda y el hierro, nos ha hecho más digno sitio en los mapas eternos de las entrañables geografías de la imaginación.
Un joven poeta inglés, el inmenso John Keats, hermano espiritual de nuestro romántico Enrique Gil y Carrasco, en respuesta a un amigo que le preguntó qué era para él un poeta, respondió: poeta es aquella persona que en presencia de otro se considerará siempre su igual, sea este el rey o el más pobre del clan de los mendigos. Eso ha sido y es Antonio Pereira, un narrador excepcional, un poeta que ha escrito poemas conmovedores, el hombre en el que se cumple al máximo aquella sentencia de Pound según la cual, es imposible escribir un buen poema si no se es antes una mejor persona.
A Tonino Guerra, el genial guionista de Federico Fellini, le escuché decir que el poeta es quien se quita el sombrero ante un cerezo en flor. A Nicanor Parra que era un bailarín al borde del abismo. No podría nombrar a tantos para quienes un libro de poemas es un una caja de herramientas al servicio de la conciencia de los hombres. La poesía que cura las heridas producidas a la dignidad por los gritones dogmáticos. Con razón la palabra dignidad suele provocar risa sobre todo en aquellos que no la tienen. Todo verdadero poeta, pensaba Unamuno, es un hereje, y el hereje es el que se atiene a postceptos y no a preceptos, a resultados y no a premisas, a creaciones, o sea poemas, y no a decretos, o sea dogmas. No ha importado la burla de la publicidad vergonzosa del mundo, no ha importado la calumnia del silencio, Lorca conocía la única vocal que tienen los animalitos en su vocabulario, y habló por y para las multitudes; Gonzalo Rojas vivió en el exilio de los renegados pero abrió a cada torturado un camino a las estrellas. Soñar sigue siendo es el oficio del poeta.
Queridos amigos, todos hemos tenido sueños. El mío fue sencillo y ya ha sido cumplido. La belleza no es un lugar donde van a parar los cobardes. He amado este verso de Antonio Gamoneda desde mi adolescencia. Un poeta que lo ha significado todo en la repoblación espiritual de mi vida, en los valores que han hecho de la resistencia estética contra el autoritarismo una conducta civil, la creencia de que el arte no es una categoría superior del conocimiento humano, ni de la que son portadores sólo unos pocos, sino algo inherente, misteriosamente intrínseco, a la condición y la responsabilidad humana. He aprendido sus poemas de memoria, he orado con ellos, me han salvado de la desolación y me han devuelto la esperanza en épocas de dificultad.
Esta es la tierra, donde el sufrimiento
es la medida de los hombres. Dan
pena los condes con su fiel faisán
y los cobardes con su fiel lamento.La belleza nos sirve de tormento
y la injusticia nos concede pan.
Un día brindaréis por los que habrán
convertido el dolor en fundamento.Los que vivimos para dar alcance
a tan inmensa luz que hoy no podría
un dios mirarla sin quedarse ciego,aún tendremos que agotar el lance:
arrojar al silencio la agonía
como quien tira el corazón al fuego.
Cuando yo tenía catorce años
me hacían trabajar hasta muy tarde.
Cuando llegaba a casa, me cogía
la cabeza mi madre entre sus manos.Yo era un muchacho que amaba el sol y la tierra
y los gritos de mis camaradas en el soto
y las hogueras en la noche
y todas las cosas que dan salud y amistad
y hacen crecer el corazón.A las cinco del día, en el invierno,
mi madre iba hasta el borde de mi cama
y me llamaba por mi nombre
y acariciaba mi rostro hasta despertarme.Yo salía a la calle y aún no amanecía
y mis ojos parecían endurecerse con el frío.Esto no es justo, aunque era hermoso
ir por las calles y escuchar mis pasos
y sentir la noche de los que dormían
y comprenderlos como a un solo ser,
como si descansaran de la misma existencia,
todos en el mismo sueño.Entraba en el trabajo.
La oficina
olía mal y daba pena.
Luego,
llegaban las mujeres.
Se ponían
a fregar en silencio.Veinte años.
He sido escarnecido y olvidado.
Ya no comprendo la noche
ni el canto de los muchachos sobre las praderas.
Y, sin embargo, sé
que algo más grande y más real que yo
hay en mí, va en mis huesos.Tierra incansable,
firma
la paz que sabes.
Danos
nuestra existencia a
nosotros
mismos.
…el único digno de los cantos antiguos, la única poesía, (…) la que calla y aún ama este mundo, esta soledad que enloquece y despoja.

Y desobedecer la costumbre es la poesía, en palabras de Saint John-Perse. Desobedecer los dictados de una sociedad basada en la idolatría a las repugnantes escamas litográficas, como llamaba Baudelaire al dinero. Desobedecer al sistema que ha hecho culto de la atrocidad de la guerra y obliga a vivir en condiciones de esclavitud a tres cuartas partes de la humanidad. Desobedecer es no olvidar, como nos recuerda Walter Benjamin, que el botín supremo de los amos no es la plusvalía, el botín supremo de los amos es la cultura.
No hablo de una poesía social, hablo de los lenguajes insumisos que en alianza con la aspiración de todos los seres humanos a la felicidad, no sólo cambien la realidad de sitio, sino que ayuden a transformar y nos adelanten los significados del porvenir. Todo lo que existe fue alguna vez imaginado, escribió Hölderlin, y ese es el prodigioso desafío de la confianza en la poesía que siempre nos llevará más lejos que el miedo de su ausencia. Es lo sagrado, sea lo que sea lo sagrado para cada uno de nosotros.
Vecinos y amigos de mi pueblo, la poesía es verdad, la verdad es belleza, sigue gorjeando por las alamedas el príncipe de los valles, el inmortal ruiseñor de Keats, los pájaros de la consolación que no han nacido para morir. Es legítimo a la poesía cantar la obra del jardinero y también desatar los pies a los convictos, es legítimo descifrar el lenguaje de las rosas y oponerse a la crueldad de los tiranos. Escribió Oscar Wilde que la sociedad perdona con mayor frecuencia al criminal pero no perdona nunca al soñador. Alguien dijo que el arte en un pueblo religioso produce reliquias, en un pueblo guerrero, trofeos, en un pueblo burgués, artículos de consumo. Sólo un pueblo de ciudadanos libres puede producir palabras en libertad, es decir, poemas, la voz sin boca del que dice soy inocente, tengo hambre, no me mates. Palabras, palabras civiles para después del tiempo, como proclamara en este mismo lugar, hace unos años, el profeta laico, aquel ser literalmente irrepetible que fue Rafael Pérez Estrada.
Queridos amigos, vecinos de este amado pueblo de Villafranca, soy el hijo de Emilio el panadero. Conocéis a mi padre, conocisteis a mis abuelos, vivieron en estas calles y como vosotros fueron gente honrada. Este es un pueblo de gente honrada, y la honradez es el primer compromiso que tienen las palabras con las ideas de las cuales son portadoras. No hablo de ejemplaridad, pero sí de la conducta de las palabras en alianza con la imaginación, el arte, la poesía, el mayor placer que el ser humano se ha dado a sí mismo, para decirlo con la misma expresión que compartieron Walt Whitman y Carlos Marx. No tengamos temor a las palabras, a la voz ancestral que pronunció en Galilea el Salmo de los Bienaventurados e inspiró casi dos mil años después la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Vengo de la misma escuela a la que fueron vuestros hijos, jugué de niño con ellos en estas calles, conocí a toda la gente que nos quiso. Poco más hay que saber para darse cuenta de porqué hablaros así ha sido esta mañana mi única posibilidad. Creo en la poesía porque he creído en vosotros, en el desconocido que silba en el bosque y en los campaneros que tocan las campanas en septiembre como si las volteara Mozart. Creo en la poesía de los que no han tenido que leer a Heideger para darse cuenta de cuál es su imprescindible necesidad en épocas de penuria. Creo en los alegres bebedores del atardecer y los giratorios amantes por los cielos de Chagall donde las vacas azules tocan el violín para los que no tuvieron una segunda oportunidad sobre la Tierra.
Creo en la certeza que asistió a los desaparecidos, las víctimas civiles de la historia que se seguirán levantando de las cunetas para volver a podar las viñas. Creo en ti, Poesía, hojas de hierba, caravana de los titiriteros. Música del hojalatero sobre la partitura del cobre, herreros en la fragua del trueno, silbato del que trae cartas que abrazan a los hermanos y hacen llorar a las madres. Creo en las intensas voces del recuerdo, los que madrugaban para ir a las ferias, el herrador de caballerías, los que siembran colina, la familia de los músicos y los tipógrafos de la plaza. Creo en el retratista de la inexistencia y en el fotógrafo de la nieve. En los alquimistas del vino y quienes sulfatan los cerezos. Sigo creyendo en Norberto Beberide, que tenía una máquina para hablar con los espíritus; en Paco Pérez Caramés, que trataba de usted a las flores y las piedras se apartaban de los caminos para dejarlo pasar. Recuerdo al que discutía en latín con los caballos, al hijo del guardabosques, a los carpinteros, a los que vendían paños para el bautizo y las bodas y el luto. Recuerdo a Basís que explicaba a los muchachos las películas antes de entrar al cine, a Món que estará construyendo catedrales en el Paraíso. Recuerdo a Ninguén cantando como el agua de los ríos y a Gelo Marvá, presidente del senado de los soñadores.
Es hora de terminar, el poeta es un taxista que lleva a la gente donde la gente quiere ir, alguien que ayuda a los demás a vivir su propia vida. La poesía está ahí para ennoblecer, para dignificar la condición humana. Es la vida, como escribió Cummings, que antes o después, venga siempre las ofensas de los hombres con las salvas de la primavera. Esa también es la mejor razón por la que habrá merecido la pena vivir. Lo escribió Gamoneda:
“Un mismo canto pide /la justicia y la / belleza. Sea la luz /un acto humano. Se puede/ morir por esta /libertad.”


MANOS
Sacudí la ceniza de mis párpados,
busqué el día en el interior de la noche y, sí, se abrió en mí.
/Era como ser y no ser.
Descansé de mí mismo
hasta que mis venas se vaciaron en la luz.
Me acerqué a las materias visitadas por cuchillos, a las que gritan
/hasta despertar el corazón
y aún sentí la pulsación del hierro y la pasión de máquinas
/enloquecidas en la inmovilidad.
En la pausa mortal, una vez más,
pasaron lentamente sobre mí tus manos.
SUCESOS
Cuando del corazón surge un grito amarillo
grandes sargas se extienden sobre rostros amados.
Me dicen que ya es tarde y que el pastor de sombras
es ahora obediente a manos invisibles.
En nosotros ha entrado una serpiente ciega.
Ya nadie ama ni sonríe.
Un huracán de signos avanza inútilmente.
Las últimas mentiras se disfrazan de invierno.
Alguien entra descalzo a la fosa de los números,
alguien está anudando las cuerdas del olvido.
Los hay que cantan lívidos al borde del suicidio
y los más silenciosos copulan sin esperanza.
Un paso más allá todo es inexistencia;
todo se explica en el no ser.
Ya veo
la turba incandescente. Van a venir muy pronto
los reptiles del llanto.
Alguien está gritando cercado por la púrpura.
Alguien abre despacio la mirada sabiendo
que en su córnea se esconden las cifras terminales
y que su pensamiento
no es más que una costumbre que precede a la muerte.
En la calcinación, un perro sangra
rodeado de ausentes. Bajo miradas frías
el perro se convierte en azul para siempre.
Cunden fétidas rosas; sus pétalos cansados
descienden a mis manos. Silenciosas, se acercan
las madres que no olvidan.
Frutos enloquecidos
se unen a los restos desprendidos del fósforo
y a las últimas sílabas, a las incomprensibles
En la hora imposible despertará el durmiente;
como un cuchillo negro te mirarán sus ojos.
Vas a quedarte solo. Tu cuerpo tendrá frío
desnudo para siempre, desnudo hasta los huesos.
Acepta tu extravío, entrégate a la luz:
la luz es el comienzo de la causa invisible.



En la foto superior, Antonio Gamoneda acompaña a Juan Gelman, que atiende a los periodistas leoneses en el Ayuntamiento de la ciudad, minutos antes de protagonizar un encuentro poético en un salón de actos abarrotado de público. En la imagen central, los dos poetas con la concejala de Cultura, al fondo, durante el recital. Sobre estas líneas, Gelman y Gamoneda en un cómplice apretón de manos.



Antonio Gamoneda junto a la escultura de David de la Mano.
(Las fotos son de Amelia Gamoneda y Fernando Sanz Santacruz)
Portada de Tribuna de Salamanca, el 22 de abril de 2008.
El siguiente texto constituye el apartado final del libro Antonio Gamoneda: límites, publicado por la Universidad de León en el año 2007. El libro recoge la mayor parte del contenido de la tesis doctoral de Carmen Palomo sobre el poeta Antonio Gamoneda. A lo largo de la lectoescritura hemos ido anotando las reflexiones que nuestra amplia selección de textos de Antonio Gamoneda nos han sugerido. Ha sido un recorrido guiado por ciertas premisas y sembrado de hallazgos. Es el momento de la recopilación, de explicitar las inferencias y ordenar la dispersión de datos y apreciaciones, partiendo de los cuatro grandes apartados de los que hablábamos en los preliminares.
Nuestra aproximación a Blues castellano, como primera obra de madurez del autor, nos ha posibilitado un repaso a los antecedentes biográficos, intelectuales, ideológicos y éticos que, creemos, sustentan toda la escritura posterior de Antonio Gamoneda. Al mismo tiempo, la revisión de ciertos tópicos comúnmente establecidos por el discurso crítico —la pertenencia generacional, la poesía social, el peso y el modo del compromiso como testimonio histórico…— nos ha permitido ubicar al autor con relación a sus coetáneos para arribar a una comprensión más exacta de las raíces de su marginalidad poética.
Especial atención han merecido tres cuestiones sobre este Blues castellano: los avatares de su publicación y su largo silenciamiento, debido en parte a la intervención de la censura; la presencia de voces ajenas y, finalmente, el registro de una variabilidad textual intrínseca que nos permite hablar de diferentes Blues castellanos en el tiempo.
El hecho de que la obra permaneciera inédita durante casi tres lustros no constituye un dato trivial. Una de las formas limítrofes de las prácticas poéticas del autor es la manera en la que su escritura bordea el silencio. Ciertamente, la censura impuso sus condiciones, pero la decisión final de abandonar el original recayó en Gamoneda: una decisión drástica. Ese mismo silencio, radical, será el caldo de cultivo donde se geste la ruptura inaugurada por Descripción de la mentira.
Hemos revisado igualmente la presencia en la obra de otras voces: el blues, Hikmet, Marx, Lefebvre, Weil, e incluso un Gamoneda anterior a Blues castellano. Tales voces, que son traídas hasta la poesía en forma de citas melódicas (ritmos) o citas paratextuales o contextuales, no sólo enmarcan ideológicamente el discurso sino que lo dotan estéticamente de un dialogismo intrínseco que prefigura la permeabilidad que algunos textos adquirirán más tarde.
En cuanto a la variabilidad, ésta instaura un régimen de lectura particular: no es sólo que el lector posea versiones diferentes de un poema, es que la vigencia del poema se dirime en esa provisionalidad que se vuelve programática en la reescritura.
El segundo gran apartado de la investigación está dedicado a la franja de escritura iniciada con Descripción de la mentira, que alcanza su máxima —o quizá mínima— expresión, creemos, con “Frío de límites” y se prolonga, con otras contaminaciones, en Arden las pérdidas y en Cecilia.
Sobre Descripción de la mentira la crítica ha subrayado insistentemente la plenitud, su carácter fundacional, idea que nosotros retomamos centrándonos para ello en las articulaciones de lo simbólico, una de las claves que se mantienen en obras posteriores. Nos ha interesado resaltar la convivencia de la densidad, la exuberancia simbólica con una particular precariedad textual identificada con frecuencia con el hermetismo. Nos referimos en nuestro análisis de la obra a las condiciones de inteligibilidad en dos aspectos cruciales: el cuestionamiento autorreferencial de la obra y los lugares de indeterminación. Frente a la apariencia de sobreabundancia en la configuración textual, repasamos allí los signos de una carencia directamente emparentada con la estética de lo residual y la estética del silencio, que afecta tanto a lo enunciado como al acto de la enunciación.


Nos acabamos de enterar por el programa ‘La estación azul’ de RNE:
El próximo 24 de abril, los tres premios Cervantes mantendrán un encuentro con los estudiantes de la Universidad de Alcalá de Henares, que estará moderado por el profesor Antonio Fernández Ferrer. Será a las seis de la tarde, en el paraninfo de la Universidad.
Un día antes, el 23 de abril, Juan Gelman recibirá el Premio Cervantes 2007 de manos de los Reyes de España en el mismo marco.
Y dos días después, el 25 de abril, Gamoneda y Gelman mantendrán un encuentro abierto al público en León.



De izquierda a derecha, José María Castrillón (coordinador de este número de Ínsula junto con Jordi Doce), Antonio Gamoneda, Arantxa Gómez Sancho (editora de Ínsula) y Jordi Doce.

Presentación del número monográfico de la revista Ínsula dedicado a Antonio Gamoneda, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el pasado viernes, 4 de abril de 2008.

¿Por qué unas memorias precisamente ahora? ¿Quizá quieren servir para aportar claves sobre algunos de los símbolos de su poesía, como un correlato de su poesía?
No. La intención no es completar en ningún sentido la significación ni el trabajo poético, en el sentido convencional. Pero si el poeta apuesta por las realidades y por el relato existencial, implícito, ciertamente el explícito parece que va a socavar de alguna manera ese otro relato poético. De hecho mi hija menor me ha planteado ciertas reservas sobre la oportunidad de estas memorias por esta razón. O sea, que ese no es el motivo. Mis memorias no pretenden, en ningún caso, completar la escritura poética. Más bien es la necesidad, en un momento concreto, de un reencuentro conmigo mismo.
De pronto, a estas alturas de su vida, surge el detonante de la niñez. ¿Por qué precisamente ahora?
En determinado momento, hace ya algunos años, surge en mí una conciencia de vaciamiento, más que una necesidad de previsión. Entonces aparece Cecilia, y eso contradice aún con más fuerza esa premonición negativa mía respecto del futuro. No es que la niña haya creado en mí –aunque también– una ternura, un amor especial. Quizás los abuelos podrán entenderme bien cuando hablo de la sensación de que yo estoy viviendo en esa criatura. Sentirme vivir en un ser humano que acaba de llegar a la existencia reduce mi temor a la muerte y me coloca en una posición de contemplación de la vida con las pilas raramente cargadas de algo. Eso puede explicar bien esta nueva actitud mía ante mi escritura.
¿Hasta el punto de que pueda ser Cecilia el estímulo para escribir esas memorias en las que lleva ya un tiempo ocupado?
No soy plenamente consciente de ello. No sé si mi nieta acabó de suscitarlo. Seguramente los cambios que se dan en mi perspectiva temporal, en orden a la contemplación, y que antes se dirigían al vacío, armonizan con el hecho de que yo me haya buscado a mí mismo en mi infancia. Cabe esa posibilidad, sí.
Y, por otra parte, es de suponer que sabe usted que va a transmitir a su nieta cosas que ella no sabría de otra manera.
Bueno, eso parece que sucederá irremediablemente. Otra cosa es que eso sea bueno o malo para ella.
Hay otra cosa, esa peculiar manera que usted tiene de abordar las memorias implica una primacía del valor del lenguaje sobre los hechos y datos objetivos. Hay una transgresión también en ese género, como si no acabara usted de entregarse sin concesiones a la manera tópica en la que se suelen escribir las memorias…
Mi voluntad principal es la de la anotación irremediablemente pseudo-objetiva, aunque mi primera intención era la de la escueta anotación de los datos. Quiero que haya un primordial valor documental en estas memorias. Pero es cierto también que probablemente haya algo más: yo carezco de la capacidad de delinear con precisión intelectual los datos y eso lleva a suponer que, a pesar de mí mismo, haya una filtración de pensamiento poético en esta escritura. Esta es la duda que tengo. Todavía hoy me estoy planteando una reescritura de esas memorias, incluso después de siete u ocho meses sin revisarlas siquiera. He de intentar averiguar si lo más real en mí, tanto en términos existenciales como en los que se refieren al acto de escribir, es resignarme a la presencia de pensamiento poético o forzar la expulsión de ese pensamiento. Y no lo sé todavía.
Pero ¿no cree usted que es incompatible, desde el punto de vista del lenguaje, esa convivencia entre el pensamiento poético y la voluntad de dictar unas memorias con datos rigurosos?
No creo que alcance a serlo. Lo que puede hacer el pensamiento poético es proporcionar al recuerdo unos rasgos pseudo-objetivos, como antes decía, cierto margen en orden a manifestarse también en términos poéticos. Por lo que a mí respecta, lo que no voy a consentir es que la filtración del pensamiento poético conduzca a un falseamiento de lo que yo considero que es la verdad de mis recuerdos, consideración que acaso sea insegura. El tiempo me lo irá diciendo.
Seguimos merodeando en torno a las dificultades de encontrar un lenguaje válido para la exposición de la memoria biográfica. Usted, que ha confesado que su vida está en función de sus recuerdos –y en su poesía hay constancia sobrada de ello–, tendrá conciencia de aquello que Valle-Inclán decía: “Las cosas no son como fueron sino como las recordamos”. Esa evidencia, que quizás explique aquella cualidad “pseudo-objetiva” de la escritura memorialista a la que usted se refería, debe inquietarle por fuerza. La transmisión en las palabras de una exactitud supone quizá la aparición de otras adherencias que lo complican todo. Hay quien sostiene que todo recuerdo expreso es fruto de elucubración, no la transcripción de un hecho real conservado intacto.
Desde luego, me opongo a la noción de elucubración en lo que respecta a mis memorias. El hecho de que yo no sepa pensar si no es de esa manera, tiznada por la poesía, me impone la necesidad de otra escritura para estas memorias. En todo caso, el pensamiento poético, si se filtra, no va a falsear los datos, que se habrán de manifestar también a través de la trama pensativa del poeta que inevitablemente soy. Mi pelea está en encontrar una compatibilidad entre la obediencia a los datos y el lenguaje que emana del pensamiento. Porque, ¿qué es más real, que yo persiga una especie de inventario escrupuloso de los hechos o que mantenga la verdad de esos hechos sin evitar algo que, en el fondo, no deja de ser también otra realidad de mi existencia?
Contará también con el olvido como otra forma de la memoria. Era Castilla del Pino quien sospechaba de eso que se llama “tener buena memoria”, que él no concebía porque nunca puede darse por cierto sin más todo lo que se recuerda.
Por descontado que cuento con el olvido. Incluso en el original de Un armario lleno de sombra –que así se van a titular estas memorias– puede haber, en este sentido, una carga antipática de advertencias. Aunque no sé si dejarlas o confiar el texto sin más al lector.
Y eso que podríamos decir que su escritura poética está contra el olvido. ‘Descripción de la mentira’, ‘Lápidas’… son libros que podrían adjudicarle la condición de poeta-testigo de acontecimientos históricos –como la Guerra Civil o la propia posguerra, en que los vencidos fueron silenciados–, que sabe que tiene que dar cuenta de eso que sucedió para que no desaparezca. Pero, a la vez, hay en usted la condición del cautivo que no puede escapar de escenas, de imágenes que retornan obsesivamente y reaparecen en nuevas escrituras. Es una doble postura –moral y vital– con la que usted debe de haber aprendido a convivir: escritura como deber y escritura como algo orgánico, que se reaviva por su cuenta una y otra vez, y le obliga a mostrarla.
Sí, creo que hay mucho de eso en mi escritura poética, que está siempre fundamentada en la memoria. Y esto es lo que me hace pensar que, con independencia de la condición visionaria que se me atribuye –y que yo reconozco–, sin embargo en mi poesía estoy proporcionando, estoy acudiendo a referentes históricos que están en mi memoria. Ya he dicho muchas veces que toda, absolutamente toda mi poesía es autobiográfica. Eso es lo que me hace pensar que no hay incompatibilidad entre la exposición de la verdad y el lenguaje poético. En todo caso, lo que hay son dos puntos de partida distintos: en la poesía se va del pensamiento poético al encuentro con los hechos existenciales y, en cambio, en las memorias el proceso parece inverso.
Y, sin embargo, en su caso esta distinción no parece afectar al lenguaje. Insistimos: usted no parece asumir sin más el lenguaje convencional de las memorias, al menos en los pasajes que hasta ahora hemos podido leer.
No lo sé. Es algo que tendré que averiguar o que decidir en cada momento de escritura. Pero es verdad que habría un cierto irrealismo en el hecho de desplazar o de oponerme a la presencia del pensamiento poético, puesto que éste es parte de mi vida y, por tanto, también deberá aparecer en mis memorias. Puestos así, el asunto sigue siendo difícil, y este libro que ahora tengo grapado y está ahí esperándome –a ver cuándo me libro de tanto compromiso y puedo volver sobre él– tendrá que ser seriamente revisado desde el punto de vista de su expresión.
Nos gustaría saber algo más de esas memorias: desde cuándo las está usted escribiendo, en qué momento de su vida comienzan…
Teniendo en cuenta que hace más de un año que no hago nada… Digamos que he estado con ellas los dos años anteriores hasta llenar esos 150 folios que llevo escritos. En cuanto al arranque cronológico, es anterior a mi vida y se construye a partir de los que yo llamo “recuerdos heredados”. Mi madre, mi madrina y una tía carnal que me quería mucho me dieron informaciones incompletas, pero suficientes, para que yo ahora pueda hablar de algo que tiene que ver con mi vida y que, sin embargo, es anterior a mi nacimiento.
O sea, que en realidad, los recuerdos no son de primera mano. Su madre debió de ser decisiva en la transmisión de muchos de ellos. ¿Qué peso tiene esa transmisión?
Mi madre recibió una marca derivada de la desaparición de mi padre que llevó consigo siempre. Ella me transmitía –yo era un chiquillo todavía– la desolación de nuestra vida a partir de la muerte de mi padre, algo que también trato en las memorias. No es que me informase mucho pero sí lo suficiente para advertir que ella culpabilizaba a alguien impreciso de su desgracia y de la muerte de mi padre. He tenido que hilvanar muchos datos ajenos entre sí: palabras de mi madrina, recuerdos de mi madre poco claros, como digo, algunas informaciones de mi tía Ángeles, con la que vivimos en Oviedo varios meses… Y siempre era así: medias palabras, datos desenhebrados que he ido reconstruyendo como he podido para tener una visión probable de aquellos años.
Desde luego, la muerte de su padre tuvo que estar rodeada de misterio. Usted era un niño al fin y al cabo.
Sí. En este sentido he llegado a la conclusión, ayudado por algún testimonio relevante, de que mi padre sufrió un ictus cerebral con una paralización importante del cuerpo y, además, una añadidura patológica de carácter infeccioso. Él tenía, con toda seguridad, completa conciencia de que aquello era terminal. Es mi madre quien recoge todo esto, haciéndome sentir esa ausencia y creándome una conciencia de la muerte muy temprana, así que el resultado en mi escritura no ha sido invento mío, sino producto de unas circunstancias totalmente reales. Por otro lado, esta conciencia de la muerte se amplía con el espectáculo de la Guerra Civil, de la represión en El Crucero, el barrio donde vivíamos cuando nos trasladamos de Oviedo a León.
¿Cómo pesa todo eso? ¿Se puede decir que, a pesar de todo, conoció alguna felicidad en su infancia?
No, porque mi madre no sabía… no me proporcionaba un rostro… que me animase. Por otra parte yo era consciente de nuestra situación en la pobreza… Era consciente del enorme esfuerzo que afrontaba mi madre en muchas ocasiones, trabajando demasiadas horas…. Cuando yo empecé a encender la caldera a las cinco de la mañana en el banco, ella me despertaba porque a esas horas todavía estaba trabajando con la máquina de coser. Bueno, no había muchas posibilidades de ser feliz, y en ese sentido la zona más risueña de mi vida infantil se la debo a mi amigo Pablo de la Varga, que era muy imaginativo y continuamente me proponía travesuras y aventuras.
Y sin embargo, a pesar de tanta desdicha como le rodeó desde muy pronto, en su poesía se detecta mucho amor a la vida.
Yo no entiendo la vida, ni en el orden ontológico siquiera. Eso de ir de la inexistencia a la inexistencia, y que haya por medio un tramo de conciencia y de organicidad, en el cual tú ves el mundo desde tu interior y eres tú en ti… A mi eso no me entra en la cabeza muy bien. Y mi vida ha sido jodida, aunque a estas alturas… bueno, sería ridículo caer en esa lamentación que consiste en decir: si yo hubiera podido tener no sé qué… una educación… Bah, tonterías. Mi vida ha sido la que ha sido, y a estas alturas no siento demasiado enfado con la existencia. Sí que fue jodida, y me ha impregnado dolorosamente, pero, desde luego, no fue una vida desmedulada ni de poco peso.
¿En qué contexto real se produce el arranque de la propia escritura de las memorias? ¿Hay algún detonante concreto que le estimulara a ello?
Sí lo hay. Fue cuando abrí el armario que mi madre tenía siempre cerrado. Me decidí a abrirlo un día que estaba yo solo en casa, algún tiempo después de su fallecimiento. Empezaron a aparecer objetos representativos en relación con mi infancia e incluso anteriores a mi vida. Y eso me puso en situación…
¿Pero usted sabía de la existencia del contenido de ese armario? Se nos ocurre que acaso fuera una pieza inquietante, una suerte de fetiche ante el que usted pasaría durante años con la prevención natural de estar ante algo que podría revelar secretos de su propia vida o de la de su madre. ¿Fue así?
Sí, en cierto modo sí. Era un armario que únicamente abría mi madre, al menos hasta los últimos años de su vida. Aun así siempre se respetó, nunca investigó nadie en él hasta que yo lo abrí después, esa tarde en que me decidí a hacerlo.
¿Y entonces que encuentra en él?
Ropas, objetos, escritos, fotografías, pequeñas joyas… cosas que aparecen en las memorias. Pero, por encima de todo, la sensación más fuerte que yo tuve al abrirlo fue el olor de mi madre físicamente viva. Así que, naturalmente, esa tarde fue decisiva en cuanto al impulso inicial de la escritura de las memorias. Fue en efecto el detonante, como vosotros lo llamáis.
Teniendo en cuenta que las memorias son también una aventura compartida, y que implicarán a las personas queridas más próximas –su mujer, sus hijas, sus amigos aún sobrevivientes–, ¿qué expectativas tiene usted hacia los niveles de recepción en su entorno más cercano?
Para mí fue durísimo el proceso: fue un reencuentro conmigo mismo, con recuerdos que tenía aunque no era consciente de que los tenía, y que salieron asociados a otros, por un lado en el contexto terrible de la Guerra Civil y la primera posguerra y, por otro, en un contexto familiar bastante desdichado. Por otra parte, en la rigurosa inspección que hago de mí mismo no siempre salgo bien parado. De manera que ha sido duro para mí por diversas razones. Y me pareció que porque se trataba, en efecto, de poner en claro cosas verídicamente inscritas en mi vida, quienes primero tendrían que conocerlo era la gente de mi casa: mi mujer y mis hijas. En general tengo que confesar que en casa no hay mucho entusiasmo ante la posibilidad de que yo publique estas memorias.
A lo mejor es que hay implicaciones inesperadas…
No sólo por esas posibles implicaciones o por las referencias que a mí me conciernen. Es, en suma, un texto fuerte en sí mismo. Y algo más. Una de mis hijas me dijo una cosa que me hizo pensar: podría ser que estas memorias afectaran a mi escritura poética, a ese posible misterio –no me gusta mucho la palabra– que hay en la poesía. Pero, bueno, los escritores vivimos en la contradicción, y yo he sentido la necesidad de iniciar estas memorias por razones de existencia, inseparables de mi condición de escritor.
Y, ya al margen de esas razones de posible correspondencia entre sus memorias y su poesía, ¿es usted consciente de haber hecho nuevas aportaciones que afecten directamente a aquel contexto leonés de su infancia y juventud?
En mis poemas esos datos (hechos, personas…) están ya de manera implícita. En las memorias estarán explícitos.
¿Ha advertido en el proceso un efecto terapéutico, en el sentido de que las memorias puedan llegar a ser, a pesar de todo, un antídoto contra el dolor?
En la escritura hay siempre una liberación. Siempre he pensado que el hecho de transferir lo que es intimidad reprimida y colocarlo en una hoja de papel para que aparezca luego públicamente expuesto en letra impresa, no modifica los hechos, pero de alguna forma libera. En mi caso, mi reencuentro con quien yo fui hace 60 ó 70 años es borroso, pero es causa de cierta terapia al realizarse esa transformación que convierte los hechos en algo más, en otra cosa donde se implica también una voluntad estética, un placer… No sé bien cuáles son los elementos determinantes pero sí sé que en la escritura hay una liberación.
¿Llega usted a tratar en este nuevo libro su expulsión del colegio a los trece años?
Sí. Estudié con los frailes agustinos, entre los que proliferaba el sadismo y la pederastia. Buena parte de ellos daba unas palizas tremendas. En cuanto a mi presencia allí, la cosa era así: yo recibía en aquel lugar enseñanza gratuita a condición de que sacase notas muy altas. Recuerdo que saqué matrículas de honor en el ingreso y en el primer curso. Todo iba, pues, bien. Pero en el segundo curso ya me había unido a los más revoltosos y empecé a ser un alumno díscolo, así que me quitaron por mala conducta un punto en cada asignatura. Se me mantuvo, no obstante, la matrícula gratuita pero yo apuntaba ya otras maneras, un gamberrismo un tanto precoz. Y acabé marchándome. En realidad, me autoexpulsé porque había un fraile, el padre Anacleto, que impartía Francés, que me ridiculizaba públicamente y de continuo por el hecho de que yo no tenía libro de esa asignatura. Mi madre, claro, no me lo podía comprar, y yo estaba esperando una especie de subvención que nunca llegaba. Entonces, expuesto a la vergüenza inherente a la pobreza, era obligado a humillarme todos los días en la clase ante los demás compañeros. No aguanté aquello y decidí irme sin que mi madre se enterara.
Y poco después, cuando va a cumplir 14 años, cierra usted estas memorias, justo en ese momento…
Es que al día siguiente de cumplir 14 años mi vida da un giro total hacia algo que ya no se puede calificar como infancia, porque empiezo a trabajar en un banco. Yo era el encargado de encender la caldera a las cinco de la mañana. Esa era mi primera labor dentro de una larguísima jornada. En la monstruosa situación laboral de entonces no podía trabajar un chiquillo menor de 14 años, pero a esa edad ya sí. Y ese es el momento en que en mi vida dejo de ser un niño.
Termina usted sus memorias a los 14 años y poco después, en 1947, escribe su primer poema conocido, recuperado en ‘Esta luz’: “Te beberé el cabello. / y cerraré los ojos. // Tu seguirás manando / tu cabello / turbio de besos”. ¿Tiene presente en qué contexto escribió aquel poema de amor?
Lo recuerdo perfectamente. La destinataria era una niña de 13 años, María Ángeles Lanza, mi mujer.

