Gamoneda desde Isla Kokotero
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Emilio Pascual convierte al premio Cervantes leonés en uno de los personajes de su novela ‘El número de la bella’.
‘El libro de los venenos’ de Gamoneda y otras referencias leonesas aparecen en la obra ‘El número de la Bella’.
«No faltan las alusiones a la monja Egeria, uno de los personajes más misteriosos de la cultura occidental».
Por NICOLÁS MIÑAMBRES
En Diario de León (15/04/2012)
Es frecuente que los escritores, especialmente muertos, resurjan como personajes literarios, pero no es de extrañar que Antonio Gamoneda aparezca en vida. La clave hay que buscarla en el valor de su obra, en su proyección y en la admiración y el afecto que muchos creadores sienten por él. Es el caso de Emilio Pascual, autor de El número de la Bella, una de las novelas más interesantes de las publicadas en España en los últimos años. Que su divulgación haya sido mínima dota de un valor especial a la obra. En ella, la presencia de Gamoneda es subrepticia y literaria, pero de gran valor simbólico.
Se trata de una novela de ambiente medieval, de profundo sustrato erudito, con cientos de referencias literarias en las que se mezclan las extraídas de la cultura clásica y las de procedencia contemporánea, y entre ellas no faltan las referidas al premio Cervantes leonés. Ambientada en el monasterio de Liébana, en el siglo VIII, la obra es «una intensa novela de amor», según escribe Ángel Basanta. Pero es un amor de resonancias místicas, con el Cantar de los cantares y el Cántico espiritual de San Juan de la Cruz como fuente esencial. La novela ofrece detalles leoneses, bercianos concretamente, como es el caso de la monja Egeria y Valerio del Bierzo, con su obra las Querimoniae, las «querellas». Se trata de «una especie de autobiografía fragmentaria y apasionante, que retrataba su carácter turbulento y combativo, como si hubiera sido templado en la fragua hidráulica de Compludo». El Valerio que Emilio Pascual presenta en la novela es, además, un hombre de obsesiva afición por los libros. Hombre de independencia absoluta, «su vocación irrefrenable de anacoreta en el Bierzo (…) lo hacía incompatible con la vida cenobítica». En esas referencias no falta la alusión a la monja Egeria, a buen seguro uno de los personajes bercianos más atractivos y misteriosos de los albores de la cultura occidental.
La onomástica de la novela tiene un buen representante en Asfodelario («era bisnieto de un sobrino de Valerio del Bierzo»), personaje relevante en la novela. Se dedica a quehaceres de cantería y, conocedor de las hierbas, es autor de un Venenorum liber, como Gamoneda.
De ahí surge el curioso juego literario, con fuente en Antonio Gamoneda. He aquí algunos ejemplos. Del beleño dice el narrador: «Con sus hojas anchas, largas, hendidas y vellosas y su raíz narcótica». En el Libro de los venenos, la descripción de Antonio Gamoneda es más completa, sin que falte una bella leyenda del beleño negro. La unción que se hace a la sacerdotisa tiene efectos misteriosos: «Con lo cual quedé confirmado en que Serwa llegó a sentir, como verdad física, alguna semejanza con las palabras o el cuerpo de los dioses».
Sugerente intertextualidad
En ocasiones, la descripción es semejante, como ocurre con el acónito («que en la forma y color es parecido al trigo»), pero Antonio Gamoneda se detiene con mayor profusión de detalles, recogiendo la curiosa historia de Cippo. Algo parecido ocurre con la cicuta. Si Emilio Pascual ofrece una breve descripción, el poeta leonés lleva a cabo una poética paráfrasis. La coincidencia descriptiva se da también en la descripción del abrótano. De Venenorum liber se ofrecen muestras escritas en latín, vertidas al castellano, y bastantes versículos de Gamoneda. [«…Ver con los ojos cerrados / el dolor que ya veo con los ojos abiertos».] [«Vi descender llamas doradas sobre muros de sombra. / Eso fue antes de la aparición de los símbolos».] [«Alguien está diciendo adiós, adiós sin palabras».] [«¿Quién puede resistir la perfección del silencio?».] [«El resplandor está en la muerte». «Oyes la música de los límites y ves pasar al animal del llanto».
Este versículo del Libro del frío tal vez sea el mejor colofón para comprobar cómo el espíritu de Antonio Gamoneda le ha servido a Emilio Pascual para ofrecer sugestivas muestras de intertextualidad del poeta leonés que, con una hierba ignota, evoca su vida: «Hay una hierba cuyo nombre no se sabe; así ha sido mi vida».]
‘Después de veinte años’,
un poema de ANTONIO GAMONEDA
en la voz de SARA VEIRAS.
(Haz un click en la imagen
para entrar en el blog de SARA VEIRAS y escucharlo)

Un texto de ELOÍSA OTERO
para el libro ‘Veo la luz’ de AMANDO CASADO,
con fragmentos poemáticos de ANTONIO GAMONEDA.
¿Cada instante del universo entraña su propia historia?
“La vida es un extraño viaje desde la inexistencia hacia la inexistencia” dice Gamoneda, el poeta de la luz, el mismo que afirma que él nunca sabe lo que sabe hasta que no se lo dicen sus propias palabras.
La realidad se puede descomponer en múltiples realidades simultáneas. Si la cámara es la pluma del fotógrafo, las fotografías son su voz y su mirada, lugar de encuentro. El fotógrafo capta el reflejo de algo que existió en algún punto del espacio-tiempo. Pero lo que queda de ese momento, su memoria impresa, no es más que el reflejo de la materia en un instante vital irrepetible y único.
Entre todos los caminos de la vida, hay uno que cuenta de verdad. En él las preguntas te llevarán mucho más lejos que tus pies, aunque calces botas de siete leguas. Día tras día, mientras el dolorido cuerpo se abre al paso con el talón en pura boja, cada instante se suma a su relato. De noche, bajo la luz de estrellas extinguidas hace miles de años, hay un algo intangible que aletea interfiriendo en la interpretación sentimental de las imágenes, desafiando al mero entendimiento sensorial.
Música, pálpito, huellas espectrales. Sobre el papel emulsionado emerge el alma contenida de la materia y de las cosas. Los petroglifos, antiquísimas piedras escritas, invitan a reinterpretar los derroteros.
Y en el camino surge, de pronto, la iluminación: este libro es el relato de una búsqueda, pero también la construcción de un pensamiento. Como Gamoneda, Amando Casado se extravía en la luz, tanteando otra verdad distinta a la que se ilumina en primer término, otra verdad contenida. (“La luz es de todos los hombres. / También la tierra lo será algún día. / Si tu pensamiento es libre como la luz / que tus manos sean generosas como la tierra”).
Poesía de la mirada es lo que encontramos aquí, en estas páginas en las que se recrea visualmente un camino (el ‘Camino de la Luz’), inquiriendo en nuevas percepciones. No se trata de autentificar la realidad, sino de extraerle reflejos inéditos capaces de conformar una realidad nueva. Y es que, al contrario de lo que solemos creer, la luz no es algo que incida sobre la materia de forma directa, sino que es el reflejo de toda la materia, incluidos nosotros mismos.
Ver la luz. Estudiar su composición, sus manifestaciones, sus provocaciones. Y, a la vez, dejar testimonio de las infinitas y distintas miradas que se pueden depositar, reflexivamente, sobre una misma materia reflectante.
“Pero, ¿soy yo quien mira con mis ojos?” (Antonio Gamoneda). La pregunta surge en cada imagen, en cada uno de sus instantes vitales contrariados. No son mis ojos. Son otros los ojos a través de los cuales puedo, ahora sí, ver la luz. Pensar la luz.
El pensamiento, como la utopía, sirve para caminar. Como la luz, se proyecta hacia el futuro. Es creación (consigue que algo valioso que no existía exista) y revelación (convierte en visible lo invisible). Amplía el territorio de lo real explorando más allá de lo percibible o entendible. El pensamiento cambia el mundo.
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Banda sonora original: SENÉN GARCÍA GARCÍA DE LONGORIAFotografias de: AMANDO CASADO
Fragmentos poemáticos de: ANTONIO GAMONEDA
Textos de:
ELOÍSA OTERO,
JUAN CARLOS MESTRE,
LUIS GRAU LOBO
y ROBERTO CASTRILLOEdita: HÉCTOR ESCOBAR
León, 2011~ ~ ~
Audiovisual: Veo la luz en el camino (DVD incluido en el libro).
Fotografías: Amando Casado.
Voz e interpretación: Antonio Gamoneda.

