Antonio Gamoneda en… ‘Asturias en diez trazos’

September 20, 2009

 Antonio Gamoneda en una fotografía de Eloísa Otero

«Asturias en diez trazos», programa documental de la TPA (hoy domingo, 20 de septiembre, a las 22 horas) es un espacio en el que diez asturianos de reconocida trayectoria hablan de su relación con la región, de sus recuerdos, de su trayectoria profesional, de sus sueños y de sus deseos para Asturias, explica la cadena autonómica en un comunicado.

Para elaborar el programa se ha entrevistado a diez asturianos que han destacado en diferentes ámbitos: el periodismo, la música, las artes, el deporte, la ciencia o la cooperación. Participan en el reportaje el periodista Juan Ramón Lucas, el cocinero José Andrés, el grupo «El sueño de Morfeo», el cineasta José Antonio Quirós, el poeta Antonio Gamoneda, la escaladora Rosa Fernández, la científica Margarita Salas, el director de escena Emilio Sagi, el fundador de Mensajeros de la Paz, Padre Ángel García, y el ciclista Samuel Sánchez. Las entrevistas se grabaron en Asturias, Madrid y Cádiz. Además de la entrevista, el equipo de TPA y la productora de Programas del Principado hicieron un seguimiento de la actividad de cada entrevistado. Por ejemplo, a Juan Ramón Lucas se le grabó haciendo su programa diario en RNE, «En días como hoy».

19 de Junio: Presentación en Valladolid de ‘Un armario lleno de sombra’

June 17, 2009

 En la imagen, Antonio Gamoneda cuando era un niño. © Fotografía del archivo de la familia

VIERNES, 19 DE JUNIO.
A las 20 horas.

Presentación de las memorias de ANTONIO GAMONEDA:

‘Un armario lleno de sombra’

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En la Fundación Segundo y Santiago Montes.

C/ Núñez de Arce, 9. Valladolid.

Estarán Antonio Gamoneda y Jorge Praga,
que actuará como presentador.

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(En la imagen, Antonio Gamoneda cuando era un niño.
© Fotografía del archivo de la familia)

Posando con el escultor AMANCIO GONZÁLEZ ANDRÉS, en otra foto de AMANDO CASADO

April 14, 2009

 Antonio Gamoneda posando para el escultor Amancio González Andrés. © Fotografía de AMANDO CASADO

[Antonio Gamoneda posando para el escultor Amancio González Andrés.
© Fotografía de AMANDO CASADO]

 

Un busto de AMANCIO GONZÁLEZ y una foto de AMANDO CASADO

April 6, 2009

 © Fotografía de AMANDO CASADO

En el taller del escultor AMANCIO GONZÁLEZ ANDRÉS
© Fotografía de AMANDO CASADO
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Podéis leer el reportaje en (click:) ISLA KOKOTERO
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‘Gamoneda vuelve a la guerra’, un reportaje en ‘EL PAÍS’, y noticia del nuevo libro y documental del CBA

March 11, 2009

 [Caricatura de Gamoneda en El País- Por SCIAMMARELLA]

 [Caricatura de Gamoneda en El País - Por SCIAMMARELLA]

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GAMONEDA VUELVE A LA GUERRA

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Una película y varios libros
repasan la trayectoria del poeta y premio Cervantes

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El escritor publica en primavera sus memorias de infancia

"La vida es un error lleno de cosas maravillosas. Pero un error"

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Por JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS para EL PAÍS
Sevilla - 07/03/2009

 

"He aprendido que los poemas se escriben en cualquier parte, en los trenes, en los aeropuertos, en los hoteles…". Lo dice Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) en un hotel, precisamente. En Sevilla. Ha pasado allí toda la semana, en un congreso titulado ‘Factor humano’ en el que el premio Cervantes de 2006 dio una conferencia titulada ‘El mundo del poeta’. Todavía tardará en volver a León. El lunes estará en el Círculo de Bellas Artes de Madrid presentando ‘Antonio Gamoneda. Escritura y alquimia’, una coproducción hispano-argentina impulsada por el cineasta rioplatense Tristan Bauer -que en 1994 realizó un documental ya clásico sobre Julio Cortázar- y dirigida por Enrique Corti y César Rendueles.

El estreno del filme coincide además con la aparición de ‘Extravío en la luz’ (Casariego), una edición de seis poemas inéditos con grabados de Juan Carlos Mestre, y con ‘Iluminaciones. Antonio Gamoneda’ (RD Editores), un descarnado retrato del poeta y del León de la Guerra Civil firmado por el novelista Andrés Sorel.

La película se rodó en 2007 en los escenarios cotidianos de Gamoneda, sobre todo en su casa, pero también en los bosques por los que solía pasear antes de que un accidente -lo atropelló una furgoneta- le dejara "las tabas maltrechas". "Un día, en el rodaje, pasé dos horas con los pies en la nieve", recuerda el autor de ‘Libro del frío’, que considera que sale "demasiado" en su propio documental. "Otro fuimos a la casa en la que viví de niño, en el Crucero, el barrio obrero de León".

Esa casa es, además, fundamental en ‘Un armario lleno de sombra’, unas memorias de infancia "nada gloriosas" que Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores publicará esta misma primavera. En un balcón del número 4 de la carretera de Zamora pasó Antonio Gamoneda sus primeros años en León: "No se me olvida el sabor del hierro oxidado. Al morir mi padre, mi madre aguantó poco en Asturias. Era asmática y los médicos le dijeron que se fuera. El clima la estaba matando. Yo tenía tres años cuando nos instalamos en la casa de mi madrina, mujer de un ferroviario".