Hoy viernes, día 4 de abril, a las siete y media de la tarde, en la Sala Valle-Inclán (5.ª planta) del Círculo de Bellas Artes de Madrid, se presenta el número monográfico de la revista Ínsula dedicado a Antonio Gamoneda.El número, coordinado por José María Castrillón y Jordi Doce, incluye artículos de Fernando Rodríguez de la Flor, Túa Blesa, Eduardo Moga, Juan José Lanz, Lawrence Breysse-Chanet, Carmen Palomo, J. M. Trabado Cabado y José Antonio Expósito, así como una entrevista con el poeta a cargo de Eloísa Otero y Tomás Sánchez Santiago y un inédito del poeta: las páginas iniciales y finales de Un armario lleno de sombra, su libro de memorias recién concluido.El acto contará con la participación de Arantxa Gómez Sáncho, editora de la revista, José María Castrillón y el propio Antonio Gamoneda, quien leerá sus textos.
El último número, el 7, de (haz click:) ÁTOPOS, la revista que bajo el subtítulo ‘Salud mental, comunidad y cultura’ dirige MANUEL DESVIAT (quien firma el editorial titulado ‘Alienación de lo íntimo: de la represión al just do it‘), incluye artículos de Isabel del Cura y Alberto López García-Franco (La medicalización de la vida: una mirada desde la atención primaria), Ander Retolaza (El territorio del malestar), Alberto Ortiz Lobo (Los profesionales de salud mental y el tratamiento del malestar), Constantino Bértolo (Una lectura fracasada), Amador Fernández-Savater (Politizar el sufrimiento), María Angeles Gil Bonmatí (No disfruto), María José Gil Bonmatí (Mobbing), Javier González (Verónica), Ignasi Pons i Antón (Psicologización de la vida cotidiana).
Los escritores leoneses Antonio Gamoneda y Raúl Guerra Garrido disertarán, junto a Espido Freire, sobre la relación «indispensable» entre la cultura, el arte, la vida y el vino, el próximo 27 de marzo en Aranda de Duero. Un preámbulo con dos textos de AMELIA GAMONEDA –el que aquí transcribimos, ‘A la escucha’, que sirve de presentación, y el titulado ‘Entre memorias’–.17 grabados de JUAN CARLOS MESTRE –reproducimos uno bajo estas líneas–.Seis poemas de ANTONIO GAMONEDA .

Este invierno ha sido pródigo en virus y mi padre ha tenido una larga afonía. Ha estado silencioso entre los tumultuosos y verbosos encuentros a los que amablemente obligan los premios recibidos. Ya sé que no se deben celebrar los males de un padre, pero quizá esa afonía ha resultado tener una utilidad poética. Quizá, la experiencia real y física ha sido capaz de simbolizar una pérdida de la voz poética, y ha venido así a constituirse en aviso para que el poeta colmado de premios no se confíe. Obediente y algo alarmado, el poeta guardó silencio, pasó su pequeño calvario, cuidó su voz hasta reencontrarla. Y ahí están sus últimos poemas: no es mi oído filial sino mi oído poético el que me dice que en ellos hay una voz potente que vibra.

El viernes 4 de abril, a las 19:30 horas, se presenta en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el número monográfico de la revista Ínsula dedicado al poeta Antonio Gamoneda.

La fotografía, tomada ayer lunes, 10 de marzo, es de Ceferino López.
El próximo lunes, 10 de marzo (13 horas), el poeta ANTONIO GAMONEDA protagonizará una lectura poética en la Escuela de Arte de Mérida (Paseo de las Artes, s/n. Tel. 924009864. 06800-Mérida). Entrevista publicada en LA VOZ DE ASTURIAS, hoy, 7 de marzo de 2008.
Está en Oviedo y es noticia. Su desencuentro con el entorno de Angel González, tras la muerte del poeta asturiano ha desatado una tormenta. Primero Almudena Grandes y Joaquín Sabina; y muchos otros detrás, le han crucificado. Así que hablamos un poco de todo, de la poesía, de Clarín, de esas memorias en las que hablará de su infancia… Pero los dos sabemos que, finalmente, habrá que tocar ese espinoso asunto.
Viene usted a hablar a la Universidad y alguien de ella, Emilio Alarcos, creo que fue quien le animó a escribir tras aquella pausa de varios años
Exactamente. Fue el año 1975, y sin decirme nada. Un buen día recibí de la Fundación Juan March la concesión de una beca que me obligaba a escribir un libro en un año. El entonces era consejero de la Fundación y sé que fue quien hizo la operación.
¿Es la poesía un vicio necesario y solitario?
No es un vicio. En todo caso es una necesidad para algunos y, desde luego, es un hecho eminentemente solitario. Lo importante es la soledad; el silencio y un folio en blanco Necesario? Quizás sí, aunque tiene una proyección minoritaria.
¿Sigue habiendo dos Españas?
Sí. Estamos asistiendo al espectáculo de dos Españas enfrentadas.
¿Tanto como en su niñez?
No tanto como en los años 30, pero vamos camino de ello.
¿Vio el debate Zapatero-Rajoy?
El segundo.
¿Qué le pareció?
Zapatero hace política pensando en los intereses sociales y Rajoy, pensando en los poderes económicos. El discurso político es en ambos lados muy generoso, prometiendo la felicidad, la justicia…
¿Qué le parece la niña de Rajoy?
Una anécdota sin significación. No veo muy acertado el invento.
¿Hay camarillas en la poesía?
Siempre las ha habido. Por lo menos, desde hace 500 años; y actualmente, también; y yo, precisamente por provinciano, y por mi carácter, no tengo conciencia de estar en ninguna.
¿Eso le ha perjudicado?
No lo sé. Yo pienso que a la poesía, que hemos dicho que es una actividad solitaria, eso no la perjudica; a la presencia mediática, puede que sí. Eso no me hace sufrir.
¿Qué le parece el poeta asturiano José Luis García Martín como crítico?
Tiene la visión de la poesía que él cree que le conviene tener; y de otra parte, no es muy respetuoso con las verdades. Las verdades personales incluidas.
Para referirse a una mujer que se dedica a la poesía ¿prefiere la palabra poeta, o la de poetisa?
Poeta. Poetisa es un arcaismo en estos momentos. El sexo no tiene por qué diferenciar en eso.
Usted reivindica las voces de algunas poetas como Olvido García Valdés o Blanca Varela.
Por razones culturales de mucha antigüedad las poetas son menores en número, pero la calidad no tienen nada que ver con eso.
¿Conoce a algún poeta asturiano que prometa, que sea relevante?
Prometer no es lo mismo que ser relevante. Prometen poetas jóvenes. La relevancia es algo que se obtiene en la madurez. Con sinceridad, hay varios poetas jóvenes que prometen, pero ese poeta maduro y relevante; quizás por ignorancia mía, no le veo.
Prepara sus memorias. ¿Ese ‘Armario lleno de sombras’ existió realmente?
Existió y existe en mi casa de León. Lo conocí siempre y lo abrí dos años después de morir mi madre. Aparte de las sombras, encontré ropas, objetos, documentos, fotos…que, de alguna manera, me ayudaron a reconstruir mi pasado, e incluso la vida familiar anterior a mi vida.
Su padre era un poeta modernista. Escribió ‘Otra más alta vida’, un libro muy importante para usted, creo.
Exactamente. En 1936, cuando yo tenía 5 años y quería aprender a leer. Las escuelas, en virtud de la seria depuración y represión de los enseñantes, estaban más cerradas que abiertas. Trabajosamente, aprendí a leer en ese libro y me marcó, en el sentido de que fue muy importante descubrir la escritura y la existencia de un lenguaje que tenía algún tipo de música; el lenguaje de la poesía.
Y hay un episodio en su infancia con un caballo disecado que tiene que ver con fusilamientos.
Tenía 7 años; no había terminado la guerra. Me llevaron a ver ese caballo, que estaba en el penal de San Marcos y el niño que yo era; casual y desgraciadamente pudo ver cómo limpiaban la sangre de un patio.
Todo eso saldrá en sus memorias, supongo.
Sí, ése y otros hechos estarán en ellas.
¿Cuándo podremos leerlas?
Las he grapado y las tengo puestas a enfriar para leerlas dentro de dos o tres meses. Ahora no hago más que viajar.
¿Le influyeron los versos de su padre?
Me influyeron en el sentido de hacerme descubrir el lenguaje poético, pero la tonalidad, el sentido, la tendencia de mi padre, no.
¿A su madre le gustaba su poesía?
Ella encontraba emocionante que el hijo fuera poeta como el padre, pero no sé si mi madre tenía una visión crítica a favor o en contra.
Pero la poesía de su padre le gustaba. Fue el único libro que se llevó a León.
Pudo llevarlo también por razones puramente sentimentales, pero para ella, dentro de la tristeza, había un espacio de luminosidad emocionante en el hecho de que mi padre hubiera sido poeta.
Y ahora creo que tiene usted una hija poeta.
No lo sé. Sospecho que sí. A mi hija mayor –me entristece pero es así– le estorba la existencia del padre, en tanto poeta, aunque me adore, y yo a ella. Lo que ejerce con autoridad internacional es la crítica literaria, especialmente la relacionada con la literatura francesa. Tiene dos libros publicados, pero no de poemas porque ella los esconde.
¿Me equivoco si el de "la luna sangra en el río" es su poema preferido?
Lo dijo mi nieta Cecilia a los 7 años y yo pensé que se le había quedado de oír o leer algún poema de Lorca, pero he mirado Lorca, arriba y abajo, y nadie lo conoce. Es una ocurrencia de mi nieta, que no garantiza su futuro como poeta, pero que es tremendamente poética en la expresión, y hasta en términos métricos.
¿Ha conseguido ya la biografía de Clarín?
La tengo, con otros 200 libros que no he podido mirar desde hace más de un año.
El biógrafo de Clarín dice que merece una casa museo.
Si existe documentación de Clarín y es inconsultable, es un descuido muy serio de las instituciones a las que correspondería actuar.
El archivo de Aleixandre se vende.
Ojalá, pero si han dejado que su casa, poco menos que se venga abajo, no parece que estén muy preocupados por él. Ojalá me equivoque y se pongan en marcha, pero el de Clarín es, probablemente, más necesario e importante que el de Aleixandre, dicho con respeto para el poeta Vicente Aleixandre, un miembro más, y no el principal de la llamada Generación del 27. Clarín, desde mi punto de vista es el mejor novelista español del siglo XIX. Hay una diferencia cualitativa. Excelente poeta Aleixandre, pero Clarín es mucho Clarín.
Hay escritores, poetas, que prevén en vida qué pasará con sus legados.
Sí, hay algunos que se preocupan. Estoy pensando en Valente. Cuando supo que estaba seriamente enfermo preparó las cosas muy bien. La mayor parte de nosostros no nos preocupamos; no tenemos tiempo, o no tenemos ganas. Un caso lamentable es el del poeta Claudio Rodríguez. Han salido a la luz poemas que no quería sacar nunca y que tenía tirados.
¿No teme que pase lo mismo con su obra?
Lo temo, pero menos, por una simple razón: Me ocupo de destruir todo aquello que no merece la pena.
Angel González dejó prevista una fundación para su legado.
Me alegro mucho y espero que se pongan los medios necesarios, no solamente para la conservación, sino para favorecer el conocimiento y el estudio de Angel.
¿Qué pasó con usted y Angel González?
Qué está pasando todavía, porque hace cuatro días, se publicó en Oviedo un artículo contra mí. Yo pienso que hay un alejamiento de la verdad en la polémica, cuando un grupo de amigos de Angel trabajan para crear la opinión de que yo he menospreciado a Angel. Es el grupo de amigos que le acompañaban, lo cual en cierto modo sería de agradecer, porque yo creo que últimamente, Angel estaba enfermo de soledad. El grupo le utilizaba porque necesitaban tener un fuera de serie de su línea y tendencia y decidieron consagrar a Angel como tal. Eso ya es una forma de utilización. Y lo que ha provocado la irritación de esta gente es que yo dijera que utilizaban a Angel y añadía que no teénía interés en decir los nombres. Que dijera que le utilizaban les ha enfurecido. Yo no dije nada contra Angel, salvo que como pasó con tantos poetas: con Guillén, con Dámaso Alonso, con Alberti, con Claudio Rodríguez…conmigo mismo, los últimos años de su vida, su poesía es declinante. Pero esto lo decía él mismo: "Escribo, pero no la veo. No la veo".
El decía que últimamente no le llegaba la musa.
Sí, es una manera de hablar.
Hay muchos desencuentros entre poetas. Valente, por ejemplo, tuvo muchos críticos.
Sí, decía lo que tenía que decir, pero lo decía con aspereza. En los últimos cuatro o cinco años de su vida conservó pocas amistades. La mía sí, pero muy pocas. Era muy áspero en la expresión y cuando murió, con ese sí que se ensañaron. No yo. Lo mío es un ensañamiento inventado, según mi conciencia.
También Clarín tuvo muchos enemigos por no morderse la lengua.
Clarín también era un hombre ajeno a las camarillas. Era un estudioso, un trabajador, y sabía que la escritura de creación es un hecho solitario y exigente con el que hay que luchar con la fuerza que uno tenga y las verdades que decía le crearon enemigos en una especie de cohorte posromántica, que era lo que predominaba entonces.

El último número de "República de las Letras", la revista de la Asociación Colegial de Escritores, el 104, está íntegramente dedicado al poeta leonés Antonio Gamoneda, cuya figura y literatura se analiza desde todos los ángulos por grandes expertos. Recoge este monográfico artículos de Andrés Sorel (director de la publicación), Juan José Lanz, Miguel Casado, Ildefonso Rodríguez, Tomás Sánchez Santiago, Rogelio Blanco y Antonio Colinas, entre otros, además de algún poema inédito del leonés.
El dibujo es de Sara Alvarez (10 años)
La dedicatoria de Antonio Gamoneda dice: "La W (uve doble) de Sara tiene vida y mirada. Muy bien, Sara: hay que estar siempre a favor de la vida"-
Se pueden encontrar otras letras dibujadas por niños, con dedicatorias de escritores leoneses, en esta página (haz click:) del Ayuntamiento de Villablino.
Agradecemos a Fernando Redondo Benito el envío de este correo, desde México, para Faro Gamoneda:El encuentro, el 25 de abril en León, de los poetas Antonio Gamoneda y Juan Gelman será una de las actividades programadas durante la presidencia de la Red de Juderías de España por parte de León capital. Las actividades se abrieron ayer con la inauguración de Arquitecturas simbólicas. Las puertas de las juderías, una exposición en el Auditorio ‘Ciudad de León’ que se podrá contemplar hasta el próximo 26 de marzo, y que estará abierta al público de 11.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00 horas, de lunes a sábado.
Según informa Diario de León, los premios Cervantes Antonio Gamoneda y Juan Gelman ofrecerán una charla en León el próximo 25 de abril, una fecha bien simbólica. Éste es uno de los actos que vincularán el programa cultural que se celebrará en la capital leonesa hasta el próximo mes de junio para celebrar la presidencia de la Red de Juderías –asociación integrada por 21 ciudades españolas–, que León ocupará durante el primer semestre de este año. El acto contará con la actuación del grupo de música
Sirma, que ha compuesto para esta jornada varios temas basados en la poesía del último premiado en Alcalá de Henares. El programa se abrió ayer con la inauguración de Arquitecturas simbólicas, las puertas de las aljamas, exposición que trata de realizar un recorrido a través de la simbología que las puertas (las urbanas, las que se abren a la sinagoga y aquellas que conducen a la intimidad familiar) tienen en el universo judío. Asimismo, el ciclo se completará con una exposición fotográfica del cordobés Francisco Sánchez Moreno, que mostrará los rastros judíos en la península y sus influencias sociales y culturales.
Habrá tiempo también para la discusión intelectual. Para hacer de León el lugar de encuentro de las últimas investigaciones, se celebrarán dos congresos que contarán con la colaboración de la Universidad de León. El primero de ellos tendrá lugar entre el 17 y el 19 de abril y será coordinado por Jorge Sánchez de la Fuente. El título de esta simposio es El mundo judío en la Península Ibérica: sociedad y economía. Además, un segundo encuentro universitario, esta vez con dirección del profesor José Luis Avello, tendrá como protagonista a la mujer en el mundo judío, desde una perspectiva de la historia, el arte y la literatura.
Durante esos días, además, el Ayuntamiento y varios hoteles y restaurantes de la ciudad organizarán un ciclo de comida sefardí con la inclusión en sus cartas de una amplia variedad de platos tradicionales.


(Padrino y compadre: con el cariño denso y permanente de siempre. Pablo)
* * *
GAMONEDA
Con motivo de su adopción como hijo por el Ayuntamiento de León
Por PABLO DE LA VARGA
Ilmo. Sr. Alcalde, dignísimas Autoridades, Señoras, Señores:
Creo que pocas cosas honran más a un lugar, que el saber honrar a sus hombres mejores.
Aunque Antonio Gamoneda no nació aquí, aquí se hizo, aquí su infancia, aquí su adolescencia, aquí su juventud, aquí su madurez.
Tuve el azar y la suerte de jugar y de crecer con él.
Cuando niños, nuestro patrimonio más querido era la calle y la imaginación. Entonces esta ciudad se andaba en dos zancadas y nuestra andadura la cruzó muchas veces en todos los sentidos de la brújula.
Era un patio de vecindad fácilmente convertible en el país de las maravillas por el que deambulaba Alicia.
No había coches. Aun existía una berlina con su tiro de caballos que tenía parada ante la fachada principal de la Diputación y era un simón que hacía servicios a las estaciones.
Los vehículos de gasolina, quitando cuatro taxis y el coche de Genaro que recogía y repartía viajeros, eran muy escasos los que lucían su rodaje por las calzadas.
La ciudad era de viandantes y de niños que jugaban y corrían en libertad y sin sobresaltos.
Las niñas al corro, a la comba y al diábolo. Los niños al tacón, al pite, al fútbol, a los platis, a las pelis, a correr las calles con el aro en viajes de fantasía, y si la ocasión se presentaba, a la manga riega.
Toñín tenía especial habilidad para trepar los árboles de La Condesa y a mí me hubiera gustado encaramarme al del Ayuntamiento para emular a Tarzán. No era posible porque ese sitio siempre estaba a la vista de la Guardia Municipal.
En nuestro callejeo siempre íbamos escoltados de Dick Turpin, Buffalo Bill y cerrando comitiva, Toro Sentado. No era para menos y así nos surgieron aventuras cuya relación sería inacabable.
Luego vimos con curiosidad infantil el desfile de la Legion Cóndor. También vimos otras muchas cosas menos hermosas. Algunas de ellas están magistralmente relatadas en Lápidas.
Sí, Antonio fue niño en esta ciudad. Si los rincones pudiesen hablar, le saludarían muy familiarmente a su paso.
Un buen día, sin esperarlo, le crecieron los pantalones y sus piernas le llevaron al trabajo; su corazón a entender de patria, sus ojos al amor y su pluma, a la verdad y a la belleza.
La pluma. La pluma existió desde su primer deletreo y, de modo normal, al darse a conocer gana premios.
La primera flor natural se la concedió este Ayuntamiento. El poema está dedicado a la luminosidad y galanura de la Virgen Blanca.
La Catedral de León ha tenido la suerte de ser alcanzada por el canto de Gamoneda. Esa "gruta de pasión y viento", "esa belleza derramada hacia arriba".
También la tierra. Sus cuestos, sus encinas, chopales, pájaros, ríos, secanos, pinares, la majestad de la montaña y el aire.
El aire de León, tan invadido de coplas. Yo creo que León alberga en su cielo incomparable, la patria del aire… No me dejaré llevar.
Sí, Antonio fue joven en esta ciudad. De aquella época nos queda León de la Mirada. Veinte años de poesía que contempla a León.
Dice el poeta: "Una tierra que me ha hecho suyo de la única manera posible y verdadera: en el difícil encuentro del amor".
Sí, Antonio Gamoneda, ahora en su madurez, también le ocurre en León.
Su voz que trasciende el localismo para hacerse universal, ha sido portadora del nombre de León por cuatro continentes, con la dignidad que luce la estirpe de un gran escritor.
Siempre fue un mago de las palabras. Maneja como nadie el poderío de las palabras.
Muy exigente. Permanentemente se corrige a sí mismo. Se rehace en mejoras hasta que alcanza la belleza en su máxima expresión.
Es como un inquietante volcán de continúa fumarola. Con mucho talento estrena lenguaje. Un lenguaje lleno de modernidad, totalmente ajeno de antiguallas. Es un pórtico hacia el futuro que nos conduce a través de los hondones de nuestros entresijos a paisajes profundamente nuestros que, quizá, oscuramente habíamos presentido, pero que nunca los habíamos visto.
Su palabra enriquece nuestro idioma, porque es como el hurmiento al pan.
Y en su diapasón siempre está presente el tematismo social, que suena con la solemnidad que requiere su solidaridad con las víctimas del infortunio ante los poderes injustos.
No sé acercarme más en este corto tiempo. Además de lo que se trata en este momento es de tactar su leonesismo.
Aunque dentro de lo posible he cumplido con la brevedad que se me encareció, no me resisto a despedirme sin leerles un breve poema de los que dedica a León y que por sí mismo identifica a Gamoneda como leonés de lujo.
Si como un árbol vivo se incorpora
la música en tu espacio
y, al fin, precipitada transparencia
entre ciudades, llanos,
ríos lentos, caminos,
y, más aún, despacio llega,
y anida como un pájaro armonioso
corazones humanos;
si, obedeciendo al sobresalto puro,
se estremecen los campos
y el territorio mineral anuncia
la elevación de sus profundas alas;
si alcanzo
a decir la belleza de tu rostro;
si alzo
estos ojos de hombre para verte,
tierra de León, amiga y madre mía,
hallo
tus claros chopos y tu cielo libre.
De esta mirada, surge mi canto.
PABLO DE LA VARGA, amigo de Gamoneda desde 1935, no tuvo la oportunidad de leer este discurso el 22 de noviembre de 2007, durante la investidura del poeta como Hijo Adoptivo de León, debido al protocolo del acto. Lo guardó para el 6 de diciembre, cuando estaba previsto que la Diputación concediera a Gamoneda la Medalla de Oro de la Provincia de León. Pero esta última concesión se pospuso sin explicación sine die. Pablo leyó a su amigo su discurso el día de Nochebuena, y la lectura emocionó a toda la familia reunida. Quede aquí, como recuerdo, y en homenaje a la amistad incondicional que desde que tenían 5 años les ha unido a ambos.
Aprender español desde cualquier rincón del mundo y estar informado de la actualidad cultural de los países hispanohablantes ya es posible gracias a la televisión por Internet que el Instituto Cervantes estrenó hace una semana, y que supone un gran paso en la apuesta de dicha institución académica por las nuevas tecnologías.
Este canal, que está disponible en la dirección www.cervantestv.es, ofrecerá cada día boletines culturales, entrevistas, reportajes, tertulias, música y documentales sobre la cultura en lengua española y sobre los más de cinco mil actos que se celebran anualmente en los casi 70 centros del Cervantes repartidos por el mundo, según recoge un teletipo de la agencia EFE.
Se podrá, por tanto, conectar en directo con cualquiera de esos centros y seguir intervenciones como las que hace sólo unos días protagonizaron, por ejemplo, los escritores Juan Goytisolo en El Cairo o Antonio Gamoneda en Damasco. Con estas emisiones Cervantes TV se convierte en el primer canal cultural en español con una cobertura mundial.
El Cairo, 20 feb (EFE).- El poeta español, Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2006, apoyó hoy en El Cairo la Alianza de Civilizaciones impulsada por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, "que puede convertirse en un paso hacia la paz" en el mundo.
En declaraciones a Efe, Gamoneda, de 77 años, explicó que la alianza es un "conocimiento de las culturas, principalmente de las lenguas, que puede proporcionar una cercanía" entre las distintas civilizaciones.
Precisamente, del intercambio cultural para acabar con los conflictos en el mundo habló hoy el escritor español ante una concurrida audiencia, mayoritariamente femenina, que acudió al Aula Magna de la facultad de Artes de la Universidad de El Cairo para escuchar los poemas recitados por boca de su autor. Y mientras sus versos esonaban en la sala, a lo lejos se escuchaba el canto del mediodía de la llamada a la oración musulmana.
"El Cairo, para el español ya entrado en años, es una ciudad mítica. Se trata de un mito que responde con plenitud a una enorme verdad histórica", dijo Gamoneda, que por primera vez ha viajado a Egipto, de la mano del Instituto Cervantes, para participar en las celebraciones del centenario de la universidad cairota.
De la escritura oriental, confesó que conoce poco, aunque afirmó haber leído algunos versículos del Corán como inspiración poética. "La Biblia ejerció una seria influencia sobre mí –admitió–, por lo que empecé a sospechar de que otros libros sagrados podría ser fuente de inspiración".
El poeta, leonés de adopción, ha visitado muchos países desde que le concedieran el Premio Cervantes 2006, pero confesó que necesita descansar: "Hace año y pico que apenas puedo trabajar ni leer", se quejó. Sin embargo, señaló que cuando se traslada en tren, "al ser los viajes más largos, pienso más" y puede escribir.
En la actualidad, ha terminado un libro de memorias que cubre la etapa de su infancia durante la guerra civil española y la posguerra, que será publicado próximamente, y tiene "una veintena de poemas que parece que van tomando condición de libro con un título provisional, Canción errónea".
Aquejado de una dolencia de espalda, señaló que "está aprendiendo a ser viejo" lo que le permite "tener una sensibilidad progresiva de acercamiento al hecho final que es la muerte", que marca su poesía.
"Se aprende a ser viejo de varias maneras, dándole un valor positivo a los recuerdos, amando lo perdido y amando lo que está viniendo", explicó Gamoneda, para quien "esas dos direcciones del amor son los componentes más importantes del aprendizaje". EFE (ssa/agf)
El poeta imparte hoy, 11 de febrero, una conferencia en la ciudad turca y el jueves, en Damasco

