Gamoneda desde Isla Kokotero

April 23, 2013

Isla Kokotero

 

 

Este blog, Faro Gamoneda, surgió un buen día a partir de la bitácora de poesía Isla Kokotero, sin que el poeta al que está dedicado (que nunca ha entrado en internet) mantenga vinculación alguna con sus manufacturas.

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Antonio Gamoneda en la Wikipedia
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‘El pensamiento poético en Antonio Gamoneda’ por Pablo Javier Pérez López

Por PABLO JAVIER PÉREZ LÓPEZ
(Publicado en Revista de Letras,
el suplemento que ofrece La Vanguardia)

“Lo sé a fuerza de sentirlo” dice Antonio Gamoneda para hablar de las certezas propias del pensar poético. Ese conocimiento intuitivo pero certero que aliando el querer saber y el querer existir, la voluntad de verdad y la voluntad de ilusión, nos constituye como una extraña especie que hace palabras en el silencio.

Y en la especialidad, la especificidad y la materialidad del símbolo poético, “El símbolo poético tiene una corporeidad superior a la del signo”, se funda la verdad de lo poético, verdad existencial, que se toca y se dice y prevalece en el misterio en el que flota el vivir humano y su relación con el mundo.

Y hablando de esta corporeidad del símbolo poético, recuerdo estas palabras de Fernando Pessoa: “Hay metáforas que son más reales que la gente que anda por la calle. Hay imágenes en los escondrijos de los libros que viven más nítidamente que muchos hombres y mujeres. Hay frases literarias que tienen una individualidad absolutamente humana”. Esta corporeidad de la poesía, está verdad viva, nítida de lo poético, este carácter simbólico del lenguaje y de la palabra, esta capacidad de evocar, de decir sin nombrar, este arrullo, este tintineo, esta música de la palabra que dice sin nombre, está en el seno del origen del pensar poético: “una música es el estado original del pensamiento poético”, dice Gamoneda.

Y ese pensar poético, es, sobre todo, habitar, habitación, del símbolo, del cuerpo simbólico del ser, del ser que se abre naciendo. Relato rítmico de una conciencia del misterio, nace de la aceptación y la imposición de la ausencia pasada, presente y futura. Sólo desde la experiencia de la ausencia, desde la presencia de la ausencia, y desde la nostalgia de lo otro, nace la poesía enraizada ontológicamente, y habitada con autenticidad y aliento genuino: “la poesía existe porque sabemos que vamos a morir” afirma Gamoneda.

Y en esa Nada, en esa ausencia conquistada nace la poesía, en “El paradójico y contradictorio placer” de habitar la nada futura. En “el relato (inevitable) de cómo avanzamos hacia la muerte”, narración de nuestra propia conquista de lo que somos, “derivada de pensamiento revelado”, está inserto el elemento esencial del oficio poético.

Revelación, por tanto, conciencia del velamiento y des-velamiento. “En lo desconocido, en lo aún no nombrado, reside la causa del lenguaje creador, del lenguaje de revelación. Existen pues dos lenguajes, el de lo conocido y el de lo desconocido”, dice Gamoneda. El lenguaje creador, poético, por lo tanto, es aquél que hablando de lo des-conocido hace presente lo ausente, lo no dicho, en un canto, “un pensamiento que canta” en un en-cantamiento donde las palabras, doblando sus almas, se desnudan, se retuercen como alambres viejos y rompen los sentidos tradicionales para recrear el mundo, revelando lo que no existía porque no había sido dicho y no había podido ser dicho.

“La poesía es una realidad que nace al revelarse, una existencia cuya naturaleza es la revelación”. Y ese no buscar, ese encontrar, ese acontecer, ese hallazgo, ese sentido que se revela como la liebre cruzando la carretera, es el que puede si no cambiar el mundo, sí posibilitar la huída de la dictadura del univocismo del sentido y la tiranía del lenguaje establecido por el poder, la tradición y sus formas verbales de justificación y perpetuación.

Re-conocer, Re-cordar, “poner al descubierto los lugares todavía no ocupados por el sentido” en palabras de Peter Handke, es el oficio del poeta, que buscando su rostro perdido, encuentra nuevos caminos, y nuevos rostros, y revela la posibilidad de la libertad que se edifica desde el lenguaje que pueda comunicar y decir, más allá de la privación del sentido impuesto por la tradición, el poder, o la falta de creatividad de la sociedad.

En este sentido Gamoneda nos dice que “la poesía no es literatura” para escándalo de muchos, pues “la literatura es ficción y la poesía es realidad, y en esta realidad se amplían y se intensifican nuestra conciencia y nuestra vida y no en la ficción” pues “la literatura representa […]la poesía crea y revela”. Y no parece esta una afirmación descabellada, pues la poesía, en el sentido de lo dicho, está ya esperando los ojos atentos del poeta, que por el camino de un vivir marcado por la presencia y ausencia, del sentido y el tiempo, consigue ver lo invisible y oler el humo lejano de lo nuevo y al tiempo viejo y eterno. La literatura emerge en paralelo a la vida. La poesía es la vida, las astillas frágiles de la vida que sólo los pies del poeta puede atraer, como los recuerdos que dolorosos y liberadores, al tiempo, estaban allí, ya, antes de nosotros. La literatura representa los sueños, la poesía revela las esquinas oscuras y frondosas de la vida.

Y es que frente al mundo interpretado por la univocidad del sentido, por lo con-sabido, por el Nosotros, el poeta ofrece, una experiencia interior que al tiempo revela esa otredad plural y única de la vida. “Ceñido a su cuerpo incandescente, interiorizando la resistencia frente a una existencia globalmente interpretada siento que la poesía es un territorio de dolorosa libertad”. Esa libertad, que es dolorosa por contingente, que salva por auténtica, pero duele por estar mezclada con la lucidez excesiva del que vive en las afueras, en las márgenes, en los abismos del ser.

La verdadera libertad pues, la primera libertad no es la política. La primera libertad es la que se hace con la palabra, con el lenguaje, reciente, primerizo, resucitado, desencajado del sentido inicial y antiguo que la tradición o el monopolio del poder le dan. La poesía, la profunda poesía, que significa un encontrarse desnudo ante la cosa, un pecho latiendo sin andamios sobre la cosa, sobre el amarillo del futuro o el rojo del presente, supone una vivencia plena de la libertad radical y radicada del hombre concebido como el animal que habitando el silencio comienza el canto, comienza un saber poético, un pensar mecido por el ritmo, un pensar sentido que está a salvo del monopolio del sentido y el significado y hace reverdecer una plenitud heterodóxica, una otredad salvadora, que aún desde el dolor de la ausencia presente y futura que es el escribir, puede alcanzar una radical libertad, una libertad radicada en una mismidad bien fundada en el re-conocimiento o des-conocimiento de lo que somos y lo que queremos ser.

No sirve de nada la libertad política si esta no nace de una libertad radical en el manejo del lenguaje (y con ella del mundo) y en la aceptación de la autenticidad, de la mismidad, del rostro esquivo que cada uno de nosotros oculta tras su nombre o su tiempo. No hay libertad política sin ausencia de gregarismo, sin posibilidad de nombrar y decir con autenticidad, pasión y novedad.

La riqueza de la poesía y del poema no está sólo en la comprensión estética de la realidad sino en el reblandecimiento del significado y del sentido en que nace y se funda la poesía, que está ya en el mundo y pasaba inadvertida

La utilidad de la poesía no está sólo en la emancipación estética, sino en la instauración de una autenticidad, de un existir genuino en la conciencia del poeta y del lector (términos redundantes en muy alto grado: el poeta es un lector del mundo tal como el lector, un lector del poema (y en él, del mundo). En la conciencia del carácter metafórico del lenguaje, y en la poeticidad propia de la lengua que habitamos, el sentido plural, la otredad conquistada, puede germinar una libertad, que más allá de la meramente formal, es la auténtica libertad, la de poder pensar un mundo nuevo, con un lenguaje nuevo, la de poder hablar de otra cosa con la autenticidad del niño o el animal.

De nada sirve la llamada democracia cuando está anulada la polifonía del sentido, del símbolo y del significado, cuando la conciencia estética del hablar, del crear y del sentir está ausente de un mundo inundado por el pragmatismo obtuso de la lógica técnica y la razón, esto es, la palabra, el logos, despegado de toda capacidad poética, de todo ritmo vivido, vivible y musical, respirado.

Sin poeticidad en la existencia y en la conciencia, no puede existir libertad radical, es decir libertad enraizada en la pluralidad óntica y dadora de nuevos horizontes de sentido, primero del lenguaje, y después del mundo.

La poesía salva de la banalidad, de la ambigüedad, del pétreo univocismo que ha instalado en el lenguaje el poder hasta hacer confundir las palabras con las cosas, cercenando una pluralidad salvadora y una hetetogeneidad salvadora, la extrañeza que posibilidad una otredad, vivida, habitada y conquistada:

“La democracia interpretada en que vivimos se identifica con un neoliberalismo falaz que segrega un pensamiento programadamente débil. Esto es diariamente verificable en la apropiación y el uso que el Poder hace de las tecnologías y los instrumentos informativos. El poder globalizador, con el que no puede compadecerse ni la más degradada noción democrática, va a intentar –y seguramente a conseguir- una anulación o asimilación también “global” del ya minoritario pensamiento crítico, y también del pensamiento “fanático” que se genera en reservas regidas aún por “primitivismos” visionarios. La “privación del sentido” (es éste un concepto elaborado por el poeta español José Ángel Valente) es, cada día más, el “arma pesada” del poder. Está especialmente dirigida a las conciencias.” (Las funciones aún vivas de la poesía. Antonio Gamoneda).

Y en esa Subjetivación radical, en ese nacer de nuevos adjetivos y nuevos nombres, en ese poder decir cosas nuevas con palabras viejas renace la “condición crípticamente subversiva del lenguaje”, de “deshacer los significados establecidos”.

La poesía recupera la capacidad de pensar con imágenes, pero debe asentarse en la conciencia conquistada, en la más pura libertad para desenmascarar la imagen falsa e inauténtica, que un mundo como el actual globaliza e idolatra, la imagen sin fondo de novedad óntica, sin sentido plural, autorreferente, sin creación de novedad de sentido, de significado, de libertad, y por tanto de pensamiento, sentimiento y símbolo creador y no gregario. Se trata de recuperar la poesía como una vivencia profunda del tiempo y la libertad.

“La poesía no es, en modo directo, un instrumento para transformar el mundo, pero sí un instrumento para afilar las conciencias”, sentencia Gamoneda.

La poesía asegura la posibilidad de renacimiento de la primera libertad esencial: poder decir lo que no podía decirse, poder decir lo que no quieren que se diga.

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Pablo Javier Pérez López

http://elrostroperdido.wordpress.com

 

La Casa de la Poesía de Marruecos premia a Gamoneda

March 21, 2013

Por ELOÍSA OTERO (en tamtampress.es)

El poeta Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) recibirá el próximo 30 de marzo el premio internacional de poesía Argana 2012 que otorga la Casa de la Poesía de Marruecos, cuyo presidente es Najib Khoudari.

Entre los galardonados en años anteriores por la Casa de la Poesía (Bayt Achiîr) de Marruecos figuran dos poetas marroquíes, Tahar Ben Jelloun y Mohamed Serghini, pero también el poeta chino Bei Dao, el palestino Mahmoud Darwish (que falleció de repente antes de que pudieran entregárselo), el iraquí Saadi Youssef o la poeta norteamericana Marilyn Hacker, que lo recibió el año pasado.

Se trata de un premio oficial, dotado por el Ministerio de Cultura de Marruecos con 12.000 dólares. Además, se editarán en un solo volumen dos libros de poesía de Gamoneda, traducidos al árabe, y uno de ellos será ‘Descripción de la mentira’, según explica el propio poeta afincado en León que, en 2006, recibió el máximo galardón de las letras hispanas, el Premio Cervantes de Literatura.

Gamoneda viajará a Marruecos para recoger este premio, y el acto tendrá lugar en el Salón Internacional de la Edición y del Libro 2013, que se celebrará en Casablanca.

Preguntado por su relación con la poesía marroquí, Gamoneda señala que solo conoce a dos o tres poetas del país vecino, como Khalid Raissouni, Mohamed Ahmed Bennis, o el traductor al árabe de su Libro del Frío, Almahdi Akhrif.

 

Un poema de Antonio Gamoneda en la exposición de Pepe Cáccamo

March 10, 2013

AVISO DESVARIADO, ÁS VECES CACOFÓNICO,
PRA O SUPREMO INVENTOR PEPE CÁCCAMO

Pepe
Cáccamo,
              hoy,
esta mañana lluviosamente azul, amparado únicamente por mi paraguas intrínseco, he logrado acercarme a tu juguetería; quiero decir, claro es, a tu juguetería
amorosamente diabólica.
Liminalmente hablando, te aviso: una luz clandestina anda enredando; acaricia
tus objetos terrestres
y la azúmara sonríe.
He reparado luego en la precisión de tus relojes inmóviles, establecidos en una breve, muy breve,
eternidad y
me he inclinado también sobre tus máquinas digitales maderalmente telemáticas y comprobado su
funcionamiento ecuánime, perfecto a los efectos de la imposibilidad. Consecuentemente, he pasado
al estudio de los documentos genitales documentalmente incircuncisos y
calculado con lograda exactitud la percusión alterna de las pequeñas sístoles de tu corazón o del mío, es
indiferente.
En un instante posterior –o anterior, no se sabe; se trata casualmente de un instante instantáneo–,
he comprobado también el calibre de tus herramientas lunáticas. Todo en orden, sí, pero vuelvo a avisarte: tus herramientas van ligeramente oxidadas por la ternura.
                                  [No te preocupes, es irrelevante; esto lo arregla media onza de vinagre senil u otra sustancia a ser posible intravenosa. Ten en cuenta
que para esta emulsión no importa el sexo.
He investigado asimismo las incidencias voltaicas. Hablo amperimetralmente de las bombillas melancólicas en su privación de tungsteno y de sus filamentos fotofílicos; no sé por qué, me pacifican.

He descansado después sobre los silabarios exentos de significado, Poe-ta-stralmente Poe-(´)-ticos y, al parecer, insumisos; dispersos en su origen, finalmente asociados por la caligrafía intestina o por un suave rumor dactilográfico (¡qué perfil las versales, qué pureza!)
y sobre los libros habitados por morfemas simétricos, léxicamente crudos, a veces entreabiertos (los libros, claro, digo) en su página emérita, a veces continentes
de algunos, sólo algunos, objetos invisibles; otros hay industriales, técnicamente
mínimos: llaves, teclas, poliedros, lámparas, ferretería, estambres insurrectos y, aún, en ciertos casos,
abstracciones inversas (clamuras, adverbios, números) y sustancias infusas en frutos o tinieblas; no faltan, principales, individuos coléricos, ni cuencas paginales, ni agujeros volcánicos.
He descansado igualmente en los dados incisos por fonemas unánimes, unos y otros por tanto, morfemas y fonemas, ciertamente preclaros en su vaciedad sintáctica. Echo de menos, sí, –todo hay que decirlo– los caracteres góticos en sucesión empírica.
Me he levantado con cierta
dificultad (artrítico) de mi sillón inexistente, construido hace tiempo, dicen, en palisandro intangible,
y me he acercado sigiloso a tus altas
arquitecturas –éstas sí, fugazmente amarillas–, varias de ellas, desdichadamente, ya corroídas por la luz,
y me ha sorprendido, no siempre, su erección indebida, y también la inocencia de ciertos ciudadanos
a su vez desdichados, estatutariamente libres, sin embargo, al parecer, entre dos
inexistencias.
Hube de restablecerme aspirando el perfume de las orquídeas electrificadas y
reparar mi conducta multiplicándola por números silvestres hasta alcanzar la equis, es decir, la magnitud oculta en las ecuaciones cuánticas, de manera y modo que me fuese dado
medir pulsátilmente la pulsación icónica
de varias, numerosas, doradas
amputaciones musculares.
                                      Finalmente,
he decidido sonreír yo también un instante; un diminuto instante
muy velozmente congelado
en un siempre; es decir, en un siempre accidental, extrapolado y,
si posible es, excedente
de desahucios y lágrimas, y, en todo caso,
de los accionariados preferentes.
Más finalmente aún, epilogalmente
por tanto, he decidido también templar la gaita
y empinar el roncón indefinidamente (¡ay del caimán, del caimán amarillo!) ante el rostro infeccioso
del caníbal mayor condecorado.

En fin, como te digo, posteriormente hablando,
gracias te doy, moitas gracias,
por tu locura construida y
por tus asuntos diabólicos.
Con gratitude confinal, ya sabes,
epilogalmente, sonríe
tu ya viejo, muy viejo, lonxevamente vellísimo,
colega funeral. Al fin, sonríe,
firma ilegible y rubrica.
                                 Saúde,
saúde infinitiva e que se fodan os pretéritos,
irmán incombustibel, leviatán benquerido, ti,
Pepe
Cáccamo.

ANTONIO GAMONEDA 

José Antonio Robés le pone cara al frío de Gamoneda

February 11, 2013

El fotógrafo berciano inaugura este lunes, 11 de febrero, en el Auditorio de León, una exposición realizada de manera expresa para textos del poeta

Por FULGENCIO FERNÁNDEZ
(Publicado en La Crónica de León)

Si hay una palabra que define la obra de Antonio Gamoneda es, seguramente, frío. Hacía él hace muchos años que dice que camina el autor y también aparece en el título de uno de sus libros más significativos, el ‘Libro del frío’, publicado en Siruela en el año 1992.

En ‘El lenguaje de los símbolos’, un pequeño volumen en el que Gamoneda desvela las claves de su obra, el autor de ‘Lápidas’ habla de este libro y también de un apartado dentro de él cuando escribe: “En un libro mío (se supone que de poemas) existe una parte o capítulo que tiene título propio: ‘El vigilante de la nieve’. Hay críticos que hablan de este tramo de escritura determinando que se trata de autobiografía y autocontemplación, que yo soy, en una palabra, ‘el vigilante de la nieve’. No, de quien yo hablo es de Jorge Pedrero, obrero del vidrio, pintor y suicida”.

Tuvo que aclararlo Gamoneda porque hay una evidente tendencia a ver su figura detrás de las imágenes del frío, la nieve…
Ese capítulo con título propio, ‘El vigilante de la nieve’, es el protagonista de una singular exposición que hoy mismo (lunes, 11 de febrero de 2013) se inaugura en el Auditorio Ciudad de León, con el mismo nombre y con fotografías del berciano José Antonio Robés, que él mismo explica: “He creado una colección fotográfica exclusivamente para ‘El vigilante de la nieve’. Es un monográfico de 11 imágenes inédito a día de hoy”.

Ambos autores, Gamoneda y Robés, han querido compartir su obra, fusionar sus creaciones que, de manera individual, han realizado sobre un mismo eje. La exposición está compuesta por once imágenes con un tamaño final de 80x100 centímetros. La muestra permanecerá abierta hasta el próximo 8 de marzo, con los siguientes horarios: De lunes a viernes de 12 a 14 horas y de 18 a 20 horas, y los sábados sólo será visitable por las mañanas, de 11 a 14 horas.

