‘Extravío en la luz’ llena el Círculo de Bellas Artes

January 29, 2009

 Juan Carlos Mestre, Antonio Gamoneda y Amelia Gamoneda, ayer, en el CBA

[El poeta Juan Carlos Mestre, el Cervantes leonés Antonio Gamoneda y su hija, Amelia, durante la presentación.
Fotografía de RAQUEL P. VIECO
]

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El invocador y existencial «Extravío en la luz» llenó el Círculo de Bellas Artes
Amelia Gamoneda, hija del poeta, calificó de «ruido de oficinista» la labor creativa del maestro
Por Pacho Rodríguez para Diario de León

Antonio Gamoneda presentó ayer en Madrid, en el Círculo de Bellas Artes, Extravío en la luz, un libro en el que comparte protagonismo con Juan Carlos Mestre, autor de los grabados que incluye la publicación, y con su hija Amelia, que escribe un cercano prólogo que hace aún más especial este poemario editado por Casariego. Y Madrid, una ciudad que adora a Gamoneda, respondió con un lleno absoluto de la sala María Zambrano, en un edificio que es el epicentro cultural de la capital, y ávido de la poesía invocadora y existencial del poeta.
   Con tanto afecto, el poeta leonés dio paso a su socarronería y se quejó, y lo que logró fueron las sonrisas y hasta risas de los asistentes, que descubrieron el lado más cercano del autor de obras ya emblemáticas como ‘Arden las pérdidas’ o ‘Libro del frío’. Pero como de lo que se quejaba era del exceso de cariño, lo que hubo en sus palabras fue agradecimiento encubierto. Esa satisfacción le vino de palabras como las pronunciadas por su hija, quien deleitó a la concurrencia al contar que, «en mi memoria de siempre, es un hombre que escribe. O, mejor dicho, un hombre que trabaja con la escritura». Y lo ilustró de una manera bien descriptiva: «Su ruido de escritor es el de un oficinista», afirmó. Un ruido que asoció generacionalmente «al sonido de las máquinas bordadoras» como el que hacía con ese trabajo su abuela.
   Al margen de los continuos elogios a la importancia y la trascendencia de la obra de Antonio Gamoneda, suficientemente descritas en la tarde de ayer en Madrid, también se pudo saber algo de la intensidad de trabajo del poeta, ya que, según su hija, a veces, ese ruido de la máquina de escribir o ahora del ordenador no se detiene en cuatro horas. "No sé si hará compañía a mi abuela», expresó Gamoneda hija.
   El berciano Juan Carlos Mestre, al que Antonio Gamoneda adjudicó la mayor parte de la importancia de ‘Extravío en la luz’, se llamó privilegiado por poder compartir autoría con alguien que cuenta con una inmensa obra como la recogida en ‘Esta luz’. Mestre señaló que «poco he hecho yo más allá de leer apasionadamente a Gamoneda», además de resaltar que la admiración hacia el poeta se completa, con la misma intensidad, con el fervor hacia su persona.
   El berciano Juan Carlos Mestre, al que Antonio Gamoneda adjudicó la mayor parte de la importancia de ‘Extravío en la luz’, se llamó privilegiado por poder compartir autoría con alguien que cuenta con una inmensa obra como la recogida en ‘Esta luz’. Mestre señaló que «poco he hecho yo más allá de leer apasionadamente a Gamoneda», además de resaltar que la admiración hacia el poeta se completa, con la misma intensidad, con el fervor hacia su persona.
   Por su parte, Antonio Gamoneda, tras la intervención de la directora de la Editorial Casariego, Isabel Rodríguez, y la lectura de una ponencia de la poeta Amalia Iglesias, ausente en el acto por problemas de agenda, comenzó su intervención casi pidiendo disculpas por la cantidad de veces que se había pronunciado su nombre y siempre además, adjetivado con elogios. E, incluso, lamentó que se llamara «poemario» cuando «sólo contiene seis poemas».

La «presentación express» como método contra el exceso de elogios

Antonio Gamoneda propuso ayer la insólita fórmula según la cual los libros deberían presentarse con algo así como «aquí el libro, aquí unos amigos», afirmó. Era una propuesta de presentación express que evitaría el exceso de elogios y que, por supuesto, no va a cuajar cuando con su presencia, como la de ayer en Madrid, consiguió que el respetable se quedara sentado por si seguía la cosa. Gamoneda casi riñó a la editorial (primero dio las gracias), por dotar de tanta importancia a una obra como ‘Extravío en la luz’, que aparece como una cuidada publicación de gran tamaño y con la obra de Juan Carlos Mestre. Al berciano le dijo que tanto Gamoneda era ya mucha dosis. Y a su hija le reprochaba porque «no había hecho nada más que barrer para casa», aludiendo a sus dotes de interpretación crítica. «Por eso no he aplaudido a ninguno de los dos», remató con humor. Los que sólo conocían al autor sobre el papel salieron encantados de haber descubierto la relativización con la que trata las cosas y emocionados porque cuando leyó uno de sus poemas logró un silencio paralizante. Antes dijo: «Leo y disolvemos esta reunión. Qué pesadez con Gamoneda. Salgo para ir al fisioterapeuta». Y la gente se rió antes de pasar a la emoción de oír la palabra de Gamoneda pronunciada por el poeta Antonio. Y se iban con el libro debajo del brazo.