Antonio Gamoneda aborda hoy la situación de la poesía española contemporánea en Estambul. El próximo jueves, el autor de Edad disertará sobre el mismo tema en Damasco. Las conferencias tendrán lugar en las sedes del Instituto Cervantes de ambas ciudades. Esta «gira» de Gamoneda ha sido organizada por el Ministerio de Cultura y las embajadas de España en Turquía y en Siria.
Desde que recibió el Premio Cervantes, hace ya casi dos años, el poeta leonés es reclamado por universidades e instituciones culturales. Precisamente, Gamoneda se quejaba recientemente de que apenas le queda tiempo para escribir. Especialmente ahora, en un momento en el que está a punto de publicar sus esperadísimas memorias; unas memorias en las que repasa su infancia y que, previsiblemente, verán la luz antes de la primavera.
Gamoneda, que tiene una perspectiva muy nítica y crítica del panorama poético, hablará tanto en la ciudad turca como en la capital siria de su creación literaria. Hace unos meses llegó a afirmar que la poesía portuguesa está cualitativamente por encima de la española y que debería haber una mayor comunicación entre los dos países ibéricos. En su opinión, con la falta de comunicación fluida entre los dos países de la Península Ibérica «la que sale perdiendo es la poesía española», porque «si se pudiera sacar la media cualitativa de los poetas, Portugal estaría por encima de España».
Esta noticia se publica hoy en DIARIO DE LEÓN.
Aquí estamos, sentados alrededor de la persona y la obra de Antonio Gamoneda y con los buenos amigos. Un privilegio del que haré, lo anuncio ya, doble uso y de un modo un tanto desacostumbrado para mí. "La música es uno de los elementos constitutivos del espacio poético abierto por Gamoneda (…); siendo yo músico, voy a exponer conceptos que manejaría con un colega de la profesión; no me referiré a la música como metáfora, un más allá de la palabra poética. Por el contrario, intentaré mantener una especie de diálogo con los textos sintiéndolos, oyéndolos, bajo categorías musicales. Es decir, considerando que Gamoneda es, con propiedad, un músico".Entonces me dediqué a recorrer las distintas formas musicales y su evolución en la obra de Gamoneda: la música de cámara del inicio, los blues, la monodia modal de Descripcion de la mentira, la prosa estrófica y fragmentaria del Libro del frío, con música de simetrías acentuales, la coralidad del Libro de los venenos, las improvisaciones circulares de Arden las pérdidas.
"Y por lo que respecta a su timbre, si alguien pudiese tocarla, debería elegir el fagot, pues ese instrumento, de entre todos, posee el timbre no ya de la voz humana, sino del cuerpo humano, resuena y retumba en el fagot la oquedad ventral y fértil del cuerpo".La intimidad con el colega músico ha sido muy explícita algunas veces. Hasta hemos intercambiado cuestiones de organología. Recuerdo cuando me pidió una lista de nombres para distintas flautas, y yo hice una: flauta de pan, siringa, zampoña, cálamo, caramillo, silbato, silbo… Al final, Gamoneda dio con el más preciso, y lo acomodó así en el Libro del frío:
"Ahora tienes miedo y, de pronto, te embriaga la exactitud: la misma fístula está sonando bajo tu ventana: ha venido el afilador".
* Este texto, que sirvió de introducción a un pequeño concierto de Ildefonso Rodríguez, fue leído en París, en el Instituto Cervantes, el 4 de mayo de 2006, en unas jornadas dedicadas a Antonio Gamoneda. Es inédito.
Todavía hay que contar por días el tiempo transcurrido entre el de hoy y el que fue día cerrado por la muerte en Angel González, y ya es, sin embargo, momento para hablar de él dentro de una perspectiva, también cerrada, que no debe ser deformada por la cobardía ni la tristeza. Angel prefería la verdad y la realidad.
Se dice de alguien –con más facilidad si ya no está vivo–, que es un histórico, cuando su obra (sea esta creativa, productiva o, también y por desgracia, destructiva) alcanza una dimensión y un valor, positivo o negativo, que coloca al autor en situación de referente necesario para definir un tramo temporal con marcas distintivas. Así, el descubrimiento de la fisión (Hahn y Strassmann, 1938) modifica (define y caracteriza), en profundidad, la política, la geopolítica y la tipología industrial y energética. Hasta ahora mismo. Todo sucede en un mismo tramo temporal, es decir, histórico.
Los lectores habrán de perdonarme este excurso que no es totalmente divagatorio: las obras humanas, vistas en simple cercanía, inducen a pensar que poco o nada puede haber de común entre ellas; una contemplación globalizadora, contrariamente, nos muestra que todas ellas se interpretan y que es su "invisible" comunicación y su interdependencia, lo que hace que la marcha de la humanidad sea una u otra, y que lo sea precisamente a causa de la actividad de los "históricos". Digo esto y pido perdón otra vez; podría haber resuelto mi comunicación diciendo simplemente: "Angel González es un poeta histórico ".
Cabe pensar que la poesía no manifiesta una importancia que la haga históricamente determinante, pero, con independencia de cuál sea esta importancia (enorme, por cierto, en civilizaciones arcaicas, en las que la poesía conlleva carácter sagrado) la poesía tiene su historia. Sus miles de años de antigüedad hacen difícil admitir que se trate de una "historia menor". Pues bien, se trata de afirmar que en esta dilatada secuencia y dentro de la lengua castellana, Angel González ocupa un lugar.
OTRA COSA es que, en nuestra actualidad planetaria, la poesía sea incapaz de actuar sobre la realidad, en particular sobre la realidad social, y es curioso que se den opiniones como la del comunista Gabriel Celaya ("La poesía es un arma cargada de futuro") y la del fascista José Antonio Primo de Rivera ("A los pueblos únicamente los han movido los poetas"). Vienen a decir lo mismo y ninguno de ellos tiene razón. Las cosas son hoy día de otra manera: los mitos carecen de poder y la poesía es irremediablemente subjetiva (Sartre) e impotente ante la realidad objetiva.
Angel González, estoy seguro, descreería cariñosamente de Celaya y menospreciaría, sin saña, la ocurrencia de José Antonio. El sabía que la poesía tiene una repercusión minoritaria; sabía también que lo que la poesía sí puede hacer es intensificar estados de conciencia, pero nada más.
La opción más oportuna en su momento –en el de Angel– consistía en no entrar en contradicción con el contenido político y moral de los "primarios" poetas sociales (los coetáneos de Celaya), que, de alguna manera, habían ejercido una resistencia frente a la dictadura franquista, pero en los que, finalmente, la escritura había desembocado en una retórica inoperante y poéticamente nula. Se trataba, pues, de liberar a la poesía, (a la poesía que quizá había dejado ya de serlo), de una incontinencia verbal que la inutilizaba. ¿Cómo? Como lo hizo él, cómo lo hizo Angel.
Y lo hizo –hablo releyendo el libro ‘Aspero mundo’ –, llevando el lenguaje a la sencillez y, aunque esto se verá mas claro en otros libros posteriores, incluso a la coloquialidad. Con una particularidad importante, que quiero destacar (nada más destacar, que es asunto largo, interesante para futuros doctorandos) relativa a los carácteres personales y diferenciales (subjetivos) de Angel González en relación con los supuestos de la llamada "generación del cincuenta". La particularidad es que, en tales años cincuenta, en los iniciales, al menos, es posible advertir en Angel una leve huella romántica. Mejor que rebuscar será mostrar, aunque haya de ser en forma fragmentaria:
Para que yo me llame Angel González, /para que mi ser pese sobre el suelo, / fue necesario un ancho espacio / y un largo tiempo: / hombres de todo mar y toda tierra, / fértiles vientres de mujer, y cuerpos / y más cuerpos, fundiéndose incesantes / en otro cuerpo nuevo.
Yo comprendo: he vivido / un año más, y eso es muy duro. / Mover el corazón todos los días / casi cien veces por minuto / Para vivir un año es necesario / morirse muchas veces mucho.
Agua quisiera ser, agua salada / cuando corres desnuda hacia la orilla. / Sol recortando en sombra tu sencilla / silueta virgen de recién bañada.
Tres fragmentos de tres poemas distintos, salutación a la vida, que se resuelve en desaliento al término del poema, contemplación de la muerte y selimentalidad amorosa. Estamos, ante tres constantes poéticas que, en la. actitud romántica o post-romántica, suelen darse, como en Angel González, asociadas. Creo que hemos "tocado" una de esas particularidades diferenciales que vengo anunciando.
VIENE UN LIBRO después, ‘Sin esperanza con convencimiento’, que, como el título indica, lleva consigo una voluntad de ahondar en las convicciones, de realizar una cierta retracción temática más acorde con la proclamada actitud "generacional", pero, a mi entender, sin abandonar, a diferencia de lo que hacen otros –no todos– "miembros de la generación", el que es su pensamiento poético peculiar. No obstante, en el fragmento que sigue (seleccionado en razón de la que he llamado "retracción temática"), puede advertirse, creo, la orientación solidaria que digo:
Quietos, pegados a la dura / tierra, / cogidos entre el pánico y la nada, / los hombres esperaban el momento / último, / sin oponerse ya,/ sin rebeldía.
Pero estoy dándome cuenta de que esto no es un estudio, sino solo un artículo; un artículo que pretende afirmar la condición de histórico –ya está dicho y redicho pero no importa– de este poeta. Quienes se interesen por el seguimiento de su conducta literaria, ahí tienen sus libros. Angel González, con una progresiva carga de sencillez y de ironía en su escritura, realizó una, también progresiva, adecuación, que por nombrar de alguna manera, llamaré "ideológica", a los postulados de la siempre supuesta "generación del cincuenta". Conservándose en su grandeza poética y personal, esta "adecuación ideológica" no fue siempre buena para la poesía de Angel.
De la "generación del cincuenta" era, por así decirlo, "instructor" Jaime Gil de Biedma, hombre muy inteligente (más hombre inteligente que poeta de "raza"), que quizá no hubiera hecho tan evidente su talento sin el magisterio de Gabriel Ferrater, quien no fue parte "oficial" en el grupo porque escribía en catalán. Jaime Gil es autor de excelentes trabajos teóricos.
LOS HOMBRES de la "generación" (son bien conocidos y no vamos a repetirlos aquí) son los que proclamó, con una extraña autoridad y con más decisión que acierto, Juan Hortelano en un libro famoso. Jaime Gil, en una entrevista publicada, confesó a Jesús Femández Palacios que la "generación" había sido una deliberada operación de marketing (el llamado grupo de Barcelona se procuraba así un "ascenso"), y, por lo que a mí toca, puedo decir que, en más de una nocturnidad de las que me ocurrieron con Claudio Rodríguez, soltó sus carcajadas zamoranas a propósito de la "generación", en la que había sido "empadronado". Cuento todo esto para reforzar mi opinión preventiva en orden a que a Angel González se le pueda considerar o no histórico a causa de su pertenencia a una más bien imaginaria "generación". Lo que sí ocurría es que era muy amigo de la mayor parte de los considerados integrantes, y que su bondad (la bondad es muy importante a los efectos de dar en poeta, mayormente si el poeta va a ser un histórico) se convertía automáticamente en una fidelidad ajena a miramientos. Pues, no: Angel González es un histórico por sí mismo, por los rasgos caracterizadores y predominantemente subjetivos que he mencionado, presentes en la mayor parte de su obra, y por la calidad con que estos rasgos se manifiestan.
Aquí podría terminar este artículo, pero no; no hay noticia seria del autor si se habla mucho de la obra y poco del hombre.
Yo voy a tratar de explicar humanamente a Angel. Hasta donde alcance e implicándome yo mismo, porque en esta implicación doy con serios indicadores de la situación y las posiciones. Los hechos son los que son: humanamente; incluyendo lo que pueda representar límites o accidentes y, si se manifestasen con evidencia, errores. De quien sean. Es ridícula la magnificación que "angelicaliza" irrealista e irreflexivamente. Yo no; yo daré, comprometido mi estatuto moral, mi breve historia con Angel, que es la breve historia de Angel conmigo y explica algunas cosas menores. Al término, Angel ha de quedar como lo que fue: un ser humano cargado de bondad y un poeta al que pertenece necesaria, justa o individualmente la atribución de poeta histórico.
MI RELACION con Angel debió de iniciarse hacia los setenta. No nos veíamos con frecuencia (él tenía su trabajo en Alburquerque U.S.A.) pero había un afecto motivado, quizá, en el que a los dos nos tenía (a él más que a mí, desde luego; eran perfectamente íntimos) Emilio Alarcos Llorach (yo, a Alarcos, le debo de manera plena la recuperación de la escritura poética, que tuve quince años abandonada).
Una reunión grata con Angel durante varios días, sucedió cuando, el entonces alcalde Masip, nos convocó –con José García Nieto y con Bousoño– para tratar de proyectos que no llegaron a realizarse. Pero mi recuerdo más hermoso es el de una noche, también ovetense, que habiéndose prolongado, a mi juicio, más de la cuenta y sabiendo yo que los mecanismos cardiacos de Angel no andaban muy bien, traté de interrumpir: "Bueno, sí, te dejamos en el hotel y nos retiramos". Esto me dijo. Cuando, habiendo dormido cuatro horas, me despedía yo en recepción, apareció Angel con otra pareja y me dijo: "Se nos ocurrió que podíamos venir a darte un abrazo".
LO QUE OCURRIÓ después lo sé más o menos bien y lo que quisiera es no saber nada. Durante algún tiempo (’Blues castellano’, por ejemplo) mi escritura no era demasiado distinta de la que practicaba "el 50" y en especial de la de Angel. Después, hubo una seria inflexión en mi pensamiento poético. Por otra parte, yo no he ocultado nunca mi descreimiento relativo a la supuesta "generación", pero siempre añadí que, sin deponer mi distinta concepción de la poesía (concepción y distinción que, curiosamente, se iniciaron con ‘Descripción de la mentira’ , el libro que Alarcos me "impuso" y sobre el que existe un muy generoso informe suyo en la Fundación Juan March) yo respetaba y valoraba, uno por uno y cada uno en su grado, su trabajo de creación poética. Había otros además de Angel, pero yo pensaba principalmente en él al hacer esta salvedad.
Hace años, se le hizo un homenaje en Oviedo, diseñado, estoy casi seguro, por gentes interesadamente cercanas a Angel que poco tenían de asturianos, homenaje al que, naturalmente (¿por qué diré "naturalmente"?) no fui invitado. Nada dije. Vinieron años con encuentros en los cursos de verano del Escorial, y la cordialidad, clara y real, de Angel conmigo se manifestó, finalmente, decreciente. ¿Por qué? Sí lo sé pero no lo digo. Lo que si diré es que el último año de coincidencia en estos cursos, Angel, Caballero Bonald, Brines y yo hacíamos una lectura en la misma mesa. Con total sinceridad y ante el público, yo dije "No es mi costumbre, Angel, pero ¿por qué faltó mi voz en tu homenaje?, quiero dedicarte la lectura que voy a hacer".
No volvimos a vernos. Llegó su muerte y, con ella, las naturales y urgentes peticiones periodísticas relativas a la impresión que el hecho mortal me producía y a mi opinión sobre Angel. En todos los casos, yo contesté con mi verdad: "que su muerte me entristecía; que entre nosotros había existido una buena amistad; que la vida y la poesía de Angel tenían una gran dignidad, aunque estimaba que en los últimos años había cierto decaimiento poético". (Esto mismo, además de que la poesía "no le venía", lo dijo varias veces el propio Angel con absoluta honradez). Dije también "que yo entendía que, además de sus males clínicos, Angel estaba, últimamente, ´enfermo de soledad´, y que esta soledad había sido, quizá, causa de que fuera utilizado (o manipulado, no recuerdo la palabra exacta) por personas que prefería no nombrar ". Palabra arriba, o abajo, esto y no otra cosa dije. Ni mencioné ni excluí que el acercamiento de estas personas hubiera podido ser amistosamente consolador para Angel. Bien pudo serlo, pero de esto yo no tenía ni tengo constancia.
LA ÚNICA expresión que cabría entender tímidamente negativa es "declinación" o "decaimiento", la que fuese. Ya he dicho que él mismo hizo reconocimientos expresos inteligibles en analogía, pero, además, ocurre que esta "declinación" es, antes o después, una triste y natural realidad en los históricos (y en los que no lo son: pienso en mí mismo). Decía Claudio Rodríguez que "los poetas somos como los yogures: tenemos fecha de caducidad", y él mismo la tuvo, y más bien temprana, como la tuvieron Hierro (véase ‘Agenda’, por ejemplo), o Dámaso Alonso, o Rafael Alberti, o Jorge Guillén… ¿seguimos?
Insisto en que he querido entender el caso de Angel humanamente, sin aferrarme al mito (como tampoco se aferraba él). En cualquier caso, ahí queda, hasta donde haya llegado, su obra grande, su contenido cívico, su actitud de resistente cuando hubo que serlo (convendría no olvidar que el Dictador murió hace más de treinta años, creando un desconcierto para quienes cifraban en la resistencia su poesía), y que son los componentes grandes que he relacionado los que le proporcionan su calidad de histórico.
Por manifestarme como he explicado, Almudena Grandes, por ejemplo, ha puesto en letra impresa que soy "cortesano (?), torpe y mezquino". Y Joaquín Sabina ha hecho declaraciones –que no he oído pero que me repiten unívocas–, sobre "ese que se dice poeta, ¿cómo se atreve a hablar así de Angel"?, y hasta creo que ha hecho unos versos dedicados a Angel en los que aparece la expresión "sin el beso de Judas Gamoneda". No hago interpretaciones. Doy estos nombres porque ya los han dado ellos.
Habrá más de lo mismo –no pienso averiguarlo–. En todos los casos, tratarán de hacer creer que mis manifiestaciones son contra Angel, y que su voluntad ofensiva se justifica en Angel.
YO MÁS BIEN pienso en que sea la referencia a que Angel (82 años, enfermo, tomado por la soledad en un orden principal) era acompañado, pero también utilizado o manipulado por personas de las que dije "que no merecía la pena nombrar". Sigo en mis trece: no quiero nombrarlas. Que se nombren ellas mismas. Tengo –tenía– un particular interés (quizá no lo haga en ningún sitio más) en poner en claro mi actitud sobre este triste asunto en Oviedo, la ciudad en que nació Angel González, poeta histórico, y unos años después, yo mismo.
"Juan Gelman escribe a su madre"
(Artículo publicado hoy, 26-01-08,
en la página 9 del suplemento Babelia, de El País)
Por ANTONIO GAMONEDA
"recibí tu carta 20 días después de tu muerte yAsí empieza el poema. Pronto retrocede a las aguas prenatales:
cinco minutos después de saber que habías muerto /"
"… ¿estábamos bien, juntos así, yoCreo que, en la última línea del entrecomillado, hemos entrado ya en la cifra oculta, en la que precisa revelación. Revelación que ha de estar en la propia Carta. (Gelman ha de perdonarme el procedimiento: yo sé que la poesía no se explica como yo estoy haciéndolo; posiblemente no se explica ni debe explicarse de ninguna manera); sé también que, así, el poema aparece destrozado sobre mi página. Esto no me da cuidado: el poema está, indestructible, en Gelman. Va a venir la revelación; dice el poema:
en vos nadando a ciegas? /
(…)
¿habré querido no salir nunca de vos / me
expulsaste y lo expulsado te expulsó /"
"… ¿es vida con los ojos¿Habría de esforzarme yo en ir a un más allá imposible, a la que en mí no puede ser más que ridícula hermenéutica, para "explicar" la incardinación plena, carnal, que Gelman hace de la creación poética en la creación de la vida? No; afortunadamente no hace falta; hace sobra; lo dice él para siempre: "… al vientre donde toda palabra va a nacer? / (…) la poesía ¿es simulacro de vos? /". Mejor sigo con el procedimiento tramposo de que hace unas líneas me he acusado yo mismo.
cerrados? / ¿por eso escribo versos? / ¿para volver
al vientre donde toda palabra va a nacer? / ¿por
hilo tenue? / la poesía ¿es simulacro de vos? /"
"así viaja el amor de ser a antes de ser?/"Sernos otros". Poder ser un "tú" y un "yo". Entrar en el desgarramiento existencial donde pueden darse el amor y el odio, el amor y el odio que no pueden darse en el "ser antes de ser"; en el desgarramiento existencial donde "la poesía es un simulacro de vos? /". Y
(…)
me
echaste de vos / ¿para aprender a sernos otros? /"
"(…) ¿por qué tan vivo está lo
que no fue? /
(…) ¿qué fue lo separado? / mi dedo de escribir en tu
sangre? / ¿mi serte de no serte?" /
"madre harta deEsto dice al final de la página que coincide, yo creo que exactamente, con la mitad del texto poemático.
tumba: yo te recibo / yo te existo /"
"así mezclaste mis huesitos con tu eternidad / tusBueno, vamos a cerrar como si éste fuera un artículo admisible y al uso.
besos eran suaves en noches que me dejaste solo
con el terror del mundo / ¿me buscabas también
así? / ¿hermanos en el miedo me quisiste? / ¿en
un pañal de espanto?"
Fragmentos
De "Canción errónea". Inédito, 2007
Antonio Gamoneda
Amo mi cuerpo; sus vértebras hendidas
por aceros vivientes, sus cartílagos
abrasados, mi corazón ligeramente húmedo
y mis cabellos enloquecidos
en tus manos. También
amo mi sangre atravesada por gemidos.
Amo la calcificación y la melancolía
arterial, y la pasión del hígado
hirviendo en el pasado, y las escamas
de mis párpados fríos.
(… … … … …)
Amo mi cuerpo incomprensible
y su miseria clínica. Estoy vivo.

(Poema de Antonio Gamoneda publicado en Luz en la Sombra,
libro colectivo testimonial sobre la Esclerosis Múltiple
editado por ALDEM, la Asociación Leonesa de Esclerosis Múltiple.
León, 2007)
Cuando relacionamos poesía y música, más allá de la discusión teórica, y más allá de ser siempre una relación resbaladiza, deberíamos ante todo atender a los testimonios que de ella nos dan los propios poetas, sus modos de implicar los datos musicales en la escritura. Así, oigamos, para empezar, dos de esos testimonios, entre los muchos que podríamos mostrar, dos principios de autoridad.
Rubén Darío ha escrito a propósito de Unamuno: "En Unamuno se ve la necesidad que urge al alma del verdadero poeta de expresarse rítmicamente, de decir sus pensares y sentires de modo musical… Lo que resalta en este caso es la necesidad del canto".
Ahora Baudelaire: "¿Quién de nosotros no ha soñado, en sus días ambiciosos, con el milagro de una prosa poética, musical, sin ritmo ni rima, lo suficientemente flexible y dura como para adaptarse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones del ensueño y a los sobresaltos de la conciencia". Y en El poema del haschis, se lee: "La gramática, incluso la árida gramática, resulta algo así como un hechizo evocador; las palabras resucitan revestidas de carne y hueso; el substantivo, en su majestad sustancial; el adjetivo, ropaje transparente que lo viste y colorea como una veladura; y el verbo, ángel del movimiento, que da a la frase la oscilación".
Creo que la escritura de Gamoneda se funda en una poética de la circularidad, lo que en otro lugar he llamado memoria de la memoria. El lector sufre un vértigo, cree estar ante la inminencia de una revelación absoluta; pero ésta queda conjurada circularmente: es el relato de un suceso oculto que centellea, se transparenta, pero permanece innominado. ¿Dónde? "El palimpsesto de la memoria es indestructible", ha escrito Gamoneda. Circularidad de los gestos, casi podríamos decir un sistema de fractales. Por ejemplo: la palabra armario genera una imagen que se repite a lo largo de los años, adquiere la categoría de un símbolo (aunque se simbolice a sí misma, en el sistema poético de Gamoneda: el armario). En distintos libros hemos leído: "El dios que llora en mis armarios". "Dime qué ves en el armario horrible". O algo como: "No hagas incesto en los armarios, guárdate: albergan asma, atribución, espíritus, quizá días y alas desesperadas". Palabra, imagen, símbolo, el armario pronto reaparecerá con una centralidad decisiva, pues el libro de memorias en el que Gamoneda está trabajado parece que se titulará Un armario. Sombras. Y del mismo modo podríamos leer, por ejemplo, las palabras luz o miedo, fractales, dos nudos decisivos de esa trama o sistema poético al que me estoy refiriendo. Un pensamiento que procede por ondas expansivas, a partir de datos de repetición y variación. "Las ondas de un narcótico calmo", como escribió Mallarmé. Son leivmotivs, obsesiones: "La majestad obsede en círculos". Es el impulso de la repetición interior (repetición convulsiva), el retorno de lo mismo. Y es, también, la necesidad de las variaciones, la reescritura permanente. Ese gran impulso es de naturaleza musical, engendra música, mediante dos vías: las ondas del pensamiento poético, con núcleos obsesivos. Y ciertas palabras que aparecen casi como talismanes o conjuros.
Y, también, la transformación del tiempo en espacio. "Espacio siempre frente al tiempo", ha escrito Gamoneda. René Nelli afirma: "La poesía mítica nos conmueve porque es una figura –tiempo, un cuento que se despliega con tal armonía que el pasado parece prefigurar el futuro, implicarlo, y donde, según el desarrollo de esta simetría, el futuro acompaña al pasado en una presencia ordenada que sucede al devenir y devuelve el tiempo a la coexistencia. Esta armonía preestablecida, esta transformación del tiempo en espacio (tan nítida en Shakespeare, por ejemplo), haría decir a Novalis que la gran poesía es necesariamente profética".
Hasta aquí, un exordio insinuante a la relación básica que pretendo establecer entre poesía y música en la obra de Antonio Gamoneda. Siendo yo músico, voy a exponer a partir de ahora conceptos que manejaría con un colega de la profesión; no me referiré a la música como metáfora, un más allá de la palabra poética. Por el contrario, intentaré mantener una especie de diálogo con los textos sintiéndolos, oyéndolos, bajo categorías musicales. Es decir, considerando que Gamoneda es, con propiedad, un músico.
La antigua disciplina de la prosodia era una parte de la música: se ocupaba de la música verbal, sabía reunir música y palabras (pro-sodos: procesión con cantos y música de cítaras). Ya más cerca, sabemos que en laboratorios con grandes afinadores, metrónomos y agujas de medición se estudian los sonidos articulados por la voz humana.
Pero es posible dar un paso más allá de la vieja prosodia para hablar de escala, instrumento, timbre, audición, blues, tango, Bela Bartok, silencio (todas estas son palabras del propio Gamoneda) en relación a sus poemas.
Todo ello funda, conforma el cuerpo musical de su poesía, lo que en mi primer acercamiento crítico (es decir, lo que se escribe al ritmo de una lectura intensificada y hasta alucinada), hace veinte años, llamé la escritura del cuerpo.
Que sea legítimo aplicar de un modo tan estricto los conceptos del sonido y sus determinaciones artísticas a una escritura poética, quedaría justificado con los testimonios, no de dos poetas ahora (aunque creo que de algún modo lo son), sino de un músico y de un médico. John Cage ha escrito: "Tal como yo lo veo, la poesía no es prosa, porque está formalizada de algún modo. No en razón de sus contenidos o ambigüedad, sino porque permite introducir elementos musicales (tiempo, sonido) en el mundo de las palabras". Por su parte el doctor Georg Groddeck escribió en su inagotable Libro del Ello: "El hombre no sólo está sometido al ritmo en su actividad consciente, en su trabajo, en sus actividades artísticas, en su andar, en su actuar, sino también en el sueño y en la vigilia, en la respiración, la digestión, en el desarrollo y en la decrepitud, en todo. Al parecer, el Ello se manifiesta tanto en el ritmo como en los símbolos".
Finalmente, resulta que el propio Gamoneda ha explicitado tal relación en numerosas ocasiones. Juicios teóricos, como éste, tomado de su libro El cuerpo de los símbolos: "La música es el estado original del pensamiento poético. Sabido es que de toda lectura que importa (y a poesía me refiero en particular) queda al final algo que es como una melodía que condensase el sentido y sentir de la obra completa. Comprender las palabras a través de su música, experimentar la expresión como una estructura musical es lo que coloca a la escritura y a su autor en la especie poética".
Ya en la obra, aparece una numerosa serie de proposiciones concretas referidas a la música y la audición ,"la audición del mundo": "Sangre convertida en música", "lienzo musical", "robles musicales", "música en tus ojos". Otras sentencias lo hacen por alusión indirecta: "Siento las oraciones, su lentitud, como serpientes bellísimas que pasaran sobre mi corazón".
Y en el centro mismo de su escritura, juicios que revelan un verdadero pensamiento musical: "el cuerpo del canto", "la música de los límites", "cantidades de tiempo situando cantidades de sonido permiten sobrepasar la muerte", "sucedió en la inmovilidad, como la música antes de su división" (esta sentencia es decisiva para lo que seguiré exponiendo), "la feroz escala del que canta ante el rostro de la muerte".
Hace tanto tiempo que no duermo por las noches,
hace tanto que no duermo de noche
ya ni puedo tragar el desayuno,
los dientes y la lengua se pelean en mi boca;
sí, hace tanto tiempo que la alfombra está de cara al suelo,
hace tanto que la alfombra está pegada al suelo…
como ella vuelva, nunca más la dejaré irse.
* ‘Las músicas de Gamoneda’ fue leído, en una primera versión, en Buenos Aires, en el Instituto de Cooperación Iberoamericana (AECI), el 22 de noviembre de 2000. Publicado en el número 2, primavera del 2001, de la revista La Pecera, dirigida por el poeta Osvaldo Picardo, de la Universidad de Mar del Plata.Una nueva versión ampliada de este texto se publicó en la revista de Extremadura Espacio/Espaço Escrito, dirigida por Ángel Campos, números 23 y 24, Badajoz, 2004; en el dossier dedicado a Gamoneda y coordinado por Miguel Casado.