La fusión entre la poesía y la fotografía que muchas veces se ha utilizado pero que en este caso, señalan sus responsables, “confiere a esta obra una dimensión en la que fotografía y poesía se complementan y proyectan una visión global y matizada de estas dos expresiones artísticas”.

No es, por otra parte, nueva la incursión de Robés con su fotografía en otras artes, le gusta la fusión y, como él mismo explicaba en otro trabajo similar anterior, ‘Manhattan… cita con Lorca’, “en mis obras es habitual encontrar cómo trabajo conjuntamente con otras expresiones artísticas como la poesía, la música o la pintura. Combino los grandes trabajos temáticos con las pequeñas colecciones de autor. La mayoría de mis trabajos se encuentran editados en gran formato y cuidado diseño”. Y abundando en esta línea explicaba en una entrevista en La Crónica de León, con motivo de su trabajo conjunto con su paisano Juan Carlos Mestre sobre el poemario ‘La tumba de Keats’, que “el fotógrafo, como tal, ha muerto. Hoy tiene que dominar y hacer lectura de otras disciplinas. Personalmente me encuentro muy cómodo con la poesía, como también me encuentro cómodo con la música y con la pintura, pero sobre todo con la poesía”.

Al margen de la colaboración Gamoneda y Mestre, Robés lo ha hecho con otros poetas, como en ‘El espejo del viento’, con Nairam Casir, o ‘Entretejedores’, con una selección de artistas vinculados al Bierzo. “Este gusto poético viene justificado por el carácter multidisciplinar que debe tener el artista actual”, explica el fotógrafo.

Regalo a los Reyes

Cabría recordar del origen de esta exposición, una de esas cuidadas carpetas que realiza el villafranquino Robés con una edición limitada de tan solo 300 ejemplares, fue el regalo institucional que el Ayuntamiento de León hizo a los Reyes de España en una de sus últimas visitas a la capital leonesa (o la última) con una apretada agenda: inaugurar el Palacio del Conde Luna, recibir la Medalla de Oro de Castilla y León y avalar con su presencia las actividades del 1.100 aniversario del Reino de León.

De Antonio Gamoneda, por suerte, poco hay que explicar en esta su tierra, que ya era hora, y menos aún de su ‘Libro del frío’ y sus capítulos independientes pues se trata de una de sus obras más conocidas y valoradas.
 
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Más información sobre la inauguración en ileon.com:

El fotógrafo berciano José Antonio Robés. Foto: César.

El concejal de Cultura de León, Gamoneda y Robés. Foto: César.

‘La canción errónea de Gamoneda’, por LAURA FRAILE

January 5, 2013

 

Por LAURA FRAILE
(publicado en tamtampress.es)

“La indiferencia, la incomprensión, el desorden, la incoherencia o el error están en el título del libro, y quizá aluden a que la propia vida de la que tiene que surgir la poesía es también un accidente, un extraño accidente”. Con estas palabras se refería el poeta Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) al título de su última obra, Canción errónea, que el viernes por la tarde (14 de diciembre) presentó en la Fundación Segundo y Santiago Montes de Valladolid.

Presentado por el poeta zamorano Tomás Sánchez Santiago, éste definió su libro como una obra “no formada por piezas autónomas sino establecida como un discurso en torno a temas, ejes y un léxico que sujeta y da potencia a su poesía”. Leer un libro de Antonio Gamoneda es una llamada al erizamiento, señalaba el propio Tomás, consiguiendo un reavivamiento de una lengua familiar de la que uno no quisiera alejarse nunca. Una obra que en palabras del poeta zamorano provoca zozobra y cuyo sentido último es el de “la inmovilidad entendida como un signo de resistencia personal para no ingresar en un engranaje social contra el que ya se levantó el poeta y que viene a ser un indicio existencial de exhaustividad y un temor a caer en los dominios del tiempo”.

Canción errónea es una obra conducida por el desorden. Tanto es así que, tal y como señalaba el viernes por la tarde Antonio Gamoneda, “en el caso accidental de que el libro tenga un orden, hay que desordenarlo inmediatamente”. En el poemario reaparecen amigos y seres queridos del poeta, todo ello en medio de un latido crítico que reafirma unas preocupaciones sociales que aluden a los tumores industriales o, como figura en uno de sus poemas, a la metralla en el vientre de los niños asiáticos.

Un recorrido por una vida definida por el propio Gamoneda como un viaje absurdo que va de la inexistencia a la inexistencia. Una vida a la que observa con esperanza cuando dice “aunque sea un anciano, tal y como se está poniendo esta apariencia que es la vida y que sucede, tal vez haya que actuar en un sentido positivo, en una transfiguración del amor a la vida, que parece que en algunos momentos nos pone en la necesidad de hacer algo para que este extraño accidente sea mejor”.

Dentro de esa necesidad de actuar podemos contar con muchas herramientas, pero una de las fundamentales es la de la palabra, la del lenguaje, pero no usándolo de cualquier manera. Así se refería Antonio Gamoneda a esta cuestión: “Tenemos un lenguaje segregado por una cultura del dinero, de la explotación, de la injusticia. Quizá también porque yo ame a esas palabras nobles, lo que hago es rechazar las palabras activas, que se corresponden con una historia y un momento preciso de esa historia que es el actual, históricamente dedicado a crear sufrimiento”.

Tras estas lúcidas palabras, Antonio Gamoneda procedía a recitar algunos de los poemas de Canción errónea. A continuación llegó el turno para las preguntas pero el poeta, en un tono divertido, escogió otra opción: “Yo lo que prefiero son respuestas, las preguntas para Tomás”.

Más información:

 

Días 12 y 14 de diciembre: GAMONEDA presenta ‘Canción errónea’ en Madrid y en Valladolid

December 11, 2012

 

 ANTONIO GAMONEDA presenta ‘Canción errónea’
en Madrid (día 12 de diciembre) y en Valladolid (día 14)

 — Día 12 —

ENCUENTRO CON GAMONEDA

El miércoles, 12 de diciembre,
en el salón de actos del Instituto Cervantes de Madrid
(C/Alcalá 49, con entrada por C/Barquillo 4).

A las 18.45 horas, proyección del documental
‘Antonio Gamoneda, escritura y alquimia’,
sobre la vida y obra del autor.

A a las 20 horas, coloquio en el que el poeta astur-leonés
conversará sobre su último libro, ‘Canción errónea’,
junto al ensayista y poeta JUAN BARJA,
y con las poetas AMALIA IGLESIAS y JULIA PIERA.

 Entrada libre hasta completar el aforo.

Más información sobre esta actividad

Visita nuestra web

 — Día 14 —

GAMONEDA en la Fundación Montes de Valladolid
El viernes, 14 de diciembre,
en la Fundación Segundo y Santiago Montes de Valladolid,
a las 20 horas.
Presentación del libro ‘Canción errónea’,
con TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO.
(C/Núñez de Arce 9).
Entrada libre.

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‘Tengo frío junto a los manantiales…’

 

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Escucha el poema ‘Tengo frío junto a los manantiales…’
en la voz de ANTONIO GAMONEDA,
en la página de Palabra Virtual.

(Haz un click)

Premio ‘Protagonista del año 2012′ en Punto Radio León

Antonio Gamoneda © Fotografía de Xavier Cervera

Antonio Gamoneda recibirá este año el Premio Protagonista del año 2012. Las emisoras de Punto Radio en León y Astorga-La Bañeza han elegido al veterano poeta por su dilatada y exitosa trayectoria literaria y su valor como referente de las letras leonesas.

Gamoneda recibirá el galardón el miércoles 19 de diciembre en el transcurso de una gala que se celebrará a partir de las 20.15 horas en el centro cultural de Caja España Duero en la calle Santa Nonia de la capital leonesa, y que conducirá el presentador del programa Protagonistas León, Arturo Martínez. Al acto acudirán numerosas autoridades y representantes de la sociedad leonesa y en él se reconocerá también la labor de otras personas y organizaciones que han destacado durante los últimos doce meses.

Así, el Instituto Confucio recibirá el premio a los valores educativos por su valiosa labor de difusión de la cultura china en León y por constituir un importante puente de intercambio educativo y empresarial entre nuestra provincia y el país asiático. El premio a los valores solidarios se lo lleva la Fundación Ávata por su dedicación a la atención a las víctimas de accidentes de tráfico. El reconocimiento a los valores deportivos de este año ha ido a parar al Desafío solidario. Esta iniciativa promovida por Rafa Guerrero y David Bustamante, que trae a León a rostros famosos para jugar un partido de fútbol sala benéfico, es un buen ejemplo de lo que se puede hacer a través de una acertada combinación de deporte y la labor social.

Los imposibles / Leonardo Padrón entrevista a Gamoneda desde Venezuela

 

El nombre del poeta español Antonio Gamoneda viene a sumarse al casi centenar de personajes entrevistados por el escritor Leonardo Padrón en ‘Los Imposibles’, un programa de Onda La Superestacón, de Unión Radio (emisora musical venezolana de entretenimiento, humor e información). Personajes de mundos tan diversos como el arte, el espectáculo, la literatura, la política, la ciencia que, no obstante, comparten un denominador común: ser personajes públicos imposibles de ignorar, imposibles de olvidar.

Haz un click en la imagen para ir a la página
y escuchar la entrevista.

‘Antonio Gamoneda y su dolor amarillo en Bruselas’, por JOAQUÍN PÉREZ AZAÚSTRE

November 29, 2012
 
Antonio Gamoneda y su dolor amarillo en Bruselas

Por JOAQUÍN PÉREZ AZAÚSTRE
(Publicado en diarioabierto.es 28/11/2012 )

Es la voz del color, su dolor amarillo. Antonio Gamoneda lo explicó ayer en la librería Passaporta, en Bruselas, cuando su traductor al neerlandés, el también poeta Bart Vonck, le preguntó por la importancia del simbolismo en su poesía. Antonio Gamoneda, agazapado dentro de su reflexión, como un mármol vestido por su propia postura pensativa, respondió que, siendo niño, él vivía en un barrio obrero de León muy castigado por la represión franquista tras la Guerra Civil. Recuerda todavía aquellos gritos en mitad de la noche, los de las mujeres cuyos hombres, hermanos o maridos, eran arrancados de su sueño. “Se los llevaban”, dice Gamoneda, y ha marcado una pausa de óxido en la lengua, “claro, para matarlos. Entonces, para mí, ese dolor era amarillo. Y por eso el dolor es amarillo en mis poemas”. Amarillo de piedra, fiebre y sangre, amarillo de calles ateridas de frío, amanece en León con la sangre en las lápidas.

Aunque la poesía de Gamoneda se encuentre muy alejada de Mallarmé o Verlaine en su vieja –y siempre nueva– conciencia simbolista, no podemos obviar la descripción de Maeterlink del símbolo: “No creo que la obra pueda nacer visiblemente del símbolo, sino que el símbolo nace siempre de la obra, si ésta es viable. La obra nacida del símbolo no puede ser más que una alegoría (…). El símbolo es una fuerza de la naturaleza y el espíritu del hombre no puede resistir a sus leyes (…). El poeta, me parece a mí, debe ser pasivo en el símbolo, y el símbolo más puro es acaso el que tiene lugar sin saberlo él e incluso en contra de sus intenciones: el símbolo sería la flor de la vitalidad del poema; y, desde otro punto de vista, las cualidades del símbolo se transformarían en la prueba contraria de la potencia y de la vitalidad del poema (…). Si no hay símbolo, no hay obra de arte”. Si no hay símbolo no hay obra de arte: si no hay dolor amarillo, si el dolor no es amarillo, no puede ser dolor real en Antonio Gamoneda.

El dolor amarillo es la conciencia anterior a la propia conciencia, su estado pre-verbal. Para el niño Gamoneda, el niño que aún respira en sus poemas, el que prefirió estar ayer con nosotros en la librería Passaporta, en Bruselas, muy cerca de la Bourse y del estiloso Café Greenwich, donde tanto jugara al ajedrez René Magritte, entró en contacto con su material poético antes de saber que era poesía: la poesía del dolor, la estética dormida de una desolación, pero además la sombra de un fracaso generacional.

También dijo una cosa más: que la poesía no puede ser ficción. Que la ficción se encuentra en la literatura, pero no puede estar en la poesía. Bueno. Como cualquier afirmación, como mínimo alienta una conversación: como la que hubo después, entre los anaqueles repletos de títulos ingleses, alemanes, franceses, mientras la gente de Passaporta pasaba las bandejas con copas de vino. No sé, hacía tanto tiempo que no asistía a un acto literario que me acabó gustando. Hasta nos llevamos dedicado Beschrijving van de leugen –o sea, Descripción de la mentira–, dedicado por su autor en su edición flamenca. Poco después de haber estado entre las paredes de la librería Shakespeare and Co, en París, donde Hemingway y Fitzgerald se compraban los libros y todavía hoy los escritores pueden dormir gratis en sus amplios sofás, fue reconfortante regresar a Bruselas y asistir al encuentro, organizado por el Instituto Cervantes, con Antonio Gamoneda, que habló de su poética, del tiempo mineral y su humana zozobra.

Seguramente nunca como ahora vuelve a ser necesaria la palabra poética. La palabra ha de ser abierta, ha de estar despierta en el lector, afirmó Gamoneda. Sea o no amarillo, como el “pánico verde” de los griegos, la poesía y la prosa verdaderas sólo se escribirán desde el dolor. En esas cosas pensamos al salir a la calle y respirar.

‘Canción errónea’, por Juan Cabrera

November 21, 2012

 

Una reseña de ‘Canción errónea’,
el nuevo poemario de ANTONIO GAMONEDA,
en el blog de JUAN CABRERA: ‘Desde la perplejidad’.

(Haz un click)

‘Canción errónea’, novedad en la librería La Central

Sinopsis:

Ocho años después de la publicación de Cecilia, Antonio Gamoneda entrega su nuevo y esperadísimo libro, una asombrosa síntesis de su mundo poético último, una constatación de la plenitud de su obra, que desde la conciencia de la fatalidad también acoge los ecos interiorizados de la intensidad de la vida.

‘Canción errónea’ se corresponde con la advertencia de la vida entendida como un «accidente» que ocurre entre una inexistencia y otra inexistencia. En esa circunstancia, el acontecer existencial/accidental, es decir el sufrimiento, el placer, la injusticia, el amor, incluso la propia conciencia, son entendidos, a su vez, como «errores». La contradicción, el «no saber», la «pasión de la indiferencia», el cansancio, se deducen naturalmente de la sucesión de las vivencias «erróneas». Y el final de ese malentendido se vive con la lucidez de quien, sin querer renunciar a la memoria conmovida de las cosas, comprende su desenlace natural.

No es difícil que el lector reconozca en el curso versicular de estos poemas un fraseo recurrente de su poesía anterior, porque hay mucho de recapitulación, y de nueva interpretación de un asunto al que el poeta ha dedicado composiciones memorables. Ahora su expresión conceptual es si cabe más estremecedora y, trabando correspondencia con artistas y poetas, como Juan Gelman, Ángel Campos Pámpano o René Char, sus versos prosiguen explorando esa pasión ciega por algo que fue fugaz, pero que pugna contra la inminencia anunciada, y asumida, de la muerte.

El autor:


Antonio Gamoneda es, sin duda, el poeta de moda: ganador en el año 2006 de los premios Cervantes y Reina Sofía, las reediciones de su obra y las antologías que la acercan al gran público se suceden sin cesar. No siempre fue así: de hecho, el caso de Gamoneda ejemplifica a la perfección el caso del poeta cuya obra se va haciendo en silencio y que tarda en alcanzar el reconocimiento general. Si bien la obra de Gamoneda venía siendo reivindicada desde hace décadas por un número cada vez más numeroso de poetas y estudiosos, su puesta en valor definitiva es muy reciente.

Gamoneda hablaba, al recibir el premio Cervantes, de la importancia de la pobreza en la obra del autor del Quijote y en la suya propia. No es retórica. En su casa sólo había un libro que pudiera leer: se llamaba Una más alta vida y lo había escrito su propio padre, poeta modernista al que no llegó a conocer, pues murió cuando él tenía sólo dos años. Tres tiene cuando se traslada junto a su madre —cuya presencia es constante en toda la poesía de Gamoneda— a León. Su infancia la pasa rodeado de la represión franquista, que durante los años se llevará por delante a muchos de sus amigos, y la pobreza más absoluta. Tras unos estudios muy breves comienza a trabajar en un banco (en él permanecerá desde 1945 a 1969). Es la época de su poesía de carácter más social: algunos de los libros que escribe entre finales de los años 40 y la década de los 60 no consiguen publicarse por problemas con la censura. Es el caso del que quizá sea su título más logrado de esa etapa, Blues castellano, escrito entre 1961 y 1966 y que sin embargo no se publicó hasta 1982.

Quizás esos problemas fuesen parte de las motivaciones de un largo silencio de ocho años durante el cual Gamoneda desaparece como poeta. Una crisis ideológica y una mirada crítica hacia los hechos de esos años de la Transición (de "depresión añadida", según sus propias palabras) que se romperá con Descripción de la mentira en 1977, un largo poema que anuncia ya el nuevo rumbo de su poesía. Seguirán títulos como Lápidas (1987), Libro del frío (1992), Libro de los venenos (1995), Arden las pérdidas (2003) y Cecilia (2004). Actualmente sus libros se reeditan de forma constante (la última novedad es la reedición de Blues castellano con un epílogo de Elena Medel) y se ha convertido en una figura indiscutible de las letras castellanas.

 

27 de noviembre / Conversación entre Gamoneda y Bart Vonck, en Bruselas

November 18, 2012

 

 Antonio Gamoneda en conversación con Bart Vonck,
traductor al neerlandés de ‘Descripción de la mentira’.

El día 27 de noviembre, a las 20 horas,
en Passa Porta (rue A. Dansaert 46),
Bruselas.

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“Pienso que se están dando los primeros síntomas de la quiebra global del capitalismo” / LUIS MUÑIZ entrevista a Gamoneda para La Nueva España

November 3, 2012

 

"Pienso que se están dando los primeros síntomas
de la quiebra global del capitalismo"

LUIS MUÑIZ entrevista a ANTONIO GAMONEDA
para La Nueva España.
(Publicado el 31 de octubre de 2012)

© Fotografía de MIKI LÓPEZ 

“Soy un indignado que disiente” / JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS entrevista a GAMONEDA para El País

 

"Soy un indignado que disiente", una entrevista
de JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS con ANTONIO GAMONEDA
en El País (pubicada el 3 de noviembre de 2012).

©Fotografía de SAMUEL SÁNCHEZ.

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"Pasión de indiferencia",
una crítica de ‘Canción errónea’,
por ÁNGEL L. PRIETO DE PAULA,
también hoy, 3 de noviembre, en El País.