Gamoneda en la televisión turca NTV

 Gamoneda en el canal turco NTV

Con motivo de su viaje a Estambul, en febrero de 2008,
hemos encontrado este reportaje en el canal turco NTV.

‘Extravío en la luz’ se presenta en el CBA (Madrid)

January 28, 2009
 Antonio Gamoneda
CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID.
SALA MARIA ZAMBRANO.
28 DE ENERO 2009. 20 HORAS.

HOY, 28 de enero, tendrá lugar en el CBA
la presentación del último libro de  Antonio Gamoneda.
El poemario ‘Extravío en la luz’ incluye seis poemas inéditos
y veinte grabados del ilustrador y poeta Juan Carlos Mestre.

Junto al autor intervendrán:
Amelia Gamoneda, Juan Carlos Mestre e Isabel Rodríguez.

Edita: Casariego

 

Las memorias, grapadas y entregadas

January 22, 2009
Gamoneda finaliza sus memorias:
«Ya las he grapado y entregado»

Gamoneda y Sorel
[Antonio Gamoneda y Andrés Sorel,
durante la sesión del Foro Quevedo desarrollado el martes,
20 de enero, en San Marcos. Foto de RAMIRO
]

Por EMILIO GANCEDO
(En Diario de León)
El Foro Periodístico Quevedo dedicó ayer su segundo debate a analizar la significación literaria y la íntima relación con León del premio Cervantes Antonio Gamoneda. Junto al escritor Andrés Sorel, el catedrático y crítico literario José Enrique Martínez y el presidente de la Asociación de Periodistas de León, Francisco J. Martínez Carrión, Antonio Gamoneda confirmó que ya había puesto punto y final a unas muy esperadas memorias de sugestivo título, ‘Un armario lleno de sombras’. «Ya están grapadas y enviadas a mi agente —aseguró—. No sé si se publicarán en dos meses o seis, pero ahí están».

El encuentro, que tuvo lugar en el Hostal de San Marcos, sirvió también para dar a conocer la aparición del libro ‘Iluminaciones. Antonio Gamoneda’, del secretario de la Asociación Colegial de Escritores de España, Andrés Sorel. Una biografía íntima que «radiografía» la historia humana del poeta y de la ciudad de León como espacio en la que ésta se desarrolla, en palabras de Martínez Carrión. No obstante, este libro tendrá su correspondiente presentación en sociedad dentro de algunas semanas.

Del mismo modo que se dijo de Shakespeare, abrió el fuego Sorel con una afirmación categórica: «Es un hombre de su tiempo, que es lo mismo que decir que es un hombre de todos los tiempos», un creador que, como Kafka, se adelanta a su tiempo mostrando e «intuyendo», más que sabiendo, la «verdad de su tiempo» e incluso de los «tiempos por venir». Y es que escribiendo ‘Iluminaciones’, Sorel llegó a la comprensión no sólo de lo que ocurrió en aquellos oscuros años de posguerra en los que al niño Gamoneda, viendo los camiones y vagones cargados de presos, «se le posó en la boca el sabor del óxido», sino también lo que sucedió en su ciudad natal, Segovia, «y en toda España». «Explicándose a sí mismo, explica la época que le tocó vivir», recordó.

Por su parte, el catedrático y crítico literario del Diario, José Enrique Martínez, no dudó en calificar de «espléndido» el libro de Sorel, sobre todo por su capacidad de «recrear los preámbulos de la guerra civil en León a través de la mirada asombrada de un niño». Una «huella» que permanecerá para siempre en la memoria del autor del ‘Libro del frío’ y que está magníficamente contada por Andrés Sorel, quien también muestra en ‘Iluminaciones’ una ciudad «cuyo panorama cultural era un desierto».

Gamoneda y Sorel. La foto es de J.M. López, publicada en La Crónica de LeonFue el propio Gamoneda quien cerró el acto recordando que la «poesía ornamental» no le interesa en absoluto, sino que le interesa la que «intensifica la vida» y tiene «voluntad de potenciar el lenguaje». También quiso dejar claro que la obra ‘Extravío en la luz’ no es un poemario suyo como tal, pues, además de sus seis poemas, hay textos de su hija y veinte grabados de Juan Carlos Mestre.

