Crónica underground del ‘Festival Ñ’ de literatura, por LEO ZELADA

November 17, 2009

 

(…) "Lo mejor de este festival fue la lectura de poemas inéditos de Antonio Gamoneda. Su reflexión sobre la poesía fue profunda, y sus poemas, geniales. Creo que la próxima entrega de de Gamoneda será su mejor libro. Me encantó hablar con Antonio en varias oportunidades durante el festival. Es una persona sencilla y amable. Va a su rollo y eso me gusta" (…).

Lee la crónica completa del FESTIVAL Ñ en el blog de (haz click:) LEO ZELADA

 

Andrea Lawendel nos habla de la charla que ofreció Gamoneda en Turín el pasado sábado

May 19, 2009
Gamoneda en Turín

Andrea Lawendel, periodista independiente italiano, nos escribe para contar que estuvo en Turín el pasado sábado, en la Feria del Libro, y que se quedó "encantado de poder escuchar a Antonio Gamoneda hablando de la creación poética en España":

"Don Gamoneda participó con la ministra Angeles Gonzales-Sinde, Fernando Savater y Rogelio Blanco en una ceremonia con el escritor y alemanista italiano Claudio Magris, quien recibió una medalla del Rey Juan Carlos".

Cuenta Andrea Lawendel que Gamoneda leyó una poesia de Claudio Rodríguez: "Siempre la claridad viene del cielo", y que se puede descargar el audio completo de este evento en http://www.mediafire.com/?mwmzjiimwyv o solo la intervencion del poeta en http://www.mediafire.com/?tmvgwvzgomm.

Nos envía también la fotografia que aparece sobre estas líneas de la mesa literaria del sábado en Turin, con Gamoneda a la izquierda.

(NOTA: A Andrea Lawendel, que suele escribir de tecnologías, le gusta muchísimo escuchar la radio y tiene un blog, Radiopassioni, por si os apetece visitarlo).

Una esvástica en la casa donde el poeta pasó su niñez en León

January 22, 2009
Antonio Gamoneda pidió ayer que no sea borrada, al menos durante un tiempo, la esvástica pintada sobre la placa conmemorativa que el Ayuntamiento había instalado en la casa en la que el poeta pasó su niñez, «para que quede constancia de que aún hay seres en los que anida el rencor y la crueldad del fascismo». «Todavía hay gente capaz de significar su existencia trazando cruces gamadas», lamentó el escritor. La placa con uno de sus versos había sido colocada en la fachada de la casa donde residió, el número 6 de la calle Doctor Fleming, (León) y hace alusión a los presos que veía pasar camino de San Marcos. «No vi regresar a muchos, quizás a ninguno», dijo. «Aún hoy, cercanos a nosotros, minoritarios espero, existen hombres y mujeres cuyo entendimiento de la vida lleva consigo la sinrazón, la crueldad histórica, el entendimiento antidemocrático y antisocial que caracterizaba el nazismo y fascismo», expresó.

En la inauguración de una exposición de pintura de OLGA LLAMAS

January 16, 2009

 Olga Llamas y Antonio Gamoneda

Olga Llamas y Antonio Gamoneda, ayer,
durante la inauguración de la exposición de la artista leonesa
en la galería Ármaga (C/Alfonso V, nº 6. León).

[La foto es cortesía de VICENTE GARCÍA]

Crítica de M. A. Nepomuceno tras el estreno en León de la partitura ‘Paisajes de la memoria’

January 9, 2009

 Mestre, Gamoneda, Llamas, Colinas y Fierro en el Auditorio de León. Foto de RAMIRO

CRÍTICA de ‘Paisajes de la memoria’
[partitura de Jesús Ángel Rodríguez Recio]
por MIGUEL ÁNGEL NEPOMUCENO para Diario de León

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LA GUERRA LA PIERDEN LOS POETAS

Los poetas que inspiraron «Paisajes de la memoria»
asistieron a su estreno, a excepción de Julio Llamazares,
en un Auditorio que únicamente reunió
a dos centenares de espectadores

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09/01/2009
Por Miguel Ángel Nepomuceno
 
   Como decía Miguel Hernández, «las guerras siempre las pierden los poetas». Y en el caso de anoche, durante el estreno de la partitura ‘Paisajes de la memoria’, en la que se ponía música a los poemas de siete autores leoneses, los poetas volvieron a perder la guerra. En ningún momento del recital hubo un reencuentro entre poesía y música. Si ambas deberían ir unidas como siempre se dijo, ayer se produjo un desencuentro a todos los niveles. Humildemente pienso que ninguno de los poetas allí convocados se sintió identificado con las composiciones, ya que si soplar por la caña de un clarinete sin lanzar sonidos, golpear las cuerdas de un chelo o hacer glisandos sobre las cuerdas de un piano con un plectro es hacer música del siglo XXI, entonces realmente se ha avanzado poco en este arte.
   Personalmente conozco a cada uno de los músicos y me consta que tanto la soprano Eva Juárez, como el pianista y compositor Jesús Ángel Rodríguez Recio, como el chelista Pelayo Tahoces o el clarinetista Juan Pablo Anta son dueños de una técnica y unos conocimientos excelentes, pero lo que anoche ofrecieron no dio lugar a poder comparar ni apreciar tanto la música como la poesía, porque ninguno de los poemas allí interpretados eran identificativos de un autor determinado. Todos se parecían como gotas de agua, porque todos carecían de esa musicalidad que requiere el poema. El concierto, en el que se interpretaron 21 poemas —”tres de cada autor"—, no hizo vibrar en ningún momento a los escasos espectadores, porque estaban envueltos en una música poco adecuada. Y ello provocó que durante las cerca de dos horas que duró el concierto algunos espectadores fueran abandonando la sala. En ningún momento la hermosura de los versos de nuestros poetas, esos epinicios de oro, de Juan Carlos Mestre o esa noche de los ruiseñores africanos, de Antonio Colinas; o el polvo azul del cardo, de Ángel Fierro; o el ojo de la lluvia, de Agustín Delgado; o he dejado mi ropa en el silencio de las últimas ramas, de Gamoneda; o qué es un pájaro, de José Antonio Llamas; o, quién atardece junto a mi corazón helado, de Llamazares, quedaron plasmados con toda su fuerza, ya que en esta ocasión la música se estrelló contra la fuerza de la poesía y la voz, esa que debería mantener viva la atención continuamente sólo quedaba diluída en largos recitativos y sonidos extemporáneos.

Embajador de la moda española en China

September 30, 2008

 Gamoneda y David Delfín

Cuando se conocieron Antonio Gamoneda y el diseñador de moda David Delfín, el poeta le dijo: “Veo que mis garabatos te han servido para algo”. Delfín, quien ha asegurado que la obra del poeta le había “emocionado”, no tuvo reparos en afirmar: “Lo más importante para mí ha sido que he conocido su obra, don Antonio, porque no la conocía”. “Bueno, si hemos ganado un lector…”, le contestó Gamoneda.

 

Gamoneda y David Delfín

Un poema de GAMONEDA para hilvanar
un diseño de DAVID DELFÍN

La 2ª planta de El Corte Inglés de León muestra estos días la exposición 12 TRAJES PARA CHINA (un proyecto auspiciado por la Asociación de Creadores de Moda y el Instituto de Comercio Exterior, con el patrocinio del Instituto Cervantes).

