La poetisa griega KIKI DIMOULA, Premio Europeo de Literatura 2010

November 15, 2009
KIKI DIMOULA
La poetisa griega KIKI DIMOULA, Premio Europeo de Literatura 2010

Estrasburgo (Francia), 14 nov (EFE).- La poetisa griega KIKI KIMOULA ha sido galardonada con el Premio Europeo de Literatura 2010, según anunció hoy en Estrasburgo la Asociación Capital Europea de Literaturas (ACEL) y el jurado que otorgó la distinción.

Dimoula (Atenas, 1931) es, según el jurado, "una de las más fuertes y representativas" escritoras de la Grecia actual, "muy popular" en su país, que ha visto traducidos sus 12 poemarios a ocho lenguas, entre ellas el español.

Miembro de la Academia de Atenas y empleada durante 25 años del Banco de Grecia, Dimoula también ha publicado en prosa, así como numerosos artículos en revistas literarias.

El Premio Europeo de Literatura, que cuenta con el apoyo del Ministerio francés de Asuntos Exteriores, distingue la obra completa de un escritor europeo de talla internacional, que represente la dimensión cultural europea y la promoción del mejor conocimiento mutuo de los pueblos europeos a través de la literatura.

El premio, que será entregado durante los Encuentros Literarios de Estrasburgo, que se celebrarán el 12 y 13 de marzo del próximo año, consistirá en la traducción al francés de dos obras de Dimoula.

El encargado de realizarla será el traductor francés Michel Volkovitch, cuya labor de traducción de obras de la literatura griega moderna también ha sido reconocida.

El primer galardonado en 2006 con el Premio Europeo de Literatura fue ANTONIO GAMONEDA, que ganó meses después el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el premio Cervantes 2006.

ACEL también ha hizo público hoy el Premio de Literatura Francófona Jean Arp, concedido al poeta francés Pierre Dhainaut (Lille, 1935). Este año se cumple el cuadragésimo aniversario de la aparición de su primer libro, "El poema comienza".

El tercer galardón que concede anualmente ACEL es el de Patrimonio Nathan Katz, que distingue el patrimonio literario alsaciano, desde la Edad Media a nuestros días.

El premiado ha sido Rene Schickele, escritor franco-alemán que falleció en 1940, después de que el régimen nazi quemara sus obras y prohibiera la edición de las mismas.

La labor de las traductoras de Schickele, Irène Kuhn y Maryse Staiber, ha sido también reconocida, por su promoción del patrocinio literario alsaciano.

Los premios de ACEL cuentan con el apoyo del Consejo de Europa, el Ayuntamiento, la Comunidad Urbana y la Universidad de Estrasburgo, así como del Consejo Regional de Alsacia.

Crónica del Congreso en la UAM, por Pacho Rodríguez

April 16, 2009

 

[Antonio Gamoneda, rodeado por alumnos de la Universidad
Autónoma de Madrid. Fotografía de RAQUEL P. VIECO]

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El poeta leonés asistió a la apertura del Congreso
sobre su obra en la
Universidad Autónoma de Madrid
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GAMONEDA:
«La presencia de jóvenes
es la que puede hacer perdurar mi obra»
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José Enrique Martínez participa hoy, y mañana acuden
Llamazares, Barella, Luis Mateo y Merino

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Por PACHO RODRÍGUEZ
para Diario de León

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Cuarenta y tres nombres y un poeta. El primer congreso universitario que se celebra dedicado a la figura de Antonio Gamoneda, comenzó ayer con el propio autor como protagonista presente en la conferencia inaugural, en la Universidad Autónoma de Madrid, con José Manuel Cuesta, profesor titular de Teoría de la Literatura, como ponente, y con una exhaustiva disección del poema Cecilia, que el autor dedica a su nieta.

Bajo el título de La palabra dañada comenzó este encuentro que durará hasta mañana y que se enmarca dentro del congreso decano en poesía y publicación que, desde hace 28 años, se organiza ahora bajo el sugerente título de Jornadas sobre poesía y divergencia, y con la batuta magistral de Rafael Morales, director del ciclo y responsable de que casi una cincuentena de eruditos, profesores y autores hablen sobre Gamoneda y su obra.

Acabó la charla de José Manuel Cuesta Abad y los alumnos, abrumados, optaron por no preguntar. Tenían delante al autor y al que hablaba del autor. Pero la primera sesión se disolvió sin palabras después de tantas palabras. ¿Y qué pensará Gamoneda de todo ésto? Podría haber sido una de las cuestiones. Gamoneda, entonces, reflexionó para Diario de León: «Lo que uno siente, principalmente, es sorpresa. El exégeta o interpretador nos dice cosas innegables que estaban ahí y no se habían contado sobre la obra. Hay un trabajo de iluminación que procede del estudioso. Por eso digo que llega a causar sorpresa en el autor», señaló.

Antonio Gamoneda, que llegó acompañado de su mujer y de su hija Amelia, confesaba cierto cansancio pero toda la ilusión por vivir el excepcional momento que vive como poeta reconocido tras el camino recorrido. «Ahora uno oye lo que se dice y, claro, no piensa que escriba sus palabras por casualidad. Es una situación en la que el autor lo sabía, pero no sabía que lo sabía», afirmó. Y los alumnos de la Autónoma, a los que sobre Gamoneda bien alecciona Rafael Morales, querían estar cerca de un premio Cervantes. Y él de ellos: «Aquí siento la presencia de los jóvenes como algo muy importante para mi, en la medida de que es la que puede hacer perdurar mi experiencia poética».


CONGRESO POESÍA Y DIVERGENCIA VII / ANTONIO GAMONEDA (LA PALABRA DAÑADA)

April 6, 2009
CONGRESO POESÍA Y DIVERGENCIA. ANTONIO GAMONEDA (LA PALARA DAÑADA)
CONGRESO
POESÍA Y DIVERGENCIA VII
ANTONIO GAMONEDA
(LA PALABRA DAÑADA)

ORGANIZADORES:
  • UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID
  • SAINT LOUIS UNIVERSITY MADRID
  • SOCIEDAD ESTATAL DE CONMEMORACIONES CULTURALES
  • MINISTERIO DE CULTURA (Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas)
COLABORA
  • Biblioteca Nacional de España
DIRECCIÓN
  • Rafael Morales Barba (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)
  • Xelo Candel Vila (SAINT LOUIS UNIVERSITY)
  • María Jesús Zamora Calvo (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)
SECRETARÍA TÉCNICA
  • Carlota Fernández Jáuregui (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)

SEDES

  • Salón de Actos de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación. UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID. Campus Cantoblanco. CP. 28049 Madrid
  • BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA. Pº de Recoletos 20-22. 28071 Madrid
Antonio Gamoneda sí en el 2009, porque estamos ante uno de los poetas importantes de la conmoción existencial en castellano con un sentido próximo al de César Vallejo. Ante un escritor atormentado y herido por las obsesiones de la orfandad y la pobreza, tanto como por la reivindicación.
La suya es una poesía con diferentes registros en su evolución, donde ha logrado renovar un lenguaje de la época existencialista (el de 1940 que le origina como escritor) en los años 70, teniendo en cuenta las lecturas herederas del superrealismo hasta hacer propia una mirada en el espacio de las poéticas desoladas que caracterizan en buena parte al occidente euroamericano tras las grandes guerras mundiales (o nacionales).
Antonio Gamoneda sí, porque estamos ante un jirón hondo y comprometido, desvalido, afín a la estética del silencio en la mirada final, desde la peculiar conmoción de la herida como denuncia. Ante un poeta existencial o esencial desolado, dañado y desesperado, con una intensa vocación de artista en su buen hacer de madurez.

