Gamoneda desde Isla Kokotero

January 22, 2012

Isla Kokotero

 

 

Este blog, Faro Gamoneda, surgió un buen día a partir de la bitácora de poesía Isla Kokotero, sin que el poeta al que está dedicado (que nunca ha entrado en internet) mantenga vinculación alguna con sus manufacturas.

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Haz un click para leer la entrada sobre ANTONIO GAMONEDA
en la Wikipedia
:

Antonio Gamoneda en la Wikipedia
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Exposición de ROMÁN HERNÁNDEZ en Tenerife: ‘Armario de luces y sombras’

 
 http://farogamoneda.blogsome.com/images/1%20armario%20gamo%20tenerife.jpg
 
Hasta el 30 de enero de 2012.
En el espacio Albar, en La Laguna.

 http://farogamoneda.blogsome.com/images/roman%20gamoneda%20tenerife.jpg
 
ARMARIO DE LUCES Y SOMBRAS
 
Una exposición de ROMÁN HERNÁNDEZ.

 
 
Pulsa aquí para ver EL CATÁLOGO de la exposición,
o en la imagen anterior para escuchar a Gamoneda en You Tube.
 
Pulsa también aquí para leer:
una referencia de la exposición en ‘Travesías’,
el cuaderno de apuntes de RAFAEL-JOSÉ DÍAZ.
 
 Y aquí para acceder a más enlaces
vinculados al artista ROMÁN HERNÁNDEZ:

https://www.facebook.com/romanhernandezgonzalez 

http://webpages.ull.es/users/romher
 

‘Un árbol de otro mundo’ / Vaso Roto: Homenaje a Antonio Gamoneda

January 14, 2012

 'Un árbol de otro mundo' / Vaso Roto: Homenaje a Antonio Gamoneda

Con motivo de los 80 años de Antonio Gamoneda, Vaso Roto Ediciones le dedica el presente volumen reuniendo voces de diferentes partes del mundo. Se optó por incluir 52 autores por ser este el número representativo de los años que duraba cada Era o Sol en la mitología del México antiguo. Así, como una desintegración de la luz, la palabra de este poeta viene a renovar el lenguaje y la manera de entender la raíz.

 Jeanette L. Clariond (directora de Vaso Roto Ediciones) y Antonio Gamoneda

Jeanette L. Clariond (directora de Vaso Roto Ediciones)
y Antonio Gamoneda.

Valente ~ Gamoneda / Por JUAN HERREZUELO

 Gamoneda y Valente

El guardián del fin de los desiertos Con el hermoso título El guardián del fin de los desiertos, llega a mis manos uno de los libros que más he deseado desde hace un año, justo desde que en el otoño de 2010 finalizase en Almería un memorable ciclo de conferencias dedicado a José Ángel Valente. Desde la ciudad celeste, coordinado brillantemente por José Andújar Almansa y Antonio Lafarque (que ahora han sido los responsables de la edición de este volúmen publicado por Pre-textos), se celebró entre abril y noviembre de ese año en que se conmemoraba el décimo aniversario de su muerte, y ofreció tantas, tan diversas y tan enriquecedoras perspectivas del poeta que la reunión de aquellas intervenciones en un libro era ya, desde su propio anuncio, un acontecimiento literario de primer orden. 

El título del libro proviene de "Palais de Justicie", un texto aún parcialmente inédito por expresa voluntad de su autor, y hace referencia a algunos de los motivos en los que Valente insiste en su obra. “En el fin de los desiertos”, nos indican Andújar Almansa y Lafarque en el prólogo, “aguarda la trasparencia definitiva del lenguaje, los espejismos de la subjetividad igual que la identidad cambiante de sus arenas, los estallidos nocturnos de la materia, la naturaleza del silencio como señal o signo. Pero también la memoria de la luz, imagen que condensa la última etapa vital del poeta trascurrida en las tierras del sur”.
Recorreré estas páginas lenta y minuciosamente, y entontes daré más amplia cuenta aquí de todo ello. He leído ya el texto del poeta leonés Antonio Gamoneda, con cuyas palabras sobre Valente ansiaba reencontrarme. Pues desde un punto de vista estrictamente personal, el haber conocido y tratado a Gamoneda durante los tres días que pasó en la ciudad con motivo de su participación en este ciclo de conferencias, resultó ser una de las experiencias más gratas de mi vida (y quien me conoce lo sabe). Primero con el descubrimiento de la persona, un hombre entrañablemente cercano, ajeno por completo a toda esa pompa en que uno, en su ingenuidad, podría imaginarse envuelto a todo un premio Cervantes, trabajador infatigable a sus setenta y nueve años de entonces, que apenas dejábamos a la puerta de su hotel subía no a descansar sino a seguir puliendo la conferencia que sólo unos días después dictaría en Santiago de Compostela, exactamente en la otra punta de la península. 
Más tarde, aún con el eco de su voz pausada en mis oídos, me deslumbró su obra, primero la prosa (me viene por defecto), esas memorias de infancia tituladas Un armario lleno de sombra: un placer absoluto, redondo, emotivo; allí encontré, además, no pocas de las cosas que él mismo nos había ido contando acerca de su vida. Después su poesía, en un volumen que está en mi mesa de trabajo desde hace un año y tal vez lo esté por siempre, Esta luz, en Galaxia Gutenberg, que reúne la totalidad de su obra poética hasta el 2004, un libro infinito, de lectura y relectura inacabable, unos versos que me administro regularmente como otros se administran diferentes sustancias en busca de una felicidad químicamente impura (allá cada cual). A través de esos versos, el poeta supo lo que no sabía que sabía (ese “no saber sabiendo” que es virtud de la poesía, según afirmación de San Juan de la Cruz a la que Gamoneda acude con frecuencia: “yo no sé lo que sé hasta el punto en que me lo dicen mis palabras ya escritas”). Para recordar una conmoción equiparable a la que me produjo su obra Descripción de la mentira, de 1977, tendría que remontarme al año 1984 y a mi primer encuentro con Rayuela, de Cortázar. Y sin embargo, poco puedo decir acerca de sus largos versículos, más allá de transmitir torpemente mi admiración por ellos. “La poesía no es materia de explicación”, dice Antonio Gamoneda, “la poesía es”.
No obstante mi condición de ávido lector de narrativa, Valente y Gamoneda han supuesto para mí dos apasionantes rutas al corazón de la palabra.
 
     JUAN HERREZUELO
    (En su blog: Los pasadizos del Loser)

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"Quién eres tú, quién soy,
dónde terminan, dime, las fronteras
y en qué extremo
de tu respiración o tu materia
no me respiro dentro de tu aliento."

          JOSÉ ÁNGEL VALENTE (Del libro Mandorla, 1982)

 

‘CITA CON GAMONEDA. ¿SON REALES LOS TOROS CELESTES?’, por SERGIO GÓMEZ GARCÍA

November 21, 2011

 Antonio Gamoneda en el Museo Pablo Gargallo

[Antonio Gamoneda en el Museo Pablo Gargallo]
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‘CITA CON GAMONEDA.
¿SON REALES LOS TOROS CELESTES?’
,

por SERGIO GÓMEZ GARCÍA

El jueves 17 de Noviembre en el museo Pablo Gargallo y gracias a la gestión de Nacho Escuín tuvo lugar una charla con el poeta Antonio Gamoneda y un homenaje a su figura. En estos actos siempre  hay un ambiente de ritual, existe una liturgia casi religiosa. El jueves ese rito fue algo más, fue una celebración nunca interrumpida, desde el silencio expectante del público hasta el abrazo cariñoso del poeta, materializado en algunos privilegiados que pudimos honrarle con nuestras voces, pero dado a todos y cada uno de los presentes. Fueron surgiendo las palabras belleza, plasticidad, realidad, realidades, melancolía, ritmo, verdad, ética, locura… y con ellas los temas.

En esa tarde Gamoneda nos puso en las manos, frente a los ojos, los toros celestes de Lorca para que nos preguntáramos sobre su categoría ontológica. ¿Son reales los toros celestes? Hay realidad en tanto que tienen significado, significado recién parido, locura del poeta que los ha creado y verdad en la mente que los re-crea. La verdad se da en la comunicación sincera entre poeta y lector, en la piel profunda del poema, cuando se vence la superficie del fingimiento necesario del poeta. La palabra poética horada la realidad, la porción de realidad que se ponga en juego en un poema determinado, pero también perfora al lector. Ahí radica también la belleza del poema, más allá del pensamiento, debajo de lo explícito.

Cuajado en la luz, hirviendo,

después de mucha tierra deshabitada de pájaros,

surge un pueblo.

 

En abrasada gleba

guardan a sus muertos, mas

el silencia y la arcilla

se levantan y entran

en la vida.

 

Pensaba la belleza. Veo ahora

silencio edificado, corazones

amontonados por el amor.

 

Veo la vida en el centro de la luz; ya sé

que la belleza no necesita ser pensada.

Este descubrimiento de la verdad y de la belleza evoca la identidad que de ambos conceptos nos ha llegado desde la tradición de la antigua Grecia, ligada a términos como armonía y equilibrio. No obstante esa sinergia no se da en el ámbito de la racionalidad según Gamoneda sino en la irracionalidad, en la locura, en el disparate de la metáfora. Se da como sorpresa incluso del propio autor y lleva al conocimiento, una especie de re-conocimiento de lo que se sabía sin saber, “con un no saber sabiendo” (San Juan de la Cruz). El poeta no se sabe hasta que no se escribe.

Voy a leerle al maestro mi homenaje, su poema. Veo su cara de extrañeza y su gesto con la mano en la oreja cuando le digo torpemente: “Yo como Gamoneda”. Sus toros celestes están todavía en mi cabeza y un nudo de emoción en la garganta casi no me deja leer los siguientes versos:

El animal que Llora, ese estuvo en tu alma antes de ser amarillo;

el animal que lame las heridas blancas,

ése está ciego en la misericordia;

el que duerme en la luz y es miserable,

ése agoniza en el relámpago.

 

 

La mujer cuyo corazón es azul y te alimenta sin descanso,

ésa es tu madre dentro de la ira;

la mujer que no olvida y está desnuda en el silencio,

ésa fue música en tus ojos.

 

 

Vértigo en la quietud: en los espejos entran sustancias

corporales y arden palomas. Tú dibujas juicios y tempestades

y lamentos.

 

 

Así es la luz de la vejez, así

la aparición de las heridas blancas.

 

 Antonio Gamoneda en el Museo Pablo Gargallo


Los toros celestes ya no me abandonarían en toda la noche, me acompañan estos días en mi trabajo, cuando escribo esto, cuando leo y me alimento de Gamoneda. Espero que estén aquí toda mi vida.

 

PASINELLO PONE MÚSICA A GAMONEDA

October 26, 2011

 Antonio Gamoneda, a la puerta de su casa en León. ©Foto: Miriam Chacón.

PASINELLO PONE MÚSICA A GAMONEDA
El compositor argentino estrena en Madrid
su versión musical del ‘Libro del frío’
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Por VERÓNICA VIÑAS
En Diario de León

25/10/2011

La poesía de Gamoneda es pura música. Y su Libro del frío, poblado de raras criaturas como el ‘animal del llanto’ o el ‘animal perfecto’, es una fuente inagotable para los compositores. El argentino afincado en España Fabián Panisello también se ha dejado seducir por el ritmo que subyace en los versos del escritor leonés. Ha hecho una nueva versión musical del poemario que ya inspiró al gaditano José María Sánchez-Verdú. La Fundación BBVA, que ha producido el disco, acoge hoy, en su sede de la madrileña calle de Recoletos, la presentación de la obra para soprano y ensemble compuesta por Panisello sobre poemas del Libro del frío. En la premiere de este nuevo volumen de la colección Compositores españoles y latinoamericanos de música actual, Gamoneda leerá algunos de los textos elegidos por Panisello, la voz la pondrá la soprano Allison Bell y la música correrá a cargo del Ensemble Meitar.

Para Gamoneda será una sorpresa. Confiesa que aún no ha podido escuchar cómo suenan los once poemas del Libro del frío a los que Panisello ha puesto música, aunque ya se estrenaron en Buenos Aires y Viena, «donde no pude ir». El Cervantes leonés ignora por qué Panisello eligió su libro. «Me dijo que estaba trabajando sobre él y yo le di mi autorización». No es la primera vez que Gamoneda colabora con artistas de otras disciplinas. No sólo ha trabajado con músicos, sino támbién con artistas plásticos como Tápies, Sicilia, Álvaro Delgado o Félix Cárdenas. El frío, ese frío «que nunca ha cesado» ha sido determinante en la estética de Gamoneda. Al compositor gaditano José María Sánchez-Verdú también le atrajo el Libro del frío, al que puso música hace dos años y cuya obra estrenó en el marco del Festival Internacional de Órgano. Curiosamente, Verdú recurrió a la particularísima voz de un contratenor para cantar los versos del poeta leonés, quien entonces confesó: «Mi escritura es, antes de ser literatura, que lo es sólo secundariamente, un hecho existencial. Por tanto, con sus fallos, la escritura que yo hago no es que proceda, sino que es parte de esa vida». Gamoneda desconoce si Panisello conoce la versión de Sánchez-Verdú sobre el Libro del frío. «Ninguno ha incluido todo el libro», aclara.

Música aérea. Panisello, director de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, empezó a componer antes de aprender siquiera a escribir. Al compositor argentino le fascina la música africana, en la que centró su tesis, pero también le han marcado compositores como Bach, Ligeti, Mozart, Debussy, Mahler y el complejo Schönberg. «Me gusta que mi música tenga un carácter aéreo y que sólo en momentos puntuales toque tierra», confiesa el compositor. La rapidez es expresión sintomática de aquello que constituye la verdadera alma de la música de Panisello: el movimiento

Panisello ya puso música al documental Escritura y alquimia, dirigido por Enrique Corti y César Rendueles, una cinta que intercala declaraciones del poeta leonés en las que reflexiona en torno a su obra con materiales biográficos y lecturas de poemas a cargo del propio Gamoneda. La película se rodó en su casa y en escenarios que han sido determinantes en su vida. La camara seguía a Gamoneda por los lugares de su infancia, por el bosque, por la orilla del río en la que jugaba de niño y hasta el balcón de su casa en el Crucero, desde el que veía pasar las cuerdas de presos republicanos camino del campo de concentración de San Marcos.

En el 2003 Gamoneda revisaba y ampliaba el Libro del frío. Añadía entonces una veintena de poemas, bajo el titulo Frío sin límites; una aportación nacida de la reflexión en torno a la obra de Antoni Tàpies, con quien Gamoneda ha dialogado en libros y exposiciones. Y es que Gamoneda teje y desteje sus obras, siempre expuestas a una permanente revisión.

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"AMO Y GOZO CON LA POESÍA DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ"

efe | la rábida 25/10/2011

El poeta leonés reconoció ayer en La Rábida (Huelva) que «ama y goza» con el Nobel de Literatura Juan Ramón Jiménez, cuya obra le «sorprendió» cuando apenas contaba 13 años.

Antonio Gamoneda fue el encargado de inaugurar el Congreso Internacional Presencia de Juan Ramón Jiménez en los poetas del 27, que hasta el próximo jueves, organizado por la Fundación Zenobia-Juan Ramón, se celebra en la sede de La Rábida de la Universidad Internacional de Andalucía. Una cita que tiene como objetivo desvelar la influencia «real» del poeta en los autores de dicha generación.

El premio Cervantes leonés, quien mostró su satisfacción por encontrarse en La Rábida, reconoció que para él Juan Ramón representa, «sino el primer descubrimiento de lo que es el lenguaje y el pensamiento poético, casi el primero». Manifestó que este poeta le sorprendió «gratamente» con su segunda antología (tema central de su conferencia), cuando tenía trece años, sin embargo afirmó que desconoce si la obra del Nobel ha impregnado su escritura «mucho o poco o nada».

«Respeto su memoria». «Sé que es un referente histórico de la poesía española, y que respeto su memoria y amo y gozo con su obra», explicó Gamoneda, para quien Juan Ramón es «todo eso y puede que más». José Antonio Expósito, coordinador científico del congreso, destacó a su vez que esta cita «ha reunido a los mejores para hablar de los más grandes». Para el especialista, los ponentes «aportarán cosas nuevas y desconocidas que dará una visión distinta de Juan Ramón a la luz de las últimas investigaciones en los archivos de Puerto Rico». Expósito participó con la charla Ecos de una voz: influencia de Juan Ramón Jiménez en la poesía del 27.

 

GAMONEDA EN ‘ESPAÑA ES CULTURA’

September 11, 2011

 GAMONEDA EN 'ESPAÑA ES CULTURA'

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Carta de ANTONIO GAMONEDA a LUIS MIGUEL RABANAL / Leída en el mes de agosto de 1998 en Olleir…

August 22, 2011

 Calle del Poeta Luis Miguel Rabanal

León, agosto

Querido Luis Miguel Rabanal:

Hoy es un día de las gentes más tuyas, las que te sintieron cercano antes, incluso, de que les dieses motivos para tenerte de manera especial en su corazón; antes de entristecerse por la traición de tu propio cuerpo o de sentirse crecidos en su orgullo por tu talento de poeta.

Puede parecerte que no tiene mucho sentido esto que digo, que, contrariamente, el día es tuyo porque en ti está centrado y tú eres la causa de una reunión emocionante, pero yo, que tiendo a buscar la verdad oculta sin despreciar la que está en primer término (quizá en esto nos parezcamos cuantos nos hemos perdido en el extraño territorio de la poesía), me voy a permitir, con pocos derechos, esta es la verdad, indagar un poco en esa propiedad colectiva de la circunstancia.

Luis Miguel: Riello, La Omaña, son un espacio que se busca a sí mismo (y se defiende cuando ha menester, y esto bien lo sabes tú), y este buscarse a sí mismo supone, lógicamente, la voluntad de encontrarse; encontrarse, sí, en las tradiciones y en la memoria colectiva, pero, sobre todo, en las causas vivas, en los intereses comunes, en los afectos presenciales, en lo que está ahí y es reconocido como propio y necesario. Y se da la circunstancia de que tú, con tu poderosa subjetividad, creador de un universo poético que pudiera ser entendido como rigurosamente privado, te has convertido en todos y cada uno de los hombres y mujeres de esa colectividad. Diré por qué.

No porque hayas escrito una docena, quizá larga, de libros que tienen una importancia y una gravedad indiscutibles en la poesía española, por mucho que tú rehuyas la notoriedad; no porque hayas obtenido premios con los que otros ya se sentirían sólidamente instalados en la historia de la literatura. Es por algo más sutil y más serio.

Yo me he dado cuenta de que tú, por razones de vigor intelectual, moral y emocional, has venido a ser algo así como ‘la conciencia’ de Omaña. No quiero decir, quede claro, el gestor que asume los problemas prácticos, aunque alguna vez no te hayas desentendido de ellos, sino otra cosa más infrecuente y difícil: algo así como la concentración espiritual, el "lugar" (¿te habían llamado alguna vez "lugar"?) de la capacidad de resistencia, de sentido de lo justo y lo injusto, de indignación, incluso, y, finalmente, de solidaridad y amor a la vida, a esa misma vida que es injusta con los pueblos de La Omaña, con los hombres y mujeres de La Omaña y, en especial, contigo.

¿Voy haciéndome entender? Muchos, todos, piensan para sí mismos: "Luis Miguel: éste sí que sabe hasta qué punto es dura la realidad". Y, simultáneamente, piensan también que tu dura realidad la has vivido siempre sin deponer la amistad o el amor.

Por esto tú eres su conciencia, es decir, por esto tú eres ellos, y por esto el día de hoy es de ellos: su día: su día en ti.

Yo, que no tengo conmigo el honor de ser omañés de naturaleza, pero que algo tiene que tocarme de todo esto aunque no sea más que por el respeto fraternal que te tengo; yo, que me he sentido expresado también por ti en muchas líneas de tu bella y temible escritura, me atrevo a decirte estas verdades en una carta que ha de ser pública porque no es solamente para ti.

Alguien (no sé quién, pero sí sé que será alguien que te quiere) leerá esta carta en alta voz. Aprovecho el préstamo oral para decir a todos: Omañeses: porque algo me toca en todo este asunto, ¡gracias! No puedo estar con vosotros, pero estoy poniendo todo mi corazón en este recado. Esto no es un escrito protocolario; es una carta de amistad. Y de agradecimiento.

Y a ti, Luis Miguel, más allá de la admiración y la solidaridad, un abrazo que vale para hoy y para siempre.

   Tuyo, vuestro

                      Antonio Gamoneda 

 

Se puede ver el original escaneado de la carta en Isla Kokotero
y las cuestiones que, a raíz de su manipulación, se han suscitado.

‘Habla el pastor’, un poema de Antonio Gamoneda

August 12, 2011

 

          HABLA EL PASTOR

Sobre la calcificación de las semillas, ante las flores abrasadas y la desaparición del pensamiento,

tejen la yerba manos invisibles. Ah, cómo temo su pureza. Veo

lana sangrienta y, en los alimentos, grasa mortal, cánulas negras y, bajo ramas inmóviles, cuerdas y sombras y preservativos.

Pero, ¿soy yo quien mira con mis ojos?

Arden los huesos en el vértigo, oigo la fermentación del rocío: ¿quién llora bajo los árboles torturados? Veo

las llagas de la luz, altos patíbulos y serpientes y aceites industriales bajo los lóbulos de las amapolas.

¿Estoy yo en mí y peso sobre la tierra? Es extraño.

En cualquier caso, tengo miedo y los insectos viven en mi corazón.

ANTONIO GAMONEDA

En la Biblioteca de Gamoneda

July 31, 2011

 Entra en la Biblioteca de Gamoneda

‘En la biblioteca de Gamoneda,
un reportaje de CÉSAR COMBARROS para la Agencia Ical,
publicado en ElMundo.es 

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GAMONEDA, EL ENTOMÓLOGO DE LAS PALABRAS

y emitido en Rtvcyl.es
con el título de ‘Gamoneda, el entomólogo de las palabras’.

La biblioteca de Antonio Gamoneda

July 29, 2011
Antonio Gamoneda
La Agencia Ical inicia mañana la serie de reportajes
‘Las bibliotecas de los autores’ con Antonio Gamoneda
Valladolid - Cultura - Viernes, 29 de Julio - 13:53
ICAL.- La Agencia Ical ofrecerá a sus abonados cada sábado, a partir de mañana y hasta el 27 de agosto, una serie de reportajes que, con el título ‘Las bibliotecas de los autores’, reflejará curiosidades inéditas de cinco importantes autores de las letras de la región, a través de los libros que pueblan las estanterías de sus casas. Mañana, 30 de julio, se publicará la primera entrega, protagonizada por el Premio Cervantes Antonio Gamoneda, a la que seguirán sucesivamente los encuentros con el poeta salmantino Juan Antonio González-Iglesias, la novelista palentina Lourdes Ventura, el escritor, editor y traductor vallisoletano Adolfo García Ortega y el salmantino Luciano G. Egido.
[Haz click para leer ‘Galería al sol de poniente’,
un artículo de Marifé Moreno,
publicado en Babelia (El País) el 27/11/2011]

‘Independencia y densidad’, un artículo de JUAN CARLOS SUÑÉN sobre la antología ‘Solo luz’

June 26, 2011

 Antonio Gamoneda en una caricatura de Juan Carlos Suñén

Antonio Gamoneda: Sólo luz

INDEPENDENCIA Y DENSIDAD

por JUAN CARLOS SUÑÉN
En CríticaDeLetras, publicado el 23 de junio de 2011
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Gamoneda, Antonio
Sólo luz

Junta de Castilla y León. Valladolid, 2000. 175 páginas.

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Una antología de Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), un poeta alejado de catalogaciones generacionales y de racimos profetizantes, anclado en su León de adopción por circunstancias que encubren, seguramente, una voluntad de alejamiento del centro (y de las pertenencias heredadas) nada ajena a las solicitudes de su escritura, era a estas alturas obligatoria, seguramente; aunque no sé si necesaria. Que ésta haya sido realizada por él mismo garantiza, al menos, una dirección de lectura si no más acertada que otras, sí al menos más autorizada que casi todas.

En cualquier caso no era (y no ha debido resultárselo tampoco a Gamoneda) tarea sencilla la de entresacar fragmentos de un obra que, especialmente a partir de Descripción de la mentira (León, 1977), pero ya apuntando intenciones con anterioridad, ha ido dejándonos libros “de poema” completos y cuya continuidad de un libro a otro parece apuntar con claridad a un poema único.

La antología, a pesar de los riesgos de descontextualización señalados (que el autor bandea mediante un prólogo mínimo pero esclarecedor), servirá también para dar a conocer aspectos de la labor poética de Gamoneda quizás eclipsados por la publicación de Edad (Madrid, 1987), libro que reunía su obra completa hasta el momento (reordenada, corregida, y completada en buena medida), con el que en 1988 ganaba el Premio Nacional de Literatura. Digo esto porque si es cierto que fue Edad el libro que popularizó su poesía, y que sigue siendo el libro a través del cual más lectores van encontrándosela aún, no serán pocos los que se hayan quedado en él sin preguntarse por una producción posterior tanto o más interesante.

La obra de Antonio Gamoneda posee (es una opinión) una bisagra clara: Descripción de la mentira, un libro (y me temo que esto sea otra) sobre lo que el novelista Rafael Chirbes llamaba en su día la “gran traición” de una transición hecha a espaldas de los trabajadores, pero en el que Gamoneda toma conciencia de un proyecto poético personal y ambicioso: el del relato subjetivo de una conciencia hacia la disolución en lo general y hacia la muerte en lo particular. Lo que no significa que antes no encontremos ya los síntomas de tan proyecto (una bisagra es eso que propicia un cierre o una apertura, pero que a la vez une dos piezas adjudicándoles un nuevo sentido). No es raro, en efecto, encontrar formulaciones en poemas muy anteriores que encajarían perfectamente en Lápidas (Madrid, 1987), o en Libro del frío (Madrid, 1992), con sólo reorganizar su versificación. Lo que me hace pensar que a partir de cierto momento la voz de Gamoneda experimenta una liberación, una interiorización de la música de la historia que ya no necesita apoyarse ni en ritmos tradicionales ni en melodías de moda, sino que ha aprendido a escuchar en su propia conciencia esa organización abierta de lo sucesivo que caracteriza su largo fraseo, ceremonioso y directo a la vez, brillante y profundo a un tiempo. Una búsqueda, seguramente, que no habría dado los mismos frutos de no haber sido por el paso del poeta a través de las formas musicales afroamericanas en Blues castellano (Gijón, 1982), un libro prohibido en su día (1966) por la censura en el que el poeta se cuestiona planteamientos anteriores y desnuda su fraseo de retóricas al uso. Blues: comunicación de un adulto a otro adulto sobre asuntos de intenso contenido emocional.

Tiene que lidiar el autor, por lo visto, con esa ya gastada discusión (exclusiva de este país) sobre las intenciones y deberes de la poesía actual, y matiza en su prólogo su posición al respecto. La vivencia poética de la experiencia no es, no puede ser, automáticamente verbalizada, sino que es necesario interrogar al lenguaje mismo, obligarle a configuraciones que nos ayuden a conocerla reconociendo en ella aquella intuición que la experiencia dejó en nosotros (y que fue la que nos movió a compartirla). El resultado es esa rarísima combinación de independencia y densidad que sólo los mejores saben imprimir a su escritura.

La de Gamoneda, en fin, es una de esas lecturas fundamentales para todo el que quiera saber algo sobre nuestra poesía de los últimos cincuenta años y también de los próximos (pues su influencia en los más jóvenes es evidente). Esta antología servirá a muchos para acercarse a ella, desde el criterio del propio autor además, pero eso sí (y he de insistir en ello), no exime de una lectura completa de cada libro. Porque aquí Gamoneda está y no está, es y no es, se entrega y se disfraza.

XOSÉ LUÍS MÉNDEZ FERRÍN: ‘Me gusta soñar que escribí algún poema de GAMONEDA’

 Méndez Ferrín

ENTREVISTA/ Escritor y presidente de la Real Academia Galega

XOSÉ LUÍS MÉNDEZ FERRÍN:

"Me gusta soñar que escribí algún poema de GAMONEDA"
 
Se dio a conocer como poeta en 1957 con ‘Voce na néboa’, al que siguieron ‘Antoloxía Popular’, ‘Sirventés pola destrucción de Occitania’, ‘Con pólvora e magnolias, ‘Poesía enteira de Heriberto Bens’, ‘O fin dun canto’ , ‘Erótica’, ‘Estirpe’ y, en 2005, ‘Contra Maquieiro (2005). La editorial Calambur reúne ahora, en edición bilingüe, en ‘Poesía fundamental (1976-2005)’, la obra decisiva de Méndez Ferrín, traducida al castellano por Eloísa Otero y Manuel Outeiriño y prologada por Antonio Gamoneda.
Por MAR MATO
En laopinioncoruña.es  (26-6-2011)
En farodevigo.es (26-6-2011)


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VIGO.-
La musa de la vanguardia rusa Lilya Brik se suicidó en 1978, dos años después de la primera edición de ‘Con pólvora e magnolias’. Su imagen de perfil con una pañoleta en la cabeza gritando en 1924 ha dado la vuelta al mundo. Primero, gracias al cartel del constructivista Rodchenko; posteriormente, reinventada en una de las portadas del grupo Franz Ferdinand. La última versión se ofrece en la portada del libro, edición bilingüe gallego-castellano, X.L. Méndez Ferrín. Poesía fundamental. 1976-2005 (Calambur). En ella, el Photoshop ha hecho que Lilya Brik grite FERRÍN, así, con mayúsculas.

"Hacía ya algún tiempo —explica Ferrín— que la editorial Calambur tenía la idea de este libro y yo acepté la propuesta con mucho gusto. Xosé Manuel Outeiriño y Eloísa Otero, además de Antonio Gamoneda, estuvieron también muy activos en esa idea".

-En cuanto a la selección de las obras incluidas en esta recopilación en castellano y gallego, ¿echa de menos alguna?

-Yo los dejé en paz a ese respecto; no quise hacer una edición completa de mis poesías porque pienso que aún no están completas y espero que tarden mucho tiempo en estarlo.

-En una pequeña introducción de la editorial, lo tratan de ‘escritor de culto’. ¿Son palabras que provocan rubor o le expanden el alma?

-Ninguna de las dos cosas. Escritor de culto es uno que tiene algunos seguidores que son especialmente fieles. Pero creo que en esto existe el politeísmo. Yo le rindo culto a muchos autores. En todo caso, a mí me alegra que haya algunos lectores que me sigan.

-Gamoneda rememora cómo lo conoció a usted a través del poema Roi Xordo cuando lo leyó en gallego, sintiendo un ‘impulso pasional’. ¿Cree que ese es un poder de todas las lenguas o en especial del gallego?

-No creo que nuestro idioma (la entrevista con Ferrín fue realizada en gallego y el autor exige que se aclare) tenga un algo especial. Gamoneda es un leonés; por lo tanto, siente al igual que José María Merino o la propia Eloísa Otero su proximidad más a Galicia que a Castilla. Es lo que Mateo Díez llama cultura del noroeste, lo de poder escribir en castellano ‘tojo’ es para ellos muy importante. Nadie en la Meseta sabe lo que es un tojo. Esa llamada a lo ancestral que tienen los leoneses hizo que Gamoneda se fijase en la poesía gallega del siglo XX.

-¿Cómo empezaron a tener contacto con él? Usted incluso ha llegado a llamarlo ‘irmán’.

-A mí, me gusta tanto lo que hace que, a veces, me daría gusto soñar que yo escribí algún poema de Gamoneda. Hay una cierta simpatía mutua. Nos conocemos desde la revista Claraboya de los años sesenta en León.

-Se cumplen 35 años de ‘Con pólvora e magnolias’, poemario que abre el libro de Calambur. ¿Puede echar la vista atrás?

-Lo recuerdo perfectamente. Era el año 1976. No conseguí ningún editor; fue rechazado por todos. Tenía un diseño de Luís Mariño, lo edité y lo distribuí con él; era una edición de autor. No tuvo ninguna repercusión mediática; no hubo críticas; sin embargo, se agotaron rápidamente dos o tres ediciones. Ese fue el fenómeno. Tuvo más repercusión de la que yo podía pensar.

-Leyéndolos ahora, ¿cambiaría algo, cargaría más tinta?

-Hay que resistirse. Yo soy de los que no reescribo nada. Lo que está escrito, debe permanecer tal cual se escribió.

-En el poema ‘Irlanda’ cantaba a un Derry libre (ceibe). Días atrás, se registraron disturbios en Belfast.

-El proceso de paz es muy lento y en Irlanda no fue una rendición de las fuerzas independentistas y republicanas. Fue un alto el fuego para seguir discutiendo condiciones de incorporar Irlanda del Norte a la República. Las voces que quieren romper el proceso son, principalmente, las unionistas, los ingleses. Les molesta la paz. Pasa parecido en muchos lugares.

-En España…

-Es distinto.

-¿Piensa que hay que dar tanta importancia a la retirada de la imagen del Rey en el consistorio de Donosti?

-Desde luego no me produce ninguna molestia; todo lo contrario.

-El poema ‘Contra Maquilero’ arremete contra la usura del siglo pasado pero parece que hoy sigue vigente.

-En estos momentos, la locura es la banca, producto de la usura. Con la crisis, están intentando una reaparición del esclavismo, aparentemente.

-En las últimas semanas, algunas voces reclamaron a la Academia que preside mayor presencia femenina, ¿comparte esa exigencia?

-No tengo comentarios.

-Última cuestión, ¿sintió dolor existencial alguna vez por no parir literatura?

-No, al contrario. Al no necesitar escribir para vivir, siempre me permití una situación de amateur, de persona que está fuera del sistema. Eso fue cuando era joven y ahora mucho más. Nunca escribí mucho y ahora, de mayor, quizás sí tenga un poco más de prisa porque siento que se me acaba el tiempo. Tal vez escriba más ahora pero de manera privada, no tengo prisa alguna en publicar.

 

Los 80′ de ANTONIO GAMONEDA

June 5, 2011

 

 

© Montaje y fotos de KOKOTERA.

En Valladolid, 4 de junio de 2011.

LOS 80′ DE ANTONIO GAMONEDA

May 29, 2011
CONVOCATORIA:

Desde el blog FARO GAMONEDA,
hacemos una llamada a todos/as los/as amigos/as
de ANTONIO GAMONEDA,
para que le enviéis FELICITACIONES POR SU 80 CUMPLEAÑOS
(los cumplirá el 30 de mayo de 2011)
en forma de pequeños o grandes textos,
poemas, fotos, dibujos, músicas…

Antonio Gamoneda

Podéis enviarlas por e-mail,
o dejarlas sencillamente como comentario en el Faro.

Los 80′ / ‘Para el más grande poeta vivo de habla española’, por Roberto Casanova Gianuzzi, desde Chile

Roberto Casanova Gianuzzi
Para el más grande poeta vivo de habla española,
con toda mi admiración y cariño, desde Santiago de Chile:

    más allá

en sus manos delicadas abolió la espuerta,
el árnica apagó el amor como una inflamación
que se detesta por naturaleza

somos. eres, ahora y de continuo, la erosión,
mar contra roca, infinitamente mar, la presión de las aguas, todas
todas sobre un punto inefable

llegas a preguntarme por mí y la oscuridad es suculenta
en tu presencia
sólo tus ojos escupen signos para seguir

llevo tus párpados en andas,
tus luces son turquesa y lagos de altura,
nadie se atreve en tu presencia a sumergirse en ellos

yo, en cambio, acomodo los reales sobre mis cuencas
y apuro el remo silencioso,
esfuerzo la pupila hacia la orilla que sólo se dibuja en mi fiebre

ninguno ha vuelto,
yo no seré el primero en ablandar el corazón,
tendré que conformarme con la espera y la simplicidad de mis mitologías

    R. Casanova  

LOS 80′ / COVA VILLEGAS Y FONSITO RODRÍGUEZ FELICITAN A ANTONIO CON MÚSICA

May 23, 2011


FELICITACIÓN PARA ANTONIO GAMONEDA

DE

FONSITO RODRÍGUEZ
&
COVA VILLEGAS

 

HAZ UN CLICK PARA ESCUCHARLA…

Se trata de una grabación casera de canción asturiana con fondo de clarinete bajo: a la voz la nieta de Don Xuan Uría, Cova Villegas, al clarinete el nieto de Don Eutimio, el maestro de Mansilla, Fonsito Rodríguez.

LOS 80′ / ‘GAMONEDA O LA HERIDA ABIERTA’ POR CARLOS AGANZO

 

 GAMONEDA O LA HERIDA ABIERTA
 
 
Por CARLOS AGANZO
Publicado en su blog, ‘El avisador’,
en la edición digital de EL NORTE DE CASTILLA,
el 23 de mayo de 2011.
 

Muy pocos autores como Antonio Gamoneda representan la cicatriz que la guerra, pero sobre todo la posguerra española, dejaron en la poesía española del siglo XX. Incluso en los libros de la nueva centuria, escritos con la dificultad añadida de su incesante actividad cultural, tras haber sido reconocido con premios como el Cervantes o el Reina Sofía, el escritor mantiene ese carácter de herida abierta, de fantasmas que no terminan de disiparse ante la mirada permanentemente escrutadora del poeta. Su experiencia de niño en el barrio de El Crucero, y su no menos relevante experiencia como empleado de banca durante más de veinte años en su ciudad de León le enseñaron a mirar a las personas con una piedad infinita, y a llevar a sus poemas una ‘sublevación inmóvil’ (así se titulaba el primer libro con el que se dio a conocer en Madrid en el inicio de los sesenta) que no ha remitido con los años ni con las mordeduras feroces de la existencia.

Después de un primer periodo de fertilidad, Antonio Gamoneda sintió en un momento de su vida la gran tentación del silencio. Ese silencio poético que George Steiner interpretó como la aspiración mayor de todo poeta de cierta envergadura. En su caso, la maduración verdadera le llegó casi exactamente de la mano de la transición política, de la metamorfosis de un país que cerraba una de las etapas más oscuras de su historia para abrir con ímpetu las puertas de la esperanza. De hecho, ‘Descripción de la mentira’ inauguró, en 1977, una nueva etapa de madurez y de creación que culminaría con el que sin duda es uno de sus poemarios más emblemáticos y personales: ‘Libro del frío’, publicado ya a principios de los 90. «Hubo un tiempo –dice en uno de los poemas de este libro– en que mis únicas pasiones eran la pobreza y la lluvia. / Ahora siento la pureza de los límites / y mi pasión no existiría si dijese su nombre».

Con la misma pasión de los inicios, la indagación poética y la propia pulsión del lenguaje han marcado la última y extraordinaria etapa de la poesía de Antonio Gamoneda. La inmovilidad de la sublevación que contenían sus primeros poemas se ha ido transformando progresivamente en el desplazamiento hacia una sublevación mayor: la que contiene la revolución interior de la palabra. Esa misma palabra que, según la leyenda, el escritor fue ganando a fuerza de tesón y de voluntad, aprendiendo a leer en un libro de texto extraordinario: el único poemario que le dejó en herencia su padre, el otro Antonio Gamoneda, un poeta modernista que desapareció cuando el niño tenía tres años.

Ahora que cumple los 80, Gamoneda conserva intacta la tensión que ha sabido imprimir a cada uno de sus poemas, hable del amor (una de sus constantes vitales), del frío, del tiempo o de la conciencia. Y conserva también esa pasión, esa necesidad de cantar como única razón de su existencia, de su posición poética frente al mundo. «Amé todas las pérdidas –escribe–. Aún retumba el ruiseñor en el jardín invisible».

Entrevista a Gamoneda en el programa Nostromo de TVE

May 21, 2011

 Entrevista a Gamoneda en el programa Nostromo de TVE

Haz un click para ver y escuchar la entrevista,
emitida el pasado miércoles, 18 de mayo de 2011.

LOS 80′ / Una conversación con VICENTE VALERO para ‘Diario de Ibiza’

May 8, 2011

 

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"EL TIEMPO CONSISTE EN AVANZAR HACIA LA DESAPARICIÓN"
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Una conversación entre ANTONIO GAMONEDA
y VICENTE VALERO

para ‘La Miranda’, suplemento de Cultura de Diario de Ibiza

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El poeta Antonio Gamoneda cumple 80 años el próximo día 30
y el mes de mayo se ha iniciado con una celebración, esta semana, en Toledo. En la maravillosa sinagoga del Tránsito han tenido lugar diversos actos de homenaje, organizados por los poetas Olvido García Valdés y Miguel Casado, principalmente con lecturas poéticas, en honor de quien es considerado el mejor poeta español vivo, Premio Cervantes 2006.

—¡Felicidades!
—Para mí cumplir 80 años significa haber asumido una especie de conformidad no solamente con la vejez sino con la perspectiva de la muerte. Acepto la naturalidad del hecho de ser viejo y tener poco tiempo por delante. En esta manera de ver las cosas han influido no solamente mi experiencia acumulada, también la aparición en mi vida de mi nieta Cecilia, que me ha proporcionado la sensación de vivir en ella, una especie de permanencia. La sucesión de la vida lleva consigo componentes que nos proporcionan una situación de ánimo.
—Pero también su obra apunta claramente hacia la permanencia.
—No voy a despreciar esta permanencia, pero aquella otra que veo en mi nieta tiene un componente biológico y vital que no lo tiene la escritura. Es la primera vez que hago esta reflexión. Se trata de un ser vivo que es parte de mí, que concierne a la vida, y solo en ella veo reflejada mi permanencia, una permanencia de la que yo no me voy a enterar, claro.
—Porque no cree en otras formas de permanencia ni en otras vidas.
—Yo pienso que no. Considero muy extraño ese accidente que es la vida, este ir de la no existencia a la no existencia. He entrado en cierta conformidad con este hecho.
—Desde muy temprano, sus libros encaran los temas de la vejez y la muerte.
—Ayer dijo Olvido García Valdés que cuando yo tenía 50 años ya presumía de viejo. Quizás era que tenía una constante preocupación, nacida de mi infancia, que estuvo muy penetrada por la noción de la muerte, tanto por mi orfandad como por la guerra, en un barrio obrero de León, donde la represión fue muy fuerte. La aceptación del pasado, incluso con todos sus componentes dolorosos, me ha llevado a contemplar la realidad desde esta temprana noción de la muerte.
—También ha dicho usted muchas veces que la poesía existe precisamente porque existe la muerte…

—Bueno, Machado dijo que la poesía es «palabra en el tiempo», y lo es no solamente en el sentido de que la poesía se alimenta del pasado, de un pasado que interiorizamos, sino que incluso lo es técnicamente: la rítmica poética se produce en una temporización del discurso poemático. Bien, si no supiésemos que vamos a morir, no habría tiempo, todo sería un presente plano. El tiempo consiste en avanzar hacia la desaparición.
—¿Cómo vive estos días de celebración y homenaje en Toledo?

—Lo veo como lo que es. Se trata de un encuentro amistoso con un pretexto suficiente: mis amigos os habéis sentido llamados por este pretexto y así nos hemos reunido para leer poesía y para hablar. Incluso, como ahora contigo, para hablar de la vejez y la muerte, aunque, eso sí, con amistad y hasta con alegría.
—Desde que recibió el Premio Cervantes en 2006 su vida es un continuo viajar…

—El Premio Cervantes conlleva unos flecos sociales un tanto impertinentes para la vida de un escritor. Es llamado con relativa frecuencia para citas provocadas por quienes las necesitan: instituciones, autoridades, países… Es decir, me ha llevado a una dinámica viajera que me ha impedido prácticamente escribir ni leer. Ahora estoy aprendiendo a decir no.
—Y por tanto también está escribiendo.
—No había abandonado del todo la escritura, aunque la practicaba de una manera ajena a la serenidad que exige. Todo lo que he escrito son simples borradores, sin orden y con muchas tachaduras, carpetas laberínticas… Voy a poner un poco de orden en todo esto para saber si hay algo aprovechable… Dejaré de escribir cuando mis amigos me lo digáis, cuando me aviséis de que ya no doy para más…
—En este tiempo no ha publicado poesía pero sí un libro de memorias, ‘Un armario lleno de sombra’.
—Quizás es lo único que he logrado cerrar, mejor o peor, durante este tiempo, aunque con un material que había escrito antes y tenía desordenado en apuntes y cuadernos.
—Es un libro de memorias muy especial ya que llega solamente hasta los 14 años.
—Con recuerdos propios, el libro va desde 1934 hasta el día antes de cumplir 14 años, es decir, hasta 1945. Y hay también recuerdos que no son míos, sino transmitidos por mi madre, heredados. El libro responde a un propósito de encuentro conmigo mismo en un tiempo que fue determinante, no solo para mí sino para España, con su Guerra Civil y su postguerra.
—Su descubrimiento de la poesía se da también en aquellos años.
—Sí. Me explico: cuando en 1936 iba a ir a mi primera escuela de párvulos, me encuentro con que se cierran los colegios en León. Y como quería aprender a leer, no tuve más remedio que hacerlo en mi casa, con el único libro que había allí, un libro de poesía que había escrito mi padre, fallecido cuando yo tenía un año. Simultáneamente se dio en mí el conocimiento de los signos de escritura y el conocimiento de la poesía.
—¿Va a haber una continuación de sus memorias?
—Tengo escritos 30 ó 40 folios, pero no sé cómo resolver su continuidad. Entro en una etapa complicada no solamente para mí. Me tiene preocupado, ya que si digo todo lo que sé provocaría sufrimiento en algunas familias que ignoran muchas cosas. No sé cómo lo haré. En fin, no sé si lo haré.

Los 80′ / ‘Para Antonio Gamoneda en su 80 cumpleaños’, por LUIS MIGUEL RABANAL

May 7, 2011
LUIS MIGUEL RABANAL ©Foto de AMANDO CASADO


(Para Antonio Gamoneda en su 80 cumpleaños)

Al serenarse se desviste,
también te ha despojado a ti
de tu abandono.
Basta el aliento del mendigo
para que la sensatez
y la insensatez
se cumplan.

 

LOS 80′ / El 3 de mayo en el Museo Sefardí de Toledo

 
Alexis nos hace llegar estas fotos de Barri:
 
 http://farogamoneda.blogsome.com/images/olv-gam-director.jpg
[Gamoneda, Olvido, Santiago]
 
 http://farogamoneda.blogsome.com/images/1-los-cuatro.jpg
[Mestre, Eloísa, Vicente, Miguel]
 
 http://farogamoneda.blogsome.com/images/1-los-tres.jpg
[Mestre, Eloísa, Vicente]
 
 http://farogamoneda.blogsome.com/images/olvi-alexis-fern.jpg
 [Olvido, Fernando, Alexis… y al fondo, a la izquierda, Isabel]

 ~ ~ ~
3 de mayo ~ Museo Sefardí ~ Toledo
CICLO DE LECTURAS
EN HOMENAJE A ANTONIO GAMONEDA
EN SU 80 CUMPLEAÑOS

Compartiendo recital con Leopoldo María Panero en León

 Panero, recibido por Gamoneda, quien echó de menos más actos en homenaje al astorgano. ©Foto JAVIER

LEOPOLDO MARÍA PANERO:
«La literatura es ahora mismo

lo único que me separa del suicidio»

~ ~ ~
Leopoldo María Panero reaparece
para compartir recital con Antonio Gamoneda

 Por EMILIO GANCEDO
para Diario de León

Escritor maldito por antonomasia, su reclusión en un sanatorio mental de Las Palmas de Gran Canaria no impide a Leopoldo María Panero (Madrid, 1948), de la insigne y muy literaria saga astorgana de los Panero, producir con regularidad poemarios que se ven respaldados de manera firme por la crítica especializada. Ayer, y después de una larga temporada de silencio público, reapareció el autor de Locos de altar , su última obra, en la jornada Anatomía de la llama organizada en el marco de la Feria del Libro leonesa por la Concejalía de Cultura y la Fundación Monteleón.

Fue en la segunda parte de la jornada cuando Panero y Antonio Gamoneda se encargaron de leer una serie de poemas seleccionados; en la primera, y bajo el lema Los prestigios y la literatura , participaron en una mesa redonda los escritores Álvaro Pombo, Ángeles Caso, Kirmen Uribe y el propio Gamoneda. En ella quedaron patentes las muy diferentes maneras de entender la fama, y así, Pombo se atrevió a reivindicar la discriminación, que puede espolear una fructífera creación literaria.

Leopoldo María Panero, inclasificable, imprevisible, ácrata, atrabiliario y de discurso enmarañado en el que se alternan momentos de brillantez con otros de aparente descontrol verbal, explicaba ayer a este periódico que su poesía, con el correr del tiempo, se ha vuelto «más alambicada» y que muy pronto sacará a la luz un nuevo poemario, que llevará por título El canto del frío. ¿Su contenido? «El soneto por el soneto», dijo.

Y es que al hijo de Leopoldo Panero se le anima el semblante cuando piensa que «le van a llevar» a la próxima Feria del Libro de Madrid a firmar ejemplares. Porque desde finales de los años ochenta, cuando comenzaba su obra a alcanzar un unánime aplauso de los críticos, se decidió su ingreso en un psiquiátrico, el de Mondragón, y diez años después se estableció en el Hospital Psiquiátrico Rey Juan Carlos de Las Palmas de Gran Canaria.

Sobre su sanatorio. Ayer, Leopoldo María Panero confesaba sentir ese centro como «un campo de concentración» en el que «se entra cuerdo y se sale loco» y, a la pregunta de por qué se encuentra en ese lugar, respondió: «La culpa fue de mi madre, que me metió allí después de que intentara suicidarme dos veces, y porque me hinchaba a drogas». Entonces, ¿es que ahora está perfectamente? «Bueno, la paranoia es de verdad», asumió el autor de una cincuentena de obras entre las que se cuentan Presentación del superhombre o Escribir como escupir y a quien diagnosticaron una esquizofrenia después de que, con poco más de veinte años, decidiera experimentar con todo tipo de estupefacientes. Así pues, ¿por qué continúa escribiendo Leopoldo María Panero? Con escalofriante seguridad, el poeta responde: «La poesía, la literatura, es ahora mismo lo único que me separa del suicidio». Y brama improperios sobre su reclusión en el sanatorio de entre los cuales apenas se alcanza a entender: «¿Pero a quién he matado yo? ¿A quién?». No obstante, se le argumenta, ha habido grandes autores que pasaron parte de sus vidas en sanatorios («¿quién? ¿Nietzsche?», pregunta a su vez). Y entre extrañas referencias a la CIA y a Mallarmé, Panero anunció sentirse «muy maltratado por este país».

No dudó Gamoneda en calificar de histórica la jornada de ayer y en subrayar el hecho de que la poesía es «el único sentido de la vida para Leopoldo».

Los 80′ / El Museo Sefardí de Toledo celebra en mayo el 80 cumpleaños del poeta con un ciclo de poesía

May 3, 2011

 Museo Sefardí. Toledo

LA POESÍA, LUGAR DE ENCUENTRO.

Los 80 años de Antonio Gamoneda.

Ciclo de lecturas en homenaje al poeta, Premio Cervantes 2006.
Museo Sefardí. Toledo.
3, 4 y 5 de mayo de 2011
.

Martes 3 de mayo: lectura de poemas de Juan Carlos Mestre, Eloísa Otero y Vicente Valero.
Miércoles 4 de mayo: lectura de poemas de Miguel Ángel Curiel, Clara Janés e Ildefonso Rodríguez.
Jueves 5 de mayo: lectura de poemas de Antonio Gamoneda.

El ciclo “La poesía, lugar de encuentro” responde a la voluntad del Museo Sefardí de abrir las calles de la Judería toledana a la creación y al pensamiento contemporáneos. Se trata de encontrarse con la poesía contemporánea en los mismos lugares donde tuvo su casa en el siglo XII Yehudá Haleví, el gran clásico de la poesía hebrea; por donde cruzaron tantas veces Garcilaso de la Vega y San Juan de la Cruz, o donde residió en un momento significativo de su vida Fray Luis de León; se trata de escuchar en esos mismos lugares a los poetas de principios del siglo XXI, ofrecer un espacio de diálogo y contacto con ellos, vías para la circulación de las líneas poéticas actuales, para el debate de sus problemas y propuestas, un ámbito para su emoción y su riesgo.

El gran poeta Antonio Gamoneda cumple 80 años el próximo 30 de mayo: una fecha simbólica para celebrar la obra y la figura de un autor singular y, sin duda, el poeta español de mayor proyección internacional en el momento presente. Desde ‘Sublevación inmóvil’ (1960), ‘Descripción de la mentira’ (1977) o ‘Libro del frío’ (1992) hasta ‘Un armario lleno de sombra’ (2009), Gamoneda ha profundizado en la construcción de un mundo personal, cuyos elementos participan a la vez de la inmediata vida cotidiana, de la más intransferible intimidad y de una poderosa y oscura dimensión mítica, mientras van iluminando –como en los fogonazos del relámpago– tanto una memoria colectiva de la historia española como el exigente autoanálisis de la propia identidad.

En torno a Antonio Gamoneda, que leerá sus textos más recientes, el Museo Sefardí reúne a una serie de poetas de diversas trayectorias y escrituras, que aportarán también como mejor homenaje su propia voz, sus poemas.

Coordinan: Olvido García Valdés y Miguel Casado.

 

 

Los 80′ / ‘Ése es ANTONIO’, por JUAN RAFAEL

JUAN RAFAEL ÁLVAREZ

Maestro en actitud crítica, conciliadora y amable sin concesiones. Buscador siempre de la mejora expresiva inagotable. Ése es Antonio, que en su hábito público, desde su mirada y voz profundas, genera miedo en quien oculta y cercanía en quien se muestra.

JUAN RAFAEL

 

Los 80′ / ‘EL MAESTRO DE LA NIEVE’, por LUPE GÓMEZ


LUPE GÓMEZ, junto a ANTONIO GAMONEDA, en un homenaje a MIGUEL HERNÁNDEZ en León

EL MAESTRO DE LA NIEVE

Tengo un maestro en la nieve. Sus manos son dibujos de nieve. Su corazón es de nieve. Si yo supiese pintar las arrugas de la cara de mi madre, me moriría y volvería a nacer en el mes de mayo. Si yo cumpliese 80 años, sentiría que Caperucita Roja aparece y desaparece en las mañanas de nieve. Me alegro de tener un maestro. Puedo contarle cosas cuando tengo sueño, cuando bailo en el interior tranquilo del río de mi aldea, cuando sueño con calles que son mujeres llenas de frío, dolor y trabajo. Si yo no tuviese un maestro de nieve, no tendría nada que aprender. No quedarían motivos para protestar. Quizás mi nombre y mis apellidos se morirían en un cajón vacío de un armario de piedra. Puedo cantar y tocar un acordeón rojo en los días luminosos de abril, mientras mi maestro prepara los libros, los poemas y las lágrimas de las mujeres republicanas. Mi maestro nunca es viejo aunque cumpla 80 años. Nunca duerme y nunca despierta, porque está tan vivo como un campo de hierba. No podré cortar el maíz con mis manos cuando mi maestro se marche. No quiero que se vaya a un país sin relojes, sin mapas, sin cuentos. Necesito escuchar su voz una vez más para que los árboles canten canciones invisibles, muertas. Tengo una guitarra escondida en un rincón alegre de mi casa. Hablo con ella en las tardes eternas de Compostela. Tengo las cartas de mi maestro en una caja que no tiene llave. La abro y la cierro y hundo mi corazón en sus paredes de hierro. Mi caja mágica –con un maestro dentro- tiene fotos de Londres. Nunca fui a Londres en avión, pero fuí muchas veces en los cuentos. Mi maestro es una ventana y yo miro con mis ojos marrones toda la niebla da “miña terra galega”. En el tejado de una casa de piedra nacen muchas niñas que aman la lluvia, sueñan con enamorarse y tejen palabras para ese maestro melancólico y misterioso que llegó un día, y no se fue nunca. Felicidades, Gamoneda, por ser un puro cristal de nieve, un tierno amanecer y un grito azul de libertad.

                                                                LUPE GÓMEZ ARTO

 

Los 80′ / ‘EN LA LUZ DE LAS CLARABOYAS’, por TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO

 Tomás Sánchez Santiago

EN LA LUZ DE LAS CLARABOYAS

Siempre me gustó el sabor de esa palabra: “claraboya”. Me entran a la vez infancia y luz por ella cuando la pienso o cuando la pronuncio. Ahora, cuando recuerdo –con qué nitidez emocionada- mis primeras conversaciones con Antonio Gamoneda, me sale a flote esa misma luz alta y entera, escasa de pérdida. La que dejan dentro de uno las claraboyas de la memoria aún viva.

Mis amistades poéticas -Eloísa Otero, Ildefonso Rodríguez, José Luis Puerto- me encaminaron a la casa del escritor no bien llegué yo a León en 1993. Nunca olvido esos primeros encuentros colectivos en la penumbra de aquel vestíbulo inmediato. Había hospitalidad y había prudencia en las palabras. Y había un juego de mutualidades que ponía en el mismo nivel lo que unos y otros estábamos haciendo. En esa expresión, “unos y otros”, está también incluido el propio Gamoneda, que para aquellos días, tras el estupor que a todos nos había causado su Libro del frío, estaba en relación obsesiva y alegre y desmesurada –todo junto, sí- con su Libro de los venenos. Él preguntaba con naturalidad sobre aspectos que le concernían mucho en aquellos momentos. Y luego escuchaba. “Tienes razón; lo voy a pensar”. Así acababan a veces sus inquisiciones.

Con el tiempo, me logré acostumbrar a eso. A poner en el tapete común nuestras preocupaciones y zozobras poéticas. Junto al vino; junto al queso. Todos nos hablábamos y nos escuchábamos a un mismo nivel. Por eso, de pronto, en mitad de un asunto, Gamoneda nos hacía saber, si es que venía de verdad a cuento y sin cambiar el tono, quién había pasado por allí mismo unos días antes. Podía ser un conspicuo. Pero él nos lo ponía delante sin darle ventaja ninguna a su lustre.

Eso me habló enseguida del alcance de su deferencia, de su amistad que no hacía distingos.

Esa es la luz que aún sale por las claraboyas de la memoria cuando recuerdo aquellos días, que luego fuimos alargando de mil modos en nuestra relación en la ciudad en que ambos seguimos viviendo. Y siempre así, empujándolo todo hacia la alegre franqueza de la amistad incombustible.

TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO

 

Los 80′ / ‘Descripción de ANTONIO’, por VÍCTOR M. DÍEZ

VÍCTOR M. DÍEZ 

Conservo una primera imagen consciente de Antonio paseando solo, por la entonces ajardinada Plaza de la Catedral de León. Descripción de la verdad: era junio, iba caminando despacio, con una chaqueta azul en el brazo, una carpeta o un sobre y un gran cucurucho de helado. No recuerdo ahora el color del sabor de aquel helado. ¿Fresa, chocolate, no sé? Pero sí recuerdo que yo, con 17 o 18 años, ya me había asomado a Descripción de la mentira, y la imagen de Antonio deleitándose en su cucurucho me sobrecogió. No sé si pensé entonces en aquel verso: “El óxido se posó en mi lengua como el sabor de una desaparición. /El olvido entró en mi lengua y no tuve otra conducta que el olvido…”; supongo que no, pero recuerdo que en la mitología personal, en la imagen que uno se forjaba de lo que era ser poeta me sorprendió aquel hecho tan dulce y quizás tan nimio: a los poetas se les permitía comer helados. Helados de óxido o de olvido, al menos.

VÍCTOR M. DÍEZ

 

Los 80′ / ‘De donde vuelve ANTONIO GAMONEDA’, por JOSÉ MIGUEL MARINAS

 José Miguel Marinas

De donde vuelve Antonio Gamoneda

De él, en conversación con Ildefonso Rodríguez, aprendí que el poeta sale de la ciudad, ve algo que nadie vio y se esfuerza en cantarlo, en darlo a los vecinos del Crucero o del mundo.

Esa es su civilidad, la generosidad de su condición ciudadana.

¿De dónde vuelve Gamoneda?

Se dirá que de la pobreza originaria, del silencio de plomo, de las reatas de condenados, de la conciencia de los venenos que obran sobre el cuerpo, de la larga soledad de la vida leonesa de la que estos años sale para predicar a los lapones o a los madrileños.

Quiero pensar que, aunque no lo confiese, tal vez ni lo sepa claramente, Gamoneda viene de un sueño asturiano. Que no lo tuvo el mismo, que se lo soñaron. Un sueño  que se inventa al contarlo, cada vez que se narra.
En él la felicidad (abruptamente robada luego, de tan niño) aun estaba viva y plena y bajaba por un prao verde abajo donde se cantaba lo que un día entonamos a media voz:

Baxaben cuatro alleranos
Todos xuntos en madreñes
Y en Santullano pidieron
fabes, tocín y morcielles
que dixo Melchor…

El poeta combate por contar, cada vez más despojado y verdadero, el sueño del mundo que le trajo a la vida.

MIGUEL MARINAS

 

EN LA MUERTE DE SÁBATO

May 1, 2011

 ERNESTO SÁBATO

"La poesía es un género que no tiene nombre y que impregnaba la literatura de Sábato. Es una triste noticia en un día tan hermoso delante de la bahía de Finisterre. Lo cierto es que me entristece esta muerte. Su obra tenía un muy serio compromiso con la conciencia humanista. Tenía una profunda raíz existencial que se ha ido. Me entristece, pero tengo su obra para permanecer en contacto con Sábato".

ANTONIO GAMONEDA

Gamoneda en A Coruña, ‘Escritor Galego Universal’

April 29, 2011
Gamoneda en Roma (2011), en una foto de Cecilia Quílez

Antonio Gamoneda destaca el "alto nivel"
de la literatura gallega"

29-04-2011 / 15:00 h.

A Coruña, 29 abr (EFE).- El poeta Antonio Gamoneda, ganador del Premio Cervantes en 2006, ha destacado hoy el "alto nivel" de la literatura gallega, a la que ha declarado su "admiración".

Gamoneda, quien será nombrado "Escritor Galego Universal" por la Asociación de Escritores en Lingua Galega (AELG), se ha declarado ferviente admirador de la poesía gallega, especialmente de la obra de Rosalía de Castro.

De hecho, su biblioteca particular cuenta con "tres metros" de volúmenes en gallego, ha reconocido en una rueda de prensa ofrecida hoy en A Coruña.

"Creo que la media cualitativa de la literatura gallega sería superior a la literatura en castellano", ha afirmado en declaraciones a los periodistas antes de participar en el homenaje que la AELG le rendirá durante todo el fin de semana.

Esta misma tarde, Gamoneda ofrecerá una conferencia en la sede de la Real Academia Galega (RAG), en A Coruña, donde leerá sus nuevos poemas -inéditos hasta la fecha- que posiblemente formen parte de su nueva obra, cuyo original debía haber entregado a la editorial "hace 4 meses", lo que no pudo hacer al perder "35 poemas" durante un viaje a Barcelona.

Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), quien se ha definido como un "pequeño conocedor y gran enamorado de Galicia", será distinguido por la AELG con un galardón que ya recibieron Mahmud Darwich, Pepetela, Nancy Morejón, Elena Poniatowska y Juan Gelman.

Entre otras distinciones, Gamoneda ha recibido el Premio Cervantes (2006), el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2006) y el Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Poesía (1988).
(La noticia en FARO DE VIGO)

Gamoneda en la Primavera ‘Poética’ de Jaén

April 15, 2011

Antonio Gamoneda:
«Llevar el poema a la oralidad es el último paso del trabajo»
(En El Ideal.es)

 

‘Descripción de la mentira’ en la exposición ‘Sin realidad no hay utopía’ (Sevilla)

 

Exposición ‘Sin realidad no hay utopía’
en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), en Sevilla.
(Haz click en las imágenes para leer la noticia en EL PAIS.ES)

Con el poeta LEOPOLDO MARÍA PANERO en la Feria del Libro de León (el 6 de mayo)

 

 

Haz click en las imágenes para leer la noticia en EL MUNDO DE LEÓN.

14 de Abril

April 14, 2011
VIVA LA REPÚBLICA
~

Recuperamos un encuentro virtual con los lectores del diario ‘El Mundo’ en 2007

April 12, 2011

Gamoneda con los lectores de El Mundo

Haz un click en la imagen…

El jueves 14 de abril en la ‘Primavera POÉTICA’ de Jaén

April 11, 2011

Primavera Poética Jaén

(…) El miércoles, 13 de abril, Leo Bassi mostrará a los jiennenses las claves de su último trabajo, ‘Utopía’. El jueves, 14 de abril, el ganador del Premio Cervantes de Literatura Antonio Gamoneda ofrecerá sus opiniones sobre diferentes asuntos artísticos. (…)

LUZ - LUMIERE / Con el artista JEAN-LOUIS FAUTHOUX

April 5, 2011

 

Exposition LUZ

Papiers de Jean-Louis Fauthoux  -  Poèmes d’Antonio Gamoneda

Traductions d’Amelia Gamoneda  -  Lumières de Nicolas Fougère

 Jean-Louis Fauthoux

 

 

 

 

 Papiers de Jean-Louis Fauthoux

A Pau, dans le cadre de la manifestation PAU FÊTE LE LIVRE (26, 27, 28 nov. 2010), les PAPIERS de Jean-Louis Fauthoux ont été exposés, accompagnés de LUZ, un ensemble de douze poèmes originaux d’Antonio Gamondeda. Le 27 nov. ces poèmes ont été dits par Amelia Gamoneda en Castillan et par Michel Bernier en Français.

 (© Fotografías de FERNANDO SANZ SANTACRUZ)

Pleamar Editorial

En el blog de MANUEL GARRIDO PALACIOS

March 18, 2011

 http://farogamoneda.blogsome.com/images/1%20RIO%20gamoneda.jpg

A veces recuerdo lo que aún no ha sido, como el haber leído antes el libro ‘El río de los amigos’ (Calambur 2009) dedicado a Antonio Gamoneda, título también de un poema suyo, como el que da nombre a este artículo: eco de la obra compuesta en su honor por un grupo de escritores reunidos por Rafael Saravia para cantar a quien mereció, entre otros, el Premio Cervantes; digamos para un poeta de los que marcan huella.
Saravia, “guiado por la conciencia despierta de Gamoneda y la impregnación emotiva que suponen sus poemas”, ha editado este homenaje al maestro con una nómina procedente de varias generaciones. Así, Tomás Sánchez dice que llegó “hasta Gamoneda con la sensación de quien se entera tarde de una fiesta”. Miguel Casado se pregunta “¿Córno aparece un gran poeta? Resulta difícil no sentirlo como un fenómeno misterioso”. Antonio Colinas: “Llegó a mis manos Sublevación inmóvil, libro de Gamoneda, que me abrió al campo de su poesía”. Niall Binns: “Ha de llover es una rara y estremecedora incursión de Antonio en la poesía civil”. Amalia Iglesias: “Gamoneda es un poeta transparente, universal”. Gonzalo Rojas: “Entre tantos y tantos que habré leído en español hermoso / estoy por este Antonio / del Machado para acá / que dice y entredice el Mundo”. Jorge Riechmann: “Lo ha indicado Gamoneda: La escritura no debe ser ‘explicación, referencia, adorno, rasgo de ingenio’, sino ‘ella misma realidad’”. María Nieves Alonso: “Escritura de seducción es la de Gamoneda, el autor de libros que siempre fluyen hacia lo otro”.
Guadalupe Grande: “¿Qué sucede en la mirada cuando Antonio se detiene a ver? Sucede el acontecimiento del testigo”. Lourdes de Abajo: “En esa quietud del pájaro en el deshielo, de la sombra precisa que el tiempo ahuyenta, no se envilece la soledad”. Luis Luna: “Gamoneda se apoya en su puño. Sé que piensa o descansa”. Eduardo Moga: “Leí Edad atravesado por el rayo, asombrado de no haber conocido a un poeta de tanta envergadura”. Fanny Rubio: “Es la certeza que nos lleva a tantos a leer a contados poetas, entre ellos, Antonio Gamoneda”. Diego Jesús Jiménez: “Aparente quietud, tiempo herido de sombras”. Ildefonso Rodríguez: “Cada uno en su silencio, estábamos viendo los rostros invisibles (Antonio Gamoneda)”. María Ángeles Pérez López: “Es difícil salir de Descripción de la mentira. Algunos poemas tienen la cualidad de convertirse en casas, hospitales. morgues”. Antonio Marín Albalate: “La verde escritura de su mano de nieve poco antes de que pusiera en las mías el Libro del frío”. Marifé Santiago Bolaños: “Sólo un jardín o un poema vigilarían el latido”. Ángel Luis Prieto de Paula: “Hay dos momentos en la existencia de Gamoneda caracterizados por el abandono de la palabra, tras los que se produjo una suerte de restauración de la voz creadora”.
Eloísa Otero: “’Que tus manos sean tan generosas como la tierra’. Parecen versos de Gamoneda. ¿Lo son?”. Juan Carlos Mestre: “Las palabras de Gamoneda ‘como una madre sobre su pequeño que sueña con cuchillos’, me protegieron durante el tiempo de las heridas”. Viktor Gómez: “Su poesía me sacudió. Abrió en mí una trocha a la extrañeza y el estupor”. José María Parreño: “Coloco una palabra detrás de otra / como pasos de equilibrista”. Lawrence Breysse-Chanet: “Desde el primer poemario, sobrecoge al lector la voz de quien Ha venido de noche”. Antonio Méndez Rubio: “¿Cómo hablar al mismo tiempo de o desde la realidad inmediata (en este país) y de o desde la desaparición de lo real (la realidad se ahuyenta)”? Eduardo Milán: “El que vive de visiones no se alimenta de cerezas”. Alexandra Domínguez: “La gente trafica con lo que significa”. Pilar Blanco: “La poesía transforma el interior de quienes la sirven”. Cecilia Quílez: “No hay canción de cuna que me despierte”. Pablo de la Varga: “Legaba la avioneta a Antonio. / Nunca se presentó a reclamarla”. Jaime Siles: “Lo sido se trasmina / en nacarada frente”. Jordi Doce: “Perfecta conclusión / que no concluye”, aunque hace pausa Ignacio Escuín: “Nunca he conocido a Gamoneda, o quizá lo conozco de toda la vida”.
Vuelvo a memorar lo que no pasó conmovido ante tanto amor escrito para el poeta, que cierra con voz quebrada: “Todos los árboles se han puesto a gemir dentro de mi espíritu”.
© Manuel Garrido Palacios 

21 de Marzo: Poético Buzoneo en León, para celebrar el DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA

March 17, 2011

 ENTRA EN EL BLOG: 'POÉTICO BUZONEO LEÓN'

Con motivo del:
Día Mundial de la Poesía
León
21 de Marzo de 2011
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‘POÉTICO BUZONEO’

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Nº 1
13 Poetas:

ANTONIO GAMONEDA
ELOÍSA OTERO
FAIK HUSEIN
GASPAR MOISÉS GÓMEZ
ILDEFONSO RODRÍGUEZ
LUIS MIGUEL RABANAL
MARTA-ESTER VILLA LÓPEZ
MIGUEL SUÁREZ
RAQUEL LANSEROS
SUSANA BARRAGUÉS
VÍCTOR M. DÍEZ
VICTORIANO CRÉMER
VIGGO MORTENSEN


LA ACCIÓN consiste en “buzonear” 20.000 hojas publicitarias con versos de los 13 poetas.
Se llevará a cabo el 21 de marzo de 2011 en dos barrios de la capital leonesa, San Pedro de las Huertas y  Palomera-Quintanilla. En el “buzoneo” colaboran las Asociaciones de Vecinos de ambos barrios.
Quien lo reciba en su buzón, a su vez, podrá reenviar el poema a otra persona amiga, por correo postal, con solo doblar la hoja volandera, escribir una dirección en ella y pegar un sello.

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PAPIER FAUTHOUX, COULEUR FAUTHOUX, ENTRE LA LUMIERE ET L’EAU

February 16, 2011

 PAPIER FAUTHOUX

PAPIER FAUTHOUX, COULEUR FAUTHOUX,
ENTRE LA LUMIERE ET L’EAU
 
 
Lorsque Jean-Louis Fauthoux trempe ses mains dans l’eau, la lumière entre en elle-même et révèle la multitude des pigments enfouis. C’est une fleuraison clandestine et bouillante dans la profondeur innommable.
 
Vers les mains humides les lumières avancent accompagnées des ombres. Les lumières avec leur charge de feu, les ombres avec leur tremblement nocturne Les atomes tournent dans leur discorde livide mais la paix survient, la paix des grisailles silencieuses et des bleus froids.
 

Incendie et paix dans les mains pulsatiles, incendie et paix sur les étamines sauvages. Tout est visible et lumineux dans la vertu de l’eau, de l’eau submergée dans son ignorance intime, libre et convertie sous les mains de Jean-Louis Fauthoux.
 

Un flamboiement inonde la cour. Turgescent, sur des cordes immobiles il déplie sa couleur intransitive, et la prononciation du crépuscule et la conduite de l’aube se concertent dans la même flamme.
 

Tout est vérité sur les grands papyrus, dans l’écriture violacée qui nomme l’inexistence et qui déroute les signifiés. Ah la folie qui tourne incandescente, ah le flamboiement sans cause!
 

Tout est vérité dans la déclinaison du pourpre. Tout est vérité : le singulier et le multiple, le conséquent et l’initial. Couleur, couleur, nombre immense, chiffre secret et évident.
 

Lorsque il trempe ses mains dans l’eau, l’impossible se modifie. Tout est certitude, tout luit en immanence existentielle. Couleur, couleur, cause incessante, somme en procès. Couleur, absence présente, plaie et conduite solaire.
 

Tout est lumière et tout est ombre : le faux est aussi véridique ; la mort, immortalité. Tout est lumière et tout est ombre, lointaine proximité. La lumière habite l’ombre. Il y a de la lumière dans la froideur attenante à l’éternité
 
                                vide.
 
ANTONIO GAMONEDA
Traduit en français par Amelia Gamoneda.
 
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PAPIER FAUTHOUX, COLOR FAUTHOUX.
ENTRE LA LUZ Y EL AGUA

 

Cuando Jean-Louis Fauthoux hunde sus manos en el agua, la luz entra en sí misma y revela  la multitud de los pigmentos ocultos. Es una floración; clandestina, hierve en la profundidad  innombrable.

 

A las húmedas manos acuden, simultáneas con  las luces,  las sombras. Las luces con su carga de fuego, las sombras con su temblor nocturno. Giran los átomos en su discordia lívida pero sobreviene la paz; la paz de las grisallas silenciosas y los azules fríos.

 

Incendio y paz en las manos pulsátiles, incendio y paz en los estambres silvestres. Todo es visible y luminoso en la virtud del agua, del agua inmersa en su ignorancia íntima,  libre y conversa bajo las manos de Jean-Louis Fauthoux.

 

El resplandor cunde en los patios. En las cuerdas inmóviles se despliega turgente en su color intransitivo, y se conciertan en la misma llama la pronunciación del crepúsculo y la conducta del amanecer.

 

Todo es verdad en los grandes papiros, en la escritura cárdena que nombra la inexistencia y desordena los significados. ¡Ah la locura girando incandescente, ah el resplandor sin causa!

 

Todo es verdad en la declinación purpúrea. Todo es verdad: lo uno y lo múltiple, lo consecuente y lo inicial. Color, color, número inmenso, cifra secreta y evidente.

 

Cuando Jean-Louis Fauthoux hunde sus manos en el agua, se modifica lo imposible. Todo es certidumbre, todo fulge en la inmanencia existencial. Color, color, causa incesante, cúmulo procesal. Color, ausencia presente, llaga y conducta solar.

 

Todo es luz y todo es sombra; lo cierto es también lo incierto; la muerte, inmortalidad. Todo es luz y todo es sombra, lejana proximidad. La luz habita la sombra. Hay luz en los aledaños fríos de la eternidad

                                                       vacía.

Antonio Gamoneda

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LUZ, une aventure à deux voix

 Luz, une aventure à deux voix

Est-ce la lumière, cette substance que traversent les oiseaux?

ANTONIO GAMONEDA ~ JEAN-LOUIS FAUTHOUX

LUZ

ANTONIO GAMONEDA ~ JEAN-LOUIS FAUTHOUX

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LUZ est né d’une aventure à deux voix, avec le poète espagnol Antonio Gamoneda. Dans un premier temps, j’ai réalisé douze papiers carrés (100 x 100 cm) à partir de recueils de poèmes déjà existants: Pierres gravées, Livre du froid, Clarté sans repos, De l’impossibilité, Cecilia. Je les avais appelés "papiers de pluie et de lumière", compte tenu de leur processus de fabrication…

On demande souvent au peintre d’illustrer les poèmes, et dans le meilleur des cas, de les accompagner, favorisant ainsi une certaine "autonomie". Ici le processus a été inversé. C’est en regardant ces grands papiers que, dans un deuxième temps, Antonio Gamoneda a écrit ces poèmes originaux de LUZ.

Un treizième papier, de même dimension que les autres, est ensuite venu, comme en apostille, s’ajouter aux 12premiers. Celui-ci est éclairé par l’arrière - ainsi le prévoyait le projet initial -, révélant leur épair (transparence des matières) alors que tous les autres reçoivent un éclairage direct.

Je remercie Amelia Gamoneda d’avoir traduit l’ensemble des poèmes, de même que le texte liminaire, d’ordre plus général. 


Jean-Louis Fauthoux
, novembre 2010.

Textos inéditos de Gamoneda en el estreno de la revista ‘Suroeste’

Textos inéditos de Gamoneda en el estreno de la revista 'Suroeste'

Haz click para entrar en la noticia sobre la revista ‘Suroeste

‘La construcción del olvido’, por JORGE FERNÁNDEZ GONZALO, en ‘452º Fahrenheit’

February 3, 2011

'La construcción del olvido', por JORGE FERNÁNDEZ GONZALO, en '452º Fahrenheit'

‘La construcción del olvido’, por JORGE FERNÁNDEZ GONZALO.
En (haz click:)  452º Fahrenheit.

Resumen.- Nuestro estudio trata de analizar el concepto de memoria y olvido en la producción poética de Antonio Gamoneda a través de obras como ‘Descripción de la mentira’, ‘Lápidas’, ‘Libro del frío’ o ‘Arden las pérdidas’, y en relación al período histórico que le tocó vivir al autor.

Puedes descargar el PDF.

Investidura de Gamoneda como doctor ‘honoris causa’ por la UASD, la universidad ‘primada’ de América

 La investidura de Gamoneda como doctor 'honoris causa' por la UASD, universidad 'primada' de América

Haz un click para leer la noticia en El Mundo de León.
O en AmoDominicana.com.

Gamoneda recibirá el título de ‘Doctor Honoris Causa’ de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, el 1 de febrero, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid

January 27, 2011

 http://farogamoneda.blogsome.com/images/1%20gamo%20cbm%20honoris.jpg


El acto de entrega del título de
‘Doctor Honoris Causa’
de la Universidad Autónoma de Santo Domingo
al poeta ANTONIO GAMONEDA
tendrá lugar el 1 de febrero de 2011
en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
A las 19.30 horas.

En la Tierra de las Letras

 Gamoneda en Letralia

Haz click en la imagen para acceder a la noticia.

El poeta asturiano, hijo adoptivo de León, acaba de ser nombrado… ‘ESCRITOR GALEGO UNIVERSAL’

January 22, 2011

 

ANTONIO GAMONEDA, nombrado ESCRITOR GALEGO UNIVERSAL
por la Asociación de Escritores en Lingua Galega
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A Asociación de Escritores en Lingua Galega destaca con este premio, que xa recibiron Mahmud Darwish, Pepetela, Nancy Morejón, Elena Poniatowska e Juan Gelman, aqueles autores que unen á excelencia literaria o compromiso ético que os converte en referentes na defensa da dignidade nacional e humana. Antonio Gamoneda reúne unha altísima poesía e un insubornábel compromiso ético, para quen o individuo, e por tanto o poeta, se realiza na poesía como forma de coñecemento. Con motivo da entrega do premio, Antonio Gamoneda estará en Galicia en abril. O día 29 ofrecerá unha conferencia na cidade da Coruña e o 30 asistirá á Cea das Letras, organizada pola Asociación de Escritores.
Nacido en Oviedo en 1931, a obra de Gamoneda esténdese desde o 1960, con Sublevación inmóvil, até hoxe marcada por unha fonda pegada ética que gaña forza nun exemplo de coherencia e verdade poética. Premio Cervantes en 2006, reivindícase como pertencente á cultura da pobreza: o sufrimento social penetra na súa conciencia lingüística, conferíndolle unha linguaxe poética e semanticamente subversiva. Combina un poderoso dominio do idioma cunha permanente actualidade do seu mundo poético nacida da asunción da propia historia persoal e colectiva. O recoñecemento europeo e americano revélase na tradución da súa obra a distintas linguas. Foi tamén Premio Raíña Sofía de Poesía Iberoamericana en 2006 e Premio Nacional de Literatura na modalidade de Poesía en 1988.

 

MARÍA ÁNGELES LANZA (Angelines)

 Angelines Lobón

En el blog ‘Seconal‘, de Ismael Cabezas.

Archivo de noticias sobre Gamoneda en el diario ‘EL PAÍS’

 Antonio Gamoneda en elpais.com

En elpais.com

Antonio Gamoneda recibirá en febrero el ‘Honoris Causa’ de la Universidad Autónoma de Santo Domingo

January 20, 2011

 

Parece que, después de un montón de meses desde que se anunció (allá por marzo de 2010), el poeta Antonio Gamoneda recibirá el título de ‘Honoris Causa’ por la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Todo apunta a que el acto tendrá lugar el próximo mes de febrero, en su casa de León…

 

Un poema de ‘La tierra y los labios’ en portugués

 Antonio Gamoneda (©Foto: Francisco J. Lauriño)

Ninguém me ensinou uma lágrima;
não senti pulsar na minha garganta
o rouxinol sangrento da luz.

 

Uma vez disse: «Vem, Deus, vem aos meus lábios,
vem aos meus olhos e à minha sede.» E Deus
só era verdade no silêncio.

 

ANTONIO GAMONEDA

(De ‘La tierra y los labios’ 1947-1953).

(Tradução: João Moita)

 

Futuro ‘Paseo de los Poetas’ en León

Antonio Gamoneda en la Estación de Feve de León (la estación de Matallana...)
Gamoneda visita el Paseo de los Poetas

El poeta leonés se muestra ilusionado con este proyecto
en el que aparecerá un fragmento de una de sus primeras obras,
el ‘Ferrocarril de Matallana’

Por Andrea Cubillas
19/01/2011 (Para Leonoticias.com)
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LEÓN.- Las obras de la ‘renovada’ estación de Feve continúan a buen ritmo con el objetivo de que estén finalizadas el próximo mes de marzo.

Un espacio, que contarán con una espacio para el encuentro ciudadano con zonas verdes, elementos esculturales, y recorridos peatonales a modo de senderos poéticos, y que este miércoles ha contado con una presencia de lujo. El poeta leonés Antonio Gamoneda ha visitado las obras para conocer de primera hora en que consistirá el que podría ser el paseo de los poetas.

El premio Cervantes calificó esta iniciativa como una pequeña carga cultural que acercará a los leoneses la poesía a través del tren y sus paisajes. “Creo que esta idea está llena de buenas ideas y espero un buen resultado. Aunque será una circunstancia breve, acercará a los visitantes a la cultura a través de pequeños fragmentos”, señaló Gamoneda.

Leonés que ha conseguido consolidarse con el paso de los años como uno de los poetas más importantes de la cultural española y además su vida ha estado marcada por el tren dado que durante años vivió en el barrio ferroviario de El Crucero. Por ello, Antonio Gamoneda contará con un espacio en estos senderos poéticos en los que se tallarán algunos fragmentos de su famosos poema ‘Ferrocarril de Matallana’.

“A las ocho del día en febrero aún es de noche / Subimos a este tren algunos hombres por motivos diversos / No hay aún luz en los vagones, sólo oscuridad y aliento / No nos vemos los rostros pero sentimos, la compañía y el silencio / En el andén estalla la campana. Nos sobresalta la crueldad de un silbido. El tren arranca. Todo vuelve a su antiguo sentido / Éste es un tren de campesinos viejos y de mineros jóvenes”, un hermoso fragmento del poema del leonés que podría, por qué no, ser el que finalmente aparezca en el nuevo entorno de Feve.

Instituto Cervantes de Fráncfort (o de Frankfurt) / Biblioteca Antonio Gamoneda

January 13, 2011

 Instituto Cervantes de Fráncfort (o de Frankfurt) / Biblioteca Antonio Gamoneda

La biblioteca del Instituto Cervantes de Fráncfort se inauguró oficialmente el 6 de octubre de 2009. Para la ocasión se contó con la presencia del poeta Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2006, quien da su nombre a la misma.

Die Bibliothek des Instituto Cervantes Frankfurt, die den Namen des spanischen Dichters und Kunstkritikers Antonio Gamoneda trägt, wird am 6. Oktober 2009 in Anwesenheit des Poeten feierlich eingeweiht. 

 Colección 'La poesía en la Residencia'.

ANTONIO GAMONEDA
en la Colección ‘La poesía en la Residencia‘.

En la revista literaria ‘Luvina’ (México)

January 10, 2011

 Revista 'Luvina'
LUVINA indaga en las letras españolas

La revista literaria Luvina presenta en su número de invierno un repaso por la obra de destacados  autores que se desarrollan creativamente en Castilla y León,  región española invitada de honor a la pasada edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL).

La publicación, editada por la Universidad de Guadalajara (UdeG), incluye textos inéditos de plumas como Antonio Gamoneda, Luciano G. Egido, Antonio Colinas, José Jiménez Lozano, Claudio Rodríguez, José María Merino, Juan  Pedro Aparicio, Luis García Jambrina, Jesús Hilario Tundidor y Juan Manuel de Prada, entre otros.  (…)

El villancico inédito

December 23, 2010

Antonio Gamoneda, de niño
Entresacamos pregunta y respuesta de una entrevista
que le hizo a Gamoneda la perdiodista leonesa Verónica Viñas:

VERÓNICA VIÑAS. —Aunque odio las Navidades, recuerdo un villancico precioso que me enseñaron en la escuela. Decía así:
    «…Y un chiquitín charlatán,
    puesto en la punta del pie,
    se asoma y dice: José,
    pónle tu capa,
    que está nevando…»

¿Le suena?

ANTONIO GAMONEDA. —Lo escribí hace 40 años porque una maestra de mis hijas, Ofelia, muy cariñosa, inteligente y católica, me lo pidió para cantarlo en familia.

* * *

Como curiosidad, conseguimos recuperar aquel entrañable villancico
tal y como lo conserva Amelia, hija del poeta:

 
Nevaba mucho en Belén
la noche que Dios nacía.
¡Qué bonito y que alegría,
pero qué frío también!
  
 
El niño estaba en el suelo
como una rosa desnudo.
¿Por qué no quiso si pudo
venir vestido del Cielo?
 

Dos ángeles tejedores
de prisa y muy buena gana
le están haciendo de lana
una nana de colores.
 

Y un chiquitín charlatán
puesto en la punta del pie
se asoma y dice: “José,
ponle tu capa, que están
dale que dale y no sé
cuándo cuándo acabarán"
.
 
 
Antonio Gamoneda

En la casa natal de Federico García Lorca en Valderrubio

 Antonio Gamoneda en la casa natal de Federico García Lorca en Valderrubio

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Gelman y Gamoneda, seres que no pueden ser otra cosa que poetas

December 19, 2010

 http://farogamoneda.blogsome.com/images/a03n1cul-1_mini.jpg

En la FIL, Gelman y Gamoneda,
seres que no pueden ser otra cosa que poetas

Una crónica en el diario mexicano La Jornada

(…) Juan Gelman dice a su vez: "Yo no creo en las generaciones, creo en el poema", y recordó los versos escritos hace siglos en China, que habla de un pastor que cuida al ganado mientras imagina a su mujer en su casa cosiendo y él escucha el sonido de sus tijeras bajo la noche profunda. Nadie sabe a qué generación perteneció ese poeta.

Fue poco después cuando Gamoneda habló de la separación que hace de los poetas: “hay quienes lo son por su capacidad, su cultura y su devoción a la historia, a la poesía; por su innegable motivación y sensibilidad. Pero hay otra raza de poetas –aunque no quiero decir raza–, que lo son porque son seres humanos que no pueden ser otra cosa que poetas. Que no lo son por sabiduría o cultura, sino por un impulso que yo llamaría biológico. Juan, que yo te admire no tiene importancia; te quiero como amigo irremediablemente, y he querido advertir en ti a un ser humano que no puede ser otra cosa que poeta. Aceptas este juicio que yo hago”. (…)

 

JUAN GELMAN Y ANTONIO GAMONEDA ‘EN LA CORDILLERA DE LA POESÍA’

December 18, 2010

Antonio Gamoneda y Juan Gelman

Domingo, 5 de diciembre de 2010

JUAN GELMAN Y ANTONIO GAMONEDA,
UN ENCUENTRO DE GIGANTES

Charlar en la cordillera de la poesía

Los dos premios Cervantes hicieron que el tiempo volara en un encuentro que electrizó a una sala repleta, y en la que la poesía fue el disparador de frases jugosas, sentidas y, en más de una oportunidad, pinceladas con un extraordinario sentido del humor.

 Por SILVINA FRIERA
Desde Guadalajara

En el diario argentino Página 12

~ ~ ~ (sic:)

Dos viejos amigos se abrazan. Dos cómplices de la palabra, que le arrancan versos inolvidables a la vida, juegan como niños. Se divierten como hermanos. Son expertos en esquivar la grandeza. Prefieren cultivar el jardín de la humildad. Juan Gelman y Antonio Gamoneda, poetas del Cervantes en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), no dejan adjetivo con cabeza cuando los someten al dardo de la ironía. “No soy un gran poeta, soy un poeta mayor, acabo de cumplir ochenta años. Lo único que me consuela es el tango, porque cuando dicen que 20 años no es nada, 80 son cuatro veces nada”, aclara Juan. En la sala no cabe un cuerpo más. El cartel con la frase “cupo lleno” flamea en la entrada como una bandera que impone un umbral. La gente de a pie y de pie festeja a puras carcajadas cada una de las ocurrencias. “Soy un poeta menor porque me faltan seis meses para cumplir 80”, bromea Antonio. La cita con la poesía comienza con el aceite del humor condimentando el diálogo. Antonio Colinas, el moderador, los presenta. En la obra de estos poetas, dice, encuentra un “afán de ir más allá con sus palabras, siempre más allá con el lenguaje, sin renunciar nunca a esa realidad, a veces muy dura, que sus ojos han contemplado o vivido”.

Gamoneda y Gelman, de menor a mayor, siguiendo la cronología, “salen indemnes de cualquier prueba generacional”, agrega Colinas. “En España como en América existen tantas poéticas en español como poetas. Y eso es un signo de libertad.” Gelman interviene. Tiene la palabra y golpea, suavemente, donde más duele. “Yo llamo a nuestra lengua castellana; sería bueno subrayar que para mí es el castellano y no el español”, corrige el poeta argentino. “Por mi parte –señala el moderador– no hay inconveniente.” El engranaje de la réplica se afila. Juan le retruca: “Mejor así, si no te esperaba a la salida”. Después de la amonestación, Colinas pregunta cómo es ser un poeta independiente dentro de una generación. Gamoneda, coetáneo de la llamada “generación del ’50”, recuerda que el concepto generación fue acuñado por José Ortega y Gasset. “Pero no se refería a la simultaneidad en las edades, sino al hecho de que se compartiera una tendencia en la comprensión de la palabra creadora”, subraya. “Mi vocación es ser un poeta menor y provinciano”, asume el autor de Libro del frío. El hecho de que Gamoneda no sienta que pertenece a la “generación del ’50 –advierte– no tiene mérito ni demérito alguno”.

Gelman relata una historia que viene a cuento del tema. “No creo en las generaciones, creo en los poetas. Hace 30 siglos, uno de los poemas anónimos que por primera vez recogió la escritura china habla de un pastor que está a una distancia infinita. En la madrugada, bajo el cuidado del ganado, piensa en su mujer que está en el hogar, al lado del fuego. El último verso dice que él escucha el sonido de sus tijeras bajo la noche profunda. Me parece un verso bellísimo y nadie sabe a qué generación o degeneración perteneció el poeta.” Colinas sugiere que Juan repase la importancia que han tenido en su poesía las lecturas de Teresa de Avila, Sor Juana Inés de la Cruz y San Juan de la Cruz. “Yo estaba en el exilio y los volví a leer desde el lugar de la presencia-ausencia de los seres amados”, recuerda. “Esa presencia de la pérdida, que nunca se ausenta, me llevó a entablar un diálogo con la lengua de ellos que me parece muy fecundo. Hay callejones de la lengua castellana que no se han cerrado todavía; están ahí, latiendo, y aún nos dan de comer.”

Los párpados de Gamoneda están en huelga por unos instantes; sus cejas parecen alborotadas como un signo de interrogación garabateado de apuro. Sus ojos, clausurados por la melancolía, no quieren lidiar con la luz de la sala. Pero descorre el velo y lo mira a Gelman, a ese compañero de ruta que tanto admira, “irremediablemente” como poeta. En él piensa y a él se dirige cuando afirma que hay poetas de raza, “como lo es un animal que tiene que responder a ciertas compulsiones biológicas; un ser humano que no puede ser otra cosa que poeta”. ¿Acepta Gelman esta clasificación? Juan está tentado. Durante unos segundos, no puede articular palabra alguna. Sólo ríe, mientras prepara una estocada. “Gamoneda realmente pertenece a la raza que acaba de definir y creo también que, a diferencia de los sofistas que intentan encontrar razón en las ambigüedades, lo que Antonio explora son las ambigüedades de la razón, con una fuerza emotiva y una lengua a mi juicio extraordinarias y nuevas.” Gelman lee un poema de Gamoneda.

“Yo quiero a Gelman, pero me hace trampa”, se queja el poeta español con esa dicción morosa y un tono de ultratumba oxidado por el tiempo. “Te he hecho una rigurosa y fuerte pregunta, te he preguntado si te incluyes en esa raza o no.”

–Lo que pasa es que yo no soy racista –responde Juan.

Ahora el que ríe es Gamoneda. “No sé qué órgano será depositario de la condición del poeta, ni siquiera sé qué órgano es depositario del cariño y la amistad. Sin embargo, no hay manera de que nos pongamos de acuerdo”, admite. El poeta español retoma su caballito de batalla y reitera algunas de las definiciones que trazó hace unos meses cuando estuvo en Buenos Aires, inaugurando el V Festival Internacional de Poesía en la Feria del Libro. “La experiencia mística es inseparable de la experiencia poética. Juan de Yepes, más conocido como San Juan de la Cruz, hablaba de un no saber, sabiendo; de un no saber que conduce al conocimiento.”

Gamoneda querría leer un poema de su compinche. “No he sido tan previsor de traer un libro de Gelman”, se disculpa, mientras revuelve unos papeles con inéditos. “Los poemas no se me dan de repente; tengo que sufrir y hacerlos vivientes”, comenta antes de leer uno inacabado, dedicado a otro hermano poeta: Juan Carlos Mestre. “Es una prueba que me hago a mí mismo porque tengo que oír mi poema”, avisa. Hasta las mesas y sillas se emocionan. “¿Cómo hago para leer después de ese poema?”, se pregunta Gelman. Juan lee. El público está levitando por las nubes. Alguien le avisa al moderador, a Colinas, que ya es la hora. Nadie puede creer cómo se escurre el tiempo entre las voces de estos poetas. Nadie se mueve, como si quisiera prolongar el trance.

–Asistimos a una sensibilidad que está a punto de desaparecer –alerta, emocionadísima, una mujer.

–Discúlpeme, por qué la entierra prematuramente. Los que estamos por desaparecer somos Antonio y yo –interviene Gelman.

“Ustedes, que son poetas mayores, ¿qué poetas nuevos nos recomendarían?”, pregunta un joven estudiante. Gamoneda confiesa que querría saber contestarle. “Me avergüenza ser un conocedor insuficiente de la poesía de lengua castellana en la otra orilla de la patria lingüística. Desgraciadamente las circunstancias que la poesía tiene que soportar, las leyes del mercado, han generado que no conozca a los autores.” Gelman se suma a esa “ignorancia”. “La poesía en lengua castellana no tiene ningún Aconcagua, pero hay una cordillera. Y eso es bueno.”

 

En el ‘Salón de la poesía’ de la Feria del Libro de Guadalajara

December 12, 2010

 Antonio Gamoneda. © Cortesía FIL Guadalajara / Gonzalo García Ramírez.

Antonio Gamoneda dedica un libro momentos antes del inicio del ‘Salón de la poesía’ en el marco de actividades de la 24 Feria Internacional del Libro de Guadalajara, con Castilla y León como invitado de Honor. Guadalajara, México. Diciembre 05, 2010
© Cortesía FIL Guadalajara / Gonzalo García Ramírez.

 Antonio Gamoneda. © Cortesía FIL Guadalajara / Gonzalo García Ramírez.

Antonio Gamoneda en el ‘Salón de la poesía’ en el marco de actividades de la 24 Feria Internacional del Libro de Guadalajara, con Castilla y León como invitado de Honor. Guadalajara, México. Diciembre 05, 2010
© Cortesía FIL Guadalajara / Gonzalo García Ramírez.

 Antonio Gamoneda. © Cortesía FIL Guadalajara / Gonzalo García Ramírez.

Antonio Gamoneda en el ‘Salón de la poesía’ en el marco de actividades de la 24 Feria Internacional del Libro de Guadalajara, con Castilla y León como invitado de Honor. Guadalajara, México. Diciembre 05, 2010
© Cortesía FIL Guadalajara / Gonzalo García Ramírez.

Con Juan Gelman en Guadalajara

December 5, 2010

 Gamoneda y Juan Gelman

El leonés Antonio Gamoneda y el argentino Juan Gelman, dos -poetas de raza- galardonados con el Premio Cervantes, mantuvieron ayer en la Feria del Libro de Guadalajara (México) un encuentro con los lectores en el que hablaron de su concepción de la poesía y de la situación actual de este género literario en los países de habla española. (…).

Gelman y Gamoneda: la poesía brilla en la FIL
La Feria Internacional del Libro de Guadalajara abrió ayer un espacio a la inventiva poética con la presencia de dos autores imprescindibles que comparten, entre otras cosas, el Premio Cervantes.
 
Urgen poetas que despierten la conciencia: Antonio Gamoneda
El mundo no necesita poetas que sólo lo adornen con bellas palabras, sino poetas que con bellas palabras despierten la conciencia y la solidaridad de la circunstancia humana, indica el poeta y crítico español Antonio Gamoneda, considerado uno de los máximos exponentes de la poesía española y quien en 2006 obtuvo el Premio Cervantes, reconocimiento que un año después recibiría su amigo Juan Gelman.
En La Crónica de Hoy (Guadalajara)
 Gamoneda y Juan Gelman en Guadalajara
Brindan sesión inolvidable Gelman y Gamoneda en la FIL 
Con elogios, sonrisas, vivencias, un par de versos mágicos y mucha química con el público, así transcurrió en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara el encuentro de los premios Cervantes de Literatura, los poetas argentino Juan Gelman y español Antonio Gamoneda, dos de las plumas más sobresalientes de Hispanoamérica.
 
 

Gelman y Gamoneda, en un duelo de poesía
La poesía y la confrontación de sus realidades, a partir de la palabra, los hermana. Antonio Gamoneda y Juan Gelman(en 2006 y 2007) , poetas, premios Cervantes, incrédulos de las generaciones y autores de una obra cargada de autenticidad, compartieron la mesa en un diálogo sobre sus poesías, la noche de ayer en Guadalajara
Gamoneda y Juan Gelman en Guadalajara

Gamoneda repasa su vida y su obra en ‘Silencio, se Lee’

 Gamoneda en 'Silencio, se Lee'

El poeta Antonio Gamoneda repasa su vida y su obra
en el programa ‘Silencio, se lee…’
(todos los sábados en Televisión Castilla y León,
en CYL 7 a las 13.25 horas y en CYL 8 a las 20.15 horas)

(Noticia aquí sobre
Gamoneda en la FIL de Guadalajara, México, este fin de semana)

Lectura de dos poemas en el Poetry International Festival (Rotterdam)

December 4, 2010
 Gamoneda en el Poetry Festival de Rotterdam
Dos enlaces a sendas lectura de dos poemas
por parte de Antonio Gamoneda
en el Poetry International Festival de Rotterdam (junio 2010):

Pulsa en POEMA 1

Pulsa en POEMA 2
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‘Sólo luz’… en italiano

December 3, 2010

 Solo luz, de Gamoneda, en italiano

(Haz click en la imagen)

Un forte senso etico ed estetico contraddistingue la poesia di Antonio Gamoneda, densa di forza evocativa e rappresentativa di figure e di immagini, di simboli e significati. Poesia attraversata da sofferenza e solitudine che vanno oltre lesperienza soggettiva e rimandano a condizioni collettive e storiche, come molti testi portatori di una valenza di impegno sociale e politico. Unopera che l autore ama definire un racconto nel quale la realtà e il simbolo sono inseparabili. Traduzione di Sara Zanghì con testo originale a fronte. 

Un encino llamado Gamoneda en Monterrey (México)

 

 En Monterrey, un encino fue bautizado con su nombre.
©Fotografía de Raul Palacios.

Gamoneda y su encino

“La poesía es creación y revelación”, señala Antonio Gamoneda

Tributo al ganador del Premio Cervantes organizado por la editorial Vaso Roto

En el periódico Milenio.com
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Monterrey, NL.- Ayer por la tarde, el poeta español Antonio Gamoneda cumplió aquel “ciclo del hombre” que dicta la sabiduría popular pues ya tenía un libro, ya tenía un hijo y, desde hoy, ya tiene un árbol que se plantó en su honor dentro del Parque Fundidora.

De notable emoción, perfecta lectura y con la exactitud en las palabras que sólo tiene alguien que puede dominarlas, Gamoneda (Oviedo, 1931) agradeció el homenaje que le brindaron poetas de la localidad así como el Conarte en la escultura Vaso Roto, que se ubica al interior del Parque Fundidora.

Ahí, un joven encino de algunos dos metros de alto fue bautizado como “Árbol Antonio Gamoneda”, el cual recibió la bendición del poeta con un ligero abrazo.

“Dicen en mi tierra, y supongo que en la de ustedes también, que un hombre ha de tener un hijo, un libro y un árbol. A mí me faltaba el árbol y me lo han proporcionado ustedes”, expresó, de pie, el poeta ante un público compuesto casi en su totalidad por poetas de la localidad.

Entre ellos estaba Jeannette Clariond, directora de la editorial Vaso Roto, quien evocó al calendario de los antiguos mexicanos para recordarnos que el día de ayer sería nombrado “Uno lagarto” el cual se dedicaría al “día de la creación”, y que por las coincidencias mágicas de los antiguos mexicas, ese mismo día se conmemoraba a la creación poética de Gamoneda.

Bajo la protección de los verdes pinos y encinos, los primeros vientos del invierno recibieron al poeta, ganados del Premio Cervantes en 2006. En otro tanto, el promotor cultural Luis Aguilar evocó que la poesía de Gamoneda “afina las conciencias” de sus lectores. Lo colocó, además, como el mayor poeta español “desde aquella gloriosa Generación del 27”.

Ante las palabras de aprecio, y frente a su “árbol” que apenas y lo conocía, Gamoneda se mantenía tranquilo y escuchando. Al pasar a conocer al “primogénito” que dejará sembrado en las tierras del Fundidora, se mantuvo de pie frente al micrófono por casi una hora, en donde ofreció cátedra, discurso y hasta poemas inéditos.

“Esto tratando de liberarme de una hermosa carga, que es la emoción”, expresó el autor de Descripción de la mentira.

A continuación, un fragmento de su discurso en frases, que hicieron que el frío de la noche no robara la atención de su charla:

“Acabo de decir que la poesía viene a ser un indefinible. Y sí, es cierto. (…) El lenguaje interior que se manifiesta cerebralmente en nosotros es poético porque se produce rítmicamente. (…) Yo digo que no sé lo que sé hasta que no me lo dicen mis propias palabras ya escritas. (…) Yo pienso que el pensamiento poético es música en su origen. (…) La poesía no es la propagación del discurso, pues para eso está el mitin. La poesía es creación y revelación, y sólo se crea lo que no existe. (…) Mi poesía es poco realista. (…) Los poetas no tenemos que defender algún teorema, sólo dependemos de nuestra sensibilidad. (…) Los pensamientos pesimistas son más abundantes en mi poesía que los pensamientos positivos. (…) La vida es un accidente… un extraño viaje”.

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(NOTA:
Puedes leer también la noticia previa:
"El lenguaje es del pueblo")

Un poema dedicado al artista y poeta iraquí FAIK HUSEIN

December 1, 2010

 Un poema de ANTONIO GAMONEDA
dedicado al poeta y artista iraquí FAIK HUSEIN

 FAIK HUSEIN, artista y poeta iraquí

FAIK

HAS retornado a mis venas.
Es sospechosa tu dulzura, tan semejante a cuando vendías luz y mentiras sagradas.

Te reconozco en tu negación. En las tardes inmóviles,
entrabas en ti mismo. Te sumergías en un temblor de párpados
al advertir la proximidad de pájaros incandescentes
que anidan en tus celdas cerebrales.

La locura se abría en ti como una flor. Vi sus pétalos negros.
Sucedían tus accidentes: el estertor de tu máquina invisible y,
colérica y una vez más, la dulzura.

Crujías bajo mis manos pero era inútil la misericordia articular: Crujías
atravesado por una música amarilla. Y gritabas. Gritabas
hasta que tus gritos creaban el amanecer.

Eras intocable como un sable indeciso
sobre una mujer que llora. Cuando despertabas,
te envolvías en una gran sábana. Volvías a ti mismo
y tus heces adquirían en ti
la perfección intacta de la luz.

Te reconozco aunque te escondas bajo la piel del ébano.
Finges amor hasta crear un verdadero amor
y ahora estás amando en mí. Te reconozco.

Gimes como un perro herido en el interior de mi pecho.
¿Recuerdas cuando te acostabas sobre mi corazón?
Ahora, insomne en la muerte, has venido a comprar mis ojos.
Así es tu causa, tu astucia kurdistana.

Buscas tus documentos infecciosos, tus profecías altas en la virtud de la epilepsia
y aquellos códices de la sabiduría que permite ser feliz en el fuego.
Tú acuñabas monedas únicamente válidas
en los mercados de frutos y tinieblas.

Pero tú no adquirías otros frutos que los que arden en el cuerpo de tus hermanas
y también y tan sólo tinieblas maternales.

Ah los frutos y las tinieblas en tus manos,
mercantilmente triste o vulgarmente vivo
en Nueva York o en Nasría.

Eres bello y horrible. Tú me induces al adulterio con cuerpos desollados
y a la fornicación sobre la púrpura.

No puedo abandonarte, sin embargo, a tu propia inclemencia:
estás soñando mis sueños
y amas en mí lo que no es tuyo.

Has abrevado en manantiales ciegos y te has erguido en la demencia. En rigor,
no te necesito: hay suficiente impureza en mi corazón.

Pero tú eres mi sacramento negro, la última
sustancia de mis venas.

 

N. B. Faik, iraquí de ascendencia kurda, fue torturado por la policía de Hussein. Le sobrevino una epilepsia de origen traumático. Durante más de veinte años huyó por países de Europa (cursó los estudios de Bellas Artes en Madrid) y América. Pese a sus terribles convulsiones cerebrales era un auténtico genio del dibujo, el grabado y la poesía. Procuraba el encuentro con sus hermanas y su madre en Siria. Llegó a dibujar en la portada del New York Times, pero fue expulsado por una ilustración abundante en alusiones antihebraicas. Amaba compulsivamente a las mujeres y al dinero. Murió en Nueva York en 2004.



ANTONIO GAMONEDA
(Poema y nota biográfica publicados en la revista ‘Turia’, nº 93-94)

Gamoneda prepara sus memorias y un poemario

November 30, 2010

 Antonio Gamoneda. La foto es del diario El Mundo

El poeta leonés Antonio Gamoneda prepara actualmente dos libros, como confirmó el premio Cervantes en Guadalajara, donde participa en la Feria Internacional del Libro, que tiene como invitada en esta edición a Castilla y León. El autor de ‘Descripción de la mentira’ confesó que está escribiendo la segunda parte de las memorias que inició con ‘Un armario de sombra’, que abarcan la infancia y primera adolescencia del poeta; interrumpidas cuando Gamoneda al cumple 14 años, porque «al día siguiente de que cumplo 14 años, a las cinco de la mañana, yo estaba encendiendo una calefacción de carbón; la guerra nos había dejado en la más absoluta pobreza. Empecé a trabajar de botones». En la nueva entrega de las memorias Gamoneda tendrá que enfrentarse a la crueldad de la guerra y la miseria de la posguerra. «No sé si lo haré porque yo no puedo mentir, ni puedo ocultar; pero si digo todo, como son los años peores, los más duros de la resistencia, pues hay muertes de compañeros míos que las familias no saben cómo fueron y yo no me atrevo a proporcionarle a esas familias el sufrimiento de decir la verdad. Así que no sé si habrá segundo tomo de memorias», aseguró el escritor ayer a la prensa mexicana.

Más adelantado tiene Gamoneda el poemario ‘ Canción errónea’ -” título aún provisional-”. Un libro que ha tenido un azarosos comienzo, ya que el poeta perdió la carpeta con el manuscrito original durante su viaje a Cataluña, en febrero, para recoger el Premio Ciudad de Barcelona, concedido, precisamente, a su libro de memorias. Pese a la infatigable búsqueda que inició entonces Gamoneda por recuperar sus poemas, nunca los recuperó. Seis años de trabajo perdidos. Un trabajo que, como lamentó el poeta, es «irrecuperable». Sólo una parte de estos poemas los había pasado al ordenador, pero sin las correcciones manuales, de ahí su empeño en encontrar los folios originales. Además, otra parte de su próximo poemario estaba únicamente «en garabatos». De momento, no hay fecha ni para las memorias ni para ‘ Canción errónea’. Gamoneda corrige una y otra vez sus textos, de ahí que averiguar cuándo los concluirá es impredecible…

(En Diario de León)

 

Una anécdota en la Biblioteca Nacional

 Burgostecarios...

Haz click en la imagen para acceder a Burgostecarios…
y leer la entrada titulada
Biblioteca Nacional, trabajo asalariado y Antonio Gamoneda‘.

En la Feria del Libro de Guadalajara… (México)

November 29, 2010

 antonio gamoneda

Con la presencia de Antonio Gamoneda como abanderado principal de un combo de 60 escritores, la compañía de teatro El Corsario, las exposiciones La fuerza de la palabra e Imprenta real. Fuentes de la tipografía española, una muestra de cine y un pabellón que emula las plazas castellanas diseñado por el fotógrafo Ángel Marcos, Castilla y León llega a la ciudad con un argumento contundente: es la cuna del español como lo conocemos ahora. (…)

Entre fortines de palabras… (en ‘Milenio’ on line)

 (…)
La discusión sucede aquí, de modo que la cuna del español se ha trasladado a Guadalajara, donde ahora se mece esa cuna. Han venido 119 escritores castellanoleoneses, pero hay muchos más, de todas partes, desde el mexicano Élmer Mendoza a la colombiana Laura Restrepo, desde el español Juan José Millás al mexicano Jorge Volpi… Aquí está también Arturo Pérez-Reverte, que el sábado firmó libros durante dos horas sin sentarse en ningún momento, y Elvira Lindo, y Julia Navarro, y el colombiano Fernando Vallejo… El jefe de filas de los leoneses y castellanos es Antonio Gamoneda, el premio Cervantes, y con él están José María Merino, Antonio Colinas, Juan Pedro Aparicio… Pero el líder espiritual de la expedición es el inolvidable Miguel Delibes, cuya sombra, agrandada por su muerte reciente, cubre la evocación principal de la región que protagoniza la feria. (…)

La be sigue siendo be
(en Elpais.com)

¿Qué se puede crear? Lo que no existía. Lo que ya existía no se puede crear. ¿Qué se puede revelar? Lo desconocido. Lo conocido no es revelación”.
Con estas palabras, el poeta español Antonio Gamoneda traza la que llama “la función de la poesía”.

“La escritura de voluntad poética -dice en entrevista el autor nacido en Oviedo en 1931 y Premio Cervantes 2006- nace de una estupenda confusión interior que tiene el poeta”.

El escritor español se encuentra en México para participar en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde la región de Castilla y León es la invitada de honor. Sucede que desde cuando Gamoneda tenía tres años llegó a vivir a León, con su madre, y ha sido allí donde vivió las experiencias de sufrimiento y pobreza tan definitorias para su obra, donde comprendió lo que era la guerra, donde luchó en la resistencia contra la dictadura, donde ha escrito su obra poética y ensayística, donde ha hecho familia y amigos, y donde a sus 79 años prepara tres libros. (…)

"De la confusión interior nace la escritura poética": Gamoneda
(en ‘Observatorio Político de Veracruz)

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Fiesta del Libro en Pau / Exposición de ‘papiers’ de JEAN-LOUIS FAUTHOUX con poemas de ‘Luz’, de Antonio Gamoneda

November 22, 2010

 

PAU FÊTE LE LIVRE  -  PALAIS BEAUMONT 
26-27-28 novembre 2011

Vous êtes invité(e)s à voir l’exposition LUZ (Salle Gérard de Nerval):  

Papiers de Jean-Louis Fauthoux  -  Poèmes d’Antonio Gamoneda

Traductions d’Amelia Gamoneda  -  Lumières de Nicolas Fougère

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Samedi 27 novembre à 14h  (Salle Lautréamont) : 

Lecture bilingue de LUZ
(par Amelia Gamoneda (castillan) et Michel Bernier (français),
rencontre avec Jean-Louis Fauthoux et Amelia Gamoneda.

Gamoneda viajará a México, a finales de mes

November 20, 2010

 Gamoneda en México

En (haz click) El Norte de Castilla, una noticia sobre el desembarco cultural de la Junta de Castilla y León en la Feria del Libro de Guadalajara (México). A la derecha de la noticia, viene, sobre un gris, todo el programa.

Buscador de noticias sobre Antonio Gamoneda en Europa Press

November 13, 2010

 Gamoneda en su casa, en León. ©Fotografía de JAVIER CASARES

Haz un click para encontrar noticias sobre Antonio Gamoneda
distribuidas por la agencia Europa Press
.

Preguntas con Antonio Gamoneda, por Alberto Hernández

November 4, 2010

 Antonio Gamoneda con Alberto Hernández

Haz un click para leer
la entrevista que le hizo Alberto Hernández a Gamoneda,
aprovechando un brevísimo encuentro,
en la Universidad de Carabobo, Venezuela.
7 de noviembre de 2009.

18-28 de Octubre 2010. Jornadas ‘Camiño ao andar’. En Santiago de Compostela

October 28, 2010

 
el poeta Antonio Gamoneda
JORNADAS ‘CAMIÑO AO ANDAR’
SANTIAGO DE COMPOSTELA
Del 18 al 28 de Octubre
Inscripción gratuita

  • Las jornadas de reflexión y diálogo, que se celebrarán en Santiago de Compostela del 18 al 28 de octubre dentro de la programación de Xacobeo 2010, reunirán a grandes figuras internacionales que reflexionarán sobre arte, arquitectura o antropología
  • La inscripción, que es gratuita hasta completar aforo, se puede realizar en la web caminoaoandar.xacobeo.es

Santiago, 7 de octubre de 2010.- Las jornadas de reflexión y diálogo ‘Camiño ao andar’, que se celebrarán en Santiago de Compostela del 18 al 28 de octubre dentro de la programación de Xacobeo 2010 y que abarcarán distintos aspectos de la cultura contemporánea recurriendo a algunas de las más importantes figuras nacionales e internacionales, tendrán en la literatura uno de sus principales ejes temáticos, gracias a la presencia de los reconocidos expertos Roger Chartier, Luis Alberto de Cuenca, Erri de Luca y Antonio Gamoneda.

Dentro de este foro, en el cual se aborda la construcción de la cultura europea como un fenómeno en continua creación a partir de hibridaciones y diálogos interculturales, el francés Roger Chartier, uno de los mayores expertos en la historia del libro y de la lectura, centrará  su intervención en los encuentros literarios en los siglos XVI y XVII, haciendo hincapié tanto en las traducciones entre lenguas como en las adaptaciones de obras que circulan en toda Europa. Será el 18 de octubre a las 20:00 horas en el Centro Gallego de Arte Contemporánea.

En esta misma sede, el 22 de octubre a las 18:30 horas, el conocido poeta y ensayista Luis Alberto de Cuenca hablará tanto del camino personal que lo llevó a la literatura como de los diferentes caminos que surcaron la historia literaria occidental. También en el CGAC, el día 28 de octubre a las 19 horas, el napolitano Erri de Luca, autor de una poderosa obra literaria marcada por elementos autobiográficos como su militancia en la extrema izquierda italiana o su experiencia como obrero, camionero o albañil, reflexionará sobre “El camino en zigzag de la libertad”.

Ese mismo día, 28 de octubre, a las 20 horas, el poeta Antonio Gamoneda, Premio Cervantes y una de las principales figuras vivas del panorama poético en lengua española, hará un seguimiento espacial y temporal de los aspectos estéticos presentes o suscitados por los Caminos de Santiago.

La asistencia a ‘Camiño ao andar’, que incluirá cada día del 18 al 28 de octubre (excepto el 23 y el 24) dos charlas y un coloquio, y que contará con intelectuales de prestigio internacional como Rafael Moneo, Shlomo Ben Ami o Michael Bauwens  –Peter Sloterdijk, que estaba anunciado en un principio, al final no acudirá–, es gratuita, previa inscripción hasta completar aforo. Los que deseen asistir a alguna de las sesiones pueden inscribirse ya en la página web caminoaoandar.xacobeo.es

 

GAMONEDA abrió el III Congreso Internacional ‘Miguel Hernández’ en Orihuela

 el poeta Miguel Hernández

Orihuela reúne a 200 hispanistas
en torno a la obra de Miguel Hernández
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Antonio Gamoneda le describe
en la inauguración del congreso internacional
como el poeta de "la más grande verdad española: la pobreza"

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EZEQUIEL MOLTÓ  -  Orihuela
ELPAIS.com  -  Cultura - 26-10-2010

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El poeta, Antonio Gamoneda, premio Cervantes, ha inaugurado este mediodía en Orihuela (Alicante) el III Congreso Internacional Miguel Hernández, que hasta el próximo viernes reunirá a 200 hispanistas que revisarán y actualizarán los estudios sobre el poeta con motivo del centenario de su nacimiento.

Gamoneda ha obsequiado al auditorio con un discurso contundente y crítico con la injusticia social y la pobreza, tanto económica como intelectual de España. "Ninguno de los poetas que fueron sus coetáneos, ni en una España ni en la otra, habría podido escribir estas palabras sin mentir. Miguel no mintió nunca ni en la vida ni en la poesía", ha asegurado el premio Cervantes. Gamoneda considera a Miguel Hernández el poeta "más grande de la más grande verdad española: la pobreza, que nacida de la injusticia recorre los siglos y llega hasta ahora". Para el escritor, el congreso inaugurado en Orihuela, ciudad natal del poeta, "no es evocación de un mensaje del poeta, sino un serio motivo para tomar conciencia de que en España la realidad mayor que se ofrece al pensamiento es la pobreza creada y sostenida por poderes espurios".