 

En total se muestran los trajes realizados por doce relevantes diseñadores españoles, que interpretan de forma personal doce textos de la mejor literatura española e hispanoamericana. De tal forma que creadores como Ágatha Ruiz de la Prada, Ailanto, Alma Aguilar, Amaya Arzuaga… se unen así a autores tan importantes como Gabriel García Márquez, Miguel Delibes o Carmen Martín Gaite. Al diseñador David Delfín le tocó inspirarse en un poema de Antonio Gamoneda. Y desde una óptica diferente, a través de un sencillo vestido en color crudo, con escote palabra de honor y estampado con letras, se produjo esta interacción entre el arte de Delfín y Gamoneda, ambos presentes en la inaguración y mutuamente sorprendidos.

 Gamoneda y David Delfín

Según manifestó David Delfín, esta aventura para él ha supuesto conocer la obra de Gamoneda, un poeta que a partir de ahora estará entre sus libros de cabecera. Delfín le regaló al escritor un libro en el que se recogen sus diseños, y Gamoneda, por su parte, le dedicó algunos ejemplares de sus obras, en un ambiente relajado y cordial.

 

El discurso de JUAN CARLOS MESTRE en la Fiesta de la Poesía de Villafranca del Bierzo

June 24, 2008

 

HOMENAJE A ANTONIO GAMONEDA
EN LA 42 FIESTA DE LA POESÍA DE VILLAFRANCA DEL BIERZO
***
DISCURSO DE JUAN CARLOS MESTRE
(QUE ACTUÓ COMO MANTENEDOR)
 
    Queridos vecinos y amigos de Villafranca, una mañana como la de hoy de hace cuarenta años yo era un muchacho que, apoyado en uno de estos árboles del jardín, escuchaba, sin entender exactamente lo que decían estas palabras: No sólo el grano blanco va al molino, también los granos negros del silencio; también se hace el pan se hace la vida, de los heroicos huesos de los muertos. Yo no sabía aún lo que era un héroe, pero el poeta que las pronunciaba se convirtió para mí, desde ese instante, en alguien que se acercaba a mi vida con algo conmovedor: palabras rozadas por el resplandor de otro mundo, monedas perdidas con las que no se podía comprar ninguna otra cosa que no fuese la intuición de un ángel, el valor simbólico de otra manera de estar en el mundo, la forma delicada de cuantos estrechamente vigilados por la locura, aún seguían pensando que volar era el resultado de una intensa pasión, nunca de su práctica.

    Aquel poeta se llamaba Gilberto Núñez Ursinos, y yo decidí aquella mañana, ante la luz de su joven resplandor, parecerme en algo a su sombra. Yo tenía doce años, junio de 1969, y fui su amigo hasta la primavera de 1972, en que decidió, voluntariamente, abandonar la republica de la imaginación donde vivía, cuando al otro lado del río sólo había pequeñas casas blancas llenas de palomas, gatos y flores que algún día fueron las semillas del paraíso. Fue el primer poeta que conocí, era amado por mucha gente de este pueblo, no menos que lo que él quería a los humildes, a los soñadores, a los que hablaban solos por la calle y pensaban que la vida carecía de sentido sin resistencia al mal. Vivía sólo, con un gato al que llamaba Parsifal, y un aparato de radio con el que aprendía idiomas sintonizando emisoras extranjeras. Un milagro que sólo sucede una vez cada cincuenta años cuando pasa sobre los valles el cometa de la iluminación y convierte en vino de dulzura la amargura de los pozos.

    En Villafranca había un cine, y la gente iba a ver películas en blanco y negro en las que los actores lloraban lágrimas de colores. Aquel invierno nevó como nunca antes había nevado. Por las calles habían pegado carteles con la cara de Franco, y todo parecía indicar que el referéndum de aquel caudillo lo que pretendía era obsequiarnos otros veinticinco años de paz. La cosa estaba como para regalos. Habían subido una peseta el precio de las entradas al cine, el cine, el único psicoanalista a mano que ha tenido Villafranca desde la invención de la Vía Láctea. Y el poeta Gilberto Ursinos, como oscura silueta de mendigo que borrase las sombras de la noche, organizó una huelga. Nadie entró en el Teatro Villafranquino durante dos meses, la gente se ponía un alfiler en la solapa con versillos satíricos pidiendo la derogación de la medida:


Sin pan ni cine,
el pueblo se define.
 
    Algún lumbreras local pensó que aquello apuntaba hacia el general y Gilberto Ursino terminó siendo detenido por la Guardia Civil. Pero la gente de esta villa, actores secundarios de la historia que no hubieran movido un dedo por un virrey o un marqués, se fue hasta el cuartel a decirle al sargento que en este pueblo no se podía meter preso a un poeta. Así que Gil continúo haciendo barcos de papel a los que ponía bellos nombres de muchachas y los seguía con lánguida mirada hasta que se perdían en la lejanía de las aguas discretamente crecidas del Burbia. Nunca llegaron cartas de respuesta, las ilusiones por aquel entonces eran fugitivas como las ardillas y el tiempo de la juventud, como todo amor que termina, un cementerio de abrazos.
 
 
    Gil escribía versos con los jilgueros que anidan en los molinos abandonados, escribía tristeza. Era un joven hecho con la harina generosa de la inteligencia, bueno como un padrenuestro, y a la larga eso entristece. Así que decidió salirse de aquella mala película que era la España de 1972. Fue un domingo, como hoy, de finales de la primavera, cuando yo lo vi cruzar por última vez el puente de la vida. Alrededor de su muerte había una multitud sobrecogida. Eran años difíciles de creer, pero don José Valcárcel igual obligó al párroco a tocar las campanas. Lita cerró el Bar Peña. Hacía sol como en los primeros días del Génesis, y la gente lanzaba claveles rojos al paso del féretro. Y Gil, Gilberto Ursino, escuchó por primera vez, ya en la muerte, aquel aplauso, aquel único y unánime aplauso con el que tantos despedían su mágica y trágica vida.

    Hay cosas, queridos amigos, que o uno las entiende de niño o ya nunca más podrá entenderlas. Yo no entendí aquella muerte, así que pensé: todo esto tiene que ser una equivocación. No entendí porqué aquel hombre que escribía versos que ayudaban a salvar del dolor a otros, había vivido anclado en la secreta angustia del sufrimiento, no entendí porqué detrás de su alegre inteligencia brotaba un persuasivo manantial de dolor.

    Perdimos al poeta y en nuestro pequeño universo natal entraron las nieblas de la rutina y el dulce otoño se volvió más desolado. Sin poeta se acabaron muchas conversaciones, dejaron de abrirse muchos libros, nos cerraron la estación de ferrocarril, luego se llevaron el juzgado, años después hasta intentaron quitarnos el río. Una villa puede no tener andenes de los que partan al alba locomotoras, incluso no debería tener cárcel ni lugar donde la gente ande enzarzada con pleitos, pero un pueblo como este ha de tener una escuela, un río y un poeta amigo de las palabras que se enseñan a escribir en las escuelas, alguien amigo de los ríos que se llevan las palabras que no caben ya en la inocencia de los pupitres.