GAMONEDA, ante su última epifanía
El poeta ovetense publicará en otoño ‘Canción Errónea’,
su más reciente obra,
y ultima otro tomo de sus memorias
09/02/2012 / 00:00
Por JUAN C. GALÁN
Para La Voz de Asturias
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Antonio Gamoneda da dos pasos hacia adelante, como simulando prisa, cuando se le mentan sus proyectos futuros. El Premio Cervantes de 2006, que en mayo cumplirá 81 años, prefiere contar lo justo de sus nuevas epifanías, de esos destellos de inspiración que, de vez en vez, le sacuden la mente hasta el punto de obligarle a coger la pluma y rellenar el espacio en blanco de la hoja. Son sus nuevos hijos aunque, como poeta, sabe Gamoneda que la fecundación ha sido in vitro: su mente y su pluma son catalizadores de esa energía que pulula por doquier y que emana directamente de sus prójimos.
No le hace gracia, pero habla. Tiene tres nuevos poemarios en cartera. En puridad, son dos: el tercer volumen en previsión es en realidad el segundo tomo de sus memorias. “No se puede prever cuándo se publicará. A ver si llego”, ironiza el insigne poeta ovetense. Lo que tiene más claro es su próxima publicación. Tiene incluso título: Canción Errónea. ¿Un examen de conciencia? ¿El reconocimiento de los errores vitales? “No, no, yo no me equivoco, se equivoca la canción”, apostilla, jocoso, con ese timbre de maestro de tardes lluviosas tras el cristal. “El poemario está lleno de dudas, de contradicciones, vamos que escribo del ser humano en sí. La poesía se hace consciente de esas cosas”, comenta, más profundo. El poemario está ahora “en reposo”, según señala el propio Gamoneda. “Quiero dejar que se asiente unos meses, organizarlo todo bien”, añade. ¿Saldrá en verano? “No, el verano no es buena época para editar poesía. Quizás en otoño o a finales de año”, avanza. En fin, estrategias editoriales. Del segundo volumen en cartera, Gamoneda prefiere no revelar nada. Aún está en pañales.
Los ojos de uno de los mejores poetas españoles de su generación han visto tantas cosas, que el repertorio para hacer poesía es infinito. En enero se publicaron dos poemas inéditos y en Latinoamérica las ediciones de sus obras manan como arroyos. Pero no es Gamoneda el poeta del cemento y las hojas de hierba, de la realidad al estilo Whitman. ¿En qué se inspira? La explicación es, en sí misma, pura lírica. “La poesía es un pensamiento impensado. En nuestra cartografía cerebral hay un polígono encargado de pensar palabras de manera rítmica. Luego, al escribir, hay que teñirlas de nuestras convicciones, pero ni hay premeditación, ni previsión, ni plan”, son las palabras de todo un Premio Cervantes. ¿Algo así como una epifanía? “Algo así, algo así”, contesta, entornando los ojos y trazando semicircunferencias con la mano, para significar que el término se aproxima.
El Jovellanos íntimo Antonio Gamoneda visitó ayer Gijón para presentar la Oda a Jovellanos , a la que ha puesto letra, en los locales del Ateneo que lleva el nombre del prócer. El proyecto es un empeño del tenor Joaquín Pixán, que pone la voz, mientras que la música es de Jorge Muñiz. Pedro De Silva, él mismo descendiente de Jovellanos, fue el artífice de que Gamoneda pusiera letra al canto al prócer. No fue fácil. “Me daba cierta pereza”, reconoce el poeta. “No suelo escribir sobre temas dados”, añade. Sin embargo, Gamoneda se imbuyó de los diarios y la correspondencia de Jovellanos y, poco a poco, el proyecto le empezó a hacer tilín. “Descubrí un hombre sencillo, humano, cariñoso pero con ramalazos de enfado y de rebeldía, como cuando se opuso a los mandamientos de su familia, que quería que fuera cura. En eso baso mi libreto”, explica Gamoneda.
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[Antonio Gamoneda, en el Auditorio de Oviedo, el pasado mes de junio.
©FOTO: MARIO ROJAS]
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ENTREVISTA / ANTONIO GAMONEDA, poeta:
"Me interesó Jovellanos como persona"El Premio Cervantes pone letra a la cantata a Jovellanosque mañana miércoles se presenta en el Ateneo de Gijón
Por M. F. ANTUÑA
Para El Comercio.com de Gijón
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ENTREVISTA:
JOAQUÍN PIXÁN / Tenor
"LA VOLUNTAD ES PERDURAR EN EL TIEMPO"

Tres poemas inéditos revelan
a un Gamoneda más existencialLa revista ‘Fábula’ publica
‘Ahora mismo’, ‘Algunas dudas’ y ‘Fiesta’
efe | valladolid 31/01/2012
Tres poemas inéditos hasta la fecha, publicados ahora en una revista literaria de La Rioja, revelan a un Antonio Gamoneda más existencial, con preguntas, dudas y reflexiones sobre el sentido de la vida a las puertas de la marcha definitiva.
A sus ochenta años, el poeta leonés y premio Cervantes asiste con indiferencia a los años postreros de su existencia: «Ahora mismo, atiendo distraído a mi estertor. No hay en mí memoria ni olvido (…)/ Definitivamente/ (me he sentado/ a esperar a la muerte/ como quien espera noticias ya sabidas», confiesa en estos poemas.
Tres poemas. Son sensaciones que el poeta leonés percibe Ahora mismo, según el título del primero de los tres poemas que publica en su último número la revista literaria Fábula, dirigida por el filólogo Carlos Villar y que editan de forma conjunta la Universidad de La Rioja y la Asociación Riojana de Lectores, Escritores y Artistas.
Con Algunas dudas, título del segundo inédito, se asoma el autor de Arden las pérdidas a una cascada de versos donde concluye que «Lo mejor sería,/ efectivamente, no tener pensamiento, efectivamente,/ descansar un poco en la falsedad, y después,/ sin miedo ni esperanza,/ cesar».
Fiesta encabeza la tercera reflexión lírica donde Antonio Gamoneda observa «lagos de púrpura» que «pueblan el último jardín»: «En nuestros ojos/ resplandece un instante la agonía».
Extravío en la luz, del 2009, una edición de seis poemas inéditos con grabados de Juan Carlos Mestre, es el último poemario publicado por Gamoneda, que publicó ese mismo año Un armario lleno de sombra, sus memorias de infancia y juventud.
(En Diario de León)

Con motivo de los 80 años de Antonio Gamoneda, Vaso Roto Ediciones le dedica el presente volumen reuniendo voces de diferentes partes del mundo. Se optó por incluir 52 autores por ser este el número representativo de los años que duraba cada Era o Sol en la mitología del México antiguo. Así, como una desintegración de la luz, la palabra de este poeta viene a renovar el lenguaje y la manera de entender la raíz.
Jeanette L. Clariond (directora de Vaso Roto Ediciones)
y Antonio Gamoneda.