Todavía hoy Gamoneda es capaz de calcularle a su interlocutor la mejor combinación para viajar en tren. "En aquella casa los trenes eran los reguladores del tiempo. ‘Ya viene el correo de Galicia. Ahí pasa otro’, decíamos. Me impresionaba cómo se perdían en la chopera, la desaparición". Con la Guerra Civil -"de la que tengo recuerdos más precisos que de cosas de hace 15 días"-, los trenes empezaron a llegar cargados de republicanos camino de la cárcel instalada en el hostal de San Marcos. Para evitar que los presos pasaran por la zona noble de la ciudad, detenían los trenes antes de llegar a la estación y los conducían bajo el balcón de Gamoneda.

"Aquel barrio", apunta, "fue de los que más represión sufrió. Se oían los gritos de las mujeres a las cuatro de la mañana. Frente a mi casa había una viuda loca que se paseaba desnuda y gritando por la noche".

La guerra se llevó por delante la pensión que la madre del poeta cobraba de La Voz de Asturias, donde su padre había ejercido a la vez de administrador y director. Consumidos los ahorros, llegaron a la casa dos máquinas para hacer punto "de incrustación" y vainica: "Pero en aquellos años ni León y España estaban para muchas vainicas. Lo pasamos mal".

Las memorias del poeta comienzan en 1936 y terminan, recuerda él mismo con precisión, en la madrugada del 1 de junio de 1945. El día antes había cumplido 14 años y entró a trabajar en el Banco Mercantil encendiendo la calefacción.

El título del libro y la idea de escribirlo surgieron el día en que, dos años después de la muerte de su madre, el poeta se decidió a abrir un armario que, en vida, sólo abría ella: "De pronto me vino el olor de mi madre viva. Era una situación desconcertante, como un sueño. Estaba lleno de ropa, objetos y papeles, cosas que se convirtieron para mí en símbolos". "Además", añade, "resulta que uno tiene más recuerdos de los que recuerda. Son como las cerezas. Te acuerdas de una cosa y ésa trae otro recuerdo consigo".

En mayo Antonio Gamoneda cumplirá 78 años. Y no para de viajar -Viena y Ginebra están entre sus próximas estaciones-. Tampoco ha parado de escribir. Para algo sirven los hoteles. Lo poemas incluidos en ‘Extravío en la luz’ forman parte de la treintena que lleva escritos desde que, en 2004, reunió toda su poesía en el volumen ‘Esta luz’ (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores). El conjunto, que todavía no tiene fecha de publicación -"por primera vez en mi vida tengo el título antes que el libro"-, se llamará ‘Canción errónea’.

"La vida es un error lleno de cosas maravillosas -la amistad, el amor-, pero un error. Ir de la inexistencia a la inexistencia es un asunto raro, ¿no? Y esto a mí no me parece metafísica. Son hechos". Y continúa: "Al final te das cuenta de que la vida es un curso preparatorio para la muerte. Uno aprende a convivir con el miedo. Ya que atravesamos un error vamos a atravesarlo de la forma más consciente posible, aprovechando las cosas buenas y luchando contra la injusticia".

¿Quiere eso decir, la eterna pregunta, que la poesía puede cambiar el mundo? "No. La poesía intensifica la conciencia, pero no puede cambiar al mundo. Ésa ha sido una propuesta imaginaria. La poesía tiene que ser subversiva en su lenguaje, no en su contenido. En contenidos no puede competir con un periódico". En su opinión, hay muy pocos poetas capaces de realizar con altura "la síntesis entre el pensamiento poético y una ideología". Entre ellos, los autores "anónimos y múltiples" del primer cancionero, los letristas del jazz, César Vallejo y el turco Nazim Hikmet, a cuyos ‘Poemas finales’ (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo) Gamoneda acaba de poner un prólogo en forma de poema.

"Entiendo más de vino que de poesía", dice. "Yo no sé lo que sé hasta que no me lo dicen mis propias palabras". O las palabras de otro. Estos días relee las Soledades, de Góngora. Lo que no ha vuelto a escribir es crítica de arte, algo a lo que se dedicó durante años: "La crítica es un imposible. ¿Cómo se le cuenta a un ciego qué es el color azul?".

 

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  SE PUEDE LEER también la noticia en:
· DIARIO DE LEÓN (por Pacho Rodríguez)
· LA CRÓNICA
· Telecinco
· EL MUNDO (EFE)
· EL NORTE DE CASTILLA (por Tomás García Yebra)
· PÚBLICO

Un nuevo libro con CD y DVD:

‘ESCRITURA Y ALQUIMIA & LA CAMPANA DE LA NIEVE’
[UNA CONFESIÓN CINEMATOGRÁFICA Y TRES LECTURAS]

ANTONIO GAMONEDA

ISBN 978-84-87619-49-6
precio 25 €
paginas 88
formato Incluye CD de audio (78’) y DVD con la película

La poesía de Antonio Gamoneda (1931) no ha perdido con el paso de los años ni un ápice de su intensidad verbal y existencial, en suma, de su radicalidad. No de otro modo cabe definir el vigor con que este poeta ha ido afilando su escritura, reiterando preguntas que no esperan respuesta y buscando un lenguaje capaz de dar testimonio de los bordes mismos de la existencia.

Esta publicación incluye la versión íntegra en DVD de la película documental Escritura y alquimia, que explora el pensamiento poético de Antonio Gamoneda tanto en su dimensión más puramente estética como en un orden especulativo. El film propone una intensa reflexión cinematográfica en torno al universo conceptual del poeta a través de entrevistas, materiales biográficos y lecturas de poemas.