    Yo no entendí más que lo que pude entender, no importa, algún día, escribió Walter Benjamin, lo que ahora no es comprendido será entendido con la misma facilidad con que entienden los niños el lenguaje de los pájaros la mañana de los domingos. Es domingo, y sé que entenderéis, queridos amigos, porqué os he contado esta historia. A veces la vida no nos da más que una oportunidad para poderle agradecer a alguien todo cuanto uno le debe. Acaso sea esta la mía, la ocasión que ha esperado durante cuarenta años aquel niño apoyado en el árbol. He pensado muchas veces qué hubiera sido de mí si no hubiese conocido a Gilberto, a lo mejor estaría labrando la tierra, trabajando en un banco o repartiendo panecillos por las calles de este pueblo. Hay mucha gente que ha labrado la tierra y que trabaja en un banco y se levanta al alba para hacer pan y que ha sido feliz. Y hay otras personas a las que alguien, en el estricto azar de alguna ley invisible, les ha hecho un encargo y, entonces, ya nunca serán felices si no pueden cumplirlo.

    Yo te agradezco Gilberto Ursinos, aquellos versos que crearon conducta entre mi generación: … combate y se valiente, se sano ante el dolor y ante el fracaso. No importa lo que hagas si lo haces en nombre del amor y de lo humano. Y te agradezco la caña de pescar relámpagos en el arroyo ilegal de la belleza, haber jugado la partida con la gente de este pueblo que no ha tenido más fortuna que la de la fraternidad, y te agradezco el pequeño paquete de libros que me dejaste, atado con una cuerda de bramante azul, la víspera de irte, también aquellas últimas palabras que posaste en mi cabeza como un mandato para siempre: Algún día, Mestre, yo volveré a ser niño y los espejos se llenarán de peces.

    Queridos amigos, nadie que con afecto pueda y deba ser recordado morirá jamás. De los materiales de la memoria está hecha la poesía, de las voces de cuantos sin saberlo sostuvieron con brazos anónimos el peso del universo. Se dice, a veces, que los poetas somos personas desagradables y algo de razón hay en ello. Los poetas son testigos, y eso no siempre suele ser del agrado de todos. Un testigo es un individuo incómodo, a pesar de que nunca vaya a declarar contra nadie, el poeta es un testigo que no acusa, pero cuyas palabras testimonian verdad ante el tribunal donde no se sentencia castigo del tiempo futuro. Y eso ya lo aprendí de adolescente, aquí, precisamente en este jardín, y no lo olvidé nunca.

    Yo tenía catorce años, era un rapaz del otro lado, del barrio de La Cabila, de la familia de los Mestre y los Migueluchos, nieto de sastre y panadero. Mi madre me enseñó a leer antes de ir a la escuela, pero no había libros en mi casa, así que empecé a leer la Hoja Parroquial y los prospectos de los medicamentos como si leyera a Cervantes. Han pasado los años y los siete ríos de la vida llevándose el afecto de tanta gente que nos quiso. Permanece su poesía, es decir, permanece la justicia de su memoria dando testimonio de cómo entre los hielos abre el amor sus minas imborrables.

    Sí, son versos de Antonio Pereira, son las palabras fundadoras del hijo del ferretero, del más joven entre los patriarcas del amanecer. El Perfecto Maestro si en nuestra villa hubiera logia para los que escriben en el aire la historia que leerán los ojos de aquellos que aún no han nacido. Los que nos sentimos próximos a la conmovedora peripecia humana de las personas sencillas, sabemos que cada relato de Pereira contiene más sabiduría por sílaba cuadrada que todos los legajos juntos de la tan dudosa como abundante épica nobiliaria. Adiós carromatos de virreyes, bienvenidos ciudadanos en bicicleta a las bellas crónicas de la otra realidad del mundo.

    Nadie es más que nadie si no hace más que nadie, escribió Cervantes, el mismo que nos recordaba que aprender a ser libres es aprender a sonreír. Antonio Pereira ha hecho más libre a un pueblo que rescatado entre las paradojas de la noche se ha convertido en luz de la leyenda. Y lo ha hecho con la ternura de sus palabras, sin levantarle la voz a nadie, sin disputarle a nadie un lugar en las cofradías del mundo. Quién si no él, el poeta de la seda y el hierro, nos ha hecho más digno sitio en los mapas eternos de las entrañables geografías de la imaginación.

    Un joven poeta inglés, el inmenso John Keats, hermano espiritual de nuestro romántico Enrique Gil y Carrasco, en respuesta a un amigo que le preguntó qué era para él un poeta, respondió: poeta es aquella persona que en presencia de otro se considerará siempre su igual, sea este el rey o el más pobre del clan de los mendigos. Eso ha sido y es Antonio Pereira, un narrador excepcional, un poeta que ha escrito poemas conmovedores, el hombre en el que se cumple al  máximo aquella sentencia de Pound según la cual, es imposible escribir un buen poema si no se es antes una mejor persona.

    A Tonino Guerra, el genial guionista de Federico Fellini, le escuché decir que el poeta es quien se quita el sombrero ante un cerezo en flor. A Nicanor Parra que era un bailarín al borde del abismo. No podría nombrar a tantos para quienes un libro de poemas es un una caja de herramientas al servicio de la conciencia de los hombres. La poesía que cura las heridas producidas a la dignidad por los gritones dogmáticos. Con razón la palabra dignidad suele provocar risa sobre todo en aquellos que no la tienen. Todo verdadero poeta, pensaba Unamuno, es un hereje, y el hereje es el que se atiene a postceptos y no a preceptos, a resultados y no a premisas, a creaciones, o sea poemas, y no a decretos, o sea dogmas. No ha importado la burla de la publicidad vergonzosa del mundo, no ha importado la calumnia del silencio, Lorca conocía la única vocal que tienen los animalitos en su vocabulario, y habló por y para las multitudes; Gonzalo Rojas vivió en el exilio de los renegados pero abrió a cada torturado un camino a las estrellas. Soñar sigue siendo es el oficio del poeta.

    Queridos amigos, todos hemos tenido sueños. El mío fue sencillo y ya ha sido cumplido. La belleza no es un lugar donde van a parar los cobardes. He amado este verso de Antonio Gamoneda desde mi adolescencia. Un poeta que lo ha significado todo en la repoblación espiritual de mi vida, en los valores que han hecho de la resistencia estética contra el autoritarismo una conducta civil, la creencia de que el arte no es una categoría superior del conocimiento humano, ni de la que son portadores sólo unos pocos, sino algo inherente, misteriosamente intrínseco, a la condición y la responsabilidad humana. He aprendido sus poemas de memoria, he orado con ellos, me han salvado de la desolación y me han devuelto la esperanza en épocas de dificultad.


Esta es la tierra, donde el sufrimiento
es la medida de los hombres. Dan
pena los condes con su fiel faisán
y los cobardes con su fiel lamento.

La belleza nos sirve de tormento
y la injusticia nos concede pan.
Un día brindaréis por los que habrán
convertido el dolor en fundamento.

Los que vivimos para dar alcance
a tan inmensa luz que hoy no podría
un dios mirarla sin quedarse ciego,

aún tendremos que agotar el lance:
arrojar al silencio la agonía
como quien tira el corazón al fuego.