Gamoneda también ha recordado que antes de la Guerra Civil, Miguel Hernández se introdujo en el mundo literario madrileño y los escritores republicanos "acogieron al pastor poeta con una cordialidad que era condescendiente". Por último, también ha criticado a los poetas realistas, cuya obra le parece "trivial" porque "está orientada a la mejora de las condiciones sociales de los poderes injustos". La "notable diferencia" entre aquellos poetas realistas que dicen que son solidarios con la pobreza y lo que hizo Miguel Hernández es que este último dejó "una obra penetrada por la pobreza", en opinión de Gamoneda.

Por su parte, la alcaldesa de Orihuela, Mónica Lorente, ha destacado el compromiso de todos los académicos de "universalizar la palabra del poeta", y el presidente de la Diputación, José Joaquín Ripoll, se ha referido a Hernández como un autor "entrañable y profundo". "Debemos demostrar de una vez por todas que Miguel Hernández se merece un espacio en la vanguardia literaria y un hueco en la historia de la literatura universal", ha añadido.

200 hispanistas participan desde hoy en el III Congreso Internacional Miguel Hernández que arranca en su ciudad natal, Orihuela. Hasta el próximo viernes se presentarán varios estudios sobre la vida y obra del poeta. La profesora de la Universidad de Alicante, Carmen Alemany, y presidenta del comité organizador del congreso presentará esta tarde la ponencia ‘Notas y reflexiones sobre textos, aún inéditos, de Miguel Hernández’, en la que desvelará algunos secretos del proceso creativo y borradores de poemas inéditos a través de más de un centenar de documentos.

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NOTA: Alguien ha colgado su discurso inaugural en You Tube.
Haz click en la imagen para ver y escuchar:

Discurso de Antonio Gamoneda en el III Congreso Miguel Hernández (en You Tube)
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Dentro del ciclo ‘Maestros X Maestros de la poesía contemporánea’, Antonio Gamoneda estará hoy y mañana en la Residencia de Estudiantes

October 18, 2010

 

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En 2010 se cumple el centenario de la Residencia de Estudiantes. Para celebrarlo se ha diseñado un programa de exposiciones, publicaciones, conciertos, conferencias, seminarios científicos, teatro y ciclos de poesía a través de los cuales se revivirán las ideas, los momentos clave y los protagonistas que han articulado la historia de la Residencia hasta nuestros días. Con ello se quiere dar a conocer el proyecto de modernización que impulsó la Residencia, un lugar de memoria y encuentro que hoy continúa acogiendo las ideas de vanguardia, propiciando el diálogo entre ciencia y arte y entre distintas generaciones. La Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales y la Asociación de Amigos de la Residencia de Estudiantes, con el apoyo de la Fundación Carolina, se suman a la celebración del centenario colaborando en este ciclo.
 
HOY LUNES, 18 DE OCTUBRE 2010. 19.30 HORAS
Conferencia de ANTONIO GAMONEDA:
Pequeñas causas en la poesía de Jorge Guillén.

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MAÑANA MARTES, 19 DE OCTUBRE 2010. 19.30 HORAS
ANTONIO GAMONEDA: Lectura de poemas.

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RESIDENCIA DE ESTUDIANTES. C/ PINAR 21-23. MADRID

Fotos y poemas en ‘Balconcillos’

October 11, 2010

 Gamoneda

Antonio Gamoneda en el blog Balconcillos.

Monográfico sobre Antonio Gamoneda en RTVE.es

October 2, 2010

 Monográfico sobre Antonio Gamoneda en RTVE.es

Haz click en la imagen para ver el vídeo.

Premios ‘ROSALÍA DE CASTRO’ para ANTONIO GAMONEDA, ITXARO BORDA, FRANCESC PARCERISAS y LÊDO IVO

September 18, 2010

 PREMIOS ROSALÍA DE CASTRO 2010

Los premios Rosalía de Castro homenajean
4 idiomas "unidos en hermandad"

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17-9-2010.— El escritor LUIS GONZÁLEZ TOSAR, FRANCESC PARCERISAS, el conselleiro de Cultura, ROBERO VARELA; ANTONIO GAMONEDA; el director general de Cultura, PACO LÓPEZ BARXA; el rector JUAN CASARES; ITXARO BORDA, y el director general de Política Lingüística, ANXO LOURENZO, de izda a dcha, posan antes de la entrega de los premios "ROSALÍA DE CASTRO", que en su VIII edición han recibido GAMONEDA, BORDA, PARCERISAS y LÊDO IVO, esta noche en el Palacio de Fonseca de Santiago. EFE

De los cuatro premiados sólo falto el brasileño LÊDO IVO que se encontraba enfermo y no pudo viajar, el resto si acudió y agradeció el galardón.

Puedes leer la crónica de XABIER SANMARTÍN en (haz click:) EL CORREO GALLEGO.

Reproducimos aquí el fragmento de esta crónica dedicado a Gamoneda:

La poesía de Antonio Gamoneda solo tiene edad en mayúscula… Edad, título que recibió el Premio Nacional en 1988. Esa y otras obras abren puente entre los versos, diversos y universos de Rosalía y del poeta leonés. De la negra sombra retratada por ella en el XIX a la oscuridad del XX hecha memoria infantil por él en las páginas de Un armario lleno de sombra (2009). "Este premio supone llegar a una tierra, a una lengua y a un grupo de autores que no son los mios pero a los que admiro; y la significación especial consiste en que me lo den aquí, que no es cualquier sitio", señalaba el maestro a El Correo Gallego, pitillo en mano en la terraza del hotel Rúa do Vilar, donde el camarero, minutos antes del acto oficial, se trastabilla de sorpresa al preguntarle: "¿qué va a tomar?", y escuchar al literato de 79 años contestando seco, serio… "¡El tren¡, voy a tomar el tren".

 

Novedad editorial: ‘Antonio Gamoneda. Leer y entender la poesía’, un libro de ÁNGEL LUIS LUJÁN ATIENZA y MARTÍN MUELAS HERRAIZ

September 10, 2010

 'Antonio Gamoneda. Leer y entender la poesía'

‘Antonio Gamoneda. Leer y entender la poesía’

Autores: ÁNGEL LUIS LUJÁN ATIENZA y MARTÍN MUELAS HERRAIZ

Servicio de publicaciones de la Universidad de Castilla-La Mancha.
Cuenca, 2010.

Este nuevo conjunto de estudios publicado en la serie “Leer y entender la poesía” se centra en la figura y la obra de Antonio Gamoneda, nombre imprescindible de la literatura española contemporánea. Son el fruto de la participación en el Curso de Verano 2008 de la Universidad de Castilla-La Mancha de los principales especialistas en la obra de Antonio Gamoneda y en poesía española actual. Constitituyen una aportación bibliográfica de primer orden que abarca los aspectos principales de la poética y estilo del leonés y la imbricación de su discurso lírico en el contexto histórico de la poesía española actual, principalmente en la época de la transición, con la voz crítica de su libro Descripción de la mentira (1977), así como la influencia que el conjunto de su obra ha ejercido sobre las generaciones posteriores. Se incluyen también textos de Antonio Gamoneda, algunos de ellos inéditos, para ilustrar la coherencia y la vigencia de una poética siempre a contratiempo y por eso cada vez más de nuestros días.

Homenaje a los Derechos Humanos

September 2, 2010

Homenaje Derechos Humanos. Realizado por Asociación Madres de Plaza de Mayo.

Homenaje Derechos Humanos. Realizado por Asociación Madres de Plaza de Mayo. Emilio Cartoy Díaz. TEA Imagen. Masato Media y Radiotea. (Haz click en la imagen para ver y escuchar el vídeo en You Tube).

‘De las violentas humedades…’, un poema de ANTONIO GAMONEDA en ‘Las ínsulas extrañas’

August 28, 2010

 ANTONIO GAMONEDA

De las violentas humedades, de
los lugares donde se entrecruzan
residuos de tormentas y sollozos,
viene
esta pena arterial, esta memoria
despedazada. Aún enloquecen
aquellas madres en mis venas. No
enmudece la alondra ensangrentada.

ANTONIO GAMONEDA
(Publicado en el libro ‘Las ínsulas extrañas’.
Antología de poesía en lengua española 1950-2000.
Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores. Barcelona, 2002)

Cinco apuntes sobre el poeta y un poema de Eloísa Otero para Antonio Gamoneda

August 10, 2010

Antonio Gamoneda ©Fotografía de Eloísa Otero

CINCO APUNTES SOBRE EL POETA

 

1.- "El padre de esa niña es ateo", susurró una compañera de colegio. Yo no sabía entonces qué significaba esa palabra. "Que no cree en Dios y no va a misa". A lo de ateo se unió más tarde que el padre de aquella niña también era poeta. Desde entonces, para mí, ser poeta va unido a ser ateo, que no al revés. Quizá por eso cuando leo un poema que habla de dios, o habla con dios, o habla por dios… me mosqueo, inevitablemente desconfío. "Los buenos poetas no mienten", me digo.

2.- Años después escucharía esta frase cientos de veces:
—"Mi padre está trabajando".
Así me lo imaginaba yo: Un escritor, un poeta, es alguien que trabaja, que se encierra durante horas y horas esperando a que se le aparezcan las palabras mágicas, dudando sobre si sabrá o no reconocerlas, mientras dibuja en sus cuadernos paisajes de la memoria y de la imaginación, paisajes interiores que se adentran buscando el más adentro todavía, los capítulos de la vergüenza, las palabras de la gran mentira, pomada para calmar el prurito, consuelo y antídoto, las horquillas apretadas en el moño de mamá, las caricias de espantar pánicos…

3.- Metáfora inusitada no implica error de interpretación. "En la poesía es el lenguaje el que genera pensamiento". Y se hace la luz. El pensamiento, esa voz hasta entonces inaudible, esa voz de la que no se sospechaba siquiera su existencia, conforma una nueva realidad en la que se contiene, a su vez, el secreto de cómo contar la historia sin traicionar la historia.

4.- Entre la Casa de Botines y el Banco Herrero hay un pequeño pasadizo empedrado. Algunas veces la verja está abierta. La vidriera de una de las paredes del edificio bancario da a ese pasadizo, y si entras se pueden leer unas palabras al revés. "La luz es de todos los hombres. / También la tierra lo será algún día. / Si tu pensamiento es libre como la luz / que tus manos sean generosas como la tierra". Alguien dice: "Parecen versos de Gamoneda". ¿Lo son?

5.- Así, tal cual, lo soltó con admiración su amigo Pablo: "Para mí Antonio se ha convertido en uno de los hombres más ricos del mundo gracias a su poesía, y no porque posea riquezas ni dinero. Pero viaja por todo el mundo y le pagan por ello. Le reciben como a un príncipe, cuando habla todos se callan para escucharle… y, encima, ¡no necesita guardaespaldas!".

ELOÍSA OTERO

 

Antonio Gamoneda ©Fotografía de Eloísa Otero

Un poema de Eloísa Otero para Antonio Gamoneda:

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LECCIONES DE COSAS

"Vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo. La libertad esencial es la de elegir nuestra actitud, sean cuales sean las circunstancias que nos rodean".

Viktor Frankl

 

— ¿El tiempo cambia las cosas?

— No. Hacer cosas cambia las cosas. No hacer cosas deja las cosas como estaban.

 

Mides el tiempo.

Escribes para mantener la calma.

 

Escribes

y parece que no haces nada ruin,

pero no estás donde tenías que estar.

Es como si las palabras jamás fuesen tan buenas

como para justificar ese acto.

 

A. G.: "Tú deja que surjan los problemas, y entonces actúa. No los crees antes de que aparezcan. Y sobre todo no los multipliques".

 ELOÍSA OTERO

 

El río de los amigos. Portada

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Textos publicados en el libro
‘EL RIO DE LOS AMIGOS:
ESCRITURA Y DIALOGO
EN TORNO A GAMONEDA’

de VV.AA.
Ed. Calambur. Madrid, 2009.

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23 de Marzo: Recital de Antonio Gamoneda en León

March 23, 2010

 Antonio Gamoneda

Antonio Gamoneda clausura hoy ‘La Palabra del Reino’, ciclo literario que se ha desarrollado durante el mes de marzo, que ha contado con la participación de 28 escritores, y que se enmarca en los actos del 1.100 Aniversario del Reino de León.

Recital de ANTONIO GAMONEDA

Martes, 23 de marzo de 2010.
Sala Región del ILC (C/Santa Nonia, 3. León).
20 horas.

Actuará como presentador: Juan Pedro Aparicio,
escritor y comisario de ‘León Real -Raíces- 910-2010′)

 

Sobre Miguel Delibes: ‘Creación, muerte, recuerdos…’

March 18, 2010

Miguel Delibes

Delibes: creación, muerte, recuerdos

Por ANTONIO GAMONEDA.
Artículo publicado en EL NORTE DE CASTILLA el 16 de marzo de 2010
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En estos días se han dicho muchas cosas de Miguel Delibes; del escritor vivo, grande y justamente celebrado, y se han sucedido, también numerosas, las lamentaciones derivadas de su desaparición. Creo que ahora mismo, hoy, es, y seguirá siéndolo durante algún tiempo, perfectamente ingenua la pretensión de aportar reflexiones o ponderaciones que puedan estimarse originales, profundas o novedosas. En tiempo venidero, no muy cercano, como ya tengo sugerido, se producirá el devenir de estimaciones y estudios abarcadores de una vida y una obra cumplidas en una razonable abundancia, sin perjuicio de que esta apreciación (la que se completa con la noción de «una razonable abundancia») sea difícilmente comprensible y aceptable ahora, desde la tristeza inmediata que la muerte proporciona.

Estas estimaciones y estudios se darán cuando contemos con una perspectiva menos sentimentalizada. Vendrán, incorporando objetividad, las caracterizaciones y juicios de valor que convienen a un creador que ya es historia. No estoy, no quiero estar, enredando hipótesis ni hipérboles, ni haciendo suposiciones extremadas. ¿Quién, cinco o quince días después del trance mortal, habría sido capaz de una visión y una interpretación totalizadoras en los casos -creo que non malos ejemplos- de Cervantes o de Juan de Yepes, llamado sea también, este segundo, por si el lector lo prefiere, San Juan de la Cruz?

Yo conocí a Delibes hace, pongamos, treinta y cinco o cuarenta años, cuando le invité a dar una conferencia en León. Cruzamos alguna carta y alguna llamada y dio la conferencia; una conferencia dispuesta con sencilla y, a la vez, refinada inteligencia, que tenía como fondo la diversidad paisajística de León provincia, y la tipología, también diversa, de sus pobladores, referidas, ambas diversidades, al espacio rural principalmente. Cenamos juntos, con otras dos o tres personas, y yo diría que fue en la cena cuando Delibes dictó la conferencia en profundidad, añadiendo pronunciamientos críticos -positivamente críticos, en su mayor parte aunque no en su totalidad-, denotativos de un más alto grado de comprensión geopolítica y humana que el que dispuso para la conferencia. Llaneza -incluso en las ya aludidas precisiones críticas-, cordialidad en todo momento y un «hasta pronto» o algo por el estilo, que, lamentablemente, no se logró en su prontitud.

Pasaron años, muchos debieron ser, hasta que tuvimos unos minutos de relación en persona. Fue con motivo de la presentación en Valladolid de uno de los primeros libros de Gustavo Martín Garzo. Allí, en la primera fila, estaba Delibes, atento, como, al parecer, era su hábito, a las posibilidades creativas jóvenes y, en el caso de Gustavo, seriamente interesado por su, ya en aquel momento, evidente talento de narrador. Deduzco la seriedad de las pocas pero cálidas y precisas palabras que cruzó conmigo a propósito de la obra presentada. Con alguna mínima discrepancia -más bien reorientación interpretativa-, creo recordar, relacionada puntualmente con un pormenor de mi presentación. Por segunda vez, llaneza y cordialidad (era él quien, sin que se notase, disponía la gratificante llaneza), y, quizá, otro «hasta pronto» que ya no se nos deparó. Pero…

Pero he hablado de «relación en persona». Es cierto que ya no volvimos a encontrarnos y, sin embargo, en mí se dieron relaciones, contactos con Miguel Delibes, de los que el no pudo alcanzara a enterarse. Algo voy a decir de tales «relaciones y contactos», alterando, porque así me peta, la que fue su cronología.

En año que no soy capaz de poner en cifra, yo era parte del jurado que había de discernir -creo que sí, que era éste- el llamado Premio de las Letras o Premio de las Letras Españolas. El jurado decidió que fuera para Delibes y, no recuerdo si por alguna concreta razón, yo fui encargado de comunicárselo por teléfono. Le llamé, se lo dije y añadí la natural felicitación. La respuesta fue… irónica, con muchas probabilidades de ser una respuesta bienhumorada: «Pues me habéis fastidiado; con esto por delante, no va haber manera de que el año que viene me den el Cervantes». Como puede verse, la llaneza, que tan repetidamente le adjudico, podía acoger también la ironía. Pero la ironía no resultó premonitoria: al año siguiente, Delibes era Premio Cervantes.

Otro recuerdo significativo tengo. En este, ni siquiera la voz de Delibes estaba presente. La personalidad y voz presenciales eran las de Carmen Balcells. De esto hace ¿tres, cuatro años? No sé decir el cuándo; mi contabilidad del tiempo es insuperablemente mala, Carmen Balcells había venido a Valladolid, a «fichar», esto sí lo tengo claro, a Miguel Delibes. «De paso», se acercó a León para abrazarme, aunque «principalmente para conocer a tu (mi) mujer», como, con picardía cariñosa, me dijo. Hablamos de Delibes. No mucho, pero sí lo suficiente para que yo entendiese de manera completa los resultados y la captación profunda de la personalidad del escritor que ella traía consigo: «Es muy inteligente», dijo en algún momento. Mediaría un comentario mío y, muy pronto, añadió -no recuerdo bien las palabras- algo equivalente a «No hace teatro». Para mí, la carga referencial de estas -alguna más habría- expresiones en boca de Carmen Balcells, estaba clara y completa. Se la adivinaba muy contenta. El trato habría resultado positivo, pero, además, el hombre Delibes le había procurado una imantación también positiva. Había encontrado a una persona con la que ella podría intercambiar afectos verdaderos.

He dejado para el final, aunque la ocurrencia fuese muy anterior a la segunda y tercera de las que aquí relato, una circunstancia en la que tampoco estaba presente Delibes. ¿O sí lo estaba? Vamos a tratar de averiguarlo.

El pintor Álvaro Delgado había traído una exposición a León. El galerista, Jaime Quindós, era -y es- amigo mío. Me invitó a la inauguración. Un cuadro -estoy seguro de que era el mejor de toda la muestra- retuvo largamente mi interés y también mi emoción. No sólo por su calidad, aunque la tuviera abundante. Era un retrato de Miguel Delibes.

Pero tampoco el que fuese un retrato de Delibes fue el motivo único de mi intenso y prolongado detenimiento. Había algo más, y este «algo más» era causa de emoción y, de intangible manera, más allá de la verosimilitud fisonómica, causa también de una presencia real del retratado. Delibes aparecía sentando en un sillón (puede que fuera un sofá), tenía la mano izquierda ligeramente separada de su cuerpo, extendida hasta recoger, sin ocultarla, otra mano cuya procedencia visual se desvanecía en el fingido espacio habitado por indecisas luces y sombras. La mano recogida, sostenida con la naturalidad gestual que puede desprenderse de una firme costumbre, tenía una esbelta suavidad carnal, casi una transparencia, y comportaba también una realidad presencial.

Pronto me di cuenta: en su consistencia principal, aquel cuadro había sido «pintado» por Delibes. Había en él una significación representativa de una íntima realidad que trascendía el hecho pictórico. que concernía a Álvaro Delgado. Allí había entrado un símbolo que se simbolizaba a sí mismo. Aquella mano era la mano de la esposa muerta y amada, la mano de Ángeles.

Supongo que la situación que he llamado presencial queda suficientemente explicada. Miguel Delibes era hombre capaz de permanecer en el amor más allá de la muerte. Es necesario deducir que esta hermosa capacidad es componente principal y generador de la de contemplar el mundo, la existencia y el tiempo con lúcida gravedad, y de crear su representación en la escritura con la misma serena emoción con que, en cierta y muy real manera, Delibes «pintó» su propio retrato.
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El retrato de Delibes de Álvaro Delgado
[El retrato de Delibes de Álvaro Delgado acompañó al féretro del novelista
en la capilla ardiente en el Ayuntamiento.
Fotografía de GABRIEL VILLAMIL]

En el 104 cumpleaños de Ayala

 Francisco Ayala

Las velas de la inmortalidad
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Los amigos y la viuda de Francisco Ayala
celebran con su música preferida
y la lectura de textos
el que hubiera sido el 104 cumpleaños del escritor granadino

Por DANIEL VERDÚ
EL PAÍS  -  Cultura - 17-03-2010

La tarde antes de morir, Francisco Ayala (Granada 1906-Madrid, 2009) pidió a su mujer que pusiera en el tocadiscos ‘Madama Butterfly’. Aquel día quiso despedirse del mundo como tantas veces se había aferrado a él. Ayer, esta vez con la banda sonora de su vida, sus amigos, su viuda, Carolyn Richmond, y la reina Sofía, le rindieron un homenaje en la Biblioteca Nacional en el día de su nacimiento.

Y es que resulta bastante sensato celebrar la inmortalidad de una vida con un cumpleaños, no con la muerte. Porque ayer, 123 días después de marcharse, Ayala hubiera cumplido 104 años. "No soy hombre de homenajes, pero asisto a este agradecido y encantado". Lo dijo hace 20 años, justo en el mismo sitio, pero anoche parecía musitarlo otra vez desde el retrato que presidía la sala. El poeta Luis García Montero y Miguel Ríos presentaron un acto en el que se repasó la vida del escritor a través de sus canciones preferidas y de algunos pasajes de sus textos. De las aventuras que corrió en una centenaria existencia partida en dos por el delirio de un exilio forzoso. De Buenos Aires a Puerto Rico, y de allí, a Estados Unidos. Desde ‘Los cuatro muleros’ de Lorca hasta ‘La bien pagá’ cantada por Antonio Molina. Todos esos saltos, narrados por el actor Juan Diego y observados, desde el público por la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde o el escritor Antonio Gamoneda. Y así, a través de esas partituras de su biografía, fueron pasando todos los capítulos en una sobria celebración. Hasta que alguien lo recordó. Una tarde, en la segunda avenida de Nueva York, paró su coche en el semáforo. Bajando la ventanilla un taxista le preguntó por lo que iba escuchando. ‘Madama Butterfly’, segundo acto, precisó. Justo la única pieza que ayer, aunque quizá él la hubiera vuelto a elegir, no sonó.  

4 nuevos doctores Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Santo Domingo: Gamoneda, Rodríguez Zapatero, Hart Dávalos y Tomillo Urbina

March 14, 2010

Antonio Gamoneda
José Luis Rodríguez Zapatero
Armando E. Hart Dávalos
 Jorge Tomillo Urbina

La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) ha nombrado Doctores Honoris Causa al poeta leonés Antonio Gamoneda (Premio Cervantes 2006), al presidente del Gobierno español, el leonés José Luis Rodríguez Zapatero –por su contribución, entre otros aspectos, "al fortalecimiento y la expansión de los derechos de la mujer" y, también, por su contribución para definir "una política de inclusión y bienestar social para todos sus conciudadanos"–, al político y educador cubano Armando E. Hart Dávalos y al vicerrector de la Universidad de Cantabria, Jorge Tomillo Urbina.

La UASD no ha precisado aún la fecha en la que se celebrará la investidura.

GAMONEDA recibe el premio ‘ROSALÍA DE CASTRO’, junto a Lêdo Ivo, Itxaso Borda y Francesc Parcerisas, mientras sigue buscando los poemas que perdió en Barcelona

February 19, 2010

Antonio Gamoneda

GAMONEDA recibe el premio ‘ROSALÍA DE CASTRO’
que otorga el PEN CLUB GALLEGO,
junto a Lêdo Ivo, Itxaso Borda y Francesc Parcerisas,
mientras sigue buscando los poemas que perdió en Barcelona

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En un ambiente cordial y distendido, y rico en el debate de pareceres, el Pen Club de Galicia deliberó primero, y reveló después, los nombres de los ganadores de la VIII edición de los Premios ‘Rosalía de Castro’, que esta vez han recaído en cuatro poetas vinculados de una manera especial a la cultura gallega. Uno de ellos ha sido para el leonés Antonio Gamoneda. Los otros tres han recaído en el brasileño Lêdo Ivo –cuya obra ha visto la luz hace unos meses en castellano, de la mano de los traductores Guadalupe Grande y  Juan Carlos Mestre (último Premio Nacional de Poesía), en la editorial Calambur–, la joven vasca Itxaro Borda y el catalán Francesc Parcerisas.

El jurado estuvo integrado por Miro Villar, Anxo Angueira, Manuel Outeiriño, Luciano Rodríguez, Román Raña, Luis González Tosar -presidente do PEN galego-, Bieito Iglesias, Miguel Anxo Fernán-Vello, Carlos Mella, Gonzalo Navaza y Úrsula Heinze.

La entrega de los premios se celebrará en una fecha aún sin determinar, por problemas organizativos, y no el 24 de febrero como suele ser habitual.

Los poemas perdidos

Por otra parte, Antonio Gamoneda sigue buscando sus últimos poemas manuscritos, que perdió hace tres días durante un viaje que realizó a la Ciudad Condal para recibir el Premio Ciudad de Barcelona, uno de los galardones literarios con más prestigio del país, por su libro de memorias de infancia ‘Un armario lleno de sombra’.

El poeta, que se llevó el Cervantes en 2006, no está seguro de dónde perdió la carpeta donde llevaba sus poemas, si en el avión, donde los estuvo revisando (y reescribiendo), o en el aeropuerto, o en el taxi que más tarde le llevó a su hotel.

Se trata del material que integrará su próximo libro, cuyo título provisional es ‘Canción errónea’, y de gran parte del cual no guarda copia. Ayer el poeta se encontraba pendiente de respuesta por parte de la Oficina de Objetos Perdidos de Iberia, después de agotar o descartar otras posibilidades intentar recuperar sus manuscritos.

"Eran unos folios, escritos a pluma en una carpeta negra de Bankinter con unas flores que yo mismo dibujé. No los había pasado todavía al ordenador. Son poemas que se hacen sin conciencia de lo que se hace y si se pierden es para siempre", comentó el poeta a la periodista Elena Hevia, en una entrevista para ElPeriódico.com. La noticia de esta pérdida viajó por el mundo y por el ciberespacio, y llegó a León, donde todos los medios se han eco de la pérdida (alguno incluso, por error, mantuvo en internet durante unas horas la noticia ilustrada con una imagen de la momia de Tutankamon, en lugar de la fotografía de Gamoneda, cosa que se subsanó a lo largo de la mañana).

Y por el mundo también sigue viajando Gamoneda, que el próximo mes de abril tomará aviones avión rumbo a Chile y Argentina, donde ofrecerá recitales y conferencias invitado por distintas universidades e instituciones de ambos países.

Jueves, 10 de diciembre, en París: Presentación de ‘Libro de los venenos’ en francés

December 9, 2009

 Antonio Gamoneda con Jean-Yves Bériou, uno de sus traductores al francés

[En la imagen, Antonio Gamoneda con Jean-Yves Bériou,
uno de sus traductores al francés]
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Jueves, 10 de diciembre, 19 horas:
PRESENTACIÓN EN EL INSTITUTO CERVANTES DE PARÍS
de
‘Llibro de los venenos’ traducido al francés…

‘Livre des poisons’:
Corruption et fable du sixième de Pédacius Dioscoride et Andrés de Laguna, sur les poisons mortifères et les bêtes sauvages qui crachent le venin (Broché)

Autor: ANTONIO GAMONEDA
Traduction: JEAN-YVES BÉRIOU & MARTINE JOULIA
[Epílogo de ILDEFONSO RODRÍGUEZ]
Editorial (haz click:) Actes Sud.

Puedes leer un texto en francés de (haz click:) Laurent Albarracin sobre otra obra de Gamoneda traducida también por Bériou & Joulia: ‘Livre du froid’

La sede del Instituto Cervantes de París (7, rue Quentin Bauchart. 75008 París) acogerá mañana jueves, 10 de diciembre (19 h.), la presentación de la traducción al francés de la obra del escritor leonés Antonio Gamoneda ‘Libro de los venenos’, que en francés lleva por título ‘Livre des poisons’, acto que contará con la presencia en la capital francesa del propio autor.

Publicado en 1995, en ‘Libro de los venenos’ Gamoneda recoge algunos de los extractos del códice del botánico y médico de la antigua Grecia Dioscórides, obra titulada ‘Libro Sexto, acerca de los venenos mortíferos y de las fieras que arrojan de sí ponzoña’, junto a las notas y comentarios del traductor de Galeno y médico del Papa Julio III, el segoviano Andrés de Laguna.
     Consciente de que el tiempo transformó el lenguaje científico de la época en una materia y en una lengua poéticas, Gamoneda procedió a la “corrupción” de estos textos pasándolos por el tamiz de una sensibilidad actual. Pero fue más lejos y añadió sus propios comentarios que se hincharon de cuentos cada vez más imaginarios, donde aparece cada vez el personaje mítico de Cratevas, médico de Mithridate, que se entrega a experimentos sobre los venenos, sobre la crueldad, el dolor y el poder.
     Se trata de una polifonía donde se escuchan las voces de Dioscórides, de Laguna que comenta a éste, y por fin de Gamoneda mismo, en una traducción en francés moderno influida por la lengua de los traductores lioneses de Dioscórides en el siglo XVI.
     Además, la versión francesa de esta obra del Premio Cervantes tiene ‘una sorpresa’, un apetitoso añadido, en forma de epílogo: un texto original del poeta y músico leonés Ildefonso Rodríguez.

Premio ‘QUIJOTE DE LAS LETRAS ESPAÑOLAS 2009′, a ANTONIO GAMONEDA, en reconocimiento a la obra de toda una vida

December 8, 2009

GAMONEDA recibe el Premio Quijote
de las Letras Españolas 2009

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Anteriormente han obtenido este galardón
Franciso Ayala, José Luis Sampedro,
Miguel Delibes y Ana María Matute

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AGENCIA ICAL

El escritor Antonio Gamoneda ha sido galardonado con el Premio Quijote de las Letras Españolas 2009, que concede la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE) y que reconoce la obra de toda una vida.

El Premio está dotado con 15.000 euros y una placa. En la votación han participado 300 escritores de toda España. El galardón se entregará personalmente al autor en un acto que se celebrará el miércoles 9 de noviembre a las 19.30 horas en el salón de la sede del Parlamento Europeo en España, Madrid, Paseo de la Castellana, 46.

El Secretario General de ACE, Coordinador del Premio, Andrés Sorel, declaró que este premio reconoce no sola "la obra de uno de los mejores poetas españoles del siglo XX, sino de un hombre que es un ejemplo creativo para quienes pretenden olvidar la tragedia que supuso para España el franquismo".

En el desarrollo del acto la sección autónoma de traductores de ACE entregará el Premio Esther Benítez de traducción 2009 a Pedro Pérez Prieto por los ‘Sonetos de Shakespeare’ y a Jesús Zulaike por ‘La casa de los encuentros’ de Martín Amis.

Sobre ‘Un armario lleno de sombra’, por ERNESTO ESCAPA

November 24, 2009

FUEGO AMIGO / Por ERNESTO ESCAPA

dedicatoria de Gamoneda para Galaxia Gutenberg

UN ARMARIO LLENO DE SOMBRA

El Cervantes Gamoneda reconstruye su memoria de la infancia
en los años más hirientes y oscuros de la posguerra leonesa

Hace un cuarto de siglo, el Premio Castilla y León de las Letras situó con acierto a Gamoneda entre el fundacional Delibes y el esencial Claudio Rodríguez. Después de varios libros y premios de renombre, dos décadas más tarde el Cervantes señaló a este autor de obra singular, cuya dicción no se parece a ninguna otra. Sin duda, uno de los grandes poetas del siglo veinte. Quizá por eso, y también por elección, su camino hasta aquí no ha sido fácil, sino todo lo contrario. Al cabo de medio siglo de ejercicio de un elevado oficio poético, cuando sonaron las trompetas del Cervantes su nombre todavía no figuraba en las páginas amarillas de los informativos. Luego los ha frecuentado más por traspiés funerarios con colegas que por el eco de una obra que ha seguido creciendo.    

Durante años, Gamoneda, hoy valorado como el mejor poeta póstumo de la generación del medio siglo, fue autor de un único libro. Digo póstumo porque su residencia en la provincia lo excluyó de las alineaciones del grupo, severamente sometido al péndulo de Barcelona y Madrid. El tropiezo con la censura en los sesenta de ‘Blues castellano’, lo había depositado en aquella sabia contención, después de unas laureadas mocedades de lírico floral, cuando el éxito le obligó a repartir estipendios con un sosias, que acudía a los festejos, declamaba los versos, bailaba con la reina y le protegía las neuronas del bochorno. La revelación de ‘Descripción de la mentira’, que fue el hito poético de la transición, lo convirtió en un autor exento y sin cuadrilla, cuya salmodia sobresale entre tantas poéticas intercambiables.  

‘Un armario lleno de sombra’ repasa la infancia del poeta, un tiempo menesteroso acuciado por los estragos de la penuria. Su vecindad en los arrabales de la derrota, el espectáculo de las recuas de presos, la postración a que obliga el disimulo de la supervivencia. Por supuesto, fluyen por estas páginas personajes y escenarios muy presentes en la memoria de León. La visita al interior de San Marcos con el guardia Quirino, la crueldad del sádico Navas, los paseos, la arrogancia de los nazis de la Legión Cóndor y sus alardes en la ciudad sumisa. Pero el tumulto de los recuerdos se decanta en una prosa trabada con destellos de belleza perturbadora. No es el recreo del lírico, sino el relato implacable de una conciencia maltrecha. 

ERNESTO ESCAPA

Crónica underground del ‘Festival Ñ’ de literatura, por LEO ZELADA

November 17, 2009

 

(…) "Lo mejor de este festival fue la lectura de poemas inéditos de Antonio Gamoneda. Su reflexión sobre la poesía fue profunda, y sus poemas, geniales. Creo que la próxima entrega de de Gamoneda será su mejor libro. Me encantó hablar con Antonio en varias oportunidades durante el festival. Es una persona sencilla y amable. Va a su rollo y eso me gusta" (…).

Lee la crónica completa del FESTIVAL Ñ en el blog de (haz click:) LEO ZELADA

 

La poetisa griega KIKI DIMOULA, Premio Europeo de Literatura 2010

November 15, 2009
KIKI DIMOULA
La poetisa griega KIKI DIMOULA, Premio Europeo de Literatura 2010

Estrasburgo (Francia), 14 nov (EFE).- La poetisa griega KIKI DIMOULA ha sido galardonada con el Premio Europeo de Literatura 2010, según anunció hoy en Estrasburgo la Asociación Capital Europea de Literaturas (ACEL) y el jurado que otorgó la distinción.

Dimoula (Atenas, 1931) es, según el jurado, "una de las más fuertes y representativas" escritoras de la Grecia actual, "muy popular" en su país, que ha visto traducidos sus 12 poemarios a ocho lenguas, entre ellas el español.

Miembro de la Academia de Atenas y empleada durante 25 años del Banco de Grecia, Dimoula también ha publicado en prosa, así como numerosos artículos en revistas literarias.

El Premio Europeo de Literatura, que cuenta con el apoyo del Ministerio francés de Asuntos Exteriores, distingue la obra completa de un escritor europeo de talla internacional, que represente la dimensión cultural europea y la promoción del mejor conocimiento mutuo de los pueblos europeos a través de la literatura.

El premio, que será entregado durante los Encuentros Literarios de Estrasburgo, que se celebrarán el 12 y 13 de marzo del próximo año, consistirá en la traducción al francés de dos obras de Dimoula.

El encargado de realizarla será el traductor francés Michel Volkovitch, cuya labor de traducción de obras de la literatura griega moderna también ha sido reconocida.

El primer galardonado en 2006 con el Premio Europeo de Literatura fue ANTONIO GAMONEDA, que ganó meses después el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el premio Cervantes 2006.

ACEL también ha hizo público hoy el Premio de Literatura Francófona Jean Arp, concedido al poeta francés Pierre Dhainaut (Lille, 1935). Este año se cumple el cuadragésimo aniversario de la aparición de su primer libro, "El poema comienza".

El tercer galardón que concede anualmente ACEL es el de Patrimonio Nathan Katz, que distingue el patrimonio literario alsaciano, desde la Edad Media a nuestros días.

El premiado ha sido Rene Schickele, escritor franco-alemán que falleció en 1940, después de que el régimen nazi quemara sus obras y prohibiera la edición de las mismas.

La labor de las traductoras de Schickele, Irène Kuhn y Maryse Staiber, ha sido también reconocida, por su promoción del patrocinio literario alsaciano.

Los premios de ACEL cuentan con el apoyo del Consejo de Europa, el Ayuntamiento, la Comunidad Urbana y la Universidad de Estrasburgo, así como del Consejo Regional de Alsacia.

Este fin de semana, recién llegado de América… rumbo al FESTIVAL Ñ del Círculo de Bellas Artes

November 12, 2009

 Festival Ñ
NACE EL ‘FESTIVAL Ñ’
EN EL CÍRCULO DE BELLAS ARTES

Una fiesta de la literatura que reúne en Madrid
los días 13 y 14 de noviembre a más de 70 autores.

El Círculo de Bellas Artes de Madrid y La Fábrica ponen en marcha el Festival Eñe. El viernes 13 y el sábado 14 de noviembre, el Círculo de Bellas Artes de Madrid se convertirá en el centro de la literatura. Más de sesenta actividades: conferencias, cara a cara, lecturas, debates, talleres, proyecciones, música, conciertos, acciones, firma de libros…

PROGRAMA

13.11.09

16.00 · Félix Romeo conversa con Diego Moreno, Carola Moreno, Enrique Redel, Luis Solano, Julián Rodríguez y Santiago Tobón: Dispara al editor. Salón de Baile
16.30 · Leopoldo María Panero: Lectura y encuentro. Sala de Columnas
· Manuel Gutiérrez Aragón, Ámparo Martínez Herranz y Agustín Sánchez Vidal: Un perro andaluz. Encrucijada de la vanguardia española. Sala Valle Inclán
17.00 · José Antonio Marina. Sala de Columnas
18.00 · Soledad Puértolas: Las enfermedades de los escritores. Sala de Columnas
· James Frey y Rubén Romero: Bienvenidos a Los Ángeles . La ciudad del eterno sueño americano a través de la literatura y el cine. Sala Valle Inclán
18.30 · Ana María Moix conversa con Esther Tusquets. Teatro Fernando de Rojas
19.00 · Lorenzo Silva e Ignacio del Valle: Juicio a Larsson. Sala de Columnas
19.30 · Carlos Franz, Juan Carlos Méndez-Guédez y Ronaldo Menéndez: De Macondo a Barajas. Sala Valle Inclán
· Letteratura Italiana oggi Laura Pugno e Ivonne Aversa. Salón de Baile
20.00 · Eduardo Arroyo: Literatura con brocha. Presenta Alberto Anaut. Teatro Fernando de Rojas
20.30 · Agustín Fernández Mallo: Un viaje. Sala de Columnas
21.00 · Antonio Luque (Sr. Chinarro): El superpoder inútil. Presenta Ana S. Pareja. Sala Valle Inclán
22.00 · Entrega de Premios Eñe. Con música de Germán Coppini. Teatro Fernando de Rojas
24.00 · Graciela Baquero, Esther Ramón, Alejandro Céspedes, Juan Carlos Mestre, Pilar Fraile Amador, Pilar González España, José María Parreño y Marina Oroza. Maratón de poesía. Boca a boca. Acción poética para ocho voces. Sala de Columnas
24.30 · Javier López-Roberts, Vanessa Montfort, Alfredo Conde, Ricard Ruiz Garzón, Cristina Cerrada y Lourdes Ortiz: Noche de miedo. Lectura de cuentos de terror. Sala Antonio Palacios

Cine. Ciclo Azcona
Proyecciones Cine Estudio
17.00 · ¡Ay Carmela!
19.30 · El Pisito

14.11.09

11.30 · Juan Bonilla conversa con Chema Madoz Teatro. Fernando de Rojas
12.30 · Doménico Chiappe, Alckmar Luiz Dos Santos y Antonio Rodríguez de las Heras: Libro electrónico. 1000 Faqs. Salón de Baile
· José Luis Borau: Cambio de tercio. Sala de Columnas
· Fernando Savater y Emilio Sánchez Miguel: La lectura entre el aprendizaje y la emoción. Presenta Carlos Alberdi. Sala María Zambrano
13.00 · Vicente Molina Foix y Álvaro Pombo conversan con Jorge Herralde: Herralde , 40 años de editor. Teatro Fernando de Rojas
· José Antonio Martínez Serrano. Lo digital da buena impresión. Sala Ramón Gómez de la Serna
13.30 · José Luis Cuerda y Telmo Rodríguez: Cata literaria. Salón de Baile
14.00 · Rodrigo Fresán, Ignacio Echevarría y Ray Loriga. Sala María Zambrano
14.30 · Fernando Iwasaki: El soniquete de Borges. Salón de Baile
16.00 · Juan Cruz conversa con Javier Cercas. Teatro Fernando de Rojas
· Lara Moreno, Use Lahoz, Robert Juan Cantavella y Jorge Carrión: Nuevas voces. Salón de Baile
· Javier Calvo, Sergio Galarza, Juan Casamayor y Carola Aikin: Puro cuento. Sala de Columnas
17.00 · Pilar Pérez Esteve: www .leer .es. Sala María Zambrano
17.30 · Juan Barja conversa con Antonio Gamoneda. Teatro Fernando de Rojas
· Andrés Barba: El tema del mal en la figuración infantil literaria. Sala de Columnas
18.30 · Gabriela Wiener, Fernando Marías y David Barba: Pornófilos. Sala de Columnas
19.00 · Julio Llamazares y José Manuel Navia: Literatura y fotografía. Teatro Fernando de Rojas
20.00 · Bernardo Atxaga: Funeral por un soldado muerto en Irak. Sobre la poesía. Sala de Columnas
20.30 · Alberto García-Alix. Presenta Gonzalo García Pino. Teatro Fernando de Rojas
21.00 · Manuel Vilas: Estaturas de hombres famosos: del 1,82 de Franz Kafka al 1,72 de Lou Reed. Sala de Columnas
22.00 · Guillermo Fadanelli: La escritura como medio de autodestrucción. Teatro Fernando de Rojas

Cine. Ciclo Azcona
16:00 · Tirano Banderas
17:45 · En brazos de la mujer madura
19:45 · La lengua de las mariposas
21:30 · El año de las luces
23:30 · La vaquilla

Programa infantil
Programación continua 11.00 > 14.00 y 16.00 > 20.00 Cuentacuentos, juegos, talleres, música y mucho más…
Edad: de 4 a 9 años
25 plazas por actividad
Azotea del CBA
12.00 > 14.00 · Aracne: el mito de la mujer araña, con Carmen La Griega acompañada del arpa de Silvia Moreno. Teatro de objetos cotidianos
16.00 > 17.30 y 18.00 > 19.30 · Literatura: los chicos y las chicas tienen también algo que decir, con Rosa Sobrino y Laura Benítez (AELE). Talleres de animación a la lectura

TALLERES EXPRÉS
Ocho talleres en un formato exprés de dos horas para iniciarse en la creación literaria. Previa inscripción [precio 20€] y aforo limitado. Más información en www.revistaparaleer.com
Los alumnos inscritos en los talleres obtendrán un abono sencillo para el festival que podrán recoger en La Fábrica (Verónica, 13)

13.11.09
17.00 · Anatomía del poema por Jesús Urceloy y Antonio Rómar. Organiza Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja
19.30 · Los secretos del best seller por Vanessa Montfort. Organiza Centro de Formación de Novelistas
· El motor de la creatividad por Isabel Cañelles. Organiza Escuela de Escritores

14.11.09
11.00 · El imaginario entre columpios, por Víctor
García Antón. Organiza Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja
· El baile de la escritura, por Ignacio Ferrando. Organiza Escuela de Escritores
17.00 · Leer para escribir, por Gloria Fernández Rozas. Organiza Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja
19.00 · Taller de diálogo, por Carlos Salem Sola. Organiza Centro de Formación de Novelistas
19.30 · Los diez errores más frecuentes en la escritura de ficción, por María Tena. Organiza Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja

ACCIONES
13.11.09
21.00 · Peru Saiz Prez: Lo hicimos bien, pero no lo suficientemente bien como para hacer una película sobre lo bien que lo hicimos. Salón de Baile

14.11.09
12.30 Elena Medel y el ilustrador Guillermo Trapiello. Gabinete de crisis. Salón de Baile
14.00 · Alberto San Juan, Antonio Rodríguez Menéndez y Escuela de Letras. Jazz Band: Rumbo a peor. Sala de Columnas
18.00 · Víctor Coyote: Ruido bajito. 4ª Planta
19.00 · Monoperro con Silvia Nanclares y Rocío Osuna: La más grande novela ilustrada. Salón de Baile

MÚSICA
13.11.09
23.00 · Josele Santiago y sus menudencias. Teatro Fernando de Rojas

14.11.09
23.00 · Fiesta de cierre Fernando Alfaro, Maderita, Coralie Clément y Dj Dr Volcán. Sala de Columnas

EXPOSICIÓN
Selección de material documental sobre Luis Buñuel y su tiempo y proyección de la película ‘Un perro andaluz’ en su ochenta aniversario. Salón de Baile

RADIO 3
Programación especial en directo
13.11.09
17.00 > 19.00 El postre
14.11.09
10.00 > 12.00 Mundo Babel

FIRMAS, LIBRERÍA, CAFÉ Y MUCHO MÁS…

[abono 2 días 15 €]
[socios CBA · suscriptores revista Eñe 12 €]

El abono permite el acceso, hasta completar aforo, a todas las actividades excepto a los talleres

Puntos de venta
Círculo de Bellas Artes. Alcalá 42. 913605400
La Fábrica. Verónica 13. 913601320

www.entradas.com

 

‘El río de los amigos. Escritura y diálogo en torno a Gamoneda’ ~ En Calambur

October 24, 2009
ENTRA EN:

CALAMBUR EDITORIAL
NOVEDAD
CALAMBUR Poesía:
  El  río de los amigos Escritura  y diálogo en torno a Gamoneda VV AA

El  río de los amigos
Escritura  y diálogo en torno a Gamoneda
VV AA

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Colección: Poesía, 98
Madrid, 2009. 180  páginas
ISBN: 978-84-8359-181-9
16,00 euros (con IVA)
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En El río de los amigos –título también de un poema de Gamoneda–, un conjunto de escritores y críticos celebra la trascendencia de la obra de Antonio Gamoneda, así como el renovador sustrato que ésta aporta al panorama de las letras hispanas contemporáneas. Rafael Saravia ha reunido a un grupo privilegiado de lectores de la obra del Premio Cervantes leonés, cuyas contribuciones despliegan un diálogo creativo y reflexivo entre las señales impresas en los libros de Gamoneda y la impronta recibida de ellas por estos autores y amigos, procedentes de distintas generaciones.

El río de los amigos es un libro colmado de poesía y meditación, que no solo ayuda a entender mejor la obra de Gamoneda y a rastrear su huella en la literatura contemporánea, sino que constituye, además, un sincero homenaje al maestro y a su palabra plena de dignidad, conciencia y libertad.
 
Rafael Saravia es poeta, editor y fotógrafo. Fundador del Club Cultural Leteo y Ediciones Leteo. Ha publicado los libros de poemas Pequeñas conversaciones de rojo (2001), Desprovisto de esencias (2008) y Pequeñas conversaciones (2009). Ha sido incluido en las antologías Novilunio (1998), Petit Comité (2003) y Antología del beso, poesía última española (2009). Colabora regularmente con diversas publicaciones nacionales e internacionales, tanto en papel como en red.

 
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COLABORAN:

Gonzalo Rojas • Pablo de la Varga • Diego Jesús Jiménez • Antonio Colinas • Fanny Rubio • María Nieves Alonso • Jaime Siles • Eduardo Milán • Ildefonso Rodríguez • Miguel Casado • Ángel Luis Prieto de Paula • Antonio Marín Albalate • Alexandra Domínguez • Tomás Sánchez Santiago • Juan Carlos Mestre • José María Parreño • Lawrence Breysse-Chanet • Pilar Blanco • Amalia Iglesias • Jorge Riechmann • Marifé Santiago Bolaños • Eduardo Moga • Eloísa Otero • Niall Binns • Cecilia Quílez • Guadalupe Grande • Antonio Méndez Rubio • María Ángeles Pérez López • Jordi Doce • Viktor Gómez • Lourdes de Abajo • Luis Luna • Ignacio Escuín • Rafael Saravia •

Gamoneda en el II Festival Internacional de Poesía de Santo Domingo

October 19, 2009

 

 Gamoneda cruza el Atlántico y se va de gira poética.
Estas son las fechas de llegada a los distintos países:
19 de octubre: República Dominicana.
26 de ocutbre: México (San Luis).
29 de octubre: México DF.
3 de noviembre: Venezuela.
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La primera parada será en el
II Festival Internacional de Poesía
PALABRAS EN EL TIEMPO.
Santo Domingo 2009,
del 21 al 25 de octubre de 2009.

El mundo es grande. Dentro de una casa
    no cabrá nunca. El mundo es grande.

Hierba de soledad, palomas negras: he llegado por
    fin, éste no es mi lugar, pero he llegado.

Estoy desnudo ante el agua inmóvil. He dejado mi
    ropa en el silencio de las últimas ramas.

ANTONIO GAMONEDA

 

Inauguración de la ‘Biblioteca Antonio Gamoneda’ del Instituto Cervantes de Fráncfort (Alemania)

October 6, 2009

 Biblioteca 'Antonio Gamoneda'. Instituto Cervantes de Fráncfort (Alemania)

6 de octubre de 2009

El poeta Antonio Gamoneda, premio Cervantes 2006, participa hoy martes, en el Instituto Cervantes de Fráncfort (Alemania), en los actos organizados con motivo del "bautizo" de la biblioteca del centro con su nombre.

El escritor hablará de su obra y recitará diversos poemas, algunos de ellos inéditos. Le acompañará Manfred Böss, traductor al alemán de su obra, quien leerá poemas de Gamoneda en esta lengua.

Esta actividad abierta al público comenzará a las 19 horas, y concluirá con un concierto a cargo de la compañía Almodis. Bajo el título de "Música y danza en la Corte Real", interpretará obras de Boccherini.

La "Biblioteca Antonio Gamoneda" será a partir de ahora un centro de referencia de la obra literaria del autor leonés. Cuenta con más de 5.000 volúmenes y dispone de acceso al jardín del edificio, que ocupa la antigua Amerika Haus, un inmueble declarado patrimonio histórico de la ciudad.

El Instituto Cervantes de Fráncfort -ciudad considerada como la capital económica de Europa- fue inaugurado por los Príncipes de Asturias el 22 de septiembre del pasado año. En sus 5.000 metros cuadrados, dispone de 14 aulas y un gran salón de actos, entre otras dependencias. Con la apertura de este centro, que se sumó a los que ya existían en Berlín, Múnich, Bremen y Hamburgo, Alemania pasó a ser el país europeo con mayor presencia del Cervantes, y el tercero del mundo, sólo por detrás de Brasil y Marruecos.

 

‘Livre des poisons’ / ‘Libro de los venenos’… ya está en francés, traducido por JEAN-YVES BÉRIOU y MARTINE JOULIA

September 27, 2009

Livre des poisons, de Antonio Gamoneda

El libro de los venenos, traducido al francés…

‘Livre des poisons’:
Corruption et fable du sixième de Pédacius Dioscoride et Andrés de Laguna, sur les poisons mortifères et les bêtes sauvages qui crachent le venin (Broché).

Autor: ANTONIO GAMONEDA
Traduction: JEAN-YVES BÉRIOU & MARTINE JOULIA
[PD de Martine: "El libro se beneficia, a modo de epílogo, de un texto del mismisimo Conde de Villabalter… alias ILDEFONSO RODRÍGUEZ".]
La editorial se llama (haz click:) Actes Sud.

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FRAGMENTOS:

De la salamandre 

Si quelqu’un a mangé de la salamandre, il s’ensuit une inflammation de langue; l’entendement et la parole sont empêchés; un tremblement lui survient avec un endormissement des membres, frissons et faiblesse. En outre, certaines parties du corps deviennent livides, et souvent, le poison y demeurant longuement, toutes pourries tombent en pièces. Après avoir remédié par les mêmes médicaments que nous avons dit contre les cantharides, on baillera de la résine de pin ou du galbanum avec du miel sous forme de looch, des feuilles d’orties, aussi, cuites en huile avec des lys. Les œufs de la tortue de terre ou de mer cuits sont profitables également, item le bouillon de grenouilles, avec lesquelles on aura fait cuire la racine du chardon roulant. 

Le galbanum est la gomme blanche d’une plante odorante qui, jetée dans le feu, met en fuite les serpents; au reste, elle attire au dehors la matière infectieuse, amollit les phlegmons et tire de l’utérus les fœtus morts ainsi que le délivre de la mère. Les tortues terrestres naissent dans les déserts, engendrées par la rosée; adultes, elles deviennent folles de luxure. Les tortues de mer ou galapagos ronflent en dormant sur les eaux et couvent leurs œufs rien qu’à les regarder. 

Par la forme, la salamandre ressemble au lézard, à ceci près qu’elle a le ventre plus large, la tête très aplatie et le cuir tout moucheté d’étoiles. Sa complexion est si froide que, jetée dans le feu, s’il est maigre, elle l’éteint, ni plus ni moins que la neige ou la glace, d’où les hommes en sont venus à croire que la salamandre résistait aux flammes et s’en nourrissait, ce qui est faux, car on sait par expérience que si on la retient longtemps sur les braises, à la fin elle meurt et brûle.

      La salamandre est mortelle non seulement mangée ou bue, mais aussi lorsqu’elle mord, comme les autres serpents vénéneux. Sa salive est si virulente et maligne qu’à son contact toute partie dénudée perd ses poils et se couvre de taches blanches comme celles de la lèpre. La salamandre est si pernicieuse qu’il lui suffit de grimper sur un arbre pour en infecter tous les fruits, de telle sorte que quiconque en mange trépasse sur le champ ; aussi son venin est-il tenu pour populaire, puisqu’elle empoisonne non seulement les fruits, mais aussi les eaux en tombant dans les sources et les puits, causant ainsi la perdition du peuple. Il est écrit qu’une famille tout entière mourut d’avoir mangé du pain cuit dans un four qu’on avait chauffé avec du bois infecté par cet animal pestifère.

      On traitera les maux provoqués par la salamandre avec les remèdes qu’on administre contre l’opium et contre n’importe quel poison froid. En effet, lorsque Dioscoride prescrit de la résine à lécher, une fois épuisées toutes les mesures qu’on prend d’ordinaire contre les cantharides, il entend qu’après les universels, la vertu vitale ayant été confortée avec les antidotes communs, on baille les remèdes particuliers et propres à résoudre une telle froideur vénéneuse, à savoir la résine de pin et le galbanum. Les salamandres abondent en Istrie et en Slavonie.  

De Thrace, où elles sont noires et violentes, Décénée, prêtre, m’envoya dans un pot humide une salamandre qu’on avait nourrie de vers et de mouches pendant le voyage; une seconde aussi, décapitée, dont le corps avait été conservé dans le miel.

      «Quinze nuits durant, je mis l’animal vivant sur la peau d’Ara, arménien de seize ans, nu et mains liées, enveloppé dans un sac de chanvre avec la salamandre. L’homme n’en fut pas incommodé bien que la substance de l’animal apparût certains matins sur ses lèvres.

      «Je pris les cendres de l’animal conservé dans le miel et les mêlai à de l’huile de jusquiame pour en préserver la froideur. De cette mixture, je résolus que l’Arménien prendrait jusqu’à six fois en six jours; je vis alors son corps bleuir comme lait corrompu, et m’aperçus qu’il avait perdu tous ses cheveux.

      «Je laissai passer autant de temps jusqu’à ce que, mu par la pitié, je le fis mourir par le fer, car, pris d’une lèpre livide, il vivait encore bien que ses yeux et son membre se fussent desséchés.

      «Je ne crois pas que la première salamandre ait manqué de vertu, mais plutôt qu’étant d’une espèce fuyarde qui vit dans le silence, les pleurs l’avaient apeurée.»

ANTONIO GAMONEDA
‘Livre des poisons’
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Traduction:
JEAN-YVES BÉRIOU 
& MARTINE JOULIA
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El poeta en You Tube / Entrevistas

September 24, 2009

 Gamoneda

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 ~~ Pulsar en la imagen para verlo ~

Un vídeo de Cedecom.
[Tesis tuvo la oportunidad de conversar con el Premio Cervantes 2006 durante su visita a la Universidad de Sevilla para participar en la III edición de Factor Humano. En estos vídeos nos ofrecen una entrevista con Gamoneda en la que el poeta repasa sus orígenes vitales y literarios y la evolución de su relación con la palabra poética como forma de resistencia. ]

Donald Wellman ha traducido ‘Lápidas’ (’Gravestones’) al inglés

September 22, 2009

 Donald Wellman ha traducido 'Lápidas' ('Gravestones') al inglés

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Screams on the grass and the purple hurricane.

You spin wrapped in flags and you exhale sweetly.

You obey invisible elders whose songs pass through your tongues.

Oh, youth chosen by my tears.

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Tell me who you are before approaching closer to my heart, your name in the city that remains behind you,

that which was young in your eyes and you still remember before entering the clinics where the nation speaks of your pregnant sisters.

Tell me who you are in those big arms of Jesus Christ, in the maternity jacket, in the sweetness of weary men;

tell me your age facing the walls where Luis and his two souls meet (one that cries and one that studies the agility of death);

tell me your mistake and if there are dead on your tongue,

tell me you name before the abyss, Ursula.

- - -

THAT air between brilliance and death turns into a substance that days and winds do not manage to erase. These transparent fabrics are the contents of the age.

Exact and incomprehensible signs. In me they have the value of a wound; some numbers burn my eyes.

- - -

LINES of prisoners followed; men heavy with silence and blankets. On that bank of the Bernesga they were regarded with friendship and fear. A woman, exhausted and beautiful, approached with a basket of oranges; each time, the last orange burnt her hands: always there were more prisoners than oranges.

They passed below my balcony and I leaned into the rails whose cold will never leave my face. In long files they were brought to the bridges and they felt the humidity of the river before entering the gloom of San Marcos, into the sad depositories of my shamed city.

ANTONIO GAMONEDA
Donald Wellman
(De ‘Lapidas’ / ‘Gravestones’.
Traducción al inglés por:
DONALD WELLMAN)
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Antonio Gamoneda en… ‘Asturias en diez trazos’

September 20, 2009

 Antonio Gamoneda en una fotografía de Eloísa Otero

«Asturias en diez trazos», programa documental de la TPA (hoy domingo, 20 de septiembre, a las 22 horas) es un espacio en el que diez asturianos de reconocida trayectoria hablan de su relación con la región, de sus recuerdos, de su trayectoria profesional, de sus sueños y de sus deseos para Asturias, explica la cadena autonómica en un comunicado.

Para elaborar el programa se ha entrevistado a diez asturianos que han destacado en diferentes ámbitos: el periodismo, la música, las artes, el deporte, la ciencia o la cooperación. Participan en el reportaje el periodista Juan Ramón Lucas, el cocinero José Andrés, el grupo «El sueño de Morfeo», el cineasta José Antonio Quirós, el poeta Antonio Gamoneda, la escaladora Rosa Fernández, la científica Margarita Salas, el director de escena Emilio Sagi, el fundador de Mensajeros de la Paz, Padre Ángel García, y el ciclista Samuel Sánchez. Las entrevistas se grabaron en Asturias, Madrid y Cádiz. Además de la entrevista, el equipo de TPA y la productora de Programas del Principado hicieron un seguimiento de la actividad de cada entrevistado. Por ejemplo, a Juan Ramón Lucas se le grabó haciendo su programa diario en RNE, «En días como hoy».

El poeta en los Cursos de Verano de El Escorial

July 30, 2009

 

Gamoneda convierte el "sufrimiento" de la poesía
en "una forma de placer"

San Lorenzo del Escorial (Madrid), 29 jul (EFE).- Antonio Gamoneda consideró hoy que uno de los "misterios" de la poesía es que aunque de forma mayoritaria está fundamentada en el sufrimiento y la conciencia mortal, milagrosamente acaba convertida en una "forma de placer".

En su disertación sobre la poesía, en una conferencia extraordinaria pronunciada en los cursos de verano de la Universidad Complutense en El Escorial, el poeta ovetense confesó ante una sala repleta de público que desconoce por qué la poesía puede transformarse en una fuente de placer si surge del sufrimiento, y precisó: "esto no es una salvación existencial, pero lo parece".

Gamoneda, Premio Cervantes en 2006, se mostró convencido de que el poeta no tiene un proyecto previo de su obra, que se produce -dijo- "por una pulsión imprevista, la aparición de unas palabras cargadas de una conducción rítmica del lenguaje interior".

"La poesía, a mi humilde entender, no procede necesariamente del razonamiento, sino de intuiciones verbales que se manifiestan al hilo de una conducta musical inherente al desarrollo de un poema", sentenció.

Para el autor de "Descripción de la mentira", "Edad" o "Arden las pérdidas", la poesía es esencialmente pensamiento y lenguaje "subversivos", al derrocar la significación de la palabra académica y convencional.

Pero el poeta va más allá, al expresar su convicción de que este pensamiento reflexivo tiene su raíz en lo desconocido, aunque sea creador de algún tipo de conocimiento, lo que le lleva a considerar la poesía como un "acto de creación".

Gamoneda, en su disertación sobre "Poesía y poética", subrayó que la poesía puede intensificar nuestra conciencia, "pero directamente no nos sirve para cambiar el mundo".

Coincidió con la reflexión de Federico García Lorca de que la poesía se hace sentir "cuando se da en nosotros la percepción de que dos o más palabras están juntas por primera vez", lo que lleva necesariamente -en su opinión- a nombrar algo "que no existía, que no había sido nombrado nunca".

Quiso citar también en su discurso al poeta "mayoritariamente y tontamente olvidado" Juan Larrea, y su frase "he aquí el mar, alzado en un abrir y cerrar de ojos de pastor", una línea que -dijo- "no encuentra acomodo razonable en el pensamiento discursivo, pero es causa de una presencia intelectual hasta ahora inexistente y desconocida".

El poeta, hijo adoptivo de León por ser ésta la tierra en la que se crió, se mostró convencido de que la poesía es un lenguaje aprendido "cuando el mundo era sagrado", y aunque hoy el mundo ya no sea sagrado "permanece el lenguaje aprendido con una entidad necesariamente poética".

A su entender, el hecho de que la poesía sea una cosa "minoritaria" ha llevado a que los científicos no se hayan ocupado en averiguar si puede existir una zona del cerebro en algunos humanos en la que el pensamiento "se suceda a sí mismo".

"Creo que existe una conexión entre la primera palabra del homínido capaz de la fonación articulada y las dos palabras que aparecen juntas por primera vez", aseguró el escritor, para quien la poesía "nos lleva a nuestros orígenes, a cierta capacidad de creación y revelación".

Con una gran carga irónica, Gamoneda pidió a los presentes perdón "por no haber tenido tiempo de hacer más breve mi intervención", aunque advirtió de que la poesía "también puede ser el arte de la desobediencia", y quiso dar "señales en mí de una mínima obediencia" (al ruego del director del curso de no sobrepasar el tiempo en exceso), al acabar su discurso recitando tan sólo unos breves poemas.

Entre ellos, el emotivo poema dedicado a un amigo iraquí a quien las torturas del régimen de Hussein le provocaron una epilepsia de origen traumático, fallecido hace tres años en Nueva York, y a quien el poeta definió como "un árabe perfecto: te engañaba por la mañana y te daba su corazón por la tarde; para mí era mucho".

© EFE 2009. Está expresamente prohibida la redistribución y la redifusión de todo o parte de los contenidos de los servicios de Efe, sin previo y expreso consentimiento de la Agencia EFE S.A.

 

8 de Julio: Presentación de las memorias en León

July 5, 2009
Fotografía de Campillo, para la agencia Ical

Antonio Gamoneda presenta en el miércoles, 8 de julio, en El Corte Inglés de León, "Un armario lleno de sombra".
El Premio Cervantes presentará a las 19,30 horas en la sala de Ámbito Cultural (sexta planta) la autobiografía de su infancia en los años de la guerra civil y la posguerra.
La entrada es libre hasta cubrir el aforo.

Sobre Victoriano Crémer

July 1, 2009

 

[Homenaje a Crémer por su centenario. 16-XII-2006.
En la imagen: Gamoneda, Crémer y Pereira.
© Fotografía de PEIO GARCÍA, para la agencia ICAL]
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Declaraciones de Gamoneda sobre Victoriano Crémer,
fallecido el pasado 27 de junio de 2009:

    Fui amigo de Crémer durante 60 años. Su muerte me llena de tristeza. Deja una obra importante y esta importancia tiene un valor realmente histórico en los años 40 y principios de los 50, no porque entonces fuese mejor que en la obra posterior, sino porque comportaba una revitalización de la poesía, una propuesta de un humanismo novedoso que se oponía a la poesía "oficial" avalada por el régimen dictatorial. ‘Espadaña’, que es también hito histórico, fue una revista insurgente y renovadora. Dentro de ella, dentro del grupo fundador, existían desacuerdos, pero el tono central característico y más operativo, en el sentido de oponerse a la citada poesía "oficializada", correspondía principalmente a Victoriano.
    En otro orden, y con independencia de su condición de cronista municipalizado, la enorme y continuada cuantía de su trabajo para las emisoras y los periódicos le convirtió en el cronista no "municipal", sino "real" de la vida leonesa. En este terreno pueden aparecer los acuerdos y los desacuerdos con sus manifestaciones, pero sea como sea, en León no se ha dado nunca una literatura de opinión crítica más cuantiosa ni más densa, a la vez que sagaz y hasta maliciosamente inteligente, que la que hizo Victoriano.

‘Extravío en la luz’ y ‘Un armario lleno de sombra’ en el ABCD Cultural

June 21, 2009

 Antonio Gamoneda en la Feria del Libro de Sevilla 2008

Complicidad de poesía y vida
Por Amalia Iglesias

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Un armario lleno de luz
Por Anna Caballé.

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19 de Junio: Presentación en Valladolid de ‘Un armario lleno de sombra’

June 17, 2009

 En la imagen, Antonio Gamoneda cuando era un niño. © Fotografía del archivo de la familia

VIERNES, 19 DE JUNIO.
A las 20 horas.

Presentación de las memorias de ANTONIO GAMONEDA:

‘Un armario lleno de sombra’

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En la Fundación Segundo y Santiago Montes.

C/ Núñez de Arce, 9. Valladolid.

Estarán Antonio Gamoneda y Jorge Praga,
que actuará como presentador.

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(En la imagen, Antonio Gamoneda cuando era un niño.
© Fotografía del archivo de la familia)

‘El lugar amarillo’, un prólogo de Pierre Peuchmaurd para la 2ª edición francesa de ‘Libro del frío’

 http://farogamoneda.blogsome.com/images/1-pierre.jpg

Sobre Pierre Peuchmaurd

El 12 de abril de 2009, en  Brive (Corrèze), falleció de un cáncer de pulmón Pierre Peuchmaurd (1948), sin duda uno de los poetas franceses más decisivos del último medio siglo. En castellano han aparecido únicamente dos largos poemas:  “Historia de la Edad Media” (traducido por Martine Joulia, El Signo del Gorrión, número 23, Invierno 2001) y “Toro” (traducido por  Louis-François Delisse, con la colaboración de M. Joulia et J.-Y. Bériou, edición bilingüe, Myrddin, Brive, 2004).
El número 5 de la revista barcelonesa ‘El Animal Sospechoso’, a punto de salir, contiene un dossier sobre su poesía, presentado por J.-Y. Bériou, con una selección y traducción de poemas a cargo de Miguel Casado.
Pierre Peuchmaurd es el autor de un hermoso prólogo a la segunda edición francesa del ‘Libro del frio’ de Antonio Gamoneda (trad. por M. Joulia et J.-Y. Bériou, Editions Antoine Soriano, 2005). El texto, titulado ‘El lugar amarillo’, ha sido traducido para Faro Gamoneda por Ildefonso Rodríguez.

 
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EL LUGAR AMARILLO

  El frío es cuando todo ya ardió. Cuando el fuego lo ha besado todo, todo lo abrasó. Todo enrasado.

  O es una lenta parálisis, una gangrena de hielo que va apagando el corazón y sus atributos, como parece que hace la belladona.
  El frío se dice con una voz mate, mineralizada por la combustión, como los huesos se hacen piedra bajo las razones y bajo los propósitos.

  Esa voz no es neutra ni ausente. Blanca, jamás. Siempre trae algo de la quemadura y de la glaciación. Una protesta en el nombre mismo del vacío y de la melancolía. Un rechazo de la desposesión por encima de su evidencia. “Aún hay luz sobre las alas del gavilán”.
  
  Pero ensordecida, pues las luces se ensordecen también, y ahora, tal vez, puedes ver qué sucede cuando todo te abandona, cuando todo queda atrás y te descubres desnudo ante aquello que falta por venir, ese “gran sábado de la vida” por donde pasará “el animal perfecto” de la indiferencia, y una vez visto, ya nada más podrás ver.

  Tal como yo lo oigo, de ese lugar habla Antonio Gamoneda. Ese lugar bañado por el amarillo de la peste y del antes de la muerte. Allí él aguanta sabiendo que no aguantará por mucho tiempo, sólo lo necesario para reagrupar la vida, toda la vida, pues no estamos aquí para facilitar el trabajo de la muerte.

   Reagrupar, reunirlo todo, para la primera revuelta o para el último combate, cuando el pensamiento “es sólo recuerdo de la ira”, pero ahí sigue la ira. Es el último combate y Antonio Gamoneda, con una mano que apenas tiembla, reagrupa, lo recobra todo. Todo: “yeguas fecundas en la fosforescencia” y “caballos inmóviles en la tristeza”, el gesto deslumbrante de la costurera, “y sus brazos son blancos entre la noche y el agua”. Todo: los efectos y las causas (“las causas infecciosas”), que son lo mismo. Todo lo que se ha amado y se ha dejado morir antes de tiempo, porque somos como los pájaros, “bajo leyes de vértigo y olvido”.

  Todo –y ponerlo en el lugar amarillo, a la espera de que todo lo aplane ese bloque ciego, esa masa sorda de la nada que llamamos muerte. Ponerlo ahí para oponerse, porque eso era la vida, nuestra carne y nuestro sueño. Y veremos cuánto aguanta. Nada, seguro, pero tal vez todo. Ese frío que traspasa nuestros cuerpos y nuestros cuerpos lo sienten, eso no es el miedo, es la esperanza, es la tristeza. Nuestra única falta es la esperanza.

   “No tengo miedo ni esperanza”, dice Gamoneda, descubriendo tal vez el verdadero secreto de su poesía. Sin miedo ni esperanza, sin alegría ni amargura, sólo ira y estupor, y temblor cuando la voz tiembla, y del hombre – incluso abatido, incluso reducido a la espera de su fin – la dignidad.

  Estrictamente verídica, increíblemente determinada, determinada hasta el frío y el escalofrío, venida del centro abrasado de la palabra que era deseo, la poesía de Antonio Gamoneda –al menos, ella– está aquí para enlazar nuestras manos muertas con las rosas negras de los glaciares.

PIERRE PEUCHMAURD

Jordi Doce: ‘Dos poemas para Antonio Gamoneda’ en Zurgai

June 14, 2009

 Jordi Doce

DOS POEMAS PARA ANTONIO GAMONEDA

ESCUCHA el ulular del viento contra el muro;
la hiedra, las acacias baten la piedra sin descanso
y dividen el tiempo como tiernas cuchillas.
Yo te he visto en los intervalos: la luz
a rachas alumbraba tu rostro en la tormenta.
Eras tú y no eras: pues en la oscuridad
yo te llamaba y tú me respondías,
y también era tuya esa negrura,
tuya como el eco absurdo del viento.
(1992)

~

TEMBLOR de la palabra,
fragmento de sol hecho prisionero
en el cielo velado de la lengua,
fogata impredecible
que baila y se adelgaza
antes de cobrar nuevo impulso,
como manos anónimas
agitan una antorcha
en mitad de la mar,
señal de quién y su naufragio
bajo la boca informe de la noche,
bajo el callado circo de la noche
y su voraz audiencia.
(1998)

JORDI DOCE
(De ‘Con Antonio Gamoneda’, Zurgai, 2001)

'Los poetas de Zurgai'
~

 

8 y 9 de Junio / Presentación en Madrid de dos libros en edición de MIGUEL CASADO: ‘El curso de la edad. Lecturas de Antonio Gamoneda (1987-2007)’ y ‘Rimbaud, el otro’

June 6, 2009

 El curso de la edad. Lecturas de Antonio Gamoneda (1987-2007), de MIGUEL CASADO, publicado por Abada.

~LUNES 8 de JUNIO~

19:30, Círculo de Bellas Artes
Presentación del libro El curso de la edad. Lecturas de Antonio Gamoneda (1987-2007), de MIGUEL CASADO, publicado por Abada.
Participarán también Antonio Gamoneda, José Manuel Cuesta Abad y el editor Fernando Guerrero.
 Rimbaud, el otro, publicado por la Editorial Complutense, edición de MIGUEL CASADO.
~MARTES 9 de JUNIO~
19:30, Feria del Libro, Pabellón de las Universidades
Mesa redonda en torno al libro colectivo Rimbaud, el otro, publicado por la Editorial Complutense, edición de MIGUEL CASADO.
Intervendrá también Esther Ramón, colaboradora en el libro, y luego habrá una lectura de poemas de Rimbaud y propios a cargo de Marta Agudo, Marcos Canteli, Eva Chinchilla, Rafael-José Díaz, Ernesto García López, Ana Gorría, Carlos Pardo, Mariano Peyrou, Sandra Santana y Julieta Valero.
 

29 de mayo / Presentación de las memorias en la Feria del Libro de Madrid

May 28, 2009

No sé si la voluntad de escribir sobre mi infancia –de escribir mi infancia– tiene alguna causa. El olvido progresa en mí y se hace parte de un silencio intelectual que, fugazmente, me proporciona algo parecido a un bienestar. Un bienestar vacío.
    En el olvido están los recuerdos. Advierto que mi aprendizaje de vejez no es otra cosa que la forma que adoptan ahora en mí el pasado y sus sombras.

Antonio Gamoneda
(’Un armario lleno de sombra’)

Viernes 29 de mayo:
presentación de:
Un armario lleno de sombra, de Antonio Gamoneda,
en la FERIA DEL LIBRO DE MADRID,
a las 20 h. en el Pabellón Fundación Círculo de Lectores
(la mejor entrada es por la Calle Menéndez Pelayo - Puerta de Granada).

Y el lunes, 8 de junio:
presentación en el CÍRCULO DE BELLAS ARTES de:
El curso de la edad. Lecturas de Antonio Gamoneda (1987-2007).
Un libro de Miguel Casado, publicado por la editorial madrileña Abada.

 

Trabajando con Jean Louis Fauthoux

May 22, 2009

 Jean Louis Fauthoux y Antonio Gamoneda

Por León pasó el artista francés Jean Louis Fauthoux, que está trabajando en un proyecto conjunto con Antonio Gamoneda en torno a la luz.

El proyecto se traducirá en una futura exposición, con textos del poeta y los maravillosos papeles trabajados a mano que hace Jean Louis.

 

Sobre la descarada “manipulación” de las declaraciones de Gamoneda sobre Benedetti

May 21, 2009

 Mario Benedetti

Los diarios El Mundo (en su edición en papel) y Público han propiciado estos días una absurda polémica, manipulando descaradamente unas declaraciones de Antonio Gamoneda sobre la poesía de Mario Benedetti.

De la "forzada" polémica se han hecho eco algunos blogs de poetas, periodistas, editores y críticos bastante serios, de los que ofrecemos una pequeña relación:

Crítica poética y contracrítica
(Colectivo Adisson de Witt / ‘Gamoneda y Benedetti’)
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Pepo Paz
(El editor en su laberinto / ‘Matar al poeta: Gamoneda-Benedetti’)
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Aben Yusuf
(: ‘La verdad sea dicha sobre cierta poesía española’)
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José Manuel Ruiz Martínez
(Omphalos crítico / ‘Benedetti, Gamoneda, y la poesía’)
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Angélica Tanarro
(Calle 58-Blog de la periodista de El Norte de Castilla / ‘Una actitud nada común’)
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sopadepoetes
(’¿polémica gamoneda respecto a benedetti? no hay tema. benedetti descansa en paz’)
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Javier Menéndez Llamazares
(Como ser nadie / ‘Gamoneda y la mentira’)
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Juan Carlos Suñén
(En SoyLeyendo.com, un blog de la Escuela de Letras / ‘Descanse en paz’)
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Manuel Rico
(Un artículo de opinión en EL PAÍS: ‘Lo inoportuno y lo inaceptable’,
y en su blog ‘Al Margen’: ‘La polémica Gamoneda/Benedetti’)

 

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He aquí las declaraciones de Gamoneda sobre Benedetti, tal como las reflejaron algunas agencias y también el diario El País

"Su muerte me ha entristecido. Era un hombre necesario que destacó por su honradez intelectual y capacidad de crítica. Lo que intentó hacer lo hizo bien. Cumplió su propósito ampliamente. Respeto su manera de entender la poesía pero no la comparto. Para mí, la palabra meramente informativa y la crítica moral tiene su lugar en los periódicos, en la televisión, en los púlpitos si se quiere, pero la modalidad esencial del pensamiento poético no es ni reflexiva ni crítica sino un tipo de otra naturaleza, y determina un lenguaje que también es de otra naturaleza".

Añadimos, también, unas declaraciones del escritor gallego Méndez Ferrín sobre este asunto, publicadas en El Faro de Vigo:

El escritor gallego Xosé Luis Méndez Ferrín conoció a Benedetti durante una visita del poeta a Vigo para participar en el CLUB FARO en 1994. Él fue el encargado de presentarlo. "No me decepcionó en absoluto la idea que tenía sobre su persona; era paciente, bondadoso e inteligente y no creo, en absoluto, que su poesía fuera vulgar; es realista, comunica y tiene calidad", asegura Ferrín. Sin embargo, el literato gallego no condena las palabras de Gamoneda, que asegura están exentas de elitismo. "Habla desde su libertad y verdad y eso no es condenable. Además, esa opinión no tiene nada que ver con su persona, sino con una distinta manera de concebir la poesía", advierte.
Para Ferrín, la figura de Benedetti "representa el prototipo de intelectual de izquierdas en América Latina, polifacético. Era una persona amigable, próxima, generosa y muy inteligente; tal vez la poesía no sea su aportación más importante, ya que no hay que olvidar su obra como prosista, ensayista y articulista", explica.
Aquel primer encuentro en Vigo, que se alargó hasta altas horas de la noche, fue para Ferrín "inolvidable". "Si hubiéramos vivido en los mismos escenarios, habríamos sido buenos amigos", asegura.

 

Y descanse en paz Benedetti, un poeta y un ser humano entrañable
y, sobre todo, muy querido…

Crece la ficha de Gamoneda en la wikipedia…

May 19, 2009

 http://farogamoneda.blogsome.com/images/150px-Antonio_Gamoneda_por_Amelia.jpg

… de la mano de Julio Mas Alcaraz,
con la ayuda de Amelia Gamoneda.

ANTONIO GAMONEDA en la Wikipedia,
con una completa bibliografía:
en español y en inglés.

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Presentación de ‘Un armario lleno de sombra’

Gamoneda en una fotografía de Diego Sinova

Sobre la presentación, ayer lunes (18 de mayo),
de ‘Un armario lleno de sombra’

En El Mundo

En El País

En ADN/Efe

 

Andrea Lawendel nos habla de la charla que ofreció Gamoneda en Turín el pasado sábado

Gamoneda en Turín

Andrea Lawendel, periodista independiente italiano, nos escribe para contar que estuvo en Turín el pasado sábado, en la Feria del Libro, y que se quedó "encantado de poder escuchar a Antonio Gamoneda hablando de la creación poética en España":

"Don Gamoneda participó con la ministra Angeles Gonzales-Sinde, Fernando Savater y Rogelio Blanco en una ceremonia con el escritor y alemanista italiano Claudio Magris, quien recibió una medalla del Rey Juan Carlos".

Cuenta Andrea Lawendel que Gamoneda leyó una poesia de Claudio Rodríguez: "Siempre la claridad viene del cielo", y que se puede descargar el audio completo de este evento en http://www.mediafire.com/?mwmzjiimwyv o solo la intervencion del poeta en http://www.mediafire.com/?tmvgwvzgomm.

Nos envía también la fotografia que aparece sobre estas líneas de la mesa literaria del sábado en Turin, con Gamoneda a la izquierda.

(NOTA: A Andrea Lawendel, que suele escribir de tecnologías, le gusta muchísimo escuchar la radio y tiene un blog, Radiopassioni, por si os apetece visitarlo).

Las memorias, de la mano de Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores

May 15, 2009

http://farogamoneda.blogsome.com/images/1%20Gamo%20portada.jpg

Gamoneda publica sus esperadas memorias:
‘Un armario lleno de sombra’,
donde relata sin paliativos su infancia

«Escribí mis memorias para reencontrarme con el pequeño canalla que fui»

Una entrevista de VERÓNICA VIÑAS (haz click:)
en Diario de León.

 

Miguel Casado recopila sus lecturas sobre la obra de Gamoneda en ‘El curso de la edad’

May 6, 2009

Portada de 'El curso de la edad. Lecturas de Antonio Gamoneda (1987-2007)'. Un libro de Miguel Casado. Abada Editores

Acaba de aparecer en las librerías
El curso de la edad
Lecturas de Antonio Gamoneda (1987-2007).
Un libro de Miguel Casado,
publicado por la editorial madrileña Abada

El libro recoge las diversas lecturas (prólogos, conferencias, artículos, reseñas…) realizadas por Miguel Casado sobre la obra poética de Antonio Gamoneda, desde su introducción a ‘Edad’ —primer volumen en que el poeta leonés reunió su obra, publicado en 1987—, hasta el epílogo a ‘Esta luz’  —la más reciente reunión de sus poemas, aparecida a finales de 2004— e incluso se prolonga hacia acá con otros textos, que apuntan las vías por las que prosigue su investigación de la poesía del Premio Cervantes 2006.

El carácter fragmentario y sucesivo de este trabajo crítico premite establecer, de algún modo, la "historia de una lectura", la evolución a lo largo del tiempo de las percepciones de un lector, que van matizándose, espesándose, enriqueciéndose, derivando hacia nuevas formas de ver. Por otro lado, la continuidad de los núcleos de reflexión y la frecuente sistematización de los distintos niveles de análisis favorecen una mirada coherente y de conjunto, tan abarcadora como si se tratara de un estudio escrito de una sola vez.

‘El curso de la edad’ muestra, así, el contenido y las etapas de un peculiar modo de implicarse el análisis crítico en la obra de un poeta, en cuyas vicisitudes de recepción e interpretación le ha ido acompañando durante casi dos décadas y media.

 Miguel Casado

 Para leer más sobre MIGUEL CASADO,
haz click en: Wikipedia.

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6 de Mayo de 2009: Recital en Viena, dentro del V Festival de Poesía Latinoamericana

May 4, 2009

 Antonio Gamoneda en Faro Gamoneda

Antonio Gamoneda participa el próximo miércoles en Viena en un recital literario en el marco del Festival de Poesía Latinoamericana         

  Agencia de noticias ICAL:

El premio Cervantes de 2006, Antonio Gamoneda, será uno de los componentes del recital literario que tendrá lugar el próximo miércoles, 6 de mayo, en la Casa de la Literatura de Viena. Un acto organizado por el Instituto Cervantes de la capital austriaca y el Foro de Literatura Austro-Latinoamericano enmarcado dentro del V Festival de Poesía Latinoamericana.
    El acto consistirá en una lectura bilingüe de poemas en la que Antonio Gamoneda estará acompañado por otros dos escritores. Serán el eslovaco Andreas Okopendo y el brasileño Thiago de Mello. La cita estará presentada por Enrique Moya y Eva Srna. El Festival contará con otro acto destacado como será una segunda lectura en la que participarán, en este caso, los poetas Raúl Armando Zurita y Eduardo Mitre, así como la escritora Marie-Therese Kerschbaumer.
    La participación de estos destacados representantes de la literatura convierte este festival en un evento “único y probablemente irrepetible”, para el Instituto Cervantes.

Hasta siempre, entrañable y querido ANTONIO PEREIRA

April 29, 2009

 

El 25 de Abril de 2009 se paró el corazón
de un grandísimo amigo desde hace 60 años:
ANTONIO PEREIRA

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 «¿Qué puedo decir? Antonio ha sido para mí amistad e intimidad durante sesenta años… He perdido mucho. Mi vida se ha empobrecido». Unas palabras, las de Antonio Gamoneda, que sin duda suscribirían todos los asistentes a la última despedida tributada ayer a Antonio Pereira. Otro buen amigo suyo, José María Merino, aseguraba que se nos ha ido «un magnífico poeta, un extraordinario novelista y uno de los cuentistas imprescindibles del siglo XX en España». También se refería a su extenso legado, y recordaba que lo que sí se ha ido «para siempre» es su voz. No obstante, «para los que le conocimos y le escuchamos, esa voz jamás caerá en el olvido».

La noticia, en Diario de León

Antonio Gamoneda besa en la mano
a su gran amigo Antonio Pereira.

Crónica del Congreso en la UAM, por Pacho Rodríguez

April 16, 2009

 

[Antonio Gamoneda, rodeado por alumnos de la Universidad
Autónoma de Madrid. Fotografía de RAQUEL P. VIECO]

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El poeta leonés asistió a la apertura del Congreso
sobre su obra en la
Universidad Autónoma de Madrid
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GAMONEDA:
«La presencia de jóvenes
es la que puede hacer perdurar mi obra»
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José Enrique Martínez participa hoy, y mañana acuden
Llamazares, Barella, Luis Mateo y Merino

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Por PACHO RODRÍGUEZ
para Diario de León

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Cuarenta y tres nombres y un poeta. El primer congreso universitario que se celebra dedicado a la figura de Antonio Gamoneda, comenzó ayer con el propio autor como protagonista presente en la conferencia inaugural, en la Universidad Autónoma de Madrid, con José Manuel Cuesta, profesor titular de Teoría de la Literatura, como ponente, y con una exhaustiva disección del poema Cecilia, que el autor dedica a su nieta.

Bajo el título de La palabra dañada comenzó este encuentro que durará hasta mañana y que se enmarca dentro del congreso decano en poesía y publicación que, desde hace 28 años, se organiza ahora bajo el sugerente título de Jornadas sobre poesía y divergencia, y con la batuta magistral de Rafael Morales, director del ciclo y responsable de que casi una cincuentena de eruditos, profesores y autores hablen sobre Gamoneda y su obra.

Acabó la charla de José Manuel Cuesta Abad y los alumnos, abrumados, optaron por no preguntar. Tenían delante al autor y al que hablaba del autor. Pero la primera sesión se disolvió sin palabras después de tantas palabras. ¿Y qué pensará Gamoneda de todo ésto? Podría haber sido una de las cuestiones. Gamoneda, entonces, reflexionó para Diario de León: «Lo que uno siente, principalmente, es sorpresa. El exégeta o interpretador nos dice cosas innegables que estaban ahí y no se habían contado sobre la obra. Hay un trabajo de iluminación que procede del estudioso. Por eso digo que llega a causar sorpresa en el autor», señaló.

Antonio Gamoneda, que llegó acompañado de su mujer y de su hija Amelia, confesaba cierto cansancio pero toda la ilusión por vivir el excepcional momento que vive como poeta reconocido tras el camino recorrido. «Ahora uno oye lo que se dice y, claro, no piensa que escriba sus palabras por casualidad. Es una situación en la que el autor lo sabía, pero no sabía que lo sabía», afirmó. Y los alumnos de la Autónoma, a los que sobre Gamoneda bien alecciona Rafael Morales, querían estar cerca de un premio Cervantes. Y él de ellos: «Aquí siento la presencia de los jóvenes como algo muy importante para mi, en la medida de que es la que puede hacer perdurar mi experiencia poética».


“Realidad ‘versus’ Realismo”, una entrevista con Gamoneda, por BENITO DEL PLIEGO Y ANDRÉS FISHER

April 14, 2009

 ANTONIO GAMONEDA CON BENITO DEL PLIEGO Y ANDRÉS FISHER

ANTONIO GAMONEDA CON BENITO DEL PLIEGO Y ANDRÉS FISHER
ANTONIO GAMONEDA CON BENITO DEL PLIEGO Y ANDRÉS FISHER
[Antonio Gamoneda con sus dos entrevistadores
en la Residencia de Estudiantes de Madrid]

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“REALIDAD ‘VERSUS’ REALISMO”

Por BENITO DEL PLIEGO Y ANDRÉS FISHER

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Esta entrevista se publicó originalmente en
Hispanic Poetry Review 5.2. (2006): 80-90.

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Aunque tus primeros poemas fueron escritos a temprana edad y tu primer libro, ‘Sublevación inmóvil’, apareció en 1960, desde la perspectiva de la proyección pública se pueden percibir dos momentos separados por la aparición de ‘Edad’, libro que recibió el Premio Nacional de Literatura. Hasta entonces tu obra era de difícil acceso y su conocimiento mucho más reducido. A la vista de ese cambio, ¿cómo ves tu trayectoria? ¿En que ha influido el reconocimiento recibido?

Sí, hay que partir de que yo no me siento marginado ni me he sentido marginado nunca, porque en todo caso sería automarginado. Yo soy provinciano vocacional, entonces tengo mis rarezas; rarezas que consisten en que nunca he pedido que me publiquen un libro o que me publiquen poemas. Es decir, han tenido que venir a mí y eso se produce más lentamente; soy un hombre que vive en una ciudad pequeña, que no tiene demasiada voluntad de notoriedades. Eso no quiere decir que no tenga vanidad: claro que la tengo, pero el buscarme el reconocimiento y el escalafón me produce una gran pereza y me la produjo siempre. Me quedo en casa tan tranquilo porque pienso que lo importante es escribir; publicar y que haya una trascendencia también, pero menos. A partir de ‘Edad’ esto, ciertamente, coincidió con algunos premios de cierta significación, y a partir de ahí se produce, yo no diría un reconocimiento —porque no sé muy bien lo que es eso—, sino más bien un acercamiento, fundamentalmente de gente joven, y yo me siento bien con esto. Me siento bien con que en lugares insospechados para mí haya gentes, predominantemente jóvenes, que se interesan por mi escritura. Yo soy hombre de poca escritura.

Esta aproximación de los poetas jóvenes a tu obra se produce, en España, en un ambiente poético identificado con una literatura autodenominada “realista”, del que tus ideas poéticas se encuentran muy distantes. ¿Qué significación crees que tiene, en este contexto, que se haya reconocido una obra que durante años había quedado al margen de posiciones legitimadas oficiosamente?

Ha tenido dos consecuencias; bueno, tres. La primera, esa actitud afectuosa, interesada —interesada en el mejor sentido— de la gente que en estos momentos tiene menos de cincuenta años. Salvo muy pocas excepciones, hay una reticencia por parte de los que son de mi edad o mayores que yo. Bien, yo me siento bien en esta situación; eso en cuanto a lo que diríamos actitudes personales. Respecto a las actitudes en la escritura, es cierto que hay una pequeña veta de jóvenes en que, de alguna manera, se dan ciertos parecidos; espero que no sean demasiados, porque no hay por qué empeñarse en ser original a ultranza pero tampoco olvidar que cada uno es su propio poeta. Creo que hay una actitud ante el lenguaje que tiene que ver con lo que yo pienso; en algunos casos es menos todavía; poco más que una resonancia, pero yo pienso que esos chicos o se libran de mí o van apañados; espero que se libren. Y, por otra parte, ya te digo: no es que mis coetáneos no me reconozcan, sino que hay una cierta hostilidad; más que hacia la persona, hacia mi poesía. “¿Pero todavía leéis a Antonio Gamoneda?”—El último que dijo esto creo que fue Joaquín Marco.

Retomando el punto de partida de la conversación, decías que eres un poeta provinciano; así te declaras en algún artículo y lo has defendido con inteligencia, señalando cómo, gracias a esta condición, «cabe preservar una cierta solera intelectual, una especie de disponibilidad, de imprecisa pureza». Pero ¿qué presencia tiene en tu poesía lo local, la tierra inmediata, León, Castilla?

No creo que haya una relación tipificante en el sentido de que de mí se me pueda decir que soy un poeta castellano o un poeta leonés, y que estoy en una especie de tradición estilística, o que del paisaje se imbrica en el sentido de la obra escrita. Yo creo que eso no es así, pero qué duda cabe de que yo tengo que amamantarme de datos sensoriales que están en una realidad y no en otra. Entonces he sido provinciano, he estado en Castilla, no he vivido frente al mar sino frente a la tierra. En León hay unas maneras de ser, unos ciertos pudores, todo eso seguramente está en mi escritura creando ciertos mimetismos instantáneos o poniéndome ahí, creando unas diferencias, una relación dialéctica con el medio, pero yo no puedo conocer eso con claridad. A veces en el léxico aparecen cosas, esa es la parte más visible. Yo utilizo algunas palabras del léxico regional que posiblemente en Andalucía no sepan siquiera lo que significan, pero eso son detalles pequeños, impregnaciones imprecisas, de eso sí que ha de haber, pero yo no estoy muy dotado para percibirlo.

Pasando a otro punto, es conocida esa definición que divide a los poetas en los que son conscientes del lenguaje en que se expresan y los que no. Es evidente que tú eres un poeta muy consciente del lenguaje y que en tus trabajos teóricos es muy importante el lenguaje poético. Entonces si bien has escrito sobre ello, me gustaría que habláramos del lenguaje poético: ¿qué es el lenguaje poético para Antonio Gamoneda?. Hay una definición de partida en uno de los textos de ‘El cuerpo de los símbolos’ (“Poesía en la perspectiva de la muerte”) que alude exactamente a este tema. No sé si puedes hacer un comentario sobre ello, dice: “Poesía es la creación de objetos de arte cuya materia es el lenguaje”.

Bien, esa es una primera manera de delimitar la noción de poema, de poesía. Pero claro, la noción de lenguaje es más amplia, hay que seguir diciendo cosas. Hay una cita de José Luis Pardo que introduce a ‘Conocimiento, revelación, lenguajes’, que me interesa mucho: “el poder de la palabra para deshacer los significados establecidos es, sin duda alguna, un poder subversivo y liberador”. Yo no digo exactamente eso, pero sí digo también eso. En el lenguaje poético hay un pulso generativo que es de la siguiente manera: existe una especie de pulsación musical en el lenguaje y una confusísima idea de lo que vas a decir. Esta idea confusa, este no saber, esta falta de deliberación no impide cierta intuición de por dónde va a ir el poema, pero no sabes las palabras, ni sabes los contenidos, ni sabes la realidad que va a darse en el lenguaje poético. Y ese lenguaje poético, sin embargo, va a ser excitado de alguna manera por esa causa musical y, además, por las informaciones que tiene el poeta, de las que no es total ni instantáneamente consciente. Desde esa falta de conciencia, que no es exactamente automatismo psíquico ni mucho menos, se produce la aparición de lenguaje. Utilizo muy deliberadamente el término aparición porque lo que se aparece es lo que no esperas, lo que desconoces, lo que crea en ti un valor de sorpresa. La aparición está unida a unos datos musicales que son todavía informes, que van a seguir trabándose con la aparición. Bien, yo suelo decir que yo sé lo que pienso únicamente cuando me lo han dicho mis propias palabras. Entonces, mi lenguaje, mi propio lenguaje es el creador de conciencia y de conocimiento; es decir, yo tengo conocimiento después. ¿Quiere esto decir que yo no sabía nada y que me viene del “Espíritu Santo”? No. Quiere decir que el conocimiento es, por decirlo así, dinamizado por esas palabras que se “aparecen”. Aparición entre comillas. Parece exagerado, pero es cierto, que el poeta reconoce su pensamiento o averigua su pensamiento; y sabe lo que dice cuando se lo dicen sus propias palabras y no antes. Insisto, no se trata de que le lleguen iluminaciones de ningún tipo, todo está en él pero sin vertebrarse, sin explicitarse.

¿Cómo se conectan estas nociones con la cuestión de la forma?

Yo creo que es el dictado musical el que articula la forma.

A propósito de la forma de la escritura, hay un hecho muy interesante en tu poesía porque cuando uno revisa ‘Edad’, ve que partir de ‘Lápidas’ y ‘Descripción de la mentira’ la forma de tu poesía cambia. Cambia porque desde ‘Blues Castellano’ hacia atrás la poesía está estructurada básicamente en versos y tiene alguna relación con la métrica; sin embargo, desde ‘Lápidas’ y ‘Descripción de la mentira’, lo que se continúa en el ‘Libro del frío’, la forma cambia y la escritura se organiza en versículos y bloques de texto. Es evidente que la forma también determina a la poesía, que hay una relación dialéctica con el sentido. Me gustaría que habláramos sobre esto.

Creo que está claro. Hasta ‘Descripción de la mentira’ mi escritura tiene unos modelos que no sé muy bien cuáles son; hay un eco en mi poesía de esos modelos, o de una mezcla de modelos; es decir, estoy arañando de la tradición. Hay un momento en que, por decirlo así, “el ganado se suelta” y, entonces, yo ya no sé, ya no presiento modelos, ya no cuentan. Naturalmente, no seré el único habitante de la tierra que haga eso, pero como si lo fuera. De escribir con modelo a escribir sin él. Cuando escribía con modelo no sabía muy bien que modelo estaba siguiendo; por ejemplo en Blues Castellano; está claro que son las letras jazzísticas, pero tampoco hay un seguimiento de tipo copia, no; sí alguna forma de mimetismo, pero un mimetismo sin deliberación.

Pero aún cuando los modelos se pierden permanece una estructura compositiva.

Sí, y tengo que ir adivinándola a partir del impulso musical. En ese impulso se dan paralelismos muy serios con la música en su realidad específica. En un músico hay un tema y luego hay un desarrollo de ese tema; un desarrollo que intuye y del que puede resultar una melodía. Esa melodía no estaba previamente en él sino que se genera a partir del tema y de unas variaciones. Todo es prácticamente igual, con la diferencia de que el poeta trabaja con un material significante y el músico no.

Yendo directamente a ese punto, en uno de los artículos publicados en el ‘Cuerpo de los símbolos’, el titulado “Más allá de los géneros literarios”, hablas de “otra rítmica”, de una rítmica “ideal”, y te refieres a ella como “la rítmica que concierne a la manera de articularse las significaciones”. ¿Qué puedes decir de eso? ¿Cómo entronca esta idea con el tema de que estás hablando?.

Exactamente digo: “la rítmica de las ideas”. Sí, antes de articularse fonéticamente los significados se puede producir una acomodación rítmica del pensamiento a la causa musical desencadenante.

Comentábamos ayer, no sé si con acierto, que esta rítmica de las ideas nos sonaba a las poéticas más radicales de Rubén Darío.

Sí, Rubén Darío habla concretamente de esto; quizá en otros términos.

Tomando esto como punto de partida ¿Cuál es la conexión de estas ideas, de este desarrollo, con tradiciones que se han visto como más apartadas de las peninsulares como las de Hispanoamérica? ¿Te encuentras cómodo en ese contexto?

Sí, porque en el poema tengo una especie de disponibilidad, estoy abierto. En algún momento puedo encontrarme como dicen los cantaores de flamenco. Ellos dicen: “ahora voy a cantar por Mairena”. Esto quiere decir que él, en Mairena, ha descubierto algo que no sabe muy bien lo que es, y en ese momento va a hacer una impostación de su actitud, de la música. No está muy seguro de ella pero sabe que la tiene cogida en términos de experiencia; y canta por Mairena. Bien, yo creo que en mi caso, y en el caso de todos, eso no ocurre de una manera tan evidente: yo no “canto por Mairena”, pero que duda cabe de que en algunos momentos puedo reconocer el paralelismo instantáneo de un momento mío con un momento de César Vallejo. Esto no tiene que ver con la tradición española en sentido académico ni mucho menos —no desprecio la tradición española en sentido académico—; las tradiciones tienen que ser abiertas y me parece que era ayer cuando decía que estar en la tradición realmente era estar creando la vanguardia de esa propia tradición, no haciendo búsquedas retrospectivas ni restablecimientos de modos, como pueda ser el de Juan de Yepes, que decíamos antes, sino haciendo progresar esa tradición. No es exactamente esta la noción que se tiene de las vanguardias, porque las vanguardias se entienden más bien como ruptura. Yo no quiero romper con nada pero intuyo que se trata de progresiones más que de rupturas. Precisamente, el dato común de las vanguardias ya académicas suele ser un dato de ruptura y, a veces, en este dato está su fragilidad; las vanguardias envejecen; esa otra vanguardia, esa otra primera fila, ese estar en movimiento hacia adelante es una actitud de vanguardia, sí, pero solo en el sentido de movimiento y desarrollo de la tradición.

Una tradición dinámica, entonces. Y, ya no llamándolo tradición sino refiriéndose a ello como el gran cuerpo de la poesía española, ¿con qué segmentos de ese cuerpo podrías pensar, o te gusta pensar, que te encuentras cercano?

Yo no busco. Ocurrirá, pero yo no lo busco. Antes os he hablado de los años de mi vida en la escritura en los que yo sabía que tenía modelos aunque no los reconociese de manera inmediata. Ahora, esos modelos se han fraccionado, se han abierto, se han liberado, no gravitan sobre mi escritura, creo yo, de la manera en que gravitaban hace cuarenta años. Pero qué duda cabe, tampoco estoy diciendo la “primera palabra sobre la tierra”. Hay una coincidencia que —también entre comillas— podríamos llamar “cultural”, de mis hábitos de lenguaje con otros lenguajes. Puedo estar pellizcando inconscientemente en un grupo, en una tendencia o en un poeta de la contemporaneidad, pero no lo sé muy bien, porque yo no lo hago de manera deliberada. La intuición de los modelos es más bien una cosa lejana; ahora los tengo perdidos, hay una cortina de olvido y voy con los ojos vendados por un túnel; soy un ciego instintivo.

El alejamiento de los modelos y la construcción de una obra con unas señas de identidad que son comunes incluso respecto a la forma desde Lápidas y Descripción de la mentira ha sido como que la propia obra hubiera encontrado su forma y se desarrollara a partir de un cierto canon que la escritura se ha otorgado a si misma. Una suerte de lógica que la obra se ha dado y a partir de la cual fluye hasta hoy en día.

Sí, es así exactamente, pero la palabra “fluye” no me gusta, es decir, se pone en movimiento y yo no puedo decir que mi escritura haya visto su forma de una manera instantánea, definitiva y para siempre. Estoy averiguando la fórmula constantemente y la busco dentro de un proceso del cual no excluyo absolutamente nada; ni modelos, ni clichés publicitarios, ni casualidades. Hay que llegar a la intuición, al instrumento capaz de generar hallazgos acompañado, claro, de un vigilante para que no diga tonterías. Esta misma mañana he estado con el vigilante puesto; no sé decirlo mejor.

También has hablado de un horizonte general para tu creación poética. Te has referido por ejemplo, al sentido de la poesía ante la muerte y también a cómo la poesía es capaz de convertir ese sentimiento trágico de finitud en un placer. Esto parece un esquema o un marco al que, de alguna manera, se ha ido agarrando tu poesía desde hace tiempo. ¿Qué significado tiene?T

Lo es. Pero no es un marco averiguado, no es un marco teóricamente diseñado por mí para moverme dentro de él. Son unos datos existenciales; se da la circunstancia de que el hombre que vive y el hombre que escribe son el mismo y van a morir; de repente me doy cuenta de la gravedad de que el hombre sepa que va a morir, y este saber se apodera de gran parte de mis expresiones, de tal manera que —eso lo he dicho con estas mismas palabras alguna vez— prácticamente toda mi poesía se hace en la perspectiva de la muerte. De la misma manera admito que haya quien hace su poesía en el olvido de la muerte, pero yo ni quiero ni puedo. Me parece que es una realidad, existencial claro, y es una realidad que no tiene que ver con los minirrealismos de “ir por casa”, de decir “la copa”, “el taxi”, “la chica”, etc. Este conocimiento se me ha dado todo de la misma manera que un organismo se forma y, un buen día, siente que empieza a morir. Es una experiencia casi zoológica. Cuando ya es un organismo perfecto empieza a morir y lo sabe. Y bien, yo no sé, o no quiero, o no puedo prescindir de ese conocimiento y ese es el marco, ciertamente.

Pero de alguna manera esa relación existencial no es unívoca, no solamente va de la vida a la poesía. La poesía reinventa esa situación.

En cierto modo modifica esa situación.

¿En qué sentido? ¿En qué dirección?

En el sentido del placer de que hablabas tú antes.

Es también algo físico, vital.

Claro. Ahí hay neurotransmisores que funcionan. Yo, por ejemplo, estaba anteayer terriblemente deprimido y me sentía muy mal físicamente. Hoy me siento bien, muy bien, y eso en cualquiera de los sentidos, en el de sentirse mal y en el de sentirme bien, puede estar relacionado con una actividad que, obviamente, se da también en la existencia. Entonces, la poesía no tiene grandes necesidades de referirse de manera realista a la existencia, porque ella misma, la poesía, es una realidad, es una actividad, es un dato de la existencia. Es algo que no necesita ser explicado de esas maneras diciendo que está muy triste o que está muy tal; puede decirlo: “he aquí el mar alzado en un abrir y cerrar de ojos pastor”1. Eso es una realidad inseparable de lo que entendemos por curso existencial en el sentido amplio, incluidos los datos orgánicos, los datos intelectuales, los datos morales, los datos históricos.

Esto tiene mucho interés en relación con lo que, hoy por hoy, en la poesía española se entiende por poesía de corte realista. Para que una poesía sea realista con la connotación canónica que hoy tiene el término, se supone que tiene que estar vinculada al tema; a un tema concreto. Sin embargo tus nociones de lo real van por unos derroteros completa y enriquecedoramente diferentes.

Lo cual no quiere decir que no aparezcan de manera aislable zonas temáticas en mi poesía. Pienso que puede haber una causa incluso histórica y moral que lo explique, pero me parece que estos amigos del realismo poético hacen una reducción tremenda del campo semántico del lenguaje poético. El código restrictivo existe para ellos porque precisamente con ese código quieren hablar de cosas objetivamente reales, que están ahí, en la calle, en las terrazas. A mí esto no me parece una indignidad, ni mucho menos, pero sí me parece un error porque supone ignorancia de las posibilidades y las potencialidades de la poesía. Además es una manera de degradar la poesía, porque no hay un reconocimiento de su realidad, de la realidad de la poesía, y perdonad que vuelva a lo mismo. Se han olvidado de algo, de que esa poesía está en el mundo aunque diga el mayor aparente disparate; se han olvidado de que esa poesía pertenece a un ser que va a morir, de que ese arte nació de una conciencia, diga lo que diga. Entonces, el opinar que solo existe una conciencia histórica legitimada que habla como los periódicos, se puede entender pero no se puede celebrar.
 
Eso de alguna forma significa el reconocimiento de otra manera de penetración de lo poético, en el cuerpo social o cultural; una manera que no está ligada a los temas canónicos de la poesía social o al tema exacto de que se trate. Es decir, un poema que trate sobre la pobreza puede ser reaccionario y un poema que no hable explícitamente sobre esos temas puede ser revolucionario.

Utilizo esa palabra, “reaccionario”, para esa poesía, y la utilizo, incluso, con un valor político, porque digo que ese es el lenguaje del neoliberalismo, del neocapitalismo. Ese lenguaje conlleva un acto de servicio a esos poderes capitalistas y neoliberales que descansan sobre lo establecido. Y ¿qué es lo establecido?: que la palabra dice lo que dice y no diga más. Eso es una forma de falsificación de las conciencias. Tú estas haciendo un poema en que fulano es un canalla y lo es, pero haces el poema en el lenguaje del periódico y no estás creando; lo tuyo no es un acto de subversión, es un acto de explicación, de información, no un acto subversivo. Entre la categoría de subversivo y la categoría de informativo, por muy bien intencionada que esta segunda esté, hay diferencias. El poeta que es subversivo desde la naturaleza misma del lenguaje, puede llamar reaccionario al poeta informativo, sin duda.

Esto es interesante por otro concepto que tú manejas, el de la poesía como intensificadora de la conciencia o como intensificadora de la vida. Esta manera de concebir lo poético sería justamente lo contrario a esta cierta forma de pacificación o de reducción del alcance de la poesía que propone la estética realista. Los que sostienen esta tendencia suelen decir que la otra poesía es una poesía que no tiene ninguna conexión con lo social. Siguiendo tu ideario sería justo al revés, porque la relación con lo social podrá ser mucho mayor cuando hablamos de una poesía capaz de intensificar la conciencia.

Cierto; pero no se trata exactamente de relacionarse o referirse a “lo social”; es que la poesía es una realidad social por sí misma.

Y es una realidad abierta al futuro, es una realidad que se quiere hacer.

No, insisto, "es" una realidad. Dicho de otra manera, un poeta “realista” "se refiere a", y si "se refiere" a la realidad, es porque está en el referente y no en la realidad. Su poesía como realidad es, para él, secundaria. Porque está en el referente un poeta “realista” hace una representación de la realidad, no más que eso. La representación es una dilución de la realidad. Ahora, existe una poesía que se propone a sí misma como un acto humano, existencial; que dice la “realidad está en mí” y yo, además, soy inseparable de ese hombre que habla de mí: soy su pensamiento y él y yo somos una realidad. Machaco una vez más y terminamos: realidad "versus" realismo. Esta es la cuestión.

FIN

Posando con el escultor AMANCIO GONZÁLEZ ANDRÉS, en otra foto de AMANDO CASADO

 Antonio Gamoneda posando para el escultor Amancio González Andrés. © Fotografía de AMANDO CASADO

[Antonio Gamoneda posando para el escultor Amancio González Andrés.
© Fotografía de AMANDO CASADO]

 

¡ ALBRICIAS ! El documental ‘Antonio Gamoneda. Escritura y alquimia’ ya está en la red

 http://farogamoneda.blogsome.com/images/1%20docu%20gamo%20red.jpg

Hemos topado con HORA SUR, un blog desde donde se puede ver, escuchar y descargar el documental ‘GAMONEDA. ESCRITURA Y ALQUIMIA’, y donde de paso se puede leer también la entrevista con el poeta realizada por CARLOS PRIETO y publicada en el diario Público el pasado domingo, 12 de abril de 2009, titulada "La muerte me acompaña desde los cinco años".

‘Espacios y lugares de Antonio Gamoneda’, un artículo de BENITO DEL PIEGO Y ANDRÉS FISHER

 Gamoneda en una fotografía de Montse Alvarez
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"ESPACIOS Y LUGARES DE ANTONIO GAMONEDA"

Por BENITO DEL PLIEGO Y ANDRÉS FISHER

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(Este artículo se publicó originalmente en
Hispanic Poetry Review
5.2. (2006): 69-79)
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Antonio Gamoneda, nació en 1931 en Oviedo y desde 1934 vive en León, ciudad histórica del Noroeste de España donde la meseta de Castilla avista las cumbres de la cordillera Cantábrica. Sus primeros poemas datan de 1947, pero solo en las dos últimas décadas su obra comienza a convertirse en un referente fundamental, aunque excéntrico, del panorama actual de la poesía peninsular.

Silencio y verdad son dos de los núcleos conceptuales a los que la poesía de Antonio Gamoneda vuelve reiteradamente: «La palabra/ enardece las túnicas, asciende/ en las tinieblas, arde en los sepulcros/ y construye un espacio. Pero calla.» termina uno de los poemas recogidos en ‘Pasión de la mirada’; y entre los versículos de las primeras páginas de ‘Descripción de la mentira’ leemos: «No recurriré a la verdad porque la verdad ha dicho no y ha puesto ácidos en mi cuerpo y me ha separado de la exaltación.»

Pero la capacidad de hacerse fuerte en el silencio y la de desmarcarse de los parámetros asumidos como verdaderos, atañe a Gamoneda incluso en lo que se refiere a su actitud vital frente al fenómeno de las letras. La atención que desde finales de los años ochenta ha ido acaparando entre los sectores menos conformistas de la poesía escrita en España, parece provenir de su divergencia respecto de los lugares comunes propios de los poetas que las instituciones literarias españolas han elegido como representantes de su generación y de las generaciones poéticas subsiguientes.

Por motivos que Miguel Casado explica bien en la introducción al libro que volvió a llamar la atención nacional sobre este poeta, ‘Edad’, la adscripción de Gamoneda a la llamada generación del 50 sirve sobre todo para entender las razones por las que su poesía se ha minusvalorado. Gamoneda transita por derroteros diferentes. Esto también hace comprensible por qué, repentinamente, en un panorama nacional dominado desde los años ochenta por posiciones poéticas autodefinidas como realistas, su poesía se ha convertido en una bandera en torno a la que se reúnen las voces disidentes, especialmente las más jóvenes.

Estos detalles, que podrían en rigor resultar ajenos a su escritura, tienen una faceta reveladora: la congruencia radical entre la forma silenciosa y personal en que se ha elaborado la obra y los núcleos significativos en torno a los que se desarrollan sus poemas. Extrema solidaridad entre poesía y vida.

En las dos últimas décadas la escena poética española aparece dividida entre una tendencia dominante y una rica heterogeneidad, de la cual Gamoneda es uno de los hitos, que se le contrapone y sin aspirar a formar tendencia.

La escuela que pretende ser dominante se conoce bajo el nombre de ‘poesía de la experiencia’, poesía de la nueva sentimentalidad, de línea clara, o realista. Entre sus intenciones doctrinales figuran las de producir una poesía que normalice el lenguaje, que se fundamente en aspectos cotidianos de la experiencia, que acerque la poesía al lector y obtenga o recupere una implantación mayoritaria. Es una actitud que se muestra hostil con el lenguaje alejado de estos presupuestos, al que acusa de irracionalista; también critica las aportaciones de las vanguardias, cuestionando su aportación vital a la formación de los códigos expresivos del arte contemporáneo.

El poeta francés Yves Bonneffoy dice que la poesía debe inquietar el lenguaje. Esta es una de las características de la obra de Antonio Gamoneda, en cuya poesía experimentamos los efectos de esa inquietud, al tiempo que en sus trabajos teóricos encontramos abundantes reflexiones en torno al lenguaje poético concebido en esta dirección.

El lenguaje poético para Gamoneda es el lenguaje de la revelación “el que nombra cosas que de otro modo no existirían”. Se trata de un lenguaje que opera como “intensificador de la conciencia” y que reconoce un hecho capital en la expresividad del arte contemporáneo: el  cuestionamiento de la idea de representación. La poesía ya no tiene necesariamente que representar nada externo a sí misma, produce su propia realidad. No se trata de imitación, sino de fundación. Como el autor mismo anota:

Existen, cada uno de ellos con sus específicas variantes, dos niveles de lenguaje (dos lenguajes, si bien se mira) que no son equivalentes ni están constantemente comunicados entre sí. (…) Lo que estoy diferenciando son los lenguajes informativos, socialmente pactados, de otro existente en otro orden de la realidad: el lenguaje creador y de revelación (…). La poesía genera primordialmente conocimiento de la realidad que ella misma crea, conocimiento de la realidad que ella misma es. Por eso no necesita, aunque pueda hacerlo con valor secundario, referirse a; no necesita fatalmente informar sobre una realidad establecida en el exterior de ella misma (…). (Conocimiento, 11)
Esto nos sitúa de lleno en el debate sobre las nociones de lo real: el de “realidad versus el realismo”. Hoy en día, nadando a gusto o a disgusto en las aguas de la postmodernidad, la noción de lo real, como la de lo verdadero o lo bello, está sometida a un cuestionamiento constante que ya no admite hegemonías claras ni concepciones de orientación unívoca. La epistemología que sustenta a las ciencias sociales y a la crítica literaria en estas décadas ha supuesto una crítica frontal al positivismo y a su vocación de explicación única de los fenómenos. El discurso realista de la poesía de la experiencia parece vinculado a estas ideas (ya antiguas) y a su concepción reduccionista de lo real, por lo que aparece como conservador o reaccionario en el campo de la poesía.

(…) ahora mismo, desde un determinado campo poético se aboga mayoritariamente por la expresión de la experiencia cotidiana en términos realistas con significación unívoca y se exige un léxico articulado en la ‘claridad’, es decir, equivalente al pactado y establecido para el lenguaje de la información (…). Creo que esta actitud supone un error en la perspectiva estética, un equívoco en el conocimiento y la vivencia de las tradiciones y hasta un descabalamiento reaccionario de los siglos en su aspecto sociolingüístico. Es también, desde luego, una reducción del viejo y permanente logos”. (Conocimiento, 12)

Cualquier noción seria de lo real en esta época implica recoger las ideas de su multiplicidad, de su fragmentación, de su composición heterogénea y multiforme que se resiste a abordajes unívocos. Porque la realidad se construye socialmente y a partir de todos los elementos característicos de la especie humana; razón, imaginación, emoción, sinrazón, intelecto. Por esto resulta difícil hoy en día descalificar a cierta poesía con el adjetivo de irracionalista, pues entre otras cosas, la poesía nunca ha sido la habitación exclusiva o incluso preferente de la razón. Más bien al contrario, como cualquier inmersión en la tradición fácilmente lo señala. Y más aún cuando esta apelación a la razón no se hace desde una aproximación enjundiosa como la que dio origen al constructivismo y sus variantes, pieza clave del arte contemporáneo, sino desde la complacencia y la vaguedad terminológica.

Naturalmente ir de irrealista o hermético sin más, no otorga cédula de poeta, pero la analogía del lenguaje minirrealista pretendidamente poético (ése que se promueve poco menos que en términos de mercado y que está casi “oficializado” en España) con los lenguajes informativos (…) es la prueba de su inanidad, de su condición no creadora y, finalmente, de su debilidad moral añadida a la debilidad estética. La rebeldía lingüística, lo que algunos llaman irracionalismo, es el único medio de implicar creación y sentido, insisto, en una escritura que ha de ser inseparable del vivir y el morir en un mundo cruelmente manipulado. (…) Fijémonos en que si, de estos últimos quinientos años de la poesía escrita en España, eliminamos a Juan de la Cruz, Quevedo, Góngora, Juan Ramón, Lorca, Aleixandre y a sus numerosos congéneres tiznados por el “irrealismo”, nos quedamos sin poesía española. (Conocimiento, 27-28)

La poesía, entonces, es la habitación de una experiencia amplia y multiforme que se resiste a cualquier intento de orientación reduccionista. Resulta curioso y clarificador a la vez que bajo las poéticas que se levantan contra lo que denostan como irracionalismo o irrealismo no subyaga un ejercicio sólido de la razón, sino más bien una forma blanda y autocomplaciente de sentimentalismo vinculado a los elementos más usuales de la experiencia. Y sin embargo, en nombre de esta razón débil y carcomida por una sensibilidad banal, se intenta la descalificación de la inmersión profunda el los territorios de la imaginación, de la memoria, de la lucidez que aúna placer y dolor y que es capaz de generar una forma de conocimiento de un poder y una particularidad extremas.
La poesía es antes sensible que inteligible (…) el conocimiento se produce a partir de la existencia de la escritura y no antes (…). Yo no poseo mi pensamiento hasta que no me lo hace sensible/inteligible mi propia escritura: solo sé lo que digo cuando está dicho. (Cuerpo, 33)
Esto se corrobora con lo que expresa Octavio Paz en ‘Corriente alterna’ (México, 1967) cuando se refiere a las características de la poesía moderna, a lo que ella es capaz de nombrar:
Las verdaderas ideas de un poema no son las que se le ocurren al poeta antes de escribir el poema sino las que después con o sin su voluntad, se desprenden naturalmente de su obra. El fondo brota de la forma y no al contrario.
Tradición y vanguardia son otros lugares en los que la poesía de Gamoneda transita y su ubicación en ambos es compleja. Las formas de la tradición pesan especialmente sobre la poesía en castellano escrita en la Península. Gamoneda no se siente separado de esa tradición por ningún tipo de ruptura, pero tampoco se siente obligado por ella, como la forma de su poesía rápidamente nos lo deja ver. Entiende esta tradición es como un ente dinámico que constantemente se está construyendo, sin renegar de sus orígenes pero sin asumirlos como algo monolítico e intocable a imitar o seguir de forma pasiva y perenne.