Una esvástica en la casa donde el poeta pasó su niñez en León

Antonio Gamoneda pidió ayer que no sea borrada, al menos durante un tiempo, la esvástica pintada sobre la placa conmemorativa que el Ayuntamiento había instalado en la casa en la que el poeta pasó su niñez, «para que quede constancia de que aún hay seres en los que anida el rencor y la crueldad del fascismo». «Todavía hay gente capaz de significar su existencia trazando cruces gamadas», lamentó el escritor. La placa con uno de sus versos había sido colocada en la fachada de la casa donde residió, el número 6 de la calle Doctor Fleming, (León) y hace alusión a los presos que veía pasar camino de San Marcos. «No vi regresar a muchos, quizás a ninguno», dijo. «Aún hoy, cercanos a nosotros, minoritarios espero, existen hombres y mujeres cuyo entendimiento de la vida lleva consigo la sinrazón, la crueldad histórica, el entendimiento antidemocrático y antisocial que caracterizaba el nazismo y fascismo», expresó.

20 de Enero: Cita en San Marcos (León) para analizar la vida y obra del poeta

January 20, 2009
El Foro Quevedo analiza hoy en San Marcos
la vida y obra de Gamoneda
20/01/2009
http://farogamoneda.blogsome.com/images/429224_2.jpg
    Gamoneda y Sorel, en el Congreso de Literatura del pasado octubre
    Foto de RAMIRO (Diario de León)

Con motivo de la próxima publicación del libro ‘Iluminaciones. Antonio Gamoneda’, una «biografía íntima» del premio Cervantes leonés de la que es autor Andrés Sorel; y con motivo también de la continuidad en la labor creativa del literato —ya ha terminado su poemario ‘Extravío en la luz’—, el Foro Periodístico Quevedo dedica hoy su segundo debate a la vida y la obra del poeta.

Esta nueva reunión del foro, creado por la Asociación de Periodistas de León, Paradores y la Agencia Efe, tendrá lugar hoy, 20 de enero, en el salón Antiguo Auditorio del Parador de San Marcos a las diez de la mañana. Participarán el propio Antonio Gamoneda; el escritor y secretario de la Asociación Colegial de Escritores de España, Andrés Sorel, autor de ‘Iluminaciones’; y el catedrático de Literatura de la Universidad y crítico literario del Diario, José Enrique Martínez.
Presentará y moderará el presidente de la Asociación de Periodistas, Francisco J. Martínez Carrión. El Foro Periodístico Quevedo tiene como objetivo declarado «fomentar el diálogo y el debate periodístico sobre temas de actualidad y de interés para la sociedad leonesa. El foro tiene periodicidad mensual y a él son invitadas destacadas personalidades para debatir y analizar asuntos de trascendencia pública».

Gamoneda y Sorel

Sorel presentará su nuevo libro ‘Iluminaciones’ en las próximas semanas en la capital leonesa.

Gamoneda en una foto de Mauricio Peña
Puedes leer también el artículo de CARLOS DEL RIEGO
en La Crónica (de León)

Presentación del libro ‘Extravío en la luz’ el 28 de Enero en el ‘CBA’ de Madrid

January 18, 2009
GAMONEDA PUBLICA ‘EXTRAVÍO EN LA LUZ’,
SU PRIMER POEMARIO TRAS EL CERVANTES

Por CARMEN SIGÜENZA
(Para la Agencia EFE)

Portada de 'Entravío en la luz', de Antonio GamonedaMadrid, 15 ene (EFE).-
Tras dos años de silencio poético, Antonio Gamoneda, colmado ya de premios, ha vuelto a la poesía con la publicación de "Extravío en la luz", un libro artístico que incluye seis poemas inéditos y veinte grabados del ilustrador y poeta Juan Carlos Mestre.

"Publicar un libro de poesía cada año era una imprudencia, aunque la verdad es que en estos dos últimos años no he podido trabajar, porque me ha faltado tranquilidad. Eso sí, he terminado las memorias de mi infancia, las he acabado y entregado, y es posible que salgan en abril o mayo", explica hoy a Efe

Y es que este poeta astur-leonés en los últimos años ha recibido toda clase de premios y se le ha requerido para toda clase de actos, lo que le llevó a un período de silencio poético.