Además, bajo el título ‘La campana de la nieve’, se recogen en este volumen en formato libro y disco compacto tres de las lecturas poéticas que Antonio Gamoneda ha ofrecido en las salas del Círculo de Bellas Artes a lo largo de dos décadas. Correspondientes a los años 1986, 2001 y 2006, respectivamente, estas tres lecturas constituyen no sólo un importante documento histórico –algo singularmente cierto en el caso de la lectura celebrada en 1986–, sino una experiencia literaria de primer orden guiada por la voz misma del poeta.

Un retrato de Antonio Gamoneda, del fotógrafo Amando Casado

February 24, 2009

 Antonio Gamoneda en una fotografía de Amando Casado

[ANTONIO GAMONEDA. Fotografía de AMANDO CASADO]
© Amando Casado

 [Fragmento de un poema de A. G.]

9 de Marzo 2009: Presentación del documental ‘ANTONIO GAMONEDA, ESCRITURA Y ALQUIMIA’, EN EL CBA

 http://farogamoneda.blogsome.com/images/1-docu-ga.jpg

 http://farogamoneda.blogsome.com/images/2-docu-ga.jpg

9 DE MARZO. 20 HORAS.
SALA: CINE ESTUDIO DEL CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID.

C/ ALCALÁ, 42. MADRID.
www.circulobellasartes.com

Estreno del documental
ANTONIO GAMONEDA, ESCRITURA Y ALQUIMIA,
de ENRIQUE CORTI y CÉSAR RENDUELLES.

Antonio Gamoneda. Escritura y alquimia es una película documental que explora el pensamiento poético de Antonio Gamoneda, tanto en su dimensión más puramente estética como en un orden especulativo. La película intercala declaraciones del poeta en las que reflexiona en torno a su obra con materiales biográficos y lecturas de poemas a cargo del propio Antonio Gamoneda.

Gamoneda vs Gamoneda, por LEO ZELADA

February 13, 2009

 Diario de un dragón, el blog de Leo Zelada

 [Crónica de la presentación de ‘Extravío en la luz’ en el CBA,
en el blog de (haz click:) LEO ZELADA]

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GAMONEDA VS GAMONEDA

Muchos amigos poetas me habían hablado de Gamoneda. Pero para ser sincero lo que había leído de él no me gustaba. Ante la insistencia de mis amigos poetas que consideran a Gamoneda casi un dios, aproveché una invitación que me hicieron para ir al lanzamiento de su último libro en el Círculo de Bellas Artes.
    Al entrar saludé a Juan Carlos Mestre. Luego hablé con Gamoneda y le regale mi último libro de poesía. Me pidió que le hiciera una dedicatoria. Le entregué el poemario y quedamos en vernos en León. Antes de subir al escenario me dijo que no tenía tantos sombreros para quitarse ante la gran poesía de Cesar Vallejo. Allí me empezó a caer bien.
    En el evento esperé encontrarme a ese Gamoneda hermético y retórico que la academia había creado. Pero Gamoneda nos sorprende explicando que no entendía porqué estaban hablando de un tal Antonio Gamoneda. Todo en un plan cachondeo. Luego dijo que las presentaciones no deberían ser así. Sino simplemente una conversación informal e íntima entre amigos. Allí ya se metió con todos los presentadores. Luego que no entendía que pretendía decir Amalia Iglesias sobre su poética. Que este no era su último libro de poesía. Sino solo una recopilación de 8 poemas suyos. Aquí se metió con la editorial que había publicado el libro. Hasta le metió un jalón de orejas a su hija diciendo que le daba miedo cada vez que la oía hablar de sus poemas y que para colmo hiciera dos preámbulos hoy. Para ese momento ya la gente se mataba de la risa. Porque él decía esto en un tono desenfadado e iconoclasta. Pero en el fondo en buen rollo. Cuando se refirió a Juan Carlos Mestre se puso serio y dijo que en verdad el libro destacaba más los grabados de Mestre que sus textos. Aunque confesó que en realidad envidiaba a Juan Carlos por saber pintar y él no. Para rematar diciendo que se dejaba de bromas, obedecería a Mestre y se pondría a hacer lo que mejor sabe: Poesía.
    Leyó Gamoneda un largo poema sobre la lluvia. Cuando lo hizo se acabaron las bromas y surgió un recogimiento especial entre los asistentes. En ese poema conocí a otro Gamoneda. Un Gamoneda intenso, desbordante, estremecedor. Todo el show anterior me pareció que lo hizo para desmitificar la imagen que le han creado y que él nunca tiene la oportunidad de desmentir.
    Esa noche Antonio Gamoneda mató al otro Gamoneda. Esa noche coincidentemente llovió en Madrid. 

LEO ZELADA 

En la inauguración de una exposición de pintura de OLGA LLAMAS

January 16, 2009

 Olga Llamas y Antonio Gamoneda

Olga Llamas y Antonio Gamoneda, ayer,
durante la inauguración de la exposición de la artista leonesa
en la galería Ármaga (C/Alfonso V, nº 6. León).

[La foto es cortesía de VICENTE GARCÍA]

El poeta en una foto de Mauricio Peña

January 9, 2009

 Gamoneda, en una foto de Mauricio Peña

Recuperamos esta estupenda foto
(publicada por el grandísimo MAURICIO PEÑA en El Mundo)
de Antonio Gamoneda en el interior del café Houbi,
desde donde mira a través del cristal
a la calle Sierra Pambley de León.