De esta forma, la vanguardia ya es parte de esa tradición. La vanguardia histórica, la que operó en la primera mitad del siglo XX como movimiento organizado se planteó como una ruptura y esa necesidad fue un motor imprescindible de su accionar. Una vez producida la ruptura, la rueda de la tradición zanjó la brecha y las ideas que nuclearon los procesos de vanguardia pasaron a ser un elemento fundamental en la construcción de los lenguajes contemporáneos.

Las vanguardias ya no existen como movimientos organizados, ni la persistencia de sus ideas-fuerza en la tradición opera en un sentido de ruptura. Son ahora un elemento difícil de concebir con precisión en tanto la postmodernidad dibuja un escenario ecléctico, suerte de cajón de sastre donde las ideas subyacen y se yuxtaponen, más que luchar unas con otras en busca de una hegemonía que la esencia de estos tiempos difumina como posibilidad.

Aun así, las ideas de la vanguardia persisten como uno de los posos de esa tradición y no es casualidad que se las vincule con las propuestas más exigentes que circulan por la escena. Con las que van abriendo nuevos frentes por los que se expande la tradición. No es posible entender a las vanguardias hoy de manera ortodoxa, pero sí como una actitud, que permite identificar qué artistas son los que tienen una mayor cercanía con los elementos centrales de su ideario.

Tal como expresa Augusto de Campos en ‘Galaxia concreta’ (México, 1998)

Entender la vanguardia como búsqueda febril de lo nuevo por lo nuevo, como mera estética de lo provisorio es no comprender la raíz de su necesidad. Lo que hicieron las vanguardias de las primeras décadas fue crear los presupuestos del lenguaje artístico de nuestra época.
Gamoneda expresa su lejanía con respecto a la idea de la vanguardia como ruptura y a los presupuestos del creacionismo histórico. Y es que esta es la manera en que opera el ideario de la vanguardia en el arte de comienzos del siglo XXI, no como ruptura ni como la aplicación ortodoxa de manifiestos teóricos de hace casi un siglo. La manera en que existen estos presupuestos hoy en día se ve reflejada en una actitud ante el lenguaje. Una actitud no reduccionista, sino rigurosa, dispuesta a admitir en él a toda la experiencia de lo humano y que por lo tanto toma riesgos y no imita, sino que funda.

Por que hoy no tenemos que seguir a Huidobro ni sus postulados, pero su celebre verso ‘Oh poetas no cantéis a la rosa, hacedla florecer en el poema’, resuena en la práctica de no pocos de los poetas que, como Gamoneda, van construyendo la tradición. Otro aserto celebre de aquella época, el de Maiakowski cuando dice que sin forma revolucionaria no hay arte revolucionario, se halla estrechamente vinculado con lo expresado por Gamoneda en relación al lenguaje poético subversivo frente al reaccionario. No cuesta ver en vínculo entre este lenguaje subversivo con algunas las ideas surgidas de la vanguardia, que hoy operan como un referente importante entre el sector menos conformista de la poesía y del arte actual.

La poesía de Gamoneda se ha extendido por unas zonas conceptuales complejas en las que alcanzar el sentido requiere de una disposición o entrega de parte del lector que tiene poco que ver con el pacto de aceptación e indulgencia practicado por poéticas supuestamente democratizadoras. Nos encontramos ante una poesía que exige una lectura propia, una apropiación lectora del texto. Gamoneda mismo se refiere a su poesía como un canal por el que el conocimiento (poético, por supuesto) se manifiesta de forma sorprendente.

Qué duda cabe de que esa latencia de revelación opera, más allá del propio autor, para el resto de los lectores. El poema nos conduce a espacios en penumbra donde el destello, y hasta la iluminación, se concede a quienes persisten en mirar y, cuando la vista no alcanza a ver, se dedican a escuchan los pasos, la respiración, los gemidos que se entrelazan con el silencio. La de Gamoneda no es una poesía de contenidos, sino un continente abierto a distintos modos de habitación.

La presencia del autor en esta obra es, cuanto menos, paradójica; se retrae a formas que no excluyen las posibilidades significativa ya aludidas aquí; un tímido y maleable yo se multiplica, deja paso y se dirige a otras personas, terceras, plurales, en una proyección calidoscópica de la identidad. De esta forma, el lector se ve incluido en un diálogo en el que puede desdoblarse y aceptar alguna de las voces propuestas o dialogar con ellas. También en este sentido la obra es inclusiva, endógena. Lo vivencial en el poema no es fruto de una referencia constante al yo histórico. El poema mismo busca ser (o es) vivencia. No hay poema sin su incorporación sensorial. “La experiencia de la emisión —o la recepción— de la poesía, intensifica mi vida y yo vivo esta intensificación como una forma de placer” (Cuerpo, 24). El poema se convierte en sustancia que se mezcla con las corporales y recorre las conexiones neuronales, alimentando nuestra visión, formando nuestra percepción y afectando nuestra capacidad de respuesta ante lo que nos rodea, lo mismo que si se hubiera ingerido o inyectado. La relación del lector con el poema provoca la alteración de su conciencia y, cuando la lecturas son profundas, incluso la alteración de su identidad.

La presencia de lo físico y lo fisiológico en la poesía de Antonio Gamoneda no es, de ningún modo, anecdótica. Esta afirmación no solo es válida para hablar de la más inclasificable de sus obras, el ‘Libro de los venenos’. Este excéntrico libro ofrece una selección del códice farmacológico del botánico y médico del siglo I, Dioscórides, así como las anotaciones de uno de sus traductores —el renacentista Andrés de Laguna— y los comentarios de Gamoneda. Se trata de una obra poética en el sentido menos ordinario de la palabra, donde las sustancias tóxicas que modulan el funcionamiento corporal y el cuerpo afectado por estos venenos, se convierten en los principales personajes del discurso. La escritura deviene corporal por medio de este singular proceso de concentración en lo orgánico. Además de la posibilidad de leer esta obra en el sentido apuntado por su autor (como un intento de ejemplificar que el fracaso de cualquier catalogación de la literatura en géneros), podría entenderse como una elaborada metáfora de los efectos vitales de la poesía, un estudio de la naturaleza paradójica del encuentro entre el logos y la physis.

La obra de Gamoneda abunda en ese tipo de paradojas hasta el punto en que lo Paradójico se convierte en uno de sus fundamentos principales. Miguel Casado ha puesto de relieve uno de los rasgos de estilos más sobresalientes de la poética de Gamoneda, “su vocación de fundir en un solo cuerpo lo sensorial y lo abstracto, sin ningún tipo de distinciones” (Edad, 29). En esta tendencia se acusa el deseo de hacer de la escritura una reunión de entidades que, en un plano referencial, tendrían naturalezas contrapuestas. El mismo poeta se complace en definir la poesía —en palabras tomadas de Cicerón pero en las que resuena ‘El arco y la lira’ de Octavio Paz— como “lenguaje paradójico” en el que se expresa “lo uno y lo contrario sin dar en incoherencia” (Cuerpo, 32).

También la ambición vitalista que supone su autor parece hallarse en fructífera oposición con otras nociones claves de su poética, como la que presenta la memoria como fundamento de la escritura y la interpretación del poema; o la que le lleva a entender la poesía desde la perspectiva existencial de la muerte.

La memoria, en las poéticas de Gamoneda, surge como “despensa” temática del poema, como pábulo y depósito de la escritura, pero también como clave formal que hace posible la redacción y efectiva la lectura:

Podríamos decir que el objeto de arte es un objeto memorable. De momento, fijémonos en que no seríamos, por ejemplo, sensibles a una melodía sin la memoria sucesiva de sus partes. Más aún: incluso en las artes visuales, en que las partes se piensa que están instantánea y simultáneamente presentes, la percepción se da en velocísimas asociaciones memorísticas: en una simetría simple valoramos la cantidad y la morfología de uno de sus componentes teniendo memoria de estos mismos valores en el otro, y así se nos manifiesta su equilibrio, su complicidad estética. (Cuerpo, 16-17)
Junto a la presencia y función de la memoria se encuentra, en sus reflexiones y en los poemas, otro parámetro, el que surge de la conciencia y la anticipación, de la mirada dirigida a lo futuro, y que sitúa el poema ante el horizonte de la muerte: “Por lo que a mí concierne, pienso sinceramente que el conjunto de mi poesía no es otra cosa que el relato de cómo voy hacia la muerte” (Cuerpo, 26)

Estas dos orientaciones crean en su poesía una contraposición que podría entenderse en los términos de otra poética, la de María Zambrano quien, en ‘Pensamiento y poesía en la vida española,’ al hablar de lo característico de los poetas, desarrolla su comprensión del término melancolía. Según Zambrano, en este sentimiento se ajuntan dos deseos, casi dos avaricias: retener en todos sus detalles lo ocurrido tal y como ocurrió, a la vez que trata arrebatadamente de sacar partido del ahora; “la melancolía que lejos de empañar los minutos contados de nuestra vida, hace quemarlos con más brillo y luz (…), por el solo hecho de ser instantes, cuentas del rosario del tiempo limitado”.

En “La poesía en la perspectiva de la muerte”, uno de los breves ensayos incluidos en ‘El cuerpo de los símbolos’, Gamoneda articula esta paradoja en clave triangular. Por una parte reconoce “la voluntad de construir un objeto de arte con el miedo a la muerte”. Por otra entiende que “la memoria es siempre conciencia de pérdida (…): conciencia, por tanto, de consunción del tiempo correspondiente a mi vida y, por esto mismo, conciencia de ir hacia la muerte”. Por último, enlazando esos dos extremos, entra en juego la intensificación y el placer poéticos: “Esta intensificación y este placer  son independientes de la significación: la poesía fundamentada en el sufrimiento genera también placer”. Así, convierte el placer en el catalizador de una alteración que, en relación con la identidad, se mencionaba antes. “[La poesía] es un hecho ‘alquímico’: transustanciación de las significaciones, incluidas las derivadas de sufrimiento, en experiencias de placer”.

A lo largo de la primera mitad de los años sesenta, Antonio Gamoneda compuso ‘Blues castellano,’ donde, al igual que en el género musical, se canta el sufrimiento para mitigarlo y sobreponerse a él, para rememorar lo perdido y anticiparse a nuevas pérdidas. ‘Blues castellano’ principia un tipo de exploración poética que ha ido, desde entonces, adentrándose en lo personal. Pero esta trayectoria no solo ha puesto de manifiesto la hondura de esa exploración en términos individuales; también se ha levantado como referente en un momento en que los más visibles de la poesía española parecían conformarse con lo visible, con lo obvio. La creación de este referente, en el que las categorías “realistas” se han ido subvirtiendo mediante un ejercicio afiliable a las vanguardias, está transustanciando el panorama poético español en la primera década del siglo XXI.

En la poesía de Antonio Gamoneda se confunde la transformación de lo precedente, la creación de un espacio propio y la fundamentación de un lugar que otros ven como posibilidad de una habitación poética común.

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Algunas referencias bibliográficas

  • ‘Sublevación inmóvil’. Madrid: Rialp, 1960
  • ‘Edad’. (Edición de Miguel Casado). Madrid: Cátedra, 1989. [Este libro recopila y revisa la poesía escrita por Gamoneda entre 1947 y 1986]
  • ‘Libro del frío’. Madrid: Siruela, 1992, 2000 y 2003
  • ‘Libro de los venenos’. Madrid: Siruela, 1995
  • ‘El cuerpo de los símbolos’. Madrid: Huerga y Fierro, 1997
  • ‘Conocimiento, revelación, lenguaje’. León: La biblioteca I.E.S. Lancia, 2000
  • ‘Arden las pérdidas’. Barcelona: Tusquets, 2003
  • ‘Esta luz’. Poesía reunida (1947 – 2004). Barcelona: Círculo de Lectores/Galaxia Gutemberg, 2004

Una entrevista con Gamoneda sobre temas de actualidad, por Eloísa Otero

April 13, 2009

 Gamoneda, una entrevista en EL MUNDO DE LEON

En la foto, Gamoneda observa el busto realizado por el escultor Amancio González para un proyecto con el fotógrafo Amando Casado y el editor Héctor Escobar. / © Fotografía de AMANDO CASADO

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Tras el estreno de ‘Escritura y alquimia’,
un documental sobre su vida y su obra,
Gamoneda protagonizará esta semana
un gran congreso en Madrid.
Comprometido con el mundo,
no elude los temas de actualidad

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Entrevista con ANTONIO GAMONEDA:
«LA IGLESIA ESTÁ PARTICIPANDO DE FORMA FRAUDULENTA
DE LA ECONOMÍA VIGENTE»

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Por ELOÍSA OTERO
(Entrevista publicada en EL MUNDO DE LEON el 12 de abril de 2009
y en EL MUNDO DE CASTILLA Y LEÓN el 13 de abril de 2009)

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Hace 24 años que recibió el segundo Premio Castilla y León de las Letras, después de Delibes, cuando usted era un autor muy poco conocido, salvo en pequeños círculos. ¿Qué supuso entonces?
Pues supuso… un dinero (no recuerdo ahora la tela que me dieron, ¡ja, ja!). Pero creo que no modificó nada mi estatus en relación con los lectores, porque son premios de ámbito regional, e incluso en ese ámbito tampoco les hacen mucho caso. Sí sé que por esa norma no escrita de que el premiado sea jurado al año siguiente, yo me puse muy terco, porque ahí estaba Claudio Rodríguez y ya se lo tenían que haber dado…
¿A quién cree que no le han dado aún ese premio cuando se lo merecería más que otros?
Es un poco difícil… El poeta José Miguel Ullán, está claro… Además, se cometió la grave torpeza de dejar morir a Ramón Carnicer sin dárselo. No lo entiendo.
Casi la mitad de los premiados en estos 25 años son leoneses. ¿Qué significado tiene eso para usted?
Eso dice que el número de escritores por metro cuadrado en León es mayor que en las otras provincias, y de la cantidad surge la calidad también. En León se ha creado la tradición de la escritura, hay tres focos (el grupo de Astorga, los bercianos y luego todos los demás) y muchos poetas. Pero yo, el premio Castilla y León se lo daría a alguien a quien quizá no se lo van a dar nunca, y es a Gaspar Moisés Gómez. No todos sus libros son maravillosos, pero tiene cuatro o cinco que para mí comportan más cantidad y más calidad que lo que pudo aportar Eugenio de Nora, por ejemplo. Lo que pasa es que De Nora convirtió ‘Espadaña’ en un histórico. Pero Eugenio hace 60 años que no escribe un verso, y hablo sin bromear. Su creación literaria son tres libros de versos —cuatro, con el que publicó sin su nombre— y una historia de la novela contemporánea inacabada. Muy bien, fue un catedrático muy trabajador en Suiza, pero la obra es lo que es, lo cual no le priva de la condición de ser un histórico y, en los años 40, del 45 en adelante,  uno de los tres o cuatro poetas españoles  jóvenes más importantes. Pero como escritor terminó ahí, y como estos premios parece que tienen que premiar una obra, pues una obra no la veo. A Gaspar Moisés le pasa lo contrario, ha publicado y tiene sin publicar montones de libros, algunos de gran altura. Pero él no se hace ver. No es un olvidado, sino un ignorado.
Por cierto, ¿le ha gustado ‘Escritura y alquimia’, el documental que se acaba de estrenar sobre usted?
Se origina una extrañeza inquietante en que yo me vea a mí mismo en una realidad que sé que es virtual, pero que me proporciona también virtualmente vivencias, averiguaciones de mi conciencia y de mi conducta de las cuales no soy consciente si solamente cuento conmigo mismo, con mi capacidad de introspección. En esa realidad virtual están también los ojos y el pensamiento de otros que, porque precisamente no son yo mismo, pueden levantar y descubrirme dimensiones, que éstas sí son mías, que permanecían en lo desconocido. Decir gustar puede ser una desviación. Me ha proporcionado una experiencia tan real como poco previsible.
¿Un buen poema puede contar más cosas de las que pasan en el mundo que un periódico?
Sí, pero no lo cuenta en términos informativos. Puede que cuente  no los datos, pero sí el sentido, el valor de la circunstancia, la situación socio-política… no explícitas, pero sí proporcionando una tonalidad expresiva en ese sentido.
En estos tiempos de crisis ¿cree posible un nuevo orden mundial?
Las democracias son la careta del neocapitalismo. No hablo de la insinceridad de los políticos, hablo de que los políticos tienen que hacer lo que les diga el poder económico. En ese sentido, da la sensación de que la situación es irresoluble. ¿Por qué? Ha habido un claro fracaso de los socialismos reales, de las repúblicas más o menos dictatoriales de carácter marxista; de ellas ha desaparecido el único poder con voluntad revolucionaria, que se maleó… Y al neocapitalismo le estamos viendo fracasar ahora. El capitalismo ha funcionado con valoraciones falsas, desviando el dinero y conservando una gran parte del mundo en situación por debajo del mínimo nivel vivencial… porque necesita que sea así, por cuestiones que sería largo desarrollar (del mercado de trabajo, del mercado de producción…). Y yo no veo solución, porque en el caso de que el neocapitalismo sea capaz de restablecer el tejido y los falsos soportes (falsos pero operativos, funcionales) que le han mantenido hasta ahora, volveríamos a estar en una falsedad.
¿Cuál sería la vía?
Tengo ciertas sospechas de cuáles serían los medios y cuál debiera ser la revolución, con minúsculas, pero revolución. Hay que disminuir la potencia de la producción industrial y la especulación meramente económica (estamos hablando de bancos y de multinacionales), y hay que hacer algo tan difícil como es vestir de verde el planeta. Se trata de un cambio que necesita 200 años como poco, y que hay que querer hacerlo.
¿Cree posible una alianza de civilizaciones? ¿Cómo valora la actitud actual de las distintas religiones?
En el mundo islámico ya casi estamos en una radicalización que se va a manifestar sobre todo en la creación de tensiones y de aspectos históricos sangrientos. En cuanto a la Iglesia católica y sus primas hermanas (sean anglicanos, heterodoxos, etc)… es evidentemente una mascarada, en la cual hay algunos inocentes con cierta buena voluntad a los que no se les hace caso. Tiene mucho que ver con cómo ha decrecido el poder de las iglesias «occidentales» sobre las conciencias, pero cada vez está más claro que están participando fraudulentamente en la economía vigente.
¿Y qué le parece el Dalai Lama?
Es un personaje que está bien, ni se ha embarcado en radicalismos ni tiene una actitud orientada al poder económico. Esto puede que suceda sin demasiados méritos, porque de alguna manera representa una ideología (y llamo ideología también a la religiosidad y al pensamiento en la trascendencia) que está poco menos que prisionera de una potencia mayor que es China… y no está en situación de ser operativa, pero por otra parte, como ideología es bastante sana. Así como en el catolicismo y en el islamismo se da por buena la violencia incluso en sus textos sagrados, eso no ocurre en el budismo.

 FIN

Un busto de AMANCIO GONZÁLEZ y una foto de AMANDO CASADO

April 6, 2009

 © Fotografía de AMANDO CASADO

En el taller del escultor AMANCIO GONZÁLEZ ANDRÉS
© Fotografía de AMANDO CASADO
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Podéis leer el reportaje en (click:) ISLA KOKOTERO
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CONGRESO POESÍA Y DIVERGENCIA VII / ANTONIO GAMONEDA (LA PALABRA DAÑADA)

CONGRESO POESÍA Y DIVERGENCIA. ANTONIO GAMONEDA (LA PALARA DAÑADA)
CONGRESO
POESÍA Y DIVERGENCIA VII
ANTONIO GAMONEDA
(LA PALABRA DAÑADA)

ORGANIZADORES:
  • UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID
  • SAINT LOUIS UNIVERSITY MADRID
  • SOCIEDAD ESTATAL DE CONMEMORACIONES CULTURALES
  • MINISTERIO DE CULTURA (Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas)
COLABORA
  • Biblioteca Nacional de España
DIRECCIÓN
  • Rafael Morales Barba (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)
  • Xelo Candel Vila (SAINT LOUIS UNIVERSITY)
  • María Jesús Zamora Calvo (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)
SECRETARÍA TÉCNICA
  • Carlota Fernández Jáuregui (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)

SEDES

  • Salón de Actos de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación. UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID. Campus Cantoblanco. CP. 28049 Madrid
  • BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA. Pº de Recoletos 20-22. 28071 Madrid
Antonio Gamoneda sí en el 2009, porque estamos ante uno de los poetas importantes de la conmoción existencial en castellano con un sentido próximo al de César Vallejo. Ante un escritor atormentado y herido por las obsesiones de la orfandad y la pobreza, tanto como por la reivindicación.
La suya es una poesía con diferentes registros en su evolución, donde ha logrado renovar un lenguaje de la época existencialista (el de 1940 que le origina como escritor) en los años 70, teniendo en cuenta las lecturas herederas del superrealismo hasta hacer propia una mirada en el espacio de las poéticas desoladas que caracterizan en buena parte al occidente euroamericano tras las grandes guerras mundiales (o nacionales).
Antonio Gamoneda sí, porque estamos ante un jirón hondo y comprometido, desvalido, afín a la estética del silencio en la mirada final, desde la peculiar conmoción de la herida como denuncia. Ante un poeta existencial o esencial desolado, dañado y desesperado, con una intensa vocación de artista en su buen hacer de madurez.

MIÉRCOLES 15 DE ABRIL
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID. SALÓN DE ACTOS DE LA FACULTAD DE FORMACIÓN DEL PROFESORADO Y EDUCACIÓN

9.30 Inauguración:
10.00 Conferencia Inaugural: José Manuel Cuesta Abad (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)

11.00 Pausa

11.30 Coordina: Rafael Morales Barba (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)

  • Andrés Sánchez-Robayna (POETA)
  • Vicente Valero (POETA)
  • Luis Bagué (POETA)

13.00 Proyección del documental sobre Antonio Gamoneda Escritura y Alquimia

16.30 Coordina: María Jesús Zamora (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)

  • Eduardo Moga (POETA)
  • Rafael José Díaz (POETA)
  • Carmen Ruiz de la Cierva (UAM)
  • Carlota Fernández Jáuregui (UAM)
  • Ricardo Virtanen (POETA)


JUEVES 16 DE ABRIL

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID. SALÓN DE ACTOS DE LA FACULTAD DE FORMACIÓN DEL PROFESORADO Y EDUCACIÓN

10.00 Coordina: Rafael Morales Barba (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)

  • Túa Blesa (UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA)
  • José Enrique Martínez (UNIVERSIDAD DE LEÓN)
  • Fernando Rodríguez de la Flor (UNIVERSIDAD DE SALAMANCA)
  • Tomás Albadalejo (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)
  • Domingo Sánchez Mesa (UNIVERSIDAD CARLOS III)

11.30 Pausa

12.00 Coordina: Xelo Candel Vila (SAINT LOUIS UNIVERSITY MADRID)

  • Ángel Luis Prieto de Paula (UNIVERSIDAD DE ALICANTE)
  • Arcadio López-Casanova (UNIVERSIDAD DE VALENCIA)
  • Jesús Barrajón (UNIVERSIDAD DE CASTILLA LA MANCHA)
  • Luis Alberto de Cuenca (CSIC)
  • Antonio Méndez Rubio (UNIVERSIDAD DE VALENCIA)
  • Juan Carlos Abril (UNIVERSIDAD DE GRANADA)

VIERNES 17 DE ABRIL
BIBLIOTECA NACIONAL DE MADRID

10.00 Conferencia plenaria: Antonio García Berrio (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)

11.00 Coordina: Ángeles Encinar (SAINT LOUIS UNIVERSITY MADRID)

  • Luis Mateo Díez (NOVELISTA)
  • José María Merino (NOVELISTA)
  • Julio Llamazares (NOVELISTA)
  • Julia Barella (UNIVERSIDAD DE ALCALÁ DE HENARES)

12.00 Pausa

12.15 Coordina: Xelo Candel Vila (SAINT LOUIS UNIVERSITY MADRID)

  • Olvido García Valdés (POETA)
  • Miguel Casado (POETA)
  • Jorge Riechmann (POETA)

13.15 Recital poético de Antonio Gamoneda
Presenta: Rafael Morales Barba

14.00 Acto de clausura

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INFORMACIÓN E INSCRIPCIÓN

  • Entrada libre e inscripción gratuita.
  • La asistencia al 90 % de las sesiones dará derecho a la obtención del diploma acreditativo de asistencia y a dos créditos de libre configuración por la UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID.
  • Será imprescindible la inscripción para la obtención del diploma de asistencia y el reconocimiento de los créditos.
  • Para la inscripción es necesario que se haga constar: nombre, apellidos, dirección, NIF, teléfono de contacto e e-mail. Estos datos podrán enviarse a cualquiera de las dirección de correo electrónico siguientes:
FACULTAD DE FORMACIÓN DEL PROFESORADO Y EDUCACIÓN.
Módulo I. Despacho 212, tfno.91 497 4392
rafael.morales@uam.es
Modern Languages & Arts.Manresa Hall
ccandelv@slu.edu

Duración:

20 horas lectivas reconocidas por 2 créditos de libre configuración.

Del 15 al 17 de abril: Congreso sobre Gamoneda en la UAM-Biblioteca Nacional

April 2, 2009

 
[Gamoneda, con José Ángel Valente, en una imagen retrospectiva]
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La obra del poeta será objeto de debate en el congreso
GAMONEDA, LA PALABRA DAÑADA

Entre los próximos días 15 y 17 de abril se celebrará en la capital de España un gran congreso sobre el poeta leonés y premio Cervantes Antonio Gamoneda, que tendrá lugar en la Universidad Autónoma de Madrid y en la Biblioteca Nacional.

Bajo el lema Antonio Gamoneda, la palabra dañada, numerosos expertos, críticos literarios, profesores y catedráticos de toda España, además de un numeroso grupo de escritores, muchos de ellos leoneses —"entre ellos, el propio Gamoneda"—, participarán en estos encuentos, enmarcados en el curso Poesía y divergencia, que se desarrolla desde el año 1980. La sesión del día 17, la más solemne, tendrá lugar en la Biblioteca Nacional.

Entre los participantes se encuentran nombres como los de Luis Mateo Díez, José María Merino, Julio Llamazares, José Enrique Martínez, Julia Barella, Tua Blesa, Andrés Sánchez Robaina, Luis Alberto de Cuenca, Miguel Casado, Rafael Morales, Antonio García Berrio o Vicente Valero. Entre los actos programados también figura la proyección del documental sobre la vida del poeta, Gamoneda, escritura y alquimia, que mañana se estrena en León.

 

3 de Abril: Presentación del documental sobre Gamoneda en el Teatro El Albéitar (León)

March 30, 2009
EAntonio Gamonedastimad@ amig@:

A partir de mañana martes 31 de Marzo podrán retirarse las invitaciones para asistir al estreno del documental “ANTONIO GAMONEDA ESCRITURA Y ALQUIMIA”, que tendrá lugar en el Teatro el Albéitar el próximo viernes, 3 de Abril, a las 21 horas.

La proyección contará con la presencia del poeta, el codirector del documental, César Rendueles, y la presentación de José Enrique Martínez.

Horario de recogida de invitaciones:
de 12 a 14 y de 18:30 a 20:30 horas (máximo 2 invitaciones por persona) en el Ateneo Cultural el Albéitar (C/Luis de Sosa esquina C/Covadonga. León). También se pueden retirar el mismo día de la proyección, desde media hora antes en la taquilla del Teatro.

1 de Abril: Conferencia sobre Juan de la Cruz en Caixaforum

Juan de Yepes, San Juan de la Cruz
[Mensaje de
PEPA OCTAVIO DE TOLEDO
en el buzón:]
 
El poeta Antonio Gamoneda dará una conferencia en el Caixaforum de Madrid el próximo miércoles 1 de abril, a las 19.30 horas, con el siguiente título: “San Juan de la Cruz: Un no saber sabiendo”.

Los interesados pueden mandarme un mail para reservar plaza
(joctavio@fundacionlacaixa.es).

Atentamente,

Pepa Octavio de Toledo

‘Gamoneda vuelve a la guerra’, un reportaje en ‘EL PAÍS’, y noticia del nuevo libro y documental del CBA

March 11, 2009

 [Caricatura de Gamoneda en El País- Por SCIAMMARELLA]

 [Caricatura de Gamoneda en El País - Por SCIAMMARELLA]

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GAMONEDA VUELVE A LA GUERRA

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Una película y varios libros
repasan la trayectoria del poeta y premio Cervantes

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El escritor publica en primavera sus memorias de infancia

"La vida es un error lleno de cosas maravillosas. Pero un error"

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Por JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS para EL PAÍS
Sevilla - 07/03/2009

 

"He aprendido que los poemas se escriben en cualquier parte, en los trenes, en los aeropuertos, en los hoteles…". Lo dice Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) en un hotel, precisamente. En Sevilla. Ha pasado allí toda la semana, en un congreso titulado ‘Factor humano’ en el que el premio Cervantes de 2006 dio una conferencia titulada ‘El mundo del poeta’. Todavía tardará en volver a León. El lunes estará en el Círculo de Bellas Artes de Madrid presentando ‘Antonio Gamoneda. Escritura y alquimia’, una coproducción hispano-argentina impulsada por el cineasta rioplatense Tristan Bauer -que en 1994 realizó un documental ya clásico sobre Julio Cortázar- y dirigida por Enrique Corti y César Rendueles.

El estreno del filme coincide además con la aparición de ‘Extravío en la luz’ (Casariego), una edición de seis poemas inéditos con grabados de Juan Carlos Mestre, y con ‘Iluminaciones. Antonio Gamoneda’ (RD Editores), un descarnado retrato del poeta y del León de la Guerra Civil firmado por el novelista Andrés Sorel.

La película se rodó en 2007 en los escenarios cotidianos de Gamoneda, sobre todo en su casa, pero también en los bosques por los que solía pasear antes de que un accidente -lo atropelló una furgoneta- le dejara "las tabas maltrechas". "Un día, en el rodaje, pasé dos horas con los pies en la nieve", recuerda el autor de ‘Libro del frío’, que considera que sale "demasiado" en su propio documental. "Otro fuimos a la casa en la que viví de niño, en el Crucero, el barrio obrero de León".

Esa casa es, además, fundamental en ‘Un armario lleno de sombra’, unas memorias de infancia "nada gloriosas" que Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores publicará esta misma primavera. En un balcón del número 4 de la carretera de Zamora pasó Antonio Gamoneda sus primeros años en León: "No se me olvida el sabor del hierro oxidado. Al morir mi padre, mi madre aguantó poco en Asturias. Era asmática y los médicos le dijeron que se fuera. El clima la estaba matando. Yo tenía tres años cuando nos instalamos en la casa de mi madrina, mujer de un ferroviario".

Todavía hoy Gamoneda es capaz de calcularle a su interlocutor la mejor combinación para viajar en tren. "En aquella casa los trenes eran los reguladores del tiempo. ‘Ya viene el correo de Galicia. Ahí pasa otro’, decíamos. Me impresionaba cómo se perdían en la chopera, la desaparición". Con la Guerra Civil -"de la que tengo recuerdos más precisos que de cosas de hace 15 días"-, los trenes empezaron a llegar cargados de republicanos camino de la cárcel instalada en el hostal de San Marcos. Para evitar que los presos pasaran por la zona noble de la ciudad, detenían los trenes antes de llegar a la estación y los conducían bajo el balcón de Gamoneda.

"Aquel barrio", apunta, "fue de los que más represión sufrió. Se oían los gritos de las mujeres a las cuatro de la mañana. Frente a mi casa había una viuda loca que se paseaba desnuda y gritando por la noche".

La guerra se llevó por delante la pensión que la madre del poeta cobraba de La Voz de Asturias, donde su padre había ejercido a la vez de administrador y director. Consumidos los ahorros, llegaron a la casa dos máquinas para hacer punto "de incrustación" y vainica: "Pero en aquellos años ni León y España estaban para muchas vainicas. Lo pasamos mal".

Las memorias del poeta comienzan en 1936 y terminan, recuerda él mismo con precisión, en la madrugada del 1 de junio de 1945. El día antes había cumplido 14 años y entró a trabajar en el Banco Mercantil encendiendo la calefacción.

El título del libro y la idea de escribirlo surgieron el día en que, dos años después de la muerte de su madre, el poeta se decidió a abrir un armario que, en vida, sólo abría ella: "De pronto me vino el olor de mi madre viva. Era una situación desconcertante, como un sueño. Estaba lleno de ropa, objetos y papeles, cosas que se convirtieron para mí en símbolos". "Además", añade, "resulta que uno tiene más recuerdos de los que recuerda. Son como las cerezas. Te acuerdas de una cosa y ésa trae otro recuerdo consigo".

En mayo Antonio Gamoneda cumplirá 78 años. Y no para de viajar -Viena y Ginebra están entre sus próximas estaciones-. Tampoco ha parado de escribir. Para algo sirven los hoteles. Lo poemas incluidos en ‘Extravío en la luz’ forman parte de la treintena que lleva escritos desde que, en 2004, reunió toda su poesía en el volumen ‘Esta luz’ (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores). El conjunto, que todavía no tiene fecha de publicación -"por primera vez en mi vida tengo el título antes que el libro"-, se llamará ‘Canción errónea’.

"La vida es un error lleno de cosas maravillosas -la amistad, el amor-, pero un error. Ir de la inexistencia a la inexistencia es un asunto raro, ¿no? Y esto a mí no me parece metafísica. Son hechos". Y continúa: "Al final te das cuenta de que la vida es un curso preparatorio para la muerte. Uno aprende a convivir con el miedo. Ya que atravesamos un error vamos a atravesarlo de la forma más consciente posible, aprovechando las cosas buenas y luchando contra la injusticia".

¿Quiere eso decir, la eterna pregunta, que la poesía puede cambiar el mundo? "No. La poesía intensifica la conciencia, pero no puede cambiar al mundo. Ésa ha sido una propuesta imaginaria. La poesía tiene que ser subversiva en su lenguaje, no en su contenido. En contenidos no puede competir con un periódico". En su opinión, hay muy pocos poetas capaces de realizar con altura "la síntesis entre el pensamiento poético y una ideología". Entre ellos, los autores "anónimos y múltiples" del primer cancionero, los letristas del jazz, César Vallejo y el turco Nazim Hikmet, a cuyos ‘Poemas finales’ (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo) Gamoneda acaba de poner un prólogo en forma de poema.

"Entiendo más de vino que de poesía", dice. "Yo no sé lo que sé hasta que no me lo dicen mis propias palabras". O las palabras de otro. Estos días relee las Soledades, de Góngora. Lo que no ha vuelto a escribir es crítica de arte, algo a lo que se dedicó durante años: "La crítica es un imposible. ¿Cómo se le cuenta a un ciego qué es el color azul?".

 

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  SE PUEDE LEER también la noticia en:
· DIARIO DE LEÓN (por Pacho Rodríguez)
· LA CRÓNICA
· Telecinco
· EL MUNDO (EFE)
· EL NORTE DE CASTILLA (por Tomás García Yebra)
· PÚBLICO

Un nuevo libro con CD y DVD:

‘ESCRITURA Y ALQUIMIA & LA CAMPANA DE LA NIEVE’
[UNA CONFESIÓN CINEMATOGRÁFICA Y TRES LECTURAS]

ANTONIO GAMONEDA

ISBN 978-84-87619-49-6
precio 25 €
paginas 88
formato Incluye CD de audio (78’) y DVD con la película

La poesía de Antonio Gamoneda (1931) no ha perdido con el paso de los años ni un ápice de su intensidad verbal y existencial, en suma, de su radicalidad. No de otro modo cabe definir el vigor con que este poeta ha ido afilando su escritura, reiterando preguntas que no esperan respuesta y buscando un lenguaje capaz de dar testimonio de los bordes mismos de la existencia.

Esta publicación incluye la versión íntegra en DVD de la película documental Escritura y alquimia, que explora el pensamiento poético de Antonio Gamoneda tanto en su dimensión más puramente estética como en un orden especulativo. El film propone una intensa reflexión cinematográfica en torno al universo conceptual del poeta a través de entrevistas, materiales biográficos y lecturas de poemas.

Además, bajo el título ‘La campana de la nieve’, se recogen en este volumen en formato libro y disco compacto tres de las lecturas poéticas que Antonio Gamoneda ha ofrecido en las salas del Círculo de Bellas Artes a lo largo de dos décadas. Correspondientes a los años 1986, 2001 y 2006, respectivamente, estas tres lecturas constituyen no sólo un importante documento histórico –algo singularmente cierto en el caso de la lectura celebrada en 1986–, sino una experiencia literaria de primer orden guiada por la voz misma del poeta.

Un retrato de Antonio Gamoneda, del fotógrafo Amando Casado

February 24, 2009

 Antonio Gamoneda en una fotografía de Amando Casado

[ANTONIO GAMONEDA. Fotografía de AMANDO CASADO]
© Amando Casado

 [Fragmento de un poema de A. G.]

9 de Marzo 2009: Presentación del documental ‘ANTONIO GAMONEDA, ESCRITURA Y ALQUIMIA’, EN EL CBA

 http://farogamoneda.blogsome.com/images/1-docu-ga.jpg

 http://farogamoneda.blogsome.com/images/2-docu-ga.jpg

9 DE MARZO. 20 HORAS.
SALA: CINE ESTUDIO DEL CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID.

C/ ALCALÁ, 42. MADRID.
www.circulobellasartes.com

Estreno del documental
ANTONIO GAMONEDA, ESCRITURA Y ALQUIMIA,
de ENRIQUE CORTI y CÉSAR RENDUELLES.

Antonio Gamoneda. Escritura y alquimia es una película documental que explora el pensamiento poético de Antonio Gamoneda, tanto en su dimensión más puramente estética como en un orden especulativo. La película intercala declaraciones del poeta en las que reflexiona en torno a su obra con materiales biográficos y lecturas de poemas a cargo del propio Antonio Gamoneda.

Gamoneda vs Gamoneda, por LEO ZELADA

February 13, 2009

 Diario de un dragón, el blog de Leo Zelada

 [Crónica de la presentación de ‘Extravío en la luz’ en el CBA,
en el blog de (haz click:) LEO ZELADA]

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GAMONEDA VS GAMONEDA

Muchos amigos poetas me habían hablado de Gamoneda. Pero para ser sincero lo que había leído de él no me gustaba. Ante la insistencia de mis amigos poetas que consideran a Gamoneda casi un dios, aproveché una invitación que me hicieron para ir al lanzamiento de su último libro en el Círculo de Bellas Artes.
    Al entrar saludé a Juan Carlos Mestre. Luego hablé con Gamoneda y le regale mi último libro de poesía. Me pidió que le hiciera una dedicatoria. Le entregué el poemario y quedamos en vernos en León. Antes de subir al escenario me dijo que no tenía tantos sombreros para quitarse ante la gran poesía de Cesar Vallejo. Allí me empezó a caer bien.
    En el evento esperé encontrarme a ese Gamoneda hermético y retórico que la academia había creado. Pero Gamoneda nos sorprende explicando que no entendía porqué estaban hablando de un tal Antonio Gamoneda. Todo en un plan cachondeo. Luego dijo que las presentaciones no deberían ser así. Sino simplemente una conversación informal e íntima entre amigos. Allí ya se metió con todos los presentadores. Luego que no entendía que pretendía decir Amalia Iglesias sobre su poética. Que este no era su último libro de poesía. Sino solo una recopilación de 8 poemas suyos. Aquí se metió con la editorial que había publicado el libro. Hasta le metió un jalón de orejas a su hija diciendo que le daba miedo cada vez que la oía hablar de sus poemas y que para colmo hiciera dos preámbulos hoy. Para ese momento ya la gente se mataba de la risa. Porque él decía esto en un tono desenfadado e iconoclasta. Pero en el fondo en buen rollo. Cuando se refirió a Juan Carlos Mestre se puso serio y dijo que en verdad el libro destacaba más los grabados de Mestre que sus textos. Aunque confesó que en realidad envidiaba a Juan Carlos por saber pintar y él no. Para rematar diciendo que se dejaba de bromas, obedecería a Mestre y se pondría a hacer lo que mejor sabe: Poesía.
    Leyó Gamoneda un largo poema sobre la lluvia. Cuando lo hizo se acabaron las bromas y surgió un recogimiento especial entre los asistentes. En ese poema conocí a otro Gamoneda. Un Gamoneda intenso, desbordante, estremecedor. Todo el show anterior me pareció que lo hizo para desmitificar la imagen que le han creado y que él nunca tiene la oportunidad de desmentir.
    Esa noche Antonio Gamoneda mató al otro Gamoneda. Esa noche coincidentemente llovió en Madrid. 

LEO ZELADA 

‘Extravío en la luz’ llena el Círculo de Bellas Artes

January 29, 2009

 Juan Carlos Mestre, Antonio Gamoneda y Amelia Gamoneda, ayer, en el CBA

[El poeta Juan Carlos Mestre, el Cervantes leonés Antonio Gamoneda y su hija, Amelia, durante la presentación.
Fotografía de RAQUEL P. VIECO
]

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El invocador y existencial «Extravío en la luz» llenó el Círculo de Bellas Artes
Amelia Gamoneda, hija del poeta, calificó de «ruido de oficinista» la labor creativa del maestro
Por Pacho Rodríguez para Diario de León

Antonio Gamoneda presentó ayer en Madrid, en el Círculo de Bellas Artes, Extravío en la luz, un libro en el que comparte protagonismo con Juan Carlos Mestre, autor de los grabados que incluye la publicación, y con su hija Amelia, que escribe un cercano prólogo que hace aún más especial este poemario editado por Casariego. Y Madrid, una ciudad que adora a Gamoneda, respondió con un lleno absoluto de la sala María Zambrano, en un edificio que es el epicentro cultural de la capital, y ávido de la poesía invocadora y existencial del poeta.
   Con tanto afecto, el poeta leonés dio paso a su socarronería y se quejó, y lo que logró fueron las sonrisas y hasta risas de los asistentes, que descubrieron el lado más cercano del autor de obras ya emblemáticas como ‘Arden las pérdidas’ o ‘Libro del frío’. Pero como de lo que se quejaba era del exceso de cariño, lo que hubo en sus palabras fue agradecimiento encubierto. Esa satisfacción le vino de palabras como las pronunciadas por su hija, quien deleitó a la concurrencia al contar que, «en mi memoria de siempre, es un hombre que escribe. O, mejor dicho, un hombre que trabaja con la escritura». Y lo ilustró de una manera bien descriptiva: «Su ruido de escritor es el de un oficinista», afirmó. Un ruido que asoció generacionalmente «al sonido de las máquinas bordadoras» como el que hacía con ese trabajo su abuela.
   Al margen de los continuos elogios a la importancia y la trascendencia de la obra de Antonio Gamoneda, suficientemente descritas en la tarde de ayer en Madrid, también se pudo saber algo de la intensidad de trabajo del poeta, ya que, según su hija, a veces, ese ruido de la máquina de escribir o ahora del ordenador no se detiene en cuatro horas. "No sé si hará compañía a mi abuela», expresó Gamoneda hija.
   El berciano Juan Carlos Mestre, al que Antonio Gamoneda adjudicó la mayor parte de la importancia de ‘Extravío en la luz’, se llamó privilegiado por poder compartir autoría con alguien que cuenta con una inmensa obra como la recogida en ‘Esta luz’. Mestre señaló que «poco he hecho yo más allá de leer apasionadamente a Gamoneda», además de resaltar que la admiración hacia el poeta se completa, con la misma intensidad, con el fervor hacia su persona.
   El berciano Juan Carlos Mestre, al que Antonio Gamoneda adjudicó la mayor parte de la importancia de ‘Extravío en la luz’, se llamó privilegiado por poder compartir autoría con alguien que cuenta con una inmensa obra como la recogida en ‘Esta luz’. Mestre señaló que «poco he hecho yo más allá de leer apasionadamente a Gamoneda», además de resaltar que la admiración hacia el poeta se completa, con la misma intensidad, con el fervor hacia su persona.
   Por su parte, Antonio Gamoneda, tras la intervención de la directora de la Editorial Casariego, Isabel Rodríguez, y la lectura de una ponencia de la poeta Amalia Iglesias, ausente en el acto por problemas de agenda, comenzó su intervención casi pidiendo disculpas por la cantidad de veces que se había pronunciado su nombre y siempre además, adjetivado con elogios. E, incluso, lamentó que se llamara «poemario» cuando «sólo contiene seis poemas».

La «presentación express» como método contra el exceso de elogios

Antonio Gamoneda propuso ayer la insólita fórmula según la cual los libros deberían presentarse con algo así como «aquí el libro, aquí unos amigos», afirmó. Era una propuesta de presentación express que evitaría el exceso de elogios y que, por supuesto, no va a cuajar cuando con su presencia, como la de ayer en Madrid, consiguió que el respetable se quedara sentado por si seguía la cosa. Gamoneda casi riñó a la editorial (primero dio las gracias), por dotar de tanta importancia a una obra como ‘Extravío en la luz’, que aparece como una cuidada publicación de gran tamaño y con la obra de Juan Carlos Mestre. Al berciano le dijo que tanto Gamoneda era ya mucha dosis. Y a su hija le reprochaba porque «no había hecho nada más que barrer para casa», aludiendo a sus dotes de interpretación crítica. «Por eso no he aplaudido a ninguno de los dos», remató con humor. Los que sólo conocían al autor sobre el papel salieron encantados de haber descubierto la relativización con la que trata las cosas y emocionados porque cuando leyó uno de sus poemas logró un silencio paralizante. Antes dijo: «Leo y disolvemos esta reunión. Qué pesadez con Gamoneda. Salgo para ir al fisioterapeuta». Y la gente se rió antes de pasar a la emoción de oír la palabra de Gamoneda pronunciada por el poeta Antonio. Y se iban con el libro debajo del brazo.

Gamoneda en la televisión turca NTV

 Gamoneda en el canal turco NTV

Con motivo de su viaje a Estambul, en febrero de 2008,
hemos encontrado este reportaje en el canal turco NTV.

‘Extravío en la luz’ se presenta en el CBA (Madrid)

January 28, 2009
 Antonio Gamoneda
CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID.
SALA MARIA ZAMBRANO.
28 DE ENERO 2009. 20 HORAS.

HOY, 28 de enero, tendrá lugar en el CBA
la presentación del último libro de  Antonio Gamoneda.
El poemario ‘Extravío en la luz’ incluye seis poemas inéditos
y veinte grabados del ilustrador y poeta Juan Carlos Mestre.

Junto al autor intervendrán:
Amelia Gamoneda, Juan Carlos Mestre e Isabel Rodríguez.

Edita: Casariego

 

Las memorias, grapadas y entregadas

January 22, 2009
Gamoneda finaliza sus memorias:
«Ya las he grapado y entregado»

Gamoneda y Sorel
[Antonio Gamoneda y Andrés Sorel,
durante la sesión del Foro Quevedo desarrollado el martes,
20 de enero, en San Marcos. Foto de RAMIRO
]

Por EMILIO GANCEDO
(En Diario de León)
El Foro Periodístico Quevedo dedicó ayer su segundo debate a analizar la significación literaria y la íntima relación con León del premio Cervantes Antonio Gamoneda. Junto al escritor Andrés Sorel, el catedrático y crítico literario José Enrique Martínez y el presidente de la Asociación de Periodistas de León, Francisco J. Martínez Carrión, Antonio Gamoneda confirmó que ya había puesto punto y final a unas muy esperadas memorias de sugestivo título, ‘Un armario lleno de sombras’. «Ya están grapadas y enviadas a mi agente —aseguró—. No sé si se publicarán en dos meses o seis, pero ahí están».

El encuentro, que tuvo lugar en el Hostal de San Marcos, sirvió también para dar a conocer la aparición del libro ‘Iluminaciones. Antonio Gamoneda’, del secretario de la Asociación Colegial de Escritores de España, Andrés Sorel. Una biografía íntima que «radiografía» la historia humana del poeta y de la ciudad de León como espacio en la que ésta se desarrolla, en palabras de Martínez Carrión. No obstante, este libro tendrá su correspondiente presentación en sociedad dentro de algunas semanas.

Del mismo modo que se dijo de Shakespeare, abrió el fuego Sorel con una afirmación categórica: «Es un hombre de su tiempo, que es lo mismo que decir que es un hombre de todos los tiempos», un creador que, como Kafka, se adelanta a su tiempo mostrando e «intuyendo», más que sabiendo, la «verdad de su tiempo» e incluso de los «tiempos por venir». Y es que escribiendo ‘Iluminaciones’, Sorel llegó a la comprensión no sólo de lo que ocurrió en aquellos oscuros años de posguerra en los que al niño Gamoneda, viendo los camiones y vagones cargados de presos, «se le posó en la boca el sabor del óxido», sino también lo que sucedió en su ciudad natal, Segovia, «y en toda España». «Explicándose a sí mismo, explica la época que le tocó vivir», recordó.

Por su parte, el catedrático y crítico literario del Diario, José Enrique Martínez, no dudó en calificar de «espléndido» el libro de Sorel, sobre todo por su capacidad de «recrear los preámbulos de la guerra civil en León a través de la mirada asombrada de un niño». Una «huella» que permanecerá para siempre en la memoria del autor del ‘Libro del frío’ y que está magníficamente contada por Andrés Sorel, quien también muestra en ‘Iluminaciones’ una ciudad «cuyo panorama cultural era un desierto».

Gamoneda y Sorel. La foto es de J.M. López, publicada en La Crónica de LeonFue el propio Gamoneda quien cerró el acto recordando que la «poesía ornamental» no le interesa en absoluto, sino que le interesa la que «intensifica la vida» y tiene «voluntad de potenciar el lenguaje». También quiso dejar claro que la obra ‘Extravío en la luz’ no es un poemario suyo como tal, pues, además de sus seis poemas, hay textos de su hija y veinte grabados de Juan Carlos Mestre.

Una esvástica en la casa donde el poeta pasó su niñez en León

Antonio Gamoneda pidió ayer que no sea borrada, al menos durante un tiempo, la esvástica pintada sobre la placa conmemorativa que el Ayuntamiento había instalado en la casa en la que el poeta pasó su niñez, «para que quede constancia de que aún hay seres en los que anida el rencor y la crueldad del fascismo». «Todavía hay gente capaz de significar su existencia trazando cruces gamadas», lamentó el escritor. La placa con uno de sus versos había sido colocada en la fachada de la casa donde residió, el número 6 de la calle Doctor Fleming, (León) y hace alusión a los presos que veía pasar camino de San Marcos. «No vi regresar a muchos, quizás a ninguno», dijo. «Aún hoy, cercanos a nosotros, minoritarios espero, existen hombres y mujeres cuyo entendimiento de la vida lleva consigo la sinrazón, la crueldad histórica, el entendimiento antidemocrático y antisocial que caracterizaba el nazismo y fascismo», expresó.

20 de Enero: Cita en San Marcos (León) para analizar la vida y obra del poeta

January 20, 2009
El Foro Quevedo analiza hoy en San Marcos
la vida y obra de Gamoneda
20/01/2009
http://farogamoneda.blogsome.com/images/429224_2.jpg
    Gamoneda y Sorel, en el Congreso de Literatura del pasado octubre
    Foto de RAMIRO (Diario de León)

Con motivo de la próxima publicación del libro ‘Iluminaciones. Antonio Gamoneda’, una «biografía íntima» del premio Cervantes leonés de la que es autor Andrés Sorel; y con motivo también de la continuidad en la labor creativa del literato —ya ha terminado su poemario ‘Extravío en la luz’—, el Foro Periodístico Quevedo dedica hoy su segundo debate a la vida y la obra del poeta.

Esta nueva reunión del foro, creado por la Asociación de Periodistas de León, Paradores y la Agencia Efe, tendrá lugar hoy, 20 de enero, en el salón Antiguo Auditorio del Parador de San Marcos a las diez de la mañana. Participarán el propio Antonio Gamoneda; el escritor y secretario de la Asociación Colegial de Escritores de España, Andrés Sorel, autor de ‘Iluminaciones’; y el catedrático de Literatura de la Universidad y crítico literario del Diario, José Enrique Martínez.
Presentará y moderará el presidente de la Asociación de Periodistas, Francisco J. Martínez Carrión. El Foro Periodístico Quevedo tiene como objetivo declarado «fomentar el diálogo y el debate periodístico sobre temas de actualidad y de interés para la sociedad leonesa. El foro tiene periodicidad mensual y a él son invitadas destacadas personalidades para debatir y analizar asuntos de trascendencia pública».

Gamoneda y Sorel

Sorel presentará su nuevo libro ‘Iluminaciones’ en las próximas semanas en la capital leonesa.

Gamoneda en una foto de Mauricio Peña
Puedes leer también el artículo de CARLOS DEL RIEGO
en La Crónica (de León)

Presentación del libro ‘Extravío en la luz’ el 28 de Enero en el ‘CBA’ de Madrid

January 18, 2009
GAMONEDA PUBLICA ‘EXTRAVÍO EN LA LUZ’,
SU PRIMER POEMARIO TRAS EL CERVANTES

Por CARMEN SIGÜENZA
(Para la Agencia EFE)

Portada de 'Entravío en la luz', de Antonio GamonedaMadrid, 15 ene (EFE).-
Tras dos años de silencio poético, Antonio Gamoneda, colmado ya de premios, ha vuelto a la poesía con la publicación de "Extravío en la luz", un libro artístico que incluye seis poemas inéditos y veinte grabados del ilustrador y poeta Juan Carlos Mestre.

"Publicar un libro de poesía cada año era una imprudencia, aunque la verdad es que en estos dos últimos años no he podido trabajar, porque me ha faltado tranquilidad. Eso sí, he terminado las memorias de mi infancia, las he acabado y entregado, y es posible que salgan en abril o mayo", explica hoy a Efe

Y es que este poeta astur-leonés en los últimos años ha recibido toda clase de premios y se le ha requerido para toda clase de actos, lo que le llevó a un período de silencio poético.

Ahora, según recuerda en el prólogo con humor y ternura Amelia Gamoneda, hija del poeta, filóloga y crítica, gracias a una afonía que en los últimos meses mantuvo al poeta en silencio "entre los tumultuosos y verbosos encuentros a los que amablemente le obligan los premios recibidos", Gamoneda ha vuelto a encontrar su voz.

"Quizá, la experiencia real y física ha sido capaz de simbolizar una pérdida de la voz poética, y ha venido así a construirse en aviso para que el poeta colmado de premios no se confíe", precisa Amelia Gamoneda.

El autor de "Arden las pérdidas" aparece en este último libro, publicado por la editorial Casariego, con la misma serenidad y hondura que posee su voz poética, para volver a reivindicar "la dignidad" de la memoria y la experiencia. Y una vuelta a sus símbolos como las manos, la herida, la lluvia, el cuerpo, la luz; el dolor, la materia, el cuerpo, o la carnalidad de las palabras.

También aparece la voz de los que no la tuvieron en la Guerra Civil, la posguerra, los desheredados, los paisajes de León y la lluvia. El último poema: "Ha de llover", es el único texto que se conoce, porque lo escribió el poeta para la Expo del Agua, de Zaragoza.

"Yo, en realidad, por encargo no soy capaz de escribir nada, pero este poema sí tenía que ver en función simbólica con el agua y la lluvia, pero también con los hechos sociales, con mi intimidad y con nuestra historia más reciente, aunque todo ello no se diga con claridad, porque la poesía no está para informar sino para revelar", argumenta el autor del "Libro del frío".

Y Gamoneda aclara: "Yo soy la misma persona y el mismo poeta que hace años, con un poco más de edad y con más experiencia encima. Pero quiero señalar que sí he notado algún cambio en el aspecto formal, y en cierto modo hay fragmentos que tienen una organización más tradicional, y, por ejemplo, aparecen casi sin buscarlas las rimas asonantes".

Antonio Gamoneda y Juan Carlos MestrePero este autor, que espera que 2009 sea más tranquilo, se resta méritos en este libro y añade que los grabados de Juan Carlos Mestre sí son importantes, porque "Mestre —dice— es un artista global. "Los grabados llevan consigo alusiones muy sutiles, de naturaleza muy original, con la voluntad de convertir la escritura en un hecho estético visual".

El poeta e ilustrador Juan Carlos Mestre, al que le une una profunda amistad con el poeta, precisa que su trabajo, "lejos de toda pretensión ilustrativa, se ha desenvuelto en el ámbito de los prestamos intuitivos, en las apariciones que van señalando la travesía hacia la claridad del enigma que es todo gran poema".

"Visiones que surgieron en el instante mismo de la lectura, signos, heridas, lluvias, que adquieren en su minoría de conocimiento la voluntad de habla de una voz sin boca…Los poemas de Gamoneda no representan para mí formas simbólicas del mundo, sino la realidad más apreciada del pensamiento poético", concluye.

El libro se presentará el próximo día 28 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid con los autores, y es un bello volumen que sale a la calle con un precio de 50 euros.

Se puede leer, además, (haz click:) el artículo de Fulgencio Fernández en La Crónica (de León) sobre este nuevo libro, titulado ‘Gamoneda: Vuelve la voz’.

En la inauguración de una exposición de pintura de OLGA LLAMAS

January 16, 2009

 Olga Llamas y Antonio Gamoneda

Olga Llamas y Antonio Gamoneda, ayer,
durante la inauguración de la exposición de la artista leonesa
en la galería Ármaga (C/Alfonso V, nº 6. León).

[La foto es cortesía de VICENTE GARCÍA]

Portada de ‘EXTRAVÍO EN LA LUZ’, un libro con poemas inéditos editado por Casariego

January 15, 2009

(…)

Acepta tu extravío, entrégate a la luz:

la luz es el comienzo de la causa invisible.

A. GAMONEDA

 Portada 'Extravío en la luz', de Antonio Gamoneda

 Nos acaba de llegar esta preciosa edición
(la portada no cabe en el escáner)
de la mano de (haz click:) Editorial Casariego 

Tachán-Tachán… nueva edición de ‘EXTRAVÍO EN LUZ’ en Ed. Casariego

January 10, 2009

'Extravío en la luz', de Antonio Gamoneda

Acabamos de enterarnos de que acaba de salir una preciosa edición del libro ‘Extravío en la luz’, con poemas de ANTONIO GAMONEDA, ilustraciones de JUAN CARLOS MESTRE y dos preámbulos de AMELIA GAMONEDA, en Ed. Casariego.

Se trata de una edición distinta de la carpeta (en la imagen) que se presentó en la Escuela de Arte de Mérida hace unos meses.

Próximamente daremos más detalles de esta nueva publicación.

De momento, se puede leer una reseña en el blog de Luis Artigue.

El poeta en una foto de Mauricio Peña

January 9, 2009

 Gamoneda, en una foto de Mauricio Peña

Recuperamos esta estupenda foto
(publicada por el grandísimo MAURICIO PEÑA en El Mundo)
de Antonio Gamoneda en el interior del café Houbi,
desde donde mira a través del cristal
a la calle Sierra Pambley de León.

Crítica de M. A. Nepomuceno tras el estreno en León de la partitura ‘Paisajes de la memoria’

 Mestre, Gamoneda, Llamas, Colinas y Fierro en el Auditorio de León. Foto de RAMIRO

CRÍTICA de ‘Paisajes de la memoria’
[partitura de Jesús Ángel Rodríguez Recio]
por MIGUEL ÁNGEL NEPOMUCENO para Diario de León

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LA GUERRA LA PIERDEN LOS POETAS

Los poetas que inspiraron «Paisajes de la memoria»
asistieron a su estreno, a excepción de Julio Llamazares,
en un Auditorio que únicamente reunió
a dos centenares de espectadores

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09/01/2009
Por Miguel Ángel Nepomuceno
 
   Como decía Miguel Hernández, «las guerras siempre las pierden los poetas». Y en el caso de anoche, durante el estreno de la partitura ‘Paisajes de la memoria’, en la que se ponía música a los poemas de siete autores leoneses, los poetas volvieron a perder la guerra. En ningún momento del recital hubo un reencuentro entre poesía y música. Si ambas deberían ir unidas como siempre se dijo, ayer se produjo un desencuentro a todos los niveles. Humildemente pienso que ninguno de los poetas allí convocados se sintió identificado con las composiciones, ya que si soplar por la caña de un clarinete sin lanzar sonidos, golpear las cuerdas de un chelo o hacer glisandos sobre las cuerdas de un piano con un plectro es hacer música del siglo XXI, entonces realmente se ha avanzado poco en este arte.
   Personalmente conozco a cada uno de los músicos y me consta que tanto la soprano Eva Juárez, como el pianista y compositor Jesús Ángel Rodríguez Recio, como el chelista Pelayo Tahoces o el clarinetista Juan Pablo Anta son dueños de una técnica y unos conocimientos excelentes, pero lo que anoche ofrecieron no dio lugar a poder comparar ni apreciar tanto la música como la poesía, porque ninguno de los poemas allí interpretados eran identificativos de un autor determinado. Todos se parecían como gotas de agua, porque todos carecían de esa musicalidad que requiere el poema. El concierto, en el que se interpretaron 21 poemas —”tres de cada autor"—, no hizo vibrar en ningún momento a los escasos espectadores, porque estaban envueltos en una música poco adecuada. Y ello provocó que durante las cerca de dos horas que duró el concierto algunos espectadores fueran abandonando la sala. En ningún momento la hermosura de los versos de nuestros poetas, esos epinicios de oro, de Juan Carlos Mestre o esa noche de los ruiseñores africanos, de Antonio Colinas; o el polvo azul del cardo, de Ángel Fierro; o el ojo de la lluvia, de Agustín Delgado; o he dejado mi ropa en el silencio de las últimas ramas, de Gamoneda; o qué es un pájaro, de José Antonio Llamas; o, quién atardece junto a mi corazón helado, de Llamazares, quedaron plasmados con toda su fuerza, ya que en esta ocasión la música se estrelló contra la fuerza de la poesía y la voz, esa que debería mantener viva la atención continuamente sólo quedaba diluída en largos recitativos y sonidos extemporáneos.

Y recuperamos una entrevista de ELENA PITA con fotografía de CHEMA CONESA

 Gamoneda en una fotografía de Chema Conesa

ANTONIO GAMONEDA, en una fotografía de CHEMA CONESA
 
Recuperamos esta entrevista de ELENA PITA con el poeta,
publicada en el Magazine de EL MUNDO en julio de 2007
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Recibió de golpe el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y, mismo año 2006, el Cervantes. Anda ahora el poeta (Oviedo, 1931) soportando el mundanal ruido de estas distinciones, descubriendo la rítmica de la inmovilidad porque ya no puede caminar largos paseos donde apuntaba versos y memorias.

Pide a los educadores que devuelvan a los niños la poesía, la abstracción, la capacidad sensible. Aferrado al existencialismo agnóstico, contempla en la vejez cierta conformidad con la muerte.

La poesía es un hecho físico, un impulso mensurable como la intensidad de los ronquidos que esta tarde bajan por la escalera desde la alcoba de don Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931). Es hora de siesta, pero María Ángeles, su esposa, se empeña en despertarlo para que no pase una noche más en vela, y ya sube a avisarlo. Desciende pues el poeta su escalera de madera, mancornado de cintura por el golpe que un furgón le propinó hace ya tres años, que le combó el hueso sacro sin solución.

Y con esta torcedura y su despacio le acompaño a despejar la hora al café de costumbre, unos metros más allá de la casa con castaño, sobre el empedrado que circunda la catedral de León: dos solos seguidos, dos cigarrillos del cupo y una curiosidad que no logra contener las preguntas.

Él es sus poemas. «Necesariamente. Toda mi poesía tiene una apoyatura existencial que quizá yo desconozco en el momento en el que el poema arranca, pero a través del pensamiento poético, de su lógica, su sintaxis y su semántica no discursivas ni reflexivas, llegas al conocimiento».

Dijo, cuando le reconocieron con el Premio Reina Sofía, anterior al Cervantes (2006), que, bueno, que él se emocionaba «en contadas ocasiones»; y claro, esto sorprende viniendo de un poeta de tanta emoción, tanta hondura. Ahora dice que en realidad esto no es del todo verdad, que debió tal vez decir que «no soy hombre que se sorprenda demasiado de las cosas que ocurren, buenas o malas sean, pero reservo una capacidad de emoción casi enfermiza en lo que concierne a los seres esencialmente necesarios para mi vida, y en lo que atañe a lo social, también: cuando es grave. No soy frío ni insensible», concluye, cerrando sus ojos, entrando en sí (como él diría), a ciegas.

Don Antonio Gamoneda escribió en 1992 un libro que consideró su testamento poético, terminal, Libro del frío: «Ocurre con todos los libros a partir de cierta edad». Tenía apenas 61 años. «Ese libro estaba anunciado por el anterior, donde sus versos finales decían: ‘Siéntate ya a contemplar la muerte’. El Libro del frío es una contemplación de la perspectiva mortal poco consoladora, aunque la poesía, no siendo una salvación de rango existencial, se parece, lo parece».

Un libro marcado por su sentido de la ética y su visión del mundo. Y esto para el poeta no es sino «la disposición personal hacia la cercanía de la muerte; uno se siente avanzar físicamente hacia la muerte, y en mi caso esa disposición ha entrado en una mayor serenidad. Alguna vez he dicho que la aparición de mi nieta Cecilia me reconcilió con la vida, y eso no es exactamente verdad, pero sentirme vivir en esa criatura es un fenómeno que sólo se puede experimentar en la vejez y que trae consigo no una reconciliación ni pacificación del temor a la muerte, pero sí una cierta conformidad con el hecho mortal».

Pese a su percepción terminal, el poeta sobrevive largo al Libro del frío. Ha recibido los mayores honores literarios y así se ve hoy, él, «provinciano vocacional», adverso siempre a promociones, lisonjas, capillas, grupos, así se ve impedido de escritura debido al trajín que conlleva ser el Cervantes del año. Seis meses lleva aparcado su cuaderno, seis meses lo aparcará aún. Pero ¿cómo sería su escritura hoy, de poder serlo?, ¿qué le gustaría escribir si tuviera el tiempo? «Elena», me dice, «no lo sé», pesaroso, rezongante.

«En la poesía no se escribe con programa ni proyecto: de lo desconocido se llega al conocimiento. Desconfío mucho de los poetas que escriben con un tema, una deliberación previa y hasta una organización esquemática de la pieza. Y no es que yo esté afiliado al surrealismo, ni al automatismo puro, que no existe; pero sí sé que no soy consciente de lo que sé, hasta que no me lo dicen mis propias palabras. Además el poema va a tener varios sentidos, porque el entendimiento del lector no va a ser idéntico al de su creador».

Dice, eso sí, que ahora escribe con más demora; tal vez sea la vejez plácida, o tal vez le atosigue, cuando retome el cuaderno, la pulsión airada del artista próximo al fin. «Yo no tengo una visión de cómo va a ser mi próxima escritura, aunque es posible que sea más pacífica. Pero en la poesía rige también como fuente la contradicción, entonces, de vez en cuando, aparecerá también el poeta iracundo». Caminaba, largo y tendido, por la senda de la Candamia, hasta siete kilómetros hacía, coronando la meseta para volver siguiendo sus pasos y entrar en la plaza catedralicia de León repitiendo rítmicos en su cabeza los versos que apuntaba, porque «la rítmica andariega del paseo es excitante para el pensamiento poético». Lo aprendió de su idolatrado Claudio Rodríguez, maestro, tan «obediente a la andadura».

Pero pasó lo que ya contamos, una furgoneta le golpeó y quedó maltrecho, y cómo apuntará ahora su métrica: «La rítmica es una noción musical que nos proporcionan nuestros neurotransmisores. Dado que es un hecho intelectual, dado que es palabra pensada y que el ritmo donde verdaderamente está es en la cabeza, estoy creando la rítmica en la inmovilidad». Sobrevivió al Libro del frío e inició unas memorias infantiles, Un armario lleno de sombra (título provisional), que terminan con 14 años, porque entonces fue hombre por necesidad. Es entonces, en su recuerdo, cuando escribe a las manos de la madre, que volverán una y otra vez con su tacto a rozar siempre la poesía de Gamoneda. A las cinco del día, en el invierno/ mi madre iba hasta el borde de mi cama/ y me llamaba por mi nombre/ y acariciaba mi rostro hasta despertarme (versos de la obra Blues castellano).

¿Adónde iba el niño Antonio? «A encender la caldera del Banco Mercantil; luego venía la recadería y a continuación la segunda jornada, la de meritorio, que no se sabía cuándo terminaba (12, 14 horas): aprender a ser un plumífero aceptable para llegar a un mejor porvenir, que luego sería igualmente duro». Se inicia otra etapa: «Ya no es el libro de mi infancia, que lleva una carga muy dura pero que está fundamentalmente construido con los recuerdos heredados de mi madre, y con mi condición privilegiada, entre muchas comillas, en tanto espectador de la guerra y la posguerra.

León fue uno de los lugares donde la represión militar durante la Guerra Civil fue más dura y duradera. Yo vivía en el único barrio obrero, a medio camino entre las vías de tren, adonde llegaban los presos, y el entonces penal de San Marcos. Veía los presos, veía hombres muertos en las cunetas, escuchaba los gritos de las mujeres en la noche cuando iban a sacar a los hombres de casa… y esto fue mi información desde los 5 años. Es de otra especie la que comienza a los 14».

Está en las memorias y estuvo en su discurso al recibir el mayor galardón de las letras hispanoamericanas, que dedicó a la pobreza de Cervantes, y a ese lenguaje «poética y semánticamente subversivo» de los que, como él, vienen de la pobreza. «Es subversivo no porque contenga programas revolucionarios, sino porque la carga semántica de sus palabras difiere mucho de la que tienen las palabras del poder, cuyo lenguaje es otro». También rescata el poeta el sentido revolucionario de la vergüenza, según Marx.

«Creo que desgraciadamente sucede cada vez menos, la democracia, así llamada a la ligera, puede ser (mal) interpretada de acuerdo con las conveniencias del poder, así tenemos la autoproclamada democracia de Castro en Cuba o el talante de Berlusconi. Y la democracia así interpretada ha hecho desaparecer las ideologías, ha debilitado la capacidad pensante de los ciudadanos, su mentalidad crítica. Incluso en la filosofía se defiende el pensamiento único y débil. Todo esto hace que seamos inertes ante la realidad, y cuanto más jóvenes más: las ideologías han sido sustituidas por el consumismo».

–A usted, que tanto le ha dado la cultura de la pobreza, le pregunto: ¿qué le diría a quienes educan o educamos a los hijos en la abundancia material?, ¿qué haría falta para rescatarlos?

–Lo único que arreglaría esto sería una enorme catástrofe; es terrible, porque no se puede desear una catástrofe. Pero ya estamos viviendo otra, lenta, dulcificada, progresiva, que nos convertirá en seres intelectualmente domesticados.

De la cultura de la pobreza rescató Gamoneda un único libro, en el que su madre le enseñó a leer con 5 años, un libro escrito por su padre, un libro de poemas. Y es aquí cuando el poeta toma nota de lo que no ha contado aún en sus memorias, apenas unas líneas, porque, le pregunto, qué fue del resto de lecturas que habrían alimentado la escritura de su padre, muerto cuando él apenas tenía 1 año, mudada la familia desde Oviedo a la tierra seca de León a causa del asma de la madre, año 34.

Leyó el niño Antonio, y sin remedio entró en él el lenguaje como poesía, ya no pudo ser sino poeta, 5 añitos. «Fue una circunstancia afortunada, aprendí los signos, fonemas, palabras, sílabas; y cuando llegaba a la línea, resulta que ésta tenía una conducta rítmica y una significación que no era la de la conversación normal. Pero como los niños no se extrañan de nada, en mi vida entraron simultáneamente la escritura y la poesía. Y así, aunque no escribiese aún, tenía la convicción de que iba a ser poeta». Fue por necesidad y también por suerte. Su madre, asmática, débil, vivió con él hasta su muerte. Cosía la madre, en una cadena mecanizada, haciendo vainica y punto de incrustación, «pero no estaban los tiempos para vainicas». De modo que el hijo quiso convertirse en absoluto benefactor: «Asumir plenamente la supervivencia, liberar a mi madre de su fatiga». La suerte fue que el padre del escritor Luis Mateo Díez ocupara, laisser-faire/laisser-passer, un alto puesto en la Diputación Provincial: «Él se transparentaba como un liberal, y pedía que me dejaran en paz, porque yo funcionaba. Pero yo quería hacer una cultura progresista con el dinero de la dictadura.

Así que cuando él se marchó a Madrid para ser secretario general del Ayuntamiento, se me desposeyó de la condición de funcionario». Más tarde volvieron a llamarle al puesto (director de servicios culturales), y él pudo exigir que le doblaran el sueldo. Nunca ha vivido el poeta de la escritura, «hay gente que vive con menos aún, pero yo tengo una pensión de jubilado». Volviendo al libro del padre, a la música y el lenguaje: a la poesía que no cura pero alivia, le he preguntado a Gamoneda si sería importante regenerar nuestra educación, acercándonos como él lo hizo al hecho poético, al respeto por el concepto primitivo de lo sagrado, al silencio. «Sería decisivo para los niños. El pensamiento poético es música en su origen. Alejamos a los niños de la poesía y del concepto primitivo a cambio de una especialización en fórmulas productivas. Les alejamos de las formas de conocimiento que suponen sensibilidad y abstracción a cambio de pensamiento utilitario».

–«Íbamos de la noche a las tabernas/ amarillas a olvidar el silencio». Alguien capaz de componer una figura tan honda, ¿cómo soporta hoy el estrépito exterior?

–El silencio es quizá la mayor ausencia que tengo que soportar en mi vida.

JESÚS ÁNGEL RODRÍGUEZ RECIO pone música a los versos de siete poetas leoneses

 MÚSICA Y POESÍA
Jesús Ángel Rodríguez Recio, músico leonés

JESÚS ÁNGEL RODRÍGUEZ RECIO:
“Los poemas sugieren la música”

Jesús Ángel Rodríguez Recio es el autor
de la partitura del recital ‘Paisajes de la memoria’

El compositor, pianista y musicólogo leonés
ha puesto música a poemas de siete autores leoneses
—Antonio Gamoneda, Antonio Colinas, Agustín Delgado,
Ángel Fierro, José Antonio Llamas, Julio Llamazares
y Juan Carlos Mestre—

Gamoneda, Colinas, Mestre, Julio Llamazares

El cuarteto Ensemble Legio estrenó ‘Paisajes de la memoria’
el jueves, 8 de enero, en el Auditorio ‘Ciudad de León’

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“He intentado hacer algo personal, conseguir un lenguaje propio y, por encima de todo, seguir la idea de los textos, componer respetando y dejando que los poemas sugieran la música, pero no sólo desde el punto de vista de su significado, sino también de la propia forma del poema”, apunta Jesús Ángel Rodríguez Recio, joven compositor que reside en la localidad suiza de Basilea, donde también se ofrecerá el recital poético musical que este jueves se estrena en León.

Voz, clarinete, violoncello y piano son los instrumentos elegidos para interpretar los 21 poemas (tres de cada poeta), formando dúos, tríos, y cuartetos. También se utilizarán instrumentos de percusión no convencionales, como piedras, palos, latas o ciertos aperos de labranza que han sido cedidos por el vecino de Crémenes (León) Ángel Recio.

Ensemble Legio XXI está formado por Eva Juárez (soprano), Juan Pablo Anta (clarinete), Pelayo Tahoces (violonchelo) y Jesús Ángel Rodríguez Recio (piano y dirección).

‘Pájaro del mundo’, un poema de Antonio Gamoneda para empezar el año 2009

January 4, 2009

 Antonio Gamoneda, en una foto de Eloísa Otero


    PÁJARO DEL MUNDO

Como un suave relámpago
como sonreír entre la luz.
Cabeza de claro fuego,
oro vivo, pájaro del mundo,
tú te vas siempre. Dejas
dorado el aire, ríes,
huyes siempre veloz.

Oh sed, secreto del hombre.

Mundo de secano. Centro.
Atados con amor a él
esperamos la muerte.
Pero la belleza azul
cruza lejos. Se va.
¡Cuánta sed, cuánta sed!

Oh confusión de luz
y cabellos y risa:
queda. La vida es
dura y nuestra.
                      Tú, Belleza,
baja a mi rostro, pon
en mis labios tu cuerpo.

Pájaro del mundo, un poema de Antonio Gamoneda

       ANTONIO GAMONEDA
       (De  ‘Sublevación inmóvil’. 1953-1959)

 

Andrés Sorel revela en un libro ‘lo más íntimo de Gamoneda’

December 5, 2008
Andrés Sorel, en León, 2008
Andrés Sorel
Lo más íntimo de Gamoneda

Agencia EFE (4-12-2008)

Durante todo un año, a caballo entre Madrid y León, Andrés Sorel ha buceado en la vida de Gamoneda, e incluso en las memorias que éste tiene escritas y aún sin publicar, para revelar lo más íntimo del poeta en un libro, Iluminaciones. Antonio Gamoneda, que se presentará en enero próximo.

Sorel, autor prolífico y secretario general de la Asociación de Escritores de España, ha comentado hoy que el propio Gamoneda ya conoce el trabajo y está entusiasmado: “no sé si soy yo o me has inventado, pero en todo caso me has interpretado como yo no me interpreto”, le dijo Gamoneda al terminar de leer el texto.

“Pasarían muchos años antes de que lograra comprender las razones que obligaban a los trenes, determinados trenes, a detenerse en aquel lugar; interpretar las causas que los impedían alcanzar su término, la estación de León, situada a un centenar de metros de distancia. Eran trenes cargados de presos”. Así se inicia el primer capítulo del libro, titulado Trenes, en el que revela las dramáticas vivencias de un niño que residía junto a la estación y contemplaba la llegada de los detenidos que pasaban bajo el balcón de su casa hacia el campo de concentración de San Marcos.

Alternando sus escritos con conversaciones y poesías de Gamoneda, Sorel se adentra en el autor a través de diez epígrafes: Trenes, Madrugadas, Lecturas, Amores, Poesía, Nieves, Tristezas, Palabras, Pobreza y La Nada, última de las partes y “la más dolorosa porque nos acerca inexorablemente a la muerte”, ha dicho Sorel.

El libro le ha llevado un año de trabajo, con estancias en León, conversaciones en León y Madrid, “y hasta un viajecillo juntos en tren hasta Boñar, donde nos encontramos con Julio Llamazares, a quien también se cita en el texto”, ha añadido.

“He querido recoger lo que fue su ámbito vital, por eso he insistido en conocer León en la guerra y la posguerra. He consultado archivos de 1936 y hasta un libro de quien fue presidente de la Diputación y alcalde circunstancial de León al poco de estallar la lucha, unas memorias transcritas a mano que me dejó su nieta…”, continúa.

El autor ha investigado sobre los compañeros que colaboraron con Gamoneda en los años 50 en la resistencia antifranquista, que más le influyeron y que en su mayoría terminaron de forma dura; a uno de ellos le llama “el hombre de la nieve”, quien dio lugar a un “poema terrorífico”. Tambien he recogido datos de otro responsable del Partido Comunista en la Renfe de León, y del que conseguí en Madrid algunos más que Gamoneda desconocía, porque era una época de clandestinidad”, ha manifestado.

El recorrido por la obra y las circunstancias vitales del poeta, se enriquece también con la lectura de las memorias, aún inéditas, del propio Gamoneda: “Ha hecho lo que no hace ningún escritor y lo digo como homenaje, y fue dejarme las memorias que él tiene escritas y que se publicarán el año que viene, para que yo utilizara…y  me han servicio mucho”, ha afirmado Sorel.

Para el autor, el poeta se halla en plenitud creativa, tras dos años de parón impuesto por las circunstancias del Premio Cervantes: “Ha vuelto a escribir y desde su viaje a Chiapas tiene numerosos poemas… sigue activo y sigue siendo un poeta extraordinario, con la poseía quizá más existencial y más reflejo de su concepto de la vida, y con un lenguaje propio y profundo”.

Recientemente, aconsejado por su propia hija, Gamoneda ha renunciado a un viaje de dos meses por diez países de América, donde se le iban a dar una serie de homenajes. “Y él lo ha hecho para seguir acabando su obra”, ha dicho Sorel.

“El poeta sigue siendo sencillo, humilde y amigo de la gente, tanto como hace muchos años. El Cervantes le ha llevado dos años de un lado para otro, pero otra vez esta recuperando el ritmo”, ha concluido.

‘ANTONIO GAMONEDA, EL ESCULTOR DE LAS PALABRAS’, un artículo de AMALIA IGLESIAS para la revista Letras libres

November 17, 2008

Un artículo de Amalia Iglesias Serna sobre la poesía de Gamoneda en Letras Libres
haz un click en este enlace para leer:

ANTONIO GAMONEDA, EL ESCULTOR DE LAS PALABRAS

Un artículo de AMALIA IGLESIAS
para la revista LETRAS LIBRES

Atravesada diametralmente por una luz gélida, por una aguda conciencia de la fatalidad, la poesía de Gamoneda ha sido reconocida con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y con el Premio Cervantes 2006. Amalia Iglesias recorre la obra del gran poeta leonés y se detiene en un elemento central y definitorio: las manos.

Un vídeo retrospectivo (18 de abril 2008): Gamoneda presenta a Juan Gelman y su nuevo libro en la Residencia de Estudiantes

November 7, 2008

 Gamoneda y Gelman

    El libro ‘La voz de Juan Gelman’ recoge la grabación y la transcripción de la lectura de sus poemas que hizo el poeta argentino en 2004 en la Residencia de Estudiantes, la casa que albergó a los poetas de la generación del 27 y donde Gelman gusta cobijarse en sus viajes a Madrid.
   Durante la presentación, Antonio Gamoneda consideró que Gelman es un poeta "existencialmente heroico" y posee "una increíble capacidad de asumir el sufrimiento con una sonrisa muy humana".

Medalla de Oro de la Provincia de León

October 31, 2008

 Antonio Gamoneda e Isabel Carrasco, en una foto de Peio García

EL ILUSTRE VECINO DE LEÓN
Antonio Gamoneda recibe la Medalla de Oro de la provincia
en reconocimiento a sus aportaciones a la cultura leonesa
 
El poeta leonés Antonio Gamoneda recibió hoy viernes en un emotivo acto la Medalla de Oro de la Provincia. de León. La presidenta de la Diputación, Isabel Carrasco, fue la encargada de entregarle este galardón otorgado por su aportación a la literatura así como por la labor que realizó durante la década en que dirigió el área de cultura de la institución provincial.
 
Al acto, celebrado en el salón de plenos del Palacio de los Guzmanes, acudió un gran número de personalidades de la ciudad y la provincia para acompañar al poeta, que recibió en 2006 el Premio Cervantes. Antonio Gamoneda agradeció a la sociedad leonesa este distintivo y explicó que a través de su escritura aborda un “nosotros amplísimo” que representa a todos los ciudadanos de León.
 
De esta forma, la Diputación quiso saldar la “pequeña deuda” que mantenía la provincia con este escritor, según manifestó Isabel Carrasco, quién destacó la aportación del poeta a la cultura leonesa, no sólo por sus obras, sino también por la labor que ha desempeñado desde instituciones como la Fundación Sierra Pambley.
 
Durante el acto Antonio Gamoneda recordó la importancia de las gentes de León en su poesía al mismo tiempo que agradeció el nombramiento que, aseguró, ha recibido con orgullo y agradecimiento.

Entrevista con Gamoneda en ‘Campo de Agramante’: “En la poesía es el lenguaje el que genera pensamiento”

October 23, 2008

 Gamoneda en el nº 10 de la revista 'Campo de Agramante'

ANTONIO GAMONEDA:
"EN LA POESÍA ES EL LENGUAJE EL QUE GENERA PENSAMIENTO"

UNA CONVERSACIÓN LARGA Y CON PAUSAS SOBRE SU POESÍA
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Por TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO y ELOÍSA OTERO
(Entrevista publicada en la revista Campo de Agramante.
Nº 10. Cádiz, Otoño-Invierno de 2008)
Si todo escritor es ya un espacio en sí mismo –un espacio alzado y acotado con palabras–, hablar del espacio real donde se desenvuelve la vida habitual de Antonio Gamoneda se hace aún más obligado, en especial cuando se ha conocido su casa, a un paso de la propia catedral de León pero con una vocación claustral que deja al visitante una sensación definitiva de apartamiento, de insólita lejanía que pone al exterior menos inmediato y de espaldas, y que encaja muy bien con esa voluntad personal de retiro, de “retracción”, a la que tantas veces se ha referido el poeta. Y es que una vez abierta la estrecha puerta verde y traspasado el pequeño patio –casi un imprevisible estanque de cemento con una pequeña lágrima de arriates, un microcosmos vegetal y la majestad de un árbol caballero, un lauroceraso, que se asoma a la calle por encima de la tapia– pareciera que se ha evaporado por ensalmo el ritmo de afuera para entrar en otra clave vital, la de quien nunca se dejó sujetar del todo por las supuestas obligaciones civiles de un poeta de ciudad. O “un poeta de barrio”, como él mismo ha querido decir más de una vez. Todo sigue, pues, ahí afuera a la mano, sí, pero ya tan lejos…
Esta es la crónica de una entrevista discontinua, un si-es-no-es de hilván frágil, una conversación llena de poros, abierta y enterrada entre sucesos –viajes, ausencias, desencuentros de fechas– que no ayudaban a terminarla fácilmente. Como la propia escritura de Gamoneda, se hizo necesario revisar más de una vez lo recogido en las grabadoras para de nuevo reacomodarlo, imantarlo en el presente. Todo comenzó a finales de julio y sólo se acabó de resolver totalmente en diciembre. Ya este juego de desajustes —la luz, el frío, los propios avatares del entretanto, los nuevos episodios viajeros contados como divertimentos que rompían cualquier gravedad— ha hecho que todo se inunde de cierta irrealidad. Escuchar en la grabadora a las puertas del invierno una algarabía de aves y campanas alborotadas del verano contribuyó asimismo a ello.

La primera mañana pactada para esta entrevista fue luminosa y con pellizcos de frescura en el aire gordo de julio. No parecía día propicio para conversar con el autor de Libro del frío. Estábamos entonces en el corazón del verano, y a medida que la mañana atravesaba la ciudad la temperatura se haría más bravía y casi insoportable en la primera hora de la tarde incluso aquí, en León.
En la planta baja de la casa del poeta se mantiene flotando durante el día esa penumbra aceitunada que todo lo deja entrevisto, como si la vida se comportara allí con una cualidad permanente de difumino, un difumino que confronta el pasado con el presente, lo memorable y lo actual, batido todo por un humo mínimo pero que pone a raya cualquier diferencia entre lo invisible y lo visible. Igual que ocurre en la poesía del habitante, donde todo lo que pasó una vez sigue sucediendo entre tormentas interiores.
Desde el arranque de la escalera se suceden en batería cuadros en la pared (Barjola, Vargas, Guerrero, Agulló, Faik Husein, Tàpies, Arcadio Blasco, Chillida, Mestre, Mieres, Pedrero…) y piezas sueltas de cerámica. Luego vienen los libros, que subrayan el espacio donde el escritor suele trabajar, curiosamente un espacio abierto y entre dos sitios, un lugar casi de paso que no hace pensar en el esperado despacho del escritor arrellanado y lleno de estabilidad –“puedo escribir casi en cualquier sitio: en medio de un viaje, en los hoteles, en el tren, por ejemplo…, se me da bien esa especie de urgencia, de provisionalidad a la hora de escribir poesía…”.
De modo que la penumbra, el sopor y el silencio, sólo acuchillado de cuando en cuando por los obreros que en el exterior trabajan estrepitosamente, imponen ese día cierto carácter conventual al ambiente. Pero se nos comenta cómo desde hace algún tiempo hay más perturbación en la vida habitualmente morosa de esta casa. Los reclamos obligados tras los reconocimientos –el Premio Reina Sofía, el Premio Cervantes–, el trasiego casi encadenado de cámaras, flases, visitas, entrevistas… Antes de empezar esta inicial conversación, sostenida a lo largo de la mañana y buena parte de esa tarde de finales de julio, le preguntamos a él, que resistió en la ciudad y en la poesía como otro desaparecido tanto tiempo, si ahora le asusta tanta subordinación mediática, tanta “concentración de visibilidad”.

—No me he dicho a mí mismo nunca la palabra ‘asustado’, pero ahora que la decís vosotros, algo hay de ello. Eso sí: me he sentido muy cansado, muy fatigado, y con una seria esperanza de que, bueno, de que esto ha de ser transitorio y de que cuando termine voy a volver a esta casa y a los papeles, a seguir escribiendo como antes… hasta que vosotros mismos, mis amigos, me digáis que hay que parar…. Así que asustado del todo no, porque como no he acabado de aceptar nunca que todo esto me haya sucedido, me digo que no tengo más remedio que someterme a ello pero que me retiro en cuanto pueda… En fin, sí, tengo confianza en que la vida ha de volver a normalizarse para mí.

—Comencemos hablando de su infancia, esa época a la que usted se ha entregado con decisión introspectiva en Un armario lleno de sombra, título provisional de sus memorias. Usted aprende a leer –ya se ha contado muchas veces–  en el único libro de poemas de su padre, de título casi premonitorio: Otra más alta vida. Qué curioso: parece que alude a eso que usted ha buscado luego: más justicia, más dignidad para las personas… otra más alta vida, sí.
—En todo caso, yo no he sido consciente de ello nunca. Como tampoco creo que haya resabios de otro tipo en mi escritura relacionados con ese libro de poemas de mi padre. Yo llegué a ese libro para aprender a leer. Era ya, quizá, el otoño de 1936. Las escuelas –la mía entre ellas– estaban casi todas cerradas. La depuración del magisterio, ¿comprendéis? El aprendizaje debió de ser duro, sobre todo para las personas a las que acosaba con mis preguntas. Para mi madre, principalmente, que era la que me había dado el único libro que había en casa. Pero la circunstancia se volvió en favor mío: el arduo conocimiento de los signos de la escritura se produjo al mismo tiempo que, incomprendida pero perturbadoramente sensible, se dio mi primera experiencia poética. He dicho incomprendida: sí, yo no me preguntaba ni preguntaba por las significaciones; había descubierto una causa musical en las palabras y esto proporcionaba un sentido a lo que no comprendía. Las cosas eran, más o menos, así. Creo que aquella reunión de circunstancias me marcó para los restos.

—¿Podemos pensar en cierta huella de esa escritura paterna en la suya o en alguna intervención posterior deliberada sobre esos textos, como ocurre ciertas veces en su escritura?
—No; el libro me descubrió la poesía, pero, salvo en intentos de escritura preadolescentes, que no conservo, no creo que haya un rebrote de ese libro de mi padre en mi escritura posterior. La verdad es que hay una enorme distancia en el orden del contexto, en el espacio que rodeaba la propia biografía y la poesía de mi padre. Es cierto que hay ciertas similitudes vitales entre ambos (mi padre conoció también la pobreza, la escasez) pero histórica y culturalmente hemos transitado por espacios muy distintos, lo que hace muy difícil una proximidad en la que pudiéramos llamar escritura consciente.

— Y después de ese libro, ¿qué otras lecturas de primera hora hubo?
—Recuerdo bien cuál fue el segundo libro que leí. Vino de la mano de mi primera maestra, digámoslo así, una vecina, doña Marina, que hacía de profesora particular mía. Era maestra jubilada, y me regaló las Rimas y Leyendas de Bécquer, publicadas en la colección “Ebro”, entonces tan popular. Yo creo que, al margen de que me impresionara o no esa lectura, me pasó algo parecido a lo que ocurrió con el libro de mi padre. Es decir, advertí el poder musical y el particular tono de aquella escritura, y, teniendo yo, como tenía, cuatro años más, advertía que el de Bécquer no era el lenguaje de las conversaciones, pero me desconcertaba mucho menos la, digamos, semántica, que, por otra parte –y esta es lógicamente una estimación del presente– no deja de ser bastante convencional. El que sí fue decisivo fue el tercer libro, del que también me acuerdo bien. Era la Segunda Antología Poética de Juan Ramón Jiménez, en la colección “Universal”. Hay una anécdota curiosa que puedo contar. Cuando fui a buscarlo a una primera librería, el dueño no me lo quiso vender. Me dijo, bien lo recuerdo, que no entendía qué hacía yo leyendo a un escritor de la anti-España como Juan Ramón. Y me quiso endosar otro, de preceptiva moral o algo así. Fui entonces a otra librería, la de “Pastrana”, regentada por un fraile exclaustrado y con otro ánimo bien distinto; aquel hombre no sólo me despachó el libro sin remilgos sino que me lo regaló después de hacerme leer un poema en voz alta. Fue el primer poema que me oí a mí mismo. Yo tenía entonces trece años.

—¿Y antes? Tuvo que haber lecturas espontáneas. Al fin y al cabo, usted es un autodidacta, un escritor formado a sí mismo y un lector curioso que buscaría por su cuenta lecturas o se las encontraría.
—Con independencia de los libros propios de las clases que recibía, tuve uno titulado Lecciones de cosas, mas alguna enciclopedia y –esta por vía de préstamo– la colección completa de los fascículos con las aventuras de Dick Turpin.

—Literatura didáctica y literatura de evasión… Una infancia lectora convencional, ¿no?

—No del todo. También recuerdo que entre aquella marabunta de gente más o menos desafecta que se refugiaba en casa de mi madrina como consecuencia de la guerra, alguien –una mujer, portera de una casa de vecinos de Madrid– traía consigo una de aquellas lecturas tremebundas que se titulaba Los mártires del adulterio, que yo me leí enterita a mis ocho años. Y luego había aquellas revistas y periódicos de la época, claro: “Flechas y Pelayos”, “Chicos” y, en otra clave, algunos números de “El frailazo”, una revista anticlerical que me proporcionó otro de los refugiados en nuestra casa, un hombre que había estado en un campo de concentración; yo leía aquello muy en secreto para que mi madre no se enterara. Este, con otras lecturas “menores” (Doc Savage, Bill Barnes, el Zorro, la Sombra…) es el relleno fundamental de mis lecturas de infancia junto a los tres libros de poesía que ya he citado.

—La infancia son también los amigos. Y hay uno especial, que aún vive y con el que sigue usted manteniendo una relación cercana, casi cotidiana… El otro día fue quien leyó unas palabras en la inauguración de la exposición Visión del frío que se le ha dedicado con motivo de la concesión del Premio Cervantes.
—Os referís a Pablo de la Varga, claro. Pablo tuvo desde muy pronto cierta ascendencia natural sobre mí, seguramente por llevarme un año y pico. Éramos muy amigos y juntos llevábamos a cabo pequeñas aventuras: apedreábamos ratas de agua en la llamada por nosotros “presa de la muerte”, jugábamos a los tejos en la Venta del Labrador, en las afueras de la ciudad, íbamos hasta Cantamilanos… Una vez encontramos un duro de plata y acabamos comprando fascículos de Búfalo Bill. Cosas así. Pero nada o casi nada de lecturas literarias compartidas.

—¿Cómo se acercaba a la vida cultural en aquellos años de infancia? Iría usted al cine, le interesarían actrices y actores de entonces…
—El cine siempre tiró de mí mucho. Pero sólo de una manera especial a partir de los años 50, cuando yo ya escribía. Es muy posible que no me haya interesado nunca demasiado el cine de carga intelectual sino el cine cuya potencia es sobre todo visual. Es decir, Kurosawa me interesa mucho más que otros directores que, digámoslo así, hacían o hacen películas “de tesis”.

—Pero esa forma de ver cine, lo mismo que ocurriría con la música, tiene más que ver con la edad adulta. Antes habría otra manera de ver películas, de escuchar discos o ir a actuaciones.
—En la infancia fui al cine, como cualquier niño, a entretenerme, a ver películas intrascendentes… Entonces yo estaba enamorado de Diana Durbin, una actriz muy popular. Luego llegué a tener por el cine una auténtica pasión pero, insisto, a partir del hecho visual. Es cuando entro en esa otra manera de ver el cine de la que antes hablábamos, en que las manifestaciones individuales para mí están en segundo plano respecto de la visión total de la película a la que miro, como si fuera un cuadro en movimiento. Por ejemplo, yo no puedo ver películas en la televisión, porque si me interesa una en concreto, advierto inmediatamente que el formato de la pantalla crea un desequilibrio compositivo, no se da realmente la visión cinematográfica.
Pero como la pregunta es más amplia tengo que decir que durante muchos años mantuve también una enorme pasión por la música; luego vino la sordera, y yo me fui apartando de ella porque dejó de tener para mí la riqueza que yo conocía.

—Sobre lo de hacer de negro en sus años jóvenes…
—Era un “negro” al revés. Yo escribía los poemas y repartía los cuartos que conseguíamos. Toda aquella escritura ha desaparecido, afortunadamente, y yo interrumpí el juego antes de los cuarenta. No volví a presentarme a un solo concurso. Tenía un amigo al que le encantaba ir a recoger los premios, los premios menores, se entiende. Aun ahora, a pesar de su párkinson, suele llamarme todos los días…. Era un hombre con habilidades; ha escrito más que yo; puede que alguna vez haya metido mano en lo que “escribíamos”; luego, yo conservaba la variante o no….

—Por otra parte, la vida ligada a las mujeres queridas…. la madre, la madrina, la esposa, las hijas…. ¿Hay un peso especial de esa fuerza en su vida?
—Seguro. Completamente seguro. Hasta el punto de que, por ejemplo, hay un momento de mi vida en que yo podía haber empezado a funcionar de otra manera. Bueno, hay dos momentos, pero para no complicar las cosas vamos a hablar de uno solo, y es cuando hace casi cuarenta años tiran de mí desde Madrid para dirigir la editorial Taurus. Tiraban de mí por una razón muy sencilla. Taurus había ido mal económicamente y se había quedado con la editorial el Banco Ibérico, que era de los Fierro, y un par de ellos me conocían y sabían dos cosas de mí: que tenía una experiencia de empleado de banca de bastantes años, veintitantos en aquel entonces,  y que yo andaba metido en el mundo de la escritura. Y pensaron que yo podía ser una persona adecuada para reflotar la empresa.  Me insistieron durante bastante tiempo. Al final dije que no… quizá no me atraía demasiado, pero podía haber dicho que sí, si no fuera porque yo tenía conciencia de que una especie de pequeño universo femenino me necesitaba. El “universo” empezaba con mi madre, y seguía con mi mujer y mis hijas. Así que, en efecto, he vivido una cierta situación de dependencia, no solamente sentimental, sino práctica, en relación con las mujeres. Tenéis que tener en cuenta que hace 30 ó 40 años las mujeres no tenían las posibilidades laborales de ahora, difícilmente podían ser autónomas…. El hombre cargaba con la noción de que ese mundo femenino dependía de él. Y en el terreno de la comunidad familiar y afectiva, yo era el único hombre en ese universo femenino.

—Y en la poesía ¿hay conciencia de esa misma presencia?
—Necesariamente también. Por el hecho de que mi poesía se corresponde o al menos intenta corresponderse con mi existencia, y mi existencia está sobrecargada de componente femenino. Entonces, en mi poesía, muy probablemente existe también ese peso femenino.

—Sorprende lo vivo que se mantiene todo en su memoria, una memoria despierta. Eso nos lleva a pensar en aquel verso de Arden las pérdidas: “claridad sin descanso”. También obliga a pensar en algo parecido a un estado de insomnio, en su presencia casi natural en la vida de Antonio Gamoneda, que le lleva a una suerte de “hipervigilancia” y que podría explicar zonas de su escritura. ¿Es así?
—Es así desde los treinta años de edad en adelante. Pero ya que hablamos de insomnio, voy a hablaros yo de algo que podría haber sido determinante en mi poesía. Tanto a un primo mío como a mí nos pasaba lo mismo: entrábamos de pronto en un estado intermedio entre el sueño y la vigilia durante el cual se producía la visión del entorno real –por ejemplo de la figura de mi madre– insoportablemente amplificado. La habitación en la que yo me hallaba, en aquella percepción delirante pero en mí real, era un espacio sin límites y muy luminoso. En mi sensibilidad aquello era cierto. Y, de pronto, en todas las ocasiones surgía algo de naturaleza amenazante que me acechaba de manera peligrosa. Eran fenómenos que duraban cierto tiempo, no eran fugaces; mi madre recordaría estos casos bastantes años después. Era ella la que se acercaba a tranquilizarme, a sosegarme, pero yo la veía gigantesca y dentro de esa luz temible. Quizá alguien recuerde una canción infantil que tenía como protagonista a una niña que se llamaba Catalina y a la que su padre castigaba. Recuerdo esa canción, porque yo la identificaba con mi visión sonambúlica. En la canción se hablaba de “una rueda de cuchillos y navajas”, y era esta rueda, a la vez visible e invisible, el núcleo amenazante de la inmensidad luminosa.

—Esa canción hace pensar en el martirio de Santa Catalina de Alejandría, a la que se representa en la iconografía cristiana siempre con la rueda con la que parece que fue descuartizada.
—Es muy probable que la canción de Catalina proceda del martirologio, sí.

—¿Y nunca ha sentido usted la necesidad de hacer entrar su, digamos, sonambulismo en su poesía, tan marcada biográficamente?
—Creo que, en ocasiones, el espacio que dentro del pensamiento poético se me representa tiene algo procedente de aquellas visiones.

—Eso parece: la luz, el territorio de lo blanco… lo lúcido como mera manifestación, que surge tantas veces en su escritura… Y, por volver a retomar una cuestión anterior, el insomnio, la conciencia hipertrofiada de quien no quiere dejar de vigilar aunque ello sea doloroso o perturbador…
—Yo tengo que considerar eso de otra manera. Ese fenómeno al que os referís, las especiales percepciones que se dan cuando no estás dormido ni despierto, suceden más o menos hacia las cinco de la mañana, una hora peligrosa. La interrupción del sueño a esa hora suele llevar a una contemplación de lo sucedido y a una imaginación de lo que puede suceder, todo ello bajo el serio dominio del miedo. Es el momento en que la persona se encuentra a la vez devastada y, como decís, hipertróficamente lúcida. Las representaciones existenciales que aparecen en esos momentos suelen ser muy penetrantes, muy fuertes.

—Es el horario biológico, que domina otro tipo de temporalidad…
—Sí, hay una transformación fuerte del curso de la normalidad, una transfiguración evidente en la relación entre el tiempo y el espacio. Ese cambio de orden podría ser incluso productivo, aunque no de manera inmediata, en la escritura. No es gratuito el que en las órdenes monásticas se practique esa manera estrepitosa de madrugar. Los santos padres correspondientes sabían con certeza que esas horas eran proclives a temores, pensamientos y percepciones muy especiales.

—Usted, que no se considera creyente, fue en alguna época a  esos monasterios.
—Me gustaba ir a Osera, en Galicia, donde, por cierto, alguna vez coincidí con Graham Greene. Yo trataba entonces de acomodarme a esa otra manera de pasar cada día. Me recuerdo a mí mismo paseando  por la noche, durante horas, por corredores y patios. Y, de pronto, a lo lejos oía cantar a los frailes. Tenía algo de irreal todo eso, sí, y afectaba a esa hipertrofia de la conciencia de la que hemos hablado antes: un estado especial vigilante, una peculiar sensibilidad.

—Hablemos ahora de otra realidad más cercana. En los años cincuenta, cuando usted ya ha publicado libros, suponemos que la atmósfera de la ciudad de León circula en sus poemas. ¿Cómo se respiraba el ambiente de la ciudad?
—El hecho sustancial es que durante la totalidad de los años cincuenta, más en concreto desde 1949, permanezco cargando con la pasión de la poesía, necesidad que nunca se apartó de mí, pero apenas escribo nada. Todo se correspondía con que yo estaba en cierto modo secuestrado por la clandestinidad. Éramos un grupo de amigos –Jorge Pedrero [el vigilante de la nieve, en la poesía de Antonio Gamoneda], Eloy Terrón, Cirilo Benítez, José Vega… – que no es que hiciéramos grandes cosas pero ciertamente estábamos bajo una presión muy fuerte que tenía su cuota de miedo y su cuota pragmática porque, por mínimas que fuesen las actividades, te la estabas jugando.

—¿Y cuáles eran esas actividades? Suponemos que movimientos propios de algún tipo de resistencia.
—No eran grandes cosas: practicar un cautelosísimo proselitismo, guardar en casa a algún camarada, repartir papeles, tener reuniones temerosas con media docena de obreros…, con esa particularidad de que eran años en los que una oposición activa, por mínima que fuera, era algo muy complicado de mantener. Para nosotros, que éramos un grupo que nació de la amistad y dio en grupúsculo político, fue además algo muy particular porque no nos ganábamos tampoco la confianza del Partido Comunista, por ejemplo, que nos veía con ojos desconfiados. Esta era una actitud frecuente con intelectuales, profesores, escritores, artistas…

—En Descripción de la mentira hay alusiones a las delaciones, a la traición… Todo esto ¿tiene alguna relación real con este grupo al que se está refiriendo?
—Aquellos eran tiempos en los cuales, incluso dentro del propio partido y en sus aledaños, no sabían unos de otros, no sabíamos unos de otros nada más que lo estrictamente necesario. Los nombres, a veces, no estaban claros; las relaciones, tampoco. La actividad de nuestro grupo era prácticamente la misma que pudiera tener una célula claramente definida dentro del aparato, pero con esa particularidad de la desconfianza hacia los intelectuales.

—Tuvo que ser duro llevar esa vida y, por otra parte, mantener la existencia convencional en casa de la madre. Siempre esa bisección merodeando en su vida. Como dice en ese poema: “Es horrible ser dos inútilmente”.
—Bueno, sí. Eso componía un estado de tensión notable. Yo estaba con mi madre y si tenía a algún chico en casa, tenía que disfrazar aquello de alguna manera ¿no?: “Pues este amigo viene a pasar una temporada aquí…”. Y, naturalmente, mi madre se extrañaba con frecuencia porque aquel amigo no salía de casa ni casi de la habitación.

—¿Y su madre no fue consciente nunca de la situación?

—No, nunca. Puede que alguna vez tuviera una sospecha imprecisa, pero no lo manifestó.

—¿Alguna vez llegó a visitarlo la policía, hubo algún registro…?

—A casa de mi madre no fueron nunca; a mí sí me llamaron un par de veces, pero salí “limpio” de la entrevista. No obstante, tuvimos un problema terrible. Mi primera depresión tuvo como origen ese problema. Yo tenía entonces 27 años. El dueño de la casa donde vivíamos tenía un hijo, el mayor, del que no puedo decir que fuese una buena persona. Sospechó algo. Le entró un gran empeño por que nos fuéramos de aquella casa, que en el año 1958 era baratísima. Me coaccionó para que nos marchásemos. Me insinuaba que él sabía más de lo que parecía y que podría ponerme en un aprieto.

—En aquellos años 50, ¿mantenía alguna relación con otros poetas, más allá de sus compañeros?

—No. En España quizás el primero al que conocí de edad aproximada a la mía debió de ser Claudio Rodríguez, ya cerca del año 80.

—Sin embargo, sí conoció a Blas de Otero….

—Sí. Le conocí cuando yo tenía 19 años y él tendría ya 35 ó 36…

—¿Y cómo puede conocer a Blas de Otero un chaval de 19 años que todavía no ha publicado nada? ¿Cómo surge ese encuentro?
—Muy sencillo. Blas de Otero y Agustín Ibarrola vinieron a León, con otro pintor, que no recuerdo cómo se llamaba. Querían buscar manera de pasar una temporada en León. Bueno, de hecho la pasaron.  ¿Y quién había en León? Bueno, pues los de “Espadaña”. Pero, por lo que fuera, no se entendieron muy bien. En aquella época andábamos por allí, por la Biblioteca [de Azcárate], gente del grupo mas el pobre José Luis Leicea. Y, bueno, nos fascinó Blas de Otero. Por León estuvieron un mes o más. Y anduvimos por ahí con ellos.

—¿Y no continuó esa relación después? Blas de Otero ya debía de ser un poeta conocido…

—Era un poeta conocido, pero con un reconocimiento exterior a lo que hoy entendemos por un reconocimiento oficial… Era un poeta ligeramente maldito y, claro, muy esquinado, sobre todo con la gente que, por decirlo así, estaba a la contra. Después de aquel encuentro no hubo entre nosotros relación de continuidad. Bueno, con Ibarrola sí.

—¿Y con los escritores de Astorga? Gullón, los Panero…
—No… Con Panero realmente no hablé nunca… Yo sostengo en broma la teoría de que lo maté, por algo que ya he contado alguna vez. Lo cierto es que Leopoldo Panero falleció de un ataque fulminante momentos después de fallar un premio que gané yo mismo y en cuya comida Leopoldo bebió lo suyo y se excitó defendiendo mi poema. Mi poema que, deliberadamente, estaba hecho a imagen y semejanza de los suyos. Por eso digo que lo maté yo.

—Se está creando una especie de tópica sobre su poesía. Es un duelo que se repite. Siempre las mismas preguntas y siempre las mismas respuestas. Hay como un pacto tácito en la interlocución. Quizá haya otras cosas que le gustaría abordar y que no han surgido…
—No tengo conciencia de nada de eso. No tengo otras posibilidades de lectura de lo que yo hago que las que podáis tener vosotros.

—Ya, pero nos preguntamos, por ejemplo, si dedicar una vida a la escritura puede ser una forma de locura. En la medida en que trasciende el lenguaje convencional, ¿no habrá en el poeta un sesgo de locura, consecuencia de esa trasgresión? Y lo decimos en el sentido –Castilla del Pino lo apunta– de la locura como forma de existencia, de un proyecto de existencia que acaba siendo la razón de vivir, lo que da sentido a la vida.
—Lo que ocurre con el poeta es que se aparta de lo que pudiéramos llamar, incluso subrayándolo, el “pensamiento razonable”, es decir, el pensamiento discursivo, reflexivo, científico, informativo… Se aparta y viene a él ese otro pensamiento, cargado de sorpresas para él mismo; un pensamiento en cierto modo suscitado por el lenguaje. Yo creo que el impulso generativo es ése: no es el pensamiento el que genera lenguaje, sino que es más bien el lenguaje el que genera pensamiento. En todo caso, colocándome en una posición quizá más segura y prudente, vamos a quedar en que se trata de una generación recíproca. Bien entendido que el lenguaje que se genera de esa particular manera no tiene por qué ser un lenguaje convencionalmente “razonable”….
Estamos dando en hipótesis sobre cómo se forma el pensamiento poético, y ello está en relación con la pregunta vuestra sobre si escribir poesía podría ser una forma de locura. No. Me parece oportuno el razonamiento de Carlos Castilla, que yo digo que conviene precisar un poco más, y quizá de lo que se trata es de que en el poeta aparece un pensamiento que, como os decía antes, no obedece a la norma común del pensar. ¿Y por qué no obedece? Yo pienso que porque ese pensamiento es suscitado por un lenguaje con una carga semántica y con una entidad física –estoy hablando ya de su parte audible– que son imprevisibles y sin función en el lenguaje convencional “razonable”.

—¿Significa eso que el pensamiento poético aparece por casualidad, algo como meter en un cubilete palabras y que estas palabras suscitaran unas significaciones también inesperadas?
—Sí y no. Yo creo que la aparición del lenguaje se da en función de algo que ya hemos mencionado antes, de un pensamiento preexistente del que el poeta no es plenamente consciente. Nadie lo ha dicho mejor que Juan de Yepes: se trata de “un no saber sabiendo”. Por razones que necesitarían un análisis en cada ocasión —y no es el poeta el que tiene que hacerlo— se te imponen unas palabras, y esas palabras, a su vez, son las que crean pensamiento poético consciente. El “no saber sabiendo” a mí me parece que recorre ese camino.

—Apreciamos como constantes dos ejes antagónicos que parecen oponerse en su escritura. Por una parte, una gran fidelidad a la memoria;  por otra, una gran capacidad de corrupción, de corromper lo que se da como consabido, como normativo. Curiosamente, en un aviso que usted hace en Esta luz se lee que un poema se puede volver a considerar, a tachar, a modificar… siempre que pueda volver a abrirse a una causa musical.
—Exacto. Porque en la experiencia nos damos cuenta de que el elemento desencadenante de ese pensamiento está siempre unido a la aparición de la palabra que lleva consigo una causa musical. Esto seguramente no es caprichoso. De alguna manera instintiva, el poeta está advirtiendo si se corresponde o no con lo que quiere decir, incluso no solamente con lo que quiere decir sino con lo que quiere llegar a convertir en pensamiento consciente, que no lo sabe pero lo huele, lo intuye. Y el mecanismo, al menos yo lo entiendo así, lleva siempre consigo un origen que de alguna manera comporta una causa, una razón desencadenante, llámese como se quiera, que es de naturaleza musical.

—Juan Ramón Jiménez decía que el poeta siempre tiene que tener instinto y vigilancia. Claro, el problema es saber cuándo hay que tener instinto y cuándo hay que tener vigilancia, y hasta dónde….
—Si me permitís, yo diría que existen poetas que ponen en marcha el instinto que lleva a no se sabe dónde, y poetas que ejercen su vigilancia en otro momento, como puede ser una ideación previa. A mí me parece que una de las tensiones más serias que lleva consigo el ejercicio de creación es que el instinto y la vigilancia se den simultáneamente. Creo que se tiene que estar en una situación de desconfianza respecto de uno mismo, una especie de autocensura instantánea con independencia de que pueda darse una revisión posterior.

—En su poesía podría detectarse una suerte de esteticismo trágico. En ella, incluso la palabra “belleza” –y usted la define como “un lugar donde no van a parar los cobardes”– es una palabra comprometida… Se tiene entonces, desde muy pronto, la sensación de que el valor del poema, aun participando de un realismo irrebatible, no está en qué se dice, sino en cómo se dice…
—En relación conmigo mismo, esto es totalmente cierto: sí, podría hablarse de un esteticismo trágico. Tal y como hemos hablado de mi vida, en cuanto a su implicación en la escritura supone el traslado a la función estética de un hecho existencial, pues, en fin, no ya mi vida, en sus momentos gratos o ingratos, sino la formación sucesiva, el crecimiento, la madurez de mi pensamiento, han estado connotados por la tragicidad histórica, familiar o personal. Esto no es demasiado original. Ahí tienes la Poética de Aristóteles, en la cual hay un momento que dice: “No hay que buscar en la tragedia otro placer que aquel que le es peculiar”. A mí lo que me interesa de lo que ahí dice Aristóteles es que la tragedia conlleva un placer. Y ese placer es el resultado de una conversión a la estética.

—¿Hay razones para defender algún tipo de poesía en España alejada de la poesía más convencional?
—Hay razones para pensar que en España potencialmente se da una poesía cuya importancia quizá ha sido socavada, sobre todo en los jóvenes, por estos movimientos que hacen fortuna por razones de facilidad. Ahora bien, en todas las edades de poetas que podamos recorrer en este momento en España –desde los poetas de más de 80 años a los que tienen poco más de 20–, yo creo que hay algunos que no han caído nunca en ese bache, en ese realismo fácil, demasiado fácil: Manuel Álvarez Ortega, Luis Feria, Carlos Edmundo de Ory –estoy mirando hacia la gente mayor–… y esto se multiplicaría en número según voy descendiendo en edad. Y parece advertirse en la gente, incluso en la gente muy joven, un aburrimiento en relación con la poesía más o menos figurativa y realista que se ha dado por buena y que no tiene nada que ver con el lenguaje no razonable –descartemos la manoseada palabra “irracional”, por favor– que decíamos antes, y que parece que entendemos que es la poesía, o al menos yo lo entiendo así. Pero hay nombres, sí; haberlos, haylos…

—Parece ser que El cuerpo de los símbolos, sus escritos sobre asuntos poéticos, va a volver a editarse con nuevas incorporaciones.
—El cuerpo de los símbolos, en estos momentos, puede que haya duplicado sus páginas, pero con un perfecto desorden y sin un plan premeditado todavía. Aparecerán algunos capítulos monográficos de poetas como Cernuda, Claudio Rodríguez, pero no muchos. De alguna manera va a estar más centrado en el curso generativo de ese lenguaje no razonable de que antes hablábamos, y simultáneamente se tratará sobre si ese lenguaje no razonable es, también, un arte de la memoria. No creo que vaya a desdecir lo que anteriormente he dicho en El cuerpo de los símbolos, y sin embargo, si hace falta, me desdeciré.

—Es evidente que hay unas señas de identidad comunes con los artistas con los que ha colaborado con cierta habitualidad, y cuyas obras se pudieron ver en la reciente exposición Visión del frío. Como si en algún momento hubiera tenido un mayor y mejor trato con artistas –artistas plásticos, concretamente– que con poetas…. ¿Por qué?
—A mí me parece, aunque no lo digo con mucha seguridad, que en mi escritura hay una cierta abundancia de imaginario con carga visual. Bueno, eso no tiene por qué ser casualidad, dado precisamente que en los quince años en que apenas escribí, mi relación más seria era con pintores. De alguna manera no premeditada, quizá llegamos a unas conclusiones bastante concisas pero que en algo llevaban consigo un fuerte pacto de semejanza, en la medida en que existe un comportamiento de idéntica naturaleza en la manifestación visual, pictórica, y en la manifestación literaria o poética. Durante esos quince años en que yo no escribía, me cargué de sentido y ajusté mi sensibilidad a la relación existente entre lo poético y lo visual, y eso estimuló mi necesidad de ver el pensamiento, para decirlo de una vez.
Pero querría poner un ejemplo de esto: el lenguaje “razonable” y convencional respecto de los objetos de uso tiene un tipo de relación que es diferencial y, sin embargo, y al mismo tiempo es indicador de la naturaleza del lenguaje poético, que sería un lenguaje escultórico, mejor escultórico que pictórico. ¿Por qué? Por la corporeidad, por la “phisis”, por la condición física de la palabra, que aunque también se da en la pintura, está menos clara porque en la pintura aparecen muchos datos que pertenecen al trompe l’oeil, mientras que la escultura es un objeto en el cual las partes, su ocupación del espacio, su configuración, tienen materialmente un ritmo. Y ahí ya estamos emparentando con el carácter, con el origen musical de la palabra poética. La palabra poética es a la escultura como la palabra convencional y “razonable” es al objeto de uso.

—Es que, además, en su escritura poética está muy presente lo corporal; es una escritura llena de sustancias… (El libro de los venenos…) ¿Hay mucha curiosidad suya por los límites de las sensaciones —sobre todo en sus acercamientos al mundo de la química como componente orgánico…— o es simplemente una cuestión tangencial? El hecho de que crea en la química como principio hace aparecer en su poesía el materialismo.