"José Ángel Valente, en la segunda mitad del siglo XX, de una manera que resulta amplificadora de la posición análoga de Juan Ramón Jiménez, concibió la poesía como una realidad sensible e inteligible más allá de la literatura. Asimismo, entendió de una manera privilegiada otros aspectos de esta realidad; supo también que la poesía, ejercicio de soledad, no es "empaquetable" en pasajeras generaciones, ya que, en su origen y en su valor, es radicalmente individual y subjetiva, y, lo es sobre todo en el acto de su creación".
ANTONIO GAMONEDA
Valente: texto y contexto
Publicaciones de la Cátedra José Ángel Valente de Poesía y Estética
Número 3 de la colección que dirige Claudio Rodríguez Fer
Universidade de Santiago de Compostela, 2007
El libro está dividido en cuatro capítulos, en los que se recogen las cuatro charlas sobre Valente impartidas por Gamoneda en la Cátedra:
El pensamiento poético de Valente
Valente y sus coetáneos
Valente y yo mismo
Lectura comentada de poemas de Valente
"La poesía social comportaba grosuras y límites en el orden de la creación poética. Fue, sin embargo, necesaria. Necesaria como antídoto de la poesía fundamentada en la falsedad. Me refiero a la poesía de la "felicidad" consagrada por los vendedores de la guerra civil. En ellos el mundo aparecía perfectamente claro, redondo y ordenado; era un mundo –sobre todo en su parcela– por el que "había que dar gracias a Dios", y así se hacía al celebrarlo. La llamada poesía social disiente de esta conducta y sólo por ello ya es una poesía legítima, lo cual no quiere decir que sea la suya una fórmula poética consistente.
Por otra parte, es difícil hacer poesía –en cualquier tiempo, en cualquier lugar, en cualquier circunstancia– que no tenga algún sentido social. Es otro problema. Sé que hago una valoración parcialmente contradictoria, pero sé que también aquí es coherente y verdad lo uno y lo otro".
* * *
"La llamada "Generación del 50" no es el resultado de un estilo colectivo, afortunadamente. Entre los "legítimos" del 50, yo creo que la afinidad procede más que nada de la amistad. Y de otra cosa importante, que no sé si ya se ha dicho: son la primera hornada de poetas jóvenes coincidente en la negatividad en relación con la dictadura derivada de la guerra civil. Pero, por otra parte, a la larga –puede que también a la corta– se parecen muy poco entre sí. Caballero Bonald, por ejemplo (pienso en Ágata ojo de gato y en Laberinto de fortuna), ¿qué tiene que ver con Ángel González, con Claudio Rodríguez y hasta consigo mismo retrotraído a los años cincuenta del calendario? Desde la definición generacional han debido de pasar más de treinta años: ¿qué es ahora la "generación del 50"?".
A. GAMONEDA
(Fragmento del capítulo ‘Recortes y extravíos’ de El cuerpo de los símbolos, Ed. Calamus. Oaxaca, México, 2007)
Madrid, 12 ene (EFE).- El poeta y escritor leonés Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2007, dijo hoy a Efe que Ángel González fue "un poeta que tenía unas pautas ideológicas antifranquistas muy claras y que se incorporó en los años 50 a las pautas poéticas del realismo". 
"La antologia ‘Esta luz’ / ‘Dieses Licht’ saca a relucir en Alemania la personalidad de Antonio Gamoneda, cuyo discurso poético acierta a conjugar el hermetismo figurativo con una profunda humanidad, la crítica del lenguaje con una aguda conciencia histórica. De ahí deriva la autoridad moral de este poeta, ya desde hace años convertido en todo el mundo hispánico en paradigma de lo que denomino rehumanización del lenguaje poético, es decir en valedor de todo un programa atento a devolver a la palabra humana significación restaurando su función de puente entre la conciencia y el mundo, entre los sujetos personales y sociales. En mas de doscientas páginas se ofrece una visión panorámica de su obra poética".
JAVIER GÓMEZ-MONTERO. Christian-Albrechts-Universität zu Kiel /Romanisches Seminar.

‘Dieses Licht’ / ‘Esta luz’, antología 1947-2005, acaba de aparecer en eds. Verlag Ludwig, Kiel, Alemania, de la mano del profesor Javier Gómez Montero.


Sé paciente en tus uñas,
ah cadáver que duermes esta noche
en mis párpados,
ten salud, ten piedad;
ah, sé hábil, habita suavemente la sombra,
calla en mis labios, entra en mis anillos.

El comedor de las viudas
Ves pasar el invierno y, en las habitaciones cóncavas,
bajo los grandes decimales, suda la plata funeraria.
Ah las cucharas: ésa es tu audición
cuando el azúcar hierve,
ah las cucharas en el corazón seducido
por las alondras de la muerte.

Hierves en la erección, dama amarilla,
y éstas son aguas preteridas, líquidos invernales.
Dama en mi corazón cuya luz me envejece;
eres la obscenidad y la esperanza.

Edad, edad,
tus venenosos líquidos.
Edad, edad,
tus animales blancos.

Tango de la eternidad
Ávida vena, dame tu cordel.
Quien tiene miedo quiere entrar en ti,
víspera negra. Y en los patios canta
tonta, la eternidad.
Este verano,
no dejes de venir, ávida vena,
dios sin semilla, paz sin esperanza.

Ventana húmeda
Esta es una ciudad desconocida
y llueve sin esperanza.
No hay memoria ni olvido
y el error es la única existencia.
¿Quién me ama
en esta ciudad desconocida?
Aviso negro
Nada se esconde al gavilán inmóvil;
arden sus ojos amarillos
y esta es su narración: aguas enfermas,
mendicidad de rostros invisibles.
No hagas incesto en los armarios; guárdate:
albergan asma, atribución, espíritus,
quizá días y alas desesperadas.
Siéntate ya a contemplar la muerte.

Aviso negro
Nada se esconde al gavilán inmóvil;
arden sus ojos amarillos
y esta es su narración: aguas enfermas,
mendicidad de rostros invisibles.
No hagas incesto en los armarios; guárdate:
albergan asma, atribución, espíritus,
quizá días y alas desesperadas.
Siéntate ya a contemplar la muerte.

Tango de la misericordia
Es la última lana de mi vida;
hay azúcar, amor, hay vigilantes
en las arrugas de mi corazón
y aún eres pobre dulcemente en mí.

Llegan los números
En tus dos lenguas hoy estuve triste,
en la que habla de misericordia
y en la que arde ilícita.
En dos alambres puse mi esperanza.
Estoy viendo dos muertes en mi vida.

Relación del prostíbulo
Vi la solicitud de las ancianas
y sus agujas; las tinieblas
y la humedad de sus medallas.
Era juevas sin padre, jueves sólo.
No había nadie en el espejo. Vi
cánulas y, tras el crepúsculo,
a las gallinas en la eternidad.
Dios se cansó de la tristeza
y no quiso existir. Aquella tarde
fue la única tarde de mi vida.

Soy el que ya comienza a no existir
y el que solloza todavía.
Es horrible ser dos inútilmente.
Los inocentes son seducidos en los patios
y las vecinas hablan
de la resurrección de la carne.
Mis hijas lloran en sus manos y su llanto es verde.
¿Qué día es este que no acaba?

Ah vejez sin honor. Y los adverbios
depositándose en mi alma.
(Lágrimas en los vasos prohibidos,
mariposas ávidas).
Sé de la furia del pastor, viene apartando ramas
y ya es de noche.
Los advervios
están cansados en mi alma.
Rastreando al poeta asturiano Fernando Menéndez, damos con este artículo suyo sobre Gamoneda publicado hace algún tiempo en la revista digital literaturas.com. Se titula (haz click para leerlo entero):
Cuatro afirmaciones tajantes de Antonio Gamoneda más una nota prescindible.
Reproducimos aquí, únicamente, la "nota prescindible", al final del artículo:
Al sobrevolar Esta luz (Antonio Gamoneda. –Poesía reunida-1947-2004. Galaxia Gutenberg-Círculo de lectores. Epílogo de Miguel Casado) se revuelve en el estómago una especie de vértigo histórico, similar, dicen, al que sienten los viajeros ante los restos de la Historia. Se tensa el nudo de los intestinos al comprender que en Esta luz se escribe la letra de mi educación sentimental. Todo lo que me ha acompañado y me ha dolido, todo lo que me ha abrumado y necesitado. El profesor Claudio Guillén lo denomina “múltiples moradas”. Lo cierto es que un libro verdadero se prolonga a través de una extensa reverberación. Así, un personaje de la última novela de Belén Gopegui (El lado frío de la almohada) al recordar un poema de Lezama Lima me enseña cuál es, para mí, el efecto de la escritura de Antonio Gamoneda:
“Ahora ya sabemos que la única certeza
se engendra en lo que nos rebasa.”
Los que sabían gemir fueron amordazados por los que resistían la verdad, pero la verdad conducía a la traición.El olvido, la retracción, la mentira —las zonas negativas— se convierten en los temas privilegiados de un relato consumido en la enunciación obsesiva de los reversos: “La realidad se ahuyenta en estos labios tan sólo expertos en formas invisibles”.Algunos aprendieron a viajar con su mordaza y éstos fueron más hábiles y adivinaron un país donde la traición no es necesaria: un país sin verdad.
Era un país cerrado; la opacidad era la única existencia.
Gamoneda vía Blanchot: escribir para poder morir.
Gamoneda vía Agamben: escritura como testimonio, tarea del superviviente.
Tal vez de ahí venga ese tú metamórfico (posibilidades: forma del amor, del yo, de la amistad, de lo colectivo, etc.) en fuga. Invocarlo es hablar a una sombra.
O la espectralidad de la voz del superviviente, la de un sujeto poético agotado (“guárdate de mí porque la negación ha tocado mi cuerpo”), cuya mirada sólo parece capacitada para la percepción de la finitud porque su “lucidez está ofrecida a la muerte”. No extraña, por tanto, la inercia interrogativa como suspensión del concepto de verdad:
No recurriré a la verdad porque la verdad ha dicho no y ha puesto ácidos en mi cuerpo.
¿Qué verdad existe en el vientre de las palomas?
¿La verdad está en la lengua o en el espacio de los espejos?
Pensar un libro como Descripción de la mentira en sus coordenadas más estrictamente históricas, frente la fábula amable de la Transición: conciencia del valor corrosivo de la palabra para denunciar que una hay paz levantada en olvido o borradura. El gesto político de Gamoneda consiste en dejar al descubierto, a través de un acto ineludible de memoria, la naturaleza fraudulenta de la sutura y en desvelar su materialidad negativa: silencio, ácidos, suciedad. Sólo una vez llevada a cabo esa tarea de revelación (verdad) y purga, una vez quitados los velos de la mentira, podría abrirse una grieta a la posibilidad de una existencia no opaca (“Éste es el único día digno de ser vivido ya que todos los otros días fueron días de negación”). No obstante, el libro concluye en un escepticismo sin cicatriz, respirando aún por la herida, a la vez que añade un interrogante más; éstos son sus últimos fragmentos:
Al fondo de la yerba negra de la mentira queda este escribir preguntando al olvido y a la historia aún no escrita, constatación, pero tal vez también ahí un resquicio de apertura.Profundidad de la mentira: todos mis actos en el espejo de la muerte. Y los carbones resplandecen sobre la piel de los héroes aun despiertos en la imbecilidad.
Y ese alarido entre cristales, esas heridas que no son visibles más que en el instante del amor…
¿Qué hora es ésta, qué yerba crece en nuestra juventud?
Una conciencia paradójica que tensa
el poema, afilando lo inocente,
El temblor de la correspondencia. Grafías, ya entretelas. Acoso y lamento de la boca impaciente contra la lentitud: amordazarse y escuchar. Una resonancia insustituible en el oído, piel en el poema. Que no temblarán las columnas del templo, no, ¿pero aquello?
De entre todos, el Libro del frío. ¿Por qué? algunos datos para una (imposible) ecuación:
profundidad
emoción
suspensión
memoria
exactitud
levedad
intimidad
intimidad
intimidad, etc.
Decir sin decoro, porque saber de memoria es saber de corazón, desde este (otro) lado: no vemos agua pero hay muchos árboles y, como siempre, para dejar de tiritar tú tarareas: “Tengo frío junto a los manantiales…”.

LAS SOMBRAS DEL SOLITARIO
[…Ce beau chant] m’a bouleversé par ses distances internes, on le dirait bâti sur des silences, ses lignes sont comme des clôtures autour de l’ineffable illimité: comme des barrières dans un pays plat, par-dessus lesquelles l’espace enclos ne cesse de recomposer une grande plaine impossédable.Llanura ilimitada hacia fuera o bosque hacia dentro la obra, motivo obsesivo asimismo en la poesía de Trakl. En otra carta a Ludwig von Ficker, Rilke se expresa de ese modo sobre Sebastián en sueño:
[…] on comprend bientôt que les circonstances de ce chant (sa montée et sa retombée) ont été irrémédiablement uniques, comme celles dont naît, justement, un rêve.Varios críticos habían reparado ya en el parecido. En su introducción a Edad, Miguel Casado alude a Saint-John Perse, Trakl o Rimbaud para subrayar lo inaudito de la obra de Antonio Gamoneda en la tradición española. En su artículo de 1993 titulado «Manos de tierra», Fernando Castro Flórez alude a una proximidad en la «peregrinación crepuscular» —y pensamos en un verso como «Subes hasta un lugar de espinos; tocas el borde del crepúsculo», de Descripción de la mentira. En 1996, en una entrevista en la que José Luis Calvo Vidal alude a Saint-John Perse, a Trakl y a René Char, Antonio Gamoneda contesta lo siguiente sobre los poetas nombrados:
[…] perfectamente elegidos, son obras con las cuales yo acepto una afinidad. Quizá, el caso más ilustrativo pueda ser el siguiente: a mí me decían, «oye, cómo se nota que has frecuentado mucho a Trakl… hay una gran cercanía entre lo que haces y la obra de Trakl, ten cuidado…» Y yo no había leído a Trakl. Lo leí después y dije «es verdad». […]A continuación, Antonio Gamoneda alude a «las coloraturas, los impulsos y la sentimentalidad» que están en Trakl y pudo recibir por una vía indirecta, pero prefiere concluir sobre tal cercanía aludiendo a afinidades, «la causa única». Que quede claro que yo no busco fuentes hipotéticas, sólo me interesa la hermandad con la visión de «un homme qui meurt à vingt-sept ans et qui n’a jamais cessé de vivre sa propre mort», según palabras de Jean-Michel Palmier. No explicar sino comprender esa afinidad, seguirla más como un misterio que un secreto: una coincidencia que no esconde nada sino que existe —pues es así y eso es inexplicable, y creo que es mucho: una invitación por lo menos para que el lector, a partir del encuentro, se adentre en la espesura de cada voz.
Esos fragmentos, en su ocaso y su distancia, reflejan lo que Miguel Casado designa como la «crónica de los episodios fundadores», o momentos de nacimiento de un mito personal, expresado fundamentalmente en Lápidas. De hecho es en el poemario escrito entre 1977 y 1986 donde empieza explícitamente el diálogo del yo presente con sus recuerdos más violentos, arraigados en la niñez durante la guerra civil (y notamos que Antonio Gamoneda reescribe Lápidas en 2003, año en que fecha sus versiones de Trakl). La retracción en la obra de Antonio Gamoneda tiene el sentido de un «emerger sentimental y sensitivo» –cito a Miguel Casado–, por el que se busca la identidad personal en un acallamiento paradójico. Pues no se impone a la conciencia una tarea de erradicación del yo biográfico, como en la obra de José Ángel Valente, sino la exploración infinita de los rincones más secretos de una memoria dramática.
La letanía de la obsesión, encabezada por el pretérito «vi», señala la encrucijada entre los recuerdos personales y los recuerdos poéticos, en que se genera el conocimiento: «a partir de la existencia de la escritura y no antes.» Si el verbo ver en pretérito anuncia la llegada de la fatalidad en el Romancero, el lector recuerda otro cruce. Se impone al oído el martilleo de «Aquellos ojos míos… no vieron … ni… ni…» de «1910 Intermedio», segundo poema de Poeta en Nueva York, cuando Lorca introduce por la vía negativa la letanía traumática de las visiones que desgarran para siempre al yo, ya perdida para siempre la inocencia de la niñez. Como ya en Descripción de la mentira, de modo abrupto, sin la máscara de la retórica de la negación, cada vez más intensamente, se repercute en Lápidas la anáfora –hasta siete veces en los doce fraseos del cuarto poema de la primera parte: «Vi la sombra perseguida por látigos amarillos», «Vi los estigmas del relámpago sobre aguas inmóviles, en extensiones visitadas por presagios», «vi las materias fértiles», «vi los residuos del acero», «Vi cabezas absortas en las cenizas industriales», «yo vi el cansancio y la ebriedad azul», «Vi los espejos ante los rostros que se negaron a existir». Cuando en medio del sufrimiento de la memoria se impone el verso «era la geometría, era el dolor», se actualiza la lucha lorquiana por la contención de lo oscuro mediante la arquitectura del poema. La anáfora temible se derrama por el libro entero, sumando audazmente las visiones en vez de eliminarlas. Al final de la primera parte de Lápidas, «Todos los animales se reúnen en un gran gemido». O más adelante, por el mismo camino memorial, peligroso por abarcador, «Siento la espesura fluvial; se manifiesta en sílabas lentísimas». Sombras del grito y sombras del silencio, sombras de la vida y sombras de la muerte, leche y sudarios, conviven: «La compasión y la vergüenza pasan sobre mi alma». Y aún sigue viva la onda de la letanía obsesiva en Arden las pérdidas, sangre y centro medular de la voz.
La violencia que socava la espesura del recuerdo es tan intensamente revivida que se revela en unos puntos de cristalización particularmente agudos, vinculados a la experiencia personal, como lo recalca siempre Antonio Gamoneda –y pienso en la presencia del símbolo del balcón y al del caballo. En nuestra memoria poética (enquistada memoria diría Miguel Casado), el balcón ya tiene espesor de noche, vinculado al recueillement baudeleriano: «Ma Douleur, donne-moi la main; viens par ici, / loin d’eux. Vois se pencher les défuntes Années, / Sur les balcons du ciel, en robes surannées[…]». Es decisivo el relato del tercer poema de la tercera parte de Lápidas, cuando «Desde los balcones, sobre el portal oscuro, yo miraba con el rostro pegado a las barras frías; oculto tras las begonias, espiaba el movimiento de los hombres cenceños […]». Visiones de espanto, anunciadas por el plural inquietante, los balcones, en los cuales se quedará clavado el yo de modo definitivo, espiando su memoria para conjurarla, reviviendo el ademán de la madre: «con violencia silenciosa, me retrajo hacia el interior de las habitaciones.» Ella cierra las «hojas del balcón lentamente», y con ello se cierra abriéndose para siempre el paréntesis que enmarca tipográficamente el texto, disimulado de ahora en adelante en las entretelas de la obra. Se impone una «dialéctica de la retracción» –citar a Miguel Casado es ineluctable– y la memoria del lector reactiva aquel destello de Descripción de la mentira, donde se sella el pacto con la voz poética: «Permanecí, permanecí, pero mi obra es la retracción, la retirada hacia una especie maternal / y en la virtud de mis oídos se adelgazaba dentro del silencio.»
Por eso, si aludí al diálogo crepuscular con Trakl, creo que río arriba, suena fuerte el diálogo con Lorca. Es explícito en «(Diván de Nueva York)», segundo poema de la segunda parte de Lápidas –geometría siempre–, donde se entrecruzan abiertamente Poeta en Nueva York y Diván del Tamarit. Pero pienso en otro texto, que Antonio Gamoneda publica en 1980, cuando está escribiendo Lápidas: Tauromaquia y destino. El libro se abre con cuatro «capítulos» poéticos, escritos por Antonio Gamoneda en una glosa de cuatro versos diseminados –como el cuerpo de Ignacio y del poeta– en los dos primeros momentos del Llanto, «La cogida y la muerte» y «La sangre derramada». Los sigue une respuesta pictórica de Juan Barjola. Al segundo verso del Llanto (formular de nuevo el primer verso, el del momento exacto de la muerte, hubiera sido imposible), «Eran las cinco en punto de la tarde», contesta otro principio: «Era un tiempo atravesado de pájaros. No existía otra luz que la de una gran sábana cuya urdimbre desconocimos. Era julio en la vida mas los balcones se abrían ante el espesor de la muerte.»
Se puede releer ahora la segunda parte de Lápidas, con un enfoque más amplio: la narración del drama personal se ensancha hasta el vértigo con (Delación del verano), el díptico (Viernes y acero), (Canción de los espías), (Suciedad del destino) y (León de Tabarra). Desde sus paréntesis, los poemas nos hablan en realidad de una pasión múltiple, cantada ya en Tauromaquia y destino, pues en la tragedia individual, la de dos muertes, la de Ignacio y la del poeta, se expresa otra tragedia, la de España. Pero en Lápidas las máscaras de la memoria encubren la raíz del poemario, cuyo sentido demasiado agudo –agudo como sólo puede serlo un dolor, que aquí empieza con la luz históricamente cruel de julio–, se entrega con mayor distancia al lector. Sólo un indicio liminar, la sustitución de «atravesado» por «equivocado», en el primer verso de (Viernes y acero). A continuación, ha desaparecido la tercera frase «Era julio…», donde arraiga el símbolo del balcón en la memoria personal, símbolo acallado para que se pueda esparcir su carga dolorosa por el poemario, diluyéndose lentamente.
Tras el diálogo con Lorca asoma otra imagen, en la que suena aún el «oscuro desván del lirio», que llena desgarradamente el espacio de Poeta en Nueva York, donde recordamos entre tantas imágenes de la muerte la del «hueco blanquísimo de un caballo, /crines de ceniza» del «Nocturno del hueco». En su presencia obsesiva, de fuente biográfica certera, el caballo se hace realidad simbólica en la escritura de Antonio Gamoneda. Así cuenta en une entrevista que, a los seis o siete años, un vecino Guardia civil lo llevó al penal de San Marcos para enseñarle un caballo disecado. En la extraña urdimbre de la memoria, que si acalla no olvida, el trauma se repercute varias veces en la obra. Desde el umbral de Lápidas, se sueña con un tiempo anterior a la desgracia. El momento en que nace el planctus lo expresa la visión del llanto del caballo, cuando desaparece –igual que en «1910 Intermedio»–, la inocencia de la niñez: «antes de que los caballos aprendieran a llorar.» A pesar de las redes tendidas contra el recuerdo, la visión diferida estalla en el centro de la tercera parte de Lápidas: «Veo el caballo agonizante junto al pozo de aguas oscuras y las gallinas a su alrededor. […] es el paisaje de la infancia, el olor incorporado a mi espíritu en los accesos de la edad.» Parece imposible decir con mayor intensidad la sensación concreta, agudísima, de la presencia dramática de las cosas en la duración de la memoria.
Las aristas de aquella realidad son tan insufribles que sólo pasando por la obra de arte se hacen decibles. Asimismo leemos en los comentarios de Antonio Gamoneda sobre la obra de Juan Barjola: «Lo invisible (el vértigo, la crueldad, el destino) no tiene figura, pero hay formas cuyo comportamiento en el plano pictórico sirve a su representación.» El vínculo con los comentarios sobre las cabezas de caballo me parece inexcusable: según el poeta, Barjola asumió la representación de cabezas de caballo emergente –como Picasso en Guernica por lo demás– «como esquema formal y significativo necesario para la expresión del dolor hijo de la violencia contemporánea.» Contemplando las cinco obras «como una metáfora relacionada con un destino trágico, con el relato de una “edad perdida y española”», Antonio Gamoneda las interpreta como «un canto de horror y tristeza emitido cuando la violencia, en sus términos físicos, ya está consumada, y queda sólo el tiempo extenso en que se contemplan la muerte y la desolación.» Como un espejo, tales líneas se proyectan en su expresión poética, el «Aviso negro» que abre la cuarta parte de Lápidas: «Siéntate ya a contemplar la muerte.» En tal perspectiva me parece significativa la primera fragmentación de «Sueño y locura», como si conscientemente o no, se hubiera eliminado el recuerdo tan hiriente, para conseguir un remanso de calma en el sueño. Cito el texto eludido en Esta luz según la traducción de Américo Ferrari (leída por Antonio Gamoneda), pues en su elección del imperfecto, se corresponde mejor con texto gamonediano que precede: «A la puerta del convento mendigaba un mendrugo; la sombra de un caballo negro saltaba de la oscuridad y lo espantaba. Yacía en su frío lecho y lo acometía un llanto indescriptible […]».
Una dialéctica compleja entre soledad y compasión mueve a la voz poética, cuya retracción es en realidad entrega a los desvanes desesperanzados de la memoria. De aquí la escisión frecuente del sujeto, desgarrado entre sus voces interiores discordantes, entre pasado, como en Descripción de la mentira –«Tu soledad es ávida. Tu palidez fluye de ti»– y futuro de condena, «en los manjares previos a la muerte». El yo es tierra extranjera para sí mismo. Por eso la poesía, «emanación de la vida», «una luz que no explica ni oculta nada», en su extraño poder de expresión, no apacigua la memoria, sino que la recrea, le da vida otra, revelada, sin que desaparezca por eso el riesgo propio de toda vida. Así sufre la voz de Descripción de la mentira, libro del mayor riesgo quizá: «Estoy naciendo del cansancio; […] / Yo estoy naciendo en otra especie y el exterior es lívido». El encadenamiento de las imágenes traduce a veces con nitidez los enigmas de la identidad de la voz, en el filo de la vida, con el peso de su memoria siempre a punto de romper el equilibrio.
Así seguí el fraseo de las hortensias, como si para no desaparecer fuera necesario llenar con imágenes los huecos abiertos por las heridas en la conciencia. El motivo nace en Descripción de la mentira, aunando pasado, atemporalidad del canto, y lugar, aunque fuera de todo lugar. Un lugar interiorizado, a partir del que se sitúa el cuerpo del yo, quizá perseguido por el recuerdo originario de la altura del balcón del drama. Del cuerpo brota la voz, como de un espacio-tumba: «Las hortensias extendidas en otro tiempo decoran la estancia más arriba de mi cuerpo.» La imagen reaparece dos páginas después: «me acompañas al espacio en que las hortensias son persistentes.» Se confirma la equivalencia entre sueño y muerte, recalcada por la imagen de los desvanes y del regreso a la «reserva del olvido». En su avance lento, casi hipnótico, el poema se deja guiar por el recuerdo de la imagen, que reaparece al final del conjunto. Al repetirse, la letanía se ensimisma como en una calma, tan enigmática como un sueño (recordamos a Trakl), y pensamos en una conquista definitiva de la memoria. Pero de repente, como dolorosamente, la voz se desdobla y parece emerger de su visión más allá de todo, con asombro: «¿Qué lugar es éste, qué lugar es éste? ¿Cómo estás aún en mi corazón?» Un estado semejante al del sonámbulo recién despertado, como lo comenta Ildefonso Rodríguez, pero que en vez de sosegar al lector, le desconcierta y le obliga a distanciarse del poder del canto. Experiencia de compasión en su sentido más etimológico. Es tal el poder de las imágenes que el motivo renace al final del poemario: «Tú volvías a las hortensias». Pero todo se desvanece: «Yo vi la luz de la inutilidad». Todo se aniquila, como en el «espejo de la muerte».
En Lápidas, las hortensias, flor unitaria en su misma pluralidad, han perdido toda valía, al verse asociadas con el espacio destruido de los suburbios. Pero su presencia persistente, aunque empobrecida, se hace huella de la voluntad de compasión de la voz, que desde Descripción de la mentira se proyecta más allá de la fosforescencia del sueño: «No existía el dolor y tú creaste la compasión.» Encima de los desgarros y las llagas que la compasión graba en la memoria, en su poder de realidad, a punto a veces de ahogar la voz, se mantiene firme –«seul or concevable dans le creuset du néant», como lo analiza Yves Bonnefoy a propósito de la manifestación de la compasión en la obra de Goya. Su fuerza se despierta en lo más oscuro y encauza la energía poética hacia una esperanza.
(Continúa…)
Sábana negra en la misericordia:¿Cuál de las dos versiones se escribió en primer lugar? Antonio Gamoneda es el único en poder decirlo.
tu lengua en un idioma ensangrentado.
(Mi madre está en el corazón de César Vallejo).
Sábana negra en la sustancia humana,En Libro del frío se lee una variación: «ata mis huesos a tus huesos humanos.» En su eficacia última, la voz poética alcanza su mayor unión con la voz desaparecida en el momento en que calla al nombre amado. La celebración de los «huesos humanos» es celebración efectiva de una desaparición –huesos del yo anónimo y universal de los «hombres humanos» de «Los nueve monstruos». (Y aquí recordamos el «Appel à témoin», «pour César Vallejo», de Claude Esteban). Cuando brota de nuevo la súplica, «No mueras más en mí, sal de mi lengua», es como si se hubiera cumplido el sueño de Vallejo con un «encuentro investido de hilo negro». La tercera parte de Libro del frío se cierra con un poema-rescoldo, ahora sí, pura huella de dos versos, que celebra al ruiseñor que cantó hasta morir. Quizá un eco de la flauta doble o de la quena que solloza un nombre, en Santiago de Chuco, cuando el poema es único lugar de encuentro eterno:
la que llora en tu boca y en la mía
y, atravesando dulcemente llagas,
ata mis huesos a los huesos de César Vallejo. […]
Amé todas las pérdidas.Convoqué a unas sombras para intentar con ellas acercarme a un mundo poético de tanto riesgo y lucidez. «Detrás de la oscuridad están los rostros que me han abandonado» dice la voz de Arden las pérdidas. Desde la vida, «entramos indecisos en un bosque de espinos». Se desciende hacia los desvanes de la memoria poética, hasta alcanzar en la revelación del poema una luz extraña. Es su vida y su labor:Aún retumba el ruiseñor en el jardín invisible.
poner luz todos los días en las venas y trabajar en la retracción de rostros desconocidos hasta que se convierten en rostros amados […].Esta es la única esperanza, la que hace retroceder la locura. «Cierto: la verdad es un armario lleno de sombra». Por eso me parece fundamental el último poemario de Esta luz, Cecilia, dedicado a la nieta de Antonio Gamoneda. Sus treinta poemas surgen de los siete de Pétalo herido, y en su sosiego los versos expresan lo que Antonio Gamoneda descifraba ya en 1980 en Tauromaquia y destino, al contemplar las últimas pinturas de Juan Barjola:
Sin embargo, la profundidad trágica no resulta diluida. […] ocurre que Barjola contempla ya la tragedia desde un inmenso y lúcido cansancio. Cuando los gritos se hacen gemidos es que el dolor “ha tocado fondo”. Es, repito, la lucidez definitiva. Sí, algo parecido a la dulzura, a la bondad, al cansancio, que impregna ahora las invocaciones al destino y a la muerte.«Cansancio de Sísifo», añadía en el acto, y tal es la índole del cansancio que sentimos y oímos en Cecilia, a la par que abre el horizonte de una esperanza:
Estaba ciego en la lucidez pero tú has hecho girar la locura.
Todo es visión, todo está libre de sentido.