Antonio Gamoneda retratado por JOSÉ RAMÓN VEGA

October 25, 2012

 

ANTONIO GAMONEDA. León, octubre 2012.
© Fotografías de JOSÉ RAMÓN VEGA

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Un poema de ‘Canción errónea’:

 

GAMONEDA: “Los crímenes sociales en la Unión Europea no son manifestaciones de paz”

October 23, 2012

 http://farogamoneda.blogsome.com/images/1%20gamo%20entrevista%20tam%20tam.jpg

Entrevista con ANTONIO GAMONEDA:
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"Los crímenes sociales en la Unión Europea
no son manifestaciones de paz"
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“La poesía es un instrumento
capaz de excitar la conciencia”
 

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Por TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO y ELOÍSA OTERO
(Para la revista TAM TAM PRESS)

Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) apenas ve la tele, pero lee distintos periódicos y, hasta que aparecen los deportes, no se pierde “el parte”, como sigue llamando al telediario, del mediodía y de la noche. “Me he dado cuenta de que, ahora mismo, en el ‘parte’ sólo les falta meter telenovelas… ¿No han estado diez días con la tontería de que una vieja estropeó un mal cuadro no sé dónde? Diez días han vivido la prensa, la radio y la televisión de esa bobada…”, se queja, sin dejar de toser. Recién llegado del encuentro-homenaje a los Premios Cervantes en Madrid –donde pronunció un comentado discurso alentando a los escritores a ser incruentos como Don Quijote, numantinamente resistentes y pacíficamente revolucionarios”, conversamos con el poeta afincado en León sobre lo que está sucediendo en el mundo –incluida la polémica concesión del Premio Nobel de la Paz a la Unión Europea–, pero también sobre el libro que acaba de ver la luz después de ocho años de silencio poético, Canción errónea, (Ed. Tusquets).

—Su discurso llamando a la “insurgencia poética” ha dado la vuelta al mundo…

—… y a parte del sistema solar… [se ríe el poeta]

—… y en una entrevista reciente, con Carmen Sigüenza (Agencia Efe), se adelantaba que en su próximo libro, Las venas comunales, se verá al Gamoneda más combativo y luchador.

—Bueno, sí,  yo creo que a esa chica, muy grata periodista, le hablé de “insurgencia poética ante la injusticia”. Lo de “combativo y luchador”, si así es la expresión, que no he visto la entrevista publicada, puede estar referido, efectivamente, a Las venas comunales, el libro con fabulosos dibujos de Juan Carlos Mestre que estoy también a punto de terminar. En todo caso, yo no entiendo la ‘insurgencia poética’ necesariamente en función temática. Pero es cierto que la poesía no se hace de cualquier manera y desde cualquier situación. Es decir, que si hay una intensificación de la conciencia en el sentido que decís y se advierte implícita, está claro que esto sucede en razón de que atravesamos un espacio histórico en el que el capitalismo trata de superar graves síntomas de fracaso de su sistema apretando a los que siempre resultan apretados y creando sufrimiento. Y este sufrimiento comporta indignación –la palabra “indignación” es una palabra que, recientemente, se ha cargado mucho de sentido–  y, naturalmente, con independencia de los aspectos explicitados, la poesía será otra. La poesía se da (no en todos los casos, por supuesto) en un lenguaje que, por así decirlo, es de otra naturaleza; un lenguaje que disiente del lenguaje convencional, que, por cierto, es el lenguaje del poder –del  poder económico y del  político, de los dos, que son uno– y, en su imprevisible semántica, con la carga explicitada o no del estado de conciencia, ante el poder será, como dice el filósofo José Luis Pardo, un lenguaje/pensamiento insurgente, creador de perspectivas de liberación. Es por ahí por donde andan las cosas.

La poesía que se reconoce en el lenguaje que se dice “normalizado”, coincide, convencional y precisamente, en su carácter, con el lenguaje del poder; no supone, por así decirlo, una “oposición semántica”. Puede estar cargada de buenas intenciones, pero yo pienso que esas buenas intenciones tienen mejor acomodo en la prensa, en el mitin, en la concentración, en la manifestación… en las que, habitualmente, son acciones políticas o de enfrentamiento directo con el sistema económico; mejor acomodo, por tanto, en la actividad propia de los ciudadanos “de a pie” que somos todos. Pero la poesía es radical e irremediablemente subjetiva (Sastre dixit); puede y debe actuar “políticamente”, pero en el espacio de la subjetividad. No modificará por sí misma las circunstancias objetivas, pero sí  puede propiciar estados de conciencia orientados a oposición / liberación.

—El pasado 26 de septiembre, mientras presentaba usted en Madrid un libro con todos los cuentos del fallecido Antonio Pereira, en la calle se estaba manifestando un movimiento ciudadano, el 25-S, cuya acción de rodear el Congreso de los Diputados había terminado el día anterior en violencia indiscriminada por parte de la policía… ¿Cómo ve usted lo que está sucediendo en las calles?

—Yo no ignoro que los movimientos moralmente legítimos pueden estar, por así decirlo, tramposamente “perforados” por extremismos quizá reaccionarios, por agitadores o por el propio poder. El hecho es que, puntuales y ocasionales, aparecen violencias que procuran una falsa justificación a la represión amplia, general. Bien. En cualquier caso, esas manifestaciones son, incluso constitucionalmente –aunque la Constitución sea muy revisable–, legítimas, y la represión indiscriminada, generalizada, se convierte  así en  una actividad opresora.

—¿Qué piensa del hecho de que le hayan dado el Premio Nobel de la Paz a la Unión Europea?

—No tengo información suficiente para discutir los méritos y los deméritos de la UE en relación con un premio Nobel de la Paz. Pero sí tengo, me parece, una comprensión de la realidad que me permite decir que quizá funciona una noción demasiado simple de la Paz. En países de la UE hay violencia interna y delincuencia. Los propios poderes –a su manera, una manera que puede estar, incluso, “legalizada”– practican la “violencia y la delincuencia”. Se dan crímenes sociales que son realizados por los poderes económicos, asistidos por los políticos, tengan el color que tengan. La democracia, tal como la vivimos, no es otra cosa que la máscara sonriente del capitalismo.

Pero vamos más por derecho a la pregunta: la Paz. La imposición de pobreza, hambre y enfermedad son crímenes sociales. Podemos, pues, estar ante una simplificación muy grave; ante una simplificación que supone falsificación, que no se corresponde con lo que realmente es la paz. Porque la paz no es únicamente la ausencia de enfrentamiento bélico entre países o de guerra civil. Si se produce el crimen, no hay paz, y crímenes son la creación de pobreza, de enfermedad, de indefensión o de muerte, el mercado de las armas, las connivencias –aisladas pero reales, que las hay– de fuerzas económicas o políticas y mafias… Esto ocurre en países europeos y no europeos. No se trata, desde luego, de manifestaciones de paz.

—Cambiando de tema. ¿Qué le parece el anuncio de suprimir los Institutos Cervantes de Damasco, Brasil y Bulgaria?

—Sólo en Brasil van a suprimir tres, sí, creo. En todo el centro y sur de América, el único país cuya lengua no tiene como matriz el castellano es Brasil. Antes de publicitar la desaparición de algunos Cervantes, se dice que van a crear aulas consorciadas con universidades. Un apaño algo descafeinado, pienso. Como es una fundación de origen estatal, tiene que emplear y seguir la política del Ejecutivo … No hay dinero, además, eso es verdad. Bueno, no hay dinero porque alguien se lo ha llevado.

—Usted, que trabajó en un banco, ¿qué cree que está pasado con el dinero? ¿No es una especie de timo lo que nos están contando?

—Sí. Es un auténtico timo. El dinero no es nada. La pregunta que hay que hacerse es la siguiente: ¿Existen sobre la tierra menos recursos naturales, menos riqueza real que hace diez años? No. Existe la misma o más. Porque, dicho sea también, las técnicas deparan medios de extracción, en el sentido amplio, de los recursos naturales que hasta hace poco eran inalcanzables. No hay menos riqueza ni sobre la tierra, ni bajo la tierra… Pero está ese elemento que ya de por sí es una falsificación: los papeles, los títulos que interesan para la dinámica de las finanzas y de los mercados. En la antigüedad el dinero tenía un cierto valor intrínseco en sí mismo: era plata, era bronce, era oro… Pero el invento del billete de banco no se sabe qué representa, qué riqueza real. Sin embargo, la dinámica económica está montada sobre esa falsedad; sobre unas meras invenciones simbólicas que sirven para pagar el diseño de moda, las patatas o… el trabajo. Pero estamos asistiendo, pienso yo –aunque no sea para mañana ni para dentro de cinco años–, estamos asistiendo a la quiebra del sistema fundamentado en esa falsedad; una falsedad económica, que no pasa de ser un truco financiero, que por eso mismo su valor –el valor que se le atribuye pero que no tiene– es un valor oscilante, que podría llegar a una “cotización cero”. Dentro del sistema, esta falsedad decide.

—Pues parece que va para largo…

—Yo no sé si va para largo, pero cuanto más se conciencie la gente… Caben acciones que no son revolucionarias en el sentido, digamos, violento, aunque pueda serlo en el orden de la economía. Para mí, la revolución pendiente en estos momentos es la creación de una economía alternativa. Pongamos un ejemplo muy pequeñito, muy modesto y muy incompleto: Marinaleda. Primero tiene que producirse un  retorno a la explotación, no capitalista, de la naturaleza, agraria, piscícola, etc… Pero con eso no se arreglará todo. Hacen falta servicios, educación, sanidad… Son integrables. La posibilidad no es completamente inimaginable. Pienso que podría empezar a ensayarse en núcleos pequeños.

—¿Por qué evoluciona la inteligencia científica del hombre y no la inteligencia política?

—Porque la inteligencia política está diseñada según unos intereses. Y cuando se produce una mutación grande en la situación, en la organización, en la explotación de esos intereses, pues fallan las ideologías; fallan porque se entienden en función simplemente política, porque no inciden realmente en los sistemas económico-financieros; en nuestro caso, por ejemplo, en el libre mercado. Todo eso puede empezar a ser sustituido. Es decir, si los valores del mercado estuvieran representados por realidades… Vamos a poner ejemplos muy simples: yo soy ganadero y tengo una oveja. Tú eres médico y tienes posibilidades de proporcionarme salud. Entonces, puede haber un intercambio real. Para que lo haya es necesario pensar, diseñar y practicar directamente el sistema económico alternativo, que habría de ser un régimen cooperativo. Con cooperativas  y cooperantes. Válido tanto para el enseñante como para el médico, el transportista,  el que ara la tierra, el artista o el que construye una tapia.

—Hemos visto cómo el comunismo (la antigua URSS, China…) también ha generado monstruos. En esos países se encuentran ahora mismo algunas de las peores mafias del mundo…

—Es que el comunismo está pensado para el siglo XIX y, de paso, en el XX, ha sido degenerado por los totalitarismos, las políticas  y los políticos.

—Y ahora hay que pensar en nuevas estructuras, más adecuadas a las realidades del siglo XXI. Hay que dar con ellas….

—Hay que desmantelar el consumismo, eso para empezar. Tiene que desaparecer en nuestras apetencias, nuestros actos y de nuestra existencia. Se trata de una profunda modificación de la mentalidad. Si por ejemplo (un ejemplo parcial, mínimo, meramente indicativo) en una ciudad como León se crease un régimen de mercado cooperativo que excluyese a las grandes superficies… Yo no soy un experto, pero intuiciones de este tipo podrían ser válidas y funcionales en manos de expertos. Hay que pensar bien pensado el modelo de cooperación. No se trata, obviamente, del comunismo, que decía que, en una primera fase, “a cada uno según su producción”, y fase posterior “a cada uno según sus necesidades”… Eso es ideología. En aquel momento estaba bien, pero se fue al carajo por lo que se fue. Y además se fue al carajo con presiones del capitalismo tan radicales y tan negras como pueden ser, no ya las de Rusia, que en Rusia se da, prácticamente, la  desaparición del político, sino las de China, donde, teóricamente, no desaparece pero funciona un capitalismo de estado que convive con el capitalismo privado. El valor del trabajo en China permanece depreciado… Cooperar. Eso conduciría a que los valores del mercado, incluido el trabajo, fuesen más reales. Podrían desaparecer en un 90% las plusvalías, es decir, los beneficios propios de la producción capitalista… Veamos. Cuando Rajoy dice: “Hay que crear empleo”, añade que previa  creación de “inversión y crédito”. Si no hay inversión y no hay crédito, no hay empleo. ¿Para qué es la inversión? Para darle a una empresa, sea local o multinacional, elementos que sean capaces de generar una maquinaria en la cual se apropian del trabajo, y le pagan la mitad de su valor, o la cuarta parte… o lo que sea, y el resto es la plusvalía, el beneficio para unos pocos. Complementariamente, el crédito pasa a ser beneficio de la banca… Todo eso es exactamente lo contrario de un régimen cooperativo.

—¿Qué opina de la gestión del ministro Wert al frente de la Cultura y la Educación?

—¿Estáis apuntando, me parece, a  eso de la “españolización” de Cataluña?

—Bueno, en general le preguntamos por todo…

—“Todo” es mucho para que lo tratemos aquí. Me reduciré a lo de la “españolización”. Hace unos días, a la puerta de El Pardo, me preguntaron eso mismo. No sabía yo entonces qué había dicho exactamente el ministro y sigo sin saberlo, pero el fondo del asunto es claro: Cataluña es un país bilingüe y lo que tiene que darse es la convivencia de dos lenguas. Lo otro, llevado a términos absolutos, supondría destrucción de identidad, de una identidad que es nuestra y diversa –¿qué tiene la diversidad de malo?–, identidad cultural y lingüística. Supondría, de paso, un empobrecimiento de la educación. ¿Cómo si mi nieta está estudiando inglés,  francés y chino puede pensarse en el desplazamiento de una lengua histórica que es, además, una lengua española, como lo es también, y en términos de grandeza, su literatura? No tiene sentido pensar en su destrucción, por ley, sea cual sea la lengua; ya se trate, en este caso, del catalán o del castellano. Entiendo también que, fuese cual fuese la expresión del ministro, no pudo  tener los alcances absolutos que se dice. Simplemente, porque son impensables. Puede haberse dado uno de estos casos: o la expresión fue desafortunadamente vertida con una concisión exenta de matices, o fue desafortunadamente entendida limitada a su núcleo y despojada de matices. Ni el más extremado radicalismo político puede plantearse una desaparición de esta naturaleza, equivalente, por ejemplo, a pretender la desaparición del mar. Hablo, quede claro, por simple funcionamiento del sentido común. Sin desinencias políticas que, para este caso, no tendrían valor.

—Ya dijo Unamuno, hace casi un siglo, que “nadie puede considerarse intelectual en España si no sabe hablar las cuatro lenguas españolas”.

— Bueno, quizá exagerase. ¿Sabía Unamuno hablar de verdad las cuatro lenguas? Cierto que lo contrario, la castellanización “universal” de España, sería –ya lo he dicho, creo– un disparate destructivo para la cultura y la educación.

—Pasemos a hablar de su último libro, ‘Canción errónea’. El libro parece la desembocadura natural de un discurso reconcentrado desde ‘Libro del frío’ en torno a lo que podríamos denominar “palabras mayores”, esas que aparecen en la secuencia inicial… Sin embargo, hay algunos poemas donde persisten preocupaciones del exterior, digámoslo así, donde hay asuntos ecológicos, sociales… Eso parece contravenir una indeferencia proclamada una y otra vez en Canción errónea

—La contradición es una de las madres de la poesía. El poeta es un ser humano que no se propone silogismos perfectos, ni una actitud monotemática, o una univocidad –perdón por la palabreja– permanente. Es un ser humano que está sujeto a los momentos de placer o de tristeza, que sabe que va a morir, y que sin embargo puede experimentar el gozo. Pues en este raro accidente que es la vida –dado que lo natural es no existir– aparecen el placer, la muerte, el sufrimiento, el amor, la injusticia, la solidaridad,  el crimen social… y se produce una respuesta simple a esto, a cada uno de los accidentes, contradictorios a su vez, que están contenidos en el gran accidente, en el grande y extraño accidente que es la vida. Pero, ya digo, a mí la univocidad, el pensamiento horizontalizado, no me parece humano. Yo respondo desde la contradicción, sí, y añado (con Carlos Piera) que la contradicción es generadora de poesía.

—Y esa indiferencia que proclama en su último libro ¿a qué se refiere exactamente?

— Exactamente… La exactitud es excepcional, difícilmente excepcional. Todos mis libros desde la madurez, digamos, biosíquica hasta ahora mismo, parece que se han hecho en la perspectiva de la muerte, temiéndola. Quizá es ese temor lo que, en mí, ha decrecido. Tengo la sensación, lo vivo así, de que se da una especie de… no de resignación, sino de comprensión de los límites del gran accidente, y una cierta –quizá incompleta: “Si (…) mi pasión fuese realmente la indiferencia”–, pues eso,  indiferencia, una vez más, ante el accidente final. ¿Es esta la verdad completa? Puede ser;  con las reservas que digo, me lo parece.

—El libro se nutre de poemas puntuales, acarreados desde una diversidad de contextos: catálogos de artistas amigos, evocaciones a propósito de sucesos de personas queridas, encargos de revistas… En esos lugares aparecieron previamente. ¿Qué hace que de pronto Antonio Gamoneda no articule un libro como un engranaje temático, tal como hizo en Libro del frío o en Arden las pérdidas?

—Puede que la razón más fuerte sea el cansancio. Pero también cierta sospecha de que esas articulaciones son una organización de lo inorganizable. Es decir, simultáneamente con el cansancio, puedo haberme dicho: bueno, ¡que monte el libro el lector, si quiere! Di en que me pareciese una mecánica muy secundaria y hasta innecesaria la disposición que intenta reforzar el sentido creando capítulos con poemas… En poesía, el poema funciona de manera instantánea, si funciona. Si esto es así, funcionarán también la palabra, la frase, el libro… Empecé a sospechar (no sé si continuaré en la sospecha) que la trabazón lógica de los hechos poemáticos –que otra cosa son los hechos  poéticos– no es, o no era al menos en este caso, imprescindible.

—Muchos de estos poemas merodean en torno a declaraciones de cansancio. ¿De qué cansancio se habla?

—No es sólo un cansancio existencial, es también,  quizá más preciso, un cansancio vital y hasta biológico. Asunto menor, éste. Simplemente, estoy en la edad del cansancio.

—W. Szymborska decía que los poetas de verdad deben continuar repitiéndose “no sé”. En  sus poemas de Canción errónea, “no sé” se “escucha” una y otra vez. Es como si se defendiera del enigma de la existencia con una especie de despreocupación. Incluso con condescendencia ante lo irresoluble del sinsentido de estar en la vida.

—Habrá diferencias puntuales. Las habrá probablemente, con el pensamiento de esa poeta de nombre para mí impronunciable. Puede que  la “indiferencia” y el “no sé” sean apéndices de un mismo núcleo que sea, como he apuntado, el cansancio existencial. No sé. Y además me da igual.

—Lo que sí persiste como ancla última donde apoyarse es la luz, una luz sin causa, que se precede a sí misma. Una luz como manifestación inmóvil. ¿Es este el consuelo definitivo en el espacio poético de Gamoneda?