Y recuperamos una entrevista de ELENA PITA con fotografía de CHEMA CONESA

 Gamoneda en una fotografía de Chema Conesa

ANTONIO GAMONEDA, en una fotografía de CHEMA CONESA
 
Recuperamos esta entrevista de ELENA PITA con el poeta,
publicada en el Magazine de EL MUNDO en julio de 2007
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Recibió de golpe el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y, mismo año 2006, el Cervantes. Anda ahora el poeta (Oviedo, 1931) soportando el mundanal ruido de estas distinciones, descubriendo la rítmica de la inmovilidad porque ya no puede caminar largos paseos donde apuntaba versos y memorias.

Pide a los educadores que devuelvan a los niños la poesía, la abstracción, la capacidad sensible. Aferrado al existencialismo agnóstico, contempla en la vejez cierta conformidad con la muerte.

La poesía es un hecho físico, un impulso mensurable como la intensidad de los ronquidos que esta tarde bajan por la escalera desde la alcoba de don Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931). Es hora de siesta, pero María Ángeles, su esposa, se empeña en despertarlo para que no pase una noche más en vela, y ya sube a avisarlo. Desciende pues el poeta su escalera de madera, mancornado de cintura por el golpe que un furgón le propinó hace ya tres años, que le combó el hueso sacro sin solución.

Y con esta torcedura y su despacio le acompaño a despejar la hora al café de costumbre, unos metros más allá de la casa con castaño, sobre el empedrado que circunda la catedral de León: dos solos seguidos, dos cigarrillos del cupo y una curiosidad que no logra contener las preguntas.

Él es sus poemas. «Necesariamente. Toda mi poesía tiene una apoyatura existencial que quizá yo desconozco en el momento en el que el poema arranca, pero a través del pensamiento poético, de su lógica, su sintaxis y su semántica no discursivas ni reflexivas, llegas al conocimiento».

Dijo, cuando le reconocieron con el Premio Reina Sofía, anterior al Cervantes (2006), que, bueno, que él se emocionaba «en contadas ocasiones»; y claro, esto sorprende viniendo de un poeta de tanta emoción, tanta hondura. Ahora dice que en realidad esto no es del todo verdad, que debió tal vez decir que «no soy hombre que se sorprenda demasiado de las cosas que ocurren, buenas o malas sean, pero reservo una capacidad de emoción casi enfermiza en lo que concierne a los seres esencialmente necesarios para mi vida, y en lo que atañe a lo social, también: cuando es grave. No soy frío ni insensible», concluye, cerrando sus ojos, entrando en sí (como él diría), a ciegas.

Don Antonio Gamoneda escribió en 1992 un libro que consideró su testamento poético, terminal, Libro del frío: «Ocurre con todos los libros a partir de cierta edad». Tenía apenas 61 años. «Ese libro estaba anunciado por el anterior, donde sus versos finales decían: ‘Siéntate ya a contemplar la muerte’. El Libro del frío es una contemplación de la perspectiva mortal poco consoladora, aunque la poesía, no siendo una salvación de rango existencial, se parece, lo parece».

Un libro marcado por su sentido de la ética y su visión del mundo. Y esto para el poeta no es sino «la disposición personal hacia la cercanía de la muerte; uno se siente avanzar físicamente hacia la muerte, y en mi caso esa disposición ha entrado en una mayor serenidad. Alguna vez he dicho que la aparición de mi nieta Cecilia me reconcilió con la vida, y eso no es exactamente verdad, pero sentirme vivir en esa criatura es un fenómeno que sólo se puede experimentar en la vejez y que trae consigo no una reconciliación ni pacificación del temor a la muerte, pero sí una cierta conformidad con el hecho mortal».

Pese a su percepción terminal, el poeta sobrevive largo al Libro del frío. Ha recibido los mayores honores literarios y así se ve hoy, él, «provinciano vocacional», adverso siempre a promociones, lisonjas, capillas, grupos, así se ve impedido de escritura debido al trajín que conlleva ser el Cervantes del año. Seis meses lleva aparcado su cuaderno, seis meses lo aparcará aún. Pero ¿cómo sería su escritura hoy, de poder serlo?, ¿qué le gustaría escribir si tuviera el tiempo? «Elena», me dice, «no lo sé», pesaroso, rezongante.

«En la poesía no se escribe con programa ni proyecto: de lo desconocido se llega al conocimiento. Desconfío mucho de los poetas que escriben con un tema, una deliberación previa y hasta una organización esquemática de la pieza. Y no es que yo esté afiliado al surrealismo, ni al automatismo puro, que no existe; pero sí sé que no soy consciente de lo que sé, hasta que no me lo dicen mis propias palabras. Además el poema va a tener varios sentidos, porque el entendimiento del lector no va a ser idéntico al de su creador».

Dice, eso sí, que ahora escribe con más demora; tal vez sea la vejez plácida, o tal vez le atosigue, cuando retome el cuaderno, la pulsión airada del artista próximo al fin. «Yo no tengo una visión de cómo va a ser mi próxima escritura, aunque es posible que sea más pacífica. Pero en la poesía rige también como fuente la contradicción, entonces, de vez en cuando, aparecerá también el poeta iracundo». Caminaba, largo y tendido, por la senda de la Candamia, hasta siete kilómetros hacía, coronando la meseta para volver siguiendo sus pasos y entrar en la plaza catedralicia de León repitiendo rítmicos en su cabeza los versos que apuntaba, porque «la rítmica andariega del paseo es excitante para el pensamiento poético». Lo aprendió de su idolatrado Claudio Rodríguez, maestro, tan «obediente a la andadura».