Ahora, según recuerda en el prólogo con humor y ternura Amelia Gamoneda, hija del poeta, filóloga y crítica, gracias a una afonía que en los últimos meses mantuvo al poeta en silencio "entre los tumultuosos y verbosos encuentros a los que amablemente le obligan los premios recibidos", Gamoneda ha vuelto a encontrar su voz.

"Quizá, la experiencia real y física ha sido capaz de simbolizar una pérdida de la voz poética, y ha venido así a construirse en aviso para que el poeta colmado de premios no se confíe", precisa Amelia Gamoneda.

El autor de "Arden las pérdidas" aparece en este último libro, publicado por la editorial Casariego, con la misma serenidad y hondura que posee su voz poética, para volver a reivindicar "la dignidad" de la memoria y la experiencia. Y una vuelta a sus símbolos como las manos, la herida, la lluvia, el cuerpo, la luz; el dolor, la materia, el cuerpo, o la carnalidad de las palabras.

También aparece la voz de los que no la tuvieron en la Guerra Civil, la posguerra, los desheredados, los paisajes de León y la lluvia. El último poema: "Ha de llover", es el único texto que se conoce, porque lo escribió el poeta para la Expo del Agua, de Zaragoza.

"Yo, en realidad, por encargo no soy capaz de escribir nada, pero este poema sí tenía que ver en función simbólica con el agua y la lluvia, pero también con los hechos sociales, con mi intimidad y con nuestra historia más reciente, aunque todo ello no se diga con claridad, porque la poesía no está para informar sino para revelar", argumenta el autor del "Libro del frío".

Y Gamoneda aclara: "Yo soy la misma persona y el mismo poeta que hace años, con un poco más de edad y con más experiencia encima. Pero quiero señalar que sí he notado algún cambio en el aspecto formal, y en cierto modo hay fragmentos que tienen una organización más tradicional, y, por ejemplo, aparecen casi sin buscarlas las rimas asonantes".

Antonio Gamoneda y Juan Carlos MestrePero este autor, que espera que 2009 sea más tranquilo, se resta méritos en este libro y añade que los grabados de Juan Carlos Mestre sí son importantes, porque "Mestre —dice— es un artista global. "Los grabados llevan consigo alusiones muy sutiles, de naturaleza muy original, con la voluntad de convertir la escritura en un hecho estético visual".

El poeta e ilustrador Juan Carlos Mestre, al que le une una profunda amistad con el poeta, precisa que su trabajo, "lejos de toda pretensión ilustrativa, se ha desenvuelto en el ámbito de los prestamos intuitivos, en las apariciones que van señalando la travesía hacia la claridad del enigma que es todo gran poema".

"Visiones que surgieron en el instante mismo de la lectura, signos, heridas, lluvias, que adquieren en su minoría de conocimiento la voluntad de habla de una voz sin boca…Los poemas de Gamoneda no representan para mí formas simbólicas del mundo, sino la realidad más apreciada del pensamiento poético", concluye.

El libro se presentará el próximo día 28 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid con los autores, y es un bello volumen que sale a la calle con un precio de 50 euros.

Se puede leer, además, (haz click:) el artículo de Fulgencio Fernández en La Crónica (de León) sobre este nuevo libro, titulado ‘Gamoneda: Vuelve la voz’.

En la inauguración de una exposición de pintura de OLGA LLAMAS

January 16, 2009

 Olga Llamas y Antonio Gamoneda

Olga Llamas y Antonio Gamoneda, ayer,
durante la inauguración de la exposición de la artista leonesa
en la galería Ármaga (C/Alfonso V, nº 6. León).

[La foto es cortesía de VICENTE GARCÍA]

Portada de ‘EXTRAVÍO EN LA LUZ’, un libro con poemas inéditos editado por Casariego

January 15, 2009

(…)

Acepta tu extravío, entrégate a la luz:

la luz es el comienzo de la causa invisible.

A. GAMONEDA

 Portada 'Extravío en la luz', de Antonio Gamoneda

 Nos acaba de llegar esta preciosa edición
(la portada no cabe en el escáner)
de la mano de (haz click:) Editorial Casariego 

Tachán-Tachán… nueva edición de ‘EXTRAVÍO EN LUZ’ en Ed. Casariego

January 10, 2009

'Extravío en la luz', de Antonio Gamoneda

Acabamos de enterarnos de que acaba de salir una preciosa edición del libro ‘Extravío en la luz’, con poemas de ANTONIO GAMONEDA, ilustraciones de JUAN CARLOS MESTRE y dos preámbulos de AMELIA GAMONEDA, en Ed. Casariego.

Se trata de una edición distinta de la carpeta (en la imagen) que se presentó en la Escuela de Arte de Mérida hace unos meses.

Próximamente daremos más detalles de esta nueva publicación.

De momento, se puede leer una reseña en el blog de Luis Artigue.