—Creo que no. Pienso que lo que sí se ha dado, y es un hecho real y continuado a lo largo de toda mi vida desde niño, desde muy niño, es la relación diaria con las pastillas. Incluso se convierte en algo que también entra en la vida con un valor aproximado al que pueda tener la comida, el descanso o el placer amoroso. Pero no es que yo tenga una curiosidad personal, real, en mi vida, por experimentar sensaciones en sus límites. Si eso hubiera sido así, yo hubiera entrado más allá, en la droga. Sin embargo, no ha sido así nunca. Pero la cultura de las pastillas está en mi vida. Y, bueno, eso se interioriza y se vuelve hacia causas histórico-literarias; es decir, en mi caso, entra en la ciencia médica arcaica, en la que nombrar una sustancia ya no es una denotación científica, porque se trata de sustancias que ya pertenecen al terreno de la extrañeza. Y cuando digo extrañeza digo que pertenecen a ese lenguaje no razonable del que hablábamos antes. Entonces, la lectura de la ciencia médica arcaica, para mí, está poéticamente vinculada a algo que, sí, pertenece realmente a mi vida, a la pequeña cultura de la pastilla, de las pastillas diarias….

—Pero sí hay una innegable pasión química por los mecanismos orgánicos que se desencadenan en…
—Pero creo que eso pertenece a mi materialismo visionario. Es decir, a la incógnita de la química puesta en relación con la naturaleza, sí, que no llega a ser un hecho practicable.

—Volviendo a las afinidades entre la poesía y la escultura, quizás ello explique esa vocación suya por excavar dentro del poema, como si éste tuviera volumen, para “encontrar otro poema”, como usted ha dicho a veces. Nada mejor para comprender el texto poético como un espacio físico, como una pieza escultórica. A lo mejor lo había pensado así alguna vez…
—Pues no lo había pensado nunca, pero me parece una observación razonable. Yo tengo una seria convicción de la naturaleza física del poema; y esto tiene que ver cn la oralidad. En relación con la audición, la oralidad me parece que tiene una especie de comportamiento volumétrico. ¿Por qué? Porque a la poesía la hemos hecho silenciosa pero nos la tenemos que decir, aquí dentro, en la cabecita. En la pintura, sin embargo, hay una condición, y es que efectivamente la pintura es maravillosamente tramposa, ¿no? Es decir, proporciona al ojo profundidades que no existen, carnalidades que no están… Por ahí andan las cosas. En la oralidad es más perceptible la condición física del poema.

—Eso nos llama la atención, porque hubiéramos apostado a que sería lo contrario, a que sería en todo caso el poema escrito, como una materia visual, lo que pudiera tener una condición física. Pensando en Mallarmé, por ejemplo.
—Esos son los poetas que tienen una concepción visual del poema. Le coup de dés es un poema por el que no he entrado nunca del todo y, sin embargo, el resto de Mallarmé me fascina. ¿Qué ocurre? Sí es cierto que yo trato en la escritura de sugerir silencios, de sugerir interrupciones, de hacer esos escalones… pero es que lo necesito dentro de la compostura rítmica: entre la línea de arriba y la de abajo quiero que exista una ruptura, y que esté separado y junto. O sea, que en todo caso el poema se ha hecho silencioso pero tiene que “sonar” en la cabeza. Y, para mí, el poema como hecho visual, simplemente es una forma de fijación en la cual, si hay algún vaciamiento o alguna compactación que altera la normalidad gráfica, es porque quiero que sea un indicador de que eso existe en su condición oral, aunque, en la práctica, esta sea una oralidad puramente mental.

—¿Quiere decir que es como si existieran dos dimensiones del poema, una oral aunque silenciosa, que es movimiento porque tiene que haber algún tipo de flujos… y frente a ella otra poesía escrita que responde a unos límites condicionantes en cuanto hay que “encajar” el poema en una hoja? A lo mejor, como no queda más remedio que someterse a esos límites, lo que alguien como usted llega a necesitar hacer es mover por dentro al poema, y no solo después de la presunta versión decidida, sino incluso después, una y otra vez en el tiempo, como estar mutando de continuo al poema…
—Es que todas, absolutamente todas las posibilidades de creación estética tienen dimensiones físicas, tienen realidad física. Bien. Esa realidad física yo la advierto con especial claridad en la escultura y en la poesía. Claro, si lo pienso bien, la misma claridad encuentro en la danza, en la música… y en la pintura, donde también se da de una manera plena. Pero, en cierto modo, lo que es valorable físicamente lleva, como os digo, unas añadiduras imaginarias… Habría que establecer un pacto con la pintura. Es posible que haya culturas en las cuales no puedan percibir las sugerencias tridimensionales, o que haya niños que no las pueden ver. Pero, vamos, en el orden de la analogía presencial, la oralidad del poema y la escultura son dos formas muy claras de esa semejanza física.

—Es curioso que, en esa afinidad que excita relaciones físicas entre el poema y la escultura, la oralidad sea precisamente lo invisible…
—… pero es audible…

—Ya, ya, físicamente audible. El ojo trabaja en la pieza escultórica y el oído en la pieza poética.

—Eso es.

—Al hilo de todo esto hay todavía más. En su escritura poética se detecta que operaciones estrictamente mentales –como ‘pensar’ o ‘comprender’– se llevan asimismo a un terreno de relación física: “Yo comprendía / todas las cosas como se comprende / un fruto con la boca, una luz con los ojos”, “entiendo, sin pensar, muchas cosas”. Son versos suyos. Hay, parece ser, una soberanía de lo físico que se lleva a todos los terrenos, incluso al mental o espiritual. Un compromiso material con todo.
—Es que, si no, no adquiere realidad estética, en este caso poética. Yo pienso que soy, mejor o peor, un poeta realista. Pero lo soy, creo, por varias razones. Una, porque construyo una realidad hasta entonces inexistente, que es el poema. Esa es una realidad lingüística y también una realidad intelectual. Bien. En ese sentido, lo que puede ocurrir es que, en cierto modo, mi materialismo sea un materialismo visionario, es decir, están presentes las sustancias, los cuerpos, los sonidos… pero no cumplen las funciones que cumplen fuera de la poesía. En este último caso sí sería un realista del “realismo”. Pero yo creo que más bien soy un realista de la realidad que es el poema en sí mismo. Ciertamente, sé que detrás de cada una de esas palabras hay un recuerdo, un referente que reaparece irreconocible, en ocasiones algo que fue real. Aquí estamos más cerca del realismo que de la realidad. Creo también que hay que distinguir entre materialismo y realismo, no solamente están las desapariciones… Pero sí, hay un realismo que es predominantemente materialista. Hablar de esto se hace complicado para mí. Digamos que por un lado hay una realidad original en el pensamiento poético. Por otro, hay una irrealidad transitoria que es el propio pensamiento poético, el propio acto generativo del poema. Y esa irrealidad transitoria es causa de una nueva realidad. ¿Cual es esa nueva realidad? El poema.
(Y Antonio Gamoneda, en ese momento, coge resueltamente un folio del montón de papeles que se apilan ordenadamente sobre su mesa de trabajo y lee:)
“¿Por qué no? ¿Por qué no ha de llover en las arterias y en el pensamiento, en la penumbra intestinal y en las espinas blancas?”
También está ahí el pensamiento. Y llueve sobre él. No hay por qué hacer de él un mecanismo puramente espiritual. En el pensamiento hay actividad de neurotransmisores, hay funciones que hasta se pueden medir con aparatos… Yo tengo un relativo conocimiento de estos datos físicos, orgánicos, pero luego todo entra en el proceso de la escritura poética, en un campo de irrealidad. Pero si llueve dentro del poema, aunque ahí afuera no llueva, ¿por qué no ha de llover sobre el pensamiento?

—Tocando ahora de nuevo aspectos de sus memorias, Un armario lleno de sombra, esa obra que sacará a la luz en unos meses y que podría ser un libro bastante incómodo, usted ha dicho que hay cosas muy duras y fuertes que se cuentan ahí con nombres y apellidos, relacionables, por ejemplo, con la represión en León, en la época en que Antonio Gamoneda era un niño. ¿No tiene miedo? Porque hay escritores que han pospuesto la publicación de sus libros de memorias o diarios para después de muertos, o dan un plazo largo…
—Las memorias han tenido varias reescrituras. En principio eran una acumulación denotativa de hechos. Ahora he dado en pensar que el pensamiento poético es también una realidad, y entonces, si son memorias, la ausencia del pensamiento poético es lo que puede falsificar las memorias. No puedo ponerme lisamente informativo como yo pensaba en un principio. Ahora creo que están escritas más cerca de cómo puede ser mi escritura normal, que es la única que sé hacer. Preguntáis por el miedo, por el respeto… Bueno, pues mirad: si yo he decidido quitarme los calzoncillos, me los quito a mí y se los quito a los demás también. Es posible que se lo dé leer a algún amigo que pueda decirme si cabe que existan problemas, desde el punto de vista jurídico… y sin embargo…

—Se refiere quizá a aspectos que le puedan causar algún problema legal.
—Sí, pero con problema legal y todo hay cosas que no estoy dispuesto a que desaparezcan de estas memorias. De momento no me lo planteo. Claro que voy a consultar, pero nada más.

—¿Qué tipo de cosas duras o fuertes se cuentan ahí para que puedan herir susceptibilidades?

—Por poner dos ejemplos, la personalización de actos represivos y el estilo pedagógico de las órdenes religiosas, en concreto de los agustinos.

—¡Con la iglesia hemos topado!

—Bueno, mi experiencia está ceñida únicamente a los agustinos, y en concreto al Padre fulano y al Padre mengano.

—Que ni existirán ya…

—Existe la Orden. Yo no he prejuzgado si eso tiene o no problema, y ya digo, con problema y todo, no sé…, muy mal me lo tenían que poner para que renunciase a contar algunas cosas…

—Otra cosa: al hilo de la cita de Marx que encabeza el poema ‘Malos recuerdos’: “La vergüenza es un sentimiento revolucionario”… Usted ha explorado este sentimiento de vergüenza en sus poemas. ¿También lo explora aquí, en sus memorias?
—Por descontado. Lo que ocurre es que doy cuenta de mi propia conducta vergonzosa, pero la reprobación de esa conducta, tanto en mí como en los demás, no está explicitada. Está la conducta y ya es bastante.

—En el poema titulado ‘Malos recuerdos’ cuenta la terrible y cruel actitud de un niño con su perro, el robo de la carta del soldado… Como si esa forma de actuar fuera un hecho más o menos natural en un niño de esa edad…
—Los niños de doce o trece años normalmente son auténticos salvajes. No es el único dato que aparecerá, relativo a la indiferencia ante el acontecimiento lamentable o ante el hecho de que el propio autor es capaz de crear sufrimiento… Es una edad muy jodida. Los chiquillos superan la tutela quizá con trampa, y la superan con malignidad.

—Vamos terminando. Y cambiamos radicalmente de terreno. Querríamos preguntarle por la crítica literaria que se hace en España
—Pienso que hay dos situaciones de la crítica que a su vez son dos categorías y hasta dos modalidades. Hay una crítica oficializada, que en el mejor de los casos es primariamente informativa. Y hay otra que pudiéramos llamar sumergida. Esta suele ser la válida, la que interesa, la que realmente trata de poner en claro y de valorar un segundo grado –digámoslo así– de la realidad poética. Ya decíamos hace un momento que, en mi caso, yo parto, con  frecuencia inconscientemente, de una realidad –normalmente un recuerdo del que puedo no ser consciente– y a partir de ese referente, y a través de una irrealidad transitoria, se ocasiona una nueva realidad: el poema. Pues esa crítica que yo llamo “sumergida”, simplemente porque es más inteligente que la crítica oficializada, es la que trata de llegar a la interpretación y la valoración de esa realidad de segundo grado, que normalmente la crítica oficializada desprecia o ignora.

—Usted, en ese sentido, ha tenido suerte con los críticos…

—Mucha, muchísima, muchísima… El telar lo empezó Miguel Casado, y a partir de ahí habéis ido sumándoos… Y hay otros críticos que, sin que existieran razones de amistad, también se han acercado de una manera aceptable. Pero también he tenido que cargar con la crítica que producen los “oficializados”.

—Y esa crítica “sumergida”, sobre todo el caso concreto de Miguel Casado, ¿le ha alumbrado, le ha ofuscado, le ha aturdido…?¿Ha sacado conclusiones, ha podido influir en su poesía posterior? ¿O no es consciente de ello? En el prólogo de Sílabas negras, por ejemplo, Fernando R. de la Flor apunta que, a partir de cierto momento, lo que pueda ser su obra ya resulta inseparable del corpus crítico que se ha ido generando en paralelo a ella.
—Estoy seguro de que ha influido pero no sé cómo. Yo he pasado a interiorizar una observación de este o del otro, y eso ha entrado a formar parte del totum revolutum que tengo por ahí adentro y que sale no sé cómo. Yo no hago una anotación sistemática y programática de vuestras observaciones pero sé que entran en mí y que funcionan. Hubo circunstancias que se convirtieron en amistad muy pronto… Pero bueno, dejando la amistad a un lado, aunque en el funcionamiento profundo también esté presente, creo que sí, que he tenido mucha suerte.

—En su caso, además, su escritura ha tenido fuera de España una recepción crítica inusitada, muy distinta a la de otros poetas; y mucho más atenta. Hay una atención especial hacia usted cuando va a leer fuera, su obra ha sido abundantemente traducida y estudiada fuera de España. A lo mejor es porque su escritura no pertenece por derecho, ni de manera estrecha, a lo que podemos llamar la tradición canónica del castellano, y así se entiende mejor fuera porque está más cerca de otras escrituras que no son autóctonas. Por otra parte, es evidente que el castellano de su escritura no es castizo. Por poner un ejemplo, Conjuros, de Claudio Rodríguez, tiene que ser muy difícil de traducir, porque ahí aparecen vocablos de proyección ancestral… (¿cómo traducir al alemán lo que son las Águedas?) Su caso, el de la recepción interesada de la escritura de Antonio Gamoneda, es otro. ¿Por qué puede ser? ¿Lo ha pensado alguna vez?
—Es muy posible que todo sea como decís y por eso que decís. Normalmente, en otros países, en los que comparten nuestro idioma y también en otros, sí, cae bien la audición de mis poemas. Y, relativamente, los libros –no hace tanto tiempo que empezó a haber libros míos fuera de España– pues también caen bien. Creo que efectivamente la cosa tiene que ver con que yo funciono con muy pocas palabras, aunque estas palabras puedan llevar consigo significaciones a veces contrarias. Pero eso ya pertenece al azar, al “seguro azar” del poema, a las “diabluras” semánticas de la escritura. Pero, sí, he sido recibido bastante bien por ahí, sí… Yo he tenido la sensación siguiente: en España, tanto leyendo una cosa impresa como en la audición –y en la audición menos, porque funciona mejor…–, hay quizá una reacción de extrañeza ante lo que yo pongo en marcha, ante lo que yo digo, una reacción que no es siempre positiva. Puede llevar a una valoración negativa, que incluso ha resultado predominante. ¿Por qué? Porque estamos dentro del idioma, dentro de unos sistemas informativos, mediáticos, muy poderosos. Y porque mi poesía tiene la “virtud” contraria a la de aquella poesía que es predominantemente informativa o “minirrealista”, como digo yo con mala leche. ¿No ocurrirá en el extranjero que precisamente el margen de incomprensión es al mismo tiempo un margen de confianza?, es decir, ¿no será porque no se ponen a buscar inconvenientes en la receptividad sino que oyen la poesía como la pueden oír los niños? Porque es que… a los niños les lees poesía y se emocionan seriamente. Su grado de comprensión, ¡el mejor!. Ellos aceptan lo extraño y hasta lo incomprensible como algo real y habitual; no tienen consigo prejuicios sobre la verosimilitud, por ejemplo. Una virtud análoga a esa virtud infantil puede darse en la receptividad ligada a otras lenguas. He visto cómo la gente, que comprendía poco o nada de mis palabras, se embarcaba en la rítmica, en la audición pura, y eso les bastaba. Estoy seguro de que la comprensión léxica de las personas que habría en la sala estaría en el 25 por ciento en la mayoría de los casos, en el cero por ciento en otros muchos, y en el 95 por ciento en unos pocos. Y el que suceda eso, esa receptividad desprejuiciada, porque no tienes sabidurías académicas, ni mediáticas, ni has cristalizado una palabra en una significación convenida… eso es lo que les ocurre a los niños; para ellos todo es descubrimiento, descubrimiento incompleto, incomprendido, pero descubrimiento. El poema es antes sensible que inteligible. Puede que sea la menor capacidad de comprensión convencional la que favorece la comprensión no convencional.

—Incluso el no conocimiento de las circunstancias del poema, históricas o sociales, puede dar lugar a que se valore lo que se tiene que valorar, el lenguaje desde la extrañeza, sin más. Aparecerá así algo como una “pureza”, dicha esta palabra con reparos,  precisamente porque no hay un halo de circunstancias conocidas que lo contextualicen.
—No se produce la exigencia de una comunicación convencional y precisa. Es eso. Insisto en que esto mismo es lo que ocurre con los niños.

—Suele dejar sus libros, antes de publicarlos, a leer a algunos amigos. ¿Lo ha hecho siempre?

—A Miguel [Casado], a Ildefonso [Rodríguez], a algún otro… Mi hija Amelia también suele echar un vistazo.

—¿Qué le aportan sus lecturas?
—A veces me aportan problemas… de los cuales yo tomo nota, y de los cuales yo no deduzco con claridad una conducta correctora, pero entran “pa allá” —(dice esto Gamoneda señalando con los dedos los adentros de su cabeza)—. Y cuando trabajo, como os decía antes hablando de la crítica, está eso ahí en una confusión profunda…
(Pausa)
…A la palabra confusión yo le doy un valor muy positivo. Con-fusión. Por ejemplo, en relación con el libro Arden las pérdidas. Miguel Casado lo conoció en una primera versión y yo no advertí más que una cosa: que Miguel Casado se callaba. Por otra parte, yo seguía convencido de que allí había un libro, pero contaba también con ese tópico mío de los poemas que están dentro de los poemas. Lo trabajé seis meses más; buscaba el libro que habría de estar dentro. Cuando Miguel vio la nueva versión me dijo que creía que ese era el libro; y, añadió, “un libro importante”. Eso ocurre, desde hace no mucho, desde que inicié el contacto con todos vosotros… El adelantado fue Miguel Casado, que se presentó un día en mi oficina tratándome de usted. Pero yo antes no tenía a quien enseñar nada… ¡He tenido mucha suerte!

—Hay que verlo también desde el convencimiento de que la poesía no es sólo un hecho personal y privado, sino  que mantiene una interlocución indiscriminada…
—De la misma manera que digo que es un hecho radicalmente subjetivo, digo también que la intersubjetividad a mí me parece que es una manera legítima de funcionar. No sólo legítima, sino productiva.

—Y tiene que ver con compartir ¿no? Esa “profunda compañía” de la que habla en algún poema la está aplicando a una manera de entender la poesía como un hecho social, en el sentido de que es “de todos”, abierta…
—No perjudica a la condición seriamente productiva de la escritura y del pensamiento poético. Cuando se ha producido, y te has apropiado de algo, o te hacen una reflexión, o percibes un silencio, como yo… todo eso te pone a funcionar de otra manera. Hay que distinguirla, claro está, de lo que es plagio deliberado.

    Como si hubiéramos permanecido todo el tiempo ahí, en esa casa desentendida del mundo, ahora salimos por fin del todo. Han pasado meses. La estación es la contraria. La luz y las ropas son otras. Y una vaga sensación de que no hemos culminado necesariamente nada nos acompaña camino del primer bar. Hablar con un poeta de sí mismo, de lo suyo, tiene algo de irresoluble: como preguntarle al monstruo por el laberinto que lo contiene. En el fondo, lo que volvemos a sacar en claro es que la poesía encierra en sí misma la explicación que acabamos buscando lejos de ella. Fuera de eso –por ejemplo en una batería de preguntas como éstas, que fueron saliendo en la casa de Antonio Gamoneda– lo único que se detecta es espesura a pesar de la sinceridad; opacidad a pesar de las grietas y fisuras abiertas por las respuestas para respirar.
Y algo más para quien haya llegado hasta aquí: las respuestas del poeta estuvieron siempre empañadas de un coro importante de gestos, silencios, párpados caídos, dubitaciones y esfuerzos por poner las palabras justas. Todo ello añadió otro tenor imposible de reproducir en la conversación pero necesario de avisar. Fueron como las cáscaras –sustantivas y luminosas– de un curso oral en el que fluidez y atascamiento a menudo se constituyeron en el juego de pesas que acababan por dar un último sentido –de rotundidad o de perplejidad– a cuanto fue alimentando estas sesiones, en las que dominó sobre todo lo demás una transfusión indiscriminada de poesía, amistad y vida. Siempre ha sido así con Antonio Gamoneda.


nº 10 de la revista 'Campo de Agramante'
 

Gamoneda en una foto de Roberto Gómez

October 3, 2008

 Gamoneda en una foto de Roberto Gómez (RGM)

Antonio Gamoneda, hace unos días en el patio de su casa de León, junto a la cabeza de bronce que realizó el escultor Jesús Martínez Labrador (al pie del lauro, entre la yedra). La foto es de RGM.

Palabras para la diferencia

September 30, 2008

LITERATURA / VIII Congreso de escritores de España

 Rogelio Blanco, Francisco Fernández y Andrés Sorel

PALABRAS PARA LA DIFERENCIA
 
 
Por FULGENCIO FERNÁNDEZ
Fotos: MAURICIO PEÑA
(Publicado el 30 de septiembre de 2008 en La Crónica)
 
 

Andrés Sorel, coordinador del VIII Congreso de Escritores de España, lo dejó claro en sus breves y muy sinceras palabras de presentación: “Esto no es el Hay Festival, ni una pasarela de moda, ni una mirada sobre los libros más vendidos, ni las voces que cada día aparecen en los medios de comunicación… Nos reunimos aquí en hermosas compañías pero no va a ser una fiesta, va a ser una reflexión muy profunda sobre un tipo deliteratura que agoniza indefectiblemente pese al esfuerzo de muchos escritores que apuestan por una palabra que trae detras de sí el pensamiento, la sinceridad”.
Y la conferencia de Antonio Gamoneda se convirtió en el mejor ejemplo de reflexión, de sinceridad, de verdad sobre su mundo, sobre su poesía. Un discurso brillante y una carga de profundidad.
También Andrés Sorel fue meridianamente claro en supresentación. Sabiendo que detrás de él iba a hablar Gamoneda reflexionó sobre la cultura de la pobreza en un lugar, el Hostal de San Marcos, donde fue capaz de “concebir palabras bellas Francisco de Quevedo pese a ser entonces una fría cárcel o donde los enemigos de las palabras asesinaron los sueños de leoneses y asturianos que estuvieron en este lugar que entonces era un campo de concentración”.
Fue contundente en su condena de la “corrupción de la literatura, de la que también son culpables los mercaderes, que cada día nos tienen más inmersos en sus aguas fecales”. De ahí su defensa de ‘la palabra’: “Necesitamos palabras porque somos gentes de dudas. Palabras de vida, no de muerte, frente a este mundo recorrido por la destrucción del pensamiento. Y si no hay pensamiento, si no hay palabra, no hay diferencia y si no hay diferencia no hay libertad y si no hay libertad… no hay nada”.
Andrés Sorel cedió la palabra al alcalde de la ciudad, Francisco Fernández, y al director general del Libro, Rogelio Blanco, al que definió como poeta, ensayista y zamabranista. Añadiendo el aludido: “Y leonés”.
Fernández quiso recibir a los escritores con una cita de Saramago, quien decía: “No me perocupa tanto el yo como el otro”. Y, añadió, “los políticos debíamos pensar en hacer realidad esta cita y los escritores ya lo habéis hecho pues escribís fundamentalmente para el placer del otro, del lector”.

Antonio Gamoneda

“Vivimos una época violenta”
 

   “Esta conferencia que voy a leer resultó muy trabajosa para mí y también lo va a ser para ustedes, en justa reciprocidad”, afirmó el poeta Antonio Gamoneda en una de las primeras frases de su discurso inaugural, titulado ‘Poesía y pensamiento’ desde un enfoque absolutamente personal. “Pese a lo que muchas veces se afirma pensamiento y poesía no tienen una integración completa entre sí, son como dos líquidos de distinta densidad”.
   Propuso Gamoneda un viaje de miles de años para reflexionar sobre el pensamiento poético. “Llevo tiempo interrogándome sobre la aparición del lenguaje, de la palabra ¿Qué palabra nombra ‘el homínido’ por primera vez?, ¿qué nombra? Imagino que seres, objetos, las cosas que le rodean. La palabra es previa al pensamiento pues esos seres que nombró se convierten entonces en materia de pensamiento”. Introdujo con posterioridad otro elemento fundamental para él, el ritmo, la música, “las canciones y danzas primitivas. Los niños apenas han nacido ya son sensibles a las canciones de sus madres”.
   De la palabra y la música caminó hacia al arte, rupestre, el de hace 25 ó 30 mil años. “Los científicos creen que es posible que aquellas pinturas se correspondan con un pensamiento mítico y prefilosófico”. Y negó la interpretación de que se trate de ‘elementos ornamentales’. “No me lo creo, nada tenía que hacer lo ornamental en las cavernas, estoy más bien con la otra idea, que nos llevaría a un pensamiento mítico y prefilosófico, a la existencia de una preescritura iconográfica y otra sígnica. Simples signos para hechos simples”. Lo que resumió afirmando que “el homínido adquiere la fonación articulada, origina la palabra y le da carácter de presencia intelectual a lo nombrado”.
   De ahí surgen su tesis de que “el primitivo creador de estas primeras palabras actúa como hoy lo hace el poeta”, para realizar afirmaciones posteriores que parecían sustentarse también en su propia experiencia. “El poeta, que parte del no saber, reúne palabras con una significación final desconocida incluso para él”.
   Avanzó después nuevas teorías, de las que comenzó afirmando: “Voy a hablar de algo de lo que no sé nada”, para añadir tras un pequeño silencio, “de lo que nadie sabe nada”.
   Después de hablar de unas ‘posibles’ zonas del cerebro con determinadas capacidades fue avanzando, amparado en ellas, hacia afirmaciones y reflexiones que quería dejar en aquella reunión de escritores y allegados. “En poesía el lenguaje es el pensamiento pues el poeta no es consciente del significado final de sus palabras, aunque pueda tener una zona cerebral que sí sabe. Esto es lo que San Juan de la Cruz llamaba el no saber sabiendo”.
   Después de este primer paso (el primer verso lo regala Dios) “irán apareciendo otras palabras generadas por la rítmica del lenguaje. Ese lenguaje interior rítmico es el pensamiento poético”.
   Avaló su teoría con citas de Rubén Darío, Aristóteles o San Juan de la Cruz, pero siguió planteando reflexiones propias. “Yo no sé lo que sé hasta que no me lo dicen mis propias palabras. La poesía es un hecho existencial y sólo secundariamente es literatura, es una realidad en sí misma”.
   Así concebida la poesía, como una progresión rítmica de un lenguaje anormal, mostró su escasa creencia en esa poesía que llamó realismo ornamentado. “Es un realismo meramente informativo, tendencias que utilizan un el lenguaje establecido, convencional, que es el lenguaje del poder y frente al que surge la insurgencia del lenguaje poético, que es el pensamiento poético. El lugar natural de las convicciones ideológicas no es el poema, es el mitin, los medios de comunicación, etc”.
   Y mil ‘insurgencias’ más, pero ya avisé que no habría espacio.

Más información / Gamoneda: "El consumismo de hoy en día impone el pensamiento único"
(en Diario de León)

Embajador de la moda española en China

 Gamoneda y David Delfín

Cuando se conocieron Antonio Gamoneda y el diseñador de moda David Delfín, el poeta le dijo: “Veo que mis garabatos te han servido para algo”. Delfín, quien ha asegurado que la obra del poeta le había “emocionado”, no tuvo reparos en afirmar: “Lo más importante para mí ha sido que he conocido su obra, don Antonio, porque no la conocía”. “Bueno, si hemos ganado un lector…”, le contestó Gamoneda.

 

Gamoneda y David Delfín

Un poema de GAMONEDA para hilvanar
un diseño de DAVID DELFÍN

La 2ª planta de El Corte Inglés de León muestra estos días la exposición 12 TRAJES PARA CHINA (un proyecto auspiciado por la Asociación de Creadores de Moda y el Instituto de Comercio Exterior, con el patrocinio del Instituto Cervantes).

 

En total se muestran los trajes realizados por doce relevantes diseñadores españoles, que interpretan de forma personal doce textos de la mejor literatura española e hispanoamericana. De tal forma que creadores como Ágatha Ruiz de la Prada, Ailanto, Alma Aguilar, Amaya Arzuaga… se unen así a autores tan importantes como Gabriel García Márquez, Miguel Delibes o Carmen Martín Gaite. Al diseñador David Delfín le tocó inspirarse en un poema de Antonio Gamoneda. Y desde una óptica diferente, a través de un sencillo vestido en color crudo, con escote palabra de honor y estampado con letras, se produjo esta interacción entre el arte de Delfín y Gamoneda, ambos presentes en la inaguración y mutuamente sorprendidos.

 Gamoneda y David Delfín

Según manifestó David Delfín, esta aventura para él ha supuesto conocer la obra de Gamoneda, un poeta que a partir de ahora estará entre sus libros de cabecera. Delfín le regaló al escritor un libro en el que se recogen sus diseños, y Gamoneda, por su parte, le dedicó algunos ejemplares de sus obras, en un ambiente relajado y cordial.

 

En el VIII Congreso de Escritores de España

 Pereira, Gamoneda y Rogelio Blanco

Gamoneda lamenta que la industria convierta
la creación literaria en valores de consumo
 
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El poeta leonés inaugura el VIII Congreso de Escritores de España,
en el que participará Fernando Savater
y que clausurará el próximo sábado José Saramago
 
Publicado en Diario de León
 

El poeta leonés Antonio Gamoneda afirmó que en los últimos años las industrias editoriales imponen sus intereses a la creación literaria lo que convierte a estos valores estéticos en “valores de consumo” para el mercado de lectores. Por ello, el también premio Cervantes 2006, señaló que esta situación afecta negativamente a la producción de obras. Ésta fue una de las ideas que expuso durante la conferencia ‘Poesía y Pensamiento’, que inauguró el VIII Congreso de Escritores de España que se celebra esta semana en León.

“Yo lo veo mal”, dijo, Antonio Gamoneda, respecto al panorama literario español. Sin embargo afirmó que León es “una tierra extrañamente poblada” de escritores y a la vez “despoblada” puesto que la mayoría de estos autores “nacen aquí, se hacen aquí” y luego abandonan la provincia leonesa rumbo a otros lugares. “Yo como soy raro, no me he ido”, significó.

Capital de la creación

Por su parte, el director General del Libro, Rogelio Blanco, indicó que León se convertirá en la “capital de la creación” estos días puesto que el VIII congreso reunirá desde hoy y hasta el próximo sábado 4 de octubre a 300 ó 400 escritores. Además señaló que el “libro en España goza de muy buena salud”. A pesar de la crisis económica, aseguró que el sector editorial no manifiesta ninguna señal de debilidad.

En ese sentido, Rogelio Blanco destacó que España es la cuarta potencia del mundo en el mercado editorial con cerca de 200 empresas diseminadas por el mundo. El potencial de esta industria, dijo, lo demuestra la producción de un millón de libros al día, es decir, unos 350 millones al año. Además Rogelio Blanco señaló que la pujanza del español y los índices de lectura respaldan la actividad del sector, que ocupa gran parte de las zonas comerciales de las ciudades.

Apuntó que el libro es un “producto barato” puesto que de media cuestan en España 13,16 euros, una cuantía dijo “asumible por nuestras economías de forma general”. Blanco remarcó que la red de bibliotecas municipales es el entramado cultural más importante de nuestro país ya que al año atienden cerca de 100 millones de visitas puesto que son los centros que más horas permanecen abiertos. Así en nuestro país puede considerarse a un 60 por ciento la población lectora y recordó que el 91 por ciento de los jóvenes de nueve a 13 años declara leer media hora diaria.

Al respecto el alcalde de León, Francisco Fernández, manifestó que esta cita es un “orgullo” para León ya que en los próximos días será la “ciudad de referencia” a nivel cultural ya que todas las cuestiones que se debatan “dan un aire nuevo a la reflexión” sobre la literatura. “Estamos encantados de recibir a este elenco de escritores”, apostilló.

38 escritores

Este VIII Congreso, organizado por la Asociación Colegial de Escritores de España, se celebrará desde hoy y hasta el sábado 4 de octubre. En el evento participarán escritores de la talla de Antonio Gamoneda –que pronunciará la conferencia inaugural- y José Saramago –que se encargará de cerrar el congreso-. En total, serán 38 los autores y críticos literarios que acudirán a la ciudad para debatir sobre el lema del encuentro, ‘Pensamiento y Literatura’. Participarán novelistas, poetas, ensayistas y profesores como, entre otros, José Luis Sampedro, Fernando Savater, Fernando Marías, Amelia Valcárcel, Raúl Guerra Garrido, Fernando Martínez Laínez, Marifé Santiago Bolaños, Luis Artigue, Antonio Colinas, Juan Ángel Juristo y Juan Carlos Mestre.

III Congreso de Literatura Leonesa

Además, durante la jornada del 2 de octubre se celebrará, organizado por el Diario de León, el III Congreso de Literatura Leonesa, dedicado en esta ocasión al relato literario y en el transcurso del cual se tributará un homenaje al escritor de Villafranca del Bierzo Antonio Pereira. Estarán presentes además autores como Luis Mateo Díez, José María Merino o César Gavela y divulgadores y estudiosos de su obra, como José Carlos G. Boixo, Nicolás Miñambres, José Enrique Martínez y Alfonso García.
 

VIII Congreso de Escritores de España / EL PROGRAMA

LUNES 29 DE SEPTIEMBRE

19.00 Inauguración a cargo de Andrés Sorel, coordinador del congreso; Francisco Fernández, alcalde de León; y Rogelio Blanco, director general del Libro, Archivos y Bibliotecas.

20.00 Conferencia Inaugural: Antonio Gamoneda, «Poesía y pensamiento».

MARTES 30 DE SEPTIEMBRE

12.00 Ponencias (una cada media hora). Victorino Polo: «Pensamiento, literatura y libertad». Fernando Martínez Laínez: «Personajes de la novela negra española: Un recorrido crepuscular». Fernando Marías: «Pensamiento y literatura en la literatura juvenil». Ramón Sánchez Lizarralde: «Malos tiempos para pensar».

18.00 Ponencias (una cada media hora). Juan Madrid: «Realidad y ficción en la novela policíaca española». Antonio Gómez Rufo: «El último viaje del libro hacia las nuevas tecnologías». Manuel de Lope: «El autor y la escritura».

20.00 Conferencia. Amelia Valcárcel: «En tierra de nadie».

MIÉRCOLES 1 DE OCTUBRE

12.00 Ponencias (una cada media hora). Luis Artigue: «Confieso que he bebido: el cuento literario libertino y tabernario». Julia Otxoa: «Lo fabuloso dentro del cuento literario». Víctor Alperi: «Poetas y revista ‘Espadaña’». Juan Ángel Juristo: «El pensamiento de la ficción».

18.00 Ponencias (una cada media hora). Rafael de Cózar: «El poema como reflexión de la poesía». Raúl Guerra Garrido: «Viaje a una provincia interior». Antonio Hernández: «Humor e imaginación».

20.00 Conferencia. Fernando Savater: «Filosofía y literatura».

JUEVES 2 DE OCTUBRE

12.00 III Congreso de Literatura Leonesa. Homenaje a Antonio Pereira. Participan: Alfonso García, Elena Santiago, José Carlos G. Boixo y Ernesto Escapa. Por la tarde, a partir de las 17.30, participan Carmen Busmayor, César Gavela, Nicolás Miñambres y José Enrique Martínez.

19.30 Luis Mateo Díez y José María Merino: «El cuento literario».

20.00 Entrega de placa conmemorativa a Antonio Pereira por parte de Juan Mollá, presidente de ACE y de CEDRO; de José Luis Ulibarri, presidente del Diario de León; y de Francisco Fernández, alcalde de León.

VIERNES 3 DE OCTUBRE

12.00 Ponencias (una cada media hora). Pedro J. de la Peña: «Decadencia de la poesía española». Paula Izquierdo: «Literatura y mujeres». Amelia Gamoneda: «Sensación y sensacción poética». Marifé Santiago Bolaños: «Cuando el cuerpo se pone a crear».

18.00 Ponencias (una cada media hora). Juan Mollá: «Tiempo, pensamiento, poesía». Antonio Colinas: «Pensar el poema». Juan Carlos Mestre: «Utopía y realidad».

19.45 Conferencia de José Luis Sampedro.

21.00 Concierto, en el Auditorio Ciudad de León, de la cantante israelí Noa, dentro del Festival por la Paz y por la Convivencia. Entrada gratuita.

SÁBADO 4 DE OCTUBRE

12.30 Andrés Sorel: «Pensar es existir. Escribir es existir y pensar».

13.00 Conferencia de clausura, a cargo de José Saramago.

14.00 Clausura, a cargo de Juan Mollá, presidente de ACE y CEDRO.

14.30 Entrega de certificados y cocktail de despedida.

LUGAR Salón del Antiguo Auditorio del Hostal-Parador de San Marcos (León).
ENTRADA Libre y gratuita.

‘ANTONIO GAMONEDA Y LA POÉTICA DEL SUBDESARROLLO ESPAÑOL’, POR FERNANDO R. DE LA FLOR

September 22, 2008
Fernando y Fabio R. de la Flor, en una foto de Luis Felipe
ANTONIO GAMONEDA Y LA POÉTICA
DEL SUBDESARROLLO ESPAÑOL
Por Fernando R. de la Flor
(Universidad de Salamanca)

El concepto de poesía lírica no se agota en la expresión de la subjetividad  a la que el lenguaje presta objetividad.
Th.W. Adorno

   Poesía e historia (inmediata)…, esta vinculación arriesgada campeando en el exergo de una reflexión sobre la extensa obra de Antonio Gamoneda no dudo de que ofrecerá resistencias, incluso parecerá extraña y hasta disparatada, habida cuenta de la figura extremadamente enigmática y destemporalizadora de un poeta que parece reinar altivamente por encima de unos determinados momentos históricos, como si al atravesarlos los hubiera definitivamente anulado, presentándose su obra como el lugar de una conmutación de la referencia exterior, y ello en nombre de una articulación interna más secreta y más poderosa de todo lo que aquella primera pudiera ser o implicar.
   Estas resistencias a admitir una dimensión histórica (y por lo tanto la identidad colectiva) de ciertos discursos crecen en realidad cuando se trata de la poesía de la modernidad en general, y son o parecerán todavía mayores, como digo, en el muy particular caso de una escritura cuyo disposición final es de carácter tan turbulentamente personal como para rechazar cualquier vinculación a un momento o a un período histórico preciso, como la de Antonio Gamoneda. Poeta, por otra parte, no es necesario remarcarlo, que sin embargo atesora la experiencia directamente vivida de cuatro climas históricos, con sus correspondientes cambios de paradigma interpretativo del mundo (Guerra Civil; Posguerra, Transición, Posmodernidad); y poeta que además ha podido alcanzar a vivir en el seno de una de las sociedades más avanzadas del Occidente, en la que más ha penetrado la desmemoria y la cultura del ultraliberalismo en su fase más espectacular y transformativa, habiendo partido de la destrucción generalizada, moral y material, que una (o la) Guerra Civil trae consigo.
Vida política de las palabras
Entonces, nos situamos ante el hecho de esta obra en cuanto monumento de escritura testimonial; es documento histórico. Lo que en ella se documente es el concepto suprapersonal de Edad: son “eras” (mundos de la vida), en realidad, y no edades personales lo que involucra el régimen de la misma, que en este último sentido se presenta como un discurso que sabe coagular los momentos de un imaginario colectivo sometido a cambios y a transformaciones que han resultado ser asombrosas e, incluso, desmedidas.
   El poema pudiera ser así el único y acaso último testimonio viviente de los cambios y metamorfosis de lo político y lo social, algo por lo demás que quedó radicalmente transformado y finalmente olvidado en esta fase “líquida” (Baumann:2002) y “efímera” (Buci-Glucksman:2007) de la modernidad. El poema se convierte en el mejor dominio donde reconstruir una identidad cultural legítima y no pervertida en el que se deposita la más depurada memoria histórica. A través de esta operación, Antonio Gamoneda ha podido inaugurar una relación hasta cierto punto entre nosotros inédita con la historia, según la cual la obra no se presenta como correlato artístico de la vida política de una comunidad –que es, propiamente, la figura que construyó el romanticismo literario–, sino que, en realidad, lo que aquí instrumenta el poema gamonediano es, ciertamente, la emergencia de un desconocido, de una innominada figuración espectral de lo histórico. Una figura anamórfica de la memoria se dibuja; memoria monstruosa y exacerbada en lo espiritual y en lo anímico, que acaba por destronar el correlato objetivo, las narrativas normativizadoras que se habían posado sobre el turbulento pasado, que aquí vuelve con sus poderes disruptivos y desestabilizantes para recibir lo que es históricamente su última formulación en la forma de lo que será la imagen postrera y consumada de aquel tiempo.
   Habitada de síntomas-tiempo, está obra de A.G. –sin mayor precisión en cuanto a libros, épocas o poemas– aparece dotada de los suficientes marcadores temporales que secuenciadamente y en pluralidad de perspectivas y motivos producen las recaídas del discurso en cronotopos específicos, sobre los cuales ya no circula prácticamente información social relevante en lo simbólico, pues, como ha escrito, pongo por caso –pero es un caso cargado de significación–, del 23 f Leopoldo María Panero, de aquello que en su día fuera vértice epocal e instante crítico y “peligroso” (en el sentido jüngeriano) : “Quedó sólo hoy, de aquel 23 f/ la espuma de la boca y de la noche”.  
   Consciente acaso de estas pérdidas, de estos olvidos estructurales al sistema del hoy, aquí el poeta, en cuanto historiador, lo que hace es literalmente “pasar” por su cuerpo lo sido hacia lo que será, logrando entonces crear esa zona de coalescencia de lo intemporal con el tiempo, que Elliot definía como el espacio propio donde opera la poesía. De este modo y en cierto modo, A.G. ha logrado construir una suerte de conciencia del territorio inquietante donde actúa la lógica de la discontinuidad y de la disrupción violenta de los planos históricos, que se presentan ante sí mismos como irreconciliables.
   Esta convocación no es con todo tan abstracta como en sí misma parece, pues ocurre que el texto gamonediano cuaja en una serie de figuras o figuraciones, de las que mantendremos que en sí mismas soportan y conducen el conflicto, funcionando al modo de emblemas epocales. Antes que una sintagmática puesta en funcionamiento para producir cláusulas, el nivel más primitivo que se puede excavar en las tiradas líricas de A.G. saca a la luz una serie de imágenes (imagos) dotadas de una fuerza atávica que responde a una suerte de estatigrafía de los tiempos. Podemos suponer con certeza que en ellas se expresa el acoso de un pasado no resuelto, que clama por su representación.
   Figuras, imágenes, llamémoslas también “fórmulas patéticas” (pathosformel) (Didi-Huberman:2002, 191-203), configuraciones del pathos social, que actúan entonces como verdaderos jeroglíficos temporalizados, cápsulas impresivas que contienen un saber acumulado por el cuerpo social, y que ese mismo cuerpo social puede ahora reconocer en el texto, pasadas o trasplantadas en la palabra poética.
   Figuraciones estas, por otro lado, que los “discursos del cambio” y los ejercicios de desmemoria colectiva en que vino a incurrir la Transición habrían relegado a un completo olvido. Su retorno intempestivo busca el “shock”, la imagen viva del peligro, o, más bien, la imagen peligrosa misma, en la definición que de este tipo de imágenes ha hecho Franco Rella:
La imagen que relampaguea en el momento de peligro, el trauma de la memoria involuntaria, que da al historiador [aquí deberíamos decir: al poeta]  la mirada aguda de la crisis (Rella, 1992: 158)

El poeta alegórico
Nos movemos aquí en el territorio de la alegorización de la historia. En esta breve incursión por los terrenos de la conjunción entre historia y discurso poético (y también crítico) de A.G., desplegaremos la evidencia mayúscula de una escritura enteramente autoconsciente de los momentos epocales en que se construye su tapiz, asentándose así la idea de un juego dialéctico entre el interior hermético de estos versos y la realidad exterior, que cobra un rostro evanescente y espectral. Una facies, acaso “cadavérica”, cuando es invocada por el texto.
   No existe, pensamos, una utópica emancipación del tiempo en aras de una interioridad tan fuertemente poderosa como para prescindir de sus anclajes. En todo caso, no se trata de reflejar lo histórico, antes bien la operación que involucra el lenguaje se apropia de lo histórico, lo funda en un sí mismo y lo constituye, dándolo a leer y abriéndolo a la inspección, situando en el mundo, como objeto coagulado de conocimiento y de un sentir acerca de él, aquello que estaba en trance severo de pérdida.
   Eso por lo que se refiere a los propios espacios de composición de la obra, entenderemos aquí, por lo que pueda valer, y, también, por la otra parte que afecta a su trato con la historicidad, que A.G. es un poeta extremadamente consciente de sus tiempos de recepción, de los momentos en que su voz puede alcanzar a ser oída, y que para nada cumple esa figura que ha podido ser dibujada sobre él en alguna ocasión, según la cual el poeta está instalado de continuo en una discronía, en un tiempo propio, que en poco coincide con los tiempos de efectuación y climas sucesivos que se han ido instalando en el imaginario e inconsciente de nuestra sociedad española y, algo más allá de ella misma, hispánica. En este sentido, su proverbial retraimiento o retracción si bien nos asegura una desconexión con la marcha social, y una más que ambigua relación con las instituciones legitimadoras de la discursividad poética española, en cambio sí posibilita una más inteligente, profunda observación de la misma, y, sobre todo, asegura en el futuro una inscripción más firme. Pues escribir lo histórico no es más que escribir con relieve, con incisión: de nuevo: Lápidas. Siendo estas “lápidas”, sin duda, aquellas en las que el “Otrora encuentra el Ahora”, como escribiera Benjamin.
   Mantendremos, para Gamoneda, una sutil precisión sobre la historicidad de su escritura. Toda obra, todo texto contiene un indicativo histórico que no señala solamente su pertenencia a una determinada época, sino que dice también que llega a su legibilidad en un determinado momento histórico. Esa hora de su legibilidad parece haber llegado, ciertamente (A. Gamoneda; F. R. de la Flor, 2006).
   Según la perspectiva que ahora deseamos adoptar, en realidad pasa con esta escritura todo lo contrario a un desasimiento y una lejanía respecto al tono epocal. Una prueba de esta superior “sintonía histórica” la ofrece el propio devenir de la recepción conquistada en los últimos tiempos. Como la verdad en el relato mitológico, esa obra comparece en cuanto “hija del tiempo”; se revela en el tiempo, o, mejor, en los tiempos: tiempo de efectuación, tiempo de recepción; se abre en la historia, encarna procesos, no sólo evenenciales, como así puede resultar el de la propia Guerra Civil (de la que se alza como peculiar último testigo), sino sobre momentos del imaginario social vinculados a situaciones políticas, de cuya concreción y presencia en el poema daremos alguna prueba en lo que sigue. Si es que no aporta suficiente prueba de todo ello una final, aunque ciertamente muy demorada, colusión entre esta obra poderosa y enigmática y las instancias de legitimación y validación del campo, por un lado, y el mundo de los lectores a que aspira la poesía, de otro. Ahora sucede que, a la altura de 2007, la obra se ajusta a aquellos a los que le estaba destinada y constituían su horizonte de recepción en silenciosos decenios anteriores.
   El poeta es un poeta “situado”, aunque eventualmente esa situación suya no coincida (he ahí su valor último) con el relieve del campo literario, sino con un zeitgeist o espíritu y movimiento profundo de aquellos mismos tiempos, cuya presencia en el poema es siempre sintomática, espectral, disimulada, encubierta. Fiel en lo sustantivo al tiempo y a los tiempos que le ha tocado vivir en su más que plural variabilidad, el poeta podría, en efecto, haberse desmarcado de algo, pero sólo de lo episódico y de lo superficial: llamemos entonces aquí episódico y bastante superficial, en efecto, al relieve y la muy deficiente cartografía de las representaciones al uso del campo literario español, en las que, en efecto, ahí sí, A.G. ha sido durante años la prueba viviente de que, por decirlo en evocación borgiana, el mapa no recubría la totalidad de lo que era el verdadero territorio. Construyendo una posición fuera de campo, revelaba lo que es la deficiente conceptualización a que ha sido tradicionalmente sometido ese campo, y, en realidad, simulacro mismo o maqueta de una situación general del arte verbal que no podía ser controlada por aquellos mismo que pretendían hacerlo.
   Aquella historización y tenor profundo de la voz de Gamoneda que postulamos, juega en realidad sobre un friso de situaciones y un cambio de paradigmas a los que el poeta ha sabido ser especialmente sensible, mientras otros cruzaban umbrales y atravesaban stargates sin percibirlo apenas, y sin alcanzar a forjar de ello representación de autoridad alguna. O, peor que ello, consiguiendo tan vez tan sólo el recaer en una “apelación a la historia que se convierte en un ejercicio retórico, en intertextualidad delirante” (Castro Flórez, 2007:17).
El discurso de la huella
El poeta ha asociado su destino al de antiguos y propios climas. Podríamos decir: ha habitado aquellas atmósferas (letales) y auténticos invernaderos políticos, construyéndose a sí mismo en referencia a su mundo, del que deja testimonio y del que ofrece la masa desordenada de un saber muerto que se presenta en cifras alegóricas. Pues  puede suceder que, como ha escrito Sloterdijk:
Los hombres en términos simbólicos, siguen estando condenados a habitar en edificios antiguos; más aún, siguen viviendo en castillos con espectros, aunque creen residir en los edificios neutros de nuestra época (Sloterdijk, 2005, 86)
 
   El poeta ha marcado miliarmente los giros profundos del imaginario a que ha asistido como un observador en lo que son sus cambios y transformaciones, viviendo intensamente lo que significa estar en la historia, adquiriendo una conciencia orgánica de la misma: lo que equivale a decir forjándose un cuerpo biopolítico desde el cual su voz profunda y gravemente habla, y dice lo social en una de sus modulaciones más graves, simbólicas, enigmáticas.
   Hay una estrategia puesta en marcha por este hombre que vive en el Oeste peninsular: la empresa es la de la producción de su presencia, escandida a lo largo de largos años en los que podemos entender que su deber ha sido salvar el elan vital de los distintos pasados transcurridos, y conducirlos y llevarlos ante las nuevas situaciones por doquier generadas. En último extremo, podemos pensar que se ha tratado de construir y asegurar un lugar de escucha y audición para una voz, ella misma situada históricamente.
   El trabajo o “arte de la memoria” (a ello se refiere A.G. explícitamente) aquí cumplido, no involucra un escenario atemporal e ahistórico donde un yo despliega sus efectos de pura presencia y de inmanente presente del que quiere dejar testimonio, sino que es un “arte político” en cuyo desarrollo el imaginario del pasado todo se ve confrontado a su presente y a su porvenir. De ese choque dialéctico de temporalidades diversas, lo que sobresale es el carácter fatal de lo histórico, ello aliado con una visión cíclica, retentiva que sustrae valores y niega aire y espacio a la illusio de progreso. Si fuera verdad que el poeta ha hecho suyo aquel lema místico, según el cual omnia mea cum me porto, entonces el poema también diría la verdad de una constitución fabulosa de los tiempos, según la cual, y en el sentido agustiniano (recogido luego por Elliot: “In my beginning es my end”), en el presente están los pasados y en el pasado está inscrito el porvenir.
   La historia íntima de la poesía de A.G., para lo que de ella puede resultar al cabo singular y valioso en el espacio público,  pone a andar su reloj en el año 1975. Es en ese espacio decisivo, en ese momento hiperpolítico, cuando el poeta instrumenta un cambio de doble dirección que, si por un lado le aleja y le distingue del resto de trayectorias que por aquel entonces también eclosionan, por otra le hace extremadamente sensible al cambio acontecido, decidiendo que aquella parte del mundo que desaparece debe ser el objeto permanente ya de su canto y de su luto.
   Es obvio, el poeta trabaja con un a priori: el del dolor. La historia se resume en tal palabra. En ella también se encuentra, por cierto, sustantivada la historia misma de la representación occidental, que queda por completo bajo la cubierta de un modelo cristiano de entender el mundo, y que engendra un resentimiento que paraliza, una incapacidad para abrirse al total de lo sensible (donde se hallan enteramente perdidas las huellas del placer y de la felicidad transitoria), y, finalmente, deviene en hábitos melancólicos. La pesadez del mundo y el hecho mismo de su drama gana definitivamente la partida a lo grácil y a lo aéreo que signa la ultramodernidad (Sloterdijk, 2005).
   Renuente al mandato de olvido, como lenitivo y droga terapéutica que tal circunstancia histórica forzó en quienes acompañaban entonces con alegría inconsciente el cambio de edad, el poeta imprime con un punzón firme la inscripción lapidaria de unos tiempos que ya no se volverán a repetir, sino en las representaciones que de ellos mismos se hagan. Los tiempos fuertes del exceso histórico no merecen ser olvidados: los custodia, entre otros pocos y fundamentales ejemplos, el lenguaje forjado como un arma por este caballero de las inactualidades que es A.G.
   Desobediente al eslogan que dictamina que el presente es la referencia esencial de los individuos democráticos, A.G. rehúsa centrarse en esta temporalidad fuerte y modula su despliegue verbal atendiendo más a las llamadas del pasado, mientras en la última fase de su obra, establece una escritura del plazo futuro que se relaciona con el fin y con la emergencia de la muerte, ejecutando así una suerte de bucle que, desde luego, tiene como pulsión vertebradora la acedía, la melancolía.
    La contradanza que todos estos inteligentes movimientos ejecutan se deja leer como eco de una actitud intempestiva, agudamente vitalista. Desencuadrado o desenfocado del campo de maniobras literarias, hasta el punto de haber podido sortear su estabulación en el marco rígido de las generaciones o tendencias, la preocupación y el empleo máximo de este poeta parece ser la vida misma, de la que ha bebido a grandes tragos. Frente a los críticos que lo señalan como un hombre hecho, sobre todo, de palabras y embebido y enfermo de literatura y precedentes más o menos ocultos, hay que decir que su historicidad empieza  a funcionar en cuanto su construcción más poderosa y secreta reposa en un muy propio y singular mundo de la vida y se escande en los modos muy sofisticados de una “producción de la presencia” que le han podido llevar, sin alterar un ápice el programa de su conducta y de su “estar”, desde la opacidad y la desatención que cayeron sobre él en el pasado,  hasta la celebridad misma y la visibilidad absoluta que hoy alcanza.
   Respecto a esto cabe advertir que, aun cuando la hermenéutica de la obra gamonediana tiente sobremanera y en general desafíe a la crítica –especialmente a la generacionista y agrupada que domina en el país–, acaso sea pertinente trazar  algún día lo que ha sido la recepción del poeta en su espacio propio de escucha, considerándolo como lo que en realidad es: un tejido en sí mismo, vale decir, un texto. Leyendo ese texto, que es la historia misma de la recepción de los textos de A.G, se habría dado un paso determinante para la construcción de un saber del campo literario español, de su avatares y de la interacción compleja que domina en él y que se desarrolla en el eje mismo de la historia.     
   Precisamente en ello se inscribe todo lo que es relativo a un modo peculiar del poeta de gestión temporal. Sin precipitarse en una vivencia aguda de la aceleración posmoderna (Kosselleck, 2003), que configura una marca de resistencia de primer orden en nuestro tiempo, de algún modo sometido al principio de no “dar el tiempo” (Derrida), Gamoneda retuvo del principio del transcurrir lo que al cabo mucho importaba de él: su paso, su rarificación, su lentitud, dependiente en todo de los dos espacios que el poeta ha querido conocer y dominar en su fisicidad concreta: el viejo espacio del campo y de la ruralidad, de la que es especialista máximo por cuanto se nos aparece e incluso se nos vela como el más sutil y críptico de sus conocedores, y el de la vida de provincias, sedente y concentrada, a la que propiamente podemos denominar “vida espiritual”, está última abonada por una virtualidad que precisó en lejano día un Azorín, cuando declaraba que en la vida de estas pequeñas ciudades provincianas era el único lugar donde verdaderamente se sentía “vivir la vida”. Haciendo entonces de los escasos habitantes de estas ciudades, que estuvieron en profunda hibernación durante cuarenta años, unos soberanos maestros de vida.
He aquí el significado del rescate histórico de un tiempo depravado y hundido, del que el poeta extrae un concepto a su vez decaído también, el cual opone decididamente a los fulgores y axiologías prácticas de la posmodernidad. Entonces, verdaderamente, la “modernidad velociferina” es acosada por las sombras del tiempo del subdesarrollo.
    De ambas matrices vitales se ha apoderado y hecho suyo en exclusiva el discurso gamonediano, de manera tal que en la época de las megalópolis y de las conurbaciones; en el momento en que se vive en la superficie y piel misma de los acontecimientos, el poeta se alza como testigo único autorizado que habla de lo que subsiste a la experiencia posmoderna, pero que no conforma zona ya alguna de esa experiencia. Postularemos que es el subdesarrollo (Navarro, 2006), su imaginario al completo lo que en ello queda comprometido a encontrar su representación, su figura.
   Allí emerge el “animal”, una figuración de la memoria; el animal como presencia obsesiva e interrogadora que todavía no se retira a sus espacios de cosificación; allí también comparecen el sentimiento de la madre, el del cuerpo encofrado y, dicho en términos unamunianos, del “cuerpo de piedra”, constreñido en sus libidos fundantes, junto a figuras de un arcaísmo cuya mera convocación en nuestros días constituye por sí misma el modo activo de hacer presente la historia, precipitándola a explotar en el seno de una confrontación dialéctica con aquello que ha venido a suplantarla. Vale decir aquí, sólo como elección al acaso, que la figura por Gamoneda convocada de la pobreza (a la que ha dedicado su más importante intervención pública con la concesión del Premio Cervantes), contrasta escandalosamente y disiente con la fertilidad y la plusvalía en el medio de la cual se sitúa hoy una sociedad regida por el bienestar. Entonces, la mera convocación de la escasez y la carencia constitutiva como elemento configurador de la historia española inmediata, y como presencia que ya no se quiere abandonar nunca, cuando se ha disfrutado de la paradójica riqueza que su posesión trae al espíritu conturbado del hombre, resulta ser el mensaje mismo de la obra, la cual juega demiúrgicamente así a contrastar mundos de la vida y hacerlos enfrentarse, preguntándose por su constitución propia y por la gravedad específica que cada uno de ellos representa frente al otro.
Teatro de los tiempos
Teatro de los tiempos…, justamente, en el que las grandes figuras del espíritu ejecutan su danza dialéctica, y en ellas lo que se representa y toma forma en el texto de Gamoneda es el gran enfrentamiento entre dos momentos mayores de la historia, los dos atravesados por el poeta: el subdesarrollo en que se hunde la memoria del pasado, y el pleno desarrollo, la sociedad del bienestar, hacia el que se avanza en el porvenir. Ello marca dos vivencias del tiempo que se situarán en confrontación mutua como fondo del texto: la experiencia de la detención y el estancamiento temporal que el franquismo impuso a las vidas bajo su régimen singular, y, por otro lado, la precipitación y aceleración de nuestro mismo tiempo de ahora, en el seno del cual el poeta actúa como uno de sus agentes más vivaces y comprometidos con su hora de ahora. Antonio Gamoneda introduce estrategias locales y retentivas en el seno de una situación desbordada, en una “modernidad desbordada” (Appadurai, 2001).
   Las dos vivencias condicionan fuertemente el imaginario de la recuperación, generando en A.G. el presentimiento de un desenlace y fin de una trayectoria que asume en cada momento sus tiempos vividos. El esfuerzo y la tensión, si se mide en toda la profundidad histórica de lo atravesado, ha sido mayúscula para llegar al fin donde se ha llegado (aun cuando no estuviera previsto desde luego ese itinerario: “este no es mi lugar, pero he llegado”).  
   La virtualidad de las tiradas líricas del poeta Antonio Gamoneda está enteramente confiada a esa capacidad de que la profundidad de lo convocado se abra paso hasta un presente, donde ni está inscrito y ni siquiera se esperaba tamaña desmesura en la emergencia de un estrato tan hondo. En el mundo de las cosas de las que se ha retirado el calor (Benjamín dixit), he aquí que el poema recarga de electricidad y poder sus figuras centelleantes y lumínicas. Así resulta con la insistencia en una espectografía del dolor, de cuya intensidad acaso desde Leon Bloy no teníamos noticia discursiva, y, en cualquier caso, de la que desde los tiempos de la ascética no habíamos vuelto a tener en esta lengua mayor procesamiento discursivo. Ya se ha insistido críticamente en la aportación que A.G. hace a este campo cuyo retroceso en el imaginario actual es, quizá, el acontecimiento mayor en una cultura ya definitivamente orientada hacia el placer, el hedonismo y el espectáculo. Asociado al dolor, nos interesa más, por inquietante, lo que podríamos definir como los “paisajes de la culpa”, estos son consustancialmente históricos, están vinculados a vivencias existenciales, y se extienden por todo un registro de representaciones generacionales traumatizadas por la cultura del subdesarrollo y de la guerra. Más en concreto, el asunto afecta a la vida moral e intelectual bajo el totalitarismo (y valga en este caso la apostilla de totalitarismo “franquista”), y puede traducirse, como hizo Jaspers cuando abordó el tema, como “responsabilidad”. Al hacer presente todo eso, el propio texto se convierte en una llamada comprometida, en  un peligro –que muchos sortearon– , acaso también en un veneno, materializando expresivamente el dictum de Cioran: “Por encima de todo, un libro debe constituir un peligro”. La incomplacencia con el “yo” poético. Su, llamémosle, “cuestionamiento” es una peculiaridad absoluta del discurso gamonediano, que autoinflexiona sobre sí con el objeto de juzgarse en cuanto construido por el propio mundo de referencia.
   Es, entonces, esta perspectiva de profunda dialéctica temporal, la que nos parecen ser el secreto todo del efecto de sorpresa y novedad que la textura gamonediana nos ofrece en esta hora abastecida enteramente de otras figuraciones y de un bien poblado inconsciente social, donde reina ahora el hedonismo y la distracción generalizada, y donde un paso más allá de ello los sujetos se des-responsabilizan (a menudo por la vía rápida de una fácil condena generalista) de los valores que rigen y determinan la situación de mundo en cuyo centro anidan. Así, frente a la proliferación de voces autoritarias que parecen conocer el mundo, y que sobre él proyectan su propia potencia de definición y de captura y presa autosatisfecha, haciendo exhibición de su “experiencia” (de mundo); frente a las operaciones del conocimiento que revela lo presente y presta certezas de futuro, el poeta en León utiliza una suerte de impotencial, que no teniendo expresión propia en las lenguas europeas llena sin embargo sus desarrollos verbales de la precisa connotación de que algo en efecto se está realizando, pero que su realización conduce –y en ello está inscrito– su propio fracaso y empresa de deshacimiento. La experiencia de la radical pobreza y del hombre mismo como ser-de–carencia inscribe esta textualidad en un ciclo mayor de la historia nacional, aquel sumido en unas condiciones de subdesarrollo que determinan y condicionan el imaginario del poeta Antonio Gamoneda.
Verdaderamente: Intra historia  –podríamos versionar– nulla salutem.

Bibliografía
Arjon APPADURAI, La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización. Buenos Aires, Acis, 2001.
Zygmunt BAUMAN, La modernidad líquida. Buenos Aires, FCE, 2002.
Christinne BUCI-GLUCKSMAN, Estética de lo efímero. Madrid, Arena Libros, 2007.
Fernando CASTRO FLÓREZ, Sainetes. Y otros desafueros del arte contemporáneo. Madrid, Cendeac, 2007.
Jacques DERRIDA, Dar (el) tiempo. Barcelona, Paidós, 1995.
George DIDI-HUBERMAN, L´Image survivante. Histoire de l´art et temps des fantômes selon Aby Warburg. París, Minuit, 2002.
Amelia GAMONEDA; Fernando R. DE LA FLOR (eds.), Antonio Gamoneda, Sílabas negras. Salamanca, Universidad, 2006.
René KOSELLECK, Aceleración, prognosis y secularización. Valencia, Pretextos, 2003.
Vincenç NAVARRO, El subdesarrollo social de España. Causas y consecuencias. Barcelona, Anagrama, 2006.
Peter SLOTERDIJK, Derrida, un egipcio. Buenos Aires, Amorrortu, 2006.
Peter SLOTERDIJK, Esferas. III. Madrid, Siruela, 2005.
Franco RELLA, El silencio y las palabras: el pensamiento en tiempo de crisis. Barcelona, Paidós, 1992.

 
 Artículo publicado en la revista Ínsula, 736 (2008), 8-10.

‘Clío le inspira’, un artículo de FERNANDO R. DE LA FLOR

 

CLÍO LE INSPIRA
Por FERNANDO R. DE LA FLOR

Mundos de la vida
Reivindicaremos en lo que sigue aquello que habitualmente permanece consignado como un “afuera” del texto, y que se considera sin trascendencia excesiva para él. El “giro contextual” (1) nos advierte de la necesidad de reconstruir los contextos y mundos de vida que condicionaron decisivamente la producción de la acción  comunicativa, eventualmente, incluso, cuando se trata de ese acto de habla gratuito y fuera (aparentemente) de situación determinada que pasa por ser la poesía.
    En efecto,  historia y poesía no parece que hayan caminado de la mano, y sin embargo, a los efectos de la consideración de la potente obra de Antonio Gamoneda, aventuraremos la hipótesis de que la fuerza toda, la que podemos llamar elocutiva y la perlocutiva; la que determina al propio poeta a escribir y la que él mismo logra desencadenar con sus palabras en el espacio psicoactivo propio de su recepción, se encuentran inspiradas, en este caso sui generis, por Clío, y reciben de esta musa de la historia, que teje los relatos de las comunidades humanas en su devenir por el tiempo, toda su energeia.   
    El peso propio de lo que es histórico que abre en Gamoneda las vías de la escritura, procede y mana de unos tiempos que sin exageración alguna podemos conceptualizar como dotados de una hondura propiamente trágica. “Tiempos de España” cuya convocación espectralizada aproxima su presencia a la de ese emblema dinámico del ángel de las postrimerías, presa de un doble movimiento contradictorio, según el cual se ingresa en el futuro con la vista puesta en un pretérito difícilmente redimible. Vencido a consecuencia del peso del pasado y del estigma histórico que signa la catástrofe ya ocurrida, es así como el poema se abre paso ciegamente hacia el porvenir que lo absorbe, espantado por la enormidad en que se sustantiva la vivencia de todo lo acaecido.   
    En este que es el caso que querría traer a consideración, como en tantas otras cosas, el poeta que nos ocupa parece haber viajado a redropelo de su tiempo, ejecutando el programa de un proceso que parece haber sido inspirado en el héroe trágico Odiseo, pues que ha debido ser gobernado por los principios de la prudencia, el silencio y  un cierto exilio de cada una de sus condiciones epocales. Esto produce el primer cuadro general de una diferencia siempre orgullosamente mantenida: en medio de la algarabía post-democrática, Antonio Gamoneda permaneció callado y sumido en sus trabajos de alquimia y tiempo; cuando las voces se han ido poco a poco conmutando, y hasta se diría que apagándose, confundidas y enfrentadas, ese es el momento gamonediano por excelencia en la que puede advertirse que el tenor profundo de su voz estuvo siempre allí, circulando subterráneamente y alimentando el discurso del castellano; presentándose así Antonio Gamoneda como uno de esos maestros en la retención temporal –“animal de memoria”–, y en uno de los responsables en haber evitado entonces que todo cayera en la banalidad y en la proliferación exclusiva de un gay trinar, que celebrando el futuro por llegar hubiera de verdad acabado con toda la estructura del recuerdo.
  En el momento en que se diría que todo lo profundo había quedado proscrito, y que el pensamiento trágico ya no es de manera ninguna el modo en que se apresa la imagen de una actualidad fugaz y desdramatizada, la certeza de lo contrario se instala en las tiradas líricas  del Libro del frío (2), e iluminará, sin duda también, los espacios circunscritos por un “armario lleno de sombra”, en el momento preciso en que éste texto tan rigurosamente comprometido con lo pasado aparezca. Y observemos si se quiere, pero ello ya en un nivel de puro contraste de los significantes, que es, precisamente, en el caso del primero de los libros evocados,  cuando el “frío” (la metáfora ideal para el estado de carencia y necesidad humana) ya nos abandona y la sociedad “caliente” del mimo y de las esferas protectoras (3) nos encapsula y defiende, creándonos un clima artificial sin extremosidades donde desarrollar nuestra vida en el “invernadero” en que se ha convertido este “primer mundo” occidental; es entonces cuando Gamoneda se alza precisamente con una “memoria del frío” que, en efecto, viene directamente del pasado, como un soplo que congela los sueños felices mantenidos bajo constelaciones amables y de claro matiz hedonista y alienado (4), advirtiendo acaso sobre el sentido final de una historia que, en buena medida, como querían los barrocos, es la historia del padecimiento humano.
    Sólo como un conocedor obsesivo y minucioso de los paradigmas que rigen hoy el imaginario actual y determinan la vida toda del presente –cosa que el poeta por otra parte niega serlo–,  es posible que se haya podido construir esta poderosa escritura como un bastión resistente de la profundidad de la lengua y de los alcances y territorios que se pueden cubrir (todavía) con ella, tanto en la operación que rescata la vivencia pasadista en el fulgor de un “ahora”, como en la propensión a inscribir una suerte de “historia del futuro” (5), del que por otra parte ya nadie más tampoco se ocupa, en la medida misma en que el presente se ha hecho “absoluto”.
    El retraimiento y la retracción de tal obra y la remisión que en ella misma se efectúa este movimiento a contrario, imponiéndose como una necesidad a partir del 75, es un ejemplo de lo que significa medir en profundidad ese mismo momento histórico, y evidencia como sin esa capacidad lectora –y casi se diría que contemplativa– del momento general que se vive no se puede aspirar a dirigirse a comunidad alguna. En el tiempo de las emergencias y de la diafanías; en el tiempo abierto por fin de la era post-franquista, cuando todo fueron desopilaciones, el poeta calla, se enroca, cifra su texto, resistiéndose al mandato generalizado de extraversión y de olvido, momento por aquel entonces en el que las personalidades de los sobrevivientes se obligaron a reconstruirse en términos de tabula rasa.
La escritura del trauma
Veamos más de cerca todo ello, y comencemos a hacer cobrar relevancia a las fechas que, me parece, no son en modo alguno despreciables, pues en torno a ellas se organizan cambios de climas, modificaciones de paradigmas cognitivos, metamorfosis sensacionales en los mundos de vida,
    Atado a un concepto profundo de cambio histórico en el seno del maëlstrom transicional, parece bastante evidente que sólo fue Gamoneda –acompañado en esto de no más, en cualquier caso,  de una decena de productores simbólicos en los diversos espacios de representación– quien   se preocupó de un asunto grave y esencial por aquel ya lejano año de 1975, aquél que habrá de bascular ya para siempre sobre el imaginario nacional, y que es un elemento simbólico que ha devenido clave en el desarrollarse de una propia historia española.
    Acudiendo a una metáfora que debe tener implicaciones evidentes con nuestro presente, los años de la Transición se cubrieron olvidando las fosas abiertas y las trincheras todavía no cerradas por la maleza (6). Nadie se preguntaba entonces por el destino inconcluso de todo ello, salvo, de nuevo aquí el poeta obstinado que apareció entonces guiado por la estrella de la redención (7). Se trata de un impulso profundamente turbulento, según el cual se busca la redención del pasado en el presente, y para lo que el mecanismo alegórico rehabilitado en la modernidad crítica ofrecía sus figuras historiales (8), pues, en efecto, la alegoría es tiempo sometido a un proceso de extraordinaria condensación y desplazamiento, y en aquella, como advirtiera Paul de Man, “el tiempo es la categoría originaria constitutiva”.
    Siempre dentro, pensamos, de una órbita cristiana, en aquellos primeros años profundamente desconcertantes, Antonio Gamoneda se ató a su tarea retentiva; aplicándose piadosamente a visitar las tumbas de lo que había sido y había tenido su destino trágico en la historia. Tumbas, es preciso el decirlo, que aparecían como inscritas en su corazón, que se había guardado durante todo ese tiempo en posición de duelo (9). El gran historiador francés, Michelet, decía que “cada época sueña la futura”. Para el caso de Antonio Gamoneda valdría decir que se instala en cada nueva época con tal deje de extrañeza que la conduce inevitablemente “a soñar la anterior”. La vivencia del tiempo gamonediano se deja circunscribir por el concepto elaborado por Henri Bergson de “duración”, pues, en efecto, desde el punto de vista de esta duración, el pasado no es, nunca, lo abandonado y perdido, sino lo que en todo caso coexiste con el presente y conforma finalmente aquello mismo a lo que el presente da cauce y expresión (10). En definitiva, el presente no es más que el lugar de emergencia de las fuerzas disruptivas y desintegradotas del pasado que vienen a desequilibrarlo, y, en cierto modo, también a arrastrarlo hacia su evidencia.
    Desatendido de las alegrías un poco superficiales que traían los nuevos vientos, en días decisivos de cambios de paradigmas y constelaciones, el poeta no quiso ponerse de cara al sol para saludar los nuevos días, sino que se hizo la pregunta benjaminiana por el destino que había recibido el dolor, sintiendo la huella de todo lo desaparecido y levantando su lápida consolativa en la mejor tradición elegíaca hispana. Dentro de ella, la entonación religiosa que le sería propia parece reconstruida por lo que dice respecto a ninguna esperanza y a ninguna salvación retentiva. Como escribe un poeta de otra generación, por el que A.G. siempre sintió afecto, Aníbal Núñez. En efecto:

No haya Edén (11).
    El horizonte utópico de la Modernidad, que antes había sido mesiánico, en la era de la metafísica, se revela en cuanto característicamente hundido ya en la nueva posición de vida a la que llamamos posmodernidad (12). Se hace cierto un aserto de Michel Certau, el pensador cristiano para el que, a la zaga en esto del otro gran teórico del dolor, Leon Bloy (13), el auténtico desciframiento de la historia sólo le está reservado a unos pocos “seres de dolor” (14).
    Gamoneda construye la historia desde ese mismo punto articulatorio y verdadero a priori de la experiencia humana que fue el dolor. Hay en ello un gesto de sometimiento a una tradición occidental bien fundamentada. Esta es la tradición que ha revalorizado un efímero melancólico que puede ser leído como spleen, desasosiego, fastidio universal, melancolía, acedía… (15). Este situarse abiertamente  en el lado del deshacimiento, constituye un grave inconveniente, que no conviene minusvalorar, como señalamos en su día (16), y ello para la presente y futura instalación y escucha de Antonio Gamoneda. Frente a ese dolor, que es instrumento de conocimiento preferido por el autor, se alza, por lo menos desde los tiempos de Nietzsche, un amor y fascinación hacia lo mismo efímero; un culto y celebración de la impermanencia que resulta aceptada, y cuya estética (que deviene “estética de lo efímero” (17)) se impone como última elaboración del espíritu humano, orientado hacia su ingravidez, y su despegue de todo lo oscuro, pesado y trascendente (18). Es este el terreno dialéctico verdadero donde pensamos hay que situar la obra del poeta en confrontación con los discursos fuertes de este su tiempo y el nuestro. Pues no todo, ciertamente en un poeta, es pensamiento que puede tener un desarrollo triunfal y que pueda valer para la comunidad en escucha. Por el contrario la obra, en ocasiones quizá como esta, se hace cauce de un pensamiento de la inviabilidad y se obstina por consiguiente en enfrentarse al régimen de lectura de mundo de cualquier futuro previsible.
    En todo caso, la deploración de Gamoneda, en el momento en que se alzó con fuerza en el contexto del año 1975, llegaba, una vez más, justo a tiempo con su cita con la historia. Con ese gesto, que por momentos de aquellos años pudo ser entendido y visto como único y singular y propio de él, entró ya en la historia de las representaciones de la historia. Sin su testimonio, todo se habría perdido un poco más. Superando la Guerra Civil, pasando por encima de los años del Franquismo, Antonio Gamoneda, podemos decirlo hoy, pareció comprender en lo profundo el giro epocal que su mundo y el mundo en general daba, concibiendo su misión entonces de un modo inusual como profética e histórica. Para él, articular históricamente el pasado y sus pasados no significaba, como significa para el historiador plano, el tratar de conocerlo como verdaderamente ha sido, sino el adueñarse de su recuerdo, el hacerlo suyo en la vivencia diferida de una memoria (19). Hoy, cuando volvemos a esas fosas (y habrá que recordar aquí que las fosas son siempre todas las fosas; la legión interminable de los muertos que son siempre todos los muertos), y cuando hoy volvemos también a esos tiempos fuertes  para comprobar que en ellos  ni están cerradas ni han sido simbólicamente saldadas todas las cuentas (20), comprendemos mejor desde esa meseta o perspectiva adquirida el sentido de este canto nada enigmático tomado en la perspectiva correcta.
    Canto que nos estaba destinado en una suerte de prolepsis, o, más bien de prognosis (21), figuras de la anticipación, por un maestro en el dominio de los tiempos verbales, que no sólo conjura el pasado sino que sabe también inscribir en él los futuros en los que éste está llamado a comparecer finalmente, y donde, por cierto ha terminado por encontrarnos y nos alcanza. Un maestro, cabe decirlo como colofón final, cuyo ejercicio supone el conservar en el lenguaje y para el lenguaje las grandes modificaciones de un tiempo convulso. Es evidente. La escritura gamonediana funciona activando un vector de corrección historiográfica; de remisión a un punto ciego de la historia, podríamos decir. Se produce el apresamiento psíquico de un momento único que se condensa en la forma de una invocación que trata de abrir el secreto que guardan los tiempos, que acaso no sea otro que el de su coalescencia. Retrospección, retracción, invocación… (“mi hábito es la retracción”, escribirá el poeta), estos son los vocabularios con que opera este arqueólogo a partir del quicio epocal que se abre en el año 1975.
    Pero definamos ya por último la última de las operaciones históricas, aquella circunvolución mediante la cual empuja a la escena del presente un invitado indeseado del que hoy nadie habla. Presencia esta a la que de nuevo con su gesto, la resitúa en perspectiva histórica introduciéndola en el imaginario epocal del que podría pensarse que había sido a poco desalojada (22). Acostumbrados a sus determinaciones intempestivas que violentamente desencajan las puertas de los tiempos, cabe decir aquí también que su pregunta por la muerte resulta intempestiva, y viene a suponer, acudiendo ahora al título mismo de un libro de poemas de un amigo de Antonio Gamoneda, una suerte de “amenaza en la fiesta” (23), una grave corrección al espíritu de una época dominada por la narcosis de todo dolor (24).
    Esta figura de autoridad no parece rendirse fácilmente al mandato de los tiempos que han cursado la orden de desplazamiento y de fuera de campo de todo aquello que no es la inmanencia del puro vivir. No se resigna a colocar de nuevo un happy end también ahora sobre el sentimiento de trascendencia, y sobre todo aquello que rebasa con mucho lo mundano. Cuando existimos la muerte no existe, y cuando existe la muerte nosotros ya no estamos, se dice tranquilizadoramente. Pero la muerte es, antes que cualquier otra cosa, una figura de prolepsis, y se puede afirmar de ella que su experiencia precisamente sólo la pueden alcanzar los vivos, sólo los vivos saben de la muerte; sólo los vivos tienen la memoria de la muerte (“Me moriré en París un día de aguacero”: Vallejo). Mas ese saber es hoy un saber censurado (25) y la penetración en su esfera sólo se hace bajo presupuestos de una gran truculencia.
    En lo que son sus versos más vivos, e incluso en el climax de su apoteosis personal y en el momento mismo en que se puede afirmar que Gamoneda es dueño de todos los recursos de vida, su extremosidad le lleva a firmar los dobles caminos por los cuales la libido afirma obstinadamente la muerte en medio de la vida e, incluso, la vida se confirma a sí misma en cuanto desarrollada en los territorios próximos de la muerte. A ello da cauce su último trabajo, en donde, por decirlo así, se reconstruye un horizonte de espera del acontecimiento mayúsculo.
    Así se entona el poema verdadero de la desobediencia a la doxa de la época, y entrada en cuestión intempestiva, donde se descubre que es, precisamente, el saber de la muerte  y la penetración sin ambages en el territorio de la destrudo la que al cabo alcance las representaciones más pregnantes de la vida, y que los potenciales que tiene el hombre de fantasía y liberación se conquistan a través de ese pasaje por el saber oscuro, cuya memoria histórica cela este guardián del frío y custodio de las nieves de nuestras vidas.
    Así la herencia recibida del castellano ascético y mesetario entra en tromba en consideraciones de nuevo intempestivas, fuera de la hora, y por eso mismo abierta y explícitamente históricas. Efectivamente, la perdición final es el arco de clave de la historia, aquello que pudo convertirse en materia reflexiva central de la cultura literaria de la Edad de Oro. No es nada ajeno al tapiz de la propia lengua en que Gamoneda se escribe y se inscribe, este saber cierto del fin sin finalidad.
    Digamos algo último ante la emergencia de este espectro coagulado de la historia que penetra en la forma de esqueleto, o donde la historia misma adquiere un rostro, una facies cadavérica. Desde los pentasílabos teresianos (“Nada te espante/ nada te turbe/ todo se pasa”), la lección de muerte es lección de vida y de ubicación en el theatrum vitae. Las cosas avanzan, en efecto, hacia su perdición; evocarla, aunque pueda parecer intempestivo, no es precisamente realizar un gesto atemporal, un intento de salirse de un sí mismo o, peor, de un contexto social. Aquí, como en Gracián, ello remarca la importancia misma del recorrido, el camino cubierto hasta el lugar de ese terminus, que cobra entonces todo su relieve, toda su intensidad.
    Que ese camino se realice con plena consciencia, también con autorizada voluntad y por la propia senda autodeterminada y libre, es el horizonte que cabe. Y ese horizonte y esa misma finalidad sin finalidad es la tarea de la dimensión histórica que cree estar cumpliendo este poeta cuando entre las multitud de los que también caminan se alza para animarles, dirigiéndose a ellos con palabras fuertes y sentenciosas de cauterio (26), y acaso, también, de oscuro consuelo.
 
 Artículo publicado en la revista República de las Letras, 104 (2007), 75-81.

Notas al artículo ‘Clío le inspira’

  (1) Como modelo hermenéutico para hacer preguntas a los documentos textuales que ha puesto en circulación un Quentin Skinner, el historiador que recientemente más ha hecho hincapié en la necesidad de reconstruir los contextos en los que se producen los “actos de habla”. Véase Enrique Bocardo (ed.), El giro contextual. Cinco ensayos de Quentin Skinner y seis comentarios. Madrid, Tecnos, 2007.
  (2) Primera edición: Madrid, Siruela, 1992.
  (3) Sigo aquí las evidencias que sobre el bienestar de la actual sociedad occidental opulenta –denominada como sociedad del “mimo” y de la cobertura protectiva– ha puesto de relieve Peter Sloterdijk, sobre todo en la fase final de su retablo conceptual Esferas. III. Madrid, Siruela, 2005.
  (4) Ello tiene en estos días una corroboración que podría parecer anecdótica. Los arquitectos Emilio Muñón y Luis Mansilla, creadores del Museo de Arte Contemporáneo en León (reciente Premio Mies Van der Rohe), han podido decir de su edificio posmoderno que ha insuflado la contemporaneidad en la vieja ciudad castellana: “El MUSAC ha llevado optimismo. León es una ciudad en marcha. Allí casi ya no hace frío (El País, 27 abril 2007, 54. El subrayado es mío)
  (5) Véase el gran título que refleja esta construcción paradójica en Antonio Vieira, Historia del futuro.
  (6) Ello configura una “memoria de los olvidados”, ahora revisada por Emilio Silva et alt, La memoria de los olvidados. Un debate sobre el silencio de la represión franquista. Valladolid, Ámbito, 2003.
  (7) Sobre esta “redención” como un concepto esencial en el mapa cognitivo de una Europa que debemos colocar en la perspectiva de haber nacido a la luz después de su gran Guerra Civil (1914-1945), Franz Rosenzweig, La estrella de la redención. Salamanca, Sígueme, 1997.  
  (8) Una operación realizada singularmente por Walter Benjamín. Sobre ello, véase Juan Varo Zafra, “La rehabilitación de la alegoría: Walter Benjamín”, en Alegoría y metafísica. Granada, Universidad, 2007, 601-607.
  (9) Posición de duelo que es por su propia naturaleza una posición histórica, el realizar de un duelo por la historia transcurrida. Sobre ello puede verse el libro de Enrique Ocaña, El duelo de la historia. Valencia, Pretextos, 2000.
  (10) Véase Henri Bergson, Memoria y vida. Madrid, Alianza, 1977
  (11) En Primavera soluble. Fernando R. de la Flor (ed.). Salamanca, Diputación, 2003.
  (12) Jürgen Habermas se ha ocupado de definir esta caída de la utopía como el rasgo ultramoderno por naturaleza. Véase Textos y contextos. Barcelona, Ariel, 1996.
  (13) Véase Albert Béguin, Leon Bloy, místico del dolor. México, FCE, 2003.
  (14) Michel Certau, La fábula mística. Madrid, Siruela, 2006, 34.
  (15) Para esta tradición, véase ahora mi libro La era melancólica. Figuras del imaginario barroco. Palma de Mallorca, Juan de Olañeta, 2007.
  (16) Ello en Amelia Gamoneda y Fernando R. de la Flor (eds), Sílabas negras. Salamanca, Universidad, 2007.  
  (17) Véase Christine Buci-Gluksmann, Estética de lo efímero. Madrid, Alianza, Arena Libros, 2007.
  (18) Esta apertura es la que instrumenta una nueva filosofía, en contra del viejo pensamiento trascendente y esencialista,  y está en la actualidad representada en Peter Sloterdijk, Esferas. Madrid, Siruela, 1999–2006, y por Clement Rosset, La fuerza mayor. Notas sobre Nietzsche y Cioran. Madrid, Acuarela, 2002.  
  (19) Esta comprensión sutil de lo temporal, ha sido recientemente articulada para ciertos espacios plásticos del Antiguo Régimen por Didi Huberman, Ante el tiempo. Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2005.
  (20) Cuyo recuerdo, en todo caso, no deja de arrastrar una clara problematicidad, parcialmente ahora abordada, para el caso de los crímenes nazis, por Tzvetan Todorov, Los abusos de la memoria. Barcelona, Paidós, 2000: “Debemos permanecer alerta para que nada pueda apartarnos del presente”, ha escrito ahí el lingüista.
  (21) Para cualquier aproximación a estos conceptos, será útil ver: Reinhart Koselleck, Aceleración, prognosis y secularización. Valencia, Pre-textos, 2003.
  (22) En este último paso viene, pues, a reconciliarse lo que José Manuel Cuesta Abad (“De yerbas secretas”, Espacio/Espaço, 23-24 (2004), 88-90) ha denominado componentes “radicales” de la poesía de AG: un pasado histórico, una memoria personal y, finalmente, la experiencia de la muerte.
  (23) Me refiero al libro de Tomás Sánchez Santiago, Amenaza en la fiesta, publicada en el año 1979.
  (24) Véase el libro de Enrique Ocaña, Sobre el dolor. Valencia, Pre-Textos, 1997.
  (25) Ver de Vladimir Jankelevitch, La muerte. Valencia, Pre-Textos, 1997.
  (26) La sentenciosidad, tan emparentada con la marcha de la filosofía española clásica, ha sido puesta de relieve, para el caso Gamoneda, por Miguel Casado, “Cifras arden en los ojos: historia de una mirada”, en Un ángel más, 2 (1987), 157.

ANTONIO Gamoneda… en un lugar de La Mancha

July 13, 2008

 

Sé que el único canto,
el único digno de los cantos antiguos,
la única poesía,
es la que calla y aún ama este mundo,
esta soledad que enloquece y despoja.

Sirvan estos versos de Gamoneda como ilustración de lo que significa la poesía para uno de los escritores más hondos de la contemporaneidad. El poeta leonés, Premio Cervantes 2006, protagonizará esta semana un curso de verano de la UCLM. Se celebrará en la Casa de la Cultura de Priego (Cuenca), del 14 al 17 de julio, y estará dedicado “al análisis de la obra singular de Antonio Gamoneda en el panorama de la poesía española de postguerra”.

El programa incluye diez conferencias sobre distintos aspectos de la poesía de Gamoneda a cargo de poetas, críticos y profesores de varias universidades españolas. Entre ellos estará Miguel Casado, sin duda alguna el gran especialista en Gamoneda, un autor que, según sus palabras, “desde su condición solitaria, ha ido construyendo una de las obras más sólidas, personales y renovadoras de la poesía española del último medio siglo”.

→ Más información en http://cursosdeverano.uclm.es

:: EL PROGRAMA COMPLETO DEL CURSO 

14 DE JULIO
:: 19 h./ Conferencia Inaugural: El libro de los venenos, de Antonio Gamoneda, por Juan José Gómez Brihuega (catedrático jubilado de Latín).

15 DE JULIO

:: 9 h./ Formas de irracionalismo poético en la lírica de Antonio Gamoneda, por Jesús María Barrajón Muñoz (Universidad de Castilla-La Mancha).
:: 10,30 h./ Rimbaud-Gamoneda o la exigencia poética, por Manuela Ledesma Pedraz (Universidad de Jaén).
:: 12,30 h./ Una lectura del silencio, por Juan José Lanz Rivera (Universidad del País Vasco).
:: 18 h./ Antonio Gamoneda. Poética de la carencia y la desaceleración temporal, por Fernando Rodríguez de la Flor (Universidad de Salamanca).

16 DE JULIO

:: 9 h./ El vigilante de la nieve, por Miguel Casado (profesor de Secundaria, poeta y crítico literario).
:: 10,30 h./ Notas sobre las prácticas versales de Antonio Gamoneda, por Antonio Carvajal Milena ( poeta y profesor en la Universidad de Granada).
:: 12,30 h./ Espacio de lo increíble: palabras en torno a la poética de Antonio Gamoneda, por Antonio Méndez Rubio (poeta y profesor en la Universidad de Valencia).
:: 18 h./ Lectura poética a cargo de Antonio Gamoneda, poeta.

17 DE JULIO

:: 9 h./ La alegría de las lápidas. Algunas consideraciones sobre la poesía epigráfica de Antonio Gamoneda, por Eduardo Moga (poeta).
:: 10,30 h./ La búsqueda de la verdad y su sintaxis en la poesía de Antonio Gamoneda, por Antonio Rey Hazas (Catedrático en la Universidad Autónoma de Madrid).
:: 12,30 h./ Mesa Redonda: La influencia de Antonio Gamoneda en la poesía española a partir de los 80. Modera: Angel Luis Luján Atienda (profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha), y participan: Ricardo Virtanen (poeta y profesor de Secundaria), Olga Novo (poeta y profesora de la Universidad de Lorient, Francia) y Julio César Galán (del Centro de Investigaciones Teatrales de Extremadura).
:: 18 h./ Recital poético y clausura, con la participación de los poetas Diego Jesús Jiménez, Antonio Carvajal, Antonio Méndez Rubio, Olvido García Valdés, Miguel Casado, Pilar Blanco, Miguel Angel Curiel, Ricardo Virtanen, Olga Novo, Juan Carlos Mestre, Eduardo Moga y Julio César Galán

‘El Manifiesto ya no es razonable’, una tribuna de opinión de Antonio Gamoneda en el diario EL PAÍS

July 8, 2008

 ILUSTRACIÓN DE HERBER LONGÁS para EL PAÍS

TRIBUNA: ANTONIO GAMONEDA

 

"EL MANIFIESTO YA NO ES RAZONABLE" 

Aunque el documento por la lengua común, que reclama reformas para defender el castellano, es razonable en su literalidad, lo han averiado los ideólogos y la política enmascarada

 

 (PUBLICADO EL 30 DE JUNIO DE 2008 en EL PAÍS)

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Excepción en mis costumbres. Hoy, día canicular, quiero asomar mi opinión —y las modulaciones que puedan haberse producido en ella— al balconaje, también de la opinión, pero pública. Me gustaría que este asomo (cursiva para la polisemia) fuese breve, pero no, no voy a conseguirlo, ya que se dará acompañado de numerosos entrecomillados que llevarán en cercanía alguna admiración o extrañeza.

El Mundo, siendo el 26 de junio, dedica el 50% de su primera página al inicio de un artículo cuya negrita titular en cuerpo respetable dice: "Grandes nombres de la cultura se suman al Manifiesto (sic para la eme mayúscula) del castellano", y, encima de los titulares, va un mosaico de cabezas, cuatro con cuatro, que, visto de izquierda a derecha, otorga el primer lugar a la mía, aun siendo (y esto es referencia al texto que sigue) más "insignes" las cabezas que suceden a la que a mí me concierne. Bien puede tratarse de un sinmotivo, de un casual, pero no sé, no sé…

Comienza la letra normal citando el Manifiesto y diciendo: "A los escritores y académicos que impulsaron la iniciativa junto a Fernando Savater, se sumaron ayer insignes (cursiva mía) nombres como el del poeta Antonio Gamoneda…". Siguen otros, más claramente insignes, como digo.

Continúa el artículo en la pág. 12, que empieza así: "Asturiano de nacimiento, aunque leonés de adopción, Antonio Gamoneda ha sido reivindicado en diversas ocasiones por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, como su poeta favorito". Y añade recogiendo correctamente mis palabras: "Me resulta una iniciativa razonable (el manifiesto) siempre que haya también un respeto implícito a las lenguas cooficiales".

En esta misma pág. 12, con letra grandecita en el subtítulo y negrita en una mancheta amarilla (nadie vea en el dato cromático raras intenciones, que la mancheta es de verdad amarilla), vuelvo a aparecer (otras dos veces, ya digo) encabezando listados.

Retrocedo a la pág. 3 y veo más negrita titular, en articulillo sin firma y con aire de editorial menor. Dice el titular: "El mundo de la cultura defiende el castellano". Bajo por la columna y leo en Times normal (no estoy seguro; pudiera no ser Times ni normal): "… y escritores de la talla de Delibes, Brines, Pérez Reverte o Gamoneda —este último poeta de cabecera del presidente Zapatero— se suman…". ¡Vaya por Dios!, ahora el último. ¿A santo de qué? ¿Tendrá que ver esta "santidad" con la presidencia?

Abandono la ironía. Es cierto, yo no se lo he oído pero sí me lo han dicho, que el Sr. Rodríguez Zapatero ha hablado alguna vez de mí con elogio. Tiene mi agradecimiento por ello, pero no a causa de su condición presidencial, sino como lector que me valora.

Por la casual concordancia de los hechos, voy a dejar dicho que, en dos ocasiones (y de una de ellas es testigo el Rey de España), doña Esperanza Aguirre me ha dicho: "¿Sabes que eres el poeta preferido de Aznar?". Dado que no tengo por qué dudar de la veracidad de doña Esperanza, yo se lo agradezco al Sr. Aznar por idénticas razones que al Sr. Rodríguez Zapatero.

Y, ahora, me pregunto: El Mundo del 26, en sus págs. 1, 12 y 3, ¿estará diciendo "bajo solapa" que incluso alguien —y está claro que "alguien" soy yo— que tiene cierta deuda de gratitud con Zapatero, se ve obligado a mostrarse desafecto con la voluntad política del jefe del Ejecutivo y cabeza del PSOE? Luego, la implícita ("bajo solapa") explicación (fatalidad lingüística: tengo que concordar lo "implícito" con lo "explícito"): ese "alguien" juzga que, ante la cerrazón democrática presidencial, hasta él tiene que etc.

La conexión reiterada de mi nombre con el del presidente es políticamente tendenciosa, aunque el articulillo de la 3 diga que "… estamos ante una reivindicación transversal (?), en absoluto ideológica".

La página prosigue afirmando que la ministra de Educación "insistió ayer en cerrar los ojos a la evidencia" y "trató de sacudirse el problema (…) asegurando que el manifiesto puede alimentar ‘una batalla política’. Pero al Gobierno no se le invita a la guerra, sino a que dé la cara (…), y yerra si quiere dar un portazo al clamor social sólo con palabrería".

Srs. de El Mundo: tienen ustedes el derecho —constitucional, creo— a manifestarse según estos entrecomillados, pero, su caricatura del Ejecutivo, ¿de verdad es (no es) "en absoluto ideológica?". No hablo del manifiesto sino del uso que Vds. hacen de él.

Ahora, un inciso que, personalmente, me es necesario: yo no estoy contra Vds. Tengo —pero prácticamente no mantengo— algún recuerdo de que acogieron expresiones, insultantes o casi, referidas a mi persona o escritura, pero lo mismo ocurre con el medio que publica este texto y, desde mi carácter y mi lejanía provinciana, ¡pelillos a la mar! Prosigo.

Voy a la pág. 4 y, a la izquierda (es un decir), el texto de "Comentarios liberales" cuelga de unos titulares que dicen: "El simio crítico". Es la columna del Sr. Jiménez Losantos (apellidos emblemáticos, cierto) que, en un alarde de "humanismo" (¿liberal?), parafrasea un libro de Octavio Paz preguntándose: "¿Respetarían más en Cataluña, Baleares, Galicia o el País Vasco el derecho de los padres a escolarizar en español (sic) a sus hijos si se declaran simios lingüísticos? No tengo duda alguna". Comentaré esta "perla" en plan suave y abstracto: la "materia política" puede declarar lo que es, en el corte vejatorio de una mueca que se le escapa.

Abajo y a la derecha, El Mundo pone en la página sus titulares a una simple carta al director: "Es el momento de defender el castellano". (Cursiva mía). En la simple carta al director (sé que el periódico no se responsabiliza etc., aunque las recoja y priorice), se dice: "Ha llegado el momento de luchar". (Cursiva mía).

Veo El Mundo en el también canicular día 27, y, otra vez en pág. 3, sin firma, tras hablar recio sobre la vicepresidenta De la Vega (insisto: El Mundo tiene derecho a etc.), se dice que "El gobierno tiene dos opciones: seguir fingiendo que el problema no existe o encararlo con medidas concretas". Y añade: "No desistiremos hasta lograr lo segundo".

"Desistir" de qué. ¿De una acción "en absoluto ideológica", expresión, esta, perfeccionada, por la afirmación de que "es evidente que estamos (cursiva mía) ante una reivindicación transversal", y por brincos conceptuales que, dentro del magma envolvente del manifiesto, resultan prodigiosos? Pienso que lo más prodigioso sería encontrar claridad y no encontrar astucia política en este laberinto sin ventanas visibles (puede que, invisibles, existan) con marco moral y abiertas a la lógica.

La persistencia de El Mundo en mostrar al Gobierno de España como responsable del "problema de las personas"; la persistencia en no contemplar los componentes históricos y culturales, consuetudinarios y heredables, ¿es o no es una operación ideológica y, por tanto, una maniobra política?

En la pág. 4 del mismo día 27, el Sr. J. L., desde su columna y mirando al pasado, se refiere a "lo que me decían entonces Savater, Javier Marías y otras criaturas del aire paisoso" (cursivas mías), reconfortándose, tras dos líneas, con "lo mucho que, afortunadamente, ha cambiado Savater …", y añadiendo misteriosamente que "el sectarismo progre, base de la legitimación de la política histórica discriminatoria, sigue incólume". ¿Será pues, pienso, el sectarismo progre y no el Gobierno el responsable del desaguisado?

Pero lo portentoso incompresible es la opinión que sigue a "incólume": "Peor aún: sigue imperando (el sectarismo progre, está claro) hasta en los manifiestos que combaten esa discriminación". (Cursiva mía).

Tras otra alusión a los "simios" de difícil interpretación, advierte el Sr. J. L., con desconsuelo, que "La Lengua Común ha sido convertida automáticamente en ‘lengua castellana’ o ‘castellano’. Y no sólo en EL PAÍS, que podría tomarse como arteria para llevar a portada la causa por la que a algunos viene linchándonos la jauría prisaica desde hace décadas". Y añade: "Hasta los medios más antiprogres han perpetrado ese cambio…". No tengo clave para este lenguaje; hago las citas a causa, precisamente, del atractivo de su impenetrabilidad. Impenetrabilidad para mí, quiero decir.

Algo más arriba, el Sr. J. L. deja "a otros menos machacados (’menos machacados’, se supone, que el Sr. J. L.) el estudio de la preponderancia izquierdista y la genuflexión (empiezo a notarme genuflexo, con lo mal que tengo la rodilla derecha) ante la izquierda de los distintos manifiestos en defensa de la libertad lingüística (…), desde el primero, el de los 2.300, hasta este último". (Cursiva mía).

No entiendo, pero cito porque me resulta hipnótico. ¿Qué mosca me habrá picado?, ¿el tse-tse, creador de sueños amarillos, o la tarántula visionaria, que el propio Kratevas Rizotomo, servidor venéfico de Mitrídates, mantenía en respeto?

Dije y digo que el manifiesto era razonable. En su literalidad lo sigue siendo, pero ya no en sus potencias. Lo ha desconcertado la política enmascarada. Así que, Srs. ideólogos de El Mundo, su Manifiesto ha sufrido seria avería en sus propias manos. Lo siento, pero tengo que rectificar: NO. El manifiesto ya no es razonable.

Antonio Gamoneda

El discurso de JUAN CARLOS MESTRE en la Fiesta de la Poesía de Villafranca del Bierzo

June 24, 2008

 

HOMENAJE A ANTONIO GAMONEDA
EN LA 42 FIESTA DE LA POESÍA DE VILLAFRANCA DEL BIERZO
***
DISCURSO DE JUAN CARLOS MESTRE
(QUE ACTUÓ COMO MANTENEDOR)
 
    Queridos vecinos y amigos de Villafranca, una mañana como la de hoy de hace cuarenta años yo era un muchacho que, apoyado en uno de estos árboles del jardín, escuchaba, sin entender exactamente lo que decían estas palabras: No sólo el grano blanco va al molino, también los granos negros del silencio; también se hace el pan se hace la vida, de los heroicos huesos de los muertos. Yo no sabía aún lo que era un héroe, pero el poeta que las pronunciaba se convirtió para mí, desde ese instante, en alguien que se acercaba a mi vida con algo conmovedor: palabras rozadas por el resplandor de otro mundo, monedas perdidas con las que no se podía comprar ninguna otra cosa que no fuese la intuición de un ángel, el valor simbólico de otra manera de estar en el mundo, la forma delicada de cuantos estrechamente vigilados por la locura, aún seguían pensando que volar era el resultado de una intensa pasión, nunca de su práctica.

    Aquel poeta se llamaba Gilberto Núñez Ursinos, y yo decidí aquella mañana, ante la luz de su joven resplandor, parecerme en algo a su sombra. Yo tenía doce años, junio de 1969, y fui su amigo hasta la primavera de 1972, en que decidió, voluntariamente, abandonar la republica de la imaginación donde vivía, cuando al otro lado del río sólo había pequeñas casas blancas llenas de palomas, gatos y flores que algún día fueron las semillas del paraíso. Fue el primer poeta que conocí, era amado por mucha gente de este pueblo, no menos que lo que él quería a los humildes, a los soñadores, a los que hablaban solos por la calle y pensaban que la vida carecía de sentido sin resistencia al mal. Vivía sólo, con un gato al que llamaba Parsifal, y un aparato de radio con el que aprendía idiomas sintonizando emisoras extranjeras. Un milagro que sólo sucede una vez cada cincuenta años cuando pasa sobre los valles el cometa de la iluminación y convierte en vino de dulzura la amargura de los pozos.

    En Villafranca había un cine, y la gente iba a ver películas en blanco y negro en las que los actores lloraban lágrimas de colores. Aquel invierno nevó como nunca antes había nevado. Por las calles habían pegado carteles con la cara de Franco, y todo parecía indicar que el referéndum de aquel caudillo lo que pretendía era obsequiarnos otros veinticinco años de paz. La cosa estaba como para regalos. Habían subido una peseta el precio de las entradas al cine, el cine, el único psicoanalista a mano que ha tenido Villafranca desde la invención de la Vía Láctea. Y el poeta Gilberto Ursinos, como oscura silueta de mendigo que borrase las sombras de la noche, organizó una huelga. Nadie entró en el Teatro Villafranquino durante dos meses, la gente se ponía un alfiler en la solapa con versillos satíricos pidiendo la derogación de la medida:


Sin pan ni cine,
el pueblo se define.
 
    Algún lumbreras local pensó que aquello apuntaba hacia el general y Gilberto Ursino terminó siendo detenido por la Guardia Civil. Pero la gente de esta villa, actores secundarios de la historia que no hubieran movido un dedo por un virrey o un marqués, se fue hasta el cuartel a decirle al sargento que en este pueblo no se podía meter preso a un poeta. Así que Gil continúo haciendo barcos de papel a los que ponía bellos nombres de muchachas y los seguía con lánguida mirada hasta que se perdían en la lejanía de las aguas discretamente crecidas del Burbia. Nunca llegaron cartas de respuesta, las ilusiones por aquel entonces eran fugitivas como las ardillas y el tiempo de la juventud, como todo amor que termina, un cementerio de abrazos.
 
 
    Gil escribía versos con los jilgueros que anidan en los molinos abandonados, escribía tristeza. Era un joven hecho con la harina generosa de la inteligencia, bueno como un padrenuestro, y a la larga eso entristece. Así que decidió salirse de aquella mala película que era la España de 1972. Fue un domingo, como hoy, de finales de la primavera, cuando yo lo vi cruzar por última vez el puente de la vida. Alrededor de su muerte había una multitud sobrecogida. Eran años difíciles de creer, pero don José Valcárcel igual obligó al párroco a tocar las campanas. Lita cerró el Bar Peña. Hacía sol como en los primeros días del Génesis, y la gente lanzaba claveles rojos al paso del féretro. Y Gil, Gilberto Ursino, escuchó por primera vez, ya en la muerte, aquel aplauso, aquel único y unánime aplauso con el que tantos despedían su mágica y trágica vida.

    Hay cosas, queridos amigos, que o uno las entiende de niño o ya nunca más podrá entenderlas. Yo no entendí aquella muerte, así que pensé: todo esto tiene que ser una equivocación. No entendí porqué aquel hombre que escribía versos que ayudaban a salvar del dolor a otros, había vivido anclado en la secreta angustia del sufrimiento, no entendí porqué detrás de su alegre inteligencia brotaba un persuasivo manantial de dolor.

    Perdimos al poeta y en nuestro pequeño universo natal entraron las nieblas de la rutina y el dulce otoño se volvió más desolado. Sin poeta se acabaron muchas conversaciones, dejaron de abrirse muchos libros, nos cerraron la estación de ferrocarril, luego se llevaron el juzgado, años después hasta intentaron quitarnos el río. Una villa puede no tener andenes de los que partan al alba locomotoras, incluso no debería tener cárcel ni lugar donde la gente ande enzarzada con pleitos, pero un pueblo como este ha de tener una escuela, un río y un poeta amigo de las palabras que se enseñan a escribir en las escuelas, alguien amigo de los ríos que se llevan las palabras que no caben ya en la inocencia de los pupitres.

    Yo no entendí más que lo que pude entender, no importa, algún día, escribió Walter Benjamin, lo que ahora no es comprendido será entendido con la misma facilidad con que entienden los niños el lenguaje de los pájaros la mañana de los domingos. Es domingo, y sé que entenderéis, queridos amigos, porqué os he contado esta historia. A veces la vida no nos da más que una oportunidad para poderle agradecer a alguien todo cuanto uno le debe. Acaso sea esta la mía, la ocasión que ha esperado durante cuarenta años aquel niño apoyado en el árbol. He pensado muchas veces qué hubiera sido de mí si no hubiese conocido a Gilberto, a lo mejor estaría labrando la tierra, trabajando en un banco o repartiendo panecillos por las calles de este pueblo. Hay mucha gente que ha labrado la tierra y que trabaja en un banco y se levanta al alba para hacer pan y que ha sido feliz. Y hay otras personas a las que alguien, en el estricto azar de alguna ley invisible, les ha hecho un encargo y, entonces, ya nunca serán felices si no pueden cumplirlo.

    Yo te agradezco Gilberto Ursinos, aquellos versos que crearon conducta entre mi generación: … combate y se valiente, se sano ante el dolor y ante el fracaso. No importa lo que hagas si lo haces en nombre del amor y de lo humano. Y te agradezco la caña de pescar relámpagos en el arroyo ilegal de la belleza, haber jugado la partida con la gente de este pueblo que no ha tenido más fortuna que la de la fraternidad, y te agradezco el pequeño paquete de libros que me dejaste, atado con una cuerda de bramante azul, la víspera de irte, también aquellas últimas palabras que posaste en mi cabeza como un mandato para siempre: Algún día, Mestre, yo volveré a ser niño y los espejos se llenarán de peces.

    Queridos amigos, nadie que con afecto pueda y deba ser recordado morirá jamás. De los materiales de la memoria está hecha la poesía, de las voces de cuantos sin saberlo sostuvieron con brazos anónimos el peso del universo. Se dice, a veces, que los poetas somos personas desagradables y algo de razón hay en ello. Los poetas son testigos, y eso no siempre suele ser del agrado de todos. Un testigo es un individuo incómodo, a pesar de que nunca vaya a declarar contra nadie, el poeta es un testigo que no acusa, pero cuyas palabras testimonian verdad ante el tribunal donde no se sentencia castigo del tiempo futuro. Y eso ya lo aprendí de adolescente, aquí, precisamente en este jardín, y no lo olvidé nunca.

    Yo tenía catorce años, era un rapaz del otro lado, del barrio de La Cabila, de la familia de los Mestre y los Migueluchos, nieto de sastre y panadero. Mi madre me enseñó a leer antes de ir a la escuela, pero no había libros en mi casa, así que empecé a leer la Hoja Parroquial y los prospectos de los medicamentos como si leyera a Cervantes. Han pasado los años y los siete ríos de la vida llevándose el afecto de tanta gente que nos quiso. Permanece su poesía, es decir, permanece la justicia de su memoria dando testimonio de cómo entre los hielos abre el amor sus minas imborrables.

    Sí, son versos de Antonio Pereira, son las palabras fundadoras del hijo del ferretero, del más joven entre los patriarcas del amanecer. El Perfecto Maestro si en nuestra villa hubiera logia para los que escriben en el aire la historia que leerán los ojos de aquellos que aún no han nacido. Los que nos sentimos próximos a la conmovedora peripecia humana de las personas sencillas, sabemos que cada relato de Pereira contiene más sabiduría por sílaba cuadrada que todos los legajos juntos de la tan dudosa como abundante épica nobiliaria. Adiós carromatos de virreyes, bienvenidos ciudadanos en bicicleta a las bellas crónicas de la otra realidad del mundo.

    Nadie es más que nadie si no hace más que nadie, escribió Cervantes, el mismo que nos recordaba que aprender a ser libres es aprender a sonreír. Antonio Pereira ha hecho más libre a un pueblo que rescatado entre las paradojas de la noche se ha convertido en luz de la leyenda. Y lo ha hecho con la ternura de sus palabras, sin levantarle la voz a nadie, sin disputarle a nadie un lugar en las cofradías del mundo. Quién si no él, el poeta de la seda y el hierro, nos ha hecho más digno sitio en los mapas eternos de las entrañables geografías de la imaginación.

    Un joven poeta inglés, el inmenso John Keats, hermano espiritual de nuestro romántico Enrique Gil y Carrasco, en respuesta a un amigo que le preguntó qué era para él un poeta, respondió: poeta es aquella persona que en presencia de otro se considerará siempre su igual, sea este el rey o el más pobre del clan de los mendigos. Eso ha sido y es Antonio Pereira, un narrador excepcional, un poeta que ha escrito poemas conmovedores, el hombre en el que se cumple al  máximo aquella sentencia de Pound según la cual, es imposible escribir un buen poema si no se es antes una mejor persona.

    A Tonino Guerra, el genial guionista de Federico Fellini, le escuché decir que el poeta es quien se quita el sombrero ante un cerezo en flor. A Nicanor Parra que era un bailarín al borde del abismo. No podría nombrar a tantos para quienes un libro de poemas es un una caja de herramientas al servicio de la conciencia de los hombres. La poesía que cura las heridas producidas a la dignidad por los gritones dogmáticos. Con razón la palabra dignidad suele provocar risa sobre todo en aquellos que no la tienen. Todo verdadero poeta, pensaba Unamuno, es un hereje, y el hereje es el que se atiene a postceptos y no a preceptos, a resultados y no a premisas, a creaciones, o sea poemas, y no a decretos, o sea dogmas. No ha importado la burla de la publicidad vergonzosa del mundo, no ha importado la calumnia del silencio, Lorca conocía la única vocal que tienen los animalitos en su vocabulario, y habló por y para las multitudes; Gonzalo Rojas vivió en el exilio de los renegados pero abrió a cada torturado un camino a las estrellas. Soñar sigue siendo es el oficio del poeta.

    Queridos amigos, todos hemos tenido sueños. El mío fue sencillo y ya ha sido cumplido. La belleza no es un lugar donde van a parar los cobardes. He amado este verso de Antonio Gamoneda desde mi adolescencia. Un poeta que lo ha significado todo en la repoblación espiritual de mi vida, en los valores que han hecho de la resistencia estética contra el autoritarismo una conducta civil, la creencia de que el arte no es una categoría superior del conocimiento humano, ni de la que son portadores sólo unos pocos, sino algo inherente, misteriosamente intrínseco, a la condición y la responsabilidad humana. He aprendido sus poemas de memoria, he orado con ellos, me han salvado de la desolación y me han devuelto la esperanza en épocas de dificultad.


Esta es la tierra, donde el sufrimiento
es la medida de los hombres. Dan
pena los condes con su fiel faisán
y los cobardes con su fiel lamento.

La belleza nos sirve de tormento
y la injusticia nos concede pan.
Un día brindaréis por los que habrán
convertido el dolor en fundamento.

Los que vivimos para dar alcance
a tan inmensa luz que hoy no podría
un dios mirarla sin quedarse ciego,

aún tendremos que agotar el lance:
arrojar al silencio la agonía
como quien tira el corazón al fuego.

 
    Son versos del más grande poeta, no sólo para mí, ya no sólo entre nosotros, de la lengua castellana. El poeta al que hemos seguido, como una baliza en medio de la tormenta, hacia la restauración del tiempo de los borrados, de los perseguidos, de los imposibilitados por tener razón. Alguien para el que ninguna palabra de homenaje estará ya a la altura de lo que significa pronunciar su nombre: Antonio Gamoneda.
 
 
    He sido testigo de la gravitación de sus palabras en épocas ominosas, cuando aquí y al otro lado del mar, en la asambleas de los utópicos, en la restitución de los sindicatos, en la ferocidad de las cárceles, en aulas  y calles y reabiertas alamedas, fueron sus palabras una sublevación inmóvil contra la tiranía, la descripción de la mentira que ante las puertas entornadas de la aurora nombraron las heridas del hombre contra el hombre. No tiene nada de extraordinario que hoy, esta mañana, el pueblo de Villafranca le rinda homenaje, hace muchos años que este pueblo acoge y se ha sentido acogido en el corazón extraordinario de su tan generosa como radical verdad.

Cuando yo tenía catorce años
me hacían trabajar hasta muy tarde.
Cuando llegaba a casa, me cogía
la cabeza mi madre entre sus manos.

Yo era un muchacho que amaba el sol y la tierra
y los gritos de mis camaradas en el soto
y las hogueras en la noche
y todas las cosas que dan salud y amistad
y hacen crecer el corazón.

A las cinco del día, en el invierno,
mi madre iba hasta el borde de mi cama
y me llamaba por mi nombre
y acariciaba mi rostro hasta despertarme.

Yo salía  a la calle y aún no amanecía
y mis ojos parecían endurecerse con el frío.

Esto no es justo, aunque era hermoso
ir por las calles y escuchar mis pasos
y sentir la noche de los que dormían
y comprenderlos como a un solo ser,
como si descansaran de la misma existencia,
todos en el mismo sueño.

Entraba en el trabajo.
La oficina
olía mal y daba pena.
Luego,
llegaban las mujeres.
Se ponían
a fregar en silencio.

Veinte años.
He sido escarnecido y olvidado.
Ya no comprendo la noche
ni el canto de los muchachos sobre las praderas.
Y, sin embargo, sé
que algo más grande y más real que yo
hay en mí, va en mis huesos.

Tierra incansable,
firma
la paz que sabes.
Danos
nuestra existencia a
nosotros
mismos.

 
    Versos de un poema de Gamoneda en el que está cifrada no sólo la suya, sino la memoria colectiva de tanta gente de este país. Yo también tuve catorce años, no me hicieron trabajar hasta muy tarde, pero Gilberto Ursinos me regaló antes de irse este librito. A él le está dedicado: “A Gilberto Ursinos. Compañero vertical en la poesía que avanza”, y está firmado por Antonio Gamoneda. Es Sublevación Inmóvil, en la edición de Adonais de 1960, lleva casi cuarenta años conmigo, es mi evangelio y mi mandato, es el primero de sus  libros, y cada vez que lo abro me extiende una escalerilla de invisibles peldaños para descender a la misericordia, a esa otra parte del mundo donde los derechos pendientes de ser ejercidos son la tensión moral de la conciencia entre lo bello y lo justo. Son los hijos desgajados del dolor de España, es el tren en el que los campesinos viejos y los mineros jóvenes regresan al porvenir desde el corazón de la tierra:

…el único digno de los cantos antiguos, la única poesía, (…) la que calla y aún ama este mundo, esta soledad que enloquece y despoja.
 
    La amistad de Antonio Gamoneda ha estado sobre nosotros como una madre sobre su pequeño que sueña con cuchillos. Su poesía nos ha protegido, en sus palabras ha encontrado refugio el desesperado ser humano que al amanecer, armado de una ardiente paciencia, aún espera entrar en las esplendidas ciudades prometidas por la profecía de Rimbaud, el vidente. Elogio la indefinible libertad de Antonio Gamoneda, el radical descentramiento de cuanto ha supuesto la alta conciencia de su poesía como ruptura con la lógica del saber; la ética que frente a los actos de fuerza que pretenden representar lo que solo es, aspira al arte de cómo debería ser el universo significante de la duración en el tiempo de la dignidad humana.

    Hace cuarenta años yo era una sombra apoyada en un árbol. Ahora sigo siendo otra sombra apoyada en el mismo árbol de entonces. Estos hombres, estos poetas en cuyas raíces yo me reconozco, fueron los primeros encantamientos del destino. La harina del horno de mi padre, las primeras letras que me enseñó Esperancita Mestre en el silabario de las noches de invierno, la sonrisa que sigue manteniendo inmaculada y pura más allá de la muerte Gilberto Ursinos. Es la delicadeza que se acerca como estrella de puntillas a los ojos del astrónomo Antonio Pereira. Es la poesía que derramaba a manos llenas Ramón Carnicer cuando por las alturas de La Cabrera espantaba los tábanos de la miseria con la tinta sabia de su árbol erigido ya sobre la memoria del buen antepasado. Es la poesía centenaria de Victoriano Crémer, arrancándole los cerrojos a la casa de Caín, llevando una copa de agua a los sufrientes bajo las flores anarquistas del año de la melancolía. Es la consolación moral, el coraje civil de los lenguajes con los que Antonio Gamoneda ha hecho más habitable, más radicalmente necesario el más bello de los pensamiento del mundo, la voz imprescindible de la poesía que ante los turbios legisladores del universo, reclama, exige ante los deberes para con el infinito, el derecho a desobedecer.