—No siempre. La luz, como la palabra, como cualquiera otro aspecto de la realidad, sea ésta una realidad vivida o una realidad simplemente objetiva, puede tener distintos valores. Puede representar un espacio de liberación circunstancial. Pero la luz también puede ser, si no contemplada, sí, al menos, entendida como un vacío. En cierto modo, quizá, pienso yo –que no me dedico a averiguar mis propios intríngulis–, puede ocurrir que la luz represente el no espacio, el vaciamiento posterior a la vida. Puede ser una luz terrestre, puede ser una luz que realmente proporciona placer, o algo que se parece a la alegría, o puede ser entendida también como ya he dicho, como un vaciamiento. La luz definitivamente vacía.

—También se advierte una inclinación más decidida hacia la oralidad y hasta el coloquialismo, como si el libro se estuviera escuchando a sí mismo. Fórmulas como “Bien, “En fin”, “Lo dicho”, “es un decir”… Es como si el ensimismamiento de su poesía se hiciese por momentos transferible, más transferible, a los lectores. ¿Lo cree así? ¿Estas modulaciones implican otra relación de la voz poética con su propio discurso?

—Pienso que no haya una voluntad clara de dar entrada a términos coloquiales. Existen para ello razones parecidas al hecho de que también aparezca, no tan abundante, alguna terminología científica. Todo ello viene a resumirse en la convicción de que la palabra coloquial, científica, filosófica… se despoja de su carácter coloquial, científico, filosófico, si realmente adquiere función poética. He podido entender, sin pensarlo demasiado, que  hay un purismo excesivo en la inadmisión de los coloquialismos, de los términos científicos, del pensamiento discursivo… Yo sé que no lo voy a utilizar de una manera ni puramente coloquial, ni puramente científica, ni puramente discursiva, pero cabe que no quiera excomulgar ninguna palabra. Pueden estar todas, y pueden funcionar, o no. Depende de la “mano”  del paisano que escribe.

—A pesar de ese cansancio a que alude, comentaba usted, este verano pasado, que aún le quedan muchas cosas por hacer. Entre ellas dos libros de poemas y continuar con sus memorias. ¿Cómo está eso?

—Si eran dos, uno será éste [decide Gamoneda señalando un ejemplar de Canción errónea].

—Bueno, creímos entender que eran dos además de éste. Y que uno de esos dos poemarios pendientes era Las venas comunales, en colaboración con Juan Carlos Mestre —autor de los dibujos sobre los que aparecerían escritos los poemas—. Un libro del que, según parece, se van a tirar muy pocos ejemplares…

—Ese era el propósito de una editorial de esas heroicas… Pero se arrugaron porque no tenían ni una peseta y éste es un libro carísimo.

—¿Está parado ese proyecto entonces?

—Bueno, sí, está parado porque tampoco hemos intentado moverlo, y porque incluso yo tengo la sensación de que, aunque ya tengo manuscritos los poemas encima de los dibujos de Mestre, pues siempre queda alguna tachadura que otra. A Mestre no le parece mal. Yo, ahora, tengo que atravesar el trance de la aparición de este otro libro, de Canción errónea, limpiar la cabeza un poco. Y luego empezar a pensar, sí, en la edición de Las venas… No va a ser fácil, porque será un libro carísimo. ¡Tiene cerca de 70 páginas de dibujos a todo color! Y además yo no voy a permitir que lo haga cualquier imprenta de cualquier manera. Si tarda unos años en salir y yo me he muerto, me da igual, pero hacerlo deprisa y de mala manera… eso no.

—Y sobre el segundo libro pendiente, ¿puede adelantar algo?, ¿tiene ya algún material?

—¿El segundo? ¡Me estáis aumentando el trabajo! No. Lo tengo en la cabeza desde ayer, o sea que no pude deciros nada de él este verano.

—¿Desde ayer? Entonces es muy pronto para preguntar algo…

—Sí. No puedo contestar.

—En cualquier caso es una buena noticia. Y sobre la continuación de sus memorias –tras Un armario lleno de sombra–, ¿cómo va eso? Comentaba usted, hace unos meses, que no pillaba el tono…

—De memorias tengo cien folios mecanografiados, y sé que no me están funcionando bien. Puede haber zonas que puedo aceptar, pero hay muchas que no, y sé que, para llegar a ser libro, si llega, le falta una reescritura completa. No una corrección aquí y otra allá, no, no. De momento voy a dejar al ordenador –al ordenador que no entiendo –que funcione. Y llegaré a un punto en que, o bien me convenzo de que no puedo con ello –por alguna razón que puede no ser propiamente literaria, que cabe que sea, incluso, una razón moral–, o llegaré a un primer final que no será más que el final de la primera superficie, de un plano continuo que hay que movilizar de otra manera. O sea, que tendré que rescribirlo y que no sé si tardaré un año, o dos, o… No lo sé.

—Cuando habla de “problemas morales” ¿se refiere al contenido, como le pasó con el primer libro de memorias? ¿Se refiere a que habrá capítulos duros, con nombres y apellidos?

—Hummm… Una autobiografía lleva consigo hechos que podrían ser causa de sufrimiento para personas que no quiero que lo tengan. Pero tampoco estoy muy convencido de que yo tenga que disfrazar eso. Es un problema serio…

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Una entrevista con ANTONIO GAMONEDA
(haz click:)
en TAM-TAM PRESS 

 http://farogamoneda.blogsome.com/images/cropped-1-def-tamtampress-logo-1.jpg

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‘Canción errónea’, por TÚA BLESA

October 20, 2012

©Foto de Inma Chacón / Ical
‘CANCIÓN ERRÓNEA’

Por TÚA BLESA
(Publicado en El Cultural, de El Mundo, el 19/X/2012

‘Canción errónea’
ANTONIO GAMONEDA
Ed. Tusquets. Barcelona, 2012. 153 páginas, 14 euros.

Entre la inexistencia y la inexistencia, como en un lapsus, el tiempo de la vida. Tal es la concepción de la existencia que sustenta la palabra poética de Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), aunque hay que añadir que la significación de los términos no es demasiado estable, al menos si se atiende a, por ejemplo, estos versos: “Mi / existencia o / mi inexistencia. / Es / indiferente.” Si se habla así es porque “Todo es incomprensible” y es ésta una afirmación que se lee en Canción errónea y que se leía ya en Arden las pérdidas (2003) y antes aún en lo que era casi el final de Descripción de la mentira (1977): “Este relato incomprensible es lo que queda de nosotros”. No hay respuesta para la pregunta que plantea el porqué de la vida y, no habiéndola para ella, cualquier otra interrogación habrá de obtener una respuesta semejante. Los poemas de Gamoneda serían la respuesta a todas las preguntas aunque formulada como la imposibilidad misma de la respuesta y es de ahí, y de una conciencia que casi puede denominarse vivencia de la muerte -la poesía es arte de la memoria en la perspectiva de la muerte” escribió el poeta en uno de sus ensayos-, de donde nace su grandeza.

En 2004 se publicó Cecilia y también el volumen recopilatorio Esta luz. Ese tiempo de silencio, interrumpido por la publicación del libro de memorias Un armario lleno de sombras, viene a clausurarlo ahora Canción errónea, libro excelente, emocionante, como el conjunto de su obra, poeta como muy pocos.

Se puede hablar de existencialismo en el que late la emoción de vivir, de un canto que es al tiempo una extensa elegía, y no hay contradicción en ello. El sujeto de estos poemas rompe a hablar ante la contemplación de unas moreras, ante la presencia de la nieta, siente que la luz le acaricia, puede decir “Amo mi cuerpo”, pero no se deja arrastrar a una celebración entusiasta, sino que, en una especie de mirada doble o de pulsión sabia, ve, siente, etc., sabe y dice la fugacidad de todo, cómo al recuerdo le acompaña indefectiblemente el olvido, a la presencia la ausencia, a la inminencia de lo vivo la sentencia de muerte que no deja de ser pronunciada sobre todas las cosas. Así es esta palabra, la dicha desde ese desconcierto del conocimiento de la cara y envés, o de intentar decirlo, pues el saber que atraviesa estos poemas es a la vez un no-saber, un no-saber que tiene, entre otros, el gran precedente de San Juan de la Cruz y más en general la literatura mística.

Ahora bien, pese a lo dicho, hay que señalar que la poesía de Gamoneda no encuentra antecedentes de estilo, escuela, etc., en la poesía española. Su peculiar modo poético se ha forjado a sí mismo tras unos primeros libros no, por cierto, faltos de interés. Pero ya con Descripción de la mentira y Lápidas quedó diseñada una peculiar poética. Además de lo ya apuntado ha de mencionarse su singular disposición del poema que, rehuyendo las estructuras versificatorias tradicionales, se acerca, sin serlo, al versículo o al poema en prosa, como si se buscara la fusión de las nociones de verso y prosa en una nueva forma de dicción, en cualquier caso, el resultado es el de una forma de ritmo nueva, singular. Y de singularidad hay que calificar la convicción del poeta de que todo es símbolo, lo que se plasma en la escritura en una densidad sémica que es patrimonio de muy pocos poetas. Uno de esos muy pocos, Antonio Gamoneda. 

Poema

Un desconocido habita en mí. Agoniza y, para agonizar, utiliza mi corazón.

Pienso en mi padre enloquecido por la visión de frutos muy frescos, pienso en el amor y en la morfina. No. No es mi padre. Pero, entonces, ¿quién agoniza en mí?

Cabe que yo mismo sea el desconocido y que mi corazón no sea mío aunque yo ponga en él sus latidos. Cabe.

En realidad no hay problema. En cualquier caso, yo voy a ser, ya estoy siendo, huérfano de mí mismo. 

 

‘EL IDIOMA DEL ESTUPOR’, POR TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO

EL IDIOMA DEL ESTUPOR
(Una lectura de ‘Canción errónea’,
el nuevo libro de poemas de ANTONIO GAMONEDA)

Por TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO
(Publicado en El Cuaderno 36, La Voz de Asturias)
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Desde que apareciera Libro del frío en 1992, la escritura poética de Antonio Gamoneda ha llegado a dar en un discurso reconcentrado, acantonado en torno a ejes obsesivos que le proporcionan una irreductible densidad. Es esa densidad poética la que ha terminado por prevalecer sobre cualquier otro modo de previsibilidad en las expectativas del autor de Esta luz, y así lo quiere manifestar él explícitamente en los brochazos aclaratorios que adjunta en Canción errónea, su libro recién publicado: “sé que no faltan en el libro reiteraciones léxicas y fraseo recurrente, y tampoco expresiones, conceptuales o estrictamente poéticas, que están ya en mi poesía anterior. No he querido aliviar, por simples e hipotéticas razones “literarias”, esta circunstancia. La necesito así.”.

Y es que en esa escritura mural e inconsútil que es ya la poesía de Antonio Gamoneda, espacio de indiscriminación verbal donde los nudos se han perdido a favor de una segregación enteriza y llena de continuas reapariciones sobrevenidas, se ha impuesto un juego de acosos, rememoraciones e insistencias que invita a comprenderla por fin como un trazo espiral que se recluye en sí mismo, tal como si las evocaciones y los conceptos aludidos hubieran de ser de nuevo sopesados y hechos lenguaje para saber qué pueden dar todavía de sí. Hablamos, en efecto, de un comportamiento iterativo para una poesía que, como Carmen Palomo ha explicado a propósito del autor, versa a la vez sobre lo dicho y sobre el silencio, pues se trata de una (re)escritura que transcurre ensimismada y a punto de desbordarse en el filo de la mera posibilidad de su existencia.

Y en estas, aparece ahora Canción errónea. Desde ese título, ya en el registro resonante del escritor, se anuncia la preservación de la escritura anterior de cualquier pretensión de culminación solvente, tal como si Antonio Gamoneda se despreocupase a estas alturas definitivamente (“como quien espera noticias ya sabidas”) de obtener novedades o nociones conclusivas que hayan de justificar indicios poéticos anteriores; estos poemas, muy al contrario, siguen teniendo esa cualidad errante y voladiza que los convierte en piezas semovientes a las que nos parece haber accedido ya en otras lecturas; aún más, a través de ellos parece haber en el poeta la decisión irremediable, y por momentos exenta de gravedad, de asumir como una gran confusión el hecho de existir (“en confusiones blancas / cesan los números. / No / hay unidad.”), la ‘canción errónea’ donde se desenvuelve este fenómeno incomprensible que es la vida, una trayectoria atravesada por el rumor de alfileres de una identidad siempre perturbada por el doble ejercicio que es vivir y, a la vez, tener conciencia de estar vivo.

PALABRAS MAYORES

Lo primero que llama la atención en Canción errónea es su estructura de acumulación. Tras Descripción de la mentira, los libros de poemas de Gamoneda suelen articularse en secciones bien diferenciadas como depósitos temáticos donde se van acogiendo los poemas. Así ocurre en Libro del frío o en Arden las pérdidas. Es como si el autor deseara fijar precisamente los focos de interés de su propia poesía en avisos llenos de evidencia: “Ira”, “Más allá de la sombra”, “Frío de límites”… En cambio, en Canción errónea todo se fía a ‘lo volcado’, a una voluntad de repetir en una colección sin orden la incertidumbre azarosa que es toda existencia. La única invitación que hace el poeta para orientar mínimamente su lectura es esa seca relación inicial de palabras que, bien lo sabemos, son su entorno patrimonial. El inventario contiene una onomástica repuesta y decisiva; nombres que flotan como balizas ya sabidas: “Luz”, “Indiferencia”, “Ira”, “Insistencias”, “Causas ciegas”, “Agonía”, “Pérdidas”… Nada hay, pues, en esta retahíla que venga a turbar de antemano el coto de donde nunca ha salido aquella escritura que comenzaba una andadura de registro exclusivo hace ya casi sesenta años.

Esta constelación de nombres primordiales es la única vertebración que Antonio Gamoneda cede en este libro magmático y sin deliberaciones de conjunto, trazado a su modo según “una desconcertada cronología”, como aclara luego el escritor. Tal vez ahí reside su convicción de que guardar una última fidelidad a la vida (“Vivir: avanzar ciegamente hacia el gran sueño blanco”, se lee de pronto en un poema de Canción errónea) ha de ser aceptar su fluencia ciega sin tratar de enmendar la ley de su barullo, lo que se demuestra ahora en esa ausencia interior de formalización; al orden de los poemas, todos ellos sin título, lo gobierna la casualidad, lo que implica, de paso, una especie de entrega concesiva a la inercia vital, que se lleva  por delante cualquier argumento, cualquier defensa obstinada de explicar la existencia (“Han desaparecido los significados y nada estorba ya a la indiferencia”). Tan solo previene al lector ese doloroso nomenclátor de menciones primordiales, esas “palabras inmóviles”, extraídas de un idioma estupefacto excavado solo para sí y que fueron siempre el territorio irrenunciable del poeta, su única verdad: “Esta misma mañana he escuchado la más falsa de las palabras: “Vivir”. / Ah las palabras hábiles en la oquedad de la tristeza. / Yo / amo otras palabras: las palabras inmóviles. / Hierve en mi lengua su verdad ajena a los significados. / Qué quietud en sí mismas, qué pureza.”.

A pesar de esa voluntad de sucesión aleatoria, “casual”, de los poemas, al lector de Antonio Gamoneda le parece ver en Canción errónea todavía una cierta distribución, consciente o no. Ello es palpable en los primeros compases del libro, atravesados por una dialéctica zozobrante que va del estupor por no reconocer la sustancia memorable de haber vivido (“Vivía. / Parece ser. / Vivía” (…) “me disperso en la fugacidad de rostros que se forman en la lluvia, rostros tan rápidos que  no alcanzan a existir” (…) “Vivir / es extrañeza. No procede salvarse”) a una necesidad de apuntalar, mediante la persistencia de ciertos recuerdos recurrentes, lo que verdaderamente hubo y se terminó. Se terminó. Pero lo hubo: “Vi palomas (…) Vi / frutos de bronce (..) Vi / la pasión giratoria de los pájaros / sobre la máquina azul de la alegría (…) Vi / la geometría ardiente del relámpago”. Ese martilleo anafórico (“Vi… vi… vi”) tan habitual en el universo poético de Gamoneda parece oponerse ahora, con un sentido de confrontación última, al deshilachamiento de la existencia y, en consecuencia, de su propia identidad. Es como si aún el poeta que se había dicho a sí mismo en Lápidas “Siéntate ya a contemplar la muerte” quisiera mantenerse del lado de la vida al menos en las comprobaciones de recuerdos ciertos que, más allá de una función documental o memorable, fueron impactos convertidos antes que nada en lenguaje, en un lenguaje que los necesita haciendo de la reiteración y de la insistencia valor poético que, paradójicamente, contribuye a añadir espesor y certeza a ese discurso sin deslizamientos de Antonio Gamoneda.

En este sentido, particularmente significativos son, entre esos primeros poemas de Canción errónea, el que comienza consignando, como certificación de lo real, precisamente imágenes, en absoluto convencionales, que el poeta ha visto más allá de la lógica del mundo, imágenes de estirpe surreal que son, sin embargo, las que le sirven para resolver su desamparo: “He visto corazones habitados por hormigas, y máscaras carnales, y una serpiente acariciada por un verdugo indeciso, / y alondras prisioneras en rectángulos, y avefrías coléricas, / y madres / que besaban cadenas”. ¿No llama la atención que el poeta acuda, precisamente, a este tipo de visiones extremas para apaciguar sus zozobras ontológicas y demostrarse ante sí mismo una consistencia vital? Aún con más intensidad surge esto mismo en el poema que comienza “Amo mi cuerpo” y que no es sino una declaración emocionada que funda ante todo en el amor –“Yo amo / todo cuanto he creído / viviente en mí”- la corroboración de que sí hubo temblor, sí hubo pálpito en la existencia, pálpito hecho escritura siempre en suspenso también, aunque la vida haya sido ese “sueño vacío” al que él se refiere siempre que conjuga el verbo inhóspito y lleno de recelos que es el verbo vivir.

UNA ESCRITURA IMBRICADA

Hay otros ejes en Canción errónea que exponen esta misma aceptación de dejarse abducir por una poética poderosa que sigue vigente. Por ejemplo, continúa un juego de escisiones que puede arrastrar al poema hasta el borde de la perplejidad –car je est un autre- a la hora de reconocerse a sí mismo quien habla: “yo apenas sé llorar y, en consecuencia, me pregunto. ¿es que alguien está llorando en mí?”, se lee en un poema en correspondencia con aquel otro de Arden las pérdidas: “Algunas tardes me sorprendo // lejos de mí, llorando”.

De igual modo, persiste la duda sobre la singularidad del sujeto que habla, que no acaba de saberse diferenciar de lo demás: ‘lo otro’ adquiere así una extraña compacidad indefinible, como ocurre en el poema que comienza “Habrá cesado en el interior del lauro la melodía ronca de las tórtolas”, y en el cual se termina por plantear esa incertidumbre a propósito de la identidad propia: “Quizá / soy yo quien ha salido de sí mismo / y estoy agonizando pero desconozco mi agonía, / y aquí, bajo los mantos de la furia volcánica, / un resto frío de mi pensamiento entra / en el jardín de los desaparecidos”. Lo llamativo es que un discurso trazado definitivamente sobre el ensimismamiento tenga como uno de sus núcleos primordiales este de mantener excitada hasta el fin una extraversión que hace ingresar a la voz que habla en esa misma bocanada inverosímil, tremenda y común que es la existencia y dejarse llevar a merced de la corriente salvaje, para decirlo con una expresión bien conocida.