Pero pasó lo que ya contamos, una furgoneta le golpeó y quedó maltrecho, y cómo apuntará ahora su métrica: «La rítmica es una noción musical que nos proporcionan nuestros neurotransmisores. Dado que es un hecho intelectual, dado que es palabra pensada y que el ritmo donde verdaderamente está es en la cabeza, estoy creando la rítmica en la inmovilidad». Sobrevivió al Libro del frío e inició unas memorias infantiles, Un armario lleno de sombra (título provisional), que terminan con 14 años, porque entonces fue hombre por necesidad. Es entonces, en su recuerdo, cuando escribe a las manos de la madre, que volverán una y otra vez con su tacto a rozar siempre la poesía de Gamoneda. A las cinco del día, en el invierno/ mi madre iba hasta el borde de mi cama/ y me llamaba por mi nombre/ y acariciaba mi rostro hasta despertarme (versos de la obra Blues castellano).

¿Adónde iba el niño Antonio? «A encender la caldera del Banco Mercantil; luego venía la recadería y a continuación la segunda jornada, la de meritorio, que no se sabía cuándo terminaba (12, 14 horas): aprender a ser un plumífero aceptable para llegar a un mejor porvenir, que luego sería igualmente duro». Se inicia otra etapa: «Ya no es el libro de mi infancia, que lleva una carga muy dura pero que está fundamentalmente construido con los recuerdos heredados de mi madre, y con mi condición privilegiada, entre muchas comillas, en tanto espectador de la guerra y la posguerra.

León fue uno de los lugares donde la represión militar durante la Guerra Civil fue más dura y duradera. Yo vivía en el único barrio obrero, a medio camino entre las vías de tren, adonde llegaban los presos, y el entonces penal de San Marcos. Veía los presos, veía hombres muertos en las cunetas, escuchaba los gritos de las mujeres en la noche cuando iban a sacar a los hombres de casa… y esto fue mi información desde los 5 años. Es de otra especie la que comienza a los 14».

Está en las memorias y estuvo en su discurso al recibir el mayor galardón de las letras hispanoamericanas, que dedicó a la pobreza de Cervantes, y a ese lenguaje «poética y semánticamente subversivo» de los que, como él, vienen de la pobreza. «Es subversivo no porque contenga programas revolucionarios, sino porque la carga semántica de sus palabras difiere mucho de la que tienen las palabras del poder, cuyo lenguaje es otro». También rescata el poeta el sentido revolucionario de la vergüenza, según Marx.

«Creo que desgraciadamente sucede cada vez menos, la democracia, así llamada a la ligera, puede ser (mal) interpretada de acuerdo con las conveniencias del poder, así tenemos la autoproclamada democracia de Castro en Cuba o el talante de Berlusconi. Y la democracia así interpretada ha hecho desaparecer las ideologías, ha debilitado la capacidad pensante de los ciudadanos, su mentalidad crítica. Incluso en la filosofía se defiende el pensamiento único y débil. Todo esto hace que seamos inertes ante la realidad, y cuanto más jóvenes más: las ideologías han sido sustituidas por el consumismo».

–A usted, que tanto le ha dado la cultura de la pobreza, le pregunto: ¿qué le diría a quienes educan o educamos a los hijos en la abundancia material?, ¿qué haría falta para rescatarlos?

–Lo único que arreglaría esto sería una enorme catástrofe; es terrible, porque no se puede desear una catástrofe. Pero ya estamos viviendo otra, lenta, dulcificada, progresiva, que nos convertirá en seres intelectualmente domesticados.

De la cultura de la pobreza rescató Gamoneda un único libro, en el que su madre le enseñó a leer con 5 años, un libro escrito por su padre, un libro de poemas. Y es aquí cuando el poeta toma nota de lo que no ha contado aún en sus memorias, apenas unas líneas, porque, le pregunto, qué fue del resto de lecturas que habrían alimentado la escritura de su padre, muerto cuando él apenas tenía 1 año, mudada la familia desde Oviedo a la tierra seca de León a causa del asma de la madre, año 34.

Leyó el niño Antonio, y sin remedio entró en él el lenguaje como poesía, ya no pudo ser sino poeta, 5 añitos. «Fue una circunstancia afortunada, aprendí los signos, fonemas, palabras, sílabas; y cuando llegaba a la línea, resulta que ésta tenía una conducta rítmica y una significación que no era la de la conversación normal. Pero como los niños no se extrañan de nada, en mi vida entraron simultáneamente la escritura y la poesía. Y así, aunque no escribiese aún, tenía la convicción de que iba a ser poeta». Fue por necesidad y también por suerte. Su madre, asmática, débil, vivió con él hasta su muerte. Cosía la madre, en una cadena mecanizada, haciendo vainica y punto de incrustación, «pero no estaban los tiempos para vainicas». De modo que el hijo quiso convertirse en absoluto benefactor: «Asumir plenamente la supervivencia, liberar a mi madre de su fatiga». La suerte fue que el padre del escritor Luis Mateo Díez ocupara, laisser-faire/laisser-passer, un alto puesto en la Diputación Provincial: «Él se transparentaba como un liberal, y pedía que me dejaran en paz, porque yo funcionaba. Pero yo quería hacer una cultura progresista con el dinero de la dictadura.