 
    Son versos del más grande poeta, no sólo para mí, ya no sólo entre nosotros, de la lengua castellana. El poeta al que hemos seguido, como una baliza en medio de la tormenta, hacia la restauración del tiempo de los borrados, de los perseguidos, de los imposibilitados por tener razón. Alguien para el que ninguna palabra de homenaje estará ya a la altura de lo que significa pronunciar su nombre: Antonio Gamoneda.
 
 
    He sido testigo de la gravitación de sus palabras en épocas ominosas, cuando aquí y al otro lado del mar, en la asambleas de los utópicos, en la restitución de los sindicatos, en la ferocidad de las cárceles, en aulas  y calles y reabiertas alamedas, fueron sus palabras una sublevación inmóvil contra la tiranía, la descripción de la mentira que ante las puertas entornadas de la aurora nombraron las heridas del hombre contra el hombre. No tiene nada de extraordinario que hoy, esta mañana, el pueblo de Villafranca le rinda homenaje, hace muchos años que este pueblo acoge y se ha sentido acogido en el corazón extraordinario de su tan generosa como radical verdad.

Cuando yo tenía catorce años
me hacían trabajar hasta muy tarde.
Cuando llegaba a casa, me cogía
la cabeza mi madre entre sus manos.

Yo era un muchacho que amaba el sol y la tierra
y los gritos de mis camaradas en el soto
y las hogueras en la noche
y todas las cosas que dan salud y amistad
y hacen crecer el corazón.

A las cinco del día, en el invierno,
mi madre iba hasta el borde de mi cama
y me llamaba por mi nombre
y acariciaba mi rostro hasta despertarme.

Yo salía  a la calle y aún no amanecía
y mis ojos parecían endurecerse con el frío.

Esto no es justo, aunque era hermoso
ir por las calles y escuchar mis pasos
y sentir la noche de los que dormían
y comprenderlos como a un solo ser,
como si descansaran de la misma existencia,
todos en el mismo sueño.

Entraba en el trabajo.
La oficina
olía mal y daba pena.
Luego,
llegaban las mujeres.
Se ponían
a fregar en silencio.

Veinte años.
He sido escarnecido y olvidado.
Ya no comprendo la noche
ni el canto de los muchachos sobre las praderas.
Y, sin embargo, sé
que algo más grande y más real que yo
hay en mí, va en mis huesos.

Tierra incansable,
firma
la paz que sabes.
Danos
nuestra existencia a
nosotros
mismos.

 
    Versos de un poema de Gamoneda en el que está cifrada no sólo la suya, sino la memoria colectiva de tanta gente de este país. Yo también tuve catorce años, no me hicieron trabajar hasta muy tarde, pero Gilberto Ursinos me regaló antes de irse este librito. A él le está dedicado: “A Gilberto Ursinos. Compañero vertical en la poesía que avanza”, y está firmado por Antonio Gamoneda. Es Sublevación Inmóvil, en la edición de Adonais de 1960, lleva casi cuarenta años conmigo, es mi evangelio y mi mandato, es el primero de sus  libros, y cada vez que lo abro me extiende una escalerilla de invisibles peldaños para descender a la misericordia, a esa otra parte del mundo donde los derechos pendientes de ser ejercidos son la tensión moral de la conciencia entre lo bello y lo justo. Son los hijos desgajados del dolor de España, es el tren en el que los campesinos viejos y los mineros jóvenes regresan al porvenir desde el corazón de la tierra:

…el único digno de los cantos antiguos, la única poesía, (…) la que calla y aún ama este mundo, esta soledad que enloquece y despoja.
 
    La amistad de Antonio Gamoneda ha estado sobre nosotros como una madre sobre su pequeño que sueña con cuchillos. Su poesía nos ha protegido, en sus palabras ha encontrado refugio el desesperado ser humano que al amanecer, armado de una ardiente paciencia, aún espera entrar en las esplendidas ciudades prometidas por la profecía de Rimbaud, el vidente. Elogio la indefinible libertad de Antonio Gamoneda, el radical descentramiento de cuanto ha supuesto la alta conciencia de su poesía como ruptura con la lógica del saber; la ética que frente a los actos de fuerza que pretenden representar lo que solo es, aspira al arte de cómo debería ser el universo significante de la duración en el tiempo de la dignidad humana.

    Hace cuarenta años yo era una sombra apoyada en un árbol. Ahora sigo siendo otra sombra apoyada en el mismo árbol de entonces. Estos hombres, estos poetas en cuyas raíces yo me reconozco, fueron los primeros encantamientos del destino. La harina del horno de mi padre, las primeras letras que me enseñó Esperancita Mestre en el silabario de las noches de invierno, la sonrisa que sigue manteniendo inmaculada y pura más allá de la muerte Gilberto Ursinos. Es la delicadeza que se acerca como estrella de puntillas a los ojos del astrónomo Antonio Pereira. Es la poesía que derramaba a manos llenas Ramón Carnicer cuando por las alturas de La Cabrera espantaba los tábanos de la miseria con la tinta sabia de su árbol erigido ya sobre la memoria del buen antepasado. Es la poesía centenaria de Victoriano Crémer, arrancándole los cerrojos a la casa de Caín, llevando una copa de agua a los sufrientes bajo las flores anarquistas del año de la melancolía. Es la consolación moral, el coraje civil de los lenguajes con los que Antonio Gamoneda ha hecho más habitable, más radicalmente necesario el más bello de los pensamiento del mundo, la voz imprescindible de la poesía que ante los turbios legisladores del universo, reclama, exige ante los deberes para con el infinito, el derecho a desobedecer.

    Y desobedecer la costumbre es la poesía, en palabras de Saint John-Perse. Desobedecer los dictados de una sociedad basada en la idolatría a las repugnantes escamas litográficas, como llamaba Baudelaire al dinero. Desobedecer al sistema que ha hecho culto de la atrocidad de la guerra y obliga a vivir en condiciones de esclavitud a tres cuartas partes de la humanidad. Desobedecer es no olvidar, como nos recuerda Walter Benjamin, que el botín supremo de los amos no es la plusvalía, el botín supremo de los amos es la cultura.

    No hablo de una poesía social, hablo de los lenguajes insumisos que en alianza con la aspiración de todos los seres humanos a la felicidad, no sólo cambien la realidad de sitio, sino que ayuden a transformar y nos adelanten los significados del porvenir. Todo lo que existe fue alguna vez imaginado, escribió Hölderlin, y ese es el prodigioso desafío de la confianza en la poesía que siempre nos llevará más lejos que el miedo de su ausencia. Es lo sagrado, sea lo que sea lo sagrado para cada uno de nosotros.

    Vecinos y amigos de mi pueblo, la poesía es verdad, la verdad es belleza, sigue gorjeando por las alamedas el príncipe de los valles, el inmortal ruiseñor de Keats, los pájaros de la consolación que no han nacido para morir. Es legítimo a la poesía cantar la obra del jardinero y también desatar los pies a los convictos, es legítimo descifrar el lenguaje de las rosas y oponerse a la crueldad de los tiranos. Escribió Oscar Wilde que la sociedad perdona con mayor frecuencia al criminal pero no perdona nunca al soñador. Alguien dijo que el arte en un pueblo religioso produce reliquias, en un pueblo guerrero, trofeos, en un pueblo burgués, artículos de consumo. Sólo un pueblo de ciudadanos libres puede producir palabras en libertad, es decir, poemas, la voz sin boca del que dice soy inocente, tengo hambre, no me mates. Palabras, palabras civiles para después del tiempo, como proclamara en este mismo lugar, hace unos años, el profeta laico, aquel ser literalmente irrepetible que fue Rafael Pérez Estrada.