    Y desobedecer la costumbre es la poesía, en palabras de Saint John-Perse. Desobedecer los dictados de una sociedad basada en la idolatría a las repugnantes escamas litográficas, como llamaba Baudelaire al dinero. Desobedecer al sistema que ha hecho culto de la atrocidad de la guerra y obliga a vivir en condiciones de esclavitud a tres cuartas partes de la humanidad. Desobedecer es no olvidar, como nos recuerda Walter Benjamin, que el botín supremo de los amos no es la plusvalía, el botín supremo de los amos es la cultura.

    No hablo de una poesía social, hablo de los lenguajes insumisos que en alianza con la aspiración de todos los seres humanos a la felicidad, no sólo cambien la realidad de sitio, sino que ayuden a transformar y nos adelanten los significados del porvenir. Todo lo que existe fue alguna vez imaginado, escribió Hölderlin, y ese es el prodigioso desafío de la confianza en la poesía que siempre nos llevará más lejos que el miedo de su ausencia. Es lo sagrado, sea lo que sea lo sagrado para cada uno de nosotros.

    Vecinos y amigos de mi pueblo, la poesía es verdad, la verdad es belleza, sigue gorjeando por las alamedas el príncipe de los valles, el inmortal ruiseñor de Keats, los pájaros de la consolación que no han nacido para morir. Es legítimo a la poesía cantar la obra del jardinero y también desatar los pies a los convictos, es legítimo descifrar el lenguaje de las rosas y oponerse a la crueldad de los tiranos. Escribió Oscar Wilde que la sociedad perdona con mayor frecuencia al criminal pero no perdona nunca al soñador. Alguien dijo que el arte en un pueblo religioso produce reliquias, en un pueblo guerrero, trofeos, en un pueblo burgués, artículos de consumo. Sólo un pueblo de ciudadanos libres puede producir palabras en libertad, es decir, poemas, la voz sin boca del que dice soy inocente, tengo hambre, no me mates. Palabras, palabras civiles para después del tiempo, como proclamara en este mismo lugar, hace unos años, el profeta laico, aquel ser literalmente irrepetible que fue Rafael Pérez Estrada.

    Queridos amigos, vecinos de este amado pueblo de Villafranca, soy el hijo de Emilio el panadero. Conocéis a mi padre, conocisteis a mis abuelos, vivieron en estas calles y como vosotros fueron gente honrada. Este es un pueblo de gente honrada, y la honradez es el primer compromiso que tienen las palabras con las ideas de las cuales son portadoras. No hablo de ejemplaridad, pero sí de la conducta de las palabras en alianza con la imaginación, el arte, la poesía, el mayor placer que el ser humano se ha dado a sí mismo, para decirlo con la misma expresión que compartieron Walt Whitman y Carlos Marx. No tengamos temor a las palabras, a la voz ancestral que pronunció en Galilea el Salmo de los Bienaventurados e inspiró casi dos mil años después la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

    Vengo de la misma escuela a la que fueron vuestros hijos, jugué de niño con ellos en estas calles, conocí a toda la gente que nos quiso. Poco más hay que saber para darse cuenta de porqué hablaros así ha sido esta mañana mi única posibilidad. Creo en la poesía porque he creído en vosotros, en el desconocido que silba en el bosque y en los campaneros que tocan las campanas en septiembre como si las volteara Mozart. Creo en la poesía de los que no han tenido que leer a Heideger para darse cuenta de cuál es su imprescindible necesidad en épocas de penuria. Creo en los alegres bebedores del atardecer y los giratorios amantes por los cielos de Chagall donde las vacas azules tocan el violín para los que no tuvieron una segunda oportunidad sobre la Tierra.

    Creo en la certeza que asistió a los desaparecidos, las víctimas civiles de la historia que se seguirán levantando de las cunetas para volver a podar las viñas. Creo en ti, Poesía, hojas de hierba, caravana de los titiriteros. Música del hojalatero sobre la partitura del cobre, herreros en la fragua del trueno, silbato del que trae cartas que abrazan a los hermanos y hacen llorar a las madres. Creo en las intensas voces del recuerdo, los que madrugaban para ir a las ferias, el herrador de caballerías, los que siembran colina, la familia de los músicos y los tipógrafos de la plaza. Creo en el retratista de la inexistencia y en el fotógrafo de la nieve. En los alquimistas del vino y quienes sulfatan los cerezos. Sigo creyendo en Norberto Beberide, que tenía una máquina para hablar con los espíritus; en Paco Pérez Caramés, que trataba de usted a las flores y las piedras se apartaban de los caminos para dejarlo pasar. Recuerdo al que discutía en latín con los caballos, al hijo del guardabosques, a los carpinteros, a los que vendían paños para el bautizo y las bodas y el luto. Recuerdo a Basís que explicaba a los muchachos las películas antes de entrar al cine, a Món que estará construyendo catedrales en el Paraíso. Recuerdo a Ninguén cantando como el agua de los ríos y a Gelo Marvá, presidente del senado de los soñadores.

    Es hora de terminar, el poeta es un taxista que lleva a la gente donde la gente quiere ir, alguien que ayuda a los demás a vivir su propia vida. La poesía está ahí para ennoblecer, para dignificar la condición humana. Es la vida, como escribió Cummings, que antes o después, venga siempre las ofensas de los hombres con las salvas de la primavera. Esa también es la mejor razón por la que habrá merecido la pena vivir. Lo escribió Gamoneda:


“Un mismo canto pide /la justicia y la / belleza. Sea la luz /un acto humano. Se puede/ morir por esta /libertad.”
 
Muchas gracias.
 
 
Villafranca del Bierzo, 22 de junio, 2008

Poema de GAMONEDA y grabado de JUAN CARLOS MESTRE en la carpeta ‘Extravío en la luz’

 Uno de los grabados de JUAN CARLOS MESTRE para la carpeta 'Extravío en la luz', de Gamoneda

MANOS

Sacudí la ceniza de mis párpados,

busqué el día en el interior de la noche y, sí, se abrió en mí.

                                                           /Era como ser y no ser.

Descansé de mí mismo

hasta que mis venas se vaciaron en la luz.

Me acerqué a las materias visitadas por cuchillos, a las que gritan

                                                      /hasta despertar el corazón

y aún sentí la pulsación del hierro y la pasión de máquinas

                                             /enloquecidas en la inmovilidad.

En la pausa mortal, una vez más,

pasaron lentamente sobre mí tus manos.

   ANTONIO GAMONEDA

(De la carpeta ‘Extravío en la luz’, editada por la Escuela de Arte de Mérida, con poemas de ANTONIO GAMONEDA, grabados de JUAN CARLOS MESTRE y textos de AMELIA GAMONEDA)

‘Sucesos’, de ANTONIO GAMONEDA, con grabado de MESTRE

Grabado de JUAN CARLOS MESTRE para la carpeta 'Extravío en la luz' de Gamoneda

SUCESOS 

Cuando del corazón surge un grito amarillo
grandes sargas se extienden sobre rostros amados.
Me dicen que ya es tarde y que el pastor de sombras
es ahora obediente a manos invisibles.

En nosotros ha entrado una serpiente ciega.
Ya nadie ama ni sonríe.

Un huracán de signos avanza inútilmente.
Las últimas mentiras se disfrazan de invierno.

Alguien entra descalzo a la fosa de los números,
alguien está anudando las cuerdas del olvido.

Los hay que cantan lívidos al borde del suicidio
y los más silenciosos copulan sin esperanza.

Un paso más allá todo es inexistencia;
todo se explica en el no ser.

                                   Ya veo
la turba incandescente. Van a venir muy pronto
los reptiles del llanto.

Alguien está gritando cercado por la púrpura.
Alguien abre despacio la mirada sabiendo
que en su córnea se esconden las cifras terminales
y que su pensamiento
no es más que una costumbre que precede a la muerte.

En la calcinación, un perro sangra
rodeado de ausentes. Bajo miradas frías
el perro se convierte en azul para siempre.

Cunden fétidas rosas; sus pétalos cansados
descienden a mis manos. Silenciosas, se acercan
las madres que no olvidan.

Frutos enloquecidos
se unen a los restos desprendidos del fósforo
y a las últimas sílabas, a las incomprensibles

En la hora imposible despertará el durmiente;
como un cuchillo negro te mirarán sus ojos.
Vas a quedarte solo. Tu cuerpo tendrá frío
desnudo para siempre, desnudo hasta los huesos.

Acepta tu extravío, entrégate a la luz:
la luz es el comienzo de la causa invisible.

   ANTONIO GAMONEDA (De la carpeta ‘Extravío en la luz’, con grabados de JUAN CARLOS MESTRE)

15 de Mayo: Lectura poética en el Ateneo Republicano de Valladolid

May 10, 2008

 Lectura de Antonio Gamoneda en el Ateneo Republicano de Valladolid

 

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Nota biográfica de Antonio Gamoneda

 

Fotos / Gelman y Gamoneda en León, el pasado 25 de abril

May 7, 2008

 

 

 

En la foto superior, Antonio Gamoneda acompaña a Juan Gelman, que atiende a los periodistas leoneses en el Ayuntamiento de la ciudad, minutos antes de protagonizar un encuentro poético en un salón de actos abarrotado de público. En la imagen central, los dos poetas con la concejala de Cultura, al fondo, durante el recital. Sobre estas líneas, Gelman y Gamoneda en un cómplice apretón de manos.

Las fotos son de ROBERTO GÓMEZ MARTÍN

Fotos / El poeta en la Casa de Cultura de Villamayor de Armuña (Salamanca)

May 4, 2008

 

Inauguración de la Casa de la Cultura de Villamayor de Armuña (Salamanca), que lleva el nombre de Antonio Gamoneda, el pasado 21 de abril de 2008.
En la imagen, de izquierda a derecha: Felipe Nuñez, filósofo, poeta y vecino de Villamayor; Elena Diego, alcaldesa de Villamayor; José Ramón Alonso, rector de la Universidad de Salamanca; Antonio Gamoneda y el profesor de violonchelo de la Escuela Municipal de Música de Villamayor, en el salón de actos de la Casa de Cultura.

 

En la imagen, la concejala de Cultura, Cándida Ejido, le entrega a Antonio Gamoneda una escultura en piedra de David de la Mano, escultor natural de Villamayor.

Antonio Gamoneda en la Casa de Cultura de Villamayor. La foto es de Amelia Gamoneda

Antonio Gamoneda junto a la escultura de David de la Mano.

(Las fotos son de Amelia Gamoneda y Fernando Sanz Santacruz)

Gamoneda en la portada del Tribuna de Salamanca

Portada de Tribuna de Salamanca, el 22 de abril de 2008. 

‘Antonio Gamoneda: límites’, una tesis doctoral de Carmen Palomo sobre el poeta

April 23, 2008
Carmen Palomo, autora de la tesis sobre GamonedaEl siguiente texto constituye el apartado final del libro Antonio Gamoneda: límites, publicado por la Universidad de León en el año 2007. El libro recoge la mayor parte del contenido de la tesis doctoral de Carmen Palomo sobre el poeta Antonio Gamoneda.  
 
CONCLUSIONES:

   A lo largo de la lectoescritura hemos ido anotando las reflexiones que nuestra amplia selección de textos de Antonio Gamoneda nos han sugerido. Ha sido un recorrido guiado por ciertas premisas y sembrado de hallazgos. Es el momento de la recopilación, de explicitar las inferencias y ordenar la dispersión de datos y apreciaciones, partiendo de los cuatro grandes apartados de los que hablábamos en los preliminares.
    Nuestra aproximación a Blues castellano, como primera obra de madurez del autor, nos ha posibilitado un repaso a los antecedentes biográficos, intelectuales, ideológicos y éticos que, creemos, sustentan toda la escritura posterior de Antonio Gamoneda. Al mismo tiempo, la revisión de ciertos tópicos comúnmente establecidos por el discurso crítico —la pertenencia generacional, la poesía social, el peso y el modo del compromiso como testimonio histórico…— nos ha permitido ubicar al autor con relación a sus coetáneos para arribar a una comprensión más exacta de las raíces de su marginalidad poética.    
    Especial atención han merecido tres cuestiones sobre este Blues castellano: los avatares de su publicación y su largo silenciamiento, debido en parte a la intervención de la censura; la presencia de voces ajenas y, finalmente, el registro de una variabilidad textual intrínseca que nos permite hablar de diferentes Blues castellanos en el tiempo.
    El hecho de que la obra permaneciera inédita durante casi tres lustros no constituye un dato trivial. Una de las formas limítrofes de las prácticas poéticas del autor es la manera en la que su escritura bordea el silencio. Ciertamente, la censura impuso sus condiciones, pero la decisión final de abandonar el original recayó en Gamoneda: una decisión drástica. Ese mismo silencio, radical, será el caldo de cultivo donde se geste la ruptura inaugurada por Descripción de la mentira.
    Hemos revisado igualmente la presencia en la obra de otras voces: el blues, Hikmet, Marx, Lefebvre, Weil, e incluso un Gamoneda anterior a Blues castellano. Tales voces, que son traídas hasta la poesía en forma de citas melódicas (ritmos) o citas paratextuales o contextuales, no sólo enmarcan ideológicamente el discurso sino que lo dotan estéticamente de un dialogismo intrínseco que prefigura la permeabilidad que algunos textos adquirirán más tarde.
    En cuanto a la variabilidad, ésta instaura un régimen de lectura particular: no es sólo que el lector posea versiones diferentes de un poema, es que la vigencia del poema se dirime en esa provisionalidad que se vuelve programática en la reescritura.
    El segundo gran apartado de la investigación está dedicado a la franja de escritura iniciada con Descripción de la mentira, que alcanza su máxima —o quizá mínima— expresión, creemos, con “Frío de límites” y se prolonga, con otras contaminaciones, en Arden las pérdidas y en Cecilia.
    Sobre Descripción de la mentira la crítica ha subrayado insistentemente la plenitud, su carácter fundacional, idea que nosotros retomamos centrándonos para ello en las articulaciones de lo simbólico, una de las claves que se mantienen en obras posteriores. Nos ha interesado resaltar la convivencia de la densidad, la exuberancia simbólica con una particular precariedad textual identificada con frecuencia con el hermetismo. Nos referimos en nuestro análisis de la obra a las condiciones de inteligibilidad en dos aspectos cruciales: el cuestionamiento autorreferencial de la obra y los lugares de indeterminación. Frente a la apariencia de sobreabundancia en la configuración textual, repasamos allí los signos de una carencia directamente emparentada con la estética de lo residual y la estética del silencio, que afecta tanto a lo enunciado como al acto de la enunciación.

    En obras posteriores asoma de nuevo esta precariedad con diversos ropajes. En Lápidas, por ejemplo, el autor se decantará por lo fragmentario y la reunión de materiales dispersos, inconexos, al tiempo que redirigirá su atención sobre el detalle, la pintura de la anécdota, generalmente biográfica. La última parte de Lápidas enlaza con Libro del frío, donde se detecta una depuración expresiva, una lengua fatigada y condensada. El trazado lineal y progresivo de la indagación poética realizado desde la crítica posibilita una glosa, esto es, un relato coherente del avance y la transformación que satisface la apetencia narrativa del lector. Frente a la glosa, hemos propuesto un desglose, una constatación de las fracturas textuales, y así hemos encarado la lectoescritura de Libro del frío subrayando las huellas y singularidades que el discurso crítico suele obviar. Para ello hemos re-desnudado la aparente desnudez autocontemplativa, ensimismada, del texto. Bajo la piel de las páginas, como quien raspa un borrón, han aparecido nuevos rostros (Pedrero), nuevas voces ocultas (Vallejo, Machado) y nuevas aproximaciones (Valera, Valente). La tardía inserción de “Frío de límites” en el libro nos ha dado pie para resaltar la maleabilidad de los últimos poemarios.
    “Frío de límites” presenta otro destacado hito: hasta ahí llega lo iniciado en Descripción de la mentira, pues esta colección de 21 poemas marca el límite existencial —que coincide plenamente con el límite de una vía poética— donde se testimonia la extinción: dicción nominativa de lo esencial, dilución del sentido en la perplejidad y fin de la escritura.
    La reescritura es, en este contexto, una opción salvífica: un pliegue de la palabra sobre sí misma. Si bien en el caso de Gamoneda ya contábamos con muestras de reescritura desde Edad (1987), es a partir de “Frío de límites” cuando tales prácticas, que generalmente equilibran lo iterativo y la tachadura, adquieren un cariz radical.
    Arden las pérdidas puede leerse bajo esta luz que dota a la revisión del mismo estatus creativo que la escritura: ya han ardido todos los significados en palabras incomprensibles, todo está dicho y puede volver a decirse (y es, y no es, indiferente). El fenómeno es poéticamente efectivo —no una mera reiteración obsesiva— porque parte de la saturación connotativa de los signos, recolecta y modula la fabulosa cosecha de la lengua propia en el tiempo (como autocita) y reenvía el agotamiento hacia un (aún) posible dialogismo. Así puede afirmarse que si la reescritura legitima una re-apropiación de lo ya dicho, también legitima el anclaje poético en la palabra ajena.
    Con la reescritura se inauguran en Gamoneda nuevos interrogantes que afectan a la raíz de lo poético: la dificultad de un inventario; la provisionalidad de los textos que anula su firmeza y los desplaza hacia lo imperfectivo y lo durativo; la liberación de la condena a la clausura… Lo reescrito genera nuevas tensiones sobre la lectoescritura al escindir o deconstruir la textualidad y dotarla de un organicismo que habla de resistencia y pervivencia. En este sentido, creemos que hay en la reescritura una nueva confianza depositada en la palabra como conocimiento, un rescate violento contra toda caducidad, una aproximación lateral a la muerte.
    Finalizamos este segundo apartado con unas páginas en las que recogemos el ideario poético del autor, desde donde nos asaltan otras cuestiones de interés: la negación de la ficcionalidad de la poesía y su “realismo”; la defensa de una palabra de revelación frente a los minirrealismos poéticos imperantes en el momento y en el mercado actuales; la justificación histórica del hermetismo, la desesperación optimista de la escritura, la densidad moral del anudamiento de vida, escritura y conciencia, etc. El lenguaje poético es, bajo este prisma, el acto donde se dan cita lo subversivo y la dignidad, la rebeldía y la lucidez, la pregunta sin respuesta.
    El ya aludido dialogismo con la obra ajena, tal y como es practicado en la reescritura, apoya un cuestionamiento —también radical— de la identidad poética: se difuminan los límites establecidos sobre la propiedad de las palabras y se da paso a lo que será el tour de force de las mudanzas.
    Las mudanzas ocupan el tercer punto de análisis de esta investigación y presentan la particularidad de no haber sido abordadas anteriormente por la crítica. Trastocando la ordenación cronológica de la publicación de obras, hemos reemplazado su estudio justo después de nuestras apreciaciones sobre la reescritura pues creemos que es ahí donde las mudanzas encuentran su natural medio interpretativo. El subtítulo del capítulo, “las lenguas propicias”, apunta a una particular apropiación de la palabra ajena como elemento desencadenante, de manera sucinta o dilatada, de la escritura de Gamoneda.
    El término mudanza es redefinido implícitamente por el autor en la recopilación de su poesía reunida (Esta luz) al acoger en un único bloque sus “versiones” de algunos blues y seis poemas de Nazim Hikmet, fragmentos de Mallarmé y de Trakl y también las “notas para un diccionario apócrifo” sobre textos de Plinio, Dioscórides y otros. En los “Avisos y explicaciones” del libro, el autor nos recuerda que, en su opinión, aquí debería figurar su Libro de los venenos (propuesta descartada por razones editoriales). Recuperamos esta voluntad de Gamoneda e insertamos en nuestro tercer gran apartado, junto con el de las mudanzas de Esta luz, el análisis de Libro de los venenos.
    Hemos considerado las mudanzas, solapadas evidentemente con la reescritura, como un experimento de carácter musical, para instrumento solista, que pretende “dar presente” a las diferentes partituras convocadas. La dispar selección del repertorio no nos parece justificada ni justificable desde parámetros críticos tales como las “influencias” ni constituye, a nuestro entender, una declaración sistemática de filiaciones significativas: la selección delata sólo la fruición estética que estos textos han despertado, hasta el punto de provocar una respuesta: la mudanza.
    Las mudanzas, hecho sustancial a esta experiencia poética, nunca operan sobre el original de la obra sino sobre sus traducciones. Se trata en buena medida de recuperar la poesía acallada en la traducción y establecer una nueva literalidad poética donde se entrecruza la sensibilidad de Gamoneda con la del autor: una lectura posesiva, una ejecución, en la que se sacrifica el concepto de “autoría original”.
    Más que un rastreo minimalista de cada mudanza, nos ha interesado establecer un marco hermenéutico general que recoja los postulados teóricos de las posibles y legítimas exégesis. En este sentido, repasamos las implicaciones de una “lectura inocente” frente a las exégesis contrastivas de contigüidad o de ruptura, para finalizar con la que hemos denominado “exégesis suspicaz”, que nosotros defendemos. Hablamos, evidentemente, de la legibilidad de las mudanzas, del perspectivismo en la validación de la lectura, del lugar desde donde pueden ser leídas a la hora de insertarlas en el conjunto de las escrituras de Gamoneda y también en relación a la experiencia creativa en sí misma.
    Sin duda, el sacrificio de la autoría original se nos impone como un nuevo límite que ha de ser comprendido dentro de las variadas aproximaciones a “la muerte del autor” reseñada por varias corrientes críticas desde hace medio siglo. La crisis de la autoría responde, defendemos, a un desmoronamiento de los presupuestos de la gran lírica moderna, del subjetivismo de corte trascendentalista que ha marcado la poesía tras el romanticismo: el sujeto de la enunciación (el autor) comienza entonces a verse desplazado por el sujeto del enunciado (el yo lírico), que se hipertrofia en el llamado posromanticismo de corte expresionista; tal desplazamiento implica una desvinculación del texto del despotismo de una única autoridad que controla el significado. La radicalización de este proceso, como puede detectase en las mudanzas, conduce a la absoluta irrelevancia de la autoría: el autor, su firma —Gamoneda o Mallarmé, por ejemplo— se convierte en otra ficción convencional, una máscara más. Y de ahí, creemos, que el propio Gamoneda se vea impelido desde sus apreciaciones críticas a defender (teóricamente) la no ficcionalidad de la poesía.
    En el tercer gran apartado de nuestra investigación abordamos también la extensa mudanza que es Libro de los venenos y, a su sombra, las “Notas para un diccionario apócrifo”. En la revisión de las Notas nos hemos detenido en consideraciones léxicas alrededor del mot rare y de los fenómenos osmóticos que revelan la conexión entre el lenguaje, arcaico o no, de la farmacopea toxicológica y la aquí llamada lengua propia. El diccionario es, desde este punto de vista, un particular musée imaginaire, apócrifo y tautológico, donde destacamos la fruición de las palabras “frutales y paradójicas” y la soterrada presencia del subjetivismo (las graduaciones del pronombre tú).
    Estos rasgos encuentran nuevo acomodo en Libro de los venenos, del que hemos señalado someramente los referentes bibliográficos para destacar el abigarrado sustrato intertextual en que se mueve esta escritura. Una sucinta identificación de las fuentes nos ha conducido a poner de manifiesto el selectivo envite lúdico de la obra frente a un lector anonadado: el sustrato hipotextual nos muestra, de nuevo, cómo se diluye la originalidad en el imperio de la corrupción, de la atribución dudosa, de la reminiscencia, y cómo se aproxima la escritura a la anonimia.
    Cuatro son las máscaras vocales de Libro de los venenos: Dioscórides como pieza angular, Laguna debidamente retocado, Kratevas como alter ego de Gamoneda y de nuevo Gamoneda comentarista. Cada firma, en este contexto, se configura como el exponente de una ausencia, de una desposesión dependiente del injerto en ese lugar inaudito que es el diálogo de las cuatro voces a las puertas del siglo XXI: una lectoescritura desvirtualizada, aberrante pero estéticamente efectiva, fantasmagórica, deshecha en ecos parasitarios y en dispersiones.
    Libro de los venenos cuestiona también, radicalmente, la determinación de su pertenencia a un género al reciclar textos con desvaídas funciones comunicativas (el protocientifismo deriva aquí al esteticismo preciosista y a la fábula) y conformar un artefacto retórico transgresor sui generis. La apoyatura básica de Gamoneda es Laguna: el humanista había roto, con “su dioscórides”, un molde clásico y medieval para alojar un recién estrenado yo moderno en la escritura; Gamoneda reutiliza la rotura de Laguna para intentar “desalojar” el ya viejo yo moderno (el subjetivismo) de su escritura en fusión con la de Laguna. Ambos se sitúan en un mismo corrimiento de géneros, en una fractura que alumbra nuevas posibilidades expresivas.
    Relacionada con la ruptura de géneros, aparece en Libro de los venenos la inclusión de narraciones alrededor de Kratevas, un personaje complejo y oscuro, un mercenario del dolor y de la enfermedad, familiarizado profesionalmente con la muerte y con todas las pasiones del alma humana. Kratevas introduce la última inestabilidad del texto, la más esencial, pues con él el artificio estético se desliza hacia la ética, donde el discurso danza entre el veneno, el horror y el crimen, todo ello en medio del exceso y de la abyección. Al deslumbramiento del continente verbal —la sonoridad de las palabras, su gravitación musical, su sintaxis, sus formas narrativas— se le une la turbación de una prolija inspección sobre el Mal, disfrazado aquí de abundantes digresiones narrativas sobre la eficacia de los métodos del atosigamiento sutil. La carencia de un asidero moral en estos procesos “reproduce” el hechizo ontológico de la conciencia perpleja ante la muerte, conciencia de la que ya teníamos extensa noticia en la “lengua propia” de Gamoneda. El exorcismo en palabras contra el miedo nunca es pleno —un relativo fracaso—, pero nos queda esta visión radical: una exposición indagatoria, audaz y a menudo insoportable, sobre la muerte contemplada desde más allá de la subjetividad, desde un lugar apenas imaginable.
    La cuarta y última parte de la investigación versa sobre un único relato: Relación de don Sotero. Con él nos adentramos en otra reescritura, en gran medida paradójica, pues, entre otras particularidades llamativas del texto, antecede cronológicamente a la mayoría de los hipotextos que se pueden rastrear bajo sus líneas. Abordamos el relato, básicamente, en su función paródica. En una lectura detenida, párrafo a párrafo, hemos ido desgranado formas simbólicas, rasgos estilísticos, campos semánticos e incluso detalles biográficos compartidos con la lengua propia. Posteriormente hemos comprobado cómo se lleva a cabo una tergiversación subversiva mediante la hipertrofia textual y también a través de la elección de un nuevo continente narrativo que sustituye el confesionalismo por la impostura.
    Se puede detectar en Relación de don Sotero el realismo grotesco que Bajtín definió para las formas carnavalescas medievales: la risa apoyada en el fisiologismo más feroz y en la parodia sacra. Pero la dimensión paródica del relato sólo se revela en cuanto espejo deformante donde releer distorsionada la poética gamonediana. Por ello, el relato actúa como la mano que deshace el reflejo del agua, como exponente de una severa deconstrucción que deja paso al sinsentido moderno tal y como éste ha sido descrito por Menninghaus. El sinsentido sería aquí la respuesta, por vía negativa, a la demanda ante el lenguaje de una significación infinita. Cuando, a partir de los mismos materiales de su lengua propia, Gamoneda erige un relato que suprime la aspiración o la sugestión de la revelación (que “no demuestra nada ni deja de demostrarlo”), acota con él el borde mismo de las posibilidades de una escritura, suspende su funcionamiento. La parodia así diseñada fija y resalta —y asesina, estereotipándola— la textualidad de lo parodiado, al tiempo que realiza un cuestionamiento valorativo complejo, que habla de la fragilidad de los textos totalitarios (instauradores de un sentido) al restarles el brillo de la potencia subjetivadora en la fundación de un discurso trascendente. Si en Libro de los venenos asistíamos a una calculada destrucción de yo subjetivador, Relación don Sotero añade a este propósito, mediante el desmantelamiento paródico, la supresión radical de “la soberanía de las palabras”.
    Hasta aquí el resumen de los contenidos esenciales de nuestra investigación. Recapitulemos en unas páginas finales el sentido de los límites que sustentan la escritura de Antonio Gamoneda.
    Denominamos radicalismo al empuje mediante el cual la lengua poética es conducida hacia espacios donde se pone en juego su pervivencia, su continuidad, sus posibilidades significativas. Toda poética radical, toda reincidencia sobre un límite, abandona un terreno conquistado, una posición acomodaticia, para enfrentarse a ese borde que dibuja su precariedad, para asomarse de lleno al vacío situado más allá de lo verbal. En Gamoneda, la búsqueda transcurre entre el acendramiento de la conciencia, el dominio de la lengua y, especialmente, desde un posicionamiento de extremo rigor ante su propia labor. El marco histórico —que acompaña al biográfico— de los diferentes límites contemplados en nuestra investigación es, lo hemos señalado repetidamente, el final de la gran lírica romántica. Por ello, serán las claves románticas (subjetividad, trascendencia, originalidad…) las que se resientan ante el brío inquisitivo y liberador de la palabra radicalizada.
    Así hemos comprobado cómo buena parte de la escritura de Antonio Gamoneda linda con el silenciamiento. Éste puede aparecer derivado de un contexto exoliterario, cuando el autor extrema la propuesta parcial de la censura, entierra sus versos durante años y propicia un salto cualitativo hacia “otro lugar”. Pero el silenciamiento tiene también otras cualidades íntimas que afectan a la progresión de la vía indagativa de la poesía. La marginalidad, asumida y finalmente deseada, está emparentada con algunas de las manifestaciones más seductoras del silencio. Por otra parte, establecida una perspectiva en la cual el poeta se sienta a contemplar la muerte, la experiencia poética será el relato de esa aproximación a una extinción simultáneamente vital y verbal. Si el hermetismo —el cuestionamiento autorreferencial, la indeterminación— de Descripción de la mentira señalaba abiertamente las grietas del gran edificio poético, “Frío de límites” —verdadero punto de llegada, límite expresivo— dibuja la línea final, ascética y frágil, hasta donde es posible el avance.
    Cuanto más se estiliza la escritura en ese agotamiento luminoso, más espacio ocupa en la labor pasional de Antonio Gamoneda la reescritura, otro radicalismo que redefine la materia poética a partir de su porosidad, de su maleabilidad. La losa del paso del tiempo impone una distancia, una fijación (y finalmente un previsible olvido, mortal): la reescritura proporciona ese hálito orgánico donde los poemas pueden volver a respirar. Tachar lo ya escrito —pues en Gamoneda reescribir supone con frecuencia la tachadura— es, entonces, preservar del silencio lo que todavía late vivo en el poema.
    Como práctica radical, la reescritura actúa en Gamoneda no sólo sobre la palabra ya dicha sino también “hacia delante”, como una forma de dialogismo del autor consigo mismo mediante la autocita combinada con la voluntad recapituladora (Arden las pérdidas). “Hacia delante”: un paso más en la conciencia reflexiva y sensitiva —poética—, un paso que exprime hasta el fondo el recurso de la reiteración con nuevas modulaciones que obliteran el peso de lo ya dicho.
    El trabajo sobre la porosidad —el desanquilosamiento— de la lengua propia se acompaña, se continúa, en Gamoneda con el de la apropiación de las lenguas ajenas (o propicias). Reescritura y mudanza se engarzan así íntimamente. Lo iniciado como una práctica intertextual en la asimilación de Nazim Hikmet o Blanca Valera, por ejemplo, alcanza su expresión más depurada, más compleja, en las mudanzas de Esta luz (Mallarmé, Trakl) y, especialmente, en Libro de los venenos. El límite rozado en este último caso no es ya el del silencio sino el de la disolución de la originalidad en el murmullo de múltiples voces recolectadas en un tiempo muy dilatado.
    Obra de un particular y complejo experimentalismo esteticista, Libro de los venenos propone otro punto de llegada: este gran artefacto retórico demuestra cómo una fabulación desatada sobre una lengua semiolvidada puede todavía conmovernos, despertar en nosotros la sensitiva ebriedad de la poesía.
    Emplazada al final de nuestro recorrido, encontramos la propuesta más radical del autor: Relación de don Sotero, parodia —descomposición y escarnio— de las condiciones esenciales de toda su poética. Este relato responde violentamente, así lo hemos leído, a la amenaza cobijada en el vasto y utópico proyecto romántico: el fracaso de una autenticidad ontológica, la ficcionalidad de lo poético. Tal forma de reescritura sustentada en la distorsión y la degradación deja paso al sinsentido, una vía poética de pura negatividad donde, paradójicamente, y en medio de la mayor precariedad, aún subsiste la palabra.
    Éste ha sido nuestro mapa sobre las múltiples escrituras de Antonio Gamoneda. Más exactamente, hemos acompañado al autor en un viaje del que relatamos aquí las incursiones en varias de sus fronteras. Confiamos en que con este recorrido, no reduccionista, no exhaustivo, hayamos abierto para otros lectores, en alguna medida, las inagotables puertas heterotópicas que nos brinda la literatura.
 CARMEN PALOMO

La Casa de Cultura de Villamayor (Salamanca) llevará el nombre de Antonio Gamoneda

April 21, 2008
Hoy lunes, 21 de abril, a las 8 de la tarde, habrá un acto en el pueblo de Villamayor (Salamanca), donde se pondrá el nombre de Antonio Gamoneda a la Casa de Cultura de la localidad.
 Gamoneda en Villamayor
 Más información en Tribuna de Salamanca.

24 de abril: encuentro entre Gonzalo Rojas, Gamoneda y Juan Gelman en Alcalá de Henares

 Gelman y Gonzalo Rojas

Nos acabamos de enterar por el programa ‘La estación azul’ de RNE:
El próximo 24 de abril, los tres premios Cervantes mantendrán un encuentro con los estudiantes de la Universidad de Alcalá de Henares, que estará moderado por el profesor Antonio Fernández Ferrer. Será a las seis de la tarde, en el paraninfo de la Universidad.

Un día antes, el 23 de abril, Juan Gelman recibirá el Premio Cervantes 2007 de manos de los Reyes de España en el mismo marco.

Y dos días después, el 25 de abril, Gamoneda y Gelman mantendrán un encuentro abierto al público en León

‘Descripción de la mentira’, por JULIO LLAMAZARES

Una TRIBUNA de Julio Llamazares en El País (25 de mayo de 2007)
 
 Julio Llamazares
 *
DESCRIPCIÓN DE LA MENTIRA

Por JULIO LLAMAZARES

    En 1977, cuando el hoy premio Cervantes Antonio Gamoneda era un perfecto desconocido, publicó un libro de poesía que a muchos nos conmocionó. Se llamaba —se llama— Descripción de la mentira.
    Cuando apareció ese libro, Antonio Gamoneda llevaba 17 años sin publicar. Así que, para los jóvenes como yo era, como para la mayoría de los que lo leyeron, Descripción de la mentira supuso todo un descubrimiento. Se trataba de una poesía distinta, hermética, pero bellísima, y, sobre todo, llena de interpretaciones. No hace falta que yo diga que para mí aquel libro sería fundamental.
    Sé que a Antonio Gamoneda, tan poco amigo de las simplificaciones, la lectura que algunos hicimos entonces de su libro no le agradaría mucho, aunque, con su buen estilo, nunca dijo nada en contra. Me refiero a esa lectura que identificaba un tanto simplistamente (era la época y era también nuestra ingenuidad) la mentira del título de su libro con la que este país había vivido durante años. A través de ella, versos como el que abre el texto —"El óxido se posó sobre mi lengua como el sabor de una desaparición / El olvido entró en mi lengua y no tuve otra conducta que el olvido / y no acepté otro valor que la imposibilidad"— cobraban a nuestros ojos un sentido muy directo, tan directo quizá como distinto al que el poeta había querido darles. Y no digamos aquellos otros que expresamente apuntaban: "Los que sabían gemir fueron amordazados por los que resistían la verdad, pero la verdad conducía a la traición / Algunos aprendieron a viajar con su mordaza y éstos fueron más hábiles y adivinaron un país donde la traición no es necesaria: un país sin verdad". Esto, para mí y para mis amigos, en aquel año de 1977, era toda una declaración.
    Recordaba todo eso mientras Antonio Gamoneda, con su educación antigua, leía su discurso sobre la poesía y la pobreza delante de un auditorio —el de los premios Cervantes, en Alcalá de Henares— la mayoría del cual seguramente no sabía quién era hasta esa mañana y me venía a la cabeza aquella lejana época en la que yo pensaba que la mentira era algo del pasado, algo que afortunadamente se terminaba por fin en este país. ¡Qué ingenuos éramos todos! ¡Qué infelices creyendo que aquel libro que leíamos como si fuera una revelación no era una visión del mundo, sino el epitafio de una época concreta!
    Aquel país ha cambiado mucho, pero los versos de Gamoneda siguen vigentes, por desgracia para nosotros. Y continuarán estándolo, me temo, habida cuenta de hasta qué punto la mentira ha arraigado en nuestros comportamientos, sobre todo en los de la vida pública. Basta leer los periódicos, mirar las televisiones, escuchar los discursos de nuestros dirigentes o los debates de los opinadores para ver cómo esa palabra, la mentira, es la más utilizada por todos ellos, eso sí, atribuyéndosela siempre al otro. Y lo peor es que esas acusaciones ni siquiera se toman en serio, al menos no como para denunciarlas (en el caso, claro está, de que fueran infundadas), como si la acusación de mentir fuera algo natural, tan natural como la mentira en sí. Al fin y al cabo, se justifica, éste es el país de la picaresca.
    Desde hace tiempo, esa situación se ha acentuado hasta el punto de que continuamente nuestros políticos se acusan mutuamente de mentir, cuando no mienten abiertamente, como ocurrió con el 11-M. Que alguien lo haga es ya grave en sí, pero más grave es la impunidad con la que tal comportamiento es tomado por el resto, impunidad que lleva a algunas personas (el ex presidente Aznar, a propósito de los motivos para la invasión de Irak, por ejemplo) a reconocer que mintieron o que no dijeron la verdad completa sin dimitir a continuación ni pedir perdón a los ciudadanos, como si el solo reconocimiento de la mentira bastase para borrarla de sus currículos y sus efectos de la vida de la comunidad. Eso cuando no se da un salto adelante y se pretende borrar la mentira con otra nueva, como ahora hacen quienes nos niegan que durante varios años han sostenido, incluso contra las pruebas, que los autores de la matanza del 11-M la ejecutaron en colaboración con ETA. Doble mentira que ofende aún más, por cuanto la primera se agranda con la segunda, como ocurre con esos errores que se pretenden subsanar con otros.
    Seguimos, pues, nadando en el mismo fango que el poeta Gamoneda describía hace tres décadas ("El silencio y sus círculos, el ácido que depositas sobre mi salud / la suciedad obligatoria de mi alma: éste es el precio de la paz"), sólo que ahora sabiendo que eso es así. Ahora no hay velos que disimulen la mentira y el engaño, como antes, pese a lo cual ambos continúan vigentes. Y continúan vigentes por lo que he dicho: porque nos hemos acostumbrado a mentir y a que nos mientan, porque la mentira aquí no tiene el rechazo que en otras partes, porque en la patria de la picaresca no está mal visto —al revés— engañar al oponente, siempre y cuando se haga con gran cinismo, porque la mentira, en fin, forma parte de nuestra idiosincrasia, especialmente de la de aquellos que aprendieron a mentir en los tenebrosos años en los que "los que sabían gemir fueron amordazados por los que resistían la verdad".
    Dicen los historiadores que los efectos de una dictadura tardan décadas en desaparecer y el ejemplo quizá sea España. Aunque mucha gente sostenga que estamos homologados con los países de nuestro entorno, aunque nuestra economía crezca pujante, por delante incluso de las de aquéllos, aunque, desde hace ya tiempo, el ejercicio de la política se atenga a las normas de la democracia, todavía arrastramos un déficit de normalidad que hace que sobrevivan entre nosotros comportamientos pertenecientes a otros sistemas y que ello se contemple con cierta indiferencia por la gente. Debe de ser la costumbre. Vuelvo a los versos de Gamoneda, aquellos que yo leía a finales de los setenta como si fueran una revelación: "De la verdad no ha quedado más que una fetidez de notarios / una liendre lasciva, lágrimas, orinales / y la liturgia de la traición (…) / ¿Qué lugar es éste, qué lugar es éste?".

Gamoneda: “Gelman es un poeta existencialmente heroico”

April 19, 2008
 Gamoneda y Gelman
    El poeta leonés y premio Cervantes 2006 Antonio Gamoneda considera que el argentino Juan Gelman, que el próximo miércoles recibirá de manos del Rey el Cervantes 2007, es «existencialmente heroico» y posee «una increíble capacidad de asumir el sufrimiento con una sonrisa muy humana». Gamoneda hizo estas afirmaciones durante la presentación del audio-libro La voz de Juan Gelman, que recoge la grabación y la transcripción de la lectura que de sus poemas hizo Gelman (Buenos Aires, 1930) en la Residencia de Estudiantes en 2004.
    El de ayer fue un diálogo entre dos poetas premiados con el máximo galardón de las letras en castellano, y tuvo lugar en el templo de la poesía por excelencia, la Residencia de Estudiantes, la casa que albergó a los poetas de la generación del 27, y donde a Gelman le gusta cobijarse en muchos de sus viajes a Madrid. La presentación de este audio-libro inaugura la sucesión de actos que el poeta argentino tiene previsto llevar a cabo la próxima semana con motivo de su flamante premio Cervantes. En el audio-libro, la voz pausada y porteña de Gelman recita una amplia selección de su obra, con poemas de sus libros Anunciaciones, Vale la pena, Salarios impíos y otros poemas o País que fue será.
    Y Gamoneda quiso recordar que toda la poesía de Gelman le causa un «respeto muy grande».
    «Su poesía es sombría ante el sufrimiento y puedo decir que su vida, al igual que su poesía, es prodigiosamente anormal. Su obra nada tiene que ver con la ficción ni, por supuesto, con el realismo. Su poesía es la verdad».
    Para Gamoneda, el escritor argentino es «un poeta de raza que parte de no saber sabiendo». Gelman agradeció las palabras de su compañero en la lista de los Cervantes y leyó varios de sus poemas, un aperitivo para abrir boca a sus incondicionales en España.
    La ciudad de León acogerá el próximo día 25 un encuentro entre ambos poetas. 
    (Recogemos la noticia de Diario de León

Presentando el monográfico de Ínsula

April 7, 2008

 Presentación del número de la revista Ínsula dedicado a Gamoneda

De izquierda a derecha, José María Castrillón (coordinador de este número de Ínsula junto con Jordi Doce), Antonio Gamoneda, Arantxa Gómez Sancho (editora de Ínsula) y Jordi Doce.

 Gamoneda en la presentación de la revista Ínsula

Presentación del número monográfico de la revista Ínsula dedicado a Antonio Gamoneda, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el pasado viernes, 4 de abril de 2008.

Entrevista a Antonio Gamoneda en la revista Ínsula

April 4, 2008
ANTONIO GAMONEDA: “NO PUEDO PRESCINDIR DEL LENGUAJE POÉTICO PARA EXPONER LA VERDAD”
 
La entrevista de Eloísa Otero y Tomás Sánchez Santiago con el poeta
en el último número de la revista Ínsula
Antonio Gamoneda, en una foto de MURCIEGO
    La persistencia con la que Antonio Gamoneda vigila sus recuerdos ha tomado ahora un cariz decisivo. Desde hace algún tiempo, el poeta se afana en escribir unas memorias que aún no da por buenas. En pleno proceso de esa escritura, Gamoneda se sigue planteando cuestiones que van más allá de lo meramente anecdótico o testimonial: la función de la verdad en su escritura, la preeminencia del lenguaje poético, las sorpresas durante el curso de esa introspección biográfica, dolorosa pero al mismo tiempo, según su testimonio, con una fuerte capacidad liberadora. Sobre todos estos aspectos, conversamos largamente con el poeta una mañana de verano en su domicilio de León. La entrevista que sigue da cuenta de aquella demorada conversación.

¿Por qué unas memorias precisamente ahora? ¿Quizá quieren servir para aportar claves sobre algunos de los símbolos de su poesía, como un correlato de su poesía?
    No. La intención no es completar en ningún sentido la significación ni el trabajo poético, en el sentido convencional. Pero si el poeta apuesta por las realidades y por el relato existencial, implícito, ciertamente el explícito parece que va a socavar de alguna manera ese otro relato poético. De hecho mi hija menor me ha planteado ciertas reservas sobre la oportunidad de estas memorias por esta razón. O sea, que ese no es el motivo. Mis memorias no pretenden, en ningún caso, completar la escritura poética. Más bien es la necesidad, en un momento concreto, de un reencuentro conmigo mismo.

De pronto, a estas alturas de su vida, surge el detonante de la niñez. ¿Por qué precisamente ahora?
    En determinado momento, hace ya algunos años, surge en mí una conciencia de vaciamiento, más que una necesidad de previsión. Entonces aparece Cecilia, y eso contradice aún con más fuerza esa premonición negativa mía respecto del futuro. No es que la niña haya creado en mí –aunque también– una ternura, un amor especial. Quizás los abuelos podrán entenderme bien cuando hablo de la sensación de que yo estoy viviendo en esa criatura. Sentirme vivir en un ser humano que acaba de llegar a la existencia reduce mi temor a la muerte y me coloca en una posición de contemplación de la vida con las pilas raramente cargadas de algo. Eso puede explicar bien esta nueva actitud mía ante mi escritura.

¿Hasta el punto de que pueda ser Cecilia el estímulo para escribir esas memorias en las que lleva ya un tiempo ocupado?
    No soy plenamente consciente de ello. No sé si mi nieta acabó de suscitarlo. Seguramente los cambios que se dan en mi perspectiva temporal, en orden a la contemplación, y que antes se dirigían al vacío, armonizan con el hecho de que yo me haya buscado a mí mismo en mi infancia. Cabe esa posibilidad, sí.

Y, por otra parte, es de suponer que sabe usted que va a transmitir a su nieta cosas que ella no sabría de otra manera.
    Bueno, eso parece que sucederá irremediablemente. Otra cosa es que eso sea bueno o malo para ella.

Hay otra cosa, esa peculiar manera que usted tiene de abordar las memorias implica una primacía del valor del lenguaje sobre los hechos y datos objetivos. Hay una transgresión también en ese género, como si no acabara usted de entregarse sin concesiones a la manera tópica en la que se suelen escribir las memorias…
    Mi voluntad principal es la de la anotación irremediablemente pseudo-objetiva, aunque mi primera intención era la de la escueta anotación de los datos. Quiero que haya un primordial valor documental en estas memorias. Pero es cierto también que probablemente haya algo más: yo carezco de la capacidad de delinear con precisión intelectual los datos y eso lleva a suponer que, a pesar de mí mismo, haya una filtración de pensamiento poético en esta escritura. Esta es la duda que tengo. Todavía hoy me estoy planteando una reescritura de esas memorias, incluso después de siete u ocho meses sin revisarlas siquiera. He de intentar averiguar si lo más real en mí, tanto en términos existenciales como en los que se refieren al acto de escribir, es resignarme a la presencia de pensamiento poético o forzar la expulsión de ese pensamiento. Y no lo sé todavía.

Pero ¿no cree usted que es incompatible, desde el punto de vista del lenguaje, esa convivencia entre el pensamiento poético y la voluntad de dictar unas memorias con datos rigurosos?
    No creo que alcance a serlo. Lo que puede hacer el pensamiento poético es proporcionar al recuerdo unos rasgos pseudo-objetivos, como antes decía, cierto margen en orden a manifestarse también en términos poéticos. Por lo que a mí respecta, lo que no voy a consentir es que la filtración del pensamiento poético conduzca a un falseamiento de lo que yo considero que es la verdad de mis recuerdos, consideración que acaso sea insegura. El tiempo me lo irá diciendo.

Seguimos merodeando en torno a las dificultades de encontrar un lenguaje válido para la exposición de la memoria biográfica. Usted, que ha confesado que su vida está en función de sus recuerdos –y en su poesía hay constancia sobrada de ello–, tendrá conciencia de aquello que Valle-Inclán decía: “Las cosas no son como fueron sino como las recordamos”. Esa evidencia, que quizás explique aquella cualidad “pseudo-objetiva” de la escritura memorialista a la que usted se refería, debe inquietarle por fuerza. La transmisión en las palabras de una exactitud supone quizá la aparición de otras adherencias que lo complican todo. Hay quien sostiene que todo recuerdo expreso es fruto de elucubración, no la transcripción de un hecho real conservado intacto.
    Desde luego, me opongo a la noción de elucubración en lo que respecta a mis memorias. El hecho de que yo no sepa pensar si no es de esa manera, tiznada por la poesía, me impone la necesidad de otra escritura para estas memorias. En todo caso, el pensamiento poético, si se filtra, no va a falsear los datos, que se habrán de manifestar también a través de la trama pensativa del poeta que inevitablemente soy. Mi pelea está en encontrar una compatibilidad entre la obediencia a los datos y el lenguaje que emana del pensamiento. Porque, ¿qué es más real, que yo persiga una especie de inventario escrupuloso de los hechos o que mantenga la verdad de esos hechos sin evitar algo que, en el fondo, no deja de ser también otra realidad de mi existencia?

Contará también con el olvido como otra forma de la memoria. Era Castilla del Pino quien sospechaba de eso que se llama “tener buena memoria”, que él no concebía porque nunca puede darse por cierto sin más todo lo que se recuerda.
    Por descontado que cuento con el olvido. Incluso en el original de Un armario lleno de sombra –que así se van a titular estas memorias– puede haber, en este sentido, una carga antipática de advertencias. Aunque no sé si dejarlas o confiar el texto sin más al lector.

Y eso que podríamos decir que su escritura poética está contra el olvido. ‘Descripción de la mentira’, ‘Lápidas’… son libros que podrían adjudicarle la condición de poeta-testigo de acontecimientos históricos –como la Guerra Civil o la propia posguerra, en que los vencidos fueron silenciados–, que sabe que tiene que dar cuenta de eso que sucedió para que no desaparezca.  Pero, a la vez, hay en usted la condición del cautivo que no puede escapar de escenas, de imágenes que retornan obsesivamente y reaparecen en nuevas escrituras. Es una doble postura –moral y vital– con la que usted debe de haber aprendido a convivir: escritura como deber y escritura como algo orgánico, que se reaviva por su cuenta una y otra vez, y le obliga a mostrarla.
    Sí, creo que hay mucho de eso en mi escritura poética, que está siempre fundamentada en la memoria. Y esto es lo que me hace pensar que, con independencia de la condición visionaria que se me atribuye –y que yo reconozco–, sin embargo en mi poesía estoy proporcionando, estoy acudiendo a referentes históricos que están en mi memoria. Ya he dicho muchas veces que toda, absolutamente toda mi poesía es autobiográfica. Eso es lo que me hace pensar que no hay incompatibilidad entre la exposición de la verdad y el lenguaje poético. En todo caso, lo que hay son dos puntos de partida distintos: en la poesía se va del pensamiento poético al encuentro con los hechos existenciales y, en cambio, en las memorias el proceso parece inverso.

Y, sin embargo, en su caso esta distinción no parece afectar al lenguaje. Insistimos: usted no parece asumir sin más el lenguaje convencional de las memorias, al menos en los pasajes que hasta ahora hemos podido leer.
    No lo sé. Es algo que tendré que averiguar o que decidir en cada momento de escritura. Pero es verdad que habría un cierto irrealismo en el hecho de desplazar o de oponerme a la presencia del pensamiento poético, puesto que éste es parte de mi vida y, por tanto, también deberá aparecer en mis memorias. Puestos así, el asunto sigue siendo difícil, y este libro que ahora tengo grapado y está ahí esperándome –a ver cuándo me libro de tanto compromiso y puedo volver sobre él– tendrá que ser seriamente revisado desde el punto de vista de su expresión.

Nos gustaría saber algo más de esas memorias: desde cuándo las está usted escribiendo, en qué momento de su vida comienzan…
    Teniendo en cuenta que hace más de un año que no hago nada… Digamos que he estado con ellas los dos años anteriores hasta llenar esos 150 folios que llevo escritos. En cuanto al arranque cronológico, es anterior a mi vida y se construye a partir de los que yo llamo “recuerdos heredados”. Mi madre, mi madrina y una tía carnal que me quería mucho me dieron informaciones incompletas, pero suficientes, para que yo ahora pueda hablar de algo que tiene que ver con mi vida y que, sin embargo, es anterior a mi nacimiento.

O sea, que en realidad, los recuerdos no son de primera mano. Su madre debió de ser decisiva en la transmisión de muchos de ellos. ¿Qué peso tiene esa transmisión?
    Mi madre recibió una marca derivada de la desaparición de mi padre que llevó consigo siempre. Ella me transmitía –yo era un chiquillo todavía– la desolación de nuestra vida a partir de la muerte de mi padre, algo que también trato en las memorias. No es que me informase mucho pero sí lo suficiente para advertir que ella culpabilizaba a alguien impreciso de su desgracia y de la muerte de mi padre. He tenido que hilvanar muchos datos ajenos entre sí: palabras de mi madrina, recuerdos de mi madre poco claros, como digo, algunas informaciones de mi tía Ángeles, con la que vivimos en Oviedo varios meses… Y siempre era así: medias palabras, datos desenhebrados que he ido reconstruyendo como he podido para tener una visión probable de aquellos años.

Desde luego, la muerte de su padre tuvo que estar rodeada de misterio. Usted era un niño al fin y al cabo.
    Sí. En este sentido he llegado a la conclusión, ayudado por algún testimonio relevante, de que mi padre sufrió un ictus cerebral con una paralización importante del cuerpo y, además, una añadidura patológica de carácter infeccioso. Él tenía, con toda seguridad, completa conciencia de que aquello era terminal. Es mi madre quien recoge todo esto, haciéndome sentir esa ausencia y creándome una conciencia de la muerte muy temprana, así que el resultado en mi escritura no ha sido invento mío, sino producto de unas circunstancias totalmente reales. Por otro lado, esta conciencia de la muerte se amplía con el espectáculo de la Guerra Civil, de la represión en El Crucero, el barrio donde vivíamos cuando nos trasladamos de Oviedo a León.

¿Cómo pesa todo eso? ¿Se puede decir que, a pesar de todo, conoció alguna felicidad en su infancia?

    No, porque mi madre no sabía… no me proporcionaba un rostro… que me animase. Por otra parte yo era consciente de nuestra situación en la pobreza… Era consciente del enorme esfuerzo que afrontaba mi madre en muchas ocasiones, trabajando demasiadas horas…. Cuando yo empecé a encender la caldera a las cinco de la mañana en el banco, ella me despertaba porque a esas horas todavía estaba trabajando con la máquina de coser. Bueno, no había muchas posibilidades de ser feliz, y en ese sentido la zona más risueña de mi vida infantil se la debo a mi amigo Pablo de la Varga, que era muy imaginativo y continuamente me proponía travesuras y aventuras.

Y sin embargo, a pesar de tanta desdicha como le rodeó desde muy pronto, en su poesía se detecta mucho amor a la vida.
    Yo no entiendo la vida, ni en el orden ontológico siquiera. Eso de ir de la inexistencia a la inexistencia, y que haya por medio un tramo de conciencia y de organicidad, en el cual tú ves el mundo desde tu interior y eres tú en ti… A mi eso no me entra en la cabeza muy bien. Y mi vida ha sido jodida, aunque a estas alturas… bueno, sería ridículo caer en esa lamentación que consiste en decir: si yo hubiera podido tener no sé qué… una educación… Bah, tonterías. Mi vida ha sido la que ha sido, y a estas alturas no siento demasiado enfado con la existencia. Sí que fue jodida, y me ha impregnado dolorosamente, pero, desde luego, no fue una vida desmedulada ni de poco peso.

¿En qué contexto real se produce el arranque de la propia escritura de las memorias? ¿Hay algún detonante concreto que le estimulara a ello?
    Sí lo hay. Fue cuando abrí el armario que mi madre tenía siempre cerrado. Me decidí a abrirlo un día que estaba yo solo en casa, algún tiempo después de su fallecimiento. Empezaron a aparecer objetos representativos en relación con mi infancia e incluso anteriores a mi vida. Y eso me puso en situación…

¿Pero usted sabía de la existencia del contenido de ese armario? Se nos ocurre que acaso fuera una pieza inquietante, una suerte de fetiche ante el que usted pasaría durante años con la prevención natural de estar ante algo que podría revelar secretos de su propia vida o de la de su madre. ¿Fue así?
    Sí, en cierto modo sí. Era un armario que únicamente abría mi madre, al menos hasta los últimos años de su vida. Aun así siempre se respetó, nunca investigó nadie en él hasta que yo lo abrí después, esa tarde en que me decidí a hacerlo.
 
¿Y entonces que encuentra en él?
    Ropas, objetos, escritos, fotografías, pequeñas joyas… cosas que aparecen en las memorias. Pero, por encima de todo, la sensación más fuerte que yo tuve al abrirlo fue el olor de mi madre físicamente viva. Así que, naturalmente, esa tarde fue decisiva en cuanto al impulso inicial de la escritura de las memorias. Fue en efecto el detonante, como vosotros lo llamáis.

Teniendo en cuenta que las memorias son también una aventura compartida, y que implicarán a las personas queridas más próximas –su mujer, sus hijas, sus amigos aún sobrevivientes–, ¿qué expectativas tiene usted hacia los niveles de recepción en su entorno más cercano?
    Para mí fue durísimo el proceso: fue un reencuentro conmigo mismo, con recuerdos que tenía aunque no era consciente de que los tenía, y que salieron asociados a otros, por un lado en el contexto terrible de la Guerra Civil y la primera posguerra y, por otro, en un contexto familiar bastante desdichado. Por otra parte, en la rigurosa inspección que hago de mí mismo no siempre salgo bien parado. De manera que ha sido duro para mí por diversas razones. Y me pareció que porque se trataba, en efecto, de poner en claro cosas verídicamente inscritas en mi vida, quienes primero tendrían que conocerlo era la gente de mi casa: mi mujer y mis hijas. En general tengo que confesar que en casa no hay mucho entusiasmo ante la posibilidad de que yo publique estas memorias.

A lo mejor es que hay implicaciones inesperadas…
    No sólo por esas posibles implicaciones o por las referencias que a mí me conciernen. Es, en suma, un texto fuerte en sí mismo. Y algo más. Una de mis hijas me dijo una cosa que me hizo pensar: podría ser que estas memorias afectaran a mi escritura poética, a ese posible misterio –no me gusta mucho la palabra– que hay en la poesía. Pero, bueno, los escritores vivimos en la contradicción, y yo he sentido la necesidad de iniciar estas memorias por razones de existencia, inseparables de mi condición de escritor.

Y, ya al margen de esas razones de posible correspondencia entre sus memorias y su poesía, ¿es usted consciente de haber hecho nuevas aportaciones que afecten directamente a aquel contexto leonés de su infancia y juventud?

    En mis poemas esos datos (hechos, personas…) están ya de manera implícita. En las memorias estarán explícitos.

¿Ha advertido en el proceso un efecto terapéutico, en el sentido de que las memorias puedan llegar a ser, a pesar de todo, un antídoto contra el dolor?
    En la escritura hay siempre una liberación. Siempre he pensado que el hecho de transferir lo que es intimidad reprimida y colocarlo en una hoja de papel para que aparezca luego públicamente expuesto en letra impresa, no modifica los hechos, pero de alguna forma libera. En mi caso, mi reencuentro con quien yo fui hace 60 ó 70 años es borroso, pero es causa de cierta terapia al realizarse esa transformación que convierte los hechos en algo más, en otra cosa donde se implica también una voluntad estética, un placer… No sé bien cuáles son los elementos determinantes pero sí sé que en la escritura hay una liberación.

¿Llega usted a tratar en este nuevo libro su expulsión del colegio a los trece años?
    Sí. Estudié con los frailes agustinos, entre los que proliferaba el sadismo y la pederastia. Buena parte de ellos daba unas palizas tremendas. En cuanto a mi presencia allí, la cosa era así: yo recibía en aquel lugar enseñanza gratuita a condición de que sacase notas muy altas. Recuerdo que saqué matrículas de honor en el ingreso y en el primer curso. Todo iba, pues, bien. Pero en el segundo curso ya me había unido a los más revoltosos y empecé a ser un alumno díscolo, así que me quitaron por mala conducta un punto en cada asignatura. Se me mantuvo, no obstante, la matrícula gratuita pero yo apuntaba ya otras maneras, un gamberrismo un tanto precoz. Y acabé marchándome. En realidad, me autoexpulsé porque había un fraile, el padre Anacleto, que impartía Francés, que me ridiculizaba públicamente y de continuo por el hecho de que yo no tenía libro de esa asignatura. Mi madre, claro, no me lo podía comprar, y yo estaba esperando una especie de subvención que nunca llegaba. Entonces, expuesto a la vergüenza inherente a la pobreza, era obligado a humillarme todos los días en la clase ante los demás compañeros. No aguanté aquello y decidí irme sin que mi madre se enterara.

Y poco después, cuando va a cumplir 14 años, cierra usted estas memorias, justo en ese momento…
    Es que al día siguiente de cumplir 14 años mi vida da un giro total hacia algo que ya no se puede calificar como infancia, porque empiezo a trabajar en un banco. Yo era el encargado de encender la caldera a las cinco de la mañana. Esa era mi primera labor dentro de una larguísima jornada. En la monstruosa situación laboral de entonces no podía trabajar un chiquillo menor de 14 años, pero a esa edad ya sí. Y ese es el momento en que en mi vida dejo de ser un niño.

Termina usted sus memorias a los 14 años y poco después, en 1947, escribe su primer poema conocido, recuperado en ‘Esta luz’: “Te beberé el cabello. / y cerraré los ojos. // Tu seguirás manando / tu cabello / turbio de besos”. ¿Tiene presente en qué contexto escribió aquel poema de amor?
    Lo recuerdo perfectamente. La destinataria era una niña de 13 años, María Ángeles Lanza, mi mujer.

 
Elo y Tomás, en una foto de MURCIEGO

Recordatorio: Presentación de ‘Ínsula’

 Portada de Ínsula

    Hoy viernes, día 4 de abril, a las siete y media de la tarde, en la Sala Valle-Inclán (5.ª planta) del Círculo de Bellas Artes de Madrid, se presenta el número monográfico de la revista Ínsula dedicado a Antonio Gamoneda.
    El número, coordinado por José María Castrillón y Jordi Doce, incluye artículos de Fernando Rodríguez de la Flor, Túa Blesa, Eduardo Moga, Juan José Lanz, Lawrence Breysse-Chanet, Carmen Palomo, J. M. Trabado Cabado y José Antonio Expósito, así como una entrevista con el poeta a cargo de Eloísa Otero y Tomás Sánchez Santiago y un inédito del poeta: las páginas iniciales y finales de Un armario lleno de sombra, su libro de memorias recién concluido.
    El acto contará con la participación de Arantxa Gómez Sáncho, editora de la revista, José María Castrillón y el propio Antonio Gamoneda, quien leerá sus textos.

Poemas de Gamoneda y un texto sobre la exposición ‘Visión del frío’ en la revista Átopos

March 25, 2008
Portada de la revistaEl último número, el 7, de (haz click:) ÁTOPOS, la revista que bajo el subtítulo ‘Salud mental, comunidad y cultura’ dirige MANUEL DESVIAT (quien firma el editorial titulado ‘Alienación de lo íntimo: de la represión al just do it‘), incluye artículos de Isabel del Cura y Alberto López García-Franco (La medicalización de la vida: una mirada desde la atención primaria), Ander Retolaza (El territorio del malestar), Alberto Ortiz Lobo (Los profesionales de salud mental y el tratamiento del malestar), Constantino Bértolo (Una lectura fracasada), Amador Fernández-Savater (Politizar el sufrimiento), María Angeles Gil Bonmatí (No disfruto), María José Gil Bonmatí (Mobbing), Javier González (Verónica), Ignasi Pons i Antón (Psicologización de la vida cotidiana).
En las páginas centrales de la revista, poemas de ‘Descripción de la mentira’ de Antonio Gamoneda y poemas de Elena Medel, un artículo de Eloísa Otero sobre la exposición ‘Visión del frío’ y la recuperación de artículos de la revista Triunfo, firmados por Manuel Vázquez Montalbán, sobre ‘El poder de la copla. Crónica sentimental de España’.

27-M, en Aranda de Duero para hablar de cultura, arte y vino

Los escritores leoneses Antonio Gamoneda y Raúl Guerra Garrido disertarán, junto a Espido Freire, sobre la relación «indispensable» entre la cultura, el arte, la vida y el vino, el próximo 27 de marzo en Aranda de Duero.
La charla se enmarca en el II Congreso Internacional Ribera del Duero, que acogerá el Centro Cultural Caja de Burgos de la localidad de Aranda de Duero (Burgos) entre en el 26 y el 28 de marzo. Ésta es una de las conferencias más destacadas del congreso, en el que diversos profesionales nacionales e internacionales del mundo del vino analizarán la situación del sector, perspectivas de futuro y oportunidades de diferentes mercados. Esta segunda edición, coincide además con la celebración de los actos conmemorativos del 25º Aniversario de la D.O. Ribera del Duero. Así, el primer día, miércoles día 26 de marzo, Vicente Sotés, de la Universidad Politécnica de Madrid, hablará sobre la variedad terroir único, mientras que Richard Smart, experto australiano en viticultura, analizará el viñedo del siglo XXI.

‘A LA ESCUCHA’ / Amelia Gamoneda presenta la carpeta ‘Extravío en la luz’

March 22, 2008
La carpeta Extravío en la luz, editada por la Escuela de Arte de Mérida en Marzo de 2008 con motivo del 75 aniversario del centro –en la cuidadísima colección que coordina el pintor JAVIER FERNÁNDEZ DE MOLINA–, se presentó hace sólo unos días en la ciudad extremeña.
La carpeta incluye:
Un preámbulo con dos textos de AMELIA GAMONEDA –el que aquí transcribimos, ‘A la escucha’, que sirve de presentación, y el titulado ‘Entre memorias’–.
17 grabados de JUAN CARLOS MESTRE –reproducimos uno bajo estas líneas–.
Seis poemas de ANTONIO GAMONEDA .
 grabado de MESTRE para la carpeta 'Extravío en la luz' de Gamoneda
 
A LA ESCUCHA
Por AMELIA GAMONEDA

    Quiere el uso que no haya consanguinidad ni parentesco entre presentador y presentado, o entre crítico y poeta, o entre exégeta y artista. La precaución, ya se sabe, tiene que ver con un prurito de objetividad que se deduce –supuestamente– de la distancia biológica o de la falta de una relación socialmente contratada entre ambos. Me pregunto si dicha distancia ha de ser también considerada indispensable para el caso básico del autor y su lector. Y lo hago, naturalmente, para llevar a un extremo algo ridículo todas estas prevenciones: sólo faltaba que yo no pudiera ser lectora de mi padre.
    En realidad, la objetividad no es tan deseable. En la lectura de la obra de alguien o en su presentación o incluso en su estudio crítico, no son particularmente malvenidas las notas que delatan el conocimiento intenso o íntimo del autor, como tampoco se desdeñan las implicaciones afectivas confesadas que uno pueda tener con él o con su escritura. Esto hace tolerable e incluso conveniente que el oficio de presentador lo desempeñe un amigo del escritor, y no explica que siga pesando una inhabilitación para este cargo sobre quien posee vínculos amorosos o de parentesco; sólo queda pues una causa para este interdicto, y se llama pudor.
    ¿Qué pudor? El que nace de un equívoco: se supone que el consanguíneo o el vinculado por el afecto amoroso va a exhibir una intimidad desvinculada de la escritura, se supone que va a sentarse en la mesa de presentación como quien se sienta en el plató de un programa del corazón. Es mucho suponer. Más justo será reconocerle la mejor de las opciones, esto es: la de saber implicar el conocimiento de lo íntimo en su lectura de la obra del poeta. Acogiéndome a este supuesto, no voy a presentarles a mi padre, Antonio Gamoneda, voy a presentarles al poeta Antonio Gamoneda, que resulta que es mi padre.
    Podría decir, en tono de chiste, que conozco a este poeta desde que nací, pero no es verdad: conocí entonces a la persona, pero al poeta no lo conocí hasta mi adolescencia, justo cuando él renacía como poeta, después de guardar silencio durante 500 semanas.
    Del poeta que fue antes de ese silencio yo tenía poca noticia: había un libro en casa que se titulaba Sublevación inmóvil, a veces aparecían papeles sueltos con poemas, y yo sabía vagamente que algunos de ellos habían ganado premios que se habían convertido inmediatamente en utensilios domésticos de primera necesidad. El poeta había escrito algo más, pero no lo había publicado: Blues castellano había sido rechazado por la censura de la época. Cuando apareció editado, a principios de los 80, yo encontré en él estampas de mi niñez, una textura de los días hecha de estrecheces, de luces mortecinas y de abruptas claridades, de emociones silenciosas. Ese libro yo lo leo a través del silencio de mi padre en aquella época: silencio reconcentrado, que se adivinaba doloroso y que pesaba sobre la casa. Silencio a veces habitado por emociones muy vivas, llenas de escozor y al tiempo portadoras de una extraña alegría: quizá porque esas emociones elementales –sentir la vida, experimentar la solidaridad y la fraternidad, conocer el amor– estaban ya vinculadas de manera poderosa para él con otra experiencia: la de la belleza. Lo doloroso puede ser bello. Con el tiempo, esta idea vendrá a expresarse aún más radicalmente en la poética de mi padre: él afirma que su escritura está en la perspectiva de la muerte, cree que la poesía se escribe porque sabemos que vamos a morir; pero que esa sabiduría es, por el hecho de ser escrita en poema, una fuente de placer; la poesía convierte en placer (un placer estético que es también placer vital) ese saber sobre la muerte.
    Fue pues mientras mi padre escribía Descripción de la mentira cuando yo le conocí como poeta. Era el año 1976. Él escribía bajo el nogal que había en la casa donde pasábamos las vacaciones, se llevaba los papeles al soto que rodeaba la piscina municipal de Boñar, empezaba a tener esa costumbre –que le es hoy necesidad– de estar siempre acompañado de su escritura, física y mentalmente. De aquel año salió un libro que yo tardaría en comprender; Descripción de la mentira se separaba de la descripción de la sensibilidad o del paisaje que uno se representa con facilidad, proponía imágenes que no componían una historia de lógica narrable, manejaba conceptos como si fuesen objetos, hablaba en un tono admonitorio y visionario. Ese libro llegó en el momento en que el país entraba en la democracia, y, ciertamente, era un libro que sajaba heridas y dejaba correr los humores insanos tanto tiempo encerrados en ellas: el poeta recobraba la salud poética en un país que recobraba la salud política. El libro resultaba difícil de comprender, pero su tensión enunciativa era tan potente que el poeta Gamoneda empezó a tener lectores, empezó a ser conocido, y se convirtió casi en poeta de culto, pero de culto para iniciados. De ahí le viene su fama de hermético.
    En realidad, sus referencias en ese libro eran –y siguen siendo en su poesía actual– referencias bien localizables en la realidad de su vida. Por lo menos para él. Nosotros no siempre podemos traducirlas, pues, aunque son reales, no se componen en representación convencionalmente realista. Pero percibimos que esas imágenes, aun con su carga de extrañeza, no proceden del desbocamiento de la imaginación, no surgen de ningún inconsciente surrealista. La realidad es ya en sí misma suficientemente potente, y lo es porque se ve extrañada a otros ámbitos, y por tanto modifica su sentido.
    ¿En qué consiste ese extrañamiento? Muy a menudo, en esta poesía, la realidad del mundo captura un saber, una emoción, una experiencia, una idea, y de manera confusa se convierte en su símbolo. Pero esa realidad del mundo no siempre es un objeto: a veces son sustancias, otras veces gestos, otras veces escenas completas. En el primer versículo de Descripción de la mentira, por ejemplo, se cuenta cómo una sustancia encarna una noción: “El óxido se posó en mi lengua como el sabor de una desaparición.” Mi padre ha afirmado que esas palabras “se le aparecieron” mientras caminaba por el soto de Boñar. Quiere esto decir que no fueron palabras fruto de una reflexión consciente, y seguramente él no pensó entonces en ningún suceso concreto de su vida, pero yo creo –aunque a lo mejor me equivoco– que el sentido de esta simbolización del sabor del óxido como desaparición tiene su origen en una escena de su infancia que es escena primigenia de toda su poesía, y que sí está contada en otro libro posterior: en Lápidas. El óxido –quizá el del hierro de los barrotes del balcón desde el que, de niño, mi padre veía pasar los presos de la represión franquista en León–, ese óxido tiene un sabor real que todos conocemos; pero el niño que miraba desde el balcón sabía que los presos que pasaban hacia el penal de San Marcos no volvían: desaparecían. Y, confusamente, el sabor a óxido se asociaba a este saber sobre la desaparición que él adquiría agarrado a los barrotes.
    Esto ocurría en la vida real. Luego, en Descripción de la mentira, lo que ocurre es otra cosa: el óxido sabe física y directamente a desaparición, y esa realidad del sabor del óxido significa esa idea de desaparición. El símbolo se instituye así, obliterando la explicación que procede de la experiencia del niño, pero apelando al mismo tiempo a su sustrato perceptivo y físico. Y cuando, hablando de su silencio poético en los años del franquismo, el poeta dice en Descripción de la mentira que su “hábito es la retracción, la retirada hacia una especie maternal”, la huella real que se transparenta en tal abstracta operación es la del gesto materno que relata también Lápidas: sorprendido el niño en el balcón mirando las cuerdas de presos, la madre se acerca a su espalda y –relata mi padre– “con violencia silenciosa, me retrajo hacia el interior de las habitaciones. Puso el dedo índice de la mano derecha sobre sus labios y cerró las hojas del balcón lentamente.” El gesto materno ya no está narrado en Descripción de la mentira, pero pervive como gesto en la raíz del símbolo del silencio opaco y oprimido que conforma. Y esa es la parte más específica del símbolo en la poesía de Gamoneda: la construcción física, perceptiva, corporal, pulsional y emocional que subraya, la raíz de realidad que nunca abandona, el peso experiencial y vital que lo origina. No en vano el poeta ha escrito un ensayo sobre su poética que se llama, precisamente, El cuerpo de los símbolos.
    Esta realidad extrañada en símbolo se acompaña, en la poesía de mi padre, de una posición de enunciación que potencia el extrañamiento mediante un efecto de resonancia. Descripción de la mentira es el libro en el que se produce tal hallazgo. El lugar enunciativo desde el que se habla es esencial siempre en toda escritura, y, en el caso de este libro, hay una voz que asume una memoria con una carga visionaria, que visita el tiempo pasado, que se pregunta por lo que son y lo que han sido ese tiempo y ella misma; es una voz que está en contacto con el interior del propio cuerpo, y, de manera fragmentaria pero intensa, también con el mundo que la rodea. Este espacio y este tiempo –que son tan indefinidos en sus contornos y que, a la vez, están tan anclados en lo físico, en lo perceptible y en la experiencia– tienen algo de mítico, dotan de gravedad a cuanto en ellos acontece y a la voz que lo enuncia. Es algo así como lo que ocurre con el eco: siendo perfectamente audible, e incluso reconociendo en él la voz que lo origina, al situar la voz en un espacio doble y poco preciso, el eco produce en nosotros un efecto en el que se mezcla lo extraño y lo solemne. La voz enunciativa de la poesía de mi padre tiene esos mismos rasgos, y, a mi parecer, éstos dejan también algún rastro en la lectura con voz real. Si se me permite la broma: su voz se emite con eco incorporado. Y, a la vez, creo que es también una voz muy “encarnada”, que traduce en su grano aquello que Barthes llamara “la estereofonía de la carne profunda”, ese lugar donde el sentido se asocia al lenguaje.
    Esta voz es una constante en la poesía de Gamoneda. Se escucha también en Lápidas, en Libro del frío, en Arden las pérdidas. En estos libros, la voz que visitaba el pasado de la infancia y que recorría el territorio de sus 500 semanas de silencio, viene a confundirse ya con la voz que vive en un espacio y en un tiempo aún no advenidos: el lugar y el tiempo que bordean la muerte y la inexistencia. En ellos, la voz sigue cifrando sus símbolos desde la carnalidad: la experiencia de la inexistencia es física, y los signos de su advenimiento son legibles como temperatura –ese frío que habita los límites– o como luz: esa luz en la que arde lo que ya no existe –las pérdidas– y que, por no existir, no se consume, no cesa de arder, no produce resto sino desaparición. La desaparición es ese arder, esa luz. Y esta poesía acecha y vigila esa luz y esa blancura en todos sus matices, que van de la transparencia a la sombra. 
    Pero al borde la de inexistencia y de la desaparición, el cuerpo sigue siendo el laboratorio donde se procesa la vida. Y es otro cuerpo, el de una niña que aparece de pronto en el mundo, el que revela al poeta la persistencia de la vida en sí mismo. Cierto que esta niña que nace, y que da nombre a un libro –Cecilia–, viene de la inexistencia que el poeta cree rozar, pero es un ser que empieza siendo esencialmente cuerpo, carne atravesada por emociones incipientes, palabra que aún no tiene sentido, que es pura (e)moción de la voz. El abuelo Gamoneda no está prendido a ese cuerpo sólo por la ternura; está prendido a él porque siente que comparte su experiencia: esa experiencia de estar en una zona de la existencia donde la comprensión, el lenguaje y la propia naturaleza del ser aún (o ya) están teñidos de no ser. El abuelo se siente extrañamente afín a ese ser, se siente insospechadamente conmovido por este encuentro en el borde de la inexistencia, y sin duda hay un inesperado placer en ello. Pero Cecilia es una niña que crece y abandona ese estado donde el poeta cree encontrase con ella, y en ese movimiento el abuelo sigue prendido: el abuelo también siente crecer en sí mismo una forma de vida. Suavemente, y sin saberlo, Cecilia lo retira, al menos un instante, de su ensimismamiento de luces blancas.
    La historia llega hasta aquí: aún se está escribiendo. Gamoneda sigue escribiendo. Prepara unas memorias de la infancia, de esa infancia que su poesía nunca ha abandonado del todo. Pero Gamoneda vuelve también obstinadamente a sus habitaciones blancas. En ellas, ahora, la contemplación está turbada por el furor y la convulsión. La serenidad tiene aún un envés de excitación y apasionamiento, y ante las cortinas blancas de la desaparición hay todavía un espectáculo que concierne al propio cuerpo y al mundo. El poeta habla con pasión imperiosa y acumulativa. Uno de sus últimos poemas invoca la lluvia insistentemente sobre seres y actos que han impresionado su retina, su memoria o su corazón; pide lluvia, y yo diría que es su voz la que truena convocándola.
    Este invierno ha sido pródigo en virus y mi padre ha tenido una larga afonía. Ha estado silencioso entre los tumultuosos y verbosos encuentros a los que amablemente obligan los premios recibidos. Ya sé que no se deben celebrar los males de un padre, pero quizá esa afonía ha resultado tener una utilidad poética. Quizá, la experiencia real y física ha sido capaz de simbolizar una pérdida de la voz poética, y ha venido así a constituirse en aviso para que el poeta colmado de premios no se confíe. Obediente y algo alarmado, el poeta guardó silencio, pasó su pequeño calvario, cuidó su voz hasta reencontrarla. Y ahí están sus últimos poemas: no es mi oído filial sino mi oído poético el que me dice que en ellos hay una voz potente que vibra.

‘Un deber desconocido’, por GUSTAVO MARTÍN GARZO

March 17, 2008
UN DEBER DESCONOCIDO


Por GUSTAVO MARTÍN GARZO
(EL PAÍS / Opinión 23-04-2007)
Gustavo Martín Garzo
 
    Conocí a Antonio Gamoneda a mediados de los años ochenta. Entonces, un grupo de amigos habíamos puesto en marcha un pequeño proyecto editorial y queríamos reeditar Descripción de la mentira, uno de sus títulos míticos. En ese tiempo, Antonio Gamoneda, a pesar de su temprana dedicación a la poesía, sólo había publicado tres libros: Sublevación inmóvil (1960), Blues Castellanos (1965) y Descripción de la mentira (1977). Los tres eran prácticamente inencontrables y pasaban de mano en mano en fotocopias que hacían sus lectores. Aún recuerdo la impresión que me causó la lectura de Descripción de la mentira, tanto por la belleza y la fuerza de sus palabras e imágenes como por su tono de encendida ira ante la injusticia. Aquel libro me reveló algo que luego el tiempo, y los nuevos libros de Gamoneda, no han hecho sino ratificar: que su obra es una de las más hondas, perturbadoras y hermosas de la poesía escrita en nuestra lengua durante la segunda mitad del siglo que acaba de terminar.
    Pues bien, con esa contenida emoción acudimos aquella tarde a su casa en León, situada junto a la catedral, para convencerle de que nos permitiera reeditar aquel libro admirable. Gamoneda era entonces gerente de la Fundación Sierra-Pambley, surgida bajo la inspiración de la Institución Libre de Enseñanza, consagrada a la educación de campesinos y obreros. Recuerdo que nos reunimos en un pequeño patio empedrado, al amparo de un esbelto lauro, que nos cubría con sus hojas de aceite mientras el cielo de la tarde se llenaba del vuelo y de los chillidos de los vencejos, y que no paramos de hablar hasta que se hizo de noche. Antonio Gamoneda era entonces un poeta prácticamente desconocido en el mundillo literario español, lo que, dicho sea de paso, no parecía importarle gran cosa.
    No es difícil saber por qué acudimos a la poesía. En gran parte por ser elevados, y porque hay algo en nosotros que exige el acto redentor. La poesía de Antonio Gamoneda nos ofrecía las palabras que lo hacían posible, pero estaba lejos de ser complaciente. Es más, surgía como un desafío al lector. Un desafío que le forzaba a realizar un descenso hacia sí mismo que era a la vez un descenso hacia su entorno, un descenso a través de la oscuridad de la memoria y los excesos de la historia hacia un mundo en que los hombres pudieran, a través del dolor y el miedo, abrirse a alguna forma de visión.
    Esa visita fue la primera de otras muchas, pues a partir de entonces cualquier motivo nos parecía bueno para visitarle a él, a su mujer, Angelines, y a sus tres hijas. Entonces aún vivía su madre, que estaba muy enferma y no se levantaba de la cama, en la que llevaba postrada varios años en un estado cercano a la inconsciencia del sueño. Ellos la cuidaban con una obstinación dulce que no conocía momento de desfallecimiento. Sin una queja, como si fuera uno de esos animales blancos que tanto aparecen en su poesía.
    Aquel patio y aquella casa podrían haber constituido el escenario de uno de los poemas de su libro Blues Castellanos: "Yo caigo sobre una silla / y mi cabeza roza la muerte". Y sin embargo, la hospitalidad, la buena conversación hacían de él el lugar de la amistad y la vida. Ésa era la hermosa paradoja, y la poesía de Gamoneda está llena de paradojas así.
    Eran visitas felices, que en ocasiones terminaban en excursiones a lugares de la provincia de León. Recuerdo una visita a Las Médulas, las antiguas minas de oro romanas explotadas por ejércitos de esclavos. Un lugar, extrañamente querido por él, que combinaba, como lo hace su poesía, la presencia de la belleza y la del sufrimiento y la muerte.
    "No hay otra obra poética entre nosotros tan transida de frío ni tan consciente del miedo", ha escrito Carlos Piera de la obra de Gamoneda. Y es verdad, pero no lo es menos que pocas obras han sido tan sensibles como la suya al espectáculo y al desamparo de la belleza. La poesía de Gamoneda es inconcebible sin esa capacidad para acercarse a lo más postergado no sólo desde la perspectiva del horror, sino de la belleza. "He atravesado las cortinas blancas: / ya sólo hay luz dentro de los ojos", es el estremecedor final de El libro del frío. Un final que tiene el poder de helarnos y deslumbrarnos a la vez. Pero hablar de luz es hablar de conocimiento y de vida, y la poesía es hacerse responsable de la luz. Para Antonio Gamoneda la relación del poeta con el mundo no es de usufructo sino de asombro y responsabilidad, por eso en un poema de Blues Castellanos define el amor como un "deber desconocido". Sus poemas tienen algo de plegaria, de oración contenida. Nacen del desvelo y del miedo. "La claridad del miedo" nos dice Gamoneda, haciendo del miedo una forma de conocimiento. De ahí la dimensión mítica de su poesía, en cuanto evoca los conflictos esenciales del corazón humano, el conflicto entre los vivos y los muertos, entre lo privado y lo público, entre el presente y el paso del tiempo; y en cuanto el hombre es visto en ella como "naturaleza caída", sufriendo el peso de una culpa de la que aún no siendo enteramente responsable tiene que hacerse cargo, como los protagonistas de las tragedias de Sófocles. Y, en el orden del lenguaje, el esfuerzo por suspender las convenciones de la lógica para dar cuenta de esa presión de lo desconocido.
    Años después, en otra de las visitas a su casa encontré a Antonio Gamoneda fuera de sí. Estaba a punto de publicar el que iba a ser su libro más hermoso, el Libro del frío, y su editor Jacobo Siruela acaba de llamarle pidiéndole las pruebas. Pero él no se decidía a mandárselas. Aún veía problemas en alguno de sus poemas, y temblaba ante la posibilidad de poder entregar un libro que no fuera lo suficientemente intenso y sincero, pues para él la poesía era la forma máxima de su compromiso con el mundo y con los demás. Me recordó uno de los relatos de infancia de su libro Lápidas. En él un niño lleva en sus brazos un cordero negro. El cordero no arrebatado por la luz, sino grávido, descendiendo. Imagen del dolor, de lo oscuro y, por supuesto, de la poesía. Porque para Gamoneda el poeta no es solamente un testigo, sino alguien que debe asumir todo el dolor del mundo. "La desgracia de los otros entró en mi carne", afirma la cita de cita de Simone Weil que abre su libro Blues Castellanos.
    Pero ese instante, el del niño avanzando con su cordero negro por la pradera, semejante al del poeta llevando su libro, es sobre todo el de la tristeza. La tristeza restituye el silencio, hace que las palabras se aquieten, que fluyan sus sílabas como lentísimas gotas. "Una canción que se instala en la lentitud", escribe Antonio Gamoneda. Que en otro lugar anota: "Y aun eres pobre dulcemente en mí", vinculando la pasión amorosa a la lentitud dolorosa de la plegaria y de las caricias.
    Hace ahora un año, Antonio Gamoneda reunió su obra completa en un solo volumen, y eligió para él un título sorprendente, para ser suyo: Esta luz. "Sólo he querido hablar de la luz", parece querer decirnos. Y, como prueba, sus últimos poemas están dedicados a una niña. El poeta del dolor, del frío, asiste enamorado al nacimiento y los primeros pasos en el mundo de su nieta Cecilia. "Eres como una flor ante el abismo. Eres / la última flor", exclama. Y llevado de su pequeña mano pasea entre las cosas poseído por una confianza nueva. "Estaba ciego en la lucidez pero tú has hecho girar la locura. / Todo es visión, todo está libre de sentido". A la luz cegadora del pensamiento opone ahora la fuerza dulce de la visión. Me recuerda aquellos versos de W. H. Auden: "El amor y la verdad deben ir de la mano, pero cuando esto no es posible es el amor el que debe prevalecer".
    La poesía es finalmente esa apuesta por el amor, aun a costa de la verdad. "No estás en ningún lugar y hablas con palabras cuyo significado desconoces. / Así es también mi pensamiento". Ésas son las palabras de la poesía, palabras cuyo significado desconocemos pero que tienen el poder de hacernos percibir, más allá del sufrimiento, la belleza del mundo.
 
El novelista vallisotelano GUSTAVO MARTÍN GARZO acaba de obtener
el PREMIO CASTILLA Y LEÓN DE LAS LETRAS

4 de abril / Presentación del monográfico de la revista ÍNSULA

March 16, 2008

El viernes 4 de abril, a las 19:30 horas, se presenta en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el número monográfico de la revista Ínsula dedicado al poeta Antonio Gamoneda.

El acto contará con la presencia de Gamoneda, quien leerá un adelanto de sus memorias incluido en este monográfico.

Con JUAN CARLOS MESTRE, en la Escuela de Arte de Mérida

March 11, 2008

 http://farogamoneda.blogsome.com/images/IMG_9774.jpg

La fotografía, tomada ayer lunes, 10 de marzo, es de Ceferino López. 

Se presenta en Mérida ‘Extravío en la luz’, con poemas inéditos

March 7, 2008
Portada de la carpeta de Gamoneda editada por la Escuela de Arte de MéridaEl próximo lunes, 10 de marzo (13 horas), el poeta ANTONIO GAMONEDA protagonizará una lectura poética en la Escuela de Arte de Mérida (Paseo de las Artes, s/n. Tel. 924009864. 06800-Mérida).
Ese día Gamoneda presentará un trabajo inédito: Extravío en la luz, una hermosa carpeta de poemas inéditos, con ilustraciones de JUAN CARLOS MESTRE y una introducción de AMELIA GAMONEDA, editada por la Escuela de Arte de Mérida, y que es, además, el primer libro que entrega a los lectores tras la concesión del Premio Cervantes. A continuación (14 horas), también en la Escuela, se inaugurará una exposición de grabados de JUAN CARLOS MESTRE.
Las actividades (lecturas, ediciones, exposiciones) están promovidas por el artista y profesor de la Escuela de Arte de Mérida JAVIER FERNÁNDEZ DE MOLINA y los alumnos de la escuela.

´LUCES Y SOMBRAS’ / Entrevista en La voz de Asturias

Entrevista publicada en LA VOZ DE ASTURIAS, hoy, 7 de marzo de 2008.

 Página de La Voz de Asturias

Entrevista a un Premio Cervantes asturiano
GAMONEDA, LUCES Y SOMBRAS
El ovetense pronunció ayer en la Universidad la conferencia ‘Poesía, tradición lenguaje, pensamiento’
 
Por GEORGINA FERNÁNDEZ

Está en Oviedo y es noticia. Su desencuentro con el entorno de Angel González, tras la muerte del poeta asturiano ha desatado una tormenta. Primero Almudena Grandes y Joaquín Sabina; y muchos otros detrás, le han crucificado. Así que hablamos un poco de todo, de la poesía, de Clarín, de esas memorias en las que hablará de su infancia… Pero los dos sabemos que, finalmente, habrá que tocar ese espinoso asunto.
Viene usted a hablar a la Universidad y alguien de ella, Emilio Alarcos, creo que fue quien le animó a escribir tras aquella pausa de varios años
Exactamente. Fue el año 1975, y sin decirme nada. Un buen día recibí de la Fundación Juan March la concesión de una beca que me obligaba a escribir un libro en un año. El entonces era consejero de la Fundación y sé que fue quien hizo la operación.
¿Es la poesía un vicio necesario y solitario?
No es un vicio. En todo caso es una necesidad para algunos y, desde luego, es un hecho eminentemente solitario. Lo importante es la soledad; el silencio y un folio en blanco Necesario? Quizás sí, aunque tiene una proyección minoritaria.
¿Sigue habiendo dos Españas?
Sí. Estamos asistiendo al espectáculo de dos Españas enfrentadas.
¿Tanto como en su niñez?
No tanto como en los años 30, pero vamos camino de ello.
¿Vio el debate Zapatero-Rajoy?
El segundo.
¿Qué le pareció?
Zapatero hace política pensando en los intereses sociales y Rajoy, pensando en los poderes económicos. El discurso político es en ambos lados muy generoso, prometiendo la felicidad, la justicia…
¿Qué le parece la niña de Rajoy?
Una anécdota sin significación. No veo muy acertado el invento.
¿Hay camarillas en la poesía?
Siempre las ha habido. Por lo menos, desde hace 500 años; y actualmente, también; y yo, precisamente por provinciano, y por mi carácter, no tengo conciencia de estar en ninguna.
¿Eso le ha perjudicado?
No lo sé. Yo pienso que a la poesía, que hemos dicho que es una actividad solitaria, eso no la perjudica; a la presencia mediática, puede que sí. Eso no me hace sufrir.
¿Qué le parece el poeta asturiano José Luis García Martín como crítico?
Tiene la visión de la poesía que él cree que le conviene tener; y de otra parte, no es muy respetuoso con las verdades. Las verdades personales incluidas.
Para referirse a una mujer que se dedica a la poesía ¿prefiere la palabra poeta, o la de poetisa?
Poeta. Poetisa es un arcaismo en estos momentos. El sexo no tiene por qué diferenciar en eso.
Usted reivindica las voces de algunas poetas como Olvido García Valdés o Blanca Varela.
Por razones culturales de mucha antigüedad las poetas son menores en número, pero la calidad no tienen nada que ver con eso.
¿Conoce a algún poeta asturiano que prometa, que sea relevante?
Prometer no es lo mismo que ser relevante. Prometen poetas jóvenes. La relevancia es algo que se obtiene en la madurez. Con sinceridad, hay varios poetas jóvenes que prometen, pero ese poeta maduro y relevante; quizás por ignorancia mía, no le veo.
Prepara sus memorias. ¿Ese ‘Armario lleno de sombras’ existió realmente?
Existió y existe en mi casa de León. Lo conocí siempre y lo abrí dos años después de morir mi madre. Aparte de las sombras, encontré ropas, objetos, documentos, fotos…que, de alguna manera, me ayudaron a reconstruir mi pasado, e incluso la vida familiar anterior a mi vida.
Su padre era un poeta modernista. Escribió ‘Otra más alta vida’, un libro muy importante para usted, creo.
Exactamente. En 1936, cuando yo tenía 5 años y quería aprender a leer. Las escuelas, en virtud de la seria depuración y represión de los enseñantes, estaban más cerradas que abiertas. Trabajosamente, aprendí a leer en ese libro y me marcó, en el sentido de que fue muy importante descubrir la escritura y la existencia de un lenguaje que tenía algún tipo de música; el lenguaje de la poesía.
Y hay un episodio en su infancia con un caballo disecado que tiene que ver con fusilamientos.
Tenía 7 años; no había terminado la guerra. Me llevaron a ver ese caballo, que estaba en el penal de San Marcos y el niño que yo era; casual y desgraciadamente pudo ver cómo limpiaban la sangre de un patio.
Todo eso saldrá en sus memorias, supongo.
Sí, ése y otros hechos estarán en ellas.
¿Cuándo podremos leerlas?
Las he grapado y las tengo puestas a enfriar para leerlas dentro de dos o tres meses. Ahora no hago más que viajar.
¿Le influyeron los versos de su padre?
Me influyeron en el sentido de hacerme descubrir el lenguaje poético, pero la tonalidad, el sentido, la tendencia de mi padre, no.
¿A su madre le gustaba su poesía?
Ella encontraba emocionante que el hijo fuera poeta como el padre, pero no sé si mi madre tenía una visión crítica a favor o en contra.
Pero la poesía de su padre le gustaba. Fue el único libro que se llevó a León.
Pudo llevarlo también por razones puramente sentimentales, pero para ella, dentro de la tristeza, había un espacio de luminosidad emocionante en el hecho de que mi padre hubiera sido poeta.
Y ahora creo que tiene usted una hija poeta.
No lo sé. Sospecho que sí. A mi hija mayor –me entristece pero es así– le estorba la existencia del padre, en tanto poeta, aunque me adore, y yo a ella. Lo que ejerce con autoridad internacional es la crítica literaria, especialmente la relacionada con la literatura francesa. Tiene dos libros publicados, pero no de poemas porque ella los esconde.
¿Me equivoco si el de "la luna sangra en el río" es su poema preferido?
Lo dijo mi nieta Cecilia a los 7 años y yo pensé que se le había quedado de oír o leer algún poema de Lorca, pero he mirado Lorca, arriba y abajo, y nadie lo conoce. Es una ocurrencia de mi nieta, que no garantiza su futuro como poeta, pero que es tremendamente poética en la expresión, y hasta en términos métricos.
¿Ha conseguido ya la biografía de Clarín?
La tengo, con otros 200 libros que no he podido mirar desde hace más de un año.
El biógrafo de Clarín dice que merece una casa museo.
Si existe documentación de Clarín y es inconsultable, es un descuido muy serio de las instituciones a las que correspondería actuar.
El archivo de Aleixandre se vende.
Ojalá, pero si han dejado que su casa, poco menos que se venga abajo, no parece que estén muy preocupados por él. Ojalá me equivoque y se pongan en marcha, pero el de Clarín es, probablemente, más necesario e importante que el de Aleixandre, dicho con respeto para el poeta Vicente Aleixandre, un miembro más, y no el principal de la llamada Generación del 27. Clarín, desde mi punto de vista es el mejor novelista español del siglo XIX. Hay una diferencia cualitativa. Excelente poeta Aleixandre, pero Clarín es mucho Clarín.
Hay escritores, poetas, que prevén en vida qué pasará con sus legados.
Sí, hay algunos que se preocupan. Estoy pensando en Valente. Cuando supo que estaba seriamente enfermo preparó las cosas muy bien. La mayor parte de nosostros no nos preocupamos; no tenemos tiempo, o no tenemos ganas. Un caso lamentable es el del poeta Claudio Rodríguez. Han salido a la luz poemas que no quería sacar nunca y que tenía tirados.
¿No teme que pase lo mismo con su obra?
Lo temo, pero menos, por una simple razón: Me ocupo de destruir todo aquello que no merece la pena.
Angel González dejó prevista una fundación para su legado.
Me alegro mucho y espero que se pongan los medios necesarios, no solamente para la conservación, sino para favorecer el conocimiento y el estudio de Angel.
¿Qué pasó con usted y Angel González?
Qué está pasando todavía, porque hace cuatro días, se publicó en Oviedo un artículo contra mí. Yo pienso que hay un alejamiento de la verdad en la polémica, cuando un grupo de amigos de Angel trabajan para crear la opinión de que yo he menospreciado a Angel. Es el grupo de amigos que le acompañaban, lo cual en cierto modo sería de agradecer, porque yo creo que últimamente, Angel estaba enfermo de soledad. El grupo le utilizaba porque necesitaban tener un fuera de serie de su línea y tendencia y decidieron consagrar a Angel como tal. Eso ya es una forma de utilización. Y lo que ha provocado la irritación de esta gente es que yo dijera que utilizaban a Angel y añadía que no teénía interés en decir los nombres. Que dijera que le utilizaban les ha enfurecido. Yo no dije nada contra Angel, salvo que como pasó con tantos poetas: con Guillén, con Dámaso Alonso, con Alberti, con Claudio Rodríguez…conmigo mismo, los últimos años de su vida, su poesía es declinante. Pero esto lo decía él mismo: "Escribo, pero no la veo. No la veo".
El decía que últimamente no le llegaba la musa.
Sí, es una manera de hablar.
Hay muchos desencuentros entre poetas. Valente, por ejemplo, tuvo muchos críticos.
Sí, decía lo que tenía que decir, pero lo decía con aspereza. En los últimos cuatro o cinco años de su vida conservó pocas amistades. La mía sí, pero muy pocas. Era muy áspero en la expresión y cuando murió, con ese sí que se ensañaron. No yo. Lo mío es un ensañamiento inventado, según mi conciencia.
También Clarín tuvo muchos enemigos por no morderse la lengua.
Clarín también era un hombre ajeno a las camarillas. Era un estudioso, un trabajador, y sabía que la escritura de creación es un hecho solitario y exigente con el que hay que luchar con la fuerza que uno tenga y las verdades que decía le crearon enemigos en una especie de cohorte posromántica, que era lo que predominaba entonces.

El compositor José María Sánchez Verdú pone música al ‘Libro del frío’

March 5, 2008
 José María Sánchez Verdú, compositor
La obra de José María Sánchez Verdú será la estrella
del Festival Internacional de Órgano ‘Ciudad de León’,
donde podrá escucharse el próximo 3 de octubre
* * *
La Sinfónica de Galicia y el contratenor Carlos Mena
estrenarán la partitura en León

Por Miguel Ángel Nepomuceno
Considerado el compositor más joven y más prestigioso de su generación en España, José María Sánchez Verdú está actualmente dando los últimos toques a una de sus grandes composiciones, Libro del frío, sobre textos de la obra homónima de Antonio Gamoneda, que verá la luz el próximo 3 de octubre en la Catedral de León, dentro de la 25 edición del Festival Internacional de Órgano, como obra de encargo del evento musical leonés que este año cumple sus bodas de plata.
    «Creo», dice Verdú, «que la obra de Gamoneda es, aunque pueda parecer lo contrario, extremadamente musical y en concreto su Libro del frío el idóneo para comenzar ese viaje iniciático a través de una de las catedrales más hermosas de Europa, como es la de León. Siempre me ha parecido la poesía de Gamoneda impresionante y cuando cayó en mis manos este Libro del frío pensé que era el momento de escribir una obra muy especial para conmemorar estos 25 años de una realidad musical y cultural tan importante como es el Festival de Órgano, tan imbricado a la Catedral de León y a los leoneses. Para ello, comencé a tejer las connotaciones que a lo largo de los poemas de este libro esencial van trascendiendo al ser humano, partiendo desde un territorio imaginario para enfrentarse con los elementos físicos como el frío,o los consustanciales al hombre como el miedo, la piedad y el amor, hasta alcanzar el el descanso eterno que puede ser muerte blanca o principio de la serenidad», sostiene el compositor algecireño.
    Poco hablador, simpático y apacible pero extremadamente observador –Verdú es un enamorado del arte al que le gusta recalar por León en busca de restos morabitos–, no duda ni un instante en apartarse del mundanal ruído enclaustrándose entre los albos muros de los monasterios leoneses de Gradefes y Carrizo, que le permiten concentrarse de forma intensa en los últimos encargos que según sus palabras están ya muy avanzados, especialmente este del Festival de Órgano.
    «Es un trabajo importante en cuanto a extensión», apunta, de una media hora de duración, en el que va a haber varias sorpresas acústicas y visuales. «Puedo adelantar que la formación orquestal se dividirá en cuatro secciones buscando los cuatro extremos del crucero Norte-Sur, y varios instrumentistas se irán colocando en distintos lugares del templo para producir esos sonidos etéreofónicos que parecen no venir de ningún sitio pero que envuelven todo el templo».
    La obra, escrita para gran orquesta –como es la Sinfónica de Galicia, voz y órgano, con el prestigioso contratenor Carlos Mena, quien cantará los poemas del Libro del frío, del premio Cervantes Antonio Gamoneda–, explotará todos los efectos acústicos, tímbricos y tonales con el fin de resaltar aún más el tejido orquestal y los recursos de los instrumentos solistas. «Una de las investigaciones que estoy haciendo en estos momentos en buscar el tono de la Catedral, que, como sabes tiene su tono definido como cualquier edificio para poder ensembler el de la orquesta, voz e instrumentos. Esto que parece algo insólito, puede destrozar una obra en función del recinto en el que se interprete, de ahí, que sea tan importante encontrar ese tono».
    José María Sánchez Verdú se ha convertido en el compositor español más requerido de su generación. Con sus flamantes cuarenta años cuenta ya con una cartera abarrotada de encargos y los premios se insertan en su currículo con la prodigalidad de un brillante creador que es. Recientemente ha estrenado en el Teatro Real su ópera El viaje a Simorgh, inspirada en Las virtudes del pájaro solitario, de Juan Goytisolo, en la que la mística de San Juan de la Cruz se mezcla con los poetas de la tradición sufí. Amante de la literatura y aún más en concreto de la poesía, Sánchez Verdú gusta de gestar sus obras mientras recorre largas distancias a pie, o en la paz de los monasterios leoneses a los que frecuenta con la asiduidad de un monje. Frecuentemente se le puede ver por los alrededores de Carrizo con un libro extraño bajo el brazo plagado de arcanos sobre música y ajedrez o en pos de armonías ignotas, de ruinas medievales o de seculares cenobio que le disparan su fecunda impronta de la que surgen estas obras, magníficas que ya han entrado por derecho propio dentro de la historia de la música del siglo XXI.

En la República de las Letras (nº104)

March 2, 2008

Portada de la revistaEl último número de "República de las Letras", la revista de la Asociación Colegial de Escritores, el 104, está íntegramente dedicado al poeta leonés Antonio Gamoneda, cuya figura y literatura se analiza desde todos los ángulos por grandes expertos. Recoge este monográfico artículos de Andrés Sorel (director de la publicación), Juan José Lanz, Miguel Casado, Ildefonso Rodríguez, Tomás Sánchez Santiago, Rogelio Blanco y Antonio Colinas, entre otros, además de algún poema inédito del leonés.

    Tras las largas conversaciones entre Gamoneda y Sorel para un artículo, el director de "República de las Letras" se ha lanzado, además, a escribir un libro sobre el Premio Cervantes 2006.

Dedicatoria para una letra (W) dibujada por una niña de 10 años

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El dibujo es de Sara Alvarez (10 años)

La dedicatoria de Antonio Gamoneda dice: "La W (uve doble) de Sara tiene vida y mirada. Muy bien, Sara: hay que estar siempre a favor de la vida"- 

Se pueden encontrar otras letras dibujadas por niños, con dedicatorias de escritores leoneses, en esta página (haz click:) del Ayuntamiento de Villablino.

El Instituto Cervantes de Roma rinde tributo a Gamoneda

February 29, 2008
El Instituto Cervantes de Roma rindió ayer homenaje al poeta leonés Antonio Gamoneda, premio Cervantes 2006, con un encuentro en el que algunos estudiantes de la universidad romana de Tor Vergata leyeron sus poemas traducidos al italiano. Según informa la agencia EFE, fue un diálogo con el que el poeta aseguró sentirse muy emocionado, ya que es precisamente «la receptividad de los jóvenes la única que puede dar un poco de futuro» a su escritura, según dijo. Gamoneda agradeció el esfuerzo de los estudiantes y les ofreció una lectura de poemas inéditos entre los que destacó Hoy ha de llover, donde hace referencia a diversos episodios de la represión franquista, unos hechos que el propio poeta vivió muy de cerca durante su infancia en León y que marcaron una escritura que él mismo situó «en la perspectiva de la muerte».
    Una ciudad, León, que el poeta se negó a abandonar, hecho que le apartó de sus coetáneos y le permitió desarrollar un estilo propio y diferenciado de la generación de los cincuenta a la que pertenece cronológicamente. «Pienso que el lenguaje de la poética es poéticamente subversivo», declaró Gamoneda antes de añadir: «Se trata de un lenguaje que de alguna manera quiere establecer una distinción con el que es un lenguaje normalizado del poder o de los poderes, que con más frecuencia de lo que quisiéramos son injustos». También defendió la subjetividad de la poesía: la preferencia del realismo «a efectos de expresión poética» no le resulta «convincente».

Conversación entre Gamoneda y Benjamín Valdivia en Guanajuato

February 28, 2008
'El Quixote', ilustración de Judith Jenya para la revista Estudios CervantinosAgradecemos a Fernando Redondo Benito el envío de este correo, desde México, para Faro Gamoneda:
 
"El pasado noviembre de 2007 se realizó el XVIII Coloquio Cervantino Internacional, que tiene por sede, desde su instauración en 1987, la ciudad de Guanajuato. Una de las conferencias magistrales de dicha reunión cervantina fue impartida por el poeta español Antonio Gamoneda, quien mereciera el Premio Cervantes en 2006. En esa atmósfera hispanista y literaria tuvo lugar una serie de conversaciones entre Antonio Gamoneda y Benjamín Valdivia, poeta también, miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua y director de la presente publicación. En estas páginas virtuales se ofrece a los lectores la transcripción de la primera de las conversaciones, que aborda el tema de la poesía como "emanación de la vida" (conforme a la definición hecha por el propio Gamoneda). Desde la página de la revista Estudios Cervantinos se puede descargar un pdf, con la transcripción íntegra de la primera entrevista (tendrá unas 20 páginas), y escuchar el poema inédito ‘Sucesos’, recitado por Gamoneda."

Gelman y Gamoneda se encontrarán el 25 de abril en León

El encuentro, el 25 de abril en León, de los poetas Antonio Gamoneda y Juan Gelman será una de las actividades programadas durante la presidencia de la Red de Juderías de España por parte de León capital. Las actividades se abrieron ayer con la inauguración de Arquitecturas simbólicas. Las puertas de las juderías, una exposición en el Auditorio ‘Ciudad de León’ que se podrá contemplar hasta el próximo 26 de marzo, y que estará abierta al público de 11.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00 horas, de lunes a sábado.

Gelman, fotografiado por Daniel Mordzinski

Según informa Diario de León, los premios Cervantes Antonio Gamoneda y Juan Gelman ofrecerán una charla en León el próximo 25 de abril, una fecha bien simbólica. Éste es uno de los actos que vincularán el programa cultural que se celebrará en la capital leonesa hasta el próximo mes de junio para celebrar la presidencia de la Red de Juderías –asociación integrada por 21 ciudades españolas–, que León ocupará durante el primer semestre de este año. El acto contará con la actuación del grupo de música Recordando la Revolución de los ClavelesSirma, que ha compuesto para esta jornada varios temas basados en la poesía del último premiado en Alcalá de Henares. El programa se abrió ayer con la inauguración de Arquitecturas simbólicas, las puertas de las aljamas, exposición que trata de realizar un recorrido a través de la simbología que las puertas (las urbanas, las que se abren a la sinagoga y aquellas que conducen a la intimidad familiar) tienen en el universo judío. Asimismo, el ciclo se completará con una exposición fotográfica del cordobés Francisco Sánchez Moreno, que mostrará los rastros judíos en la península y sus influencias sociales y culturales.
    Habrá tiempo también para la discusión intelectual. Para hacer de León el lugar de encuentro de las últimas investigaciones, se celebrarán dos congresos que contarán con la colaboración de la Universidad de León. El primero de ellos tendrá lugar entre el 17 y el 19 de abril y será coordinado por Jorge Sánchez de la Fuente. El título de esta simposio es El mundo judío en la Península Ibérica: sociedad y economía. Además, un segundo encuentro universitario, esta vez con dirección del profesor José Luis Avello, tendrá como protagonista a la mujer en el mundo judío, desde una perspectiva de la historia, el arte y la literatura.
    Durante esos días, además, el Ayuntamiento y varios hoteles y restaurantes de la ciudad organizarán un ciclo de comida sefardí con la inclusión en sus cartas de una amplia variedad de platos tradicionales.

‘El discurso que nunca se pronunció’, de PABLO DE LA VARGA

February 25, 2008

  Portada (invertida) del discurso de Pablo de la VargaPortada del discurso manuscrito

(Padrino y compadre: con el cariño denso y permanente de siempre. Pablo) 

* * * 

GAMONEDA

Con motivo de su adopción como hijo por el Ayuntamiento de León

Por PABLO DE LA VARGA

Pablo de la Varga, en la inaguración de VISIÓN DEL FRÍO, julio de 2007Ilmo. Sr. Alcalde, dignísimas Autoridades, Señoras, Señores:

Creo que pocas cosas honran más a un lugar, que el saber honrar a sus hombres mejores.
Aunque Antonio Gamoneda no nació aquí, aquí se hizo, aquí su infancia, aquí su adolescencia, aquí su juventud, aquí su madurez.
Tuve el azar y la suerte de jugar y de crecer con él.
Cuando niños, nuestro patrimonio más querido era la calle y la imaginación. Entonces esta ciudad se andaba en dos zancadas y nuestra andadura la cruzó muchas veces en todos los sentidos de la brújula.
Era un patio de vecindad fácilmente convertible en el país de las maravillas por el que deambulaba Alicia.
No había coches. Aun existía una berlina con su tiro de caballos que tenía parada ante la fachada principal de la Diputación y era un simón que hacía servicios a las estaciones.
Los vehículos de gasolina, quitando cuatro taxis y el coche de Genaro que recogía y repartía viajeros, eran muy escasos los que lucían su rodaje por las calzadas.
La ciudad era de viandantes y de niños que jugaban y corrían en libertad y sin sobresaltos.
Las niñas al corro, a la comba y al diábolo. Los niños al tacón, al pite, al fútbol, a los platis, a las pelis, a correr las calles con el aro en viajes de fantasía, y si la ocasión se presentaba, a la manga riega.
Toñín tenía especial habilidad para trepar los árboles de La Condesa y a mí me hubiera gustado encaramarme al del Ayuntamiento para emular a Tarzán. No era posible porque ese sitio siempre estaba a la vista de la Guardia Municipal.
En nuestro callejeo siempre íbamos escoltados de Dick Turpin, Buffalo Bill y cerrando comitiva, Toro Sentado. No era para menos y así nos surgieron aventuras cuya relación sería inacabable.
Luego vimos con curiosidad infantil el desfile de la Legion Cóndor. También vimos otras muchas cosas menos hermosas. Algunas de ellas están magistralmente relatadas en Lápidas.
Sí, Antonio fue niño en esta ciudad. Si los rincones pudiesen hablar, le saludarían muy familiarmente a su paso.
Un buen día, sin esperarlo, le crecieron los pantalones y sus piernas le llevaron al trabajo; su corazón a entender de patria, sus ojos al amor y su pluma, a la verdad y a la belleza.
La pluma. La pluma existió desde su primer deletreo y, de modo normal, al darse a conocer gana premios.
La primera flor natural se la concedió este Ayuntamiento. El poema está dedicado a la luminosidad y galanura de la Virgen Blanca.
La Catedral de León ha tenido la suerte de ser alcanzada por el canto de Gamoneda. Esa "gruta de pasión y viento", "esa belleza derramada hacia arriba".
También la tierra. Sus cuestos, sus encinas, chopales, pájaros, ríos, secanos, pinares, la majestad de la montaña y el aire.
El aire de León, tan invadido de coplas. Yo creo que León alberga en su cielo incomparable, la patria del aire… No me dejaré llevar.
Sí, Antonio fue joven en esta ciudad. De aquella época nos queda León de la Mirada. Veinte años de poesía que contempla a León.
Dice el poeta: "Una tierra que me ha hecho suyo de la única manera posible y verdadera: en el difícil encuentro del amor".
Sí, Antonio Gamoneda, ahora en su madurez, también le ocurre en León.
Su voz que trasciende el localismo para hacerse universal, ha sido portadora del nombre de León por cuatro continentes, con la dignidad que luce la estirpe de un gran escritor.
Siempre fue un mago de las palabras. Maneja como nadie el poderío de las palabras.
Muy exigente. Permanentemente se corrige a sí mismo. Se rehace en mejoras hasta que alcanza la belleza en su máxima expresión.
Es como un inquietante volcán de continúa fumarola. Con mucho talento estrena lenguaje. Un lenguaje lleno de modernidad, totalmente ajeno de antiguallas. Es un pórtico hacia el futuro que nos conduce a través de los hondones de nuestros entresijos a paisajes profundamente nuestros que, quizá, oscuramente habíamos presentido, pero que nunca los habíamos visto.
Su palabra enriquece nuestro idioma, porque es como el hurmiento al pan.
Y en su diapasón siempre está presente el tematismo social, que suena con la solemnidad que requiere su solidaridad con las víctimas del infortunio ante los poderes injustos.
No sé acercarme más en este corto tiempo. Además de lo que se trata en este momento es de tactar su leonesismo.
Aunque dentro de lo posible he cumplido con la brevedad que se me encareció, no me resisto a despedirme sin leerles un breve poema de los que dedica a León y que por sí mismo identifica a Gamoneda como leonés de lujo.

Si como un árbol vivo se incorpora
la música en tu espacio
y, al fin, precipitada transparencia
entre ciudades, llanos,
ríos lentos, caminos,
y, más aún, despacio llega,
y anida como un pájaro armonioso
corazones humanos;
si, obedeciendo al sobresalto puro,
se estremecen los campos
y el territorio mineral anuncia
la elevación de sus profundas alas;
si alcanzo
a decir la belleza de tu rostro;
si alzo
estos ojos de hombre para verte,
tierra de León, amiga y madre mía,
hallo
tus claros chopos y tu cielo libre.

De esta mirada, surge mi canto. 

PABLO DE LA VARGA, amigo de Gamoneda desde 1935, no tuvo la oportunidad de leer este discurso el 22 de noviembre de 2007, durante la investidura del poeta como Hijo Adoptivo de León, debido al protocolo del acto. Lo guardó para el 6 de diciembre, cuando estaba previsto que la Diputación concediera a Gamoneda la Medalla de Oro de la Provincia de León. Pero esta última concesión se pospuso sin explicación sine die. Pablo leyó a su amigo su discurso el día de Nochebuena, y la lectura emocionó a toda la familia reunida. Quede aquí, como recuerdo, y en homenaje a la amistad incondicional que desde que tenían 5 años les ha unido a ambos.

Goytisolo y Gamoneda casi estrenan Cervantes TV

February 21, 2008

Aprender español desde cualquier rincón del mundo y estar informado de la actualidad cultural de los países hispanohablantes ya es posible gracias a la televisión por Internet que el Instituto Cervantes estrenó hace una semana, y que supone un gran paso en la apuesta de dicha institución académica por las nuevas tecnologías.
    Este canal, que está disponible en la dirección www.cervantestv.es, ofrecerá cada día boletines culturales, entrevistas, reportajes, tertulias, música y documentales sobre la cultura en lengua española y sobre los más de cinco mil actos que se celebran anualmente en los casi 70 centros del Cervantes repartidos por el mundo, según recoge un teletipo de la agencia EFE.
    Se podrá, por tanto, conectar en directo con cualquiera de esos centros y seguir intervenciones como las que hace sólo unos días protagonizaron, por ejemplo, los escritores Juan Goytisolo en El Cairo o Antonio Gamoneda en Damasco. Con estas emisiones Cervantes TV se convierte en el primer canal cultural en español con una cobertura mundial.