Con el hermoso título El guardián del fin de los desiertos, llega a mis manos uno de los libros que más he deseado desde hace un año, justo desde que en el otoño de 2010 finalizase en Almería un memorable ciclo de conferencias dedicado a José Ángel Valente. Desde la ciudad celeste, coordinado brillantemente por José Andújar Almansa y Antonio Lafarque (que ahora han sido los responsables de la edición de este volúmen publicado por Pre-textos), se celebró entre abril y noviembre de ese año en que se conmemoraba el décimo aniversario de su muerte, y ofreció tantas, tan diversas y tan enriquecedoras perspectivas del poeta que la reunión de aquellas intervenciones en un libro era ya, desde su propio anuncio, un acontecimiento literario de primer orden.
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"Quién eres tú, quién soy,dónde terminan, dime, las fronterasy en qué extremode tu respiración o tu materiano me respiro dentro de tu aliento."JOSÉ ÁNGEL VALENTE (Del libro Mandorla, 1982)
[Antonio Gamoneda en el Museo Pablo Gargallo]
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‘CITA CON GAMONEDA.
¿SON REALES LOS TOROS CELESTES?’,
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El jueves 17 de Noviembre en el museo Pablo Gargallo y gracias a la gestión de Nacho Escuín tuvo lugar una charla con el poeta Antonio Gamoneda y un homenaje a su figura. En estos actos siempre hay un ambiente de ritual, existe una liturgia casi religiosa. El jueves ese rito fue algo más, fue una celebración nunca interrumpida, desde el silencio expectante del público hasta el abrazo cariñoso del poeta, materializado en algunos privilegiados que pudimos honrarle con nuestras voces, pero dado a todos y cada uno de los presentes. Fueron surgiendo las palabras belleza, plasticidad, realidad, realidades, melancolía, ritmo, verdad, ética, locura… y con ellas los temas.
En esa tarde Gamoneda nos puso en las manos, frente a los ojos, los toros celestes de Lorca para que nos preguntáramos sobre su categoría ontológica. ¿Son reales los toros celestes? Hay realidad en tanto que tienen significado, significado recién parido, locura del poeta que los ha creado y verdad en la mente que los re-crea. La verdad se da en la comunicación sincera entre poeta y lector, en la piel profunda del poema, cuando se vence la superficie del fingimiento necesario del poeta. La palabra poética horada la realidad, la porción de realidad que se ponga en juego en un poema determinado, pero también perfora al lector. Ahí radica también la belleza del poema, más allá del pensamiento, debajo de lo explícito.
Cuajado en la luz, hirviendo,
después de mucha tierra deshabitada de pájaros,
surge un pueblo.
En abrasada gleba
guardan a sus muertos, mas
el silencia y la arcilla
se levantan y entran
en la vida.
Pensaba la belleza. Veo ahora
silencio edificado, corazones
amontonados por el amor.
Veo la vida en el centro de la luz; ya sé
que la belleza no necesita ser pensada.
Este descubrimiento de la verdad y de la belleza evoca la identidad que de ambos conceptos nos ha llegado desde la tradición de la antigua Grecia, ligada a términos como armonía y equilibrio. No obstante esa sinergia no se da en el ámbito de la racionalidad según Gamoneda sino en la irracionalidad, en la locura, en el disparate de la metáfora. Se da como sorpresa incluso del propio autor y lleva al conocimiento, una especie de re-conocimiento de lo que se sabía sin saber, “con un no saber sabiendo” (San Juan de la Cruz). El poeta no se sabe hasta que no se escribe.
Voy a leerle al maestro mi homenaje, su poema. Veo su cara de extrañeza y su gesto con la mano en la oreja cuando le digo torpemente: “Yo como Gamoneda”. Sus toros celestes están todavía en mi cabeza y un nudo de emoción en la garganta casi no me deja leer los siguientes versos:
El animal que Llora, ese estuvo en tu alma antes de ser amarillo;
el animal que lame las heridas blancas,
ése está ciego en la misericordia;
el que duerme en la luz y es miserable,
ése agoniza en el relámpago.
La mujer cuyo corazón es azul y te alimenta sin descanso,
ésa es tu madre dentro de la ira;
la mujer que no olvida y está desnuda en el silencio,
ésa fue música en tus ojos.
Vértigo en la quietud: en los espejos entran sustancias
corporales y arden palomas. Tú dibujas juicios y tempestades
y lamentos.
Así es la luz de la vejez, así
la aparición de las heridas blancas.
Los toros celestes ya no me abandonarían en toda la noche, me acompañan estos días en mi trabajo, cuando escribo esto, cuando leo y me alimento de Gamoneda. Espero que estén aquí toda mi vida.