Del mismo modo, persisten en este libro anteriores avisos sobre las engañosas apariencias de las cosas, cuya brillantez es simple máscara de una mortalidad que acecha en ellas. Es como si el autor de Libro de los venenos siguiera sin consentir esa ilusión de creer solo en las coberturas de las realidades, en este caso de las cerezas (que guardan -y eso es cierto- ácido prúsico), como ocurre en ese poema donde reaparece de nuevo Cecilia en un registro muy cercano a los poemas del libro de 2004. Lo amado, pues, no está exento de amenazas. Sobre todo lo demás, lo amenaza la falsedad –otra de las palabras resonantes de este libro- con su negra supremacía sobre cualquier otra expectativa de la vida. Gamoneda llega a decirlo así: “Me posee / la falsedad, el único / fruto consentido en esta / espesura viviente”.

En fin, este enroscado espesor verbal de reincidencias, que ha acabado provocando una escritura imbricada sobre la anterior hasta engrosarla aún más, se traduce a menudo en toda una reticencia a hacer del poema un discurso extendido, como si obrara por su cuenta un componente de horror a entregarlo, junto con todo lo demás, a una temporalidad que solo ha de culminar en un destino mortal. Es el propio lenguaje del poema el que muestra repelencia a hacerse sustancia temporal. Y así, los juegos anafóricos, ya tan propios de esta poesía y a los que nos hemos referido antes, y los encabalgamientos llenos de brusquedad que tiran hacia atrás de lo que se está predicando y las sangrías que bambolean los versos hasta dejarlos en lábiles estructuras próximas a lo invertebrado… O, por no seguir, esas fórmulas casi en espejo -“No hay causa en mí. En mí no hay (…)”- que de nuevo recuerdan modos anteriores (“No vale nada la vida, la vida no vale nada”, se leía entonces en Libro del frío) parecen favorecer una inmovilidad del decurso verbal análoga a esa otra inmovilidad que es su conformidad con un lexicón propio que no parece necesitar aumentarse, y análoga asimismo a lo que hemos denominado alguna vez ‘retórica de la insistencia’, cuando el poeta retoma sin escrúpulos poemas anteriores para seguir deshuesándolos en nuevas modulaciones; ejemplo significativo es el poema que cierra el libro (“Apenas oyes la destrucción de la madera /…/”), que aparecía con ciertas variaciones en la sección “Frío de límites” y que podría tomarse como manifestación explícita de una poética fundamentada en un discurso retroactivo y en el horror a traspasar un perímetro de luz, como “la claridad inmóvil de un día incesante”, que acoraza -y de qué modo-  el alzado de la escritura anterior.

No hay, pues, en este libro de cierto sereno alcance testamentario –al menos eso nos parece- resoluciones que liquiden las estremecidas zozobras de su poesía anterior; no hay novedades sino detenimiento en aquellas mismas causas. La coherencia de esta poesía es seguir vigilando, como una de sus propias imágenes, lo que la atenaza que es también lo que le da fertilidad cuando se enfrenta a esas exhalaciones anteriores, ya hechas poema. Dicho de otro modo, en la configuración espiral que ha acabado por formar toda la escritura poética del autor, se ha ido llegando a una relación interlocutora cada vez más profunda entre el cuerpo poético global y la nueva pieza. Canción errónea parece establecer, reasegurándolo, un nuevo estrato –uno más- de afirmación en lo dicho. Y más que la entrega de imprevistos hay en este libro de 2012 una revisión de insistencias que aún se mantienen con toda su gravedad en el poeta que desconfía tanto de lo previsible y lo deliberado como de lo forzado para sorprender, eso que él ha llamado sin reservas ‘lo literario’.

Así es como hemos sabido leer Canción errónea. Como si entráramos en un paisaje interior cónico, cada vez más angosto y ensortijado, y horadado siempre por un mismo berbiquí con el que una voz reconocida ha mantenido la adhesión a un idioma aún válido para el poeta: el idioma del estupor. Lección de honestidad y persistencia la de esta reivindicación, a la vez, de un camino propio y de un extravío.

Discurso íntegro de GAMONEDA en el Encuentro-Homenaje a los Premios Cervantes

October 15, 2012

[Antonio Gamoneda y Mario Vargas Llosa,
en un momento del acto]

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Discurso íntegro de ANTONIO GAMONEDA
en el Encuentro-Homenaje a los Premios Cervantes

(Leído en la Biblioteca Nacional de España, Madrid, el 9-X-2012)


Saludo afectuosamente a las dignísimas autoridades civiles y académicas, con mención llena de gratitud de las que son regidoras de esta noble y tricentenaria Institución, y a vosotros, queridos y admirados compañeros en la distinción que nos congrega, y a todos ustedes, señoras, señores, amigas y amigos:

Toda significación cervantina es significación de nuestro amor y nuestro respeto a la persona y la obra de don Miguel de Cervantes. Don Miguel fue un español genial, tristemente viviente en una España polarizada en el poder económico, fuese éste monárquico, eclesial o feudal, y en la pobreza, propietaria ésta tan solo de la indefensión, el analfabetismo y el hambre.

Algo, poco, he dicho ya de la persona. Voy a decir también de la obra. Sin rehuir el tópico. Y voy a auxiliarme citando a Nazim Hitmet, el gran poeta tueco del pasado siglo. Decía Nazim en unos versos de su poema “Don Quijote”:

“El caballero de la Eterna Juventud / obedeció, hacia la cincuentena, / a la verdad que latía en su corazón. / Partió una bella mañana de julio/ para conquistar lo bello, lo verdadero y lo justo. / Delante de él estaba el mundo/ con sus gigantes abyectos, / y bajo él, Rocinante, / triste y heroico. / Yo sé/ que una vez que se cae esta pasión/ y se tiene un corazón de un peso respetable, / no hay nada que hacer, Don Quijote, / nada que hacer: / hay que luchar con los molinos de viento.”

Está claro: los molinos son gigantes, los gigantes son poderosos, su ejercicio es la maldad, y el Caballero de la Eterna Juventud, el abatido, debe comprender y comprende, que su infortunada verdad sigue consistiendo en la causa necesaria de luchar contra esa maldad.

En Don Quijote, en su bella locura, hay un trasunto, una creación autorreferente de Cervantes. Incluso en el caso de que fuese inconscientemente activada, es una proyección de su vida. Don Miguel, para vivir, tenía que ofrecerse a la muerte; vender su sangre en el mercado de las batallas originadas por el enfrentamiento de intereses entre los poderosos.

Los escritores amamos la paz. Y todos ustedes. Pues bien, históricamente ahora mismo, ante el dolor español y planetario de una pobreza que comporta hambre, enfermedad y muerte, nuestro lenguaje (naturalmente, no hablo solo de la escritura poemática), ha de ser poética y moralmente subversivo. Y nuestra conducta. El sufrimiento de causa social es nuestro sufrimiento y penetra nuestra conciencia, que creación literaria que no lleve consigo conciencia no es creación.

Incruentos como Don Quijote, numantinamente resistentes, pacíficamente revolucionarios, queridos escritores cervantinos todos: “hay que luchar contra los molinos de viento”.

‘Gamoneda, entre paréntesis’, por LUIS MUÑIZ


[Caricatura de Gamoneda publicada en La Nueva España]
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GAMONEDA, ENTRE PARÉNTESIS

El poeta, premio Cervantes 2006, publica ‘Canción errónea’,
su primer poemario en ocho años



Por LUIS MUÑIZ
(Reseña publicada en La Nueva España)

Leyendo ‘Canción errónea’, el nuevo poemario de Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), se tiene en seguida la sensación de que el poeta ha necesitado, más que nunca, examinar su presente: apoyándose en lo ya escrito y haciendo el balance, vital y poético, al que el título alude, pero dejando, a la vez, que sea ese tiempo más sereno —por indiferente— el que le vaya dictando las conclusiones. Esa necesidad de verse y sentirse desde el presente —aunque el trasiego de materiales invite a conjugar el pretérito— la confirma una nota colocada al final del volumen, en cuyo último párrafo el poeta expone: «Sé que no faltan en el libro reiteraciones léxicas y fraseo recurrente, y tampoco expresiones (?) que están ya en mi poesía anterior. No he querido aliviar, por simples e hipotéticas razones "literarias", esta circunstancia. La necesito así».

Es posible que Gamoneda haya incluido esa nota para defenderse de futuras críticas o, simplemente, para justificar una aparente contradicción: la que habría entre un presente que empuja a decirse con una voz nueva y un decir que «necesita» ser el de siempre. La primera hipótesis no tiene demasiada consistencia, salvo que medie la vanidad, pues de un poeta de 81 años no cabe esperar cambios radicales, sino un acendramiento de su poética. En cuanto a la contradicción, tampoco hay tal, porque Gamoneda entiende que ese tiempo presente es el último estadio de su pasado. Sin embargo, como la edad y su contumaz pesimismo no le permiten otear otro futuro que la muerte, se queda atrapado en esa postrera secuencia temporal, en ese reino de la indiferencia ante lo que va a sobrevenirle, que él asume ya con una especie de serenidad.

Sin inclinación ni tampoco repugnancia hacia ese «ir de la inexistencia a la inexistencia», ese «ser para no ser», aceptándolo como «un sueño vacío» o un «equívoco» («ahora / he de amar mi propia muerte / y no sé morir»), Gamoneda expresa un claro deseo de cesar. «Ya / tarda la ceguedad, ya tarda. / No / más luz. / No / más luz», ruega. Son constantes las muestras de cansancio, pero todavía se muestra inquisitivo; sobre todo, quiere preguntarse por lo que él llama su «exceso»: «Haber / vivido sin / saber para qué y / morir sin / saber para qué». Y a menudo se responde con «dos palabras, dos, sólo dos / con certidumbre: / no sé».

Serenidad, pero también claridad: ‘Canción errónea’ es quizá el poemario más accesible de todos los que ha publicado su autor en las últimas décadas. Pese a la ausencia de títulos y de un criterio de ordenación que no obedezca «a la casualidad o a una desconcertada cronología», como el poeta reconoce en la citada nota de cierre, el libro no veda tanto el paso al lector no avezado como algunos de los hitos previos de su poética (’Descripción de la mentira’, ‘Libro del frío’); de hecho, en algunos momentos son los poemas de ‘Blues castellano’ los que más se avecinan al tono de algunas piezas de ‘Canción errónea’. Así, por ejemplo, en la que arranca: «Has cruzado despacio la ciudad», que describe el paseo de un Gamoneda contento de «estar en la noche» y «existir debajo de las estrellas», sin tener que ir «a trabajar / ni a comprar una medicina ni a entregar una carta». Pero incluso en ese estado de benéfica vigilia con el que busca «sentir la noche de los que ya duermen» termina ganándole el dolor; primero el ajeno y luego el propio: «Pero avanzas más. / Ahora ves / la pobreza insomne, ves el frío / blanco y carnal, y, finalmente, sientes / que pesa mucho, demasiado, / tu corazón. / Y retornas».

Hay esa claridad, como de último resplandor antes de que la noche se cierre, y luego oscuridades en las que el poeta camina a tientas y vacila, o comparte sus dudas con otros creadores (Gelman, Char, Vermeer), pero sin dejar nunca de producir pensamiento; ideas y propuestas en cuya gestación parece recuperar, durante un instante, el vigor de la treintena: «Hay que hacer algo. Quemar los trépanos y las finanzas financieras (?) / para que la mierda no entre en las venas de nuestras madres».

No obstante, no puede decirse que la atención que presta a los asuntos de actualidad llegue a pesar tanto como la que pone en el examen de su propio presente, en su deseo de desconocimiento y olvido, de no pensar más. «Qué sed de desvarío, qué sed», dice, después de concluir: «Al parecer, / es imposible existir y también / no existir». El asombro antes de zambullirse en la nada, en esa segunda inexistencia que cerrará el paréntesis que se abrió tras la primera. Entre uno y otro, el «accidente» de la vida, sus costes y su sinsentido, que el poeta cifra en una imagen del estremecedor poema de su alumbramiento: «Yo desgarraba la imposibilidad». El mismo en el que, al final, expone lúcida y serenamente al lector su programa para superar el «error» de esa existencia entre paréntesis: «Definitivamente, me he sentado / a esperar a la muerte / como quien espera noticias ya sabidas».

Entre la revolución y la insurgencia…

 

‘GAMONEDA llama a la revolución’

Una crónica de PACHO RODRÍGUEZ para Diario de León.

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 http://farogamoneda.blogsome.com/images/1%20gamo%20vanguardia.jpg

‘ANTONIO GAMONEDA reclama
la insurgencia poética contra la injusticia’

Un artículo de CARMEN SIGÜENZA para la Agencia Efe
publicado en La Vanguardia y recogido igualmente en
numerosos periódicos de habla hispana de todo el planeta.

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Gamoneda en la wikipedia… en árabe

October 6, 2012

 

 

 Haz un click…

‘Sombras en la nieve’, por Juan M. Molina Damiani

September 29, 2012

 

‘SOMBRAS EN LA NIEVE’

por JUAN M. MOLINA DAMIANI


Texto publicado, con bibliografía completa
(omitida en Faro Gamoneda) en el
‘BOLETÍN. INSTITUTO DE ESTUDIOS GIENNENSES
Enero-Junio. 2012 – Nº 205 – Págs. 51-61.
IS.S.N.: 0561-3590

NOTA del autor:
Con una versión provisional de estos apuntes
presenté a Antonio Gamoneda en la lectura poética
que dio en la Universidad Popular Municipal de Jaén,
dentro del ciclo «Poética ‘11», el 14 de abril de 2011.

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veía entrar las sombras en la nieve, hervir la niebla en la ciudad profunda.
Antonio Gamoneda



[1] Presentar a Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) no es una tarea —créanme— fácil. Ensayar un acercamiento a la obra de quien esta noche ocupa la tribuna de «Poética», aunque dispusiéramos de horas y horas, no sólo es una empresa imposible —el poema auténtico no se presta a explicaciones porque habla de lo inefable que constituye la poesía, esto es: de aquello que sólo desde el universo del poema puede ser dicho, o lo que es igual: la celebración de la vida y su poesía—, sino además un empeño redundante —todo poema verdadero contiene su propia explicación, incluso la gramática que gobernara su proceso productivo. Dado que la obra de Antonio Gamoneda, más que a significar razonablemente una experiencia, a lo que tiende es a suscitar una emoción sensible, me limitaré a aproximarles hasta el horizonte donde sucede su poesía, un territorio de naturaleza barroca que ha de ser leído como un relato unitario pese a su diversidad, una propuesta compleja de ecualizar por la trama de sentidos y significados que acumula, un tiempo donde se aúnan radicalmente belleza y dolor y que, atención a lo que sigue, «no se relaciona con la realidad para denotar sus apariencias normales o sus componentes objetivos […] [sino que] crea realidad […] y engendra conocimiento, sí, pero, única y principalmente, el de esta realidad por ella creada, que no se da ni puede ser dicho fuera de ella» [1997: 35] —matriz capital del pensamiento de nuestro poeta sobre la que ha desarrollado no pocas reflexiones estéticas y a la que intentaré acercarles esta noche sin ponerme profesoral ni espeso: ya saben lo que decía Federico García Lorca [1930: 50]: «La primera bomba de la revolución barrió la cabeza del profesor de retórica».

[2] Sí: para acercarse a la cosmovisión de Antonio Gamoneda evitando que estos apuntes sobre su obra incurran en algún error de bulto que pueda confundirles, no voy a perder de vista esta noche las reflexiones con que nuestro autor ha ido escrutando su propia poesía a lo largo y ancho de su trayectoria, articulada, toda, por un compacto corpus de teoría poética, por una lúcida conciencia crítica, que acaso explique las excelentes lecturas con que cuenta esta obra, por más que aún siga siendo habitual que nuestro poeta se presente a sí mismo como alguien desinformado por haber vivido siempre en la provincia: «Estar poseído por la desinformación puede ser una aceptable manera de evitarse el conocimiento de tonterías. En la provincia circula fácilmente la desinformación; con la misma facilidad con que en la ‘metrópoli’ circulan las falsificaciones» [1997: 101]. Referencia aparte pero central de la poesía española en curso, acaso esta debilidad radical de Gamoneda por la provincia, por sus modos de vivir al margen de las sensibilidades dominantes en las metrópolis, haya sintonizado su cosmovisión, una luz infinita enfocada a la finitud de nuestra identidad, con Jaén, donde cuenta desde hace años, gracias a Juan Carlos Mestre, José Viñals y Diego Jesús Jiménez, con una inmensa minoría de inteligentes lectores que siguen atentamente su producción —Martín Lerma, Antonio Negrillo, Paco Salas, Pedro Luis Casanova, Joaquín Fabrellas, Manuela Ledesma, Juan Carlos Abril, Pepe Román, Guillermo Fernández Rojano…

[3] Autor que ha vivido apartado durante toda su trayectoria de los epicentros del poder, la singularidad de la cosmovisión de Gamoneda lo ha mantenido al margen de todos los tópicos historiográficos que distorsionan las poéticas menos convencionales de los poetas pertenecientes a su generación: afincado en León, su condición de poeta de provincias lo puso a salvo de la estética neorrealista estandarizada por que se condujeron las obras de la mayoría de sus coetáneos, la dirección canónica fijada por la crítica hegemónica para la poesía española a partir de mediados del siglo XX, el estilo de época que la ha gregarizado en las pandillas de colegiales y burócratas que aún hoy la gobiernan. No: no tuvo que ser nada gratificante la soledad en que nuestro poeta se vio obligado a recorrer el periodo comprendido entre la publicación de Sublevación inmóvil, su primera entrega, de 1960, y la de Edad, de 1987 —soledad sólo resarcida por la herencia que Gamoneda recibe de una tradición sincrética cuyos eslabones de más fuste serían Rimbaud, Mallarmé, Brecht, Nazim Hikmet, Perse, Lorca, Guillén, Blas de Otero, Claudio Rodríguez y, no se olvide, el modernismo: Gamoneda aprendió a leer en un libro escrito por su padre, ‘Otra más alta vida’ (1919), un poemario acordado a este pulso musical, lo que familiarizaría su oído desde niño con el significado de las palabras sujetas a metro. En efecto: con una vida siempre expuesta al dolor, huérfano de padre al año siguiente de nacer, obrero desde el inicio de su adolescencia, militante antifranquista represaliado laboralmente por carecer de titulación universitaria, Antonio Gamoneda jamás dirigió revista literaria alguna, tampoco gobernó una editorial de poesía que llegase a todos los confines del país, ni ha sido otro más de los muchos poetas profesores que han ido escribiéndose pro domo sua su historia de la poesía siendo jueces y parte. «Cervantes vive en la pobreza y en dudosas personerías; Cernuda, en la enemistad consigo mismo; Villon, en la delincuencia. Yo, notablemente menos egregio, vivo en una ciudad amada, casi hermosa, que me convierte a la estupidez: ella se ejercita en crueldades rutinarias y yo en la iluminación de la vaciedad. Para quien cuenta ya con la pasión inútil […] de las palabras, ser tomado por otra pasión vacía como es la vivencial provinciana no puede ser otra cosa que una desgracia. Y una estética» —son palabras textuales del maestro [1997: 106-107].