Desde El Cairo: Apoyo a la Alianza de Civilizaciones

Instituto Cervantes en El CairoEl Cairo, 20 feb (EFE).- El poeta español, Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2006, apoyó hoy en El Cairo la Alianza de Civilizaciones impulsada por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, "que puede convertirse en un paso hacia la paz" en el mundo. 
    En declaraciones a Efe, Gamoneda, de 77 años, explicó que la alianza es un "conocimiento de las culturas, principalmente de las lenguas, que puede proporcionar una cercanía" entre las distintas civilizaciones.
    Precisamente, del intercambio cultural para acabar con los conflictos en el mundo habló hoy el escritor español ante una concurrida audiencia, mayoritariamente femenina, que acudió al Aula Magna de la facultad de Artes de la Universidad de El Cairo para escuchar los poemas recitados por boca de su autor. Y mientras sus versos esonaban en la sala, a lo lejos se escuchaba el canto del mediodía de la llamada a la oración musulmana.
    "El Cairo, para el español ya entrado en años, es una ciudad mítica. Se trata de un mito que responde con plenitud a una enorme verdad histórica", dijo Gamoneda, que por primera vez ha viajado a Egipto, de la mano del Instituto Cervantes, para participar en las celebraciones del centenario de la universidad cairota.
    De la escritura oriental, confesó que conoce poco, aunque afirmó haber leído algunos versículos del Corán como inspiración poética. "La Biblia ejerció una seria influencia sobre mí –admitió–, por lo que empecé a sospechar de que otros libros sagrados podría ser fuente de inspiración".
    El poeta, leonés de adopción, ha visitado muchos países desde que le concedieran el Premio Cervantes 2006, pero confesó que necesita descansar: "Hace año y pico que apenas puedo trabajar ni leer", se quejó. Sin embargo, señaló que cuando se traslada en tren, "al ser los viajes más largos, pienso más" y puede escribir.
    En la actualidad, ha terminado un libro de memorias que cubre la etapa de su infancia durante la guerra civil española y la posguerra, que será publicado próximamente, y tiene "una veintena de poemas que parece que van tomando condición de libro con un título provisional, Canción errónea".
    Aquejado de una dolencia de espalda, señaló que "está aprendiendo a ser viejo" lo que le permite "tener una sensibilidad progresiva de acercamiento al hecho final que es la muerte", que marca su poesía.
    "Se aprende a ser viejo de varias maneras, dándole un valor positivo a los recuerdos, amando lo perdido y amando lo que está viniendo", explicó Gamoneda, para quien "esas dos direcciones del amor son los componentes más importantes del aprendizaje". EFE (ssa/agf)

Un libro colectivo: ‘10 poetas, 10 músicos’

Música y letras vuelven a hermanarse, recuperando la herencia de la Generación del 27, en un doble formato disco-libro que edita Fundación Autor y la editorial Calambur con la colaboración de poetas como Antonio Gamoneda, Antonio Colinas, Luis Alberto de Cuenca, o Clara Janés y compositores como Tomás Marco o Ramón Barce.
    Una selección de diez poetas contemporáneos y otros tantos músicos, que ponen melodía a las creaciones de los literatos, ha dado como fruto 10 poetas, 10 músicos, que se edita en formato CD, con la grabación de la soprano Raquel Lojendio, el barítono Alfredo García y el pianista Jorge Robaina.
    La edición en papel de esta colaboración múltiple contiene los siete poemas que cada uno de los literatos –entre los que también están Ilia Galán y José Jiménez Lozano– propusieron a cada uno de los compositores –Zulema de la Cruz, Jacobo Durán Loriga y Mercedes Zavala, entre otros– y la grabación final. Un encuentro que ha resultado positivo ya que «los artistas no acostumbran a coincidir artísticamente entre ellos y en este caso sí ha sido así», apuntó ayer en Madrid Clara Janés durante la presentación del proyecto.
    El resultado se presentó en directo el pasado 5 de octubre en el Círculo de Bellas Artes y aspira a ser una muestra iniciática de ese reencuentro entre música y letra.
(Esta noticia se publica hoy en La Crónica de León-El Mundo) 

Gamoneda habla en Estambul de la poesía española contemporánea

February 11, 2008

El poeta imparte hoy, 11 de febrero, una conferencia en la ciudad turca y el jueves, en Damasco

 

Antonio Gamoneda aborda hoy la situación de la poesía española contemporánea en Estambul. El próximo jueves, el autor de Edad disertará sobre el mismo tema en Damasco. Las conferencias tendrán lugar en las sedes del Instituto Cervantes de ambas ciudades. Esta «gira» de Gamoneda ha sido organizada por el Ministerio de Cultura y las embajadas de España en Turquía y en Siria.
    Desde que recibió el Premio Cervantes, hace ya casi dos años, el poeta leonés es reclamado por universidades e instituciones culturales. Precisamente, Gamoneda se quejaba recientemente de que apenas le queda tiempo para escribir. Especialmente ahora, en un momento en el que está a punto de publicar sus esperadísimas memorias; unas memorias en las que repasa su infancia y que, previsiblemente, verán la luz antes de la primavera.
    Gamoneda, que tiene una perspectiva muy nítica y crítica del panorama poético, hablará tanto en la ciudad turca como en la capital siria de su creación literaria. Hace unos meses llegó a afirmar que la poesía portuguesa está cualitativamente por encima de la española y que debería haber una mayor comunicación entre los dos países ibéricos. En su opinión, con la falta de comunicación fluida entre los dos países de la Península Ibérica «la que sale perdiendo es la poesía española», porque «si se pudiera sacar la media cualitativa de los poetas, Portugal estaría por encima de España».

    Esta noticia se publica hoy en DIARIO DE LEÓN

… y el día 20 de febrero, homenaje y lectura poética en El Cairo

 

 Homenaje y lectura poética, el 20-F, en el Aula Magna de la Universidad de El Cairo.
La cita forma parte de la gira que está realizando el poeta por países europeos del mediterráneo y Oriente Medio.

Encuentro en Atenas

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Encuentro con Gamoneda en la librería Ianós de Atenas (Grecia), el 8 de febrero de 2008. 

Dos improvisaciones (palabras, música) de Ildefonso Rodríguez para Antonio Gamoneda

February 6, 2008
DOS IMPROVISACIONES (PALABRAS, MÚSICA)
PARA ANTONIO GAMONEDA
                              
Por Ildefonso Rodríguez
El poeta y músico Ildefonso Rodríguez    Aquí estamos, sentados alrededor de la persona y la obra de Antonio Gamoneda y con los buenos amigos. Un privilegio del que haré, lo anuncio ya, doble uso y de un modo un tanto desacostumbrado para mí.
    Cuando Félix Blanco me invitó a participar en esta mesa, dejó caer el deseo de que viniera con mi saxo y, une sortie en beauté (así me tentó Félix) tocara algo. Me resistí, no veía fácil el modo de insertar entre lecturas mi sonido, mi fraseo musical. Pero Félix insistió, supo convencerme. Y entonces empezó el trabajo de imaginar un acomodo para el saxo en esta reunión. Empezaron los tormentos. ¿Debería renunciar a mi pequeña lectura sobre la poesía de Gamoneda? ¿O no, y entonces el saxo vendría a ser como un invitado de última hora, la entrada de un músico callejero?
    Ahí me mantuve, en la pura indecisión: no arrancaba ninguna escritura, no veía sin más el saxo en la reunión.
    Hasta que me pareció encontrar un encaje, la vía de acceso. Lo que diré ahora no es una justificación, pero voy a explicarme.
    Entre las cosas que he sido y soy en la vida, está el ser músico, saxofonista, y el ser lector apasionado de Antonio Gamoneda. Y sucede que, en algunos momentos, ambas actividades ya se han cruzado: he leído la poesía de Gamoneda como si, (como si) estuviera escuchando una música poderosa y. sin demasiadas cábalas, la he intentado describir en algunos textos. En el pequeño ensayo Las músicas de Gamoneda, escribí:
"La música es uno de los elementos constitutivos del espacio poético abierto por Gamoneda (…); siendo yo músico, voy a exponer conceptos que manejaría con un colega de la profesión; no me referiré a la música como metáfora, un más allá de la palabra poética. Por el contrario, intentaré mantener una especie de diálogo con los textos sintiéndolos, oyéndolos, bajo categorías musicales. Es decir, considerando que Gamoneda es, con propiedad, un músico".
     Entonces me dediqué a recorrer las distintas formas musicales y su evolución en la obra de Gamoneda: la música de cámara del inicio, los blues, la monodia modal de Descripcion de la mentira, la prosa estrófica y fragmentaria del Libro del frío, con música de simetrías acentuales, la coralidad del Libro de los venenos, las improvisaciones circulares de Arden las pérdidas.
    Años antes, en mi primer acercamiento crítico (es decir, lo que se escribe al ritmo de una lectura intensificada y hasta alucinada) incluso me atreví a sugerir una posible instrumentación para esta poesía:
"Y por lo que respecta a su timbre, si alguien pudiese tocarla, debería elegir el fagot, pues ese instrumento, de entre todos, posee el timbre no ya de la voz humana, sino del cuerpo humano, resuena y retumba en el fagot la oquedad ventral y fértil del cuerpo".
     La intimidad con el colega músico ha sido muy explícita algunas veces. Hasta hemos intercambiado cuestiones de organología. Recuerdo cuando me pidió una lista de nombres para distintas flautas, y yo hice una: flauta de pan, siringa, zampoña, cálamo, caramillo, silbato, silbo… Al final, Gamoneda dio con el más preciso, y lo acomodó así en el Libro del frío:
"Ahora tienes miedo y, de pronto, te embriaga la exactitud: la misma fístula está sonando bajo tu ventana: ha venido el afilador".
Esos son datos de precisión auditiva. Y podría añadirse que el silbido instrumentado (fístula, cánula) del afilador y el propio de Gamoneda atraviesan el cuerpo musical de su poesía. "Tu cuerpo silba en los arándanos". "Silban las cuerdas depositadas en mi alma, silban los números perseguidos". "El afilador que posee en sus cánulas una sola nota, clara como una serpiente, creadora de la niñez en un país de hombres vigilados, no es más feliz que su propia música destinada al invierno".   
    No insistiré más en un acercamiento temático a ese cuerpo musical. El propio Gamoneda ha definido la música con la precisión de un maestro: "Cantidades de tiempo situando cantidades de sonido permiten sobrepasar la muerte".
    Pero yo seguía buscando alguna justificación para imaginar la presencia desnuda de mi saxo aquí y ahora expuesto. Y por fin creí dar con ella.
    Cuando conocí el libro Lápidas, dos pequeñas piezas en él me fascinaron hasta lo obsesivo. Eran dos tangos, el Tango de la misericordia y el Tango de la eternidad. Leía y me parecía estar manejando una máquina infantil de visión, un zootropo giratorio, o mejor, un estereoscopio; entraba en su luz amielada, en el ámbar de unas escenas vistas en otra vida. Los dos tangos eran como las dos ventanas o los ojos del estereoscopio, iluminaban la obra entera de Gamoneda.
    (Entre paréntesis: a veces en una obra grande se nos abre una sola frase, una escena, y la recogemos como si fuera su síntesis, el precipitado de toda su alquimia. En el canto XXX del Purgatorio, le dice Dante a Virgilio, cuando se le presenta Beatriz: "No ha quedado en mi cuerpo una sola gota de sangre que no tiemble; reconozco mi antigua llama". "Mi antigua llama" puede ser esa síntesis, y la imagen trasmigra en título de canción tocada por Miles Davis: My old flame).
    Aprendí de memoria las dos piezas, me las decía a solas, las empecé a entonar. Acabó por depositarse una música para cada tango y fueron dos composiciones fijadas en el pentagrama; lo que de aquel modo me había poseído pasó a pertenecerme como compositor.
    Aunque yo no soy un verdadero compositor, sino un improvisador, vivo del momento de tocar, de ese vértigo y ese riesgo. Así que a eso voy ya. Ni fagot ventral (ni sumergido), ni fístula o cánula del afilador, ni tampoco la gracia del pájaro chamariz (quién me diera) que también ha cantado alguna vez en la poesía de Gamoneda. Ni un simple silbido. Yo voy a hacer sonar mi saxo tenor sobre las palabras de los dos tangos; acogiéndome a la vieja sentencia de los presocráticos  que no me canso de repetir: "De nada vale la música si es mantenida en secreto". Y con la ilusión de que el sonido deje aquí no una huella, pero, al menos, una estela de mi cariño hacia Antonio y mi afición a su obra.
 
(…Y tras pronunciar estas palabras, Ildefonso Rodríguez comenzó a tocar…)
* Este texto, que sirvió de introducción a un pequeño concierto de Ildefonso Rodríguez, fue leído en París, en el Instituto Cervantes, el 4 de mayo de 2006, en unas jornadas dedicadas a Antonio Gamoneda. Es inédito. 

‘Ángel González: un histórico’/ (artículo en LA VOZ DE ASTURIAS)

"ÁNGEL GONZÁLEZ: UN HISTÓRICO"
 
Por Antonio Gamoneda
* * * 
Gamoneda escribe en exclusiva para LA VOZ DE ASTURIAS
sobre su relación con el poeta, la generación del 50,
y responde "a quienes no nombraré nunca más"
(Almudena Grades y Sabina).
* * *
(Artículo publicado el 3 de febrero de 2008.
Página 6 de la edición del periódico en papel)
 

    Todavía hay que contar por días el tiempo transcurrido entre el de hoy y el que fue día cerrado por la muerte en Angel González, y ya es, sin embargo, momento para hablar de él dentro de una perspectiva, también cerrada, que no debe ser deformada por la cobardía ni la tristeza. Angel prefería la verdad y la realidad.
    Se dice de alguien –con más facilidad si ya no está vivo–, que es un histórico, cuando su obra (sea esta creativa, productiva o, también y por desgracia, destructiva) alcanza una dimensión y un valor, positivo o negativo, que coloca al autor en situación de referente necesario para definir un tramo temporal con marcas distintivas. Así, el descubrimiento de la fisión (Hahn y Strassmann, 1938) modifica (define y caracteriza), en profundidad, la política, la geopolítica y la tipología industrial y energética. Hasta ahora mismo. Todo sucede en un mismo tramo temporal, es decir, histórico.
    Los lectores habrán de perdonarme este excurso que no es totalmente divagatorio: las obras humanas, vistas en simple cercanía, inducen a pensar que poco o nada puede haber de común entre ellas; una contemplación globalizadora, contrariamente, nos muestra que todas ellas se interpretan y que es su "invisible" comunicación y su interdependencia, lo que hace que la marcha de la humanidad sea una u otra, y que lo sea precisamente a causa de la actividad de los "históricos". Digo esto y pido perdón otra vez; podría haber resuelto mi comunicación diciendo simplemente: "Angel González es un poeta histórico ".
    Cabe pensar que la poesía no manifiesta una importancia que la haga históricamente determinante, pero, con independencia de cuál sea esta importancia (enorme, por cierto, en civilizaciones arcaicas, en las que la poesía conlleva carácter sagrado) la poesía tiene su historia. Sus miles de años de antigüedad hacen difícil admitir que se trate de una "historia menor". Pues bien, se trata de afirmar que en esta dilatada secuencia y dentro de la lengua castellana, Angel González ocupa un lugar.
    OTRA COSA es que, en nuestra actualidad planetaria, la poesía sea incapaz de actuar sobre la realidad, en particular sobre la realidad social, y es curioso que se den opiniones como la del comunista Gabriel Celaya ("La poesía es un arma cargada de futuro") y la del fascista José Antonio Primo de Rivera ("A los pueblos únicamente los han movido los poetas"). Vienen a decir lo mismo y ninguno de ellos tiene razón. Las cosas son hoy día de otra manera: los mitos carecen de poder y la poesía es irremediablemente subjetiva (Sartre) e impotente ante la realidad objetiva.
    Angel González, estoy seguro, descreería cariñosamente de Celaya y menospreciaría, sin saña, la ocurrencia de José Antonio. El sabía que la poesía tiene una repercusión minoritaria; sabía también que lo que la poesía sí puede hacer es intensificar estados de conciencia, pero nada más.
    La opción más oportuna en su momento –en el de Angel– consistía en no entrar en contradicción con el contenido político y moral de los "primarios" poetas sociales (los coetáneos de Celaya), que, de alguna manera, habían ejercido una resistencia frente a la dictadura franquista, pero en los que, finalmente, la escritura había desembocado en una retórica inoperante y poéticamente nula. Se trataba, pues, de liberar a la poesía, (a la poesía que quizá había dejado ya de serlo), de una incontinencia verbal que la inutilizaba. ¿Cómo? Como lo hizo él, cómo lo hizo Angel.
    Y lo hizo –hablo releyendo el libro ‘Aspero mundo’ –, llevando el lenguaje a la sencillez y, aunque esto se verá mas claro en otros libros posteriores, incluso a la coloquialidad. Con una particularidad importante, que quiero destacar (nada más destacar, que es asunto largo, interesante para futuros doctorandos) relativa a los carácteres personales y diferenciales (subjetivos) de Angel González en relación con los supuestos de la llamada "generación del cincuenta". La particularidad es que, en tales años cincuenta, en los iniciales, al menos, es posible advertir en Angel una leve huella romántica. Mejor que rebuscar será mostrar, aunque haya de ser en forma fragmentaria:

Para que yo me llame Angel González, /para que mi ser pese sobre el suelo, / fue necesario un ancho espacio / y un largo tiempo: / hombres de todo mar y toda tierra, / fértiles vientres de mujer, y cuerpos / y más cuerpos, fundiéndose incesantes / en otro cuerpo nuevo.

Yo comprendo: he vivido / un año más, y eso es muy duro. / Mover el corazón todos los días / casi cien veces por minuto / Para vivir un año es necesario / morirse muchas veces mucho.

Agua quisiera ser, agua salada / cuando corres desnuda hacia la orilla. / Sol recortando en sombra tu sencilla / silueta virgen de recién bañada.

    Tres fragmentos de tres poemas distintos, salutación a la vida, que se resuelve en desaliento al término del poema, contemplación de la muerte y selimentalidad amorosa. Estamos, ante tres constantes poéticas que, en la. actitud romántica o post-romántica, suelen darse, como en Angel González, asociadas. Creo que hemos "tocado" una de esas particularidades diferenciales que vengo anunciando.
    VIENE UN LIBRO después, ‘Sin esperanza con convencimiento’, que, como el título indica, lleva consigo una voluntad de ahondar en las convicciones, de realizar una cierta retracción temática más acorde con la proclamada actitud "generacional", pero, a mi entender, sin abandonar, a diferencia de lo que hacen otros –no todos– "miembros de la generación", el que es su pensamiento poético peculiar. No obstante, en el fragmento que sigue (seleccionado en razón de la que he llamado "retracción temática"), puede advertirse, creo, la orientación solidaria que digo:

Quietos, pegados a la dura / tierra, / cogidos entre el pánico y la nada, / los hombres esperaban el momento / último, / sin oponerse ya,/ sin rebeldía.

    Pero estoy dándome cuenta de que esto no es un estudio, sino solo un artículo; un artículo que pretende afirmar la condición de histórico –ya está dicho y redicho pero no importa– de este poeta. Quienes se interesen por el seguimiento de su conducta literaria, ahí tienen sus libros. Angel González, con una progresiva carga de sencillez y de ironía en su escritura, realizó una, también progresiva, adecuación, que por nombrar de alguna manera, llamaré "ideológica", a los postulados de la siempre supuesta "generación del cincuenta". Conservándose en su grandeza poética y personal, esta "adecuación ideológica" no fue siempre buena para la poesía de Angel.
    De la "generación del cincuenta" era, por así decirlo, "instructor" Jaime Gil de Biedma, hombre muy inteligente (más hombre inteligente que poeta de "raza"), que quizá no hubiera hecho tan evidente su talento sin el magisterio de Gabriel Ferrater, quien no fue parte "oficial" en el grupo porque escribía en catalán. Jaime Gil es autor de excelentes trabajos teóricos.
    LOS HOMBRES de la "generación" (son bien conocidos y no vamos a repetirlos aquí) son los que proclamó, con una extraña autoridad y con más decisión que acierto, Juan Hortelano en un libro famoso. Jaime Gil, en una entrevista publicada, confesó a Jesús Femández Palacios que la "generación" había sido una deliberada operación de marketing (el llamado grupo de Barcelona se procuraba así un "ascenso"), y, por lo que a mí toca, puedo decir que, en más de una nocturnidad de las que me ocurrieron con Claudio Rodríguez, soltó sus carcajadas zamoranas a propósito de la "generación", en la que había sido "empadronado". Cuento todo esto para reforzar mi opinión preventiva en orden a que a Angel González se le pueda considerar o no histórico a causa de su pertenencia a una más bien imaginaria "generación". Lo que sí ocurría es que era muy amigo de la mayor parte de los considerados integrantes, y que su bondad (la bondad es muy importante a los efectos de dar en poeta, mayormente si el poeta va a ser un histórico) se convertía automáticamente en una fidelidad ajena a miramientos. Pues, no: Angel González es un histórico por sí mismo, por los rasgos caracterizadores y predominantemente subjetivos que he mencionado, presentes en la mayor parte de su obra, y por la calidad con que estos rasgos se manifiestan.
    Aquí podría terminar este artículo, pero no; no hay noticia seria del autor si se habla mucho de la obra y poco del hombre.
    Yo voy a tratar de explicar humanamente a Angel. Hasta donde alcance e implicándome yo mismo, porque en esta implicación doy con serios indicadores de la situación y las posiciones. Los hechos son los que son: humanamente; incluyendo lo que pueda representar límites o accidentes y, si se manifestasen con evidencia, errores. De quien sean. Es ridícula la magnificación que "angelicaliza" irrealista e irreflexivamente. Yo no; yo daré, comprometido mi estatuto moral, mi breve historia con Angel, que es la breve historia de Angel conmigo y explica algunas cosas menores. Al término, Angel ha de quedar como lo que fue: un ser humano cargado de bondad y un poeta al que pertenece necesaria, justa o individualmente la atribución de poeta histórico.
    MI RELACION con Angel debió de iniciarse hacia los setenta. No nos veíamos con frecuencia (él tenía su trabajo en Alburquerque U.S.A.) pero había un afecto motivado, quizá, en el que a los dos nos tenía (a él más que a mí, desde luego; eran perfectamente íntimos) Emilio Alarcos Llorach (yo, a Alarcos, le debo de manera plena la recuperación de la escritura poética, que tuve quince años abandonada).
    Una reunión grata con Angel durante varios días, sucedió cuando, el entonces alcalde Masip, nos convocó –con José García Nieto y con Bousoño– para tratar de proyectos que no llegaron a realizarse. Pero mi recuerdo más hermoso es el de una noche, también ovetense, que habiéndose prolongado, a mi juicio, más de la cuenta y sabiendo yo que los mecanismos cardiacos de Angel no andaban muy bien, traté de interrumpir: "Bueno, sí, te dejamos en el hotel y nos retiramos". Esto me dijo. Cuando, habiendo dormido cuatro horas, me despedía yo en recepción, apareció Angel con otra pareja y me dijo: "Se nos ocurrió que podíamos venir a darte un abrazo".
    LO QUE OCURRIÓ después lo sé más o menos bien y lo que quisiera es no saber nada. Durante algún tiempo (’Blues castellano’, por ejemplo) mi escritura no era demasiado distinta de la que practicaba "el 50" y en especial de la de Angel. Después, hubo una seria inflexión en mi pensamiento poético. Por otra parte, yo no he ocultado nunca mi descreimiento relativo a la supuesta "generación", pero siempre añadí que, sin deponer mi distinta concepción de la poesía (concepción y distinción que, curiosamente, se iniciaron con ‘Descripción de la mentira’ , el libro que Alarcos me "impuso" y sobre el que existe un muy generoso informe suyo en la Fundación Juan March) yo respetaba y valoraba, uno por uno y cada uno en su grado, su trabajo de creación poética. Había otros además de Angel, pero yo pensaba principalmente en él al hacer esta salvedad.
    Hace años, se le hizo un homenaje en Oviedo, diseñado, estoy casi seguro, por gentes interesadamente cercanas a Angel que poco tenían de asturianos, homenaje al que, naturalmente (¿por qué diré "naturalmente"?) no fui invitado. Nada dije. Vinieron años con encuentros en los cursos de verano del Escorial, y la cordialidad, clara y real, de Angel conmigo se manifestó, finalmente, decreciente. ¿Por qué? Sí lo sé pero no lo digo. Lo que si diré es que el último año de coincidencia en estos cursos, Angel, Caballero Bonald, Brines y yo hacíamos una lectura en la misma mesa. Con total sinceridad y ante el público, yo dije "No es mi costumbre, Angel, pero ¿por qué faltó mi voz en tu homenaje?, quiero dedicarte la lectura que voy a hacer".
    No volvimos a vernos. Llegó su muerte y, con ella, las naturales y urgentes peticiones periodísticas relativas a la impresión que el hecho mortal me producía y a mi opinión sobre Angel. En todos los casos, yo contesté con mi verdad: "que su muerte me entristecía; que entre nosotros había existido una buena amistad; que la vida y la poesía de Angel tenían una gran dignidad, aunque estimaba que en los últimos años había cierto decaimiento poético". (Esto mismo, además de que la poesía "no le venía", lo dijo varias veces el propio Angel con absoluta honradez). Dije también "que yo entendía que, además de sus males clínicos, Angel estaba, últimamente, ´enfermo de soledad´, y que esta soledad había sido, quizá, causa de que fuera utilizado (o manipulado, no recuerdo la palabra exacta) por personas que prefería no nombrar ". Palabra arriba, o abajo, esto y no otra cosa dije. Ni mencioné ni excluí que el acercamiento de estas personas hubiera podido ser amistosamente consolador para Angel. Bien pudo serlo, pero de esto yo no tenía ni tengo constancia.
    LA ÚNICA expresión que cabría entender tímidamente negativa es "declinación" o "decaimiento", la que fuese. Ya he dicho que él mismo hizo reconocimientos expresos inteligibles en analogía, pero, además, ocurre que esta "declinación" es, antes o después, una triste y natural realidad en los históricos (y en los que no lo son: pienso en mí mismo). Decía Claudio Rodríguez que "los poetas somos como los yogures: tenemos fecha de caducidad", y él mismo la tuvo, y más bien temprana, como la tuvieron Hierro (véase ‘Agenda’, por ejemplo), o Dámaso Alonso, o Rafael Alberti, o Jorge Guillén… ¿seguimos?
    Insisto en que he querido entender el caso de Angel humanamente, sin aferrarme al mito (como tampoco se aferraba él). En cualquier caso, ahí queda, hasta donde haya llegado, su obra grande, su contenido cívico, su actitud de resistente cuando hubo que serlo (convendría no olvidar que el Dictador murió hace más de treinta años, creando un desconcierto para quienes cifraban en la resistencia su poesía), y que son los componentes grandes que he relacionado los que le proporcionan su calidad de histórico.
    Por manifestarme como he explicado, Almudena Grandes, por ejemplo, ha puesto en letra impresa que soy "cortesano (?), torpe y mezquino". Y Joaquín Sabina ha hecho declaraciones –que no he oído pero que me repiten unívocas–, sobre "ese que se dice poeta, ¿cómo se atreve a hablar así de Angel"?, y hasta creo que ha hecho unos versos dedicados a Angel en los que aparece la expresión "sin el beso de Judas Gamoneda". No hago interpretaciones. Doy estos nombres porque ya los han dado ellos.
    Habrá más de lo mismo –no pienso averiguarlo–. En todos los casos, tratarán de hacer creer que mis manifiestaciones son contra Angel, y que su voluntad ofensiva se justifica en Angel.
    YO MÁS BIEN pienso en que sea la referencia a que Angel (82 años, enfermo, tomado por la soledad en un orden principal) era acompañado, pero también utilizado o manipulado por personas de las que dije "que no merecía la pena nombrar". Sigo en mis trece: no quiero nombrarlas. Que se nombren ellas mismas. Tengo –tenía– un particular interés (quizá no lo haga en ningún sitio más) en poner en claro mi actitud sobre este triste asunto en Oviedo, la ciudad en que nació Angel González, poeta histórico, y unos años después, yo mismo.

“Juan Gelman escribe a su madre”, un artículo de Gamoneda en el suplemento Babelia

January 26, 2008

"Juan Gelman escribe a su madre"

(Artículo publicado hoy, 26-01-08,
en la página 9 del suplemento Babelia, de El País) 

Por ANTONIO GAMONEDA

    Pienso que Carta a mi madre no se ha publicado exento ni distribuido en España. Si me equivoco, no sufriré por el error. Yo he recibido el libro de mano de Gelman hace muy poco tiempo, en edición mexicana de 2007. En la escritura de origen hay ruptura temporal declarada: Ginebra-París, julio, 1984 y París, noviembre, 1987. Contemplando la naturaleza del poema, del inmenso poema, hay en la circunstancia "un no sé qué" –una situación existencial, en cualquier caso– que puede no deducirse directamente de la escritura, pero que será parte, sustancia y condición en el sentido de la Carta. No se piense en un simple rebote casual ni en un imponderable propio del acontecer literario. No; aunque hubiera ocurrido, no puede ser ésta la causa mayor.
    Me interesa ampliar la noticia de las cronologías. En 2004, Gelman regala una copia manuscrita de la Carta a Marco Antonio Campos, que se reproduce en la edición de 2007, y es Marco Antonio quien, en el epílogo, nos dice que, viviendo en Managua, en 1982 y en el mismo día, "Gelman recibe tres cartas: una, de la consuegra, que lee primero, donde la señora le cuenta que ha visto a su madre en un hogar de ancianos, y la ha encontrado activa, organizando conferencias y ordenando la biblioteca; la segunda, de su hermana, quien le informa de que su madre ha muerto, y la tercera, de su propia madre, donde le habla de sus recuerdos lejanos…".
    Prosigue Campos dando cuenta (aquí Ginebra y París, 1984) de que Gelman "escribe afiebradamente el poema, el cual deja en un cajón y olvida". (Yo no puedo creer en este olvido).
    "Tres años después, al abrir una gaveta, lo encuentra…", continúa Campos. Hubo de ser entonces cuando se produce una intervención del poeta (recorte, reescritura…) en la Carta, y aún han de pasar dos años hasta la edición bonaerense y otros dieciocho hasta la mexicana.
    Es este un peregrinaje poemático ajeno al que cabe considerar normal. Sea. Dura y prodigiosamente anormal es la vida de Gelman, y su poesía conlleva también prodigio y anormalidad. Sucede así porque la poesía de Gelman –y pienso que toda poesía que lo es– no tiene nada que ver con la ficción, sino que procede, directa y radicalmente de la vida, y es, en sí misma, una realidad (una realidad y una verdad, no una verosimilitud) con independencia de que haga o no haga referencia explícita a la realidad "exterior".
Pero vamos, que urge, a la Carta a mi madre:
"recibí tu carta 20 días después de tu muerte y
cinco minutos después de saber que habías muerto /"

    Así empieza el poema. Pronto retrocede a las aguas prenatales:
"… ¿estábamos bien, juntos así, yo
en vos nadando a ciegas? /
(…)
¿habré querido no salir nunca de vos / me
expulsaste y lo expulsado te expulsó /"

    Creo que, en la última línea del entrecomillado, hemos entrado ya en la cifra oculta, en la que precisa revelación. Revelación que ha de estar en la propia Carta. (Gelman ha de perdonarme el procedimiento: yo sé que la poesía no se explica como yo estoy haciéndolo; posiblemente no se explica ni debe explicarse de ninguna manera); sé también que, así, el poema aparece destrozado sobre mi página. Esto no me da cuidado: el poema está, indestructible, en Gelman. Va a venir la revelación; dice el poema:
"… ¿es vida con los ojos
cerrados? / ¿por eso escribo versos? / ¿para volver
al vientre donde toda palabra va a nacer? / ¿por
hilo tenue? / la poesía ¿es simulacro de vos? /"

    ¿Habría de esforzarme yo en ir a un más allá imposible, a la que en mí no puede ser más que ridícula hermenéutica, para "explicar" la incardinación plena, carnal, que Gelman hace de la creación poética en la creación de la vida? No; afortunadamente no hace falta; hace sobra; lo dice él para siempre: "… al vientre donde toda palabra va a nacer? / (…) la poesía ¿es simulacro de vos? /". Mejor sigo con el procedimiento tramposo de que hace unas líneas me he acusado yo mismo.
"así viaja el amor de ser a antes de ser?/
(…)
me
echaste de vos / ¿para aprender a sernos otros? /"

    "Sernos otros". Poder ser un "tú" y un "yo". Entrar en el desgarramiento existencial donde pueden darse el amor y el odio, el amor y el odio que no pueden darse en el "ser antes de ser"; en el desgarramiento existencial donde "la poesía es un simulacro de vos? /". Y
"(…) ¿por qué tan vivo está lo
que no fue? /

 
(…) ¿qué fue lo separado? / mi dedo de escribir en tu
sangre? / ¿mi serte de no serte?" /

    "¿mi serte de no serte?". Cabe que los partidarios del realismo (que en algunos casos pueden no ser, partidarios de la realidad), estén ya pensando que Gelman anda en resbalones ontológicos, y los menos avisados –que suelen ser los más dados a las definiciones– podrían estar ya en la expresión "Gelman, poeta metafísico". O, contrariamente y para tratar de llevarlo a su redil, podrían pasar por alto la posibilidad y su denuncia. Y después de esto, en llegando a "mi dedo de escribir en tu sangre", "hermetismo lamentable", dirían. O "irracionalismo" (sin cortarse ante el hecho de que la definición, con este término y todos los sinónimos que puedan darse, no puede ser referida más que a animales privados de la posibilidad de escribir ni siquiera la "m" de "mi", y que la malamente socorrida palabra, aplicada a ser humano es, ni más ni menos, un insulto. ¿O, también aquí, contrariamente y para tratar de llevarlo a su redil pasarían por alto el tópico y prescindirían de su denuncia?
    Mi lectura, que puede ser la menos autorizada entre las de cuantos saben que Gelman es un gran poeta en la inmanencia (en la historia, en la naturaleza, en la vida y en la sensibilidad consciente), me dice inmediatamente que "mi dedo de escribir en tu sangre" está ahí precisamente para desbaratar equívocos, para que se lea correctamente "mi serte de no serte" y sea advertido que ser no es cuestión ontológica, sino existencial. Y física. Son estas propuestas las que, simultáneamente, posibilitan que se lea de manera correcta, la consistencia profunda de la totalidad del lenguaje, la imprevisible inclinación semántica de la palabra de Gelman:
"madre harta de
tumba: yo te recibo / yo te existo /"

    Esto dice al final de la página que coincide, yo creo que exactamente, con la mitad del texto poemático.
    Me he extendido en la que considero esencialidad de esta escritura, en la causa de su pensamiento poético; he dimitido, sin embargo (hay cosas insalvables que se llaman espacio periodístico, apreturas y urgencias del escribiente…), del acontecer completo del poema. No es carencia irreparable, me parece: lo fundamental fundacional ya está dicho, y lo fundamental posterior, se lo dejo al lector bienintencionado. Es verdad que no he dado -y ya no podré hacerlo, y bien que me duele- indicios suficientes de la aplastante belleza y de la capacidad de revelación del lenguaje de Gelman. Pero…
    Pido perdón porque voy a desdecirme mínimamente ahora mismo; no va a ser nada, no basta, ya lo sé, pero acabo de pasar los ojos por unos versos y me siento incapaz de no reproducirlos. Yo no digo nada. Que hable Gelman. Le dice a la madre:
"así mezclaste mis huesitos con tu eternidad / tus
besos eran suaves en noches que me dejaste solo
con el terror del mundo / ¿me buscabas también
así? / ¿hermanos en el miedo me quisiste? / ¿en
un pañal de espanto?"

    Bueno, vamos a cerrar como si éste fuera un artículo admisible y al uso.
    Es bastante bien conocida, por otros libros, la que se dice tendencia agramatical de Gelman. Sí, esta tendencia es verdad y no lo es. Yo opino que lo que Gelman hace es crear "otra" gramática, y que no la crea para exhibir una inventiva léxica, sintáctica u ortográfica, sino porque la necesita en la "materialidad" de su creación. Se me ocurre algún razonamiento.
    La puntuación y las mayúsculas: en Carta a mi madre desaparecen de manera prácticamente absoluta. No ha sido así en todos sus libros, aunque la dominante sea una muy seria economía de estas señales. En Carta a mi madre, aparte del alfabeto existen únicamente signos de interrogación y barras inclinadas.
    Nada que decir sobre los primeros, si no es que el libro es, en sí mismo, una inmensa interrogación.
    Sobre las barras inclinadas yo tengo una teoría; una teoría discutible, naturalmente, que puede corresponderse con una "pulsación" certera, pero más intuida que deliberada, por parte del autor.
    Lo que yo pienso es que estamos ante una escritura "polifónica". Existen los versos y la sucesión versal, que comportan un ritmo; y existen las barras inclinadas, que comportan otro ritmo y que pueden corresponderse o no con la cesura final del verso. El resultado es una doble organización fónica, una superposición de dos ritmos: en estos términos y no más allá ni más acá, se trata de una "polifonía". Yo la he advertido. Con la "oreja mental" de que habla Gonzalo Rojas.
    En el orden visual sucede algo que también tiene su importancia: la escritura lleva en su "cuerpo tipográfico" una más que notable "serenidad"; ha sido casi totalmente liberada de "accidentes" gráficos.
    En cuanto a los neologismos, ahí están, naturalmente. Están los neologismos que sólo Gelman sabe y puede hacer. Colmados de naturalidad; de una naturalidad que procede de que son neologismos que cabría llamar "primarios", porque, con independencia de la complejidad intelectual que, finalmente, pueda desprenderse de ellos, se dan en un origen y en un curso generativo que algo –o mucho– tienen que ver con la manera popular (¿porteña?) de crear lenguaje.
    Puedo y no puedo decir más de Gelman. Punto final.

Poema inédito de A.G. para un libro de ALDEM

Fragmentos
De "Canción errónea". Inédito, 2007
Antonio Gamoneda

 

Amo mi cuerpo; sus vértebras hendidas

por aceros vivientes, sus cartílagos

abrasados, mi corazón ligeramente húmedo

y mis cabellos enloquecidos

en tus manos. También

amo mi sangre atravesada por gemidos.

 

Amo la calcificación y la melancolía

arterial, y la pasión del hígado

hirviendo en el pasado, y las escamas

de mis párpados fríos.

 

(…    …    …    …    …)

 

Amo mi cuerpo incomprensible

y su miseria clínica. Estoy vivo. 

 Portada del libro editado por ALDEM

(Poema de Antonio Gamoneda publicado en Luz en la Sombra,
libro colectivo testimonial sobre la Esclerosis Múltiple
editado por ALDEM, la Asociación Leonesa de Esclerosis Múltiple.
León, 2007) 

‘Las músicas de Gamoneda’, por ILDEFONSO RODRÍGUEZ

January 25, 2008
LAS MÚSICAS DE GAMONEDA

Ildefonso Rodríguez    Cuando relacionamos poesía y música, más allá de la discusión teórica, y más allá de ser siempre una relación resbaladiza, deberíamos ante todo atender a los testimonios que de ella nos dan los propios poetas, sus modos de implicar los datos musicales en la escritura. Así, oigamos, para empezar, dos de esos testimonios, entre los muchos que podríamos mostrar, dos principios de autoridad.
    Rubén Darío ha escrito a propósito de Unamuno: "En Unamuno se ve la necesidad que urge al alma del verdadero poeta de expresarse rítmicamente, de decir sus pensares y sentires de modo musical… Lo que resalta en este caso es la necesidad del canto".
    Ahora Baudelaire: "¿Quién de nosotros no ha soñado, en sus días ambiciosos, con el milagro de una prosa poética, musical, sin ritmo ni rima, lo suficientemente flexible y dura como para adaptarse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones del ensueño y a los sobresaltos de la conciencia". Y en El poema del haschis, se lee: "La gramática, incluso la árida gramática, resulta algo así como un hechizo evocador; las palabras resucitan revestidas de carne y hueso; el substantivo, en su majestad sustancial; el adjetivo, ropaje transparente que lo viste y colorea como una veladura; y el verbo, ángel del movimiento, que da a la frase la oscilación".
    Creo que la escritura de Gamoneda se funda en una poética de la circularidad, lo que en otro lugar he llamado memoria de la memoria. El lector sufre un vértigo, cree estar ante la inminencia de una revelación absoluta; pero ésta queda conjurada circularmente: es el relato de un suceso oculto que centellea, se transparenta, pero permanece innominado. ¿Dónde? "El palimpsesto de la memoria es indestructible", ha escrito Gamoneda. Circularidad de los gestos, casi podríamos decir un sistema de fractales. Por ejemplo: la palabra armario genera una imagen que se repite a lo largo de los años, adquiere la categoría de un símbolo (aunque se simbolice a sí misma, en el sistema poético de Gamoneda: el armario). En distintos libros hemos leído: "El dios que llora en mis armarios". "Dime qué ves en el armario horrible". O algo como: "No hagas incesto en los armarios, guárdate: albergan asma, atribución, espíritus, quizá días y alas desesperadas". Palabra, imagen, símbolo, el armario pronto reaparecerá con una centralidad decisiva, pues el libro de memorias en el que Gamoneda está trabajado parece que se titulará Un armario. Sombras. Y del mismo modo podríamos leer, por ejemplo, las palabras luz o miedo, fractales, dos nudos decisivos de esa trama o sistema poético al que me estoy refiriendo. Un pensamiento que procede por ondas expansivas, a partir de datos de repetición y variación. "Las ondas de un narcótico calmo", como escribió Mallarmé. Son leivmotivs, obsesiones: "La majestad obsede en círculos". Es el impulso de la repetición interior (repetición convulsiva), el retorno de lo mismo. Y es, también, la necesidad de las variaciones, la reescritura permanente. Ese gran impulso es de naturaleza musical, engendra música, mediante dos vías: las ondas del pensamiento poético, con núcleos obsesivos. Y ciertas palabras que aparecen casi como talismanes o conjuros.
    Y, también, la transformación del tiempo en espacio. "Espacio siempre frente al tiempo", ha escrito Gamoneda. René Nelli afirma: "La poesía mítica nos conmueve porque es una figura –tiempo, un cuento que se despliega con tal armonía que el pasado parece prefigurar el futuro, implicarlo, y donde, según el desarrollo de esta simetría, el futuro acompaña al pasado en una presencia ordenada que sucede al devenir y devuelve el tiempo a la coexistencia. Esta armonía preestablecida, esta transformación del tiempo en espacio (tan nítida en Shakespeare, por ejemplo), haría decir a Novalis que la gran poesía es necesariamente profética".
    Hasta aquí, un exordio insinuante a la relación básica que pretendo establecer entre poesía y música en la obra de Antonio Gamoneda. Siendo yo músico, voy a exponer a partir de ahora conceptos que manejaría con un colega de la profesión; no me referiré a la música como metáfora, un más allá de la palabra poética. Por el contrario, intentaré mantener una especie de diálogo con los textos sintiéndolos, oyéndolos, bajo categorías musicales. Es decir, considerando que Gamoneda es, con propiedad, un músico.
    La antigua disciplina de la prosodia era una parte de la música: se ocupaba de la música verbal, sabía reunir música y palabras (pro-sodos: procesión con cantos y música de cítaras). Ya más cerca, sabemos que en laboratorios con grandes afinadores, metrónomos y agujas de medición se estudian los sonidos articulados por la voz humana.
    Pero es posible dar un paso más allá de la vieja prosodia para hablar de escala, instrumento, timbre, audición, blues, tango, Bela Bartok, silencio (todas estas son palabras del propio Gamoneda) en relación a sus poemas.
    Todo ello funda, conforma el cuerpo musical de su poesía, lo que en mi primer acercamiento crítico (es decir, lo que se escribe al ritmo de una lectura intensificada y hasta alucinada), hace veinte años, llamé la escritura del cuerpo.
    Que sea legítimo aplicar de un modo tan estricto los conceptos del sonido y sus determinaciones artísticas a una escritura poética, quedaría justificado con los testimonios, no de dos poetas ahora (aunque creo que de algún modo lo son), sino de un músico y de un médico. John Cage ha escrito: "Tal como yo lo veo, la poesía no es prosa, porque está formalizada de algún modo. No en razón de sus contenidos o ambigüedad, sino porque permite introducir elementos musicales (tiempo, sonido) en el mundo de las palabras". Por su parte el doctor Georg Groddeck escribió en su inagotable Libro del Ello: "El hombre no sólo está sometido al ritmo en su actividad consciente, en su trabajo, en sus actividades artísticas, en su andar, en su actuar, sino también en el sueño y en la vigilia, en la respiración, la digestión, en el desarrollo y en la decrepitud, en todo. Al parecer, el Ello se manifiesta tanto en el ritmo como en los símbolos".
    Finalmente, resulta que el propio Gamoneda ha explicitado tal relación en numerosas ocasiones. Juicios teóricos, como éste, tomado de su libro El cuerpo de los símbolos: "La música es el estado original del pensamiento poético. Sabido es que de toda lectura que importa (y a poesía me refiero en particular) queda al final algo que es como una melodía que condensase el sentido y sentir de la obra completa. Comprender las palabras a través de su música, experimentar la expresión como una estructura musical es lo que coloca a la escritura y a su autor en la especie poética".
    Ya en la obra, aparece una numerosa serie de proposiciones concretas referidas a la música y la audición ,"la audición del mundo": "Sangre convertida en música", "lienzo musical", "robles musicales", "música en tus ojos". Otras sentencias lo hacen por alusión indirecta: "Siento las oraciones, su lentitud, como serpientes bellísimas que pasaran sobre mi corazón".
    Y en el centro mismo de su escritura, juicios que revelan un verdadero pensamiento musical: "el cuerpo del canto", "la música de los límites", "cantidades de tiempo situando cantidades de sonido permiten sobrepasar la muerte", "sucedió en la inmovilidad, como la música antes de su división" (esta sentencia es decisiva para lo que seguiré exponiendo), "la feroz escala del que canta ante el rostro de la  muerte".

   El Libro de los venenos presenta rituales de música, en sentido arcaico, mágico, curativo, consolador. Así: "Convaleció Harmosis y supo Mitrídates que la profecía de los vientos era por música cuyos semitonos se tomaban del temblor de hojas perennes, pasándolas por cítara, para sumar sus intervalos y la declinación de las aves". Uno, como músico, desearía comprobar la eficacia de esa música mezclada, oír esa extraña arpa eólica.
    Todos estos son datos que dan idea de un pensamiento musical enraizado. Cuando se lee en Descripción de la mentira: "escuché la rendición de mis huesos depositándose en el descanso", lo que se entiende es inferior a lo que se oye. Se entiende algo muy común: alguien cansado, descansa. En un segundo grado, se  incluye una metáfora del lenguaje de uso: estoy rendido, tengo los huesos rendidos. Pero el salto que da el poeta no es sólo retórico (perífrasis, hipérbole), sino prosódico: se trata de una amplificación que gana sonoridad, un hecho físico: hacer más audible un significante. Este es un proceso de orden musical. Y de ahí, se alza un sentido que resulta ser una imagen turbadora: los huesos se hacen audibles.
    En el origen y en el final del sonido está el silencio. El silencio es uno de los hechos musicales básicos de esta escritura. No el silencio idealizado, aludido, con carga teológica o metafísica, sino el audible, un silencio que, figurado en los blancos de la escritura, se oye, porque es medible, respirable; es un silencio rítmico, es musical. Gamoneda hace uso constante de ese silencio que, como sabe cualquier músico, alimenta la sonoridad misma, es su matriz, y resulta tan difícil de manejar. 
    ¿Qué instrumento toca este músico hipotético? La respuesta está en su oralidad, un cuerpo que paladea, se alimenta de palabras. Que antes de llevarlas al blanco del papel goza de su espesor silábico, acentual, sus ritmos, sus colores. Se le hace la boca agua. Son sonidos de su cuerpo, lo mismo que un músico cuando emite su sonido personal. Él hace de continuo lo que Barthes llamó, en El placer del texto, "una estereofonía de la carne profunda", "hipofísica de la palabra"; y sigue: "lo que se busca, en una perspectiva de goce son los incidentes pulsionales, el lenguaje tapizado de piel, un texto donde se pudiese escuchar el granulado de la garganta, la oxidación de las consonantes, la voluptuosidad de las vocales". En efecto, las escrituras de Gamoneda uno siempre las oye en voz alta; se le representa al lector, por necesidad, la imaginación material de su sonido. Dicho de otro modo: "la voz del vientre", de la que nos habló Max Jakob (algo que cualquier músico de viento conoce bien). Una sustancialidad, ese metal de voz de los cantaores flamencos, lo que más identifica, (como  hace, por otra parte, la propia voz de cada hablante en el mundo innumerable).
   Siendo esto así, en cuanto a la voz, el instrumento, podría ahora indagarse en la génesis de unas formas musicales que cruzan y sustentan toda su escritura.
    Hay un gran principio de su tensión poética que podría formularse así: cada uno sus libros se generó por la intuición de una necesidad musical nueva y distinta del anterior. En cada uno de ellos obró la dialéctica de la memoria musical y de la existencia: la música es vida. En una entrevista con Miguel Casado, dice Gamoneda: "La palabra, en su función poética, es la implicación de un discurso musical y de un discurso significativo". En otro momento habla de "ritmos ajustados a la existencia; el fraseo es tiempo y sirve para pesar un nuevo efecto físico". Otra vez Barthes, que habló de "cambios de ritmo". En la vida van cambiando los patrones rítmicos personales según cada nueva situación existencial; los viajes, la enfermedad, la amistad y el amor trastocan esos patrones. La muerte clausura todos los ritmos, la muerte ya no baila. Otra vez el doctor Groddeck: "Es llamativo lo que se repite el deseo. En su interior hay un duende que lo obliga a repetirse". Aquí puede leerse deseo como vida.
    La evolución que muestra la música de Gamoneda tiene su origen en un primer desplazamiento y sustitución de los patrones heredados, tradicionales. (En la música que yo quiero más, conozco un caso semejante: el saxofonista John Coltrane, capaz de hacer dos revoluciones contra sí mismo, contra sus seguridades).
    En la primera juventud, era la música de cámara. La medición, la armonización de las tensiones: soneto, poema blanco, pero no libre; suites concertadas, tema y variaciones. El libro se tituló Sublevación inmóvil. Pero ya ahí anidaba un disturbio: la presencia de un músico, Bela Bartok, en algunos poemas, es señal de qué timbres y tonos maneja el poeta en su música de cámara: politonalidad, sonidos de expresión oscura y densa. Ya en esa etapa juvenil opera el principio aludido: en cada forma musical (en cada situación existencial) anida la tensión de su salida.
   En la segunda juventud sucede la emergencia de la coloquialidad, un habla de amistad que narra una historia colectiva. El propio Gamoneda define así su situación existencial: "Un hombre pringado entre los treinta y los cuarenta años, que ha hecho una pasión de lo inmediato, se ha confundido con la historia inmediata y con la gente. Sus sustancias poéticas son relatos coloquiales; su música, aprendida en el blues". Pero no se trata de poesía social al uso militante. Hay una solidaridad, esa "fraternidad sin esperanza", que no es sólo de clase, sino de especie, y eso explica la vigencia del libro aquel, Blues castellano, ahora que ya se fingen desaparecidas las causas sociales que lo motivaron; con las nuevas causas (la dictadura del mercado único) crece su eticidad, en el sentido de Wittgenstein: "La ética no trata del mundo. La ética ha de ser una condición del mundo, como la lógica". Y lo decisivo ahí es la creación de una nueva forma musical, el blues. Voz y música juntas que traen protesta y consuelo, alegría y pena, todo inseparable, en la intimidad colectiva. Los blues de ese libro son auténticos, pueden cantarse; tan auténticos como antes lo era el soneto de cámara. El desplazamiento ha sido un paso de gigante: una forma negroamericana, de la tradición oral, queda naturalizada en nuestra lengua. Dice así un blues de Boy Williamson, que podría compararse, por ejemplo, con el Blues de la casa, de Gamoneda; canta Boy Williamson:
  Hace tanto tiempo que no duermo por las noches,
  hace tanto que no duermo de noche
  ya ni puedo tragar el desayuno,
  los dientes y la lengua se pelean en mi boca;
  sí, hace tanto tiempo que la alfombra está de cara al suelo,
  hace tanto que la alfombra está pegada al suelo…
  como ella vuelva, nunca más la dejaré irse.
    En Blues castellano suenan instrumentos domésticos, como la tabla de lavar de los bluesman primitivos. Así, el poema Cuestión de instrumento empieza: "Ustedes saben ya que una sartén da un sonido a madre por el hierro…". 
     Descripción de la mentira, escrito entre 1975-1976, es un libro de plena madurez. De trama muy compleja, su música es una sola, salmódica, una monodia, y genera una música especial, ajustada con eficacia a las necesidades de su discurso poético. Música detenida que, sin embargo, avanza en la lentitud y no se determina en cadencias o modulaciones, pues persiste el mismo modo. No es una sonoridad tonal, sino modal, ya que su punto grave (su referencia para el oído) no cambia, permanece en la sucesión. Un sistema económico de repeticiones y la persistencia de la voz apoyándose en los signos recurrentes. A partir de tal supuesto van apareciendo las otras voces del discurso, el tú masculino y femenino, el nosotros y vosotros, ellos y ellas. Pero todas las demás voces son una mediante un procedimiento no jerárquico, y en ello consiste la virtud de la música modal, pues no hay acordes dominantes para el cambio. No hay armonización, sino simultaneidad de las voces. Todos los tramos de la escala elegida tienen el mismo valor y todos son capaces de crear tensión y relajación. Se eleva un atmósfera repetitiva, matizada en inflexiones leves y ésta es una música gótica, una cantilena eclesial, resonante en bóvedas, como un gregoriano. La respiración de las voces está en los neumas que el lector va encontrando y asocia a los soplos de un cuerpo sumido colectivamente en el canto, reflujos de la tensión: esos "ah" donde inhala y respira la voz, empleados por Gamoneda más allá de la función expresiva; y también las preguntas y los silencios constantes que abren vanos en el texto.
    Esta sería "la música antes de su división", (en compases y tonos). Como en el gregoriano, su ritmo es libre, lo que ha llamado Miguel Casado "una sintaxis de acordeón". Su forma estrófica sería el versículo, pero no es el versículo sagrado o sapiencial. Es un fraseo de la interioridad exacerbada hacia el exterior (la confesión). Son funciones melódicas del fraseo en ritmo libre, como la comba del canto gregoriano. Con el versículo de ese libro sucede como con el blues: no lo inventa Gamoneda, pero lo naturaliza en nuestra lengua actual.
    En cuanto a su timbre, aquí está "la feroz escala del que canta ante el rostro de la muerte" (valdría decir la memoria). Son los timbres exacerbados de la verdad y la mentira. Pero esa sonoridad espesa y estremecedora, había sido ya paladeada antes de llegar el libro nuevo. En un poema anterior ya se lee: "No penetra los ácimos hurmiento / como en las telas de mi corazón mete sus manos la desgracia".
    La situación existencial nueva que suena en el libro, la define así Gamoneda: "Hay una memoria refrenada que, de repente, empieza a manifestarse con urgencia y sale a borbotones, atropellada".
     En la primera visión de la vejez hay otro comportamiento musical. Si en el libro Lápidas, de 1986, se remansaba la memoria y lo hacía en la politonalidad de unas prosas deslumbradoras, con un tiempo gótico, depositado, espacializado, en su último capítulo se anunciaba ya el Libro del frío. Publicado de 1992, está escrito con piezas, bloques de sonoridad, cuyo sentido musical queda delimitado por un sistema de simetrías, en ritmo binario o ternario. "Una precisa pero indeterminada cantidad de palabras" (en expresión de Gamoneda) decide la composición musical de las piezas (longitud del fraseo, silencios) y de ello resulta un relato hablado con música de simetrías. Es la energía seca y percutiva de la yuxtaposición: se suceden dos o tres frases de una melodía circular y en medio hay una respiración silenciosa. Lo omitido, lo no revelado, difunde así más luz. "He oído la campana de la nieve, he visto el hongo de la pureza, he creado el olvido". La monodia de la etapa anterior se ha transformado: aquí respiran unos fragmentos de melodías persistentes, obsesivas; la voz espera con paciencia y silencio la llegada del próximo fragmento, lo toca y vuelve a esperar. En la entrevista con Miguel Casado, decía Gamoneda: "Agregándose la respiración de los fragmentos, se llega a una prosa estrófica".
     La eficacia de esta música, junto, claro está, con la belleza estremecedora del libro, ha hecho que sea, de todos los suyos, el más traducido hasta el momento. Es música abierta, además de libre.
    Estas formas tienen mucho que ver con otras, definidas y con nombre, que aparecen en la última parte de Lápidas, el libro anterior. Son dos tangos, el Tango de la misericordia y el Tango de la eternidad.
     El Tango de la misericordia comienza con una variante de un tango célebre (tan oído en las fiestas de pradera, en los años de la juventud): "Es la última copa de mi vida", que se trasforma en "Es la última lana de mi vida". Pero se sabe que el tango tiene parentesco con el blues, porque es una apretada y negra monorritmia, canto de la intimidad compartida, consolador también, existencial. Ernesto Sábato, en Tango, discusión y clave, escribe: "El hombre del tango es un ser profundo que medita en el paso del tiempo y en lo que finalmente ese paso le trae". Hay un expresionismo en el tango cuando una voz dice: "Un chamuyo (murmullo) misterioso me acorrala el corazón". En su Tango de la eternidad, uno de los más estremecedores que conozco, canta Gamoneda. "Ávida vena, dame tu cordel. Quien tiene miedo quiere entrar en ti, víspera negra". La fatiga existencial cantaba ya en ese libro.
     Suena en esos tangos y en todo el Libro del frío una intimidad cantada. También, una especie de americanización musical, pues en América se habla la música en sus dos formas más decisivas: el tango y el bolero. Por puro placer (y no es otra cosa lo que me ha guiado en esta indagación), he leído a veces el Libro del frío como si oyera dentro un bolero extraño, semejante a aquellos enormes donde se dicen cosas como: "llanto, espuma y una sonrisa contra las horas negras".
    Podría aventurarse otra hipótesis (otro exceso): también ahí está el recuerdo de los grandes guitarreros, Atahualpa, Mercedes Sosa: "Ahora vendrán los días de las grandes milongas", y se cita una de ellas: "No vale nada la vida, la vida no vale nada".
     La fatiga existencial, se dijo antes. Pero ocurre que en el Libro de los venenos, de 1995, inclasificable en ningún género, aparece una música musculada por la coralidad, la conducción de voces, polifonía y orquestación compleja. En un concierto barroco (a pesar de su postmodernidad) van conducidas las voces del relato: Dioscórides, el doctor Laguna, Gamoneda y su alter ego, el griego Kratevas.
    Sobreabundancia y coloratura tímbrica, subordinaciones polífónicas, modulantes en la politonalidad. La correspondencia entre la nueva forma musical de este libro y la implicación de vida da imagen de un poder: un poeta en la plenitud de sus potencias.
    Es también la música de los diccionarios y los grandes catálogos. Que un catálogo es musical, lo han demostrado Borges y Williams Carlos Williams. En su poema Asfodelo, esa flor verdecita, escribe el poeta norteamericano: "Es como en Homero / el catálogo de las naves / llena el tiempo".
     El libro Arden las pérdidas, del 2003, viene a ser un haz de escrituras reunidas con la tensión y el misterio que produce la magia de los nudos, propia del poeta: anuda, ata y desata las palabras hasta conseguir ese haz cargado ya de un poder fascinante sobre los lectores.
    Vimos cómo iban surgiendo algunas de sus futuras piezas, publicadas aquí y allá; hasta que, en algún momento, las piezas reclamaron una relación superior, se pidieron unas a otras, movidas por la fuerza melódica de una inspiración muy personal, en un sentido casi exacto a como la define Nietzsche en su Ecce Homo: "… un instinto de relaciones rítmicas que abarca amplios espacios de formas… La necesidad de un ritmo amplio es casi la medida de la violencia de la inspiración, una especie de contrapeso a su presión y su tensión…".
    Algo muy semejante se empezó a producir en la escritura y en la vida de Gamoneda. Se sucedieron dos textos que eran dos entrecruzamientos. Uno, con la obra del pintor Luis Sáez, en el catálogo de una exposición. Allí no se rehuía nada, no se reprimía en nombre de ninguna moderación o norma: era un viaje iniciático, un sueño visionario (vi, vi, vi). "Inicié el viaje en 1952", escribe Gamoneda; y hacia el final del largo texto dice: "No ha terminado el viaje." Hay momentos de aquella escritura que recuerda a los sueños del gran romántico Jean Paul.
    La otra cruza afectada por ese estado de inspiración es muy diferente. Se trata casi de un apareamiento con la obra de la poeta peruana Blanca Varela, para la que Gamoneda escribió el epílogo a su obra completa, publicada en Galaxia Gutenberg. Hablo con Blanca Varela, se titula el escrito, movido por la pasión de la intertextualidad, que Gamoneda ya había experimentado en el Libro de los venenos. Sólo que ahora se producía sin esclusas algo que él llevaba practicando desde hacía años: entrar en los remolinos creados por la memoria de su propia escritura, aceptar imágenes ya escritas una vez, en otro lugar, repetirse, cantar algo sabido para dar entrada a lo nuevo.
    A esa energía melódica, entrecruzada con ritmos y melodías exteriores, siguió una actividad de las formas, las permutaciones, la reescritura, las improvisaciones. Los textos se interpenetraban unos en otros, se expulsaban después, se atraían y rechazaban hasta que parecían ir dando con su lugar. El oído musical del poeta se tensó al máximo, con una hipersensibilidad casi dolorosa. Barthes, en El grado cero de la escritura, describe así un proceso semejante: "Imágenes, elocución, léxico, nacen del cuerpo y del pasado del escritor y poco a poco se transforman en los automatismos de su arte. Así, bajo el nombre de estilo, se forma un lenguaje autárquico que se hunde en la mitología personal y secreta del autor, en esa hipofísica de la palabra donde se forma la primera pareja de las palabras y las cosas, donde se instalan, de una vez por todas, los grandes temas verbales de su existencia".
    En una última etapa de la creación, la propiamente compositiva, las piezas del libro fueron sometidas a sumas y restas de cantidades y entraron en la composición final, hasta conseguirse un todo, el haz fascinante atado con la magia musical de los nudos. Así, Arden las pérdidas podría leerse como un poema único, con la exclusión, quizás, del capítulo Ira, que vendría a ser una deuda con la memoria histórica o, mas aún, una deuda debida al Vigilante de la nieve, aquel hombre que, en palabras de Gamoneda, le enseñó "a silbar la melodía de la ira".
    El resultado de todo el proceso es un libro movido por un ritmo ascensional, una música en crecimiento, un crescendo, que lleva aparejado el crecimiento del imaginario y del cuerpo musical, hasta llegar al último capítulo, Claridad sin descanso. Pero el lector se va deteniendo en cada una de las piezas, y se detiene porque en casi todas ellas algo le obliga a esa detención: una forma rítmica corporalizada y respirada mediante punctums, pulsos acentuados al final de las líneas, esos monosílabos que las cierran en tantos casos y que producen un corte, una acentuación impulsiva en el fraseo. La eficacia de ese modo musical es absoluta para que el lector, aun sin necesidad ninguna de que se le haga consciente el procedimiento, sienta la música del libro, le entre en el oído, mientras cree sólo atender al imaginario y al ritmo del sentido poético (porque todo lector busca algún sentido y es llevado a su adivinación mediante la música del poema, sea ésta cual sea).
    Dentro de la construcción imaginaria y movediza que es siempre la lectura de un libro, parece que el sentido primero de Arden las pérdidas es el relato de la luz, una luz que se relaciona con la memoria en su circularidad obsesiva, pero también con la química y el cuerpo musical de las palabras.
    De nada vale la música si es mantenida en secreto, decían los pitagóricos. La música de Gamoneda, misteriosa, pero no secreta, la oímos nosotros, los lectores.
ILDEFONSO RODRÍGUEZ
*  ‘Las músicas de Gamoneda’ fue leído, en una primera versión, en Buenos Aires, en el Instituto de Cooperación Iberoamericana (AECI), el 22 de noviembre de 2000. Publicado en el número 2, primavera del 2001, de la revista La Pecera, dirigida por el poeta Osvaldo Picardo, de la Universidad de Mar del Plata.
Una nueva versión ampliada de este texto se publicó en la revista de Extremadura Espacio/Espaço Escrito, dirigida por Ángel Campos, números 23 y 24, Badajoz, 2004;  en el dossier dedicado a Gamoneda y coordinado por Miguel Casado.

Un libro sobre JOSÉ ÁNGEL VALENTE

January 23, 2008

 http://farogamoneda.blogsome.com/images/Valente.jpg

"José Ángel Valente, en la segunda mitad del siglo XX, de una manera que resulta amplificadora de la posición análoga de Juan Ramón Jiménez, concibió la poesía como una realidad sensible e inteligible más allá de la literatura. Asimismo, entendió de una manera privilegiada otros aspectos de esta realidad; supo también que la poesía, ejercicio de soledad, no es "empaquetable" en pasajeras generaciones, ya que, en su origen y en su valor, es radicalmente individual y subjetiva, y, lo es sobre todo en el acto de su creación". 

ANTONIO GAMONEDA
Valente: texto y contexto
Publicaciones de la Cátedra José Ángel Valente de Poesía y Estética
Número 3 de la colección que dirige Claudio Rodríguez Fer
Universidade de Santiago de Compostela, 2007

El libro está dividido en cuatro capítulos, en los que se recogen las cuatro charlas sobre Valente impartidas por Gamoneda en la Cátedra:

El pensamiento poético de Valente
Valente y sus coetáneos
Valente y yo mismo
Lectura comentada de poemas de Valente 

Sobre la poesía social y sobre la generación del 50

Portada de 'El cuerpo de los símbolos', edición mexicana.    "La poesía social comportaba grosuras y límites en el orden de la creación poética. Fue, sin embargo, necesaria. Necesaria como antídoto de la poesía fundamentada en la falsedad. Me refiero a la poesía de la "felicidad" consagrada por los vendedores de la guerra civil. En ellos el mundo aparecía perfectamente claro, redondo y ordenado; era un mundo –sobre todo en su parcela– por el que "había que dar gracias a Dios", y así se hacía al celebrarlo. La llamada poesía social disiente de esta conducta y sólo por ello ya es una poesía legítima, lo cual no quiere decir que sea la suya una fórmula poética consistente.

    Por otra parte, es difícil hacer poesía –en cualquier tiempo, en cualquier lugar, en cualquier circunstancia– que no tenga algún sentido social. Es otro problema. Sé que hago una valoración parcialmente contradictoria, pero sé que también aquí es coherente y verdad lo uno y lo otro".

* * *

    "La llamada "Generación del 50" no es el resultado de un estilo colectivo, afortunadamente. Entre los "legítimos" del 50, yo creo que la afinidad procede más que nada de la amistad. Y de otra cosa importante, que no sé si ya se ha dicho: son la primera hornada de poetas jóvenes coincidente en la negatividad en relación con la dictadura derivada de la guerra civil. Pero, por otra parte, a la larga –puede que también a la corta– se parecen muy poco entre sí. Caballero Bonald, por ejemplo (pienso en Ágata ojo de gato y en Laberinto de fortuna), ¿qué tiene que ver con Ángel González, con Claudio Rodríguez y hasta consigo mismo retrotraído a los años cincuenta del calendario? Desde la definición generacional han debido de pasar más de treinta años: ¿qué es ahora la "generación del 50"?".

A. GAMONEDA
(Fragmento del capítulo ‘Recortes y extravíos’ de El cuerpo de los símbolos, Ed. Calamus. Oaxaca, México, 2007) 

Sobre Ángel González: “Un poeta con unas pautas ideológicas muy claras”

January 14, 2008
Angel GonzálezMadrid, 12 ene (EFE).- El poeta y escritor leonés Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2007, dijo hoy a Efe que Ángel González fue "un poeta que tenía unas pautas ideológicas antifranquistas muy claras y que se incorporó en los años 50 a las pautas poéticas del realismo".
    Para Gamoneda, González se "mantuvo dentro del realismo con una gran dignidad, pero fue hace veinte años cuando su obra poética empezó a declinar, porque su vida se hizo más difícil, ya que vivía solo en Madrid, mientras su mujer desarrollaba su carrera profesional en Norteamérica".
    "Eso provocó que su poesía decayese", comentó Gamoneda del poeta asturiano, de quien ha sido "muy buen amigo", pero, al mismo tiempo, lamentó que en sus últimos años "se dejase manipular por gente de la que no merece la pena hablar y que se aprovechó de él".-EFE

‘Dieses Licht’ / ‘Esta luz’, antología en alemán

January 2, 2008

 Portada y contraportada del libro

     "La antologia ‘Esta luz’ / ‘Dieses Licht’ saca a relucir en Alemania la personalidad de Antonio Gamoneda, cuyo discurso poético acierta a conjugar el hermetismo figurativo con una profunda humanidad, la crítica del lenguaje con una aguda conciencia histórica. De ahí deriva la autoridad moral de este poeta, ya desde hace años convertido en todo el mundo hispánico en paradigma de lo que denomino rehumanización del lenguaje poético, es decir en valedor de todo un programa atento a devolver a la palabra humana significación restaurando su función de puente entre la conciencia y el mundo, entre los sujetos personales y sociales. En mas de doscientas páginas se ofrece una visión panorámica de su obra poética".

JAVIER GÓMEZ-MONTERO. Christian-Albrechts-Universität zu Kiel /Romanisches Seminar.

‘Dieses Licht’ / ‘Esta luz’, antología 1947-2005, acaba de aparecer en eds. Verlag Ludwig, Kiel, Alemania, de la mano del profesor Javier Gómez Montero.

 Datos de la editorial

 

El cuaderno de Manuel Jular (1)

December 18, 2007

Retrato de Gamoneda, por Manuel Jular

 

 

El cuaderno de Manuel Jular (2)

 

 Sé paciente en tus uñas,
ah cadáver que duermes esta noche
en mis párpados,
ten salud, ten piedad;

ah, sé hábil, habita suavemente la sombra,

calla en mis labios, entra en mis anillos. 

 

El cuaderno de Manuel Jular (3)

 

El comedor de las viudas

Ves pasar el invierno y, en las habitaciones cóncavas,
bajo los grandes decimales, suda la plata funeraria.

Ah las cucharas: ésa es tu audición
cuando el azúcar hierve,

ah las cucharas en el corazón seducido
por las alondras de la muerte.
 

 

El cuaderno de Manuel Jular (4)

 

Hierves en la erección, dama amarilla,
y éstas son aguas preteridas, líquidos invernales.

Dama en mi corazón cuya luz me envejece;
eres la obscenidad y la esperanza.
 

 

El cuaderno de Manuel Jular (5)

 

Edad, edad,
tus venenosos líquidos.

Edad, edad,
tus animales blancos.
 

 

El cuaderno de Manuel Jular (6)

 

 Tango de la eternidad

Ávida vena, dame tu cordel.
Quien tiene miedo quiere entrar en ti,
víspera negra. Y en los patios canta
tonta, la eternidad.

                        Este verano,
no dejes de venir, ávida vena,
dios sin semilla, paz sin esperanza.

 

El cuaderno de Manuel Jular (7)

 

 Ventana húmeda

Esta es una ciudad desconocida
y llueve sin esperanza.

No hay memoria ni olvido
y el error es la única existencia.

¿Quién me ama
en esta ciudad desconocida?
 

 

El cuaderno de Manuel Jular (8)

Aviso negro

Nada se esconde al gavilán inmóvil;
arden sus ojos amarillos
y esta es su narración: aguas enfermas,
mendicidad de rostros invisibles.

No hagas incesto en los armarios; guárdate:
albergan asma, atribución, espíritus,

quizá días y alas desesperadas.

Siéntate ya a contemplar la muerte.

 

El cuaderno de Manuel Jular (9)

 

Aviso negro

Nada se esconde al gavilán inmóvil;
arden sus ojos amarillos
y esta es su narración: aguas enfermas,
mendicidad de rostros invisibles.

No hagas incesto en los armarios; guárdate:
albergan asma, atribución, espíritus,

quizá días y alas desesperadas.

Siéntate ya a contemplar la muerte.

 

El cuaderno de Manuel Jular (10)

 

Tango de la misericordia

Es la última lana de mi vida;
hay azúcar, amor, hay vigilantes
en las arrugas de mi corazón
y aún eres pobre dulcemente en mí.
 

 

El cuaderno de Manuel Jular (11)

 

Llegan los números

En tus dos lenguas hoy estuve triste,
en la que habla de misericordia
y en la que arde ilícita.

En dos alambres puse mi esperanza.

Estoy viendo dos muertes en mi vida. 

 

El cuaderno de Manuel Jular (12)

 

 Relación del prostíbulo

Vi la solicitud de las ancianas
y sus agujas; las tinieblas
y la humedad de sus medallas.

Era juevas sin padre, jueves sólo.
No había nadie en el espejo. Vi
cánulas y, tras el crepúsculo,
a las gallinas en la eternidad.

Dios se cansó de la tristeza
y no quiso existir. Aquella tarde
fue la única tarde de mi vida.
 

 

El cuaderno de Manuel Jular (13)

 

Soy el que ya comienza a no existir
y el que solloza todavía.

 Es horrible ser dos inútilmente.

 

El cuaderno de Manuel Jular (14)

 

 Los inocentes son seducidos en los patios
y las vecinas hablan
de la resurrección de la carne.

Mis hijas lloran en sus manos y su llanto es verde.

¿Qué día es este que no acaba? 

El cuaderno de Manuel Jular (15)

Ah vejez sin honor. Y los adverbios
depositándose en mi alma.
(Lágrimas en los vasos prohibidos,
mariposas ávidas).

Sé de la furia del pastor, viene apartando ramas
y ya es de noche.
               Los advervios
están cansados en mi alma.
 

 

El cuaderno de Manuel Jular (y 16)

 

Fernando Menéndez desmenuza cuatro afirmaciones tajantes

December 14, 2007

El poeta asturiano Fernando Menéndez
Rastreando al poeta asturiano Fernando Menéndez, damos con este artículo suyo sobre Gamoneda publicado hace algún tiempo en la revista digital literaturas.com. Se titula (haz click para leerlo entero):

Cuatro afirmaciones tajantes de Antonio Gamoneda más una nota prescindible.

Reproducimos aquí, únicamente, la "nota prescindible", al final del artículo:

    Al sobrevolar Esta luz (Antonio Gamoneda. –Poesía reunida-1947-2004. Galaxia Gutenberg-Círculo de lectores. Epílogo de Miguel Casado) se revuelve en el estómago una especie de vértigo histórico, similar, dicen, al que sienten los viajeros ante los restos de la Historia. Se tensa el nudo de los intestinos al comprender que en Esta luz se escribe la letra de mi educación sentimental. Todo lo que me ha acompañado y me ha dolido, todo lo que me ha abrumado y necesitado. El profesor Claudio Guillén lo denomina “múltiples moradas”. Lo cierto es que un libro verdadero se prolonga a través de una extensa reverberación. Así, un personaje de la última novela de Belén Gopegui (El lado frío de la almohada) al recordar un poema de Lezama Lima me enseña cuál es, para mí, el efecto de la escritura de Antonio Gamoneda:

“Ahora ya sabemos que la única certeza
se engendra en lo que nos rebasa.”

Marcos Canteli Vigón: “La lengua ‘en majestad’ de un poeta republicano”

December 11, 2007
 

Marcos Canteli
He envejecido dentro
[un par de retales para Antonio Gamoneda]
  • 1.- Sobre Descripción de la mentira
Si se cumple el famoso imperativo de Benjamin de pasarle el cepillo a contrapelo a la historia en el relato de Gamoneda es porque queda claro que, en él, hablar de la historia equivale, necesariamente, a señalar una grieta profunda de silencio: 

Los que sabían gemir fueron amordazados por los que resistían la verdad, pero la verdad conducía a la traición.

Algunos aprendieron a viajar con su mordaza y éstos fueron más hábiles y adivinaron un país donde la traición no es necesaria: un país sin verdad.

Era un país cerrado; la opacidad era la única existencia.

El olvido, la retracción, la mentira —las zonas negativas— se convierten en los temas privilegiados de un relato consumido en la enunciación obsesiva de los reversos: “La realidad se ahuyenta en estos labios tan sólo expertos en formas invisibles”.
Contrahistoria, entre la muerte y la memoria, en la invocación de la memoria de la muerte.

Gamoneda vía Blanchot: escribir para poder morir.
Gamoneda vía Agamben: escritura como testimonio, tarea del superviviente.

Tal vez de ahí venga ese metamórfico (posibilidades: forma del amor, del yo, de la amistad, de lo colectivo, etc.) en fuga. Invocarlo es hablar a una sombra.

O la espectralidad de la voz del superviviente, la de un sujeto poético agotado (“guárdate de mí porque la negación ha tocado mi cuerpo”), cuya mirada sólo parece capacitada para la percepción de la finitud porque su “lucidez está ofrecida a la muerte”. No extraña, por tanto, la inercia interrogativa como suspensión del concepto de verdad:

No recurriré a la verdad porque la verdad ha dicho no y ha puesto ácidos en mi cuerpo.

¿Qué verdad existe en el vientre de las palomas?

¿La verdad está en la lengua o en el espacio de los espejos?


El valor crítico del poema podría residir entonces en lo que Keats llamó negative capability, es decir, en esta cancelación de la posibilidad afirmativa.

Pensar un libro como Descripción de la mentira en sus coordenadas más estrictamente históricas, frente la fábula amable de la Transición: conciencia del valor corrosivo de la palabra para denunciar que una hay paz levantada en olvido o borradura. El gesto político de Gamoneda consiste en dejar al descubierto, a través de un acto ineludible de memoria, la naturaleza fraudulenta de la sutura y en desvelar su materialidad negativa: silencio, ácidos, suciedad. Sólo una vez llevada a cabo esa tarea de revelación (verdad) y purga, una vez quitados los velos de la mentira, podría abrirse una grieta a la posibilidad de una existencia no opaca (“Éste es el único día digno de ser vivido ya que todos los otros días fueron días de negación”). No obstante, el libro concluye en un escepticismo sin cicatriz, respirando aún por la herida, a la vez que añade un interrogante más; éstos son sus últimos fragmentos:

Profundidad de la mentira: todos mis actos en el espejo de la muerte. Y los carbones resplandecen sobre la piel de los héroes aun despiertos en la imbecilidad.

Y ese alarido entre cristales, esas heridas que no son visibles más que en el instante del amor…

¿Qué hora es ésta, qué yerba crece en nuestra juventud?

Al fondo de la yerba negra de la mentira queda este escribir preguntando al olvido y a la historia aún no escrita, constatación, pero tal vez también ahí un resquicio de apertura.

[Inciso
Casi un leitmotiv de gravedad sombría,
esa insistencia: el relato de cómo avanzo
hacia la muerte. Y, sin embargo, la propia
perplejidad se responde (a sí misma,
asimismo) cada vez con el cuerpo
en las palabras, las palabras del cuerpo,
susmaterias, deteniendo toda pulsión
trascendente aquí.

Una conciencia paradójica que tensa
el poema, afilando lo inocente,

dulcificando sus sabores de muerte.]
  • 2.- Intimidades
Una anécdota, la primera experiencia de lo que podría entenderse como una forma de comunicación poética: la aparición de una palabra (sarga era en este caso), desconocida, nunca oída, etc. y sin embargo, a través de aquel poema (¿del Libro del frío, tal vez?), un saber instantáneo, un conocimiento físico, inmediato, que el asombro iba a verificar más tarde en el diccionario.
Paradoja: la lengua en majestad de un poeta republicano. (Redefinir, de paso, otra herencia de las preposiciones en en).

El temblor de la correspondencia. Grafías, ya entretelas. Acoso y lamento de la boca impaciente contra la lentitud: amordazarse y escuchar. Una resonancia insustituible en el oído, piel en el poema. Que no temblarán las columnas del templo, no, ¿pero aquello?

De entre todos, el Libro del frío. ¿Por qué? algunos datos para una (imposible) ecuación:
    profundidad
                                            emoción
                    suspensión
                                                    memoria
        exactitud
                    levedad
intimidad
                              intimidad
                                            intimidad, etc.

Decir sin decoro, porque saber de memoria es saber de corazón, desde este (otro) lado: no vemos agua pero hay muchos árboles y, como siempre, para dejar de tiritar tú tarareas: “Tengo frío junto a los manantiales…”.

Durham, 7 de marzo, 2007
 
(Este artículo se publicó en ‘Hojas del Foro’
-Número especial ‘Homenaje a Antonio Gamoneda’-
Grado, Asturias, Abril 2007)

1 / Laurence Breysse-Chanet: Gamoneda, Trakl, Lorca, Vallejo

 PARÍS

LAS SOMBRAS DEL SOLITARIO

 * * *     
 
Por LAURENCE BREYSSE-CHANET
—Texto leído en el Instituto Cervantes de París,
en el ciclo ‘La República de la Poesía. La obra poética de Antonio Gamoneda’,
coordinado por Félix Blanco—.
4 de mayo de 2006
 

Casi el mismo día que César Vallejo, a quien
amaba tanto, acaba de morirse Claude Esteban,
y con fidelidad le dedico estas páginas.
 
    Les tengo que confesar que me impresiona mucho estar aquí esta tarde en esta mesa con todos ustedes, con Jean-Yves Bériou e Ildefonso Rodríguez —y con Antonio Gamoneda, cuya obra leo desde hace ya unos años, sin haber atravesado el río hasta ahora, poniéndome a escribir sobre ella. Me esperaba la música del azar, y les agradezco a todos su presencia, así como su invitación al Instituto Cervantes y a Félix Blanco en particular.
    Cuando una amiga alemana le preguntó por qué amaba tanto la obra del poeta austriaco Georg Trakl, Eugène Guillevic contestó de esa manera: «Je n’ai pas su lui répondre, j’ai seulement dit, “parce qu’il m’empoigne, c’est tout.” En effet, je ne peux pas lire ce poète sans qu’il m’étreigne, mais si j’analyse, je ne sais vraiment pas le pourquoi de ce bouleversement en moi.» Quisiera decir lo mismo a propósito de la obra de Antonio Gamoneda. Añadiendo con Ildefonso Rodríguez que «nuestras navajas conceptuales son de uso casero, nuestra terminología es rudamente metafórica.»
    En esta obra extraña, dolorida, que nos arrastra hacia su mundo singular, pero de total evidencia, las palabras son cuerpos vivos que lentamente, entran en nuestra existencia, con música propia y fraseo distinto al compás de los once poemarios y conjuntos poéticos reunidos en Esta luz: «El gran mosaico es visible en la superación de su instantánea fragmentariedad, cuando se convierte en una secreta narración cuya ambigüedad es riqueza, polisemia ofrecida a la colaboración lectora» nos dice el mismo Antonio Gamoneda en su prólogo a Temblando de palidez de Jacinto Santos. ¿Qué camino elegir ahora hacia el gran mosaico? La crítica insiste en la unidad de la obra, más allá de sus respiraciones distintas, como si las mismas partes dialogaran entre sí desde su diferencia, mientras que la reescritura —«un derecho que me reservo indefinidamente»— lanza puentes y dibuja pasajes que insisten en la «comunidad misteriosa» que subyace entre los poemarios. Una narración secreta de hecho, donde la memoria desde su espesura se actualiza gracias a su música propia —«hay una música en mí, esto es cierto» dice la voz de Arden las pérdidas, conociendo así quizá la única certidumbre—; un relato interior, desde la soledad. Pues como lo escribe Antonio Gamoneda a propósito de José Ángel Valente, «la poesía es una aventura subjetiva; se proyecta en un marco histórico y colectivo pero se hace real en soledad.» Lo que basta para eliminar las falsas preguntas sobre su pertenencia o no a la generación del 50. «Y en los almácigos, ¿quién, en los almácigos, profundiza más que en su corazón?», pregunta la voz de Descripción de la mentira. Un corazón del que brotan «signos exactos e incomprensibles», contradictorios; un rostro inencontrable, «realidad múltiple y cambiante». Por lo tanto una posibilidad de diálogo: «El rostro es el otro. Pero […] ese otro puede ser yo mismo al tiempo», como lo declara Antonio Gamoneda en 1986 en una entrevista.
    Entonces, con interrogaciones más que afirmaciones, decidí explorar la voz, o las voces, de Antonio Gamoneda, como «lugar de confluencia», según la expresión de Miguel Casado, en diálogo de honda hermandad con «algunos rostros invisibles». Así se busca un encuentro que lleve a la voz todavía más allá de sí, hacia la «luz dentro de la sombra» vislumbrada en Arden las pérdidas. Los nombres que recordé entre varios, escuchando (subjetivamente no lo niego) diálogos más o menos secretos desde la «soledad abierta» de Antonio Gamoneda, son tres: Georg Trakl, Federico García Lorca y César Vallejo. Imanes finales para el lector, dos traducciones de Trakl rematan en efecto Esta luz, donde veo como un colofón o una firma, al cabo del itinerario empezado en 1947. Río arriba de la obra, me persigue el descubrimiento de los cuatro «capítulos» poéticos, lancinantes, de Tauromaquia y destino, que Antonio Gamoneda escribió en 1980, espejos intermedios entre cuatro citas del Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías y las respuestas pictóricas de Juan Barjola. Un conjunto seguido por un comentario del propio Antonio Gamoneda, en la parte titulada «Tauromaquia y destino». Corredores oscuros unen aquel conjunto con Descripción de la mentira y Lápidas, socavando para el lector túneles de comprensión, cuya dramaticidad ilumina el campo de la memoria más soterrada. Me detendré en dos motivos o símbolos —siguiendo «las palabras, fiebre bajo las tégulas, grumos retrocediendo»—, el balcón y el caballo, en busca de unos caminos oníricos de la energía creadora. Entre Lápidas y Libro del frío, quisiera dejarme llevar por fin hacia los momentos en que el yo se hermana, en una perspectiva inquietante y reveladora, con César Vallejo.
(Continúa…)

2 / Laurence Breysse-Chanet: ‘Con la sombra de Trakl’

En el espejo del solitario
(con la sombra de Trakl)
Trakl

    Descripción de la mentira se cierra nombrando el indecible «alarido entre cristales», en el instante final del libro, cuando es «espejo de la muerte». Como lo comenta Antonio Gamoneda de modo sesgado, a propósito de José Ángel Valente (en cuya obra reconoce una «muy relativa cercanía en el pensamiento poético») la poesía, «temible don», «experiencia de límites», «pone miedo y dolor en los mecanismos existenciales». La obra es espacio de riesgo, espacio impuro, donde el yo biográfico y el yo poético se entremezclan ante el «muro quieto en la imposibilidad, externo a un espesor de líneas invisibles, un espesor dotado de melancolía.» Hay que arrojarse a la espesura de una memoria ya obra, «selva roja» en Exentos II, «oscuridad que se respira / y a sí misma se ignora». Tal espesura brota de la fuerza poética del cuerpo. El corazón «entra en el bosque de las venas», «cruza la sombra con tu cuerpo»: «Exprésate con tu sola existencia, / como el bosque secreto, que se dice / en la ciega madera y en el liquen / y en la profundidad y en la quietud». En Descripción de la mentira, en el espacio vaciado que rodea la conciencia, «en medio de las ruinas», sólo se siente «la palpitación del bosque y algunas huellas tuyas en mis manos». «Grumo retrocediendo», el mismo motivo emerge al otro cabo del hilo memorial, pues en Arden las pérdidas, aún «entramos indecisos en un bosque de espinos». Ahí se encuentra la impostación, la voz natural, que engendra a partir de Descripción de la mentira un fraseo musical de bloques simétricos, expresión poética de la palpitación del bosque de la memoria.
    Esta omnipresencia del bosque —metáfora también de la impresión causada por la obra en un lector ya preso de su enigma—,  me llevó a pensar en un parecido sorprendente con la obra del poeta austriaco Trakl. Recordé aquellas líneas de Rilke a Ludwig von Ficker, tras su lectura de Helian:
[…Ce beau chant] m’a bouleversé par ses distances internes, on le dirait bâti sur des silences, ses lignes sont comme des clôtures autour de l’ineffable illimité: comme des barrières dans un pays plat, par-dessus lesquelles l’espace enclos ne cesse de recomposer une grande plaine impossédable.
    Llanura ilimitada hacia fuera o bosque hacia dentro la obra, motivo obsesivo asimismo en la poesía de Trakl. En otra carta a Ludwig von Ficker, Rilke se expresa de ese modo sobre Sebastián en sueño:
[…] on comprend bientôt que les circonstances de ce chant (sa montée et sa retombée) ont été irrémédiablement uniques, comme celles dont naît, justement, un rêve.
    Varios críticos habían reparado ya en el parecido. En su introducción a Edad, Miguel Casado alude a Saint-John Perse, Trakl o Rimbaud para subrayar lo inaudito de la obra de Antonio Gamoneda en la tradición española. En su artículo de 1993 titulado «Manos de tierra», Fernando Castro Flórez alude a una proximidad en la «peregrinación crepuscular» —y pensamos en un verso como «Subes hasta un lugar de espinos; tocas el borde del crepúsculo», de Descripción de la mentira. En 1996, en una entrevista en la que José Luis Calvo Vidal alude a Saint-John Perse, a Trakl y a René Char, Antonio Gamoneda contesta lo siguiente sobre los poetas nombrados:
[…] perfectamente elegidos, son obras con las cuales yo acepto una afinidad. Quizá, el caso más ilustrativo pueda ser el siguiente: a mí me decían, «oye, cómo se nota que has frecuentado mucho a Trakl… hay una gran cercanía entre lo que haces y la obra de Trakl, ten cuidado…» Y yo no había leído a Trakl. Lo leí después y dije «es verdad». […]
    A continuación, Antonio Gamoneda alude a «las coloraturas, los impulsos y la sentimentalidad» que están en Trakl y pudo recibir por una vía indirecta, pero prefiere concluir sobre tal cercanía aludiendo a afinidades, «la causa única». Que quede claro que yo no busco fuentes hipotéticas, sólo me interesa la hermandad con la visión de «un homme qui meurt à vingt-sept ans et qui n’a jamais cessé de vivre sa propre mort», según palabras de Jean-Michel Palmier. No explicar sino comprender esa afinidad, seguirla más como un misterio que un secreto: una coincidencia que no esconde nada sino que existe —pues es así y eso es inexplicable, y creo que es mucho: una invitación por lo menos para que el lector, a partir del encuentro, se adentre en la espesura de cada voz.
    La poesía de Trakl, en íntima familiaridad con la muerte –«le plus grand poète de la mort» para Jean-Michel Palmier– es de hecho una poesía en la perspectiva de la muerte, diríamos con Antonio Gamoneda, una poesía entre tinieblas y miedo, sumida en una constante atmósfera de descomposición, bajo el signo angustioso de la finitud y del tiempo. Existen pocas obras poéticas tan oscuras como aquélla, al mismo tiempo coherente como pocas, precisa como pocas en su caos de imágenes y de ruidos, en torno a sus constelaciones angustiosas, hechas de otoño, noche, niebla, crepúsculo, ruinas… Como cuando caminamos por Esta luz, una impresión intensa de sueño se desprende de todos los poemas y relatos. Arraigan en la vida y la infancia de Trakl, entre el padre que sosiega y la madre fría y ausente (perspectiva invertida de cierta manera en la vida de Antonio Gamoneda, que de niño vivió con su madre, pues él sólo tenía un año cuando murió su padre, dejándole como herencia decisiva su único libro de poemas, Otra más alta vida).
    El canto de Trakl tiene dos vertientes, inocencia y decadencia, canto del ocaso irremisible: una escisión  expresada por el reparto de las figuras que atraviesan la obra. Por una parte, el cazador, cifra de la sangrienta crueldad humana, interiorizada bajo la obsesión de la culpa y del mal, cifra asimismo del destino del hombre moderno, en su pobreza y miseria, de alcance ontológico. Una vertiente oscura, opaca y sangrienta que se desarrolla en Descripción de la mentira y Lápidas bajo el signo de la «claridad del miedo», que se dice y se conjura por la canción –muerte y rocío– del «cantor de las heridas» en Libro del frío. Pues en su desesperada voluntad de redención, en su intento de descifrar nuestro destino, el yo se esconde detrás de las figuras que indican la necesidad de un paso hacia lo desconocido, cuando el crepúsculo se hace azul. Así, con los pastores y los campesinos, están en la obra de Trakl el niño Elis –figura suprema de la inocencia y de lo sagrado–, y la figura del Extranjero, proyectada también en la del Solitario: unos seres órficos, hermanos baudelairianos, que son la palabra última de la poesía de Trakl.
    Atenta por necesidad interior quizá a tales encuentros, no me extrañó entonces encontrar al final de Esta luz, como quinta «mudanza» (palabra musical), las dos traducciones de Trakl por Antonio Gamoneda, desprendidas de su espacio de origen, meramente tituladas «Canción del solitario» y «Sueño y locura [Fragmentos]». Se trata de los dos últimos poemas de Sebastián en sueño. Sólo comentaré aquí unas cuantas elecciones que, como un espejo, iluminan la lectura «posesiva» de Antonio Gamoneda. El primer poema, «Gesang des Abgeschiedenen»,  publicado en la revista Der Brenner, el 1° de abril de 1914, ocho meses antes de la muerte de Trakl, dedicado a Karl Borromaeus Heinrich, refleja un vocablo esencial del lirismo trakleano. Literalmente, explica Marc Petit, «Abgeschiedenen» significa apartado de: de la vida, difunto, y del mundo, según el sentido propio del léxico religioso de la tradición del misticismo alemán. La dedicatoria matiza el sentido de título, pues el texto se refiere a los ensayos publicados por Heinrich en Der Brenner en 1913. En el ensayo, la palabra se refiere al aislamiento interior, frente a la corrupción de la época, de la civilización moderna, a la que se opone un retorno meditativo sobre sí, en la soledad y la naturaleza: lo que quiere expresar precisamente la elección de la palabra «solitario».
    Pues esa palabra, lo subraya Adrien Finck, plantea problemas de traducción. En francés, Henri Stierlin en 1956 elige «Chant du défunt»; Marc Petit y Jean-Claude Schneider en 1972 prefieren «Chant du trépassé». Los traductores de Heidegger, Beaufret y Bokmeier, igual que Jean-Michel Palmier a continuación, proponen «Chant de Dis-Cédé», vía más heideggeriana que trakleana. El traductor sin duda más cercano al sentido alemán, para Adrien Finck, es Jacques Legrand, cuando en 1993 publica «Chant de l’Isolé», con I mayúscula, para poner de relieve la fuerza del símbolo. Un camino que sigue Michèle Finck, que ofrece sin duda la traducción francesa más musical. En sus «Avisos y explicaciones», Antonio Gamoneda aclara que ha «contemplado e interpretado» cuatro versiones al castellano, de Angélica Becker, Américo Ferrari, José Luis Reina Palazón y Ángel Sánchez. La primera no incluye en su antología Cantos de muerte los dos poemas seleccionados. En 1973, en Poemas, Ángel Sánchez  anuncia las selecciones posteriores de Gamoneda, con los títulos de «Canto del solitario» (p. 115-116) y «Sueño y locura» (p. 117-122). En 1994, José Luis Reina Palazón, en Obras completas, elige como títulos «Canto del retraído» (p. 134) y «Sueño y entenebrecimiento» (p. 135-138). Américo Ferrari, en 1995, en Sebastián en sueños, traduce por «Canto del apartado en la muerte» (p. 142-145) y «Rodeado por la noche / Ensueño y delirio» (p. 146-159). La mudanza de Esta luz abarca como desde dentro todas las dimensiones de la palabra en Trakl.
    El primer poema, de clara dimensión órfica, escrito en alemán en ritmos libres, dividido en seis estrofas, queda espacializado en Esta luz según el natural fraseo gamonediano. Es la única versión, entre las traducciones francesas y españolas que llegué a encontrar, en la que desaparecen las estrofas, sustituidas por quince «bloques rítmicos», con pausas visuales que entrecortan la sintaxis y permiten la respiración, a modo de frase musical. Tiene por lo tanto mucho alcance la elección de la palabra «canción», que sólo aparece en la versión de Gamoneda. Unida íntimamente a la elección de la palabra «solitario», se lee la conjunción como un arte poética, donde de modo intenso, cristalizan en el reflejo los núcleos más hondos del universo gamonediano. No un canto sino una canción: una forma poética que cabe como tal en la memoria, y en la que la voz se precipita hasta «las más estrechas gargantas del alma», por decirlo como Valente. Ya se la espera en Lápidas: «Una canción se instala en la lentitud y la distancia habla en la música. Lame los cerros polvorientos antes de entrar en mi corazón.»
    La misma palabra, «canción», reaparece en el centro del segundo texto. Cabe subrayar primero que son pocos los intérpretes de Trakl en no descartar esos relatos –quizá por la mezcla inquietante de sueños, fantasmas, gritos y sollozos, que a cada paso desconciertan al lector–, aunque pocas veces se manifestó de modo tan profundo su poética, como lo subraya Jean-Michel Palmier. «Traum und Umnachtung», de principios de 1914, es el segundo de los tres bosquejos autobiográficos en prosa que Trakl escribe poco tiempo antes de su muerte, entre «Verwandlung des Bösen», «Metamorfosis del Mal», de Sebastián en sueño (Palazón, p. 108-110) y «Offenbarung und Untergang», «Revelación y ocaso» (Palazón, p. 149-151), publicado en Der Brenner.
 Su horizonte común es la infancia, aunque nunca aparezca el yo, con un desfile de visiones de pesadillas y espanto: «des ébauches fantastiques dans lesquelles il est bien difficile de s’orienter», apunta Jean-Michel Palmier, «[qui] marquent l’aboutissement de toute sa méditation poétique. Trakl se regarde comme dans un miroir, se voit agir et s’interroge sur son œuvre, sur son destin, sur le destin de celui qu’il incarne.»  En una sola visión prolongada, se reúnen todas las obsesiones que laten en su vida y en su obra, desde la trasposición mítica de la infancia y la obsesión por la experiencia de la culpa y del mal, con visiones que desfilan como imágenes reflejadas. Un arranque real, pero el recuerdo resulta quebrado, roto en fragmentos dispersos, donde está todo, pero velado, mutilado, rodeado por la niebla del sueño. Varios traductores franceses eligen la palabra «tinieblas» para «Umnachtung». Antonio Gamoneda, como Ángel Sánchez, interpreta por «Sueño y locura». El lector de «Mudanzas» no puede sino recordar la presencia amenazante del «territorio blanco abandonado por las palabras» en Libro del frío, o el riesgo nuevo de Arden las pérdidas, cuando «la locura es perfecta». Designar la obsesión, para conjurarla por la muralla transparente y fuerte que levanta la palabra.
    Por otra parte, Antonio Gamoneda introduce cortes en ese extenso poema en prosa que interroga el sentido de la miseria del hombre y su fin tétrico. En su deseo manifiesto de fragmentación, la traducción sufre las quiebras del ser, acosada por sus propias «cacerías secretas». Se hace bloque el nuevo conjunto, en cuyo centro invisible, con el juego de las rupturas, se leen las propias obsesiones. Pues si el alma va «cantando suavemente la canción del junco amarillo», de repente se interrumpe la traducción del texto trakleano, después de la visión de los «cadáveres  depositados bajo bóvedas y las verdes manchas de la descomposición en la belleza de las manos. […]». Tal era la visión del niño en la morgue del cementerio de San Pedro en Salzburgo, que se mezcla con los recuerdos agónicos del niño de León –«vi aún la córnea del niño envenenado por su propia inocencia y los juguetes de los agonizantes», fijación en la córnea que atraviesa la obra entera. Al mismo tiempo, al recrear el texto ajeno olvidando, se genera una zona de paz en la memoria, una salvación provisional.
    A lo mejor por eso también se impuso la elección de la «Canción del solitario», en cuyo corazón se instala un despertar tras la locura y el dolor: «En el umbral de piedra el enfermo despierta de los negros instantes de la locura  /  y le rodean la frescura azul, el luminoso final del otoño,  /  el sosiego de la casa y las leyendas del bosque.» Desde los destellos agudos que selecciona Antonio Gamoneda, se vislumbra la biografía familiar de Trakl: « Al anochecer, su padre se convertía en un anciano; en las oscuras habitaciones se petrificaba el rostro de su madre y sentía que sobre él pesaba la maldición de una estirpe. Se acordaba de su infancia cargada de enfermedad y de tinieblas». Un íncipit donde se entrecruzan en realidad las cuatro figuras paternas, reinventadas por la distancia que sosiega. La elección de fragmentos aún dice la quemazón dolorida de la memoria, pero también pueden ser instantes de plenitud, en su musicalidad propia, que descubre su unidad escondida. La presencia de «las sombras», clavadas en pleno centro del primer texto, y del gerundio de conjuro «cantando», en el centro del segundo, dibujan la urdimbre invisible por la que se desliza soterradamente la voz gamonediana, tan natural como si hubiera escrito esas páginas, gracias a la distancia que en realidad las hace posibles.
    Se cantan en el  relato las «cercanías de la muerte» desde ese mismo umbral, tan trakleano como gamonediano, donde se concentra el dolor del mundo. Desde la misma petrificación del instante surgen ambas voces, espiritualmente hermanadas. Ya lo decía Antonio Gamoneda en 1988 a Luis Algorri, «uno mismo es también los otros.» La voz de un poeta es «una voz patrimonial, una voz que algo tiene de colectivo, de múltiple. Lo que ocurre es que se produce […] una especie de interiorización dramática de esos otros que funcionan en uno. Es una pelea.» Para resolverse esta pelea necesita de la canción, o de las sombras de las canciones de «los ancianos invisibles [que] pasan» por Lápidas. Pues cuando irrumpe el recuerdo de una canción, borra la visión de «infección en los jardines». Lengua alquímica la poesía, «polinomio extraño», entre «memoria, sustancia musical, inducción del azar».
(Continúa…) 

3 / Laurence Breysse-Chanet: ‘Con la sombra de Lorca’

El riesgo de la retracción, «grumos retrocediendo»
(con la sombra de Lorca)

    Esos fragmentos, en su ocaso y su distancia, reflejan lo que Miguel Casado designa como la «crónica de los episodios fundadores», o momentos de nacimiento de un mito personal, expresado fundamentalmente en Lápidas. De hecho es en el poemario escrito entre 1977 y 1986 donde empieza explícitamente el diálogo del yo presente con sus recuerdos más violentos, arraigados en la niñez durante la guerra civil (y notamos que Antonio Gamoneda reescribe Lápidas en 2003, año en que fecha sus versiones de Trakl). La retracción en la obra de Antonio Gamoneda tiene el sentido de un «emerger sentimental y sensitivo» –cito a Miguel Casado–, por el que se busca la identidad personal en un acallamiento paradójico. Pues no se impone a la conciencia una tarea de erradicación del yo biográfico, como en la obra de José Ángel Valente, sino la exploración infinita de los rincones más secretos de una memoria dramática.
    La letanía de la obsesión, encabezada por el pretérito «vi», señala la encrucijada entre los recuerdos personales y los recuerdos poéticos, en que se genera el conocimiento: «a partir de la existencia de la escritura y no antes.» Si el verbo ver en pretérito anuncia la llegada de la fatalidad en el Romancero, el lector recuerda otro cruce. Se impone al oído el martilleo de «Aquellos ojos míos… no vieron … ni… ni…» de «1910 Intermedio», segundo poema de Poeta en Nueva York, cuando Lorca introduce por la vía negativa la letanía traumática de las visiones que desgarran para siempre al yo, ya perdida para siempre la inocencia de la niñez. Como ya en Descripción de la mentira, de modo abrupto, sin la máscara de la retórica de la negación, cada vez más intensamente, se repercute en Lápidas la anáfora –hasta siete veces en los doce fraseos del cuarto poema de la primera parte: «Vi la sombra perseguida por látigos amarillos», «Vi los estigmas del relámpago sobre aguas inmóviles, en extensiones visitadas por presagios», «vi las materias fértiles», «vi los residuos del acero», «Vi cabezas absortas en las cenizas industriales», «yo vi el cansancio y la ebriedad azul», «Vi los espejos ante los rostros que se negaron a existir». Cuando en medio del sufrimiento de la memoria se impone el verso «era la geometría, era el dolor», se actualiza la lucha lorquiana por la contención de lo oscuro mediante la arquitectura del poema. La anáfora temible se derrama por el libro entero, sumando audazmente las visiones en vez de eliminarlas. Al final de la primera parte de Lápidas, «Todos los animales se reúnen en un gran gemido». O más adelante, por el mismo camino memorial, peligroso por abarcador, «Siento la espesura fluvial; se manifiesta en sílabas lentísimas». Sombras del grito y sombras del silencio, sombras de la vida y sombras de la muerte, leche y sudarios, conviven: «La compasión y la vergüenza pasan sobre mi alma». Y aún sigue viva la onda de la letanía obsesiva en Arden las pérdidas, sangre y centro medular de la voz.
    La violencia que socava la espesura del recuerdo es tan intensamente revivida que se revela en unos puntos de cristalización particularmente agudos, vinculados a la experiencia personal, como lo recalca siempre Antonio Gamoneda –y pienso en la presencia del símbolo del balcón y al del caballo. En nuestra memoria poética (enquistada memoria diría Miguel Casado), el balcón ya tiene espesor de noche, vinculado al recueillement baudeleriano: «Ma Douleur, donne-moi la main; viens par ici, / loin d’eux. Vois se pencher les défuntes Années, / Sur les balcons du ciel, en robes surannées[…]». Es decisivo el relato del tercer poema de la tercera parte de Lápidas, cuando «Desde los balcones, sobre el portal oscuro, yo miraba con el rostro pegado a las barras frías; oculto tras las begonias, espiaba el movimiento de los hombres cenceños […]». Visiones de espanto, anunciadas por el plural inquietante, los balcones, en los cuales se quedará clavado el yo de modo definitivo, espiando su memoria para conjurarla, reviviendo el ademán de la madre: «con violencia silenciosa, me retrajo hacia el interior de las habitaciones.» Ella cierra las «hojas del balcón lentamente», y con ello se cierra abriéndose para siempre el paréntesis que enmarca tipográficamente el texto, disimulado de ahora en adelante en las entretelas de la obra. Se impone una «dialéctica de la retracción» –citar a Miguel Casado es ineluctable– y la memoria del lector reactiva aquel destello de Descripción de la mentira, donde se sella el pacto con la voz poética: «Permanecí, permanecí, pero mi obra es la retracción, la retirada hacia una especie maternal  /  y en la virtud de mis oídos se adelgazaba dentro del silencio.»
    Por eso, si aludí al diálogo crepuscular con Trakl, creo que río arriba, suena fuerte el diálogo con Lorca. Es explícito en «(Diván de Nueva York)», segundo poema de la segunda parte de Lápidas –geometría siempre–, donde se entrecruzan abiertamente Poeta en Nueva York y Diván del Tamarit. Pero pienso en otro texto, que Antonio Gamoneda publica en 1980, cuando está escribiendo Lápidas: Tauromaquia y destino. El libro se abre con cuatro «capítulos» poéticos, escritos por Antonio Gamoneda en una glosa de cuatro versos diseminados –como el cuerpo de Ignacio y del poeta– en los dos primeros momentos del Llanto, «La cogida y la muerte» y «La sangre derramada». Los sigue une respuesta pictórica de Juan Barjola. Al segundo verso del Llanto (formular de nuevo el primer verso, el del momento exacto de la muerte, hubiera sido imposible), «Eran las cinco en punto de la tarde», contesta otro principio: «Era un tiempo atravesado de pájaros. No existía otra luz que la de una gran sábana cuya urdimbre desconocimos. Era julio en la vida mas los balcones se abrían ante el espesor de la muerte.»
    Se puede releer ahora la segunda parte de Lápidas, con un enfoque más amplio: la narración del drama personal se ensancha hasta el vértigo con (Delación del verano), el díptico (Viernes y acero), (Canción de los espías), (Suciedad del destino) y (León de Tabarra). Desde sus paréntesis, los poemas nos hablan en realidad de una pasión múltiple, cantada ya en Tauromaquia y destino, pues en la tragedia individual, la de dos muertes, la de Ignacio y la del poeta, se expresa otra tragedia, la de España. Pero en Lápidas las máscaras de la memoria encubren la raíz del poemario, cuyo sentido demasiado agudo –agudo como sólo puede serlo un dolor, que aquí empieza con la luz históricamente cruel de julio–, se entrega con mayor distancia al lector. Sólo un indicio liminar, la sustitución de «atravesado» por «equivocado», en el primer verso de  (Viernes y acero). A continuación, ha desaparecido la tercera frase «Era julio…», donde arraiga el símbolo del balcón en la memoria personal, símbolo acallado para que se pueda esparcir su carga dolorosa por el poemario, diluyéndose lentamente.
    Tras el diálogo con Lorca asoma otra imagen, en la que suena aún el «oscuro desván del lirio», que llena desgarradamente el espacio de Poeta en Nueva York, donde recordamos entre tantas imágenes de la muerte la del «hueco blanquísimo de un caballo, /crines de ceniza» del «Nocturno del hueco». En su presencia obsesiva, de fuente biográfica certera, el caballo se hace realidad simbólica en la escritura de Antonio Gamoneda. Así cuenta en une entrevista que, a los seis o siete años, un vecino Guardia civil lo llevó al penal de San Marcos para enseñarle un caballo disecado. En la extraña urdimbre de la memoria, que si acalla no olvida, el trauma se repercute varias veces en la obra. Desde el umbral de Lápidas, se sueña con un tiempo anterior a la desgracia. El momento en que nace el planctus lo expresa la visión del llanto del caballo, cuando desaparece –igual que en «1910 Intermedio»–, la inocencia de la niñez: «antes de que los caballos aprendieran a llorar.» A pesar de las redes tendidas contra el recuerdo, la visión diferida estalla en el centro de la tercera parte de Lápidas: «Veo el caballo agonizante junto al pozo de aguas oscuras y las gallinas a su alrededor. […] es el paisaje de la infancia, el olor incorporado a mi espíritu en los accesos de la edad.»  Parece imposible decir con mayor intensidad la sensación concreta, agudísima, de la presencia dramática de las cosas en la duración de la memoria.
    Las aristas de aquella  realidad son tan insufribles que sólo pasando por la obra de arte se hacen decibles. Asimismo leemos en los comentarios de Antonio Gamoneda sobre la obra de Juan Barjola: «Lo invisible (el vértigo, la crueldad, el destino) no tiene figura, pero hay formas cuyo comportamiento en el plano pictórico sirve a su representación.»  El vínculo con los comentarios sobre las cabezas de caballo me parece inexcusable: según el poeta, Barjola asumió la representación de cabezas de caballo emergente –como Picasso en Guernica por lo demás– «como esquema formal y significativo necesario para la expresión del dolor hijo de la violencia contemporánea.» Contemplando las cinco obras «como una metáfora relacionada con un destino trágico, con el relato de una “edad perdida y española”», Antonio Gamoneda las interpreta como «un canto de horror y tristeza emitido cuando la violencia, en sus términos físicos, ya está consumada, y queda sólo el tiempo extenso en que se contemplan la muerte y la desolación.» Como un espejo, tales líneas se proyectan en su expresión poética, el «Aviso negro» que abre la cuarta parte de Lápidas: «Siéntate ya a contemplar la muerte.» En tal perspectiva me parece significativa la primera fragmentación de «Sueño y locura», como si conscientemente o no, se hubiera eliminado el recuerdo tan hiriente, para conseguir un remanso de calma en el sueño. Cito el texto eludido en Esta luz según la traducción de Américo Ferrari (leída por Antonio Gamoneda), pues en su elección del imperfecto, se corresponde mejor con texto gamonediano que precede: «A la puerta del convento mendigaba un mendrugo; la sombra de un caballo negro saltaba de la oscuridad y lo espantaba. Yacía en su frío lecho y lo acometía un llanto indescriptible […]».  
    Una dialéctica compleja entre soledad y compasión mueve a la voz poética, cuya retracción es en realidad entrega a los desvanes desesperanzados de la memoria. De aquí la escisión frecuente del sujeto, desgarrado entre sus voces interiores discordantes, entre pasado, como en Descripción de la mentira –«Tu soledad es ávida. Tu palidez fluye de ti»– y futuro de condena, «en los manjares previos a la muerte». El yo es tierra extranjera para sí mismo. Por eso la poesía, «emanación de la vida», «una luz que no explica ni oculta nada», en su extraño poder de expresión, no apacigua la memoria, sino que la recrea, le da vida otra, revelada, sin que desaparezca por eso el riesgo propio de toda vida. Así sufre la voz de Descripción de la mentira, libro del mayor riesgo quizá: «Estoy naciendo del cansancio; […]  /  Yo estoy naciendo en otra especie y el exterior es lívido». El encadenamiento de las imágenes traduce a veces con nitidez los enigmas de la identidad de la voz, en el filo de la vida, con el peso de su memoria siempre a punto de romper el equilibrio.
    Así seguí el fraseo de las hortensias, como si para no desaparecer fuera necesario llenar con imágenes los huecos abiertos por las heridas en la conciencia. El motivo nace en Descripción de la mentira, aunando pasado, atemporalidad del canto, y lugar, aunque fuera de todo lugar. Un lugar interiorizado, a partir del que se sitúa el cuerpo del yo, quizá perseguido por el recuerdo originario de la altura del balcón del drama. Del cuerpo brota la voz, como de un espacio-tumba: «Las hortensias extendidas en otro tiempo decoran la estancia más arriba de mi cuerpo.» La imagen reaparece dos páginas después: «me acompañas al espacio en que las hortensias son persistentes.» Se confirma la equivalencia entre sueño y muerte, recalcada por la imagen de los desvanes y del regreso a la «reserva del olvido». En su avance lento, casi hipnótico, el poema se deja guiar por el recuerdo de la imagen, que reaparece al final del conjunto. Al repetirse, la letanía se ensimisma como en una calma, tan enigmática como un sueño (recordamos a Trakl), y pensamos en una conquista definitiva de la memoria. Pero de repente, como dolorosamente, la voz se desdobla y parece emerger de su visión más allá de todo, con asombro: «¿Qué lugar es éste, qué lugar es éste? ¿Cómo estás aún en mi corazón?» Un estado semejante al del sonámbulo recién despertado, como lo comenta Ildefonso Rodríguez, pero que en vez de sosegar al lector, le desconcierta y le obliga a distanciarse del poder del canto. Experiencia de compasión en su sentido más etimológico. Es tal el poder de las imágenes que el motivo renace al final del poemario: «Tú volvías a las hortensias». Pero todo se desvanece: «Yo vi la luz de la inutilidad». Todo se aniquila, como en el «espejo de la muerte».
    En Lápidas, las hortensias, flor unitaria en su misma pluralidad, han perdido toda valía, al verse asociadas con el espacio destruido de los suburbios. Pero su presencia persistente, aunque empobrecida, se hace huella de la voluntad de compasión de la voz, que desde Descripción de la mentira se proyecta más allá de la fosforescencia del sueño: «No existía el dolor y tú creaste la compasión.» Encima de los desgarros y las llagas que la compasión graba en la memoria, en su poder de realidad, a punto a veces de ahogar la voz, se mantiene firme –«seul or concevable dans le creuset du néant», como lo analiza Yves Bonnefoy a propósito de la manifestación de la compasión en la obra de Goya. Su fuerza se despierta en lo más oscuro y encauza la energía poética hacia una esperanza.

(Continúa…) 

… y 4/ Laurence Breysse-Chanet: ‘Con la sombra de Vallejo’

 
«Sábana negra en la sustancia humana»
(con la sombra de Vallejo)
 César Vallejo
 
    El yo avanza pues entre una urdimbre espesa de sombras y voces propias o ajenas. La retracción gamonediana  no genera un poema-rescoldo, breve huella residual del fuego que destruye la memoria personal tras su naufragio –como en el mundo de José Ángel Valente. El poema de Antonio Gamoneda es más bien hoguera expansiva en cuyo fuego purificador que transfigura se funden vida y muerte, en la otra vida revelada por la escritura. Se asienta la palabra en un límite donde desde la vida se abre un territorio extraño, de «felicidad vacía». Tal pudiera ser la índole del territorio que surge del homenaje que se rinde calladamente a César Vallejo en Libro del frío.
    El 24 de julio de 1988, dos semanas después de publicar un homenaje a Antonio Gamoneda, «Filandón», el suplemento de Diario de León, dedica un número a César Vallejo, en el cincuenta aniversario de su muerte, el 15 de abril de 1938. En 1988, Antonio Gamoneda lleva ya dos años escribiendo Libro del frío. Como lo recuerda Ricardo Gullón en su libro La juventud de Leopoldo Panero, Vallejo viajó a León entre 1930 y 1931 –y en su artículo para el homenaje, Francisco Martínez García insiste en aquella doble presencia, física y poética, en el León de la época. Tradición arraigada pues en León, «tierra de fidelidades» según la expresión de Arturo del Villar. En 1987 el mismo Francisco Martínez García, autor en 1991 de Gamoneda. Una poética temporalizada en el espacio leonés, se encargó de la edición de Poemas humanos. España aparta de mí este cáliz en los Clásicos Castalia.
    Pero para Antonio Gamoneda, no se trata de una valoración histórica. Si nombra a Vallejo entre sus poetas hispanoamericanos preferidos, es que lo elige «por datos de amor». Ya en Descripción de la mentira (y asimismo en Blues castellano por cierto) se nota la dicción de la miseria del ser y de su desconcierto mediante objetos que forman parte de la vida más cotidiana. Basta con pensar en aquel suspiro resignado y humorístico: «Resistí hasta que las visiones desaparecieron más allá de la nieve que entonces existía  /  y después retrocedí a mis legumbres y a las miradas en que yo soy reconocido.» ¿Cómo no pensar en el recuerdo de las «tímidas legumbres y otras bravas» de «En suma no poseo para expresar mi vida» de Poemas humanos? En la cuarta parte de Lápidas, desde los balcones de la memoria más negra, con «Aviso negro», se vislumbran varias huellas vallejianas. Una vez más, la voz elige la vía de la compasión desesperada hacia el ser humano. En «Relación de prostíbulo», «Era jueves sin padre, jueves sólo. No había nadie en el espejo.» Pero suena tristemente el eco  del soneto de Vallejo «Piedra negra sobre una piedra blanca»: «Jueves será, porque hoy jueves, que proso estos versos…». El siguiente poema de Lápidas, «Ventana húmeda», parece alcanzado por la desesperante lluvia del París de «Piedra negra…»: «Ésta es una ciudad desconocida y llueve sin esperanza.  /[…]  /  ¿Quién me ama en esta ciudad desconocida?» Como si se esperara une respuesta de parte de la otra voz que late secretamente en el poema.
    Asimismo en la siguiente lápida –y cómo no pensar en el juego con la piedra del soneto-tumba de Poemas humanos–, «Aquellos cálices» ( título claramente vallejiano), las preguntas iniciales  y finales son como proyecciones de las preguntas que tantas veces traspasan el espacio sonoro de Poemas humanos, tanto en «Sermón sobre la muerte» como en «Poema para ser leído y cantado». En «Llegan los números», se dramatiza de modo intenso el desdoblamiento, ya frecuente en la obra gamonediana. Sea el del tú («tus dos lenguas»), del poema («En dos alambres puse mi esperanza»), o de la misma vida, doblemente desdoblada entre vida y dos muertes: «Estoy viendo dos muertes en mi vida.» ¿Desdoblamiento del yo o bien homenaje a la presente ausencia –figura paterna–, de Vallejo? Quizá brote un surco profundo de las «dos flautas» de «Telúrica y magnética», o del mismo grito de dolor e ironía de Vallejo, en «En suma, no poseo…» –«¡Que ya no puedo andar, sino en dos arpas!». Pues en este poema el desdoblamiento es tanto más fuerte que el yo tutea al mismo César Vallejo, en una suma inextricable, «sabiendo que ando cautivo / sabiendo que yaces libre!». «Tango de la misericordia» –en particular ese verso de desposesión absoluta, «Es la última lana de mi vida»– funde miseria material y ontológica, como lo hizo Vallejo en «Parado en una piedra». El poema de Gamoneda incluye un adverbio, «y aún eres pobre dulcemente en mí», que enlaza con la sintaxis a veces insistentemente adverbial de Vallejo, como para destruir el tiempo, mientras que en el poema «Ah vejez sin honor», caen emblemáticamente «los adverbios / depositándose en mi alma». Al final de Lápidas, la ambigüedad entre vida y muerte inquieta. Cuando en su plegaria la voz se dirige al «cadáver que duermes esta noche en mis párpados», añadiendo «ah, sé hábil, habita suavemente la sombra,  /  calla en mis labios, entra en mis anillos», ¿se hunde la voz hacia dentro, o se proyecta hacia fuera, y hacia quién?
    En primer lugar, podemos apuntar que la tercera sección de Libro del frío se titula «Aún», adverbio que reanuda con el verso «y aún eres pobre dulcemente en mí» del poemario anterior. En Vallejo el poema es la construcción de la emoción, –«Considerando en frío, imparcialmente…»–,  contra el balbuceo donde se quiebra la voz –«Emocionado…  Emocionado…». ¿No se puede escuchar entonces en «Aún» una onda que nace del la que da el diapasón de los «campos humanos» recorridos por la voz de Vallejo?
    En julio de 1988, Antonio Gamoneda participa en el homenaje de «Filandón» a Vallejo escribiendo «El lacrimal de César Vallejo», un no-relato de su viaje reciente al Perú de Vallejo, que se concluye con un poema, que Gamoneda designa como «mi canción peruana». Una hondísima emoción recorre la página, escrita en clave lírica: «Yo viajé a la gran lágrima  negra que colgó de su corazón» –signo de comunión con la ofrenda de «En suma no poseo…», «esta lágrima que brindo por la dicha de los hombres». Cuando en el artículo brota el verso «Hay golpes en la vida tan fuertes… ¡Yo no sé!», casi nos olvidamos de su lugar de origen, de la compañía de «los heraldos negros que nos manda la Muerte» del primer libro de Vallejo, pues suena ahora a mundo gamonediano –lo que sucede con las versiones de Trakl, que parecen respirar con ritmo e imágenes emanados de Esta luz.
En la «canción peruana» incluida en «El lacrimal de César Vallejo», el lector de Libro del frío reconoce la proyección de la sombra del penúltimo poema de «Aún», encabezado por el mismo verso: «Sábana negra en la misericordia» –nuevo acorde quizá que prolonga el planctus de otrora por las muertes de Ignacio Sánchez Mejías y de Federico García Lorca. Sólo que en la canción de 1988, el destinatario (en un amor doble, paterno por filiación poética y materno por arranque personal) es explícito –y ya sabemos la intensidad de la escritura del paréntesis en los balcones de la memoria:
Sábana negra en la misericordia:
tu lengua en un idioma ensangrentado.
(Mi madre está en el corazón de César Vallejo).
    ¿Cuál de las dos versiones se escribió en primer lugar? Antonio Gamoneda es el único en poder decirlo.
En cambio, en ambas versiones el último verso es igual: «Dame la mano para entrar en la nieve.» En un soneto de La tierra y los labios, ya aparece este imperativo, «Dame la mano; / alcánzame una muerte sonriente», en un registro amoroso que poco tiene que ver con el choque que siente el lector del poema a Vallejo. Este choque, no lo puede provocar la sola tensión oximorónica  que atraviesa el texto, del negro liminar a la nieve final –pues blanco también es color de luto. ¿Cómo entenderlo entonces? Toda poesía «es arte de la memoria». La conmoción despertó en mi mente el lejano recuerdo del sueño de Aquiles, en el Canto XXIII de la Ilíada, cuando se le aparece su amigo Patroclo. Pues Patroclo –muerto por Héctor en vez de Aquiles, que se negó a combatir–, viene a suplicar a Aquiles que le dé sepultura, para que su sombra deje de errar y pueda descansar en el Hades, hasta que sus cenizas no se separen jamás. «Dame la mano», suplica Patroclo. Al volver a la súplica final del poema de Antonio Gamoneda, quedamos presos de una confusa turbación. La voz de la plegaria antigua, oída por Aquiles en sueño, es la del muerto, Patroclo. En el poema a Vallejo, se han desvanecido los límites entre la vida y la muerte, ya que la voz poética se dirige al poeta muerto con las mismas palabras de la sombra de Patroclo. Así se expresa una comunión intensa, con palabras de muerte, cuando la vida ya no tiene sitio sino en  la energía  poética que, en vez de repetir la súplica por la unión eterna de las cenizas, afirma en su realidad la unión de los huesos. Al referirse a los huesos, la plegaria nueva se apodera de la cifra del dolor en Vallejo –si para él los huesos poseen «un óxido profundo de tristeza»:
Sábana negra en la sustancia humana,
la que llora en tu boca y en la mía
y, atravesando dulcemente llagas,
ata mis huesos a los huesos de César Vallejo. […]
En Libro del frío se lee una variación: «ata mis huesos a tus huesos humanos.» En su eficacia última, la voz poética alcanza su mayor unión con la voz desaparecida en el momento en que calla al nombre amado. La celebración de los «huesos humanos» es celebración efectiva de una desaparición –huesos del yo anónimo y universal de los «hombres humanos» de «Los nueve monstruos». (Y aquí recordamos el «Appel à témoin», «pour César Vallejo», de Claude Esteban). Cuando brota de nuevo la súplica, «No mueras más en mí, sal de mi lengua», es como si se hubiera cumplido el sueño de Vallejo con un «encuentro investido de hilo negro». La tercera parte de Libro del frío se cierra con un poema-rescoldo, ahora sí, pura huella de dos versos, que celebra al ruiseñor que cantó hasta morir. Quizá un eco de la flauta doble o de la quena que solloza un nombre, en Santiago de Chuco, cuando el poema es único lugar de encuentro eterno:
Amé todas las pérdidas.