Por VERÓNICA VIÑAS
En Diario de León
25/10/2011
La poesía de Gamoneda es pura música. Y su Libro del frío, poblado de raras criaturas como el ‘animal del llanto’ o el ‘animal perfecto’, es una fuente inagotable para los compositores. El argentino afincado en España Fabián Panisello también se ha dejado seducir por el ritmo que subyace en los versos del escritor leonés. Ha hecho una nueva versión musical del poemario que ya inspiró al gaditano José María Sánchez-Verdú. La Fundación BBVA, que ha producido el disco, acoge hoy, en su sede de la madrileña calle de Recoletos, la presentación de la obra para soprano y ensemble compuesta por Panisello sobre poemas del Libro del frío. En la premiere de este nuevo volumen de la colección Compositores españoles y latinoamericanos de música actual, Gamoneda leerá algunos de los textos elegidos por Panisello, la voz la pondrá la soprano Allison Bell y la música correrá a cargo del Ensemble Meitar.
Para Gamoneda será una sorpresa. Confiesa que aún no ha podido escuchar cómo suenan los once poemas del Libro del frío a los que Panisello ha puesto música, aunque ya se estrenaron en Buenos Aires y Viena, «donde no pude ir». El Cervantes leonés ignora por qué Panisello eligió su libro. «Me dijo que estaba trabajando sobre él y yo le di mi autorización». No es la primera vez que Gamoneda colabora con artistas de otras disciplinas. No sólo ha trabajado con músicos, sino támbién con artistas plásticos como Tápies, Sicilia, Álvaro Delgado o Félix Cárdenas. El frío, ese frío «que nunca ha cesado» ha sido determinante en la estética de Gamoneda. Al compositor gaditano José María Sánchez-Verdú también le atrajo el Libro del frío, al que puso música hace dos años y cuya obra estrenó en el marco del Festival Internacional de Órgano. Curiosamente, Verdú recurrió a la particularísima voz de un contratenor para cantar los versos del poeta leonés, quien entonces confesó: «Mi escritura es, antes de ser literatura, que lo es sólo secundariamente, un hecho existencial. Por tanto, con sus fallos, la escritura que yo hago no es que proceda, sino que es parte de esa vida». Gamoneda desconoce si Panisello conoce la versión de Sánchez-Verdú sobre el Libro del frío. «Ninguno ha incluido todo el libro», aclara.
Música aérea. Panisello, director de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, empezó a componer antes de aprender siquiera a escribir. Al compositor argentino le fascina la música africana, en la que centró su tesis, pero también le han marcado compositores como Bach, Ligeti, Mozart, Debussy, Mahler y el complejo Schönberg. «Me gusta que mi música tenga un carácter aéreo y que sólo en momentos puntuales toque tierra», confiesa el compositor. La rapidez es expresión sintomática de aquello que constituye la verdadera alma de la música de Panisello: el movimiento
Panisello ya puso música al documental Escritura y alquimia, dirigido por Enrique Corti y César Rendueles, una cinta que intercala declaraciones del poeta leonés en las que reflexiona en torno a su obra con materiales biográficos y lecturas de poemas a cargo del propio Gamoneda. La película se rodó en su casa y en escenarios que han sido determinantes en su vida. La camara seguía a Gamoneda por los lugares de su infancia, por el bosque, por la orilla del río en la que jugaba de niño y hasta el balcón de su casa en el Crucero, desde el que veía pasar las cuerdas de presos republicanos camino del campo de concentración de San Marcos.
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"AMO Y GOZO CON LA POESÍA DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ"
efe | la rábida 25/10/2011
El poeta leonés reconoció ayer en La Rábida (Huelva) que «ama y goza» con el Nobel de Literatura Juan Ramón Jiménez, cuya obra le «sorprendió» cuando apenas contaba 13 años.
Antonio Gamoneda fue el encargado de inaugurar el Congreso Internacional Presencia de Juan Ramón Jiménez en los poetas del 27, que hasta el próximo jueves, organizado por la Fundación Zenobia-Juan Ramón, se celebra en la sede de La Rábida de la Universidad Internacional de Andalucía. Una cita que tiene como objetivo desvelar la influencia «real» del poeta en los autores de dicha generación.
El premio Cervantes leonés, quien mostró su satisfacción por encontrarse en La Rábida, reconoció que para él Juan Ramón representa, «sino el primer descubrimiento de lo que es el lenguaje y el pensamiento poético, casi el primero». Manifestó que este poeta le sorprendió «gratamente» con su segunda antología (tema central de su conferencia), cuando tenía trece años, sin embargo afirmó que desconoce si la obra del Nobel ha impregnado su escritura «mucho o poco o nada».
«Respeto su memoria». «Sé que es un referente histórico de la poesía española, y que respeto su memoria y amo y gozo con su obra», explicó Gamoneda, para quien Juan Ramón es «todo eso y puede que más». José Antonio Expósito, coordinador científico del congreso, destacó a su vez que esta cita «ha reunido a los mejores para hablar de los más grandes». Para el especialista, los ponentes «aportarán cosas nuevas y desconocidas que dará una visión distinta de Juan Ramón a la luz de las últimas investigaciones en los archivos de Puerto Rico». Expósito participó con la charla Ecos de una voz: influencia de Juan Ramón Jiménez en la poesía del 27.
Querido Luis Miguel Rabanal:
Hoy es un día de las gentes más tuyas, las que te sintieron cercano antes, incluso, de que les dieses motivos para tenerte de manera especial en su corazón; antes de entristecerse por la traición de tu propio cuerpo o de sentirse crecidos en su orgullo por tu talento de poeta.
Puede parecerte que no tiene mucho sentido esto que digo, que, contrariamente, el día es tuyo porque en ti está centrado y tú eres la causa de una reunión emocionante, pero yo, que tiendo a buscar la verdad oculta sin despreciar la que está en primer término (quizá en esto nos parezcamos cuantos nos hemos perdido en el extraño territorio de la poesía), me voy a permitir, con pocos derechos, esta es la verdad, indagar un poco en esa propiedad colectiva de la circunstancia.
Luis Miguel: Riello, La Omaña, son un espacio que se busca a sí mismo (y se defiende cuando ha menester, y esto bien lo sabes tú), y este buscarse a sí mismo supone, lógicamente, la voluntad de encontrarse; encontrarse, sí, en las tradiciones y en la memoria colectiva, pero, sobre todo, en las causas vivas, en los intereses comunes, en los afectos presenciales, en lo que está ahí y es reconocido como propio y necesario. Y se da la circunstancia de que tú, con tu poderosa subjetividad, creador de un universo poético que pudiera ser entendido como rigurosamente privado, te has convertido en todos y cada uno de los hombres y mujeres de esa colectividad. Diré por qué.
No porque hayas escrito una docena, quizá larga, de libros que tienen una importancia y una gravedad indiscutibles en la poesía española, por mucho que tú rehuyas la notoriedad; no porque hayas obtenido premios con los que otros ya se sentirían sólidamente instalados en la historia de la literatura. Es por algo más sutil y más serio.
Yo me he dado cuenta de que tú, por razones de vigor intelectual, moral y emocional, has venido a ser algo así como ‘la conciencia’ de Omaña. No quiero decir, quede claro, el gestor que asume los problemas prácticos, aunque alguna vez no te hayas desentendido de ellos, sino otra cosa más infrecuente y difícil: algo así como la concentración espiritual, el "lugar" (¿te habían llamado alguna vez "lugar"?) de la capacidad de resistencia, de sentido de lo justo y lo injusto, de indignación, incluso, y, finalmente, de solidaridad y amor a la vida, a esa misma vida que es injusta con los pueblos de La Omaña, con los hombres y mujeres de La Omaña y, en especial, contigo.
¿Voy haciéndome entender? Muchos, todos, piensan para sí mismos: "Luis Miguel: éste sí que sabe hasta qué punto es dura la realidad". Y, simultáneamente, piensan también que tu dura realidad la has vivido siempre sin deponer la amistad o el amor.
Por esto tú eres su conciencia, es decir, por esto tú eres ellos, y por esto el día de hoy es de ellos: su día: su día en ti.
Yo, que no tengo conmigo el honor de ser omañés de naturaleza, pero que algo tiene que tocarme de todo esto aunque no sea más que por el respeto fraternal que te tengo; yo, que me he sentido expresado también por ti en muchas líneas de tu bella y temible escritura, me atrevo a decirte estas verdades en una carta que ha de ser pública porque no es solamente para ti.
Alguien (no sé quién, pero sí sé que será alguien que te quiere) leerá esta carta en alta voz. Aprovecho el préstamo oral para decir a todos: Omañeses: porque algo me toca en todo este asunto, ¡gracias! No puedo estar con vosotros, pero estoy poniendo todo mi corazón en este recado. Esto no es un escrito protocolario; es una carta de amistad. Y de agradecimiento.
Y a ti, Luis Miguel, más allá de la admiración y la solidaridad, un abrazo que vale para hoy y para siempre.
Tuyo, vuestro
Antonio Gamoneda

Se puede ver el original escaneado de la carta en Isla Kokotero
y las cuestiones que, a raíz de su manipulación, se han suscitado.

HABLA EL PASTOR
Sobre la calcificación de las semillas, ante las flores abrasadas y la desaparición del pensamiento,
tejen la yerba manos invisibles. Ah, cómo temo su pureza. Veo
lana sangrienta y, en los alimentos, grasa mortal, cánulas negras y, bajo ramas inmóviles, cuerdas y sombras y preservativos.
Pero, ¿soy yo quien mira con mis ojos?
Arden los huesos en el vértigo, oigo la fermentación del rocío: ¿quién llora bajo los árboles torturados? Veo
las llagas de la luz, altos patíbulos y serpientes y aceites industriales bajo los lóbulos de las amapolas.
¿Estoy yo en mí y peso sobre la tierra? Es extraño.
En cualquier caso, tengo miedo y los insectos viven en mi corazón.
ANTONIO GAMONEDA
‘En la biblioteca de Gamoneda,
un reportaje de CÉSAR COMBARROS para la Agencia Ical,
publicado en ElMundo.es
y emitido en Rtvcyl.es
con el título de ‘Gamoneda, el entomólogo de las palabras’.
La Agencia Ical inicia mañana la serie de reportajes
‘Las bibliotecas de los autores’ con Antonio Gamoneda