[4] Prácticamente desconocido, incluso para los iniciados que conforman la exigua sociedad poética española, hasta que la aparición de Edad descubriera el valor de toda su poesía édita y buena parte de la inédita gracias a la edición de Miguel Casado [1987], la presencia desde entonces de Antonio Gamoneda en los escenarios del pensamiento artístico de nuestra época se ha vivido por parte de las familias poéticas más conspicuas del país como un atentado contra el insaciable monopolio de su hegemonía. Poeta consciente del impuesto que el ciudadano de hoy ha de satisfacerle a la mitología ilustrada del progreso —«para vivir hay que comprar y, necesariamente, con o sin dignidad, venderse», ha escrito sin medias tintas [1997: 51]—, no es extraño que la cosmovisión poética de Gamoneda haya impugnado la opulencia en que está fundada la baratija cultural de nuestra pequeña y burguesa sociedad posmoderna, sociedad anónima de ciudadanos presos de la ficción de una prosperidad cuya razón económica es fabricar productos cuyo consumo no satisfaga del todo para que dicha insatisfacción produzca así una patológica aceleración del consumismo; sociedad, por más señas, en cuya bolsa de valores ideológicos la moda del conservadurismo sigue subiendo sin parar porque la mediocridad nihilista de sus masas identifica mecánicamente alienación y felicidad sin advertir que el neofascismo sigue de modo imparable cancerando sus costumbres; sociedad, en fin, mayoritariamente boutout, ignorante de la zafiedad ciudadana a que la empujan sus medios de comunicación de masas, que franquician sus grandes superficies y que aprueban por unanimidad sus clases políticas neoliberales.

[5] Obra de difícil comprensión si no partimos de la base de que la poesía persigue ser sentida antes que entendida, de que sólo puede ser «inteligible a partir de la sensibilidad» —nuestro poeta nunca desaprovecha la ocasión para advertirnos sobre este particular [1997: 10; 2007: 12]—, cierto grado de hermetismo presenta la producción de Gamoneda: hermetismo, ojo, jamás perseguido como meta de trabajo o vana filigrana retórica, sino inherente al lugar que elige esta poesía como objeto de su investigación, un territorio explorado por Gamoneda de modo tan preciso, con una óptica más pendiente de iluminar sensiblemente la misteriosa oscuridad de la vida que de desmontar con claridad las engañosas razones en que se fundan las evidencias del mundo, que acabará viendo encarnada su complejidad en una cartografía ciertamente ambigua: ambigüedad, por lo dicho, no sólo fruto matérico del realismo extremo con que opera nuestro autor sino además semilla simbólica para que los lectores de su obra podamos completar substancialmente su sentido —el propio Gamoneda lo aclaró en su día [1988]. Sí: en la ambigüedad del espacio simbólico de su lenguaje poético realista, hace revivir Gamoneda ese tiempo hermético que viene a ser la poesía entendida como vida, el tiempo donde acontecen las emociones antes de que se puedan reconocer como experiencias, un tiempo que se presenta como un presentimiento de sí mismo ya hecho plenitud porque acontece dentro de un mundo suspenso, un espacio de sombras en la nieve que ilumina los sentidos del ser dejando en su memoria un rastro de palabras inescritas, una leyenda que la historia acaso olvide sin querer pero que la naturaleza nunca podrá borrar de su conciencia.

[6] Atendiendo lo real hermético que conforma la dialéctica entre vida y muerte, la poesía de Gamoneda concreta una realidad ambigua donde las cosas que se nombran se convierten en «símbolos de sí mismas» [1988: II]. Con todo, quede claro, estamos ante una obra donde no hay hiato entre decir y pensar: su lenguaje poético no resulta de un pensamiento previo: aquello que nombra no es pensado a priori: no es fruto de la conciencia: no se conforma como literario; es poético porque lo que involuntariamente cuenta lo encarna primero su música, reactivo sensible donde se esclarece aquello mismo que obligatoriamente acaba haciendo pensar la trama conjunta de su discurso. Por demarcar la frontera entre poesía y literatura, la potencia poética de la obra de Antonio Gamoneda construye el sentido en que cabe sentirla poniendo en un aprieto al lector que quiera escrutar su significado. Tal y como pudo ocurrir, así pues, con los primeros balbuceos orales del hombre primitivo —palabras sujetas a una música donde quedaban encarnados pensamientos cuya plasmación era motivo de placer e invitaba a la danza— o con las primeras manifestaciones de su pintura —de manera mucho más evidente en la conceptualista propia de los jeroglíficos del neolítico, legible quizá como incipiente escritura ideográfica con una implícita dimensión poética, que en la naturalista que había caracterizado el periodo paleolítico, pintura figurativa que seguramente obedeció, por su parte, a liturgias con afanes de conjuro anticipatorio—, la poesía de Gamoneda plasma un pensamiento que no existía antes de que su lenguaje poético le procurase cuerpo verbal, realidad que se verifica, por lo tanto, como un «acto de creación y revelación» —y sépase que no es mía sino de nuestro poeta la comparación de su experiencia con la del arte de los inicios de la historia [2010: 12-13 y pássim].

[7] La generación de los poemas de Gamoneda cumple dos momentos: el primero, irruptivo, musical e imprevisto; y el segundo, constructivo, textual y racional. Si las pulsaciones fantásticas del primero, relámpagos quizá, le procuran a Gamoneda visiones misteriosas cuya objetivación realista por medio de la música lo llevan de nuevo a sentir aquello que ocurriera durante el suceso que el poema pretende aprehender, a lo largo del segundo, imaginista pero simbólico, la conciencia poética de nuestro autor reformaliza subjetivamente lo informe que volviera a sentir su persona durante el momento anterior, de tal suerte que consigue así ver imaginado del todo, pensado en su cálculo definitivo, como si volviera nuevamente a suceder, el arrebato que dio origen a la escritura del poema [2010: 16]. Tiempos hechos de materia musical en tensión, continentes de visiones conceptuales donde se cuestionan los significados con que opera la razón hegemónica, y espacios textuales irredentos cuyas imágenes narrativas esculpen líricamente los sentidos originales en que la sensibilidad habrá de interpretarlos, los poemas de Antonio Gamoneda acaban activando, en suma, dialécticas de pensamiento poético nunca resultantes de ideas previas a su escritura, sino, por el contrario, de la razón interna de su propia plástica productiva. Obra surgida de la música intuitiva —la intuición es el instinto de la inteligencia— pero que luego esculpe la razón —un sueño que a veces engendra monstruos, ya se sabe—, Gamoneda trabaja con el azar de manera objetiva —ya definía Valéry [1927: pássim] el poema como «matemática inspirada»—, transcendiendo así tanto el idealismo romántico, el poema como mera epifanía, cuanto el determinismo ilustrado, el poema como simple documento.

[8] El primer momento productivo de la obra de Gamoneda opera, por lo dicho, desde los escenarios de la memoria involuntaria o el sueño, tiempos propiedad del yo empírico del poeta, sí, pero que regresan a su conciencia de modo fragmentario, sin articular, para que su yo textual, un yo vigilante y consciente, los cartografíe racionalmente a lo largo del segundo momento que cumple su proceso de creación, mapa así de recuerdos y pérdidas. En consecuencia, una vez que lo real de que arranca cada poema, esto es: su singular emoción primigenia, queda materializado por una música informalista, llega el momento en que dicha materia es imaginada mediante formas racionales, entonces ya, en suma, experiencia del lenguaje, lenguaje ahora poético, poesía entendida como lenguaje, realidad tangible cuya materia substanciará con realismo lo informe transcendental, esto es: lo intangible real del tiempo y de la historia en que se incardina la poesía entendida como aliento vital, y cuya forma contenida aprehenderá al unísono las contingencias tangibles, esto es: la realidad del espacio y de la naturaleza, simbolizándolas en la realidad dialéctica del propio lenguaje. Está claro: en la poética de Gamoneda quedan perfectamente delimitadas la poesía entendida como lo real transcendente de la vida y la poesía que asimismo viene a ser el lenguaje poético, realidad concreta donde no sólo podrá revelarse la poesía considerada como pulsación matriz de la existencia, sino donde esta misma poesía vital incluso acabará de crearse a sí misma, toda vez, en fin, que mientras el poema no consiga nombrarla del todo, aprehenderla, esa poesía que cabe entender como sinónimo de vida nunca le dará alcance a su propia razón de existir, a su estatuto de hecho real.

[9] Aunque el proceso poético de producción de la obra de Gamoneda termine por difuminar la línea de frontera que comparten poesía ‘vida’ y poesía ‘lenguaje’ —insístase en que la poesía real y emocionante de la vida, quizá ab ovo anterior a la poesía realidad o experiencia del lenguaje, sólo cobra carta de naturaleza por derecho cuando el lenguaje poético consigue imaginarla del todo—, lo que jamás confundirá la cosmovisión de nuestro poeta será, ahora bien, literatura —un espacio de ficción— con poesía —un tiempo realmente vivido que sólo hace realidad sensible el lenguaje poético. Sin entrar en la ecuación horaciana que señala las semejanzas entre poesía y pintura, impugnada por Lessing cuando advierte que estos dos mundos contiguos son radicalmente distintos, pongamos ahora en juego lo que apuntara Simónides de Ceos [Galí: 1999: pássim] al plantear que la poesía imita lo real y la pintura la realidad: dicotomía, en efecto, que se instala en las mismas coordenadas que la dialéctica «poesía vs. literatura», dado que la poesía se presenta no sólo como imagen que hace visible lo que se siente, para lo que nombra lo real, sino a la vez como canto que hace sentir aquello que se ve, lo que la lleva a desocultar la realidad. Sí: medio idóneo para dar con la poesía evidente y sensible, por más que asimismo pueda ser aprehendida desde otros lenguajes artísticos, el poema habrá de cobrar cuerpo sin servirse de las trampas que acostumbran los literatos, incapaces de encarnar misteriosamente lo real de la poesía verdadera en la realidad de su lenguaje porque no hacen otra cosa, lejos de extraerle a la mina de la vida real su poesía, que limitarse a decorar retóricamente la realidad de un lenguaje, el suyo convencional, sólo en apariencia poético. Matriz capital para acceder a la comprensión sensible de la cosmovisión de Gamoneda, no es extraño que nuestro poeta la recuerde siempre que tiene la oportunidad: «el lenguaje poético no es informativo sino que crea lo que no existía y lo revela: opino que la poesía no es un género literario; que no es incluso literatura: que es una emanación existencial y que, por eso mismo, puede darse en todos los géneros» [2007: 12].

[10] Los poemas de Antonio Gamoneda se revelan como horizontes dialécticos donde convergen el sufrimiento y el placer, potencias «contrapuestas en la existencia y no, sin embargo, en las obras de arte y en la poesía: […] la obra de arte proporciona placer con independencia de que sus representaciones o sus significaciones puedan estar ligadas al sufrimiento, y sabemos que este placer es una forma positiva de intensificación de nuestra vida, es decir, de nuestra sensibilidad y nuestra actividad intelectual» —las palabras de nuestro poeta no se prestan a confusión alguna [1997: 72 y 38-39]. Que el vitalismo de Gamoneda reconozca que la vida sólo se puede vivir plenamente si se vive de la mano del pensamiento poético —una conciencia, ya se ha visto, donde también irrumpirá de manera imprevista, acaso de modo irracional, todo aquello que duele— traerá consigo que nuestro poeta se entregue a su obra hasta alzarla como emblema vital, un empeño que le reportará placer, sin duda, pero que a la larga acabará mostrándose trágico: terminará asimismo por revelarle que vivir es un nacimiento permanente al sufrimiento individual y colectivo, a la culpa íntima y extrema, a la autodestrucción incluso, a la muerte. Sí: la conciencia poética de Gamoneda lo lleva a escuchar la voz irredenta de sus pérdidas, incluso las de aquellos episodios vitales de los que creía haber perdido la memoria o las de esos otros que aún no pueden ser pasto del olvido porque están por suceder todavía. En la encrucijada que comparten insatisfacción y deseo, la cosmovisión de Gamoneda es cruel y aporética: por quererse afincar radicalmente en el hogar de la vida acaba por conducirnos hasta el arrabal de la muerte: sólo allí puede sentirse por qué quien estuvo en el dolor sabe que el placer es una madre que se llama belleza. Espacio vital habitado por el tiempo de la muerte, la obra de Gamoneda no le da forma a la muerte: la materializa con realismo; lejos de exorcizarla, lo que hace su forma es llevarla a la práctica de manera simbólica, o dicho de otro modo: favorecer que convivamos con su presencia, nos apropiemos de su desposesión, iluminemos nuestros sentidos para anticiparnos a su aniquilamiento y nazcamos al tiempo del ser misterioso de su ausencia: «toda mi actividad poética se deduce de ‘la contemplación de mis actos en el espejo de la muerte’ […]. La memoria es conciencia de pérdida del presente, conciencia de tránsito, luego la memoria es también conciencia de ir hacia la muerte. Según esto, la poesía es arte de la memoria en la perspectiva de la muerte» [1997: 24 y 26].

[11] Testimonio político el de la estética de Gamoneda: contesta el orden que sostiene el desorden impuesto porque aprehende las tensiones de hoy, las contradicciones de esta época, conjuntando dialécticamente tiempos pretéritos —involuntariamente recordados— y tiempos futuros —soñados o alucinados— hasta alzar una visión musical, una imagen esculpida, de la enajenación de nuestro presente preso de su nihilismo, su crueldad y su injusticia, productos todos, en suma, de sus pérdidas. Dispónganse, pues, a escuchar la música figurativa pero matérica de Antonio Gamoneda, de tocar la imaginería abstracta de sus formas: si su fovismo informalista imita el tiempo y la historia finitos de nuestro mundo, su naturalismo expresionista comprende el espacio y la naturaleza infinitos de la vida. Cubismo barroco —creo— el de esta estética que ensancha la tradición de la poesía de vanguardia moderna: si humaniza los cauces de su informalismo acentuándoles su realismo matérico, apura los de su naturalismo conceptualizando sus formas simbólicamente. Poeta raro cuyo aliento épico, siempre con un pellizco lírico en su trama narrativa, lo sostiene un teatro de voces dialéctico singular, el inconfundiblemente propio de una obra donde las preceptivas académicas que todavía demarcan los límites de los géneros se ven además desmontadas como ordenanzas al servicio del mercado, nunca ha tenido nada que ver la estética de Gamoneda a lo largo de su trayectoria ni con la del naturalismo burocrático —un realismo de estirpe medieval, narcotizado con su verosimilitud, ideológicamente reaccionario y, en consecuencia, todavía hoy tan de moda— ni con la del surrealismo posmoderno —poéticamente falaz por obedecer a un neoclásico prurito de originalidad impostada, decadente y burguesa. De todo ello ha escrito nuestro poeta llamando la atención sobre el estado de coma poético en que se halla el status quo posibilista de la poesía española del momento [1997: 187 y 190; 2010: 14-15]. Normal: su condición de poeta super-realista, de realista simbólico, resulta de su compromiso superromántico con la poesía verdadera, de la voluntad histórica que humaniza su ser de poeta —«la forma más peligrosa y menos profesional de ser escritor», según él mismo ha señalado [1997: 60].

[12] En la estética de Gamoneda, incubada en una matriz poética superromántica —la defendida por ‘El nuevo romanticismo’ de José Díaz [1930], uno de los libros que nuestro «Premio Cervantes» leyó siendo muy joven porque pertenecía a la biblioteca de su padre [1997: 61; 2009: 31]—, está encarnada su ética: de alto octanaje político no sólo porque su lenguaje poético revele una imagen deconstruida de la realidad de nuestra razón y cree una visión sensible de lo real de nuestros presentimientos, sino porque la realidad real de esta obra se constituye además como espacio y tiempo donde pensarse la naturaleza histórica de la escritura poética, o dicho de otro modo: si el sinfín de fines, finalidades y codas que las artes de hoy les plantean a sus hacedores no pasa por encarar humanamente, desde una pureza radical por apasionada, el acabamiento colectivo del que todos somos responsables. Pese a partir de los olvidos y deseos de nuestro presente y devolvernos los recuerdos e insatisfacciones de nuestro pretérito, la poesía de Gamoneda parece escrita desde el agujero negro del futuro: documento artístico de nuestra memoria en ruinas, su lección nos muestra una visión profética de nosotros mismos cercana a la que tendrán de nosotros quienes nos sobrevivan, aquellos que mañana nos tengan como antepasados: una imagen desoladora ante la que no podrán avergonzarse de una generación de hombres y mujeres derrotada por su nihilismo —sí: la nuestra— porque algunos de sus integrantes supieron resistirse desde el vitalismo de su práctica artística con conciencia de clase a los atropellos civiles de la razón teórica establecida —razón demente al servicio exclusivo de un mercado donde impunidad y libertad parecían palabras sinónimas. Pero basta ya de apuntes sobre uno de los más lúcidos artistas de nuestros días; un poeta que concibe la poesía como «una forma de lucha» [1997: 167]; otro testigo de cargo intelectual de esta época adicta a la mentira; disco duro que habrá de arqueologizar nuestra posteridad cuando acontezca el devenir de nuestra historia —antes mejor: cuando el despertar histórico que exige la barbarie de nuestra civilización se concrete de verdad: Antonio Gamoneda. Aquí lo tienen ustedes, con todos nosotros. Muchas gracias, Antonio, por bajar otra vez a Jaén.

‘HA DE LLOVER’, UN POEMA DE GAMONEDA EN EL Nº9 DE LA REVISTA ‘MINERVA’

September 27, 2012

   HA DE LLOVER

Hay sequía en la luz y la ceniza llora,
como mi madre, sin lágrimas.

Ha de llover.

Ha de llover hasta que se levanten los maíces sagrados y sea posible la celebración de la muerte.

Ha de llover.

¿Por qué no? ¿ Por qué no ha de llover
en la tiniebla intestinal y en las hirvientes médulas?

Ha de llover

en los niños frenéticos y en los adoradores nocturnos
y en los ancianos extraviados en la música.

Ha de llover

en el pensamiento y en la felicidad ensangrentada.
Ha de llover sobre esta piedra enferma
donde, en la noche, cunde un resplandor
procedente de astros inservibles.

Ha de llover,

tiene que caer la lluvia suavemente
sobre los suicidas del amanecer.

Ha de llover
en la superficie cristianizada por la industria. Tiene que llover
hasta que aúllen las alondras y,
bajo las catenarias, en Vega Magaz,
los ferroviarios se desnuden
y detengan la máquina que llora.

Ha de llover en la extremaunción
sacramentalmente perversa. Ha de llover
en el interior del hierro y en la furia negra
de quince niños guineanos y
quince niños prematuros.

Ha de llover con ternura
sobre las secretarias parturientas.

Ha de llover
sobre los jueces y los asesinos,
sobre los comandantes y las monjas.