Así que cuando él se marchó a Madrid para ser secretario general del Ayuntamiento, se me desposeyó de la condición de funcionario». Más tarde volvieron a llamarle al puesto (director de servicios culturales), y él pudo exigir que le doblaran el sueldo. Nunca ha vivido el poeta de la escritura, «hay gente que vive con menos aún, pero yo tengo una pensión de jubilado». Volviendo al libro del padre, a la música y el lenguaje: a la poesía que no cura pero alivia, le he preguntado a Gamoneda si sería importante regenerar nuestra educación, acercándonos como él lo hizo al hecho poético, al respeto por el concepto primitivo de lo sagrado, al silencio. «Sería decisivo para los niños. El pensamiento poético es música en su origen. Alejamos a los niños de la poesía y del concepto primitivo a cambio de una especialización en fórmulas productivas. Les alejamos de las formas de conocimiento que suponen sensibilidad y abstracción a cambio de pensamiento utilitario».

–«Íbamos de la noche a las tabernas/ amarillas a olvidar el silencio». Alguien capaz de componer una figura tan honda, ¿cómo soporta hoy el estrépito exterior?

–El silencio es quizá la mayor ausencia que tengo que soportar en mi vida.

‘Pájaro del mundo’, un poema de Antonio Gamoneda para empezar el año 2009

January 4, 2009

 Antonio Gamoneda, en una foto de Eloísa Otero


    PÁJARO DEL MUNDO

Como un suave relámpago
como sonreír entre la luz.
Cabeza de claro fuego,
oro vivo, pájaro del mundo,
tú te vas siempre. Dejas
dorado el aire, ríes,
huyes siempre veloz.

Oh sed, secreto del hombre.

Mundo de secano. Centro.
Atados con amor a él
esperamos la muerte.
Pero la belleza azul
cruza lejos. Se va.
¡Cuánta sed, cuánta sed!

Oh confusión de luz
y cabellos y risa:
queda. La vida es
dura y nuestra.
                      Tú, Belleza,
baja a mi rostro, pon
en mis labios tu cuerpo.

Pájaro del mundo, un poema de Antonio Gamoneda

       ANTONIO GAMONEDA
       (De  ‘Sublevación inmóvil’. 1953-1959)

 

Gamoneda en una foto de Roberto Gómez

October 3, 2008

 Gamoneda en una foto de Roberto Gómez (RGM)

Antonio Gamoneda, hace unos días en el patio de su casa de León, junto a la cabeza de bronce que realizó el escultor Jesús Martínez Labrador (al pie del lauro, entre la yedra). La foto es de RGM.

El cuaderno de Manuel Jular (1)

December 18, 2007

Retrato de Gamoneda, por Manuel Jular

 

 

esprits nomades: una página sobre el poeta en francés

November 23, 2007

Gamoneda en una foto de Fernando Sanz Santa-Cruz

Esta es la dirección de la página de Espíritus Nómadas dedicada a Gamoneda, en Francia, y que incluye poemas suyos traducidos al francés (haz click): 

http://www.espritsnomades.com/sitelitterature/gamoneda

La fotografía de Gamoneda es de Fernando Sanz Santa-Cruz 

El retrato de Gamoneda pintado por Rafael Sánchez Carralero, en la Biblioteca Nacional

October 24, 2007
Gamoneda, paisaje sin tiempo

Retrato de Gamoneda realizado por Rafael Sánchez Carralero

La Biblioteca Nacional incorpora a su galería de los premios Cervantes este retrato de Antonio Gamoneda, pintado por el artista berciano Rafael Sánchez Carralero
 

      «Es un tío grande. Trabajar con Antonio, tenerlo en mi estudio, ha sido emocionante; nunca voy a olvidar el tiempo que pasamos juntos pensando cómo debía plasmar esa planta de dignidad que despide. Y es que te diría que la poesía es él». Rafael Sánchez Carralero (Cacabelos, 1949) dice que es como si hubiera zanjado una deuda pendiente de admiración antigua. «Ha sido muy especial. Ha pasado por mi casa y ha dejado por todos los rincones un rastro de respeto y de cariño. Por muchas cosas, para mí este cuadro era un reto, un riesgo y una suerte».

No esconde el pintor berciano, radicado desde hace 23 años en Salamanca en cuya universidad es catedrático de Pintura, su profunda admiración por la obra del último premio Cervantes, admiración que llega también a la persona y a su forma de estar en el mundo. «Al final creo que el que más ha aprendido de esta experiencia he sido yo, porque fue un lujo compartir con Gamoneda este tiempo que ha sido como una inyección de humanidad».

Reconocido como un excepcional pasajista, el retrato de Gamoneda tiene también algo de paisaje humano intemporal. «Todo artista es en el fondo un narrador y aquí intento narrar lo que veo. He intentado encontrar la ‘constante’ de alguien que tiene una profunda vida interior. Lo importante es que él se sienta representado y creo que ha sido así».
(Noticia aparecida hoy 24 de octubre en Diario de León

Gamoneda en una caricatura del diario EL PAIS

August 4, 2007
Esta es la caricatura de Antonio Gamoneda que acompaña una noticia publicada en EL PAÍS el 21 de abril de 2007, tres días antes de que el poeta recogiera el Premio Cervantes.
Caricatura de Gamoneda publicada en el diario EL PAÏS
 
En internet no figura el nombre del autor de la caricatura.

“Cuando los pintores se enfrentan al poeta” (Seis retratos de GAMONEDA)

June 15, 2007
(Reproducimos un artículo, con texto y fotos del periodista MARCELINO CUEVAS, publicado en el suplemento ‘El Filandón’ de Diario de León:)
 
Uno de los retratos realizados por Jorge Pedrero     El reloj de la Catedral desgranaba con parsimonia las campanadas de las diez, mientras el sol aparecía tímidamente y una voz de aluminio nos decía que sí, que Gamoneda, don Antonio, esperaba nuestra visita. Empujamos la puerta y pasamos al pequeño jardín donde, recostadas en el tronco del viejo árbol que preside con autoridad el recoleto espacio, descansaban las musas del poeta, desnudas, indolentes y ajenas a la fina escarcha que volaba desde los tejados rojos. Parecían cansadas, quizá pasaron la noche acarreando palabras, inspirando versos, derramando en frenética danza sus dones sobre el poeta.
Empujamos la puerta siguiente, también está abierta, y entramos en el santuario. A la derecha un pequeño salón, a la izquierda una escalera. Apoyados en un mueble, al frente, una serie de retratos del poeta. Gamoneda recordó nuestra cita y lo tiene todo preparado. Se trata de fotografiar los retratos que le han hecho sus amigos los pintores. El silencio lo rompe el poeta que baja pausadamente por la escalera.
 Gamoneda extiende el brazo izquierdo mostrando los cuadros y dice. “Estos son, quizá falte algún dibujo perdido entre las mil y una carpetas del estudio, pero básicamente estos son los pintores que me han retratado. Jorge Pedrero, que fue gran amigo y murió hace ya muchos años, me pintó cuando los dos éramos muy jóvenes. Después fue Manuel Jular, entonces también muy joven y, finalmente, Modesto Llamas pintó esta cabeza hace… (se acerca al cuadro)  bueno en 1993 pone en la firma, pero a mí me parece que no han pasado tantos años… en fin, será en el 93. Llamas hizo además otros dos retratos que guarda celosamente en su estudio”.
Nosotros le decimos que hay ya, por lo menos, otra imagen suya que Leticia Gavilanes y Miguel Ángel León, tendrán mucho gusto en entregarle cualquier día como símbolo de la admiración que sienten por él y que está depositada en la casa del Filandón. El poeta tiene prisa por terminar no se qué cosa y nos deja a solas con los cuadros. Los sacamos de uno en uno al patio para fotografiarlos. Las musas se han ido, quizá han vuelto al trabajo, puede que Gamoneda esté terminando uno más de sus poemas.
Otro retrato del poeta, de Jorge Pedrero     LOS DOS RETRATOS DE JORGE PEDRERO
    Jorge Pedrero pintó al escritor en el verano de 1954. En el primero de sus cuadros  le reflejó como un joven dandi de traje gris y corbata bien ajustada. El gesto es serio y la mirada está clavada en el artista que le pinta. En el segundo de sus retratos ha desaparecido la corbata y el poeta está en mangas de camisa, pero el gesto y la postura son los mismos.
Jorge Pedrero nació en Nueva York en 1921, sus padres eran leoneses. Cursó estudios de Bellas Artes en Sevilla y trabajó en el mundo de la vidriera. Su difícil situación personal no le permitió pintar con la asiduidad  necesaria, por lo que nunca llegó a realizar una exposición individual, aunque participó en diversos Salones de Otoño y en varios certámenes de Exaltación de los Valores Leoneses, ganando una medalla en el año 1963.
A la muerte del artista escribía Gamoneda: “En el caso de Jorge Pedrero, no podemos –aunque bien quisiéramos- excluir un punto de indignación: su muerte no consiguió resucitar ni la más escueta nota de quienes, por conocimientos y dedicación diaria a la información, realizan la crónica menuda de la vida –y de la muerte- sobre la tierra leonesa. Si estos mismos informadores estimaron que la muerte de Pedrero no tenía dimensiones de noticia, dejaríamos a un lado nuestra personal y distinta estimación para presentarles sus propias manifestaciones, inteligentemente fervorosas, cuando en no muy lejana ocasión, enjuiciaron públicamente alguna de las obras de Pedrero. No entendemos olvidos que conlleven contradicciones tan notables como las que surgirían de la confrontación de aquellas pasadas expresiones y estos otros más recientes silencios”.
Y ya fijándose en la figura del pintor decía: “Su vida, marcada por el trabajo mal pagado y la enfermedad, no le dejó cuajar en pintor numeroso y celebrado. Lo grande y lo triste de su vida y sus cuadros tendría que haber sido visto en la observación de un tejido asombrosamente tenso, en el que la hebras eran el tono de sus actos de cada día, el impresionante y difícil contenido de sus, también pocas, palabras. Hoy sería difícil reunir en León más de una docena de cuadros suyos. Estos cuadros afirmarían la existencia de un pintor de raza; queremos decir, de un pintor en el que la pasión por la verdad incorporada a la pintura, iba mucho más allá del afán por las calidades, las sabidurías cuidadosas y el buen acabado; más allá, en fin, de todo lo que puede caracterizar a pintores cuya mayor dignidad reside en el éxito rubricado por la cómoda mirada pública”.