    Queridos amigos, vecinos de este amado pueblo de Villafranca, soy el hijo de Emilio el panadero. Conocéis a mi padre, conocisteis a mis abuelos, vivieron en estas calles y como vosotros fueron gente honrada. Este es un pueblo de gente honrada, y la honradez es el primer compromiso que tienen las palabras con las ideas de las cuales son portadoras. No hablo de ejemplaridad, pero sí de la conducta de las palabras en alianza con la imaginación, el arte, la poesía, el mayor placer que el ser humano se ha dado a sí mismo, para decirlo con la misma expresión que compartieron Walt Whitman y Carlos Marx. No tengamos temor a las palabras, a la voz ancestral que pronunció en Galilea el Salmo de los Bienaventurados e inspiró casi dos mil años después la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

    Vengo de la misma escuela a la que fueron vuestros hijos, jugué de niño con ellos en estas calles, conocí a toda la gente que nos quiso. Poco más hay que saber para darse cuenta de porqué hablaros así ha sido esta mañana mi única posibilidad. Creo en la poesía porque he creído en vosotros, en el desconocido que silba en el bosque y en los campaneros que tocan las campanas en septiembre como si las volteara Mozart. Creo en la poesía de los que no han tenido que leer a Heideger para darse cuenta de cuál es su imprescindible necesidad en épocas de penuria. Creo en los alegres bebedores del atardecer y los giratorios amantes por los cielos de Chagall donde las vacas azules tocan el violín para los que no tuvieron una segunda oportunidad sobre la Tierra.

    Creo en la certeza que asistió a los desaparecidos, las víctimas civiles de la historia que se seguirán levantando de las cunetas para volver a podar las viñas. Creo en ti, Poesía, hojas de hierba, caravana de los titiriteros. Música del hojalatero sobre la partitura del cobre, herreros en la fragua del trueno, silbato del que trae cartas que abrazan a los hermanos y hacen llorar a las madres. Creo en las intensas voces del recuerdo, los que madrugaban para ir a las ferias, el herrador de caballerías, los que siembran colina, la familia de los músicos y los tipógrafos de la plaza. Creo en el retratista de la inexistencia y en el fotógrafo de la nieve. En los alquimistas del vino y quienes sulfatan los cerezos. Sigo creyendo en Norberto Beberide, que tenía una máquina para hablar con los espíritus; en Paco Pérez Caramés, que trataba de usted a las flores y las piedras se apartaban de los caminos para dejarlo pasar. Recuerdo al que discutía en latín con los caballos, al hijo del guardabosques, a los carpinteros, a los que vendían paños para el bautizo y las bodas y el luto. Recuerdo a Basís que explicaba a los muchachos las películas antes de entrar al cine, a Món que estará construyendo catedrales en el Paraíso. Recuerdo a Ninguén cantando como el agua de los ríos y a Gelo Marvá, presidente del senado de los soñadores.

    Es hora de terminar, el poeta es un taxista que lleva a la gente donde la gente quiere ir, alguien que ayuda a los demás a vivir su propia vida. La poesía está ahí para ennoblecer, para dignificar la condición humana. Es la vida, como escribió Cummings, que antes o después, venga siempre las ofensas de los hombres con las salvas de la primavera. Esa también es la mejor razón por la que habrá merecido la pena vivir. Lo escribió Gamoneda:


“Un mismo canto pide /la justicia y la / belleza. Sea la luz /un acto humano. Se puede/ morir por esta /libertad.”
 
Muchas gracias.
 
 
Villafranca del Bierzo, 22 de junio, 2008

Fotos / Gelman y Gamoneda en León, el pasado 25 de abril

May 7, 2008

 

 

 

En la foto superior, Antonio Gamoneda acompaña a Juan Gelman, que atiende a los periodistas leoneses en el Ayuntamiento de la ciudad, minutos antes de protagonizar un encuentro poético en un salón de actos abarrotado de público. En la imagen central, los dos poetas con la concejala de Cultura, al fondo, durante el recital. Sobre estas líneas, Gelman y Gamoneda en un cómplice apretón de manos.

Las fotos son de ROBERTO GÓMEZ MARTÍN

Fotos / El poeta en la Casa de Cultura de Villamayor de Armuña (Salamanca)

May 4, 2008

 

Inauguración de la Casa de la Cultura de Villamayor de Armuña (Salamanca), que lleva el nombre de Antonio Gamoneda, el pasado 21 de abril de 2008.
En la imagen, de izquierda a derecha: Felipe Nuñez, filósofo, poeta y vecino de Villamayor; Elena Diego, alcaldesa de Villamayor; José Ramón Alonso, rector de la Universidad de Salamanca; Antonio Gamoneda y el profesor de violonchelo de la Escuela Municipal de Música de Villamayor, en el salón de actos de la Casa de Cultura.

 

En la imagen, la concejala de Cultura, Cándida Ejido, le entrega a Antonio Gamoneda una escultura en piedra de David de la Mano, escultor natural de Villamayor.

Antonio Gamoneda en la Casa de Cultura de Villamayor. La foto es de Amelia Gamoneda

Antonio Gamoneda junto a la escultura de David de la Mano.

(Las fotos son de Amelia Gamoneda y Fernando Sanz Santacruz)

Gamoneda en la portada del Tribuna de Salamanca

Portada de Tribuna de Salamanca, el 22 de abril de 2008. 

El compositor José María Sánchez Verdú pone música al ‘Libro del frío’

March 5, 2008
 José María Sánchez Verdú, compositor
La obra de José María Sánchez Verdú será la estrella
del Festival Internacional de Órgano ‘Ciudad de León’,
donde podrá escucharse el próximo 3 de octubre
* * *
La Sinfónica de Galicia y el contratenor Carlos Mena
estrenarán la partitura en León