Compases bibliográficos en torno a
«Las sombras del solitario»


HABLO CON AMANCIO
De las moreras abrasadas por la luz, las visitadas por serpientes ciegas;
de los grandes perales en cuyos frutos se alimentan pájaros invisibles;
de los pinares inmóviles y de los fresnos temblorosos
surge la musculatura encendida en las cifras inversas que se desprenden de la serenidad y del dolor;
surge el bañista indeciso sobre el hermano amortajado en su propia luz;
surge el monstruo arrodillado ante sí mismo, el espectador del vértigo.
Surge el ser silencioso, el conocedor de abismos habitados por ancianos en cuyas venas hierve la misericordia;
surge el ser pensativo en su propia blancura y en la tristeza de sus genitales;
surge el ser andariego, el que lleva en sus brazos al animal herido por presagios;
surge el gigante insomne, el enloquecido por los astros y atormentado por la geometría.
Tú hieres y acaricias la madera en nombre de la libertad;
sueñas en el interior del bronce y en las celdas graníticas,
amas la luz de los cuchillos en las arterias vegetales,
creas al mismo tiempo el resplandor y la sombra y
llevas la vida al interior de la muerte.
Finalmente, conduces relámpagos a la quietud. Así, en tus manos,
la madera es sagrada.
ANTONIO GAMONEDA (Poema dedicado al escultor leonés Amancio González Andrés, e incluido en el catálogo de la exposición ‘Entre Arte II’, Palacio Revillagigedo, Gijón, 2007)

a impulso de su canto,
pensativo se alza.
Y, de pronto,
ya no hay pájaro: lluvia,
cristal vivo, hacia arriba
crece.
Alguien tiende
su mano silenciosa,
alguien está diciendo
adiós, adiós sin palabras.
ANTONIO GAMONEDA (De ‘Sublevación inmóvil’)
Dedicatoria que abre el libro Estirpe, del poeta gallego X. L. Méndez Ferrín (Ed. Xerais, Vigo, 1994):
I would wish this book,
Certainly for him
Enigmatic,
Ranged in Seamus Heaney’s
Library,
Far at the Irish, bloody, dark
Bogside.
The sweet, rotten roots
Of all the lands’ ends
In the bone-layered, western
Death Republic,
Are our common ones:
My soul is now the Burren.
And also
J’aimerais savoir mes pages
Déposées dans une autre bibliothèque,
Celle qui is at Derek Walcott’s home
Among the Homeric pink fingers of the Dawn,
Mangroves mingling with Creol tastes
And the unfinished, marble-ironed,
Long, Saint-Jonh Perse’s verse - like a river.
Derek Walcott:
Freshly rising friend over the ocean.
Finalmente
yo quisiera mi libro con los libros amados
de Antonio Gamoneda, el niño
que bajó de las Asturias como baja el ganado,
con dolor y olor,
y el recuerdo de vitrolas venenosas,
un caballo disecado en San Marcos,
los olores picantes de la pólvora,
le son nido de erizo permanente en el hígado.*
Pra eles tres é este libro:
poetas estranxeiros que viviron meu tempo,
gorxas de sol e xofre que me asisten no ocaso,
consolo ou resistencia que fan corpo
coa espranza nosa granítica
feita de lume, espada, égoas, todo.
* (Versión en gallego:)
Eu quixera este libro, / certamente pra el / enigmático, / posto na biblioteca / de Seamus Heaney / alá lonxe no irlandés, / maldito, escuro / confin das gándaras. / As torgueiras doces e podres / daquelas fins do mundo / na occidental República Morta, / estrada de ósos, / son as nosas raíces comúns: / a miña alma é hoxe o Burren. // E tamén / gostaría de saber as miñas páxinas / depositadas noutra biblioteca, / a que está en cas Derek Walcott / entre os homéricos dedos rosados da Aurora, / mangles mesturando cheiros creoulos / e o verso de Saint-John Perse -coma un río / longo, sen terminar e de marbre ferrado. / Derek Walcott; / novo amigo que medra sobre o Océano. // Por fin / eu quixera o meu libro xunta os libros amados / de Antonio Gamoneda, o meniño / que desceu das Asturias como baixa o gado, / con dor e cheiro, / e a lembranza de vitrolas pezoñentas, / un cabalo disecado en San Marcos, / os ulidos picantes da pólvora, / sonlle niño de ourizo permanente no fígado.

La antología ‘Sílabas negras’ , edición de Amelia Gamoneda y Fernando R. de la Flor (XV Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Ed. Universidad de Salamanca, 2006), agrupa los poemas de Antonio Gamoneda en distintos apartados temáticos. Cada apartado lleva un pequeño texto introductorio de Amelia Gamoneda Lanza:
ESFERA
El territorio de la intimidad es esférico: vientre, madre, familia, casa, sartén, pan, vasijas, cántaros, cuencos, pozos, cucharas. Y, en la memoria, el estrato afectivo se ahorma en envoltura: la cabeza en el hueco de unas manos, el rostro y el mundo en él circunscrito, la bombilla y su halo amarillo, los pechos y "sus círculos amoratados", el "cinturón de álamos", "las habitaciones cóncavas", los armarios. La biografía íntima es una bio(e)sfera.
PAÍS SIN RETORNO
Un país entregado a un tiempo de traición y destrucción convierte en rehén a su habitante; de ese país no se escapa ni se vuelve: interiorizado, deviene espacio mental, y en él, indefinidamente, el pensamiento es torturado, se subleve, cae en vergüenza y en melancolía. El hombre es el país, el hombre es también la distancia que vuelve a ambos irreconciliables.
PARAJES
Paisajes, paradas, viajes ejercen de espejos cóncavos, convexos, múltiples, puros, abismales. En ellos adquiere volumen el ánimo de los ojos que miran. Aunque la mirada modele a la naturaleza, no se impone contra natura; rescata de lo informe a la materia, la apresa, y así la materia accede a la existencia. Mirar y nombrar fundan sentido de este modo apasionado.
MATERIA ALZADA
De un sonido, un trazo o una piedra viene la vibración que emociona al pensamiento: se alza la materia en el aire, en el tiempo, en el color. A veces esto ocurre en el relato del poema (y de esa altura física brota el lenguaje), a veces esto le ocurre al propio cuerpo de la palabra poética (y entonces es blues o tango).
LA DULZURA Y LA SOMBRA
Ternura y sensualidad frecuentan los mismos lugares: cabellos, ojos, manos, piel, labios, boca. Pero sólo las formas oscuras del amor acceden a los huesos, a la humedad, a los aceites y las oquedades. A fuerza de tiempo, dulzura y sombra convergen. Y, al cabo, la vocación de profundidad de la caricia encuentra su tacto perfecto: acariciar la luz que el cuerpo desprende.
PASIONES VANAS, INÚTILES, IMPURAS
Nombradas o sin nombre, las pasiones pesan sobre la lengua. Pasión es el gozo atormentado, la virtud impura, el arrebato inútil, la emoción estéril y, en extremo, el rapto en la pura vacuidad, la ebriedad de la ausencia. Pasión es aquello que arde e interminablemente se consume: sin resto, sin ganancia, sin pérdida.
ATRABILIS
Melancolía e ira desprenden sus flujos negros y amarillos, y colonizan el agua, el acero y la luz. Rezuman los humores, la grasa, el llanto, las "sílabas negras"; silban látigos, cuchillos y serpientes; se entenebrecen lámparas y soles: "la luz es médula de sombra".
Hierro: a esa muerte saben la lengua y la garganta.
FÁRMACO
No la costumbre del veneno, sino la costumbre de la muerte; no la muerte domesticada, sino la doméstica; ésta es la otra enseñanza de Mitrídates: para preservar la vida es necesario morir en dosis homeopáticas. Kratevas es el artífice de ese ars moriendi: técnica, belleza, espectacularidad. La fórmula de la felicidad no reside propiamente en el efecto del veneno, sino en la sabiduría de muerte que su uso otorga.
GEOGRAFÍAS BLANCAS
"La geografía final es blanca." El verso de hace más de treinta y cinco años anticipa e inscribe el final en el principio: palabra de fatum. Así será: transparencia, visiones, nieve, sábanas, cortinas, cal, ciudades y heridas blancas, "claridad sin descanso", "luz quieta y vacía", "luz en la luz". Exuberante floración de la blancura en la que se extenúa (y no se extenúa) la desaparición.
Tepoztlán
Al gran poeta Antonio Gamoneda,
de quien tanto queremos
Las palabras del diccionario
no son las palabras del libro.
Las palabras del libro
no son las palabras del habla.
Las palabras del alba
no son las palabras del árbol que ahora mismo
se inclina a tierra con
una nube entre las ramas, como
enterrándola al pie.
Esto sucede. La luna y el lucero de aquí
no son palabras, son
la luna y el lucero de aquí.
La sangre piensa, la luna
calla. Es todo.
JUAN GELMAN
(Poema publicado en la revista Zurgai.
Bilbao, diciembre de 2001)
La Diputación de León entregará mañana a Gamoneda la Medalla de Oro de la Provincia, máximo título que concede la Corporación Provincial, tal y como se acordó por unanimidad en un Pleno celebrado la pasada primavera. Con este reconocimiento, que según se anunció en su día, tendrá lugar mañana jueves, 6 de diciembre de 2007, coincidiendo con la fiesta de la Constitución, la Diputación pretende rendir un homenaje tanto a la obra literaria de Gamoneda como a su aportación al desarrollo de la vida cultural leonesa.“Libro de versos muy malos, de temática y métrica diversa. Sobre todos ellos campan un sentido de resentimiento y odio. Muchos de ellos aparecen con citas de Marx, Lefevbre y otros marxistas. La tónica general de la obra es demagógica, pues aunque no lo dice claramente, el ambiente de desolación que pinta se refiere a España. Así mismo, tiene sus toques de ateísmo. La obra carece en absoluto de valor, pero como hay algunos poemas que pueden ser pasables, se ha preferido señalar, en las páginas marcadas, pues no están numeradas, los poemas que deben ser suprimidos. Con estas tachaduras es publicable”.
Así reza el expediente de la censura franquista que, en 1968, desaconsejó la publicación del libro ‘Blues castellano’, de Antonio Gamoneda. El poemario tuvo que esperar a 1982 para ser publicado íntegramente, en Ediciones Noega (Gijón).
Reproducimos uno de los poemas censurados:
MALOS RECUERDOS
La vergüenza es un sentimiento revolucionario.
KARL MARX
Llevo colgados de mi corazón
los ojos de una perra y, más abajo,
una carta de madre campesina.
Cuando yo tenía doce años,
algunos días, al anochecer,
llevábamos al sótano a una perra
sucia y pequeña.
Con un cable le dábamos y luego
con las astillas y los hierros. (Era
así. Era así.
Ella gemía,
se arrastraba pidiendo, se orinaba,
y nosotros la colgábamos para pegar mejor).
Aquella perra iba con nosotros
a las praderas y los cuestos. Era
veloz y nos amaba.
Cuando yo tenía quince años,
un día, no sé cómo, llegó a mí
un sobre con la carta del soldado.
Le escribía su madre. No recuerdo:
"¿Cuándo vienes? Tu hermana no me habla.
No te puedo mandar ningún dinero…"
Y, en el sobre, doblados, cinco sellos
y papel de fumar para su hijo.
"Tu madre que te quiere."
No recuerdo
el nombre de la madre del soldado.
Aquella carta no llegó a su destino:
yo robé al soldado su papel de fumar
y rompí las palabras que decían
el nombre de su madre.
Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
pero aunque tuviese el tamaño de la tierra
no podría volver y despegar
el cable de aquel vientre ni enviar
la carta del soldado.
ANTONIO GAMONEDA
(Del libro ‘Blues castellano’)
(Dos preguntas para una conversación con Antonio)
Ramajes -espesura- árboles sin raíces
inventados contra toda luz.
Crecen desbordantes,
como una trampa musical de entonces:
No te veo.
Y sólo el cantaor soñado me da consuelo.
Aldeanita, donde tú de flores vestida junto al pozo
un lenguaje sur de olas que mecieron y el palparse
de un niño la entrepierna; que donde buscó su sexo
primero tú una flor de aroma le habías puesto…
Hoy se ha secado el río en la cuenca de los ojos.
Quizás sea un tacto o la quietud. Oscuridad.
En el nombre de los laberintos, de la amnesia
y del tiempo perdido…
Yo te veo.
IRRACIONAL
Animal por dentro. Trepador en la farmacia íntima
Informe para salvajes:
pezuñas, pañuelos, espinas, excrementos, zapatos solos,
mandíbula limpia, dormitorios al raso, pelaje,
tripas de radio, vendas, muñecas tuertas, cartones, cartones…
Notas escritas en la partitura química. Posología.
Circulaciones, un sonar en avalancha
y recogido.
Respiración entrecortada.
Una música de rebaños: mano abierta en el campo
que se cierra en puño a la señal del gurú.
Hacia la ciudad cabeza, entre la herrumbe de las
periferias y sus cinturones pardos.
Cuerpos sensibles, cercanías, desnudez, reacción,
siglo XIX, barbitúricos.
Cámara al hombro:
Multitudes animal fórmula mente.
VICTOR M. DÍEZ
(Publicado en la revista Zurgai, Bilbao, diciembre 2001. Número dedicado a Antonio Gamoneda)

"ALGUIEN TE OBSERVA. Escucha cómo alguien, tras de ti, sigue –e imita– tus pasos, cómo se acerca –"yo sentí su mirada en mi vida"–, cómo alguien acaba entrando en ti, siendo tú, contando pulsaciones, marcando el ritmo de tus pensamientos. Es el comportamiento de la poesía de Antonio Gamoneda: habita al lector, que la interioriza, desentraña y reescribe con una lectura que no zanja la aproximación, sino que permite que se expanda. De esta forma, el lector no se limita a ejercer como ‘espectador’ de lo leído, sino que se convierte –en cierto modo– en ‘coautor’ del poema. Se trata de una poética abierta en cuanto a su recepción e interpretación: el poema nace, para Gamoneda, con la escritura, pero sólo vive con la lectura ajena, convirtiéndose verdaderamente en poema a los ojos y reflexión de otros. Comprendemos que la poesía se transforma, entonces, en un acto de generosidad: respira a través del lector, sin etiquetas ni restricciones. El propio Gamoneda no es ajeno a este proceso, puesto que para abordar sus poemas tras la escritura –con independencia del tiempo que medie entre ambos pasos– abandona el papel clásico de ‘autor’, convirtiéndose en ‘lector’ y ‘reinterpretando’ y –por tanto– ‘reescribiendo’ de manera incansable".(Así arranca ‘La canción del solitario’, lectura de ELENA MEDEL, epílogo de la nueva edición de ‘Blues castellano’ –Bartleby Editores, Madrid, 2007– de ANTONIO GAMONEDA)


Esta es la dirección de la página de Espíritus Nómadas dedicada a Gamoneda, en Francia, y que incluye poemas suyos traducidos al francés (haz click):
http://www.espritsnomades.com/sitelitterature/gamoneda
La fotografía de Gamoneda es de Fernando Sanz Santa-Cruz