El poeta en una foto de Mauricio Peña

January 9, 2009

 Gamoneda, en una foto de Mauricio Peña

Recuperamos esta estupenda foto
(publicada por el grandísimo MAURICIO PEÑA en El Mundo)
de Antonio Gamoneda en el interior del café Houbi,
desde donde mira a través del cristal
a la calle Sierra Pambley de León.

Crítica de M. A. Nepomuceno tras el estreno en León de la partitura ‘Paisajes de la memoria’

 Mestre, Gamoneda, Llamas, Colinas y Fierro en el Auditorio de León. Foto de RAMIRO

CRÍTICA de ‘Paisajes de la memoria’
[partitura de Jesús Ángel Rodríguez Recio]
por MIGUEL ÁNGEL NEPOMUCENO para Diario de León

~ ~ ~

LA GUERRA LA PIERDEN LOS POETAS

Los poetas que inspiraron «Paisajes de la memoria»
asistieron a su estreno, a excepción de Julio Llamazares,
en un Auditorio que únicamente reunió
a dos centenares de espectadores

~
09/01/2009
Por Miguel Ángel Nepomuceno
 
   Como decía Miguel Hernández, «las guerras siempre las pierden los poetas». Y en el caso de anoche, durante el estreno de la partitura ‘Paisajes de la memoria’, en la que se ponía música a los poemas de siete autores leoneses, los poetas volvieron a perder la guerra. En ningún momento del recital hubo un reencuentro entre poesía y música. Si ambas deberían ir unidas como siempre se dijo, ayer se produjo un desencuentro a todos los niveles. Humildemente pienso que ninguno de los poetas allí convocados se sintió identificado con las composiciones, ya que si soplar por la caña de un clarinete sin lanzar sonidos, golpear las cuerdas de un chelo o hacer glisandos sobre las cuerdas de un piano con un plectro es hacer música del siglo XXI, entonces realmente se ha avanzado poco en este arte.
   Personalmente conozco a cada uno de los músicos y me consta que tanto la soprano Eva Juárez, como el pianista y compositor Jesús Ángel Rodríguez Recio, como el chelista Pelayo Tahoces o el clarinetista Juan Pablo Anta son dueños de una técnica y unos conocimientos excelentes, pero lo que anoche ofrecieron no dio lugar a poder comparar ni apreciar tanto la música como la poesía, porque ninguno de los poemas allí interpretados eran identificativos de un autor determinado. Todos se parecían como gotas de agua, porque todos carecían de esa musicalidad que requiere el poema. El concierto, en el que se interpretaron 21 poemas —”tres de cada autor"—, no hizo vibrar en ningún momento a los escasos espectadores, porque estaban envueltos en una música poco adecuada. Y ello provocó que durante las cerca de dos horas que duró el concierto algunos espectadores fueran abandonando la sala. En ningún momento la hermosura de los versos de nuestros poetas, esos epinicios de oro, de Juan Carlos Mestre o esa noche de los ruiseñores africanos, de Antonio Colinas; o el polvo azul del cardo, de Ángel Fierro; o el ojo de la lluvia, de Agustín Delgado; o he dejado mi ropa en el silencio de las últimas ramas, de Gamoneda; o qué es un pájaro, de José Antonio Llamas; o, quién atardece junto a mi corazón helado, de Llamazares, quedaron plasmados con toda su fuerza, ya que en esta ocasión la música se estrelló contra la fuerza de la poesía y la voz, esa que debería mantener viva la atención continuamente sólo quedaba diluída en largos recitativos y sonidos extemporáneos.

Y recuperamos una entrevista de ELENA PITA con fotografía de CHEMA CONESA

 Gamoneda en una fotografía de Chema Conesa

ANTONIO GAMONEDA, en una fotografía de CHEMA CONESA
 
Recuperamos esta entrevista de ELENA PITA con el poeta,
publicada en el Magazine de EL MUNDO en julio de 2007
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Recibió de golpe el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y, mismo año 2006, el Cervantes. Anda ahora el poeta (Oviedo, 1931) soportando el mundanal ruido de estas distinciones, descubriendo la rítmica de la inmovilidad porque ya no puede caminar largos paseos donde apuntaba versos y memorias.

Pide a los educadores que devuelvan a los niños la poesía, la abstracción, la capacidad sensible. Aferrado al existencialismo agnóstico, contempla en la vejez cierta conformidad con la muerte.

La poesía es un hecho físico, un impulso mensurable como la intensidad de los ronquidos que esta tarde bajan por la escalera desde la alcoba de don Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931). Es hora de siesta, pero María Ángeles, su esposa, se empeña en despertarlo para que no pase una noche más en vela, y ya sube a avisarlo. Desciende pues el poeta su escalera de madera, mancornado de cintura por el golpe que un furgón le propinó hace ya tres años, que le combó el hueso sacro sin solución.