Ha de llover en los prostíbulos
y en los ministerios invisibles
y en ciertas fístulas azules y
sobre las serpientes melancólicas.
Y las serpientes han de silbar tristemente
treinta melodías olvidadas. Son
reconocibles por su olor a sombra
y a sustancia inguinal. Dichas serpientes
silbarán en las cajas de ahorro
y en los urinarios y en las tumbas.

Sí, ha de llover: hoy es martes
especialmente. Hoy resucitan
los fusilados de Villamañán.

Ha de llover en las letrinas
notariales hasta que aparezcan los títulos
de la propiedad mortal y de la tristeza hipotecaria y
cien cartas de amor de Francisco Franco.

Ha de llover con dulzura sobre las niñas que abortan en octubre.

Ha de llover en la agonía de Jorge Pedrero y
sobre los visitantes lívidos.

Ha de llover en mis venas
y en mi desaparición. Causa analógica:
se sabe que los agonizantes son felices
rodeados de llanto.

Ha de llover con crueldad católica
sobre los huesos de Felipe Segundo
y de los Caídos por Dios y por España.

Agua para los prostáticos
y su dolor universal, agua también
para los sifilíticos y los curas.

Agua para los Borbones
y para los mendigos y las mujeres rojas
que gritaban los gritos amarillos
de mil novecientos treinta y seis.

Ha de llover.

Ha de llover en los pantanos
rebosantes (se dice) de fascismo y de
tristeza imperial. Se han encontrado
poderosas razones ecuménicas
para que llueva en los pantanos. Es
físicamente necesario a causa
de la prosperidad del incesto y
de los cuchillos olvidados en las iglesias. Ha
de llover.

Ha de llover, sí, pero no han de olvidarse
los manantiales del odio ni las acequias
secretas de los monasterios ni
la humedad de las sociedades anónimas.

Ha de llover jamás y siempre. Con
desesperación agraria. Ha de llover
hasta que enloquezcan los metales
y el sílice y las inmensas madres
del Barrio de la Sal.

Ha de llover ya.

¿Está lloviendo?
Sí, está lloviendo. Las madres
son blancas y locas.

Ya vienen
al penal y a los laboratorios
de la tortura.

Ya
están aquí las madres. Traen
fuego y amor.

¡Ah de la lluvia
sobre las madres!

Ya
el agua y el amor y el fuego cunden.
Ya están ardiendo sin escoria
con esperanza roja, ávidamente,
dulcemente, los juicios sumarísimos.

¡Ah de la lluvia!

ANTONIO GAMONEDA
(Tuxtla Gutiérrez, Madrid, León. Noviembre de 2007, junio de 2008)
Poema publicado en el nº 9 de la revista Minerva.

 — — —

26 de septiembre: GAMONEDA en la presentación de ‘Todos los cuentos’, de ANTONIO PEREIRA

September 14, 2012

PRESENTACIÓN DE LA ANTOLOGÍA

‘TODOS LOS CUENTOS’
de ANTONIO PEREIRA

— — — 

INTERVENDRÁN:
ANTONIO GAMONEDA
(autor del prólogo)
ÚRSULA RODRÍGUEZ (presidenta de la Fundación Antonio Pereira)

ACTUARÁN:
ANA CRISTINA HERREROS
JUAN CARLOS MESTRE
AMANCIO PRADA

— — —

MIÉRCOLES, 26 DE SEPTIEMBRE, a las 19.30 horas
INSTITUTO INTERNACIONAL
C/Miguel Ángel, 8.
MADRID

[Gamoneda, con el fallecido escritor Antonio Pereira,
en una foto de archivo]

 http://farogamoneda.blogsome.com/images/pereira1--644x362.jpg

[Gamoneda, con Úrsula Rodríguez, viuda de Pereira,
durante la presentación de ‘Todos los cuentos’ en Madrid.
La foto es del diario ABC]

Lee la noticia de la presentación
en ABC.es:
Zapatero arropa la presentación en Madrid de ‘Todos los cuentos’

Un poema:

RECLAMACIÓN DEL MAR

El mar no es sólo
de los litorales.

Porque de tierra soy,
de tierra adentro,
al delgado confín
donde la tierra cede
proclamo mi derecho.

Tan grande el mar, no basta
para amarlo un amor
marinero.

Porque si el mar se definiese en suma
como el verde remoto de los piélagos,
por la alta mar y por la línea varia
de las costas batidas por el viento;
si a la espalda del mar no hubiese tierra
sufrida, con praderas y centenos,
montes y ríos, minas encerradas
donde oscurece el hombre entre los hierros…

si todo fuese mar
ya mar no habría,
                          agua sin forma
                          bajo el cielo.

ANTONIO PEREIRA
(Del libro ‘Contar y seguir’)

GAMONEDA publica en septiembre dos libros en gallego: uno sobre el Camino y otro sobre el pensamiento poético

September 4, 2012

 

GAMONEDA se pasa al gallego con libros
sobre el Camino y el pensamiento poético

Editorial Trifolium publica este mes
dos ensayos del premio Cervantes

Por RODRI GARCÍA
(Publicado en LaVozdeGalicia.es,
01/09/2012)

Hasta ahora había confesado, reiteradamente, su pasión por Galicia y por la literatura gallega, sobre todo por la lírica de los trovadores medievales. Ahora Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) ha dado un paso mas al entregar a la Editorial Trifolium dos textos originales con la condición de que ambos sean publicados en gallego.

En estos primeros días de septiembre llegará a las librerías ‘Estética e temporalización do camiño Xacobeo’, un ensayo que cuenta con 25 ilustraciones sobre la ruta, uno de cuyos recorridos transcurre por las tierras leonesas en las que lleva años viviendo el que fue premio Cervantes en el 2006.

«Eu son un pouco inxenuo e tiven ocasión de ofrecerlle a Editorial Trifolium a Gamoneda por se quería publicar algo», explica Arias-Andreu. Para su sorpresa, le llegó el interés del poeta por publicar en gallego.

Explica el editor que Gamoneda vio una de las cinco colecciones que tiene este sello editorial, la denominada ‘Musa pedestris’, en al que publica libros de bolsillo, cuidadosamente editados y con texto de autores como Proust, Bertrand Russell, José Luis Sampedro, Mayor Zaragoza o José Luis Aranguren. Y será en esta colección, a petición del autor de obras como ‘Arden las pérdidas’ (Tusquets), donde se publiquen estas dos obras. La segunda de ellas, también un ensayo, está previsto que se publique en la última semana de este mes y lleva por título ‘Fonación, palabra e escritura. Pensamento poético’.

Apunta Arias-Andreu que esta es una buena forma de celebrar los diez años que cumple la editorial este mes y detalla que «loxicamente Gamoneda escribe os textos en castelán, pero foron traducidos por María Fe González, que é unha das colaboradoras da editorial». En cuanto a la publicación de estos dos ensayos en castellano, sostiene que no sabe «nin siquiera se se van a publicar en castelán».

«PARA SER FELIZ HAY QUE TENER CAPACIDAD PARA OLVIDAR E IGNORAR” (ENTREVISTA CON ANTONIO GAMONEDA EN DIARIO DE LEÓN)

 ©Fernando Alvarado

Entrevista:

ANTONIO GAMONEDA, poeta

«PARA SER FELIZ HAY QUE TENER CAPACIDAD
PARA OLVIDAR E IGNORAR" 

·El premio Cervantes leonés está a punto de publicar ‘Canción errónea’, ocho años después de su anterior poemario.

·Trabaja además en la segunda parte de sus memorias y en un libro manuscrito sobre dibujos de Mestre.

·La muerte sigue siendo su gran tema, aunque lo aborda desde otra actitud, equivalente a la serenidad.

Por VERÓNICA VIÑAS
(Publicado en Diariodeleon.es,
01/09/2012)

—Han pasado ocho años desde ‘Cecilia’, su anterior poemario, ¿ha dedicado todo este tiempo a ‘Canción errónea’?

—No únicamente. En Canción errónea hay algún poema antiguo, pero casi todos son del último año y medio. En este tiempo he viajado sin saber para qué. Me he dejado la piel a tiras por el mundo. También he estado inmerso en mis memorias e incluso en otro libro de poemas.

—¿Cuándo publica el libro?

—En la primera quincena de octubre.

—¿Están sus grandes temas en este nuevo poemario o los afronta desde otra actitud?

—En la acción conmigo mismo hay un cierto cambio de actitud. Es como si la vejez me hubiera empezado a aconsejar que hay que tomarse las cosas -la muerte, por ejemplo- no con una aceptación optimista, ni siquiera positiva, pero sí con indiferencia, que puede resultar equivalente a una forma de serenidad, lo que no me priva del mal ni del buen humor. Es una comprensión fatigada y nada entusiasta del hecho natural.

—¿Cuántas veces ha corregido ‘Canción errónea’ hasta que ha dado el visto bueno al libro?

—He hecho tres envíos de pruebas y todavía es posible que me manden más pruebas; y cualquiera sabe… No busco exactamente un mejor estilo, se trata más bien de reescritura, en el sentido de modificar el ángulo de visión o de la condición expresiva. No es corregir para mejorar, sino por descreimiento. Me gusta más el término reescritura que corrección.

—¿Cuál es el otro poemario en el que ha trabajado?

—Son poemas recientes. Tiene la particularidad de que son poemas manuscritos físicamente sobre dibujos de Mestre.

—¿Y cuándo verá la luz?

—Todavía no hay fecha. No queremos plantearlo. No queremos publicarlo en ningún caso de forma apresurada. Es una edición muy cara. Hay que buscar una editorial con la que tengamos la convicción de que va a ir bien. Digamos que el libro no está puesto en términos de edición, pero anda cerca. De cualquier forma, se publicará después de Canción errónea.

—¿Tiene título este poemario con dibujos de Mestre?

—Sí, Las venas comunales.

—¿Cómo surgió este libro en colaboración con Mestre?

—No hay un proyecto deliberado, ni por su parte ni por la mía. Teóricamente, los dibujos no tienen por qué tener una correspondencia clara con los poemas, ni a la inversa. Pero sí hay una comunidad de visión, en relación con la realidad existencial y su condición poética. Pensamos con cierta cercanía y es probable que esto aparezca de alguna manera.

—Hay mucha gente esperando la segunda parte de sus memorias, ¿cuándo piensa publicarlas?

—Todos los días trabajo en ellas con mayor o menor intensidad. Cuantitativamente, tengo la mitad del tiempo de las memorias. Sé que este libro que está dándome mucho trabajo, seguramente, cuando haya escrito la última página, estará disponible para una reescritura completa. Digamos que por ahora está lejos de su última versión.

—Usted suele poner el título antes de empezar un libro, ¿tiene ya el de la segunda parte de las memorias?

—No. Lo tenía y, precisamente, al ir escribiendo, ha ido perdiendo valor. Es normal que los títulos sean posteriores, pero puede ocurrir lo contrario. Con Un armario lleno de sombra sí decidí el título muy pronto, pero en este ha habido que echarlo abajo.

—¿La crisis provocará un empobrecimiento de la cultura o permitirá valorar lo esencial?

—Tienes razón en las dos cosas. Habrá una dificultad y un emprobrecimiento en el orden editorial. Habrá quizás menos libros y las ediciones serán más cortas y tal vez haya menos demanda, como cualquier otro producto que entra en el mercado, lo cual no es el hecho principal en un producto artístico. Los malos tiempos suelen ser positivos en el sentido de excitantes de la conciencia, con mayor altura cualitativa, más ceñidos y comprometidos con las circunstancias existenciales e históricas.

—La muerte es el gran tema de su obra, como es el gran tema de la vida, ¿hay una lectura cambiante sobre ella a lo largo de sus poemarios?

—Creo que sí. Las cosas no se vuelven del revés, pero sí he entrado en una forma de serenidad.

—¿Cuántos poemas integran ‘Canción errónea’?

—Sesenta o quizá más.

—¿Son ahora los poetas la voz más combativa?

—No lo veo con claridad ni en los demás ni en mí mismo. La poesía está buscando caminos; claro que, a veces, hay que extraviarse primero. Esto le ocurre a la poesía española desde la Generación del 27. Los pequeños cambios no tienen significación mayor. Los cambios que tienen un sustento en la conciencia histórica, en la cultura y en la escritura de creación se mueven en virtud de los elementos existenciales que la suscitan. Llevamos casi 80 años, desde la Guerra Civil, tratando de encontrar una dirección que suponga un tramo serio. Si hablamos de Barroco, de Romanticismo… ahora el gran tramo histórico está sin producirse.

—¿En la poesía no caben los atajos?

—No los hay. Puede haber una cierta capacidad anticipatoria. Puede que antes que los sociólogos, los antropólogos o los historiadores, la poesía entre en un terreno de percepción. Esa confusión poeta-profeta que está en los tratados es teórica. No hay que creer en esa condición, pero es cierto que puede darse alguna anticipación.

—Usted abrió en los cincuenta un nuevo camino para la poesía y también ha habido otros poetas….

—No me gusta hablar ni de otros colegas ni de mí mismo. Lo que llamas nuevos caminos son movimientos míos y de otros que no suponen alcanzar ese tramo con valor histórico serio. Esto no perjudica totalmente la calidad de la poesía. Se habla en España de tremendismo, de poesía social, experimental, de poesía de la experiencia, racional… son pequeños gestos, movimientos que no suponen el tramo histórico que debería llegar y seguramente lo veré.

—¿Es usted su peor juez?

—Supongo que sí soy autoexigente. Hay otros que me juzgan peor que yo a mí mismo. Hay creadores que disienten de lo que yo hago y en ese sentido son más duros, lo que no significa que yo me felicite.

—¿Tiene algún asunto pendiente con su propia poesía?

—El camino que no encuentro, que es como andar con los ojos cerrados por la galería de una mina, aunque igual te encuentras con una salida.

—¿Sólo los ilusos son felices?

—Puede ser. Feliz es un hombre que está en plena conformidad con el hecho de existir y dejar de existir. Difícilmente alguien puede ser completamente feliz. Hay que tener capacidad para olvidar e ignorar.

—¿Es tan malo olvidar?

—Es incluso necesario, en el sentido del pasado que podría ser un sufrimiento añadido. El olvido también es difícil. Yo lo comprendo e, inconscientemente, lo practico en términos parciales. No condeno, desde luego. También puede ser una manera de perder conciencia.

—¿Resulta difícil ‘conciliar’ a diario el hecho de escribir poesía y narrativa?

—Es inevitable que haya una comunicación. La poesía puede estar en cualquier género de escritura o puede no estar. En el aspecto mecánico son terrenos diferentes y me muevo con más dificultad en la narrativa; y sí lo noto, aunque no se trata de realidades literarias divergentes.

­—¿Cuando empieza un libro parte de un esquema o lo va cocinando poco a poco?

—El esquema está. Ya lo dijo de manera insuperable Juan de la Cruz: ‘Un no saber sabiendo’. Realmente, el poeta sabe, pero quizá no sabe que sabe. Es la realización de la palabra la que le procura el conocimiento.

—¿Cree en el poder curativo de la palabra?

—Es cierto que la escritura enraizada en la vida, en alguna medida, es liberadora; como si aquello que te roe interiormente lo objetivaras. Las cosas siguen, pero si no es una liberación, se le parece.

 

Antonio Gamoneda en afrikáans

August 12, 2012

 Haz un click para entrar en el blog de De Waal Venter

 

Saterdag
Antonio Gamoneda
(Fragment)

My gesig stowe in die hande van die blinde beeldhouer.

In die suiwerheid van stil binnepleine dink hy soetweg aan selfmoorde; hy skep ouderdom:

gister en vandag is reeds vermeng in my hart.

· · ·

Die huilende dier lek die skadu’s van jou moeder en jy onthou ‘n ander tyd: daar was niks in die lig nie; jy het net die vreemdheid van die lewe gevoel. Later het die messlyper gekom en sy slang het jou ore binnegedring.

Nou is jy bang, en skielik duisel jy van presiesheid: dieselfde onsigbare fistula resoneer onder jou venster: die messlyper
het aangekom.

Jy hoor die musiek van beperkinge en sien die wenende dier naderkom.

· · ·

DE WAAL VENTER[Versión: DE WAAL VENTER]

Sábado
Antonio Gamoneda

Mi rostro hierve en las manos del escultor ciego.

En la pureza de los patios inmóviles él piensa dulcemente en los suicidas; está creando la vejez:

ayer y hoy son ya el mismo día en mi corazón.

· · ·

El animal de llanto lame las sombras de tu madre y tú recuerdas otra edad: no había nada dentro de la luz; sólo sentías la extrañeza de vivir. Luego venía el afilador y su serpiente entraba en tus oídos.

Ahora tienes miedo y, de pronto, te embriaga la exactitud: la misma fístula invisible está sonando bajo tu ventana: ha venido el
afilador.

Oyes la música de los límites y ves pasar al animal del llanto.

 

23 de junio, Día del Español: Gamoneda elige la palabra ‘Tú’

June 23, 2012

 'Tú', la palabra favorita de Antonio Gamoneda

 Haz un click en la imagen para escuchar a
ANTONIO GAMONEDA
en la página del Instituto Cervantes.

‘Canción errónea’, un poema inédito de Gamoneda en El Cultural

June 22, 2012

 http://farogamoneda.blogsome.com/images/1%20cultural%2014%20poetas.jpg

 ~ ~ ~

Poema inédito de Antonio Gamoneda

 

[Haz click para leer los 14 poemas en El Cultural]
~

ANTONIO GAMONEDA
publicará en otoño
su nuevo libro de poemas,
‘Canción errónea’,
editado por Tusquets.

Gamoneda en Arquitrave.com

June 18, 2012

 Gamoneda en Arquitrave.com

Haz click en la imagen para leer
el artículo de Dasso Saldívar.

Alejandro Vargas (una vez más)

May 17, 2012

 ALEJANDRO VARGAS Y ANTONIO GAMONEDA

UNA OBRA DE ALEJANDRO VARGAS

‘ALEJANDRO VARGAS (una vez más)’

Un artículo de ANTONIO GAMONEDA
en Diario de León

14/05/2012

Sí, una vez más en León. Hago esta mención para iniciar este texto comentado que las exposiciones de Vargas se dan distanciadas entre sí por numerosos años. Habría que reprochárselo si no ocurriese que esta infrecuencia se corresponde con una también infrecuente demostración de excepcional calidad. Vargas es uno de los creadores –en ningún caso el menos importante– de la abstracción pictórica española que fructificó en Paris en los años cincuenta. Su obra ha evolucionado en modo felizmente progresivo. En cada ocasión nos proporciona una novedosa, más depurada y elevada presencia de los datos conceptuales y de las virtudes realizadoras. En cada ocasión los espacios se dan más y mejor poblados por una belleza significativa y realmente pictórica.

Pienso que la actual pintura de Vargas supone una culminación tanto en el orden estético como en el que cabría llamar ideológico. Voy a intentar aclararme sobre este segundo aspecto.