Que sea en mi ciudad donde ha crecido tu obra; que sea en mi ciudad donde se le ha dado al mundo la dignidad y la nobleza de tus palabras; que hayas sido tú quien nos haya enseñado a mirar de frente a la mentira para que abandone su reino de imposiciones y de tristezas; que el poeta haya entregado, con generosidad y paciencia, sus pensamientos en silencio, lejos de las luces que deslumbran, es un honor, Antonio, y no puedo por menos que agradecértelo estando, esta tarde, junto a ti.
En Madrid para León.
Zapatero.
Así recoge la noticia del nombramiento el periódico digital leonoticias.com:
"Si en Asturias nací a la vida, en León nací a la conciencia y ambas cosas son importantes. Lo poco o mucho que he escrito lo he hecho en León y hoy habéis proporcionado realidad institucional y cívica a ese sentimiento mío de leonés". Con estas emocionadas palabras el poeta Antonio Gamoneda recibía este jueves el nombramiento de Hijo Adoptivo de León en un salón de Plenos totalmente abarrotado de autoridades y amigos del escritor en el Ayuntamiento de San Marcelo.Discurso del alcalde de León, Francisco Fernández, con motivo del nombramiento de ANTONIO GAMONEDA como ‘Hijo Adoptivo de León’:
Antonio Gamoneda, familiares y amigos del poeta, concejales del Excelentísimo Ayuntamiento de León, autoridades públicas, amigos y amigas
Escritores pronunciaron un mensaje de solidaridad y hermandad a los afectados por las lluvias en esta entidad.
San Cristóbal de Las Casas, Chis. —Con la lectura de poesía y literatura modernas, y la adhesión de los poetas y escritores con los damnificados por las lluvias de Chiapas, comenzó la víspera el Festival Internacional de Letras Jaime Sabines.
Reunidos en el teatro Hermanos Domínguez, Bei Dao, Ángeles Mastretta, Luis Miguel Aguilar y otros deleitaron con una breve lectura de su obra a los cientos de asistentes, quienes reclamaban el inicio del festival que comenzó con un retraso de una hora y media.
"Estamos esperando a invitados", dijo la conductora Angélica Aragón, y es que el gobernador Juan Sabines Guerrero, sobrino del ilustre poeta homenajeado, no había llegado al escenario, aunque finalmente tuvo que comenzar el encuentro sin él.
Pero todo quedó atrás cuando se escucharon los versos de Efraín Bartolomé, o la lectura pausada del español Antonio Gamoneda, de su poema Cae sobre mis manos, o el irreverente relato del colombiano Fernando Vallejo.
La declaratoria de adhesión de los escritores a los chiapanecos en desgracia estuvo a cargo de la actriz Angélica Aragón, quien fue la encargada de transmitir el mensaje de solidaridad y hermandad que los participantes hicieron.
Casi al terminar el evento llegó el gobernador Sabines Guerrero, con dos horas y media de atraso.
En el festival participan Luis Miguel Aguilar, mexicano ex director de la revista Nexos; Efraín Bartolomé, chiapaneco poeta y escritor; Mario Bellataín, peruano ganador del premio Javier Villa Urrutia y Jennifer Claude, de Estados Unidos.
PREGUNTA.— Su conferencia de Guanajuato plantea ciertos paralelismos con el discurso de la entrega del Premio Cervantes, ¿cuáles considera más relevantes?
RESPUESTA.— La noción de pobreza como circunstancia existencial de la que se parte para la creación literaria, con otras perspectivas que las que suelen tener los escritores en situación social acomodada.
P.— ¿De qué modo afectó esa pobreza a su obra?
R.— Cervantes fue eminentemente pobre durante toda su vida, al punto de no poder realizar estudios universitarios ni entregarse a su vocación de una manera libre. Es una constante en la obra de Cervantes entre componentes humanos de mundo acomodado y componentes humanos del mundo de la pobreza. Esto tiene prolongaciones, en el sentido de asimilar también la relación riqueza-pobreza a una relación injusta entre el poder económico y la penuria económica.
P.— ¿Cómo influyó en Cervantes el que viviera en una sociedad cambiante, con la aparición del mercado, el espacio público, etc.?
R.— Influyó, sin embargo Cervantes está en el orden de la profesionalidad ajena a la escritura, porque entonces en la escritura prácticamente no había profesionalidad. Tuvo que vivir de una manera medieval, venderse como soldado, como mercenario. Su vida fue realmente dura y triste. No sé por qué los estudiosos de Cervantes hablan mucho de esa circunstancia de su vida, pero no terminan de estudiar la proyección que ha tenido en su obra. Yo nada más he apuntado un poquito y son ellos los que tienen que entrar a fondo en eso.
P.— El otro bloque central de su exposición es la poesía, cuando habla de ella como «emanación de la vida del autor» ¿entiende así lo poético del Quijote?
R.— Claro; lo poético y que dentro de lo poético haya lo que asimila los datos existenciales de Cervantes, interiorizados y convertidos de alguna manera en una forma expresiva. Por eso yo digo que don Quijote es una inmensa metáfora.
P.— ¿Cómo surgió la propuesta de acudir a este evento?
R.— Recibí una carta del doctor Alfonso Alcocer, director general del Instituto Iconográfico del Quijote. Cada vez que tengo que hacer un viaje largo tengo que inyectarme para la circulación, pero hacía años que no venía a América y coincidieron tres cosas: el Coloquio Cervantino Internacional; el viaje a San Cristóbal de las Casas, con 12 ó 14 poetas, uno o dos mexicanos, pero de lengua española quizá no haya más; la tercera era hacer una lectura en Oaxaca relacionada con la feria del libro, pero tengo la sensación de que los organizadores no se han puesto de acuerdo. No pasa nada porque yo prefiero destinar esos días para trabajar en cosas mías.
P.— ¿Cómo lleva el tener que viajar tanto?
R.— Es fatigoso. En febrero tendré que hacer un periplo que empieza en Roma, pasa a Atenas y luego va a Damasco, El Cairo y cinco países árabes más, a hacer lecturas de poemas. Le tengo miedo.
P.— ¿Qué le parece el ambiente que ha encontrado en Guanajuato, como ejemplo de internacionalización del Quijote?
R.— Estoy realmente sorprendido porque no pensé que fuera tan amplia e intensa la estimación cervantina que aquí existe. No son solamente el Museo Iconográfico y el Centro de Estudios Cervantinos, también está la Universidad y otras instituciones dedicadas; es mucho. En España existen los estudios cervantinos, pero con este carácter de acontecimiento no recuerdo nada.
P.— ¿Qué es que más le agrada de estas conferencias?
R.— La verificación de una cosa muy sencilla. Hemos visto una conferencia de un cervantista que es chino. Eso me proporciona una idea, yo sé que el Quijote es un libro universal, pero estoy descubriendo que es más de lo que yo pensaba.
P.— Muchas veces se alude al comercio y la política como medio de unión entre países ¿es el Quijote un nexo entre España y América más importante que los anteriores?
R.— Naturalmente que puede serlo, y hace falta. Si descartamos el fenómeno editorial, que no es propiamente un terreno cultural sino una circunstancia de mercado, hay relativamente poca relación entre países de lengua española en América y España.
P.— ¿Cómo se puede fomentar ese intercambio?
R.— Con la multiplicación de los intercambios, por descontado, pero sobre todo habría que buscar una fórmula para que la distribución de libros pudiera realizarse de una manera más sencilla. A los hispanoamericanos los libros españoles les resultan muy caros. No me parecería nada mal que el estado español bonificase los impuestos a editores que proyectan su obra a América, sería una manera de abaratar el producto y hacer que circulase.
P.— ¿Se puede imaginar cómo sería el Quijote del siglo XXI?
R.— Sería un Quijote que no solamente contemplaría la injusticia de las relaciones entre los poderosos y los humildes, sino que tendría que contemplar el deterioro climático del planeta, las alianzas de poderes supranacionales orientadas a globalizar la economía de una manera que exista siempre una mayoría de pobreza y unos grandes espacios no desarrollados donde cuando el poder económico llega encuentra grandes beneficios. El Quijote no podría ser igual porque el mundo tampoco es igual.
P.— ¿Qué influencias cervantinas tiene Antonio Gamoneda?
R.— Eso tiene que decirlo la crítica. Yo recibo la influencia, seguro, de Cervantes y de muchos autores de muy diversas lenguas, sobre todo en mi etapa de juventud. Pero no soy muy consciente, es algo que entra en mí y ahí se crea un estado de confusión que para mí tiene un valor positivo.
P.— ¿En qué ha cambiado su vida y obra el Premio Cervantes?
R.— Mi escritura no ha cambiado; no hay ninguna razón para que sea mejor que la del día antes de recibir el premio. Mi vida sí. Dentro de nos días va a hacer un año en el cual no soy dueño de mí mismo, estoy pendiente de los compromisos y los viajes, y eso ha hecho cambiar seriamente mi vida.
P.— ¿Desde cuándo su interés por la obra cervantina?
R.— Desde siempre, aunque no haya tenido la misma manera de entenderlo. No quiere decir que las anteriores fueran falsas, porque la virtud de un libro de esa importancia es que tiene tantas lecturas distintas como lectores. He leído el Quijote unas 15 veces y otras obras de Cervantes y otros autores también, sobre todo ahora que he entrado en la que yo llamo ‘edad de relectura’. Desconfío de los grandes best sellers, que tienen mucho tirón comercial, publicitario, etc. Sin embargo, en las relecturas noto una especie de libros distintos a los que yo leí; el mismo libro, leído 40 años después, en cierto modo es otro libro.
P.— ¿En qué está trabajando actualmente?
R.— Estoy trabajando muy poco porque no me dejan, pero algo voy haciendo. Hay cerca de 20 poemas, escritos el último año, cuya literalidad estoy corrigiendo. También estoy tratando, a veces aquí mismo en Guanajuato a las dos de la mañana, de corregir la última versión de mis memorias de infancia. Las escribo, la vuelvo a escribir y aquí sigo repasándolas.
P.— ¿Qué le parece la decisión del Ayuntamiento de León de nombrarle Hijo Adoptivo?
R.— Son cosas bastante naturales, nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, como dice el refrán. Llega un momento en que uno tiene un golpe de suerte de un premio importante y las instituciones quieren dar señal de que se solidarizan con el afortunado. En este caso lo han hecho el Ayuntamiento y la Diputación, con la Medalla de Oro de la Provincia. Las cosas son así, yo las agradezco, pero ni los viajes ni los protocolos aumentan la calidad de mi poesía (risas).
P.— ¿Cree que llega tarde?
R.— No me resiento en nada de que pueda ser un reconocimiento tardío, al contrario, yo no esperaba ningún reconocimiento.
P.— ¿Qué le emociona más de este nombramiento?
R.— Tiene una cosa que sí me gusta. Al mismo tiempo van a colocar, en la casa en que yo viví en el barrio de El Crucero, una placa con un fragmento de un poema mío referido a los prisioneros de guerra que de niño veía pasar por debajo de mis balcones.
P.— ¿Se siente, ahora más, un ‘embajador’ de León?
R.— No he pensado en eso. De hecho lo seré, pero sin necesidad de que me sienta como tal: ‘Este hombre viene o vive en León’. Pero no tengo un sentimiento especial de representación leonesa o asturiana. Socialmente se interpreta así y me parece correcto.
P.— ¿Qué tiene previsto cuando regrese a España?
R.— Estos actos, luego en la Universidad de León empieza un congreso en torno a mi escritura y el día 29 formo parte del jurado del Premio Cervantes. Cada uno hizo su propuesta de nombres, pero entre nosotros no hemos hablado nada. En diciembre también tengo algunos viajes y en el año que viene no quiero ni pensar.
P.— ¿Qué opinión le ha causado México?
R.— Me interesa mucho. Existen datos que han sido transformados pero que tienen un origen en las culturas precolombinas, muy serias y fuertes. He leído la obra de Fray Bernardino de Sahagún, leonés; el pobre hombre tenía miedo a la Iglesia y no se atrevía a traducir los signos sagrados de la lengua náhualt, tenía que decir que eran cosa del demonio. Me he encontrado que en México hay festividades que tienen un carácter muy especial y que pueden estar relacionadas con una transformación que tiene sus orígenes en las culturas precolombinas. Los carnavales son muy distintos y mucho más vivos que en España, el Día de Muertos, por ejemplo; todo tiene una potencia que al mismo tiempo es festividad y es representativa de una manera de ser. Es muy característico.
GAMONEDA RECIBE POR SORPRESA ESTE PREMIO TRAS HABLAR DEL MANCO DE LEPANTO
ional en la ciudad de Guanajuato, en el centro de México, con la Presea Cervantina, que le fue otorgada al término de su intervención, según recoge un teletipo de la Agencia EFE. Lugar: Biblioteca Pública de León.C/Santa Nonia, 5.Hora: 20.00.
¿Desvelará Gamoneda qué lecturas esenciales elegiría para no aburrirse en una isla desierta? El último premio Cervantes ofrece hoy una conferencia dentro del ciclo La biblioteca del náufrago, cuyo objetivo es difundir y promocionar la labor de autores y editoriales de Castilla y León. Cada escritor elabora una lista con las lecturas que más le han emocionado, sorprendido, enganchado… en definitiva, los libros esenciales de su vida.
un tiempo en el que en España la edición era prácticamente inexistente, como lo era la lectura, lo que complicaba más casos como el mío, en el que no existía, porque se la llevó el demonio, una buena biblioteca familiar». Ante esta situación, Gamoneda concluye: «Bastante suerte es que se me haya aparecido la letra escrita o impresa, sin hacer juicios de valor, que no procede». Todos los grupos políticos apoyaron ayer, en el pleno municipal, la concesión del título de Hijo Adoptivo de la Ciudad a Antonio Gamoneda
Así recoge hoy la noticia LA CRÓNICA DE LEÓN-EL MUNDO, en un artículo de Fulgencio Fernández:
LEÓN.— «No, no es una cosa más. Cosas más hay tantas… y ésta no lo es». Lo dice el poeta Antonio Gamoneda, uno de los escritores más reconocidos en los últimos tiempos (baste señalar los premios Reina Sofía de Poesía y Cervantes de Literatura) y se refiere —cuando dice que no es una cosa más— a la concesión del título de Hijo Adoptivo de la Ciudad de León que aprobaron ayer en comisión municipal con la unanimidad de todos los grupos políticos y que se hará efectiva el próximo 22 de enero en un ’solemne Pleno’, como decían las crónicas antiguas.
Entiende Antonio Gamoneda que en la doble dimensión de los galardones que viene recibiendo en los últimos meses, unos de carácter nacional e internacional y otros más cercanos, de la tierra, como el que ayer se anunció, en estos últimos «he advertido una continuidad de actitudes cercanas y afectuosas por parte de muchísima gente, unos amigos y otros desconocidos». Algo que tiene una doble vertiente, la del agradecimiento por una parte y la de «una cierta pérdida de voluntad y hasta un cierto cansancio, que no tiene una connotación de hartazgo, ni mucho menos, simplemente cansancio físico. Yo me siento bien tocado por la popularidad manifestada afectuosamente, la cercanía de gente que me para por la calle y que yo tengo la sensación de que ellos me conocen de toda la vida, pero yo a ellos no». Pero quiere dejar claro que, en esta doble vertiente, «la cara positiva está más presente que la negativa, es mucho más importante, sin duda». Antonio Gamoneda es ovetense de nacimiento aunque se trasladó a vivir a León siendo muy niño, en compañía de su madre y poco después de perder a su padre. Por ello recibe ahora el nombramiento que le corresponde a esta condición de asturiano de nacimiento, el de Hijo Adoptivo. «Es un nombramiento especial y nuevo en el sentido de que habiéndome enraizado yo en León hace 73 años las cosas han tenido que venir así, como han venido, para que yo sea leonés, sin dejar de ser asturiano pues yo en estos asuntos de las fronteras nunca he creído en exceso». De hecho, en este reconocimiento que ahora le llega no sólo se ha valorado su condición de leonés sino que también se ha tenido muy en cuenta su apuesta por quedarse a vivir en esta ciudad y su defensa de la condición de provinciano. Cuando recibió el Premio Cervantes alguno de los titulares más repetidos en la prensa nacional e internacional fueron los de ’soy un provinciano vocacional’ y ‘me siento el mejor poeta de mi barrio’. De hecho fueron muchas las ocasiones que Antonio Gamoneda tuvo para abandonar su condición de provinciano y siempre las rehuyó. Así se lo contaba a nuestro compañero David Rubio en una entrevista publicada en este periódico días antes de recoger el galardón: «Ya hace casi 40 años tiraron mucho de mí para que fuera a Madrid a dirigir la editorial Taurus. Pero yo soy un provinciano vocacional y entiendo que la relativa tranquilidad, el relativo silencio, el no tener la necesidad de grandes traslados, de asistir a cinco cosas a la vez, ha favorecido una relativa soledad. Y la poesía, no hay que olvidarlo, es un arte que se realiza en la soledad y en la subjetividad. Quedarme en León ha podido perjudicarme en eso que llaman hacerse una carrera, llegar a un estado social, a una estimación cultural, a una notoriedad mayor. Yo soy conocido en España y fuera de España pero desde hace poco tiempo, menos de 20 años. Pero eso, a mí, no me ha preocupado nunca, a mí lo que me interesa es la página en blanco». Ha sido una suerte que se quedara, aunque el único problema es que, incluso aquí, ahora quieren que vaya a cinco cosas a la vez. Tal vez por ello ayer se preguntaba: «Esto no sé cuándo va a acabar. A veces tengo la sensación de que he tirado del carro hasta donde he podido, pero…».
La unanimidad de todos los grupos municipales presidió el punto de la Comisión en el que se trató la propuesta de nombramiento de Hijo Adoptivo para Antonio Gamoneda. Evelia Fernández, concejala de Cultura, argumentaba que esta iniciativa «es de justicia» ya que supondrá un reconocimiento a «un espléndido escritor que decidió convertir a León en atalaya de su poesía», en alusión al último Premio Cervantes.
«León tiene una deuda con Gamoneda, un poeta que, desde el silencio de su casa de León, ha sido capaz de crear una obra universal y única», continuó Fernández sobre la concesión de una distinción que consiguió el respaldo de la totalidad de los grupos políticos de la corporación municipal. El representante del PP, Antonio Cubero, señaló que «el Partido Popular se suma a este merecido reconocimiento para Antonio Gamoneda y aplaude la iniciativa». Por su parte, el portavoz del tercer partido con representación municipal, Javier Chamorro, de la UPL, se manifestó en el mismo sentido y afirmó «nos sumamos al reconocimiento, cómo no».
El sábado, 27 de octubre, en la localidad orensana de Vilardevós, Gamoneda participará en unas jornadas sobre la represión.
Jueves, 25 de octubre de 2007
Tomás Sánchez Santiago
Biblioteca Pública de León
c/ Santa Nonia, 5
Hora de inicio: 20:00 horas.
Martes, 30 de octubre de 2007
Antonio Gamoneda
Biblioteca Pública de León
c/ Santa Nonia, 5
Hora de inicio: 20:00 horas
«Es un tío grande. Trabajar con Antonio, tenerlo en mi estudio, ha sido emocionante; nunca voy a olvidar el tiempo que pasamos juntos pensando cómo debía plasmar esa planta de dignidad que despide. Y es que te diría que la poesía es él». Rafael Sánchez Carralero (Cacabelos, 1949) dice que es como si hubiera zanjado una deuda pendiente de admiración antigua. «Ha sido muy especial. Ha pasado por mi casa y ha dejado por todos los rincones un rastro de respeto y de cariño. Por muchas cosas, para mí este cuadro era un reto, un riesgo y una suerte».
No esconde el pintor berciano, radicado desde hace 23 años en Salamanca en cuya universidad es catedrático de Pintura, su profunda admiración por la obra del último premio Cervantes, admiración que llega también a la persona y a su forma de estar en el mundo. «Al final creo que el que más ha aprendido de esta experiencia he sido yo, porque fue un lujo compartir con Gamoneda este tiempo que ha sido como una inyección de humanidad».
Antonio Gamoneda nació en Oviedo en 1931. Al año siguiente murió su padre y, en 1934 se trasladó con su madre a León, única ciudad donde ha querido vivir, y en la que siempre ha residido desde entonces. Aquí es donde Gamoneda ha ido gestando su obra poética, al margen de circuitos y generaciones literarias, desde una independencia radical.
León, donde Gamoneda tiene anclada su biografía desde hace nada menos que 73 años, está presente en toda su obra, y de manera especial en algunos de sus poemarios más emblemáticos, como ‘Lápidas’. A esta tierra, además, le dedicó expresamente un hermoso libro en 1979, ‘León de la mirada’, cuyos poemas, escritos muchos años atrás, se habían convertido para Gamoneda “en el recuerdo de una contemplación: la de una tierra que me ha hecho suyo de la única manera posible y verdadera: en el difícil encuentro del amor”.
La memoria y el amor a esta tierra en la que habita desde 1934, en la que se casó y en la que ha tenido tres hijas, confluyen en la voz inconfundible y única de este poeta universal. Porque si en Oviedo fue donde Gamoneda vino a la vida biológica, en León es donde nació a la consciencia, al trabajo y a la poesía. Y porque su obra, con un hondo componente autobiográfico, se alimenta fundamentalmente de la memoria (“la poesía es un arte de la memoria”, sostiene él), y surge íntimamente unida a su experiencia vital. En ella está contenida su propia historia, pero también nuestra historia, la de todos (en la medida que la biografía personal tiene de experiencia colectiva y, en su caso, de solidaridad).
Así lo reconoció el jurado del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, cuando destacó “su trabajo marcado por una huella ética que se ha incrementado en los últimos años, completando una visión del mundo en la que se podrá reconocer la señal explícita de una tradición escondida, profundamente asociada a la tierra y a la construcción de la vivencia”.
En ese sentido, en ‘Lápidas’ aparece claramente la ciudad en la que se dibujan los dramáticos paisajes de su infancia: el León de la guerra civil y la inmediata posguerra. Desde los balcones del piso en el que se instaló con su madre al llegar a la ciudad, en el barrio ferroviario de El Crucero, el niño contempla la crueldad y la miseria moral del tiempo que le tocó vivir. El miedo que satura el ambiente, la pobreza, la represión, el sufrimiento y la muerte se suceden ante sus ojos, al igual que los cadáveres en las cunetas, o flotando en el río Bernesga, o las cuerdas de presos camino del presidio de San Marcos… De todo aquello se impregnará la mirada atormentada de ese niño que, en la adolescencia, llegará a “la convicción de que la poesía existe porque existe la muerte.” Pero en ‘Lápidas’, como ha explicado el crítico Miguel Casado, hay mucho más: “León, de los suburbios al casco viejo, aparece como un mapa inagotable de hallazgos vivísimos, donde caben tantas sorpresas y tanta profundidad como en el medievo germánico evocado por Novalis en su novela Enrique de Ofterdingen”.
De formación autodidacta, Gamoneda ha sido y es, como pocos, un hombre de su tiempo que trasciende su tiempo. Tras un breve y limitado aprendizaje escolar, al día siguiente de cumplir catorce años empezó a trabajar en el hoy extinguido Banco Mercantil. Durante 24 años fue empleado de banca, atravesando distintas categorías, mientras continuaba sus estudios por libre, hasta que en 1969 pasó a crear y dirigir los servicios culturales de la Diputación Provincial, donde desarrolló una impagable labor. Entre otras cosas, fue el encargado de crear la Institución ‘Fray Bernardino de Sahagún’, dentro de la cual fundó y dirigió la prestigiosa colección ‘Provincia de Poesía’ —convirtiéndola en referente de la mejor poesía contemporánea—, y la sala de arte de igual nombre, a la que atrajo a interesantes artistas del momento. “La tarea no era fácil, intentaba hacer una cultura progresista con el dinero de la dictadura”, ha explicado el propio poeta.
A finales de los años 70 fue privado de su condición de funcionario mediando sentencia judicial. ¿El motivo? No estar en posesión de un título académico. No obstante, Gamoneda, que posteriormente fue recontratado, continuó adscrito a la Diputación como asesor cultural, director de la revista ‘Tierras de León’ y con algunas otras funciones.
Además, desde 1979 hasta su jubilación en 1991, Gamoneda fue director gerente de la Fundación Sierra-Pambley, creada en 1887 como una especie de apéndice de la Institución Libre de Enseñanza, orientado a la educación de campesinos y obreros. De esta Fundación ha sido, hasta hace poco tiempo, miembro del Patronato.
SUS LIBROS
De poesía o en torno a la poesía, Gamoneda ha publicado hasta ahora menos de una veintena de libros, que han ido surgiendo a un ritmo lento, marcado por la coherencia y el rigor. Buena parte de ellos ha sido traducida a distintos idiomas (francés, portugués, sueco, árabe, hebreo, neerlandés…).
Su obra poética completa, bajo el título de Esta luz. Poesía reunida (1947-2004)’, ha alcanzado eco no sólo en nuestra lengua, sino también entre lectores europeos y entre poetas de otras lenguas que la han valorado sin reservas como una de las cotas expresivas más interesantes a las que ha llegado la poesía del siglo XX en lengua española. En palabras de otro leonés ilustre, Luis Mateo Díez, “Gamoneda ha llegado a ese punto de maestría absoluto al que sólo llegan los grandes. Creo que hay unanimidad en reconocer que Gamoneda es hoy uno de los grandes poetas europeos”.
Como poeta empezó a darse a conocer a fines de los 50 en revistas como ‘Espadaña’. También mantuvo relación amistosa, sin ser parte del equipo, con los poetas leoneses de Claraboya. Su primer libro publicado, ‘Sublevación inmóvil’, quedó finalista del premio Adonais en 1959, y tardó en terminarlo seis años. En él está ya uno de los grandes temas que irá definiendo en su obra: “la impotencia del hombre encadenado a la tierra, al dolor y a la muerte, padeciendo atormentada sed de belleza, de justicia, de libertad”.
En 1962 empieza ‘Blues castellano’, que no acabará hasta 1966. El libro choca de frente con la censura franquista y no se publicará hasta 1982. En él están la conciencia de clase obrera, la alienación en el trabajo; y surgen la vergüenza, el miedo y la culpa como sensaciones básicas.
Pero Gamoneda es hombre de silencios largos, profundos. Si en algunas ocasiones ha pasado más de tres lustros sin publicar, en otras han sido 12 los años que ha estado sin escribir, coincidiendo con la época en que militó más activamente en la resistencia antifranquista, sufriendo la desaparición —asesinato, suicidio, accidentes, locura, envilecimiento— de la práctica totalidad de sus compañeros de grupo.
Así, ‘Descripción de la mentira’ aparece en 1977, en plena Transición, tras “500 semanas de silencio”. Un libro que ha sido entendido como el triste y durísimo relato de lo que para muchos fue la vida durante el franquismo, y cuyas palabras “atraviesan el tiempo y alcanzan el lugar de las emociones permanentes”.
En 1986 aparece ‘Lápidas’, y en 1987 una primera edición de sus poesías reunidas, ‘Edad’, en edición de Miguel Casado, por la que recibe el Premio Nacional de Poesía.
El ‘Libro del frío’ se publica en 1992, y al año siguiente empieza a gestarse otro poemario que no terminará de cuajar hasta diez años más tarde, ‘Arden las pérdidas’ (2003). En esos años, Gamoneda sacará a la luz una obra singular, ‘Libro de los venenos’ (1995), y sintetizará en ‘El cuerpo de los símbolos’ (1997) su pensamiento sobre la poesía y el arte. Entretanto, también, de su colaboración con algunos grandes artistas españoles saldrán obras como ‘Mortal 1936′ (con Juan Barjola, publicado en 1994) o ‘¿Tú?’ (con Antoni Tápies, publicado en 1998).
Su último texto poético hasta el momento, ‘Cecilia’ (2004), está dedicado a su única nieta, y en él Gamonda, el poeta de las desapariciones, el poeta de la nieve y de la luz, se reconcilia de manera emocionante con la vida.
LOS PREMIOS
En 1985 fue Premio Castilla y León por la escritura realizada hasta la fecha; en 1988, Premio Nacional de Literatura por su libro ‘Edad’. Posteriormente, Premio de Literatura de la Comunidad de Madrid 2005; Prix Européen de Littérature 2006; Premio Reina Sofía de Literatura Iberoamericana 2006 y Premio Cervantes 2006, por el conjunto de su obra.
Se le ha concedido también la Medalla de Oro de la ciudad de Pau, la Medalla de Plata del Principado de Asturias, el Premio Leteo, la Medalla de Oro de la Provincia de León y la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Es Hijo Adoptivo de Villafranca del Bierzo y Doctor honoris causa por la Universidad de León.
Desde hace más de 20 años, Gamoneda participa —con lecturas, poemas y conferencias— en cursos y encuentros de instituciones y universidades de toda España y países de Europa, América, África y Asia.
Como resume Miguel Casado, uno de los mejores estudiosos de su obra: “En 1983 su poesía era un secreto muy bien guardado entre las murallas del viejo León; pero hoy la poesía de Antonio Gamoneda ya es patrimonio de todos”.
Gamoneda llama a conquistar el pensamiento en libertad
El poeta leonés inauguró el congreso «Literatura y libertad. El compromiso del escritor»
(Noticia publicada en el Diario de León:)
El poeta Antonio Gamoneda, Premio Cervantes de Literatura, llamó a los jóvenes, ahora y en el porvenir, a «conquistar el pensamiento en libertad», algo que, a su juicio, «no es fácil».
Gamoneda inauguró [en el Atenero de Madrid] el Congreso de intelectuales «Literatura y Libertad. El compromiso del escritor», al cumplirse el setenta aniversario de aquel que en 1937 reunió en Valencia a un centenar de ellos a favor de la libertad, la cultura y la resistencia al fascismo.
El poeta, quien disertó sobre «el entonces, el después y el ahora de la libertad del escritor», consideró que al pensamiento en general, pero también al pensamiento creativo, literario y poético, «hay que dotarles de una libertad real que todavía no existe».
Tras definirse como «el hombre de las dudas, del desorden y de las interrogaciones», Gamoneda expresó su deseo de que «esta voluntad interrogativa sea también una manera de concienciación de los jóvenes en relación con el problema de la libertad». «Ahora y en el porvenir, lo que está claro es la duda razonable y el temor interrogativo como forma de prevención en relación con el no pensamiento, con el pensamiento antidemocrático y con el pensamiento que no está en libertad», explicó el autor de Libro del frío, Arden las pérdidas o Libro de los venenos.
Por su parte, el director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, Rogelio Blanco, intervino con una ponencia titulada «Lectores honestos y utópicos de la realidad» para describir cómo deben ser los intelectuales.
Los escritores deben ser «finos y atrevidos lectores de la realidad» y tienen que ser «utópicos», según Blanco, quien reivindicó la actividad de los autores como creadores de espacios humanos que restan protagonismo a otros «dioses diversos», como los fundamentalismos, las teocracias o los mercantilismos.
Subrayó que «los espacios de creación están pensados para que habite el ser humano», por lo que, en su opinión, «el escritor debe ser una figura comprometida con el pueblo -como diría Antonio Machado-, que es la verdadera aristocracia de España».
El poeta Antonio Gamoneda inaugura hoy en el Ateneo de Madrid el Congreso de intelectuales ‘Literatura y Libertad. El compromiso del escritor’, al cumplirse el 70 aniversario de aquel encuentro que, en 1937, reunió a un centenar de escritores en Valencia por la libertad, la cultura y la resistencia al fascismo.
Del 17 al 20 de septiembre, además del último Premio Cervantes, que disertará sobre ‘El entonces, el después y el ahora de la libertad del escritor’, se darán cita en el Ateneo de Madrid José Luis Sampedro, Andrés Trapiello, Suso de Toro o Rogelio Blanco. Todos ellos quieren recordar el espíritu que movió a figuras literarias mundiales como Cernuda, Alberti, Hernández, Malraux, Neruda o Dos Passos a reunirse en julio del 37 en Valencia.
El secretario general de la Asociación Colegial de Escritores de España, Andrés Sorel, que organiza el Congreso, afirmó que éste tiene un doble fin: «Rememorar el congreso de escritores antifascistas de la República y situar a los escritores ante los problemas culturales, políticos y sociales del siglo XXI».
«Otro mundo es posible» es el grito que exclama Andrés Sorel en el prólogo del programa del Congreso, pues para él «hoy prácticamente no existe libertad, vivimos bajo el dominio del mercado».
Sorel, director de la revista República de las Letras —cuyo próximo número estará dedicado a Antonio Gamoneda, e incluirá probablemente en su portada el retrato que le hizo al poeta el pintor leonés Modesto Llamas Gil—, considera también que «el escritor no puede permanecer ajeno, mudo, en su tiempo histórico» ante problemas de hoy como la guerra, la paz, los imperialismos, la destrucción ecológica y la emigración.
En las cuatro sesiones habrá ponencias de expertos en el compromiso de intelectuales de otros países, como Maryse Bertrand de Muñoz, especialista en la Guerra Civil española, que abordará el papel de los franceses Malraux, Benda, Aragon y Chamson en el Congreso de 1937. El escritor gaditano Antonio Hernández hablará por su parte sobre la generación perdida norteamericana, y la catedrática de Filosofía Moral y Política de la UNED Amelia Valcárcel disertará sobre ‘La ciudadanía en un mundo global’.
El jueves se clausurará el Congreso con la participación de José Luis Sampedro, quien ha titulado su conferencia ‘Contra la barbarie’.
El Congreso continuará en octubre en Valencia y en noviembre en Soria.
(Noticia tomada de las páginas de cultura de EL MUNDO-LA CRÓNICA DE LEÓN, en su edición de hoy)
En Bolivia y en ti y no en la muerte
pensamos, capitán. Hubo silencio
una noche no más. Hirvió el acero
otra vez hasta el fin. Y vino el día.
Y todo el mundo se llamaba Ernesto.
ANTONIO GAMONEDA

Este poema apareció en el libro colectivo ‘Poemas al Che. 84 poetas de España y América rinden homenaje al guerrillero’.
La primera edición fue publicada por el Instituto del Libro de La Habana, en 1969.
En España, Libros de Cordel realizó una edición facsímil en 1976.
La obra poética de Antonio Gamoneda se presenta como algo no definitivo, siempre en proceso de reescritura. Cuando en 2004 reunió su poesía con el título de Esta luz, el propio Gamoneda advertía de las composiciones sometidas a Reescritura, título del conjunto de tales poemas en un libro del mismo año 2004. Tomo como ejemplo el poema que comienza “La belleza / no proporciona dulces sueños”, que redujo a catorce versos los cincuenta y nueve de su primera versión (en Sublevación inmóvil, 1960); ha desaparecido el título primitivo del poema (“Sublevación”) y la factura comprimida le da un sentido más denso y compacto, más abstracto también, y un carácter más sentencioso. El precipitado poético que supone la segunda versión pertenece al “estilo de lo oculto”, como Liu Xie lo llamaba en El corazón de la literatura y el cincelado de dragones, poética china del siglo VI: “El estilo de lo oculto hace que el significado principal esté más allá del texto; su eco secreto llega sesgado; sus colores sumergidos brotan desde la profundidad”.
La belleza nos sirve de tormento
El yo poético, un sujeto que nos implica a todos, constata en uno de los poemas: “Parece que es dolor lo que me llena / hasta la altura de los ojos”. Un tormento inacabable fue el de Prometeo, el titán que robó el fuego a los dioses para entregárselo a los hombres; aquellos lo castigaron a permanecer atado a las cimas del Cáucaso, donde un águila le roía las entrañas, que volvían a renovarse sin cesar. Es la imagen plástica del castigo eterno. El mito sirvió en las culturas primitivas para convertir el caos confuso en cosmos; para el poeta, el mito pudo sintetizar un conjunto de sensaciones y pensamientos. Gamoneda se acogió al mito de Prometeo en los dos hermosos sonetos de “Prometeo en la frontera”, de su primer libro, Sublevación inmóvil. Una “sublevación inmóvil” es la de Prometeo sujeto a la roca, una “sublevación de paz”. El titán inmóvil simboliza para el poeta moderno la impotencia del hombre encadenado a la tierra, al dolor y a la muerte, padeciendo atormentada sed de belleza, de libertad y de justicia. “Belleza” es una palabra clave, frontera entre el dolor y la alegría, el anhelo y la impotencia. “Sed” es otra palabra significativa, fronteriza entre el hombre encadenado al dolor y el ansia de belleza, pero no de una belleza alejada y ajena, sino solidaria, alimento y combate del hombre, continuidad humana en el tiempo.
“La belleza nos sirve de tormento”, sugiere otro poema. El poeta indagó en esa contradicción aparente de la belleza (la poesía) como dolor y como placer e intentó explicárselo y explicárnoslo: la poesía –declara Gamoneda en El cuerpo de los símbolos (1997)- genera conocimiento de un mundo que ella misma ha creado, pero es un conocimiento paradójico, pues enfrenta placer y dolor: “la poesía existe porque sabemos que vamos a morir […]. Pues bien, la poesía implica placer en este conocimiento. Dicho de otra manera: cuando la conciencia y el miedo mortal se interpenetran con la poesía, tal conciencia y tal miedo son indisociables de una forma de placer”.
Una inmensa, profunda compañía
Un sentimiento de solidaridad, de hermandad transita por la poesía de Gamoneda, particularizado en el amor entre dos seres que se abrazan en “una inmensa, profunda compañía”. Blues castellano, publicado en 1982, pero escrito entre 1961 y 1966, es el libro de contenido más solidario entre los de Antonio Gamoneda, que en alguna ocasión ha subrayado su valor de fraternidad, patente en el condolido “Blues de la escalera”.
Gamoneda poetizó el amor solidario en cuatro espacios interrelacionados: el familiar, ámbito de hermanamiento en el amor y en el dolor, con la madre como presencia más entrañada y sus manos amparadoras en la noche, en el olvido, siempre: son las manos del amor, de la ternura, del dolor, las manos de los poemas “Caigo sobre unas manos” y “Hablo con mi madre”: “Cuando no sabía / aún que yo vivía en unas manos, / ellas pasaban sobre mi rostro y mi corazón”; “Pasa tus manos grandes por mi nuca / todos los días para que no vuelva / la soledad”; el espacio más íntimo es el del corazón, ámbito del miedo existencial, del cansancio vital, pero que late con el mundo. La noche es el ámbito de la soledad y de la libertad. La tierra seca, trabajada y pobre, es, finalmente, ámbito de seres cansados, de rostro “quieto y tajado de dolor”, día tras día (“Agricultura”).
Blues castellano supuso, además, la búsqueda de un ritmo bajo el estímulo poético del turco Nazim Hikmet y los cantos negroafricanos fundacionales del jazz: el blues y el spiritual. Bajo tal supuesto puede leerse “Blues del cementerio”, cuya leve anécdota retorna obsesivamente a través de paralelismos y de reiteraciones que originan un rimado irregular y una sensación de agobio que roza con el quejido.
Todos mis actos en el espejo de la muerte
“Pienso sinceramente que el conjunto de mi poesía no es otra cosa que el relato de cómo voy hacia la muerte”, ha escrito Gamoneda. Descripción de la mentira fue en 1977, fecha de su publicación, un texto enigmático. Tal carácter se ha aliviado gracias a las indagaciones críticas y a las aclaraciones del propio autor, que daba fin al largo poema con enunciados como el que sigue: “Este relato incomprensible es lo que queda de nosotros”; a la vez ofrecía algunas claves de entendimiento; la principal aludía a la perspectiva desde la que el texto había sido escrito: la muerte. Podríamos acercarnos también a Descripción de la mentira desde una perspectiva histórica coincidente con la transición política del franquismo a la democracia, con un sentimiento último de verdad extinguida y de ideales traicionados; bien es verdad que la expresión enigmática parece cobrar tintes existenciales y, acaso por ello, universales. Nada impediría, por lo tanto, mantener activadas todas esas perspectivas desde las que recorrer el artefacto textual gamonediano. Y quizás abriéramos alguna luz trazando vías paralelas: una primera agrupa palabras que incluyen significados de impotencia y fracaso: desaparición, olvido, imposibilidad, traición, mentira…; la segunda vía recoge los términos alusivos a “lo que queda de nosotros” después de la imposibilidad, de la traición de los viejos ideales: excrementos, exudación, óxido, residuos, ruinas… Es otra vez Prometeo, el Prometeo desnudo y despojado, cuando todo ha caminado hacia la indignidad, y la muerte.
El enigma de Descripción de la mentira venía conferido, además, por su lenguaje desrealizador. Para Gamoneda el lenguaje poético es “una alteración del lenguaje convencional”. Los formalistas rusos dieron con el concepto apropiado: extrañamiento. La extrañeza del lenguaje, causada por rupturas y deformaciones del lenguaje normalizado, proporciona visiones nuevas de los objetos y provoca que la percepción de los mismos se aleje de lo rutinario y, por lo tanto, sea más duradera y, por ello, más eficaz estéticamente. La extrañeza residiría también en el nuevo fraseo que Gamoneda traía a la poesía española y en la organización del poema en “bloques rítmicos”. El nuevo fraseo tenía origen y componente musical: “La música –ha escrito el poeta- es el estado original del pensamiento poético”. Gamoneda se ha referido al carácter musical del primer impulso poético: la primera línea parece azarosa, pero tiene una “sustancia musical” necesaria para que el poema pueda desarrollarse. La experiencia de escritura de Descripción de la mentira fue de ese tenor: “Paseaba yo por el soto de Boñar […], cuando ‘se me aparecieron’ unas pocas palabras poseídas por una causa musical. Fueron éstas: ‘El óxido se posó en mi lengua como el sabor de una desaparición’”.
En la sustancia amarilla del corazón
En Lápidas sorprendemos visualmente dos modalidades textuales: lo bloques rítmicos y las prosas poéticas. Aquellos han ido adelgazándose, resumiéndose en frases “lapidarias”. Dos ideas brotan en mi lectura: la primera enuncia que los bloques rítmicos actúan de indicadores pragmáticos por los que el lector se ve impelido a asentir, leer y usar el texto como poético. La segunda idea pertenece a Eugenio Montale: “El poema breve tenía que ganar en intensidad lo que perdía en extensión. Del poema breve al poema intenso, concentrado, el paso es corto; aún más corto el paso del poema intenso al poema oscuro”. Poeta oscuro es –en la hipótesis más favorable para él- “aquel que trabaja el propio poema como un objeto, acumulando en él espontáneamente sentidos y suprasentidos, conciliando dentro de él los inconciliables, hasta hacer de él el más firme, el más irrepetible, el más definido correlativo de la propia experiencia interior”.
Las prosas de Lápidas no responden, piensa Gamoneda, a lo que es la prosa convencional; tampoco al poema en prosa tal como se suele entender. De ahí que le parezcan algo nuevo, sin nombre aún, movimiento o “alteración universal” propia de quienes “están activamente en la tradición”. El núcleo narrativo de estas prosas poéticas alude a “mi ciudad avergonzada”, el León de la guerra y la posguerra que el niño contempló entre la piedad y el miedo, entre el asombro y la intuición solidaria, imágenes que han dejado huella en la retina: hombres cenceños con olor a muerte, cuerdas de prisioneros… Testimonia Gamoneda: “Yo nací a la conciencia en 1936, en un barrio obrero de León. Desde mis balcones podía ver la represión iniciada con la guerra civil: los preparatorios, el miedo, los gritos de las familias, la sangre de la calle”. Era el primer contacto con el dolor ajeno: “Mi sensibilidad y mi pensamiento se desarrollaron contaminados por este sufrimiento que entraba en mí. No parece extraño que el adolescente lleve consigo los sedimentos de aquella experiencia”.
Ya sólo hay luz dentro de mis ojos
“Yo sentía los significados; no los comprendía”, escribió Gamoneda respecto al jazz vocal. El ritmo vocal y musical lo seducían. Lo mismo puede ocurrir a quien se acerque a los afilados versículos del Libro del frío: sentir o intuir los significados desde la materia musical de las palabras y el fraseo, o a través de lo que Alarcos Llorach llamaba tonalidad sentimental que crean las palabras: tristeza, dolor, muerte, llanto… Si la realidad proporciona los primeros datos, ha desaparecido la anécdota: quedan elementos sueltos, instantáneas; la desrealización crea un efecto de irrealidad. Sumamos a eso determinados contenidos simbólicos, como el de la luz del poema final, el único residuo que queda después de todas las desapariciones: “Ya sólo hay luz dentro de mis ojos”. Sólo luz (2000) tituló el poeta una antología de su obra; Esta luz (2004) quiso recoger toda su poesía, salvo el Libro de los venenos. Acaso esa luz, obsesivamente invocada, sea “el aura interiorizada de las cosas y de los hechos”, como señalaba M. Casado aludiendo a Lápidas; pero la luz fue espesando sus sentidos hasta ser la visión última: los ojos, después de todos los despojos, frente a la muerte.
La única sabiduría es el olvido
“La memoria es conciencia de pérdida del presente, conciencia de tránsito, luego la memoria es también conciencia de ir hacia la muerte”. La vida es un fuego en el que Arden las pérdidas (2003). Gamoneda ha ido elaborando pérdidas, vacíos, despojos, fragmentos de dolor. De nuevo el Prometeo de la “sublevación inmóvil”: “Un sol tardío pesa en mis manos inmóviles…”; pero más que “sublevación inmóvil” respiramos ya la indiferencia de la vejez (“claridad sin descanso”) que contempla el páramo desolado de las desapariciones, de las pérdidas: “Es difícil poner luz todos los días en las venas y trabajar en la retracción de rostros desconocidos hasta que se convirtieron en rostros amados y después lloras porque voy a abandonarlos o porque ellos van a abandonarme”. Memoria de las pérdidas, “memoria despedazada” porque en su activo depósito sólo hay desapariciones y todas ardiendo en la memoria, mientras la luz blanca amenaza: “Escucho en la madera dientes invisibles”. Algo quizá permanece: esa música –ese ritmo verbal- a la que el poeta se agarra como única certeza: “Hay una música en mí, esto es cierto, y todavía me pregunto qué significa este placer sin esperanza”.
Hay otra certeza y se llama Cecilia (2004), un nombre capaz de abrir espacios de luz en los que también existe lo invisible si la niña lo nombra. Pero la conciencia de la desaparición no se esfuma, por más que pregunta angustiosa “¿Todo en mí es ya desaparición?” reciba ahora respuesta negativa. La conciencia temporal es tan acuciante como otras veces, a pesar del río de esperanza y ternura que fluye en los poemas.
Triaca y veneno
“Pienso que la lectura actual de un discurso arcaico se carga, en alguna medida, de función estética”, ha escrito Gamoneda. Lo intuyó al leer las glosas y comentarios que el médico segoviano Andrés Laguna añadió –mediados del XVI- a la traducción castellana de la Materia médica de Dioscórides Pedacio –siglo I-. Gamoneda retrajo el libro sexto del tratado griego traducido y comentado por Laguna con prosa soberana y añadió sus propias glosas; el resultado fue un texto con tres voces distintas, pero aunadas por la sustancia poética. Lo viejo y lo nuevo, lo antiguo y lo moderno imbricados en una nueva forma de posmodernidad.
La interpretación última del Libro de los venenos (1995) procede de Amelia Gamoneda y Fernando Rodríguez de la Flor y es luminosa, al convertirlo en centro semántico de la aventura poética gamonediana, subrayando su carácter terapéutico, “fármaco” en el doble sentido griego de remedio y veneno, algo salutífero y mortal a la vez, “un alivio eficaz a la melancolía” gamonediana (producto de un momento histórico y de determinadas reacciones corporales y orgánicas), una búsqueda del principio de conservación y una fascinación por los procesos de descomposición y muerte. Tal sería la clave interpretativa de la obra toda de Gamoneda, que desarrolla –lo reiteramos- “el relato de cómo voy hacia la muerte”.
LEÓN.— La gala de clausura del X Certamen Nacional de Cortometrajes de Astorga (León) se cerró hoy, 8 de septiembre, con la entrega de los trofeos a los cortos ganadores, además de los reconocimientos al veterano decorador Emilio Ruiz, a la crítica cinematográfica leonesa representada por Victoriano Crémer, Pedro Calleja y Joaquín Revuelta, y el Premio de Honor al poeta y Antonio Gamoneda. El director y guionista del programa Voces contra la globalización, Carlos Estévez, de TVE, se llevó el reconocimiento al mejor programa de televisión del 2006
El acto se celebró en el cine Velasco, con asistencia de la secretaria de Estado para Asuntos Sociales, Amparo Valcarce, que hizo entrega de los premios del I Certamen de Vídeos Sociales; el escritor José María Merino, que hizo lo propio con el relato ganador del II Premio Literario de Argumentos de Cine, y las actrices Natalia Mateo y Lola Dueñas, entre otras personas.
Previamente a la gala de clausura se exhibieron tres documentales rodados en los tres primeros años del gobierno de la II República Española: ‘Proclamación de la República en Madrid’, de Daniel Jorro, ‘Estampas’, de José Val del Omar, y el tercero, ‘Las Hurdes’, de Luis Buñuel, considerado como uno de los mejores documentales de todos los tiempos, en su versión íntegra restaurada en 1996 por la Filmoteca Española con la voz de Paco Rabal.
Pues esos son los datos que ofrece Caja España: cuando apenas faltan 10 días para que se clausure, la exposición ‘Visión del frío’ ha sido visitada ya por cerca de 10.000 personas. ¡Todo un éxito!
Esta exposición fue organizada por la Universidad de Alcalá de Henares y por el Ministerio de Cultura, con motivo de la entrega del Premio Cervantes el 23 de abril de 2007, y llega a León con el patrocinio de Caja España. ‘Visión del frío’ puede visitarse todavía hasta el 31 de agosto, en el Edificio Botines de Gaudí, en horario de 11.00 a 14.00 horas y de 18.00 a 21.00 horas, todos los días.