Por Miguel Ángel Nepomuceno
Considerado el compositor más joven y más prestigioso de su generación en España, José María Sánchez Verdú está actualmente dando los últimos toques a una de sus grandes composiciones, Libro del frío, sobre textos de la obra homónima de Antonio Gamoneda, que verá la luz el próximo 3 de octubre en la Catedral de León, dentro de la 25 edición del Festival Internacional de Órgano, como obra de encargo del evento musical leonés que este año cumple sus bodas de plata.
    «Creo», dice Verdú, «que la obra de Gamoneda es, aunque pueda parecer lo contrario, extremadamente musical y en concreto su Libro del frío el idóneo para comenzar ese viaje iniciático a través de una de las catedrales más hermosas de Europa, como es la de León. Siempre me ha parecido la poesía de Gamoneda impresionante y cuando cayó en mis manos este Libro del frío pensé que era el momento de escribir una obra muy especial para conmemorar estos 25 años de una realidad musical y cultural tan importante como es el Festival de Órgano, tan imbricado a la Catedral de León y a los leoneses. Para ello, comencé a tejer las connotaciones que a lo largo de los poemas de este libro esencial van trascendiendo al ser humano, partiendo desde un territorio imaginario para enfrentarse con los elementos físicos como el frío,o los consustanciales al hombre como el miedo, la piedad y el amor, hasta alcanzar el el descanso eterno que puede ser muerte blanca o principio de la serenidad», sostiene el compositor algecireño.
    Poco hablador, simpático y apacible pero extremadamente observador –Verdú es un enamorado del arte al que le gusta recalar por León en busca de restos morabitos–, no duda ni un instante en apartarse del mundanal ruído enclaustrándose entre los albos muros de los monasterios leoneses de Gradefes y Carrizo, que le permiten concentrarse de forma intensa en los últimos encargos que según sus palabras están ya muy avanzados, especialmente este del Festival de Órgano.
    «Es un trabajo importante en cuanto a extensión», apunta, de una media hora de duración, en el que va a haber varias sorpresas acústicas y visuales. «Puedo adelantar que la formación orquestal se dividirá en cuatro secciones buscando los cuatro extremos del crucero Norte-Sur, y varios instrumentistas se irán colocando en distintos lugares del templo para producir esos sonidos etéreofónicos que parecen no venir de ningún sitio pero que envuelven todo el templo».
    La obra, escrita para gran orquesta –como es la Sinfónica de Galicia, voz y órgano, con el prestigioso contratenor Carlos Mena, quien cantará los poemas del Libro del frío, del premio Cervantes Antonio Gamoneda–, explotará todos los efectos acústicos, tímbricos y tonales con el fin de resaltar aún más el tejido orquestal y los recursos de los instrumentos solistas. «Una de las investigaciones que estoy haciendo en estos momentos en buscar el tono de la Catedral, que, como sabes tiene su tono definido como cualquier edificio para poder ensembler el de la orquesta, voz e instrumentos. Esto que parece algo insólito, puede destrozar una obra en función del recinto en el que se interprete, de ahí, que sea tan importante encontrar ese tono».
    José María Sánchez Verdú se ha convertido en el compositor español más requerido de su generación. Con sus flamantes cuarenta años cuenta ya con una cartera abarrotada de encargos y los premios se insertan en su currículo con la prodigalidad de un brillante creador que es. Recientemente ha estrenado en el Teatro Real su ópera El viaje a Simorgh, inspirada en Las virtudes del pájaro solitario, de Juan Goytisolo, en la que la mística de San Juan de la Cruz se mezcla con los poetas de la tradición sufí. Amante de la literatura y aún más en concreto de la poesía, Sánchez Verdú gusta de gestar sus obras mientras recorre largas distancias a pie, o en la paz de los monasterios leoneses a los que frecuenta con la asiduidad de un monje. Frecuentemente se le puede ver por los alrededores de Carrizo con un libro extraño bajo el brazo plagado de arcanos sobre música y ajedrez o en pos de armonías ignotas, de ruinas medievales o de seculares cenobio que le disparan su fecunda impronta de la que surgen estas obras, magníficas que ya han entrado por derecho propio dentro de la historia de la música del siglo XXI.

Dedicatoria para una letra (W) dibujada por una niña de 10 años

March 2, 2008

http://farogamoneda.blogsome.com/images/w-sara_alvarez_y_antonio_gamoneda.jpg

El dibujo es de Sara Alvarez (10 años)

La dedicatoria de Antonio Gamoneda dice: "La W (uve doble) de Sara tiene vida y mirada. Muy bien, Sara: hay que estar siempre a favor de la vida"- 

Se pueden encontrar otras letras dibujadas por niños, con dedicatorias de escritores leoneses, en esta página (haz click:) del Ayuntamiento de Villablino.

Gelman y Gamoneda se encontrarán el 25 de abril en León

February 28, 2008

El encuentro, el 25 de abril en León, de los poetas Antonio Gamoneda y Juan Gelman será una de las actividades programadas durante la presidencia de la Red de Juderías de España por parte de León capital. Las actividades se abrieron ayer con la inauguración de Arquitecturas simbólicas. Las puertas de las juderías, una exposición en el Auditorio ‘Ciudad de León’ que se podrá contemplar hasta el próximo 26 de marzo, y que estará abierta al público de 11.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00 horas, de lunes a sábado.

Gelman, fotografiado por Daniel Mordzinski

Según informa Diario de León, los premios Cervantes Antonio Gamoneda y Juan Gelman ofrecerán una charla en León el próximo 25 de abril, una fecha bien simbólica. Éste es uno de los actos que vincularán el programa cultural que se celebrará en la capital leonesa hasta el próximo mes de junio para celebrar la presidencia de la Red de Juderías –asociación integrada por 21 ciudades españolas–, que León ocupará durante el primer semestre de este año. El acto contará con la actuación del grupo de música Recordando la Revolución de los ClavelesSirma, que ha compuesto para esta jornada varios temas basados en la poesía del último premiado en Alcalá de Henares. El programa se abrió ayer con la inauguración de Arquitecturas simbólicas, las puertas de las aljamas, exposición que trata de realizar un recorrido a través de la simbología que las puertas (las urbanas, las que se abren a la sinagoga y aquellas que conducen a la intimidad familiar) tienen en el universo judío. Asimismo, el ciclo se completará con una exposición fotográfica del cordobés Francisco Sánchez Moreno, que mostrará los rastros judíos en la península y sus influencias sociales y culturales.
    Habrá tiempo también para la discusión intelectual. Para hacer de León el lugar de encuentro de las últimas investigaciones, se celebrarán dos congresos que contarán con la colaboración de la Universidad de León. El primero de ellos tendrá lugar entre el 17 y el 19 de abril y será coordinado por Jorge Sánchez de la Fuente. El título de esta simposio es El mundo judío en la Península Ibérica: sociedad y economía. Además, un segundo encuentro universitario, esta vez con dirección del profesor José Luis Avello, tendrá como protagonista a la mujer en el mundo judío, desde una perspectiva de la historia, el arte y la literatura.
    Durante esos días, además, el Ayuntamiento y varios hoteles y restaurantes de la ciudad organizarán un ciclo de comida sefardí con la inclusión en sus cartas de una amplia variedad de platos tradicionales.

Sobre Ángel González: “Un poeta con unas pautas ideológicas muy claras”

January 14, 2008
Angel GonzálezMadrid, 12 ene (EFE).- El poeta y escritor leonés Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2007, dijo hoy a Efe que Ángel González fue "un poeta que tenía unas pautas ideológicas antifranquistas muy claras y que se incorporó en los años 50 a las pautas poéticas del realismo".
    Para Gamoneda, González se "mantuvo dentro del realismo con una gran dignidad, pero fue hace veinte años cuando su obra poética empezó a declinar, porque su vida se hizo más difícil, ya que vivía solo en Madrid, mientras su mujer desarrollaba su carrera profesional en Norteamérica".
    "Eso provocó que su poesía decayese", comentó Gamoneda del poeta asturiano, de quien ha sido "muy buen amigo", pero, al mismo tiempo, lamentó que en sus últimos años "se dejase manipular por gente de la que no merece la pena hablar y que se aprovechó de él".-EFE

El villancico inédito

December 13, 2007

Entresacamos pregunta y respuesta de la reciente entrevista
que le hizo a Gamoneda la perdiodista leonesa Verónica Viñas:

V. V. —Aunque odio las Navidades, recuerdo un villancico precioso que me enseñaron en la escuela. Decía así:
    «…Y un chiquitín charlatán,
    puesto en la punta del pie,
    se asoma y dice: José,
    pónle tu capa,
    que está nevando…»

¿Le suena?