Aún retumba el ruiseñor en el jardín invisible.

Convoqué a unas sombras para intentar con ellas acercarme a un mundo poético de tanto riesgo y lucidez. «Detrás de la oscuridad están los rostros que me han abandonado» dice la voz de Arden las pérdidas. Desde la vida, «entramos indecisos en un bosque de espinos». Se desciende hacia los desvanes de la memoria poética, hasta alcanzar en la revelación del poema una luz extraña. Es su vida y su labor:
poner luz todos los días en las venas y trabajar en la retracción de rostros desconocidos hasta que se convierten en rostros amados […].
    Esta es la única esperanza, la que hace retroceder la locura. «Cierto: la verdad es un armario lleno de sombra». Por eso me parece fundamental el último poemario de Esta luz, Cecilia, dedicado a la nieta de Antonio Gamoneda. Sus treinta poemas surgen de los siete de Pétalo herido, y en su sosiego los versos expresan lo que Antonio Gamoneda descifraba ya en 1980 en Tauromaquia y destino, al contemplar las últimas pinturas de Juan Barjola:
Sin embargo, la profundidad trágica no resulta diluida. […] ocurre que Barjola contempla ya la tragedia desde un inmenso y lúcido cansancio. Cuando los gritos se hacen gemidos es que el dolor “ha tocado fondo”. Es, repito, la lucidez definitiva. Sí, algo parecido a la dulzura, a la bondad, al cansancio, que impregna ahora las invocaciones al destino y a la muerte.
«Cansancio de Sísifo», añadía en el acto, y tal es la índole del cansancio que sentimos y oímos en Cecilia, a la par que abre el horizonte de una esperanza:
Estaba ciego en la lucidez pero tú has hecho girar la locura.
Todo es visión, todo está libre de sentido.
 

(5) Bibliografía / ‘Las sombras del solitario’, por L. Breysse-Chanet

Laurence Breysse-Chanet

Compases bibliográficos en torno a
«Las sombras del solitario»

Antonio Gamoneda:
  • Edad (Poesía 1947-1986), ed. Miguel Casado, Madrid, Cátedra, 2000.
  • Pétale blessé, Pétalo herido, dibujo Claire Pichaud, trad. Claude Houy, Barriac, Trames, 2002.
  • Esta luz Poesía reunida (1947-2004), epílogo de Miguel Casado, Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2004.
  • Prólogo a Jacinto Santos, Temblando de palidez, León, Margen, col. Cuadernos de Cultura, n°10, 1982, p. 3-8.
  • «El arte de la memoria», El Urogallo, n°71, 1992, p. 12-13.
  • «Una lectura posesiva de Jorge Guillén», en Jorge Guillén, el hombre y la obra, Actas, Valladolid, Universidad, 1995, p. 293-295.
  •  «Poesía en la perspectiva de la muerte», El cuerpo de los símbolos, Madrid, Huerga y Fierro, 1997, p. 23-29.
  • «¿Existe o existió la generación del cincuenta?», en Hacia el próximo siglo, II Congreso de Poesía canaria, ed. Ernesto Suárez et al., Confederación Caja de Ahorros, Ensayos 4, 1997, p. 15-28.
  • «Las lágrimas de Claudio», Boletín de la Fundación Federico García Lorca, n°27-28, 2000, p. 145.-148.
  • «Valente: de la contemplación de la muerte», en Cuadernos Hispanoamericanos, 600, junio 2000, p. 7-10.
  • José Luis Calvo Vidal, «Entrevista a Antonio Gamoneda», Moenia, Lugo, II, 1996, p. 565-574.
  • Entrevistas de Almacén, «Una conversación con Antonio Gamoneda», con Marcos Taracido y Roger Colom, 13/8/2001 (http://www.librodenotas.com/almacen/Archivos/001555.html).
  • Javier Rodríguez Marcos, «La poesía se escribe desde la perspectiva de la muerte», entrevista a Antonio Gamoneda, Babelia, El País, 23/8/2003, p. 3.
  • Entrevista de Belén Lorenzana con Antonio Gamoneda, Leer, julio-agosto 2003, p. 118.
  • Algorri, Luis, «Antonio Gamoneda, entre el tú y el usted», «Filandón», Especial dedicado a Antonio Gamoneda, Diario de león, 10/7/1988, p. 26.
  • Casado, Miguel, «Epílogo», Antonio Gamoneda, Esta luz Poesía reunida (1947-2004), Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2004, p. 573-627.
  • Id., «Un ejercicio de comparación: Lapidario y Lápidas», en Antonio Gamoneda, Madrid, Calambur, col. Los solitarios y sus amigos, 1993, p. 119-144.
  • Castro Flórez, Fernando, «Manos de tierra», en Antonio Gamoneda, Madrid, Calambur, col. Los solitarios y sus amigos, 1993, p. 29-48.
  • Rodríguez, Ildefonso, «Una conversación con Antonio Gamoneda», en Antonio Gamoneda, Madrid, Calambur, col. Los solitarios y sus amigos, 1993, p. 61-85.
  • Villar, Arturo del, «Antonio Gamoneda», La Estafeta Literaria, n°550, 15/10/1974, p. 14.
Georg Trakl:
  • Gamoneda, Antonio «Trakl [2003]», Mudanzas, Esta luz Poesía reunida (1947-2004), epílogo de Miguel Casado, Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2004, p. 571-572.
Las referencias de las cuatro fuentes españolas de traducciones de Trakl aludidas por Antonio Gamoneda, en «Avisos y explicaciones», son las siguientes:
  • Poemas, traducción, selección y prólogo de Ángel Sánchez, Madrid, Visor, 1973.
  • Obras completas, ed. y trad. José Luis Reina Palazón, Madrid, Ed. Trotta, 1ª ed. 1994, 2000.
  • Cantos de muerte. Antología, selección, traducción y estudio de Angélika Becker, Barcelona, Seix Barral, 2001 (ed. revisada y ampliada).
  • Sebastián en sueños, versión de Américo Ferrari, Madrid, Buenos Aires, Valencia, Editorial Pre-Textos, 2001.
Otras referencias en mi texto:
  • Georg Trakl, Poèmes, traducidos y presentados por Eugène Guillevic, París, Obsidiane, 1986, «Difficultés d’une traduction», p. 7.
  • Para la cronología de los poemas de Trakl, me refiero en particular a Georg Trakl, Poèmes majeurs, trad. Jacques Legrand, pres. Adrien Finck, París, Aubier, 1993 y Georg Trakl, Obras completas, ed. y trad. José Luis Reina Palazón, Madrid, Ed. Trotta, 1ª ed. 1994, 2000.
  • Finck, Adrien , «Chant de l’Isolé», Austriaca, dic. 1987, n°25, p. 117-118.
  • Palmier, Jean-Michel, Situation de Georg Trakl, París, Belfond, 1972.
  • Para la traducción de Michèle Finck, cfr. «Poétique comparée de “Génie” de Rimbaud et de “Chant de l’Isolé” de Trakl: Tensions du “projet harmonique», en Poésie moderne et musique “Vorrei e non vorrei” Essai de poétique du son, París, Honoré Champion, 2004, p. 80. En una carta del 25-6-2005, que cito agradecida, Antonio Gamoneda evoca su «continuo asentimiento» tras su lectura de las traducciones de Sébastien en rêve por Michèle Finck (Polyphonies, n°8, invierno 1988-89, p. 35-39).
Federico García Lorca:
  • Gamoneda, Antonio, Tauromaquia y destino, Retablo/80, Gráficas Baraza, 1980.
  • Las cuatro citas a las que se alude en el texto de Antonio Gamoneda son las siguientes: «Eran las cinco en punto de la tarde», «Las heridas quemaban como soles», «Buscaba el amanecer, / y el amanecer no era», «¡Oh blanco muro de España!» (Cfr. Federico García Lorca, Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, Obras completas I, ed. Miguel García-Posada, Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 1996, p. 617-621).
Otras citas de poemas de Lorca en mi texto:
  • «1910 Intermedio», Poeta en Nueva York, Obras completas I, ibid., p. 512.
  • «Pequeño vals vienés», IX, «Huida de Nueva York. Dos valses hacia la civilización, Poeta en Nueva York, Obras completas I, ibid., p. 569, y «Nocturno del hueco», VI, «Introducción a la muerte. Poemas de la soledad en Vermont», ibid., p. 549.
César Vallejo:
  • Gamoneda, Antonio, «El lacrimal de Vallejo», «Filandón», Especial dedicado a César Vallejo, Diario de León, 24/7/1988, p. 22.
  • Martínez García, Francisco, «César Vallejo», «Filandón», Diario de León, 24/7/1988, p. 17-18.
  • Martínez García, Francisco, Una poética temporalizada en el espacio leonés, León, Universidad, 1991. Vallejo, César, Poemas humanos. España, aparta de mí este cáliz, ed. Francisco Martínez García, Madrid, Clásicos Castalia, 1987.
Poemas de Vallejo a los que me refiero en particular:
  •  «En suma no poseo para expresar mi vida», Poemas póstumos I, Obra poética, ed. crítica Américo Ferrari, Archivos, Madrid, 1988, p. 435-436.
  • «Piedra negra sobre una piedra blanca», ibid., p. 339.
  • «Telúrica y magnética», ibid., p. 360-361.
  • «En suma no poseo para expresar mi vida», ibid., p. 435.
  • «Considerando en frío, imparcialmente», ibid., p. 350.
  • «Los heraldos negros», Los heraldos negros, ibid., p. 20-21.
  • «Sombrero, abrigo, guantes», ibid., p. 330.
  •  «Entre el dolor y el placer», ibid., p. 327.
Otras obras citadas, sencillamente porque me importa que estén aquí:
  • Baudelaire, Charles, «Recueillement», Les Fleurs du Mal, [Poèmes apportés par la troisième édition, 1868], Œuvres complètes, I, texte établi, présenté et annoté par Claude Pichois, Paris, NRF Gallimard, Bibliothèque de la Pléiade, 1975, p. 140-141. Por cierto se recuerda también el inolvidable verso de «Le Balcon»: «La nuit s’épaisissait ainsi qu’une cloison.» (Spleen et Idéal, Les Fleurs du Mal, ibid., p. 36-37)
  • Bonnefoy, Yves, Goya, Baudelaire et la poésie, Entretien avec Jean Starobinski suivi d’études de John E. Jackson et de Pascal Griener, Ginebra, La Dogana, 2004, p. 23.
  • Esteban, Claude, «pour César Vallejo», «Appel à témoin», Étranger devant la porte, I, Variations, Tours, farrago, Éditions Léo Scheer, 2001, p. 9-25.
  • Rilke, R. M., Correspondance, Œuvres III, ed. Philippe Jaccottet, trad. Blaise Briod, Philippe Jaccottet, Pierre Klossowski, París, Seuil, 1976. (Ojalá me perdonen que le cite en francés, si es un libro que me acompañó mucho en mi idioma.)
  • Valente, José Ángel «El cante, la voz», La experiencia abisal, Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2004, p. 36-40.

‘Hablo con Amancio’

December 8, 2007

Escultura en madera de Amancio González AndrésEscultura en bronce de Amancio González Andrés

HABLO CON AMANCIO

De las moreras abrasadas por la luz, las visitadas por serpientes ciegas;

de los grandes perales en cuyos frutos se alimentan pájaros invisibles;

de los pinares inmóviles y de los fresnos temblorosos

 

surge la musculatura encendida en las cifras inversas que se desprenden de la serenidad y del dolor;

surge el bañista indeciso sobre el hermano amortajado en su propia luz;

surge el monstruo arrodillado ante sí mismo, el espectador del vértigo.

 

Surge el ser silencioso, el conocedor de abismos habitados por ancianos en cuyas venas hierve la misericordia;

surge el ser pensativo en su propia blancura y en la tristeza de sus genitales; 

surge el ser andariego, el que lleva en sus brazos al animal herido por presagios;

surge el gigante insomne, el enloquecido por los astros y atormentado por la geometría.

 

Tú hieres y acaricias la madera en nombre de la libertad;

sueñas en el interior del bronce y en las celdas graníticas,

amas la luz de los cuchillos en las arterias vegetales, 

creas al mismo tiempo el resplandor y la sombra y

llevas la vida al interior de la muerte.

 

Finalmente, conduces relámpagos a la quietud. Así, en tus manos,

la madera es sagrada.

 

ANTONIO GAMONEDA (Poema dedicado al escultor leonés Amancio González Andrés, e incluido en el catálogo de la exposición ‘Entre Arte II’, Palacio Revillagigedo, Gijón, 2007)

‘Sublevación inmóvil’, un poema

December 7, 2007

 

Una obra del pintor leonés Manuel Sierra

De la quietud, un pájaro,

a impulso de su canto,
pensativo se alza.

Y, de pronto,
ya no hay pájaro: lluvia,
cristal vivo, hacia arriba
crece.
        Alguien tiende
su mano silenciosa,

alguien está diciendo
adiós, adiós sin palabras.

   ANTONIO GAMONEDA (De ‘Sublevación inmóvil’)
 

De Ferrín para Seamus Heaney, Derek Walcott y Gamoneda

Dedicatoria que abre el libro Estirpe, del poeta gallego X. L. Méndez Ferrín (Ed. Xerais, Vigo, 1994):

Seamus HeaneyI would wish this book,
Certainly for him
Enigmatic,
Ranged in Seamus Heaney’s
Library,
Far at the Irish, bloody, dark
Bogside.
The sweet, rotten roots
Of all the lands’ ends
In the bone-layered, western
Death Republic,
Are our common ones:
My soul is now the Burren. 

Derek WalcottAnd also
J’aimerais savoir mes pages
Déposées dans une autre bibliothèque,
Celle qui is at Derek Walcott’s home
Among the Homeric pink fingers of the Dawn,
Mangroves mingling with Creol tastes
And the unfinished, marble-ironed,
Long, Saint-Jonh Perse’s verse - like a river.
Derek Walcott:
Freshly rising friend over the ocean.

Antonio GamonedaFinalmente
yo quisiera mi libro con los libros amados
de Antonio Gamoneda, el niño
que bajó de las Asturias como baja el ganado,
con dolor y olor,
y el recuerdo de vitrolas venenosas,
un caballo disecado en San Marcos,
los olores picantes de la pólvora,
le son nido de erizo permanente en el hígado.*

Pra eles tres é este libro:
poetas estranxeiros que viviron meu tempo,
gorxas de sol e xofre que me asisten no ocaso,
consolo ou resistencia que fan corpo
coa espranza nosa granítica
feita de lume, espada, égoas, todo. 

Méndez Ferrín

 

 

 

 

* (Versión en gallego:)
Eu quixera este libro, / certamente pra el / enigmático, / posto na biblioteca / de Seamus Heaney / alá lonxe no irlandés, / maldito, escuro / confin das gándaras. / As torgueiras doces e podres / daquelas fins do mundo / na occidental República Morta, / estrada de ósos, / son as nosas raíces comúns: / a miña alma é hoxe o Burren. // E tamén / gostaría de saber as miñas páxinas / depositadas noutra biblioteca, / a que está en cas Derek Walcott / entre os homéricos dedos rosados da Aurora, / mangles mesturando cheiros creoulos / e o verso de Saint-John Perse -coma un río / longo, sen terminar e de marbre ferrado. / Derek Walcott; / novo amigo que medra sobre o Océano. // Por fin / eu quixera o meu libro xunta os libros amados / de Antonio Gamoneda, o meniño / que desceu das Asturias como baixa o gado, / con dor e cheiro, / e a lembranza de vitrolas pezoñentas, / un cabalo disecado en San Marcos, / os ulidos picantes da pólvora, / sonlle niño de ourizo permanente no fígado.

 

 

‘Sílabas negras’ y sus apartados temáticos

Antonio Gamoneda con su hija Amelia, en Salamanca.

La antología ‘Sílabas negras’ , edición de Amelia Gamoneda y Fernando R. de la Flor (XV Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Ed. Universidad de Salamanca, 2006), agrupa los poemas de Antonio Gamoneda en distintos apartados temáticos. Cada apartado lleva un pequeño texto introductorio de Amelia Gamoneda Lanza:

ESFERA

El territorio de la intimidad es esférico: vientre, madre, familia, casa, sartén, pan, vasijas, cántaros, cuencos, pozos, cucharas. Y, en la memoria, el estrato afectivo se ahorma en envoltura: la cabeza en el hueco de unas manos, el rostro y el mundo en él circunscrito, la bombilla y su halo amarillo, los pechos y "sus círculos amoratados", el "cinturón de álamos", "las habitaciones cóncavas", los armarios. La biografía íntima es una bio(e)sfera.

PAÍS SIN RETORNO

Un país entregado a un tiempo de traición y destrucción convierte en rehén a su habitante; de ese país no se escapa ni se vuelve: interiorizado, deviene espacio mental, y en él, indefinidamente, el pensamiento es torturado, se subleve, cae en vergüenza y en melancolía. El hombre es el país, el hombre es también la distancia que vuelve a ambos irreconciliables. 

PARAJES

Paisajes, paradas, viajes ejercen de espejos cóncavos, convexos, múltiples, puros, abismales. En ellos adquiere volumen el ánimo de los ojos que miran. Aunque la mirada modele a la naturaleza, no se impone contra natura; rescata de lo informe a la materia, la apresa, y así la materia accede a la existencia. Mirar y nombrar fundan sentido de este modo apasionado.

MATERIA ALZADA

De un sonido, un trazo o una piedra viene la vibración que emociona al pensamiento: se alza la materia en el aire, en el tiempo, en el color. A veces esto ocurre en el relato del poema (y de esa altura física brota el lenguaje), a veces esto le ocurre al propio cuerpo de la palabra poética (y entonces es blues o tango).

LA DULZURA Y LA SOMBRA

Ternura y sensualidad frecuentan los mismos lugares: cabellos, ojos, manos, piel, labios, boca. Pero sólo las formas oscuras del amor acceden a los huesos, a la humedad, a los aceites y las oquedades. A fuerza de tiempo, dulzura y sombra convergen. Y, al cabo, la vocación de profundidad de la caricia encuentra su tacto perfecto: acariciar la luz que el cuerpo desprende.

 
PASIONES VANAS, INÚTILES, IMPURAS 

Nombradas o sin nombre, las pasiones pesan sobre la lengua. Pasión es el gozo atormentado, la virtud impura, el arrebato inútil, la emoción estéril y, en extremo, el rapto en la pura vacuidad, la ebriedad de la ausencia. Pasión es aquello que arde e interminablemente se consume: sin resto, sin ganancia, sin pérdida. 

ATRABILIS

Melancolía e ira desprenden sus flujos negros y amarillos, y colonizan el agua, el acero y la luz. Rezuman los humores, la grasa, el llanto, las "sílabas negras"; silban látigos, cuchillos y serpientes; se entenebrecen lámparas y soles: "la luz es médula de sombra".
Hierro: a esa muerte saben la lengua y la garganta. 

FÁRMACO

No la costumbre del veneno, sino la costumbre de la muerte; no la muerte domesticada, sino la doméstica; ésta es la otra enseñanza de Mitrídates: para preservar la vida es necesario morir en dosis homeopáticas. Kratevas es el artífice de ese ars moriendi: técnica, belleza, espectacularidad. La fórmula de la felicidad no reside propiamente en el efecto del veneno, sino en la sabiduría de muerte que su uso otorga.

GEOGRAFÍAS BLANCAS

"La geografía final es blanca." El verso de hace más de treinta y cinco años anticipa e inscribe el final en el principio: palabra de fatum. Así será: transparencia, visiones, nieve, sábanas, cortinas, cal, ciudades y heridas blancas, "claridad sin descanso", "luz quieta y vacía", "luz en la luz". Exuberante floración de la blancura en la que se extenúa (y no se extenúa) la desaparición. 

Un poema de JUAN GELMAN dedicado a Gamoneda

December 5, 2007

Los poetas Gamoneda y Juan Gelman

Tepoztlán

Al gran poeta Antonio Gamoneda,
de quien tanto queremos

Las palabras del diccionario
no son las palabras del libro.
Las palabras del libro
no son las palabras del habla.
Las palabras del alba
no son las palabras del árbol que ahora mismo
se inclina a tierra con
una nube entre las ramas, como
enterrándola al pie.
Esto sucede. La luna y el lucero de aquí
no son palabras, son
la luna y el lucero de aquí.
La sangre piensa, la luna
calla. Es todo.

JUAN GELMAN
(Poema publicado en la revista Zurgai.
Bilbao, diciembre de 2001) 

Gamoneda, MEDALLA DE ORO DE LA PROVINCIA DE LEÓN

 

Antonio Gamoneda    La Diputación de León entregará mañana a Gamoneda la Medalla de Oro de la Provincia, máximo título que concede la Corporación Provincial, tal y como se acordó por unanimidad en un Pleno celebrado la pasada primavera. Con este reconocimiento, que según se anunció en su día, tendrá lugar mañana jueves, 6 de diciembre de 2007, coincidiendo con la fiesta de la Constitución, la Diputación pretende rendir un homenaje tanto a la obra literaria de Gamoneda como a su aportación al desarrollo de la vida cultural leonesa.
    La Diputación leonesa, al otorgar a Gamoneda la Medalla de Oro de la Provincia, de alguna manera, premia también el trabajo que el poeta desempeñó en esta institución durante décadas como gestor de los servicios culturales, donde impulsó la Sala Provincia, así como la revista ‘Tierras de León’ y la colección ‘Provincia’ de poesía.

‘Blues castellano’: el acta de la censura franquista y un poema

Portada de 'Blues castellano', Bartleby Ed.“Libro de versos muy malos, de temática y métrica diversa. Sobre todos ellos campan un sentido de resentimiento y odio. Muchos de ellos aparecen con citas de Marx, Lefevbre y otros marxistas. La tónica general de la obra es demagógica, pues aunque no lo dice claramente, el ambiente de desolación que pinta se refiere a España. Así mismo, tiene sus toques de ateísmo. La obra carece en absoluto de valor, pero como hay algunos poemas que pueden ser pasables, se ha preferido señalar, en las páginas marcadas, pues no están numeradas, los poemas que deben ser suprimidos. Con estas tachaduras es publicable”.

Así reza el expediente de la censura franquista que, en 1968, desaconsejó la publicación del libro ‘Blues castellano’, de Antonio Gamoneda. El poemario tuvo que esperar a 1982 para ser publicado íntegramente, en Ediciones Noega (Gijón).

Reproducimos uno de los poemas censurados:

 

MALOS RECUERDOS

La vergüenza es un sentimiento revolucionario.
KARL MARX

Llevo colgados de mi corazón
los ojos de una perra y, más abajo,
una carta de madre campesina. 

Cuando yo tenía doce años,
algunos días, al anochecer,
llevábamos al sótano a una perra
sucia y pequeña.

Con un cable le dábamos y luego
con las astillas y los hierros. (Era
así. Era así.
           Ella gemía,
se arrastraba pidiendo, se orinaba,
y nosotros la colgábamos para pegar mejor).

Aquella perra iba con nosotros
a las praderas y los cuestos. Era
veloz y nos amaba.

 

Cuando yo tenía quince años,
un día, no sé cómo, llegó a mí
un sobre con la carta del soldado.
Le escribía su madre. No recuerdo:
"¿Cuándo vienes? Tu hermana no me habla.
No te puedo mandar ningún dinero…"

Y, en el sobre, doblados, cinco sellos
y papel de fumar para su hijo.
"Tu madre que te quiere."
                                 No recuerdo
el nombre de la madre del soldado.

Aquella carta no llegó a su destino:
yo robé al soldado su papel de fumar
y rompí las palabras que decían
el nombre de su madre.

 

Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
pero aunque tuviese el tamaño de la tierra
no podría volver y despegar
el cable de aquel vientre ni enviar
la carta del soldado.

   ANTONIO GAMONEDA
(Del libro ‘Blues castellano’)

 

Dos poemas (preguntas) de VÍCTOR M. DÍEZ para Antonio

December 4, 2007

(Dos preguntas para una conversación con Antonio)

Víctor M. Díez    FUNDIDO EN NEGRO 

Ramajes -espesura- árboles sin raíces

inventados contra toda luz.

Crecen desbordantes,

como una trampa musical de entonces:

                                No te veo.

 

Y sólo el cantaor soñado me da consuelo.

 

Aldeanita, donde tú de flores vestida junto al pozo

un lenguaje sur de olas que mecieron y el palparse

de un niño la entrepierna; que donde buscó su sexo

primero tú una flor de aroma le habías puesto…

 

Hoy se ha secado el río en la cuenca de los ojos.

Quizás sea un tacto o la quietud. Oscuridad.

 

En el nombre de los laberintos, de la amnesia

y del tiempo perdido…

Yo te veo.

 

    IRRACIONAL

Animal por dentro. Trepador en la farmacia íntima

Informe para salvajes:

pezuñas, pañuelos, espinas, excrementos, zapatos solos,

mandíbula limpia, dormitorios al raso, pelaje,

tripas de radio, vendas, muñecas tuertas, cartones, cartones…

 

Notas escritas en la partitura química. Posología.

Circulaciones, un sonar en avalancha

y recogido.

Respiración entrecortada.

Una música de rebaños: mano abierta en el campo

que se cierra en puño a la señal del gurú.

 

Hacia la ciudad cabeza, entre la herrumbe de las

periferias y sus cinturones pardos.

Cuerpos sensibles, cercanías, desnudez, reacción,

siglo XIX, barbitúricos.

 

Cámara al hombro:

Multitudes animal fórmula mente.

Paisaje, silueta del drogado.

 

VICTOR M. DÍEZ
(Publicado en la revista Zurgai, Bilbao, diciembre 2001. Número dedicado a Antonio Gamoneda) 

El poema ‘Cuerda de presos’

San Marcos (León)
 
 
Sucedían cuerdas de prisioneros; hombres cargados de silencio y mantas. En aquel lado del Bernesga los contemplaban con amistad y miedo. Una mujer, agotada y hermosa, se acercaba con un serillo de naranjas; cada vez, la última naranja le quemaba las manos: siempre había más presos que naranjas.

 
Cruzaban bajo mis balcones y yo bajaba hasta los hierros cuyo frío no cesará en mi rostro. En largas cintas eran llevados a los puentes y ellos sentían la humedad del río antes de entrar en la tiniebla de San Marcos, en los tristes depósitos de mi ciudad avergonzada.
 
ANTONIO GAMONEDA
Del libro ‘Lápidas’ (1977-1986)
Este es el poema que figura en la placa de la casa
donde pasó su infancia Gamoneda,
en el nº6 de la Avenida Dr. Fleming de León. 

Información sobre el Congreso dedicado a Gamoneda en León

Con motivo del 2º Congreso de Literartura Leonesa, dedicado a Antonio Gamoneda, celebrado los pasados días 28, 29 y 30 de noviembre, el Diario de León, copatrocinador del evento, dedicó un amplio despliegue informativo, que resumimos a través de los siguientes enlaces (haz click):
Miércoles 28 de noviembre
El ministro de Cultura inaugura el Congreso de Literatura Leonesa Actual
Túa Blesa y Breysse-Chanet abren las primeras conferencias
Diez promesas poéticas, en un gran libro que el Diario entrega el día 30
Jueves 29 de noviembre
César Antonio Molina: «Si soy ministro es porque en mi camino me encontré con gente como Gamoneda»
Viernes 30 de noviembre
La poética de Agustín Delgado, Andrés Trapiello, Julio Llamazares y Juan Carlos Mestre, protagonista de la jornada
El ministro José Antonio Alonso cierra un ciclo en el que han participado los mejores expertos sobre Gamoneda
Amancio Prada: «Canto lo que ha brotado en mí»
Conferencias: José Antonio Expósito | Sánchez Santiago | Carmen Palomo | Nieves Alonso
Sábado 1 de diciembre
José Antonio Alonso: «Gamoneda busca reconstruir gozos en la ruina»
José Enrique Martínez: «Las nuevas voces de la poesía leonesa están unidas por el inconformismo y la conciencia tecnológica»
ENTREVISTA CON ANTONIO GAMONEDA, por Verónica Viñas:
«En mis memorias no puedo hablar bien de mí mismo»

‘La canción del solitario’, de ELENA MEDEL

 Elena Medel  "ALGUIEN TE OBSERVA. Escucha cómo alguien, tras de ti, sigue –e imita– tus pasos, cómo se acerca –"yo sentí su mirada en mi vida"–, cómo alguien acaba entrando en ti, siendo tú, contando pulsaciones, marcando el ritmo de tus pensamientos. Es el comportamiento de la poesía de Antonio Gamoneda: habita al lector, que la interioriza, desentraña y reescribe con una lectura que no zanja la aproximación, sino que permite que se expanda. De esta forma, el lector no se limita a ejercer como ‘espectador’ de lo leído, sino que se convierte –en cierto modo– en ‘coautor’ del poema. Se trata de una poética abierta en cuanto a su recepción e interpretación: el poema nace, para Gamoneda, con la escritura, pero sólo vive con la lectura ajena, convirtiéndose verdaderamente en poema a los ojos y reflexión de otros. Comprendemos que la poesía se transforma, entonces, en un acto de generosidad: respira a través del lector, sin etiquetas ni restricciones. El propio Gamoneda no es ajeno a este proceso, puesto que para abordar sus poemas tras la escritura –con independencia del tiempo que medie entre ambos pasos– abandona el papel clásico de ‘autor’, convirtiéndose en ‘lector’ y ‘reinterpretando’ y –por tanto– ‘reescribiendo’ de manera incansable".

    (Así arranca ‘La canción del solitario’, lectura de ELENA MEDEL,  epílogo de la nueva edición de ‘Blues castellano’ –Bartleby Editores, Madrid, 2007– de ANTONIO GAMONEDA)

‘Cosa de corteza’ por TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO

COSA DE CORTEZA
Por TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO
Tomás Sánchez Santiago
    Es muy posible que ayer tarde, cuando Antonio Gamoneda se adentrase entre las sombras de un palacio, no fuera solo. Habría con él en el trance la sombra dulce de una madre con manos de olor a lejía y a maldita sumisión, un suicida que vigiló la nieve y todavía silbotea su canción, caballos sangrientos con las patas arañando el aire y, en fin, un coro de compañías atormentadas en las que todavía él cree, seres que se le aparecieron en la niñez y hasta hoy no han soltado de la mano a aquel niño huérfano que creció en León, se escondió en sus calles, fue echado de colegios y empleos, calló durante quinientas semanas antes de mojar la lengua en la espesa salsa de palabras que cayeron como trallazos sobre la poesía complacida de su época y, por fin, se sentó a esperar bajo el frío a que todo lo envolviera una disipación. “Este no es mi lugar, pero he llegado”. Seguramente este verso de Libro del frío pasaría ayer como una brocha lánguida por la cabeza de este hombre, uno de los poetas que aún acepta que la poesía es revelación y destino antes que otra cosa, y por lo tanto nada parecido a un ejercicio de suntuosidad literaria. Menos aún un lenguaje hecho para la complicidad.
    Y, sin embargo, llegaron los honores. El estruendo social que se producirá en estos días habrá de confundir a quien sacó su espléndida poesía chorreando desde pozos subterráneos que apenas nadie visitó durante los años del franquismo. La solidaridad, la justicia, la ira, la desesperación o la belleza eran conceptos a los que Antonio Gamoneda puso espesor y contorno en un lenguaje que distaba mucho de cualquier complacencia. Como decía en un temprano poema que luego tituló “Ferrocarril de Matallana”: “con el tren se aleja / algo que es cierto aunque no puede ser pensado; / es algo mío y no me pertenece. / Está dentro y fuera de mi corazón”. Esa sensación de estar en las afueras, de no pertenecer del todo a aquello que se le impone ha tenido que regresar a visitarlo desde ayer con otra contundencia más cercana aún a la perplejidad.
    Pero cuando todo acabe y el orden secante caiga de nuevo sobre las cosas del mundo –también del mundo literario-, Antonio Gamoneda regresará a poner su vida “en heridas y sombras” y pensará entre insectos ciegos que todo fue un espejismo. Pólvora equivocada. Cosa de corteza que no afectó a las últimas sustancias de donde manó siempre su poesía, allá donde aún él oye conversaciones y ruidos luminosos que hacen una madre, un suicida y algunos animales atormentados.
    (Este artículo se publicó en LA CRÓNICA DE LEON/EL MUNDO, el 1 de noviembre de 2006).

‘Frágil y formidable’, por ILDEFONSO RODRÍGUEZ

FRÁGIL Y FORMIDABLE
 
Ildefonso Rodríguez
    Tuve la suerte, por pura proximidad local, de conocer el gran libro de Antonio Gamoneda «Descripción de la mentira», recién publicado, hace casi treinta años. Era un libro parecido a cualquier otro de la hermosa colección Provincia, creada precisamente por él. Fuimos sólo unos pocos los que entonces lo conocimos y leímos, viendo, experimentando, la potencia de aquella escritura. Para el lector que ha tenido tal deslumbramiento, todo lo que a continuación se produzca en la expansión de la obra parece confirmar su primera seguridad. La escritura de Gamoneda lleva años afirmando la confianza de sus primeros lectores. Traducida a otras lenguas, multiplicada en publicaciones y en textos críticos.
    Ahora, el premio Cervantes lo veo como una valencia de expansión mayor y no me sorprende, me confirma en lo que siempre hemos sabido. Pero pienso sobre todo en los lectores y lectoras que, gracias a esta publicidad debida al galardón, obtendrán la misma –y diferente– experiencia que yo tuve de lo que desconocía.
    En cuanto al amigo escritor, brindo por su suerte merecida, me alegro con él y por él. Le ha tocado un premio gordo y le deseo vida y años para disfrutarlo y compartirlo. Este premio y los que vengan, que no será el último.
    Hablar de «Cecilia» es hablar de un poeta y amigo que ya es abuelo, porque este libro esta dedicado a su única nieta. En la dialéctica de vida, de pura contradicción que alimenta toda la poesía de Antonio, el hecho de ver renacer lo nuevo en el tronco familiar y sanguíneo es rememorar también las desapariciones y las pérdidas.
Contrastémoslo con la tristeza de una vida corta o de una obra poética sin expansión. Antonio está viviendo una larga vida y puede asistir a cosas tan maravillosas como los nacimientos en la proximidad, en la intimidad familiar.
    Pero lo más curioso entre los múltiples sentidos cruzados sobre este libro, «Cecilia», es que en él, abuelo y nieta se convocan, en lo real, en la experiencia. Y están así removiendo los fantasmas y las pérdidas de esa misma vida. En la obra de este poeta, la madre y la nieta son las dos figuras polares. La nieta evoca la pérdida de la madre, y la del padre, como pronto veremos en sus memorias. Es una situación de tensión dialéctica entre vida y muerte, positivo y negativo.
    Toda obra es formidable y también frágil. Es una gran suerte que él pueda asistir a esta expansión, a este momento maravilloso de la suya.
(Publicado en el diario ABC el 1 de diciembre de 2006)

‘Lumbre de Antonio Gamoneda’, por LUIS MARIGÓMEZ

LUMBRE DE ANTONIO GAMONEDA
Luis Marigómez
Por LUIS MARIGÓMEZ
(Texto leído en la Feria del Libro de Valladolid el 2 de mayo de 2005)
 
    El 27 de agosto de 1962, muere Leopoldo Panero. Acaba de  participar en el jurado que concede un premio de poesía de Astorga que recae en Antonio Gamoneda y hace saber eufórico, a sus compañeros, que acaban de encontrar un auténtico poeta.
    Para entonces, Antonio Gamoneda tiene ya 31 años y lleva escribiendo poesía desde, al menos, 1947. En realidad, todavía falta algún tiempo para que realmente le descubran.
    Nace en 1931, con la República, ese fogonazo que acaba nueve años después entre las ascuas de unas cenizas que queman todavía durante una larga época. Gamoneda es, como pocos, un hombre de su tiempo que trasciende su tiempo. Al año de nacer muere su padre, también poeta. Aprende a leer en los versos del libro de su padre, convirtiendo su ausencia en una representación íntima de presencia. El aire pestilente de la primera postguerra, la atmósfera podrida que enmarca y caracteriza el periodo de Franco y de la que todavía nos llegan, de cuando en cuando, efluvios, va a contener el espacio en el que empieza a desarrollarse su obra. “Arráncate la luz de la mirada”, dice uno de sus primeros versos. Los cadáveres que flotan en el Bernesga, las cuerdas de presos, el hambre, el vivir inmerso en todo tipo de miserias, forman la conciencia, la mirada atormentada del poeta. En la adolescencia, llega a “la convicción de que la poesía existe porque existe la muerte.”

    Su primer intento de publicación, hacia 1950, como tan a menudo ocurre, se frustró. Se llamaba ‘La tierra y los labios’. El título es una muestra de lo que será siempre su poesía, una confrontación entre la carne (los labios) y la muerte (la tierra que acoge el cuerpo sin vida). El primer poema que se mantiene de entonces se abre con una figura, el cabello, (algo material que sale del cuerpo) que se mantendrá hasta el último libro.
    En 1962 hace ya dos años que ha aparecido su primer libro de poesía, ‘Sublevación inmóvil’, finalista del premio Adonais de 1959, un libro que se ha gestado durante seis años. Aquí están ya buena parte de los elementos que van a configurar la poesía de Antonio Gamoneda. ‘Luz’ es una de sus palabras fundamentales, y se va a mantener hasta el final. Su poesía reunida se llama ‘Esta luz’: “pero la luz / es sombra de la nada.” También aparecen el fuego, la nieve, el corazón… “Ante mi rostro, / piedras heridas, cuerpos / endurecidos en el dolor”.
    En 1962 ya ha empezado un nuevo libro, ‘Blues castellano’, que no acabará hasta 1966 y que supone un avance en el abandono paulatino del uso hasta entonces virtuoso de la métrica tradicional ─con el soneto como paradigma─ , y la incursión en otros modos que terminan de perfilar lo que se llama la voz del poeta. El título del libro dice bastante, ‘blues’ es una música que viene de la esclavitud de los afroamericanos en los campos de algodón de EEUU. Gamoneda ha hablado alguna vez de su gusto por esta música. El poeta busca en estas maneras foráneas cómo expresar lo de aquí, lo ‘castellano’. Este libro choca de frente con la censura franquista (hace poco la revista ‘Espacio / Espaço escrito’ publicaba el informe emitido al respecto) y no se publica hasta 1982. En ‘Blues castellano’ hay otros ritmos, están la repetición y la pequeña variante; están la conciencia de clase obrera, la alienación en el trabajo; surgen la vergüenza, el miedo y la culpa como sensaciones básicas. “Al hombre cuyo oficio y vigilancia / es la vida, feroz como el mercurio / una bolsa de pena lo acompaña. / Está cansado sobre el propio rastro / como un ave de plomo. Dormiría / sobre todas las cosas: las miserias / y las humillaciones y el olvido.” (p. 108) Una figura fundamental es la madre, con sus manos protectoras, encarnación de un sufrimiento callado del que el hijo toma conciencia: “A las cinco del día, en el invierno, / mi madre iba hasta el borde de mi cama / y me llamaba por mi nombre / y acariciaba mi rostro hasta despertarme.” (p. 99) La luz que predomina en ‘Blues castellano’ es la de las madrugadas negras, la de las noches de hielo. No hay sol.
    ‘Descripción de la mentira’ aparece en 1977; es la segunda publicación poética en libro de Gamoneda, 17 años después de ‘Sublevación inmóvil’, y sale en la colección Provincia, de la Diputación de León, que él mismo fundó. Quiero con esto ejemplificar lo difícil que fue, durante muchos años, la vida editorial de la poesía que hoy celebramos. Si ‘Blues castellano’ se aparta bastante de las maneras poéticas al uso, en este libro parece que el suelo desaparece bajo los pies de quien escribe, y del lector. La sensación fundamental expresada, que engloba a otras muchas, es quizá el vértigo, el pánico de quien mira atrás y alrededor envuelto en un aire espeso, oscuro, afiebrado. El metro utilizado es el versículo y su mirada, el paisaje que recorren los ojos, el cuerpo del poeta, es un a modo de infierno alucinado que al tiempo, resulta extrañamente familiar: “la tierra hirviendo (aquel clamor sin ruido), y la sustancia encarcelada hirviendo. Una extracción de hombres hacia lugares fosforescentes, hacia los lavaderos comunales, bajo el milano del amanecer” (p. 210). Recuerdos, sensaciones, deseos, miedos, lamentos, sentencias, preguntas… componen un organismo que palpita, que secreta una bilis luminosa capaz de penetrar hasta recovecos del lector que él no sabía antes que tuviera. ‘Descripción de la mentira’ es un texto que le estalla a uno según lo lee y que transforma, y trastorna, de manera definitiva. El mundo no se ve igual que antes de leerlo. Hay una conciencia que hiere: “Sucio, sucio es el mundo; pero respira. Y tú entras en la habitación como / un animal resplandeciente (…) Los que sabían gemir fueron amordazados por los que resistían la verdad, / pero la verdad conducía a la traición. (…) Obscenidad, dulzura fúnebre, ¿quién no bebe en tus manos amarillas?”. El sujeto poético aparece disgregado.
    Es posible entender el poema como lectura de la atmósfera de la dictadura de Franco, pero su azada, su lápiz, su martillo, su gubia, su bisturí… llegan mucho más lejos en esa veta, atraviesan el tiempo y alcanzan el lugar de las emociones permanentes. Palabras como belladona, cíngulo, yodo, alheña, dátiles, chamariz, aulagas, acónito, almácigos, túnicas, láudano, etc. remiten a un espacio y a un tiempo más allá del histórico, cercano al mito, en el que habita el sujeto del poema, que en su desesperación declara: “Sólo vi luz en las habitaciones de la muerte.” (p. 213)
    Poco a poco, le van llegando reconocimientos al poeta. En 1985 se le concede el Premio Castilla y León de las Letras. En 1986 aparece ‘Lápidas’, en Madrid, y en 1987 una primera edición de sus poesías reunidas, ‘Edad’, en edición de Miguel Casado, por la que recibe el Premio Nacional de Poesía y que supone un enorme éxito de crítica y público. Por fin, la sociedad descubre la grandeza de la obra de Antonio Gamoneda, cuarenta años después de que empezara a germinar.
    ‘Lápidas’ supone quizá una atención más reposada sobre el cosmos en el que el poeta ha decidido instalarse. En muchos poemas se explicitan lugares de la ciudad de León y sus alrededores. El pasado al que se mira es el larguísimo, histórico, de la postguerra. Consciente de lo imposible de mantener el ardor de Descripción de la mentira, el poeta baja el ritmo de su diapasón y las evidencias son más palpables, y hay un saber de la hermosura terrible del mundo que se expone: “y la belleza extiende su aceite sobre esos grandes durmientes, sobre sus llagas clamorosas / y la pobreza enseña su majestad corpórea” (p. 213). La luz está en la luminosidad confusa de la memoria: “Hay un mar incesante que desconoce la división del resplandor y la sombra, / y resplandor y sombra existen en la misma sustancia, / en tu niñez habitada por relámpagos.” (p. 235) En cualquier caso, el despliegue de la desolación es implacable: “Ved los símbolos negros: pesan las flores en el corazón y los habitantes de la ciudad viven en vidas del pasado. (Días clavados dentro de los ojos, lenguas que hablan incesantes, como el hierro en círculos.)” (p. 284)
    El ‘Libro del frío’ aparece en 1992 y empezó a escribirse al acabar ‘Lápidas’. Durante un tiempo largo el poeta creyó que era su último libro, el de quien ya no tiene más que hacer. “Hierba de soledad, palomas negras: he llegado, por fin; éste no es mi lugar, pero he llegado.” (p. 313) En una segunda edición, en 2000, en lugar de las restas a que acostumbra en las reimpresiones, incluye una nueva sección, ‘Frío de límites’. El ritmo es pausado, los versos breves, las sentencias son quizá más rotundas. Aparece el erotismo de forma palpable en una sección, Pavana impura, forjado de tiempo, dolor y tristezas, además de las previsibles ansias, humedades y lascivia: “Ha venido tu lengua; está en mi boca / como una fruta en la melancolía. // Ten piedad en mi boca, liba, lame, / amor mío, la sombra.” (p. 361)  La luz, esa figura central que atraviesa la obra de Gamoneda, se va cargando de significados diversos, y resulta más compleja: “El animal del llanto lame las sombras de tu madre y tú recuerdas otra edad: no había nada dentro de la luz; sólo sentías la extrañeza de vivir. Luego venía el afilador y su serpiente entraba en tus oídos.” (p. 372) Ahora, con el tiempo, esa luminosidad ha cobrado un espesor inquietante: “Aceite azul sobre tu lengua, semillas negras en tus venas. En los últimos símbolos, ves la pureza sin significado. / Es la ebriedad de la vejez: luz en la luz. Alcohol / sin esperanza.” (p. 399) En realidad esta corporeización ocurre con las figuras que ha ido puliendo el poeta a lo largo de su obra: las manos, las serpientes, la madre, los párpados, el corazón… “¿Es la luz esta sustancia que atraviesan los pájaros?” (p. 403)
    La vida sigue y la poesía va entreverada con la de Antonio Gamoneda. En 1993 empieza a gestarse otro libro que no terminará de cuajar hasta diez años más tarde, ‘Arden las pérdidas’. El último verso de el ‘Libro del frío’ dice: “ya sólo hay luz dentro de mis ojos.” (p. 407) El primero de ‘Arden las pérdidas’: “La luz hierve debajo de mis párpados.” (p. 413) A estas alturas, uno sospecha que toda su poesía de Antonio Gamoneda conforma en realidad un único libro, como ocurrió con Cernuda y su ‘Realidad y el deseo’, o Guillén con ‘Cántico’; con la diferencia de que estos poetas desde el principio gestaron esa organización y Gamoneda se ha encontrado con ella al cabo de los años. “Tengo frío bajo un arco que separa la existencia y la luz, / que separa cuanto he olvidado / y la última luz.” (p. 414) Las manos de la madre, protectoras, tan presentes en Blues castellano, reaparecen: “En las iglesias y en las clínicas / vi columnas de luz y uñas de acero / y resistí asido a las manos de mi madre.”  Pero esas manos llevan dentro de sí una luminosidad que lleva al fin al que el poeta no cesa de mirar, de ir hacia él, la muerte: “Vi luz en sus manos, luz / en los cartílagos y las venas. Luego, / descendieron las vértebras y ya / no vi más que eternidad y frío / ciego y azul en la mirada inmóvil.” (p. 428) Medio verso “He atravesado las creencias. (…)” (p. 432) nos lleva de vuelta a ‘Descripción de la mentira’: “Así fue nuestra edad: atravesábamos las creencias.” (p. 178) El poeta, el poema, vuelve sobre lo mismo en un movimiento espiral que se abre despacio, como el muelle de un reloj de cuerda, al compás del tiempo, de su vida. La paradoja forma una parte esencial de lo que podría denominarse el pensamiento poético de Gamoneda: “Hay luz dentro de la sombra, cunde / la centella bajo alas inmóviles. // Son mortales las médulas / ocultas en la luz.” (p. 412)
    En el apartado ‘Claridad sin descanso’ resuenan los ecos, el ritmo ebrio, los hallazgos de medida de ‘Descripción de la mentira’. Pero ahora la muerte acapara todo el protagonismo: “Hay sangre en mi pensamiento, escribo sobre lápidas negras. Yo mismo soy el animal extraño. Me reconozco: lame los párpados que ama, lleva en su lengua las sustancias paternales. Soy yo, no hay duda: canta sin voz y se ha sentado a contemplar la muerte, pero no ve más que lámparas y moscas y las leyendas de las cintas fúnebres. A veces, grita en las tardes inmóviles. / Lo invisible está dentro de la luz, pero, ¿arde algo dentro de lo invisible? La imposibilidad es nuestra iglesia. En todo caso, el animal se niega a fatigarse en la agonía.” (p. 462) La luz de dentro del cuerpo incendia, y quema: “Arden los huesos, oigo la fermentación del rocío: alguien llora bajo los árboles roturados. Veo las llagas de la luz, altos patíbulos y serpientes y aceites industriales bajo los lóbulos de las amapolas.” (p. 470) La intensidad de estos textos hiere al lector, y penetra en sus entrañas como una infección. No se vive igual después de pasar por estas páginas.
    De nuevo parece que éste sería el último libro de Gamoneda. Pero la vida sigue y quien fue hijo único sin padre y es padre de tres hijas, es ahora abuelo; y del mismo modo que su madre es un personaje central de su poesía, ahora su nieta protagoniza su libro final, hasta ahora, ‘Cecilia’. Quien lleva toda su vida de poeta mirando de frente a la muerte se encuentra, en un momento avanzado de su vida, con un nacimiento, y es un hecho que lo perturba: “Como si te posases en mi corazón y hubiese luz dentro de mis venas y yo enloqueciese dulcemente; todo es cierto en tu claridad: / te has posado en mi corazón, / hay luz dentro de mis venas, / he enloquecido dulcemente.”
    Creo que he hablado demasiado de muerte y muy poco de otros elementos que acompañan y hace realmente grande a esta poesía, debería haber añadido ternura, compasión, carnalidad, canto a los amigos…
    En agosto de 1962 Gamoneda fue reconocido por Leopoldo Panero. En mayo de 2005 el poeta está a punto de cumplir 74 años. Tenemos la suerte de disponer en una edición accesible de su ‘Poesía reunida’, y tenemos la fortuna aún mayor de contar hoy aquí con su presencia.

‘Príncipe negro’, por X. L. MÉNDEZ FERRÍN

Reproducimos el texto que publicó ahora hace justo un año, el 4 de diciembre de 2006, el poeta gallego Xosé Luis Méndez Ferrín, en su columna ‘Segunda Feira’ de El Faro de Vigo, con motivo de la concesión a Gamoneda del Premio Cervantes 2006:
 Méndez Ferrín
 

PRÍNCIPE NEGRO
 
"Non menos de catro persoas amigas felicitáronme pola concesión do Premio Cervantes a Antonio Gamoneda"
X.L. MÉNDEZ FERRÍN
 
    O pasado 18 de Brumario a Fundación Cuña Casasbellas promoveu no Teatro Principal de Pontevedra un acto no que Antonio Gamoneda falou de poesía e leu un ferrado dos seus versos. Un auditorio entregue seguiu a palabra do Mestre con recollemento, emoción e tamén unción. Case se sentía o bater dos corazóns ao unísono. Os silencios explodían. As palabras caían con ese peso único da excepcionalidade necesaria. En público e en privado Gamoneda dixo que a poesía escrita hoxe en galego é a mellor da Península, ou algo así. No século XX español -pensa Gamoneda- hai dous poetas grandes en lingua castelán: na primeira metade do século Lorca; na segunda, Claudio Rodríguez. Discutimos: para nosoutros, os señores do século son Lorca e Gamoneda. Dixen eu que a actitude poética de Gamoneda contradí a condición posmosderna (a trivilización e a desregularización). Instálase el na lírica e xamais acepta a posibilidade de finximento. A poesía é o grande milagre do mundo, insistía Pimentel. A poesía produce unha sorte de coñecemento que non é o ordinaria. Un non dicir decindo, e Juan de la Cruz arrevoou coma unha bolboreta negra entre as arañas do salón. Sobre a reminiscencia colectiva, ou sexa o sentido da Historia, actúan algunhas proposicións de Amelia Gamoneda e Fernando R. de la Flor. Din eles que Gamoneda é poeta proletario e que o seu salto escuro adiante ten que ver cun autoexilio que se produce a raíz da Transición entendida como liquidadora da Esperanza. Gamoneda, con trinta anos de militancia comunista, goza do privilexio de ter lúcidos eséxetas. Non é que necesite de Miguel Casado, digamos. Ocorre que a natureza dos poemas de Gamoneda suscita e provoca o grande crítico e o teórico da literatura como un desafío. Só o alto, o grande crítico ou teórico.
    Percorreu o poeta, texto a texto, unha persoal historia literaria en Pontevedra. Ao descer aos infernos dos Epitafios, de Libro del frío, de Arden las pérdidas, os que ouvimos fomos sendo modificados e levados a outro sitio que, necesariamente, sintiamos noso. Por fin, Gamoneda anunciou cun poema inédito, que entraba en novas estancias e que era o seu propósito visitalas. Unha meniña entrara na súa vida. Na fontana que a el lle abrolla e corre, aínda que é noite, polos adentros, en Antonio Gamoneda de súpeto atemperou o frío e houbo máis morna luz. Di o poeta que a súa próxima marea será máis honda, tenra, leda. Así sexa, se é para ben. Anunciou, polo tanto, en Pontevedra o noso poeta que, se cadra, un período de Sílabas Negras fique atrás e que a difícil tarefa de ser poeta ledo e solar na ancianidade é a que agarda por el.
   Vernes pasado eu saín á rúa e non menos de catro persoas amigas felicitáronme pola concesión do Premio Cervantes a Antonio Gamoneda, tán coñecida dos amigos é a miña predilección pola poesía do meniño que baixou das Asturias a León polos subeiros do gando e aló se fixo príncipe negro dos fabbri da lingua súa. Madrid, esa "corrala", rosmou e torceu o bico. Fálase de que na Academia Española brindou co viño doce da Casa Luis Mateo Díaz á saúde da súa propia sombra. A España literaria élles así e eu pídolles desculpas por cuxar esta columna cunha cita de Luis María Anson, el si da RAG: "Rodríguez Zapatero acaba de concederle el Cervantes a Antonio Gamoneda". Parece ser que, nalgúns aspectos, esta é a hora da verdade. Eu acabo de recibir o Premio Cervantes.

esprits nomades: una página sobre el poeta en francés

November 23, 2007

Gamoneda en una foto de Fernando Sanz Santa-Cruz

Esta es la dirección de la página de Espíritus Nómadas dedicada a Gamoneda, en Francia, y que incluye poemas suyos traducidos al francés (haz click): 

http://www.espritsnomades.com/sitelitterature/gamoneda

La fotografía de Gamoneda es de Fernando Sanz Santa-Cruz 

Congreso en León sobre la obra de Gamoneda

El ministro de Cultura, César Antonio Molina, inaugurará el próximo miércoles el II Congreso Internacional sobre Literatura Leonesa Actual, que organiza el Diario de León y que en esta edición estará dedicado a las Poéticas para el nuevo milenio. Antonio Gamoneda y los nuevos creadores. El encuentro lo clausurará el viernes el ministro de Defensa, el leonés José Antonio Alonso, en un acto seguido de un concierto de Amancio Prada al que tiene prevista su asistencia el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, gran admirador de la obra poética de Gamoneda.
PROGRAMA 
MIÉRCOLES, 28 DE NOVIEMBRE
18:00 Inauguración a cargo de César Antonio Molina, ministro de Cultura; Rogelio Blanco, director general del Libro; María José Salgueiro, Consejera de Cultura de la Junta de Castilla y León; Francisco Fernández, alcalde de León; y José Luis Ulibarri, presidente de Diario de León.
18:30 «Signos exactos e incomprensibles», a cargo de Túa Blesa, de la Universidad de Zaragoza,
19:30 «Hacia la ‘aurora del contorno’. Una lectura de ‘Cecilia’ de Antonio Gamoneda», a cargo de Lawrence Breysse-Chanet, de la Universidad de la Sorbona, París.
JUEVES, 29 DE NOVIEMBRE
10:30-11:30 «Antonio Gamoneda: Poesía ante el abismo», a cargo de José Antonio Expósito, del Instituto de Educación Secundaria «Madrid». Crítico literario.
12:00-13:00 «Esas polillas fúnebres sin dejar de ser primaverales», a cargo de Carmen Palomo. Crítica literaria.
17:00–18:00 «Felicidad bajo manteles ásperos: una escritura vital», a cargo de Tomás Sánchez Santiago, profesor de Literatura en el Instituto de Educación Secundaria Lancia, León.
18:00–19:00 «Aproximación sentimental a la poesía de Antonio Gamoneda», a cargo de María Nieves Alonso, de la Universidad de Santiago de Chile.
20:00–21:30 Lectura de poemas. Presentación: Marifé Santiago Bolaños. Intervienen: Víctor M. Díez, Eloísa Otero, Luis Artigue, Raquel Lanseros y Pilar Blanco.
VIERNES, 30 DE NOVIEMBRE
10:00–11:00 «Agustín Delgado. Palabras muy tensas», a cargo de José Antonio Llamas, escritor.
11:00–12:00 «Un sueño en otro. La poesía de Andrés Trapiello», a cargo de José Luis García Martín, de la Universidad de Oviedo.
12:30–13:00 «Julio Llamazares. La ceremonia de la desposesión», a cargo de María Antonio Suárez, de la Universidad de León.
17:00–18:00 «Juan Carlos Mestre: la poesía bella y cruel de lo real», a cargo de Juan Manuel Molina Damiani, profesor del Instituto de Educación secundaria Las Fuentezuelas, Jaén.
18:00–19:00 «Otro tiempo, otro país, otra palabra. Las nuevas voces de la poesía leonesa», a cargo de José Enrique Martínez, catedrático de Literatura de la Universidad de León.
19:30 Clausura a cargo de José Antonio Alonso, ministro de Defensa; y de Fernando Aller, director del Diario de León.
20:30 Concierto en el Auditorio Ciudad de León: «Gamoneda y los poetas leoneses », a cargo de Amancio Prada. 
 
Con motivo de este congreso, (haz click:) el Diario de León publicó una extensa entrevista con Gamoneda, firmada por Verónica Viñas. 

Lápida en la casa de la infancia

Antonio Gamoneda y Angelines Lanza, junto a la placa. La foto es de Jesús (Diario de León)

«Sucedían cuerdas de prisioneros, hombres cargados de silencio y mantas. Cruzaban bajo mis balcones y yo bajaba hasta los hierros cuyo frío no cesará en mi rostro. En largas cintas eran llevados a los puentes y ellos sentían la humedad del río antes de entrar en la tiniebla de San Marcos, en los tristes depósitos de mi ciudad avergonzada».
 
Bajo esta cita de su libro ‘Lápidas’, la placa explica que en esa casa del barrio del Crucero vivió su infancia el poeta Gamoneda, entre 1934 y 1941.
Páginas especiales sobre el homenaje a Gamoneda y la concesión del título de Hijo Adoptivo de León, en (haz click:) Diario de León.
 
De la edición de La Crónica de León extraemos este párrafo:
"En el número 6 de la calle Dr. Fleming ya luce una placa donde se leen unos versos. El propio escritor comentaba segundos antes de descubrir la losa: «En esta lápida se da un fragmento de un poema mío que (lo que son las casualidades) pertenece a un libro titulado ‘Lápidas’. Antonio y Angelines con el alcalde. La foto es de Mauricio Peña (La Crónica de León)Y también es cierto que en esta casa de la carretera de Zamora, en el segundo piso, viví mi infancia, y desde ese balcón veía una panadería que ya no está. Esto es un honor y motivo de agradecimiento serio. Pero este honor es secundario, pues desde mi punto de vista la importancia de la placa es que es el primer testimonio física y moralmente presencial en la ciudad de León (y puede que en España) de un hecho que se relata en la misma; y es que desde las vías y en dirección a San Marcos, muchos días largas cuerdas de presos atados de tres en tres caminaban en dirección a ese penal. Este testimonio del carácter de aquella represión es lo que tiene importancia, tanto para mí como para León, importancia mucho mayor que el honor que se me otorga. Muchas gracias por esta placa en mi nombre y en el de todos los leoneses».
 

Carta de ZP

November 22, 2007
Carta del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a Antonio Gamoneda, felicitando al poeta, hoy 22 de noviembre, por la concesión del título de Hijo Adoptivo de León:
 Carta de Rodríguez Zapatero
Mi admirado Antonio:

Que sea en mi ciudad donde ha crecido tu obra; que sea en mi ciudad donde se le ha dado al mundo la dignidad y la nobleza de tus palabras; que hayas sido tú quien nos haya enseñado a mirar de frente a la mentira para que abandone su reino de imposiciones y de tristezas; que el poeta haya entregado, con generosidad y paciencia, sus pensamientos en silencio, lejos de las luces que deslumbran, es un honor, Antonio, y no puedo por menos que agradecértelo estando, esta tarde, junto a ti.
En Madrid para León.
Zapatero.

Hijo Adoptivo de León y placa en el barrio del Crucero

 Así recoge la noticia del nombramiento el periódico digital leonoticias.com:

Por N. G. Sabugal y L. V. Huerga
Gamoneda descubre una placa en la casa donde vivió de niño, en el Crucero. La foto es de Peioi García."Si en Asturias nací a la vida, en León nací a la conciencia y ambas cosas son importantes. Lo poco o mucho que he escrito lo he hecho en León y hoy habéis proporcionado realidad institucional y cívica a ese sentimiento mío de leonés". Con estas emocionadas palabras el poeta Antonio Gamoneda recibía este jueves el nombramiento de Hijo Adoptivo de León en un salón de Plenos totalmente abarrotado de autoridades y amigos del escritor en el Ayuntamiento de San Marcelo.
Emocionado y nostálgico, Gamoneda evocó su infancia en el barrio ferroviario del Crucero, que definió como "una ampliación residencial de la estación". Uno de esos recuerdos le llevó a rememorar aquella vez en la que, acompañado por su madrina "de pila", acudió a la estación de tren de León a recoger una sandía de 12 kilos que les habían enviado desde Valladolid. “No os riáis, que es verdad”, comentó a los periodistas leoneses durante la rueda de prensa previa al acto oficial.
El aguijón de la poesía fue doloroso para el poeta porque recordó que sus escritos nacen de sus experiencias de niño, cuando desde el balcón del segundo piso de su casa del Crucero veía pasar las "cuerdas de presos, atados de tres en tres y en filas" camino de San Marcos. El poeta trajo a la memoria aquellos duros años desde la sublevación de 1936 cuando León era "no una ciudad de combate pero sí una localización para el ejercicio de la represión por parte de los sublevados". La placa que esta mañana se ha instalado en la casa de su niñez es además, afirmó, "un testimonio de conciencia histórica" de lo vio el Gamoneda niño después de llegar a León en 1934 desde Asturias, ya huérfano de padre y con su madre enferma de asma que venía, como tantos asturianos, "a secarse a León".
    La poesía del sufrimiento
"Mi poesía surgió de una progresión biográfica en la que lo único abundante eran las carencias y el sufrimiento. Por eso mi poesía no es sólo mi vida individual sino la de los leoneses y la de toda España", apuntó Gamoneda.El alcalde de León fue el encargado de entregarle el nombramiento de Hijo Adoptivo además de una caja con cartas y escritos enviados por amigos como Merino, Luis Mateo Díez, Antonio Colinas, Brines y obras gráficas de Zurdo y Juan Carlos Mestre, entre otros. Uno de los últimos testimonios del acto fue la lectura de una carta manuscrita del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en la que agradeció las enseñanzas del poeta para "mirar de frente a la mentira" y hacer que retroceda a su "reino de la imposición". Zapatero agradeció además la fidelidad del poeta a León, "la ciudad donde he crecido".
Gamoneda también hizo repaso de la actualidad política pero sin perder el hilo poético. Así, con el nuevo Estatuto de Autonomía de Castilla y León recién aprobado, y con las sensibilidades leonesistas a flor de piel, el Premio Cervantes comentó que este asunto sirve más bien como “juego político”. "No soy hombre que me impresione demasiado por las demarcaciones administrativas, sino que dentro están los seres humanos, que sí me interesan, los paisajes, las climatologías, los envenenamientos derivados de las causas generadoras de riqueza. Ese terreno sí me interesa". El poeta declaró además que, en su caso, “ser de León se produce sin renunciar a ser de Oviedo”.

Discurso del alcalde en la concesión a Gamoneda del título de Hijo Adoptivo de León

Discurso del alcalde de León, Francisco Fernández, con motivo del nombramiento de ANTONIO GAMONEDA como ‘Hijo Adoptivo de León’:

Gamoneda y el alcalde de León, Francisco Fernández. La foto es de Peio García.Antonio Gamoneda, familiares y amigos del poeta, concejales del Excelentísimo Ayuntamiento de León, autoridades públicas, amigos y amigas
Buenos días a todos y todas:
León tenía una deuda con Antonio Gamoneda. Una deuda que se hizo aún más visible cuando el gran escritor fue reconocido con el Premio Cervantes y cuando se hizo más patente que su ciudad, León, las calles en las que decidió crecer, vivir y escribir no le rendían un homenaje. Cuando los leoneses no le hacían aún más suyo, aún más leonés de lo que él se ha confesado.
      Antonio Gamoneda, visionario y melancólico de profesión, ha elegido una ciudad, León, y ha perseverado en ella, y la ha educado, y la ha cantado, y ha hecho por momentos de cada calle y cada alma su obra… Sí, Antonio Gamoneda nos ha enseñado que no es necesario alejarse para estar más cerca, que se puede ser universal desde aquí, que al mirar a través de la ventana de cualquier casa de la Calle Ancha o del Barrio del Crucero se puede ver el mundo. Por eso nombrar a Antonio Gamoneda Hijo Adoptivo de esta Ciudad supone entre otras cosas intentar devolverle un poco de lo mucho que nos ha dado.
   Como es sabido se trata de un poeta ilustre que ha conocido el éxito, el aplauso, y los grandes premios, pero eso, para nosotros, no le ha hecho más ni menos grande. Y es que para los leoneses, que sabemos de su esforzada biografía -del padre prematuramente desaparecido, de la sombra alargada de la madre, de la fortaleza y el amor de su mujer, de la juventud eterna de sus hijas, de su lucha y desgaste profesional y de su empeño en llegar no más lejos sino más hondo- él siempre ha sido grande.
   Así acaso ha querido hacérnoslo saber o recordar él mismo al renunciar a la Real Academia y a la Academia Castellana y Leonesa de la Poesía como anteponiendo la coherencia a la vanidad, y por eso, por su ejemplo diario como ciudadano activo, ejemplar y universal, por su labor generosa en pro de la cultura en este entorno urbano, por su tesón, por su influencia, y por su guía, merece este reconocimiento de la ciudad que le cobija y admira. Y lo merece no sólo a causa de su obra y sus premios sino sobretodo por su presencia, por su influencia y por su ejemplo.
    Querido Antonio, esta ciudad hoy se pone en pie para agradecerte que sigas viviendo aquí,  para que podamos ser testigos de una vida entera dedicada a creer en algo; una vida entera como ejemplo de independencia y coherencia.
Y es que no sólo tu obra, tu existencia diaria en medio de nosotros ha supuesto y supone ya definitivamente una encomiable apuesta por la diferencia, por la autenticidad, por la libertad, y por la lucha personal e intransferible en pro de un camino propio. Y eso siempre merecerá nuestra admiración.
   Nos sentimos orgullosos de tenerte entre nosotros como un ciudadano cuyo compromiso es digno de ser emulado. Hora es de recordar las veces que te hemos visto por las calles de León caminando ensimismado, lento, circunspecto con las manos en la espalda. Cuantas veces, agradecidamente, hemos querido acercarnos a ti para darte las gracias… Hoy León lo hace en nombre de todos sus ciudadanos y ciudadanas pues ciertamente hay gente cuya presencia agranda la ciudad y, por eso, bueno es que las instituciones sepamos ver, reconocer y agradecer públicamente eso… Gracias por hacernos más grandes.
   Desde luego para los leoneses y leonesas es un orgullo y un honor que “nuestro paisano”, se haya convertido en un referente de la Cultura en lengua española. Desde el silencio y la soledad de su casa en León has sido capaz de crear una obra universal, original y única, aunque él, modestamente, tan sólo se considere el mejor poeta de su barrio. Pero también ha dado lo mejor de sí mismo a esta provincia, desde su trabajo en la Diputación y en la Fundación Sierra Pambley, como impulsor de proyectos culturales, sin olvidar su influencia ética e intelectual en todos los escritores leoneses.
León es la ciudad en la que Gamoneda tiene anclada su biografía desde hace nada menos que 73 años, y está presente en toda su obra, aunque de manera especial en algunos de sus poemarios más emblemáticos, como Lápidas. A esta tierra, además, le dedicó expresamente un hermoso libro en 1979, León de la mirada, cuyos poemas, escritos muchos años atrás, se habían convertido para Gamoneda “en el recuerdo de una contemplación: la de una tierra que me ha hecho suyo de la única manera posible y verdadera: en el difícil encuentro del amor”.
¿Te acuerdas Antonio cómo éramos entonces?
(Aquí sonará un fragmento de un poema de Gamoneda escrito en el año 1979. Dura poco más de un minuto).
Tu obra intensa y personal, de la que acabamos de escuchar un breve fragmento en tu voz, grabada en 1979, ha logrado el lógico aplauso del público, las instituciones académicas y los jurados. Fue Premio Castilla y León de las Letras, Premio Nacional, Premio de Literatura de la Comunidad de Madrid, y en 2006, Prix Européen de Littératurem, Premio Reina Sofía de Literatura Iberoamericana y Premio Cervantes 2006, por el conjunto de tu obra.
      Como resume Miguel Casado, uno de los mejores estudiosos de su obra: “En 1983 su poesía era un secreto muy bien guardado entre las murallas del viejo León; pero hoy la poesía de Antonio Gamoneda ya es patrimonio de todos”.
      Sí, ciertamente la ciudad de León se enorgullece de contar entre sus hijos con Antonio Gamoneda.
Por eso, en nombre de mucha gente, gracias.

Retrasos en el Festival Jaime Sabines en Chiapas

November 15, 2007

Inicia Festival Internacional de Letras Jaime Sabines en Chiapas

Tal como ofrecía la noticia, ayer, el diario mexicano   La Jornada On Line

Escritores pronunciaron un mensaje de solidaridad y hermandad a los afectados por las lluvias en esta entidad.

El poeta Jaime SabinesSan Cristóbal de Las Casas, Chis. —Con la lectura de poesía y literatura modernas, y la adhesión de los poetas y escritores con los damnificados por las lluvias de Chiapas, comenzó la víspera el Festival Internacional de Letras Jaime Sabines.
Reunidos en el teatro Hermanos Domínguez, Bei Dao, Ángeles Mastretta, Luis Miguel Aguilar y otros deleitaron con una breve lectura de su obra a los cientos de asistentes, quienes reclamaban el inicio del festival que comenzó con un retraso de una hora y media.
"Estamos esperando a invitados", dijo la conductora Angélica Aragón, y es que el gobernador Juan Sabines Guerrero, sobrino del ilustre poeta homenajeado, no había llegado al escenario, aunque finalmente tuvo que comenzar el encuentro sin él.
Pero todo quedó atrás cuando se escucharon los versos de Efraín Bartolomé, o la lectura pausada del español Antonio Gamoneda, de su poema Cae sobre mis manos, o el irreverente relato del colombiano Fernando Vallejo.
La declaratoria de adhesión de los escritores a los chiapanecos en desgracia estuvo a cargo de la actriz Angélica Aragón, quien fue la encargada de transmitir el mensaje de solidaridad y hermandad que los participantes hicieron.
Casi al terminar el evento llegó el gobernador Sabines Guerrero, con dos horas y media de atraso.
En el festival participan Luis Miguel Aguilar, mexicano ex director de la revista Nexos; Efraín Bartolomé, chiapaneco poeta y escritor; Mario Bellataín, peruano ganador del premio Javier Villa Urrutia y Jennifer Claude, de Estados Unidos.

Desde Guanajuato, una entrevista con ANTONIO GAMONEDA

November 14, 2007
ENTREVISTA / ANTONIO GAMONEDA
Ponente en el Coloquio Cervantino de Guanajuato (México)
«Desde que me concedieron el premio Cervantes
ya no soy dueño de mi vida»
Gamoneda, en una foto de MAURICIO PEÑA
Antonio Gamoneda ha recorrido medio mundo en el último año


 Una entrevista de ÁLVARO ARRIBAS
(Publicada en las páginas de Cultura del diario La Crónica de León-El Mundo hoy, 14 de noviembre de 2007)

GUANAJUATO (MÉXICO).— El 30 de noviembre se cumple el primer aniversario del nombramiento de Antonio Gamoneda como Premio Cervantes 2006. El poeta se encuentra de viaje en México, donde ha participado con una conferencia magistral en el XVIII Coloquio Cervantino Internacional, en Guanajuato. En su regreso a América analiza los pormenores de su vida en este último año, la decisión del Ayuntamiento de León de nombrarle Hijo Adoptivo de la ciudad y comparte sus proyectos de futuro. Antes de regresar a España participará en el Festival Internacional de las Letras ‘Jaime Sabines’, en la ciudad de San Cristóbal de las Casas (Chiapas). Como don Quijote, su ideología crítica sigue caminando del lado de los pobres.

    PREGUNTA.— Su conferencia de Guanajuato plantea ciertos paralelismos con el discurso de la entrega del Premio Cervantes, ¿cuáles considera más relevantes?

    RESPUESTA.— La noción de pobreza como circunstancia existencial de la que se parte para la creación literaria, con otras perspectivas que las que suelen tener los escritores en situación social acomodada.

    P.— ¿De qué modo afectó esa pobreza a su obra?

    R.— Cervantes fue eminentemente pobre durante toda su vida, al punto de no poder realizar estudios universitarios ni entregarse a su vocación de una manera libre. Es una constante en la obra de Cervantes entre componentes humanos de mundo acomodado y componentes humanos del mundo de la pobreza. Esto tiene prolongaciones, en el sentido de asimilar también la relación riqueza-pobreza a una relación injusta entre el poder económico y la penuria económica.

    P.— ¿Cómo influyó en Cervantes el que viviera en una sociedad cambiante, con la aparición del mercado, el espacio público, etc.?

    R.— Influyó, sin embargo Cervantes está en el orden de la profesionalidad ajena a la escritura, porque entonces en la escritura prácticamente no había profesionalidad. Tuvo que vivir de una manera medieval, venderse como soldado, como mercenario. Su vida fue realmente dura y triste. No sé por qué los estudiosos de Cervantes hablan mucho de esa circunstancia de su vida, pero no terminan de estudiar la proyección que ha tenido en su obra. Yo nada más he apuntado un poquito y son ellos los que tienen que entrar a fondo en eso.

    P.— El otro bloque central de su exposición es la poesía, cuando habla de ella como «emanación de la vida del autor» ¿entiende así lo poético del Quijote?

    R.— Claro; lo poético y que dentro de lo poético haya lo que asimila los datos existenciales de Cervantes, interiorizados y convertidos de alguna manera en una forma expresiva. Por eso yo digo que don Quijote es una inmensa metáfora.

    P.— ¿Cómo surgió la propuesta de acudir a este evento?

    R.— Recibí una carta del doctor Alfonso Alcocer, director general del Instituto Iconográfico del Quijote. Cada vez que tengo que hacer un viaje largo tengo que inyectarme para la circulación, pero hacía años que no venía a América y coincidieron tres cosas: el Coloquio Cervantino Internacional; el viaje a San Cristóbal de las Casas, con 12 ó 14 poetas, uno o dos mexicanos, pero de lengua española quizá no haya más; la tercera era hacer una lectura en Oaxaca relacionada con la feria del libro, pero tengo la sensación de que los organizadores no se han puesto de acuerdo. No pasa nada porque yo prefiero destinar esos días para trabajar en cosas mías.

    P.— ¿Cómo lleva el tener que viajar tanto?

    R.— Es fatigoso. En febrero tendré que hacer un periplo que empieza en Roma, pasa a Atenas y luego va a Damasco, El Cairo y cinco países árabes más, a hacer lecturas de poemas. Le tengo miedo.

    P.— ¿Qué le parece el ambiente que ha encontrado en Guanajuato, como ejemplo de internacionalización del Quijote?

    R.— Estoy realmente sorprendido porque no pensé que fuera tan amplia e intensa la estimación cervantina que aquí existe. No son solamente el Museo Iconográfico y el Centro de Estudios Cervantinos, también está la Universidad y otras instituciones dedicadas; es mucho. En España existen los estudios cervantinos, pero con este carácter de acontecimiento no recuerdo nada.

    P.— ¿Qué es que más le agrada de estas conferencias?

    R.— La verificación de una cosa muy sencilla. Hemos visto una conferencia de un cervantista que es chino. Eso me proporciona una idea, yo sé que el Quijote es un libro universal, pero estoy descubriendo que es más de lo que yo pensaba.

    P.— Muchas veces se alude al comercio y la política como medio de unión entre países ¿es el Quijote un nexo entre España y América más importante que los anteriores?

    R.— Naturalmente que puede serlo, y hace falta. Si descartamos el fenómeno editorial, que no es propiamente un terreno cultural sino una circunstancia de mercado, hay relativamente poca relación entre países de lengua española en América y España.

    P.— ¿Cómo se puede fomentar ese intercambio?

    R.— Con la multiplicación de los intercambios, por descontado, pero sobre todo habría que buscar una fórmula para que la distribución de libros pudiera realizarse de una manera más sencilla. A los hispanoamericanos los libros españoles les resultan muy caros. No me parecería nada mal que el estado español bonificase los impuestos a editores que proyectan su obra a América, sería una manera de abaratar el producto y hacer que circulase.

    P.— ¿Se puede imaginar cómo sería el Quijote del siglo XXI?

    R.— Sería un Quijote que no solamente contemplaría la injusticia de las relaciones entre los poderosos y los humildes, sino que tendría que contemplar el deterioro climático del planeta, las alianzas de poderes supranacionales orientadas a globalizar la economía de una manera que exista siempre una mayoría de pobreza y unos grandes espacios no desarrollados donde cuando el poder económico llega encuentra grandes beneficios. El Quijote no podría ser igual porque el mundo tampoco es igual.

    P.— ¿Qué influencias cervantinas tiene Antonio Gamoneda?

    R.— Eso tiene que decirlo la crítica. Yo recibo la influencia, seguro, de Cervantes y de muchos autores de muy diversas lenguas, sobre todo en mi etapa de juventud. Pero no soy muy consciente, es algo que entra en mí y ahí se crea un estado de confusión que para mí tiene un valor positivo.

    P.— ¿En qué ha cambiado su vida y obra el Premio Cervantes?

    R.— Mi escritura no ha cambiado; no hay ninguna razón para que sea mejor que la del día antes de recibir el premio. Mi vida sí. Dentro de nos días va a hacer un año en el cual no soy dueño de mí mismo, estoy pendiente de los compromisos y los viajes, y eso ha hecho cambiar seriamente mi vida.

    P.— ¿Desde cuándo su interés por la obra cervantina?

    R.— Desde siempre, aunque no haya tenido la misma manera de entenderlo. No quiere decir que las anteriores fueran falsas, porque la virtud de un libro de esa importancia es que tiene tantas lecturas distintas como lectores. He leído el Quijote unas 15 veces y otras obras de Cervantes y otros autores también, sobre todo ahora que he entrado en la que yo llamo ‘edad de relectura’. Desconfío de los grandes best sellers, que tienen mucho tirón comercial, publicitario, etc. Sin embargo, en las relecturas noto una especie de libros distintos a los que yo leí; el mismo libro, leído 40 años después, en cierto modo es otro libro.

    P.— ¿En qué está trabajando actualmente?

    R.— Estoy trabajando muy poco porque no me dejan, pero algo voy haciendo. Hay cerca de 20 poemas, escritos el último año, cuya literalidad estoy corrigiendo. También estoy tratando, a veces aquí mismo en Guanajuato a las dos de la mañana, de corregir la última versión de mis memorias de infancia. Las escribo, la vuelvo a escribir y aquí sigo repasándolas.

    P.— ¿Qué le parece la decisión del Ayuntamiento de León de nombrarle Hijo Adoptivo?

    R.— Son cosas bastante naturales, nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, como dice el refrán. Llega un momento en que uno tiene un golpe de suerte de un premio importante y las instituciones quieren dar señal de que se solidarizan con el afortunado. En este caso lo han hecho el Ayuntamiento y la Diputación, con la Medalla de Oro de la Provincia. Las cosas son así, yo las agradezco, pero ni los viajes ni los protocolos aumentan la calidad de mi poesía (risas).

    P.— ¿Cree que llega tarde?

    R.— No me resiento en nada de que pueda ser un reconocimiento tardío, al contrario, yo no esperaba ningún reconocimiento.

    P.— ¿Qué le emociona más de este nombramiento?

    R.— Tiene una cosa que sí me gusta. Al mismo tiempo van a colocar, en la casa en que yo viví en el barrio de El Crucero, una placa con un fragmento de un poema mío referido a los prisioneros de guerra que de niño veía pasar por debajo de mis balcones.

    P.— ¿Se siente, ahora más, un ‘embajador’ de León?

    R.— No he pensado en eso. De hecho lo seré, pero sin necesidad de que me sienta como tal: ‘Este hombre viene o vive en León’. Pero no tengo un sentimiento especial de representación leonesa o asturiana. Socialmente se interpreta así y me parece correcto.

    P.— ¿Qué tiene previsto cuando regrese a España?

    R.— Estos actos, luego en la Universidad de León empieza un congreso en torno a mi escritura y el día 29 formo parte del jurado del Premio Cervantes. Cada uno hizo su propuesta de nombres, pero entre nosotros no hemos hablado nada. En diciembre también tengo algunos viajes y en el año que viene no quiero ni pensar.

    P.— ¿Qué opinión le ha causado México?

    R.— Me interesa mucho. Existen datos que han sido transformados pero que tienen un origen en las culturas precolombinas, muy serias y fuertes. He leído la obra de Fray Bernardino de Sahagún, leonés; el pobre hombre tenía miedo a la Iglesia y no se atrevía a traducir los signos sagrados de la lengua náhualt, tenía que decir que eran cosa del demonio. Me he encontrado que en México hay festividades que tienen un carácter muy especial y que pueden estar relacionadas con una transformación que tiene sus orígenes en las culturas precolombinas. Los carnavales son muy distintos y mucho más vivos que en España, el Día de Muertos, por ejemplo; todo tiene una potencia que al mismo tiempo es festividad y es representativa de una manera de ser. Es muy característico.

Un nuevo premio: La Presea Cervantina, en Guanajuato

November 7, 2007
GAMONEDA RECIBE POR SORPRESA ESTE PREMIO TRAS HABLAR DEL MANCO DE LEPANTO
    El poeta leonés Antonio Gamoneda fue sorprendido ayer por los organizadores del XVIII Coloquio Cervantino InternacGamoneda, en una foto tomada de un blog mexicanoional en la ciudad de Guanajuato, en el centro de México, con la Presea Cervantina, que le fue otorgada al término de su intervención, según recoge un teletipo de la Agencia EFE.
    «Escuché hablar algo de una sorpresa para mí (…). Lo que debo decir es que a ustedes (los organizadores) les ha sido contagiada una parte de la locura y la generosidad de Don Quijote», agradeció el poeta en su intervención, cuando dirigió unas palabras tras haber recibido la distinción que le otorgó la organización del coloquio.
Gamoneda (Asturias, 1931) recibió la noticia nada más concluir su conferencia que versó sobre el tema «La pobreza y la obra de Cervantes», aún sin descender del estrado, tras lo cual se fundió en abrazos con varios de los responsables de la organización.
En su intervención, Gamoneda defendió que la pobreza de Miguel de Cervantes fue beneficiosa «para la creación cervantina». La pobreza del autor del Quijote debe entenderse como carencia de bienes pero también como «interiorización del dolor, que él buscaba que no fuera visible», explicó el poeta leonés en su interesante intervención, que fue seguida con indudable interés por el numeroso público asistente al acto.

El autor de Libro del frío, Arden las pérdidas o Libro de los venenos, vio marcada su propia infancia y juventud por las penurias de la guerra civil española y de la posguerra, vividas junto a su madre, que se había quedado viuda cuando él tenía un año.
El Coloquio Cervantino, que reúne a especialistas y estudiantes, se celebra desde 1987 en Guanajuato, ciudad mexicana en la que se encuentra el museo del Quijote y el Centro de Estudios Cervantinos (CEC) del país azteca. En sus calles se representan anualmente y desde hace décadas los Entremeses cervantinos, que derivaron en el Coloquio y el Festival Internacional Cervantino, en homenaje a Miguel de Cervantes y a sus personajes.
Entre los poseedores de la Presea Cervantina, entregada en siete ocasiones, están el novelista mexicano Carlos Fuentes, la escritora brasileña Nélida Piñón y el ensayista y académico de la Real de la Lengua el español Emilio Lledó.

Rumbo a México

November 1, 2007
    El poeta Antonio Gamoneda pone hoy rumbo a México, donde, hasta el 20 de noviembre, impartirá varias conferencias y ofrecerá recitales en Guanajuato y Chiapas, entre otros lugares.
Concretamente, en el Museo Iconográfico del Quijote, en Guanajuato, Gamoneda participara con una conferencia magistral en el XVIIII Coloquio Cervantino Internacional, que se celebrará del 5 al 10 de noviembre. Otras personalidades literarias que intervendrán en este congreso, además del Premio Cervantes 2006, serán: Belisario Betancur (ex presidente colombiano), José Montero (presidente de la Asociación de Cervantistas en España), Alberta Van de Pol (escritora presidenta del PEN Países Bajos y traductora del Quijote al holandés), Sergio Fernández (escritor e investigador mexicano), Jorge Urrutia (director académico del Instituto Cervantes), Pedro Angel Palou (escritor mexicano), Vibha Maurya (traductora del Quijote al hindi), Fernando Redondo (presidente del Centro UNESCO Castilla-La Mancha), Luis Landau (traductor del Quijote al hebreo), Shoji Bando (investigador y académico japonés), Rafael Alcázar (director de cine español), John Allen y Patricia Finch (investigadores y académicos estadounidenses), Manuel Criado de Val (escritor e investigador español), Carlos Blanco Aguinaga (escritor y académico mexicano), James Valender (investigador y académico inglés), Chen Kaixian (investigador y académico chino), entre otros.
    Por otra parte, del 12 al 16 de noviembre se llevará a cabo en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, un Festival Literario que lleva el nombre del poeta Jaime Sabines. La lista de personalidades internacionales que asistirán al evento es muy atractiva: Bei Dao, de China; Antonio Gamoneda, España; Donald Hall, Estados Unidos; Yaan Martel, Canadá; Cees Nooteboom, Holanda; Tomaz Salamun, Eslovenia; y Fernando Vallejo, Colombia. Entre los mexicanos destacan Mario Bellatín y Angeles Mastreta, entre otros, y como invitado especial el pintor José Luis Cuevas.

Conferencia: ¿Los libros que el poeta se llevaría a una isla desierta?

October 30, 2007
Lugar: Biblioteca Pública de León.
C/Santa Nonia, 5.
Hora: 20.00.
¿Desvelará Gamoneda qué lecturas esenciales elegiría para no aburrirse en una isla desierta? El último premio Cervantes ofrece hoy una conferencia dentro del ciclo La biblioteca del náufrago, cuyo objetivo es difundir y promocionar la labor de autores y editoriales de Castilla y León. Cada escritor elabora una lista con las lecturas que más le han emocionado, sorprendido, enganchado… en definitiva, los libros esenciales de su vida. 


La publicidad de este ciclo anuncia que «cada escritor invitado habla sobre los diez libros que, como lector, le han dejado un recuerdo más imborrable». Pero, según publica hoy LA CRÓNICA DE LÉON-EL MUNDO, Antonio Gamoneda, como tantas veces, «no va a obedecer las directrices del ciclo» pues, dice, «a mí no me han hablado exactamente de eso, aunque tal vez viniera en alguno de los papeles que me dieron. No me ceñiré a lo anunciado por ‘insumisión’ sino porque me parece más interesante la propuesta que voy a hacerle a los asistentes». Y esta propuesta es «realizar un recorrido biográfico, un relato hasta incluso jocoso de mi historia, mi conducta y mi suerte, buena o mala, en relación con los libros».
Este recorrido propiciará que Gamoneda no hable de los libros que le han marcado o impresionado. Hablaré de obras que en ocasiones serán de tercera, cuarta o última categoría, junto a otras que, afortunadamente, son mejores. De todas formas, nunca realizaré un recorrido valorativo, de calidad, será un repaso de los libros que estuvieron realmente en mi vida, desde mi aprendizaje. En definitiva, se trata de los libros que se me han ido apareciendo, que me eligen a mi».
Y al hacer este recorrido vital y de lecturas Gamoneda recuerda que «estamos hablando de la época de la Guerra Civil y la posguerra, En la conferencia, con el director de la Biblioteca y Ernesto Escapaun tiempo en el que en España la edición era prácticamente inexistente, como lo era la lectura, lo que complicaba más casos como el mío, en el que no existía, porque se la llevó el demonio, una buena biblioteca familiar». Ante esta situación, Gamoneda concluye: «Bastante suerte es que se me haya aparecido la letra escrita o impresa, sin hacer juicios de valor, que no procede».
El poeta leonés, nacido en Oviedo, es consciente de que al hablar de sus primeras lecturas y su biblioteca familiar va a surgir un pasaje de su biografía que se hizo muy popular al serle concedido el Cervantes y que él mismo contó en su discurso de agradecimiento. La historia del único libro que había en su casa, un libro de poesía en el que su madre le enseñó a leer y que lo había escrito su fallecido padre, también llamado Antonio Gamoneda. «No es que recurra a él de nuevo, es que ocurrió así y así lo tengo que contar, pues se trata de un recorrido biográfico», en el que no va a llegar hasta nuestros días pues, explica, «me parece lógico detenerme antes de que yo me convierta en un lector especializado, ya con una desenvoltura suficiente para elegir pues, como he dicho, hablaré de los libros que me han elegido a mí».

Hijo Adoptivo de León, el próximo 22-N

Gamoneda en una foto de KIKE PARA Todos los grupos políticos apoyaron ayer, en el pleno municipal, la concesión del título de Hijo Adoptivo de la Ciudad a Antonio Gamoneda

Así recoge hoy la noticia LA CRÓNICA DE LEÓN-EL MUNDO, en un artículo de Fulgencio Fernández: 

LEÓN.— «No, no es una cosa más. Cosas más hay tantas… y ésta no lo es». Lo dice el poeta Antonio Gamoneda, uno de los escritores más reconocidos en los últimos tiempos (baste señalar los premios Reina Sofía de Poesía y Cervantes de Literatura) y se refiere —cuando dice que no es una cosa más— a la concesión del título de Hijo Adoptivo de la Ciudad de León que aprobaron ayer en comisión municipal con la unanimidad de todos los grupos políticos y que se hará efectiva el próximo 22 de enero en un ’solemne Pleno’, como decían las crónicas antiguas.

Entiende Antonio Gamoneda que en la doble dimensión de los galardones que viene recibiendo en los últimos meses, unos de carácter nacional e internacional y otros más cercanos, de la tierra, como el que ayer se anunció, en estos últimos «he advertido una continuidad de actitudes cercanas y afectuosas por parte de muchísima gente, unos amigos y otros desconocidos». Algo que tiene una doble vertiente, la del agradecimiento por una parte y la de «una cierta pérdida de voluntad y hasta un cierto cansancio, que no tiene una connotación de hartazgo, ni mucho menos, simplemente cansancio físico. Yo me siento bien tocado por la popularidad manifestada afectuosamente, la cercanía de gente que me para por la calle y que yo tengo la sensación de que ellos me conocen de toda la vida, pero yo a ellos no». Pero quiere dejar claro que, en esta doble vertiente, «la cara positiva está más presente que la negativa, es mucho más importante, sin duda».

Antonio Gamoneda es ovetense de nacimiento aunque se trasladó a vivir a León siendo muy niño, en compañía de su madre y poco después de perder a su padre. Por ello recibe ahora el nombramiento que le corresponde a esta condición de asturiano de nacimiento, el de Hijo Adoptivo. «Es un nombramiento especial y nuevo en el sentido de que habiéndome enraizado yo en León hace 73 años las cosas han tenido que venir así, como han venido, para que yo sea leonés, sin dejar de ser asturiano pues yo en estos asuntos de las fronteras nunca he creído en exceso».

De hecho, en este reconocimiento que ahora le llega no sólo se ha valorado su condición de leonés sino que también se ha tenido muy en cuenta su apuesta por quedarse a vivir en esta ciudad y su defensa de la condición de provinciano. Cuando recibió el Premio Cervantes alguno de los titulares más repetidos en la prensa nacional e internacional fueron los de ’soy un provinciano vocacional’ y ‘me siento el mejor poeta de mi barrio’. De hecho fueron muchas las ocasiones que Antonio Gamoneda tuvo para abandonar su condición de provinciano y siempre las rehuyó. Así se lo contaba a nuestro compañero David Rubio en una entrevista publicada en este periódico días antes de recoger el galardón: «Ya hace casi 40 años tiraron mucho de mí para que fuera a Madrid a dirigir la editorial Taurus. Pero yo soy un provinciano vocacional y entiendo que la relativa tranquilidad, el relativo silencio, el no tener la necesidad de grandes traslados, de asistir a cinco cosas a la vez, ha favorecido una relativa soledad. Y la poesía, no hay que olvidarlo, es un arte que se realiza en la soledad y en la subjetividad. Quedarme en León ha podido perjudicarme en eso que llaman hacerse una carrera, llegar a un estado social, a una estimación cultural, a una notoriedad mayor. Yo soy conocido en España y fuera de España pero desde hace poco tiempo, menos de 20 años. Pero eso, a mí, no me ha preocupado nunca, a mí lo que me interesa es la página en blanco».

Ha sido una suerte que se quedara, aunque el único problema es que, incluso aquí, ahora quieren que vaya a cinco cosas a la vez. Tal vez por ello ayer se preguntaba: «Esto no sé cuándo va a acabar. A veces tengo la sensación de que he tirado del carro hasta donde he podido, pero…». 

DESDE EL SILENCIO DE SU CASA

La unanimidad de todos los grupos municipales presidió el punto de la Comisión en el que se trató la propuesta de nombramiento de Hijo Adoptivo para Antonio Gamoneda. Evelia Fernández, concejala de Cultura, argumentaba que esta iniciativa «es de justicia» ya que supondrá un reconocimiento a «un espléndido escritor que decidió convertir a León en atalaya de su poesía», en alusión al último Premio Cervantes.

«León tiene una deuda con Gamoneda, un poeta que, desde el silencio de su casa de León, ha sido capaz de crear una obra universal y única», continuó Fernández sobre la concesión de una distinción que consiguió el respaldo de la totalidad de los grupos políticos de la corporación municipal. El representante del PP, Antonio Cubero, señaló que «el Partido Popular se suma a este merecido reconocimiento para Antonio Gamoneda y aplaude la iniciativa». Por su parte, el portavoz del tercer partido con representación municipal, Javier Chamorro, de la UPL, se manifestó en el mismo sentido y afirmó «nos sumamos al reconocimiento, cómo no».

 

Gamoneda en Vilardevós

October 26, 2007

El sábado, 27 de octubre, en la localidad orensana de Vilardevós, Gamoneda participará en unas jornadas sobre la represión.

Conferencias de SÁNCHEZ SANTIAGO y GAMONEDA en la Biblioteca Pública de León

October 24, 2007
Jueves, 25 de octubre de 2007
Tomás Sánchez Santiago
Biblioteca Pública de León
c/ Santa Nonia, 5
Hora de inicio: 20:00 horas.

Martes, 30 de octubre de 2007
Antonio Gamoneda
Biblioteca Pública de León
c/ Santa Nonia, 5

Hora de inicio: 20:00 horas

Dentro del ciclo LA BIBLIOTECA DEL NÁUFRAGO
que organiza la Fundación Siglo

El retrato de Gamoneda pintado por Rafael Sánchez Carralero, en la Biblioteca Nacional

Gamoneda, paisaje sin tiempo

Retrato de Gamoneda realizado por Rafael Sánchez Carralero

La Biblioteca Nacional incorpora a su galería de los premios Cervantes este retrato de Antonio Gamoneda, pintado por el artista berciano Rafael Sánchez Carralero
 

      «Es un tío grande. Trabajar con Antonio, tenerlo en mi estudio, ha sido emocionante; nunca voy a olvidar el tiempo que pasamos juntos pensando cómo debía plasmar esa planta de dignidad que despide. Y es que te diría que la poesía es él». Rafael Sánchez Carralero (Cacabelos, 1949) dice que es como si hubiera zanjado una deuda pendiente de admiración antigua. «Ha sido muy especial. Ha pasado por mi casa y ha dejado por todos los rincones un rastro de respeto y de cariño. Por muchas cosas, para mí este cuadro era un reto, un riesgo y una suerte».

No esconde el pintor berciano, radicado desde hace 23 años en Salamanca en cuya universidad es catedrático de Pintura, su profunda admiración por la obra del último premio Cervantes, admiración que llega también a la persona y a su forma de estar en el mundo. «Al final creo que el que más ha aprendido de esta experiencia he sido yo, porque fue un lujo compartir con Gamoneda este tiempo que ha sido como una inyección de humanidad».

Reconocido como un excepcional pasajista, el retrato de Gamoneda tiene también algo de paisaje humano intemporal. «Todo artista es en el fondo un narrador y aquí intento narrar lo que veo. He intentado encontrar la ‘constante’ de alguien que tiene una profunda vida interior. Lo importante es que él se sienta representado y creo que ha sido así».
(Noticia aparecida hoy 24 de octubre en Diario de León

El Ayuntamiento de León nombra al poeta Hijo Adoptivo de la ciudad

La Comisión de Régimen Interior celebrada hoy, 24 de octubre de 2007, en el Ayuntamiento de León dio el visto bueno al nombramiento del Premio Cervantes Antonio Gamoneda como Hijo Adoptivo de la ciudad. La designación se oficializará el próximo 22 de noviembre después de que el Pleno municipal, en la sesión que se celebrará el próximo lunes, ratifique esta decisión.
El expediente para la declaración del poeta como hijo adoptivo de la ciudad se abrió hace unos meses a propuesta del Grupo Socialista. En el Pleno celebrado el 30 de enero de 2007 se aprobó por unanimidad la moción presentada por los concejales del PSOE y se acordó iniciar los trámites para la concesión del título. El fundamento de esta decisión, explican portavoces municipales, «no es otro que llevar a cabo un reconocimiento público a Antonio Gamoneda, tanto por su valor humano y literario, como por su compromiso con esta ciudad».
El expediente de concesión recoge que León está presente en toda su obra, «y de manera especial en algunos de sus poemarios más emblemáticos, como ‘Lápidas’. A esta tierra, además, le dedicó expresamente un hermoso libro en 1979, ‘León de la mirada’, cuyos poemas, escritos muchos años atrás, se habían convertido para Gamoneda en el recuerdo de una contemplación: "la de una tierra que me ha hecho suyo de la única manera posible y verdadera: en el difícil encuentro del amor", como indicaba el propio poeta en la nota preliminar de aquel libro. 
ARGUMENTACIÓN:
 
 ANTONIO GAMONEDA
Hijo Adoptivo de León


Un leonés universal cuya poesía es ya, hoy,
Patrimonio de todos
 
“León es esto: lentitud sagrada
con álamos al borde del camino”
(Del libro ‘León de la mirada’)


     “Antonio Gamoneda, leonés de Oviedo, poeta del frío, ha logrado el más alto reconocimiento que nunca hayan recibido las, por otra parte, muy laureadas letras leonesas: el Premio Cervantes de Literatura. Un premio que le suma a una distinguida nómina en la que figuran nombres como Rafael Alberti, Gerardo Diego, Borges, Octavio Paz, José Hierro, Gonzalo Rojas o Mario Vargas Llosa, por citar a unos pocos, y que le ha convertido en uno de los máximos exponentes de la creación en lengua castellana”. Así rezaba la noticia publicada en un diario local el pasado 1 de diciembre de 2006, cuando a la entrega del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana se unió la concesión del máximo galardón de la literatura en español al poeta Antonio Gamoneda, “nuestro vecino” desde hace más de setenta años.
Para los leoneses, es un orgullo y un honor que este vecino, “nuestro paisano”, se haya convertido en un referente de la Cultura en lengua española. Desde el silencio y la soledad de su casa en León ha sido capaz de crear una obra universal, original y única, aunque él, modestamente, tan sólo se considere el mejor poeta de su barrio. Pero también ha dado lo mejor de sí mismo a esta provincia, desde su trabajo en la Diputación y en la Fundación Sierra Pambley, como impulsor de proyectos culturales, sin olvidar su influencia ética e intelectual en todos los escritores leoneses.
En palabras del poeta y novelista Julio Llamazares, “para todos los escritores leoneses, Gamoneda es más que una referencia. Forma parte del paisaje urbano y sentimental de nuestra provincia, como esos símbolos a los que él tanto apela”.
Como apunta el profesor y crítico leonés José Enrique Martínez: “Hoy no nos imaginamos a Gamoneda fuera de estas calles que lleva recorriendo más de setenta años”.

Antonio Gamoneda nació en Oviedo en 1931. Al año siguiente murió su padre y, en 1934 se trasladó con su madre a León, única ciudad donde ha querido vivir, y en la que siempre ha residido desde entonces. Aquí es donde Gamoneda ha ido gestando su obra poética, al margen de circuitos y generaciones literarias, desde una independencia radical.
León, donde Gamoneda tiene anclada su biografía desde hace nada menos que 73 años, está presente en toda su obra, y de manera especial en algunos de sus poemarios más emblemáticos, como ‘Lápidas’. A esta tierra, además, le dedicó expresamente un hermoso libro en 1979, ‘León de la mirada’, cuyos poemas, escritos muchos años atrás, se habían convertido para Gamoneda “en el recuerdo de una contemplación: la de una tierra que me ha hecho suyo de la única manera posible y verdadera: en el difícil encuentro del amor”.
La memoria y el amor a esta tierra en la que habita desde 1934, en la que se casó y en la que ha tenido tres hijas, confluyen en la voz inconfundible y única de este poeta universal. Porque si en Oviedo fue donde Gamoneda vino a la vida biológica, en León es donde nació a la consciencia, al trabajo y a la poesía. Y porque su obra, con un hondo componente autobiográfico, se alimenta fundamentalmente de la memoria (“la poesía es un arte de la memoria”, sostiene él), y surge íntimamente unida a su experiencia vital. En ella está contenida su propia historia, pero también nuestra historia, la de todos (en la medida que la biografía personal tiene de experiencia colectiva y, en su caso, de solidaridad).
Así lo reconoció el jurado del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, cuando destacó “su trabajo marcado por una huella ética que se ha incrementado en los últimos años, completando una visión del mundo en la que se podrá reconocer la señal explícita de una tradición escondida, profundamente asociada a la tierra y a la construcción de la vivencia”.
En ese sentido, en ‘Lápidas’ aparece claramente la ciudad en la que se dibujan los dramáticos paisajes de su infancia: el León de la guerra civil y la inmediata posguerra. Desde los balcones del piso en el que se instaló con su madre al llegar a la ciudad, en el barrio ferroviario de El Crucero, el niño contempla la crueldad y la miseria moral del tiempo que le tocó vivir. El miedo que satura el ambiente, la pobreza, la represión, el sufrimiento y la muerte se suceden ante sus ojos, al igual que los cadáveres en las cunetas, o flotando en el río Bernesga, o las cuerdas de presos camino del presidio de San Marcos… De todo aquello se impregnará la mirada atormentada de ese niño que, en la adolescencia, llegará a “la convicción de que la poesía existe porque existe la muerte.”  Pero en ‘Lápidas’, como ha explicado el crítico Miguel Casado, hay mucho más: “León, de los suburbios al casco viejo, aparece como un mapa inagotable de hallazgos vivísimos, donde caben tantas sorpresas y tanta profundidad como en el medievo germánico evocado por Novalis en su novela Enrique de Ofterdingen”.

 De formación autodidacta, Gamoneda ha sido y es, como pocos, un hombre de su tiempo que trasciende su tiempo. Tras un breve y limitado aprendizaje escolar, al día siguiente de cumplir catorce años empezó a trabajar en el hoy extinguido Banco Mercantil. Durante 24 años fue empleado de banca, atravesando distintas categorías, mientras continuaba sus estudios por libre, hasta que en 1969 pasó a crear y dirigir los servicios culturales de la Diputación Provincial, donde desarrolló una impagable labor. Entre otras cosas, fue el encargado de crear la Institución ‘Fray Bernardino de Sahagún’, dentro de la cual fundó y dirigió la prestigiosa colección ‘Provincia de Poesía’ —convirtiéndola en referente de la mejor poesía contemporánea—, y la sala de arte de igual nombre, a la que atrajo a interesantes artistas del momento. “La tarea no era fácil, intentaba hacer una cultura progresista con el dinero de la dictadura”, ha explicado el propio poeta.
A finales de los años 70 fue privado de su condición de funcionario mediando sentencia judicial. ¿El motivo? No estar en posesión de un título académico. No obstante, Gamoneda, que posteriormente fue recontratado, continuó adscrito a la Diputación como asesor cultural, director de la revista ‘Tierras de León’ y con algunas otras funciones.
Además, desde 1979 hasta su jubilación en 1991, Gamoneda fue director gerente de la Fundación Sierra-Pambley, creada en 1887 como una especie de apéndice de la Institución Libre de Enseñanza, orientado a la educación de campesinos y obreros. De esta Fundación ha sido, hasta hace poco tiempo, miembro del Patronato.

SUS LIBROS
De poesía o en torno a la poesía, Gamoneda ha publicado hasta ahora menos de una veintena de libros, que han ido surgiendo a un ritmo lento, marcado por la coherencia y el rigor. Buena parte de ellos ha sido traducida a distintos idiomas (francés, portugués, sueco, árabe, hebreo, neerlandés…).
Su obra poética completa, bajo el título de Esta luz. Poesía reunida (1947-2004)’, ha alcanzado eco no sólo en nuestra lengua, sino también entre lectores europeos y entre poetas de otras lenguas que la han valorado sin reservas como una de las cotas expresivas más interesantes a las que ha llegado la poesía del siglo XX en lengua española. En palabras de otro leonés ilustre, Luis Mateo Díez, “Gamoneda ha llegado a ese punto de maestría absoluto al que sólo llegan los grandes. Creo que hay unanimidad en reconocer que Gamoneda es hoy uno de los grandes poetas europeos”.
Como poeta empezó a darse a conocer a fines de los 50 en revistas como ‘Espadaña’. También mantuvo relación amistosa, sin ser parte del equipo, con los poetas leoneses de Claraboya. Su primer libro publicado, ‘Sublevación inmóvil’, quedó finalista del premio Adonais en 1959, y tardó en terminarlo seis años. En él está ya uno de los grandes temas que irá definiendo en su obra: “la impotencia del hombre encadenado a la tierra, al dolor y a la muerte, padeciendo atormentada sed de belleza, de justicia, de libertad”.
En 1962 empieza ‘Blues castellano’, que no acabará hasta 1966. El libro choca de frente con la censura franquista y no se publicará hasta 1982. En él están la conciencia de clase obrera, la alienación en el trabajo; y surgen la vergüenza, el miedo y la culpa como sensaciones básicas.
Pero Gamoneda es hombre de silencios largos, profundos. Si en algunas ocasiones ha pasado más de tres lustros sin publicar, en otras han sido 12 los años que ha estado sin escribir, coincidiendo con la época en que militó más activamente en la resistencia antifranquista, sufriendo la desaparición —asesinato, suicidio, accidentes, locura, envilecimiento— de la práctica totalidad de sus compañeros de grupo.
Así, ‘Descripción de la mentira’ aparece en 1977, en plena Transición, tras “500 semanas de silencio”. Un libro que ha sido entendido como el triste y durísimo relato de lo que para muchos fue la vida durante el franquismo, y cuyas palabras “atraviesan el tiempo y alcanzan el lugar de las emociones permanentes”.
En 1986 aparece ‘Lápidas’, y en 1987 una primera edición de sus poesías reunidas, ‘Edad’, en edición de Miguel Casado, por la que recibe el Premio Nacional de Poesía.
El ‘Libro del frío’ se publica en 1992, y al año siguiente empieza a gestarse otro poemario que no terminará de cuajar hasta diez años más tarde, ‘Arden las pérdidas’ (2003). En esos años, Gamoneda sacará a la luz una obra singular, ‘Libro de los venenos’ (1995), y sintetizará en ‘El cuerpo de los símbolos’ (1997) su pensamiento sobre la poesía y el arte. Entretanto, también, de su colaboración con algunos grandes artistas españoles saldrán obras como ‘Mortal 1936′ (con Juan Barjola, publicado en 1994) o ‘¿Tú?’ (con Antoni Tápies, publicado en 1998).
Su último texto poético hasta el momento, ‘Cecilia’ (2004), está dedicado a su única nieta, y en él Gamonda, el poeta de las desapariciones, el poeta de la nieve y de la luz, se reconcilia de manera emocionante con la vida.

LOS PREMIOS
En 1985 fue Premio Castilla y León por la escritura realizada hasta la fecha; en 1988, Premio Nacional de Literatura por su libro ‘Edad’. Posteriormente, Premio de Literatura de la Comunidad de Madrid 2005; Prix Européen de Littérature 2006; Premio Reina Sofía de Literatura Iberoamericana 2006 y Premio Cervantes 2006, por el conjunto de su obra.
Se le ha concedido también la Medalla de Oro de la ciudad de Pau, la Medalla de Plata del Principado de Asturias, el Premio Leteo, la Medalla de Oro de la Provincia de León y la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Es Hijo Adoptivo de Villafranca del Bierzo y Doctor honoris causa por la Universidad de León.
Desde hace más de 20 años, Gamoneda participa —con lecturas, poemas y conferencias— en cursos y encuentros de instituciones y universidades de toda España y países de Europa, América, África y Asia.
Como resume Miguel Casado, uno de los mejores estudiosos de su obra: “En 1983 su poesía era un secreto muy bien guardado entre las murallas del viejo León; pero hoy la poesía de Antonio Gamoneda ya es patrimonio de todos”.

“Conquistar el pensamiento en libertad”

September 19, 2007

Gamoneda llama a conquistar el pensamiento en libertad

El poeta leonés inauguró el congreso «Literatura y libertad. El compromiso del escritor»

(Noticia publicada en el Diario de León:)

    El poeta Antonio Gamoneda, Premio Cervantes de Literatura, llamó a los jóvenes, ahora y en el porvenir, a «conquistar el pensamiento en libertad», algo que, a su juicio, «no es fácil».
    Gamoneda inauguró [en el Atenero de Madrid] el Congreso de intelectuales «Literatura y Libertad. El compromiso del escritor», al cumplirse el setenta aniversario de aquel que en 1937 reunió en Valencia a un centenar de ellos a favor de la libertad, la cultura y la resistencia al fascismo.
    El poeta, quien disertó sobre «el entonces, el después y el ahora de la libertad del escritor», consideró que al pensamiento en general, pero también al pensamiento creativo, literario y poético, «hay que dotarles de una libertad real que todavía no existe».
    Tras definirse como «el hombre de las dudas, del desorden y de las interrogaciones», Gamoneda expresó su deseo de que «esta voluntad interrogativa sea también una manera de concienciación de los jóvenes en relación con el problema de la libertad». «Ahora y en el porvenir, lo que está claro es la duda razonable y el temor interrogativo como forma de prevención en relación con el no pensamiento, con el pensamiento antidemocrático y con el pensamiento que no está en libertad», explicó el autor de Libro del frío, Arden las pérdidas o Libro de los venenos.
    Por su parte, el director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, Rogelio Blanco, intervino con una ponencia titulada «Lectores honestos y utópicos de la realidad» para describir cómo deben ser los intelectuales.
    Los escritores deben ser «finos y atrevidos lectores de la realidad» y tienen que ser «utópicos», según Blanco, quien reivindicó la actividad de los autores como creadores de espacios humanos que restan protagonismo a otros «dioses diversos», como los fundamentalismos, las teocracias o los mercantilismos.
    Subrayó que «los espacios de creación están pensados para que habite el ser humano», por lo que, en su opinión, «el escritor debe ser una figura comprometida con el pueblo -como diría Antonio Machado-, que es la verdadera aristocracia de España».

Gamoneda abre el Congreso de Intelectuales en homenaje a la Generación del 27

September 17, 2007
CernudaEl poeta Antonio Gamoneda inaugura hoy en el Ateneo de Madrid el Congreso de intelectuales ‘Literatura y Libertad. El compromiso del escritor’, al cumplirse el 70 aniversario de aquel encuentro que, en 1937, reunió a un centenar de escritores en Valencia por la libertad, la cultura y la resistencia al fascismo.

Del 17 al 20 de septiembre, además del último Premio Cervantes, que disertará sobre ‘El entonces, el después y el ahora de la libertad del escritor’, se darán cita en el Ateneo de Madrid José Luis Sampedro, Andrés Trapiello, Suso de Toro o Rogelio Blanco. Todos ellos quieren recordar el espíritu que movió a figuras literarias mundiales como Cernuda, Alberti, Hernández, Malraux, Neruda o Dos Passos a reunirse en julio del 37 en Valencia.

El secretario general de la Asociación Colegial de Escritores de España, Andrés Sorel, que organiza el Congreso, afirmó que éste tiene un doble fin: «Rememorar el congreso de escritores antifascistas de la República y situar a los escritores ante los problemas culturales, políticos y sociales del siglo XXI».

«Otro mundo es posible» es el grito que exclama Andrés Sorel en el prólogo del programa del Congreso, pues para él «hoy prácticamente no existe libertad, vivimos bajo el dominio del mercado».

Sorel, director de la revista República de las Letras —cuyo próximo número estará dedicado a Antonio Gamoneda, e incluirá probablemente en su portada el retrato que le hizo al poeta el pintor leonés Modesto Llamas Gil—, considera también que «el escritor no puede permanecer ajeno, mudo, en su tiempo histórico» ante problemas de hoy como la guerra, la paz, los imperialismos, la destrucción ecológica y la emigración.

En las cuatro sesiones habrá ponencias de expertos en el compromiso de intelectuales de otros países, como Maryse Bertrand de Muñoz, especialista en la Guerra Civil española, que abordará el papel de los franceses Malraux, Benda, Aragon y Chamson en el Congreso de 1937. El escritor gaditano Antonio Hernández hablará por su parte sobre la generación perdida norteamericana, y la catedrática de Filosofía Moral y Política de la UNED Amelia Valcárcel disertará sobre ‘La ciudadanía en un mundo global’.

El jueves se clausurará el Congreso con la participación de José Luis Sampedro, quien ha titulado su conferencia ‘Contra la barbarie’.

El Congreso continuará en octubre en Valencia y en noviembre en Soria.

(Noticia tomada de las páginas de cultura de EL MUNDO-LA CRÓNICA DE LEÓN, en su edición de hoy)

Poema al Che

September 16, 2007

En Bolivia y en ti y no en la muerte

pensamos, capitán. Hubo silencio

una noche no más. Hirvió el acero

otra vez hasta el fin. Y vino el día.

Y todo el mundo se llamaba Ernesto.

                 ANTONIO GAMONEDA

Este poema apareció en el libro colectivo ‘Poemas al Che. 84 poetas de España y América rinden homenaje al guerrillero’.