Antonio Gamoneda tiene ya una buena ficha en la Wikipedia (en español, portugués, alemán y ruso) aunque su nota biográfica contenga algún error —concretamente, que el poeta sea director de la Fundación Sierra-Pambley desde 1979; en realidad fue director de esta Fundación desde 1979 hasta su jubilación, en 1991, y posteriormente miembro de su Patronato, hasta que dimitió a principios de 2007—.
No sabemos quién será el autor/a (o autores) de la ficha en español, pero curiosamente hasta se cita este blog entre los enlaces. ¡Gracias!
Reproducimos el artículo publicado ayer, 20 de agosto, en la última página del diario EL PAIS, en la sección estival ‘CONSAGRADOS Y NOVATOS’

J. RODRÍGUEZ MARCOS (EL PAIS, 20/08/2007)
"Libro de versos muy malos. En ellos campa un sentido de resentimiento con toques de ateísmo". Antonio Gamoneda y Elena Medel leen el informe que la censura redactó en noviembre de 1968 a propósito de ‘Blues castellano’, el poemario más comprometido del escritor leonés. En esa fecha, la poeta cordobesa, de 22 años, ni había nacido, pero hace unos meses fue ella la que escribió un epílogo para ese libro cuya condena por parte de la "sección de ordenación editorial" contemplan ahora los dos. Lo hacen en la exposición dedicada a Gamoneda que acoge en León la Casa de Botines, diseñada por Gaudí. Es la tercera vez que se ven. La primera fue en la Residencia de Estudiantes, donde Elena Medel tiene una beca: "Un día bajaba a desayunar en pijama y allí estaba él. Subí corriendo a ponerme unos vaqueros".
La muestra es una especie de biografía en tres dimensiones. Está ‘Otra más alta vida’, el libro con el que Gamoneda aprendió a leer, y que había escrito su propio padre. También están su primer poema, las medallas y honores, las cartas y los libros dedicados por los amigos: Tàpies, Chillida o Herberto Helder, "el poeta europeo vivo que más me interesa", apostilla él. Además, cuadros de su colección acompañados de poemas manuscritos con su espinosa letra. "¿Que si he pintado alguna vez? Nunca he sabido pintar ni el humo de un tren".
La casa de Gamoneda no está lejos, pero hay dos paradas antes de llegar. La primera, en una bodega para tomar un vino. La segunda, en el bar Miserias para comer. "Yo estoy a régimen", aclara el poeta mientras saca una batería de pastillas y da cuenta de un plato de verdura sin quitar ojo a las morcillas que ha pedido el resto de la mesa. Hace cuatro años lo atropelló una furgoneta. Resultado: 15 días de hospital y un perpetuo problema de espalda que sólo se mitiga perdiendo peso.
La conversación empieza por el principio. ¿Qué lecturas les marcaron? "A mí, ‘Poeta en Nueva York’. Con 11 años", recuerda Medel. "Me enteré de más bien poco, pero me impresionaron las imágenes. Empecé a leer desordenadamente. Muchas antologías y libros que compraba en el Pryca. Me fastidiaba que un libro no me gustara porque había malgastado la oportunidad de leer uno bueno. En una colección barata que se vendía en el híper encontré ‘Blues castellano’".
"Para mí", afirma Gamoneda, "fue decisiva la ‘Segunda antología’ de Juan Ramón Jiménez. Tenía 13 años y había juntado las tres pesetas que costaba. El librero me dijo: ‘¿Para qué quieres a ese escritor de la anti-España’, y me alargó el panfleto de un ultracatólico que decía cosas del tipo ‘joven, sé casto". Gamoneda terminó haciéndose con el libro en la tienda de un ex agustino. También él se había marchado de los agustinos, "un colegio lleno de sadomasoquistas y pederastas".
El mismo día en que cumplió 14 años, Antonio Gamoneda, huérfano de padre, entró a trabajar de madrugada en el Banco Mercantil. Era el chico de los recados y había que encender la calefacción. La posguerra iba a ser larga. Lo que para él es biografía, para Elena Medel es historia: "Ni mis padres tenían edad de votar en las primeras elecciones. No alcanzo a imaginarme que un censor revisara mis libros. Somos unos privilegiados".
El poeta pregunta a la poetisa por la diferencia entre los dos libros que ella ha escrito hasta ahora. Con la edad, un escritor tiene más recursos, ¿también menos entusiasmo? "La poesía", responde ella, "tiene siempre algo de descubrimiento". Él concluye: "El poeta tiene que defender su inocencia. ¡Los poetas sabios me cargan!".
¿Y los lectores? En la exposición, un hombre reconoce a Elena Medel. Caminando por León, una mujer para a Gamoneda para agradecerle sus poemas. Los dos son casos raros, pero ¿la poesía llega a la gente? "¡Hay muchos tópicos!", desgrana Medel: "Que la poesía es difícil, que es inalcanzable. Se vende mal. Le pueden los prejuicios de muchos lectores y de muchos escritores". Gamoneda está de acuerdo, pero añade: "A lo mejor tampoco hay que comprender tanto. Basta con leer. Seguro que se descubre algo. Le pasó a Elena con Lorca, ¿no? Lo que sucede es que el poder prefiere que la gente vea la tele, que invade las conciencias".
Aunque afirma que relegar la cultura a la hora de los vampiros no es la mejor forma de fomentar la lectura, Elena Medel recuerda que ella creció viendo la televisión, "casi amparada por ella. Dejaba a medias los dibujos animados y terminaba yo el capítulo escribiendo un cuento. La tele es una buena herramienta muy mal empleada".
¿Y a la generación que nació viendo la tele le interesa la política? "Yo creo que les interesa poco en general casi todo", reconoce la propia Medel. "La política", tercia Gamoneda, "ha sido sustituida por el consumo. El consumismo es la última ideología. La gente se interesa menos por el futuro que por la marca de sus pantalones".
"Los poemas se escriben en cualquier parte", dice Antonio Gamoneda, que, a sus 76 años, no ha parado desde que en diciembre le concedieron el Premio Cervantes. Incluso ha rodado una película con el argentino Tristán Bauer, mítico por sus documentales sobre Borges y Cortázar. Lo que no ha vuelto a tocar es ‘Un armario lleno de sombra’, sus memorias de infancia. "Catorce años. Menos de 200 páginas. Duras". Su madre tenía un armario que sólo abría ella. A su muerte, lo abrió él: "Me vino el olor de mi madre viva".
En 2002, un cometa atravesó el firmamento de la poesía española en forma de libro. Se titulaba ‘Mi primer bikini’ y era obra de una muchacha de 17 años. Lo había escrito a los 15, en Córdoba, entre el instituto, los bares y un taller literario. El año pasado, y aun teniendo otros novios, Elena Medel volvió a la pequeña editorial barcelonesa DVD para publicar ‘Tara’. La muerte de su abuela y mil lecturas habían matizado aquel fulgor pop, pero habían alumbrado una obra madura. Y lo que falta.
Recuperamos este artículo de ILDEFONSO RODRÍGUEZ que apareció hace más de once años en la revista ESPACIO/ESPAÇO ESCRITO, con motivo de la publicación de ‘Libro de los venenos’ de Antonio Gamoneda en 1995.
(Por cierto que ‘Libro de los venenos’ acaba de ser traducido al francés por los escritores y editores Jean-Yves Bériou y Martine Joulia.)

MÚSICA
En la escritura de Gamoneda, significaría este libro eso que Barthes llamó “un cambio de ritmo”. Después de aquella música del ‘Libro del frío’, segmentada, de yuxtaposiciones simétricas, se presenta aquí una coralidad, un concierto barroco, voces conducidas en una polifonía dialogante. Música de orquestación compleja, de grandes efectos tonales, de espesa coloratura tímbrica, conduciendo las tres voces del relato: Dioscórides, Laguna y Gamoneda. Y una cuarta, más compleja aún: el desdoblamiento del autor en el médico griego Kratevas, donde emerge otra vez el fraseo del ‘Libro del frío’. “Siento en mí la suavidad de un lamento que no me pertenece, la temible dulzura de las palabras pronunciadas en la desaparición”, escribe en la página 139. Ese dato, de razón prosódica, decide ya el parentesco del ficticio Kratevas y el hombre que le escribe. Pero hasta la siguiente anotación de la mano del griego, retorna la sintaxis musculada, espejeante de estilos (el conceptismo y la enumeración de los tratadistas), de gran periodo subordinativo, que es uno de los cuerpos del libro. Son los valores de la prosodia, que yo prefiero llamar simplemente música: vienen a hacer más audible un significante, por su amplificación, al ceñir sonoridad y sentido (hasta que la imagen total del libro sea la misma de su actividad sonora). No se trata de retórica, perífrasis, hipérbole, ornamentación. Es un modo individual de habla, un vaciado de oralidad; así suena el cuerpo de esa lengua, su espesor silábico, coloreado, acentual. El timbre mismo de su voz viva al fluir. Lo que Barthes definió en ‘El placer del texto’ como “una estereofonía de la carne profunda”. “Por puro vicio (hay nombres que son como frutos en la boca), voy a escribir aquí….”, se lee en el prólogo. Sobreabundancia de la cantidad y su medición, cuando las voces se intercambian lo desusado, tantas substancias y nombres nuevos, desconocidos para el lector, que le parece ir aprendiendo una lengua ignorada. Aquí viene la música de los grandes catálogos. Que un catálogo es musical lo han demostrado Borges y Wallace Stevens. En su poema “Asphodel, this greeny flower”, escribió: “Es como el catálogo de las naves de Homero / llena el tiempo”. En este recetario casi ilimitado, las historias entrecruzadas, las substancias y los nombres generan y organizan el tiempo. En la polifonía se produce el diálogo de las voces, no es sólo una aposición de los tres textos. El crecimiento de las notas aclaratorias, las disputas y refutaciones en las que se mete el “doctor” Gamoneda son la nervadura de ese diálogo. Porque, si como afirmó Francisco Rico, podría advertirse una influencia de Vallejo en Quevedo, es posible ya sentir la del propio Gamoneda en Laguna.
Pero la música es también material temático, y muy abundante. “Convaleció Harmosis y supo Mitrídates que la profecía de los vientos era por música cuyos semitonos se tomaban del temblor de hojas perennes, pasándolos por cíthara, para sumar sus intervalos y la declinación de las aves”. Aquí hay algo más que una fantasía musical. Uno desearía poder oír esa extraña e híbrida arpa eólica, cuyo sonido implica a la naturaleza. Aparece con frecuencia una música ritualizada, no sólo en sentido arcaico y oriental (la música curativa, de fusión con un orden cósmico), sino en sentido poético estricto: cuanto más potentes son los venenos, mayor es la audición de una “música del pensamiento”, pura actividad poética. “Dice Kratevas que mientras las mujeres cantaban, él sintió moverse causas invisibles y, al volver el silencio, un gran olvido”.
Este tramo de mi lectura sólo viene a recordar la sensación obtenida por cualquier lector de Gamoneda: que su escritura es de especie marcadamente musical, con un fraseo intensivo y metamórfico. Que así es también en ‘Libro de los venenos’.
IMAGINACIÓN
En la novela de Faulkner titulada ‘The Hamlet, El villorrio’, aparece el siguiente párrafo:
“Él contempla cómo se repite lo que ha descubierto por primera vez hace tres días: que al alba, la luz no se difunde desde el cielo sobre la tierra, sino que es aspirada de la tierra. La luz despierta, se filtra hacia lo alto, adherida a innumerables canales serpenteantes: primero a las raíces, luego hoja por hoja y por las agudas puntas, se eleva como un gas y se expande como un soñoliento susurro de insectos por la tierra aún dormida”.
Tal inversión de lo admitido, de las leyes naturales, ese giro copernicano (que la luz no venga del cielo, sino de la tierra), ese salto al mito sólo puede ser dado por una experiencia imaginaria. La imaginación ha dado el salto. Muchas veces he sentido que en ‘Libro de los venenos’ se ejerce un poder emparentado con el que maneja Faulkner. La potencia imaginativa ha conducido una taxonomía antigua, un conjunto de observaciones siempre centradas en el valor negativo de los venenos (dañinos, finalmente mortales) a su extremo opuesto: ha invertido ese valor. En la escritura de Gamoneda, tras una cuantiosa apariencia de perfecta neutralidad o avanzando en el despliegue de la pura “soberanía de las palabras”, llegan indicios de tal inversión; finalmente, resultará que los venenos son poéticos, en cuanto son alimentos de la propia imaginación. “Es cierto que hay una clemencia ciega en los frutos que procuran ebriedad antes de la muerte”. La ebriedad es la energía misma del poeta, su resistencia a la muerte.
La potencia imaginativa de Gamoneda tiene sus propios modos. Es siempre materialista, habla con palabras substanciales, de la experiencia sensible compartida, hasta alzar lo que Miguel Casado llama “el orden matérico del mundo”. Pero es también arcaica, primitiva, mítica. La realidad está en metamorfosis, hay una unidad esencial de identidades entre los vivientes, lo inerte, lo concreto y lo abstracto. Quien lea a Gamoneda guardará el sabor de esa pasta originaria. La demostración de su origen arcaico es relativamente simple; está en Homero, en la Biblia, en el poema de Gilgamesh (donde, tengo entendido, una palabra como ‘kibatti’ significa trigo, pero también desdicha. El salto propiciado por esa imaginación permitiría decir “el trigo de la desdicha”). Tal animismo propicia la siguiente anotación: “La cal se saca de grandes cárcavas en la tierra, y dice Dioscórides que también de las caracolas del mar. Las piedras han de quemarse y es como si el fuego entrase en ellas. Se desprenden de esa fuerza con el agua y, ya exhaustas, dan en cal muerta. Estando en su poderío, la cal quema y engrendra costras, hace caer los pelos y, en el interior del hombre, horada la vejiga y el hígado. Su benignidad aparece, ya muerta, poniéndola con agua rosada sobre llagas”. Esa actividad esconde las metáforas comunes “cal viva”, “cal muerta”.
Por los grados de la sensibilidad materialista y el mito, se alcanza una potencia alucinada, visionaria y sin materia palpable (sucede bajo los párpados). Hasta ver el mundo con otra armonía, lo invisible. “Fluía más allá de sí mismo”. “Como si el pensamiento colgase fuera del mundo”. Referido a los chamanes, se lee: “El nombre llevaba consigo la causa activa por la cual estaban vivos y muertos al tiempo, y en sus ojos no había distinción entre lo visible y lo invisible” ¿No es una definición precisa del poeta? Y el viaje alucinatorio de Kratevas, tras comer unos hongos asiáticos, es también una estricta y bellísima poética. En la visión crece una arquitectura de correspondencias entre las pieles y los cuerpos del mundo, entre la vida y la muerte. Las visiones pueden suceder precediendo a la muerte, dulcificándola, engañándola, en el gabinete mortal de la tortura científica de Kratevas. La “cueva blanca”, la “cámara blanca” donde alucinan los moribundos envenenados.
Queda aún otro modo de la imaginación, que obra casi sin mostrarse: es la imaginación de los límites, de las proporciones, de la exactitud. Sin ella no sería posible, paradójicamente, la desmesura del libro, su longitud y espesor. Al escribir sobre Alejandro Magno, además de otras precisiones, dice Gamoneda: “…cabe preguntarse por qué en los templos del Asia sacrificaba al Miedo”. Miedo con mayúsculas. Uno lee eso y siente miedo, siente un escalofrío, aunque conozca la Historia (que los griegos adoraban a Phobos y a Deimos, divinidades del miedo; que les habían alzado pequeños templos y que, antes de entrar en batalla, los generales hacían sacrificios para conjurarlos, para que el miedo no se comiera a sus soldados; que así hizo Alejandro antes de entrar en la batalla de Arbelas); pero el poeta no recorre toda esa historia explícita, no dice “al dios del miedo”. Es más exacto, para crear su mayor efecto. Ha entrado en una sintaxis personal, por “sustracción” (Barthes). Dio el salto hacia la máxima exactitud. Lo difícil de entender es que en un libro genésico de nombres (un grimorio casi innumerable de palabras que son substancias y seres que son nombres), en su centro mismo, se abran los silencios de la imaginación. Que en medio de lo lleno quepan aún “las cosas que no tienen nombre”, como las llama Garcilaso en su ‘Epístola a Boscán’. Pero es que uno de los momentos altos de la poesía de Gamoneda sucede cuando aparecen tales cosas. Y aquí, entre la abundancia, donde cada cosa posee dos, tres y hasta cuatro nombres, se lee: “un animal (no se sabe su nombre)”, “un árbol que carece de nombre”.
HABLA SUBSTANCIAL
En este libro, exquisito, raro e innumerable como el propio del doctor Laguna, “…donde se trata de las innúmeras plantas exquisitas y raras”, el imaginario de Gamoneda ha crecido otra vez como organismo, cuerpo de palabras. ¿Qué comió y dónde para alcanzar ese crecimiento?
Ha sido toda una vida en el trato verbal y corporal con las substancias, que carecían entonces de nombre registrado, venían sin prospecto. Algunas eran muy extremadas: “Aguas coléricas”. Otras muy privadas: “Substancias soportables”. Brotando a lo largo de toda su escritura, provocan una mecánica sensorial y son el sustento del habla poética. Adelgazaré aquí una imagen de lectura, ya expuesta en un estudio lejano (‘La escritura del cuerpo’, “Un ángel más”, número 2). Substancias elementales (azúcar, óxido, acónito, yodo) y otras más complejas (morfina, enjundia, pelambre, agua frutal) son generadas por unas actividades corporales y abstractas (alentar, excitar, silbar, corromper) y crean sus duraderos efectos, marcan (la lentitud, la desaparición, el clamor, el vértigo, la perplejidad). A la vez, existen cosas y seres portadores de cualidades extrañadas (números, hortensias, madres, lápidas, cucharas (y lugares donde fructifican las substancias y crecen esos seres (légamos, dormitorios, “un hotel exterior al destino”). Reconozco la simetría excesiva de esta trama cosmogónica, pero cabe preguntarse, ¿qué lugares, qué substancias eran ésas? La imaginación coherente y rigurosa da ahora el salto, su respuesta plausible: aquellas eran también éstas que ahora aparecen múltiples y con nombres descifrados (tragorígano, camelea, torbisco, “las montañas del Cáucaso”, “las tierras húmedas de Iberia”; la víbora que llaman “dipsada”). Para entender ese salto, hay que recordar la máxima de Canetti: “Esta es la ley suprema de lo comido: todo lo que fue comido, come a su vez”. Tal voracidad conduce a una implicación de memoria imaginaria: más allá de la magnífica intertextualidad serial, Gamoneda no procede sólo como manipulador de libros ajenos, sino que se convierte en filólogo de sus propias palabras, las que le pertenecen como poeta; les busca una etimología fantástica, vale decir narrada, las asienta ahora en otra zona de escritura, híbrida, con mucha mezcla. Su trato diario con las “causas invisibles”, que es otro principio activo de la imaginación, le transforma en un curandero, pero también en un narrador y en el extraño Kratevas, piadoso y frío.
“Hiel y tristeza”. “Imaginaciones blancas”. Ésas son las materias del libro, bajo la apariencia de unos comentarios a Laguna, que a su vez, comentó a Dioscórides. Pero es una apariencia sólida: hay apareamiento de lenguas, pasión médica y boticaria (cada nombre inusual lo veo como pintado en uno de aquellos frascos que llenaban los anaqueles de las boticas); hay una teoría de la visión que es presocrática, un mecanicismo de los átomos. También, y en muy primer lugar, la fascinación por la lengua de Laguna, deslumbrante tantas veces, origen de todo este gran trabajo actual. Pero cuando escribe Laguna: “mirar en las profundidades del vino”, yo siento la excitación de Gamoneda, ahí se nutre su salto: hacia su lengua natural extrañada (la de un poeta), lengua substancial para decir en el intercambio: “respirar sobre la flor blanca trae sueños suaves y luminosos”.
RELATO
Gamoneda, en el prólogo, que es una pieza crítica y transparente donde se aclara casi todo lo que pueda decirse sobre su libro, plantea el problema de los géneros literarios y se desentiende de en cuál pueda encerrarse la obra, dándole todo el poder al lector: “el lector tiene que decidir por sí mismo….”. Pero es precisamente en un más allá de los géneros donde se sitúa el relato que el libro contiene. Cuando el propio Gamoneda elabora la hipótesis de que se trata de una “disforme novela”, parecería que el relato se hiciese por yuxtaposición de otros adyacentes, siendo el más notable el que narra los hechos del paradójico Kratevas, en primera o en tercera persona. Intercaladas van pequeñas escenas, como ejemplares, y esto lo hacen tanto Laguna como Gamoneda. Finalmente, está el cuerpo central de las recetas venenosas, los antídotos, la doctrina. Aceptado este esquema, serían las noticias de Kratevas las que nutren el relato genérico, el que verdaderamente solicita la intriga del lector (y no deja de hacerlo, por el despliegue de su potente eficacia). Pero, ¿es este Kratevas el personaje de un novelista? Dando un salto poco forzado, a mi juicio, equivaldría a preguntar: ¿es ‘Las tentaciones de San Antonio’, de Flaubert, una novela histórica? Mi hipótesis última, en esta lectura, es que ‘Libro de los venenos’ viene a ser un solo y único relato, a condición de que se entienda como relato poético. Esta consecuencia no tiene que ver sólo con la textura del lenguaje en el que está escritor; un relato es poético del mismo modo que un poema es relato (ahora mismo, lenguas tan distintas como las de Tomás Salvador González o Menchu Gutiérrez alzan relatos poéticos en sus novelas, por el montaje o por la intensidad de su atmósfera).
Hay otro modo más crudo de acercarse al asunto: ¿en qué se diferencia una receta de las que escribió Don Pío Font y Quer en su ‘Dioscórides renovado’ de otra que podamos leer en este libro? ¿Sólo en la calidad de los adjetivos? Es algo más originario, y el propio Gamoneda lo declara en el prólogo: “sentir el cuerpo de un texto narrativo”. Sentir el cuerpo; como en todo poema real, no se trata de estrategias que monten mecánicamente unos planos diversos. Son las capas, las pieles de un organismo de lengua único. Que ese cuerpo puede ser narrado mediante técnicas de montaje, lo ha demostrado también Gamoneda, si el lector coherente de su obra recuerda cómo la noción de relato está imbricada en toda su actividad. Pues en ‘Descripción de la mentira’ se escribió: “Este relato incomprensible es lo que queda de nosotros”. Es una declaración que debe tomarse al pie de la letra: aquel libro es un modo narrativo. Pero también se lee allí: “Hay un relato y es la humedad que sucedió el mismo día de tu muerte”. Es decir, hay que aceptar que la humedad, esa humedad, puede ser relatada. No se trata de averiguar aquí cuáles son los órganos del relato poético, porque, además, puede que siempre sean los de ‘ése’ y no los de ‘aquél’. ‘Libro de los venenos’ es también la imagen de una narración y, por tanto, de una trama. Se trama una energía bimembre que ciñe palabras y hechos en “simetría mortal”. No es sólo que se narre la poesía, con la intensidad con la que puede hacerlo Gustavo Martín Garzo, por ejemplo. Aquí el primer tramado es el propio autor, al que, poco a poco, se le va evaporando su lugar externo de privilegio. Se ve implicado en su relato (el concepto de implicación pertenece a Gamoneda; véase mi entrevista con él a propósito de este libro, en ‘El paseante’, número 23-25), implicado no sólo por su desdoblamiento en Kratevas, sino por la mostración palpable de su actividad como poeta. En los silencios, en los intersticios y respiraciones, en la polifonía de las voces, ahí también está él. En su pasión declarada, hasta el extremo de sentirse un igual con los antiguos, un curandero arcaico con su ciencia y su magia: “purgar la casa de adversidades”, “atajar el olvido”. Hasta el extremo de verse obligado a poner una advertencia para un posible lector inocente y cándido (¿puede existir ese lector?): …”nadie debe fiar su muerte ni su vida de poderes atribuidos por mí a la naturaleza o la ciencia”. Él mismo parece ser un catador de venenos, afectado de mitridatismo, parece haberlos probado todos (aunque no aparezcan aquí los ocultos, aquellas “pastillas del amanecer”, o “la flor negra de los dormitorios”, que actuaban con tanta intensidad en el ‘Libro del frío’). Es que hay un plano único de implicaciones: por la “pasión verdadera”, es decir, la escritura, un griego, un renacentista español y un actual dialogan como iguales, y las refutaciones del contemporáneo son argumentos hoy falsos. Por tanto, la lógica de este relato, como la de un poema, no es la del ‘verum’ / ‘falsum’ (tengo la idea de que este libro sería inconcebible para un sajón; lo ha sido ya entre nosotros para los malamente sajonizados). Las notas de Gamoneda no tienen verdadera función explicativa, son amplificatorias, ahondan el cauce para todas esas palabras de una lengua infatigable que no cede nada al olvido.
Los tejidos del texto están diversificados. Los mismos hechos del envenenador Kratevas son muy distintos: también puede ser piadoso y enamorado, también tiene su historia de amor (aunque pueda tratarse de uno de los “sentimientos imaginarios” de los que habló Cirlot). Vive en la contradicción y eso le hace ser un personaje inquietante como pocos: su ética neutral no oculta una humanidad desgarrada. Hay historias conclusas, como la de Cleodemo o la lucha que oyó el ciego. Se traman también pequeños nudos argumentales, como el misterio de la panacea llamada metridato o triaca, o la figura de Aristión, el médico torpe enemigo de Kratevas. Y los personajes múltiples y huidizos, con nombres luminosos, Cippo, Shu y las “meretrices asturianas”. Entre las ficciones que acoplan crueldad y hermosura, los finales absolutos: el No que pronunció Mitrídates, o quien “sollozó una sola vez”.
El tiempo y el espacio son generadores de extrañeza, dando apertura al relato poético; cuando el lector ya se ve instalado en una zona verificable de cierta mitología, se le desplaza (los desplazamientos son constantes) violentamente, se encuentra con que “el abrótano… abunda en los terraplenes de Toledo”. Toledo, Heraclea de Ponto y, también, Sahagún, en una estampa reciente. Hay un tiempo alejandrino, pero otro hispánico: “La yerba sardonia… los mendigos la usan para hacerse llagas de mucha misericordia”. Cada uno de esos espacios y tiempos, sin romper la unidad de la lengua, parecen afectar sutilmente al tono de su fraseo; como si cada distancia tuviese su modo de expresión. Se dan sentencias de pitagórico o de talmudista y giros de grueso humor cervantino: “…como si los bebedores de menstruo fueran más que los de vino manchego”. No veo en ello impostaciones de la voz. El personaje que construye Gamoneda a lo largo de su obra es siempre el mismo, no es un “fingidor”; pero tampoco, creo, es un yo lírico. Sería más bien como aquel Proteo que vio Diodoro Crono: “Sin dejar de ser él mismo, se transforma en su imagen”. En otras lecturas, yo me he atrevido a llamar a ese modo de implicación “las transmigraciones de Gamoneda”.
Estas todas me parecen ser las pieles del relato. Pero el organismo camina con un ritmo que es climático y ascensional. Es un aire que se enfrenta a la lentitud que pudiera solicitar el lector, cuando se ha de parar y volver atrás, porque una dinamis le lleva a ir hacia adelante. La tensión rítmica se genera ya en las notas excitadas por el primer párrafo de Dioscórides, escritura de tiempo acumulativo, obsesivas, como si se hubiera comenzado en un ‘medias res’ imparable, sin interrupción. Hasta la primera entrada del propio Laguna, serenando y trayendo su imagen moral del mundo. Es la línea de tensión y relajo del libro, ascensional. Hasta que se produce, en el clinamen rítmico, la despedida de Kratevas, que parece hacer como un tal Ahmés, que desapareció “en las tabernas subterráneas de Sinope”. Unas pocas páginas más tarde lo hace el autor, sumergiéndose silenciosamente en el fragor enumerativo de sus aclaraciones. Y llega el cierre categórico natural, cediendo la última palabra a Laguna quien, como el narrador de las ‘Mil y una noches’ (pero Alá es el más justo), acaba el relato con la invocación al Dios Trino.
Todo lo que aquí, copiosa y turbiamente, se ha mostrado es la imagen de un libro: de su belleza y de su radicalidad. No creo ya posible lo uno sin lo otro.