INDEPENDENCIA Y DENSIDAD
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Una antología de Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), un poeta alejado de catalogaciones generacionales y de racimos profetizantes, anclado en su León de adopción por circunstancias que encubren, seguramente, una voluntad de alejamiento del centro (y de las pertenencias heredadas) nada ajena a las solicitudes de su escritura, era a estas alturas obligatoria, seguramente; aunque no sé si necesaria. Que ésta haya sido realizada por él mismo garantiza, al menos, una dirección de lectura si no más acertada que otras, sí al menos más autorizada que casi todas.
En cualquier caso no era (y no ha debido resultárselo tampoco a Gamoneda) tarea sencilla la de entresacar fragmentos de un obra que, especialmente a partir de Descripción de la mentira (León, 1977), pero ya apuntando intenciones con anterioridad, ha ido dejándonos libros “de poema” completos y cuya continuidad de un libro a otro parece apuntar con claridad a un poema único.
La antología, a pesar de los riesgos de descontextualización señalados (que el autor bandea mediante un prólogo mínimo pero esclarecedor), servirá también para dar a conocer aspectos de la labor poética de Gamoneda quizás eclipsados por la publicación de Edad (Madrid, 1987), libro que reunía su obra completa hasta el momento (reordenada, corregida, y completada en buena medida), con el que en 1988 ganaba el Premio Nacional de Literatura. Digo esto porque si es cierto que fue Edad el libro que popularizó su poesía, y que sigue siendo el libro a través del cual más lectores van encontrándosela aún, no serán pocos los que se hayan quedado en él sin preguntarse por una producción posterior tanto o más interesante.
La obra de Antonio Gamoneda posee (es una opinión) una bisagra clara: Descripción de la mentira, un libro (y me temo que esto sea otra) sobre lo que el novelista Rafael Chirbes llamaba en su día la “gran traición” de una transición hecha a espaldas de los trabajadores, pero en el que Gamoneda toma conciencia de un proyecto poético personal y ambicioso: el del relato subjetivo de una conciencia hacia la disolución en lo general y hacia la muerte en lo particular. Lo que no significa que antes no encontremos ya los síntomas de tan proyecto (una bisagra es eso que propicia un cierre o una apertura, pero que a la vez une dos piezas adjudicándoles un nuevo sentido). No es raro, en efecto, encontrar formulaciones en poemas muy anteriores que encajarían perfectamente en Lápidas (Madrid, 1987), o en Libro del frío (Madrid, 1992), con sólo reorganizar su versificación. Lo que me hace pensar que a partir de cierto momento la voz de Gamoneda experimenta una liberación, una interiorización de la música de la historia que ya no necesita apoyarse ni en ritmos tradicionales ni en melodías de moda, sino que ha aprendido a escuchar en su propia conciencia esa organización abierta de lo sucesivo que caracteriza su largo fraseo, ceremonioso y directo a la vez, brillante y profundo a un tiempo. Una búsqueda, seguramente, que no habría dado los mismos frutos de no haber sido por el paso del poeta a través de las formas musicales afroamericanas en Blues castellano (Gijón, 1982), un libro prohibido en su día (1966) por la censura en el que el poeta se cuestiona planteamientos anteriores y desnuda su fraseo de retóricas al uso. Blues: comunicación de un adulto a otro adulto sobre asuntos de intenso contenido emocional.
Tiene que lidiar el autor, por lo visto, con esa ya gastada discusión (exclusiva de este país) sobre las intenciones y deberes de la poesía actual, y matiza en su prólogo su posición al respecto. La vivencia poética de la experiencia no es, no puede ser, automáticamente verbalizada, sino que es necesario interrogar al lenguaje mismo, obligarle a configuraciones que nos ayuden a conocerla reconociendo en ella aquella intuición que la experiencia dejó en nosotros (y que fue la que nos movió a compartirla). El resultado es esa rarísima combinación de independencia y densidad que sólo los mejores saben imprimir a su escritura.
La de Gamoneda, en fin, es una de esas lecturas fundamentales para todo el que quiera saber algo sobre nuestra poesía de los últimos cincuenta años y también de los próximos (pues su influencia en los más jóvenes es evidente). Esta antología servirá a muchos para acercarse a ella, desde el criterio del propio autor además, pero eso sí (y he de insistir en ello), no exime de una lectura completa de cada libro. Porque aquí Gamoneda está y no está, es y no es, se entrega y se disfraza.
Se dio a conocer como poeta en 1957 con ‘Voce na néboa’, al que siguieron ‘Antoloxía Popular’, ‘Sirventés pola destrucción de Occitania’, ‘Con pólvora e magnolias, ‘Poesía enteira de Heriberto Bens’, ‘O fin dun canto’ , ‘Erótica’, ‘Estirpe’ y, en 2005, ‘Contra Maquieiro (2005). La editorial Calambur reúne ahora, en edición bilingüe, en ‘Poesía fundamental (1976-2005)’, la obra decisiva de Méndez Ferrín, traducida al castellano por Eloísa Otero y Manuel Outeiriño y prologada por Antonio Gamoneda.
"Hacía ya algún tiempo —explica Ferrín— que la editorial Calambur tenía la idea de este libro y yo acepté la propuesta con mucho gusto. Xosé Manuel Outeiriño y Eloísa Otero, además de Antonio Gamoneda, estuvieron también muy activos en esa idea".
-En cuanto a la selección de las obras incluidas en esta recopilación en castellano y gallego, ¿echa de menos alguna?
-Yo los dejé en paz a ese respecto; no quise hacer una edición completa de mis poesías porque pienso que aún no están completas y espero que tarden mucho tiempo en estarlo.
-En una pequeña introducción de la editorial, lo tratan de ‘escritor de culto’. ¿Son palabras que provocan rubor o le expanden el alma?
-Ninguna de las dos cosas. Escritor de culto es uno que tiene algunos seguidores que son especialmente fieles. Pero creo que en esto existe el politeísmo. Yo le rindo culto a muchos autores. En todo caso, a mí me alegra que haya algunos lectores que me sigan.
-Gamoneda rememora cómo lo conoció a usted a través del poema Roi Xordo cuando lo leyó en gallego, sintiendo un ‘impulso pasional’. ¿Cree que ese es un poder de todas las lenguas o en especial del gallego?
-No creo que nuestro idioma (la entrevista con Ferrín fue realizada en gallego y el autor exige que se aclare) tenga un algo especial. Gamoneda es un leonés; por lo tanto, siente al igual que José María Merino o la propia Eloísa Otero su proximidad más a Galicia que a Castilla. Es lo que Mateo Díez llama cultura del noroeste, lo de poder escribir en castellano ‘tojo’ es para ellos muy importante. Nadie en la Meseta sabe lo que es un tojo. Esa llamada a lo ancestral que tienen los leoneses hizo que Gamoneda se fijase en la poesía gallega del siglo XX.
-¿Cómo empezaron a tener contacto con él? Usted incluso ha llegado a llamarlo ‘irmán’.
-A mí, me gusta tanto lo que hace que, a veces, me daría gusto soñar que yo escribí algún poema de Gamoneda. Hay una cierta simpatía mutua. Nos conocemos desde la revista Claraboya de los años sesenta en León.
-Se cumplen 35 años de ‘Con pólvora e magnolias’, poemario que abre el libro de Calambur. ¿Puede echar la vista atrás?
-Lo recuerdo perfectamente. Era el año 1976. No conseguí ningún editor; fue rechazado por todos. Tenía un diseño de Luís Mariño, lo edité y lo distribuí con él; era una edición de autor. No tuvo ninguna repercusión mediática; no hubo críticas; sin embargo, se agotaron rápidamente dos o tres ediciones. Ese fue el fenómeno. Tuvo más repercusión de la que yo podía pensar.
-Leyéndolos ahora, ¿cambiaría algo, cargaría más tinta?
-Hay que resistirse. Yo soy de los que no reescribo nada. Lo que está escrito, debe permanecer tal cual se escribió.
-En el poema ‘Irlanda’ cantaba a un Derry libre (ceibe). Días atrás, se registraron disturbios en Belfast.
-El proceso de paz es muy lento y en Irlanda no fue una rendición de las fuerzas independentistas y republicanas. Fue un alto el fuego para seguir discutiendo condiciones de incorporar Irlanda del Norte a la República. Las voces que quieren romper el proceso son, principalmente, las unionistas, los ingleses. Les molesta la paz. Pasa parecido en muchos lugares.
-En España…
-Es distinto.
-¿Piensa que hay que dar tanta importancia a la retirada de la imagen del Rey en el consistorio de Donosti?
-Desde luego no me produce ninguna molestia; todo lo contrario.
-El poema ‘Contra Maquilero’ arremete contra la usura del siglo pasado pero parece que hoy sigue vigente.
-En estos momentos, la locura es la banca, producto de la usura. Con la crisis, están intentando una reaparición del esclavismo, aparentemente.
-En las últimas semanas, algunas voces reclamaron a la Academia que preside mayor presencia femenina, ¿comparte esa exigencia?
-No tengo comentarios.
-Última cuestión, ¿sintió dolor existencial alguna vez por no parir literatura?
-No, al contrario. Al no necesitar escribir para vivir, siempre me permití una situación de amateur, de persona que está fuera del sistema. Eso fue cuando era joven y ahora mucho más. Nunca escribí mucho y ahora, de mayor, quizás sí tenga un poco más de prisa porque siento que se me acaba el tiempo. Tal vez escriba más ahora pero de manera privada, no tengo prisa alguna en publicar.