MIÉRCOLES 15 DE ABRIL
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID. SALÓN DE ACTOS DE LA FACULTAD DE FORMACIÓN DEL PROFESORADO Y EDUCACIÓN

9.30 Inauguración:
10.00 Conferencia Inaugural: José Manuel Cuesta Abad (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)

11.00 Pausa

11.30 Coordina: Rafael Morales Barba (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)

  • Andrés Sánchez-Robayna (POETA)
  • Vicente Valero (POETA)
  • Luis Bagué (POETA)

13.00 Proyección del documental sobre Antonio Gamoneda Escritura y Alquimia

16.30 Coordina: María Jesús Zamora (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)

  • Eduardo Moga (POETA)
  • Rafael José Díaz (POETA)
  • Carmen Ruiz de la Cierva (UAM)
  • Carlota Fernández Jáuregui (UAM)
  • Ricardo Virtanen (POETA)


JUEVES 16 DE ABRIL

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID. SALÓN DE ACTOS DE LA FACULTAD DE FORMACIÓN DEL PROFESORADO Y EDUCACIÓN

10.00 Coordina: Rafael Morales Barba (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)

  • Túa Blesa (UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA)
  • José Enrique Martínez (UNIVERSIDAD DE LEÓN)
  • Fernando Rodríguez de la Flor (UNIVERSIDAD DE SALAMANCA)
  • Tomás Albadalejo (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)
  • Domingo Sánchez Mesa (UNIVERSIDAD CARLOS III)

11.30 Pausa

12.00 Coordina: Xelo Candel Vila (SAINT LOUIS UNIVERSITY MADRID)

  • Ángel Luis Prieto de Paula (UNIVERSIDAD DE ALICANTE)
  • Arcadio López-Casanova (UNIVERSIDAD DE VALENCIA)
  • Jesús Barrajón (UNIVERSIDAD DE CASTILLA LA MANCHA)
  • Luis Alberto de Cuenca (CSIC)
  • Antonio Méndez Rubio (UNIVERSIDAD DE VALENCIA)
  • Juan Carlos Abril (UNIVERSIDAD DE GRANADA)

VIERNES 17 DE ABRIL
BIBLIOTECA NACIONAL DE MADRID

10.00 Conferencia plenaria: Antonio García Berrio (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)

11.00 Coordina: Ángeles Encinar (SAINT LOUIS UNIVERSITY MADRID)

  • Luis Mateo Díez (NOVELISTA)
  • José María Merino (NOVELISTA)
  • Julio Llamazares (NOVELISTA)
  • Julia Barella (UNIVERSIDAD DE ALCALÁ DE HENARES)

12.00 Pausa

12.15 Coordina: Xelo Candel Vila (SAINT LOUIS UNIVERSITY MADRID)

  • Olvido García Valdés (POETA)
  • Miguel Casado (POETA)
  • Jorge Riechmann (POETA)

13.15 Recital poético de Antonio Gamoneda
Presenta: Rafael Morales Barba

14.00 Acto de clausura

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INFORMACIÓN E INSCRIPCIÓN

  • Entrada libre e inscripción gratuita.
  • La asistencia al 90 % de las sesiones dará derecho a la obtención del diploma acreditativo de asistencia y a dos créditos de libre configuración por la UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID.
  • Será imprescindible la inscripción para la obtención del diploma de asistencia y el reconocimiento de los créditos.
  • Para la inscripción es necesario que se haga constar: nombre, apellidos, dirección, NIF, teléfono de contacto e e-mail. Estos datos podrán enviarse a cualquiera de las dirección de correo electrónico siguientes:
FACULTAD DE FORMACIÓN DEL PROFESORADO Y EDUCACIÓN.
Módulo I. Despacho 212, tfno.91 497 4392
rafael.morales@uam.es
Modern Languages & Arts.Manresa Hall
ccandelv@slu.edu

Duración:

20 horas lectivas reconocidas por 2 créditos de libre configuración.

Medalla de Oro de la Provincia de León

October 31, 2008

 Antonio Gamoneda e Isabel Carrasco, en una foto de Peio García

EL ILUSTRE VECINO DE LEÓN
Antonio Gamoneda recibe la Medalla de Oro de la provincia
en reconocimiento a sus aportaciones a la cultura leonesa
 
El poeta leonés Antonio Gamoneda recibió hoy viernes en un emotivo acto la Medalla de Oro de la Provincia. de León. La presidenta de la Diputación, Isabel Carrasco, fue la encargada de entregarle este galardón otorgado por su aportación a la literatura así como por la labor que realizó durante la década en que dirigió el área de cultura de la institución provincial.
 
Al acto, celebrado en el salón de plenos del Palacio de los Guzmanes, acudió un gran número de personalidades de la ciudad y la provincia para acompañar al poeta, que recibió en 2006 el Premio Cervantes. Antonio Gamoneda agradeció a la sociedad leonesa este distintivo y explicó que a través de su escritura aborda un “nosotros amplísimo” que representa a todos los ciudadanos de León.
 
De esta forma, la Diputación quiso saldar la “pequeña deuda” que mantenía la provincia con este escritor, según manifestó Isabel Carrasco, quién destacó la aportación del poeta a la cultura leonesa, no sólo por sus obras, sino también por la labor que ha desempeñado desde instituciones como la Fundación Sierra Pambley.
 
Durante el acto Antonio Gamoneda recordó la importancia de las gentes de León en su poesía al mismo tiempo que agradeció el nombramiento que, aseguró, ha recibido con orgullo y agradecimiento.

El discurso de JUAN CARLOS MESTRE en la Fiesta de la Poesía de Villafranca del Bierzo

June 24, 2008

 

HOMENAJE A ANTONIO GAMONEDA
EN LA 42 FIESTA DE LA POESÍA DE VILLAFRANCA DEL BIERZO
***
DISCURSO DE JUAN CARLOS MESTRE
(QUE ACTUÓ COMO MANTENEDOR)
 
    Queridos vecinos y amigos de Villafranca, una mañana como la de hoy de hace cuarenta años yo era un muchacho que, apoyado en uno de estos árboles del jardín, escuchaba, sin entender exactamente lo que decían estas palabras: No sólo el grano blanco va al molino, también los granos negros del silencio; también se hace el pan se hace la vida, de los heroicos huesos de los muertos. Yo no sabía aún lo que era un héroe, pero el poeta que las pronunciaba se convirtió para mí, desde ese instante, en alguien que se acercaba a mi vida con algo conmovedor: palabras rozadas por el resplandor de otro mundo, monedas perdidas con las que no se podía comprar ninguna otra cosa que no fuese la intuición de un ángel, el valor simbólico de otra manera de estar en el mundo, la forma delicada de cuantos estrechamente vigilados por la locura, aún seguían pensando que volar era el resultado de una intensa pasión, nunca de su práctica.

    Aquel poeta se llamaba Gilberto Núñez Ursinos, y yo decidí aquella mañana, ante la luz de su joven resplandor, parecerme en algo a su sombra. Yo tenía doce años, junio de 1969, y fui su amigo hasta la primavera de 1972, en que decidió, voluntariamente, abandonar la republica de la imaginación donde vivía, cuando al otro lado del río sólo había pequeñas casas blancas llenas de palomas, gatos y flores que algún día fueron las semillas del paraíso. Fue el primer poeta que conocí, era amado por mucha gente de este pueblo, no menos que lo que él quería a los humildes, a los soñadores, a los que hablaban solos por la calle y pensaban que la vida carecía de sentido sin resistencia al mal. Vivía sólo, con un gato al que llamaba Parsifal, y un aparato de radio con el que aprendía idiomas sintonizando emisoras extranjeras. Un milagro que sólo sucede una vez cada cincuenta años cuando pasa sobre los valles el cometa de la iluminación y convierte en vino de dulzura la amargura de los pozos.

    En Villafranca había un cine, y la gente iba a ver películas en blanco y negro en las que los actores lloraban lágrimas de colores. Aquel invierno nevó como nunca antes había nevado. Por las calles habían pegado carteles con la cara de Franco, y todo parecía indicar que el referéndum de aquel caudillo lo que pretendía era obsequiarnos otros veinticinco años de paz. La cosa estaba como para regalos. Habían subido una peseta el precio de las entradas al cine, el cine, el único psicoanalista a mano que ha tenido Villafranca desde la invención de la Vía Láctea. Y el poeta Gilberto Ursinos, como oscura silueta de mendigo que borrase las sombras de la noche, organizó una huelga. Nadie entró en el Teatro Villafranquino durante dos meses, la gente se ponía un alfiler en la solapa con versillos satíricos pidiendo la derogación de la medida:


Sin pan ni cine,
el pueblo se define.
 
    Algún lumbreras local pensó que aquello apuntaba hacia el general y Gilberto Ursino terminó siendo detenido por la Guardia Civil. Pero la gente de esta villa, actores secundarios de la historia que no hubieran movido un dedo por un virrey o un marqués, se fue hasta el cuartel a decirle al sargento que en este pueblo no se podía meter preso a un poeta. Así que Gil continúo haciendo barcos de papel a los que ponía bellos nombres de muchachas y los seguía con lánguida mirada hasta que se perdían en la lejanía de las aguas discretamente crecidas del Burbia. Nunca llegaron cartas de respuesta, las ilusiones por aquel entonces eran fugitivas como las ardillas y el tiempo de la juventud, como todo amor que termina, un cementerio de abrazos.
 
 
    Gil escribía versos con los jilgueros que anidan en los molinos abandonados, escribía tristeza. Era un joven hecho con la harina generosa de la inteligencia, bueno como un padrenuestro, y a la larga eso entristece. Así que decidió salirse de aquella mala película que era la España de 1972. Fue un domingo, como hoy, de finales de la primavera, cuando yo lo vi cruzar por última vez el puente de la vida. Alrededor de su muerte había una multitud sobrecogida. Eran años difíciles de creer, pero don José Valcárcel igual obligó al párroco a tocar las campanas. Lita cerró el Bar Peña. Hacía sol como en los primeros días del Génesis, y la gente lanzaba claveles rojos al paso del féretro. Y Gil, Gilberto Ursino, escuchó por primera vez, ya en la muerte, aquel aplauso, aquel único y unánime aplauso con el que tantos despedían su mágica y trágica vida.

    Hay cosas, queridos amigos, que o uno las entiende de niño o ya nunca más podrá entenderlas. Yo no entendí aquella muerte, así que pensé: todo esto tiene que ser una equivocación. No entendí porqué aquel hombre que escribía versos que ayudaban a salvar del dolor a otros, había vivido anclado en la secreta angustia del sufrimiento, no entendí porqué detrás de su alegre inteligencia brotaba un persuasivo manantial de dolor.

    Perdimos al poeta y en nuestro pequeño universo natal entraron las nieblas de la rutina y el dulce otoño se volvió más desolado. Sin poeta se acabaron muchas conversaciones, dejaron de abrirse muchos libros, nos cerraron la estación de ferrocarril, luego se llevaron el juzgado, años después hasta intentaron quitarnos el río. Una villa puede no tener andenes de los que partan al alba locomotoras, incluso no debería tener cárcel ni lugar donde la gente ande enzarzada con pleitos, pero un pueblo como este ha de tener una escuela, un río y un poeta amigo de las palabras que se enseñan a escribir en las escuelas, alguien amigo de los ríos que se llevan las palabras que no caben ya en la inocencia de los pupitres.

    Yo no entendí más que lo que pude entender, no importa, algún día, escribió Walter Benjamin, lo que ahora no es comprendido será entendido con la misma facilidad con que entienden los niños el lenguaje de los pájaros la mañana de los domingos. Es domingo, y sé que entenderéis, queridos amigos, porqué os he contado esta historia. A veces la vida no nos da más que una oportunidad para poderle agradecer a alguien todo cuanto uno le debe. Acaso sea esta la mía, la ocasión que ha esperado durante cuarenta años aquel niño apoyado en el árbol. He pensado muchas veces qué hubiera sido de mí si no hubiese conocido a Gilberto, a lo mejor estaría labrando la tierra, trabajando en un banco o repartiendo panecillos por las calles de este pueblo. Hay mucha gente que ha labrado la tierra y que trabaja en un banco y se levanta al alba para hacer pan y que ha sido feliz. Y hay otras personas a las que alguien, en el estricto azar de alguna ley invisible, les ha hecho un encargo y, entonces, ya nunca serán felices si no pueden cumplirlo.

    Yo te agradezco Gilberto Ursinos, aquellos versos que crearon conducta entre mi generación: … combate y se valiente, se sano ante el dolor y ante el fracaso. No importa lo que hagas si lo haces en nombre del amor y de lo humano. Y te agradezco la caña de pescar relámpagos en el arroyo ilegal de la belleza, haber jugado la partida con la gente de este pueblo que no ha tenido más fortuna que la de la fraternidad, y te agradezco el pequeño paquete de libros que me dejaste, atado con una cuerda de bramante azul, la víspera de irte, también aquellas últimas palabras que posaste en mi cabeza como un mandato para siempre: Algún día, Mestre, yo volveré a ser niño y los espejos se llenarán de peces.

    Queridos amigos, nadie que con afecto pueda y deba ser recordado morirá jamás. De los materiales de la memoria está hecha la poesía, de las voces de cuantos sin saberlo sostuvieron con brazos anónimos el peso del universo. Se dice, a veces, que los poetas somos personas desagradables y algo de razón hay en ello. Los poetas son testigos, y eso no siempre suele ser del agrado de todos. Un testigo es un individuo incómodo, a pesar de que nunca vaya a declarar contra nadie, el poeta es un testigo que no acusa, pero cuyas palabras testimonian verdad ante el tribunal donde no se sentencia castigo del tiempo futuro. Y eso ya lo aprendí de adolescente, aquí, precisamente en este jardín, y no lo olvidé nunca.

    Yo tenía catorce años, era un rapaz del otro lado, del barrio de La Cabila, de la familia de los Mestre y los Migueluchos, nieto de sastre y panadero. Mi madre me enseñó a leer antes de ir a la escuela, pero no había libros en mi casa, así que empecé a leer la Hoja Parroquial y los prospectos de los medicamentos como si leyera a Cervantes. Han pasado los años y los siete ríos de la vida llevándose el afecto de tanta gente que nos quiso. Permanece su poesía, es decir, permanece la justicia de su memoria dando testimonio de cómo entre los hielos abre el amor sus minas imborrables.

    Sí, son versos de Antonio Pereira, son las palabras fundadoras del hijo del ferretero, del más joven entre los patriarcas del amanecer. El Perfecto Maestro si en nuestra villa hubiera logia para los que escriben en el aire la historia que leerán los ojos de aquellos que aún no han nacido. Los que nos sentimos próximos a la conmovedora peripecia humana de las personas sencillas, sabemos que cada relato de Pereira contiene más sabiduría por sílaba cuadrada que todos los legajos juntos de la tan dudosa como abundante épica nobiliaria. Adiós carromatos de virreyes, bienvenidos ciudadanos en bicicleta a las bellas crónicas de la otra realidad del mundo.

    Nadie es más que nadie si no hace más que nadie, escribió Cervantes, el mismo que nos recordaba que aprender a ser libres es aprender a sonreír. Antonio Pereira ha hecho más libre a un pueblo que rescatado entre las paradojas de la noche se ha convertido en luz de la leyenda. Y lo ha hecho con la ternura de sus palabras, sin levantarle la voz a nadie, sin disputarle a nadie un lugar en las cofradías del mundo. Quién si no él, el poeta de la seda y el hierro, nos ha hecho más digno sitio en los mapas eternos de las entrañables geografías de la imaginación.

    Un joven poeta inglés, el inmenso John Keats, hermano espiritual de nuestro romántico Enrique Gil y Carrasco, en respuesta a un amigo que le preguntó qué era para él un poeta, respondió: poeta es aquella persona que en presencia de otro se considerará siempre su igual, sea este el rey o el más pobre del clan de los mendigos. Eso ha sido y es Antonio Pereira, un narrador excepcional, un poeta que ha escrito poemas conmovedores, el hombre en el que se cumple al  máximo aquella sentencia de Pound según la cual, es imposible escribir un buen poema si no se es antes una mejor persona.

    A Tonino Guerra, el genial guionista de Federico Fellini, le escuché decir que el poeta es quien se quita el sombrero ante un cerezo en flor. A Nicanor Parra que era un bailarín al borde del abismo. No podría nombrar a tantos para quienes un libro de poemas es un una caja de herramientas al servicio de la conciencia de los hombres. La poesía que cura las heridas producidas a la dignidad por los gritones dogmáticos. Con razón la palabra dignidad suele provocar risa sobre todo en aquellos que no la tienen. Todo verdadero poeta, pensaba Unamuno, es un hereje, y el hereje es el que se atiene a postceptos y no a preceptos, a resultados y no a premisas, a creaciones, o sea poemas, y no a decretos, o sea dogmas. No ha importado la burla de la publicidad vergonzosa del mundo, no ha importado la calumnia del silencio, Lorca conocía la única vocal que tienen los animalitos en su vocabulario, y habló por y para las multitudes; Gonzalo Rojas vivió en el exilio de los renegados pero abrió a cada torturado un camino a las estrellas. Soñar sigue siendo es el oficio del poeta.

    Queridos amigos, todos hemos tenido sueños. El mío fue sencillo y ya ha sido cumplido. La belleza no es un lugar donde van a parar los cobardes. He amado este verso de Antonio Gamoneda desde mi adolescencia. Un poeta que lo ha significado todo en la repoblación espiritual de mi vida, en los valores que han hecho de la resistencia estética contra el autoritarismo una conducta civil, la creencia de que el arte no es una categoría superior del conocimiento humano, ni de la que son portadores sólo unos pocos, sino algo inherente, misteriosamente intrínseco, a la condición y la responsabilidad humana. He aprendido sus poemas de memoria, he orado con ellos, me han salvado de la desolación y me han devuelto la esperanza en épocas de dificultad.


Esta es la tierra, donde el sufrimiento
es la medida de los hombres. Dan
pena los condes con su fiel faisán
y los cobardes con su fiel lamento.

La belleza nos sirve de tormento
y la injusticia nos concede pan.
Un día brindaréis por los que habrán
convertido el dolor en fundamento.

Los que vivimos para dar alcance
a tan inmensa luz que hoy no podría
un dios mirarla sin quedarse ciego,

aún tendremos que agotar el lance:
arrojar al silencio la agonía
como quien tira el corazón al fuego.

 
    Son versos del más grande poeta, no sólo para mí, ya no sólo entre nosotros, de la lengua castellana. El poeta al que hemos seguido, como una baliza en medio de la tormenta, hacia la restauración del tiempo de los borrados, de los perseguidos, de los imposibilitados por tener razón. Alguien para el que ninguna palabra de homenaje estará ya a la altura de lo que significa pronunciar su nombre: Antonio Gamoneda.
 
 
    He sido testigo de la gravitación de sus palabras en épocas ominosas, cuando aquí y al otro lado del mar, en la asambleas de los utópicos, en la restitución de los sindicatos, en la ferocidad de las cárceles, en aulas  y calles y reabiertas alamedas, fueron sus palabras una sublevación inmóvil contra la tiranía, la descripción de la mentira que ante las puertas entornadas de la aurora nombraron las heridas del hombre contra el hombre. No tiene nada de extraordinario que hoy, esta mañana, el pueblo de Villafranca le rinda homenaje, hace muchos años que este pueblo acoge y se ha sentido acogido en el corazón extraordinario de su tan generosa como radical verdad.

Cuando yo tenía catorce años
me hacían trabajar hasta muy tarde.
Cuando llegaba a casa, me cogía
la cabeza mi madre entre sus manos.

Yo era un muchacho que amaba el sol y la tierra
y los gritos de mis camaradas en el soto
y las hogueras en la noche
y todas las cosas que dan salud y amistad
y hacen crecer el corazón.

A las cinco del día, en el invierno,
mi madre iba hasta el borde de mi cama
y me llamaba por mi nombre
y acariciaba mi rostro hasta despertarme.

Yo salía  a la calle y aún no amanecía
y mis ojos parecían endurecerse con el frío.

Esto no es justo, aunque era hermoso
ir por las calles y escuchar mis pasos
y sentir la noche de los que dormían
y comprenderlos como a un solo ser,
como si descansaran de la misma existencia,
todos en el mismo sueño.

Entraba en el trabajo.
La oficina
olía mal y daba pena.
Luego,
llegaban las mujeres.
Se ponían
a fregar en silencio.

Veinte años.
He sido escarnecido y olvidado.
Ya no comprendo la noche
ni el canto de los muchachos sobre las praderas.
Y, sin embargo, sé
que algo más grande y más real que yo
hay en mí, va en mis huesos.

Tierra incansable,
firma
la paz que sabes.
Danos
nuestra existencia a
nosotros
mismos.

 
    Versos de un poema de Gamoneda en el que está cifrada no sólo la suya, sino la memoria colectiva de tanta gente de este país. Yo también tuve catorce años, no me hicieron trabajar hasta muy tarde, pero Gilberto Ursinos me regaló antes de irse este librito. A él le está dedicado: “A Gilberto Ursinos. Compañero vertical en la poesía que avanza”, y está firmado por Antonio Gamoneda. Es Sublevación Inmóvil, en la edición de Adonais de 1960, lleva casi cuarenta años conmigo, es mi evangelio y mi mandato, es el primero de sus  libros, y cada vez que lo abro me extiende una escalerilla de invisibles peldaños para descender a la misericordia, a esa otra parte del mundo donde los derechos pendientes de ser ejercidos son la tensión moral de la conciencia entre lo bello y lo justo. Son los hijos desgajados del dolor de España, es el tren en el que los campesinos viejos y los mineros jóvenes regresan al porvenir desde el corazón de la tierra:

…el único digno de los cantos antiguos, la única poesía, (…) la que calla y aún ama este mundo, esta soledad que enloquece y despoja.
 
    La amistad de Antonio Gamoneda ha estado sobre nosotros como una madre sobre su pequeño que sueña con cuchillos. Su poesía nos ha protegido, en sus palabras ha encontrado refugio el desesperado ser humano que al amanecer, armado de una ardiente paciencia, aún espera entrar en las esplendidas ciudades prometidas por la profecía de Rimbaud, el vidente. Elogio la indefinible libertad de Antonio Gamoneda, el radical descentramiento de cuanto ha supuesto la alta conciencia de su poesía como ruptura con la lógica del saber; la ética que frente a los actos de fuerza que pretenden representar lo que solo es, aspira al arte de cómo debería ser el universo significante de la duración en el tiempo de la dignidad humana.

    Hace cuarenta años yo era una sombra apoyada en un árbol. Ahora sigo siendo otra sombra apoyada en el mismo árbol de entonces. Estos hombres, estos poetas en cuyas raíces yo me reconozco, fueron los primeros encantamientos del destino. La harina del horno de mi padre, las primeras letras que me enseñó Esperancita Mestre en el silabario de las noches de invierno, la sonrisa que sigue manteniendo inmaculada y pura más allá de la muerte Gilberto Ursinos. Es la delicadeza que se acerca como estrella de puntillas a los ojos del astrónomo Antonio Pereira. Es la poesía que derramaba a manos llenas Ramón Carnicer cuando por las alturas de La Cabrera espantaba los tábanos de la miseria con la tinta sabia de su árbol erigido ya sobre la memoria del buen antepasado. Es la poesía centenaria de Victoriano Crémer, arrancándole los cerrojos a la casa de Caín, llevando una copa de agua a los sufrientes bajo las flores anarquistas del año de la melancolía. Es la consolación moral, el coraje civil de los lenguajes con los que Antonio Gamoneda ha hecho más habitable, más radicalmente necesario el más bello de los pensamiento del mundo, la voz imprescindible de la poesía que ante los turbios legisladores del universo, reclama, exige ante los deberes para con el infinito, el derecho a desobedecer.

    Y desobedecer la costumbre es la poesía, en palabras de Saint John-Perse. Desobedecer los dictados de una sociedad basada en la idolatría a las repugnantes escamas litográficas, como llamaba Baudelaire al dinero. Desobedecer al sistema que ha hecho culto de la atrocidad de la guerra y obliga a vivir en condiciones de esclavitud a tres cuartas partes de la humanidad. Desobedecer es no olvidar, como nos recuerda Walter Benjamin, que el botín supremo de los amos no es la plusvalía, el botín supremo de los amos es la cultura.

    No hablo de una poesía social, hablo de los lenguajes insumisos que en alianza con la aspiración de todos los seres humanos a la felicidad, no sólo cambien la realidad de sitio, sino que ayuden a transformar y nos adelanten los significados del porvenir. Todo lo que existe fue alguna vez imaginado, escribió Hölderlin, y ese es el prodigioso desafío de la confianza en la poesía que siempre nos llevará más lejos que el miedo de su ausencia. Es lo sagrado, sea lo que sea lo sagrado para cada uno de nosotros.

    Vecinos y amigos de mi pueblo, la poesía es verdad, la verdad es belleza, sigue gorjeando por las alamedas el príncipe de los valles, el inmortal ruiseñor de Keats, los pájaros de la consolación que no han nacido para morir. Es legítimo a la poesía cantar la obra del jardinero y también desatar los pies a los convictos, es legítimo descifrar el lenguaje de las rosas y oponerse a la crueldad de los tiranos. Escribió Oscar Wilde que la sociedad perdona con mayor frecuencia al criminal pero no perdona nunca al soñador. Alguien dijo que el arte en un pueblo religioso produce reliquias, en un pueblo guerrero, trofeos, en un pueblo burgués, artículos de consumo. Sólo un pueblo de ciudadanos libres puede producir palabras en libertad, es decir, poemas, la voz sin boca del que dice soy inocente, tengo hambre, no me mates. Palabras, palabras civiles para después del tiempo, como proclamara en este mismo lugar, hace unos años, el profeta laico, aquel ser literalmente irrepetible que fue Rafael Pérez Estrada.

    Queridos amigos, vecinos de este amado pueblo de Villafranca, soy el hijo de Emilio el panadero. Conocéis a mi padre, conocisteis a mis abuelos, vivieron en estas calles y como vosotros fueron gente honrada. Este es un pueblo de gente honrada, y la honradez es el primer compromiso que tienen las palabras con las ideas de las cuales son portadoras. No hablo de ejemplaridad, pero sí de la conducta de las palabras en alianza con la imaginación, el arte, la poesía, el mayor placer que el ser humano se ha dado a sí mismo, para decirlo con la misma expresión que compartieron Walt Whitman y Carlos Marx. No tengamos temor a las palabras, a la voz ancestral que pronunció en Galilea el Salmo de los Bienaventurados e inspiró casi dos mil años después la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

    Vengo de la misma escuela a la que fueron vuestros hijos, jugué de niño con ellos en estas calles, conocí a toda la gente que nos quiso. Poco más hay que saber para darse cuenta de porqué hablaros así ha sido esta mañana mi única posibilidad. Creo en la poesía porque he creído en vosotros, en el desconocido que silba en el bosque y en los campaneros que tocan las campanas en septiembre como si las volteara Mozart. Creo en la poesía de los que no han tenido que leer a Heideger para darse cuenta de cuál es su imprescindible necesidad en épocas de penuria. Creo en los alegres bebedores del atardecer y los giratorios amantes por los cielos de Chagall donde las vacas azules tocan el violín para los que no tuvieron una segunda oportunidad sobre la Tierra.

    Creo en la certeza que asistió a los desaparecidos, las víctimas civiles de la historia que se seguirán levantando de las cunetas para volver a podar las viñas. Creo en ti, Poesía, hojas de hierba, caravana de los titiriteros. Música del hojalatero sobre la partitura del cobre, herreros en la fragua del trueno, silbato del que trae cartas que abrazan a los hermanos y hacen llorar a las madres. Creo en las intensas voces del recuerdo, los que madrugaban para ir a las ferias, el herrador de caballerías, los que siembran colina, la familia de los músicos y los tipógrafos de la plaza. Creo en el retratista de la inexistencia y en el fotógrafo de la nieve. En los alquimistas del vino y quienes sulfatan los cerezos. Sigo creyendo en Norberto Beberide, que tenía una máquina para hablar con los espíritus; en Paco Pérez Caramés, que trataba de usted a las flores y las piedras se apartaban de los caminos para dejarlo pasar. Recuerdo al que discutía en latín con los caballos, al hijo del guardabosques, a los carpinteros, a los que vendían paños para el bautizo y las bodas y el luto. Recuerdo a Basís que explicaba a los muchachos las películas antes de entrar al cine, a Món que estará construyendo catedrales en el Paraíso. Recuerdo a Ninguén cantando como el agua de los ríos y a Gelo Marvá, presidente del senado de los soñadores.

    Es hora de terminar, el poeta es un taxista que lleva a la gente donde la gente quiere ir, alguien que ayuda a los demás a vivir su propia vida. La poesía está ahí para ennoblecer, para dignificar la condición humana. Es la vida, como escribió Cummings, que antes o después, venga siempre las ofensas de los hombres con las salvas de la primavera. Esa también es la mejor razón por la que habrá merecido la pena vivir. Lo escribió Gamoneda:


“Un mismo canto pide /la justicia y la / belleza. Sea la luz /un acto humano. Se puede/ morir por esta /libertad.”
 
Muchas gracias.
 
 
Villafranca del Bierzo, 22 de junio, 2008

Fotos / El poeta en la Casa de Cultura de Villamayor de Armuña (Salamanca)

May 4, 2008

 

Inauguración de la Casa de la Cultura de Villamayor de Armuña (Salamanca), que lleva el nombre de Antonio Gamoneda, el pasado 21 de abril de 2008.
En la imagen, de izquierda a derecha: Felipe Nuñez, filósofo, poeta y vecino de Villamayor; Elena Diego, alcaldesa de Villamayor; José Ramón Alonso, rector de la Universidad de Salamanca; Antonio Gamoneda y el profesor de violonchelo de la Escuela Municipal de Música de Villamayor, en el salón de actos de la Casa de Cultura.

 

En la imagen, la concejala de Cultura, Cándida Ejido, le entrega a Antonio Gamoneda una escultura en piedra de David de la Mano, escultor natural de Villamayor.

Antonio Gamoneda en la Casa de Cultura de Villamayor. La foto es de Amelia Gamoneda

Antonio Gamoneda junto a la escultura de David de la Mano.

(Las fotos son de Amelia Gamoneda y Fernando Sanz Santacruz)

Gamoneda en la portada del Tribuna de Salamanca

Portada de Tribuna de Salamanca, el 22 de abril de 2008. 

Gamoneda, MEDALLA DE ORO DE LA PROVINCIA DE LEÓN

December 5, 2007

 

Antonio Gamoneda    La Diputación de León entregará mañana a Gamoneda la Medalla de Oro de la Provincia, máximo título que concede la Corporación Provincial, tal y como se acordó por unanimidad en un Pleno celebrado la pasada primavera. Con este reconocimiento, que según se anunció en su día, tendrá lugar mañana jueves, 6 de diciembre de 2007, coincidiendo con la fiesta de la Constitución, la Diputación pretende rendir un homenaje tanto a la obra literaria de Gamoneda como a su aportación al desarrollo de la vida cultural leonesa.
    La Diputación leonesa, al otorgar a Gamoneda la Medalla de Oro de la Provincia, de alguna manera, premia también el trabajo que el poeta desempeñó en esta institución durante décadas como gestor de los servicios culturales, donde impulsó la Sala Provincia, así como la revista ‘Tierras de León’ y la colección ‘Provincia’ de poesía.

Lápida en la casa de la infancia

November 23, 2007

Antonio Gamoneda y Angelines Lanza, junto a la placa. La foto es de Jesús (Diario de León)

«Sucedían cuerdas de prisioneros, hombres cargados de silencio y mantas. Cruzaban bajo mis balcones y yo bajaba hasta los hierros cuyo frío no cesará en mi rostro. En largas cintas eran llevados a los puentes y ellos sentían la humedad del río antes de entrar en la tiniebla de San Marcos, en los tristes depósitos de mi ciudad avergonzada».
 
Bajo esta cita de su libro ‘Lápidas’, la placa explica que en esa casa del barrio del Crucero vivió su infancia el poeta Gamoneda, entre 1934 y 1941.
Páginas especiales sobre el homenaje a Gamoneda y la concesión del título de Hijo Adoptivo de León, en (haz click:) Diario de León.
 
De la edición de La Crónica de León extraemos este párrafo:
"En el número 6 de la calle Dr. Fleming ya luce una placa donde se leen unos versos. El propio escritor comentaba segundos antes de descubrir la losa: «En esta lápida se da un fragmento de un poema mío que (lo que son las casualidades) pertenece a un libro titulado ‘Lápidas’. Antonio y Angelines con el alcalde. La foto es de Mauricio Peña (La Crónica de León)Y también es cierto que en esta casa de la carretera de Zamora, en el segundo piso, viví mi infancia, y desde ese balcón veía una panadería que ya no está. Esto es un honor y motivo de agradecimiento serio. Pero este honor es secundario, pues desde mi punto de vista la importancia de la placa es que es el primer testimonio física y moralmente presencial en la ciudad de León (y puede que en España) de un hecho que se relata en la misma; y es que desde las vías y en dirección a San Marcos, muchos días largas cuerdas de presos atados de tres en tres caminaban en dirección a ese penal. Este testimonio del carácter de aquella represión es lo que tiene importancia, tanto para mí como para León, importancia mucho mayor que el honor que se me otorga. Muchas gracias por esta placa en mi nombre y en el de todos los leoneses».
 

Carta de ZP

November 22, 2007
Carta del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a Antonio Gamoneda, felicitando al poeta, hoy 22 de noviembre, por la concesión del título de Hijo Adoptivo de León:
 Carta de Rodríguez Zapatero
Mi admirado Antonio:

Que sea en mi ciudad donde ha crecido tu obra; que sea en mi ciudad donde se le ha dado al mundo la dignidad y la nobleza de tus palabras; que hayas sido tú quien nos haya enseñado a mirar de frente a la mentira para que abandone su reino de imposiciones y de tristezas; que el poeta haya entregado, con generosidad y paciencia, sus pensamientos en silencio, lejos de las luces que deslumbran, es un honor, Antonio, y no puedo por menos que agradecértelo estando, esta tarde, junto a ti.
En Madrid para León.
Zapatero.

Hijo Adoptivo de León y placa en el barrio del Crucero

 Así recoge la noticia del nombramiento el periódico digital leonoticias.com:

Por N. G. Sabugal y L. V. Huerga
Gamoneda descubre una placa en la casa donde vivió de niño, en el Crucero. La foto es de Peioi García."Si en Asturias nací a la vida, en León nací a la conciencia y ambas cosas son importantes. Lo poco o mucho que he escrito lo he hecho en León y hoy habéis proporcionado realidad institucional y cívica a ese sentimiento mío de leonés". Con estas emocionadas palabras el poeta Antonio Gamoneda recibía este jueves el nombramiento de Hijo Adoptivo de León en un salón de Plenos totalmente abarrotado de autoridades y amigos del escritor en el Ayuntamiento de San Marcelo.
Emocionado y nostálgico, Gamoneda evocó su infancia en el barrio ferroviario del Crucero, que definió como "una ampliación residencial de la estación". Uno de esos recuerdos le llevó a rememorar aquella vez en la que, acompañado por su madrina "de pila", acudió a la estación de tren de León a recoger una sandía de 12 kilos que les habían enviado desde Valladolid. “No os riáis, que es verdad”, comentó a los periodistas leoneses durante la rueda de prensa previa al acto oficial.
El aguijón de la poesía fue doloroso para el poeta porque recordó que sus escritos nacen de sus experiencias de niño, cuando desde el balcón del segundo piso de su casa del Crucero veía pasar las "cuerdas de presos, atados de tres en tres y en filas" camino de San Marcos. El poeta trajo a la memoria aquellos duros años desde la sublevación de 1936 cuando León era "no una ciudad de combate pero sí una localización para el ejercicio de la represión por parte de los sublevados". La placa que esta mañana se ha instalado en la casa de su niñez es además, afirmó, "un testimonio de conciencia histórica" de lo vio el Gamoneda niño después de llegar a León en 1934 desde Asturias, ya huérfano de padre y con su madre enferma de asma que venía, como tantos asturianos, "a secarse a León".
    La poesía del sufrimiento
"Mi poesía surgió de una progresión biográfica en la que lo único abundante eran las carencias y el sufrimiento. Por eso mi poesía no es sólo mi vida individual sino la de los leoneses y la de toda España", apuntó Gamoneda.El alcalde de León fue el encargado de entregarle el nombramiento de Hijo Adoptivo además de una caja con cartas y escritos enviados por amigos como Merino, Luis Mateo Díez, Antonio Colinas, Brines y obras gráficas de Zurdo y Juan Carlos Mestre, entre otros. Uno de los últimos testimonios del acto fue la lectura de una carta manuscrita del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en la que agradeció las enseñanzas del poeta para "mirar de frente a la mentira" y hacer que retroceda a su "reino de la imposición". Zapatero agradeció además la fidelidad del poeta a León, "la ciudad donde he crecido".
Gamoneda también hizo repaso de la actualidad política pero sin perder el hilo poético. Así, con el nuevo Estatuto de Autonomía de Castilla y León recién aprobado, y con las sensibilidades leonesistas a flor de piel, el Premio Cervantes comentó que este asunto sirve más bien como “juego político”. "No soy hombre que me impresione demasiado por las demarcaciones administrativas, sino que dentro están los seres humanos, que sí me interesan, los paisajes, las climatologías, los envenenamientos derivados de las causas generadoras de riqueza. Ese terreno sí me interesa". El poeta declaró además que, en su caso, “ser de León se produce sin renunciar a ser de Oviedo”.

Un nuevo premio: La Presea Cervantina, en Guanajuato

November 7, 2007
GAMONEDA RECIBE POR SORPRESA ESTE PREMIO TRAS HABLAR DEL MANCO DE LEPANTO
    El poeta leonés Antonio Gamoneda fue sorprendido ayer por los organizadores del XVIII Coloquio Cervantino InternacGamoneda, en una foto tomada de un blog mexicanoional en la ciudad de Guanajuato, en el centro de México, con la Presea Cervantina, que le fue otorgada al término de su intervención, según recoge un teletipo de la Agencia EFE.
    «Escuché hablar algo de una sorpresa para mí (…). Lo que debo decir es que a ustedes (los organizadores) les ha sido contagiada una parte de la locura y la generosidad de Don Quijote», agradeció el poeta en su intervención, cuando dirigió unas palabras tras haber recibido la distinción que le otorgó la organización del coloquio.
Gamoneda (Asturias, 1931) recibió la noticia nada más concluir su conferencia que versó sobre el tema «La pobreza y la obra de Cervantes», aún sin descender del estrado, tras lo cual se fundió en abrazos con varios de los responsables de la organización.
En su intervención, Gamoneda defendió que la pobreza de Miguel de Cervantes fue beneficiosa «para la creación cervantina». La pobreza del autor del Quijote debe entenderse como carencia de bienes pero también como «interiorización del dolor, que él buscaba que no fuera visible», explicó el poeta leonés en su interesante intervención, que fue seguida con indudable interés por el numeroso público asistente al acto.

El autor de Libro del frío, Arden las pérdidas o Libro de los venenos, vio marcada su propia infancia y juventud por las penurias de la guerra civil española y de la posguerra, vividas junto a su madre, que se había quedado viuda cuando él tenía un año.
El Coloquio Cervantino, que reúne a especialistas y estudiantes, se celebra desde 1987 en Guanajuato, ciudad mexicana en la que se encuentra el museo del Quijote y el Centro de Estudios Cervantinos (CEC) del país azteca. En sus calles se representan anualmente y desde hace décadas los Entremeses cervantinos, que derivaron en el Coloquio y el Festival Internacional Cervantino, en homenaje a Miguel de Cervantes y a sus personajes.
Entre los poseedores de la Presea Cervantina, entregada en siete ocasiones, están el novelista mexicano Carlos Fuentes, la escritora brasileña Nélida Piñón y el ensayista y académico de la Real de la Lengua el español Emilio Lledó.

Hijo Adoptivo de León, el próximo 22-N

October 30, 2007

Gamoneda en una foto de KIKE PARA Todos los grupos políticos apoyaron ayer, en el pleno municipal, la concesión del título de Hijo Adoptivo de la Ciudad a Antonio Gamoneda

Así recoge hoy la noticia LA CRÓNICA DE LEÓN-EL MUNDO, en un artículo de Fulgencio Fernández: 

LEÓN.— «No, no es una cosa más. Cosas más hay tantas… y ésta no lo es». Lo dice el poeta Antonio Gamoneda, uno de los escritores más reconocidos en los últimos tiempos (baste señalar los premios Reina Sofía de Poesía y Cervantes de Literatura) y se refiere —cuando dice que no es una cosa más— a la concesión del título de Hijo Adoptivo de la Ciudad de León que aprobaron ayer en comisión municipal con la unanimidad de todos los grupos políticos y que se hará efectiva el próximo 22 de enero en un ’solemne Pleno’, como decían las crónicas antiguas.

Entiende Antonio Gamoneda que en la doble dimensión de los galardones que viene recibiendo en los últimos meses, unos de carácter nacional e internacional y otros más cercanos, de la tierra, como el que ayer se anunció, en estos últimos «he advertido una continuidad de actitudes cercanas y afectuosas por parte de muchísima gente, unos amigos y otros desconocidos». Algo que tiene una doble vertiente, la del agradecimiento por una parte y la de «una cierta pérdida de voluntad y hasta un cierto cansancio, que no tiene una connotación de hartazgo, ni mucho menos, simplemente cansancio físico. Yo me siento bien tocado por la popularidad manifestada afectuosamente, la cercanía de gente que me para por la calle y que yo tengo la sensación de que ellos me conocen de toda la vida, pero yo a ellos no». Pero quiere dejar claro que, en esta doble vertiente, «la cara positiva está más presente que la negativa, es mucho más importante, sin duda».

Antonio Gamoneda es ovetense de nacimiento aunque se trasladó a vivir a León siendo muy niño, en compañía de su madre y poco después de perder a su padre. Por ello recibe ahora el nombramiento que le corresponde a esta condición de asturiano de nacimiento, el de Hijo Adoptivo. «Es un nombramiento especial y nuevo en el sentido de que habiéndome enraizado yo en León hace 73 años las cosas han tenido que venir así, como han venido, para que yo sea leonés, sin dejar de ser asturiano pues yo en estos asuntos de las fronteras nunca he creído en exceso».

De hecho, en este reconocimiento que ahora le llega no sólo se ha valorado su condición de leonés sino que también se ha tenido muy en cuenta su apuesta por quedarse a vivir en esta ciudad y su defensa de la condición de provinciano. Cuando recibió el Premio Cervantes alguno de los titulares más repetidos en la prensa nacional e internacional fueron los de ’soy un provinciano vocacional’ y ‘me siento el mejor poeta de mi barrio’. De hecho fueron muchas las ocasiones que Antonio Gamoneda tuvo para abandonar su condición de provinciano y siempre las rehuyó. Así se lo contaba a nuestro compañero David Rubio en una entrevista publicada en este periódico días antes de recoger el galardón: «Ya hace casi 40 años tiraron mucho de mí para que fuera a Madrid a dirigir la editorial Taurus. Pero yo soy un provinciano vocacional y entiendo que la relativa tranquilidad, el relativo silencio, el no tener la necesidad de grandes traslados, de asistir a cinco cosas a la vez, ha favorecido una relativa soledad. Y la poesía, no hay que olvidarlo, es un arte que se realiza en la soledad y en la subjetividad. Quedarme en León ha podido perjudicarme en eso que llaman hacerse una carrera, llegar a un estado social, a una estimación cultural, a una notoriedad mayor. Yo soy conocido en España y fuera de España pero desde hace poco tiempo, menos de 20 años. Pero eso, a mí, no me ha preocupado nunca, a mí lo que me interesa es la página en blanco».

Ha sido una suerte que se quedara, aunque el único problema es que, incluso aquí, ahora quieren que vaya a cinco cosas a la vez. Tal vez por ello ayer se preguntaba: «Esto no sé cuándo va a acabar. A veces tengo la sensación de que he tirado del carro hasta donde he podido, pero…». 

DESDE EL SILENCIO DE SU CASA

La unanimidad de todos los grupos municipales presidió el punto de la Comisión en el que se trató la propuesta de nombramiento de Hijo Adoptivo para Antonio Gamoneda. Evelia Fernández, concejala de Cultura, argumentaba que esta iniciativa «es de justicia» ya que supondrá un reconocimiento a «un espléndido escritor que decidió convertir a León en atalaya de su poesía», en alusión al último Premio Cervantes.

«León tiene una deuda con Gamoneda, un poeta que, desde el silencio de su casa de León, ha sido capaz de crear una obra universal y única», continuó Fernández sobre la concesión de una distinción que consiguió el respaldo de la totalidad de los grupos políticos de la corporación municipal. El representante del PP, Antonio Cubero, señaló que «el Partido Popular se suma a este merecido reconocimiento para Antonio Gamoneda y aplaude la iniciativa». Por su parte, el portavoz del tercer partido con representación municipal, Javier Chamorro, de la UPL, se manifestó en el mismo sentido y afirmó «nos sumamos al reconocimiento, cómo no».

 

El Ayuntamiento de León nombra al poeta Hijo Adoptivo de la ciudad

October 24, 2007
La Comisión de Régimen Interior celebrada hoy, 24 de octubre de 2007, en el Ayuntamiento de León dio el visto bueno al nombramiento del Premio Cervantes Antonio Gamoneda como Hijo Adoptivo de la ciudad. La designación se oficializará el próximo 22 de noviembre después de que el Pleno municipal, en la sesión que se celebrará el próximo lunes, ratifique esta decisión.
El expediente para la declaración del poeta como hijo adoptivo de la ciudad se abrió hace unos meses a propuesta del Grupo Socialista. En el Pleno celebrado el 30 de enero de 2007 se aprobó por unanimidad la moción presentada por los concejales del PSOE y se acordó iniciar los trámites para la concesión del título. El fundamento de esta decisión, explican portavoces municipales, «no es otro que llevar a cabo un reconocimiento público a Antonio Gamoneda, tanto por su valor humano y literario, como por su compromiso con esta ciudad».
El expediente de concesión recoge que León está presente en toda su obra, «y de manera especial en algunos de sus poemarios más emblemáticos, como ‘Lápidas’. A esta tierra, además, le dedicó expresamente un hermoso libro en 1979, ‘León de la mirada’, cuyos poemas, escritos muchos años atrás, se habían convertido para Gamoneda en el recuerdo de una contemplación: "la de una tierra que me ha hecho suyo de la única manera posible y verdadera: en el difícil encuentro del amor", como indicaba el propio poeta en la nota preliminar de aquel libro. 
ARGUMENTACIÓN:
 
 ANTONIO GAMONEDA
Hijo Adoptivo de León


Un leonés universal cuya poesía es ya, hoy,
Patrimonio de todos
 
“León es esto: lentitud sagrada
con álamos al borde del camino”
(Del libro ‘León de la mirada’)


     “Antonio Gamoneda, leonés de Oviedo, poeta del frío, ha logrado el más alto reconocimiento que nunca hayan recibido las, por otra parte, muy laureadas letras leonesas: el Premio Cervantes de Literatura. Un premio que le suma a una distinguida nómina en la que figuran nombres como Rafael Alberti, Gerardo Diego, Borges, Octavio Paz, José Hierro, Gonzalo Rojas o Mario Vargas Llosa, por citar a unos pocos, y que le ha convertido en uno de los máximos exponentes de la creación en lengua castellana”. Así rezaba la noticia publicada en un diario local el pasado 1 de diciembre de 2006, cuando a la entrega del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana se unió la concesión del máximo galardón de la literatura en español al poeta Antonio Gamoneda, “nuestro vecino” desde hace más de setenta años.
Para los leoneses, es un orgullo y un honor que este vecino, “nuestro paisano”, se haya convertido en un referente de la Cultura en lengua española. Desde el silencio y la soledad de su casa en León ha sido capaz de crear una obra universal, original y única, aunque él, modestamente, tan sólo se considere el mejor poeta de su barrio. Pero también ha dado lo mejor de sí mismo a esta provincia, desde su trabajo en la Diputación y en la Fundación Sierra Pambley, como impulsor de proyectos culturales, sin olvidar su influencia ética e intelectual en todos los escritores leoneses.
En palabras del poeta y novelista Julio Llamazares, “para todos los escritores leoneses, Gamoneda es más que una referencia. Forma parte del paisaje urbano y sentimental de nuestra provincia, como esos símbolos a los que él tanto apela”.
Como apunta el profesor y crítico leonés José Enrique Martínez: “Hoy no nos imaginamos a Gamoneda fuera de estas calles que lleva recorriendo más de setenta años”.

Antonio Gamoneda nació en Oviedo en 1931. Al año siguiente murió su padre y, en 1934 se trasladó con su madre a León, única ciudad donde ha querido vivir, y en la que siempre ha residido desde entonces. Aquí es donde Gamoneda ha ido gestando su obra poética, al margen de circuitos y generaciones literarias, desde una independencia radical.
León, donde Gamoneda tiene anclada su biografía desde hace nada menos que 73 años, está presente en toda su obra, y de manera especial en algunos de sus poemarios más emblemáticos, como ‘Lápidas’. A esta tierra, además, le dedicó expresamente un hermoso libro en 1979, ‘León de la mirada’, cuyos poemas, escritos muchos años atrás, se habían convertido para Gamoneda “en el recuerdo de una contemplación: la de una tierra que me ha hecho suyo de la única manera posible y verdadera: en el difícil encuentro del amor”.
La memoria y el amor a esta tierra en la que habita desde 1934, en la que se casó y en la que ha tenido tres hijas, confluyen en la voz inconfundible y única de este poeta universal. Porque si en Oviedo fue donde Gamoneda vino a la vida biológica, en León es donde nació a la consciencia, al trabajo y a la poesía. Y porque su obra, con un hondo componente autobiográfico, se alimenta fundamentalmente de la memoria (“la poesía es un arte de la memoria”, sostiene él), y surge íntimamente unida a su experiencia vital. En ella está contenida su propia historia, pero también nuestra historia, la de todos (en la medida que la biografía personal tiene de experiencia colectiva y, en su caso, de solidaridad).
Así lo reconoció el jurado del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, cuando destacó “su trabajo marcado por una huella ética que se ha incrementado en los últimos años, completando una visión del mundo en la que se podrá reconocer la señal explícita de una tradición escondida, profundamente asociada a la tierra y a la construcción de la vivencia”.
En ese sentido, en ‘Lápidas’ aparece claramente la ciudad en la que se dibujan los dramáticos paisajes de su infancia: el León de la guerra civil y la inmediata posguerra. Desde los balcones del piso en el que se instaló con su madre al llegar a la ciudad, en el barrio ferroviario de El Crucero, el niño contempla la crueldad y la miseria moral del tiempo que le tocó vivir. El miedo que satura el ambiente, la pobreza, la represión, el sufrimiento y la muerte se suceden ante sus ojos, al igual que los cadáveres en las cunetas, o flotando en el río Bernesga, o las cuerdas de presos camino del presidio de San Marcos… De todo aquello se impregnará la mirada atormentada de ese niño que, en la adolescencia, llegará a “la convicción de que la poesía existe porque existe la muerte.”  Pero en ‘Lápidas’, como ha explicado el crítico Miguel Casado, hay mucho más: “León, de los suburbios al casco viejo, aparece como un mapa inagotable de hallazgos vivísimos, donde caben tantas sorpresas y tanta profundidad como en el medievo germánico evocado por Novalis en su novela Enrique de Ofterdingen”.

 De formación autodidacta, Gamoneda ha sido y es, como pocos, un hombre de su tiempo que trasciende su tiempo. Tras un breve y limitado aprendizaje escolar, al día siguiente de cumplir catorce años empezó a trabajar en el hoy extinguido Banco Mercantil. Durante 24 años fue empleado de banca, atravesando distintas categorías, mientras continuaba sus estudios por libre, hasta que en 1969 pasó a crear y dirigir los servicios culturales de la Diputación Provincial, donde desarrolló una impagable labor. Entre otras cosas, fue el encargado de crear la Institución ‘Fray Bernardino de Sahagún’, dentro de la cual fundó y dirigió la prestigiosa colección ‘Provincia de Poesía’ —convirtiéndola en referente de la mejor poesía contemporánea—, y la sala de arte de igual nombre, a la que atrajo a interesantes artistas del momento. “La tarea no era fácil, intentaba hacer una cultura progresista con el dinero de la dictadura”, ha explicado el propio poeta.
A finales de los años 70 fue privado de su condición de funcionario mediando sentencia judicial. ¿El motivo? No estar en posesión de un título académico. No obstante, Gamoneda, que posteriormente fue recontratado, continuó adscrito a la Diputación como asesor cultural, director de la revista ‘Tierras de León’ y con algunas otras funciones.
Además, desde 1979 hasta su jubilación en 1991, Gamoneda fue director gerente de la Fundación Sierra-Pambley, creada en 1887 como una especie de apéndice de la Institución Libre de Enseñanza, orientado a la educación de campesinos y obreros. De esta Fundación ha sido, hasta hace poco tiempo, miembro del Patronato.

SUS LIBROS
De poesía o en torno a la poesía, Gamoneda ha publicado hasta ahora menos de una veintena de libros, que han ido surgiendo a un ritmo lento, marcado por la coherencia y el rigor. Buena parte de ellos ha sido traducida a distintos idiomas (francés, portugués, sueco, árabe, hebreo, neerlandés…).
Su obra poética completa, bajo el título de Esta luz. Poesía reunida (1947-2004)’, ha alcanzado eco no sólo en nuestra lengua, sino también entre lectores europeos y entre poetas de otras lenguas que la han valorado sin reservas como una de las cotas expresivas más interesantes a las que ha llegado la poesía del siglo XX en lengua española. En palabras de otro leonés ilustre, Luis Mateo Díez, “Gamoneda ha llegado a ese punto de maestría absoluto al que sólo llegan los grandes. Creo que hay unanimidad en reconocer que Gamoneda es hoy uno de los grandes poetas europeos”.
Como poeta empezó a darse a conocer a fines de los 50 en revistas como ‘Espadaña’. También mantuvo relación amistosa, sin ser parte del equipo, con los poetas leoneses de Claraboya. Su primer libro publicado, ‘Sublevación inmóvil’, quedó finalista del premio Adonais en 1959, y tardó en terminarlo seis años. En él está ya uno de los grandes temas que irá definiendo en su obra: “la impotencia del hombre encadenado a la tierra, al dolor y a la muerte, padeciendo atormentada sed de belleza, de justicia, de libertad”.
En 1962 empieza ‘Blues castellano’, que no acabará hasta 1966. El libro choca de frente con la censura franquista y no se publicará hasta 1982. En él están la conciencia de clase obrera, la alienación en el trabajo; y surgen la vergüenza, el miedo y la culpa como sensaciones básicas.
Pero Gamoneda es hombre de silencios largos, profundos. Si en algunas ocasiones ha pasado más de tres lustros sin publicar, en otras han sido 12 los años que ha estado sin escribir, coincidiendo con la época en que militó más activamente en la resistencia antifranquista, sufriendo la desaparición —asesinato, suicidio, accidentes, locura, envilecimiento— de la práctica totalidad de sus compañeros de grupo.
Así, ‘Descripción de la mentira’ aparece en 1977, en plena Transición, tras “500 semanas de silencio”. Un libro que ha sido entendido como el triste y durísimo relato de lo que para muchos fue la vida durante el franquismo, y cuyas palabras “atraviesan el tiempo y alcanzan el lugar de las emociones permanentes”.
En 1986 aparece ‘Lápidas’, y en 1987 una primera edición de sus poesías reunidas, ‘Edad’, en edición de Miguel Casado, por la que recibe el Premio Nacional de Poesía.
El ‘Libro del frío’ se publica en 1992, y al año siguiente empieza a gestarse otro poemario que no terminará de cuajar hasta diez años más tarde, ‘Arden las pérdidas’ (2003). En esos años, Gamoneda sacará a la luz una obra singular, ‘Libro de los venenos’ (1995), y sintetizará en ‘El cuerpo de los símbolos’ (1997) su pensamiento sobre la poesía y el arte. Entretanto, también, de su colaboración con algunos grandes artistas españoles saldrán obras como ‘Mortal 1936′ (con Juan Barjola, publicado en 1994) o ‘¿Tú?’ (con Antoni Tápies, publicado en 1998).
Su último texto poético hasta el momento, ‘Cecilia’ (2004), está dedicado a su única nieta, y en él Gamonda, el poeta de las desapariciones, el poeta de la nieve y de la luz, se reconcilia de manera emocionante con la vida.

LOS PREMIOS
En 1985 fue Premio Castilla y León por la escritura realizada hasta la fecha; en 1988, Premio Nacional de Literatura por su libro ‘Edad’. Posteriormente, Premio de Literatura de la Comunidad de Madrid 2005; Prix Européen de Littérature 2006; Premio Reina Sofía de Literatura Iberoamericana 2006 y Premio Cervantes 2006, por el conjunto de su obra.
Se le ha concedido también la Medalla de Oro de la ciudad de Pau, la Medalla de Plata del Principado de Asturias, el Premio Leteo, la Medalla de Oro de la Provincia de León y la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Es Hijo Adoptivo de Villafranca del Bierzo y Doctor honoris causa por la Universidad de León.
Desde hace más de 20 años, Gamoneda participa —con lecturas, poemas y conferencias— en cursos y encuentros de instituciones y universidades de toda España y países de Europa, América, África y Asia.
Como resume Miguel Casado, uno de los mejores estudiosos de su obra: “En 1983 su poesía era un secreto muy bien guardado entre las murallas del viejo León; pero hoy la poesía de Antonio Gamoneda ya es patrimonio de todos”.

Premio de Honor en el X Certamen de Cortos de Astorga

September 8, 2007
Antonio Gamoneda recibe el Premio de Honor y Victoriano Crémer el reconocimiento a su labor como crítico cinematográfico

Gamoneda y Crémer. Foto: Mauricio PeñaLEÓN.— La gala de clausura del X Certamen Nacional de Cortometrajes de Astorga (León) se cerró hoy, 8 de septiembre, con la entrega de los trofeos a los cortos ganadores, además de los reconocimientos al veterano decorador Emilio Ruiz, a la crítica cinematográfica leonesa representada por Victoriano Crémer, Pedro Calleja y Joaquín Revuelta, y el Premio de Honor al poeta y Antonio Gamoneda. El director y guionista del programa Voces contra la globalización, Carlos Estévez, de TVE, se llevó el reconocimiento al mejor programa de televisión del 2006
El acto se celebró en el cine Velasco, con asistencia de la secretaria de Estado para Asuntos Sociales, Amparo Valcarce, que hizo entrega de los premios del I Certamen de Vídeos Sociales; el escritor José María Merino, que hizo lo propio con el relato ganador del II Premio Literario de Argumentos de Cine, y las actrices Natalia Mateo y Lola Dueñas, entre otras personas.

Previamente a la gala de clausura se exhibieron tres documentales rodados en los tres primeros años del gobierno de la II República Española: ‘Proclamación de la República en Madrid’, de Daniel Jorro, ‘Estampas’, de José Val del Omar, y el tercero, ‘Las Hurdes’, de Luis Buñuel, considerado como uno de los mejores documentales de todos los tiempos, en su versión íntegra restaurada en 1996 por la Filmoteca Española con la voz de Paco Rabal.

Discursos al recibir los premios Cervantes y Reina Sofía

May 29, 2007

Ambos discursos de Antonio Gamoneda se pueden encontrar, íntegros, en los siguientes enlaces:

    Discurso al recibir el PREMIO CERVANTES 2006, el pasado 23 de abril de 2007, en la Universidad de Alcalá de Henares.

* * * 

    Discurso al recoger el PREMIO REINA SOFÍA DE POESÍA IBEROAMERICANA, el pasado 30 de noviembre de 2006, en el Palacio Real de Madrid.

Fotos del homenaje en el IES Juan del Enzina

Foto: NORBERTO (Diario de León), publicada el 29-5-07

Dos fotos de Gamoneda durante el sentido y precioso homenaje que le rindió ayer la comunidad educativa del IES Juan del Enzina (León), y en el que el poeta respondió con su presencia, palabra y afecto. 

Foto: J.M. LOPEZ (La Crónica de León-El Mundo), publicada el 29-5-07

"Tengo la sensación de que los chicos y chicas de Secundaria leen poca poesía y se atienen a lo que les exige la asignatura. A mi modo de ver esto es insuficiente y habría que estimular el acercamiento de los estudiantes tanto a los clásicos como a los autores modernos» (A.G., ayer, en declaraciones a un periodista).

LA NOTICIA DEL HOMENAJE, EN EL DIARIO DE LEÓN (ayer)

La comunidad educativa del Juan del Enzina rinde hoy tributo a Gamoneda

El centro ha editado una interesante revista especial dedicada al autor de «Arden las pérdidas»

Los alumnos del instituto harán un recorrido por la vida y la obra del Cervantes leonés

Toda la comunidad educativa del Instituto Juan del Enzina de la capital leonesa rendirá hoy homenaje a un paisano muy especial, el último premio Cervantes, Antonio Gamoneda. El poeta acudirá al centro para acompañar a quienes tanto entusiasmo han depositado en la organización de este acto, para leer diversos poemas suyos y para escuchar y ver los textos e imágenes que los alumnos han preparado para la ocasión. Para compartir, en suma.
    La jornada, que está abierta al público, constará de varias lecturas por parte de Gamoneda y los alumnos, así como del relato de las diversas etapas de su peripecia vital y creativa junto con la proyección, al mismo tiempo, de fotografías e ilustraciones. Pero también habrá música: la poesía de las palabras dará paso a la poesía melódica en la voz del piano.
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