"Para acercarse a Gamoneda hay que cuidar el corazón y dejar abiertas de par en par las ventanas del alma."
PABLO DE LA VARGA

El 19 de julio, cuando se inauguró la exposición ‘Visión del frío’ en Botines, Pablo de la Varga —el gran amigo de Gamoneda desde que ambos tenían 5 años— pronunció en el acto, por sorpresa, este pequeño y emotivo discurso:
"La Concejala de Cultura me avisó de este evento. Se lo agradezco. En mi proximidad al poeta, pues somos amigos desde los cinco años, y compadres varias veces, por esta proximidad, me resulta muy difícil organizar palabras con la claridad y serenidad que él merece.
Me cercan los sentimientos, pero me empuja el deseo de hacerme presente en esta feliz ocasión, aunque afortunadamente muchos ríos de tinta han corrido ya, muchas imágenes televisivas y muchas ondas radiofónicas, que son expresión de las gentes de mayor autoridad dentro del mundo de la cultura.
Al descubrir a Gamoneda, una fuerte campanada ha avisado a todo el mundo de que había palabras nuevas, de contenidos nobles, hondura humana y lucidez existencial.
Ahora, que su voz va siendo patrimonio de todos, esta exposición, que abrió sus puertas por primera vez en la Universidad de Alcalá de Henares con motivo del Premio Cervantes 2006, hace parada inmediatamente después en esta tierra que, en la voz del poeta, es "lentitud sagrada, con álamos al borde del camino".
Poco más. Creo que no debo ir más allá porque las palabras aquí se han puesto de luces.
Sólo avisaros de que para acercarse a Gamoneda hay que cuidar el corazón y dejar abiertas de par en par las ventanas del alma".
La exposición Visión del frío reúne y pone en situación de diálogo 37 poemas manuscritos de Antonio Gamoneda con 41 obras plásticas (pintura, grabado, escultura, cerámica…) de 20 relevantes artistas —Alejandro Vargas, Juan Carlos Mestre, Alejandro Mieres, Amancio González, Albert Agulló, Juan Barjola, Elías G. Benavides, Bernardo Sanjurjo, Jesús Martínez Labrador, Jorge Pedrero, Juan Martínez, José Hernández, Arcadio Blasco, Orlando Pelayo, Esteban de la Foz, Antoni Tàpies, Faik Husein, Eduardo Chillida, Lucio Muñoz y Jean-Louis Fauthoux—.
“Todos estos cuadros forman parte de mi vida˝, dice Antonio Gamoneda, un poeta cuya relación con las artes plásticas, durante años, ha sido estrecha y fundamental.
Muchas de las piezas aquí reunidas se encuentran ligadas a la labor que, durante años —desde finales de los 60 hasta principios de los 80—, ejerció Gamoneda como crítico de arte y como programador, en León, de la Sala Provincia de la Diputación, a la que atrajo a interesantes artistas del momento —sin olvidar que en esa misma época y bajo su dirección, la colección de poesía Provincia se convirtió también, en España, en un referente de la poesía contemporánea—.
Como el propio Gamoneda, la mayoría de estos creadores quedaron marcados en su niñez, primero por el trauma de la terrible Guerra Civil y, después, por la dura posguerra, por años de pobreza, autodidactismo y esfuerzo, de largas jornadas de trabajo y falta de libertad, un tiempo de “fraternidad sin esperanza”.
hecho trágico, como la matanza de la Plaza de Toros de Badajoz, del que hicimos una metáfora. Otras veces, como en los deliciosos ‘papiers’ de Jean-Louis Fauthoux, un poema suscita al artista y el trabajo del artista suscita al poeta. En otros casos, se trata de obras con las que he convivido: las relaciones no se ven, se muestra el sentido oculto. Si uno pudiera ser hijo de un cuadro, yo sería hijo del cuadro de Jorge Pedrero, persona muy querida y que fue mi maestro. Entre Alejandro Vargas y yo hay, además, coincidencias biográficas, lo que hace que nuestras referencias a la vida sean muy cercanas. También hay coincidencias temáticas, como con las piezas de Bernardo Sanjurjo, que desarrollan un primer término sombrío y un gran dinamismo pictórico por detrás (yo estaba escribiendo unos poemas titulados Más allá de la sombra)…”.
La exposición se completa con la exhibición de todos los libros publicados por el poeta —varios de ellos en sus distintas ediciones—, traducciones de sus obras a otros idiomas, libros hechos con artistas, libros dedicados, algunas cartas de creadores americanos y europeos, fotos familiares y fotos con amigos escritores y artistas, galardones significativos y algunas piezas con interés documental —como el libro de poemas de su padre, Otra más alta vida, en el que Antonio Gamoneda aprendió a leer, o una copia del expediente de la censura que en 1968 impidió la publicación de la obra Blues castellano—.LUGAR:Edificio de Botines de Gaudí.Plaza de San Marcelo, 5. León.HORARIO DE VISITAS:
La exposición está abierta todos los días, de lunes a domingo inclusive, de 11 a 14 horas y de 18 a 21 horas.FECHAS:Del 19 de julio al 31 de agosto.
Reproducimos el artículo publicado hoy en ABC, sobre la inauguración, ayer en León, de la exposición ‘Visión del frío’ .
El frío de las barras en la cara
Antes de la inauguración de ‘Visión del frío’, Gamoneda fue recibido en el Ayuntamiento por el alcalde y la concejala de Cultura, Francisco Fernández y Evelia Castaño, quienes lamentaron que el poeta y Premio Cervantes 2006 no hubiera sido recibido de forma oficial por el anterior gobierno municipal. El poeta firmó en el Libro de Honor y Francisco Fernández, que le entregó la Medalla Legio VII del Ayuntamiento de León, aseguró que impulsará el procedimiento necesario para nombrar Hijo Adoptivo de la Ciudad al autor de ‘Blues castellano’. Además, el Consistorio instalará una placa en la casa de la calle Doctor Fleming, 6 donde vivió Gamoneda de niño y desde donde veía, con el frío de las barras muy cerca de la cara, el desfile de los presos que se dirigían hacia la cárcel de San Marcos, situación que el poeta reflejó en el que es uno de sus más famosos textos, en el que explica la crudeza de la Guerra Civil a través de la mirada asustada de un niño.

"Solo el que ama puede convertirse en traidor. Traición no es lo contrario de amor; es una de sus opciones. Traidor —creo— es quien cambia a ojos de aquellos que no pueden cambiar y no cambiarán, aquellos que odian cambiar y no pueden concebir el cambio, a pesar de que siempre quieran cambiarle a uno. En otras palabras, traidor, a ojos del fanático, es cualquiera que cambia. Y es dura la elección entre convertirse en un fanático o convertirse en un traidor. No convertirse en fanático significa ser, hasta cierto punto y de alguna forma, un traidor a ojos del fanático. Yo he hecho mi elección y este libro es prueba fehaciente de ello. (…)".El libro se presentó en la Fundación Segundo y Santiago Montes (calle Núñez de Arce, 9) de Valladolid, a las 20 horas. Está publicado en Dossoles Crítica (Burgos), la colección que dirige Miguel Casado.
Reproducimos el artículo que publicó al día siguiente el periodista ÁNGEL DOMINGO en DIARIO DE VALLADOLID-EL MUNDO:

Gamoneda ilumina a Gamoneda
en una antología de entrevistas en parte inéditas
Los versos de Antonio Gamoneda se iluminan a la luz de El lugar de la reunión, editado por Dossoles, en el que la crítica Carmen Palomo recoge 19 entrevistas al poeta publicadas entre 1988 y 2005 en diferentes medios. Algunos de estos diálogos, inéditos en castellano, han sido traducidos para este libro cuyo protagonista confiesa que le será más útil a él mismo que a nadie para descubrirse matices.
Esta selección de entrevistas, presentada ayer en la Fundación Segundo y Santiago Montes, recoge, en opinión de Miguel Casado, director de la colección, «lo que Gamoneda ha dicho desde fuera del poema en torno al poema». Así, los fieles a las palabras del Premio Cervantes 2007, encontrarán en esta antología constantes del autor como la continua reescritura de los textos, la perspectiva ante la muerte, la función de lo poético en nuestra sociedad o su aguda intuición de un lenguaje cargado de símbolos que «lo son sólo de sí mismos».
Para el escritor, agotado por «la provisional notoriedad que me ha caído encima porque estoy un poco aplastado por ella», esta nueva publicación en torno a su figura no hace sino insistir en que tanto su escritura como él mismo están «preferentemente en el terreno de las inseguridades y la oscuridad» aportando «cierta conciencia de contradicción».
De «compendio de matices» califica esta obra Carmen Palomo, que destaca que posee «el encanto de la espontaneidad con cierto grado de improvisación puesto que los interlocutores se dejan llevar más por sus intuiciones que por sus conocimientos y prejuicios. Gamoneda es generoso y da rienda suelta al entrevistador para que dirija».
El resultado son conversaciones «calmosas» en las que el periodista o el crítico acaban convirtiéndose en catalizador para que el creador reflexione sobre su propio trabajo ya que, como indica el poeta en una de las piezas escogidas, no sabe lo que piensa hasta que se lo dicen sus propias palabras. En este sentido, Gamoneda considera que «el poeta no debe saber demasiado» y recurre al fraile Juan de Yepes, más conocido por San Juan de la Cruz, cuando dijo aquello de «no saber sabiendo» acerca de la experiencia mística que los laicos prefieren definir como poética.
El lugar de la reunión pertenece a la colección de pensamiento crítico con la que la editorial burgalesa Dossoles pretende acercar al lector la reflexión de destacados artistas contemporáneos. Completa así un catálogo con el que, según su director, Fernando Arnáiz, aspira a «buscar y publicar a autores con difícil salida en las grandes editoriales». Labor ésta agradecida, desde la doble vertiente de creador y lector, por el mismo Gamoneda.
El reloj de la Catedral desgranaba con parsimonia las campanadas de las diez, mientras el sol aparecía tímidamente y una voz de aluminio nos decía que sí, que Gamoneda, don Antonio, esperaba nuestra visita. Empujamos la puerta y pasamos al pequeño jardín donde, recostadas en el tronco del viejo árbol que preside con autoridad el recoleto espacio, descansaban las musas del poeta, desnudas, indolentes y ajenas a la fina escarcha que volaba desde los tejados rojos. Parecían cansadas, quizá pasaron la noche acarreando palabras, inspirando versos, derramando en frenética danza sus dones sobre el poeta.
LOS DOS RETRATOS DE JORGE PEDRERO
MANOLO JULAR Y LA ESCUELA ALEMANA
MODESTO LLAMAS GIL Y SU SEGUNDA JUVENTUD
Llamas quiso regalar este cuadro doble a Gamoneda, pero el poeta le dijo que era demasiado grande, que no cabía en su casa y entonces Llamas pintó, ya en 1993, el estupendo busto del poeta que ahora este conserva en un lugar importante de su hogar.
“Una mañana, la joven artista Laetitia Gavilanes se despierta poseída por un impulso: pintar un retrato del poeta Antonio Gamoneda. Armada con sus tijeras y papeles, reconstruye el rostro melancólico a partir de una foto de prensa. Virtud del arte, el impulso ya ha fructificado. Ahora surge el problema: su presentación en sociedad. Con la alegría que corresponde a quien ha descubierto un raro cristal, Laetitia dirige sus pasos hacia la Fundación Sierra Pambley. Ante una garita exigua, ella demanda una cita con el propietario del rostro retratado. No ha de aguardar mucho tiempo hasta que la protectora secretaria le comunica, telefónicamente, que él no la recibirá debido a su permanentemente grave estado de salud. En efecto, al día siguiente, ella puede comprobar cómo, en su saludable y habitual paseo vespertino, el escritor es seguido por una sombra enferma y fumadora. La alegría inicial va cediendo a una sorda inquietud”.
(Reproducimos el artículo publicado hoy en LA CRÓNICA DE LEÓN-EL MUNDO, firmado por CARLOS GONZÁLEZ:) 
La editorial leonesa EL BÚHO VIAJERO presenta el miércoles 13 de Junio, en Madrid, los dos primeros títulos de la colección LIBROS CD ‘Antología y voz’, dedicados a Julio Llamazares y Antonio Gamoneda.
La sede madrileña del Instituto Cervantes (antigua sede del Banco de España, en C/ Alcalá 49, muy cerca de la plaza de La Cibeles) acoge hoy, 12 de Junio, a las 19.30 horas, la presentación de una nueva edición de ‘El cuerpo de los símbolos’ (Ed. Calamus, Oaxaca, México, 2007). Se trata de un libro de ensayos (publicado por primera vez hace algunos años en España, por Huerga&Fierro) en el que Antonio Gamoneda reflexiona sobre la experiencia creativa.
Antonio Gamoneda celebró ayer en Madrid los cien primeros títulos publicados por Abada Editores, «acobardado», dijo, «ante una provisión de libros tan acorde con mis apetencias», y la poeta Amalia Iglesias compuso con todos ellos un poema que recitó en el Círculo de Bellas Artes.

La editorial DOSSOLES, de Burgos, en su colección CRÍTICA, dirigida por Miguel Casado, acaba de sacar dos nuevos títulos:
En la presentación, el próximo miércoles 30 de mayo —en la Biblioteca Pública de León (calle Santa Nonia), a las 20 horas—, estarán presentes, además de los autores:

Antonio Gamoneda cumple mañana, 30 de mayo, 76 años.

Tres días antes de recibir el Premio Cervantes, Antonio Gamoneda depositó en ‘La Caja de las Letras’ del Instituto Cervantes un legado personal y secreto que sólo se podrá abrir en el año 2032.
¿Qué habrá dejado?
“Los poetas somos profesionalmente pobres, así que no traigo joyas ni grandes cosas valiosas. Pero tenemos nuestros pequeños misterios, y algo de eso es lo que ha quedado encerrado”, apuntó el escritor poco después de depositar su legado en su caja, que permanecerá cerrada con llave hasta dentro de 25 años. Sí se sabe que ha dejado ahí un manuscrito original de una de sus obras, pero también algunos objetos o escritos únicamente conocidos por él.
Gamoneda ha sido el segundo escritor, después de Francisco Ayala, en dejar algo especial en este nuevo y curioso depósito del Instituto Cervantes, con vistas al futuro. En concreto, la caja de seguridad de Gamoneda es la 1.001 de la antigua cámara acorazada del edificio.
Ambos discursos de Antonio Gamoneda se pueden encontrar, íntegros, en los siguientes enlaces:
* * *
(La primera versión, del año 1960:)
A las ocho del día en febrero
aún es de noche.
Subimos a este tren algunos hombres
por motivos diversos.
No hay aún luz en los vagones, sólo
oscuridad y aliento.
No nos vemos los rostros pero sentimos
la compañía y el silencio.
En el andén estalla la campana.
Nos sobresalta la crueldad de un silbido.
El tren arranca. Todo vuelve
a su antiguo sentido.
Nos dan la luz amarillenta y floja.
Salimos
de la oscuridad como del sueño:
torpemente vivos.
Y ahora empezaremos a mirarnos
como hombres distintos:
amaríamos a éste, pero a aquél
nunca le amaríamos.
Sin embargo, la luz debiera ser
quien nos hiciese amigos.
Éste es un tren de campesinos viejos
y de mineros jóvenes.
Se ve algo que une
más que la sangre y la amistad.
Es una cosa del cuerpo y del alma.
Es grande y dolorosa.
Pero se está haciendo de día.
Ahora ya se puede ver la tierra
oscura bajo el hielo. Es
hermosa la tierra en febrero.
Vemos los montes todavía en sombra,
los robles, del mismo color del monte,
la yerba vieja sepultada en escarcha
y, sobre lomas, las tierras de trabajo:
cada surco endurecido por el río
como la resistencia de los pobres.
Rectos y oscuros, los chopos
llenan de serenidad las riberas
y, cerca de ellos, bajo el pueblo, el río
desciende azul y lleno de soledad.
Cruzan los pueblos de sonido humilde
—Pardavé, Pedrún, Matueca—;
las casas montan las paredes tristes
sobre el espacio de las huertas;
vemos las calles en silencio, vemos
la iglesia muda y las cerradas puertas.
Esto es un pueblo; se construye a base
de paciencia y tierra.
Cuando bajo del tren, siento frío
en medio de tanta verdad,
y ya entiendo, sin pensar, muchas cosas.
Comprendo, por ejemplo,
la belleza de España.
España es también una tierra,
pero una tierra sólo no es un país;
un país es la tierra y sus hombres.
Y un país sólo no es una patria;
una patria es, amigos, un país con justicia.
ANTONIO GAMONEDA (’Ferrocarril de Matallana’, 1960)
(Esta es la versión, o reescritura, de 2003:)
A las ocho del día en febrero
aún es de noche.
No hay aún luz en los vagones, sólo
oscuridad y aliento.
No nos vemos: sentimos
la compañía y el silencio.
En el andén estalla la campana.
Nos sobresalta la crueldad de un silbido.
Tiemblan las sombras. Todo vuelve
a un antiguo sentido.
Nos dan la luz amarillenta y floja.
Salimos
de la oscuridad como del sueño:
torpemente vivos.
Éste es un tren de campesinos viejos
y de mineros jóvenes. Aquí
hay algo desconocido.
Si supiésemos qué, algunos de nosotros
sentiríamos vergüenza, y otros esperanza.
Se está haciendo de día. Ya
veo los montes dentro de la sombra,
los robles, del mismo color del monte,
la yerba vieja, sepultada en escarcha,
y el río, azul y silencioso
como un brazo de acero entre la nieve.
Cruzan los pueblos de sonido humilde:
Pardavé, Pedrún, Matueca…
Cuando bajo del tren, siento frío.
He dejado mi casa. Ahora estoy
solo. ¿Qué hago aquí?, ¿quién me espera en
este lugar excavado en el silencio?
No lo sé; con el tren se aleja
algo que es cierto aunque no puede ser pensado;
es algo mío y no me pertenece.
Está dentro y fuera de mi corazón.
"(…) En mi memoria de siempre mi padre es un hombre que escribe; o mejor dicho, es un hombre que trabaja, que trabaja en la escritura. Escribe con todos los músculos, reconcentrado, tachando con decisión, rompiendo enérgicamente los papeles, y luego pulsando las teclas –de las máquinas antes mecánicas y hoy del ordenador– hasta desgastar sus mecanismos. Su ruido de escritor es el de un oficinista, el del oficinista que fue, el del obrero y su máquina; en mi memoria imaginaria, este ruido se prolonga hacia atrás en el tiempo y se confunde con el de las máquinas de bordar que mi abuela pedaleaba incansablemente en una galería. Algunas noches, en la casa de mis padres, el ruido de las teclas no se interrumpe más que durante tres o cuatro horas; pienso entonces si mi padre no le estará haciendo compañía a mi abuela, pienso si este oficio de escritura, ejercido así, con ese apremio, con ese esfuerzo, con esa necesidad, no habrá recibido su ritmo de esa experiencia familiar del trabajo, de esas noches de la infancia de mi padre en las que él tampoco acertaba a percibir cuándo se paraban las máquinas de bordar de mi abuela. (…)"

Dos fotos de Gamoneda durante el sentido y precioso homenaje que le rindió ayer la comunidad educativa del IES Juan del Enzina (León), y en el que el poeta respondió con su presencia, palabra y afecto.
"Tengo la sensación de que los chicos y chicas de Secundaria leen poca poesía y se atienen a lo que les exige la asignatura. A mi modo de ver esto es insuficiente y habría que estimular el acercamiento de los estudiantes tanto a los clásicos como a los autores modernos» (A.G., ayer, en declaraciones a un periodista).
LA NOTICIA DEL HOMENAJE, EN EL DIARIO DE LEÓN (ayer):
La comunidad educativa del Juan del Enzina rinde hoy tributo a Gamoneda
El centro ha editado una interesante revista especial dedicada al autor de «Arden las pérdidas»
Los alumnos del instituto harán un recorrido por la vida y la obra del Cervantes leonés
29 DE MAIO - PARANINFO DO INSTITUTO "OTERO PEDRAYO" (OURENSE)
12 horas
Recital poético de Antonio Gamoneda (Premio Cervantes 2006).
Presenta: Xosé Francisco Fernández Naval (’Chisco’)
Organiza: Amigos da República de Ourense
El próximo lunes, 28 de mayo, el poeta recibirá un homenaje en el Instituto Juan del Enzina (León), a las 13 horas del mediodía. Alumnos y profesores han editado una pequeña revista-antología, para la ocasión, de la que reproducimos la portada (la fotografía fue tomada durante el rodaje de un documental sobre el Premio Cervantes 2006 dirigido por el realizador argentino Tristán Bahuer).
Te beberé el cabello
y cerraré los ojos.
Tú seguirás manando
tu cabello,
turbio de besos.
(Este es el primer poema manuscrito de Antonio Gamoneda, cuyo original conserva su hija Amelia. Está datado en 1947, cuando el poeta apenas contaba 16 años. El original se ha podido ver estos días en la exposición ‘Visión del frío’ —que por cierto se clausura mañana viernes, 25 de mayo— en la Universidad de Alcalcá de Henares).

El último número de la revista Minerva, que edita el Círculo de Bellas Artes de Madrid, incluye la extensa entrevista que el poeta leonés concedió a la poeta Amalia Iglesias, jefa de redacción de Revista de Libros y galardonada con el Premio Villa de Madrid de poesía en 2006. El dossier se completa con una serie de comentarios que diversos poetas y escritores, amigos todos del poeta leonés, han realizado sobre algunos de sus versos.
La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes ha incorporado una pequeña muestra antológica de la obra de Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) en su Portal Poesía Española Contemporánea, que dirige el profesor de la Universidad de Alicante Ángel Luis Prieto de Paula.

En la fotografía se puede contemplar el grabado de Juan Carlos Mestre que sirve como portada del catálogo e imagen de la exposición.
VISIÓN DEL FRÍO reúne y pone en situación de diálogo 37 poemas manuscritos de Antonio Gamoneda con 41 obras plásticas (pintura, grabado, escultura, cerámica…) de 20 relevantes artistas —Tàpies, Barjola, Amancio González, Jorge Pedrero, Elías G. Benavides, Juan Muñoz, Jesús Martínez Labrador, Alejandro Vargas, Lucio Muñoz, Chillida, Albert Agulló, Arcadio Blasco, Orlando Pelayo, Esteban de la Foz, Bernardo Sanjurjo, José Hernández, Faik Husein, Alejandro Mieres, Jean-Louis Fauthoux y Juan Carlos Mestre—, con los que el poeta ha colaborado en libros o exposiciones.
Cada una de las piezas reunidas tiene un lugar en la vida o la escritura de Antonio Gamoneda.
También se exhiben todas las obras publicadas por el poeta —varias de ellas en sus distintas ediciones—, traducciones de sus obras a otros idiomas, libros hechos con artistas, libros dedicados, algunas cartas de creadores americanos y europeos, fotos familiares y fotos con amigos escritores y artistas, galardones significativos y algunas piezas —como el libro de poemas de su padre, Otra más alta vida, en el que Antonio Gamoneda aprendió a leer— con interés documental.
MIGUEL CASADO (Texto publicado en el catálogo de la exposición ‘Visión del frío’ que, hasta el 25 de mayo, se puede visitar en la Universidad de Alcalá de Henares).
Libros de Antonio Gamoneda
Tengo ruidos en la nuca, doctor.
Siento el cráneo apretar y crujir,
sobre todo si hay penas. No sé…
Hace ya siete años, doctor,
que en vez de pensamiento tengo un ruido
y una pasta muy triste en la cabeza.
Yo haré lo que me diga; yo tendré
paciencia y confianza. Puede ser.
Yo tomaré las medicinas
para poder pensar en mis amigos.
Pero si lo que ocurre, doctor,
es que tengo algún mal que se produce
a causa del amor
y el pensamiento de la resistencia,
entonces, déjelo; esto no es
más que nuestro sonido natural.
Yo viviré
mejor con este ruido en la cabeza.
ANTONIO GAMONEDA (Del libro ‘Blues castellano’)
* Nazim Hikmet (1902-1963), poeta turco que escribió buena parte de sus poemas en prisión, tras ser acusado de revolucionario por las autoridades. Este escritor fue referente poético y moral para muchos poetas españoles durante los años 60. Gamoneda lo traduce, y este poema suyo recuerda a uno del poeta turco, titulado ‘Angina de pecho’.

Antonio Gamoneda nació en Oviedo en 1931. A los tres años, ya huérfano de padre (de su mismo nombre, poeta en la órbita del modernismo que publicó un solo libro, ‘Otra más alta vida’, en 1919), se trasladó con su madre, Amelia Lobón, a León, única ciudad en la que ha querido vivir, primero en el principal barrio obrero –y campesino– de la ciudad, que siguen llamando de El Crucero. Para sus ojos infantiles el barrio fue un observatorio “privilegiado” de la represión llevada a cabo por los nacionales durante la guerra civil y la inmediata posguerra.
Pasó fugazmente por la enseñanza primaria en la escuela pública, y cumplidos
los diez años y viviendo ya en una zona más céntrica, empezó a cursar, gratuitamente, el bachillerato en un colegio religioso del que se autoexpulsó antes de terminar el tercer curso.
Al día siguiente de cumplir catorce años empezó a trabajar como meritorio y recadero en el hoy extinguido Banco Mercantil. Permaneció en la condición de empleado de banca, atravesando distintas categorías, durante veinticuatro años.
Desde los diecisiete, estuvo en la política clandestina hasta los días de la llamada Transición, sufriendo la desaparición –asesinato, suicidio, accidentes, locura, envilecimiento– de la práctica totalidad de los compañeros de grupo.
Mantuvo relación amistosa, sin ser parte del equipo, con los poetas editores de las revistas “Espadaña” y “Claraboya”. El poema más antiguo que conserva fechado es de 1947.

Desde 1979 hasta su jubilación en 1991, fue director gerente de la Fundación Sierra-Pambley, creada en 1887, impulsada por Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate y Manuel Bartolomé Cossío, como una especie de apéndice de la Institución Libre de Enseñanza orientado a la educación de campesinos y obreros. De esta fundación ha sido, hasta hace poco tiempo, miembro del Patronato.
De poesía o en torno a la poesía ha publicado hasta ahora dieciséis libros. Buena parte de ellos ha sido traducida a distintos idiomas (francés, portugués, sueco, árabe, hebreo, neerlandés…). Ha participado, con lecturas, poemas y conferencias, en cursos y encuentros de instituciones y universidades de toda España y países de Europa, América, África y Asia.
En 1985 fue Premio Castilla y León por la escritura realizada hasta la fecha; en 1988, Premio Nacional de Literatura por su libro ‘Edad’; posteriormente, Premio de Literatura de la Comunidad de Madrid 2005; Prix Européen de Littérature 2006; Premio Reina Sofía de Literatura Iberoamericana 2006 y Premio Cervantes 2006, por el conjunto de su obra en estos cuatro últimos casos.
Se le ha concedido también la Medalla de Oro de la ciudad de Pau, la Medalla de Plata del Principado de Asturias, el Premio Leteo, la Medalla de Oro de la Provincia de León y la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Es Hijo Adoptivo de León y de Villafranca del Bierzo, y Doctor honoris causa por la Universidad de León.
Get free blog up and running in minutes with Blogsome | Theme designs available here
Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2006: