«Desde que me concedieron el premio Cervantes
ya no soy dueño de mi vida»
Antonio Gamoneda ha recorrido medio mundo en el último año
Una entrevista de ÁLVARO ARRIBAS
(Publicada en las páginas de Cultura del diario La Crónica de León-El Mundo hoy, 14 de noviembre de 2007)
GUANAJUATO (MÉXICO).— El 30 de noviembre se cumple el primer aniversario del nombramiento de Antonio Gamoneda como Premio Cervantes 2006. El poeta se encuentra de viaje en México, donde ha participado con una conferencia magistral en el XVIII Coloquio Cervantino Internacional, en Guanajuato. En su regreso a América analiza los pormenores de su vida en este último año, la decisión del Ayuntamiento de León de nombrarle Hijo Adoptivo de la ciudad y comparte sus proyectos de futuro. Antes de regresar a España participará en el Festival Internacional de las Letras ‘Jaime Sabines’, en la ciudad de San Cristóbal de las Casas (Chiapas). Como don Quijote, su ideología crítica sigue caminando del lado de los pobres.
PREGUNTA.— Su conferencia de Guanajuato plantea ciertos paralelismos con el discurso de la entrega del Premio Cervantes, ¿cuáles considera más relevantes?
RESPUESTA.— La noción de pobreza como circunstancia existencial de la que se parte para la creación literaria, con otras perspectivas que las que suelen tener los escritores en situación social acomodada.
P.— ¿De qué modo afectó esa pobreza a su obra?
R.— Cervantes fue eminentemente pobre durante toda su vida, al punto de no poder realizar estudios universitarios ni entregarse a su vocación de una manera libre. Es una constante en la obra de Cervantes entre componentes humanos de mundo acomodado y componentes humanos del mundo de la pobreza. Esto tiene prolongaciones, en el sentido de asimilar también la relación riqueza-pobreza a una relación injusta entre el poder económico y la penuria económica.
P.— ¿Cómo influyó en Cervantes el que viviera en una sociedad cambiante, con la aparición del mercado, el espacio público, etc.?
R.— Influyó, sin embargo Cervantes está en el orden de la profesionalidad ajena a la escritura, porque entonces en la escritura prácticamente no había profesionalidad. Tuvo que vivir de una manera medieval, venderse como soldado, como mercenario. Su vida fue realmente dura y triste. No sé por qué los estudiosos de Cervantes hablan mucho de esa circunstancia de su vida, pero no terminan de estudiar la proyección que ha tenido en su obra. Yo nada más he apuntado un poquito y son ellos los que tienen que entrar a fondo en eso.
P.— El otro bloque central de su exposición es la poesía, cuando habla de ella como «emanación de la vida del autor» ¿entiende así lo poético del Quijote?
R.— Claro; lo poético y que dentro de lo poético haya lo que asimila los datos existenciales de Cervantes, interiorizados y convertidos de alguna manera en una forma expresiva. Por eso yo digo que don Quijote es una inmensa metáfora.
P.— ¿Cómo surgió la propuesta de acudir a este evento?
R.— Recibí una carta del doctor Alfonso Alcocer, director general del Instituto Iconográfico del Quijote. Cada vez que tengo que hacer un viaje largo tengo que inyectarme para la circulación, pero hacía años que no venía a América y coincidieron tres cosas: el Coloquio Cervantino Internacional; el viaje a San Cristóbal de las Casas, con 12 ó 14 poetas, uno o dos mexicanos, pero de lengua española quizá no haya más; la tercera era hacer una lectura en Oaxaca relacionada con la feria del libro, pero tengo la sensación de que los organizadores no se han puesto de acuerdo. No pasa nada porque yo prefiero destinar esos días para trabajar en cosas mías.
P.— ¿Cómo lleva el tener que viajar tanto?
R.— Es fatigoso. En febrero tendré que hacer un periplo que empieza en Roma, pasa a Atenas y luego va a Damasco, El Cairo y cinco países árabes más, a hacer lecturas de poemas. Le tengo miedo.
P.— ¿Qué le parece el ambiente que ha encontrado en Guanajuato, como ejemplo de internacionalización del Quijote?
R.— Estoy realmente sorprendido porque no pensé que fuera tan amplia e intensa la estimación cervantina que aquí existe. No son solamente el Museo Iconográfico y el Centro de Estudios Cervantinos, también está la Universidad y otras instituciones dedicadas; es mucho. En España existen los estudios cervantinos, pero con este carácter de acontecimiento no recuerdo nada.
P.— ¿Qué es que más le agrada de estas conferencias?
R.— La verificación de una cosa muy sencilla. Hemos visto una conferencia de un cervantista que es chino. Eso me proporciona una idea, yo sé que el Quijote es un libro universal, pero estoy descubriendo que es más de lo que yo pensaba.
P.— Muchas veces se alude al comercio y la política como medio de unión entre países ¿es el Quijote un nexo entre España y América más importante que los anteriores?
R.— Naturalmente que puede serlo, y hace falta. Si descartamos el fenómeno editorial, que no es propiamente un terreno cultural sino una circunstancia de mercado, hay relativamente poca relación entre países de lengua española en América y España.
P.— ¿Cómo se puede fomentar ese intercambio?
R.— Con la multiplicación de los intercambios, por descontado, pero sobre todo habría que buscar una fórmula para que la distribución de libros pudiera realizarse de una manera más sencilla. A los hispanoamericanos los libros españoles les resultan muy caros. No me parecería nada mal que el estado español bonificase los impuestos a editores que proyectan su obra a América, sería una manera de abaratar el producto y hacer que circulase.
P.— ¿Se puede imaginar cómo sería el Quijote del siglo XXI?
R.— Sería un Quijote que no solamente contemplaría la injusticia de las relaciones entre los poderosos y los humildes, sino que tendría que contemplar el deterioro climático del planeta, las alianzas de poderes supranacionales orientadas a globalizar la economía de una manera que exista siempre una mayoría de pobreza y unos grandes espacios no desarrollados donde cuando el poder económico llega encuentra grandes beneficios. El Quijote no podría ser igual porque el mundo tampoco es igual.
P.— ¿Qué influencias cervantinas tiene Antonio Gamoneda?
R.— Eso tiene que decirlo la crítica. Yo recibo la influencia, seguro, de Cervantes y de muchos autores de muy diversas lenguas, sobre todo en mi etapa de juventud. Pero no soy muy consciente, es algo que entra en mí y ahí se crea un estado de confusión que para mí tiene un valor positivo.
P.— ¿En qué ha cambiado su vida y obra el Premio Cervantes?
R.— Mi escritura no ha cambiado; no hay ninguna razón para que sea mejor que la del día antes de recibir el premio. Mi vida sí. Dentro de nos días va a hacer un año en el cual no soy dueño de mí mismo, estoy pendiente de los compromisos y los viajes, y eso ha hecho cambiar seriamente mi vida.
P.— ¿Desde cuándo su interés por la obra cervantina?
R.— Desde siempre, aunque no haya tenido la misma manera de entenderlo. No quiere decir que las anteriores fueran falsas, porque la virtud de un libro de esa importancia es que tiene tantas lecturas distintas como lectores. He leído el Quijote unas 15 veces y otras obras de Cervantes y otros autores también, sobre todo ahora que he entrado en la que yo llamo ‘edad de relectura’. Desconfío de los grandes best sellers, que tienen mucho tirón comercial, publicitario, etc. Sin embargo, en las relecturas noto una especie de libros distintos a los que yo leí; el mismo libro, leído 40 años después, en cierto modo es otro libro.
P.— ¿En qué está trabajando actualmente?
R.— Estoy trabajando muy poco porque no me dejan, pero algo voy haciendo. Hay cerca de 20 poemas, escritos el último año, cuya literalidad estoy corrigiendo. También estoy tratando, a veces aquí mismo en Guanajuato a las dos de la mañana, de corregir la última versión de mis memorias de infancia. Las escribo, la vuelvo a escribir y aquí sigo repasándolas.
P.— ¿Qué le parece la decisión del Ayuntamiento de León de nombrarle Hijo Adoptivo?
R.— Son cosas bastante naturales, nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, como dice el refrán. Llega un momento en que uno tiene un golpe de suerte de un premio importante y las instituciones quieren dar señal de que se solidarizan con el afortunado. En este caso lo han hecho el Ayuntamiento y la Diputación, con la Medalla de Oro de la Provincia. Las cosas son así, yo las agradezco, pero ni los viajes ni los protocolos aumentan la calidad de mi poesía (risas).
P.— ¿Cree que llega tarde?
R.— No me resiento en nada de que pueda ser un reconocimiento tardío, al contrario, yo no esperaba ningún reconocimiento.
P.— ¿Qué le emociona más de este nombramiento?
R.— Tiene una cosa que sí me gusta. Al mismo tiempo van a colocar, en la casa en que yo viví en el barrio de El Crucero, una placa con un fragmento de un poema mío referido a los prisioneros de guerra que de niño veía pasar por debajo de mis balcones.
P.— ¿Se siente, ahora más, un ‘embajador’ de León?
R.— No he pensado en eso. De hecho lo seré, pero sin necesidad de que me sienta como tal: ‘Este hombre viene o vive en León’. Pero no tengo un sentimiento especial de representación leonesa o asturiana. Socialmente se interpreta así y me parece correcto.
P.— ¿Qué tiene previsto cuando regrese a España?
R.— Estos actos, luego en la Universidad de León empieza un congreso en torno a mi escritura y el día 29 formo parte del jurado del Premio Cervantes. Cada uno hizo su propuesta de nombres, pero entre nosotros no hemos hablado nada. En diciembre también tengo algunos viajes y en el año que viene no quiero ni pensar.
P.— ¿Qué opinión le ha causado México?
R.— Me interesa mucho. Existen datos que han sido transformados pero que tienen un origen en las culturas precolombinas, muy serias y fuertes. He leído la obra de Fray Bernardino de Sahagún, leonés; el pobre hombre tenía miedo a la Iglesia y no se atrevía a traducir los signos sagrados de la lengua náhualt, tenía que decir que eran cosa del demonio. Me he encontrado que en México hay festividades que tienen un carácter muy especial y que pueden estar relacionadas con una transformación que tiene sus orígenes en las culturas precolombinas. Los carnavales son muy distintos y mucho más vivos que en España, el Día de Muertos, por ejemplo; todo tiene una potencia que al mismo tiempo es festividad y es representativa de una manera de ser. Es muy característico.