No hay en su pintura una ideología, en el sentido en que ésta se entiende habitualmente; no está orientada a hacer perceptibles unas convicciones, no. Lo que se da en su composición y en su pincelación, en la ordenación de las luces y las sombras, es la expresión de una conciencia subyacente, de un pensamiento impensado. Y ¿qué es un pensamiento impensado? Se lo diré rápida y lapidariamente: un pensamiento poético. San Juan de la Cruz lo define insuperablemente: un no saber sabiendo. Quiero anotar también, literalmente, una propuesta interrogativa de Chillida: ¿No son la construcción y la poesía componentes esenciales de todas las artes?

En la actual pintura de Vargas se hace visible un particular dinamismo de la pincelada; el figurativismo paisajístico viene dado más por la fugacidad cromática que por su configuración descriptiva. Y ¿hacia dónde, hacia qué se orienta esa fugacidad, esa dinámica del color ? Voy a intentar decirlo; voy a intentar decir las significaciones que esta pintura proporciona a mi sensibilidad.

Es como si la representación de los elementos terrestres se moviese con el fin de relacionarse con la atmósfera, con la levedad aérea, con la luz, y también, incluso (este es un supuesto mío), con un… más allá. Dicho de otra manera: el acá y el allá no son espacios diferenciados; son, en una sola y única representación, presencia estremecidamente con-fundida, interpenetrada; de manera que un paisaje no es, simplemente y según la lógica figurativa habitual, un fragmento geofísico concretado por unos límites, porque el fragmento, en su fugacidad, se trasciende a sí mismo, se universaliza, nos ofrece una sugerencia cosmogónica y, aún y como ya tengo insinuado, un más allá.

De ahí que yo me incline a opinar que la estética pictórica de Vargas conlleva una «ideología». Él sabrá (aunque bien pudiera no saberlo sin merma de la legitimidad estética) cómo hace visibles en sus cuadros realidades que se entienden y son de naturaleza invisible. Retorno a la frase de Chillida: «… la poesía es un componente esencial de todas las artes». Y añado, de mi propia cosecha: el lenguaje poético (escultórico, pictórico, musical…) es aquél que nos dice lo que no puede decir el lenguaje convencional.

El que esta «adivinación ideológica» me proporcione también un gozo visual es motivado, precisamente, por el alto grado estético sensible en la obra. La gran obra de arte lo es cuando crea placer y conocimiento simultáneamente. Un conocimiento «otro», un conocimiento que no procede explicar, porque la explicación destruye el misterio, valor principal del pensamiento artístico-poético.

Al llegar a este punto y como por casualidad, el, para mí, ininteligible aparato que es el ordenador, ha funcionado «providencialmente»; ha sacado de su «papelera» un viejo escrito mío sobre la pintura de Vargas. Veo que hay en él algunas consideraciones que, debidamente matizadas, cosa que voy a hacer, son válidas para su creación del presente. Decía yo entonces y digo ahora:

« … en Vargas no existe el añejo pleito de figuración / abstracción. Él habla del ‘orden del paisaje’, y el paisaje y el paisajismo se dan en él plenamente interiorizados. No se ocupa ni preocupa tanto de su descripción como de su revelación, que no es lo mismo (…) ; no son los contornos paisajísticos colocados en perspectiva lo que más tira de él, sino la rítmica incorporada a la imposición de pintura en el plano, una fugacidad del trazo que se orienta a la envoltura atmosférica luminosa y a la sugestión (sospecha mía, ya lo he dicho) de… «un más allá»; una sugestión en la que (…) se con-funden visión y pensamiento. (…). Sus cuadros (…) están habitados por un hecho luminoso, por un momento en el que la luz determina la ordenación, una ordenación que, ajena a cualquier fácil espiritualismo, comporta el atisbo de una trascendencia, de un espacio metafísico».

Esta ha sido –esta es– mi aventura visionaria, el gozoso extravío de mi sensibilidad en la obra reciente de Vargas. Tengo que empezar a terminar, sí, pero hay algo, aplicable a Vargas, que todavía no he dicho y que está levemente apuntado en el viejo texto. Es lo siguiente.

La pintura es, ciertamente, un arte «primitivo» que podemos encontrar, como es sabido, incluso en las cavernas del paleolítico. Decir «primitivo» lleva consigo una connotación que superficialmente malentendida pudiera considerarse peyorativa. No. Es arte «primitivo» porque es connatural. Como la danza o el canto. En el animal humano, es connatural y estéticamente fundacional, la inclinación a practicar cualquier tipo de manifestación rítmica. El ritmo es, por tanto, la «madre» de todos los «corderos» artísticos, el generador de todas real-izaciones estéticas.

El «primitivismo» prehistórico, protohistórico, histórico o contemporáneo es, a su vez, una función corporal (del cuerpo y de sus sentidos), tan normal en los capacitados para pintura como lo es, en la universalidad de la especie, respirar o hacer el amor. Hay una fisicidad y una sensualidad, unas potencias clásicas que las actuales «virtudes» de la técnica, de la industria, del comercio y, finamente, la prepotente y falsa cultura neocapitalista (felizmente declinante, me parece) del consumismo pueden destruir. Sí, pueden –podrían– destruir la clasicidad, la tradición progresista, que es la que suscita las verdaderas vanguardias.

Vargas, la pintura de Vargas, responde plenamente a ese «primitivismo» (primitivismo avanzado, claro está) que tanto convoco. A pesar de su fervor por Rembrandt o por Van Gogh, de su amplio y profundo conocimiento del impresionismo, y de su actividad en la creación de la abstracción gestual. Porque Vargas hace, corporal y sensualmente, visual y manualmente, con la añadidura del pensamiento impensado, pintura-pintura.

Véanla (en la sala de la Obra Cultural de Caja España en SantaNonia), que creo que me van a dar la razón.

 

Gamoneda en una novela de Emilio Pascual

April 16, 2012

 Antonio Gamoneda

Gamoneda viaja hasta la Edad Media
· Emilio Pascual convierte al premio Cervantes leonés en uno de los personajes de su novela ‘El número de la bella’.
· ‘El libro de los venenos’ de Gamoneda y otras referencias leonesas aparecen en la obra ‘El número de la Bella’.
· «No faltan las alusiones a la monja Egeria, uno de los personajes más misteriosos de la cultura occidental».

Por NICOLÁS MIÑAMBRES
En Diario de León (15/04/2012)

Es frecuente que los escritores, especialmente muertos, resurjan como personajes literarios, pero no es de extrañar que Antonio Gamoneda aparezca en vida. La clave hay que buscarla en el valor de su obra, en su proyección y en la admiración y el afecto que muchos creadores sienten por él. Es el caso de Emilio Pascual, autor de El número de la Bella, una de las novelas más interesantes de las publicadas en España en los últimos años. Que su divulgación haya sido mínima dota de un valor especial a la obra. En ella, la presencia de Gamoneda es subrepticia y literaria, pero de gran valor simbólico.

Se trata de una novela de ambiente medieval, de profundo sustrato erudito, con cientos de referencias literarias en las que se mezclan las extraídas de la cultura clásica y las de procedencia contemporánea, y entre ellas no faltan las referidas al premio Cervantes leonés. Ambientada en el monasterio de Liébana, en el siglo VIII, la obra es «una intensa novela de amor», según escribe Ángel Basanta. Pero es un amor de resonancias místicas, con el Cantar de los cantares y el Cántico espiritual de San Juan de la Cruz como fuente esencial. La novela ofrece detalles leoneses, bercianos concretamente, como es el caso de la monja Egeria y Valerio del Bierzo, con su obra las Querimoniae, las «querellas». Se trata de «una especie de autobiografía fragmentaria y apasionante, que retrataba su carácter turbulento y combativo, como si hubiera sido templado en la fragua hidráulica de Compludo». El Valerio que Emilio Pascual presenta en la novela es, además, un hombre de obsesiva afición por los libros. Hombre de independencia absoluta, «su vocación irrefrenable de anacoreta en el Bierzo (…) lo hacía incompatible con la vida cenobítica». En esas referencias no falta la alusión a la monja Egeria, a buen seguro uno de los personajes bercianos más atractivos y misteriosos de los albores de la cultura occidental.

La onomástica de la novela tiene un buen representante en Asfodelario («era bisnieto de un sobrino de Valerio del Bierzo»), personaje relevante en la novela. Se dedica a quehaceres de cantería y, conocedor de las hierbas, es autor de un Venenorum liber, como Gamoneda.

De ahí surge el curioso juego literario, con fuente en Antonio Gamoneda. He aquí algunos ejemplos. Del beleño dice el narrador: «Con sus hojas anchas, largas, hendidas y vellosas y su raíz narcótica». En el Libro de los venenos, la descripción de Antonio Gamoneda es más completa, sin que falte una bella leyenda del beleño negro. La unción que se hace a la sacerdotisa tiene efectos misteriosos: «Con lo cual quedé confirmado en que Serwa llegó a sentir, como verdad física, alguna semejanza con las palabras o el cuerpo de los dioses».

Sugerente intertextualidad

En ocasiones, la descripción es semejante, como ocurre con el acónito («que en la forma y color es parecido al trigo»), pero Antonio Gamoneda se detiene con mayor profusión de detalles, recogiendo la curiosa historia de Cippo. Algo parecido ocurre con la cicuta. Si Emilio Pascual ofrece una breve descripción, el poeta leonés lleva a cabo una poética paráfrasis. La coincidencia descriptiva se da también en la descripción del abrótano. De Venenorum liber se ofrecen muestras escritas en latín, vertidas al castellano, y bastantes versículos de Gamoneda. [«…Ver con los ojos cerrados / el dolor que ya veo con los ojos abiertos».] [«Vi descender llamas doradas sobre muros de sombra. / Eso fue antes de la aparición de los símbolos».] [«Alguien está diciendo adiós, adiós sin palabras».] [«¿Quién puede resistir la perfección del silencio?».] [«El resplandor está en la muerte». «Oyes la música de los límites y ves pasar al animal del llanto».

Este versículo del Libro del frío tal vez sea el mejor colofón para comprobar cómo el espíritu de Antonio Gamoneda le ha servido a Emilio Pascual para ofrecer sugestivas muestras de intertextualidad del poeta leonés que, con una hierba ignota, evoca su vida: «Hay una hierba cuyo nombre no se sabe; así ha sido mi vida».]

‘Después de veinte años’, un poema de ANTONIO GAMONEDA en la voz de SARA VEIRAS

 ANTONIO GAMONEDA en el blog de SARA VEIRAS

‘Después de veinte años’,
un poema de ANTONIO GAMONEDA
en la voz de SARA VEIRAS.

(Haz un click en la imagen
para entrar en el blog de SARA VEIRAS y escucharlo)

…ayer (hoy) mañana…

April 13, 2012

 faro gamoneda y el 14 de abril

 

‘El pensamiento luminoso’, un texto de Eloísa Otero para el libro ‘Veo la luz’ de AMANDO CASADO & ANTONIO GAMONEDA

March 17, 2012

 ©FOTOGRAFÍA DE AMANDO CASADO

EL PENSAMIENTO LUMINOSO

Un texto de ELOÍSA OTERO
para el libro ‘Veo la luz’ de AMANDO CASADO,
con fragmentos poemáticos de ANTONIO GAMONEDA.


   ¿Cada instante del universo entraña su propia historia?
   “La vida es un extraño viaje desde la inexistencia hacia la inexistencia” dice Gamoneda, el poeta de la luz, el mismo que afirma que él nunca sabe lo que sabe hasta que no se lo dicen sus propias palabras.
   La realidad se puede descomponer en múltiples realidades simultáneas. Si la cámara es la pluma del fotógrafo, las fotografías son su voz y su mirada, lugar de encuentro. El fotógrafo capta el reflejo de algo que existió en algún punto del espacio-tiempo. Pero lo que queda de ese momento, su memoria impresa, no es más que el reflejo de la materia en un instante vital irrepetible y único.
   Entre todos los caminos de la vida, hay uno que cuenta de verdad. En él las preguntas te llevarán mucho más lejos que tus pies, aunque calces botas de siete leguas. Día tras día, mientras el dolorido cuerpo se abre al paso con el talón en pura boja, cada instante se suma a su relato. De noche, bajo la luz de estrellas extinguidas hace miles de años, hay un algo intangible que aletea interfiriendo en la interpretación sentimental de las imágenes, desafiando al mero entendimiento sensorial.
   Música, pálpito, huellas espectrales. Sobre el papel emulsionado emerge el alma contenida de la materia y de las cosas. Los petroglifos, antiquísimas piedras escritas, invitan a reinterpretar los derroteros.
   Y en el camino surge, de pronto, la iluminación: este libro es el relato de una búsqueda, pero también la construcción de un pensamiento. Como Gamoneda, Amando Casado se extravía en la luz, tanteando otra verdad distinta a la que se ilumina en primer término, otra verdad contenida. (“La luz es de todos los hombres. / También la tierra lo será algún día. / Si tu pensamiento es libre como la luz / que tus manos sean generosas como la tierra”).
   Poesía de la mirada es lo que encontramos aquí, en estas páginas en las que se recrea visualmente un camino (el ‘Camino de la Luz’), inquiriendo en nuevas percepciones. No se trata de autentificar la realidad, sino de extraerle reflejos inéditos capaces de conformar una realidad nueva. Y es que, al contrario de lo que solemos creer, la luz no es algo que incida sobre la materia de forma directa, sino que es el reflejo de toda la materia, incluidos nosotros mismos.
    Ver la luz. Estudiar su composición, sus manifestaciones, sus provocaciones. Y, a la vez, dejar testimonio de las infinitas y distintas miradas que se pueden depositar, reflexivamente, sobre una misma materia reflectante.
   “Pero, ¿soy yo quien mira con mis ojos?” (Antonio Gamoneda). La pregunta surge en cada imagen, en cada uno de sus instantes vitales contrariados. No son mis ojos. Son otros los ojos a través de los cuales puedo, ahora sí, ver la luz. Pensar la luz.
   El pensamiento, como la utopía, sirve para caminar. Como la luz, se proyecta hacia el futuro. Es creación (consigue que algo valioso que no existía exista) y revelación (convierte en visible lo invisible). Amplía el territorio de lo real explorando más allá de lo percibible o entendible. El pensamiento cambia el mundo.

 

 ~ ~ ~ 

VEO LA LUZ  Fotografias de: AMANDO CASADO  Fragmentos poemáticos de: ANTONIO GAMONEDA

 

Datos del libro VEO LA LUZ

Fotografias de: AMANDO CASADO

Fragmentos poemáticos de: ANTONIO GAMONEDA

Textos de:
ELOÍSA OTERO,
JUAN CARLOS MESTRE,
LUIS GRAU LOBO
y ROBERTO CASTRILLO

Edita: HÉCTOR ESCOBAR
León, 2011

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Audiovisual: Veo la luz en el camino (DVD incluido en el libro).

Fotografías: Amando Casado.

Voz e interpretación: Antonio Gamoneda.

Banda sonora original: SENÉN GARCÍA GARCÍA DE LONGORIA

Vindicación de Gamoneda

February 22, 2012
 
 
 
Leer la noticia del Diario de León en Isla Kokotero.

 
 
La antología ‘Por donde pasa la poesía’
se presenta en el Matadero de Madrid,
el viernes, 24 de febrero, a las 20 horas.

Un artículo de JUAN C. GALÁN en La Voz de Asturias

February 10, 2012

 
Gamoneda en una fotografía de Daniel Mora

GAMONEDA, ante su última epifanía

El poeta ovetense publicará en otoño ‘Canción Errónea’,
su más reciente obra,
y ultima otro tomo de sus memorias

09/02/2012 / 00:00
Por JUAN C. GALÁN
Para La Voz de Asturias

~ ~ ~
Antonio Gamoneda da dos pasos hacia adelante, como simulando prisa, cuando se le mentan sus proyectos futuros. El Premio Cervantes de 2006, que en mayo cumplirá 81 años, prefiere contar lo justo de sus nuevas epifanías, de esos destellos de inspiración que, de vez en vez, le sacuden la mente hasta el punto de obligarle a coger la pluma y rellenar el espacio en blanco de la hoja. Son sus nuevos hijos aunque, como poeta, sabe Gamoneda que la fecundación ha sido in vitro: su mente y su pluma son catalizadores de esa energía que pulula por doquier y que emana directamente de sus prójimos.

No le hace gracia, pero habla. Tiene tres nuevos poemarios en cartera. En puridad, son dos: el tercer volumen en previsión es en realidad el segundo tomo de sus memorias. “No se puede prever cuándo se publicará. A ver si llego”, ironiza el insigne poeta ovetense. Lo que tiene más claro es su próxima publicación. Tiene incluso título: Canción Errónea. ¿Un examen de conciencia? ¿El reconocimiento de los errores vitales? “No, no, yo no me equivoco, se equivoca la canción”, apostilla, jocoso, con ese timbre de maestro de tardes lluviosas tras el cristal. “El poemario está lleno de dudas, de contradicciones, vamos que escribo del ser humano en sí. La poesía se hace consciente de esas cosas”, comenta, más profundo. El poemario está ahora “en reposo”, según señala el propio Gamoneda. “Quiero dejar que se asiente unos meses, organizarlo todo bien”, añade. ¿Saldrá en verano? “No, el verano no es buena época para editar poesía. Quizás en otoño o a finales de año”, avanza. En fin, estrategias editoriales. Del segundo volumen en cartera, Gamoneda prefiere no revelar nada. Aún está en pañales.

Los ojos de uno de los mejores poetas españoles de su generación han visto tantas cosas, que el repertorio para hacer poesía es infinito. En enero se publicaron dos poemas inéditos y en Latinoamérica las ediciones de sus obras manan como arroyos. Pero no es Gamoneda el poeta del cemento y las hojas de hierba, de la realidad al estilo Whitman. ¿En qué se inspira? La explicación es, en sí misma, pura lírica. “La poesía es un pensamiento impensado. En nuestra cartografía cerebral hay un polígono encargado de pensar palabras de manera rítmica. Luego, al escribir, hay que teñirlas de nuestras convicciones, pero ni hay premeditación, ni previsión, ni plan”, son las palabras de todo un Premio Cervantes. ¿Algo así como una epifanía? “Algo así, algo así”, contesta, entornando los ojos y trazando semicircunferencias con la mano, para significar que el término se aproxima.

El Jovellanos íntimo Antonio Gamoneda visitó ayer Gijón para presentar la Oda a Jovellanos , a la que ha puesto letra, en los locales del Ateneo que lleva el nombre del prócer. El proyecto es un empeño del tenor Joaquín Pixán, que pone la voz, mientras que la música es de Jorge Muñiz. Pedro De Silva, él mismo descendiente de Jovellanos, fue el artífice de que Gamoneda pusiera letra al canto al prócer. No fue fácil. “Me daba cierta pereza”, reconoce el poeta. “No suelo escribir sobre temas dados”, añade. Sin embargo, Gamoneda se imbuyó de los diarios y la correspondencia de Jovellanos y, poco a poco, el proyecto le empezó a hacer tilín. “Descubrí un hombre sencillo, humano, cariñoso pero con ramalazos de enfado y de rebeldía, como cuando se opuso a los mandamientos de su familia, que quería que fuera cura. En eso baso mi libreto”, explica Gamoneda.

D

‘Oda a Jovellanos’ / Un cartel y un blog

February 8, 2012

 'Oda a Jovellanos'

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‘Oda a Jovellanos’

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