    Gamoneda, en un retrato de Manuel JularMANOLO JULAR Y LA ESCUELA ALEMANA   
    Mientras el fotógrafo ejercía su trabajo sobre un nuevo retrato, el realizado por Jular, la sombra de un enorme gato se deslizo con misterioso silencio sobre la pintura. El reloj de Catedral hizo sonar las campanas de las diez y media y unos pájaros huyeron con gran revuelo en busca de atalayas más seguras.
Jular acaba de hacer una estupenda exposición en la leonesa galería Ármaga, y en varias de sus obras emplea los versos de Gamoneda como elementos pictóricos. “Mas que de homenajear al poeta –dice- he divagado pictóricamente alrededor de sus versos. A pesar de la luminosidad ardiente, o quemante, de algunas palabras y conceptos, la confrontación de dos lenguajes oscuros, el magnífico del poeta y el del pintor, probablemente aumenta la confusión aunque destape alguna magia”.
Pero la amistad de Gamoneda y Jular viene de lejos, ni uno ni otro recuerda con exactitud la fecha en las que se realizó el retrato del escritor, pero hurgando en los recuerdos parecen coincidir en que fue a principios de los años 60. Explica el pintor que le sirvió de estudio una luminosa galería en la casa de sus suegros que se abría a la plaza de San Marcos y desde la que podían verse los altozanos del Monte de San Isidro, bien reflejados en la obra.
Era un tiempo en el que el artista estaba influenciado por la figura emergente de Zurdo y, sobre todo, por los expresionistas alemanes, especialmente por Oscar Kokoschka, pintor de violentas pinceladas aparentemente descuidadas y espontáneas, lo que en el caso de Jular puede apreciarse sobre todo en el paisaje que sirve de fondo al cuadro, pintado sobre tabla. La cara del poeta está realizada con pinceladas más finas buscando el parecido. El pintor estaba a punto de alejarse definitivamente del academicismo para recibir las corrientes abstractas que comenzaban a llegar de la entonces muy lejana América. Sobre él comentaba Gamoneda, “Jular veía un hoyo y pintaba un barranco”.
Retrato realizado por Modesto Llamas Gil     MODESTO LLAMAS GIL Y SU SEGUNDA JUVENTUD
    El pequeño retrato de Llamas lo tiene colgado Gamoneda al lado de la puerta de su casa, en un lugar privilegiado, lo cierto es que el lienzo lo merece. Se trata de una obra llena de fuerza, como son todas las pinturas del artista a partir del momento en el que dio carpetazo a la academia. Pero hagamos historia, explica Modesto: “Gamoneda me ayudó en el año 90 a preparar una exposición en la que el tema principal fue el retrato. Se llevó a cabo en el 91 en la sala de Caja España, entonces Caja de Ahorros y Monte de Piedad, en la calle de Santa Nonia. Con aquel motivo retraté a Crémer, a Pérez Herrero… y también a Gamoneda. Fueron obras que rompieron con mi manera tradicional retratar, procuré en ellas sacar a la luz lo más íntimo de cada uno de mis personajes y para ello les pinté en varias posiciones. Son cuadros que guardo con enorme cariño. Gamoneda posó primero en el estudio, con un periódico en la mano, tal y como si hubiese sido sorprendido andando por la calle.  En el segundo de los retratos aparece escribiendo y lo pinté en la biblioteca de Amigos del País, al fondo se adivinan los libros que de alguna manera pesan sobre el poeta”.
Otro retrato de Gamoneda, de Modesto Llamas Gil Llamas quiso regalar este cuadro doble a Gamoneda, pero el poeta le dijo que era demasiado grande, que no cabía en su casa y entonces Llamas pintó, ya en 1993, el estupendo busto del poeta que ahora este conserva en un lugar importante de su hogar.
     LLEGA EL TIEMPO DE LAS EMERGENCIAS
    Los cuadros reposan ya en su sitio, esperamos en silencio el regreso del poeta que vuelve pronto, como si hubiera adivinado que habíamos terminado. Baja de nuevo las escaleras arrastrando los pies y con el mismo gesto adusto, tiene cierto parecido con Beethoven, que muestra en los retratos. Desde el último han pasado ya catorce años, tiempo en el que los premios y galardones han llovido sobre él. Le cometamos que hay unos jóvenes artistas que le han hecho un nuevo retrato y que quisieran entregárselo como muestra de la admiración que sienten por su obra. Está de acuerdo. Nos da la mano y le dejamos emprendiendo de nuevo la ascensión a su reducto, allí donde con él trabajan las musas para mayor gloria de las letras españolas.
Pero ha llegado el momento de hablar de este nuevo retrato, del collage realizado por  un joven e inquieto equipo de artistas que viven en una apasionante y surrealista vorágine de pintura y poesía. Son Laetitia Gavilanes y Miguel Ángel León, que un buen día retrataron al poeta y que por obra y gracia de esta obra han vivido una lamentable cadena de desencuentros que no tenemos espacio ya para comentar. Pero dejemos que sean ellos en primera persona los que cuenten una parte de la historia.
El retrato realizado por Laetitia Gavilanes y Miguel Ángel León “Una mañana, la joven artista Laetitia Gavilanes se despierta poseída por un impulso: pintar un retrato del poeta Antonio Gamoneda. Armada con sus tijeras y papeles, reconstruye el rostro melancólico a partir de una foto de prensa. Virtud del arte, el impulso ya ha fructificado. Ahora surge el problema: su presentación en sociedad. Con la alegría que corresponde a quien ha descubierto un raro cristal, Laetitia dirige sus pasos hacia la Fundación Sierra Pambley. Ante una garita exigua, ella demanda una cita con el propietario del rostro retratado. No ha de aguardar mucho tiempo hasta que la protectora secretaria le comunica, telefónicamente, que él no la recibirá debido a su permanentemente grave estado de salud. En efecto, al día siguiente, ella puede comprobar cómo, en su saludable y habitual paseo vespertino, el escritor es seguido por una sombra enferma y fumadora. La alegría inicial va cediendo a una sorda inquietud”.
Y la inquietud se convierte en peregrinaje, en una especie de viaje iniciático y verdaderamente surrealista que aquí acaba, ya que el retrato puede verse en estas páginas y pronto estará en manos  del poeta.

ANTONIO GAMONEDA en una fotografía de FERNANDO SANZ SANTACRUZ

May 4, 2007

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