Y con esta torcedura y su despacio le acompaño a despejar la hora al café de costumbre, unos metros más allá de la casa con castaño, sobre el empedrado que circunda la catedral de León: dos solos seguidos, dos cigarrillos del cupo y una curiosidad que no logra contener las preguntas.

Él es sus poemas. «Necesariamente. Toda mi poesía tiene una apoyatura existencial que quizá yo desconozco en el momento en el que el poema arranca, pero a través del pensamiento poético, de su lógica, su sintaxis y su semántica no discursivas ni reflexivas, llegas al conocimiento».

Dijo, cuando le reconocieron con el Premio Reina Sofía, anterior al Cervantes (2006), que, bueno, que él se emocionaba «en contadas ocasiones»; y claro, esto sorprende viniendo de un poeta de tanta emoción, tanta hondura. Ahora dice que en realidad esto no es del todo verdad, que debió tal vez decir que «no soy hombre que se sorprenda demasiado de las cosas que ocurren, buenas o malas sean, pero reservo una capacidad de emoción casi enfermiza en lo que concierne a los seres esencialmente necesarios para mi vida, y en lo que atañe a lo social, también: cuando es grave. No soy frío ni insensible», concluye, cerrando sus ojos, entrando en sí (como él diría), a ciegas.

Don Antonio Gamoneda escribió en 1992 un libro que consideró su testamento poético, terminal, Libro del frío: «Ocurre con todos los libros a partir de cierta edad». Tenía apenas 61 años. «Ese libro estaba anunciado por el anterior, donde sus versos finales decían: ‘Siéntate ya a contemplar la muerte’. El Libro del frío es una contemplación de la perspectiva mortal poco consoladora, aunque la poesía, no siendo una salvación de rango existencial, se parece, lo parece».

Un libro marcado por su sentido de la ética y su visión del mundo. Y esto para el poeta no es sino «la disposición personal hacia la cercanía de la muerte; uno se siente avanzar físicamente hacia la muerte, y en mi caso esa disposición ha entrado en una mayor serenidad. Alguna vez he dicho que la aparición de mi nieta Cecilia me reconcilió con la vida, y eso no es exactamente verdad, pero sentirme vivir en esa criatura es un fenómeno que sólo se puede experimentar en la vejez y que trae consigo no una reconciliación ni pacificación del temor a la muerte, pero sí una cierta conformidad con el hecho mortal».

Pese a su percepción terminal, el poeta sobrevive largo al Libro del frío. Ha recibido los mayores honores literarios y así se ve hoy, él, «provinciano vocacional», adverso siempre a promociones, lisonjas, capillas, grupos, así se ve impedido de escritura debido al trajín que conlleva ser el Cervantes del año. Seis meses lleva aparcado su cuaderno, seis meses lo aparcará aún. Pero ¿cómo sería su escritura hoy, de poder serlo?, ¿qué le gustaría escribir si tuviera el tiempo? «Elena», me dice, «no lo sé», pesaroso, rezongante.

«En la poesía no se escribe con programa ni proyecto: de lo desconocido se llega al conocimiento. Desconfío mucho de los poetas que escriben con un tema, una deliberación previa y hasta una organización esquemática de la pieza. Y no es que yo esté afiliado al surrealismo, ni al automatismo puro, que no existe; pero sí sé que no soy consciente de lo que sé, hasta que no me lo dicen mis propias palabras. Además el poema va a tener varios sentidos, porque el entendimiento del lector no va a ser idéntico al de su creador».

Dice, eso sí, que ahora escribe con más demora; tal vez sea la vejez plácida, o tal vez le atosigue, cuando retome el cuaderno, la pulsión airada del artista próximo al fin. «Yo no tengo una visión de cómo va a ser mi próxima escritura, aunque es posible que sea más pacífica. Pero en la poesía rige también como fuente la contradicción, entonces, de vez en cuando, aparecerá también el poeta iracundo». Caminaba, largo y tendido, por la senda de la Candamia, hasta siete kilómetros hacía, coronando la meseta para volver siguiendo sus pasos y entrar en la plaza catedralicia de León repitiendo rítmicos en su cabeza los versos que apuntaba, porque «la rítmica andariega del paseo es excitante para el pensamiento poético». Lo aprendió de su idolatrado Claudio Rodríguez, maestro, tan «obediente a la andadura».