A. GAMONEDA. —Lo escribí hace 40 años porque una maestra de mis hijas, Ofelia, muy cariñosa, inteligente y católica, me lo pidió para cantarlo en familia.

* * *

Como curiosidad, conseguimos recuperar aquel entrañable villancico
tal y como lo conserva Amelia, hija del poeta:

 
Nevaba mucho en Belén
la noche que Dios nacía.
¡Qué bonito y que alegría,
pero qué frío también!
  
 
El niño estaba en el suelo
como una rosa desnudo.
¿Por qué no quiso si pudo
venir vestido del Cielo?
 

Dos ángeles tejedores
de prisa y muy buena gana
le están haciendo de lana
una nana de colores.
 

Y un chiquitín charlatán
puesto en la punta del pie
se asoma y dice: “José,
ponle tu capa, que están
dale que dale y no sé
cuándo cuándo acabarán"
.
 
 
(Antonio Gamoneda) 

 

De Ferrín para Seamus Heaney, Derek Walcott y Gamoneda

December 7, 2007

Dedicatoria que abre el libro Estirpe, del poeta gallego X. L. Méndez Ferrín (Ed. Xerais, Vigo, 1994):

Seamus HeaneyI would wish this book,
Certainly for him
Enigmatic,
Ranged in Seamus Heaney’s
Library,
Far at the Irish, bloody, dark
Bogside.
The sweet, rotten roots
Of all the lands’ ends
In the bone-layered, western
Death Republic,
Are our common ones:
My soul is now the Burren. 

Derek WalcottAnd also
J’aimerais savoir mes pages
Déposées dans une autre bibliothèque,
Celle qui is at Derek Walcott’s home
Among the Homeric pink fingers of the Dawn,
Mangroves mingling with Creol tastes
And the unfinished, marble-ironed,
Long, Saint-Jonh Perse’s verse - like a river.
Derek Walcott:
Freshly rising friend over the ocean.

Antonio GamonedaFinalmente
yo quisiera mi libro con los libros amados
de Antonio Gamoneda, el niño
que bajó de las Asturias como baja el ganado,
con dolor y olor,
y el recuerdo de vitrolas venenosas,
un caballo disecado en San Marcos,
los olores picantes de la pólvora,
le son nido de erizo permanente en el hígado.*

Pra eles tres é este libro:
poetas estranxeiros que viviron meu tempo,
gorxas de sol e xofre que me asisten no ocaso,
consolo ou resistencia que fan corpo
coa espranza nosa granítica
feita de lume, espada, égoas, todo. 

Méndez Ferrín

 

 

 

 

* (Versión en gallego:)
Eu quixera este libro, / certamente pra el / enigmático, / posto na biblioteca / de Seamus Heaney / alá lonxe no irlandés, / maldito, escuro / confin das gándaras. / As torgueiras doces e podres / daquelas fins do mundo / na occidental República Morta, / estrada de ósos, / son as nosas raíces comúns: / a miña alma é hoxe o Burren. // E tamén / gostaría de saber as miñas páxinas / depositadas noutra biblioteca, / a que está en cas Derek Walcott / entre os homéricos dedos rosados da Aurora, / mangles mesturando cheiros creoulos / e o verso de Saint-John Perse -coma un río / longo, sen terminar e de marbre ferrado. / Derek Walcott; / novo amigo que medra sobre o Océano. // Por fin / eu quixera o meu libro xunta os libros amados / de Antonio Gamoneda, o meniño / que desceu das Asturias como baixa o gado, / con dor e cheiro, / e a lembranza de vitrolas pezoñentas, / un cabalo disecado en San Marcos, / os ulidos picantes da pólvora, / sonlle niño de ourizo permanente no fígado.

 

 

‘Blues castellano’: el acta de la censura franquista y un poema

December 5, 2007

Portada de 'Blues castellano', Bartleby Ed.“Libro de versos muy malos, de temática y métrica diversa. Sobre todos ellos campan un sentido de resentimiento y odio. Muchos de ellos aparecen con citas de Marx, Lefevbre y otros marxistas. La tónica general de la obra es demagógica, pues aunque no lo dice claramente, el ambiente de desolación que pinta se refiere a España. Así mismo, tiene sus toques de ateísmo. La obra carece en absoluto de valor, pero como hay algunos poemas que pueden ser pasables, se ha preferido señalar, en las páginas marcadas, pues no están numeradas, los poemas que deben ser suprimidos. Con estas tachaduras es publicable”.

Así reza el expediente de la censura franquista que, en 1968, desaconsejó la publicación del libro ‘Blues castellano’, de Antonio Gamoneda. El poemario tuvo que esperar a 1982 para ser publicado íntegramente, en Ediciones Noega (Gijón).

Reproducimos uno de los poemas censurados:

 

MALOS RECUERDOS

La vergüenza es un sentimiento revolucionario.
KARL MARX

Llevo colgados de mi corazón
los ojos de una perra y, más abajo,
una carta de madre campesina. 

Cuando yo tenía doce años,
algunos días, al anochecer,
llevábamos al sótano a una perra
sucia y pequeña.

Con un cable le dábamos y luego
con las astillas y los hierros. (Era
así. Era así.
           Ella gemía,
se arrastraba pidiendo, se orinaba,
y nosotros la colgábamos para pegar mejor).

Aquella perra iba con nosotros
a las praderas y los cuestos. Era
veloz y nos amaba.

 

Cuando yo tenía quince años,
un día, no sé cómo, llegó a mí
un sobre con la carta del soldado.
Le escribía su madre. No recuerdo:
"¿Cuándo vienes? Tu hermana no me habla.
No te puedo mandar ningún dinero…"

Y, en el sobre, doblados, cinco sellos
y papel de fumar para su hijo.
"Tu madre que te quiere."
                                 No recuerdo
el nombre de la madre del soldado.

Aquella carta no llegó a su destino:
yo robé al soldado su papel de fumar
y rompí las palabras que decían
el nombre de su madre.

 

Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
pero aunque tuviese el tamaño de la tierra
no podría volver y despegar
el cable de aquel vientre ni enviar
la carta del soldado.

   ANTONIO GAMONEDA
(Del libro ‘Blues castellano’)

 

Carta de ZP

November 22, 2007
Carta del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a Antonio Gamoneda, felicitando al poeta, hoy 22 de noviembre, por la concesión del título de Hijo Adoptivo de León:
 Carta de Rodríguez Zapatero
Mi admirado Antonio:

Que sea en mi ciudad donde ha crecido tu obra; que sea en mi ciudad donde se le ha dado al mundo la dignidad y la nobleza de tus palabras; que hayas sido tú quien nos haya enseñado a mirar de frente a la mentira para que abandone su reino de imposiciones y de tristezas; que el poeta haya entregado, con generosidad y paciencia, sus pensamientos en silencio, lejos de las luces que deslumbran, es un honor, Antonio, y no puedo por menos que agradecértelo estando, esta tarde, junto a ti.
En Madrid para León.
Zapatero.