© Montaje y fotos de KOKOTERA.
En Valladolid, 4 de junio de 2011.
Desde el blog FARO GAMONEDA,
hacemos una llamada a todos/as los/as amigos/as
de ANTONIO GAMONEDA,
para que le enviéis FELICITACIONES POR SU 80 CUMPLEAÑOS
(los cumplirá el 30 de mayo de 2011)
en forma de pequeños o grandes textos,
poemas, fotos, dibujos, músicas…
Podéis enviarlas por e-mail,
o dejarlas sencillamente como comentario en el Faro.
Para el más grande poeta vivo de habla española,
con toda mi admiración y cariño, desde Santiago de Chile:
más allá
en sus manos delicadas abolió la espuerta,
el árnica apagó el amor como una inflamación
que se detesta por naturaleza
somos. eres, ahora y de continuo, la erosión,
mar contra roca, infinitamente mar, la presión de las aguas, todas
todas sobre un punto inefable
llegas a preguntarme por mí y la oscuridad es suculenta
en tu presencia
sólo tus ojos escupen signos para seguir
llevo tus párpados en andas,
tus luces son turquesa y lagos de altura,
nadie se atreve en tu presencia a sumergirse en ellos
yo, en cambio, acomodo los reales sobre mis cuencas
y apuro el remo silencioso,
esfuerzo la pupila hacia la orilla que sólo se dibuja en mi fiebre
ninguno ha vuelto,
yo no seré el primero en ablandar el corazón,
tendré que conformarme con la espera y la simplicidad de mis mitologías
R. Casanova
FELICITACIÓN PARA ANTONIO GAMONEDA
DE
FONSITO RODRÍGUEZ
&
COVA VILLEGAS
HAZ UN CLICK PARA ESCUCHARLA…
Se trata de una grabación casera de canción asturiana con fondo de clarinete bajo: a la voz la nieta de Don Xuan Uría, Cova Villegas, al clarinete el nieto de Don Eutimio, el maestro de Mansilla, Fonsito Rodríguez.
Muy pocos autores como Antonio Gamoneda representan la cicatriz que la guerra, pero sobre todo la posguerra española, dejaron en la poesía española del siglo XX. Incluso en los libros de la nueva centuria, escritos con la dificultad añadida de su incesante actividad cultural, tras haber sido reconocido con premios como el Cervantes o el Reina Sofía, el escritor mantiene ese carácter de herida abierta, de fantasmas que no terminan de disiparse ante la mirada permanentemente escrutadora del poeta. Su experiencia de niño en el barrio de El Crucero, y su no menos relevante experiencia como empleado de banca durante más de veinte años en su ciudad de León le enseñaron a mirar a las personas con una piedad infinita, y a llevar a sus poemas una ‘sublevación inmóvil’ (así se titulaba el primer libro con el que se dio a conocer en Madrid en el inicio de los sesenta) que no ha remitido con los años ni con las mordeduras feroces de la existencia.
Después de un primer periodo de fertilidad, Antonio Gamoneda sintió en un momento de su vida la gran tentación del silencio. Ese silencio poético que George Steiner interpretó como la aspiración mayor de todo poeta de cierta envergadura. En su caso, la maduración verdadera le llegó casi exactamente de la mano de la transición política, de la metamorfosis de un país que cerraba una de las etapas más oscuras de su historia para abrir con ímpetu las puertas de la esperanza. De hecho, ‘Descripción de la mentira’ inauguró, en 1977, una nueva etapa de madurez y de creación que culminaría con el que sin duda es uno de sus poemarios más emblemáticos y personales: ‘Libro del frío’, publicado ya a principios de los 90. «Hubo un tiempo –dice en uno de los poemas de este libro– en que mis únicas pasiones eran la pobreza y la lluvia. / Ahora siento la pureza de los límites / y mi pasión no existiría si dijese su nombre».
Con la misma pasión de los inicios, la indagación poética y la propia pulsión del lenguaje han marcado la última y extraordinaria etapa de la poesía de Antonio Gamoneda. La inmovilidad de la sublevación que contenían sus primeros poemas se ha ido transformando progresivamente en el desplazamiento hacia una sublevación mayor: la que contiene la revolución interior de la palabra. Esa misma palabra que, según la leyenda, el escritor fue ganando a fuerza de tesón y de voluntad, aprendiendo a leer en un libro de texto extraordinario: el único poemario que le dejó en herencia su padre, el otro Antonio Gamoneda, un poeta modernista que desapareció cuando el niño tenía tres años.
Ahora que cumple los 80, Gamoneda conserva intacta la tensión que ha sabido imprimir a cada uno de sus poemas, hable del amor (una de sus constantes vitales), del frío, del tiempo o de la conciencia. Y conserva también esa pasión, esa necesidad de cantar como única razón de su existencia, de su posición poética frente al mundo. «Amé todas las pérdidas –escribe–. Aún retumba el ruiseñor en el jardín invisible».


—¡Felicidades!
—Para mí cumplir 80 años significa haber asumido una especie de conformidad no solamente con la vejez sino con la perspectiva de la muerte. Acepto la naturalidad del hecho de ser viejo y tener poco tiempo por delante. En esta manera de ver las cosas han influido no solamente mi experiencia acumulada, también la aparición en mi vida de mi nieta Cecilia, que me ha proporcionado la sensación de vivir en ella, una especie de permanencia. La sucesión de la vida lleva consigo componentes que nos proporcionan una situación de ánimo.
—Pero también su obra apunta claramente hacia la permanencia.
—No voy a despreciar esta permanencia, pero aquella otra que veo en mi nieta tiene un componente biológico y vital que no lo tiene la escritura. Es la primera vez que hago esta reflexión. Se trata de un ser vivo que es parte de mí, que concierne a la vida, y solo en ella veo reflejada mi permanencia, una permanencia de la que yo no me voy a enterar, claro.
—Porque no cree en otras formas de permanencia ni en otras vidas.
—Yo pienso que no. Considero muy extraño ese accidente que es la vida, este ir de la no existencia a la no existencia. He entrado en cierta conformidad con este hecho.
—Desde muy temprano, sus libros encaran los temas de la vejez y la muerte.
—Ayer dijo Olvido García Valdés que cuando yo tenía 50 años ya presumía de viejo. Quizás era que tenía una constante preocupación, nacida de mi infancia, que estuvo muy penetrada por la noción de la muerte, tanto por mi orfandad como por la guerra, en un barrio obrero de León, donde la represión fue muy fuerte. La aceptación del pasado, incluso con todos sus componentes dolorosos, me ha llevado a contemplar la realidad desde esta temprana noción de la muerte.
—También ha dicho usted muchas veces que la poesía existe precisamente porque existe la muerte…
—Bueno, Machado dijo que la poesía es «palabra en el tiempo», y lo es no solamente en el sentido de que la poesía se alimenta del pasado, de un pasado que interiorizamos, sino que incluso lo es técnicamente: la rítmica poética se produce en una temporización del discurso poemático. Bien, si no supiésemos que vamos a morir, no habría tiempo, todo sería un presente plano. El tiempo consiste en avanzar hacia la desaparición.
—¿Cómo vive estos días de celebración y homenaje en Toledo?
—Lo veo como lo que es. Se trata de un encuentro amistoso con un pretexto suficiente: mis amigos os habéis sentido llamados por este pretexto y así nos hemos reunido para leer poesía y para hablar. Incluso, como ahora contigo, para hablar de la vejez y la muerte, aunque, eso sí, con amistad y hasta con alegría.
—Desde que recibió el Premio Cervantes en 2006 su vida es un continuo viajar…
—El Premio Cervantes conlleva unos flecos sociales un tanto impertinentes para la vida de un escritor. Es llamado con relativa frecuencia para citas provocadas por quienes las necesitan: instituciones, autoridades, países… Es decir, me ha llevado a una dinámica viajera que me ha impedido prácticamente escribir ni leer. Ahora estoy aprendiendo a decir no.
—Y por tanto también está escribiendo.
—No había abandonado del todo la escritura, aunque la practicaba de una manera ajena a la serenidad que exige. Todo lo que he escrito son simples borradores, sin orden y con muchas tachaduras, carpetas laberínticas… Voy a poner un poco de orden en todo esto para saber si hay algo aprovechable… Dejaré de escribir cuando mis amigos me lo digáis, cuando me aviséis de que ya no doy para más…
—En este tiempo no ha publicado poesía pero sí un libro de memorias, ‘Un armario lleno de sombra’.
—Quizás es lo único que he logrado cerrar, mejor o peor, durante este tiempo, aunque con un material que había escrito antes y tenía desordenado en apuntes y cuadernos.
—Es un libro de memorias muy especial ya que llega solamente hasta los 14 años.
—Con recuerdos propios, el libro va desde 1934 hasta el día antes de cumplir 14 años, es decir, hasta 1945. Y hay también recuerdos que no son míos, sino transmitidos por mi madre, heredados. El libro responde a un propósito de encuentro conmigo mismo en un tiempo que fue determinante, no solo para mí sino para España, con su Guerra Civil y su postguerra.
—Su descubrimiento de la poesía se da también en aquellos años.
—Sí. Me explico: cuando en 1936 iba a ir a mi primera escuela de párvulos, me encuentro con que se cierran los colegios en León. Y como quería aprender a leer, no tuve más remedio que hacerlo en mi casa, con el único libro que había allí, un libro de poesía que había escrito mi padre, fallecido cuando yo tenía un año. Simultáneamente se dio en mí el conocimiento de los signos de escritura y el conocimiento de la poesía.
—¿Va a haber una continuación de sus memorias?
—Tengo escritos 30 ó 40 folios, pero no sé cómo resolver su continuidad. Entro en una etapa complicada no solamente para mí. Me tiene preocupado, ya que si digo todo lo que sé provocaría sufrimiento en algunas familias que ignoran muchas cosas. No sé cómo lo haré. En fin, no sé si lo haré.