Pero pasó lo que ya contamos, una furgoneta le golpeó y quedó maltrecho, y cómo apuntará ahora su métrica: «La rítmica es una noción musical que nos proporcionan nuestros neurotransmisores. Dado que es un hecho intelectual, dado que es palabra pensada y que el ritmo donde verdaderamente está es en la cabeza, estoy creando la rítmica en la inmovilidad». Sobrevivió al Libro del frío e inició unas memorias infantiles, Un armario lleno de sombra (título provisional), que terminan con 14 años, porque entonces fue hombre por necesidad. Es entonces, en su recuerdo, cuando escribe a las manos de la madre, que volverán una y otra vez con su tacto a rozar siempre la poesía de Gamoneda. A las cinco del día, en el invierno/ mi madre iba hasta el borde de mi cama/ y me llamaba por mi nombre/ y acariciaba mi rostro hasta despertarme (versos de la obra Blues castellano).

¿Adónde iba el niño Antonio? «A encender la caldera del Banco Mercantil; luego venía la recadería y a continuación la segunda jornada, la de meritorio, que no se sabía cuándo terminaba (12, 14 horas): aprender a ser un plumífero aceptable para llegar a un mejor porvenir, que luego sería igualmente duro». Se inicia otra etapa: «Ya no es el libro de mi infancia, que lleva una carga muy dura pero que está fundamentalmente construido con los recuerdos heredados de mi madre, y con mi condición privilegiada, entre muchas comillas, en tanto espectador de la guerra y la posguerra.

León fue uno de los lugares donde la represión militar durante la Guerra Civil fue más dura y duradera. Yo vivía en el único barrio obrero, a medio camino entre las vías de tren, adonde llegaban los presos, y el entonces penal de San Marcos. Veía los presos, veía hombres muertos en las cunetas, escuchaba los gritos de las mujeres en la noche cuando iban a sacar a los hombres de casa… y esto fue mi información desde los 5 años. Es de otra especie la que comienza a los 14».

Está en las memorias y estuvo en su discurso al recibir el mayor galardón de las letras hispanoamericanas, que dedicó a la pobreza de Cervantes, y a ese lenguaje «poética y semánticamente subversivo» de los que, como él, vienen de la pobreza. «Es subversivo no porque contenga programas revolucionarios, sino porque la carga semántica de sus palabras difiere mucho de la que tienen las palabras del poder, cuyo lenguaje es otro». También rescata el poeta el sentido revolucionario de la vergüenza, según Marx.

«Creo que desgraciadamente sucede cada vez menos, la democracia, así llamada a la ligera, puede ser (mal) interpretada de acuerdo con las conveniencias del poder, así tenemos la autoproclamada democracia de Castro en Cuba o el talante de Berlusconi. Y la democracia así interpretada ha hecho desaparecer las ideologías, ha debilitado la capacidad pensante de los ciudadanos, su mentalidad crítica. Incluso en la filosofía se defiende el pensamiento único y débil. Todo esto hace que seamos inertes ante la realidad, y cuanto más jóvenes más: las ideologías han sido sustituidas por el consumismo».

–A usted, que tanto le ha dado la cultura de la pobreza, le pregunto: ¿qué le diría a quienes educan o educamos a los hijos en la abundancia material?, ¿qué haría falta para rescatarlos?

–Lo único que arreglaría esto sería una enorme catástrofe; es terrible, porque no se puede desear una catástrofe. Pero ya estamos viviendo otra, lenta, dulcificada, progresiva, que nos convertirá en seres intelectualmente domesticados.

De la cultura de la pobreza rescató Gamoneda un único libro, en el que su madre le enseñó a leer con 5 años, un libro escrito por su padre, un libro de poemas. Y es aquí cuando el poeta toma nota de lo que no ha contado aún en sus memorias, apenas unas líneas, porque, le pregunto, qué fue del resto de lecturas que habrían alimentado la escritura de su padre, muerto cuando él apenas tenía 1 año, mudada la familia desde Oviedo a la tierra seca de León a causa del asma de la madre, año 34.

Leyó el niño Antonio, y sin remedio entró en él el lenguaje como poesía, ya no pudo ser sino poeta, 5 añitos. «Fue una circunstancia afortunada, aprendí los signos, fonemas, palabras, sílabas; y cuando llegaba a la línea, resulta que ésta tenía una conducta rítmica y una significación que no era la de la conversación normal. Pero como los niños no se extrañan de nada, en mi vida entraron simultáneamente la escritura y la poesía. Y así, aunque no escribiese aún, tenía la convicción de que iba a ser poeta». Fue por necesidad y también por suerte. Su madre, asmática, débil, vivió con él hasta su muerte. Cosía la madre, en una cadena mecanizada, haciendo vainica y punto de incrustación, «pero no estaban los tiempos para vainicas». De modo que el hijo quiso convertirse en absoluto benefactor: «Asumir plenamente la supervivencia, liberar a mi madre de su fatiga». La suerte fue que el padre del escritor Luis Mateo Díez ocupara, laisser-faire/laisser-passer, un alto puesto en la Diputación Provincial: «Él se transparentaba como un liberal, y pedía que me dejaran en paz, porque yo funcionaba. Pero yo quería hacer una cultura progresista con el dinero de la dictadura.

Así que cuando él se marchó a Madrid para ser secretario general del Ayuntamiento, se me desposeyó de la condición de funcionario». Más tarde volvieron a llamarle al puesto (director de servicios culturales), y él pudo exigir que le doblaran el sueldo. Nunca ha vivido el poeta de la escritura, «hay gente que vive con menos aún, pero yo tengo una pensión de jubilado». Volviendo al libro del padre, a la música y el lenguaje: a la poesía que no cura pero alivia, le he preguntado a Gamoneda si sería importante regenerar nuestra educación, acercándonos como él lo hizo al hecho poético, al respeto por el concepto primitivo de lo sagrado, al silencio. «Sería decisivo para los niños. El pensamiento poético es música en su origen. Alejamos a los niños de la poesía y del concepto primitivo a cambio de una especialización en fórmulas productivas. Les alejamos de las formas de conocimiento que suponen sensibilidad y abstracción a cambio de pensamiento utilitario».

–«Íbamos de la noche a las tabernas/ amarillas a olvidar el silencio». Alguien capaz de componer una figura tan honda, ¿cómo soporta hoy el estrépito exterior?

–El silencio es quizá la mayor ausencia que tengo que soportar en mi vida.

JESÚS ÁNGEL RODRÍGUEZ RECIO pone música a los versos de siete poetas leoneses

 MÚSICA Y POESÍA
Jesús Ángel Rodríguez Recio, músico leonés

JESÚS ÁNGEL RODRÍGUEZ RECIO:
“Los poemas sugieren la música”

Jesús Ángel Rodríguez Recio es el autor
de la partitura del recital ‘Paisajes de la memoria’

El compositor, pianista y musicólogo leonés
ha puesto música a poemas de siete autores leoneses
—Antonio Gamoneda, Antonio Colinas, Agustín Delgado,
Ángel Fierro, José Antonio Llamas, Julio Llamazares
y Juan Carlos Mestre—

Gamoneda, Colinas, Mestre, Julio Llamazares

El cuarteto Ensemble Legio estrenó ‘Paisajes de la memoria’
el jueves, 8 de enero, en el Auditorio ‘Ciudad de León’

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“He intentado hacer algo personal, conseguir un lenguaje propio y, por encima de todo, seguir la idea de los textos, componer respetando y dejando que los poemas sugieran la música, pero no sólo desde el punto de vista de su significado, sino también de la propia forma del poema”, apunta Jesús Ángel Rodríguez Recio, joven compositor que reside en la localidad suiza de Basilea, donde también se ofrecerá el recital poético musical que este jueves se estrena en León.

Voz, clarinete, violoncello y piano son los instrumentos elegidos para interpretar los 21 poemas (tres de cada poeta), formando dúos, tríos, y cuartetos. También se utilizarán instrumentos de percusión no convencionales, como piedras, palos, latas o ciertos aperos de labranza que han sido cedidos por el vecino de Crémenes (León) Ángel Recio.

Ensemble Legio XXI está formado por Eva Juárez (soprano), Juan Pablo Anta (clarinete), Pelayo Tahoces (violonchelo) y Jesús Ángel Rodríguez Recio (piano y dirección).

‘Pájaro del mundo’, un poema de Antonio Gamoneda para empezar el año 2009

January 4, 2009

 Antonio Gamoneda, en una foto de Eloísa Otero


    PÁJARO DEL MUNDO

Como un suave relámpago
como sonreír entre la luz.
Cabeza de claro fuego,
oro vivo, pájaro del mundo,
tú te vas siempre. Dejas
dorado el aire, ríes,
huyes siempre veloz.

Oh sed, secreto del hombre.

Mundo de secano. Centro.
Atados con amor a él
esperamos la muerte.
Pero la belleza azul
cruza lejos. Se va.
¡Cuánta sed, cuánta sed!

Oh confusión de luz
y cabellos y risa:
queda. La vida es
dura y nuestra.
                      Tú, Belleza,
baja a mi rostro, pon
en mis labios tu cuerpo.

Pájaro del mundo, un poema de Antonio Gamoneda

       ANTONIO GAMONEDA
       (De  ‘Sublevación inmóvil’. 1953-1959)

 

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