Un nuevo premio: La Presea Cervantina, en Guanajuato

November 7, 2007
GAMONEDA RECIBE POR SORPRESA ESTE PREMIO TRAS HABLAR DEL MANCO DE LEPANTO
    El poeta leonés Antonio Gamoneda fue sorprendido ayer por los organizadores del XVIII Coloquio Cervantino InternacGamoneda, en una foto tomada de un blog mexicanoional en la ciudad de Guanajuato, en el centro de México, con la Presea Cervantina, que le fue otorgada al término de su intervención, según recoge un teletipo de la Agencia EFE.
    «Escuché hablar algo de una sorpresa para mí (…). Lo que debo decir es que a ustedes (los organizadores) les ha sido contagiada una parte de la locura y la generosidad de Don Quijote», agradeció el poeta en su intervención, cuando dirigió unas palabras tras haber recibido la distinción que le otorgó la organización del coloquio.
Gamoneda (Asturias, 1931) recibió la noticia nada más concluir su conferencia que versó sobre el tema «La pobreza y la obra de Cervantes», aún sin descender del estrado, tras lo cual se fundió en abrazos con varios de los responsables de la organización.
En su intervención, Gamoneda defendió que la pobreza de Miguel de Cervantes fue beneficiosa «para la creación cervantina». La pobreza del autor del Quijote debe entenderse como carencia de bienes pero también como «interiorización del dolor, que él buscaba que no fuera visible», explicó el poeta leonés en su interesante intervención, que fue seguida con indudable interés por el numeroso público asistente al acto.

El autor de Libro del frío, Arden las pérdidas o Libro de los venenos, vio marcada su propia infancia y juventud por las penurias de la guerra civil española y de la posguerra, vividas junto a su madre, que se había quedado viuda cuando él tenía un año.
El Coloquio Cervantino, que reúne a especialistas y estudiantes, se celebra desde 1987 en Guanajuato, ciudad mexicana en la que se encuentra el museo del Quijote y el Centro de Estudios Cervantinos (CEC) del país azteca. En sus calles se representan anualmente y desde hace décadas los Entremeses cervantinos, que derivaron en el Coloquio y el Festival Internacional Cervantino, en homenaje a Miguel de Cervantes y a sus personajes.
Entre los poseedores de la Presea Cervantina, entregada en siete ocasiones, están el novelista mexicano Carlos Fuentes, la escritora brasileña Nélida Piñón y el ensayista y académico de la Real de la Lengua el español Emilio Lledó.

Conferencia: ¿Los libros que el poeta se llevaría a una isla desierta?

October 30, 2007
Lugar: Biblioteca Pública de León.
C/Santa Nonia, 5.
Hora: 20.00.
¿Desvelará Gamoneda qué lecturas esenciales elegiría para no aburrirse en una isla desierta? El último premio Cervantes ofrece hoy una conferencia dentro del ciclo La biblioteca del náufrago, cuyo objetivo es difundir y promocionar la labor de autores y editoriales de Castilla y León. Cada escritor elabora una lista con las lecturas que más le han emocionado, sorprendido, enganchado… en definitiva, los libros esenciales de su vida. 


La publicidad de este ciclo anuncia que «cada escritor invitado habla sobre los diez libros que, como lector, le han dejado un recuerdo más imborrable». Pero, según publica hoy LA CRÓNICA DE LÉON-EL MUNDO, Antonio Gamoneda, como tantas veces, «no va a obedecer las directrices del ciclo» pues, dice, «a mí no me han hablado exactamente de eso, aunque tal vez viniera en alguno de los papeles que me dieron. No me ceñiré a lo anunciado por ‘insumisión’ sino porque me parece más interesante la propuesta que voy a hacerle a los asistentes». Y esta propuesta es «realizar un recorrido biográfico, un relato hasta incluso jocoso de mi historia, mi conducta y mi suerte, buena o mala, en relación con los libros».
Este recorrido propiciará que Gamoneda no hable de los libros que le han marcado o impresionado. Hablaré de obras que en ocasiones serán de tercera, cuarta o última categoría, junto a otras que, afortunadamente, son mejores. De todas formas, nunca realizaré un recorrido valorativo, de calidad, será un repaso de los libros que estuvieron realmente en mi vida, desde mi aprendizaje. En definitiva, se trata de los libros que se me han ido apareciendo, que me eligen a mi».
Y al hacer este recorrido vital y de lecturas Gamoneda recuerda que «estamos hablando de la época de la Guerra Civil y la posguerra, En la conferencia, con el director de la Biblioteca y Ernesto Escapaun tiempo en el que en España la edición era prácticamente inexistente, como lo era la lectura, lo que complicaba más casos como el mío, en el que no existía, porque se la llevó el demonio, una buena biblioteca familiar». Ante esta situación, Gamoneda concluye: «Bastante suerte es que se me haya aparecido la letra escrita o impresa, sin hacer juicios de valor, que no procede».
El poeta leonés, nacido en Oviedo, es consciente de que al hablar de sus primeras lecturas y su biblioteca familiar va a surgir un pasaje de su biografía que se hizo muy popular al serle concedido el Cervantes y que él mismo contó en su discurso de agradecimiento. La historia del único libro que había en su casa, un libro de poesía en el que su madre le enseñó a leer y que lo había escrito su fallecido padre, también llamado Antonio Gamoneda. «No es que recurra a él de nuevo, es que ocurrió así y así lo tengo que contar, pues se trata de un recorrido biográfico», en el que no va a llegar hasta nuestros días pues, explica, «me parece lógico detenerme antes de que yo me convierta en un lector especializado, ya con una desenvoltura suficiente para elegir pues, como he dicho, hablaré de los libros que me han elegido a mí».

El retrato de Gamoneda pintado por Rafael Sánchez Carralero, en la Biblioteca Nacional

October 24, 2007
Gamoneda, paisaje sin tiempo

Retrato de Gamoneda realizado por Rafael Sánchez Carralero

La Biblioteca Nacional incorpora a su galería de los premios Cervantes este retrato de Antonio Gamoneda, pintado por el artista berciano Rafael Sánchez Carralero
 

      «Es un tío grande. Trabajar con Antonio, tenerlo en mi estudio, ha sido emocionante; nunca voy a olvidar el tiempo que pasamos juntos pensando cómo debía plasmar esa planta de dignidad que despide. Y es que te diría que la poesía es él». Rafael Sánchez Carralero (Cacabelos, 1949) dice que es como si hubiera zanjado una deuda pendiente de admiración antigua. «Ha sido muy especial. Ha pasado por mi casa y ha dejado por todos los rincones un rastro de respeto y de cariño. Por muchas cosas, para mí este cuadro era un reto, un riesgo y una suerte».

No esconde el pintor berciano, radicado desde hace 23 años en Salamanca en cuya universidad es catedrático de Pintura, su profunda admiración por la obra del último premio Cervantes, admiración que llega también a la persona y a su forma de estar en el mundo. «Al final creo que el que más ha aprendido de esta experiencia he sido yo, porque fue un lujo compartir con Gamoneda este tiempo que ha sido como una inyección de humanidad».

Reconocido como un excepcional pasajista, el retrato de Gamoneda tiene también algo de paisaje humano intemporal. «Todo artista es en el fondo un narrador y aquí intento narrar lo que veo. He intentado encontrar la ‘constante’ de alguien que tiene una profunda vida interior. Lo importante es que él se sienta representado y creo que ha sido así».
(Noticia aparecida hoy 24 de octubre en Diario de León

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