La primera edición fue publicada por el Instituto del Libro de La Habana, en 1969.

En España, Libros de Cordel realizó una edición facsímil en 1976.
 

Un prólogo de JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ

September 10, 2007
Reproducimos aquí el prólogo del profesor leonés JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ, publicado en ‘Antonio Gamoneda. Antología y voz’, por la editorial El Búho Viajero (León, 2007) que dirigen Miguel Sánchez y Puri Lozano: 
 
Relectura y reescritura

    La obra poética de Antonio Gamoneda  se presenta como algo no definitivo, siempre en proceso de reescritura. Cuando en 2004 reunió su poesía con el título de Esta luz, el propio Gamoneda advertía de las composiciones sometidas a Reescritura, título del conjunto de tales poemas en un libro del mismo año 2004. Tomo como ejemplo el poema que comienza “La belleza / no proporciona dulces sueños”, que redujo a catorce versos los cincuenta y nueve de su primera versión (en Sublevación inmóvil, 1960); ha desaparecido el título primitivo del poema (“Sublevación”) y la factura comprimida le da un sentido más denso y compacto, más abstracto también, y un carácter más sentencioso. El precipitado poético que supone la segunda versión pertenece al “estilo de lo oculto”, como Liu Xie lo llamaba en El corazón de la literatura y el cincelado de dragones, poética china del siglo VI: “El estilo de lo oculto hace que el significado principal esté más allá del texto; su eco secreto llega sesgado; sus colores sumergidos brotan desde la profundidad”.

La belleza nos sirve de tormento

    El yo poético, un sujeto que nos implica a todos, constata en uno de los poemas: “Parece que es dolor lo que me llena / hasta la altura de los ojos”. Un tormento inacabable fue el de Prometeo, el titán que robó el fuego a los dioses para entregárselo a los hombres; aquellos lo castigaron a permanecer atado a las cimas del Cáucaso, donde un águila le roía las entrañas, que volvían a renovarse sin cesar. Es la imagen plástica del castigo eterno. El mito sirvió en las culturas primitivas para convertir el caos confuso en cosmos; para el poeta, el mito pudo sintetizar un conjunto de sensaciones y pensamientos. Gamoneda se acogió al mito de Prometeo en los dos hermosos sonetos de “Prometeo en la frontera”, de su primer libro, Sublevación inmóvil. Una “sublevación inmóvil” es la de Prometeo sujeto a la roca, una “sublevación de paz”. El titán inmóvil simboliza para el poeta moderno la impotencia del hombre encadenado a la tierra, al dolor y a la muerte, padeciendo atormentada sed de belleza, de libertad y de justicia. “Belleza” es una palabra clave, frontera entre el dolor y la alegría, el anhelo y la impotencia. “Sed” es otra palabra significativa, fronteriza entre el hombre encadenado al dolor y el ansia de belleza, pero no de una belleza alejada y ajena, sino solidaria, alimento y combate del hombre, continuidad humana en el tiempo.
“La belleza nos sirve de tormento”, sugiere otro poema. El poeta indagó en esa contradicción aparente de la belleza (la poesía) como dolor y como placer e intentó explicárselo y explicárnoslo: la poesía –declara Gamoneda en El cuerpo de los símbolos (1997)- genera conocimiento de un mundo que ella misma ha creado, pero es un conocimiento paradójico, pues enfrenta placer y dolor: “la poesía existe porque sabemos que vamos a morir […]. Pues bien, la poesía implica placer en este conocimiento. Dicho de otra manera: cuando la conciencia y el miedo mortal se interpenetran con la poesía, tal conciencia y tal miedo son indisociables de una forma de placer”.

Una inmensa, profunda compañía

    Un sentimiento de solidaridad, de hermandad transita por la poesía de Gamoneda, particularizado en el amor entre dos seres que se abrazan en “una inmensa, profunda compañía”. Blues castellano, publicado en 1982, pero escrito entre 1961 y 1966, es el libro de contenido más solidario entre los de Antonio Gamoneda, que en alguna ocasión ha subrayado su valor de fraternidad, patente en el condolido “Blues de la escalera”.
Gamoneda poetizó el amor solidario en cuatro espacios interrelacionados: el familiar, ámbito de hermanamiento en el amor y en el dolor, con la madre como presencia más entrañada y sus manos amparadoras en la noche, en el olvido, siempre: son las manos del amor, de la ternura, del dolor, las manos de los poemas “Caigo sobre unas manos” y “Hablo con mi madre”: “Cuando no sabía / aún que yo vivía en unas manos, / ellas pasaban sobre mi rostro y mi corazón”; “Pasa tus manos grandes por mi nuca / todos los días para que no vuelva / la soledad”; el espacio más íntimo es el del corazón, ámbito del miedo existencial, del cansancio vital, pero que late con el mundo. La noche es el ámbito de la soledad y de la libertad. La tierra seca, trabajada y pobre, es, finalmente, ámbito de seres cansados, de rostro “quieto y tajado de dolor”, día tras día (“Agricultura”).
Blues castellano supuso, además, la búsqueda de un ritmo bajo el estímulo poético del turco Nazim Hikmet y los cantos negroafricanos fundacionales del jazz: el blues y el spiritual. Bajo tal supuesto puede leerse “Blues del cementerio”, cuya leve anécdota retorna obsesivamente a través de paralelismos y de reiteraciones que originan un rimado irregular y una sensación de agobio que roza con el quejido.

Todos mis actos en el espejo de la muerte

“Pienso sinceramente que el conjunto de mi poesía no es otra cosa que el relato de cómo voy hacia la muerte”, ha escrito Gamoneda. Descripción de la mentira fue en 1977, fecha de su publicación, un texto enigmático. Tal carácter se ha aliviado gracias a las indagaciones críticas y a las aclaraciones del propio autor, que daba fin al largo poema con enunciados como el que sigue: “Este relato incomprensible es lo que queda de nosotros”; a la vez ofrecía algunas claves de entendimiento; la principal aludía a la perspectiva desde la que el texto había sido escrito: la muerte. Podríamos acercarnos también a Descripción de la mentira desde una perspectiva histórica coincidente con la transición política del franquismo a la democracia, con un sentimiento último  de verdad extinguida y de ideales traicionados; bien es verdad que la expresión enigmática parece cobrar tintes existenciales y, acaso por ello, universales. Nada impediría, por lo tanto, mantener activadas todas esas perspectivas desde las que recorrer el artefacto textual gamonediano. Y quizás abriéramos alguna luz trazando vías paralelas: una primera agrupa palabras que incluyen significados de impotencia y fracaso: desaparición, olvido, imposibilidad, traición, mentira…; la segunda vía recoge los términos alusivos a “lo que queda de nosotros” después de la imposibilidad, de la traición de los viejos ideales: excrementos, exudación, óxido, residuos, ruinas… Es otra vez Prometeo, el Prometeo desnudo y despojado, cuando todo ha caminado hacia la indignidad, y la muerte.
    El enigma de Descripción de la mentira venía conferido, además, por su lenguaje desrealizador. Para Gamoneda el lenguaje poético es “una alteración del lenguaje convencional”. Los formalistas rusos dieron con el concepto apropiado: extrañamiento. La extrañeza del lenguaje, causada por rupturas y deformaciones del lenguaje normalizado, proporciona visiones nuevas de los objetos y provoca que la percepción de los mismos se aleje de lo rutinario y, por lo tanto, sea más duradera y, por ello, más eficaz estéticamente. La extrañeza residiría también en el nuevo fraseo que Gamoneda traía a la poesía española y en la organización del poema en “bloques rítmicos”. El nuevo fraseo tenía origen y componente musical: “La música –ha escrito el poeta- es el estado original del pensamiento poético”. Gamoneda se ha referido al carácter musical del primer impulso poético: la primera línea parece azarosa, pero tiene una “sustancia musical” necesaria para que el poema pueda desarrollarse. La experiencia de escritura de Descripción de la mentira fue de ese tenor: “Paseaba yo por el soto de Boñar […], cuando ‘se me aparecieron’ unas pocas palabras poseídas por una causa musical. Fueron éstas: ‘El óxido se posó en mi lengua como el sabor de una desaparición’”.

En la sustancia amarilla del corazón

En Lápidas sorprendemos visualmente dos modalidades textuales: lo bloques rítmicos y las prosas poéticas. Aquellos han ido adelgazándose, resumiéndose en frases “lapidarias”. Dos ideas brotan en mi lectura: la primera enuncia que los bloques rítmicos actúan de indicadores pragmáticos por los que el lector se ve impelido a asentir, leer y usar el texto como poético. La segunda idea pertenece a Eugenio Montale: “El poema breve tenía que ganar en intensidad lo que perdía en extensión. Del poema breve al poema intenso, concentrado, el paso es corto; aún más corto el paso del poema intenso al poema oscuro”. Poeta oscuro es –en la hipótesis más favorable para él- “aquel que trabaja el propio poema como un objeto, acumulando en él espontáneamente sentidos y suprasentidos, conciliando dentro de él los inconciliables, hasta hacer de él el más firme, el más irrepetible, el más definido correlativo de la propia experiencia interior”.
    Las prosas de Lápidas no responden, piensa Gamoneda, a lo que es la prosa convencional; tampoco al poema en prosa tal como se suele entender. De ahí que le parezcan algo nuevo, sin nombre aún, movimiento o “alteración universal” propia de quienes “están activamente en la tradición”. El núcleo narrativo de estas prosas poéticas alude a “mi ciudad avergonzada”, el León de la guerra y la posguerra que el niño contempló entre la piedad y el miedo, entre el asombro y la intuición solidaria, imágenes que han dejado huella en la retina: hombres cenceños con olor a muerte, cuerdas de prisioneros… Testimonia Gamoneda: “Yo nací a la conciencia en 1936, en un barrio obrero de León. Desde mis balcones podía ver la represión iniciada con la guerra civil: los preparatorios, el miedo, los gritos de las familias, la sangre de la calle”. Era el primer contacto con el dolor ajeno: “Mi sensibilidad y mi pensamiento se desarrollaron contaminados por este sufrimiento que entraba en mí. No parece extraño que el adolescente lleve consigo los sedimentos de aquella experiencia”.

Ya sólo hay luz dentro de mis ojos

    “Yo sentía los significados; no los comprendía”, escribió Gamoneda respecto al jazz vocal. El ritmo vocal y musical lo seducían. Lo mismo puede ocurrir a quien se acerque a los afilados versículos del Libro del frío: sentir  o intuir los significados desde la materia musical de las palabras y el fraseo, o a través de lo que Alarcos Llorach llamaba tonalidad sentimental que crean las palabras: tristeza, dolor, muerte, llanto… Si la realidad proporciona los primeros datos, ha desaparecido la anécdota: quedan elementos sueltos, instantáneas; la desrealización crea un efecto de irrealidad. Sumamos a eso determinados contenidos simbólicos, como el de la luz del poema final, el único residuo que queda después de todas las desapariciones: “Ya sólo hay luz dentro de mis ojos”. Sólo luz (2000) tituló el poeta una antología de su obra; Esta luz (2004) quiso recoger toda su poesía, salvo el Libro de los venenos. Acaso esa luz, obsesivamente invocada, sea “el aura interiorizada de las cosas y de los hechos”, como señalaba M. Casado aludiendo a Lápidas; pero la luz fue espesando sus sentidos hasta ser la visión última: los ojos, después de todos los despojos, frente a la muerte.

La única sabiduría es el olvido

    “La memoria es conciencia de pérdida del presente, conciencia de tránsito, luego la memoria es también conciencia de ir hacia la muerte”. La vida es un fuego en el que Arden las pérdidas (2003). Gamoneda ha ido elaborando pérdidas, vacíos, despojos, fragmentos de dolor. De nuevo el Prometeo de la “sublevación inmóvil”: “Un sol tardío pesa en mis manos inmóviles…”; pero más que “sublevación inmóvil” respiramos ya la indiferencia de la vejez (“claridad sin descanso”) que contempla el páramo desolado de las desapariciones, de las pérdidas: “Es difícil poner luz todos los días en las venas y trabajar en la retracción de rostros desconocidos hasta que se convirtieron en rostros amados y después lloras porque voy a abandonarlos o porque ellos van a abandonarme”. Memoria de las pérdidas, “memoria despedazada” porque en su activo depósito sólo hay desapariciones y todas ardiendo en la memoria, mientras la luz blanca amenaza: “Escucho en la madera dientes invisibles”. Algo quizá permanece: esa música –ese ritmo verbal- a la que el poeta se agarra como única certeza: “Hay una música en mí, esto es cierto, y todavía me pregunto qué significa este placer sin esperanza”.
    Hay otra certeza y se llama Cecilia (2004), un nombre capaz de abrir espacios de luz en los que también existe lo invisible si la niña lo nombra. Pero la conciencia de la desaparición no se esfuma, por más que pregunta angustiosa “¿Todo en mí es ya desaparición?” reciba ahora respuesta negativa. La conciencia temporal es tan acuciante como otras veces, a pesar del río de esperanza y ternura que fluye en los poemas.

Triaca y veneno

    “Pienso que la lectura actual de un discurso arcaico se carga, en alguna medida, de función estética”, ha escrito Gamoneda. Lo intuyó al leer las glosas y comentarios que el médico segoviano Andrés Laguna añadió –mediados del XVI- a la traducción castellana de la Materia médica de Dioscórides Pedacio –siglo I-. Gamoneda retrajo el libro sexto del tratado griego traducido y comentado por Laguna con prosa soberana y añadió sus propias glosas; el resultado fue un texto con tres voces distintas, pero aunadas por la sustancia poética. Lo viejo y lo nuevo, lo antiguo y lo moderno imbricados en una nueva forma de posmodernidad.
    La interpretación última del Libro de los venenos (1995) procede de Amelia Gamoneda y Fernando Rodríguez de la Flor y es luminosa, al convertirlo en centro semántico de la aventura poética gamonediana, subrayando su carácter terapéutico, “fármaco” en el doble sentido griego de remedio y veneno, algo salutífero y mortal a la vez, “un alivio eficaz a la melancolía” gamonediana (producto de un momento histórico y de determinadas reacciones corporales y orgánicas), una búsqueda del principio de conservación y una fascinación por los procesos de descomposición y muerte. Tal sería la clave interpretativa de la obra toda de Gamoneda, que desarrolla –lo reiteramos-  “el relato de cómo voy hacia la muerte”.

JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ,  catedrático de Teoría de la literatura y literatura comparada de la Universidad de León.

‘Visión del frío’ se cerró con casi 13.000 visitas

September 8, 2007
La exposición ‘Visión del frío. Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2006′ se cerró el pasado 31 de agosto en la Casa de Botines de Gaudí (León) después de recibir casi 13.000 visitas, según datos de Caja España.
Aunque ya no se puede contemplar esta magnífica muestra de pintura, escultura, poesía, bibliografía y algunos objetos personales de Gamoneda, el diario La Crónica de León-El Mundo la sigue anunciando, equívocamente, en su página de agenda cultural, como si se hubiera prorrogado hasta el próximo viernes. Tan equívocamente que mucha gente sigue preguntando por ella, y acercándose a Botines…

Premio de Honor en el X Certamen de Cortos de Astorga

Antonio Gamoneda recibe el Premio de Honor y Victoriano Crémer el reconocimiento a su labor como crítico cinematográfico

Gamoneda y Crémer. Foto: Mauricio PeñaLEÓN.— La gala de clausura del X Certamen Nacional de Cortometrajes de Astorga (León) se cerró hoy, 8 de septiembre, con la entrega de los trofeos a los cortos ganadores, además de los reconocimientos al veterano decorador Emilio Ruiz, a la crítica cinematográfica leonesa representada por Victoriano Crémer, Pedro Calleja y Joaquín Revuelta, y el Premio de Honor al poeta y Antonio Gamoneda. El director y guionista del programa Voces contra la globalización, Carlos Estévez, de TVE, se llevó el reconocimiento al mejor programa de televisión del 2006
El acto se celebró en el cine Velasco, con asistencia de la secretaria de Estado para Asuntos Sociales, Amparo Valcarce, que hizo entrega de los premios del I Certamen de Vídeos Sociales; el escritor José María Merino, que hizo lo propio con el relato ganador del II Premio Literario de Argumentos de Cine, y las actrices Natalia Mateo y Lola Dueñas, entre otras personas.

Previamente a la gala de clausura se exhibieron tres documentales rodados en los tres primeros años del gobierno de la II República Española: ‘Proclamación de la República en Madrid’, de Daniel Jorro, ‘Estampas’, de José Val del Omar, y el tercero, ‘Las Hurdes’, de Luis Buñuel, considerado como uno de los mejores documentales de todos los tiempos, en su versión íntegra restaurada en 1996 por la Filmoteca Española con la voz de Paco Rabal.

Cerca de 10.000 personas ya han visitado la exposición ‘Visión del frío’ en León

August 21, 2007

Una foto de la exposición, de Peio García para la agencia ICALPues esos son los datos que ofrece Caja España: cuando apenas faltan 10 días para que se clausure, la exposición ‘Visión del frío’ ha sido visitada ya por cerca de 10.000 personas. ¡Todo un éxito!

La muestra recoge una serie de poemas manuscritos del ganador del Premio Cervantes 2006, en diálogo con unas 40 obras de arte contemporáneo, destacando firmas como Tàpies, Barjola, Vargas o Faik Husein. La muestra se completa con diversos detalles sobre la figura y personalidad del poeta, como fotografías o ediciones de todas sus obras.

Esta exposición fue organizada por la Universidad de Alcalá de Henares y por el Ministerio de Cultura, con motivo de la entrega del Premio Cervantes el 23 de abril de 2007, y llega a León con el patrocinio de Caja España. ‘Visión del frío’ puede visitarse todavía hasta el 31 de agosto, en el Edificio Botines de Gaudí, en horario de 11.00 a 14.00 horas y de 18.00 a 21.00 horas, todos los días.

Gamoneda en la Wikipedia

 Foto de Gamoneda que aparece en la Wikipedia

Antonio Gamoneda tiene ya una buena ficha en la Wikipedia (en español, portugués, alemán y ruso) aunque su nota biográfica contenga algún error —concretamente, que el poeta sea director de la Fundación Sierra-Pambley desde 1979; en realidad fue director de esta Fundación desde 1979 hasta su jubilación, en 1991, y posteriormente miembro de su Patronato, hasta que dimitió a principios de 2007—.

No sabemos quién será el autor/a (o autores) de la ficha en español, pero curiosamente hasta se cita este blog entre los enlaces. ¡Gracias!

Con Elena MEDEL en la última página de ‘EL PAIS’

Reproducimos el artículo publicado ayer, 20 de agosto, en la última página del diario EL PAIS, en la sección estival ‘CONSAGRADOS Y NOVATOS’

Antonio Gamoneda y Elena Medel, en una foto de Luis Magán publicada en EL PAÍS

Clásicos en el hipermercado

Elena Medel, de 22 años, descubrió la obra del último Cervantes en un centro comercial

 

J. RODRÍGUEZ MARCOS (EL PAIS, 20/08/2007)

"Libro de versos muy malos. En ellos campa un sentido de resentimiento con toques de ateísmo". Antonio Gamoneda y Elena Medel leen el informe que la censura redactó en noviembre de 1968 a propósito de ‘Blues castellano’, el poemario más comprometido del escritor leonés. En esa fecha, la poeta cordobesa, de 22 años, ni había nacido, pero hace unos meses fue ella la que escribió un epílogo para ese libro cuya condena por parte de la "sección de ordenación editorial" contemplan ahora los dos. Lo hacen en la exposición dedicada a Gamoneda que acoge en León la Casa de Botines, diseñada por Gaudí. Es la tercera vez que se ven. La primera fue en la Residencia de Estudiantes, donde Elena Medel tiene una beca: "Un día bajaba a desayunar en pijama y allí estaba él. Subí corriendo a ponerme unos vaqueros".

    La muestra es una especie de biografía en tres dimensiones. Está ‘Otra más alta vida’, el libro con el que Gamoneda aprendió a leer, y que había escrito su propio padre. También están su primer poema, las medallas y honores, las cartas y los libros dedicados por los amigos: Tàpies, Chillida o Herberto Helder, "el poeta europeo vivo que más me interesa", apostilla él. Además, cuadros de su colección acompañados de poemas manuscritos con su espinosa letra. "¿Que si he pintado alguna vez? Nunca he sabido pintar ni el humo de un tren".

    La casa de Gamoneda no está lejos, pero hay dos paradas antes de llegar. La primera, en una bodega para tomar un vino. La segunda, en el bar Miserias para comer. "Yo estoy a régimen", aclara el poeta mientras saca una batería de pastillas y da cuenta de un plato de verdura sin quitar ojo a las morcillas que ha pedido el resto de la mesa. Hace cuatro años lo atropelló una furgoneta. Resultado: 15 días de hospital y un perpetuo problema de espalda que sólo se mitiga perdiendo peso.

    La conversación empieza por el principio. ¿Qué lecturas les marcaron? "A mí, ‘Poeta en Nueva York’. Con 11 años", recuerda Medel. "Me enteré de más bien poco, pero me impresionaron las imágenes. Empecé a leer desordenadamente. Muchas antologías y libros que compraba en el Pryca. Me fastidiaba que un libro no me gustara porque había malgastado la oportunidad de leer uno bueno. En una colección barata que se vendía en el híper encontré ‘Blues castellano’".

    "Para mí", afirma Gamoneda, "fue decisiva la ‘Segunda antología’ de Juan Ramón Jiménez. Tenía 13 años y había juntado las tres pesetas que costaba. El librero me dijo: ‘¿Para qué quieres a ese escritor de la anti-España’, y me alargó el panfleto de un ultracatólico que decía cosas del tipo ‘joven, sé casto". Gamoneda terminó haciéndose con el libro en la tienda de un ex agustino. También él se había marchado de los agustinos, "un colegio lleno de sadomasoquistas y pederastas".

    El mismo día en que cumplió 14 años, Antonio Gamoneda, huérfano de padre, entró a trabajar de madrugada en el Banco Mercantil. Era el chico de los recados y había que encender la calefacción. La posguerra iba a ser larga. Lo que para él es biografía, para Elena Medel es historia: "Ni mis padres tenían edad de votar en las primeras elecciones. No alcanzo a imaginarme que un censor revisara mis libros. Somos unos privilegiados".

    El poeta pregunta a la poetisa por la diferencia entre los dos libros que ella ha escrito hasta ahora. Con la edad, un escritor tiene más recursos, ¿también menos entusiasmo? "La poesía", responde ella, "tiene siempre algo de descubrimiento". Él concluye: "El poeta tiene que defender su inocencia. ¡Los poetas sabios me cargan!".

    ¿Y los lectores? En la exposición, un hombre reconoce a Elena Medel. Caminando por León, una mujer para a Gamoneda para agradecerle sus poemas. Los dos son casos raros, pero ¿la poesía llega a la gente? "¡Hay muchos tópicos!", desgrana Medel: "Que la poesía es difícil, que es inalcanzable. Se vende mal. Le pueden los prejuicios de muchos lectores y de muchos escritores". Gamoneda está de acuerdo, pero añade: "A lo mejor tampoco hay que comprender tanto. Basta con leer. Seguro que se descubre algo. Le pasó a Elena con Lorca, ¿no? Lo que sucede es que el poder prefiere que la gente vea la tele, que invade las conciencias".

    Aunque afirma que relegar la cultura a la hora de los vampiros no es la mejor forma de fomentar la lectura, Elena Medel recuerda que ella creció viendo la televisión, "casi amparada por ella. Dejaba a medias los dibujos animados y terminaba yo el capítulo escribiendo un cuento. La tele es una buena herramienta muy mal empleada".

    ¿Y a la generación que nació viendo la tele le interesa la política? "Yo creo que les interesa poco en general casi todo", reconoce la propia Medel. "La política", tercia Gamoneda, "ha sido sustituida por el consumo. El consumismo es la última ideología. La gente se interesa menos por el futuro que por la marca de sus pantalones".


Antonio Gamoneda

"Los poemas se escriben en cualquier parte", dice Antonio Gamoneda, que, a sus 76 años, no ha parado desde que en diciembre le concedieron el Premio Cervantes. Incluso ha rodado una película con el argentino Tristán Bauer, mítico por sus documentales sobre Borges y Cortázar. Lo que no ha vuelto a tocar es ‘Un armario lleno de sombra’, sus memorias de infancia. "Catorce años. Menos de 200 páginas. Duras". Su madre tenía un armario que sólo abría ella. A su muerte, lo abrió él: "Me vino el olor de mi madre viva".


Elena Medel

En 2002, un cometa atravesó el firmamento de la poesía española en forma de libro. Se titulaba ‘Mi primer bikini’ y era obra de una muchacha de 17 años. Lo había escrito a los 15, en Córdoba, entre el instituto, los bares y un taller literario. El año pasado, y aun teniendo otros novios, Elena Medel volvió a la pequeña editorial barcelonesa DVD para publicar ‘Tara’. La muerte de su abuela y mil lecturas habían matizado aquel fulgor pop, pero habían alumbrado una obra madura. Y lo que falta.

ILDEFONSO RODRIGUEZ SOBRE ‘LIBRO DE LOS VENENOS’


Recuperamos este artículo de ILDEFONSO RODRÍGUEZ que apareció hace más de once años en la revista ESPACIO/ESPAÇO ESCRITO, con motivo de la publicación de ‘Libro de los venenos’ de Antonio Gamoneda en 1995.
(Por cierto que ‘Libro de los venenos’ acaba de ser traducido al francés por los escritores y editores Jean-Yves Bériou y Martine Joulia.)


 
AZOGUE, SANGRE, LECHE, ALACRÁN:
EL LIBRO DE LO INCIERTO


Por ILDEFONSO RODRIGUEZ

Algunos han podido entender el último trabajo de Antonio Gamoneda (‘Libro de los venenos’, Siruela, 1995) como una distracción de su actividad natural, como si, haciendo un alto, se hubiese entregado al ejercicio apasionante de la erudición, las concordancias y juegos con la escritura de dos antiguos. En los oscilantes párrafos que vienen ahora, se contiene una propuesta contraria: este libro es el resultado de una coherencia absoluta, radical. Presionando los límites flexibles del género poético y desde el centro mismo del conflicto, Gamoneda da un paso más allá en la construcción de su obra única. Mi lectura se planta en cuatro proposiciones que podrían soportar títulos como MÚSICA, IMAGINACÓN, HABLA SUBSTANCIAL, RELATO, sucesivamente. Pero pronto se advertirá lo borroso de esas temáticas; las nociones sufren contagios, transitan, van y vienen. Son tan sólo un anclaje para algo más flotante, inabarcable y rotundo. Porque, como se lee en ‘Descripción de la mentira’, el lector de este nuevo libro otra vez descubrirá, para su pérdida y reencuentro, que “sólo es legible el libro de lo incierto”.

MÚSICA
    En la escritura de Gamoneda, significaría este libro eso que Barthes llamó “un cambio de ritmo”. Después de aquella música del ‘Libro del frío’, segmentada, de yuxtaposiciones simétricas, se presenta aquí una coralidad, un concierto barroco, voces conducidas en una polifonía dialogante. Música de orquestación compleja, de grandes efectos tonales, de espesa coloratura tímbrica, conduciendo las tres voces del relato: Dioscórides, Laguna y Gamoneda. Y una cuarta, más compleja aún: el desdoblamiento del autor en el médico griego Kratevas, donde emerge otra vez el fraseo del ‘Libro del frío’. “Siento en mí la suavidad de un lamento que no me pertenece, la temible dulzura de las palabras pronunciadas en la desaparición”, escribe en la página 139. Ese dato, de razón prosódica, decide ya el parentesco del ficticio Kratevas y el hombre que le escribe. Pero hasta la siguiente anotación de la mano del griego, retorna la sintaxis musculada, espejeante de estilos (el conceptismo y la enumeración de los tratadistas), de gran periodo subordinativo, que es uno de los cuerpos del libro. Son los valores de la prosodia, que yo prefiero llamar simplemente música: vienen a hacer más audible un significante, por su amplificación, al ceñir sonoridad y sentido (hasta que la imagen total del libro sea la misma de su actividad sonora). No se trata de retórica, perífrasis, hipérbole, ornamentación. Es un modo individual de habla, un vaciado de oralidad; así suena el cuerpo de esa lengua, su espesor silábico, coloreado, acentual. El timbre mismo de su voz viva al fluir. Lo que Barthes definió en ‘El placer del texto’ como “una estereofonía de la carne profunda”. “Por puro vicio (hay nombres que son como frutos en la boca), voy a escribir aquí….”, se lee en el prólogo. Sobreabundancia de la cantidad y su medición, cuando las voces se intercambian lo desusado, tantas substancias y nombres nuevos, desconocidos para el lector, que le parece ir aprendiendo una lengua ignorada. Aquí viene la música de los grandes catálogos. Que un catálogo es musical lo han demostrado Borges y Wallace Stevens. En su poema “Asphodel, this greeny flower”, escribió: “Es como el catálogo de las naves de Homero / llena el tiempo”. En este recetario casi ilimitado, las historias entrecruzadas, las substancias y los nombres generan y organizan el tiempo. En la polifonía se produce el diálogo de las voces, no es sólo una aposición de los tres textos. El crecimiento de las notas aclaratorias, las disputas y refutaciones en las que se mete el “doctor” Gamoneda son la nervadura de ese diálogo. Porque, si como afirmó Francisco Rico, podría advertirse una influencia de Vallejo en Quevedo, es posible ya sentir la del propio Gamoneda en Laguna.

    Pero la música es también material temático, y muy abundante. “Convaleció Harmosis y supo Mitrídates que la profecía de los vientos era por música cuyos semitonos se tomaban del temblor de hojas perennes, pasándolos por cíthara, para sumar sus intervalos y la declinación de las aves”. Aquí hay algo más que una fantasía musical. Uno desearía poder oír esa extraña e híbrida arpa eólica, cuyo sonido implica a la naturaleza. Aparece con frecuencia una música ritualizada, no sólo en sentido arcaico y oriental (la música curativa, de fusión con un orden cósmico), sino en sentido poético estricto: cuanto más potentes son los venenos, mayor es la audición de una “música del pensamiento”, pura actividad poética. “Dice Kratevas que mientras las mujeres cantaban, él sintió moverse causas invisibles y, al volver el silencio, un gran olvido”.
    Este tramo de mi lectura sólo viene a recordar la sensación obtenida por cualquier lector de Gamoneda: que su escritura es de especie marcadamente musical, con un fraseo intensivo y metamórfico. Que así es también en ‘Libro de los venenos’.

IMAGINACIÓN
    En la novela de Faulkner titulada ‘The Hamlet, El villorrio’, aparece el siguiente párrafo:
“Él contempla cómo se repite lo que ha descubierto por primera vez hace tres días: que al alba, la luz no se difunde desde el cielo sobre la tierra, sino que es aspirada de la tierra. La luz despierta, se filtra hacia lo alto, adherida a innumerables canales serpenteantes: primero a las raíces, luego hoja por hoja y por las agudas puntas, se eleva como un gas y se expande como un soñoliento susurro de insectos por la tierra aún dormida”.
    Tal inversión de lo admitido, de las leyes naturales, ese giro copernicano (que la luz no venga del cielo, sino de la tierra), ese salto al mito sólo puede ser dado por una experiencia imaginaria. La imaginación ha dado el salto. Muchas veces he sentido que en ‘Libro de los venenos’ se ejerce un poder emparentado con el que maneja Faulkner. La potencia imaginativa ha conducido una taxonomía antigua, un conjunto de observaciones siempre centradas en el valor negativo de los venenos (dañinos, finalmente mortales) a su extremo opuesto: ha invertido ese valor. En la escritura de Gamoneda, tras una cuantiosa apariencia de perfecta neutralidad o avanzando en el despliegue de la pura “soberanía de las palabras”, llegan indicios de tal inversión; finalmente, resultará que los venenos son poéticos, en cuanto son alimentos de la propia imaginación. “Es cierto que hay una clemencia  ciega en los frutos que procuran ebriedad antes de la muerte”. La ebriedad es la energía misma del poeta, su resistencia a la muerte.
    La potencia imaginativa de Gamoneda tiene sus propios modos. Es siempre materialista, habla con palabras substanciales, de la experiencia sensible compartida, hasta alzar lo que Miguel Casado llama “el orden matérico del mundo”. Pero es también arcaica, primitiva, mítica. La realidad está en metamorfosis, hay una unidad esencial de identidades entre los vivientes, lo inerte, lo concreto y lo abstracto. Quien lea a Gamoneda guardará el sabor de esa pasta originaria. La demostración de su origen arcaico es relativamente simple; está en Homero, en la Biblia, en el poema de Gilgamesh (donde, tengo entendido, una palabra como ‘kibatti’ significa trigo, pero también desdicha. El salto propiciado por esa imaginación permitiría decir “el trigo de la desdicha”). Tal animismo propicia la siguiente anotación: “La cal se saca de grandes cárcavas en la tierra, y dice Dioscórides que también de las caracolas del mar. Las piedras han de quemarse y es como si el fuego entrase en ellas. Se desprenden de esa fuerza con el agua y, ya exhaustas, dan en cal muerta. Estando en su poderío, la cal quema y engrendra costras, hace caer los pelos y, en el interior del hombre, horada la vejiga y el hígado. Su benignidad aparece, ya muerta, poniéndola con agua rosada sobre llagas”. Esa actividad esconde las metáforas comunes “cal viva”, “cal muerta”.
    Por los grados de la sensibilidad materialista y el mito, se alcanza una potencia alucinada, visionaria y sin materia palpable (sucede bajo los párpados). Hasta ver el mundo con otra armonía, lo invisible. “Fluía más allá de sí mismo”. “Como si el pensamiento colgase fuera del mundo”. Referido a los chamanes, se lee: “El nombre llevaba consigo la causa activa por la cual estaban vivos y muertos al tiempo, y en sus ojos no había distinción entre lo visible y lo invisible” ¿No es una definición precisa del poeta? Y el viaje alucinatorio de Kratevas, tras comer unos hongos asiáticos, es también una estricta y bellísima poética. En la visión crece una arquitectura de correspondencias entre las pieles y los cuerpos del mundo, entre la vida y la muerte. Las visiones pueden suceder precediendo a la muerte, dulcificándola, engañándola, en el gabinete mortal de la tortura científica de Kratevas. La “cueva blanca”, la “cámara blanca” donde alucinan los moribundos envenenados.
    Queda aún otro modo de la imaginación, que obra casi sin mostrarse: es la imaginación de los límites, de las proporciones, de la exactitud. Sin ella no sería posible, paradójicamente, la desmesura del libro, su longitud y espesor. Al escribir sobre Alejandro Magno, además de otras precisiones, dice Gamoneda: “…cabe preguntarse por qué en los templos del Asia sacrificaba al Miedo”. Miedo con mayúsculas. Uno lee eso y siente miedo, siente un escalofrío, aunque conozca la Historia (que los griegos adoraban a Phobos y a Deimos, divinidades del miedo; que les habían alzado pequeños templos y que, antes de entrar en batalla, los generales hacían sacrificios para conjurarlos, para que el miedo no se comiera a sus soldados; que así hizo Alejandro antes de entrar en la batalla de Arbelas); pero el poeta no recorre toda esa historia explícita, no dice “al dios del miedo”. Es más exacto, para crear su mayor efecto. Ha entrado en una sintaxis personal, por “sustracción” (Barthes). Dio el salto hacia la máxima exactitud. Lo difícil de entender es que en un libro genésico de nombres (un grimorio casi innumerable de palabras que son substancias y seres que son nombres), en su centro mismo, se abran los silencios de la imaginación. Que en medio de lo lleno quepan aún “las cosas que no tienen nombre”, como las llama Garcilaso en su ‘Epístola a Boscán’. Pero es que uno de los momentos altos de la poesía de Gamoneda sucede cuando aparecen tales cosas. Y aquí, entre la abundancia, donde cada cosa posee dos, tres y hasta cuatro nombres, se lee: “un animal (no se sabe su nombre)”, “un árbol que carece de nombre”.

HABLA SUBSTANCIAL
    En este libro, exquisito, raro e innumerable como el propio del doctor Laguna, “…donde se trata de las innúmeras plantas exquisitas y raras”, el imaginario de Gamoneda ha crecido otra vez como organismo, cuerpo de palabras. ¿Qué comió y dónde para alcanzar ese crecimiento?
    Ha sido toda una vida en el trato verbal y corporal con las substancias, que carecían entonces de nombre registrado, venían sin prospecto. Algunas eran muy extremadas: “Aguas coléricas”. Otras muy privadas: “Substancias soportables”. Brotando a lo largo de toda su escritura, provocan una mecánica sensorial y son el sustento del habla poética. Adelgazaré aquí una imagen de lectura, ya expuesta en un estudio lejano (‘La escritura del cuerpo’, “Un ángel más”, número 2). Substancias elementales (azúcar, óxido, acónito, yodo) y otras más complejas (morfina, enjundia, pelambre, agua frutal) son generadas por unas actividades corporales y abstractas (alentar, excitar, silbar, corromper) y crean sus duraderos efectos, marcan (la lentitud, la desaparición, el clamor, el vértigo, la perplejidad). A la vez, existen cosas y seres portadores de cualidades extrañadas (números, hortensias, madres, lápidas, cucharas (y lugares donde fructifican las substancias y crecen esos seres (légamos, dormitorios, “un hotel exterior al destino”). Reconozco la simetría excesiva de esta trama cosmogónica, pero cabe preguntarse, ¿qué lugares, qué substancias eran ésas? La imaginación coherente y rigurosa da ahora el salto, su respuesta plausible: aquellas eran también éstas que ahora aparecen múltiples y con nombres descifrados (tragorígano, camelea, torbisco, “las montañas del Cáucaso”, “las tierras húmedas de Iberia”; la víbora que llaman “dipsada”). Para entender ese salto, hay que recordar la máxima de Canetti: “Esta es la ley suprema de lo comido: todo lo que fue comido, come a su vez”. Tal voracidad conduce a una implicación de memoria imaginaria: más allá de la magnífica intertextualidad serial, Gamoneda no procede sólo como manipulador de libros ajenos, sino que se convierte en filólogo de sus propias palabras, las que le pertenecen como poeta; les busca una etimología fantástica, vale decir narrada, las asienta ahora en otra zona de escritura, híbrida, con mucha mezcla. Su trato diario con las “causas invisibles”, que es otro principio activo de la imaginación, le transforma en un curandero, pero también en un narrador y en el extraño Kratevas, piadoso y frío.
    “Hiel y tristeza”. “Imaginaciones blancas”. Ésas son las materias del libro, bajo la apariencia de unos comentarios a Laguna, que a su vez, comentó a Dioscórides. Pero es una apariencia sólida: hay apareamiento de lenguas, pasión médica y boticaria (cada nombre inusual lo veo como pintado en uno de aquellos frascos que llenaban los anaqueles de las boticas); hay una teoría de la visión que es presocrática, un mecanicismo de los átomos. También, y en muy primer lugar, la fascinación por la lengua de Laguna, deslumbrante tantas veces, origen de todo este gran trabajo actual. Pero cuando escribe Laguna: “mirar en las profundidades del vino”, yo siento la excitación de Gamoneda, ahí se nutre su salto: hacia su lengua natural extrañada (la de un poeta), lengua substancial para decir en el intercambio: “respirar sobre la flor blanca trae sueños suaves y luminosos”.

RELATO
    Gamoneda, en el prólogo, que es una pieza crítica y transparente donde se aclara casi todo lo que pueda decirse sobre su libro, plantea el problema de los géneros literarios y se desentiende de en cuál pueda encerrarse la obra, dándole todo el poder al lector: “el lector tiene que decidir por sí mismo….”. Pero es precisamente en un más allá de los géneros donde se sitúa el relato que el libro contiene. Cuando el propio Gamoneda elabora la hipótesis de que se trata de una “disforme novela”, parecería que el relato se hiciese por yuxtaposición de otros adyacentes, siendo el más notable el que narra los hechos del paradójico Kratevas, en primera o en tercera persona. Intercaladas van pequeñas escenas, como ejemplares, y esto lo hacen tanto Laguna como Gamoneda. Finalmente, está el cuerpo central de las recetas venenosas, los antídotos, la doctrina. Aceptado este esquema, serían las noticias de Kratevas las que nutren el relato genérico, el que verdaderamente solicita la intriga del lector (y no deja de hacerlo, por el despliegue de su potente eficacia). Pero, ¿es este Kratevas el personaje de un novelista? Dando un salto poco forzado, a mi juicio, equivaldría a preguntar: ¿es ‘Las tentaciones de San Antonio’, de Flaubert, una novela histórica? Mi hipótesis última, en esta lectura, es que ‘Libro de los venenos’ viene a ser un solo y único relato, a condición de que se entienda como relato poético. Esta consecuencia no tiene que ver sólo con la textura del lenguaje en el que está escritor; un relato es poético del mismo modo que un poema es relato (ahora mismo, lenguas tan distintas como las de Tomás Salvador González o Menchu Gutiérrez alzan relatos poéticos en sus novelas, por el montaje o por la intensidad de su atmósfera).
    Hay otro modo más crudo de acercarse al asunto: ¿en qué se diferencia una receta de las que escribió Don Pío Font y Quer en su ‘Dioscórides renovado’ de otra que podamos leer en este libro? ¿Sólo en la calidad de los adjetivos? Es algo más originario, y el propio Gamoneda lo declara en el prólogo: “sentir el cuerpo de un texto narrativo”. Sentir el cuerpo; como en todo poema real, no se trata de estrategias que monten mecánicamente unos planos diversos. Son las capas, las pieles de un organismo de lengua único. Que ese cuerpo puede ser narrado mediante técnicas de montaje, lo ha demostrado también Gamoneda, si el lector coherente de su obra recuerda cómo la noción de relato está imbricada en toda su actividad. Pues en ‘Descripción de la mentira’ se escribió: “Este relato incomprensible es lo que queda de nosotros”. Es una declaración que debe tomarse al pie de la letra: aquel libro es un modo narrativo. Pero también se lee allí: “Hay un relato y es la humedad que sucedió el mismo día de tu muerte”. Es decir, hay que aceptar que la humedad, esa humedad, puede ser relatada. No se trata de averiguar aquí cuáles son los órganos del relato poético, porque, además, puede que siempre sean los de ‘ése’ y no los de ‘aquél’. ‘Libro de los venenos’ es también la imagen de una narración y, por tanto, de una trama. Se trama una energía bimembre que ciñe palabras y hechos en “simetría mortal”. No es sólo que se narre la poesía, con la intensidad con la que puede hacerlo Gustavo Martín Garzo, por ejemplo. Aquí el primer tramado es el propio autor, al que, poco a poco, se le va evaporando su lugar externo de privilegio. Se ve implicado en su relato (el concepto de implicación pertenece a Gamoneda; véase mi entrevista con él a propósito de este libro, en ‘El paseante’, número 23-25), implicado no sólo por su desdoblamiento en Kratevas, sino por la mostración palpable de su actividad como poeta. En los silencios, en los intersticios y respiraciones, en la polifonía de las voces, ahí también está él. En su pasión declarada, hasta el extremo de sentirse un igual con los antiguos, un curandero arcaico con su ciencia y su magia: “purgar la casa de adversidades”, “atajar el olvido”. Hasta el extremo de verse obligado a poner una advertencia para un posible lector inocente y cándido (¿puede existir ese lector?): …”nadie debe fiar su muerte ni su vida de poderes atribuidos por mí a la naturaleza o la ciencia”. Él mismo parece ser un catador de venenos, afectado de mitridatismo, parece haberlos probado todos (aunque no aparezcan aquí los ocultos, aquellas “pastillas del amanecer”, o “la flor negra de los dormitorios”, que actuaban con tanta intensidad en el ‘Libro del frío’). Es que hay un plano único de implicaciones: por la “pasión verdadera”, es decir, la escritura, un griego, un renacentista español y un actual dialogan como iguales, y las refutaciones del contemporáneo son argumentos hoy falsos. Por tanto, la lógica de este relato, como la de un poema, no es la del ‘verum’ / ‘falsum’ (tengo la idea de que este libro sería inconcebible para un sajón; lo ha sido ya entre nosotros para los malamente sajonizados). Las notas de Gamoneda no tienen verdadera función explicativa, son amplificatorias, ahondan el cauce para todas esas palabras de una lengua infatigable que no cede nada al olvido.

    Los tejidos del texto están diversificados. Los mismos hechos del envenenador Kratevas son muy distintos: también puede ser piadoso y enamorado, también tiene su historia de amor (aunque pueda tratarse de uno de los “sentimientos imaginarios” de los que habló Cirlot). Vive en la contradicción y eso le hace ser un personaje inquietante como pocos: su ética neutral no oculta una humanidad desgarrada. Hay historias conclusas, como la de Cleodemo o la lucha que oyó el ciego. Se traman también pequeños nudos argumentales, como el misterio de la panacea llamada metridato o triaca, o la figura de Aristión, el médico torpe enemigo de Kratevas. Y los personajes múltiples y huidizos, con nombres luminosos, Cippo, Shu y las “meretrices asturianas”. Entre las ficciones que acoplan crueldad y hermosura, los finales absolutos: el No que pronunció Mitrídates, o quien “sollozó una sola vez”.
    El tiempo y el espacio son generadores de extrañeza, dando apertura al relato poético; cuando el lector ya se ve instalado en una zona verificable de cierta mitología, se le desplaza (los desplazamientos son constantes) violentamente, se encuentra con que “el abrótano… abunda en los terraplenes de Toledo”. Toledo, Heraclea de Ponto y, también, Sahagún, en una estampa reciente. Hay un tiempo alejandrino, pero otro hispánico: “La yerba sardonia… los mendigos la usan para hacerse llagas de mucha misericordia”. Cada uno de esos espacios y tiempos, sin romper la unidad de la lengua, parecen afectar sutilmente al tono de su fraseo; como si cada distancia tuviese su modo de expresión. Se dan sentencias de pitagórico o de talmudista y giros de grueso humor cervantino: “…como si los bebedores de menstruo fueran más que los de vino manchego”. No veo en ello impostaciones de la voz. El personaje que construye Gamoneda a lo largo de su obra es siempre el mismo, no es un “fingidor”; pero tampoco, creo, es un yo lírico. Sería más bien como aquel Proteo que vio Diodoro Crono: “Sin dejar de ser él mismo, se transforma en su imagen”. En otras lecturas, yo me he atrevido a llamar a ese modo de implicación “las transmigraciones de Gamoneda”.
    Estas todas me parecen ser las pieles del relato. Pero el organismo camina con un ritmo que es climático y ascensional. Es un aire que se enfrenta a la lentitud que pudiera solicitar el lector, cuando se ha de parar y volver atrás, porque una dinamis le lleva a ir hacia adelante. La tensión rítmica se genera ya en las notas excitadas por el primer párrafo de Dioscórides, escritura de tiempo acumulativo, obsesivas, como si se hubiera comenzado en un ‘medias res’ imparable, sin interrupción. Hasta la primera entrada del propio Laguna, serenando y trayendo su imagen moral del mundo. Es la línea de tensión y relajo del libro, ascensional. Hasta que se produce, en el clinamen rítmico, la despedida de Kratevas, que parece hacer como un tal Ahmés, que desapareció “en las tabernas subterráneas de Sinope”. Unas pocas páginas más tarde lo hace el autor, sumergiéndose silenciosamente en el fragor enumerativo de sus aclaraciones. Y llega el cierre categórico natural, cediendo la última palabra a Laguna quien, como el narrador de las ‘Mil y una noches’ (pero Alá es el más justo), acaba el relato con la invocación al Dios Trino.

    Todo lo que aquí, copiosa y turbiamente, se ha mostrado es la imagen de un libro: de su belleza y de su radicalidad. No creo ya posible lo uno sin lo otro.

Gamoneda en una caricatura del diario EL PAIS

August 4, 2007
Esta es la caricatura de Antonio Gamoneda que acompaña una noticia publicada en EL PAÍS el 21 de abril de 2007, tres días antes de que el poeta recogiera el Premio Cervantes.
Caricatura de Gamoneda publicada en el diario EL PAÏS
 
En internet no figura el nombre del autor de la caricatura.

Citas: Pablo de la Varga

July 26, 2007

"Para acercarse a Gamoneda hay que cuidar el corazón y dejar abiertas de par en par las ventanas del alma."

PABLO DE LA VARGA

Pablo de la Varga, en una foto de Vicente García

El 19 de julio, cuando se inauguró la exposición ‘Visión del frío’ en Botines, Pablo de la Varga —el gran amigo de Gamoneda desde que ambos tenían 5 años— pronunció en el acto, por sorpresa, este pequeño y emotivo discurso:

    "La Concejala de Cultura me avisó de este evento. Se lo agradezco. En mi proximidad al poeta, pues somos amigos desde los cinco años, y compadres varias veces, por esta proximidad, me resulta muy difícil organizar palabras con la claridad y serenidad que él merece.

Me cercan los sentimientos, pero me empuja el deseo de hacerme presente en esta feliz ocasión, aunque afortunadamente muchos ríos de tinta han corrido ya, muchas imágenes televisivas y muchas ondas radiofónicas, que son expresión de las gentes de mayor autoridad dentro del mundo de la cultura.

Al descubrir a Gamoneda, una fuerte campanada ha avisado a todo el mundo de que había palabras nuevas, de contenidos nobles, hondura humana y lucidez existencial.

Ahora, que su voz va siendo patrimonio de todos, esta exposición, que abrió sus puertas por primera vez en la Universidad de Alcalá de Henares con motivo del Premio Cervantes 2006, hace parada inmediatamente después en esta tierra que, en la voz del poeta, es "lentitud sagrada, con álamos al borde del camino".

Poco más. Creo que no debo ir más allá porque las palabras aquí se han puesto de luces.

Sólo avisaros de que para acercarse a Gamoneda hay que cuidar el corazón y dejar abiertas de par en par las ventanas del alma". 

La exposición ‘Visión del frío’, hasta el 31 de agosto en León

July 24, 2007
    La exposición Visión del frío reúne y pone en situación de diálogo 37 poemas manuscritos de Antonio Gamoneda con 41 obras plásticas (pintura, grabado, escultura, cerámica…) de 20 relevantes artistas —Alejandro Vargas, Juan Carlos Mestre, Alejandro Mieres, Amancio González, Albert Agulló, Juan Barjola, Elías G. Benavides, Bernardo Sanjurjo, Jesús Martínez Labrador, Jorge Pedrero, Juan Martínez, José Hernández, Arcadio Blasco, Orlando Pelayo, Esteban de la Foz, Antoni Tàpies, Faik Husein, Eduardo Chillida, Lucio Muñoz y Jean-Louis Fauthoux—.
Gamoneda, con Gonzalo Rojas y Juan Carlos Mestre. “Todos estos cuadros forman parte de mi vida˝, dice Antonio Gamoneda, un poeta cuya relación con las artes plásticas, durante años, ha sido estrecha y fundamental.
    Cada una de las 41 obras que se pueden contemplar en la exposición Visión del frío encuentra un lugar en la poesía y en la trayectoria vital de Antonio Gamoneda.
    La mayoría de estas piezas han sido descolgadas de las paredes de su casa, en León, y todas tienen su historia singular, que nace de un nudo personal e intelectual entre el poeta y cada uno de los artistas, de vínculos afectivos y creativos que hunden sus raíces en una manera de entender el arte y de afrontar el mundo que les ha tocado vivir.
    Tan sólo 8 de estas obras no proceden de su colección particular. De ellas, 7  han sido cedidas por tres artistas amigos —Amancio González, Albert Agulló y Elías G. Benavides— con los que el poeta ha colaborado o entrado en diálogo en distintas ocasiones. Finalmente, el grabado de Juan Carlos Mestre —que bien puede simbolizar esa “última flor ante el abismo” con la que se cierra el libro Cecilia— ha sido realizado expresamente para esta exposición, con la complicidad de Gamoneda.
    Gamoneda, con Mª Ángeles y Eduardo ChillidaMuchas de las piezas aquí reunidas se encuentran ligadas a la labor que, durante años —desde finales de los 60 hasta principios de los 80—, ejerció Gamoneda como crítico de arte y como programador, en León, de la Sala Provincia de la Diputación, a la que atrajo a interesantes artistas del momento —sin olvidar que en esa misma época y bajo su dirección, la colección de poesía Provincia se convirtió también, en España, en un referente de la poesía contemporánea—.
    Se trata de obras representativas de distintas corrientes artísticas, en la línea del realismo crítico o en la del simbolismo, en la del informalismo, el expresionismo o la abstracción lírica. Corrientes que responden, por otra parte, a la sensibilidad de una época.
    Porque Visión del frío, de alguna manera, echa el ancla en el torbellino de búsquedas en que estuvieron volcados los artistas plásticos españoles más inconformistas, en la misma época —los efervescentes años 60 y 70— en que se empieza a gestar la obra del poeta que llegará a ser Gamoneda, sobre todo a partir de la publicación de Descripción de la mentira (1977), un libro emblemático que ya contiene, en germen, su poderosa escritura posterior, sus símbolos y obsesiones, sus preocupaciones y su memoria histórica, su música interior y su fantástica capacidad de sugerencia.
Gamoneda, con Juan Barjola    Como el propio Gamoneda, la mayoría de estos creadores quedaron marcados en su niñez, primero por el trauma de la terrible Guerra Civil y, después, por la dura posguerra, por años de pobreza, autodidactismo y esfuerzo, de largas jornadas de trabajo y falta de libertad, un tiempo de “fraternidad sin esperanza”.
    Quienes reivindican la absoluta libertad creadora la tendrán que ejercer en solitario, haciéndose a sí mismos al margen de los circuitos literarios y artísticos, enfrentándose a la censura y en ocasiones al exilio, avanzando casi a ciegas por caminos desconocidos, en busca de nuevas formas de expresión.
    Cabe decir además que esta exposición no es un evento puntual, ni la simple exhibición de una colección particular de piezas de arte. Entre las 41 obras plásticas y los 37 poemas manuscritos existe, sobre todo, una voluntad de diálogo. El propio Gamoneda lo ha explicado así: “A veces se trata de un pacto, el de hacer una obra conjunta, no un comentario (poético o pictórico) de un cuadro o de un poema. Por ejemplo, Juan Barjola y yo pensábamos en un Jorge Pedrero, el 'vigilante de la nieve'hecho trágico, como la matanza de la Plaza de Toros de Badajoz, del que hicimos una metáfora. Otras veces, como en los deliciosos ‘papiers’ de Jean-Louis Fauthoux, un poema suscita al artista y el trabajo del artista suscita al poeta. En otros casos, se trata de obras con las que he convivido: las relaciones no se ven, se muestra el sentido oculto. Si uno pudiera ser hijo de un cuadro, yo sería hijo del cuadro de Jorge Pedrero, persona muy querida y que fue mi maestro. Entre Alejandro Vargas y yo hay, además, coincidencias biográficas, lo que hace que nuestras referencias a la vida sean muy cercanas. También hay coincidencias temáticas, como con las piezas de Bernardo Sanjurjo, que desarrollan un primer término sombrío y un gran dinamismo pictórico por detrás (yo estaba escribiendo unos poemas titulados Más allá de la sombra)…”.
    Y así con todos y cada uno de los artistas. Podrían ser más. Pero el poeta ha realizado una selección, basada en la amistad —y Gamoneda es hombre de amistades profundas, de correspondencias y de cercanías afectivas en las que no intervienen las distancias físicas— y sobre todo centrada en el interés común de colaboración que en determinados momentos le unió a cada uno de estos 20 autores.
    “Quizá la relación entre estos artistas y mis poemas se encuentre en que la pintura o la escultura son poesía que se ve y la poesía es pintura o escultura que se siente”, ha apuntado también Gamoneda, rescatando la expresión clásica.
Con Antoni Tàpies, en el Círculo de Bellas Artes    La exposición se completa con la exhibición de todos los libros publicados por el poeta —varios de ellos en sus distintas ediciones—, traducciones de sus obras a otros idiomas, libros hechos con artistas, libros dedicados, algunas cartas de creadores americanos y europeos, fotos familiares y fotos con amigos escritores y artistas, galardones significativos y algunas piezas con interés documental —como el libro de poemas de su padre, Otra más alta vida, en el que Antonio Gamoneda aprendió a leer, o una copia del expediente de la censura que en 1968 impidió la publicación de la obra Blues castellano—.
    Los Reyes de España, Don Juan Carlos y Doña Sofía, inauguraron la exposición Visión del frío el 23 de abril de 2007, en el Museo ‘Luis González Robles’ de la Universidad de Alcalá de Henares, con motivo de la concesión del Premio Cervantes 2006 a Antonio Gamoneda.
La muestra llega ahora a León gracias a Caja España que, a través de su Obra Social, ha querido rendir así un justo y merecido homenaje al poeta.

ELOÍSA OTERO
Comisaria de la exposición 
LUGAR:
Edificio de Botines de Gaudí.
Plaza de San Marcelo, 5. León. 
HORARIO DE VISITAS:
La exposición está abierta todos los días, de lunes a domingo inclusive, de 11 a 14 horas y de 18 a 21 horas.
FECHAS:
Del 19 de julio al 31 de agosto. 

Botines, un segundo hogar para Gamoneda

July 20, 2007

Reproducimos el artículo publicado hoy en  ABC, sobre la inauguración, ayer en León, de la exposición ‘Visión del frío’ .

Por BELÉN MOLLEDA
Gamoneda, ayer, en una foto de Mauricio Peña para La Crónica de León / El Mundo    En la «amistad» reposa y se «fundamenta» la exposición «Visión del Frío» organizada en torno al Premio Cervantes 2006 y que reúne 37 manuscritos del escritor, además de 41 obras plásticas de autores como Antoni Tápies o Eduardo Chillida. Así lo describió el poeta durante el acto inaugural de la muestra, que estará en la Casa de Botines hasta el 31 de agosto.
    Con un contenido, por una parte documental, «de mis trabajos, felicidades y quebrantos», y por otra, «con un componente más numeroso, que es el de las piezas de arte», se erige esta muestra que «responde a eso que he llamado relación amistosa con sus autores».
    Por su parte, la comisaria de la exposición, Eloísa Otero, interpretó que, desde ayer, cuando se abrió la muestra, la Casa de Botines «se convierte en la casa de Gamoneda».
    Allí el poeta ha instalado «sus cuadros, libros y objetos más íntimos, más personales, hasta unos discos vinculados a la época que hace referencia sobretodo esta exposición», entre los años 60 y 80.
Durante estos veinte años, el poeta fue programador cultural en la Diputación de León.
    «No están todas las piezas representativas de mi amistad y de la capacidad artística de mis amigos, podría haber algunas más», dijo el poeta, que también confesó que en la muestra ha evitado poner sus retratos, ya que no quería que su «figura visual, historia y fisonomía fuera la que pareciera dominante dentro del conjunto».
    El poeta, que concluyó su discurso visiblemente emocionado, compareció en compañía de uno de sus amigos «más antiguo», desde hace setenta años, Pablo de La Varga, quien afirmó, por su parte, que «para acercarse a Gamoneda hay que cuidar el corazón y dejar abiertas las puertas del alma».
    Entre otros artistas que participan en la exposición con su obra figuran Alejandro Vargas, Juan Carlos Maestre, Alejandro Mieres, Amancio González, Albert Agulló, Juan Barjola, Elías G. Benavides, Benardo Sanjurno, Jesús Martínez Labrador. También lo hacen Jorge Pedrero, Juan Martínez, José Hernández, Arcadio Blasco, Orlando Pelayo, Esteban de la Foz, Antonio Tápies, Faix Husein, Eduardo Chillida, Lucio Muñoz y Jean-Lous Fauthoux, que ofrecen desde pinturas hasta grabados, escultura y cerámica.
 

El frío de las barras en la cara

Por N. G. Sabugal (La Crónica de León/ El Mundo)
    Antes de la inauguración de ‘Visión del frío’, Gamoneda fue recibido en el Ayuntamiento por el alcalde y la concejala de Cultura, Francisco Fernández y Evelia Castaño, quienes lamentaron que el poeta y Premio Cervantes 2006 no hubiera sido recibido de forma oficial por el anterior gobierno municipal. El poeta firmó en el Libro de Honor y Francisco Fernández, que le entregó la Medalla Legio VII del Ayuntamiento de León, aseguró que impulsará el procedimiento necesario para nombrar Hijo Adoptivo de la Ciudad al autor de ‘Blues castellano’. Además, el Consistorio instalará una placa en la casa de la calle Doctor Fleming, 6 donde vivió Gamoneda de niño y desde donde veía, con el frío de las barras muy cerca de la cara, el desfile de los presos que se dirigían hacia la cárcel de San Marcos, situación que el poeta reflejó en el que es uno de sus más famosos textos, en el que explica la crudeza de la Guerra Civil a través de la mirada asustada de un niño.

 

Un poema del libro ‘Cecilia’

July 7, 2007
Yo estaré en tu pensamiento, no seré más que una sombra imprecisa;

 
habré existido en un instante en que la alegría y la piedad ardían en tus ojos.

Cecilia, nieta del poeta (en una foto de Fernando Sanz Santa Cruz)

 
Pero también quiero permanecer desconocido en ti.
  
 
Desconocido. Simplemente envuelto en tu felicidad.

 
Tú distraída en tu luz y yo apenas viviente en ella, y así, imperceptiblemente amado, esperar la desaparición.

 
Aunque quizá estamos ya separados por un hilo de sombra y cada uno está en su propia luz

 
y la mía es la que tú vas abandonando.

ANTONIO GAMONEDA (Poema del libro ‘Cecilia’)

Amancio Prada pone música a un poema de juventud de Gamoneda

July 5, 2007
El músico Amancio Prada acaba de ponerle música a un poema de juventud de Gamoneda que estrenará en León el próximo mes de noviembre, dentro del II Congreso de Literatura Leonesa que organiza Diario de León, y que se cerrará con un concierto del cantautor berciano. Este año el congreso estará dedicado a Antonio Gamoneda y a la poesía leonesa.

… Y EL PRÍNCIPE DE ASTURIAS DE LAS LETRAS SE LO LLEVÓ AMOS OZ

July 3, 2007
Amos Oz    "Solo el que ama puede convertirse en traidor. Traición no es lo contrario de amor; es una de sus opciones. Traidor —creo— es quien cambia a ojos de aquellos que no pueden cambiar y no cambiarán, aquellos que odian cambiar y no pueden concebir el cambio, a pesar de que siempre quieran cambiarle a uno. En otras palabras, traidor, a ojos del fanático, es cualquiera que cambia. Y es dura la elección entre convertirse en un fanático o convertirse en un traidor. No convertirse en fanático significa ser, hasta cierto punto y de alguna forma, un traidor a ojos del fanático. Yo he hecho mi elección y este libro es prueba fehaciente de ello. (…)".
     AMOS OZ (Del libro ‘Contra el fanatismo’)

Gamoneda, entre los 35 candidatos que optan al Príncipe de Asturias de las Letras

June 23, 2007
OVIEDO, 22 Jun. (EUROPA PRESS) -
    Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2006, se encuentra entre las 35 candidaturas que aspiran al Premio Príncipe de Asturias de Las Letras que se fallará el próximo miércoles, 27 de junio, en Oviedo.
En la larga lista de nominados figuran también el escritor peruano Carlos Germán Belli de la Torre, el japonés Haruki Murakami, el poeta coreano Ko Un, el italiano Antonio Tabucchi, el holandés Cees Mooteboom, la canadiense Margaret Atwood, el mexicano Fernando del Paso, el poeta sirio de nacionalidad libanesa Ah Ahmad ‘Adonis’, la escritora india Arundhati Roy y el británico Martin Amis.
Los nominados proceden de Albania, Alemania, Argentina, Brasil, Canadá, Corea del Sur, Estados Unidos, Holanda, Hungria, India, Irlanda, Israel, Italia, Japón, Jordania, Líbano, Macedonia, México, Mozambique, Perú, Reino Unido, Venezuela y España, según informó la Fundación Príncipe de Asturias.
El Premio Príncipe de Asturias de Las Letras está destinado "a galardonar a la persona, grupo de personas o institución cuya labor creadora o de investigación represente una contribución relevante a la cultura universal en los campos de la Literatura o la Lingüística".
El jurado, que iniciará las deliberaciones el martes, estará integrado por Andrés Amorós, Luis María Ansón, J. J. Armas Marcelo, Blanca Berasategui, María Luis Blanco, Carmen Caffarel, Pedro Casals, Antonio Colinas, Francisco Javier Fernández Vallina, Víctor García de la Concha, José Luis García Martín, Pilar García Mouton, Emilio González Ferrín, Manuel Llorente, Rosa Navarro Durán, Berta Piñán, Fernando R. Lafuente, Fernando Sánchez Dragó, Darío Villanueva y Román Suárez Blanco.
El de las Letras es el cuarto galardón que se falla dentro de esta XXVII edición de los Premio Príncipe de Asturias. Hasta ahora han sido otorgados los galardones de Las Artes a Bob Dylan, Investigación Científica y Técnica a los biólogos Peter Lawrence o Ginés Morata, y Cooperación Internacional a Al Gore.

‘El lugar de la reunión. Conversaciones con Antonio Gamoneda’, se presenta el 15-J en Valladolid

June 15, 2007

El libro se presentó en la Fundación Segundo y Santiago Montes (calle Núñez de Arce, 9) de Valladolid, a las 20 horas. Está publicado en Dossoles Crítica (Burgos), la colección que dirige Miguel Casado

Reproducimos el artículo que publicó al día siguiente el periodista ÁNGEL DOMINGO en DIARIO DE VALLADOLID-EL MUNDO:

Gamoneda, en la galería de su casa en León (la foto es de Amelia Gamoneda).

Gamoneda ilumina a Gamoneda
en una antología de entrevistas en parte inéditas 

    Los versos de Antonio Gamoneda se iluminan a la luz de El lugar de la reunión, editado por Dossoles, en el que la crítica Carmen Palomo recoge 19 entrevistas al poeta publicadas entre 1988 y 2005 en diferentes medios. Algunos de estos diálogos, inéditos en castellano, han sido traducidos para este libro cuyo protagonista confiesa que le será más útil a él mismo que a nadie para descubrirse matices.
    Esta selección de entrevistas, presentada ayer en la Fundación Segundo y Santiago Montes, recoge, en opinión de Miguel Casado, director de la colección, «lo que Gamoneda ha dicho desde fuera del poema en torno al poema». Así, los fieles a las palabras del Premio Cervantes 2007, encontrarán en esta antología constantes del autor como la continua reescritura de los textos, la perspectiva ante la muerte, la función de lo poético en nuestra sociedad o su aguda intuición de un lenguaje cargado de símbolos que «lo son sólo de sí mismos».
    Para el escritor, agotado por «la provisional notoriedad que me ha caído encima porque estoy un poco aplastado por ella», esta nueva publicación en torno a su figura no hace sino insistir en que tanto su escritura como él mismo están «preferentemente en el terreno de las inseguridades y la oscuridad» aportando «cierta conciencia de contradicción».
    De «compendio de matices» califica esta obra Carmen Palomo, que destaca que posee «el encanto de la espontaneidad con cierto grado de improvisación puesto que los interlocutores se dejan llevar más por sus intuiciones que por sus conocimientos y prejuicios. Gamoneda es generoso y da rienda suelta al entrevistador para que dirija».
El resultado son conversaciones «calmosas» en las que el periodista o el crítico acaban convirtiéndose en catalizador para que el creador reflexione sobre su propio trabajo ya que, como indica el poeta en una de las piezas escogidas, no sabe lo que piensa hasta que se lo dicen sus propias palabras. En este sentido, Gamoneda considera que «el poeta no debe saber demasiado» y recurre al fraile Juan de Yepes, más conocido por San Juan de la Cruz, cuando dijo aquello de «no saber sabiendo» acerca de la experiencia mística que los laicos prefieren definir como poética.
El lugar de la reunión pertenece a la colección de pensamiento crítico con la que la editorial burgalesa Dossoles pretende acercar al lector la reflexión de destacados artistas contemporáneos. Completa así un catálogo con el que, según su director, Fernando Arnáiz, aspira a «buscar y publicar a autores con difícil salida en las grandes editoriales». Labor ésta agradecida, desde la doble vertiente de creador y lector, por el mismo Gamoneda.

“Cuando los pintores se enfrentan al poeta” (Seis retratos de GAMONEDA)

(Reproducimos un artículo, con texto y fotos del periodista MARCELINO CUEVAS, publicado en el suplemento ‘El Filandón’ de Diario de León:)
 
Uno de los retratos realizados por Jorge Pedrero     El reloj de la Catedral desgranaba con parsimonia las campanadas de las diez, mientras el sol aparecía tímidamente y una voz de aluminio nos decía que sí, que Gamoneda, don Antonio, esperaba nuestra visita. Empujamos la puerta y pasamos al pequeño jardín donde, recostadas en el tronco del viejo árbol que preside con autoridad el recoleto espacio, descansaban las musas del poeta, desnudas, indolentes y ajenas a la fina escarcha que volaba desde los tejados rojos. Parecían cansadas, quizá pasaron la noche acarreando palabras, inspirando versos, derramando en frenética danza sus dones sobre el poeta.
Empujamos la puerta siguiente, también está abierta, y entramos en el santuario. A la derecha un pequeño salón, a la izquierda una escalera. Apoyados en un mueble, al frente, una serie de retratos del poeta. Gamoneda recordó nuestra cita y lo tiene todo preparado. Se trata de fotografiar los retratos que le han hecho sus amigos los pintores. El silencio lo rompe el poeta que baja pausadamente por la escalera.
 Gamoneda extiende el brazo izquierdo mostrando los cuadros y dice. “Estos son, quizá falte algún dibujo perdido entre las mil y una carpetas del estudio, pero básicamente estos son los pintores que me han retratado. Jorge Pedrero, que fue gran amigo y murió hace ya muchos años, me pintó cuando los dos éramos muy jóvenes. Después fue Manuel Jular, entonces también muy joven y, finalmente, Modesto Llamas pintó esta cabeza hace… (se acerca al cuadro)  bueno en 1993 pone en la firma, pero a mí me parece que no han pasado tantos años… en fin, será en el 93. Llamas hizo además otros dos retratos que guarda celosamente en su estudio”.
Nosotros le decimos que hay ya, por lo menos, otra imagen suya que Leticia Gavilanes y Miguel Ángel León, tendrán mucho gusto en entregarle cualquier día como símbolo de la admiración que sienten por él y que está depositada en la casa del Filandón. El poeta tiene prisa por terminar no se qué cosa y nos deja a solas con los cuadros. Los sacamos de uno en uno al patio para fotografiarlos. Las musas se han ido, quizá han vuelto al trabajo, puede que Gamoneda esté terminando uno más de sus poemas.
Otro retrato del poeta, de Jorge Pedrero     LOS DOS RETRATOS DE JORGE PEDRERO
    Jorge Pedrero pintó al escritor en el verano de 1954. En el primero de sus cuadros  le reflejó como un joven dandi de traje gris y corbata bien ajustada. El gesto es serio y la mirada está clavada en el artista que le pinta. En el segundo de sus retratos ha desaparecido la corbata y el poeta está en mangas de camisa, pero el gesto y la postura son los mismos.
Jorge Pedrero nació en Nueva York en 1921, sus padres eran leoneses. Cursó estudios de Bellas Artes en Sevilla y trabajó en el mundo de la vidriera. Su difícil situación personal no le permitió pintar con la asiduidad  necesaria, por lo que nunca llegó a realizar una exposición individual, aunque participó en diversos Salones de Otoño y en varios certámenes de Exaltación de los Valores Leoneses, ganando una medalla en el año 1963.
A la muerte del artista escribía Gamoneda: “En el caso de Jorge Pedrero, no podemos –aunque bien quisiéramos- excluir un punto de indignación: su muerte no consiguió resucitar ni la más escueta nota de quienes, por conocimientos y dedicación diaria a la información, realizan la crónica menuda de la vida –y de la muerte- sobre la tierra leonesa. Si estos mismos informadores estimaron que la muerte de Pedrero no tenía dimensiones de noticia, dejaríamos a un lado nuestra personal y distinta estimación para presentarles sus propias manifestaciones, inteligentemente fervorosas, cuando en no muy lejana ocasión, enjuiciaron públicamente alguna de las obras de Pedrero. No entendemos olvidos que conlleven contradicciones tan notables como las que surgirían de la confrontación de aquellas pasadas expresiones y estos otros más recientes silencios”.
Y ya fijándose en la figura del pintor decía: “Su vida, marcada por el trabajo mal pagado y la enfermedad, no le dejó cuajar en pintor numeroso y celebrado. Lo grande y lo triste de su vida y sus cuadros tendría que haber sido visto en la observación de un tejido asombrosamente tenso, en el que la hebras eran el tono de sus actos de cada día, el impresionante y difícil contenido de sus, también pocas, palabras. Hoy sería difícil reunir en León más de una docena de cuadros suyos. Estos cuadros afirmarían la existencia de un pintor de raza; queremos decir, de un pintor en el que la pasión por la verdad incorporada a la pintura, iba mucho más allá del afán por las calidades, las sabidurías cuidadosas y el buen acabado; más allá, en fin, de todo lo que puede caracterizar a pintores cuya mayor dignidad reside en el éxito rubricado por la cómoda mirada pública”.

    Gamoneda, en un retrato de Manuel JularMANOLO JULAR Y LA ESCUELA ALEMANA   
    Mientras el fotógrafo ejercía su trabajo sobre un nuevo retrato, el realizado por Jular, la sombra de un enorme gato se deslizo con misterioso silencio sobre la pintura. El reloj de Catedral hizo sonar las campanas de las diez y media y unos pájaros huyeron con gran revuelo en busca de atalayas más seguras.
Jular acaba de hacer una estupenda exposición en la leonesa galería Ármaga, y en varias de sus obras emplea los versos de Gamoneda como elementos pictóricos. “Mas que de homenajear al poeta –dice- he divagado pictóricamente alrededor de sus versos. A pesar de la luminosidad ardiente, o quemante, de algunas palabras y conceptos, la confrontación de dos lenguajes oscuros, el magnífico del poeta y el del pintor, probablemente aumenta la confusión aunque destape alguna magia”.
Pero la amistad de Gamoneda y Jular viene de lejos, ni uno ni otro recuerda con exactitud la fecha en las que se realizó el retrato del escritor, pero hurgando en los recuerdos parecen coincidir en que fue a principios de los años 60. Explica el pintor que le sirvió de estudio una luminosa galería en la casa de sus suegros que se abría a la plaza de San Marcos y desde la que podían verse los altozanos del Monte de San Isidro, bien reflejados en la obra.
Era un tiempo en el que el artista estaba influenciado por la figura emergente de Zurdo y, sobre todo, por los expresionistas alemanes, especialmente por Oscar Kokoschka, pintor de violentas pinceladas aparentemente descuidadas y espontáneas, lo que en el caso de Jular puede apreciarse sobre todo en el paisaje que sirve de fondo al cuadro, pintado sobre tabla. La cara del poeta está realizada con pinceladas más finas buscando el parecido. El pintor estaba a punto de alejarse definitivamente del academicismo para recibir las corrientes abstractas que comenzaban a llegar de la entonces muy lejana América. Sobre él comentaba Gamoneda, “Jular veía un hoyo y pintaba un barranco”.
Retrato realizado por Modesto Llamas Gil     MODESTO LLAMAS GIL Y SU SEGUNDA JUVENTUD
    El pequeño retrato de Llamas lo tiene colgado Gamoneda al lado de la puerta de su casa, en un lugar privilegiado, lo cierto es que el lienzo lo merece. Se trata de una obra llena de fuerza, como son todas las pinturas del artista a partir del momento en el que dio carpetazo a la academia. Pero hagamos historia, explica Modesto: “Gamoneda me ayudó en el año 90 a preparar una exposición en la que el tema principal fue el retrato. Se llevó a cabo en el 91 en la sala de Caja España, entonces Caja de Ahorros y Monte de Piedad, en la calle de Santa Nonia. Con aquel motivo retraté a Crémer, a Pérez Herrero… y también a Gamoneda. Fueron obras que rompieron con mi manera tradicional retratar, procuré en ellas sacar a la luz lo más íntimo de cada uno de mis personajes y para ello les pinté en varias posiciones. Son cuadros que guardo con enorme cariño. Gamoneda posó primero en el estudio, con un periódico en la mano, tal y como si hubiese sido sorprendido andando por la calle.  En el segundo de los retratos aparece escribiendo y lo pinté en la biblioteca de Amigos del País, al fondo se adivinan los libros que de alguna manera pesan sobre el poeta”.
Otro retrato de Gamoneda, de Modesto Llamas Gil Llamas quiso regalar este cuadro doble a Gamoneda, pero el poeta le dijo que era demasiado grande, que no cabía en su casa y entonces Llamas pintó, ya en 1993, el estupendo busto del poeta que ahora este conserva en un lugar importante de su hogar.
     LLEGA EL TIEMPO DE LAS EMERGENCIAS
    Los cuadros reposan ya en su sitio, esperamos en silencio el regreso del poeta que vuelve pronto, como si hubiera adivinado que habíamos terminado. Baja de nuevo las escaleras arrastrando los pies y con el mismo gesto adusto, tiene cierto parecido con Beethoven, que muestra en los retratos. Desde el último han pasado ya catorce años, tiempo en el que los premios y galardones han llovido sobre él. Le cometamos que hay unos jóvenes artistas que le han hecho un nuevo retrato y que quisieran entregárselo como muestra de la admiración que sienten por su obra. Está de acuerdo. Nos da la mano y le dejamos emprendiendo de nuevo la ascensión a su reducto, allí donde con él trabajan las musas para mayor gloria de las letras españolas.
Pero ha llegado el momento de hablar de este nuevo retrato, del collage realizado por  un joven e inquieto equipo de artistas que viven en una apasionante y surrealista vorágine de pintura y poesía. Son Laetitia Gavilanes y Miguel Ángel León, que un buen día retrataron al poeta y que por obra y gracia de esta obra han vivido una lamentable cadena de desencuentros que no tenemos espacio ya para comentar. Pero dejemos que sean ellos en primera persona los que cuenten una parte de la historia.
El retrato realizado por Laetitia Gavilanes y Miguel Ángel León “Una mañana, la joven artista Laetitia Gavilanes se despierta poseída por un impulso: pintar un retrato del poeta Antonio Gamoneda. Armada con sus tijeras y papeles, reconstruye el rostro melancólico a partir de una foto de prensa. Virtud del arte, el impulso ya ha fructificado. Ahora surge el problema: su presentación en sociedad. Con la alegría que corresponde a quien ha descubierto un raro cristal, Laetitia dirige sus pasos hacia la Fundación Sierra Pambley. Ante una garita exigua, ella demanda una cita con el propietario del rostro retratado. No ha de aguardar mucho tiempo hasta que la protectora secretaria le comunica, telefónicamente, que él no la recibirá debido a su permanentemente grave estado de salud. En efecto, al día siguiente, ella puede comprobar cómo, en su saludable y habitual paseo vespertino, el escritor es seguido por una sombra enferma y fumadora. La alegría inicial va cediendo a una sorda inquietud”.
Y la inquietud se convierte en peregrinaje, en una especie de viaje iniciático y verdaderamente surrealista que aquí acaba, ya que el retrato puede verse en estas páginas y pronto estará en manos  del poeta.

Antología y voz de LLAMAZARES y GAMONEDA

Foto de DIARIO DE LEÓN(Reproducimos el artículo publicado hoy en LA CRÓNICA DE LEÓN-EL MUNDO, firmado por CARLOS GONZÁLEZ:) 
    MADRID.— La literatura con aire leonés tuvo ayer su tributo y su homenaje en el madrileño Círculo de Bellas Artes de Madrid. En una sala repleta de leoneses de todas las edades residentes en la capital se presentaban las obras de dos primeros espadas de la literatura leonesa con impacto dentro de las mejores plumas de España. Antonio Gamoneda y Julio Llamazares daban a conocer su obra ‘Antología y voz’, una ingeniosa recopilación de todos sus poemas y escritos en prosa acompañados de un cedé con el sonido de los escritores recitando su propia obra. Un trabajo que contaba ayer, en su presentación, con la compañía de sendos escritores de los prólogos.
    El crítico literario Nicolás Miñambres dio su particular punto de vista sobre la obra de Julio Llamazares, compilada bajo el sello de El Búho Viajero, la editorial que dirigen dos veteranos fotógrafos leoneses Puri Lozano y Miguel Sánchez. Miñambres navegó sobre los versos del escritor leonés destacando aspectos de la evolución de Llamazares, y materializando estos en estigmas narrativos que «representan la soledad, iconos botánicos y zoomóficos». El crítico literario expuso varios ejemplos de estas aseveraciones durante la extensa exposición de la obra de Llamazares. Como ejemplos, se expusieron los versos de Julio Llamazares en su obra ‘La lentitud de los bueyes’.
    El foco alumbró después la efigie de Antonio Gamoneda, recientemente galardonado con el Premio Cervantes. El ovetense de nacimiento y leonés de adopción tuvo de padrino a José Enrique Martínez, catedrático de Literatura de la Universidad de León y autor del prólogo de esta obra recopilatoria. A través de un verbo fácilmente entendible, Martínez desentrañó la esencia de la obra de Gamoneda. «La obra de Antonio Gamoneda es un referente para los entendidos de la poesía, pero también ofrece, a través de sus textos, una aproximación a la literatura poética para aquellos que se inician en la lectura», dijo el catedrático. Así, Martínez fue entresacando, como quien selecciona fruta madura, las perlas de cada una de las obras del afamado escritor. Desde ‘Primeros poemas: de 1947-1953′, hasta ‘Cecilia: de 2000 a 2004′, parándose a definir la obra ‘Sublevación Inmóvil: de 1953 a 1959′, como «la mejor representación de la esencia poética del autor».
    Fue tiempo después para escuchar a los autores. Julio Llamazares y Antonio Gamoneda se deshicieron en halagos para con la sociedad editora, los autores de sendos prólogos y el respetable que ayer se congregó en el Círculo de Bellas Artes. Gamoneda, hasta el momento casi inmóvil, pareció despertar de su letargo para regalar a los presentes una poética verbal solamente comparable a la destreza de su pluma. Llamazares, por su parte, mostró un léxico directo y gráfico en su intervención, que comulga con el estilo periodístico que imprime a buena parte de su trabajo.
Las obras de ambos autores suponen las dos primeras recopilaciones editoriales y auditivas de una colección que trata de reunir el trabajo de grandes escritores de León.

Antonio Gamoneda y Julio Llamazares en el CBA

June 12, 2007
La editorial leonesa EL BÚHO VIAJERO presenta el miércoles 13 de Junio, en Madrid, los dos primeros títulos de la colección LIBROS CD ‘Antología y voz’, dedicados a Julio Llamazares y Antonio Gamoneda.
El acto tendrá lugar en la Sala María Zambrano del Círculo de Bellas Artes (C/ Alcalá, 42, 5ª Planta), a las 19.30 horas, y contará con la presencia de ambos autores, además de los editores, Miguel Sánchez y Puri Lozano, y de los profesores José Enrique Martínez y Nicolás Miñambres, autores de los prólogos de ambas obras.

Presentación de la edición mexicana de ‘El cuerpo de los símbolos’ en el Instituto Cervantes de Madrid

The image “http://www.unav.es/linguis/CV.gif” cannot be displayed, because it contains errors.La sede madrileña del Instituto Cervantes (antigua sede del Banco de España, en C/ Alcalá 49, muy cerca de la plaza de La Cibeles) acoge hoy, 12 de Junio, a las 19.30 horas, la presentación de una nueva edición de ‘El cuerpo de los símbolos’ (Ed. Calamus, Oaxaca, México, 2007). Se trata de un libro de ensayos (publicado por primera vez hace algunos años en España, por Huerga&Fierro) en el que Antonio Gamoneda reflexiona sobre la experiencia creativa.
En el mismo acto, además del libro de Gamoneda, se presentarán también: 
  • Mi vida con la perra, de Francisco Hernández
  • Se está tan bien aquí, de Alejandro Aura
  • De madrugada, entre la sombra, el viento, de José-Miguel Ullán
El acto, moderado por Ernesto Lumbreras, contará con la participación de los autores y los comentarios de Miguel Casado, Julio Trujillo y Jorge Valdés Díaz-Vélez. 
Todos estos libros han sido editados en la colección mexicana Calamus, publicada por Amigos de Editorial Calamus y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura de México.

Gamoneda celebra los cien títulos de la editorial Abada

June 8, 2007
Antonio Gamoneda junto a Fernando Guerrero y Amalia Iglesias    Antonio Gamoneda celebró ayer en Madrid los cien primeros títulos publicados por Abada Editores, «acobardado», dijo, «ante una provisión de libros tan acorde con mis apetencias», y la poeta Amalia Iglesias compuso con todos ellos un poema que recitó en el Círculo de Bellas Artes.
    Ambos poetas están en el catálogo de Abada, un sello «peculiar» y «cualitativo», en palabras de Gamoneda, quien hace tres años y medio presentó el lanzamiento de este proyecto centrado en las humanidades en la misma sede del CBA, cuando aún Juan Barja no era su director, y sí lo era de esta editorial. Amalia Iglesias, autora de títulos como Poetas en blanco y negro o Lázaro se sacude las hortigas, bautizó su poema La hipótesis de Babel —tomado de un libro de Barja y Julián J.Hefferman—, y lo subtituló El rinoceronte y otros relatos, para jugar con otro de Ionesco y con el mamífero del diseño editorial que realiza Joaquín Gallego para Abada.
    Una empresa editorial que Gamoneda, premio Cervantes de las Letras, agradeció a quienes la hacen posible, «hombres y mujeres de pensamiento» —recalcó—, por «haber puesto al alcance de los lectores una serie de obras que se echaban de menos», sin crear «alarmas publicitarias» ni falsas expectativas.
    Le Corbusier, Nietzsche, Hegel, Cacciari, Rousseau, Doré, Argan, Maderuelo, Bacon, Ruskin, Baridon, Vigarello, Starobinski, Aristóteles, Ortega, Heidegger, Schelling, Milton, Luc Brisson, Erri de Luca, Bouza, Burketrt, Perec, Duque, de Azúa, Perrault, Corpus Barga, John Milton o Christopher Marlowe, son nombres de este catálogo que dan una idea.
    Destaca también la edición de las obras completas de Walter Benjamin, en 11 volúmenes, de los que se han publicado dos y el tercero saldrá después del verano, según informó Fernando Guerrero, director de Abada.
    Gamoneda llamó la atención sobre su actitud editorial poco frecuente y subrayó la autenticidad de una selección de títulos «que parecen elegidos para la propia biblioteca» (un 45% de autores extranjeros), así como su proyección exterior.
    Guerrero agradeció a todos los que colaboraron en las ediciones y en los 21 números de la revista Sileno (variaciones de arte y pensamiento) el que con su ayuda este sello editorial se haya podido asentar tan rápido y con tanto aplomo.
    Concebido para fecundar mutuamente pensamiento y creación, el catálogo de Abada tiene un predominio del ensayo en el campo de las Humanidades: filosofía, estética, historia, historia del arte…
(Noticia de agencias, publicada hoy en DIARIO DE LEÓN

Una entrevista de Gonzalo Márquez Cristo

May 29, 2007

 

 
El escritor colombiano Gonzalo Márquez Cristo realizó hace unos meses una amistosa entrevista al poeta, titulada (haz click aquí:) ‘Los oficios de la luz’, para la revista Común Presencia. 

30-M: Presentación de ‘El lugar de la reunión. Conversaciones con Antonio Gamoneda’

La editorial DOSSOLES, de Burgos, en su colección CRÍTICA, dirigida por Miguel Casado, acaba de sacar dos nuevos títulos:


  • EL LUGAR DE LA REUNIÓN. CONVERSACIONES CON ANTONIO GAMONEDA. Edición de Carmen Palomo.
  • EL JAZZ EN LA BOCA, de Ildefonso Rodríguez.

En la presentación, el próximo miércoles 30 de mayo —en la Biblioteca Pública de León (calle Santa Nonia), a las 20 horas—, estarán presentes, además de los autores:

  • el poeta Antonio Gamoneda
  • el poeta Víctor M. Díez
  • el editor Fernando Arnáiz
  • el director de la colección, Miguel Casado

¡¡¡ FELICIDADES !!!

Antonio Gamoneda cumple mañana, 30 de mayo, 76 años.

¿Qué habrá depositado Gamoneda en ‘La Caja de las Letras’?

Foto: Sonia Pérez Marco (21-4-07)

 

Tres días antes de recibir el Premio Cervantes, Antonio Gamoneda depositó en ‘La Caja de las Letras’ del Instituto Cervantes un legado personal y secreto que sólo se podrá abrir en el año 2032.

¿Qué habrá dejado?
“Los poetas somos profesionalmente pobres, así que no traigo joyas ni grandes cosas valiosas. Pero tenemos nuestros pequeños misterios, y algo de eso es lo que ha quedado encerrado”, apuntó el escritor poco después de depositar su legado en su caja, que permanecerá cerrada con llave hasta dentro de 25 años. Sí se sabe que ha dejado ahí un manuscrito original de una de sus obras, pero también algunos objetos o escritos únicamente conocidos por él.

Gamoneda ha sido el segundo escritor, después de Francisco Ayala, en dejar algo especial en este nuevo y curioso depósito del Instituto Cervantes, con vistas al futuro. En concreto, la caja de seguridad de Gamoneda es la 1.001 de la antigua cámara acorazada del edificio.

Discursos al recibir los premios Cervantes y Reina Sofía

Ambos discursos de Antonio Gamoneda se pueden encontrar, íntegros, en los siguientes enlaces:

    Discurso al recibir el PREMIO CERVANTES 2006, el pasado 23 de abril de 2007, en la Universidad de Alcalá de Henares.

* * * 

    Discurso al recoger el PREMIO REINA SOFÍA DE POESÍA IBEROAMERICANA, el pasado 30 de noviembre de 2006, en el Palacio Real de Madrid.

Dos versiones de ‘Ferrocarril de Matallana’

(La primera versión, del año 1960:)

A las ocho del día en febrero
aún es de noche.

Subimos a este tren algunos hombres
por motivos diversos.

No hay aún luz en los vagones, sólo
oscuridad y aliento.

No nos vemos los rostros pero sentimos
la compañía y el silencio.

En el andén estalla la campana.
Nos sobresalta la crueldad de un silbido.
El tren arranca. Todo vuelve
a su antiguo sentido.

Nos dan la luz amarillenta y floja.
Salimos
de la oscuridad como del sueño:
torpemente vivos.

Y ahora empezaremos a mirarnos
como hombres distintos:
amaríamos a éste, pero a aquél
nunca le amaríamos.

Sin embargo, la luz debiera ser
quien nos hiciese amigos.

Éste es un tren de campesinos viejos
y de mineros jóvenes.

Se ve algo que une
más que la sangre y la amistad.

Es una cosa del cuerpo y del alma.
Es grande y dolorosa.
Pero se está haciendo de día.

Ahora ya se puede ver la tierra
oscura bajo el hielo. Es
hermosa la tierra en febrero.
Vemos los montes todavía en sombra,
los robles, del mismo color del monte,
la yerba vieja sepultada en escarcha
y, sobre lomas, las tierras de trabajo:
cada surco endurecido por el río
como la resistencia de los pobres.

Rectos y oscuros, los chopos
llenan de serenidad las riberas
y, cerca de ellos, bajo el pueblo, el río
desciende azul y lleno de soledad.

Cruzan los pueblos de sonido humilde
—Pardavé, Pedrún, Matueca—;
las casas montan las paredes tristes
sobre el espacio de las huertas;
vemos las calles en silencio, vemos
la iglesia muda y las cerradas puertas.
Esto es un pueblo; se construye a base
de paciencia y tierra.

Cuando bajo del tren, siento frío
en medio de tanta verdad,
y ya entiendo, sin pensar, muchas cosas.
Comprendo, por ejemplo,
la belleza de España.

España es también una tierra,
pero una tierra sólo no es un país;
un país es la tierra y sus hombres.
Y un país sólo no es una patria;
una patria es, amigos, un país con justicia.

    ANTONIO GAMONEDA (’Ferrocarril de Matallana’, 1960)

(Esta es la versión, o reescritura, de 2003:)

A las ocho del día en febrero
aún es de noche.
No hay aún luz en los vagones, sólo
oscuridad y aliento.
No nos vemos: sentimos
la compañía y el silencio.

En el andén estalla la campana.
Nos sobresalta la crueldad de un silbido.
Tiemblan las sombras. Todo vuelve
a un antiguo sentido.

Nos dan la luz amarillenta y floja.
Salimos
de la oscuridad como del sueño:
torpemente vivos.

Éste es un tren de campesinos viejos
y de mineros jóvenes. Aquí
hay algo desconocido.
Si supiésemos qué, algunos de nosotros
sentiríamos vergüenza, y otros esperanza.

Se está haciendo de día. Ya
veo los montes dentro de la sombra,
los robles, del mismo color del monte,
la yerba vieja, sepultada en escarcha,
y el río, azul y silencioso
como un brazo de acero entre la nieve.
Cruzan los pueblos de sonido humilde:
Pardavé, Pedrún, Matueca…

Cuando bajo del tren, siento frío.
He dejado mi casa. Ahora estoy
solo. ¿Qué hago aquí?, ¿quién me espera en
este lugar excavado en el silencio?

No lo sé; con el tren se aleja
algo que es cierto aunque no puede ser pensado;
es algo mío y no me pertenece.
Está dentro y fuera de mi corazón.

     ANTONIO GAMONEDA (De ‘Exentos I’, 2003)

Amelia Gamoneda sobre Antonio Gamoneda

"(…) En mi memoria de siempre mi padre es un hombre que escribe; o mejor dicho, es un hombre que trabaja, que trabaja en la escritura. Escribe con todos los músculos, reconcentrado, tachando con decisión, rompiendo enérgicamente los papeles, y luego pulsando las teclas –de las máquinas antes mecánicas y hoy del ordenador– hasta desgastar sus mecanismos. Su ruido de escritor es el de un oficinista, el del oficinista que fue, el del obrero y su máquina; en mi memoria imaginaria, este ruido se prolonga hacia atrás en el tiempo y se confunde con el de las máquinas de bordar que mi abuela pedaleaba incansablemente en una galería. Algunas noches, en la casa de mis padres, el ruido de las teclas no se interrumpe más que durante tres o cuatro horas; pienso entonces si mi padre no le estará haciendo compañía a mi abuela, pienso si este oficio de escritura, ejercido así, con ese apremio, con ese esfuerzo, con esa necesidad, no habrá recibido su ritmo de esa experiencia familiar del trabajo, de esas noches de la infancia de mi padre en las que él tampoco acertaba a percibir cuándo se paraban las máquinas de bordar de mi abuela. (…)"

    AMELIA GAMONEDA (Fragmento extraído del texto titulado ‘Entre memorias’ que Amelia Gamoneda leyó en el Festival de la Palabra, Universidad de Alcalá de Henares, el pasado 18 de abril)

Fotos del homenaje en el IES Juan del Enzina

Foto: NORBERTO (Diario de León), publicada el 29-5-07

Dos fotos de Gamoneda durante el sentido y precioso homenaje que le rindió ayer la comunidad educativa del IES Juan del Enzina (León), y en el que el poeta respondió con su presencia, palabra y afecto. 

Foto: J.M. LOPEZ (La Crónica de León-El Mundo), publicada el 29-5-07

"Tengo la sensación de que los chicos y chicas de Secundaria leen poca poesía y se atienen a lo que les exige la asignatura. A mi modo de ver esto es insuficiente y habría que estimular el acercamiento de los estudiantes tanto a los clásicos como a los autores modernos» (A.G., ayer, en declaraciones a un periodista).

LA NOTICIA DEL HOMENAJE, EN EL DIARIO DE LEÓN (ayer)

La comunidad educativa del Juan del Enzina rinde hoy tributo a Gamoneda

El centro ha editado una interesante revista especial dedicada al autor de «Arden las pérdidas»

Los alumnos del instituto harán un recorrido por la vida y la obra del Cervantes leonés

Toda la comunidad educativa del Instituto Juan del Enzina de la capital leonesa rendirá hoy homenaje a un paisano muy especial, el último premio Cervantes, Antonio Gamoneda. El poeta acudirá al centro para acompañar a quienes tanto entusiasmo han depositado en la organización de este acto, para leer diversos poemas suyos y para escuchar y ver los textos e imágenes que los alumnos han preparado para la ocasión. Para compartir, en suma.
    La jornada, que está abierta al público, constará de varias lecturas por parte de Gamoneda y los alumnos, así como del relato de las diversas etapas de su peripecia vital y creativa junto con la proyección, al mismo tiempo, de fotografías e ilustraciones. Pero también habrá música: la poesía de las palabras dará paso a la poesía melódica en la voz del piano.
(more…)

Recital en Ourense, 29 de Maio

29 DE MAIO - PARANINFO DO INSTITUTO "OTERO PEDRAYO" (OURENSE)
12 horas
Recital poético de Antonio Gamoneda (Premio Cervantes 2006).

Presenta: Xosé Francisco Fernández Naval (’Chisco’)

Organiza: Amigos da República de Ourense

Homenaje en el Juan del Enzina el 28 de mayo

May 24, 2007

El próximo lunes, 28 de mayo, el poeta recibirá un homenaje en el Instituto Juan del Enzina (León), a las 13 horas del mediodía. Alumnos y profesores han editado una pequeña revista-antología, para la ocasión, de la que reproducimos la portada (la fotografía fue tomada durante el rodaje de un documental sobre el Premio Cervantes 2006 dirigido por el realizador argentino Tristán Bahuer).

El primer poema manuscrito (1947)

Te beberé el cabello

y cerraré los ojos.

Tú seguirás manando

tu cabello,

turbio de besos.

(Este es el primer poema manuscrito de Antonio Gamoneda, cuyo original conserva su hija Amelia. Está datado en 1947, cuando el poeta apenas contaba 16 años. El original se ha podido ver estos días en la exposición ‘Visión del frío’ —que por cierto se clausura mañana viernes, 25 de mayo— en la Universidad de Alcalcá de Henares).

 

Dossier en la revista ‘Minerva’

May 23, 2007

 

El último número de la revista Minerva, que edita el Círculo de Bellas Artes de Madrid, incluye la extensa entrevista que el poeta leonés concedió a la poeta Amalia Iglesias, jefa de redacción de Revista de Libros y galardonada con el Premio Villa de Madrid de poesía en 2006. El dossier se completa con una serie de comentarios que diversos poetas y escritores, amigos todos del poeta leonés, han realizado sobre algunos de sus versos.

Dossier Gamoneda

 

Antología en la Biblioteca Virtual Cervantes

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes ha incorporado una pequeña muestra antológica de la obra de Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) en su Portal Poesía Española Contemporánea, que dirige el profesor de la Universidad de Alicante Ángel Luis Prieto de Paula

Ciclo en Murcia: ‘Cuaderno de octubre’ / Diálogos Cervantinos

May 14, 2007
La obra del premio Cervantes 2006, Antonio Gamoneda, centra el ciclo literario Diálogos Cervantinos, que se celebra en Murcia del 15 al 18 de mayo, con ponencias de Félix Grande, premio nacional de las Letras; Diego Jesús Jiménez, premio nacional de Poesía; el poeta y profesor del CSIC Luis Alberto de Cuenca, y los profesores de literatura española Fernando Rodríguez de la Flor (Universidad de Salamanca); José María Cuesta y Carlota Fernández-Jáuregui (Universidad Autónoma de Madrid), y Julián Jiménez Hefferman (Universidad de Córdoba).
Participarán también en este ciclo, al que asistirá Gamoneda como invitado especial, la profesora de literatura española y rapsoda Alicia Mariño, el crítico y poeta Miguel Casado, el escritor y músico Ildefonso Rodríguez, el escritor y editor José Esteban, y la escritora y poeta Guadalupe Grande.

Exposición en Alcalá de Henares: ‘Visión del frío’

May 10, 2007

El Museo Luis González Robles, situado en el Rectorado de la Universidad de Alcalá de Henares, dedica una exposición al poeta Antonio Gamoneda, ganador del Premio Cervantes 2006. La muestra, titulada ‘Visión del frío’, puede visitarse entre el 23 de abril y el 25 de mayo.

En la fotografía se puede contemplar el grabado de Juan Carlos Mestre que sirve como portada del catálogo e imagen de la exposición.

VISIÓN DEL FRÍO reúne y pone en situación de diálogo 37 poemas manuscritos de Antonio Gamoneda con 41 obras plásticas (pintura, grabado, escultura, cerámica…) de 20 relevantes artistas —Tàpies, Barjola, Amancio González, Jorge Pedrero, Elías G. Benavides, Juan Muñoz, Jesús Martínez Labrador, Alejandro Vargas, Lucio Muñoz, Chillida, Albert Agulló, Arcadio Blasco, Orlando Pelayo, Esteban de la Foz, Bernardo Sanjurjo, José Hernández, Faik Husein, Alejandro Mieres, Jean-Louis Fauthoux y Juan Carlos Mestre—, con los que el poeta ha colaborado en libros o exposiciones.
Cada una de las piezas reunidas tiene un lugar en la vida o la escritura de Antonio Gamoneda.
También se exhiben todas las obras publicadas por el poeta —varias de ellas en sus distintas ediciones—, traducciones de sus obras a otros idiomas, libros hechos con artistas, libros dedicados, algunas cartas de creadores americanos y europeos, fotos familiares y fotos con amigos escritores y artistas, galardones significativos y algunas piezas —como el libro de poemas de su padre, Otra más alta vida, en el que Antonio Gamoneda aprendió a leer— con interés documental.

 

‘Lugar de álamos’, por MIGUEL CASADO

    ¿Cómo aparece un gran poeta?, ¿de qué manera trasciende su entorno inmediato? Ciertamente, en cada ocasión que esto ocurre, resulta difícil no sentirlo como un fenómeno misterioso, como un destino que impone su fuerza oscura por encima de las circunstancias.
    Cuando leí por primera vez a Antonio Gamoneda –hacia 1983–, su poesía era un secreto bien guardado entre las murallas de León, aunque ya hubiera publicado tres libros. Veintitantos años después, su nombre se ha convertido en la más importante referencia de la poesía española actual; no se puede hablar de poesía moderna en nuestra lengua sin reconocer el papel clave de su obra, de las preguntas y caminos que ha suscitado, de la apertura sin restricciones a que nos obliga como lectores. El proceso que ha llevado de aquel silencio hasta este reconocimiento reúne, de modo emocionante e insólito, la necesidad con la justicia. Y hoy la poesía de Gamoneda ya es patrimonio de todos.
    Antonio Gamoneda nació en Oviedo en 1931. Al año siguiente murió su padre, y en 1934 su madre se trasladó con él a León, donde ha residido siempre desde entonces. De las condiciones de su vida en aquellos años da idea él mismo: “Mi tipología de escritor ha de ser la que pueda darse en la suma de unos componentes históricos y biográficos que son, más o menos, los siguientes: pobreza familiar, escasa escuela pública y contemplación inocente de la crueldad y la miseria moral de la guerra civil y la posguerra militarizada; […] primeras lecturas nada selectas; trabajo, desde la niñez, en niveles inferiores. Estos son los fundamentos culturales primarios. A continuación, con la vocación poética ya descubierta, estudios accidentados y lecturas tirando a imprevisibles, nada de viajes educativos, y jornadas laborales de doce horas, menos los domingos que sólo hacíamos tres”.
    Los textos recogen las experiencias que fueron despertando esa temprana vocación –el canto del rosario de la aurora oído desde la duermevela del niño (“como serpientes bellísimas que pasaran sobre mi corazón”), el canto de Pedro, el ciego, con su noticiero ambulante (“bóvedas invisibles creadas cada mañana por la voz otoñal”)…–. Con tal sustrato –compartido por muchos de sus conciudadanos–, la virtud de la escritura de Gamoneda ha sido construir un mundo y una lengua radicalmente personales, a partir de una inmersión intuitiva en la tradición popular (de “Los campanilleros” al blues), en el barroco castellano o en ‘La Celestina’, en los textos bíblicos, en variadas poéticas modernas (Lorca, Hikmet, Rimbaud, Saint-John Perse, Duras, Rilke, Vallejo). Así enraizada, la poesía se le ofrece como la fórmula más estricta de la identidad, el espacio donde se ejerce la reflexión existencial y donde se pone en juego la vida, forma íntima de respiración. Y, como en toda obra contemporánea, lugar ella misma de conflicto, nudo de tensiones contradictorias.
    Quizá por haber empezado refiriéndome al cambio que ha llevado desde aquel “secreto leonés” a una apertura sin fronteras, querría esbozar brevemente cómo el núcleo conflictivo, las contradicciones en que se constituye un poeta pueden girar en torno a la ciudad que habita. “Mientras más personal, local, temporal y particular es un poema, más se aproxima al centro de toda poesía”, decía Novalis, pues en tal particularidad radica el núcleo de resistencia que distingue un mundo poético de otro; el doble proceso que suponen los textos de Gamoneda, de extrema interiorización de la realidad y de metamorfosis de la sustancia íntima en mito, cuaja fundiendo sin posible deslinde lo universal y lo local.
    ‘Lápidas’ –libro publicado en 1986– reúne, en su capítulo tercero y más extenso, muchos de los rasgos del relato de formación, Bildugnsroman, tal como fue acuñado por los clásicos y los románticos alemanes: el aprendizaje de la vida en campos distintos, el nomadismo del protagonista a través de lugares y costumbres, la mezcla en su mirada de lo privado y lo documental, el recuento de gentes que dejaron una imagen, una frase, un tono de voz que aún se oye. León, de los suburbios al casco viejo, aparece como un mapa inagotable de hallazgos vivísimos, donde caben tantas sorpresas y tanta profundidad como en el medievo germánico evocado por Novalis en su novela ‘Enrique de Ofterdingen’. Gamoneda no presenta, sin embargo, el deseo enciclopédico que movió al romántico, ni su voluntad discursiva y didáctica; tampoco, el propósito de hacerse cronista de la anécdota que alentó las memorias infantiles de algunos poetas herederos de la poesía social. Hay, sencillamente, el relato de la luz, del aura interiorizada de las cosas y los hechos, que no se suman para hilvanarse en historia, sino que se superponen, se espesan en un cuerpo consistente y oscuro. Ya antes, en ‘Blues castellano’ y ‘Descripción de la mentira’, esos materiales habían surgido y seguirán matizándose luego, en ‘Libro del frío’ y ‘Arden las pérdidas’, o iluminando mejor alguna de sus caras y ensombreciendo otras, afirmándose y negándose, proponiendo un apasionante ejercicio de lectura en marcha.
    Es característica la doble forma que tiene la realidad de manifestarse: por un lado, como sólido soporte en que la mirada se apoya para hacer pie cuando más turbiamente se agitan los fluidos espectrales de la memoria: “Días de labranza extendidos más allá de las aguas, / lenguas laborables y el centeno bajo el invierno: / así es el mundo delante de mis ojos”. Pero, por otro lado, las cosas y los hechos se imponen como depositarios de un sentido que tuvo su raíz en alguna antigua experiencia personal y ha quedado oculto, velado en ellos (“como basalto dentro de basalto”); que sólo se percibe en la intensidad que conllevan, pero que no hace que sean asimilados, comprendidos por el propio autor, más que a través de un lentísimo proceso que se confunde con la misma vida.
    Todo este cuerpo oscuro de intensidad poética se alimenta del paisaje de la infancia: “El cinturón de álamos es oloroso bajo los manantiales de marzo”, y en esta imagen el infantil “lugar ameno” se asocia con los manantiales de la memoria que –como se relataba en un pasaje memorable de ‘Descripción de la mentira’– “se abrieron” permitiendo que aquel mundo olvidado empezara a afluir de nuevo, a convertirse en mundo consciente. Las frases de la cita anterior, tras el aroma de los árboles y el correr del agua, continuaban así: “y en los vertederos se insinúan flores lívidas junto a la fermentación de las hogueras subterráneas. Son las flores cándidas y venenosas de los extrarradios y su fertilidad conduce a la infancia”: el agua de la memoria es también impura, infectada, “cándida y venenosa”, y este carácter doble constituye el paisaje del origen: el extrarradio. Al otro lado del Bernesga, cerca de la estación, barrio de obreros pero todavía territorio rural, de patios y huertas, perteneciente a la ciudad y excluido de ella: en este lugar se levanta el balcón al que el niño se asoma para grabar en sus ojos la vida que cruza: movimientos y acciones que no llegan a entenderse, que se observan sólo a medias, cuya continuidad no es previsible, pero que dejan caer todas sus emociones y misterios, sus sonidos y colores, en una sensibilidad afilada por el deseo de saber y también por una cualidad enfermiza del niño.
    Es el León de la guerra civil y la primera posguerra, y las imágenes infantiles hablan del miedo que satura el ambiente y de la toma de partido de aquellos habitantes del barrio: los suyos son quienes pasan bajo el balcón formando cuerdas de presos, hacia San Marcos, y no “los espías” o los policías que llegan al amanecer. Entre estos episodios, se repiten las referencias a un “cinturón”, a unas “puertas” y “muros”: símbolos de la separación respecto a la ciudad (“ciudad avergonzada”, “ciudad amordazada”, se leerá luego). Sólo cuando llegue la adolescencia, las calles se irán haciendo más familiares: las del mercado, las que conducen de madrugada al trabajo, y “lo comunal” formará parte del mito propio.
    Sin embargo, el espacio fundador seguirá siempre siendo el del extrarradio (de “poética del ejido” ha hablado Gamoneda), aun cuando el tiempo lo haya convertido en lugar al que se vuelve no viviendo ya en él: “En los paseos perezosos hice míos los restos de la pobreza agraria”. El efecto de los años en este escenario le sirve al poeta para ahondar en la conciencia: el ámbito de la infancia es percibido ahora como acumulación de restos: físico vertedero, donde la ciudad arrincona lo inservible, y depósito también de una memoria que con enorme lentitud va elaborando su sustancia nuclear, el descubrimiento de la vida experimentado como descubrimiento de la muerte. El tiempo se ha hecho espacio: “Edad, edad en los suburbios”. En los últimos poemas de esta parte de ‘Lápidas’, Gamoneda sentirá la ciudad como una especie de esfinge hierática enfrentada a su entorno (“La ciudad mira el sílice de las montañas como una gárgola inmóvil ante los círculos de la eternidad”) y será después testigo de la furia destructora del casco urbano contra este entorno que acogió su niñez (“los arroyos retroceden como las víboras ante el incendio. Es la pasión de las inmobiliarias”).
    En los poemas de ‘Libro del frío’ y ‘Arden las pérdidas’ la progresiva toma de conciencia respecto al contenido de la memoria viene a chocar con la desaparición física de su mundo: “Esta hora no existe, esta ciudad no existe, yo no veo estos álamos, su geometría en el rocío. / Sin embargo, éstos son los álamos extinguidos, vértigo de mi infancia”. La crónica de pérdidas que abría ‘Descripción de la mentira’, con la evocación de las personas cercanas desaparecidas o destruidas durante la larga noche del franquismo, obtiene así contundente correlato en la historia de la ciudad. La ciudad en que vive el poeta ya no existe, si no es como espectro adherido a los rincones de la memoria. El mundo es enteramente el interiorizado, el de alguien poseído por recuerdos que lo habitan y en los que habita: “De las violentas humedades, de / los lugares donde se entrecruzan / residuos de tormentas y sollozos, / viene / esta pena arterial, esta memoria / despedazada”: residuos no nombra los objetos del vertedero, sino los jirones interiores, la impronta de los mínimos detalles conservados a través de las décadas y saturados por el sentido que ya entonces hizo que se imprimieran, y que ahora –casi desprovistos de anécdota– los desborda hasta derramarse en la obsesión. “Vi lavandas sumergidas en un cuenco de llanto y la visión ardió en mí”: el ver se ha hecho con el tiempo visión, en el proceso simultáneo que interioriza (“en mí”) e intensifica (“ardió”); la presencia obsesiva de estas visiones en la memoria nutre hasta el extremo el factor de irrealidad que late en una dinámica de tal orden: la realidad máxima, la conocida, la más verdadera y honda, tiene, así, un efecto de irrealidad casi insoportable, especialmente para quien la lleva consigo.
    Esta trayectoria a la vez evolutiva y obsesiva, que afecta al mundo poético entero, no supone sino llevar hasta las últimas consecuencias la lucidez existencial de ‘Descripción de la mentira’: “La naturaleza de los cuerpos es fingir la existencia y este conocimiento es el fin de un espíritu rodeado por gallinas ávidas”, o con su peculiar modo de dejar que hablen las cosas: “en tu chaqueta abandonada y entreabierta, es decir, en una forma que describe tu desaparición”. Toda gran escritura acaba haciéndose portadora de esta clase de energía entrópica. Sin embargo –y éste es otro fruto de la lucidez del poeta–, su propio carácter de obra verbal, de mundo verbal, aparece como forma última de certeza, certeza también irrestañable: “Hay una música en mí, esto es cierto, y todavía me pregunto qué significa este placer sin esperanza” –anota al concluir ‘Arden las pérdidas’.
 
 
    MIGUEL CASADO (Texto publicado en el catálogo de la exposición ‘Visión del frío’ que, hasta el 25 de mayo, se puede visitar en la Universidad de Alcalá de Henares).
 

BIBLIOGRAFÍA actualizada de ANTONIO GAMONEDA

May 8, 2007

Libros de Antonio Gamoneda

  • Sublevación inmóvil. 1ª edición, Colección Adonais, Rialp, Madrid, 1960.
  • Sublevación inmóvil y otros poemas. [edición no venal] Junta de Castilla y León, Valladolid, 2006.

  • Descripción de la mentira. 1ª edición, Colección ‘Provincia’, Diputación Provincial de León, León, 1977.
  •  Descripción de la mentira. 2ª ed. Colección Barrio de Maravillas, Junta de Castilla y León, Valladolid, 1986.
  • Dos poetas en su voz. Manuel Álvarez Ortega y Antonio Gamoneda. (Incluye un cassete con la lectura de Descripción de la mentira, editado en un librito). Ediciones Portuguesas, Valladolid, 1992.
  • Descripción de la mentira. 3ª ed. [con un texto de Julián Jiménez Heffernan] Abada Editores, Madrid, 2003.
  • Descripción de la mentira. 4ª ed. [con un texto de Julián Jiménez Heffernan] Abada Editores, Madrid, 2006.
  • Description du mensonge. [Descripción de la mentira]. Jacques Ancet (traducción e introducción), Corti, Paris, 2004.
  • Beskrivning av lögnen. [Descripción de la mentira]. Ulf Eriksson (traducción), Artes, Stockholm, 2002.
  • Descrição da mentira. Vasco Gato (traducción). Biblioteca O Barco Ébrio, Ed. Quasi, Vila Nova de Famalicão, 2007.
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Tarareando Nazim

Tengo ruidos en la nuca, doctor.
Siento el cráneo apretar y crujir,
sobre todo si hay penas. No sé…
Hace ya siete años, doctor,
que en vez de pensamiento tengo un ruido
y una pasta muy triste en la cabeza.

Yo haré lo que me diga; yo tendré
paciencia y confianza. Puede ser.
Yo tomaré las medicinas
para poder pensar en mis amigos.

Pero si lo que ocurre, doctor,
es que tengo algún mal que se produce
a causa del amor
y el pensamiento de la resistencia,
entonces, déjelo; esto no es
más que nuestro sonido natural.
Yo viviré
mejor con este ruido en la cabeza.

    ANTONIO GAMONEDA (Del libro ‘Blues castellano’)

 

* Nazim Hikmet (1902-1963), poeta turco que escribió buena parte de sus poemas en prisión, tras ser acusado de revolucionario por las autoridades. Este escritor fue referente poético y moral para muchos poetas españoles durante los años 60. Gamoneda lo traduce, y este poema suyo recuerda a uno del poeta turco, titulado ‘Angina de pecho’.  

Jornada de estudio sobre Gamoneda, el martes 8 de mayo en Salamanca

May 7, 2007
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Noticia biográfica de ANTONIO GAMONEDA LOBÓN

May 5, 2007

Antonio Gamoneda y Amelia Lobón, padres del poeta, hacia 1918

     Antonio Gamoneda nació en Oviedo en 1931. A los tres años, ya huérfano de padre (de su mismo nombre, poeta en la órbita del modernismo que publicó un solo libro, ‘Otra más alta vida’, en 1919), se trasladó con su madre, Amelia Lobón, a León, única ciudad en la que ha querido vivir, primero en el principal barrio obrero –y campesino– de la ciudad, que siguen llamando de El Crucero. Para sus ojos infantiles el barrio fue un observatorio “privilegiado” de la represión llevada a cabo por los nacionales durante la guerra civil y la inmediata posguerra.
 Pasó fugazmente por la enseñanza primaria en la escuela pública, y cumplidos los diez años y viviendo ya en una zona más céntrica, empezó a cursar, gratuitamente, el bachillerato en un colegio religioso del que se autoexpulsó antes de terminar el tercer curso.
Al día siguiente de cumplir catorce años empezó a trabajar como meritorio y recadero en el hoy extinguido Banco Mercantil. Permaneció en la condición de empleado de banca, atravesando distintas categorías, durante veinticuatro años.
Desde los diecisiete, estuvo en la política clandestina hasta los días de la llamada Transición, sufriendo la desaparición –asesinato, suicidio, accidentes, locura, envilecimiento– de la práctica totalidad de los compañeros de grupo.
Mantuvo relación amistosa, sin ser parte del equipo, con los poetas editores de las revistas “Espadaña” y “Claraboya”. El poema más antiguo que conserva fechado es de 1947.

Fotos tomadas del catálogo de la exposición 'Visión del frío'
Terminó “por libre” los estudios medios. En 1960 se casó con María Ángeles Lanza (tiene tres hijas y una nieta: Amelia, Ana, Ángeles y Cecilia).
En 1969, abandonó la banca privada y pasó a crear y dirigir los servicios culturales de la Diputación Provincial. La tarea no era fácil, intentaba hacer una cultura progresista con el dinero de la dictadura. Fue privado de su condición de funcionario –y posteriormente recontratado– mediando sentencia judicial.

Desde 1979 hasta su jubilación en 1991, fue director gerente de la Fundación Sierra-Pambley, creada en 1887, impulsada por Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate y Manuel Bartolomé Cossío, como una especie de apéndice de la Institución Libre de Enseñanza orientado a la educación de campesinos y obreros. De esta fundación ha sido, hasta hace poco tiempo, miembro del Patronato.
De poesía o en torno a la poesía ha publicado hasta ahora dieciséis libros. Buena parte de ellos ha sido traducida a distintos idiomas (francés, portugués, sueco, árabe, hebreo, neerlandés…). Ha participado, con lecturas, poemas y conferencias, en cursos y encuentros de instituciones y universidades de toda España y países de Europa, América, África y Asia.
En 1985 fue Premio Castilla y León por la escritura realizada hasta la fecha; en 1988, Premio Nacional de Literatura por su libro ‘Edad’; posteriormente, Premio de Literatura de la Comunidad de Madrid 2005; Prix Européen de Littérature 2006; Premio Reina Sofía de Literatura Iberoamericana 2006 y Premio Cervantes 2006, por el conjunto de su obra en estos cuatro últimos casos.
Se le ha concedido también la Medalla de Oro de la ciudad de Pau, la Medalla de Plata del Principado de Asturias, el Premio Leteo, la Medalla de Oro de la Provincia de León y la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Es Hijo Adoptivo de León y de Villafranca del Bierzo, y Doctor honoris causa por la Universidad de León.

ANTONIO GAMONEDA en una fotografía de FERNANDO SANZ SANTACRUZ

May 4, 2007

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