Al serenarse se desviste,de tu abandono.
también te ha despojado a ti
Basta el aliento del mendigo
para que la sensatez
y la insensatez
se cumplan.





~ ~ ~
Leopoldo María Panero reaparece
para compartir recital con Antonio Gamoneda
Por EMILIO GANCEDO
para Diario de León
Escritor maldito por antonomasia, su reclusión en un sanatorio mental de Las Palmas de Gran Canaria no impide a Leopoldo María Panero (Madrid, 1948), de la insigne y muy literaria saga astorgana de los Panero, producir con regularidad poemarios que se ven respaldados de manera firme por la crítica especializada. Ayer, y después de una larga temporada de silencio público, reapareció el autor de Locos de altar , su última obra, en la jornada Anatomía de la llama organizada en el marco de la Feria del Libro leonesa por la Concejalía de Cultura y la Fundación Monteleón.
Fue en la segunda parte de la jornada cuando Panero y Antonio Gamoneda se encargaron de leer una serie de poemas seleccionados; en la primera, y bajo el lema Los prestigios y la literatura , participaron en una mesa redonda los escritores Álvaro Pombo, Ángeles Caso, Kirmen Uribe y el propio Gamoneda. En ella quedaron patentes las muy diferentes maneras de entender la fama, y así, Pombo se atrevió a reivindicar la discriminación, que puede espolear una fructífera creación literaria.
Leopoldo María Panero, inclasificable, imprevisible, ácrata, atrabiliario y de discurso enmarañado en el que se alternan momentos de brillantez con otros de aparente descontrol verbal, explicaba ayer a este periódico que su poesía, con el correr del tiempo, se ha vuelto «más alambicada» y que muy pronto sacará a la luz un nuevo poemario, que llevará por título El canto del frío. ¿Su contenido? «El soneto por el soneto», dijo.
Y es que al hijo de Leopoldo Panero se le anima el semblante cuando piensa que «le van a llevar» a la próxima Feria del Libro de Madrid a firmar ejemplares. Porque desde finales de los años ochenta, cuando comenzaba su obra a alcanzar un unánime aplauso de los críticos, se decidió su ingreso en un psiquiátrico, el de Mondragón, y diez años después se estableció en el Hospital Psiquiátrico Rey Juan Carlos de Las Palmas de Gran Canaria.
Sobre su sanatorio. Ayer, Leopoldo María Panero confesaba sentir ese centro como «un campo de concentración» en el que «se entra cuerdo y se sale loco» y, a la pregunta de por qué se encuentra en ese lugar, respondió: «La culpa fue de mi madre, que me metió allí después de que intentara suicidarme dos veces, y porque me hinchaba a drogas». Entonces, ¿es que ahora está perfectamente? «Bueno, la paranoia es de verdad», asumió el autor de una cincuentena de obras entre las que se cuentan Presentación del superhombre o Escribir como escupir y a quien diagnosticaron una esquizofrenia después de que, con poco más de veinte años, decidiera experimentar con todo tipo de estupefacientes. Así pues, ¿por qué continúa escribiendo Leopoldo María Panero? Con escalofriante seguridad, el poeta responde: «La poesía, la literatura, es ahora mismo lo único que me separa del suicidio». Y brama improperios sobre su reclusión en el sanatorio de entre los cuales apenas se alcanza a entender: «¿Pero a quién he matado yo? ¿A quién?». No obstante, se le argumenta, ha habido grandes autores que pasaron parte de sus vidas en sanatorios («¿quién? ¿Nietzsche?», pregunta a su vez). Y entre extrañas referencias a la CIA y a Mallarmé, Panero anunció sentirse «muy maltratado por este país».
No dudó Gamoneda en calificar de histórica la jornada de ayer y en subrayar el hecho de que la poesía es «el único sentido de la vida para Leopoldo».
LA POESÍA, LUGAR DE ENCUENTRO.
Los 80 años de Antonio Gamoneda.
Ciclo de lecturas en homenaje al poeta, Premio Cervantes 2006.
Museo Sefardí. Toledo.
3, 4 y 5 de mayo de 2011.Martes 3 de mayo: lectura de poemas de Juan Carlos Mestre, Eloísa Otero y Vicente Valero.
Miércoles 4 de mayo: lectura de poemas de Miguel Ángel Curiel, Clara Janés e Ildefonso Rodríguez.
Jueves 5 de mayo: lectura de poemas de Antonio Gamoneda.
El ciclo “La poesía, lugar de encuentro” responde a la voluntad del Museo Sefardí de abrir las calles de la Judería toledana a la creación y al pensamiento contemporáneos. Se trata de encontrarse con la poesía contemporánea en los mismos lugares donde tuvo su casa en el siglo XII Yehudá Haleví, el gran clásico de la poesía hebrea; por donde cruzaron tantas veces Garcilaso de la Vega y San Juan de la Cruz, o donde residió en un momento significativo de su vida Fray Luis de León; se trata de escuchar en esos mismos lugares a los poetas de principios del siglo XXI, ofrecer un espacio de diálogo y contacto con ellos, vías para la circulación de las líneas poéticas actuales, para el debate de sus problemas y propuestas, un ámbito para su emoción y su riesgo.
El gran poeta Antonio Gamoneda cumple 80 años el próximo 30 de mayo: una fecha simbólica para celebrar la obra y la figura de un autor singular y, sin duda, el poeta español de mayor proyección internacional en el momento presente. Desde ‘Sublevación inmóvil’ (1960), ‘Descripción de la mentira’ (1977) o ‘Libro del frío’ (1992) hasta ‘Un armario lleno de sombra’ (2009), Gamoneda ha profundizado en la construcción de un mundo personal, cuyos elementos participan a la vez de la inmediata vida cotidiana, de la más intransferible intimidad y de una poderosa y oscura dimensión mítica, mientras van iluminando –como en los fogonazos del relámpago– tanto una memoria colectiva de la historia española como el exigente autoanálisis de la propia identidad.
En torno a Antonio Gamoneda, que leerá sus textos más recientes, el Museo Sefardí reúne a una serie de poetas de diversas trayectorias y escrituras, que aportarán también como mejor homenaje su propia voz, sus poemas.
Coordinan: Olvido García Valdés y Miguel Casado.

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Maestro en actitud crítica, conciliadora y amable sin concesiones. Buscador siempre de la mejora expresiva inagotable. Ése es Antonio, que en su hábito público, desde su mirada y voz profundas, genera miedo en quien oculta y cercanía en quien se muestra.
JUAN RAFAEL
Tengo un maestro en la nieve. Sus manos son dibujos de nieve. Su corazón es de nieve. Si yo supiese pintar las arrugas de la cara de mi madre, me moriría y volvería a nacer en el mes de mayo. Si yo cumpliese 80 años, sentiría que Caperucita Roja aparece y desaparece en las mañanas de nieve. Me alegro de tener un maestro. Puedo contarle cosas cuando tengo sueño, cuando bailo en el interior tranquilo del río de mi aldea, cuando sueño con calles que son mujeres llenas de frío, dolor y trabajo. Si yo no tuviese un maestro de nieve, no tendría nada que aprender. No quedarían motivos para protestar. Quizás mi nombre y mis apellidos se morirían en un cajón vacío de un armario de piedra. Puedo cantar y tocar un acordeón rojo en los días luminosos de abril, mientras mi maestro prepara los libros, los poemas y las lágrimas de las mujeres republicanas. Mi maestro nunca es viejo aunque cumpla 80 años. Nunca duerme y nunca despierta, porque está tan vivo como un campo de hierba. No podré cortar el maíz con mis manos cuando mi maestro se marche. No quiero que se vaya a un país sin relojes, sin mapas, sin cuentos. Necesito escuchar su voz una vez más para que los árboles canten canciones invisibles, muertas. Tengo una guitarra escondida en un rincón alegre de mi casa. Hablo con ella en las tardes eternas de Compostela. Tengo las cartas de mi maestro en una caja que no tiene llave. La abro y la cierro y hundo mi corazón en sus paredes de hierro. Mi caja mágica –con un maestro dentro- tiene fotos de Londres. Nunca fui a Londres en avión, pero fuí muchas veces en los cuentos. Mi maestro es una ventana y yo miro con mis ojos marrones toda la niebla da “miña terra galega”. En el tejado de una casa de piedra nacen muchas niñas que aman la lluvia, sueñan con enamorarse y tejen palabras para ese maestro melancólico y misterioso que llegó un día, y no se fue nunca. Felicidades, Gamoneda, por ser un puro cristal de nieve, un tierno amanecer y un grito azul de libertad.
LUPE GÓMEZ ARTO

EN LA LUZ DE LAS CLARABOYAS
Siempre me gustó el sabor de esa palabra: “claraboya”. Me entran a la vez infancia y luz por ella cuando la pienso o cuando la pronuncio. Ahora, cuando recuerdo –con qué nitidez emocionada- mis primeras conversaciones con Antonio Gamoneda, me sale a flote esa misma luz alta y entera, escasa de pérdida. La que dejan dentro de uno las claraboyas de la memoria aún viva.
Mis amistades poéticas -Eloísa Otero, Ildefonso Rodríguez, José Luis Puerto- me encaminaron a la casa del escritor no bien llegué yo a León en 1993. Nunca olvido esos primeros encuentros colectivos en la penumbra de aquel vestíbulo inmediato. Había hospitalidad y había prudencia en las palabras. Y había un juego de mutualidades que ponía en el mismo nivel lo que unos y otros estábamos haciendo. En esa expresión, “unos y otros”, está también incluido el propio Gamoneda, que para aquellos días, tras el estupor que a todos nos había causado su Libro del frío, estaba en relación obsesiva y alegre y desmesurada –todo junto, sí- con su Libro de los venenos. Él preguntaba con naturalidad sobre aspectos que le concernían mucho en aquellos momentos. Y luego escuchaba. “Tienes razón; lo voy a pensar”. Así acababan a veces sus inquisiciones.
Con el tiempo, me logré acostumbrar a eso. A poner en el tapete común nuestras preocupaciones y zozobras poéticas. Junto al vino; junto al queso. Todos nos hablábamos y nos escuchábamos a un mismo nivel. Por eso, de pronto, en mitad de un asunto, Gamoneda nos hacía saber, si es que venía de verdad a cuento y sin cambiar el tono, quién había pasado por allí mismo unos días antes. Podía ser un conspicuo. Pero él nos lo ponía delante sin darle ventaja ninguna a su lustre.
Eso me habló enseguida del alcance de su deferencia, de su amistad que no hacía distingos.

Esa es su civilidad, la generosidad de su condición ciudadana.
¿De dónde vuelve Gamoneda?
Se dirá que de la pobreza originaria, del silencio de plomo, de las reatas de condenados, de la conciencia de los venenos que obran sobre el cuerpo, de la larga soledad de la vida leonesa de la que estos años sale para predicar a los lapones o a los madrileños.
Quiero pensar que, aunque no lo confiese, tal vez ni lo sepa claramente, Gamoneda viene de un sueño asturiano. Que no lo tuvo el mismo, que se lo soñaron. Un sueño que se inventa al contarlo, cada vez que se narra.
En él la felicidad (abruptamente robada luego, de tan niño) aun estaba viva y plena y bajaba por un prao verde abajo donde se cantaba lo que un día entonamos a media voz:
Baxaben cuatro alleranos
Todos xuntos en madreñes
Y en Santullano pidieron
fabes, tocín y morcielles
que dixo Melchor…
El poeta combate por contar, cada vez más despojado y verdadero, el sueño del mundo que le trajo a la vida.
"La poesía es un género que no tiene nombre y que impregnaba la literatura de Sábato. Es una triste noticia en un día tan hermoso delante de la bahía de Finisterre. Lo cierto es que me entristece esta muerte. Su obra tenía un muy serio compromiso con la conciencia humanista. Tenía una profunda raíz existencial que se ha ido. Me entristece, pero tengo su obra para permanecer en contacto con Sábato".
ANTONIO GAMONEDA

A Coruña, 29 abr (EFE).- El poeta Antonio Gamoneda, ganador del Premio Cervantes en 2006, ha destacado hoy el "alto nivel" de la literatura gallega, a la que ha declarado su "admiración".
Gamoneda, quien será nombrado "Escritor Galego Universal" por la Asociación de Escritores en Lingua Galega (AELG), se ha declarado ferviente admirador de la poesía gallega, especialmente de la obra de Rosalía de Castro.
De hecho, su biblioteca particular cuenta con "tres metros" de volúmenes en gallego, ha reconocido en una rueda de prensa ofrecida hoy en A Coruña.
"Creo que la media cualitativa de la literatura gallega sería superior a la literatura en castellano", ha afirmado en declaraciones a los periodistas antes de participar en el homenaje que la AELG le rendirá durante todo el fin de semana.
Esta misma tarde, Gamoneda ofrecerá una conferencia en la sede de la Real Academia Galega (RAG), en A Coruña, donde leerá sus nuevos poemas -inéditos hasta la fecha- que posiblemente formen parte de su nueva obra, cuyo original debía haber entregado a la editorial "hace 4 meses", lo que no pudo hacer al perder "35 poemas" durante un viaje a Barcelona.
Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), quien se ha definido como un "pequeño conocedor y gran enamorado de Galicia", será distinguido por la AELG con un galardón que ya recibieron Mahmud Darwich, Pepetela, Nancy Morejón, Elena Poniatowska y Juan Gelman.
Exposición ‘Sin realidad no hay utopía’
en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), en Sevilla.
(Haz click en las imágenes para leer la noticia en EL PAIS.ES)
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Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2006: